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Damon Albarn y Africa Express acusados de neocolonialismo

“La colonización del siglo 21 está viva” 

Con este inflamable mensaje a través de su cuenta de Facebook, el artista sudafricano Petite Noir, incendiaba las redes sociales junto una fotografía –que fue borrada posteriormente– del contrato que Africa Express les hizo a él y a otros músicos de renombre como Spoek Mathambo o Zolani Mahola (cantante de Freshlyground), durante su último viaje a Sudáfrica. Inmediatamente, otras voces como la de la londinense Nabihah Iqbal, se sumaban a la polémica acusando al proyecto iniciado por Damon Albarn (líder de Blur o Gorillaz) en 2006 para lanzar las carreras de talentosos músicos africanos a escala internacional, de trato injusto a los músicos africanos.

“La gente debe saber qué hay detrás de la fachada de esta “organización benéfica” (…) a menos que nos arriesguemos a hablar sobre estas injusticias, las cosas nunca cambiarán”, decía Nabihah en un twitt la semana pasada.

Lo que denuncian algunos de los artistas que han participado en la última “expedición” de Africa Express al continente son las cláusulas de un contrato que, a pesar de haber grabado varias canciones para un álbum coral, cedería los derechos de autor de todos los artistas a cambio de 1 dólar. Es decir, a cambio de 80 céntimos de euro. “¿Cómo puede estar esto comprometido con apoyar la música en África?”, se lamentaba Nabihah en Twitter.

Zolani Mahola y Gruff Rhys en Johannesburg, durante el último viaje de Africa Express en Sudáfrica. Imagen del Facebook del proyecto.

Sin embargo, los organizadores de Africa Express respondieron, también a través de un comunicado público a través de su página oficial de Facebook, donde decían lo siguiente:

“Africa Express invita a músicos del Reino Unido, Europa y Estados Unidos a colaborar con artistas africanos y de Oriente Medio en espectáculos en vivo, eventos y grabaciones de álbumes para promover la música africana y de Oriente Medio. Hemos estado haciendo esto desde hace más de una década, trabajando con cientos de músicos brillantes.

Africa Express no se ejecuta para obtener ganancias. En la medida que pagamos todos los gastos de viaje, alojamiento y otros costos para que los artistas occidentales se unan a nosotros en los viajes, les pedimos que ofrezcan su tiempo como voluntarios. Pueden contribuir a nuestros costos si están dispuestos a ello. No les pagamos. Todos nuestros contratos son negociados, discutidos y acordados, no infligidos.

Los artistas en África son tratados de manera diferente, reflejando a menudo circunstancias diferentes. Les pagamos por su tiempo.

Nos aseguramos de que todos los beneficios obtenidos de las grabaciones, después de los costos, vayan a los artistas y la promoción de la música africana.

Acabamos de terminar una fantástica semana de colaboraciones que esperamos genere otro gran disco, como Maison De Jeunes, In C Mali y The Orchestra of Syrian Musicians, que beneficiará a los artistas intérpretes o ejecutantes que se unieron a nosotros y, con suerte, atraerá a muchos más oyentes hacia algunos maravillosos músicos”.

 

Con más de una década de trabajo en el continente, Africa Express ha trabajado con un increíble elenco de artistas y músicos africanos como Bassekou Kouyate, Amadou & MariamFemi Kuti, Fatoumata Diawara, Dele Sosimi, Daara J o Baloji. Y hasta la fecha, ninguno de ellos había expresado malestar en el trato recibido por el proyecto. Sin embargo, la polémica suscitada en las redes sociales evidencia muchas tensiones laborales desde el colectivo de artistas participantes en la última odisea, que deja abiertos algunos interrogantes bastante preocupantes.

Nabihah Iqbal y BCUC en Johannesburg, Gauteng, durante el último viaje de Africa Express. Foto de Denholm Hewlett.

Los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se llevan su 5º Grammy

La 60ª edición de los Premios Grammy 2018 han otorgado el laurel a Mejor Álbum de Músicas del Mundo a los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo, por ‘Shaka Zulu Revisited: 30th Anniversary Celebration’, cuya versión original ya les valió su primer Grammy en 1988. Ésta es la 5ª vez que el grupo coral formado por Joseph Shabalala sube al podio de uno de los mayores eventos de la industria musical mundial.

Desafortunadamente, el álbum ‘Elwan’ de los tuareg de Mali Tinariwen, se quedó a las puertas de obtener el galardón, así como el álbum ‘Para Mí’ de Concha Buika. Los fantásticos recopilatorios ‘Bobo Yeye: Belle Epoque In Upper Volta‘ dedicado a la música retro de Burkina Faso y ‘Sweet As Broken Dates: Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa‘, sobre la música de mediados del siglo XX en Somalia, también quedaron a las puertas del Mejor Álbum Histórico, y el primero, además, no consiguió el Premio a Mejor Presentación en Caja o Edición Especial Limitada al que optaba.

Otros artistas africanos que se quedaron a las puertas de poder celebrar un premio fueron Timaya de Nigeria y Stonebwoy de Ghana, que han participado en el álbum ‘Avrakadebra’ de la banda jamaicana Morgan Heritage con un “remix global” del clásico de Jimmy Cliff 1983 ‘Reggae Night’, y que estaba nominado en la categoría de Mejor álbum de reggae.

También optaba a Mejor Álbum Vocal Pop el británico Ed Sheeran, en cuyo álbum ‘Divide’ (÷) incluye la canción ‘Bibia Be Ye Ye’, en la cual Sheeran canta en Twi junto al británico-ghanés Fuse ODG.

El rapero Kendrick Lamar, quién ya había ganado tres premios anteriormente, se llevó el galardón a mejor álbum y a mejor desempeño de rap cantado, mejor canción de rap, mejor actuación de rap y mejor video, por su éxito de 2017 ‘Humble’. Cosa que arrebató el podio al video tributo a Miriam Makeba de la francesa Jain.

Al final del espectáculo, la cantante de country Emmylou Harris homenajeó a varios artistas que nos han dejado este año, entre los que se encontraban el recientemente fallecido Hugh Masekela. África también le rendirá tributo al genial padre del jazz sudafricano en el quinto All Africa Music Awards (AFRIMA), que tiene prevista su celebración en noviembre de 2018.

El funaná, la música de los campesinos que se convirtió en el pop de Cabo Verde

5ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Patricia Ortega Zar

La música en Cabo Verde es, sin lugar a dudas, uno de los elementos más importantes en la identidad de su cultura como país. Así, señala Brito: “la música es una de las piedras basales más fuertes de la unidad nacional”, fruto de la mezcla e hibridación de culturas y ritmos, huella y seña inequívoca de caboverdianidad, primero como manifestación de resistencia contra el régimen colonial y, después, a partir de la independencia, como vehículo de divulgación de la cultura caboverdiana para el resto del mundo (J.P. Madeira).

El abanico de estilos musicales propios del archipiélago macaronésico resulta de una riqueza notable, si bien destacan principalmente los géneros de la morna, la coladeira, el batuque, el finaçon y el funaná, estilo este último en el que ahondaremos en las siguientes líneas y que se caracteriza por el sonido del acordeón y del ferrinho creando juntos un ritmo alegre y frenético a cuya energía resulta difícil resistirse.

De acuerdo a las investigaciones de Gláucia Nogueira y Paulo Bango Monteiro, plasmadas en Do ‘badju di gaita’ ao funaná-soukouss, da música rural ao pop: o percurso do funaná ao longo de um século, el recorrido del funaná desde su surgimiento como manifestación de la cultura popular campesina hasta ser considerado por derecho un género musical de Cabo Verde se concreta en dos aspectos: el proceso de modernización tanto instrumentística como de experiencias musicales exteriores al país; y la construcción de un género musical con total entidad.

Humberto Bettencourt Santos (Humbertona) es uno de los referentes más importantes de la guitarra de Cabo Verde, y pieza clave en la historia de la morna.

En cuanto al origen de esta música, Emanuel Antero Veiga apunta al año 1902 como el primero en el que se oyó el acordeón en Cabo Verde. Una década después ya se realizaban los primeros bailes de acordeón en al área de Achada de Bentrero y alrededores (isla de Santiago), zonas de pastoreo de bovinos y cabras. Otra hipótesis en cuanto a su implantación, señala a la Iglesia Católica, de fuerte presencia durante la colonización portuguesa, que introdujo el acordeón diatónico en el archipiélago para las ceremonias religiosas, debido a la falta de órgano, mucho más caro y difícil de transportar.

Respecto a cómo nació el término ‘funaná’ existen variadas versiones. Una leyenda dice que funaná viene de un hombre llamado Funa, que tocaba el acordeón acompañado al ferrinho de su mujer, llamada Naná. Otros apuntan al uso de la palabra fungangá de Brasil o fungagá (Portugal), con el significado de filarmónica ordinaria o insignificante. Horário Santos señala que la palabra funaná fue usada durante mucho tiempo con sentido peyorativo y selectivo para los bailes de acordeón (SANTOS, 1985, p. 9). Y existe otra hipótesis defendida por Veiga según la cual funaná es simplemente una onomatopeya, imitando el sonido del acordeón. En cualquier caso, en determinado momento el funaná dejó de tener una connotación negativa y se consagró definitivamente.

En el recorrido histórico del funaná, desde antes de los 70 hasta la actualidad se distinguen cuatro etapas. En un primer momento, el funaná es tocado originalmente con acordeón (gaita) y ferro o ferrinho, instrumento consistente en una barra metálica que marca el ritmo al ser friccionada con otro objeto metálico. Se vincula este estilo al interior de la isla de Santiago, siendo menospreciado en la etapa colonial por la población urbana, pues entonces el gusto reinante del público se decantaba por la música brasileña y la morna, estando relegado el baile de acordeón o ‘badju di gaita’ a las zonas interiores rurales. En las otras islas, habida cuenta de las dificultades en las comunicaciones y transportes y, salvo rara excepción, no sería conocido hasta la década de 1970.

En los años 80 el funaná pasa a ser considerado género musical de pleno derecho. En este segundo período, tras la incipiente independencia, se vive la valorización de tradiciones y artes populares, de reafricanización de mentalidad: los grupos de batuko y tabanka de la isla de Santiago, ganan visibilidad y reconocimiento, la temática tratada es africana y la lengua utilizada como vehículo es el criol caboverdiano. En este contexto, el grupo Bulimundo, -cuyo compositor y líder es Katchás (Carlos Alberto Martins)-,  hace del funaná el plato fuerte de su repertorio y adapta el ritmo del ferrinho a la batería, utilizando los teclados para la melodía y la guitarra y otros instrumentos novedosos en estas lides. En los LPs del grupo aparecen composiciones de repertorios tradicionales de funaná rural de los famosos Codé di Dona o Sema Lopi. El éxito de Bulimundo lleva a una auténtica revolución y explosión del género.

Katchas junto a Silva y Zé Augusto, de Bulimundo. Fuente: Muzzicaltrips.

El tercer período se inicia en los 90: el acordeón surge con fuerza como instrumento solista acompañada del ferrinho, el bajo, la batería y la guitarra. Un nuevo filón es descubierto, el grupo Ferro Gaita, con su primer álbum en 1988, marca la nueva tendencia que será seguida por varios grupos e intérpretes.

Por último, a mediados de los 90 comienza a gestarse el cuarto período, que llega hasta la actualidad: la aceleración del ritmo, que ya se inició con Bulimundo y se intensificó con Ferro Gaita, continúa la tendencia. Este período también se caracteriza por la mezcla con otros estilos, como el zouk y la introducción de sonidos electrónicos (teclados y batería) a partir de la tecnología digital. El baile pasa a ser individual, cuando siempre había sido un baile en pareja, destacando una aceleración en los compases, desde Bulimundo, que fueron los primeros en pisar el acelerador pasando de 138 a 153 compases por minuto, aunque en los últimos tiempos se llega hasta los 175.

Ferro Gaita.

Representantes del funaná más tradicional son Codé di Dona, Sema Lopi, Caetaninho, Tchota Suari y A. Sanches o Bitori Nha Bibinha. Tras Bulimundo ya se puede hablar de modernización en el género con mezclas de otros sonidos, tendencia que se verifica a mitad de los 90. Zeca di Nha Reinalda, vocalista de Bulimundo en sus primeros dos discos, ha sido el pionero con su CD Na urna (1995). Más allá de incluir zouks, en ritmo grave de funaná lento Sema Lopi, de Sema Lopi en su disco Camponês (2001). En ese mismo CD se incluyó el soukouss con el tema Marido manso. Zé Espanhol aparece en el recopilatorio Projecto Verano 2008 y en 2010 en el CD-DVD S’ta na moda. En 2013 lanza Bempa moda y continúa pegando fuerte con gran éxito en los años posteriores gracias a este chispeante género 100 % caboverdiano, siempre presente en una fiesta que se precie.

Bibliografía

BRITO, M. (1998). Os instrumentos musicais em Cabo Verde. Mindelo: Centro Cultural Português.

NOGUEIRA, G. y Jo di Bango, Do ‘badju di gaita’ ao funaná-soukouss, da música rural ao pop:o percurso do funaná ao longo de um século, en Revista Brasileira de Estudos da Canção – ISSN 2238-1198, Natal, n.5, jan-jun 2014.

MADEIRA, Joao Paulo: Manifestaciones culturales de la identidad cabo-verdiana en revista Caboverdiana de Ciencias Sociales, nº 2, pp. 233- 242.

MONTEIRO, Vladimir. Les musiques du Cap-Vert. Paris, Chandeigne, 1998.

SANTOS, Horácio. A dança no tempo e no espaço. Voz di Povo, 09 mar 1985, p. 9.

VEIGA, Emanuel Antero Garcia da. ‘Badjo di gaita’ na ilha de Santiago (I) – Seu historial: origem e desenvolvimento. Voz di Povo, 14 ago 1982, p. 6-7.

TOP 10 Música Africana 2017

Por Chema Caballero (África no es un país) y Gemma Solés i Coll (Wiriko)

La cuenta atrás ha empezado para este 2017, que nos ha regalado infinidad de nuevas producciones musicales, efervescentes sonidos urbanos y deliciosas melodías para nuestro selectivos oídos, ávidos de buena música. Multitud de producciones de géneros diversos nos han ido llegando desde el Sur del Sahara. A veces, han trascendido sus fronteras, otras solo han conseguido llegar a audiencias locales. Pero durante todo el año, la(s) música(s) africana(s) nos han dejado prácticamente extasiados por su calidad, su originalidad y su diversidad. ¡Y queremos festejarlo!

Antes de empezar a celebrar que, un año más, seguimos en pie y sin poder dejar de mover ni las pestañas con el frenesí musical que nos llega del continente vecino, África no es un país y Wiriko hemos querido aunar esfuerzos para presentaros un subjetivo y retrospectivo TOP 10 con lo mejor de este 2017, para que hagáis sonar durante las comilonas navideñas, en la fiesta de fin de año o para que os acompañe durante los próximos días. Podéis escuchar esta pieza en formato radiofónico aquí o poneros la lista de reproducción de YouTube que os hemos preparado para después de cantar el “Fum, fum, fum” en familia.

El mejor regalo de todos para estas fiestas:

¡Compartir cultura!

  1. Elida Almeida – Kebrada (Lusafrica) – CABO VERDE

Dos años después de que debutara con su ‘Ora doci Ora margos’ (Dulces tiempos amargos), la que con solo 24 años de edad se ha postulado como la nueva voz de Cabo Verde, presentaba el pasado 20 de octubre: ‘Kebrada’. ‘Kebrada’, apodado así por el nombre de la región en la que se crió de pequeña, es una afirmación de la identidad africana más híbrida, y de las resonancias de ida y vuelta que tanto han marcado los sonidos del Atlántico negro. En él, Elida Almeida se consolida con una propuesta bien nutrida a base de ritmos caboverdianos como batuque, funaná, coladera y tabanka delicadamente aderezados con música latina. Una receta pegadiza tanto en sus himnos más bailables y festivos como en sus cortes más melancólicos, que no está exenta de crítica social. En la balada ‘Forti Dor’, uno de nuestros temas preferidos, Almeida cuenta la historia del joven que muere enmedio de una multitud. En ‘Grogu Kaba’, la voz de Elida se lamenta de las palizas que un bebedor de ron le da a su esposa tres veces al día… ¡Almeida llegó para quedarse!

  1. Kokoko! – Tokoliana (Ici Leble)  – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Tokoliana significa nos estamos comiendo los unos a los otros, en lingala. Es también el título del álbum presentación del colectivo Kokoko un grupo de la República Democrática del Congo asentado en Kinshasa, que fabrica sus propios instrumentos. Un trabajo cargado de pistas hipnóticas y mensajes políticos que nacen de la realidad que se vive en la RDC. Llaman a su sonido tecno kitueni o zagué, en lingala, a pesar de ello, se les cuela un toque punk. Detrás de ellos está el productor francés Débruit que les ayuda a dar el salto a la escena internacional.

El primer sencillo que nos llegó de este trabajo se titula como el LP y llegó acompañado de un vídeo dirigido por el cineasta alemán Makus Hofko que se fija en los pigmeos “por ser los perdedores de la sociedad congoleña, saqueados por las empresas madereras y despreciados por muchos en el país”, según comentó a la revista digital Nowness. Las imágenes fueron filmadas durante un ritual pigmeo llamado wale, que ocurre cuando una mujer da a luz a su primer hijo.

  1. Amazones d’Afrique – Republique Amazone (Real World Records) – ÁFRICA OCCIDENTAL

Este 2017, diez de las principales divas africanas de la canción de ayer y de hoy (entre ellas Angélique Kidjo, Mariam Doumbia de Amadou & Mariam o Nneka), se han unido para darle voz a las mujeres del África Occidental y cantar contra las desigualdades de género y contra el machismo imperante. Su álbum debut, ‘República Amazona’, es una de las bombas sonoras más sorprendentes y potentes que nos ha llegado a las manos en los últimos meses. Producido por Liam Farrell, salió a la luz el pasado 10 de marzo, dejando claro que la huella electrónica y las distorsiones Afrofuturistas que llevaron a la fama a Mbongwana Star el año pasado, eran una fórmula infalible. Ritmos frenéticos que no pierden la elegancia en ninguno de los cortes y donde destaca ‘I Play The Kora’, reivindicando que la mujer toma el timón (la Kora es un instrumento tradicionalmente tocado por hombres). El tema que más ha sonado en las pistas de baile, es inconfundiblemente ‘Dombolo’, con la beninesa Kidjo a su frente, cargando con la fuerza y el legado de las guerreras cotidianas del África: las mujeres. Una banda sonora perfecta para el año del #MeToo.

  1. Janka Nabay – Build Music (Luaka Bop) – SIERRA LEONA

Janka Nabay comenzó haciendo lo que luego se ha conocido como bubu electrónico, allá en los años 90 en Sierra Leona donde grabó algunas cintas que se vendieron muy bien. Bubu. Es una música tradicional tocada soplando cañas de bambú de distintos tamaños y acompañada de tambores, quizás una de las más antiguas de su país. La guerra hizo que Nabay abandonase su país rumbo a Estados Unidos donde se ganó la vida trabajando en hoteles y en restaurantes de comida rápida. Poco a poco ha comenzado a reconstruir su carrera musical junto a la Bubu Gang.

En marzo de este año publicaba un nuevo trabajo que lleva por nombre Build Music. A él pertenece el tema Sabonah (que se puede traducir por Esto es nuestro o esto nos pertenece, más o menos). Se trata de una canción que ya fue grabada en los años 90, en una de aquellas cintas que hizo en su país, y que ahora recupera y actualiza. Es muy interesante el vídeo que acompaña al tema dirigido por Wills Glasspiegel en colaboración con Benjamin Dominic y John Llori en Freetown.

La música bubu nos ha gustado mucho y por eso mismo su renovación nos atrae baste, quizás esta sea la única razón por la que este tema está aquí.

  1. Mokoomba – Luyando (Out Here Records) – ZIMBABWE 

Cinco años después de irrumpir en el mercado musical con el álbum ‘Rising Tide’, la banda juvenil más exitosa de Zimbabwe, Mokoomba (que significa ‘amor de madre’ en Tonga), ha vuelto a golpear este 2017 con un nuevo enfoque de su Zimrock y la rumba congoleña con matices mucho más acústicos, líricos, suaves, pero repletos de energía, con su nuevo LP ‘Luyando’. En él, han querido sintetizar la tradición sonora de su hogar, las Cataratas Victoria, cantando en cuatro idiomas zimbabuenses (Tonga, Shona, Luvala, Ndebele), además de en inglés, en un set que incluye consejos sobre cómo lidiar con leones y donde el agua de las Cataratas fluye cual sangre por las venas de sus miembros. Las armonías vocales y el tono relajado del disco, presentan un sonido orgánico y sin adulteraciones que desnuda la receta central de Mokoomba y nos hace descender a la cultura más arraigada de uno de los lugares más maravillosos del Planeta. Un disco reconstituyente para el año en que Mugabe deja el “trono” del país tras 37 años en el poder.   

  1. Elemotho – Beautiful World (Arc Music) – NAMIBIA 

Este álbum es una pequeña joya que profundiza en el alma del ser humano y la naturaliza. El compositor y cantante namibio comparte los recuerdos de su infancia, de esos cuentos que se narran alrededor del fuego en el desierto del Kalahari, recorre el destino del ser humano, saca esperanza de lo más perdido y belleza en la oscuridad. Canta en inglés y en varias lenguas de su país acompañado de varios instrumentos entre los que se encuentran la guitarra, el violín, el acordeón, la mbira, la conga…

El LP aborda la condición de hombre africano. Pero no se centra en lo negativo, como tantos otros hacen, en la opresión, sino que invita a los oyentes a tomar el control de su destino. Por ejemplo, en el tema del mismo título que el álbum canta el estribillo: “Tienes ojos, tienes una mente, tienes manos, lo tienes todo”. Sediegi (No te desvíes) es una versión de un tema funerario que repite: “una vida sin sueño es como un arroyo sin agua”. Kuruman habla de la migración… Todo esto se resume en el tema que sirvió de presentación a este trabajo, Balck man y que está marcado por una especie de mantra que el djembe rubrica y donde el espíritu de Fela Kuti o el Steve Biko están muy presente. El vídeo que lo acompaña tiene mucha fuerza y está cargado de imágenes muy provocativas de pobreza, violencia, dignidad, desigualdad económica y esquizofrenia espiritual para mostrar el imaginario del hombre negro en Namibia tras su independencia. Dice Elemotho que con esta canción quiere hablar de temas como verdad, libertad y dignidad, lo que en realidad caracteriza al ser humano.

  1. Ibibio Sound Machine – Uyai (Merge Records) – NIGERIA / REINO UNIDO

La nigeriana Eno Williams, alma mater detrás del explosivo proyecto Ibibio Sound Machine, vuelve a demostrarnos que lo suyo es crear tendencias en las pistas de baile con un cóctel que contiene afrobeat, jazz sudafricano, techno, indie, rock, makossa camerunés, funk y música disco con muchos sintetizadores. Su segundo álbum de estudio, ‘Uyai’, que significa ‘Belleza’, llega tres años después de su debut discográfico, y en él, la lengua Ibibio se convierte una vez más en un vehículo de denuncia social con letras que hablan de temas como el secuestro de Boko Haram a las niñas de Chibok y que tienen el empoderamiento de la mujer como eje central. Los doce cortes del álbum son un torbellino de beats que se viven de una forma mucho más orgánica en directo, pero que dejan espacios para el sosiego en pistas vaporosas que dan tregua a la taquicardia sonora. Un trabajo desde la diáspora londinense que muestra la necesaria aportación africana a las pistas de baile de todo el mundo. Todo un regalo en pleno Decenio Internacional para los Afrodescendientes.

  1. Mr. Eazi – Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos (Starboy Entertainment) – NIGERIA / GHANA

No cabe duda de que Mr. Eazi se ha convertido en uno de los artistas más escuchados durante este año. Nacido en Port Harcourt, Nigeria, y residente en Accra, Ghana, se lanzó al mundo de la música como organizador de fiestas durante sus años en la Universidad de Kumasi. En 2013, presentó una mixtape con 13 temas, About to Blow. Uno de ellos, el sencillo Skin Tight, que se convirtió rápidamente en uno de los más escuchados. En aquel entonces, Mr. Eazi se definía como pionero de la música banku, una fusión de highlife y otros sonidos ghaneses con acordes nigerianos.

El 10 de febrero de este año presentó el álbum Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos bajo los auspicios de su nuevo productor, Wizkid y su casa discográfica Starboy Entertainment. Se trata de un homenaje a las dos ciudades en las que se ha criado y desarrollado su talento artístico. El primer sencillo salido de él, Leg Over, ha sido todo un éxito, escuchándose por todas partes en el continente y fuera de él. Una canción en la que el artista se queja de que su chica está jugando con él pero tampoco parece importarle tanto mientras reciba su parte de amor (o sexo). Los otros sencillos salidos, hasta el momento, de este trabajo –Tilapia, In the morning, Fight y Business– no han tenido la difusión que este primer tema.

  1. Jupiter & Okwess – Kin Sonic (Glitterbeat Records) – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Cuatro años después de despuntar con su debut internacional, el veterano de Kinshasa, Jupiter Bokondji, ha lanzado su segundo y potente trabajo de estudio: una bomba de ritmos congoleños repletos de influencias del funk y el soul norteamericanos de los 70 y 80, con potentes guitarras distorsionadas y rugidos de voz que lo devuelven al podio de los más buscados para escenarios y festivales que ponen África en su epicentro. Damon Albarn y Gorillaz, tanto como Robert Del Naja y Massive Attack, siguen impregnando esta propuesta musical, que despuntó a escala global (y comercial) en 2013. Pero más allá de las influencias europeas, la música congoleña impera en este álbum tal como lo hacía en el documental Jupiter’s Dance que hace diez años lo descubrió a los melómanos más inquietos de Occidente. Energía en bruto denunciando la miseria política en República Democrática del Congo y mucho ‘Bofenia rock’ al servicio del baile, lo hacen uno de los discos indispensables de este 2017.

  1. Soul Bang’s – Cosmopolite (Rnb Boss Musik) – GUINEA 

Fue en noviembre de 2016 cuando el guineano Soul Bang’s ganó el premio RFI al artista africano revelación del año (este año ha recaído en el maliense M’Boulillé Koité). Así que 2017 ha sido el año de este artista que comenzó a rapear con 11 años y que hoy mezcla ritmos tradicionales con R&B a los que imprime un toque urbano. Como parte del premio, el artista ha ofrecido conciertos en la mayoría de las capitales africanas y, también, fuera del continente.

En marzo publicaba su tercer álbum, Cosmopolite. Fue presentado el 12 de febrero en el concierto que ofreció en su ciudad, Conakry, en la explanada del Palacio del pueblo. De él destaca el sencillo Faré Bombo M’bai. Un tema muy bailable que tiene de fondo una danza guineana conocida como Faré ghkni. Según muestra el vídeo no parece fácil de ejecutar, pero todo es ponerse a ello.

Songhoy Blues: “la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor”

Songhoy Blues es una de esas bandas con una historia digna de ser contada. Originarios del norte de Mali, Garba Touré, Aliou Touré y Oumar Touré, que no tienen ningún tipo de parentesco a pesar de su apellido, se conocieron en Bamako como exiliados después de que, tras la rebelión tuareg de 2012, Ansar Dine, grupo extremista vinculado a AQMI, tomara el control de la región y prohibiera la música a sus habitantes. Con la idea de mantener viva la tradición musical Songhai del norte del país tanto para ellos como para los demás exiliados, se juntaron y empezaron a hacer conciertos en las salas de Bamako. Con el tiempo se les unió el baterista Nathanael Dembéle y juntos, publicaron su primer álbum en 2015 llamado Music in Exile, a la vez que protagonizaban el documental They will have to kill us first. Este año ha visto la luz su segundo álbum Résistance y hemos podido conversar con Aliou Touré, cantante de Songhoy Blues, días antes de sus conciertos en Madrid y Barcelona en el marco de la gira mundial del grupo.

N.L: Conociendo la historia de Shongoy Blues y después de veros en el documental They will have to kill us first, ¿que se siente como músico cuando la música se prohíbe?

Como músicos ha sido un golpe muy duro, sobretodo teniendo en cuenta la importancia de la música en la cultura de Mali. Venimos de un país en el que la música está incrustada en el tejido social y cultural, e impregna la vida diaria de las personas. La prohibición de la música nos metió de lleno en una realidad muy difícil de soportar. La música es nuestro trabajo, pero también nuestra vida, nos quitaron una parte muy importante de nosotros, una parte de nuestra alma.

N.L: ¿Habéis vuelto al norte de Mali desde entonces?

Sí, por supuesto. Hemos podido volver y cuando no estamos de gira vamos a visitar a la familia.

N.L: Résistence es el título de vuestro nuevo álbum. ¿Os referís a vosotros o al conjunto de vuestro país?

Buena pregunta. Nosotros, personalmente, como grupo y como personas que hemos vivido una situación difícil, hemos resistido y seguimos resistiendo, pero no olvidamos que somos portavoces, mensajeros de nuestro pueblo, un pueblo que también resiste, todo el mundo en Mali ha resistido y resiste a las dificultades del país. De algún modo, este nuevo álbum es una continuidad respecto a nuestro álbum anterior (Music in Exile, 2015), entre lo que pasó en Mali en 2012 y lo que sigue pasando hoy en día en el mundo. Es algo que no concierne únicamente a Mali, ni a África, concierne al mundo entero, debe ser una resistencia global.

N.L: ¿De qué hablan las canciones de vuestro nuevo álbum?

Lo que queremos transmitir principalmente es la resistencia ante las situaciones difíciles, también de la vida cotidiana. Todo el mundo sabe que en Mali la vida es difícil, pero intentamos salir adelante a pesar de ello. Hay que tener en cuenta el lado bueno de las cosas para vencer el miedo. En Bamako, por ejemplo, a pesar de las dificultades, si sales por la noche hay mucho ambiente, mucha música, la gente tiene ganas de celebrar la vida e invitar a todo el mundo a estar unido, independientemente de las diferencias de etnia, color, cultura o de la lengua que se hable, y también queremos transmitir ese ambiente festivo en nuestras canciones, como por ejemplo con el tema Bamako.

N.L: ¿Cómo ves el futuro de Mali?

Hay que plantearse las cosas, ver qué es lo que no ha funcionado y lo que sí ha funcionado. Ser conscientes de lo bueno y de lo malo, hablarlo. Prefiero ser positivo en cuanto a nuestro futuro y el de nuestros jóvenes, tenemos que serlo. Y quiero ver un país que sale adelante a pesar de todo.

N.L: ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Songhoy Blues?

Tenemos varios proyectos en Mali, pero de momento nos concentramos en nuestro rol de embajadores de nuestra música y nuestra cultura. Nos tomamos muy en serio este papel y el mensaje que queremos hacer pasar con nuestro trabajo.

N.L: ¿Cuál es exactamente ese mensaje que os gustaría que llegara al público?

El mensaje más importante es que la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor sin importar la cultura, el idioma o la religión de cada uno. Queremos que la gente sonría al escuchar nuestra música, que disfrute. En nuestros conciertos es la sonrisa del público lo que buscamos y lo que queremos ver.

Toumani Diabaté: “Occidente solo conoce el 5% de la cultura africana”

La cartografía y la historia de nuestro pasado tienen algo en común: son resultado de la pluma de los vencedores. Lo advierte el proverbio igbo de Nigeria diciendo que “hasta que los leones tengan sus propios historiadores, los cuentos de caza siempre glorificarán a los cazadores”. Y hoy sabemos que la misma tinta que trazó nuestras fronteras, también plasmó nuestras narrativas. Y aunque a veces es difícil salir del corsé que se nos brinda desde arriba, la cultura siempre empuja desde abajo para vislumbrar otros mundos posibles. Lo vemos en el mapa imaginario del África no-colonizada, del artista sueco Nikolaj Cyon, donde España es parte del universo africano. Y lo encontramos también en Songhai, un grupo que utiliza la brújula del corazón para devolvernos hacia el sur con casi un ejercicio de arqueología entre dos culturas hermanas: la flamenca y la mandinga.

Josemi Carmona, Toumani Diabaté y Juan Carmona ‘El Camborio’, durante las pruebas de sonido en el Festival de Músicas Sacras de Fez, el pasado 14 de mayo. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

 

Songhai es de propiedad africana y española”, explica el maestro de la Kora, Toumani Diabaté, desde el Festival de Músicas Sagradas de Fez, donde la banda formada por el maliense y Ketama, ha mostrado una vez más que la magia existe. Tomando el nombre del antiguo imperio de Mali, en el que la presencia de moriscos españoles expulsados tras la Reconquista de al-Andalus fue muy notable, Andalucía y Mali tejen aquí la nueva narración de una historia común a través de la música. Tal y como lo reitera el guitarrista de Ketama, Juan Carmona ‘el Camborio’: “Este proyecto es tanto de África como de Andalucía. Nuestra música está hecha con el corazón”. A lo que Josemi Carmona, hijo del gran guitarrista flamenco Pepe Habichuela y parte de la banda añade: “Songhai es patrimonio de la música del mundo. La música no tiene fronteras. En la música no hay racismo, no hay esta cosa del dinero… Ojalá que aprendieran los políticos y la gente; porque la música es respeto”.

De izquierda a derecha: Naba Traoré, Bah Kouyate, Juan Carmona ‘El Camborio’, Moriba Diabaté, Toumani Diabaté, Josemi Carmona, Javier Colina, Kiki Cortina y Bandolero. Después de su última actuación en el Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Aunque han pasado casi tres décadas desde que se editara su primer álbum en 1988, un hito revolucionario y sin precedentes que repitieron en 1994 con su Songhai 2, hoy el grupo tiene la intención de volvernos a deleitar con un Songhai 3 para 2018. Una forma de celebrar los treinta años de su nacimiento, y de seguir haciendo historia, en el sentido más estricto de la palabra. Mientras, hoy miércoles 17 de mayo se presentan en el Teatro Principal de Zaragoza, para rematar su gira española mañana en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. En la formación actual se suman el prolífico contrabajista Javier Colina, el gitano gallego Kiki Cortiñas en la voz y las percusiones (sustituyendo a Antonio Carmona), Moriba Diabaté (hermano pequeño de Kassé-Mady Diabaté, presente en Songhai 2) o la voz de Naba Traoré (hermana pequeña de la gran Rokia Traoré).

Después de su último concierto en Fez y a punto para iluminar Zaragoza y Donostia, Toumani y los Carmona nos han dado una entrevista en exclusiva:

Toumani Diabaté en el Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Gemma Solés: 30 años después de la grabación de ese revolucionario SONGHAI y todo ese pasado común entre el antiguo Al-Andalus y la cultura mandinga y bambara sigue sin reconocerse del todo…. Encima del escenario la familiaridad de los sonidos de Mali y España a través del Sahara son evidentes. ¿Es Songhai aún hoy un proyecto necesario para tejer puentes y romper barreras psicológicas e históricas?

Toumani Diabaté: Creo que Songhai es protagonista en la medida que acerca la cultura del flamenco a la cultura mandinga. Hoy, 30 años después, la música se ha impuesto porque está basada en una relación franca, sincera y honesta. Este es el valor y la belleza del proyecto Songhai. Por eso cuando lo escuchamos hoy tenemos la impresión de que es un proyecto actual.

G.S: Decías durante el concierto que disteis en Fez el domingo pasado que ni tú hablas español ni los hermanos Carmona hablan francés, con lo cual vuestro único lenguaje es la música… ¿Cuáles son, en tu opinión, las virtudes de la música para el encuentro espiritual de la humanidad?

T.D: Los primeros que le dieron el nombre a las notas – do, re, mi, fa, sol…- crearon un lenguaje para la música, gracias a Dios. Seas chino, seas indio, seas flamenco, bambara, wolf o árabe, puedes hablar ese lenguaje. Aunque no hables gitano, español o árabe puedes tocar. La música tiene su propio lenguaje. Lo más importante en la vida es aceptar el aprendizaje, porque antes de ser maestro hay que ser alumno. Después todo fluye. En el caso de Songhai todo está basado en el amor y el aprendizaje mútuo. Después de 30 años, Ketama y Toumani no nos podemos comunicar a través de otro lenguaje. Es imposible. Lo que habla entre nosotros es la música.

G.S: ¿Qué significa para ti formar parte de SONGHAI?

T.D: Yo soy griot, y el griot es el embajador, el espejo y los archivos de la cultura mandinga. Yo tengo el rol de hacer conocer la cultura mandinga al mundo, y para mí Songhai es parte de mi papel como griot.

Songhai, durante su último concierto en el Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

G.S: En 2014 grabaste con tu hijo Sidiki, y tienes mucha relación con generaciones más jóvenes. ¿Cómo la tradición griot continúa renovándose constantemente en la sociedad contemporánea de África Occidental?

T.D: Dentro de la familia griot, la música es una tradición transmitida de padre a hijo. Hacer un álbum con mi hijo ha sido muy importante para mostrar el papel crucial de Sidiki hoy en África, para mostrar que la tradición continúa hoy a través de las jóvenes generaciones. Todos mis hijos son músicos y tocan la Kora. Es importante que la tradición siga.

G.S: Y el universo Mandinga sobrevive al estado maliense moderno gracias a la cultura popular, ¿no?

T.D: Gracias a Dios es así. El rol del griot no es solo el de tocar música. Todas las bodas, bautizos, entierros y reuniones sociales en Mali tienen a griots como maestros de ceremonias. Sin nosotros no habría más acontecimientos sociales en el país y viceversa.

G.S: De hecho, sabemos de la implicación activista de muchos músicos de Mali contra la rebelión del norte tras el golpe de estado de 2012 y que tú también estás muy comprometido para que la paz se instale en el país. ¿De qué forma?

T.D: Durante el golpe de estado de 2012, todos los músicos trabajamos de forma conjunta. Y hoy, seguimos luchando para conseguir la paz. Personalmente, organizo el FAB (Festival Acústico de Bamako). En la segunda edición estuvieron Damon Albarn, Mathieu Chedid, Toni Allen… ¡todo el mundo quiso venir! Eso forma parte de la lucha desde la arena musical para reestablecer la paz en Mali, y es una lucha colectiva.

Songhai, durante su último concierto en el Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

G.S: Con Lamomali, Matthieu Chedid y tu hijo, habéis realizado un disco fabuloso recientemente, con la presencia de voces como la de Fatoumata Diarawa o de Amadou & Mariam… Y constantemente hay nuevas y sorprendentes producciones en el país. ¿Qué hace de Mali una factoría musical tan fecunda?

T.D: Mali es la capital del imperio Mandinga. Tenemos dos cosas a diferencia de los demás países. Hay países que tienen un solo estilo de calidad. En Mali tenemos muchos estilos y de gran calidad. Cada etnia tiene su música. Por ejemplo, la música de Salif Keita es muy distinta de la música Wassoulou de Oumou Sangare, o de la de Amadou & Mariam.

G.S. Pero una realidad es que casi toda la música maliense, y africana en general, que llega a trascender las fronteras africanas para llegar a Europa viene de la mano de productores o socios europeos… ¿Por qué crees que África sigue siendo “dependiente” en este sentido?

T.D: Aún no tenemos los medios necesarios para hacer grandes producciones. Lo más importante para nosotros es llegar a conseguir esto. Pero tener medios sin tener la materia prima no sirve para nada. Nosotros tenemos esa materia prima que se necesita. África tiene todo tipo de materias primas. Pero nos faltan los medios para poder hacer grandes producciones, industrias, discográficas… Creo que Occidente solo conoce el 5% de la cultura africana. Y eso pasa en parte porque no llegamos a tener los medios necesarios para exportar toda nuestra riqueza cultural. Yo me pregunto por qué no se están facilitando los medios necesarios para trabajar y que esto acontezca…

Desde Wiriko seguiremos luchando para hacer que ese porcentaje aumente. Entretanto, recomendamos fervientemente asistir hoy miércoles 17 de mayo al Teatro Principal de Zaragoza o mañana en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Porque como reconocen los miembros de Songhai, este proyecto es tanto español como maliense, tanto andaluz como mandinga. Y porque la historia la reescribimos entre todos.

Myles Sanko por Simon Buck.

Myles Sanko: “En África está todo rítmicamente conectado”

Sus fotografías. Sus videoclips. Su vida. Todo en él está marcado por una dicotomía: el blanco y el negro. No es casual que su EP debut, que apareció en 2013, se llame Born In Black and White (Nacido en Blanco y Negro). “Nací en Accra, de madre ghanesa y padre bretón, del norte de Francia. Pasé los 16 primeros años de mi vida en Ghana, antes de trasladarme a Cambridge”, cuenta Myles Sanko, la nueva sensación del Soul-Jazz británico.

Después de arrasar con su primer álbum Forever Dreaming en 2014, 2016 fue el año en que Myles realizó su álbum más personal, Just Being Me. Hoy, a punto de cumplir 37 años, se ha convertido en una de las voces más cotizadas y frescas de Europa. Siendo considerado uno de los renovadores de la música británica, pocos saben o reconocen la herencia africana de esta voz a caballo entre dos ciudades: Accra y Cambridge. Y antes de que vuelva a pisar la península ibérica para la presentación de último LP, nos ha brindado generosamente unos minutos de su tiempo, en los que hemos podido desgranar más sobre su carrera y sobre su parte más africana:

Myles Sanko por Simon Buck.

“No cambiaría mis orígenes por nada del mundo. Nacer de dos culturas tan distintas me ha permitido ver ambos lados de la realidad. Me siento absolutamente agradecido de que mis padres decidieran estar juntos y me permitieran experimentar la vida desde diferentes ópticas”, explica Sanko.

Y supongo que diferentes realidades significa también diferentes lenguas, ¿verdad?

Por supuesto. Mis lenguas maternas son el Akan, que se habla en Accra, y el Ewe, la lengua de mi madre. Pero también hablo perfectamente francés, que es la lengua materna de mi padre. El inglés, por supuesto. Y el italiano. A parte, también estoy aprendiendo checo y español…

¡Dios mío! Y en España la gente se cree que somos políglotas por ser bilingües en el mejor de los casos… A menudo nos olvidamos de que África nos pasa la mano por la cara en estas cuestiones, ¿verdad?

Somos absolutamente injustos cuando juzgamos África. África tiene un lugar irremplazable en mi corazón. Nací y crecí en África. Mi madre es africana. Y aunque vivo en Cambridge estoy muy conectado con el continente. África es un continente muy joven, que ha estado sujeto a muchas penurias, empezando por la colonización y los siglos de esclavitud… Pero tendrá su día. Un país como el mío, Ghana, fue uno de los primeros en conseguir la independencia. Pero hoy en día, tener independencia no significa absolutamente nada. Puedes tener libertad y a la vez seguir amarrado. Mi generación sigue sufriendo del trauma colonial, que acarrea de la generación anterior, y cuesta a veces celebrar África más allá de los problemas… Es difícil, a menudo, salir del pensamiento de que Europa es mejor en términos de conseguir mejores trabajos o pensar que lo que vemos en la televisión es mejor que nuestra forma de vivir. A mi me gusta celebrar África por lo que es. Estoy super orgulloso de ser africano. Y estoy seguro de que le llegará el día. Y espero que no esté muy lejos.

¿Y cuales son tus mejores recuerdos de tu infancia en Accra?

Vivíamos en Tema, cerca de la playa. Un lugar precioso. Mi mayor recuerdo es cómo todo, la vida, las personas, estaba ligado al ritmo. En África está todo rítmicamente conectado. En la infancia, vivíamos al lado de un carpintero. Recuerdo que cuando trabajaba, siempre martilleaba con ritmo. “Tatatá – tatatá – tatatá…”. Eso me parecía fascinante. Había ritmos por todos lados. Cuando iba a la playa, me encantaba ver a los pescadores. Entre seis y diez hombres empujaban sus canoas al mar para ir a pescar. Y para empujar juntos, lo hacían a ritmo, cantando y empujando a la vez. Toda mi infancia está impregnada de eso. En África hay música en todos lados. La música es parte de todo.

Además, Ghana ha sido y continúa siendo el epicentro de la creación musical más puntera del continente. Desde el highlife de los años cincuenta hasta los Afrobeats de hoy… ¿Te ha influenciado mucho la música ghanesa en tu carrera? 

¡Por supuesto! Crecí escuchando Highlife y muchos otros estilos africanos. Todos esos ritmos están en el sustrato de mi propio sonido. Porque forman parte de mi manera de pensar y vivir. Todos esos ritmos que escuchamos y creemos que son americanos, en realidad, son africanos. La música negra norteamericana está cimentada en ritmos africanos…

Myles Sanko por Simon Buck.

Recientemente, en España, se ha presentado un documental extraordinario – Gurumbé– que explora las raíces africanas del Flamenco. En una entrevista que te hicieron el año pasado en El Periódico hablabas sobre las semblanzas entre el Flamenco y el Soul. ¿Crees África está en la raíz de todo eso?

No tenía ni idea de las raíces africanas del Flamenco. Me parece super interesante. Pero cuando hice referencia a las similitudes entre el Soul y el Flamenco, básicamente me refería a que son dos estilos que evocan sentimientos muy profundos. Creo que ambos estilos conectan con un aparte muy profunda del ser. Pero no se trata de hallar África en todos los ritmos. Porque al final, los ritmos son humanos y pertenecen a todo el mundo. Tratar de categorizar o etiquetar los sonidos no está bien. Los sonidos deben ser lo que son, sin necesidad de comprenderlos. Solo están entre nosotros para disfrutarlos. Para conectarnos entre nosotros.

¡Sabias palabras! 

Vamos a avanzar en tu biografía, cuando empezaste a vivir de forma permanente en Inglaterra. ¿Qué hacía Myles Sanko cuando tenía 20 años? 

La comida es una de mis pasiones. A los 16 años, cuando estaba en el instituto, ya asentado en Cambridge, empecé a trabajar como lavaplatos en restaurantes. Y empecé a desarrollar una gran pasión por la cocina, aunque esa pasión siempre había sido parte de mí. Así que a los 20 años me convertí en chef. Y trabajé cocinando comida hasta que decidí dedicarme cien por cien a la música. Me enamoré de la música a través del Hip Hop, y eso fue la chispa que encendió mi interés para dedicarme a ella. El Hip hop era la progresión natural del Funk, el Jazz, el Soul, el Blues… Así que gracias al Hip Hop me encontré con todas las raíces de la música negra norteamericana.

Como el que identifica cada ingrediente de un plato estrella… ¡Qué interesante! Parece que nutrirnos de buenos alimentos, ha sido una tónica en tu vida. 

¡Sí! (ríe). Para mí, cocinar o hacer música es algo muy similar, que calma la mente y el cuerpo en muchos sentidos. Mezclas ingredientes diferentes para crear algo que la gente pueda disfrutar, y que disfrutas tu mismo a la vez.

Y algo básico tanto en la cocina como en la música es encontrar el equilibrio entre los ingredientes que se utilizan, ¿no? No he probado tu cocina pero escuchando tu receta sonora, creo que el equilibrio y la armonía son una parte importante del proceso de creación. ¿Es esto responsable de que suenes tan maduro?

Para ser honesto, no me rompo la cabeza para conseguir ese equilibrio. No lo hago conscientemente. Supongo que para crear hay que estar en armonía con uno mismo. Simplemente hago lo que le sienta bien a mi corazón, lo que me suena bien… Está bien poder dar una pizca de “esto”, un poco de “lo otro”. Pero cuando se trata de crear, no hay una respuesta fija. Sale así.

Entonces, ¿simplemente se trata de ser honesto con uno mismo?

Supongo. Aunque cada cual tendrá su fórmula. Siempre que lo que haga me haga feliz, y que los demás puedan verlo y entenderlo, estará bien.

Cuando compones, bebes de un montón de fuentes. Son evidentes influencias desde Staple Singers a la música disco más ochentera. Pero: ¿eres más del Soul de Motown o de Stax? ¿Te gusta más el Jazz neoyorkino o los oldies a lo New Orleans? 

Me encantan los productos de Motown y de Stax. Estoy bastante en medio. Aunque diría que el Jazz que me gusta es el de Nueva York, ¡por supuesto! Aunque aún estoy explorando y conociendo el estilo. Pero cuanto más intentas conocer algo más tienes que buscar en ti y no fuera. Si no viene de dentro, nunca hallarás nada interesante por más que explores.

Tu primer EP suena bastante más “british”, incluso Northern Soul, que los posteriores LPs, que tienden más al Jazz… ¿Has hecho una especie de transición hacia un sonido más americano no?

El northern Soul no es británico técnicamente. No deja de ser Soul, y tiene las raíces que tiene. Pero no estoy muy en esa línea. Creo que los músicos con los que trabajo, que son británicos, pueden transmitir un poco esa sonoridad. Porque los sonidos trascienden fronteras en muchos sentidos. Obviamente lo puedes encontrar en mis canciones. Pero no de una forma intencional.

Y si los sonidos pueden trascender fronteras, los artistas pueden adoptar multiples formas de expresión. Y ese es tu caso. Cuéntanos cuál es tu vínculo con el cine. 

Para mí el cine es una parte muy importante de mi creatividad. Cuando era joven y veía películas, siempre admiraba los ángulos en los que se ponía la cámara para filmar, y a veces incluso dejaba de prestar atención a la historia… Así que cuando llegué al mundo de la música, para mi los videoclips se convirtieron en una parte natural de mis creaciones. Me acuerdo cuando gravé mi primer videoclip, en 2007, que acabé tomando las riendo del equipo de cinematógrafos. Acabé dirigiéndolo yo, y cuando se tenía que editar, relegué al editor. Básicamente, porque sabía perfectamente lo que quería. Desde entonces, grabo, edito y dirijo todos mis videoclips.

Y vemos que te encanta jugar con la cámara. Como en el videoclip de Forever Dreaming, donde juegas con la mirada del espectador, como queriendo que se dé cuenta de que el cine es una falsa imagen… 

Me encanta enseñar lo que hay al otro lado de la cámara. Y que el espectador, cada vez que la cámara me enfoque a mí, sea capaz de ver también que detrás de la cámara está pasando algo, no solo delante del objetivo. Me gusta enseñar que hay todo un mundo detrás de lo que se enfoca… Me encanta que la audiencia vea mi perspectiva. Mi mundo.

Acaba de ver la luz otro de tus videoclips, el de This Ain’t Living… Un precioso vídeo con una pareja de ciegos como protagonistas, que también son mendigos y negros, y a todo lo que deben enfrentarse en su día a día…. 

Si. Es el segundo single de mi tercer álbum (Just Being Me). No es solo un videoclip, es un cortometraje. Y es una clara muestra de que, poco a poco, mi música me permite introducirme en el mundo del cine.

Y por acabar, ¿qué le dirías al público español para que se acerquen a verte?

Simplemente, ¡venid y vamos a conectarnos!

Muchas gracias por tu tiempo Myles, ha sido un placer gigantesco.

Gracias a vosotros. Disfruté mucho con la entrevista.

 

Estas son las citas que Myles Sanko tiene preparadas para la presentación de su álbum Just Being Me, este marzo en España:

Madrid –  Sala El Sol, miércoles 22 de marzo

Barcelona – Sala Apolo, jueves 23 de marzo

Murcia – Teatro Circo, viernes 24 de marzo

Burgos – Caja de Burgos, sábado 25 de marzo

¡Estamos en el aire! Wiriko, nuevo fichaje de M21

Hoy, Día Mundial de la Radio, despega definitivamente la emisora municipal M21, un proyecto impulsado por el gobierno de Ahora Madrid en el Ayuntamiento de Madrid. Y en ella, Wiriko inicia sus andanzas radiofónicas para que a la capital no le falten píldoras musicales africanas.

Tras un periodo de pruebas que comenzó el pasado mes de septiembre, hoy, en el 88.6 FM, se empieza a emitir oficialmente una parrilla con la implicación de grandes profesionales como Diego A. Manrique o Jesús Ordovás, periodistas musicales ligados durante décadas a Radio 3; Pablo Sanz, colaborador y crítico habitual de EL MUNDO o nuestra admirado compañero Jesús Bombín, una de las voces detrás de programas como Sonideros y Hoy Empieza Todo, también de Radio 3. Además, la emisora cuenta con el apadrinamiento de gigantes como Iñaki Gabilondo y Luis Del Olmo, que avalan las aptitudes de una emisora al servicio de sus oyentes.

Iñaki Gabilondo y Luis Del Olmo, los padrinos de M21.

Entre un gran elenco de locutores y selectores que harán de M21 una radio de calidad y cercana a la gente de Madrid, Wiriko ofrecerá, cada viernes de 22.00h. a 23.00h. de la noche, un viaje musical de una hora de duración par desgranar diferentes perlas de música africana, pero también para acercar a la audiencia a la diáspora africana afincada en la ciudad.

El programa, que estará dirigido y presentado por Gemma Solés i Coll y Vanessa Anaya, seguirá con la vocación del magacín para dar a conocer los sonidos más urbanos y contemporáneos de África y visibilizar la diversidad cultural del continente. Para ello, cada programa presentará al oyente novedades discográficas y monográficos por países, géneros o grupos, haciendo honor de la riqueza sonora que nos ofrece África.

Siguiendo la estela de la comunidad africana y afrodescendiente de la ciudad, el programa también servirá para contar las andanzas culturales más africanas de Madrid a través de una pequeña agenda y con la participación de la diáspora africana madrileña.

La emisión se podrá disfrutar en FM, pero también en internet, tanto en directo como en formato podcast (grabaciones a la carta).

El primer programa se emitirá el próximo viernes 17 de febrero de 2017.

¡Os esperamos!

Fotografía cortesía de Afronova (http://www.afronova.com/)

 

¡Estamos en el aire!

 

Si te apetece participar, o aportar cualquier tipo de información que te parezca pertinente para el programa, puedes contactarnos a través de correo electrónico a info@wiriko.org con el asunto PARA EL PROGRAMA DE WIRIKO EN M21. Estaremos encantadxs de recibir cualquier comentario, recomendación o petición, y por supuesto, de poder colaborar para que, entre todxs, facilitemos que África esté más presente en Madrid, y a través de los podcasts, en todo el territorio hispanoparlante. 

 

 

“La mayoría de mujeres africanas que conozco no están cautivas mentalmente por el hecho de tener vagina”

“Afrohipnosónica”. Así se describe la cantante ghanesa afincada entre Accra, Nairobi, Copenhague y Nueva York: Jojo Abot. Con un sonido que representa el punto de encuentro entre África, Europa y America del Norte en pleno siglo XXI, Jojo ha conseguido, con su primer EP Fyfya Woto, posicionarse como una cantante diferente a las demás. Con él, nos demuestra que su fuerza creativa necesita de múltiples medios que sobrepasan el lenguaje musical, y nos sumerge en el mundo de la moda, el cine (donde ya apuntó maneras con Kwaku Ananse) o el diseño. Pero también nos desafía a preguntarnos por qué los jóvenes creadores africanos tienen que limitarse a ese “africanos” y no pueden ser simplemente creadores globales, como todos los demás. Y critica, muy profundamente, la imagen icónica de la mujer africana como víctima per sé.

En pleno desarrollo de un catálogo de arte multimedia centrado en su música y su arte, Jojo ha encontrado un hueco para explicarnos un poco más sobre su trabajo y su forma de ver el mundo.

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Imagen de CBC Music Canadá.

Aunque no se confiesa amante de las etiquetas, “afro-hipno-sónica” sería el mejor adjetivo para describir su música, ya que como ella misma opina: “describe un trabajo de influencia afro, es hipnótico y tiene una resonancia sonora única que se espera que pegue a un nivel más profundo y significativo”. Se trata de un estilo que mezcla influencias de todo el mundo, lenguas africanas e inglés, para expresar un mensaje universal para aquél o aquella que se sienta identificado o identificada en él.  “Mi objetivo es expresarme tan auténticamente como sea posible. Lo único que espero es que mi música resuene entre los que se identifican conmigo en todo el mundo independientemente de su nacionalidad, color de piel, clase o cultura”, explica.

No es de extrañar encontrar rasgos de cosmopolitismo tan integrados en la identidad de alguien que vive a caballo de ciudades tan dispares (al menos aparentemente) como Accra o Copenhague. “Viajar me ha abierto al mundo y me ha dado una perspectiva de la vida que es un regalo increíble. Ver como viven otros hombres, mujeres y niños de todo el planeta me ha hecho ser muy humilde en la forma en la que veo la injusticia, la libertad y el atrevimiento personal. Me ha dado una perspectiva diversa y global de la vida y me ha permitido entender que tengo mucho que aprender y desaprender. Viajar también me permite conectar con otras culturas e identidades en formas que me hacen crecer y evolucionar a diario. Es necesario salir de tu zona de confort. La idea de que puedo estar en casa en tantos lugares distintos es un tesoro que te demuestra que se puede encontrar amor e inspiración en todas partes”, cuenta desde Nairobi.

Con su EP Fyfya Woto (2015), la cantante narra, en Ewe e inglés, “la historia de una joven atrapada en una situación comprometedora con su amante caucásico en plena época de la esclavitud”. A través de cuatro canciones – una de las cuales Wiriko incluyó como recomendación para un Safari “Slow” alrededor de África-, explora temas como “el amor, el odio, el perdón, la sexualidad, la identidad y la voluntad femenina por la libertad”, explica la joven de 28 años. Un tentempié musical, esperamos, que sea la antecámara a muchos más trabajos que nos regalen su frescura y su rica creatividad multimedia.

Contra las identidades impuestas:  

Jojo Abot respeta y abraza el hecho de que cada cuál se defina de la forma en que se sienta más cómodo. Pero tiene claro como se ve a sí misma como artista: “Antes que nada soy un ser humano y mi inspiración es la experiencia humana colectiva”, dice.

Para la ghanesa, vivir en diferentes puntos del planeta no significa desarraigarse, sino más bien arraigarse en la humanidad desde diferentes puntos. Es un modo fecundo de alimentar su identidad. Una fértil forma de ser africana que queda reflejado en lo que significa la diversidad de la música africana. “Pensar que la música africana es un término utópico es bastante ignorante y poco profundo. Creo que todos podemos sentirnos orgullosos de nuestros orígenes estando influenciados por la estética global. Aquellos que deseen que su música se etiquete como “música africana”, que lo hagan con orgullo, yo nunca cuestionaré ese hecho. Aunque sea, a veces, un término restrictivo, hay casos específicos en los que encaja perfectamente”.

Pero si algo molesta a la artista, es la rigidez mental a la hora de concebir la feminidad. Si bien estamos acostumbrados a concebir a la mujer, en general, pero más en concreto a la africana, como cosificación en el mundo del arte o simplemente como víctima de abusos o al mero cargo de “los cuidados” cuando hablamos de ella en los medios, Jojo Abot se muestra muy crítica con el hecho de victimizar a las mujeres africanas por el mero hecho de ser mujeres y africanas:

“La mayoría de mujeres “africanas” que conozco no están cautivas mentalmente por el hecho de poseer una vagina. De hecho la mayoría de mujeres de mi familia han hecho el trabajo del hombre y de la mujer de forma impresionante toda su vida. Creo que existen presiones sin importar qué o quién eres. Es nuestra responsabilidad el existir más allá de esto y prosperar. Ahí es donde recae el poder real. No compréis todos estos estereotipos e ideas que promueven aún más la ignorancia y el pensamiento limitado. Ser mujer y ser africana no son las peores cosas que me han pasado a la vida. De hecho, estas identidades me hacen sentir orgullosa”, confiesa.

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Jojo Abot, por Sarah Waiswa.

Enmudecedora en sus réplicas, se muestra cansada de tener que hablar siempre sobre el hecho de ser mujer y africana como un binomio que cae siempre bajo los mismos encasillamientos absurdos: indefensión, vulnerabilidad, sometimiento, dependencia… “Para ser honesta, estoy frente a desafíos que van mucho más allá de ser una mujer. Hay un millón de razones por las que podría ser un fracaso, ser mujer, ser negra, ser africana, ser natural, ser humana… ¿Debo detenerme en cada uno de estos términos? No. Me parece agotador. No estoy diciendo que debemos ser ignorantes de la realidad, sino que cambiemos el enfoque y tengamos conversaciones reafirmando lo positivo en vez de hacer hincapié en cada una de nuestras diferencias y supuestos puntos débiles. Prefiero resaltar nuestros puntos fuertes”, subraya.

Y se lamenta: “A veces siento que, al centrar tanto nuestras conversaciones sobre la mujer nos desconectamos de la energía masculina, que las mujeres también poseemos. El feminismo no puede ser un discurso desde un solo género, porque por desgracia, el valor de una mujer siempre se verá afectado por los puntos de vista de un hombre. El balance para mí, personalmente, radica en poseer tanto mi masculinidad como mi feminidad con orgullo. Debemos encontrar nuestra dignidad y fuerza en lo que somos más allá de nuestro color de piel o nuestro género. Encontrar la fuerza en nuestro humano interior, porque todo lo demás es una ilusión cambiante y yo me niego a estar encadenada a ella o a dejar que ella me defina”.

“La música africana no es sólo folklore, eso es un reflejo colonialista”

El cantante Baloji nos recibe entre bastidores del escenario en el que horas más tarde presentaría su nuevo trabajo en el BAM, mientras los argelinos Imarhan realizan la prueba de sonido. Sonriente, pide que no le hagamos fotografías porque no está presentable (ya se las hicimos durante su anterior visita a Barcelona), pero sí nos invita a debatir con él toda la artillería de canciones y pensamientos con la que llega cargado a la cita musical barcelonesa. Y es que él es de esos artistas que sitúan la crítica social en el centro de su trabajo y se niegan a ser encasillados.

Cantante, compositor, poeta, actor y realizador de sus propios clips y metrajes, su música también refleja sus múltiples identidades. Nació en la República Democrática del Congo, pero creció en Bélgica. Su carrera musical empezó como integrante del grupo de rap belga Starflam, y ya en solitario, lanzó dos álbumes, “Hotel Impala” (2008) y “Kinsasha succursale” (2010), que con la interpretación del himno del Cha Cha de la Independencia,  le propulsaron a ser uno de los afropeos con mayor proyección en ambos continentes. Su último trabajo, el EP “64 Bits and Malachite” (2015), mezcla ritmos africanos, rap y electrónica. Pero ante todo, Baloji es un espíritu creativo.

Baloji, fotografiado por David Carette.

Baloji, fotografiado por David Carette.

Natalia López: Eres un artista multidisciplinar, ¿cómo influencia esto en tu trabajo musical?

Baloji: Hago de todo sólo por diversión. A veces la gente se toma la música demasiado en serio y creo que la noción de diversión es algo que tiende a desaparecer, cuando precisamente hay que hacerlo divertido para no darse cuenta de la dificultad que conlleva. Dirijo mis propios vídeos porque nadie quiso hacerlo por mí. Yo llegaba con mis ideas, el realizador tenía las suyas y no había manera de ponerse de acuerdo. Así empecé a hacerlos yo mismo, sin darme cuenta de que era complicado, de que implicaba muchísimo trabajo, pero a día de hoy ya estoy realizando mi primer largometraje. Hacer arte en 2016 es tan complicado, en el sentido de que los grandes ya han hecho cosas fantásticas. Es como un peso que llevamos encima en cualquier disciplina artística y por eso pienso que si hacemos las cosas hoy debe ser principalmente por diversión y para disfrutar con ello.

“No soy 50% congoleño y 50% belga, soy 100% la suma de ambos”

N.L: Vives a caballo entre Bélgica y la RDC, ¿cómo definirías tu identidad en tanto que belga-congoleño? ¿Supone una complejidad extra como artista?

B: No es complicado de gestionar, se parece a la identidad mestiza. Un mestizo no es ni blanco ni negro, es al 100% el resultado de los dos. No soy 50% congoleño y 50% belga, soy 100% la suma de ambos. Creo que es algo bonito, es múltiple y es importante asumirlo. Evidentemente, mi identidad es belga y congoleña, pero al mismo tiempo está influenciada de tantos otros lugares como Sudáfrica o Mozambique, por decir algunos, y es toda esta multiplicidad que hace que seamos lo que somos.

Portada del último EP de Baloji.

Portada del último EP de Baloji.

N.L: “64 Bits and Malachite” (64 Bits y Malaquita) es el título de tu último EP. ¿Podrías explicarnos esta conexión entre tecnología y minerales y hasta qué punto supone una crítica en tu nuevo trabajo?

B: 64 Bits hace referencia a los procesadores de los ordenadores. También trata sobre el hecho de que todas nuestras máquinas, nuestros ordenadores y nuestros teléfonos están construidos para ser destruidos, para desaparecer. Cada novedad tecnológica se convierte en una revolución que hace que lo anterior pierda todo su valor. Por otro lado, el mundo entero va al Congo en busca de minerales, y la malaquita es el único de los que allí se extraen que no tiene ningún valor económico porque no se utiliza para la tecnología. Tradicionalmente la gente lo ha utilizado para hacer joyas, así que su valor es puramente sentimental. En relación a mi trabajo, lo que encuentro interesante es esa oposición entre una música hecha utilizando ordenadores, procesadores, y la malaquita, que es el único mineral congoleño cuyo valor es solamente afectivo, el valor que cada uno quiera darle.

N.L: En el vídeo de la canción “Capture”, que tú mismo has dirigido, vemos a dos personajes que buscan la estatua del explorador H. M. Stanley. ¿Por qué era importante para ti retomar este símbolo del colonialismo?

B: Me interesaba la imagen de la estatua de Stanley porque representa un punto de inflexión en la cultura congoleña. La cuestión de la identidad está tan presente hoy en día que encontré que era un buen símbolo, ya que cuando la sacaron de su lugar le cortaron los pies, como diciendo “ya no estamos bajo las órdenes de la colonización”. Representa el resurgimiento de la congoleñidad, la valorización de nuestro patrimonio, de la identidad congoleña. Un día supe que estaban intentando repararla en una antigua fundición del siglo pasado, y me pareció un lugar fantástico, así que tuve la idea de realizar un cortometraje paralelamente al vídeo de “Capture” sobre la búsqueda de la estatua. Fue algo más bien gracioso, porque lo pensé como Finding Nemo, pero con la estatua, y el cortometraje se titula Finding Stanley. Y aquí vuelvo sobre el concepto anterior de la creación como diversión. ¡A veces no hay nada realmente serio detrás!

N.L: En el mismo vídeo destacas distintos términos, entre ellos “Nouveau Négropolitain” (Nuevo Negropolitano). ¿Qué es un Négropolitain?

B: En principio es un insulto que utilizan los caribeños para referirse a un negro que vive en lo que eran antes las metrópolis europeas y que toma los elementos culturales de los europeos, que intenta parecerse a un europeo.

N.L: ¿Y trata de abandonar la identidad de su país de origen?

B: Digamos que intenta hacerla menos aparente, disimularla. Toma distancia con la situación de su país de origen, se desentiende en cierto modo.

N.L: Formas parte de los artistas que rompen algunos de los estereotipos más asentados en Occidente sobre la música africana. ¿Es uno de tus objetivos?

B: Sí, tengo un gran problema con la manera en que la gente percibe la música africana. La música africana no es sólo folklore, eso es un reflejo colonialista, como diciendo “estos amables africanos, que han venido a hacer música, los pobres, no tienen nada para vivir. Vamos a ayudarles, vamos a aplaudirles…” y es algo que odio profundamente. Creo que es lo que más odio en el mundo.

Baloji, fotografiado por David Carette.

Baloji, fotografiado por David Carette.

7 novedades musicales para un Safari “Slow” alrededor de África

El sentido del viaje ha mutado en nuestro mundo hiperconectado. Tanto es así que hay quien viaja sin profundizar en ninguna experiencia más allá de su traslado a otro lugar. Es el llamado “turismo de consumo”, ese que se plasma a través de fotos en Instagram o vídeos en el blog personal. El que capta postales (fotografías robadas a los locales) mientras sigue rutas trazadas por guías sin salirse de las recomendaciones hechas para que todo el mundo tenga esa misma experiencia. Da igual si te cruzas con una vivencia única, un lugar maravilloso, conoces a alguien encantador que te puede abrir un nuevo universo a conocer… ¡No hay tiempo! ¡El itinerario escogido está marcado, aunque a veces te obligue a pasar por sitios ridículamente caricaturizados y seas tratado como un títere cuyo única función sea la de comprar!

Como el que engulle Fast Food y acaba gordo pero desnutrido, el turista-consumista terminará con muchas estampas en su pasaporte pero pocos nutrientes para enriquecer su mundo interior. De hecho, siempre volverá estresado y cansado de sus viajes. Y a estas alturas ya habrás intuido que algo similar sucede con la mayor parte de cultura que compramos y consumimos. En los cines comerciales raramente encontraremos buenas películas de las que aprendamos. Y no, la mayor parte de las canciones que suenan en las principales emisoras de radio tampoco favorecen una conexión con el artista, que al final nos está contando historias íntimas y particulares, aunque no las escuchemos.

Pigmeos Batwa del Congo escuchan las grabaciones de sus canciones que les ha hecho el etnomusicólogo sudafricano Hugh Tracey, en 1958. Imagen de la International Library of African Music (ILAM).

Pigmeos Batwa del Congo escuchan grabaciones de sus canciones que les ha hecho el etnomusicólogo sudafricano Hugh Tracey, en 1958. Imagen de la International Library of African Music (ILAM).

La cada vez más famosa cultura o filosofía “Slow” (lenta o pausada en inglés) cuestiona el materialismo y la inmediatez del sistema capitalista, para promover una nueva actitud de la sociedad, más coherente, natural y sostenible, capaz de producir una mejora en nuestra calidad de vida. Con la intención de ralentizar nuestra mirada y nuestro ritmo, y escuchar relajadamente las novedades discográficas que nos llegan de África, os proponemos darle al play y abrir los sentidos con serenidad y mirada reflexiva. Con todo, se trata de que cada cuál experimente un viaje “Slow” y que abra pequeñas ventanas para escuchar lo que África cuenta hoy a través de la voz de algunos de sus artistas.

1. VUSI MAHLASELA, hipnótico folk sudafricano 

Aunque no se trata estrictamente de una novedad discográfica, esta nueva versión acústica de “Ubuhle Bomhlaba”, del disco Wisdom of Forgiveness (1994) del cantautor sudafricano, se presenta como un bálsamo reparador que nos transporta a una especie de estado hipnótico ideal. La mente consciente se apaga y desconectamos de las experiencias previas para lograr una transformación desde dentro. Mahlasela tiene esta capacidad para conectarnos con nuestra parte más íntima y humana, como una especie de terapia musical para descender a atmósferas africanas sin prejuicios ni expectativas.

2. DOBET GNAHORÉ, el yin y el yan marfileños

Grammy a la mejor actuación en 2010, la polifacética cantante y actriz afincada en Francia es considerada una de las artistas más reconocidas del continente. Su estilo ecléctico mezcla la suavidad de sus baladas con la contundencia de sus directos como ingredientes de una biografía marcada por la infancia rural junto a su abuelo paterno y una adolescencia urbana entre artistas y artesanos. La imprenta que Ray Lema o Lokua Kanza dejaron en su obra es palpable en esta nueva joya, homenaje al continente. Con sencillez y empatía con su entorno nos transmite en este nuevo tema un mensaje de dolor y coraje comprimidos, como el yin y el yang del orgullo de ser africana.

3. LADYSMITH BLACK MAMBAZO & OLIVER MTUKUDZI, almas eternas del África Austral

La nueva colaboración entre estos dos iconos de la música del África austral nos rinde a sus pies. El estilo vocal Isicathamiya, parte de la música tradicional Zulú, se podría considerar el mejor exponente de un descenso “Slow” a los sonidos del continente. Una pieza que testimonia un canto a la unidad de los grandes artistas africanos, y una instantánea sonora que cuenta que, a pesar de visitar los escenarios más internacionales del Planeta, el secreto del éxito es seguir arraigado a casa.

4. ROKIA TRAORÉ, gruta a atmósferas Bambara 

La maliense con más renombre internacional, junto a Fatoumata Diawara o Oumou Sangaré, ha vuelto a lanzar este 2016 una nueva joya (Ne Só, su sexto LP, editado por Nonesuch Records) con 11 cortes conmovedores que nos devuelven a “casa” -‘Ne Só’ en bambara-. Como ya nos tiene acostumbrados, su voz es un profundo torrente que hace de gruta hacia atmósferas Bambara. Una imprescindible que no nos aleja de su esencia sombría, radiografía de un Mali preso a instantes del terrorismo y el miedo, y que se mantiene fiel a su lenguaje folk ecléctico.

5. FEMI TEMOWO, universo Yoruba en estado de fusión

Conocido por su trabajo como guitarrista de la desaparecida Amy Winehouse, el nigeriano afincado en Londres ha lanzado este 2016 su Music is the Feeling. Un álbum maduro, que fusiona la variedad más amplia del Jazz, el Afrobeat o el Funk con sus raíces nigerianas a partir de un bestial discurso capitaneados por su guitarra y el Yoruba como vehículos de transmisión. Rodeado de un elenco de músicos impresionantes y de instrumentación orquestral, su sonido denso se ilumina con arreglos de cuerda elegantes y complejos. Con tributos a Fela Kuti o Chinua Achebe, Temowo nos sumerge en este trabajo a las Nigeria(s) más inexploradas, y nos invita a realizar una travesía épica.

6. JOJO ABOT, la voz cosmopolita de la intuición 

Esta ghanesa afincada en Nairobi y con raíces establecidas en Copenhague y Nueva York, explora el electro-jazz, el afrobeat y el reggae sin prejuicios estéticos para contar historias desde la espiritualidad y la feminidad. Extraído de su EP debut ‘Fyfya Woto’ (editado en junio de 2015), el videoclip oficial de “To Li” ha visto la luz este mismo verano. Una JoJo en estado totalmente meditativo baila con los ojos cerrados y explorando el espacio que la rodea como quien quiere agarrar un presentimiento o una intuición. El tema habla sobre la sospecha hacia una situación o una persona que nos engaña. Y parece advertirnos: a veces es necesario cerrar los ojos para ver más claro. Para saber más sobre ella, lee esta interesante entrevista en exclusiva.

7. CEUZANY, Cabo Verde modular

La caboverdiana lanzó, en diciembre de 2015, su segundo álbum en solitario (Ilha d’Melodia –Lusafrica), trabajo que llegó como una bocanada de serenidad con altas dosis de melancolía, como nos tiene acostumbrados todo son proveniente de esas islas. El que le ha servido como single presentación es todo un homenaje a las calles estrechas y poéticas de Mindelo, y nos empapa con el pulso y la singularidad de un instrumento vocal que hace honores a sus raíces.

 

Hiperdiversidad Sonora del África Plural

* Artículo originalmente publicado en la web dedicada a la exposición Making Africa del Ajuntament de Barcelona (en catalán)

Era un sábado de octubre de 2013. La terraza del Tree House regalaba una vista panorámica inmejorable de Nairobi a medianoche. Nina Ogot, cantante keniana y esposa de uno de los músicos más emblemáticos de la ciudad -Winyo-, acariciaba con voz dulce una asistencia que miraba más hacia una ciudad efervescente y dinámica en pleno fin de semana que no hacia el escenario. El club, casi siempre acostumbrado a los excesos y la saturación de los altavoces, estaba poblado por una amalgama de expatriados y trabajadores de organizaciones internacionales que suele nutrir el espacio. Yo acababa de aterrizar en la ciudad y todo parecía mucho más brillante, glamuroso y cautivador de lo que en realidad era. A la entrada del recinto, trabajadoras sexuales de todas las edades paseaban sus cuerpos a la sombra de la iluminación de farolas y coches. Los guardas de seguridad se dormían con la vibración de los bajos haciéndolos resbalar la gorra del uniforme a la altura de la nariz. Y mientras tanto, la industria de la noche hacía caja: taxistas, supermercados 24 horas, casinos, discotecas …

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Vista panorámica del centro de Nairobi durante la noche.

Nairobi está de moda. Mejor dicho, Nairobi va a la moda. A ritmo de kwaito sudafricano, Kuduro de Angola o Afrobeats de Nigeria, la que se erige como la capital del África del Este hace bailar a la juventud más acomodada de la urbe a ritmo de sonidos que nacen en otras ciudades africanas como Johannesburgo, Luanda o Lagos. Discográficas kenianas como Ketebul Music se esfuerzan en investigar, recopilar y reanimar las tradiciones sonoras de etnias como las lúo o kamba. La época dorada de la música Benga ha quedado atrás y la cultura de club, los sintetizadores y la electrónica se han apoderado de las pistas de baile más chic de Kenia, y no sólo en su capital, también en las ciudades turísticas de la costa como Mombasa, Diani o Kilifi. No en vano, el proyecto de investigación Ten Cities, promovido por Goethe-Institute, ha querido poner en común el movimiento de Djs de la ciudad con el de otros centros urbanos africanos y europeos, creativos y pioneros, como El Cairo o Berlín.

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Una actuación de ELECTRAFRIQUE presentando al DJ centroafricano BODDHI SATVA en el Tree House de Nairobi.

Evidentemente, no todo son luces de neón, élites y globalizaciones sonoras. Pero Nairobi es como un imán que atrae hacia su centro cualquier movimiento empujado por el magnetismo de la creatividad sonora. La ciudad reúne a menudo a programadores, emprendedores culturales, directores de festivales y nuevos conceptos de fiesta que crecen como setas año tras año en todo el continente. Muchos necesitan desplazarse a Nairobi para encontrar la financiación necesaria. Empresas del sector de la telefonía móvil, grandes organizaciones internacionales, empresarios y marcas de bebida, se convierten en patrocinadores de actividades culturales de todo tipo. Durante uno de los festivales de artes escénicas organizado por Sarakasi Trust, el “Sawa Sawa Festival”, pude entrar en contacto con un grupo de poco más de una decena de directores de festivales de música africanos que pasaban unos días en la ciudad para a reunirse en torno a posibles sinergias panafricanas. María Wilson, directora ejecutiva del HIFA, el “Festival Internacional de las Artes de Harare”; Yusuf Mahmoud, director del “Sauti Za Busara de Zanzíbar” o Faisal Kiwewa, director del “Bayimba Festival de Kampala“, buscaban formas de crecer y consolidarse, compartir gastos al invitar artistas en ruta para la región. Casi tres años después, la mayoría de festivales de música de África hacen lo imposible para sobrevivir a la crisis y falta de financiación del sector cultural mundial.

Sin embargo, África sigue produciendo una gran cantidad de éxitos que cada vez llaman más la atención a nivel internacional. La hiperdiversitat de sus sonidos representa hoy la pluralidad cultural de un continente donde 54 países y más de 2.500 lenguas conviven y se reproducen. África es el continente más joven del planeta. Y es esta juventud, cada vez más urbana, la que sostiene con ingenio y creatividad su dinamismo. África es una incandescente fuente de recursos sonoros que viven y se alimentan a caballo entre los universos e instrumentos tradicionales, pedales, efectos y mesas de mezclas.

Bombino, conocido como el Hendrix africano, exporta tradiciones sonoras del Níger junto con jóvenes consolidados como Fatoumata Diawara o veteranos como Amadou & Mariam, a través de antiguos canales abiertos entre Francia y sus ex colonias africanas. El dúo nigeriano P-Square abandera una oleada de R & B que viaja por gárgolas sonoras que confluyen en Londres vía Cape Town. Big Nelo inflama todo un movimiento desde Luanda que mueve a una joven generación de emigrantes que se encuentran en los suburbios lisboetas como Buraka Som Sistema. Pero hay sonoridades que se quedan en casa. Y a menudo, son las que más alimentan a audiencias locales que asisten a festivales y consumen música.

A menudo, la lucha a contracorriente en el océano de la industria musical implica sortear tiburones de todos los tamaños, y siempre hay peces que logran salir a la superficie y entrever atajos posibles. Algunos de ellos, auspiciados por discográficas europeas hambrientas de novedades que rompan la monotonía del pop occidental, han logrado incluso impulsar la carrera de músicos no profesionales como la de los ruandeses The Good Ones o incluso a los reclusos de una prisión malauí (Zomba Prison Project), nominados a los últimos Grammy. Pero son grupos como Msafiri Zawose, que rescatan la música tradicional wagogo del interior de Tanzania, los que demuestran una mayor virtud a la hora de inflamar directos y dejar boquiabierto al público con recetas originales de una África del Este a menudo supeditada a la sombra de guitarras congoleñas o house sudafricano.

Future Sounds of Mzansi, fotograma documental de Spoek Mathambo sobre la electrónica sudafricana.

Future Sounds of Mzansi, fotograma documental de Spoek Mathambo sobre la electrónica sudafricana.

En ciudades como Nairobi desembarcan frecuentemente grandes estrellas como el maliense Salif Keita, los sudafricanos Mafikizolo o el congoleño Koffi Olomide, contratados por festivales como el Blankets & Wine para atraer la clase media y alta de la cosmopolita capital keniana. También se genera pop local a gusto de adolescentes de toda África como el que produce el cuarteto vocal Sauti Sol. Y de forma mucho más underground, se alza la voz más crítica con cantantes y grupos como Juliani y Sarabi. Conscientes del cambio de rumbo de la industria y el peso, cada vez más importante, del audiovisual en el continente, la mayoría de músicos africanos se alían con cámaras, fotógrafos y medios de comunicación para expandir sus mensajes y hacerse un lugar en pantallas, vallas publicitarias, teléfonos móviles y tablets. La audiencia es tan amplia y heterogénea como la creatividad que se desprende de su sociedad, porosa y cambiante. Se trata de saber conectar con la gente, tanto con la que ocupa discotecas llenas hasta los topes un sábado por la noche como la que enciende la radio a las seis de la mañana mientras monta la parada de verduras en el mercado. La música acompaña y representa. Forma parte y encarna cualquier cultura. La música forma parte de toda subcultura. Nairobi es tan sólo un ejemplo más de hipercreatividad y hiperdiversidad. Un espacio donde cabe todo menos los reduccionismos.