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Touria El Glaoui: “Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales”

1:54 Contemporary African Art Fair, la principal feria de arte contemporáneo africano y de su diáspora, vuelve a Nueva York. En esta tercera edición de Estados Unidos, el evento, que recibe este nombre por los 54 países que constituyen el continente africano, va a volver a celebrarse en el Pioneer Works de Brooklyn. Del 5 al 7 de mayo, la ciudad americana va a acoger a más de 60 artistas representados por 20 galerías de Francia, Reino Unido, Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Italia, Marruecos y Estados Unidos; y espera recibir a unos 8000 visitantes, 1500 más que en la edición anterior.

Touria El Glaoui.

1:54 es una celebración de las diversas perspectivas africanas. La feria ocupa una posición única, es un puente entre tres continentes (Europa, África y América del Norte). Trabajar estrechamente con las organizaciones de Nueva York significa que estamos constantemente explorando nuevas colaboraciones y asociaciones para que el público local e internacional disfrute. La movilidad de la feria permite al público, coleccionistas y entusiastas del arte interactuar con la plataforma”, comenta para Wiriko Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

1:54 New York 2016 © Katrina Sorrentino

Además de las exposiciones organizadas por cada galería en su espacio, la feria va a contar con un importante programa de eventos especiales y exposiciones con los más destacados artistas contemporáneos. Para esta edición, se presenta el programa más extenso desde que se instaló la feria en la ciudad.

En colaboración con la galería MAGNIN-A de París, y el centro Red Hook Labs de Nueva York, se ha organizado la exposición The eye of modern Mali (El ojo del Mali moderno), del fotógrafo Malick Sidibé. Tras abrir una galería en el centro de la capital maliense en los años 50, Sidibé se dio a conocer con sus fotos en blanco y negro que retrataban la vida y la cultura de una ciudad en efervescencia por el despertar de las independencias. La modernidad africana captada en sus imágenes pronto adquirió el reconocimiento internacional.

Malick Sidibé, Les Retrouvailles au bord du fleuve Niger, 1974, © Malick Sidibé, Courtesy Galerie MAGNIN-A, Paris

Malick Sidibé Danseur Méringué, 1964 © Malick- Sidibé Courtesy Galerie MAGNIN A Paris

Junto también con Nataal, una marca global de medios de comunicación, se va a inaugurar la exposición Nataal: New African Photography II, que en su segunda edición va a exponer tanto a artistas consagrados como a otros de emergentes que buscan, a través de sus imágenes, enmarcar una África contemporánea y transmitir su identidad.

En exclusiva para esta edición, el artista y diseñador senegalés con reconocimiento internacional, Ousmane Mbaye, y su marca GRAPHYK presentan su nueva colección simple y sincera, protagonizada por el color y por materiales secundarios como el hierro, al que trata como un material con vida propia.

Ousmane Mbaye, GRAPHIK chairs

Otra de las actividades que se van a llevar a cabo durante la feria es la presentación de un nuevo número de la revista Aperture, Platform Africa, que verá la luz este verano y que estará dedicada a bienales, espacios para el arte, talleres educativos, entre otras cosas que están cambiando la fotografía en África. Además, la revista va a presentar una exposición de impresiones limitadas de las más sorprendentes voces de la fotografía contemporánea africana.

Mientras viste con sus diseños a artistas, músicos y amigos, para luego retratarlos, Hassan Hajjaj, este artista convertido a la fotografía en los años 80, presenta su exposición Kesh Angels and my Rockstars series, que se va a exponer en la segunda planta del Pioneer Works. Influenciado por la cultura hip-hop y reggae de Londres y por su herencia norteafricana, Hajjaj utiliza objetos reciclados como cajas de Coca-Cola, taburetes y latas de aluminio para combinar la fotografía de moda contemporánea, el pop art y las influencias de los pioneros del retrato africano, y así poder discutir sobre la importancia de la tradición y los efectos de las marcas y el capitalismo global.

Hassan Hajjaj, M., 2010, Courtesy Taymour Grahne Gallery

Reflexionando sobre las consecuencias de la nacionalidad, la autenticidad y las fronteras para la población migrante africana, el artista keniano Tahir Karmali, también presenta su exposición PAPER/Works. A través de la fotografía y el papel, el artista busca narrar la identidad de los colectivos migrantes, tan excluidos de la sociedad y, al mismo tiempo tan atrapados por las infraestructuras económicas, políticas y sociales.

Tahir Karmali, PAPER/work, 2017, Aluminum wire screen mesh and handmade paper sculpture, Dimensions variable, Courtesy the artist

Además de todas estas actividades y de los más de 60 artistas que participaran, durante los días que transcurra la más importante feria de arte contemporáneo africano, el espacio educativo, 1:54 Forum, comisariado desde sus orígenes por la camerunesa Koyo Kouoh, va a contar con una larga lista de intelectuales y artistas para dialogar acerca de cómo estos nos permiten visualizar y movilizar nuevas comunidades y conexiones artísticas.

La expresión artística no conoce fronteras y creo que nosotros, como patrocinadores, somos responsables de compartir el arte y la diferencia de forma total. Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales, desde las ferias de arte hasta las retrospectivas importantes, aunque sabemos que esto no es una verdadera reflexión, sino más bien una cuestión de representación. La situación está cambiando y hemos visto progresos sustanciales, pero mientras los artistas sigan encontrando desigualdades en torno a la visibilidad y tengan que enfrentarse a la falta de oportunidades, 1:54 tiene el papel de cambiarlo. Esperamos cambiar lenta, pero seguramente, el paisaje del arte contemporáneo”, explica El Glaoui.

SITOR Nu Barreto “Desunited States Of Africa”, 2010

Marrakech, sede africana de la 1:54 en 2018

Esta feria nació en Londres de la mano de Touria El Glaoui, hija de Hassan El Glaoui, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Marruecos. Paralelamente a su carrera profesional en comercio internacional, Touria organizó distintas exposiciones para el trabajo de su padre, hasta que en 2013 fundo la 1:54, la primera feria de este estilo que tiene lugar en Europa. Estrenó su primera edición en la Somerset House de Londres, que este octubre acogerá la quinta edición. Y es que ha sido tal el éxito de estas ediciones, que, a principios de 2018, la feria también va a celebrarse en Marrakech.

Esta tercera edición de 1:54 ha estado en obras desde nuestra primera edición en Londres, y esperamos seguir expandiendo nuestra red de galerías, artistas, coleccionistas y socios con esta nueva feria. Ha sido un objetivo importante de 1:54 celebrar una edición en el continente africano, y no podríamos pensar en un lugar mejor que Marruecos para acoger esta edición inaugural fuera de Londres y Nueva York. Marruecos tiene una de las escenas de arte más dinámicas del continente“, afirma Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

Galerie 1957, Serge Attukwei Clottey, “My Hood”, 2016

La revolución de los pueblos (negros) llega a Nueva York

Película Ṣoju, del director Oluwaseun Babalola. Una coproducción entre EEUU, Botsuana, Nigeria y Sierra Leona

“Es un momento histórico y político que apremia una reflexión pausada y este festival trata de poner las comas”, nos explicaba Beatriz Leal hace unas semanas en Madrid. Leal es la programadora del Africa Film Festival (AFF) de Nueva York, esa ciudad que se le escapa a cualquiera –por inabarcable– y que la convertirá por 24ª vez, en un escaparate de los rasgos narrativos más recientes del África y su diáspora a través de documentales, películas clásicas y contemporáneas.

El AFF vuelve en mayo (del 3 al 29) para poner en marcha su celebración de un mes de cines africanos con un programa cuidadosamente seleccionado con más de 60 títulos y más de 25 países representados. Una pausa en la ciudad que nunca duerme es un reto; una urbe que se despereza cada día con excentricidad y que se multiplica entre el aturdimiento, la prisa y también con las declaraciones del presidente Trump que enfoscan un sinsentido hacia la comunidad inmigrante que reside en los Estados Unidos. Por este motivo la propuesta de AFF es acercar trabajos cinematográficos que reflejen el arte por el arte, los adelantos tecnológicos en las principales capitales africanas o la interacción urbana diaria donde las ideas de cultura, identidad y transformación guiarán el futuro.

Película Uprize!, del director sudafricano Sifiso Khanyile.

El lema de este año es “La revolución del pueblo” y sin ocultar las verdaderas intenciones de este festival llamarán a una desobediencia figurada. ¿Por qué? Pues porque la era de los combatientes por la libertad y las revoluciones sociales parece lejana, pero sus herederos son muchos en un siglo en el que el respeto por los derechos humanos y el deber cívico, la preocupación ecológica, la interconexión tecnológica y el comportamiento ético encuentran un puerto en las artes donde tanto hombres como mujeres tratan de liberarse de las preconcepciones históricas y de las restricciones económicas y sociopolíticas actuales.

Como explica Leal: “los cines africanos nacieron en la agitación de las luchas por la liberación en todo el continente, en una red de conexiones mundiales y disputas políticas. El deseo de recuperar las imágenes robadas y encontrar sus propias voces ha sido un lema para los cineastas y artistas africanos desde los años 60”. Y es cuando la cita de Frantz Fanon se hace presente: “Cada generación debe, a partir de la relativa oscuridad, descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”. De manera que desde el AFF se ofrecerán narrativas con la intención de subvertir, pero también, de sorprender a las expectativas de la audiencia.

 

Pasen y vean

El estreno en Estados Unidos de la galardonada película sudafricana Vaya, de Akin Omotoso, abrirá la 24ª edición de AFF narrando la historia de tres extraños que llegan a Johannesburgo, una ciudad que se muestra dura y emocionante desde una perspectiva inusual. Kalushi, que se presentó en el Film Africa de Londres y de la que ya hablamos y Noem my skollie demuestran la vitalidad del thriller sudafricano con dos verdaderos relatos de resiliencia y heroísmo en el apartheid de Sudáfrica, mientras que el documental Uprize! Utiliza una protesta pacífica de estudiantes violentamente reprimida. En el caso de la película Noem my skollie fue la apuesta sudafricana a la mejor película en los últimos Oscar, una clara sucesora de trabajos como Yesterday (2004) o Totsi, la ganadora en 2005.

El humor será el principal ingrediente de dos de las películas programadas: la nigeriana Green white green de Abba T. Makama, una destornillante sátira social sobre lo que significa ser nigeriano en la actualidad; y la tunecina Zizou, la nueva apuesta de Férid Boughedir, uno de los críticos y directores de cine más importantes, no solo de Túnez, sino de África, quien sentenció hace unos años que “siempre me he opuesto con vehemencia a la globalización, que es una forma real de racismo implícito que también puede detectarse en la labor de los europeos que analizan el cine negro africano”.

Desde Etiopía llega la que será una de las joyas del festival y que tendrá su estreno mundial en Nueva York. Se trata de Ewir Amora Kelabi una película basada en el viaje épico y real por el que sufrió el director Zekarias Mesfin, que a los 14 años de edad se quedó huérfano. Eritrea, Sudán Israel o Egipto son algunos de los países por los que tendrá que pasar Mesfin antes de llegar al final del camino.

Otras películas que mantendrán el lema del festival presente son el documental Footprints of Pan-Africanism que aborda las relaciones entre los intelectuales de África y su diáspora en los movimientos de liberación negra desde la década de los años 50 con el ghaniano Kwame Nkrumah en el centro del film; o el trabajo del senegalés William Mbaye, Kemtiyu, del que hablamos en Wiriko, que aportará una pieza clave en la historiografía de uno de los pioneros en descolonizar la propia historia africana más importantes que ha dado el continente y que permanecen en el olvido de forma interesada: Cheikh Anta Diop.

Con la intención de apuntalar los puentes con la diáspora “imprescindible entender qué se hace en El Caribe, por ejemplo, si se quiere estudiar a los cines africanos”, como recuerda Leal, dos largometrajes se presentan: Play the Devil, que llega desde Trinidad, y Ayiti mon Amour, una reflexión lírica sobre la vida después del terremoto de Haití.

Hay muchas más películas seleccionadas, pero para no perderos detalle, os recomendamos daros una vuelta por la propia página del festival. La fuente de píxeles de Times Square competirá durante un mes con las imágenes menos mercantilizadas y divulgadas de los cines africanos, en una ciudad, Nueva York, que se fundirá a negro-cine. A negro-vida. A negro-respuestas. A negro… ¡acción!

Somi, la panafricanista del jazz contemporáneo

Una excusa. Llegó 30 minutos tarde a la entrevista. Era su primera vez en España. La presión del Festival de Jazz de Madrid. Su diminuto bolso cruzado a través de un pecho que amasaba acordes de algún lugar extraño y que no soltaba. Su sonrisa. Su largo y trenzado pelo. No estaba preparada para las cámaras –aseguró– y todo se pospuso para el final del concierto. Lo que aconteció después fueron casi dos horas de un ensayo general que debería haber sido una rutinaria prueba de sonido en el Teatro Fernán Gómez Centro Cultural la Villa. Una espera delicatessen para los técnicos y el que escribe. No queríamos que se bajara de las tablas porque nunca antes habíamos visto a una artista girar las estructuras del jazz de esa forma. Bebía agua. La hora se acercaba. Su sonrisa. Su largo y trenzado pelo. Sus calcetines color rosa que hacían de ese momento algo muy acogedor. Íntimo. Los finales de las canciones parecían no estar limados y todo apuntaba a que la improvisación de este trío musical compuesto por voz, piano (Jerry Leonide) y bajo (Michael Olatuja) sería la tónica dominante. Vestuarios. La audiencia llenaba el aforo. Luz tenue. El presentador confirma que el espectáculo marcará una inflexión. Aparece Somi. Su sonrisa. Su largo y trenzado pelo.

somiLaura Kabasomi Kakoma o Somi te ofrece un camino incansable de sobresaltos. Una experiencia completa de hora y media que evoca lugares alejados entre sí como Nueva York o Nairobi, Johannesburgo, Washington o Río de Janeiro. Ritmos africanos, soul de Stevie Wonder, la improvisación entre graves y agudos del jazz vocal, música de contemplación y escucha atenta, o de baile dislocado para un sábado noche. Somi interpreta un estilo musical que salta con tanta facilidad entre los límites que la categorización de su música es irrelevante.

Así que ¿quién es Somi?
Nací en Ilinois, crecí en Zambia, volví a Ilinois para continuar el colegio, después estudié en Kenia, Tanzania para volver nuevamente a Nueva YorK…

Un momento. Pero entonces ¿de dónde eres?
Soy panafricanista, ¿sabes? Tu casa al final es donde la construyas. Soy, a fin de cuentas, una cantante, una compositora, una escritora… Esto es quien soy.

Te encuentras entre dos mundos, ¿no?
–Ríe–. Mi madre era ugandesa y mi padre ruandés así que era una combinación perfecta, un impulso normal, el querer descubrir mis raíces. He viajado mucho por el continente y además he podido estudiar en él para entender mejor a la gente afro de los Estados Unidos. Estuve entre Kenia y Tanzania interesándome por la antropología médica. Cuando vivía en África del Este estaba preocupada por desenterrar mi verdadero ser cultural: una niña negra americana y de padres inmigrantes, aunque ya estaba occidentalizada. Estaba tratando de averiguar mi identidad cultural para reclamar mi conexión con África y me hallé privilegiada de ser una americana y de ser una persona de ascendencia africana. La experiencia me dio todo este espacio para decidir lo que realmente quería hacer. Y la música fue la elección obvia.

jazzmadrid-2016-somiA menudo te definen como una versión moderna de Miriam Makeba, y una mezcla vocal entre Nina Simone y Dianne Reeves. ¿Te sientes identificada con esta descripción?
Es un honor. Muchas gracias por tus palabras. Verás yo empecé a tocar el violonchelo cuando tenía ocho años y escuchaba mucha música clásica en la radio. Mi madre que cantaba, aunque no de forma profesional, me susurraba canciones de Uganda y de, por ejemplo, Elvis Presley.

¡Vaya! Menuda combinación de sonidos y de movimientos de cadera
–Ríe–. Sí… A mi padre le encantaba el reggae. La elección de ser músico no fue fácil. Me encantaba cantar, pero no pensé que fuera una opción viable como carrera profesional. Todo el mundo en mi familia tenía un trabajo más tradicional y, además, las familias de inmigrantes no suelen animar a sus hijos a ser artistas.

Hoy has demostrado que tu repertorio abarca un amplio espectro con canciones de conciencia social sobre el movimiento Occupy Nigeria, con letras que hablan sobre el estado de la mujer en Nigeria, de la pobreza, del amor. ¿Cuál es el rol de un cantante?
Mi último álbum lo escribí y compuse en Nigeria. Quería saber qué estaba ocurriendo allí, en una capital tan cosmopolita como Lagos, en un país que es la primera economía del continente. Así que mi rol es decir la verdad. Hablo de asuntos que le preocupan a la gente como los movimientos de ocupación en ciudades africanas, de la circuncisión, de las trabajadoras sexuales…

Pero Somi, esto no es comercial, no vende…
Ya lo sé, pero ese no es mi problema. En esencia el artista debe ser honesto consigo mismo. No es plan de decir, ¡oh, tengo que escribir una canción sobre Trump por lo que representa! Más bien tratar asuntos que estén relacionados con lo que tú necesitas explicar. Quizás sea sobre el medioambiente o sobre el fenómeno migratorio. Como te decía, hay que ser honesto con uno mismo porque esto es lo que la gente siente.

Imagen de Somi en su camerino en e concierto del Festival de Jazz de Madrid. Foto: Sebastián Ruiz.

Imagen de Somi en su camerino en e concierto del Festival de Jazz de Madrid. Foto: Sebastián Ruiz.

Ahora que mencionas a Trump. ¿Cuál es tu valoración?
–Silencio. Somi calla durante al menos 30 segundos. Los ojos se le ponen llorosos–. Es un tema muy obsesivo. Es una mala época. No se trata sobre lo que le ocurrirá a la gente negra, a los musulmanes, a los homosexuales… Nos afecta a todos. Estos días he dormido temerosa por el mundo que nos espera con este tipo en la Casa Blanca. No sé qué está ocurriendo. Hoy, salir al escenario fue muy importante por un número de razones: era la primera vez que abría mi corazón y era capaz de hablar de mis sentimientos, de mis sueños, después de unos días. He tenido un espacio para volar y para decir la verdad a través de la música. Sobre Trump no sé realmente qué más puedo decir.

somi_foto_glynis_carpenter_3-jpg__1600x768_q85_crop-smart_cropper-media_background-_subsampling-2¿Nuevo álbum a la vista?
Ahora estoy trabajando en un nuevo álbum sobre los inmigrantes africanos en Harlem, –donde ella vive– sobre sus experiencias, sobre la xenofobia que sufren… Aunque realmente esta enfermedad no es exclusivamente americana porque ocurre lo mismo también en Europa. Así que intento reflejar cómo fenómenos como este, o incluso la gentrificación, tienen lugar en barrios tradicionalmente marginados y cómo la población que vive en ellos se enfrenta a estos problemas. Cómo negocian las vicisitudes. Pero hablo también sobre la humanidad, porque Harlem nos recuerda la historia de la experiencia afroamericana y es una historia importante, pero viven también otras comunidades desde hace 40 o 50 años y no son realmente incluidas en la conversación cuando hablamos de cómo la gentrificación está cambiando Harlem. Así que mi nuevo álbum es para recordarlos a todos.

[En enero de 2008 la cantante fundó la organización sin ánimo de lucro New Africa Live con un objetivo claro: “crear un espacio cultural de pertenencia para los artistas africanos contemporáneos mediante la producción de eventos artísticos multidisciplinares. Y entre tanto, que entretenga, que eduque y cree conciencia sobre el valor de la cultura africana en un mundo globalizado”. Según explica Somi, con estos eventos tratan de cuestionar la idea homogeneizada de producción cultural africana (no todo son timbales) y apoyan el trabajo de artistas que interrogan las políticas de identidad africana con un espíritu cosmopolita y de hibridación urbana.]

¿Y algún otro proyecto en el que estés embarcada?
Estoy inmersa en una jazz-opera sobre Miriam Makeba en Nueva York que se estrenará en diciembre y supone un proyecto que engloba la escritura, la música en sí y la interpretación.

Como te defines como una panafricanista, te pregunto sin tapujos. ¿Cuál debería ser en tu opinión la nueva agenda para África?
Lo más importante y excitante es que estamos volviendo a ser propietarios de nuestra narrativa en un camino que nunca antes habíamos hecho. Específicamente en el mundo artístico porque estamos cambiado muchas cosas, empleando muchas cosas. Es maravilloso decir que esta inversión es en nosotros mismos. Es un tiempo maravilloso en el continente, pero también en la diáspora porque mucha gente que conozco no tenía estas oportunidades para expresarse por ellos mismos. Ahora pueden ser artesanos, diseñadores, emprendedores… ¡cualquier cosa! Y no necesariamente un abogado o un médico porque la sociedad de alguna forma te lo imponga. Así que es maravilloso ver el valor de los nuevos artistas e invertir en este talento y, observaremos cómo la economía del continente crecerá en este sentido.

¿Tu sueño para África?
La autosuficiencia para ser responsables de nosotros mismos y no tener que depender de nadie. Trabajar por la igualdad y el aprovechamiento de los recursos para invertir en nuestras propias infraestructuras en un sentido amplio. Porque es maravilloso que se invierta en los artistas, pero es algo más grande cuando los gobiernos invierten en el pueblo y no tienen que pedir explicaciones en el círculo del desarrollo. Mi sueño es cambiar la narrativa de la ayuda, de la pobreza. Porque está ahí, pero debemos usar todo lo que tenemos ya que África es un continente realmente rico: los recursos están allí, los minerales están allí.

¿Y un sueño para los EE.UU.?
–Silencio–. No lo sé honestamente…

Bueno, mejor matizo: ¿un sueño para tu hogar en Harlem?
¡Oh! Muchas gracias porque estaba pensando en que se acabara la legislatura de Trump mañana mismo… –ríe–. Creo que es importante recordar la cultura. No es algo sobre la raza, sino sobre la cultura. Crear espacios de intercambio en esta ciudad, en estos barrios donde se está destruyendo la esencia… es algo horrible. De cualquier forma no sé si este sería mi sueño, pero se convertiría en algo precioso.

Las 5 mejores fotos de Remi Adetiba, el fotógrafo de la 5ª temporada de Wiriko

Remi Adetiba, el fotógrafo nigeriano de la 5ª temporada de Wiriko, hace una cuidadosa selección de sus 5 fotografías y la historia que hay detrás.

El África contemporánea en vídeo que saca los colores a Occidente

Los vientos de cambio comenzaban a rondar los discursos independentistas de las futuras naciones africanas. Era el año 1957 y los franceses Chris Marker y Alain Resnais dirigían su particular documental anticolonialista Las estatuas también mueren. Ellos luchaban a través de sus imágenes contra las narrativas francesas e internacionales en el continente africano. Combatían con sus cámaras el discurso pretendido de entender las esculturas o las pinturas del continente desde un plano estereotipado, descontextualizado y relegado a una urna transparente en algún museo europeo. Hasta hace bien poco el rastro de sus creadores africanos era meramente anecdótico. Pero ¿qué significa ser africano para los artistas de hoy en día? ¿De qué manera su patrimonio y su identidad forman parte de su trabajo? ¿Puede el arte, incluso, definirse y no aceptar que los artistas sean etiquetados o clasificados?

Obra del artista anglo nigeriano Yinka Shonibare.

Obra del artista anglo nigeriano Yinka Shonibare.

Aunque de forma paulatina, cada vez son más las exposiciones en Londres, Berlín, Bilbao o Nueva York que acercan las pinturas, fotografías, esculturas o intervenciones que llegan desde África. Por este motivo, la necesidad de tratarlo desde el audiovisual retomando el discurso que hicieran Marker y Resnairs hace casi 60 años aunque otorgándoles la voz a los implicados directos. La  serie African Masters (Maestros africanos), explora el mundo de los artistas africanos a través de diversas entrevistas como Yinka Shonibare (anglo-Nigeria), William Kentridge (Sudáfrica), Romuald Hazoumé (Benín), Sokari Douglas Camp (Nigeria), El Anatsui (Ghana), Maria Sibande (Sudáfrica), Wangechi Mutu (Kenia) o Bisi Silva, fundadora y directora del Centro de Arte Contemporáneo de Lagos, Nigeria.

La serie de 6 capítulos creado por The Africa Channel presenta una vista exclusiva del “arte africano contemporáneo” a través de un guión visualmente atractivo. Los 3 primeros episodios hacen un recorrido histórico y contextual del momento por el cual pasan los artistas africanos, tanto los que viven en la diáspora o los que se han quedado en el continente. Los capítulos 4, 5 y 6 son sesiones más íntimas con algunas de las figuras más notables mostrando qué se cuece en sus estudios y cómo trabajan detrás de las bambalinas.

Obra de la keniana Wangechi Mutu.

Obra de la keniana Wangechi Mutu.

African Masters está pensado para profanos en la materia, aficionados o doctos con el objetivo principal de desestereotipar y cuestionar. Mostrar cómo está surgiendo esta escena vibrante como una fuerza global y dinámica, visitando estudios en Senegal, galerías en Nueva York, residencias artísticas en Nigeria o casas de subastas en Londres. African Masters presenta a una nueva generación de artistas emergentes que están haciendo que el mundo del arte se siente y escuche. Que cambie la perspectiva y mire hacia el sur.

Episodio 1: “Revelaciones”

En el primero de los capítulos, cuyo vídeo se puede visionar al final del artículo, se desmenuza cómo el mundo occidental ha negado el valor del arte africano durante generaciones a pesar de que figuras célebres como Picasso se inspiraran claramente en diversos diseños y formas del continente.

Episodio 2: “Creaciones’

Este episodio nos lleva en un tour mundial de Nueva York a Dakar y de Londres a Lagos, con un acceso exclusivo e inigualable a los artistas africanos contemporáneos más importantes del mundo. El espectador visitará a los artistas que siguen viviendo ​​en África y los que han hecho una nueva vida en el extranjero. Se podrá observar cómo tapas de botellas, de chapa de acero, carbón, pinturas de aceite o latas de gasolina se encuentran entre los materiales que se están utilizando para crear algunas de las obras más buscados actualmente.

Episodio 3: “Globalizarse”

El tercero de los episodios se centra en el negocio y el movimiento frenético de arte africano contemporáneo. Sin dejar atrás los estudios de los artistas, el capítulo se centra en los que mueven los hilos detrás de la aparición del arte contemporáneo africano en la escena mundial.

Episodio 4: “Sesiones de estudio con El Anatsui y Ablade Glover”

El Anatsui muestra cómo sus enormes tapices y sus instalaciones son ensambladas a partir de artículos desechados.

Episodio 5: “Sesiones de estudio con Sokari Douglas-Camp, Mary Evans y Soly Cissé”

Visitamos los artistas que han hecho una nueva vida en el extranjero en Londres, y los que permanecen basan en África.Entramos en los espacios de trabajo y estudios de artistas que trabajan con una notable variedad de formas de arte.

Episodio 6: “Sesiones de estudio con Ousmane Sow, Bruce Onobrakpeya, Yusuf Grillo y Julien Sinzogan”

El último de los episodios viaja a Senegal, para visitar los principales artistas de habla francesa, como el escultor Ousmane Sow (Senegal, Francia) y el pintor Julien Sinzogan (Senegal, Francia), y a Nigeria donde se podrá conocer más de cerca el trabajo, métodos, estilo e influencias de Bruce Onobrakpeya y Yusuf Grillo.

 

El cine africano arde en la Gran Manzana

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Cuando las expectativas dependen del color de piel y cuando van once muertes de negros a cargo de una policía blanca obnubilada todo puede estallar. La frase “Dios salve a América” ha rezado en multitud de eslóganes y guiones. Y, efectivamente, parece que se trata de salvar al país. De negros…

¿Quién quema qué? ¿Quién roba qué aliento? El síntoma no es la violencia mediática, no. Sino la reforma migratoria, las tasas de desempleo que provocan que el aire se vuelva áspero, la seguridad pública, la ley de Cuidado de la salud a bajo precio, la escasez de préstamos a la comunidad afro, las disparidades en las sentencias por delitos, la deducción de intereses hipotecarios o el servicio militar voluntario como alternativa al “Todo por la patria” o el precipicio.

Seguramente sea más importante la explicación que da una “madre coraje” que sacaba a su hijo del atril de la calle a mamporros. Un hijo que gritaba por la falta de educación, de desarrollo comercial, de oportunidades. Un afroamericano con sueños truncados que en realidad nada tienen que ver con este rincón particular de Baltimore. Esto podría haber estallado en cualquier lugar social y económicamente desfavorecido de una América del Norte agrietada.

Estamos presenciando un patrón que es familiar y hace recurrir a la ciudad de Ferguson y a otros tantos lugares: “Mira cómo actúan”; “es que son unos vándalos”; “seguramente deben merecerlo”. La muerte de Freddie Gray y las protestas que siguieron tienen que ver con el color de piel. No importa quién los inició, porque lo que importa es que los incendios queman. Y la sociedad bulle.

Así, con este clima sube hoy el telón el Festival de Cine Africano de Nueva York. Una cita en la Gran Manzana que cada año adquiere un componente más activo en redes sociales y medios de comunicación. El arranque comenzará literalmente en negro. De un luto rancio e incomprensible. Una edición que cumple 22 años dedicados a la “Década internacional de los afrodescendientes”. Como suscriben desde la organización “Desplazamiento, emigración, y trayectos personales arraigados en trastornos económicos y sociopolíticos han dado forma a cine africano desde su creación. La movilidad creciente de hombres y mujeres africanos en todo el mundo es la inspiración para una gran variedad de películas a partir de una nueva generación de creadores valiente transnacionales”.

Hoy se necesita más que nunca este Festival en Estados Unidos para apelar a la conciencia, al diálogo, a la integración de todos, al viaje imprescindible, necesario, nunca realizado por muchos que activan el resorte de romper almas. Un festival que pretende reeducar una mirada contaminada hacia un futuro siempre cambiante y complejo.

La 22ª edición del Festival de Cine Africano de Nueva York pondrá este año un especial énfasis a los logros tanto del formato cortometraje como de la propia tecnología digital convertidos en un conducto para nuevas historias, sonidos e imágenes mediante la liberación de sus creadores a las limitaciones presupuestarias y técnicas. Aunque os recomendamos un paseo por la programación completa en su web, no queríamos dejar pasar la ocasión para hacer referencia a algunas de las joyas que se podrán ver hasta el 25 de mayo en diferentes espacios de la ciudad.

Quizás la más destacada pueda ser el título Historias de nuestras vidas que desde el colectivo keniano NEST (nido), ponen sobre el debate mediante 5 historias uno de los más controvertidos tabúes en el continente: el coletivo LGBTQ. Women in the media y Afripedia incitarán también, seguro, un debate necesario y generalmente cargado de estereotipos como es la figura de las mujeres, esta vez como emprendedoras, y la de los jóvenes en las ciudades que se encuentran en un momento muy especial: frente a las elevadas tasas de desempleo la vía del arte (moda, músicos, grafiteros, bloggers, bailarines, cineastas, etc.) es una alternativa.

Como explican desde el festival, Run, el thriller dirigido por Phillippe Lacôte (Costa de Marfil), el docudrama National Diploma del congolés Dieudo Hamaadi (RDC), o la comedia de errores Head Gone del nigeriano Dare Fasasi, revelan la vitalidad de los géneros cinematográficos populares. Mientras, la etíope-israelí Bazi Gete, presenta su interpretación de la obra shakesperiana El rey Lear, Red Leaves, una mirada profunda y poética en la migración interna de un hombre etíope que envejece en Israel.

Para más información, pincha aquí.

Cine africano en Nueva York: Revolución y Liberación en la era digital

Cartel oficial de 'Winter of Discontent' del director

Cartel oficial de ‘Winter of Discontent’ del director Ibrahim El Batout sobre los traumas emocionales y físicos infligidos por el sistema represivo egipcio. Fuente: AFF.

Quizás un concepto, más que ningún otro, marque la historia de los pueblos africanos modernos: su ansia de libertad. Desde las sublevaciones de esclavos y la adelantada revolución de Haití, pasando por la ola de independencias anti-coloniales de mediados del siglo XX seguida por la lucha anti-apartheid sudafricana, hasta llegar a las revueltas actuales pro democráticas del Magreb y el Máshrek, el continente y su población diaspórica han jalonado la historia contemporánea con ejemplos indelebles de sueños y actos de liberación.

Haciéndose eco de los galopantes cambios que se están produciendo en el continente, mirando al futuro sin desatender el pasado, el Festival de cine africano de Nueva York (AFF) alcanza sus 21 años (del 7 al 13 de mayo) celebrando este espíritu tenaz y utópico de mujeres y hombres africanos para los que revolución no es únicamente sinónimo de derrocamiento de un gobierno o de un jefe de estado sino que se extiende mucho más allá. Liderados por jóvenes y mujeres, lo movimientos de liberación recorren el continente, englobando tanto iniciativas de oposición a un sistema adverso como impulsos individuales y colectivos de lucha por los anhelos propios en una experiencia compartida de recuperación del poder. En la Era Digital, esta lucha entendida de esta manera amplia, ha encontrado un fiel aliado en la tecnología, con efectos crecientes dentro y fuera del continente.

Este es el foco de la 21ª edición del festival: la experiencia revolucionaria y de liberación en y desde África en el siglo XXI. Con un programa que transita durante el mes de mayo en tres sedes (Lincoln Center, Maysles Cinema Institute y BAMcinématek) el espectador tendrá la oportunidad de asomarse a una selección de películas que ahondarán en aspectos diversos de experiencias de liberación a través de largometrajes de ficción, documentales, obras experimentales y cortos. El esplendor visual de las nuevas narrativas y géneros revisados que nos llegan desde África en fechas recientes demuestran la vitalidad de unos cines que, siguiendo el camino de la industria de Nollywood, están haciéndose con un espacio en el imaginario global, con un impacto potencial que está a punto de alcanzar pleno apogeo. Año tras año, directores, actores y profesionales del medio serán, junto a un público que, a día de hoy, ya ha agotado las entradas para varias sesiones, los protagonistas de mesas redondas y presentaciones, programas educativos y encuentros con la industria cinematográfica norteamericana.

La frenética tragicomedia urbana nigeriana 'Confussion Na Wa', dirigida por Kenneth Niang, ha sido la reciente ganadora de los Oscars Africanos” (AMAA).

La frenética tragicomedia urbana nigeriana ‘Confussion Na Wa’, dirigida por Kenneth Niang, ha sido la reciente ganadora de los Oscars Africanos” (AMAA). Fuente AFF.

Con razón del centenario de la unificación nigeriana y haciendo honores al impulso de Nollywood y su Star System en África y la Diáspora, destacan con fuerza varias obras producidas, inspiradas o realizadas por la industria más potente del continente. La flamante ganadora de los “Oscars Africanos” (AMAA) en su edición más reciente –la frenética tragicomedia urbana Confussion Na Wa, de Kenneth Niang– fue la encargada de abrir ayer  por la noche el festival y, como plato fuerte, mañana viernes, tras haber sido prohibida en Nigeria, se presenta al público neoyorquino la deseada adaptación del best-seller de Chimamanda Ngozi Adichie Half of a Yellow Sun. Dirigida por Biyi Bandele, con Thandie Newton y Chiewetel Ejiofor (12 años de esclavitud) en los papeles protagonistas, esta melodramática representación de los efectos devastadores de la guerra de Biafra está derramando ríos de tinta en la prensa anglófona, atizada por los recientes acontecimientos de secuestros de jóvenes en Nigeria, lo que ha puesto en primer plano al que se acaba convertir en el país más rico de África, superando a Sudáfrica.

El cortometraje poético de la joven Akosua Adoma Owusu, Kwaku Ananse, adaptación de un relato mitológico de Ghana sobre la sabiduría y el sentimiento de pertenencia, también premiada en los AMAA, forma parte de una selección de cortometrajes que se proyectará bajo el rótulo New African Shorts y que incluye joyas que van de la ciencia-ficción de Afronauts de Frances Bodomo, al melodrama social de Aissa’s Story de Iquo B. Essien, hasta la comedia: Soko Sonko de Ekwa Msangi-Omari. Wooden Hands,de la tunecina Kaouther Ben Hania y Beleh de Eka Christa Assam merecen mención aparte por su empleo del humor y de la economía del lenguaje cinematográfico. Ambas obras sitúan a las jóvenes directoras como nombres a seguir en los años venideros. Con este mismo acento en la mujer y su mundo se proyecta la adaptación al cine del primer volumen de la aclamada serie de cómics Aya de Yop City, de Marguerite Abouet y Clement Oubrerie, centrada en Costa de Marfil a finales de los años 70. Demostrando que la animación vive su época dorada, la estrella Aïssa Maïga (Bamako, Tey…), quien prestó su voz para la protagonista Aya, acudirá a charlar con los espectadores para reflexionar sobre la riqueza del género y sus potencialidades. El internacional director Mahamat-Saleh Haroun vuelve a AFF con su película Grigris presentada en Cannes; una historia de amor y solidaridad entre dos parias ubicada en el Chad urbano contemporáneo. Narrativas de luchas y liberación a través de todo el continente completan la selección que se podrá ver en el Lincoln Center del 7 al 13 de mayo, entre ellas destacan: el documental Mugabe: Villain or Hero? de Roy Agyemang; el largometraje de Ibrahim El Batout Winter of Discontent sobre los traumas emocionales y físicos infligidos por el sistema represivo egipcio, o la fábula teatralizada It’s Us (Ni Si Si), realizada con la intención de promover el perdón y la comprensión del otro, en la Kenia actual ante las elecciones del 2013.

Of Good Report, del director Jahmil XT Qubeka, celebra el 20 aniversario de la independencia de Sudáfrica. Este controvertido neo-noir, censurado en el festival de Durban, demuestra las posibilidades de una industria nacional sudafricana que experimenta y juega con los géneros populares llevándolos al límite. Finalmente, para cerrar un programa intenso, se ha recuperado una de las obras maestras del cine africano de todos los tiempos, la épica histórica del director mauritano Med Hondo Sarraounia (1986). Grito de libertad y revolución a favor de los desfavorecidos y ganadora en FESPACO hace casi tres décadas, Sarraounia se muestra hoy más moderna que nunca por su temática, su mensaje y su esplendor visual. Desgraciadamente, debido al delicado estado de salud actual del director no ha podido contarse con su presencia; él había previsto acompañar la proyección y dirigir un seminario paralelo sobre el conjunto de su obra.

Sobre el programa documental centrado en Sudán que se proyectará en el Maysles Cinema Institute en Harlem del 15 al 18 de mayo, y sobre las películas que desembarcarán en la BAMcinématek del 23 al 26 de este mismo mes, escribiré muy pronto en detalle. Antes, toca lanzarse a des-cubrir los eventos del Lincoln Center.

De dioses, arte y pensamientos íntimos

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Quizá en algún momento deberíamos preguntarnos qué está pasando para que de repente los medios internacionales más influyentes se fijen en la publicación de un libro de un autor africano. Lo dejaremos para más adelante, de momento, nos vamos a hacer eco del último fenómeno que se ha sumado a esta corriente de lanzamientos mediáticos. Se trata del nigeriano Okey Ndibe que con su segunda novela Foreign Gods Inc. ha asaltado las páginas de los medios más influyentes desde The New York Times hasta The Guardian (aunque la lista de las reseñas de esta novela es interminable y de lo más variopinta).

Cubierta de Foreign Gods Inc.

Cubierta de Foreign Gods Inc.

En Foreign Gods Inc. Ndibe ha colocado como protagonista a Ike, un taxista nigeriano en Nueva York, que se involucra en el mercado del arte. Con ello, el escritor nigeriano afronta diversos temas, algunos de ellos espinosos. Por un lado, el del expolio artístico del continente africano. Por otro, la visión que un nigeriano de tiene de una cultura estadounidense que muestra unos preocupantes rasgos de excentricidad. Igualmente, aborda la cuestión de la identidad, de las migraciones, de los sueños y la frustración. Y, además, lo que podría ser interpretado como una falta de respeto hacia las creencias de otras culturas y la relatividad de cuestiones que podrían entenderse tan absolutas como la religión.

De pronto, Ike se ha encontrado con que las imágenes de dioses africanos son vendidas a precio de oro en el mercado de arte neoyorkino. Las galerías más lujosas de la gran ciudad se rifan las figuras llegadas del continente negro y Ike cree que puede aprovechar esa idolatría para conseguir el sueño americano que le ha dado la espalda durante diez años de duro trabajo. La vieja figura de Ngene, el dios de la guerra, de Utonki, el pueblo natal del protagonista es el pasaporte hacia este Cielo que se materializa en el piso superior de la Foreign Gods Inc., la galería de arte de la Vance Street en la que se comercia con las esculturas. Ese piso superior es el lugar en el que se cierran los tratos millonarios para las piezas realmente valiosas.

Ike está decidido a robar la imagen de Ngene y venderla en el Foreign Gods Inc. convencido de que sus anhelos materiales son lo más importante. Claro que Ike no es simplemente un inmigrante avaricioso. Ndibe describe su frustrante situación laboral, económica y, también, personal, con tal delicadeza que, incluso, consigue que el protagonista despierte simpatías. Además, mientras prepara el viaje de regreso a su pueblo natal, para hacerse con la figura, a Ike se le va poniendo de manifiesto que su plan no va a resultar tan sencillo. ¿Quizá la imagen sea más que una figura? ¿Quizá las creencias sean más que supersticiones? ¿Quizá el mundo de lo invisible que Ike había dejado de lado deslumbrado por las luces de Occidente, sigue influyéndole?

Todas esas fuerzas intangibles, las sensaciones, incluso, los sentimientos, se hacen más fuertes cuando Ike regresa a Nigeria decidido a salir del agujero neoyorkino en el que se encuentra. El país le resulta relativamente ajeno, lleva prácticamente una década fuera y el país ha cambiado su aspecto. Pero además, Ike descubre cómo sus vecinos de la infancia (y familiares) también están deslumbrados por la luz cegadora de Occidente, por una fiebre de consumo que secuestra principalmente los sueños y las ilusiones y que condiciona las relaciones entre todos ellos.

Foreing Gods Inc. resulta una narración ágil, animada, agradecida en cuanto al ritmo y la historia, pero no es necesario escarbar demasiado para percibir la crítica. Precisamente, esta crítica es mucho más feroz por su serenidad, porque la posición de Okey Ndibe se legitima en la ausencia de ira. En realidad esa es una tónica en toda la obra del escritor nigeriano. Es cierto que Foreing Gods Inc. es “sólo” su segunda novela (después de Arrows of rain publicada en el año 2000), pero Ndibe era originalmente periodista, esa voluntad crítica fue, precisamente, uno de los motivos que le llevó a trasladarse a EEUU en 1998, gracias a una invitación personal de Chinua Achebe. Se estaba granjeando demasiadas enemistades.

En su exilio personal Okey Ndibe ha continuado en el mundo de la prensa pero desde una posición de columnista, además de la publicación de ensayos. Lo ha hecho colaborando con medios de comunicación estadounidenses, pero nunca ha terminado de alejarse de la realidad nigeriana y, sobre todo, en los últimos años ha publicado constantemente en medios críticos del país africano (como Sahara Reporters, Premium Times, Ynaija.com o Citizens Platform). Sus textos nunca han sido condescendientes. Ahora, teniendo en cuenta la repercusión mediática de la publicación de Foreing Gods Inc. es evidente que Ndibe empieza a consagrarse como uno de esos autores africanos que tienen mucho más que decir, además de sus historias, más allá de las páginas de sus libros.

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Página personal de Okey Ndibe

Perfil de Twitter del autor.

Perfil de Facebook del autor.

Un fragmento de Foreing Gods Inc.

20 años de cines africanos en Nueva York

 AFF

 

Autora invitada: Beatriz Leal historiadora de arte, especializada en cine por la Universidad de Salamanca y La Scuola Normale di Pisa, con residencia en los EE.UU. Compagina su trabajo como conferenciante, curadora y profesora universitaria con sus colaboraciones periodísticas para numerosos medios africanistas (GuinGuinBaliÁfrica ScientiaBualaRebelión y Africaneando) y con su labor como programadora del African Film Festival de NYC.

 

Han pasado 20 años desde que Nueva York acogiese por vez primera un festival de cine dedicado en su totalidad a directores y obras de proveniencia africana. Corrían los años 90, y las complicaciones para contactar con directores y productores fuera de las fronteras del continente, la lentitud en los procesos de subtitulación y la insuficiente calidad de muchas de las copias, habían llevado a instituciones cinematográficas y artísticas punteras como MOMA o Film Forum a abandonar la idea de traer las mejores perlas audiovisuales africanas a la gran manzana. El hambre cultural del público local se colmaba entonces con programas de cine asiático, iraní o de Europa del este, lo que creaba un desequilibrio si cabe aún más lacerante por la cobertura que los medios de comunicación y las cadenas de televisión ofrecían sobre África. Guerras, enfermedades, hambrunas y golpes de estado constituían el día a día al sur del Sáhara para un norteamericano medio. A las imágenes que la CNN o la BBC escupían periódicamente se añadían las idealizadas panorámicas selváticas y salvajes, siempre fuera de la historia, de la National Geographic o las animaciones de la factoría Disney. Con El Rey León a punto de batir récords en las pantallas de todos los teatros y en los tablones de Broadway, el espacio reservado para un África real en los EE.UU. era exiguo. A los hombres y mujeres neoyorquinos tan sólo les quedaba recurrir a los músicos de ascendencia africana para asomarse al continente más olvidado. Gracias a la música, se había mantenido viva la llama de la curiosidad sobre África durante más de un siglo, pero no era suficiente…

El cine africano clamaba por hacerse con un espacio en la abigarrada vida cultural y artística de Nueva York, una metrópolis que, para empeorar todavía más la situación, ha venido acogiendo a una numerosa comunidad de procedencia africana desde los albores del siglo XX; una comunidad que se debía contentar por aquel entonces con comedias o series de televisión afroamericanas para encontrar algo que, lejanamente, tuviese cierto sabor afr(oamer)icano…

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]Con El Rey León a punto de batir récords en las pantallas de todos los teatros y en los tablones de Broadway, el espacio reservado para un África real en los EE.UU. era exiguo. A los hombres y mujeres neoyorquinos tan sólo les quedaba recurrir a los músicos de ascendencia africana para asomarse al continente más olvidado[/message_box]

Mahen Bonetti, fundadora del Festival de cine africano de Nueva York y su directora durante sus dos décadas de existencia.

Mahen Bonetti, fundadora del Festival de cine africano de Nueva York y su directora durante sus dos décadas de existencia.

Las guerras de independencia y los golpes de estados subsiguientes inundaron el continente africano desde finales de los años 50. En Sierra Leona, el golpe de estado de 1967 forzó al exilio político a muchas familias, entre ellas la de Mahen Bonetti, fundadora del Festival de cine africano de Nueva York y su directora durante sus dos décadas de existencia. Con apenas treinta años, la magia del cine, los recuerdos de infancia en su país natal y las ansias de encontrar imágenes que contrarrestasen esa representación maniquea y tremendista de África con la que la bombardeaban desde los medios de comunicación, llevarían a Mahen Bonetti a lanzarse a la búsqueda de un espacio alternativo desde el que reunir a creadores y obras en una celebración de la diversidad humana, cultural y artística del continente en su país de acogida: los EE.UU. Su periplo comenzó en la década de los ochenta en Manhattan, a donde se había trasladado y que se acabaría convirtiendo en su hogar y residencia permanente. Aunque Nueva York brillaba como excepción en el panorama global, rugiendo hambrienta de cosmopolismo ante nuevas propuestas artísticas llegadas de los más lejanos puntos del planeta, era aquella una época en la que la movilidad de ideas y personas era escasa para los estándares actuales. Tras su breve paso por Newsweek, trabajo que compaginaba con la organización de las “African 1987”, unas veladas artísticas en las que se reunían personas de lo más variopinto con la música y el arte africanos como elementos aglutinadores, Mahen Bonetti seguía sintiéndose insatisfecha en su obsesión por mostrar la “verdadera África” a sus conciudadanos y amigos. Era consciente de que el formato de esos encuentros no le permitían transmitir toda la complejidad de la realidad africana, lo que la incitaba a seguir buscando una manera más adecuada de lograr su objetivo. La visita al festival de cine de Locarno el verano de 1989 le daría la respuesta que llevaba buscando durante años. En el cantón italo-suizo se toparía con “Thirty Years of African Cinema”, una retrospectiva que la conmocionaría de tal modo como para impulsarla a embarcarse en la creación de un festival de cine africano para la ciudad de Nueva York (AFF), una decisión que cambiaría radicalmente su vida y abriría puertas a los cines africanos en América.

En 2013, lejos parecen quedar los esfuerzos iniciales para encontrar apoyos institucionales públicos y privados, el peregrinaje a África y los primeros contactos con unos directores que manifestaban abiertamente sus sospechas al ver cómo una mujer sin formación académica ni experiencia profesional cinematográficas se les acercaba con la increíble proposición de proyectar sus películas en la soñada Nueva York. Su entusiasmo y perseverancia, unidos a la gran familia de trabajadores, colaboradores y voluntarios con los que se ha sabido rodear, y que han sido parte sustancial de AFF durante todo su periplo vital, han convertido a este festival de cine africano en uno de los más respetados y longevos hasta la fecha a nivel internacional.

En 1993 y con el apoyo de Richard Peña desde el Film Society del Lincoln Center, la primera edición de AFF vio la luz bajo el título: “Modern Days, Ancient Nights: Thirty Years of African Filmmaking”. Desde entonces, el festival desborda temporal y espacialmente su sede central en el Lincoln Center, la cual se ha convertido en la punta de un iceberg que regresa cada año, puntual, en primavera. Durante el resto del año académico su base se ensancha con los programas educativos de las escuelas públicas del distrito de Nueva York y, en el resto de las estaciones, extiende sus tentáculos por todo el país con el ciclo móvil “Traveling Series” y, más allá de las fronteras de los EE.UU., a través de las innumerables colaboraciones de AFF con África, el Caribe y Latinoamérica.

Como viene siendo costumbre en sus últimas ediciones, el festival se desarrollará durante los meses de abril y mayo en tres sedes consecutivas: el Lincoln Center de Manhattan, el Maysles Institute, situado en el mítico bulevar Malcom X de Harlem, y la Academia de música de Brooklyn (BAM). Con una cantidad admirable de estrenos nacionales, cubriendo todos los géneros y formatos y prestando atención tanto a grandes autores como a nuevas estrellas, el Lincoln Center ofrecerá en la semana del 3 al 9 de abril un mapa audiovisual del continente africano y de su población en la diáspora. El relevo lo toma el Maysles Institute del 2 al 5 de mayo, continuando en su labor de dar a conocer al grupo de entendidos que conforman su público lo más granado del formato documental africano. Más difíciles de clasificar resultan las películas que se podrán ver en el BAM, con una variada selección de largos de ficción, documentales y obras de animación que serán del gusto de todo tipo de públicos. Este año, además, se incluyen proyecciones y conferencias en Queens y el Bronx, como símbolo del trabajo que se viene realizando con las comunidades de ascendencia africana en cada uno de los míticos cinco boroughs de Nueva York: Manhattan, Queens, Bronx, Brooklyn y Staten Island (el último emplazamiento estival de la programación de AFF).

Para celebrar por todo lo alto su 20 cumpleaños y otorgándoles de nuevo el lugar central que han venido ocupando, algunos de los más granados directores africanos se darán cita durante el festival. El senegalés Moussa Touré, quien ha estado en la mirilla de la prensa internacional recientemente por la selección en Cannes de su último filme (La pirogue) que ganó el 2º premio en FESPACO, regresa a AFF con TGV (1998), uno de los grandes hitos del cine reciente africano. TGV dialogará con dos de las obras más poéticas e íntimas del archipremiado cineasta maliense-mauritano Abderrahmane Sissako: el mediometraje La vida en la tierra (1998) y el cortometraje Octubre (1993), donde experimenta con la forma cinematográfica y diluye las fronteras entre la ficción y el documental. La camerunesa Osvalde Lewat, una de las voces más destacadas del documental africano, presenta su última obra codirigida con Hugo Berkeley (Land Rush) en la que investigan las paradojas y los efectos que la inversión extranjera empeñada en crear una agricultura extensiva ha producido en los territorios de Mali. De Marruecos llega Faouzi Bensaïdi con Mort à vendre; un noir presentado en Toronto y seleccionado por su país para ir a los Oscars y que es, sin lugar a dudas, uno de los platos fuertes del programa. Desde el terremoto que produjo entre crítica y público su segunda película WWW: What a Wonderful World (2006), Faouzi Bensaïdi, ya en el radar del mundillo cinematográfico y teatral como actor y guionista (Lejos, de André Téchiné, 2001), se ha convertido en uno de los directores más interesantes de su generación.

 

 

Tratándose de homenajear al cine africano no podía faltar el senegalés Sembène Ousmane, reconocido por tantos como el “padre del cine africano”, que verá proyectadas dos de sus películas el día de la inauguración, acompañadas por su biógrafo el profesor Samba Gadjigo. Las dos obras elegidas para recordar al escritor, director, actor, productor y activista fallecido en 2007 son Borom Sarret (1963), y Gueelwar (1992). Por todos conocido, Borom Sarret es un clásico ineludible de la historia de los cines africanos, considerada la primera película realizada en el continente por un oriundo, con temática y personajes asimismo africanos. Gueelwar, un incisivo y cómico retrato de los vicios y virtudes de la sociedad senegalesa de su tiempo, rinde tributo a la continuidad del festival, al haberse incluido en la primera edición del mismo en 1993 y regresar veinte años después. En un año en el que el festival ha elegido como título “Looking Back, Looking Forward: 20 Years of the New York African Film Festival”, y que coincide con los 50 años del nacimiento del cine africano, recuperar a Sembène parece una decisión más que acertada, obligada. No faltan tampoco películas de cineastas noveles. El traer una amplia selección de novedades al otro lado del océano Atlántico ha sido la tendencia de AFF en las últimas ediciones, la cual tiene continuidad este año de recuerdos, honras y festejos. Desde las capitales de Costa de Marfil y Kenia nos llegan respectivamente Burn It Up Djassa, de Lonesome Solo y Nairobi Half Life, de David Tosh Gitonga, dos ejemplos del espacio frenético que las nuevas manifestaciones urbanas musicales y artísticas ligadas a las nuevas tecnologías están tomando en el continente. Las conversaciones que establecen con obras y directores de su misma generación en otras latitudes es visible igualmente en el debut cinematográfico de Chinonye Chukwu Alaskaland, un relato autobiográfico ficcionalizado sobre las dificultades que entraña hacer las paces con tu herencia cultural si eres un nigeriano creciendo en Alaska. Este año le toca el turno a Patricia Benoit para hacernos meditar sobre la diáspora caribeña en Stones in the Sun. La sinceridad a la hora de enfrentarse a un tema tan crudo como el de los conflictos que surgen entre emigrados económicos y exiliados políticos de Haití en los EE.UU. produce un antes y un después en las narrativas audiovisuales que existían hasta ahora en la materia.

Fotograma de 'Stones in the Sun' sobre los conflictos que surgen entre emigrados económicos y exiliados políticos de Haití en los EE.UU.

Fotograma de ‘Stones in the Sun’ sobre los conflictos que surgen entre emigrados económicos y exiliados políticos de Haití en los EE.UU.

Entre las películas más comerciales resalta la épica Toussaint Louverture de Philippe Niang, con dos grandes estrellas de lo más fotogénico entre su elenco: Aïssa Maïga y Jimmy Jean-Louis, quien estará presente en la inauguración del festival para el deleite de curiosos y seguidores. Los países lusófonos tampoco podían faltar, y en el afán de otorgar destacada presencia a temas e historias de mujeres se ha elegido como representante a Virgem Margarida del veterano director Licinio Azevedo. Situado en los campos de reeducación para prostitutas que el Mozambique revolucionario del FRELIMO instituyó al fin de la guerra de independencia contra Portugal, Virgem Margarida es un relato épico atemporal de solidaridad y lucha femeninas que trasciende fronteras.

Una exposición de fotografías tomadas con smartphones en el África contemporánea con el título “Everyday Africa”, las mesas redondas con directores y actores que acompañan cada proyección, una lista de cortometrajes rica y selecta, así como la gran gala que tendrá lugar el viernes 5 de abril, dan el flamante pistoletazo de salida a un programa que continuará en las aulas de la Universidad de Columbia el 18 de abril con la conferencia “African Filmmaking in the Digital Era: Bringing New Audiences to African Cinema”, para proseguir su rumbo poco después en los teatros de Harlem y Brooklyn. Están a punto de empezar dos meses de celebración de 50 años de cines africanos y de 20 años del festival de cine africano pero, sobre todo, de forzarnos a reflexionar sobre el papel que los cines africanos han tenido hasta la fecha y sobre el apasionante futuro que se les abre a estas cinematografías.

La manzana de Guillermo Tell maduró en Nueva York

Cartel del 20 aniversario del Festival de Cine Africano de Nueva York

Cartel del 20 aniversario del Festival de Cine Africano de Nueva York

Son veinte años de Festival de cine africano de Nueva York en los que se ha ofrecido al público una visión hacia el futuro de las cinematografías del continente poniendo de relieve nuevas y viejas tendencias. En estos poco más de veinte de días que faltan para que la capital cultural de Estados Unidos inaugure su muestra de cine (del 3 al 9 de abril) queríamos vincular los preparativos con las palabras que el premio nobel Wole Soyinka pronunciaba en su conferencia “Un nombre es más que la tiranía del gusto” en el reciente FESPACO 2013. Por cierto, os acercaremos de primera mano los acontecimientos neoyorkinos de la mano de la especialista Beatriz Leal Riesco, ¡todo un privilegio!

Queríamos empezar con la leyenda de Guillermo Tell, ¿la conocéis? Cuenta que el gobernador de Altdorf, Hermann Gessler detuvo a Guillermo Tell por desobediencia y, como sabía de su habilidad como ballestero, le obligó a disparar una flecha contra una manzana colocada sobre la cabeza de su propio hijo. Si Tell acertaba, sería liberado de cualquier cargo. Si no lo hacía, sería condenado a muerte. Tell introdujo dos flechas en su ballesta, apuntó y, acertó en la manzana sin herir a su hijo. El gobernador Gessler le preguntó el motivo de la segunda flecha y Tell le contestó que estaba dirigida al corazón de él –del gobernador– en el caso de que la primera flecha hubiera herido a su hijo.

La leyenda de Guillermo Tell.

La leyenda de Guillermo Tell.

El poder es transitorio, mientras que la libertad es eterna. FESPACO clausuró con un sobresalto retardado al estilo Hitkcoch: el cine digital entrará a concurso en la edición de 2015. En estos dos años que quedan por delante se verá, como explicaba Soyinka, cómo los cineastas participarán en una batalla de producción y costes pero “batalla que no tiene que desesperar a nadie, ni cargar con culpa alguna: simplemente hay que seguir haciendo cine”. En estos menesteres se encuentran los festivales de cine africano: con la empresa de visibilizar el cine africano. El que ya se hecho, el que se hace y el que tiene que venir. Sea en celuloide o digital. Y de eso sabe mucho la Gran Manzana. Por cierto y como metáfora de la segunda flecha, algunas de las películas que se presentarán en el Festival de Nueva York cuestionan nuevamente los roles Norte-Sur o Gessler-Tell.

Este año el lema de la muestra es “Mirando hacia adelante: 20 años del festival de cine africano de Nueva York”. El cartel de este año rendirá homenaje al maestro senegalés Ousmane Sembene y a la primera generación de cineastas, pasando el testigo a una nueva ola de narradores visuales africanos, que siguen transformando nuestra comprensión y la visión del continente. Re-visitar el trabajo de Semebene siempre aporta claridad, y ofrece una visión, muy concreta, eso sí, de muchos de los temas que se están discutiendo hoy día.

Apostillaba Soyinka en su conferencia que “después de todo las películas necesitan capital; exigen subsidio. Y, sobre todo la generación más joven necesita un impulso”. Si las políticas públicas no favorecen la producción de películas quizás los directores hagan utilizar la segunda flecha de la ballesta. En palabras de Soyinka: “Puede ser que se refleje en las nuevas producciones hechas con bajo coste, la corrupción, por ejemplo”. En breve os traeremos noticias desde una Gran Manzana con sabor africano.

Una Gran Manzana con sabor a mango y yuca

El Festival Internacional de Cine de la Diáspora Africana de Nueva York ultima los preparativos en uno de los encuentros más esperados por la comunidad negra y que podrá disfrutarse desde el 23 de noviembre al 11 de diciembre.

Una alfombra especial. Ficticia pero con una historia a fuego, la de los negros que llegaron hace aproximadamente 300 años en barco a la Gran Manzana. El escenario continúa con una estatua de La Libertad que saluda en un lenguaje cada vez más encriptado a los inmigrantes que buscan nuevas oportunidades. Los negros de ahora forman parte de esas generaciones que cultivaron las esencias africanas desde la costa de Washington pasando por el Golfo de México y hasta las costas brasileñas. En unos días, a través del cine, llegarán como desde hace 19 años a las pantallas de Nueva York bajo el marco del Festival Internacional de Cine de la Diáspora Africana (NYADIFF). Del 23 de noviembre al 11 de diciembre el NYADIFF presenta una mezcla ecléctica de películas urbanas, clásicas, independientes y extranjeras que representan la riqueza y diversidad de la experiencia de vida de las personas de ascendencia africana.

Las imágenes de África y sus diásporas coparán algunas de las salas de cine de nueva York durante dos semanas y media con la intención de darle visibilidad a las películas realizadas por las comunidades negras en Europa, América Latina o África en la ciudad cosmopolita por excelencia. Que este escaparate se proyecte desde Nueva York refuerza la idea de educación es poder y fortalece dos de los objetivos de este festival: en primer lugar, poner de relieve las películas innovadoras que de otro modo serían ignoradas en los circuitos de difusión y distribución; por otro lado, desmitificar los estereotipos que se tienen con las comunidades negras.

Desde noviembre de 1993, el NYADIFF se ha convertido en un puente entre las diversas comunidades en busca de obras que no se pueden encontrar en otros festivales así como una oportunidad para poder compartir espacios con nuevos cineastas que forman parte de África y de la diáspora africana.

Aunque en la página web podéis visionar los trailers de las películas que se proyectarán en el NYADIFF, queremos hacer mención al film que subirá el telón el próximo 23 de noviembre. Se trata de Doctor Bello (2012), una de las coproducciones que están revolucionando el panorama cinematográfico convencional; la industria nigeriana, conocida como Nollywood, y  la americana. El trabajo del director Tony Abulu presenta un elenco de estrellas de Nigeria como Genevieve Nnaji y Stephanie Okereke, y varias estrellas hollywoodienses de la talla de Isaiah Washington, Anatomía de Grey, Vivica A. Fox, actriz de Kill Bill o Independence Day, o Jimmy Jean-Louis, de la serie Héroes. El guión, acertado, plantea un debate emocionante entre la biomedicina y la medicina tradicional planteado desde una historia de amistad entre el Dr. Michael Durant, residente en EEUU, y el Dr. Bello, de Nigeria.

http://youtu.be/GoCtrq6tvCM

Uno de los bloques interesantes es el reservado en esta 19 edición al cine de Namibia. Cuatro cortometrajes podrán visionarse gracias al acuerdo entre la Comisión Cinematográfica de Namibia y el NYADIFF. El trailer que os dejamos es el de la película Río Muerto (2012) del director Tim Huebschle. Se trata de un trozo de la historia de Namibia envuelto en el drama de vivir en una sociedad racista.