Samo: los trazos de Basquiat hechos palabras

Cada frase es un trazo, vigoroso y aparentemente espontáneo. El tributo a Basquiat de Koffi Kwahulé se compone como las pinturas del artista, a base de rallajos que transmiten la sensación de ser espontáneos, casi involuntarios; frases supuestamente inconexas, inacabadas, repetitivas como pinceladas frenéticas. Y cuando te alejas, digieres y procesas esas palabras, ves que componen un retrato, una especie de biografía que no solo define al pintor neoyorkino a través de los episodios de su vida sino a través del estilo. Quizá por eso, Kwahulé ha elegido un título tan significativo: Samo. Un tributo a Basquiat, no sólo habla del artista, sino que habla con el artista y como el artista. Tal vez, esta forma de acercarse a la figura y a la obra de Basquiat, sea la más coherente y la más ilustrativa. Leyendo las líneas que Kwahulé dedica al pintor se sienten los brochazos de uno de sus cuadros, pero también los fraseos musicales improvisados.

El escritor y dramaturgo marfileño Koffi Kwahulé. Fuente: Editorial La Uña Rota.

Samo. Un tributo a Basquiat se plantea como una pieza teatral aunque está escrita en un estilo muy particular, rompiendo y desbordando los límites de la prosa y del verso, intercalando las voces de los personajes que dibujan al propio protagonista, fundiendo y confundiendo su propia voz con la de aquellos que van definiendo su figura. Las frases que en algunas ocasiones se repiten como letanías, sin que esté muy claro si es porque el mismo protagonista intenta autoconvercerse o porque ha perdido el sentido. Aparecen también como inconexas, inacabadas o entrelazadas en una especie de ejercicio de escritura automática, que pretende conducir al lector a la experiencia frenética y atormentada del que fue un artista gráfico genial, revolucionario y rompedor que intentando cuestionar y dinamitar el mercado del arte comercial fue, en realidad, engullido por él. El escritor, dramaturgo y ensayista marfileño Koffi Kwahulé ha querido rendir un homenaje al artista auténtico, al que intentaba construir su propio lenguaje al mismo tiempo que pretendía huir.

Kwahulé han convertido este tributo en una pieza teatral que se estrenó el 22 de febrero de este mismo año en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid y la editorial La Uña Rota la ha congelado en el tiempo con la publicación de una cuidada traducción realizada por Coto Adánez, una operación especialmente delicada, teniendo en cuenta que el autor marfileño ha preferido dejar sus palabras sin muros que las contengan. Samo. Un tributo a Basquiat lanza las frases, de alguna manera, las hace estrellarse contra le papel y salpicar, retoma palabras para dibujar otros trazos y retuerce una y otra vez la gramática, para transmitir sensaciones más allá de la norma.

El autor marfileño, premiado en varias ocasiones tanto por sus novelas como por sus producciones teatrales, ha escogido cuidadosamente el título. Samo es la primera firma de Basquiat en sus producciones callejeras, cuando derramaba su incipiente arte por los muros de Nueva York en forma de grafitis irreverentes que firmaba como SAMe Old shit (“la misma mierda de siempre”). Es, de alguna manera, la expresión de sus primeras expresiones creativas, sus flirteos con el lenguaje gráfico. Por otro lado, con la idea de “tributo”, Kwahulé advierte al lector que la obra es más que un texto biográfico, es un homenaje que se adentra en el universo del artista y que intenta traducir a palabras las imágenes del creador neoyorkino.

El texto de Koffi Kwahulé se alimenta de algunas de las vivencias del propio Basquiat como si se tratase de piezas de un puzle, como su atropello siendo solo un niño, su relación con Al Díaz su primer cómplice en las pintadas callejeras o su huida a la vida en la calle o su inmersión en las drogas. Construye una parte de la imagen del genio creativo a través de un diálogo inconexo con su propio padre, cuya personalidad aparece como fundamental en la construcción del mundo interior de Basquiat. La relación tormentosa y traumática tanto con su padre como con su madre, aunque por diferentes motivos, igualmente ayudan a definir al personaje. Pero también están extremadamente presentes las preocupaciones del artista, su necesidad imperiosa, vital de crear e incluso su concepción del arte.

La trayectoria de Basquiat estuvo profundamente marcada por las cuestiones identitarias que tiene un protagonismo fundamental en el texto de Kwahulé. “Soy norteamericano” se repite una y otra vez el protagonista de la obra, nacido de una madre puertoriqueña y un padre haitiano, atrapado entre el racismo y la discriminación de la sociedad y los caprichos y las extravagancias del mundo del arte.

Basquiat recuerda sin parar no solo que nació en Brooklyn sino que ni siquiera conoce Haití. Recuerda que reclaman de él primitivismo o incluso vudú, aunque él se resista o que le piden reiteradamente: “Que nos pintases cosas de tu país”; a lo que él reacciona insistiéndose a sí mismo que es norteamericano.

“Ellos no esperan que

Yo les hable de mi mundo

Sino que

Les reafirme en la idea

Que se hacen de él.

Algo que les tranquiliza”

De la misma manera se plantea el reto de que el arte hecho por los negros reciba el reconocimiento que merece.

“Pero es que lo que no es normal humano

Que

Haya tan pocos negros

En esta porquería pseudoartísitica.

Yo solo deseo sé que

Es mucho pero solo deseo

Eso

Lograr que entren en los mejores museos del mundo

La calle las cabezas ensortijadas agujereadas de risas

alegres e inquietantes

El mundo incoherente y brutal

Del otro lado del crepúsculo”.

Kwahulé también recoge en el texto las contradicciones del padre, esa figura autoritaria que marca la disciplina en la vida de Basquiat, pero que al mismo tiempo se preocupa por su bienestar o que más bien, ni siquiera sabe como reaccionar ante el genio.

“Jean crece en todas direcciones.

Como atrapado en un charlestón desenfrenado

De una mala hierba y de una zarza

En pleno manglar.

¡Esto no puede ser!

¡Un niño dotado rapidez intelectual prodigiosa así

de superdotado!”

Y que en el fondo no puede ocultar su orgullo e incluso su admiración

“Pues en tal caso, ¡pinta de verdad, Jean!

Porque dice

Todo lo que trazan sus dedos

Y parece oro es realmente oro”.

Kwahulé también tiene un apunte para la relación que Basquiat acaba estableciendo con el mundo del arte, o más bien, que la industria del arte impone al artista. En todo caso, la lectura de este tributo del autor marfileño es, sin duda, una manera novedosa e interesante de acercarse a un artista lleno a partes iguales de genialidad, de traumas, de contradicciones, de búsquedas y de reivindicaciones. El de Kwahulé es un ejercicio de recuperación y de revisión, realmente un homenaje en toda regla.

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Ciberactivista, periodista y amante de las letras africanas. Co-fundador de Wiriko. Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín.
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