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ARTE AFRICANO CULTURA AFRICA

Vista previa y femenina de la primera edición de la 1:54 Marrakech

Han hecho falta cinco años, pero la Feria de Arte Africano Contemporáneo 1:54 pisa por primera vez el continente este fin de semana. Tras cinco ediciones en Londres y tres en Nueva York, esta plataforma de las artes visuales de África y su diáspora se celebra en Marrakech y cumple así el propósito manifestado desde sus inicios por la fundadora de esta feria Touria El Glaoui, de contar con una edición en suelo africano de esta gran muestra de su riqueza artística. Ante la materialización de este anhelo, Wiriko se adentra en lo que será el primer 1:54 Marrakech de la mano de tres de sus participantes: Joana Choumali, Yesmine Ben Khelil y Ghizlane Sahli.

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La primera es una reconocida fotógrafa, la segunda centra su trabajo en la escultura y las instalaciones, y la expresión artística de la tercera se desarrolla entre la pintura y el collage. Costa de Marfil, Marruecos y Túnez. África occidental y Norte de África. País de mayoría cristiana, el primero; y de mayoría islámica los siguientes. Las tres artistas son mujeres y todas ellas viven y trabajan en sus países de origen. Tres nombres que configuran una pequeña muestra de los cincuenta y dos artistas que se dan cita del 23 al 25 de febrero en la Feria 1:54 de la denominada Ciudad Roja, pero que bien representan la enorme diversidad de perspectivas que alberga la etiqueta africana que acompaña a las creaciones artísticas procedentes del continente.

¿Qué crees que supone que la 1:54 vaya a celebrarse en Marrakech?

Joana Choumali: La Feria 1:54 celebra y promueve el arte contemporáneo africano en el mundo entero. El hecho que esto ocurra en Marrakech, en el continente africano, es algo fuertemente simbólico. Significa traer el mundo contemporáneo del arte “a la fuente”. Esto me regocija. Por otro lado, las artes visuales juegan un papel principal en la sociedad, pueden hacer preguntas y revelar cuestiones sociales, también pueden crear diálogos entre comunidades. Las artes visuales tienen el poder de cambiar mentalidades.

Ghizlane Sahli: Ser parte de la Feria de Arte Africano Contemporáneo es una verdadera confrontación para mí. No me gusta sentirme limitada a un grupo de gente que considera solamente una parte de lo que ellos son. Yo me veo como un ser humano y una ciudadana del mundo. Aun así, nací en Marruecos pero soy mitad española y tengo una gran conexión espiritual con Asia. Sin embargo, nunca me he sentido africana. La feria 1:54 me ha hecho pensar profundamente en mi parte africana, lo que es realmente interesante porque he comprendido que pertenezco a este continente y estoy muy emocionada, esto es algo nuevo para mí.

Yesmine Ben Khelil: Pienso que la descentralización que esta edición va a suponer es algo importante y repercutirá en la idea de una creación contemporánea africana más anclada en la realidad del continente.

¿Qué relación hay entre tu país y tus obras?

J.C.: Mi obra está estrechamente unida a mi país porque es donde he estado casi toda mi vida. Yo estoy muy conectada a Abiyán, mi ciudad. Mi país está presente en casi todas mis piezas.

G.S.: Tengo la gran suerte de haber nacido en un país con una tradición artística magnífica. Por lo general los artesanos son grandes especialistas, aunque es difícil lograr que trabajen en algo un poco diferente a lo que están acostumbrados. He desarrollado una relación muy buena con algunos de ellos y me gusta que trabajemos juntos porque somos muy complementarios. Trato de usar su experiencia milenaria para dar forma a mis ideas, que son muy contemporáneas.

Y.B.K.: De manera general, el contexto en el cual trabajo es muy importante. En cierto modo, mezclo mi entorno inmediato con la ficción, con acontecimientos o imágenes que pueden parecer lejanos pero en los que yo encuentro una resonancia con mi día a día. Sacar de la historia contemporánea o antigua de mi país también me permite evocar sujetos más universales. Así la omnipresencia de Túnez va y viene constantemente en mi trabajo, que se mueve entre el próximo y lo lejano.

¿Qué te lleva a crear una pieza artística?

J.C.: Encuentro la inspiración en todas partes. En las noticias, en las redes sociales, en los viajes, en mi propia vida… En realidad, la inspiración se encuentra en todas partes, sin advertencia. Soy una observadora fascinada por la morfología de las sociedades, especialmente de la mía. Observo las interacciones entre comunidades, culturas, continentes… Mi primera motivación es estudiarlas y conocerlas. En el caso de ‘Haabre, la última generación’ fotografío a personas con escarificaciones, una práctica que simplemente no puede ser juzgada sin conocer su contexto cultural. Cualquier cultura tiene su propia riqueza y los africanos no deberían pedir perdón por no entrar en lo que el mundo espera que ellos sean. Para cambiar la narrativa sobre el continente, los africanos están contando sus propias historias.

G.S.: Ahora mismo estoy fascinada con la universalidad de la basura. Trabajar con este material me hace tener en mente la idea de una mano grande que toma el cuerpo humano y lo sacude para limpiarlo de toda “la contaminación” recibida por la religión, la educación, la cultura, el género… hasta que sólo queda la parte interior y salvaje que contiene el cuerpo. Así es como yo concibo mi trabajo. Transformar un material como es la basura que, se supone, es la peor parte de humanidad, y darle una segunda vida como pieza artística, llena de emociones, es un verdadero desafío para mí. Mientras trabajo con la basura siempre pienso en su vida anterior y su energía. Mi trabajo es muy orgánico, crece con las células. Ocurre así tanto cuando trabajo con basura como cuando utilizo seda.

Y.B.K: Principalmente me inspiro en Internet y, si no, en el cine de género, o también en objetos o materiales encontrados por casualidad que me invitan a crear. Lo que me interesa es jugar con cierta ambigüedad en la imagen. A menudo hay un doble discurso en mis trabajos y parto del principio que el espectador no va a fijarse en ello en su primera impresión sino en el sentido más evidente, pero siempre espero que al final vaya más lejos para comprender todas las dimensiones de la obra. Trato de materializar la superposición de los tiempos y de las imágenes a través de las cuales percibimos un objeto. De hecho el “montaje temporal” que realizo es un modo de interrogar la representación. ¿Es posible mostrar la realidad? ¿Cómo dar forma a esta impresión de que nada es fijo y de que los tiempos anteriores continúan frecuentemente en nuestro presente?

¿Encuentras alguna dificultad para que tu trabajo sea reconocido por ser mujer?

J.C.: Sí, eso pienso. Sin duda hay una escasa representación de mujeres artistas en el mundo de arte. Seguiremos haciendo declaraciones mediante la producción de nuestro arte y abogando por la igualdad sexual.

Y.B.K.: Jamás he sentido ninguna dificultad por ello, en cambio sé que muy a menudo, en menor o mayor medida, se espera de una artista mujer nacida en un país musulmán que siempre trate las mismas problemáticas en torno a la identidad femenina en el seno de las sociedades musulmanas. Aspectos tales como el velo, la virginidad o la vida doméstica, por ejemplo. No nos debemos plegar a esta imagen preconcebida sino proponer una visión más compleja de la realidad.

Dos obras infantiles inspiradas en África celebran la Navidad en el Teatro Español

Cada vez son más los espacios culturales madrileños que hacen un hueco a propuestas culturales africanas o afrodescendientes. Es el caso del Teatro Español que incluye en su programación navideña dos obras de teatro infantil: Mali y Sayo, de la Compañía hispano-marfileña Samadeni – Cultural Mandjani, que estará en Madrid del 22 al 28 de diciembre y Samabá Samadé, que se podrá ver en la capital del 29 de diciembre al 4 de enero. Ambas obras son dramaturgias de Marisa Llull y Kassoum Sanogo, creadores y directores de este proyecto escénico, y hoy nos regalan un ratito entre viajes, papeleos y ensayos para introducirnos en estos pequeños universos africanos.

Aunque ellos se conocen y trabajan juntos desde “hace mil años” fue en 2007 cuando decidieron fundar la Asociación Cultural Mandjani, una plataforma para la creación de proyectos artísticos, educativos y sociales relacionados con la cultura africana y que nació con el compromiso de cambiar la visión reductora que tenemos de África y reivindica el deseo de unión con su parte más vital y esperanzadora. Sobre estos cimientos se creó unos años después la Cía. Samadeni.

Foto: Orietta Geraldín

¿Cuál fue la chispa que originó la Compañía Samadeni?

ML: Surgió de una invitación de Javier Yagüe para realizar una obra de teatro infantil en el teatro Cuarta Pared. Enseguida me puse en contacto con Kassoum  y empezaron a surgir ideas: África, Costa de Marfil, elefantes… De ahí surge el nombre de la obra “Samabá, Samadé” (“Elefante grande, elefante pequeño” en lengua mandinga). Empezamos trabajando por teléfono, con todos los sinsentidos que conlleva, pero al final todo es transmisión oral, como en África. Podríamos decir que nació primero la función y después la compañía.

“Samabá, Samadé” es un espectáculo visual, musical y enérgico, que habla sobre la importancia que tiene la observación de la naturaleza para aprender sobre nosotros mismos. El Elefante es el hilo conductor para contar esta historia. ¿Por qué precisamente el elefante?

KS: En Costa de Marfil hubo un elefante que salió de la selva y llegó hasta el centro de la ciudad de Bouaké. Salió en todos periódicos, pasó realmente. A raíz de esa noticia surgió la idea principal de la función.

Foto: Julio Castro

En la obra se utilizan la música y la danza de Costa de Marfil, así como de la percusión corporal interactiva y otros elementos visuales para introducir a los espectadores en la cultura africana ¿Cómo se consigue amalgamar todo esto para que llegue a los niños?

ML: La dramaturgia es muy sencilla, pero muy eficaz para conectar con ellos. Se van introduciendo en la cultura africana de la forma más ancestral, a través de los tambores, los diferentes instrumentos, los cantos, la voz de Bintou Sanogo. Es algo que entra a través de los sentidos.

KS: Los niños forman parte del espectáculo. Queremos que los niños se lo pasen tan bien como nosotros. Les hacemos bailar, cantar, subir al escenario. La magia de conectar con los niños en el escenario es a veces difícil, pero lo hemos conseguido. Nosotros nos divertimos mucho y esa es la clave. A veces paramos el espectáculo para charlar con un niño y luego seguimos con el guión…

La obra comienza con una locución en lengua mandinga y sobre el escenario se  intercala con el castellano. ¿Cuál es la reacción de los espectadores más pequeños?

KS: Cuando salimos al escenario hablando mandinga los niños están más atentos porque no saben lo que decimos y cuando empezamos a hablar en castellano surge un “aaah vale, ahora entiendo”

ML: En realidad da igual que no lo entiendan, queremos que oigan el sonido, que vean que hay dos lenguas, diferentes sonidos y texturas. Es entrar en otro mundo de sensaciones.

“Samabá Samadé” se ha representado en muchos teatros madrileños y también habéis estado de gira por España. ¿Qué tal la experiencia?  

KS: Muy bien, sobre todo en Sevilla fue la bomba ¡las madres salían del teatro cantando!

ML: Aunque la historia es muy infantil, la mayoría de los padres tampoco están acostumbrados a las músicas y danzas mandingas de Costa de Marfil y les sorprende mucho.

¿Por qué hay que ir a ver “Samabá Samadé”?

ML: Porque es muy diferente del resto de obras de teatro infantiles que normalmente usan códigos muy definidos, muy convencionales. “Samabá Samadé” está fuera de todo eso. Lo que intentamos es crear mundos y cada miembro del equipo aporta muchísimo. Konan Koffi es una artista que tiene mucha delicadeza y cada espectáculo lo hace diferente. Bintou Sanogo tiene un gran corazón y transmite calor y bondad. Kassoum, además de ser un gran músico, es un gran actor.

Foto: Orietta Geraldín

 El segundo espectáculo familiar que Samadeni representarán esta navidades en El Español es “Mali y Sayo” que está inspirada en una historia africana. Sayo es una niña con dificultades para relacionarse con sus amigos. A través del encuentro con Mali, un hipopótamo con el que puede hablar, Sayo descubre dónde reside su verdadero poder y eso le ayuda a liberarse de sus miedos. Es un espectáculo poderoso e iniciático donde la danza, la percusión en vivo y el teatro nos confrontan con valores como la amistad, la autoestima y optimismo.

¿Cómo fue esta vez el proceso creativo?

ML: Muy distinto. Esta vez Kassoum quería contar la historia de “Mali y Sayo”, un antiguo cuento popular. De hecho Toumani Diabaté le dedicó una canción muy famosa.

KS: Si, “Mali y Sayo” es una canción que transmitían los griots con la kora. Las historias en África no están escritas y son los griots los que actúan como bibliotecas. Cuando mueren hay historias que van cambiando o se pierden. Esta canción cuenta la historia de la amistad entre una niña y un hipopótamo. Lo que la gente sabe es que la niña podía hablar con el hipo, que eran amigos y se entendían. Pero no sabemos el verdadero final de la historia, solo lo saben los viejos en África.

ML: Cogimos el principio como base y luego creamos un final. Además hemos añadido máscaras y más personajes.

Foto: Orietta Geraldín

La escenografía está especialmente cuidada ¿qué nuevos elementos habéis introducido?

ML: Hemos estado casi un año discutiendo y dándole forma. Yo buscaba algo muy esquemático y a Kassoum quería algo muy africano, pero sobre todo no queríamos caer en convencionalismos. Al final hemos llegado al término medio. Después de pensarlo mucho, porque supone un trabajo de creación largo y extenso, hemos introducido el vídeo con las ilustraciones realizadas y animadas por la artista Sara Ortiz Lull, inspiradas en nuestra historia y en el País Dogón. Los paisajes y personajes que aparecen son dibujos en movimiento, pero no están perfectamente acabados hay espacios en blanco para que sean completados por la imaginación de los niños. Todos aportan y construyen su propio espectáculo que así es más interesante y bonito.

KS: Los niños se integran y entran en el espectáculo, pero nosotros no les llamamos, entran solos y eso es fenomenal.

El espectáculo cuenta con varias máscaras, un elemento tradicional africano que habéis llevado a escena de una manera muy diferente. ¿Cómo lo habéis conseguido?

ML: Hay cinco máscaras en la obra y son elementos principales. La más importante es la del hipopótamo Mali realizada por el artista y diseñador Británico-libanés Sean Mackaoui. Konan Koffi da vida a Mali con esa máscara y le hace bailar, hablar y entablar una gran amistad con nuestra protagonista Sayo, interpretada por Bintou Sanogo.

KS: Yo mismo he diseñado y  fabricado la máscara del rey, que a los niños les encanta porque crece en le escenario. En ellas hay algo de contemporáneo y algo de tradición africana. En la obra que viene habrá más máscaras…

En vuestro espectáculo es primordial la música en directo, que interpreta el mismo Kassoum Sanogo.

KS: Uno de los principales elementos que componen la narración de “Mali y Sayo” es la música en vivo, la orquesta mandinga al completo con djembés, dundunes, Kalimba, tama, balafón, ngoni y otros instrumentos como el cajón y platos. En los espectáculos me dejo llevar mucho por lo que siento dentro del escenario, mi cuerpo me dice lo que funciona y lo que no. Ese sentimiento, esa intuición la tengo muy en cuenta.

Vuelta al cole llena de esperanzas

Llega la vuelta al cole y con ella una mirada a través de la ventana que nos llena de esperanzas en relación a las literaturas producidas por autores africanos. Una mirada por la ventana que, en realidad, es un vistazo a lo que se está cociendo en otros países para tratar de tener una idea de lo que en un deseado futuro inmediato puede llegar hasta los lectores del mercado literario hispanohablantes que se interesan por las letras africanas.

La escritora Tomi Adeyemi en una imagen de su página web.

Lo que nos encontramos es realmente esperanzador y dentro de todos los lanzamientos nos fijamos en los que es más probable que acaben en nuestras librerías (quizá con un exceso de confianza). Hablando sólo de mercado, nos encontramos con la primera novela de la última chica de oro de las letras africanas. La aparición de The children of blood and bone, se ha anunciado para el nuevo curso, a priori durante el primer trimestre de 2018. Su autora, la nigeriana Tomi Adeyemi se ha hecho popular por haber sido la última escritora africana en unirse al club de los contratos de siete cifras.

Ya hablamos del selecto club, con las publicaciones de la camerunesa Imbolo Mbue y de la ghanesa Yaa Gyasi. Ahora hemos conocido la figura de Tomi Adeyemi que ha firmado un contrato de seis ceros con el grupo editorial Macmillan Publishers Ltd por la trilogía “The children of blood and bone” y los derechos de la adaptación al cine. De la historia que hay detrás de semejante operación literaria se sabe poco más allá de una vaga descripción de contraportada que remite a un relato de aventuras propio de la literatura fantástica (y seguramente encuadrado en las recientes apuestas destinadas al público juvenil). Por cierto, la propia web de la autora desvela que RBA Libros tiene los derechos de la traducción en castellano.

Mantenemos las esperanza, también de poder acceder en español al último trabajo de la escritora marfileña Veronique Tadjo, la recién publicada en Francia En compagnie des hommes. Tadjo se ha caracterizado por combinar magistralmente su compromiso social con una literatura firmemente enraizada en la tradición del continente, tanto en los temas como en el estilo. La escritora marfileña ha sido una de las divulgadoras más eficientes de esa tradición narrativa. En este caso, las reseñas hablan de un relato que se desarrolla durante la crisis del ébola y que despliega las historias de todos los protagonistas de semejante reto para la humanidad. Todo bajo las sombra de la sabiduría del baobab.

De la misma manera no perdemos la esperanza de que alguna editorial apueste por traducir al novelista, ensayista y poeta chadiano Nimrod. En octubre, Actes Sud publicará Gens de brume. A través de un estilo y un lenguaje en el que fluyen versos y prosa, Nimrod evoca los tiempos de su infancia, pero, sobre todo, constituye una voz tan especial que los lectores hispanohablantes no pueden seguir prescindiendo de ella.

Mabanckou leyendo uno de los pasajes de su novela, Petit Piment, recién traducida al inglés / Foto: Iván González

Sin embargo, no todos son castillos de arena. Afortunadamente, la vuelta al cole de las letras africanas también se lee en español. Alain Mabanckou es uno de los escritores más reconocidos de la esfera francófona. Durante años se ha fraguado un nombre a fuerza de proponer una narración innovadora y personalisima. Pero una vez conquistado ese espacio de la industria literaria, Mabanckou no ha bajado los brazos. De hecho, procedente de Congo-Brazzaville, el novelista se ha destacado especialmente en los últimos años por su militancia, por su combate para devolver la dignidad a la literatura de autores africanos, por su esfuerzo para construir un futuro esperanzador e inspirador para el continente y por su lucha denodada contra las dictaduras.

Los libros de la Catarata nos ofrece El llanto del hombre negro. Alain Mabanckou construye un ensayo muy lejos de ser complaciente, antes al contrario propone un discurso provocador sobre la identidad africana y es provocadora porque cuestiona de la misma manera los estereotipos como discurso victimista. Sin duda, este trabajo se une al de otros autores africanos que poco a poco van edificando un discurso que desarma completamente los pilares de la narrativa que marca la visión que el norte global tiene del continente africano.

Los pelos de punta con Laetitia Ky, la artista de la 6ª temporada de Wiriko

Pelucas o productos para alisar el cabello siguen ocultando a día de hoy el pelo natural de las mujeres negras. Sin embargo, cada vez son más los ejemplos de aceptación identitaria que huyen del patrón estético para ensalzar la idea de que en la diversidad está la belleza. Es el caso de Laetitia Ky, una marfileña que hace de su pelo afro un arte que es la imagen de la sexta temporada de Wiriko.

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“Mi pelo en forma de mano es la expresión de mis pensamientos, que son tan fuertes que decidieron materializarse”, dice la artista al compartir en redes sociales una muestra de su trabajo en la que da forma de mano a su cabello para incorporarlo en acciones cotidianas y gestos. Armada con alambres, alfileres, hilos o extensiones para hacer más grandes sus obras, Laetitia se sirve del autorretrato para crear todo tipo de esculturas; desde originales y divertidas figuras hasta composiciones que enaltecen sus orígenes, como su línea apodada “Kybraids”, que adorna el cabelllo con telas Wax dando pie a numerosas formas, como nudos bantúes. De hecho, fue precisamente en peinados tradicionales de mujeres africanas donde encontró su inspiración para usar su pelo como herramienta de dignificación: “Ser natural es para mí una señal de aceptación. Aceptar la forma en que la naturaleza nos creó y sentirnos orgullosos de haber sido hechos de esa manera”, explica en una entrevista realizada para Okay Africa. Y aunque sus creaciones tienen cierta reminiscencia pop, ella se declara afropunk a la revista Amina, un movimiento que entiende como “la aceptación de las diferencias de los otros”.

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Tal y como explica la historiadora Kobena Mercer, en la época de la esclavitud estadounidense, los afrodescendientes adoptaron como método de supervivencia la idea de que cuanto menos negros parecieran mejor serían tratados por sus dueños. Es en ese momento cuando se acuña el término ‘pelo bueno’ para designar la melena larga y fina propia de las mujeres blancas, una concepción que no ha estado presente sólo en la diáspora también en el continente a través de la imposición del estándar occidental como el único aceptable. Una apropiación de la cultura dominante que, a pesar de la reivindicación de la negritud que propició las independencias y el posterior movimiento afro, no ha cesado con el fin de la colonización de los países africanos, donde sigue presente la imposición del canon occidental a través de la globalización.

Con su estilo capilar y desenfadado, Laetitia Ky se suma a sus 21 años a todas esas expresiones creativas que continúan hoy el legado de la negritud, celebrando la singularidad frente a la generalización. Algo tan insignificante como a priori puede ser un peinado, adquiere connotaciones distintas cuando contribuye a la materialización del espacio de una identidad históricamente sepultada. Entonces lo estético se desprende de toda superficialidad para mostrar la belleza que denota el empoderamiento.

Reggae en Abidjan es sinónimo de Parker Place

Harare, 1980. Bob Marley desembarca en la capital de Zimbabwe, considerándose así el inicio del movimiento reggae en el continente. 36 años después este estilo sigue más vivo que nunca, teniendo a Costa de Marfil como uno de sus puntos neurálgicos. Si bien resulta injusto condensar toda la cultura del reggae en Abidjan en un solo local, hablar del Parker Place es hacerlo de un lugar de referencia no solo en el país, sino también de la región, y no únicamente por acoger artistas locales, sino también por sus sinergias con la música tradicional.

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Situado entre el aeropuerto y el corazón económico de la ciudad, este bar de ambiente distendido es sin duda unos de los mejores lugares de la ciudad para disfrutar de música en vivo. Su decoración resulta curiosa, con una mezcla entre la decoración underground (graffitis hasta en los aparatos de aire acondicionado que hielan por momentos el ambiente del local, sobre todo al principio de la noche) con pasajes bíblicos relacionados con la fe, la perseverancia o la lucha. Entre sus visitantes se podría decir que es uno de los bares musicales donde hay mayor mezcla entre juventud marfileña y extranjera. ¿Los motivos? Cada persona tendrá el suyo: la ubicación, el ambiente, el apego por el reggae como música universal…

Más allá de resultar un sitio con mucho ambiente para animar las noches abiyanesas, detrás de este local hay una larga tradición musical que no debe perderse. Cuando eran poco conocidos, era más normal ver actuar a dos de los grandes referentes del movimiento: Alpha Blondy y Tiken Jah Fakoly. A Tiken Jah Fakoly se le ha conocido como uno de los cantantes más reivindicativo en el país, cuyas letras denuncian mucha de las injusticias sociales en el mundo, así como una crítica al sector político y sus “falsas promesas”. Este espíritu rebelde lo llevó a recibir amenazas de muerte que provocaron su exilio hacia Mali en 2003. Por su parte, Alpha Blondy (apodo que significa “el primer bandido”) fue miembro de The Wailers y sus letras también muestran un fuerte sentido del humor con la política (creó el término “démocrature” para criticar algunos gobiernos del continente, mezcla de democracia y dictadura). Sin embargo, entre su repertorio también se pueden escuchar aspectos más cotidianos y descriptivos de la sociedad y los parajes marfileños. Actualmente, se prodigan de forma muy esporádica y, para evitar las avalanchas, anuncian, vía redes sociales, conciertos sorpresa con pocos minutos de antelación. En este apartado, no se pueden obviar las recurrentes actuaciones de otros artistas locales como Jadal Fey o Ismael Isaac.

Alpha Blondy en Parker Place. Extraída de su página de facebook.

Alpha Blondy en Parker Place. Extraída de su página de facebook.

En un día “normal” encontramos a su banda de referencia, Les Wisemen, anima las noches con un repertorio de clásicos del reggae tanto a nivel nacional como internacional. El público suele enloquecer con las versiones de Blondy, especialmente con las versiones de “Coco de Rasta” o “Assinie Mafia”, entre otras. El consejo es no abonarse excesivamente a estas veladas cotidianas, ya que la playlist suele ser muy similar de una noche a la otra, por lo que el local se le pasa a llamar el ¨Par Coeur Place¨, ya que terminas por saberte el repertorio de memoria. No obstante, otro de los grandes valores añadidos del local es su política de potenciación de la música de África Occidental. Su mejor manera de ilustrarlo es su activa participación en el Festival MASA (Marché des Arts du Spectacle African) que se celebra cada dos años en la ciudad y que su última edición terminó el pasado 12 de marzo. En su escenario se han podido ver recientemente a una joven promesa que intenta recuperar el espíritu de la música tradicional en Ghana (Kyekyeku), la potencia y la mezcla mauritano-senegalesa de Marema (ganadora de algunos premios con su sencillo ¨Femme d’affaires¨) o incluso el ritmo de los Anguillanos de British Dependency.

En definitiva, si bien la oferta musical de la capital es muy variada (para los amantes del reggae, no se pierdan el “Champion¨ en el barrio de Blokosso, tocando la Laguna Ebrié y con vistas al barrio económico de Plateau) es casi pecado. Para los que tengan dudas, que se olviden de los clichés que invaden al reggae y al movimiento rastafari y simplemente se dejen llevar por noches de muy buena música!

Parker Place. Imagen de Albert Caramés.

Parker Place. Imagen de Albert Caramés.

Las parábolas modernas de Konan

El esquema de los últimos relatos de Venance Konan cada vez se parece más al de los cuentos tradicionales, auténticas parábolas que transmiten enseñanzas sobre la política y la sociedad marfileñas, tan necesitada de análisis profundos y desacomplejados. La editorial 2709 books ha publicado en los últimos meses dos obras más que se unen a las otras tres del mismo autor que ya tenían en su catálogo. Se trata de En nombre del partido y La guerra de las religiones. En esta sección ya hablamos en su momento de los relatos previos del escritor marfileño, poniendo el acento en el uso del humor como herramienta narrativa privilegiada.

Venance Konan: Olor a realidad

Venance Konan

En estos dos últimos relatos, esa dimensión cómica no es tan destacable. Sin embargo, se hace evidente la capacidad que tiene Konan para quitar hierro a asuntos fundamentales, por no decir dramáticos, perlando las historias de situaciones que pueden resultar ridículas. Con En nombre del partido y La guerra de las religiones el escritor demuestra una valentía a la que quizá, en general, no se le esté dando suficiente importancia. Costa de Marfil ha pasado en su historia reciente por momentos catastróficos y Konan se los echa a la espalda con una actitud irreverente que sirve de antídoto a la calamidad.

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En La guerra de las religiones, está claro que el autor no ha agotado toda su creatividad en el título. Konan cuenta (aparentemente) la historia de un conflicto vecinal en un barrio residencial de Abiyán, motivado por algo tan simple como el ruido nocturno, en este caso, por los rezos de un grupo de católicos. La situación va degenerando hasta dar lugar a una guerra abierta en la que los métodos de la más burda manipulación se ponen sobre la mesa. Los rumores, las conspiraciones, los prejuicios y la excitación de las más bajas pasiones aparecen en lo que parecía un simple desencuentro entre vecinos. En un momento dado, el personaje que pone la reflexión sobre el asunto asegura que la religión y la política se utilizan mutuamente y se manipulan entre sí con gran facilidad. Lo que está claro es que detrás de esta parábola moderna está la propia crisis marfileña, en la que las alianzas se construyen en base, por ejemplo, a alimentar el miedo a los otros. Los que ayer eran amigos, pasan a ser enemigos irreconciliables, sólo por el hecho de profesar otra religión. En La guerra de las religiones la sangre no llega al río, pero llegan a verse las puertas del drama.

la guerra de las religionesPor otro lado, en En nombre del partido, la manipulación de la militancia se pone en el centro de la historia. El camarada Faustin es un abnegado militante de un partido de oposición en el contexto del fin del partido único y de la llegada de una democracia, al menos, aparente. Faustin sigue a ciegas al Líder Carismático, y está claro que confunde el compromiso con el seguidismo, sobre todo, cuando desde el partido se le pide que se acueste con una compañera, “todo por el partido”. A pesar de su trayectoria intachable, Faustin acaba cediendo, convencido de que sus servicios sexuales tienen un papel fundamental en el futuro del país y del fin de la dictadura.

No supone destripar el desarrollo de la trama, porque se ve venir a la legua, si se adelanta que Faustin verá la capacidad de corrupción que tiene el poder. El principal pilar del sistema es la hipocresía y el arribismo. Mientras Faustin sigue pensando que cualquier cosa vale la pena en pro del partido, todo el mundo a su alrededor, considera que es mejor algo así como “todo por el beneficio propio”.

Con estas dos piezas, 2709 books continúa desarrollando una actividad muy atractiva. Por un precio más que asequible, esta joven editorial pone al servicio del lector estos relatos de un autor marfileño no demasiado conocido, pero que ha llegado a recibir, incluso, el Gran Premio Literario de África Negra en 2012. Por sólo, 2,50 euros, el interesado puede hacerse con una copia en formato digital de La guerra de las religiones y por 3 euros, se puede comprar En nombre del partido. Este proyecto de edición digital continúa aumentando su catálogo y la accesibilidad de los lectores españoles a autores africanos.

Entre cine y literatura: ¿Qué viven las mujeres de África?

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Amalia López Flores

Existe un consenso más o menos generalizado en torno a la premisa que sostiene que “el libro siempre supera a la película”. Se suele olvidar que cine y literatura son dos lenguajes diferentes que ocupan espacios propios en el mundo del arte. No obstante, los ejercicios de traducción intersemiótica que transforman un código como el literario en otro diametralmente opuesto, prueban la fuerza creadora de este tipo de simbiosis. La cinta La noire de… (1966) del senegalés Ousmane Sembène y la novela Matins de couvre-feu (Le Serpent à Plumes, 2005) de la marfileña Tanella Boni recogen en tiempos, espacios, códigos y soportes distantes entre sí, unas ideas tan compatibles que su convivencia conlleva una influencia mutua positiva, pues una obra refuerza los planteamientos de la otra y a la inversa.

Fragmento de la película "La noire de..." (1966), del director senegalés Ousmane Sembene.

Fotograma de la película “La noire de…” (1966), del director senegalés Ousmane Sembène.

Al sur del Sahel y en dos momentos claves para la historia contemporánea africana se desarrollan las vidas de dos mujeres con muchos paralelismos. En los años sesenta, el África francófona se agita con el fulgor de una “independencia” que toma pseudónimos de la talla de la françafrique en Costa de Marfil. Mientras tanto, en la primera década de los 2000, estos países se revuelven para intentar redefinir su identidad en el seno del neocolonialismo.

En los años sesenta, la recién conquistada independencia del África francófona se tiñe así de políticas de asimilación que empañan la nueva realidad. Diouana, la protagonista de Sembène, emprende un camino que la lleva a experimentar en primera persona este desengaño. La noire de…, que nace de un relato corto del mismo director, desgrana la “colonización a la inversa”[1] de esos años. Una negra de cualquier rincón de África, sin más posesiones que una pequeña maleta de cuero y un gran saco de aspiraciones, viaja a Antibes para trabajar cuidando a los niños de su patrona. No es casualidad que por aquella época una joven Nina Simone cantara el Ain’t Got No, I Got Life.

Sin embargo, la vida no es suficiente; el trabajo que le espera se aleja de lo prometido, pues se ve obligada a desempeñar el papel de sirvienta sin salario ni libertad de movimientos. De esta forma, la migración se vuelve una nueva forma de la antigua colonización.

Por su parte, la protagonista femenina de Matins de couvre-feu revive la edad dorada de la independencia echando la vista atrás en un recorrido por su historia familiar. En las dos obras se puede observar que el clima de perplejidad que caracteriza estos períodos se distingue por la súbita pérdida de identidad del pueblo que ya no puede mirar hacia atrás ni hacia adelante sin encontrarse con el fantasma colonial. Frantz Fanon dijo que “el alma negra es una construcción del blanco”[2], frase que resume a la perfección el doble sistema de opresión que sufren desde la independencia hasta nuestros días las mujeres de estas historias. Son la opresión por raza y la opresión por género.

El poder que reside en estas mujeres sólo se percibe gracias a la técnica del monólogo interior. El empleo de este recurso formal en ambos casos acentúa el contraste entre lo que estas mujeres dicen y aquello que piensan. No se trata de un uso arbitrario del estilo; detrás se esconde la ley del silencio a la que se ven sometidas todavía hoy muchas mujeres africanas. La negra de ningún lugar de Sembène y la protagonista anónima de la novela de Boni deben callar frente al opresor: la patrona blanca y el líder negro de las fuerzas progubernamentales. Para ambas, la situación se ha vuelto claustrofóbica. Diouana, que soñaba con disfrutar de los lujos del país galo, vive enclaustrada en la casa francesa de sus jefes. La protagonista de la novela también se ha visto reducida por un arresto domiciliario entre las cuatro paredes de su casa. La confinación de las mujeres en la esfera doméstica no les otorga, pese a ello, un espacio propio y solo en sus pensamientos obtienen la privacidad.

Olympia (1863) fue una obra del pintor francés Edouard Manet, uno de los precursores del movimiento impresionista.

Olympia (1863) fue una obra del pintor francés Edouard Manet, uno de los precursores del movimiento impresionista.

Cuando las mujeres africanas de estos relatos toman la palabra, si bien desde el silencio, encuentran una liberación. En contraste, cuando sus opresores hacen uso de ella la palabra adquiere un poder performativo. En las dos obras se repasan las relaciones heterosexuales entre africanos, así como las que nacen de una jerarquía de poder socioeconómico, donde el esclavo y la mujer normalmente comparten el escalón más bajo. Todo esto a su vez se ve permeado por los mimbres del neocolonialismo. He ahí la complejidad de las relaciones que establecen las protagonistas.

Desde sus prisiones, no obstante, ambas encuentran la manera de desafiar la injusticia: en el cine se puede observar el magnífico plano de la senegalesa en tacones por el salón de la francesa, y entre las páginas aparece una mujer fuerte que se inventa un negocio de zumos desde casa. Las dos retan la división sexual del trabajo y, por tanto, se dignifican. En Occidente ya en el año 1969 las feministas radicales traducían estas y otras tantas situaciones en una sola frase: “lo personal es político”. La politización de lo doméstico se hace así inevitable. En el contexto africano además, la reclusión que viven las dos protagonistas se liga a una maternidad intrínseca (cuidar a los niños de otro) que pone sobre la mesa dos de los grandes temas de los feminismos africanos: maternidad y sororidad (pacto asumido por las mujeres para disminuir la brecha entre su condición y la de los hombres).

la noire de

Fotograma final de la película “La noire de…” (1966), del director senegalés Ousmane Sembène.

Si el presente en el continente africano sigue pareciéndose a lo que describía la tunecina Hélé Béji en su obra El desencanto nacional (La Piedra Lunar, 2015), es decir, un mundo resquebrajado entre tradición y modernidad, el futuro deberá ser más bien un lugar desde donde los propios africanos (y no solo sus jefes de estado) desarrollen un habitar propio. Entonces habrá tiempo y espacio también para las africanas. La escena final de la película de Sembène es premonitoria: la madre de la protagonista y su hermano pequeño llenan la pantalla. Hay aquí un símbolo con el que mirar al pasado (la madre) y otro, al futuro (el niño). Este último además porta una máscara, signo de la tradición y los ancentros.

En África, no se puede mirar hacia adelante sin recordar a los ancestros y antepasados. Las mujeres africanas trazarán su camino por medio del reconocimiento a la madre y el derrumbamiento del odio hacia sus iguales. Por eso, la sororidad aparece como una de las propuestas más prometedoras para un futuro en el que las africanas, como las protagonistas de esta historia, obtengan por fin el espacio para respirar.

[1] Louise Bennett titula así uno de sus poemas: http://www.thenewblackmagazine.com/view.aspx?index=1377

[2] FANON, Frantz (2009): Piel negra, máscaras blancas. Tres Cantos (Madrid): Akal.

África se mira en el espejo londinense

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

El cine “made in África” más reivindicativo ha desembarcado esta semana en Londres para mostrar el talento y el compromiso social de los realizadores africanos. Una programación con casi 60 películas que se pueden ver éstos días en la capital inglesa, dentro del Film Africa, para demostrar que África no es un país, sino un continente de complejidades y realidades diversas.

Fotograma de la película Red Leaves del etíope Bazi Gete.

Fotograma de la película Red Leaves del etíope Bazi Gete.

En su quinta edición, el festival ha puesto su foco en el 40 aniversario de la independencia de los países africanos, el amor y el cine etíope. Tres grandes leitmotiv que han inspirado historias que han hecho revolvernos en la butaca algunas veces, en otras nos han dejado en shock, y, en la mayoría, nos han hecho que nos emocionemos, sintamos tristes y nos riamos al mismo tiempo.

Un Festival que daba su pistoletazo de salida con el drama del marfileño Philippe Lacôte, Run, en el Central Picture House, en Londres. Una interesante y ácida visión sobre las raíces de la violencia en Costa de Marfil y de décadas de conflicto con algunos momentos dulces para relajar la tensión e inquietud del espectador. Un debut cinematográfico aplaudido en el festival y que llegaba tras alzarse con el Premio del Jurado en FESPACO (Panafrican Film and Television Festival of Ouagadougou), con la credencial de ser la primera película marfileña proyectada en Cannes y con la candidatura para ser elegida como una de las 5 nominadas a “mejor película extranjera” en la la próxima ceremonia de los premios Oscar 2016.

Philippe Lacôte, que fue preguntado sobre sus motivaciones para rodar esta película, explicaba: “Me preguntaba cómo un país de paz puede convertirse en un pueblo de violencia”. Para poder explicarlo, Lacôte utilizó algunos hechos reales ocurridos en su país y pasajes de su infancia, ya que muy pronto entendió que “en Costa de Marfil, tú no dices fuera de casa lo que tu padre dice en casa”.

El martes tuvo su estreno el documental Between rings, la historia de superación, de lucha y de los conflictos internos que la celebridad le acarrean a una boxeadora profesional en Zambia. Para cerrar, una de las películas esperadas de esta muestra de cine africano: Red Leaves, del director etíope Bazi Gete. Una historia tierna y lúcida sobre la pérdida de un ser querido y la aceptación de que se está envejeciendo.

Pero volvió la más candente actualidad gracias a la realizadora angoleña Pocas Pascoal que en su All is well nos contó su visión y su experiencia personal sobre la inmigración angoleña en Portugal. Así, en el Ritzy Picture House de Brixton, el público tuvo la oportunidad de visionar la historia, autobiográfica, de dos hermanas que huyen de la guerra de Angola en 1980 y se exilian en Portugal, sin papeles y siempre anhelando la llegada de sus padres. Un largometraje que nos habla de la madurez, de la pérdida de la inocencia, de la identidad y de las raíces. Y que también, es universal porque pone sobre la mesa el drama de los refugiados, de la terrible soledad que se sufre cuando el país de acogida se percibe como tierra hostil y del amor de dos hermanas que supera cualquier contratiempo.

Pocas Pascoal, que asistió a la proyección, fue preguntada por esa visión triste y dura que muestra sobre Portugal y explicó que “era un lugar para estar, era un lugar de sueños, pero al mismo tiempo, fue una experiencia dura porque en aquellos años la inmigración no se aceptaba igual que ahora”. La otra pregunta obligada a Pascoal fue sobre su actual relación con Angola. “Es una muy complicada relación, porque es el país que amo, pero también, es el país de 30 años en guerra y quienes están en el poder ahora en Angola son los mismo que en 1978”, respondía la realizadora angoleña.

Otra de las notas de actualidad de la jornada le correspondía a Mercy, Mercy: a portrait of true adoption, del danés Katrine Riis Kjær. Un controvertido documental que sigue el proceso de adopción de dos niños desde Etiopía hasta Dinamarca. Otra de la películas más esperadas de esta 5ª edición del Film Africa fue la encargada de cerrar la jornada del martes. El director etíope Yared Zeleke nos presenta, en su largometraje Lamb, una historia de un niño que siente un especial apego por su mejor amigo, un cordero.

La jornada de ayer jueves fue el turno para los cortometrajes. Bajo la etiqueta de “Without Borders: Short from the Diaspora”, pudimos ver seis cortos que trajeron más crítica, y también comedia, al Ritzy Picture House, en Brixton. Desde la crítica política, pasando por la social hasta llegar al mayor de los subrealismos. Cortos que traspasan las fronteras de África como: Save (Eritrea/Mexico/USA), Last Ditch (France), Borders (Morocco/France), The Goat (South África/USA), The Good Son (UK/Nigeria) y Mother Earth (Senegal/France).

Pero de todos, fueron dos historias las que más atrajeron la atención del público. Borders, del realizador Emmet Mulugeta, que nos muestra cómo muchas de las situaciones que se producen en los controles fronterizos son la mayoría de las veces inhumanas. En un tono más cómico, pero a la vez triste, destacó The Good Son, de Tomisin Adepeju, en el que un joven nigeriano tendrá que contarles a sus padres, muy conservadores y tradicionales, un secreto que lleva guardándoles desde años.

Poco a poco va llegando al ocaso esta quinta edición del Film Africa, en la que esta tarde noche, a las 19.00 horas, el público podrá disfrutar otra película muy esperada, un plato fuerte de este festival. La premier en Londres de Price of Love, del realizador etíope Hermon Hailay. Una historia de amor agridulce y extrema en los márgenes de una ciudad en proceso de cambio como es Addis Abeba.

“Tenemos escritores talentosos en África, pero nos faltan editoriales”

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Ella misma se definía irónicamente como una de las componentes de la nueva generación de escritores africanos en una charla de la iniciativa TED desarrollada en la ciudad marfileña de Abidjan. Y lo aderezaba con sarcasmo, modestia y realismo cuando matizaba: “Si somos la nueva generación y nadie nos conoce, tenemos un problema”. Lo cierto es que Edwige Renée Dro se ha convertido en uno de esos nombres que se rifan en los festivales internacionales, a menudo impulsados por organizaciones occidentales, pero eso no hace que se muerda la lengua.

De sus palabras se desprende su convicción de que el artista debe ser comprometido, una convicción que, por otro lado, ella pone en práctica a la menor oportunidad. “Estoy de acuerdo con el escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa, ejecutado por el gobierno de Sani Abacha, que decía ‘para un escritor en mi situación, la literatura debe ser combativa… el escritor o la escritora debe estar activamente implicado en la transformación del presente y del futuro de su sociedad’”, confiesa la joven marfileña. Eso no quiere decir, sin embargo, según la escritora que sólo se pueda escribir sobre política, “podemos escribir sobre todos los temas que queramos”, matiza, aunque siempre desde una perspectiva comprometida. Ese compromiso para esta joven autora significa “entender los retos a los que nos enfrentamos” y “no ser marionetas de los hombres políticos”.

El nombre de Edwige Renée Dro ha conseguido una especial proyección desde que fue una de las autoras seleccionadas para la antología Africa39, impulsada por el Hay Festival y que pretendía recoger a los 39 mejores escritores africanos de menos de 40 años. Previamente la joven había publicado relatos cortos y lo ha seguido haciendo después, apareciendo por ejemplo en la recopilación de relatos románticos Valentine’s Day Anthology 2015. En la despensa, esperando “sólo a los últimos retoques” está su primera novela.

Hay una característica de la actividad literaria de esta joven marfileña que la hace muy especial. Edwige Renée Dro ha conseguido superar una barrera que parece insalvable y es la que separa a los autores francófonos y anglófonos. Edwige Renée escribe indistintamente en las dos lenguas y participa en las actividades de ambas esferas, algo que muy pocos autores han conseguido. “Los escritores de estos ámbitos, así como los lusófonos y los hispanohablantes”, añade la escritora, “apenas se relacionan, no buscan formas de colaboración, no se conocen. Tengo un amigo escritor que me dice que le gustan mis escritos porque tienen un feeling francófono”, comenta divertida. Esta dinámica de división está empezando a cambiar y la joven promesa anuncia que próximamente aparecerá un volumen de la organización de escritores Jalada en la que coinciden autores marfileños, nigerianos, congoleños, kenianos o ugandeses.

En su caso, la cualidad dual, además responde a su voluntad de estar cerca de los suyos. Empezó a escribir en serio en inglés, durante su experiencia en Reino Unido. “No decidí traducir mis escritos al francés hasta que no regresé a Costa de Marfil. Lo hice para que la gente que tenía más cerca pudiese leer lo que yo escribía”, confiesa la autora.

Y es que su compromiso está siempre presente en la conversación. No es fácil que uno de los temas tratados no acabe derivando en la convicción de que la literatura no puede desentenderse de la realidad que rodea a sus autores y, evidentemente, la relación con Europa y el Norte global está muy presente. Ella misma, en el blog que escribe en la plataforma Mondoblog, aparece como una “retornada al país natal” y, por tanto, su experiencia europea ha tenido un considerable impacto y ha cimentado una visión crítica. “Si se piensa que la mayor parte de las nuevas generaciones de escritores africanos son personas que han regresado o que están en la diáspora, es porque los medios extranjeros hace, o parecen hacer, la promoción de estos autores, pero hay muchos escritores en el continente que nos son retornados”, defiende.

En cuanto a su visión crítica de la relación entre Europa y África, no deja lugar a dudas, sobre todo en referencia al hecho migratorio: “Nosotros tenemos que criticar a nuestros gobiernos, está claro, pero cuando lo que dicen los occidentales suena falso, tenemos que hablarles a ellos. Se presentan como los grandes garantes de los Derechos Humanos, pues que los apliquen, que den la asistencia necesaria a las personas que están en peligro”. Pero para ella, lo más importante es asumir la responsabilidad y dar valor a lo que las sociedades africanas tiene como propio. “No entiendo porque siempre tenemos que estar pendientes de si Occidente nos da su aval. Cuando nos empeñamos en demostrar que nosotros también tenemos bonitas playas, rascacielos, o supermercados con quesos y vinos, me da impresión de que lo tenemos es un complejo. Tenemos cosas que nos son propias, conozcámoslas y asumámoslas”, afirma contundente.

Edwige Renée Dro se lamenta de las condiciones de la industria editorial del continente. “Hay muchos africanos que están contando historias”, defiende la escritora marfileña, “pero el problema es que muchas de esas historias no se publican. Tenemos muchos escritores en el continente y muy talentosos. Lo que nos falta son editoriales, sistemas de distribución adecuados, colaboraciones o una política de márketing adaptada a nuestras realidades”.  E insiste en la necesidad de romper una dependencia más bien psicológica con los países del norte global: “En la medida en la que seamos publicados en Occidente y nos conformemos con eso, no podremos afirmar que estamos contando nuestras historias”.

En cuanto al papel de la literatura Edwige Renée Dro no es más complaciente: “Hoy se habla mucho del África que se mueve, pero como dice mi colega también seleccionada en Africa39, Nana Brew-Hammond, ¿para quién se mueve África? Porque si no se mueve para todos los africanos, el discurso de crecimiento de dos cifras no valdrá la pena”. Por otro lado, esta escritora está convencida: “Si la literatura no se convierte en una actividad de salón y los escritores quieren escribir y escriben para sus sociedades, entonces conseguiremos hacer que las cosas se muevan”.

NOTA: Este artículo se publicó originalmente en Planeta Futuro, el 27 de agosto de 2015.

5 películas africanas para el verano

summer films

* Artículo publicado en la edición digital de la Revista Pueblos.

Lo que comenzó en 2005 con una gala que pretendía reunir a la industria cinematográfica africana cada año, se ha convertido una década más tarde en una cita para los amantes del cine realizado en el continente y su diáspora. Se trata de los premios de la Academia de Cine de África (AMAA), institución orientada a la investigación, formación y difusión del séptimo arte. Tomando como referencia la selección del AMAA para 2015, éstas son las cinco películas que hemos seleccionado y que creemos que no puedes dejar de ver este verano.

Run – Costa de Marfil

En su primer largometraje de ficción, el director Philippe Lacôte retrata la historia sangrienta de Costa de Marfil a través del viaje de un joven de 20 años que va a la ciudad y se convierte en militante político. La secuencia clave que da rienda suelta a más de una hora de acción y drama se encuentra al inicio. Un chico de piel cansada y vestido con harapos camina con determinación por el pasillo de una iglesia. En la mano, una pistola y los ojos puestos en el orador del púlpito. Se detiene, dispara y corre. El objetivo que cae fulminado es el primer ministro del país.

Run se basa en las notables Crónicas documentales de la guerra en Costa de Marfil (2008) de Lacôte y refleja las dos últimas décadas de la historia sangrienta de su país a través de las experiencias de un joven desequilibrado emocionalmente por la espiral de la violencia política. Nacido en un Estado sumido en guerras y corrupción, el protagonista del filme, Abdoul Karim Konaté, ha estado corriendo prácticamente toda su vida, de ahí el nombre de la película.

A través de flashbacks intercalados tras el asesinato inicial, este trabajo explora cómo la lógica retorcida de la violencia se puede apoderar de una sociedad y cómo un individuo puede deslizarse hasta el otro lado de la sinrazón. La película de Lacôte es un drama político lúcido y extrañamente de moda que cumple eficazmente una doble función: por un lado, explicar al espectador, en gran medida desinformado sobre este tema, los recientes disturbios de Costa de Marfil y, por otro, perfilar una nueva generación de cine africano irreverente y sin temor a la crítica.

Timbuctú – Mauritania

Timbuctú es la flamante película del año tras ser nominada a los Oscar 2105 como mejor largometraje de habla no inglesa. Una película mauritana, que guarda pinceladas de neorrealismo italiano y nouvelle vague, se colaba entre las cinco candidatas a llevarse la preciada estatuilla. Su director, Abderrahmane Sissako, recogía el testigo de convertirse en el realizador estrella africano de los últimos tiempos.

La delicadeza de las imágenes desgarra, emociona, hace llorar y también deja espacio para la reflexión meditada de Sissako. No es un documental sobre el conflicto de Malí y, aunque no llega a destripar el caleidoscopio geopolítico, económico y social que tiene lugar en el país, la ficción sí parece querer reflejar la propia realidad.

La película, tremendamente estética, narra cómo los alrededores de Timbuctú han caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. En la ciudad, los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de GPS, su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros.

Pero, ¿es esta fábula un cuento para los occidentales? Ésta es la gran pregunta planteada por el antropólogo André Bourgeot, especialista en Malí en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS). El experto hace hincapié en un enfoque maniqueo. Según Bourgeot, hay tres mitos que aparecen en el trabajo de Sissako: el del desierto, el del nómada identificado con la libertad y el de los tuaregs. Son clichés que hemos interiorizado por completo y la película confirma su validez.

De ser una estrategia de diplomacia pública para “explicar” a la ciudadanía el porqué de la intervención militar en Malí, parece que ha funcionado y que se ha conseguido el objetivo. En el país galo se vendieron 180.000 entradas durante la primera semana en cartelera, llegando a convertirse en la sexta película más taquillera de la historia de Francia. Los que la quieran ver desde casa lo pueden hacer a través de la plataforma Filmin por 2,95€.

INumber Number – Sudáfrica

Sudor, polígonos industriales en descomposición, acción, mucha acción, una banda sonora intrépida y la corrupción en toda sus formas se encuentran en el eje de iNumber Number, del director Donovan Marsh. No hay duda de que, en apenas quince años, Sudáfrica se ha erigido en líder de la cinematografía regional y compite en producciones a nivel continental con Nigeria, Egipto y Marruecos. Después de casi un siglo de supremacía blanca en la gran pantalla sudafricana, el desafío que se planteaba tras la era del apartheid se podía comparar al reto al que se enfrentaron los pioneros como Vieyra, Sembène o Hondo, es decir, crear una cinematografía auténticamente nacional.

Ya en el 2006, la nación del arcoíris se situaba en el foco internacional al convertirse en el primer país africano en ganar un Oscar por Tsotsi, del director Gavin Hood. Los guiones en los que se reflejan vidas relegadas al inframundo urbano de los guetos con una salvación anticipada han sido una constante. No sólo porque la violencia es inherentemente cautivante, sino también porque las historias sobre lo de abajo y lo de fuera comportan casi siempre una pátina de importación sociológica.

En INumber Number el casting es excepcional, con dos actores relativamente nuevos y experimentados entregando actuaciones estelares. Israel Makoe aporta a la película la cantidad justa de oportunismo que un personaje mafioso debe tener, mientras que S’dumo Mtshali ofrece la bravuconería y la arrogancia de un súper policía perfecto. Hay secuencias de acción impresionantes aliviadas con algún toque cómico. Sin duda, la película es actual en el contenido que explora cubriendo temas sociales urgentes que azotan a la policía sudafricana.

Triangle Going to America – Etiopía

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.

1 de octubre – Nigeria

Se cumplen exactamente 55 años de la independencia nigeriana de Gran Bretaña. Nigeria es la primera potencia del continente, el país más poblado y con la industria de cine más activa: Nollywood. En este contexto, el director Kunle Afoyalan, quien ya dirigiera la divertida comedia Phone Swap o la película de suspense The figurine, estrenaba este año 1 de octubre, fecha efectiva de la declaración de independencia de los británicos.

La película, ambientada en la preindependencia, narra a un detective que es contratado por el gobierno colonial con urgencia con el fin de resolver una serie de asesinatos de mujeres. Un suspense hitchconiano frente a la complicada tarea de anotar tintes históricos en un país en transición.

1 de octubre promete dar otro paso revolucionario en la producción del cine de Nollywood con imágenes de alta calidad. Kunle Afolayan se está moviendo hacia una industria internacional en busca de financiación, precisamente una de las características que definían a Nollywood: la independencia económica de financiadores externos, incluido el propio gobierno. Los resultados son tremendamente esperanzadores.

Sin embargo, esta película no es exclusivamente sobre los momentos previos históricos a la independencia en los años sesenta, o quizás sí, en cierto modo. Los temas transversales que se pueden apreciar son la venganza, el dolor, el abuso sexual, la enfermedad mental, la ironía de la moral anclada en la espiritualidad, el conflicto de las religiones y el racismo. Todas estas debilidades y fracasos sistémicos se encontraban ya en la época colonial impuesta. Así que en 1 de octubre el espectador observará un contexto muy esclarecedor y con una estética muy atractiva para lo que Nollywood nos tiene acostumbrados.

25 años del Vaticano africano

La Basílica de Nuestra Señora de la Paz de Yamoussoukro (Costa de Marfil) está considerada, además de la más grande del mundo, la más alta con 158 metros. La cúpula central custodia la construcción con una cruz de oro.* Artículo publicado en Guinguinbali.

25 años después de la construcción de la Basílica de Nuestra Señora de la Paz de Yamoussoukro (Costa de Marfil), el edificio cristiano más grande de todo el mundo sigue dando que hablar. Con un coste total estimado en cerca de 273 mil millones de euros, el Vaticano africano, en medio de la nada absoluta, se mantiene a la espera de una iluminación, de más fieles, de más turistas, que puedan cumplir las expectativas de esta obra megalómana encargada por el que fuera el padre de la independencia del país, Félix Houphouët-Boigny.

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La neblina peina desde bien tempano la capital administrativa de Costa de Marfil, en el centro del país. Una ciudad, Yamoussoukro, que se inventa cada día, se imagina y se busca. Lo hace entre grandes avenidas de cemento en medio de la nada. Entre una expansión de calles pavimentadas. Entre encrucijadas perfectamente delimitadas y alumbradas. Es el despropósito de un proyecto urbanístico que no funcionó. Que busca un consuelo amagado mientras despierta cada día rodeado de mercancía ambulante, de telas “africanas” importadas desde Holanda, de cocos, acheké, pescado ahumado, plátano frito, cacerolas de latón y barreños de plásticos made in China. Un espejismo de urbe que engulle a una población que se mantiene a flote con una economía de subsistencia.

El que fuera el padre de la independencia de Costa de Marfil, Félix Houphouët-Boigny (1905-1993), soñaba con crear una bulliciosa capital en la región que lo vio nacer, pero su visión de Yamoussoukro nunca llegó a buen término. El último censo de 2006 fijaba una población de 200.000 habitantes aunque las previsiones eran llegar al menos a los 500.000. Y parte de la herencia de Houphouët-Boigny fue la construcción de la Basílica de Nuestra Señora de la Paz, una réplica casi exacta de la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, y que le llevó a obtener el título de la Iglesia más grande de la tierra. Este Vaticano africano, o basílica de la selva, fue encargada a Patrick Hauthuille y a Pierre Fakhoury, nacido en Costa de Marfil en 1943 y de padres libaneses.

La polémica de esta mega construcción procedió por diferentes motivos: por un lado, el propio prelado romano vio como una ofensa, no la edificación en sí, sino que el proyecto fuera más alto que el Vaticano. El por entonces papa Juan Pablo II pidió a los arquitectos que la cúpula central fuera más baja. Y así fue. La cúpula de la Basílica de Nuestra Señora de la Paz se edificó con esta premisa. A cambio, y en un golpe de ego y nacionalismo, se remató con una cruz de oro enorme, obteniendo otro título más: el de la iglesia más alta de la cristiandad con 158 metros de altura.

Por otro lado, el mismo papa pidió en un acto en el que trató de limpiar su propia conciencia, que la endiosada construcción tuviera, además de un componente espiritual, un sentido más social. Dicho y hecho. En esta villa se planificó la construcción de una universidad católica y de un hospital que forma parte del Vaticano en virtud de un acuerdo firmado el 20 de mayo de 1992 entre la Santa Sede y Costa Marfil. El hospital San José Moscati fue inaugurado en diciembre de 2014 e incluye 250 camas con instalaciones técnicas modernas y todos los servicios necesarios. Ante la inmensidad, la incomprensión. En abril de 2015 las puertas de este centro médico seguían cerradas al público.

Bajo toda esta embriagadez para los sentidos cabe subrayar que en Costa de Marfil la población cristiana está comprendida sólo entre un 20-30%. Una cifra que cuestiona la afirmación que hiciera Houphouët-Boigny: “Esta obra es un contrato con Dios”. O, más bien, consigo mismo.

 

Cifras para el libro Guiness

vaticano-costa-de-marfil-8Cuando desciendes del autobús, el eco de la soledad te golpea sin parar. El visitante es recibido por jardines simétricos de estilo francés inspirados en Versalles y se va adentrando por una entrada de un kilometro de largo. Todo de mármol procedente de Italia, Portugal y España. Al final de este sendero noble y frio, dos columnatas enormes (128 columnas de 21 metros de altura) acogen a los escasos peregrinos que se acercan. En otras circunstancias, los alrededores podrían atraer a vendedores locales para que hicieran su particular mercadillo de imágenes, crucifijos, rosarios y biblias. Pero el marketing, en este lugar, también está de retiro.

En el interior de la basílica (la capacidad total de toda la obra es para 18.000 fieles, 7.000 sentados y 11.000 de pie) con asientos climatizados y un set acústico que evita reverberaciones, hay que buscar a Dios. Quizás se halle en alguna de las 1.500 almas que ayudaron a construir esta obra en un plazo también récord bajo la supervisión de Antoine Cesareo, director de las grandes obras de la República de Costa de Marfil: se llevó a cabo por 24 empresas nacionales e internacionales entre 1986 y 1989 abriéndose al culto por Juan Pablo II un 10 de septiembre de 1990. Éste y el funeral del precursor de la basílica, Félix Houphouët-Boigny en 1993, han sido los dos únicos momentos en los que las 130 hectáreas sobre las que está construida la basílica se han visto abarrotadas.

vaticano-costa-de-marfil-2La primera planta y la cúpula son apoyadas por un triple columnata de 48 columnas dóricas idénticas a las de la explanada y 12 columnas jónicas que representan a los apóstoles. El asombro no termina. Algunas de estas columnas incluyen ascensores y escaleras para acceder al primer nivel y otras están equipadas con un ingenioso sistema de drenaje del agua de lluvia. De hecho, el agua de lluvia se recoge y se redirige a los lagos colindantes por tuberías subterráneas.

 

Vidrios y esperanzas

vaticano-costa-de-marfil-5Y entre tanto granito, cemento y pesadumbre, la luz y el color. La basílica tiene la superficie de vidrio de color más grande del mundo albergando 36 enormes cristaleras. Se tardaron 18 meses en realizar los trabajos en Nanterre (Francia) de acuerdo a las técnicas tradicionales. En total: 7.363m² incluyendo los 40m² que dibujan en el techo una enorme paloma con las alas extendidas que emana paz. Una de las curiosidades es que para respetar la voluntad de todos los que habían aportado algún tipo de ayuda económica en la construcción de la basílica, ​​se les grabó en una vidriera que representa la entrada en Jerusalén de Jesucristo. Pues entre túnicas y hojas de palma, el único negro que se puede apreciar es Houphouët-Boigny arrodillado y entregando un regalo a Jesús.

Lo que fue construido para representar a la estabilidad política y económica de un país, se ha convertido en una carta de intenciones. Durante los años de mandato de Houphouët-Boigny el país mejoró brevemente después de la independencia de Francia. Pero el legado del presidente había perdido su brillo, la prosperidad económica fue de corta duración y la estabilidad fue fugaz. Menos de una década después de que el gran monumento fuera completado, Costa de Marfil estaba sumida en una guerra civil.

Hoy las circunstancias han cambiado y el turismo del primer productor mundial de cacao se plantea como una necesidad histórica y económica: 550 kilómetros de playas, 8 parques naturales de los cuales dos de ellos son Patrimonio de la Humanidad, 60 etnias, y una localización geográfica privilegiada y desde hace poco bien conectada.

Quizás las estadísticas todavía estén lejos de alcanzar a esos 7.000 fieles sentados a los que puede acoger este Vaticano africano sin papa. Quizás, esta idea de ciudad pueda adaptarse a las viejas demandas básicas de la población. Quizás, un día, ese casi millón de euros anual para conservar la basílica puedan redistribuirse de forma adecuada. Quizás, tanto el hospital como la universidad, construidos para el uso de la capital administrativa de Costa de Marfil, puedan ser, también, reclamos turísticos por su buen funcionamiento y rendimiento. Quizás, estas mega construcciones dejen de ser visitas obligadas por su despropósito social y se conviertan en referente regional. De momento, el asombro se impone. Atardece. Y el autobús nos lleva de vuelta a la ciudad.

 

 

Análisis de la película Ezra y del conflicto en Sierra Leona

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Reyes García Martín

Cartel de la película Ezra dirigida por el director nigeriano Newton Aduaka.

Cartel de la película Ezra dirigida por el director nigeriano Newton Aduaka.

Para poder analizar este largometraje debemos conocer un poco antes la realidad surgida en Sierra Leona a partir del conflicto entre bandos y la utilización de niños para su reclutamiento. A fecha de hoy el país se encuentra inmerso en una guerra civil no declarada. Este conflicto surgió en 1991, estando Joseph Saiudu Nomoh en el poder, y a lo largo de estos años ha ocasionado 70.000 muertos, produciéndose además, desplazamientos internos en el país debidos al conflicto. Un ejército de niños y adolescentes combatientes del FRU propagó el salvajismo a través del país, asesinando y mutilando a los civiles. La táctica del terror resultó perfecta para atemorizar a la gente y que salieran del área de los diamantes y poder explotarlos con impunidad, los diamantes de los rebeldes contribuyen al mantenimiento de sus ejércitos. Las gemas se exportan a través de Liberia, donde desde el año 1994 son exportadas.

El director Newton Aduaka en el largometraje Ezra narra la utilización de los niños soldados a través de los ojos de uno de ellos. También nos puede resultar útil conocer la vida del director para poder entender el film.

Newton Aduaka nació en el Este de Nigeria, trasladándose él y su familia a Lagos tras la Guerra Civil Nigeriana. Se graduó en la London International Film School en 1990, creando Granite Film Works en 1997. En 2001, debutó en el cine con el film Rage, la primera película del cine británico financiada íntegramente por un director negro siendo aclamado por la crítica.

Entre 2005 y 2007 coescribió, dirigió y fue productor ejecutivo de Ezra. La película ganó el Gran Premio del Jurado y muchos otros festivales, como FESPACO, Durban, y fue seleccionado para representar a su país en Sundance y Cannes.

La película me ha impactado. El punto fundamental por lo cual me he sentido así es porque he visto el fondo del conflicto a través de los ojos del protagonista, Ezra. Desde el minuto cero podemos observar como los grupos rebeldes secuestran y coartan la educación de los niños para conseguir un mayor control sobre ellos. Como decía Aristóteles: “Hay la misma diferencia entre un sabio y un ignorante que entre un hombre vivo y un cadáver”. Vemos que para la manipulación de los niños utilizan diversas armas como el miedo, la agresión, la influencia que tiene en ellos la religión y las creencias tradicionales. Utilizan discursos agresivos, repetitivos, violentos y manipuladores, utilizando palabras y conceptos que no entienden y que jamás preguntarán que significan (“Preparados y dispuestos a morir. Sois ataúdes ambulantes. Tu rifle es tu vida, y tu vida es tu causa”).

Queda patente que a pesar de exigirles comportarse como adultos son niños que tienen miedo, dudas, que echan de menos a sus familias, su educación… Para ellos ahora la Hermandad de Sangre (facción más dura del FRU) es su única familia. Les forman en el manejo de armas y tácticas militares con un discurso manipulador y falso, ya que no buscan la libertad del pueblo, si no su control, para su propio beneficio. Dichas facciones de los grupos de liberación llevaban a cabo acciones atroces como cortar las manos de los que capturaban para evitar que votaran (“Sin manos no hay voto”).

Newton Aduaka

El nigeriano Newton Aduaka, director de la película Ezra.

A lo largo de la película se viven dos momentos paralelos, la mirada al pasado con el desarrollo y el crecimiento de Ezra a lo largo del conflicto, y el presente en el que se establece una Comisión para la verdad y la reconciliación cuyo objetivo no es juzgar a Ezra, sino que éste reconozca sus crímenes así como que el pueblo y él mismo puedan perdonarse (“Cerrar un horrible capitulo y renovar la esperanza. Los niños soldado son inocentes. Es un alivio no tener que dictar sentencia”).

Es interesante ver cómo en el momento pasado, Ezra manifiesta dudas y temores sobre lo que está pasando y lo que está haciendo, sin embargo, en el momento presente, durante el testimonio que ofrece a la Comisión, explica no recordar nada.

Durante todo el largometraje se observan las consecuencias que puede tener para un niño la inclusión en conflictos armados, la falta de educación, de arraigo y relaciones familiares, uso y abuso de sustancias tóxicas, embarazos no deseados, comisión de delitos bajo el influjo de estas. Ezra pasa 7 años alejado de su familia y de su pueblo, con las consecuencias que puede tener eso para su desarrollo personal.

Ezra_frame2Resulta curioso observar como en medio de tanto horror y muerte celebran la vida cuando Mariam, novia de Ezra se queda embarazada. Ezra, en ese momento cree que la Hermandad es su familia y le ayudará en su venganza, ya que sus padres mueren durante el conflicto, pero lo que Ezra no recuerda, ya que estaba bajo el influjo de las drogas, es que fue él quien mató a su familia.

También es útil observar cómo a diferencia de películas rodadas por directores americanos, no se limita a los tópicos desarrollados por estos en sus películas; ya que en el film también se observa que capturan o dejan que se enrolen mujeres, niñas, en los grupos armados. En las películas americanas o europeas se limitan a hacer ver a la mujer como un objeto que los grupos armados utilizan, principalmente para su satisfacción sexual.

Otra diferencia que podemos establecer con las películas americanas, es que en esta película Ezra se da cuenta durante el conflicto de que hay algo que está mal (“La guerra ha terminado para mí. Esto no es vida, nos dijeron que lo era y lo creímos. Pero ya no me lo creo”).

Quedan patentes los daños que a corto y largo plazo puede tener la utilización de niños soldados en los conflictos, para el propio país, y principalmente para ellos mismos, viéndose signos de estrés postraumático: insomnio, ansiedad, amnesia… También podemos observar que debido a la complejidad del asunto, hay momentos muy confusos para Ezra (“Luchábamos por la libertad. Si matar durante la guerra es un crimen, habría que juzgar a todos los soldados del mundo”).

Durante un largo e interesante diálogo que mantiene Ezra con su novia Mariam, ésta deja entrever los factores por los que ha surgido el conflicto armado: ansia de los gobernantes por quedarse con el dinero del pueblo (tráfico y explotación de diamantes de sangre), falta de libertad de expresión (el padre de Mariam es maoísta, y escribe artículos disidentes por lo que el gobierno pretende capturarle).

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Imagen de la película Ezra.

Otro asunto importante a considerar es la introducción de potencias extranjeras. En este caso, los ingleses, para sus propios intereses, ayudan al gobierno en la lucha armada para apoderarse de las minas de diamantes y del petróleo; a los grupos rebeldes les facilitan sustancias tóxicas para su total anestesia y control. Se observan durante toda la película la intervención de agentes externos e internos importantes para intentar conseguir la disolución de los grupos armados y el fin del conflicto, como los cascos azules de la ONU y la ONG Médicos sin Fronteras. También resalta la importancia que el desarrollo de estos conflictos tiene en los países fronteras con los países en guerra y dentro de su propio país, ya que se producen desplazamientos internos para la supervivencia o el exilio temporal (refugiados) a otros países para no alcanzar la muerte.

Por lo tanto resulta primordial que el director y escritor de la película conozca el conflicto en primera persona, ha vivido en esa realidad tan dura y como consecuencia de ello fue un desplazado interno en su país, Nigeria, para poder sobrevivir.

El ritmo de la película es bestial, siendo rápido en los momentos de horror y lento en momentos en los que es necesario reflexionar sobre lo que estás viendo. La banda sonora ayuda a respetar ese silencio en momentos clave. Por último se puede destacar un dato escalofriante y real que aparece el final de la película: “En el año 2000, unos 30.000 niños luchaban en más de 30 países. De estos, 120.000 en conflictos africanos. Siempre llegan más armas. Los diamantes de sangre, el petróleo y otros recursos se van. Los niños combaten, se perderá otra generación”.