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Aké Festival 2015, interactuando con la cultura africana

Aké es el lugar de nacimiento del único escritor subsahariano negro del continente africano ganador del Premio Nobel de Literatura, Wole Soyinka. En 1989 emprendió la escritura de su obra autobiográfica, traducida al castellano bajo el título Aké, los años de la niñez. En ella narraba, de manera extraordinaria su infancia, una época en la “que se mezclaba la vida tradicional africana, las relaciones y la presencia del mundo colonial”.

akelogoPero aquel Aké de Soyinka ha cambiado. Y desde el año 2013, se viene celebrando allí también el Aké, Arts & Book Festival, un evento que pretende impulsar la innovación artística del continente (de su parte anglófona, al menos) y que en esta tercera edición se ha consolidado convirtiéndose en uno de los festivales africanos más interesantes. Durante cinco días, bajo la dirección de la escritora Lola Shoneyin, se desarrolla un amplio y variado programa con actos literarios, culturales y artísticos que incluye talleres, lecturas, exposiciones, charlas, actuaciones, exhibiciones y mesas redondas.

Del 17 al 21 de noviembre, múltiples acontecimientos y nombres muy conocidos se han acercado hasta Abeokuta (Nigeria), desplegando un abanico cultural que muestra una vez más la riqueza y creatividad del continente. Lola Shoneyin explicaba, en los días previos a su comienzo, que el festival pretende avanzar en la línea ya iniciada de mostrar el radiante momento cultural que atraviesa África, al tiempo que lo promueve, lo desarrolla y también, cómo no, lo celebra.

Dentro del programa de este año, se han proyectado dos películas. Una basada en la vida del Doctor Denis Mukwege, la voz de la lucha contra la violencia sexual en África y ganador del Premio Sajarov en 2014. El film “The Man who mends women” que ha ganado diversos premios está dirigida por el belga Thierry Michel. La otra película proyectada ha sido “Ramata” sobre una historia basada en la novela negra del mismo título del autor senegalés Abasse Ndione. Además la finalizada edición ha contado con  un taller de creación de documentales.

Otra de las disciplinas que han protagonizado el Festival es el teatro. HEAR WORD! es una obra, basada en hechos reales, que trata sobre los verdaderos problemas que afectan a las mujeres de todos los rincones de Nigeria y que ofrece una visión íntima de sus vidas al tiempo que refleja la variedad de niveles socio-económicos en los que viven.

Mención aparte merecen las tres exposiciones, las 14 piezas pictóricas tituladas Sombras y sueños de Tina Abewodale, y la mirada íntima de la vida cotidiana africana que nos ofrece Andrew Esiebo a partir de sus fotografías. Pero ha destacado, sobre todo, la exposición que conmemoraba los 20 años del asesinato del escritor y activista Ken Saro Wiwa quien ha sido recordado en varios momentos a lo largo de estos cinco días.

La otra mitad del Festival es la literatura. En esta ocasión se ha hablado de 16 libros en 8 “Book Chat”. Estas charlas tienen una hora de duración y dan al público la oportunidad de interacturar con los autores que admiran. Cada uno de los “Book Chat” cuenta con dos escritores invitados y un moderador.

AKE-Festival-2015-Book-Chats.A la etíope-americana Maaza Mengiste (Benneath the Lions Gaze) le ha tocado departir con el liberiano Vamba Sherif (Bound to Secrecy) y a un Chris Abani que regresaba por primera vez a Nigeria tras 22 años (The Secret History of Las Vegas) charlar con EC Osondu (This House is not for Sale).

Mientras, la egipcia Mona Elthaway, la autora de Headscarves and Hymens (una extensión de su anterior “¿Por qué (ellos) nos odian (a las mujeres)?”) en el que relata los abusos y negación de derechos humanos que sufren las mujeres en muchas partes el mundo, hacía lo propio con Pius Adensami.  Tayie Selasie hablaba sobre su libro Ghana Must Go por primera vez en suelo africano y dirigía junto a Helon Habila y Nnedi Okorafor un taller de escritura, orientado a un grupo de 20 escritores dispuestos a mejorar sus habilidades y a preparar su trabajo para su posterior publicación.

Interesantes también han sido las 18 mesas redondas que se han organizado alrededor de temas de gran actualidad (“Desigualdad en África”, “Sátira y conciencia pública”, entre otros). Se echa de menos que no se ha colgado en la página web del festival ningún video, audio o resumen de lo que se ha debatido tanto en estas Book Chat ni en las múltiples mesas redondas que se han ido desarrollando.

Una de las mesas ha tratado sobre “El crecimiento de la ficción especulativa en África” con Dilman Dila, Nnedi Okorafor, quien asombró al público cuando confesó que la habían “llamado bruja y otras cosas” por escribir ciencia ficción, y Mehul Gohil. En otra de las mesas se habló sobre las narrativas Queer africanas, moderada por Bisi Alimi, con Zukiswa Wanner, Tendai Huchu y el escritor Jude Dibia cuyo debut literario, Walking with Shadows, está considerado como la primera novela nigeriana en la que el protagonista es un hombre homosexual. En un continente en el que 35 países criminalizan al colectivo LGBTI discutieron sobre la necesidad de acabar con esta persecución y dieron datos sobre el alto número de personas LGBTI que existen en la actualidad en Nigeria para constatar que no es algo anecdótico.  La escritora sudafricana Zukiswa Wanner habló sobre la situación en su país y mencionó “Veil of silence” el primer documental nigeriano sobre el colectivo, como necesario “ya que, por desgracia, no todo el mundo lee”.

Pero, además, el Festival ha sido punto de encuentro para blogueros que escriben sobre literatura africana, concediéndoles otra mesa redonda moderada por Kate Haines. Allí estuvieron  Kinna Likimani  autora de kinnareads.com y  Zahrah Nesbitt-Ahmed de bookshybooks.blogspot.com, junto a Emmanuel Iduma de la revista on line Saraba y Ainehi Edoro que está detrás de Brittlepaper.com. Ellos suplen, a menudo, a pesar de tratarse de opiniones personales, la falta de información que otros medios no proporcionan. Y en el caso de Saraba dan oportunidad a las nuevas voces para que puedan publicar sus trabajos que de otro modo tendrían difícil el acceso al público.

Son muchas las personas que han pasado por Abeokuta estos días (incluso Veronique Tadjo) y muchas las que han trabajado para que sea posible. Muchas también las actividades que se han organizado además de las mencionadas (feria del libro, visitas escolares, conciertos musicales, encuentro de feministas…). El Festival ha conseguido dar a conocer, difundir y encender nuevas llamas en el mundo africano anglófono. Y, sobre todo, ha demostrado que hay allí mucho talento y creatividad, mucha inteligencia y pensamiento crítico, y mucha alegría y ganas de disfrutar además. Wole Soyinka puede estar satisfecho con su nuevo Aké.

 

Ecos de un Nobel comprometido

Ngũgĩ wa Thiong’o. Fuente: web del autor.

Ngũgĩ wa Thiong’o. Fuente: web del autor.

Ngũgĩ wa Thiong’o aparece como un escritor tan militante como íntegro, tan brillante como comprometido, tan perseguido (en su Kenia natal) como reconocido (internacionalmente). Ahora su nombre aparece en las quinielas como uno de los principales acreedores del Premio Nobel de Literatura, cuyo ganador está previsto que se haga público mañana. No son muchos los autores africanos que han recibido este galardón, aunque sí que ha habido ocasiones en las que algunos literatos del continente han muerto sin recibir este reconocimiento a pesar de las previsiones. El caso más conocido sin duda es el del recientemente fallecido Chinua Achebe, del que una de las cosas que más ha trascendido es que se convirtió en el eterno aspirante al galardón.

La trayectoria de Wa Thiong’o, sin embargo, está claramente marcada por su militancia. Se trata de uno de los rasgos fundamentales de su obra, pero también de su vida. Ambas han estado marcadas por el compromiso, pero también por las consecuencias de esa implicación. Algunas anécdotas alimentan el mito del escritor. Unos aseguran que el novelista, dramaturgo, periodista, cuentista y ensayista keniano escribió su quinta novela Caitaani mutharaba-Ini  (EL diablo en la cruz) en papel higiénico, mientras estaba encerrado en la prisión de máxima seguridad de Kamiti; otros, que lo hizo en los márgenes y entre las líneas de la Biblia que había en su celda. En todo caso, Ngũgĩ wa Thiong’o estaba encarcelado por denunciar las injusticias del sistema postcolonial, por acercarse a los desfavorecidos para convertirse en su voz ante las desigualdades y por hacer de sus obras un auténtico altavoz de la justicia social.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

Ngũgĩ wa Thiong’o firmando autógrafos en Londres en Londres. Foto: David Mbiyu, a través de Wikipedia.

A pesar de que en sus primeras obras, la descolonización y los abusos de los británicos en su Kenia natal es la principal preocupación del autor, Ngũgĩ wa Thiong’o mostró una envidiable coherencia cuando redirigió sus críticas a las nuevas castas postcoloniales, como las responsables de las desigualdades después de la independencia. El resultado fue que el autor fue perseguido y castigado sucesivamente por los dos primeros presidentes kenianos, primero Jomo Kenyatta y después Daniel Arap Moi. Fue bajo el régimen de este segundo cuando se vio obligado a exiliarse de manera casi definitiva. Intentaron ir cerrándole puertas, primeros las de las universidades, después de las de su país, e intentaron hacer lo mismo con las de su vida, pero como no lo consiguieron tampoco llegaron a silenciarle. El autor keniano ha seguido escribiendo y ha seguido siendo incómodo, además de los planes para asesinarlo y de los manejos diplomáticos para que no encontrase refugio, sus libros estuvieron proscritos durante décadas en Kenia. Él mismo no pudo regresar al país hasta 2004, veintidós años después de su partida, en una visita, con tintes traumáticos, a pesar de que su principal perseguidor ya no gobernaba.

Más allá de los argumentos de sus obras, el autor ha plasmado su compromiso en alguno de los rasgos de sus trabajos y, precisamente, las acciones en su contra, no han hecho sino afianzar sus convicciones. Su ingreso en prisión fue definitivo para que decidiese abandonar el inglés como lengua de sus obras literarias y pasó a escribir en kikuyu. Ya lo había hecho con sus obras teatrales que han sido su principal punto de encuentro con los desfavorecidos. Durante su época en Kenia, Wa Thiong’o ensayó fórmulas de creación de textos junto a los propios autores amateurs y alguno de los lugares en los que se representaron sus obras fueron arrasados (textualmente) por la dictadura.

Por lo que se refiere a sus ensayos, el aspirante al Nobel firmó, entre otros, Descolonizar la mente un título bien representativo de la postura del escritor que pretendía desde la propia independencia de su país valorizar la trayectoria literaria africana. Como medida simbólica durante su época universitaria keniana se había opuesto al nombre del departamento en el que se inscribía. Wa Thiong’o consideraba que Departamento de Inglés podía sustituirse por Departamento de Literatura y que este movimiento representaba un respeto por el continuo cultural que coloca a África en el centro, como punto de referencia respecto al resto.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Sin embargo, las quinielas que colocan al escritor keniano como uno de los mejor situados ante la presente edición del Premio Nobel de Literatura no juzgan su trayectoria militante. Desde su tercera novela en 1967 A Grain of Wheat, el escritor ha explorado modificaciones estilísticas, construyendo elaboradas líneas argumentales con puntos de vista diferentes. Además, en una de sus últimas obras, publicada en español como El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o se convirtió en uno de los abanderados del realismo mágico africano, un estilo que muestra la importancia del contacto entre el mundo visible y el invisible en el continente.  Además de esta última novela (después sólo ha publicado un ensayo y otro volumen de sus memorias) se han traducido al español Matigari, El diablo en la cruz y Un grano de trigo.

No deja de resultar curioso que la advertencia del posible reconocimiento del escritor keniano venga de las casas de apuestas británicas. El secretismo que envuelve el premio literario más reputado del mundo, cuyas nominaciones no se hacen públicas, se rompe en los mismo lugares en los que se apuesta por los eventos deportivos. Teniendo en cuenta que la carga comercial del premio no es ninguna sorpresa, quizá, si mañana el nombre de Ngũgĩ wa Thiong’o suena en Estocolmo, además del reconocimiento de la literatura africana, nos resulte más sencillo acceder a sus obras. En el peor de los casos, al menos, se hablará de este tremendo escritor, al que ya se ha colocado a la altura de figuras como la de Wole Soyinka o Chinua Achebe.

Adichie y Bulawayo marcan el paso

Portada del número de dicembre de New African Magazine, con la lista de los 100 personajes más influyentes del continente

Portada del número de dicembre de New African Magazine, con la lista de los 100 personajes más influyentes del continente

Ya se ha hecho pública la lista de los cien africanos más influyentes del año que elabora la revista New African Magazine. Puede parecer extraño que aparezca esta noticia en la sección de Letras Africanas, pero nos interesa el hecho de que en esa clasificación hay escritores, concretamente escritoras. Dos y las dos mujeres. Se trata de, como no podía ser de otra manera, Chimamanda Ngozi Adichie y NoViolet Bulawayo, ambas destacadas en esta sección en artículos anteriores.

Los propios editores de la lista advierten que la influencia es una característica que “siempre genera debate” y advierten que es evidente que no hay porqué estar de acuerdo con la clasificación que ellos elaboran. En la edición de diciembre, que recoge el especial sobre la lista, los responsables de la publicación explican que la influencia no es equivalente a la popularidad y que lo que se valora en este inventario es, en realidad, la capacidad de impacto público, social y político de los discursos de sus protagonistas. Si nos ha llamado la atención la lista, no ha sido por el hecho en sí que huele a recapitulación de fin de año, sino el espíritu que la anima y que sus promotores ponen de manifiesto cuando dicen recoger los nombres de los africanos que han tenido “un impacto significativo y que han ayudado a reformular el panorama del continente en los ámbitos en los que trabajan”. “Contribuyeron a la redefinición del discurso africano en 2013 y creemos que jugarán un papel muy importante en el año 2014. ¡Es de esperar, por el bien de África!”, asegura un texto que explica el objetivo de la lista.

Empecemos con las malas noticias, para que al finalizar la lectura nos quede buen sabor de boca. Bien, pues la principal mala noticia es que se podría decir que la literatura ha perdido peso en esta lista. En la edición de 2012, entre modelos, músicos o actores, aparecían cinco escritores, en total. Y su presencia no era para nada discutible, ya que nos encontrábamos nombres como los de los nigerianos Wole Soyinka o Chinua Acheve o el sudafricano JM Coetzee. La enumeración de literatos influyentes se completaba con la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie y el ghanés Ayi Kwei Armah (posiblemente el más desconocido de todos ellos).

La renta ha bajado en esta última edición y sólo las escritoras Adichie y Bulawayo se han podido colar entre los africanos con más ascendencia moral. En realidad, quizá no sea justo decir que Adichie se ha colado. Repite por segundo año, algo que no es demasiado habitual, así que se puede decir que el lugar es suyo, de pleno derecho.

Chimamanda Ngozi Adichie. Fuente: Wed de New African Magazine.

Chimamanda Ngozi Adichie. Fuente: Wed de New African Magazine.

En 2012, Chimamanda Ngozi Adichie era incluida, fundamentalmente, en la lista por su espectacular carrera y por brillante proyección. Se valoraba el éxito de ventas de sus, entonces, tres libros y el previsible éxito de la película basada en su novela Medio sol amarillo. Y el “¿qué será lo siguiente?” que se planteaban los autores de la lista era suficientemente representativo. La revista recogía una de aquellas frases en las que Adichie ensalza la capacidad de la literatura para construir y transformar la sociedad, que en Wiriko nos fascinan, como ya hiciera en su archiconocido discurso de TED Talks: “Muchas historias son importantes. Las historias han sido utilizadas para despojar y calumniar. Pero también pueden utilizarse para potenciar y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo. Pero también pueden reparar esa dignidad rota”.


‘Americanah’ by Chimamanda Ngozi Adichie por tvnportal

En 2013, sin embargo, los motivos de la presencia de Adichie en la lista de los 100 africanos más influyentes se han modificado ligeramente. En este caso, se habla de la presentación de su obra Americanah, que era posiblemente la primera de sus novelas a la que se le coloca delante el calificativo de “esperada” y del estreno de la adaptación al cine de Medio sol amarillo. Se diría que la autora nigeriana ha madurado, pero lo que más se valora en New African Magazine es que no se ha acomodado. Es una escritora con las responsabilidades de una autora consagrada, pero sigue tan controvertida e incisiva como cuando era apenas una desconocida o una promesa. Continúa dispuesta a poner el dedo en la yaga de “los temas difíciles de la raza, el género y la política”. Evidentemente, los ecos de su reflexión sobre la historia única aún no se han silenciado y eso también pesa. Sólo en el canal oficial de TED en Youtube el video ha sido visto más de un millón de veces (sin contar el resto de plataformas que lo han replicado y compartido) y todavía hay gente que lo sigue descubriendo como si lo hubiese pronunciado ayer. De nuevo, uno de los valores de la escritora es que tiene mucho camino por delante. Esta audacia se plasma en la frase que la revista recoge de Adichie: “Soy una persona que cree en el inconformismo… Estoy profundamente insatisfecha por las injusticias y la manera de funcionar del mundo… mi insatisfacción me lleva a escribir”.

NoViolet Bulawayo. Fuente: Web de la revista New African Magazine

NoViolet Bulawayo. Fuente: Web de la revista New African Magazine

Quizá resulte más sorprendente la inclusión de la zimbabwense NoViolet Bulawayo en esta lista. Sin embargo, cómo lo vamos a discutir nosotros si titulamos el artículo que le dedicamos en esta sección “NoViolet Bulawayo, el nacimiento de una nueva estrella”, casualmente una idea muy similar a la que formulan los responsables de la lista de New African Magazine que parece que nos interpelan cuando afirman: “No cabe duda de que, verdaderamente, una nueva estrella de la literatura femenina africana ha nacido”. Curiosamente Bulawayo comparte con Adichie un cierto espíritu indómito y da la sensación de que, al igual que ocurre con la nigeriana, el inconformismo lleva a la zimbabuense a escribir. Al menos, eso es lo que se extrae de la frase que New African Magazine reproduce: “Crecí en una época muy diferente en Zimbabue; como parte de la primera generación de niños nacidos después de la independencia, experimenté la estabilidad, el éxito y la normalidad y, por supuesto, el Zimbabue que recuerdo se ha desaparecido terriblemente”.

Noviolet Bulawayo, interview at launch of ‘We Need New Names’ from British Council Arts on Vimeo.

Los méritos de Bulawayo son la consecución del Caine Prize en 2011 y la nominación al Man Booker Prize (que, finalmente, no consiguió), pero sobre todo están en las líneas de We Need New Names, que todavía no ha sido traducido al español (¿alguna editorial se anima? Probablemente, el de su libro ha sido el lanzamiento más exitoso y con más repercusión de la primera novela de una autora africana, aunque seguramente esta percepción sea tan subjetiva como la propia lista de los 100 africanos más influyentes.

Nos gustan las escritoras que se han incluido en esta lista, aunque sólo sea como excusa para dar visibilidad a la literatura africana, pero para la del año 2014, señores de New African Magazine, ¡sean un poco más generosos con la literatura!

La manzana de Guillermo Tell maduró en Nueva York

Cartel del 20 aniversario del Festival de Cine Africano de Nueva York

Cartel del 20 aniversario del Festival de Cine Africano de Nueva York

Son veinte años de Festival de cine africano de Nueva York en los que se ha ofrecido al público una visión hacia el futuro de las cinematografías del continente poniendo de relieve nuevas y viejas tendencias. En estos poco más de veinte de días que faltan para que la capital cultural de Estados Unidos inaugure su muestra de cine (del 3 al 9 de abril) queríamos vincular los preparativos con las palabras que el premio nobel Wole Soyinka pronunciaba en su conferencia “Un nombre es más que la tiranía del gusto” en el reciente FESPACO 2013. Por cierto, os acercaremos de primera mano los acontecimientos neoyorkinos de la mano de la especialista Beatriz Leal Riesco, ¡todo un privilegio!

Queríamos empezar con la leyenda de Guillermo Tell, ¿la conocéis? Cuenta que el gobernador de Altdorf, Hermann Gessler detuvo a Guillermo Tell por desobediencia y, como sabía de su habilidad como ballestero, le obligó a disparar una flecha contra una manzana colocada sobre la cabeza de su propio hijo. Si Tell acertaba, sería liberado de cualquier cargo. Si no lo hacía, sería condenado a muerte. Tell introdujo dos flechas en su ballesta, apuntó y, acertó en la manzana sin herir a su hijo. El gobernador Gessler le preguntó el motivo de la segunda flecha y Tell le contestó que estaba dirigida al corazón de él –del gobernador– en el caso de que la primera flecha hubiera herido a su hijo.

La leyenda de Guillermo Tell.

La leyenda de Guillermo Tell.

El poder es transitorio, mientras que la libertad es eterna. FESPACO clausuró con un sobresalto retardado al estilo Hitkcoch: el cine digital entrará a concurso en la edición de 2015. En estos dos años que quedan por delante se verá, como explicaba Soyinka, cómo los cineastas participarán en una batalla de producción y costes pero “batalla que no tiene que desesperar a nadie, ni cargar con culpa alguna: simplemente hay que seguir haciendo cine”. En estos menesteres se encuentran los festivales de cine africano: con la empresa de visibilizar el cine africano. El que ya se hecho, el que se hace y el que tiene que venir. Sea en celuloide o digital. Y de eso sabe mucho la Gran Manzana. Por cierto y como metáfora de la segunda flecha, algunas de las películas que se presentarán en el Festival de Nueva York cuestionan nuevamente los roles Norte-Sur o Gessler-Tell.

Este año el lema de la muestra es “Mirando hacia adelante: 20 años del festival de cine africano de Nueva York”. El cartel de este año rendirá homenaje al maestro senegalés Ousmane Sembene y a la primera generación de cineastas, pasando el testigo a una nueva ola de narradores visuales africanos, que siguen transformando nuestra comprensión y la visión del continente. Re-visitar el trabajo de Semebene siempre aporta claridad, y ofrece una visión, muy concreta, eso sí, de muchos de los temas que se están discutiendo hoy día.

Apostillaba Soyinka en su conferencia que “después de todo las películas necesitan capital; exigen subsidio. Y, sobre todo la generación más joven necesita un impulso”. Si las políticas públicas no favorecen la producción de películas quizás los directores hagan utilizar la segunda flecha de la ballesta. En palabras de Soyinka: “Puede ser que se refleje en las nuevas producciones hechas con bajo coste, la corrupción, por ejemplo”. En breve os traeremos noticias desde una Gran Manzana con sabor africano.