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Inxeba: ¿cómo explorar la homosexualidad en el seno de la cultura Xhosa?

El cine estaba repleto en el Festival Internacional de Cine de Durban. Las preguntas eran muchas y las incertidumbres de cómo una película escrita por un director blanco sudafricano podía abordar un tema tabú como la homosexualidad sobrevolaban el auditorio. ¿Se permite a alguien mostrar los secretos de una cultura que no es la propia? Inxeba, del realizador John Trengovel, consiguió meterse al público en el bolsillo con una historia franca y hermosa sobre el amor estirando las pulsaciones y sincopando la respiración de más de uno. El cine es controversia.

Inxeba explora de forma rígida e inquebrantable la masculinidad negra situándolo en un entorno aún más silencioso, la iniciación Xhosa. Además, el director construye su mundo con ángulos de cámara íntimos y fotos de naturaleza encantadoras. Es probable que se hagan comparaciones con la película Brokeback Mountain (2005), pero el poder, la gracia y la singularidad de la historia, unidas a la hábil ejecución, exigen que Inxeba sea abordada por sus propios méritos.

Los amigos de la infancia Xolani (interpretado por el genial Nakhane Touré) y Vija (Bongile Mantsai) aman. Hacen el amor. Sin mediar palabra. Pero no hay futuro aquí ni en ningún otro lugar para ellos. Vija, un macho alfa, está casado y acaba de tener su segundo hijo. Xolani es un trabajador gay que trabaja en una fábrica y que no puede vivir su vida debido a su orientación sexual. Esta temporada tendrán que cuidar de cuatro jóvenes iniciados y su propio mundo interior será golpeado una y otra vez. La intersección entre la masculinidad (a menudo tóxica) y la tradición de esta película es una pieza muy importante que sigue a Skoonheid (Belleza) de Oliver Hermano una línea de trabajo que visibiliza afortunadamente una realidad a menudo difícil y áspera no solo en el entorno sudafricano.

INXEBA ganó los premios de mejor director para John Trengrove y al mejor actor para Nakhane Touré en el Festival Internacional de Durban el pasado sábado 22 de julio. Se estrenó en competición en el DIFF, y compitió contra Serpent (Sudáfrica), Le Clair Obscur (Turquía), La Belle et la Meute (Túnez), El Hombre que Cuida (República Dominicana), Asinamali! (Sudáfrica), Liyana (Sudáfrica), Atanyn Kereezi (Kirguistán) y Basta (Marruecos).

Esperamos desde Wiriko poder proyectarla a partir del próximo curso y continuar el debate.

Salym Fayad: “En Colombia se están creando espacios para la reconciliación a través del arte”

Cine Tonala, Bogota.

Wiriko este año ha contribuido a promocionar la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA) como medio oficial. Un encuentro bianual que se hace cada vez más importante en el país y que cuenta con un elenco de profesionales concienciados en que a través del arte y la cultura se pueden abrir brechas a partir de las cuales mostrar otras realidades y formas de compartir experiencias de éxito en esta tarea de crear un mundo más justo. Uno de los cofundadores de la MUICA es Salym Fayad, fotógrafo, realizador y periodista independiente colombiano que desde 2008 vive en Johannesburgo trabajando temas tan diversos como la promoción musical, el intercambio cultural o reportajes que cubren desde la cultura pop hasta lo más tradicional, e incluso los derechos humanos. La idea del MUICA surgió de hecho en Sudáfrica en 2014 gracias al trabajo con Marcela Asensio y Ángela Ramírez realizadoras cinematográficas, también colombianas con las que crearon la fundación Otro Sur. En 2015 se celebraría en Colombia la I MUICA. Y hace algunas semanas finalizaba esta segunda entrega de un evento fundamental.

Salym, este puente entre Sudáfrica y Colombia ¿a qué se debe? ¿Hay similitudes entre estos dos países?

Hay muchas. Primero desde el lado humano: calidez, sociedades abiertas, orientan a los extraños, ayudan al recién llegado. Es algo que he percibido en mis viajes tanto en América Latina como en África. Por otro lado, hay similitudes de tipo histórico y social. Algunas naciones en África vienen de pasados o presentes traumáticos como el que vivimos en Colombia en el que hemos pasado 52 años en guerra y, hasta ahora, estamos intentando salir o, mejor dicho, iniciar un nuevo ciclo histórico, social y político. Hay naciones africanas que están pasando por el mismo proceso como por ejemplo Sudáfrica que también salió de un proceso traumático después de pasar 50 años de apartheid. Y aunque han pasado más de 20 años hay enormes similitudes y enormes cicatrices en este país que también se relacionan con Colombia y que se reflejan en temas como la desigualdad, la criminalidad e incluso la corrupción. Desde luego el tema racial también es otra similitud.

Salym Fayad presentando una proyeccioón de la MUICA en el Cine Tonala, en Bogota.Foto: Carlos Santos.

Cuando explicas en el contexto de Johannesburgo que eres colombiano ¿qué imagen tienen de tu país?

Por lo general ninguna. Al igual que si en Colombia hablo de Guinea Bissau o Togo. Mucha gente cree que Colombia queda en América del Norte, muchos la confunden con Cuba, incluso. Y cuando se tienen referencias los clichés apuntan hacia Shakira o Pablo Escobar. De hecho, la serie de Netflix ha contribuido a popularizar un imaginario sobre mi país un poco glamurizado o romantizado de uno de los períodos más nefastos de nuestra historia reciente. Una etapa de la que todavía no nos hemos recuperado o digerido como sociedad. Brasil, por ejemplo, tiene una conexión más fuerte con los países africanos a nivel comercial y diplomático.

Y de forma inversa, ¿cuál es la imagen que llega a Colombia de África y de Sudáfrica en particular?

Pues llegan los mismo estereotipos de siempre que se acentúan por la falta de información. Salvo la ocasional nota sobre Boko Haram, el espacio que los medios colombianos dedican a África es mínimo y la información que llega desde el terreno es prácticamente nula y la voz de los autores, reporteros o artistas africanos es inexistente. En Colombia ha surgido en los últimos años una tendencia a reivindicar nuestras raíces africanas. Es una reivindicación necesaria, pero que llega tarde, aunque afortunadamente ya está sobre la mesa. Y lo hace en el marco del decenio de la afrodescendencia declarado por Naciones Unidas y en el contexto de los acuerdos de paz y de post conflicto por los que atraviesa el país. En estos, se hace énfasis en el reconocimiento a las víctimas del conflicto armado, miles de las cuales son afrodescendientes. Y esta reivindicación se refleja en la producción musical o cinematográfica del país. Sin embargo, desde mi modo de ver, muchas veces estos acercamientos tienden a romantizar ciertos imaginarios sobre África como origen que, aunque sean positivos, también son estereotipos con frecuencia simplistas con los que se hace poco esfuerzo por reconocer realmente sus complejidades y sus múltiples dimensiones.

Sobre Sudáfrica llega información, pero también está estereotipada: Mandela, el post conflicto, la comisión de la verdad y la reconciliación, en resumen: sobre la sanación social en general. Estas visiones tienden a obviar las complejidades de las realidades sudafricanas, donde la idea de “la nación del arcoíris” es un mito, donde la desigualdad es enorme, y donde las tensiones raciales son evidentes. Ahora, el caso sudafricano es un referente muy valioso que aporta mucho a la discusión en Colombia sobre cómo asumir el postconflicto como nación. Pero creo que no se problematiza lo suficiente.

Por otra parte, personalidades sudafricanas implicadas en el proceso de reconciliación han visitado Colombia para hablar de la experiencia de su país, pero han sido en su mayoría blancos y no negros que fueron las víctimas reales durante el apartheid y quienes están en una posición más clara para hablar/nos de perdón. Entre estas personalidades se encuentran el último presidente de la era del apartheid, Frederik de Klerk que compartió el Nobel de la paz junto a Nelson Mandela. Una figura que en su país está muy lejos de ser percibido como un pacificador.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion de la 1a version de la MUICA en Cali.

Colombia atraviesa un momento político y social crucial tras el referéndum para la paz. ¿Cuál es el contexto en el que se celebró la MUICA?

Como he mencionado, Colombia estuvo inmersa en un conflicto armado durante 52 años y después de 4 años de negociaciones en la Habana (Cuba) –y después de varios intentos fallidos de varios gobiernos para llegar a algún acuerdo con las FARC, la principal guerrilla del país– a finales del año pasado se firmó un acuerdo. Este es un contexto que a nivel social tiene muchas implicaciones que se ponen sobre la mesa: el problema del narcotráfico que durante décadas ha financiado el conflicto armado y la violencia; el tema de los desplazados ya que desde hace muchos años mi país está entre los 3 primeros del mundo en términos de desplazados internos, actualmente unos 6 millones de desplazados por la violencia; el papel de las tierras; el papel de las víctimas; los asesinatos a líderes indígenas que en este año van más de 40… Habiendo dicho esto, hay una oposición, un sector que se opone a los acuerdos y que ha dividido mucho a la sociedad.

La MUICA se celebró en un contexto de mucha esperanza y donde hay también mucho movimiento desde la sociedad civil. La población está haciendo muchos esfuerzos por crear espacios de diálogos para que las víctimas se expresen y para esto se está utilizando mucho el arte:3 las canciones, la tradicional oral, pero por supuesto también el cine. El momento ha generado una corriente cultural que busca formar parte en todo este proceso de reconciliación y sanación en Colombia.

¿Entonces la MUICA intenta contribuir a este nuevo espacio de diálogo en el país con la muestra de cines africanos?

Creemos que hay un vacío cultural muy grande en cuanto a las relaciones culturales y a los conocimientos con África y sus expresiones culturales. Creemos que a través del cine podemos tener acceso a esa multiplicidad de realidades africanas que en muchos casos desconocemos en Colombia, pero que a la vez son narradas por los artistas africanos y no desde una mirada occidental. No se trata solo de conocer las dimensiones sociales y culturales sobre África, sino de conocer cuáles son los métodos o las formas narrativas que utilizan esas voces para contar su propia realidad. Pero la razón de ser de la MUICA no es solamente concentrarnos a nivel racial como decía antes, sino porque los países del llamado Sur Global compartimos muchísimas cosas a nivel social. Además, nuestro interés también es artístico porque consideramos que a través de estas narrativas podemos ampliar nuestros horizontes sobre África.

La comunidad afro en Colombia ronda los 4 millones de personas según el último censo de 2005. 12 años después ¿esa población se mantiene? ¿Ha aumentado?

A pesar de que esas son las cifras oficiales más recientes, de hace más de 10 años, hoy en día se calcula que aproximadamente la cuarta parte de la población colombiana es afrodescendiente. Su presencia se ha visibilizado en muchos casos por las razones equivocadas, como por ejemplo las altísimas cifras de desplazados por el conflicto que provienen de estas zonas. Este 25 por ciento, sin embargo, que equivaldría a unos 10 millones de personas, no se traduce en términos de representación política ni de distribución económica. Gran parte de la población afro se concentra en el departamento del Chocó, en la costa Pacífica, que es además una de las regiones más pobres y menos desarrolladas del país, y además una de las más perjudicadas por la violencia.

Proyección en el distrito de Siloe, Cali. Foto Salym Fayad.

Y eso de itinerante… ¿tiene algo que ver con la dispersión de la comunidad afro en el país?

En parte sí, pero no solo eso; sino también con desplazar el centro de poder y de la oferta cultural en el país. Es decir, de Bogotá, la capital. La MUICA se realiza también en Cali y Cartagena, dos de las ciudades que cuentan con una alta concentración de población afrodescendiente. También hemos llegado a la isla de Providencia en el Caribe. Las ciudades tienen también una rica oferta cultural, pero que en muchos casos en el país está regionalizada. Es normal que ciertos productos culturales se consuman más que otros en diferentes regiones, pero creemos que la programación de la MUICA le habla, o le puede hablar, a toda Colombia. Tanto por la propuesta estética de algunas de las cintas como por su contenido. Hemos programado películas que abordan temas que son de gran relevancia en el contexto del postconflicto en Colombia. Algo Necesario, de Judy Kibinge y Materia Gris, de Kivu Ruhorahoza, que reflexionan sobre cómo gestionar el trauma tanto a nivel individual como a nivel social en un ambiente que ha sido marcado por la violencia. También Mandela, el mito y yo, de Khalo Matabane, hace un retrato tan personal como crítico sobre el legado del icono de la reconciliación en Sudáfrica.

Pero las itinerancias de la MUICA no solo llegan a las principales salas en centros urbanos. También hemos hecho proyecciones en colegios, en barrios periféricos –algunos de ellos con mayoría de población afrodescendiente–, en parques, plazas, bibliotecas y espacios públicos. La intención ha sido un año más, la de diseminar este contenido cultural hasta donde sea posible, y que todo tipo de público se pueda relacionar con éste porque lo encuentra entretenido, porque se puede relacionar con su contexto inmediato, por su origen histórico, o por el contexto general de la realidad nacional.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion-apertura de la 1a version de la MUICA en Cali. Foto: Salym Fayad.

¿Nos puedes contar cuál ha sido el recibimiento en las ciudades que han acogido la muestra?

El recibimiento ha sido muy positivo. La primera MUICA en 2015 nos permitió ver el interés –o curiosidad– del público por este tipo de contenido, que en Colombia nunca había sido exhibido en esta escala. Eso nos animó a ampliar el catálogo (este año hemos proyectado 20 títulos) y nuestro alcance. Hemos recibido una gran cantidad de invitaciones para replicar la muestra en otras ciudades, como Medellín, la segunda ciudad más grande del país, pero también a otras como Valledupar, Manizales o Ibagué. También en ciudades como Buenaventura o Quibdó en la región del Pacífico, urbes de mayoría afrodescendiente, en las que además hay muy poca exposición al cine que no sea de consumo masivo, y que tienen sus propios desafíos en términos logísticos, de infraestructura, de difusión y de creación de públicos.

Habéis contado con el camerunés Jean Pierre Bekolo en Bogotá. Cuéntanos cómo fue, ¿cuáles han sido las impresiones del director?

Jean Pierre Bekolo es quizás el realizador camerunés más destacado actualmente, no solo por los premios que ha recibido en el pasado en festivales como FESPACO y Cannes y por los cargos que ha ocupado en organizaciones como la World Cinema Alliance y Guild of African Filmmakers, sino porque su lenguaje cinematográfico es atrevido, experimenta con elementos narrativos poco convencionales y sus películas con frecuencia reflexionan sobre el quehacer cinematográfico a la vez que hacen un comentario social o político. En la MUICA programamos dos de sus títulos: Las Sangrientas (Les Saignantes) El Presidente (Le président); la primera es considerada la primera película de ciencia ficción del continente y la segunda es un falso documental que hace referencia al presidente de Camerún y que fue censurada en el país.

Tenerlo como invitado abrió una ventana para el intercambio cultural que estamos buscando. Para muchos de los asistentes a sus películas, como lo expresaron durante sus charlas y sesiones de preguntas después de las proyecciones, el único referente que tenían de Camerún es que su equipo de fútbol eliminó a Colombia del mundial de Italia en 1990. Y ahora tenían en frente a un artista de vanguardia hablando de afro-futurismo, poscolonialismo cultural, de las dinámicas de la representación en el cine de y fuera de África. Bekolo sostiene que se pueden plantear soluciones o transformaciones a nivel social desde el cine, que puede ser una herramienta para sanar nuestros traumas pasados, la violencia del colonialismo o de la desigualdad, que es un espacio de reflexión que incluso desde la ficción puede contribuir a la reconstrucción social. Esto es muy relevante en el contexto colombiano y así lo percibió el público y los cineastas colombianos que asistieron a sus charlas. Para él, este intercambio también fue muy enriquecedor; estar expuesto al público y a los realizadores afrocolombianos, escuchar sus inquietudes sobre cómo narrar historias sobre sí mismos y cómo se perciben en el panorama general del país. De hecho, expresó su interés en trabajar en un proyecto cinematográfico propio en la región del Pacífico colombiano.

JP Bekolo durante el MUICA, Bogotá, Colombia. Foto: Salym Fayad.

Tu experiencia de trabajo en África te ha permitido entrar en contacto con cineastas y trabajadores de la industria cinematográfica. ¿Cómo ves el sector después de que seamos conscientes de la cada vez más acuciante dinámica de nuevos festivales de cine en el continente?

Muchos de los cineastas y programadores con los que he conversado coinciden en que el sector se está fortaleciendo en el continente, tanto a nivel de producción como de exposición. Cada vez más se están desafiando las categorías de los géneros cinematográficos, y la tecnología misma está abriendo la oportunidad para que realizadores emergentes o independientes puedan producir piezas de gran calidad técnica sin depender de enormes presupuestos o equipos de producción. También hay festivales establecidos que son una plataforma fundamental para que los realizadores exhiban su trabajo en el continente: FESPACO (Burkina Faso), el festival de Durban (Sudáfrica), el de Zanzíbar (Tanzania), el de Cartago (Túnez), el del Luxor (Egipto), por nombrar algunos. Sin embargo, hay problemas de base que son conversación habitual entre los miembros del sector: existe una enorme escasez de salas de proyección en muchos países, y aún existe una gran dependencia de la financiación europea para la gestión de festivales de cine y para la realización cinematográfica en África. También para la difusión y distribución de las películas. Esta dependencia en muchos casos compromete la creatividad de los realizadores que, en ocasiones, deben moldear sus propuestas iniciales para satisfacer las exigencias de las organizaciones que financian sus proyectos. Esta dependencia a veces se traduce también en la cesión de los derechos de difusión y proyección a las organizaciones europeas, de manera que algunos realizadores pierden también el control sobre la difusión de sus propias obras.

¿Es verdad eso de que Sudáfrica es punto y aparte a nivel de cine?

Aunque la industria cinematográfica en Sudáfrica también se enfrenta a enormes desafíos, es cierto que el país tiene instituciones más fuertes para el apoyo a los proyectos culturales. Por esto mismo los realizadores tienen un poco más de independencia en la ejecución de sus proyectos. Sudáfrica tiene además su propia red de festivales internacionales que van desde los de Durban y Johannesburgo hasta el festival de documental Encounters, Tri-Continental y el Out in Africa Gay and Lesbian Film Festival, entre otros. Hay que tener en cuenta también que Sudáfrica está mejor equipada que otros países en términos técnicos, y que además la libertad de expresión en el país es más amplia que en otras naciones, lo que permite también a los realizadores abordar temas sociales y políticos con mayor libertad creativa.

¿Qué otras industrias/países recomiendas seguir de cerca?

La industria en Kenia se está fortaleciendo y hay realizadoras como las que hemos programado este año Judy Kibinge o Wanuri Kahiu (directora del corto de ciencia ficción Pumzi, 2009), así como el colectivo The Nest (Stories of Our Lives, 2014) que están haciendo desde la ficción un trabajo muy interesante sobre temas sociales, ambientales y de género, éste último desafiando las represivas leyes contra la comunidad LGBTI en el país. La producción cinematográfica en Burkina Faso tiene quizá menos alcance a nivel internacional, pero brilla por su calidad en cada edición del festival FESPACO, en la capital Uagadugú, la plataforma idónea para que los realizadores locales exhiban sus producciones ante el público y los programadores internacionales. También vale la pena prestar atención a las iniciativas que promueven las producciones en realidad virtual, que se están fortaleciendo con particular énfasis en Kenia.

El cineasta JP Bekolo en conversación con Salym Fayad durante el transcurso del Muica 2017.

¿Y algún director/a que esté posicionado para deslumbrarnos en las salas y festivales europeos?

El maliense Daouda Coulibaly. Wúlusu primer largometraje, es un thriller que aborda el tema del tráfico de cocaína en el Sahara como no lo habíamos visto antes, exponiendo las diferentes dimensiones y actores que participan en este comercio ilegal y que afecta a la seguridad, la política y las relaciones internacionales en toda la región; y que además tiene implicaciones a nivel global, incluyendo entre sus actores, desde luego, tanto a Colombia como a España.

 

La Sudáfrica que nos regaló el Primavera Sound

El dúo Radio 123, la polifacética Marley BloO y el rapero G-C son cuatro artistas sudafricanos que han formado parte del Primavera Pro, un espacio que promociona a músicos emergentes de diferentes países en el marco del festival Primavera Sound de Barcelona (31 mayo – 4 junio). Con motivo de su visita a la Ciudad Condal, hemos podido conversar con ellos sobre su trabajo, pero también sobre su visión de Sudáfrica, un país en el que recientemente los jóvenes se han puesto a la cabeza de distintas movilizaciones sociales contra la discriminación, el racismo y los símbolos coloniales.

Radio 123

Radio 123    

Radio 123 es pura energía. Nyameko Nkondlwane y Simangaliso Mfula son los integrantes de un dúo cuya música se define principalmente con dos palabras “Mandela Pop” y que con sus canciones, cantadas en diferentes lenguas sudafricanas, reflejan la vida cuotidiana de los suburbios de las grandes ciudades de un país que tiene 11 lenguas oficiales.

N.L: ¿Qué significa para vosotros formar parte de este festival?

Nyameko: Para nosotros estar aquí significa muchísimas cosas, sobretodo porque venimos de una escena nacional sudafricana muy distinta. Es algo que siempre habíamos soñado como banda y se está haciendo realidad. Significa muchísimo.

N.L: ¿Podríais explicar qué es vuestro “Mandela Pop”?

Simangaliso: “Mandela Pop” es un sonido de libertad y liberación, un sonido para que la gente rompa las cadenas mentales de la esclavitud. Es el símbolo de Nelson Mandela quien, a pesar de todo, volvió al pueblo con un mensaje de paz y amor y quería asegurarse que todo el mundo fuera feliz, aunque no se puede contentar a todos. Así que “Mandela Pop” es el sonido para romper esas cadenas y que la gente pueda liberarse. Hay demasiados problemas en el mundo y nosotros queremos contribuir a que la gente reciba amor y sea feliz.

“Mandela Pop” es un sonido de libertad y liberación, un sonido para que la gente rompa las cadenas mentales de la esclavitud.

N.L: Cantáis en diferentes lenguas, ¿es el reflejo de la sociedad sudafricana?

Nyameko: Sí. El lenguaje, a pesar de ser algo bonito, es también un vehículo de desacuerdo que puede ser utilizado para dividir a la gente. Nosotros cogemos lenguas africanas y las mezclamos con el inglés para transmitir el mensaje de que el lenguaje no debe ser una barrera. Tú hablas español y yo inglés, aunque mi lengua materna es el xhosa, pero todo ello no debería ser una barrera, sino que deberíamos ser capaces de cruzarnos por la calle y sonreír para entender que todo va bien, sin necesidad siquiera de intercambiar dos palabras. Creo que la música tiene también ese poder de transmitir un mensaje sin importar la lengua en la que se cante.

N.L: ¿En qué estáis trabajando ahora y qué mensaje queréis transmitir con vuestra música?

Simangaliso: Acabamos de lanzar nuestro nuevo single, llamado Thando, que estará incluido en nuestro próximo EP Manga Manga. Nuestro mensaje es One Love. Creemos que si todos tuviéramos amor, el mundo sería un lugar mejor. Y, sobretodo, que es necesaria la capacidad de perdonar, la capacidad de decir “no pasa nada, te perdono.” Si somos capaces de hacer eso como seres humanos, este mundo será un lugar mejor. Todos cometemos errores, por eso es importante que sepamos perdonarlos.

N.L: ¿Cómo definiríais Sudáfrica hoy en día?

Nyameko: Después de todo lo que hemos pasado como país, Sudáfrica es un giro, simboliza el cambio. Quiero decir, ahora podemos ver a estudiantes blancos y negros compartiendo mesa o utilizando el mismo baño, algo que era impensable años atrás. Ningún país es perfecto, pero nos estamos enfrentando a nuestros problemas, intentamos comprendernos unos a otros y aceptarnos tal como somos, y de ahí también sale la inspiración para crear el sonido de “Mandela Pop”.

Simangaliso: Yo diría que Sudáfrica es el mundo. Puedes ir por la calle y oír fácilmente a alguien utilizando 5 lenguas distintas en una sola frase. ¡Eso solo lo he visto en Sudáfrica!

Marley BloO

Marley BloO   

Marley BloO llega con su guitarra acústica para ofrecernos una canción al final de la entrevista. Pintora, escultora, ilustradora, cantante, actriz… Marley BloO es una artista polifacética que también ha creado una empresa (BloO CheeZe) para impulsar a artistas de diferentes disciplinas.

N.L: ¿Qué significa para ti formar parte de este festival?

Es una oportunidad enorme, es algo increíble. El año pasado hablaba con mi mánager de dar el salto a la escena internacional y, cuando lo decíamos, mucha gente no se lo tomaba en serio, parecía solo una broma, y hoy es una realidad. Estoy muy entusiasmada con el hecho de conocer a tanta gente diferente, poder hacer contactos y la manera en la que todo está creciendo. ¡Es demasiada información para mí!

N.L: ¿Qué puedes explicarnos sobre tu proyecto “BloO CheeZe”?

BloO CheeZe es mi empresa. La creé hará un año y medio o dos y lo que hacemos es básicamente cubrir las necesidades de los artistas en términos de management, publicidad… Soy una artista polifacética, por eso no quiero centrarme solo en una disciplina, y quería también una compañía que fuera reflejo de lo que soy, es decir, que pudiera ayudar a artistas de ramas muy distintas.

N.L: Relacionado con la música, ¿en qué estás trabajando ahora?

Ahora mismo estamos de gira, así que estoy revisando todo mi trabajo anterior. Mi nuevo trabajo saldrá en septiembre y no será un proyecto convencional, sino que fusionará distintas disciplinas artísticas. Buscaba hacer algo diferente, no solo un álbum o un EP, sino algo menos convencional. Puedo decir que será un proyecto artístico con la música como banda sonora. Respecto a la gira, después de España nos dirigiremos a Ciudad del Cabo, Malawi, Tanzania y Mozambique.

N.L: ¿Cómo definirías Sudáfrica hoy en día?

La gran diferencia entre Sudáfrica y Barcelona, por ejemplo, no se encuentra en las calles, en las infraestructuras o en este tipo de cosas. La gran diferencia está sobretodo en la mentalidad de la gente. Es increíblemente distinta. Se ve en las conversaciones que tienes, en su forma de pensar… y puedo decir que, a pesar de su historia, Sudáfrica hoy en día es realmente un país muy acogedor con gente muy hospitalaria.

G-C en el Primavera Pro Night

G-C      

Gosiame Celebrity Ntshole (G-C) es un rapero sudafricano afincado en Johannesburgo con un directo arrollador. Su música ha sonado en las radios y televisiones de todo el país y ha formado parte de las sesiones sudafricanas MTV Base Cypher, que reúnen a los MC’s más prometedores del país.

N.L: ¿Qué significa para ti formar parte de este festival?

Significa todo para mí, es más que un sueño hecho realidad. Nunca pensé que podría estar en un sitio como este, sobretodo porque soy de una ciudad muy pequeña y la música que hago, en el modo en que la hago, no es lo más comercial que hay. Para mí significa principalmente tener el sentimiento de que estaba en lo cierto, que estaba haciendo las cosas bien.

N.L: Sudáfrica es uno de los países africanos más potentes en producción de rap. ¿Por qué crees que esto es así?

Como fan del hip hop, creo que lo más importante del rap es que nace de la lucha, como una forma de arte para los negros americanos con la que podían expresarse y denunciar su situación, y creo que en Sudáfrica nos hemos sentido identificados e inspirados por ellos para contar nuestra historia. Es como una terapia. Es algo que cala con mucha fuerza entre la juventud sudafricana como medio para expresar lo que vivimos y cómo vivimos.

N.L: Relacionado con la música, ¿en qué estás trabajando ahora?

Acabo de sacar un EP llamado “Only Lord Knows”, así que en este festival voy a presentar en directo algunas de las canciones por primera vez. Después volveré a casa y planificaré un tour, pero de momento acabo de lanzar el EP, que puede descargarse gratis en mi web: www.gccelebrity.com.

Sudáfrica es un país con una capacidad enorme que todavía no ha alcanzado todo su potencial.

N.L: ¿Cómo definirías Sudáfrica hoy en día?

Veo a Sudáfrica como un país con una capacidad enorme que todavía no ha alcanzado todo su potencial. Como un país con una juventud muy fuerte que lucha y levanta la voz ante las injusticias, y me siento muy orgulloso. Es un lugar maravilloso con un futuro muy prometedor

MediaLab Prado al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s)

El sábado 24 de junio, de 18:00 a 21:00h. en Medialab Prado (Calle de la Alameda, 15, Madrid), Wiriko y los DJs de nuestro proyecto Moto Kiatu -pionero en la difusión de la música electrónica africana en España-, participaremos en el encuentro Beats de ida y vuelta: al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s), junto al colectivo italiano Crudo Volta.

El evento, que es completamente gratuito, se enmarca en los encuentros AVLAB, en esta ocasión coordinado por Grupal Crew Collective, y será una oportunidad única para debatir sobre aspectos que hasta ahora han sido prácticamente inexistentes en España:

“¿Qué se escucha en los clubs y en las calles de las ciudades africanas?”

“¿Cuál es el contexto social y político de los jóvenes productores de este tipo de música?”

“¿Qué diferencia la apropiación cultural de la “sincera” adopción de una nueva corriente musical?”

“¿cómo evitar caer en los clichés de la exotización al promocionar estas músicas?”

“¿Qué papel tiene la diáspora africana y los colectivos europeos en la difusión y creación de la escena en Europa?”

Moderada por Vanessa Anaya, miembro del equipo redactor de Wiriko y una de las impulsoras de Moto Kiatu, la mesa redonda pretende poder debatir con colectivos que, con base en Europa, compartimos gran fascinación por encontrar y divulgar nuevos ritmos provenientes de distintos puntos del continente africano.

Por supuesto, tras la charla, habrá una sesión de los dos colectivos participantes.

Moto Kiatu, que significa “zapatilla caliente” en suajili, es un proyecto que nace bajo el paraguas de Wiriko para difundir los nuevos sonidos y ritmos procedentes de África y su fusión con los sonidos electrónicos. De reciente creación, hasta el momento ha organizado varios eventos programando a artistas africanos de prestigio como Dotorado Pro (Angola), Batuk (Sudáfrica) y Throes + The Shine (Angola).

Crudo Volta es un colectivo italiano, con base en Roma, dedicado a explorar distintas escenas musicales del planeta, haciendo hincapié en la música urbana de origen africano. Sus proyectos van desde mixtapes a documentales como Woza Taxi (2016) centrado en la escena GQOM surgida de Durban (Sudafrica). Brother Michele (Michè Calandra), uno de los principales impulsores de esta plataforma vendrá a compartir sus impresiones, experiencias y su música favorita.

Más información en el evento de Facebook

Beating Heart, cuando los jóvenes africanos redescubren la música de sus ancestros

El etnomusicólo Hugh Tracey haciendo su trabajo de campo. Imagen del ILAM.

El etnomusicólogo británico Hugh Tracey (1903-1977) estudió las músicas africanas desde 1921, cuando siguió a su hermano mayor, Leonard, de Devonshire a Zimbabwe, para aquél entonces Rhodesia del Sur, para ayudarlo a cultivar tabaco en unas tierras que el gobierno británico le habían asignado después de participar en la Primera Guerra Mundial. En 1929, Tracey trasladó, en pleno Apartheid, a catorce hombres africanos locales a Johannesburgo para grabarlos, entusiasmado por la música popular que había escuchado en las zonas rurales. Era la primera vez en la historia que la música indígena de África era registrada y publicada.

Hugh Tracey dedicaría los siguientes años de su vida a viajar por todo el continente con una grabadora portátil, para registrar discos de música folk africana. A lo largo de su vida, grabaría 210 LPs con música tradicional de diferentes países del África Austral, África del Este y la región central. En total, de 1920 a 1970 recopiló 35.000 registros, con los que fundaría el primer, y mayor archivo de música africana del mundo hasta la fecha: el ILAM (Biblioteca Internacional de Música Africana), en la Universidad de Rhodes, en Grahamstown, Sudáfrica.

Aunque se le había concedido una beca para hacer trabajo de campo en 1931, sus informes, que incluían acusaciones a las iglesias misioneras y las formas en que algunas veces suprimían la existencia de culturas tradicionales, eran demasiado polémicos para ser publicados en un momento en que la colonización estaba siendo tan rentable para las potencias europeas. Así que Tracey iría por libre. “En ese momento el público mostró poco interés por la música africana y no entendía por qué insistía constantemente en el valor social y artístico de la música para las futuras generaciones de africanos”, escribió en el catálogo de notas de su LP “The Music of Africa” (1972).

Cuando los jóvenes descubren la música de sus ancestros:

Ahora, el proyecto Beating Heart, emergido en 2016 de la mano de Olly Wood y Chris Pedley, está trabajando con 1000 de las grabaciones compiladas por Tracey entre los años 1920 y 1970 en 18 países del África Subsahariana, para actualizarlas y hacerlas accesibles a las generaciones más jóvenes gracias a su trabajo con productores africanos contemporáneos. Además, siguiendo la visión de Tracey, los ingresos generados por la venta de estos discos están siendo utilizados para ayudar a la población de las áreas donde la música fue grabada originalmente.

Su primer LP, centrado en las grabaciones de Tracey en Malawi, inflamó las pistas de baile con remixes de Ibibio Sound Machine, Drew Moyo o Luke Vibert. Ahora, con la presentación de un nuevo EP con la colaboración de Coen, Tru Fonix, SNØW y The Busy Twist vuelven a encender la mecha de la recuperación del folklore tradicional a través de remixes filtrados por la música urbana contemporánea. Beating Heart anima, así, a músicos, productores y DJs de todos los géneros a participar y colaborar a partir de las grabaciones de Hugh Tracey para actualizar los sonidos africanos más tradicionales y hacer que vuelvan a sus comunidades originales a partir de nuevos formatos.

Gemma Solés: Las grabaciones etnomusicológicas suelen ser solamente accesibles a académicos, y estar disponibles solo para una pequeña élite de intelectuales dedicados al estudio de las músicas africanas… ¿Creéis que con vuestro proyecto estáis contribuyendo a un acceso más democrático a la música?

Olly Wood: ILAM está situado en la Universidad de Rhodes en Grahamstown, y es de su propiedad. Beating Heart simplemente es un concepto progresivo para cualquier archivo – es extremadamente raro que las instituciones académicas permitan manipular y utilizar de esta manera cualquiera de sus activos-. ILAM aprobó nuestro proyecto colaborativo para ayudar a introducir el archivo a las nuevas generaciones. Encontrar un acuerdo para el concepto está en curso. Pero volver a trabajar la música de una época pasada plantea todo tipo de preguntas de apropiación, que solo se responderán en el tiempo. Es un proceso continuo y en constante evolución y ha llevado cuatro años de desarrollo para construir una relación de confianza en la que se apoya nuestro proyecto.

G.S: Sabemos que la música nutre el alma, pero en este caso, también pretende ser un paliativo contra la desnutrición en África. Explícanos cómo.

O.W: A través de las ventas del álbum Beating Heart Malawi (2016) y Beating Heart Sudáfrica (2017), estamos recaudando fondos para construir huertos de alimentos sostenibles en escuelas y comunidades de ambos países. Recientemente visitamos el proyecto Garden To Mouth en Malawi para dar seguimiento al sistema de riego que Beating Heart ha financiado. Era importante para nosotros ver el desarrollo con nuestros propios ojos. El seguimiento es fundamental para el ethos de este proyecto.

G.S: ¿Cuál ha sido el impacto o reacción de este primer álbum entre los malauís?

O.W: La gente que está fuera de la etnomusicología en todo el mundo es en gran parte inconsciente de la existencia de ILAM, por lo que remezclar estas melodías (nuevas y viejas) en la radio y en los eventos en Malawi fue muy poderoso. Las grabaciones se recibieron muy positivamente, muchos se sorprendieron al enterarse de su existencia.
Ha sido enriquecedor dirigir a la gente a ILAM como una fuente de patrimonio africano. Los oyentes decían “suena bien” y a veces escuchaban más profundamente el fondo de las canciones. Ha sido bien recibido por la generación más joven y ha promovido debates sobre historia, cultura y patrimonio. También hemos iniciado colaboraciones entre artistas de Reino Unido y músicos tradicionales de Malawi…

Imagen de Beating Heart en Malawi. Fotografía de Thomas Lewton.

G.S: Vuestro proyecto es una forma de contribuir a que la música que se escuche en el continente tenga un componente afrocéntrico. Pero, ¿no es una contradicción que este cambio provenga de fuera del continente?

O. W: Las culturas están evolucionando constantemente en todo el mundo. Con la ayuda de la tecnología el potencial de conectar y crear a través de las fronteras es verdaderamente ilimitado. Beating Heart es simplemente otra polinización cruzada de culturas. Como el viaje continúa, es nuestro deseo participar con tantos artistas africanos como sea posible. Cada artista contribuyente lo ha hecho por un verdadero amor por los sonidos frescos, la fusión cultural y la recaudación de dinero para los necesitados. Lo que estamos ofreciendo esencialmente es una plataforma, y a través de este proyecto hemos descubierto una increíble oportunidad de conectar a músicos de todo el continente.

G.S: ¿Y por qué música electrónica? ¿Es la mejor manera de llevar la música tradicional a las nuevas generaciones?

O.W: No teníamos ninguna razón premeditada. La belleza de la música es que se puede reinterpretar sin fin. ¡Las generaciones futuras podrían hacer nuevos remix de estas nuevas canciones!

G.S: Habéis comenzado con Malawi, y seguís por Sudáfrica. ¿Qué otros países vendrán en el futuro?

O.W: Esperamos reflejar el concepto de Beating Heart en cada uno de los 18 países contenidos en el archivo ILAM. Acabamos de lanzar el “Beating Heart – South Africa” ​​en primavera de 2017.

G.S: ¿Crees que otros archivos de música africana en el mundo podrían comenzar a abrir a sus grabaciones a otros proyectos similares? ¿Podríamos estar ante un momento de apertura, redescubrimiento y reinterpretación de la música tradicional africana?

O.W: Nuestros egos pueden decirnos que hemos empezado algo nuevo, pero el remixing está en todas partes en la música de hoy y ha sido así durante mucho tiempo. Cuando Hugh Tracey grabó las 35.000 pistas entre los años 1920 y 1970, su esperanza era que las generaciones futuras pudieran apreciar y aprender de la música. A través de BH estamos tratando de dar al archivo y la música que hay en él una nueva vida. Creemos que todos los archivos deberían ser responsables y dar acceso a todo el mundo. ¿Cuál es el objetivo de archivarlo, si sólo queda enterrado y encerrado.

La responsabilidad social es el eje clave para Beating Heart. Si estas grabaciones han de ser comercializadas debe ser en beneficio de las comunidades donde la música se originó. Nuestro deseo es traer estos activos culturales a la vida cotidiana. Hay un conocimiento ancestral contenido en la música y la gente sólo necesita una oportunidad para oírla y reconectarse a ella. Esto es el principal objetivo de nuestro proyecto.

La revolución de los pueblos (negros) llega a Nueva York

Película Ṣoju, del director Oluwaseun Babalola. Una coproducción entre EEUU, Botsuana, Nigeria y Sierra Leona

“Es un momento histórico y político que apremia una reflexión pausada y este festival trata de poner las comas”, nos explicaba Beatriz Leal hace unas semanas en Madrid. Leal es la programadora del Africa Film Festival (AFF) de Nueva York, esa ciudad que se le escapa a cualquiera –por inabarcable– y que la convertirá por 24ª vez, en un escaparate de los rasgos narrativos más recientes del África y su diáspora a través de documentales, películas clásicas y contemporáneas.

El AFF vuelve en mayo (del 3 al 29) para poner en marcha su celebración de un mes de cines africanos con un programa cuidadosamente seleccionado con más de 60 títulos y más de 25 países representados. Una pausa en la ciudad que nunca duerme es un reto; una urbe que se despereza cada día con excentricidad y que se multiplica entre el aturdimiento, la prisa y también con las declaraciones del presidente Trump que enfoscan un sinsentido hacia la comunidad inmigrante que reside en los Estados Unidos. Por este motivo la propuesta de AFF es acercar trabajos cinematográficos que reflejen el arte por el arte, los adelantos tecnológicos en las principales capitales africanas o la interacción urbana diaria donde las ideas de cultura, identidad y transformación guiarán el futuro.

Película Uprize!, del director sudafricano Sifiso Khanyile.

El lema de este año es “La revolución del pueblo” y sin ocultar las verdaderas intenciones de este festival llamarán a una desobediencia figurada. ¿Por qué? Pues porque la era de los combatientes por la libertad y las revoluciones sociales parece lejana, pero sus herederos son muchos en un siglo en el que el respeto por los derechos humanos y el deber cívico, la preocupación ecológica, la interconexión tecnológica y el comportamiento ético encuentran un puerto en las artes donde tanto hombres como mujeres tratan de liberarse de las preconcepciones históricas y de las restricciones económicas y sociopolíticas actuales.

Como explica Leal: “los cines africanos nacieron en la agitación de las luchas por la liberación en todo el continente, en una red de conexiones mundiales y disputas políticas. El deseo de recuperar las imágenes robadas y encontrar sus propias voces ha sido un lema para los cineastas y artistas africanos desde los años 60”. Y es cuando la cita de Frantz Fanon se hace presente: “Cada generación debe, a partir de la relativa oscuridad, descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”. De manera que desde el AFF se ofrecerán narrativas con la intención de subvertir, pero también, de sorprender a las expectativas de la audiencia.

 

Pasen y vean

El estreno en Estados Unidos de la galardonada película sudafricana Vaya, de Akin Omotoso, abrirá la 24ª edición de AFF narrando la historia de tres extraños que llegan a Johannesburgo, una ciudad que se muestra dura y emocionante desde una perspectiva inusual. Kalushi, que se presentó en el Film Africa de Londres y de la que ya hablamos y Noem my skollie demuestran la vitalidad del thriller sudafricano con dos verdaderos relatos de resiliencia y heroísmo en el apartheid de Sudáfrica, mientras que el documental Uprize! Utiliza una protesta pacífica de estudiantes violentamente reprimida. En el caso de la película Noem my skollie fue la apuesta sudafricana a la mejor película en los últimos Oscar, una clara sucesora de trabajos como Yesterday (2004) o Totsi, la ganadora en 2005.

El humor será el principal ingrediente de dos de las películas programadas: la nigeriana Green white green de Abba T. Makama, una destornillante sátira social sobre lo que significa ser nigeriano en la actualidad; y la tunecina Zizou, la nueva apuesta de Férid Boughedir, uno de los críticos y directores de cine más importantes, no solo de Túnez, sino de África, quien sentenció hace unos años que “siempre me he opuesto con vehemencia a la globalización, que es una forma real de racismo implícito que también puede detectarse en la labor de los europeos que analizan el cine negro africano”.

Desde Etiopía llega la que será una de las joyas del festival y que tendrá su estreno mundial en Nueva York. Se trata de Ewir Amora Kelabi una película basada en el viaje épico y real por el que sufrió el director Zekarias Mesfin, que a los 14 años de edad se quedó huérfano. Eritrea, Sudán Israel o Egipto son algunos de los países por los que tendrá que pasar Mesfin antes de llegar al final del camino.

Otras películas que mantendrán el lema del festival presente son el documental Footprints of Pan-Africanism que aborda las relaciones entre los intelectuales de África y su diáspora en los movimientos de liberación negra desde la década de los años 50 con el ghaniano Kwame Nkrumah en el centro del film; o el trabajo del senegalés William Mbaye, Kemtiyu, del que hablamos en Wiriko, que aportará una pieza clave en la historiografía de uno de los pioneros en descolonizar la propia historia africana más importantes que ha dado el continente y que permanecen en el olvido de forma interesada: Cheikh Anta Diop.

Con la intención de apuntalar los puentes con la diáspora “imprescindible entender qué se hace en El Caribe, por ejemplo, si se quiere estudiar a los cines africanos”, como recuerda Leal, dos largometrajes se presentan: Play the Devil, que llega desde Trinidad, y Ayiti mon Amour, una reflexión lírica sobre la vida después del terremoto de Haití.

Hay muchas más películas seleccionadas, pero para no perderos detalle, os recomendamos daros una vuelta por la propia página del festival. La fuente de píxeles de Times Square competirá durante un mes con las imágenes menos mercantilizadas y divulgadas de los cines africanos, en una ciudad, Nueva York, que se fundirá a negro-cine. A negro-vida. A negro-respuestas. A negro… ¡acción!

Art Africa Fair: la historia africana reescrita a través del arte

*Por Maria Colom

Nuestra historia empieza con nosotros. Es un viaje interesante, ¿y quién hay mejor para contarlo que los africanos?”, decía Uche Okpa-Iroha, comisario de la Art Africa Fair (Feria de Arte de África), que tuvo lugar en Sudáfrica la semana pasada. ¿Porque, qué mejor forma hay de contar la historia que mediante el arte? Del 24 de febrero al 5 de marzo, Ciudad del Cabo se convirtió en el escenario de la nueva feria de arte contemporáneo que ha acogido el continente. Este evento internacional que se ha celebrado por primera vez en la ciudad, ha podido contar con un cuidado grupo de comisarios y artistas africanos e internacionales y ha permitido sumergir a los amantes del arte en un viaje multisensorial con los mejores talentos contemporáneos.

A diferencia de otras ferias de arte que se celebran en el país, este evento único se ha organizado al estilo museístico para que los artistas y las galerías participantes pudieran ofrecer diferentes visiones artísticas y romper con las tendencias del mercado. “Durante todo el tiempo, el foco está puesto en el artista y no en la galería. Es una oportunidad única para que los artistas y los coleccionistas interactúen de manera directa, convirtiéndose en una experiencia única también para el visitante”, explica Suzette Bell-Roberts, fundadora de Art Africa, para Wiriko.

La feria ha acogido a artistas de distintas disciplinas y se ha repartido el talento en cuatro espacios diferentes. La exposición inaugural, “Bright Young Things”, recibe el mismo nombre que uno de los proyectos de Art Africa, que ha publicado y ayudado a despegar a más de 100 jóvenes artistas. De estos, se eligió a ocho para participar en la feria con nuevas propuestas artísticas, y tener la oportunidad de ser uno de los tres ganadores del premio de residencia de la feria, otorgado por un jurado internacional. La senegalesa Salimata Diop, con un extenso currículum como directora artística en el AKAA (Also Known As Africa) en París en 2016, programando un gran número de exposiciones en el Africa Center del Reino Unido y comisaria en parte de la Bienal de Dakar en 2014, entre muchas otras cosas, fue la encargada de este espacio.

Comisionado por el reconocido y premiado fotógrafo nigeriano Uche Okpa-Iroha, con una amplia carrera en su país de origen, así como internacional, la exposición de fotografía tenía como objetivo reescribir la historia africana; mientras que los encargados de empoderar y contribuir en el creciente valor del arte contemporáneo africano fueron el artista e historiador de arte, Thembinkosi Goniwe, y la estudiante, artista y aspirante a comisaria, Ruzy Rusike, en la exposición que recibió en nombre “A Flagrant Arcade”.

Como artista invitado y encargado del “VIP Lounge y el Social Hub”, espacio de interacción entre artistas y coleccionistas, se pudo contar con el diseñador y artista internacional Pierre-Christophe Gam. Natural del Camerún, ha estudiado y trabajado en Francia y el Reino Unido, y ha expuesto su obra en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, entre muchas otras ciudades europeas. Estudioso de las ideas pre y post-coloniales de los pan africanos, e interesado en cómo los cambios políticos y sociales de África afectan al patrimonio intelectual y visual, el artista usa la comida, la fotografía, el collage, el diseño, el dibujo y el audiovisual para crear propuestas ambiguas, pero convincentes y con gran poder de influencia.

Pierre-Chritophe Gam

Creando un espacio lleno de pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones, la feria ha acogido a 98 artistas de 11 países africanos que han expuesto más de 230 piezas. Una fiesta del arte que se ha convertido en un éxito total y que ha recibido a 3500 visitantes. “Los artistas africanos merecen ser reconocidos tanto como los artistas del resto del mundo. A causa de nuestra historia colonial, el arte de África no siempre ha sido reconocido y a menudo se ha estereotipado. Ahora es el momento de poner el foco en nosotros y poder narrar nuestra historia sin que nadie la cuente por nosotros”, explica Suzette Bell-Roberts. “Los artistas africanos siempre han estado exhibiendo sus obras, ya sea a nivel local o internacional, comercialmente o no, como una forma de personificar nuestras identidades individuales, sociales y políticas. Lo importante es que los comisarios africanos cuiden a los artistas africanos para una audiencia africana”, acaba la fundadora de Art Africa.

Con el objetivo de convertirse en un espacio para que artistas reconocidos y nuevos talentos pudieran interactuar entre ellos y con los coleccionistas, además ha resultado ser una oportunidad para que nuevas generaciones puedan descubrir y se sientan interesadas por las artes visuales. La Feria de Arte de África ha conseguido devolver el talento al continente, además de catapultarlo hacia el escenario internacional y ha reivindicado la práctica del arte africano a nivel nacional, con todos los beneficios culturales y económicos que esto conlleva. Ha resultado ser una oportunidad de tomar responsabilidades y de

Robin Rhode, arte urbano en compromiso con la generación posapartheid

Nacido en Ciudad del Cabo, criado en Johannesburgo y establecido en Berlin desde hace quince años, el artista multidisciplinar Robin Rhode – quien se define a sí mismo como niño pospartheid- dibuja un nuevo futuro a través de intervenciones artísticas en espacios urbanos y objetos fácilmente identificables dentro de la cultura urbana para fomentar la cohesión social. Con asuntos políticos contemporáneos como ejes temáticos de sus obras, este artista urbano plasma en pintura y carbón una sátira que nutre graffitis que ya son iconos de una generación: la primera en exponerse directamente a la cultura urbana y las influencias occidentales más mainstream -esencialmente asimilando los códigos culturales norteamericanos-.

“Una de las pandillas callejeras más peligrosas de Ciudad del Cabo se hace llamar los estadounidenses. ¿No es gracioso? Llevan banderas americanas alrededor del cuello. Incluso tienen su propio cártel de drogas, al que llaman la Casa Blanca”, dice en una entrevista para Art Space, donde explica como la cultura urbana en Sudáfrica se ve absolutamente afectada por consecutivas olas de globalización.

A finales del mes pasado, la galería Stevenson de Ciudad del Cabo abrió sus puertas a su nueva exposición: Paths & Fields (Caminos y Campos), un conjunto multimedia compuesto por video, fotografía y dibujos con influencias de sus viajes al norte de Italia y su interacción con artistas como Giulio Paulini Giovanni Anselmo o Giuseppe Penone. Una serie donde color y simetría conducen a Robin Rhode a una, cada vez mayor, abstracción y que se podrá visitar hasta el 4 de marzo.

De la serie “Paradise”. Robin Rhode.

De la serie “Lavender Hills”, de Robin Rhode.

Preocupado por la corrupción, la enorme brecha que divide a ricos y pobres o la volatilidad de una sociedad que sigue luchando para adquirir más derechos económicos, para Robin Rhode ha juzgado que el mejor lugar donde hacer intervenciones artísticas son las paredes. Esos espacios de hormigón que custodian la vida en las ciudades, indistintamente del origen étnico o socioeconómico, facilitan, según él, que las personas puedan cuestionarse las cosas desde otra óptica y que naveguen por la arquitectura. Sus intervenciones artísticas, tal como cuenta en la entrevista citada, son un gesto radical: “Los artistas absorben la sociedad, y nuestro arte funciona como una reflexión sobre esa sociedad. Creo que los grandes artistas son aquellos que usan esa reflexión para crear un nuevo universo para el espectador. Creo que es a eso a lo que aspiro como artista”.

“El arte tiene que hablar y comunicar la cultura, que es un reflejo de un tiempo y un espacio en la historia. El arte actúa como una voz para las preocupaciones, opiniones y creencias de nuestro tiempo”, subrayaba en motivo de la presentación de su exposición Paths & Fields en la revista sudafricana 10and5:

Con 40 años a sus espaldas, uno de los proyectos más emocionantes en los que ha participado, según él mismo, es trabajar con skates como soporte. Con ellos apoyó a la oenegé Skateistan a través de una edición limitada de cinco monopatines. Skateistan es una asociación que trabaja para fomentar la educación entre los jóvenes de zonas problemáticas de Kabul, Camboya o Johannesburgo mediante la construcción de parques de skate que se convierten en auténticas aulas. Estas obras se realizaron, además, junto a Skateroom, una empresa de skates diseñados por artistas que trabajan junto a Skateistan. Con una cubierta que han bautizado como “Crepúsculo”, los monopatines diseñados por Robin Rhodes se venden a 375 dólares, cuyas ventas serán reinvertidas para la construcción de más parques de skate como espacios de encuentro juvenil y fomento del deporte y la convivencia.

Robin Rhode x The Skateroom from Artspace on Vimeo.

Más obras de Robin Rhodes:

 

NON, la creación musical panafricana como arma de acción política

“Music is the weapon of the future” es, seguramente, la frase más icónica del maestro nigeriano Fela Kuti. Décadas después, es también el modo en el que entienden y utilizan la música los creadores del sello y colectivo NON Worldwide: como arma para desestabilizar a la audiencia, des-occidentalizar la pista de baile y retar al público a ser más comprometido con la música que escucha. La idea está basada en el panafricanismo y trata de reunir a productores de música electrónica africanos y de la diáspora que utilicen la creación musical como arma de acción política y, al mismo tiempo, poder autogestionar sus trabajos, negándose a inclinarse ante las normas de la industria musical.

Angel-Ho, Nkisi y Chino Amobi // Ma José Govea for RBMA

NON Worldwide empezó a andar en SoundCloud en 2015 de la mano de tres productores de diferentes partes del globo: el americano de origen nigeriano Chino Amobi, el sudafricano Angel-Ho y la inglesa Nkisi. Gracias a la tecnología y a internet, traspasan fronteras y abren debates a través de su música con artistas de diferentes países. Para Chino Amobi, productor y artista multidisciplinar con una trayectoria ya amplia, hay una preocupante falta de visión crítica en los artistas negros, sobretodo en la música electrónica, y ese vacío es el que NON Worldwide ha venido a llenar.

Una de las primeras canciones que Amobi publicó con el sello fue un remix del tema de Michael Jackson They don’t really care about us. La canción, que habla de la brutalidad policial y el racismo, fue escrita en los ‘90 inspirada en el caso Rodney King y volvió a estar de actualidad al ser utilizada en las manifestaciones del movimiento Black Lives Matter, que sacudió EEUU en 2014 y 2015. El remix de Amobi se caracteriza por utilizar sonidos como alarmas, gritos, cristales rotos o respiraciones que transmiten violencia y caos, pero también inquietan al oyente, intentando llamar su atención. Preguntado por Okayafrica sobre cómo el sonido puede ser una forma de resistencia, Amobi afirma: “Intento usar sonidos que no son normalmente clasificados como africanos. Son sonidos que la gente puede oír en situaciones cotidianas, pero los uso de forma repetitiva para llevar al oyente a pensar de manera crítica sobre aquello que está escuchando. Más que para evadirse, trato de hacer música controvertida, rechazando la experiencia pasiva de escuchar.”

La música de Amobi se ha etiquetado frecuentemente como afrofuturismo, pero él denuncia cualquier clasificación como una herramienta más del colonialismo: “la música que hacemos no se puede clasificar, es una forma de luchar contra las etiquetas y las percepciones. Usualmente la gente piensa sobre música africana y le vienen a la cabeza tambores, cantos, el desierto, los leones… cosas así, pero evidentemente hay mucho mas detrás y es importante que eso se vea porque puede ayudar a eliminar ideas preconcebidas”. En su reciente trabajo “Airport music por black folk” (2016), el productor americano explora el concepto de los aeropuertos como un espacio internacional, pero completamente occidental y eurocéntrico: “pensaba mucho sobre la experiencia negra en este espacio, cómo debe sentirse uno al caminar en un aeropuerto con seguridad en sí mismo y sin sentir que la cultura occidental tiene una superioridad sobre tÍ”.

El sudafricano Angel-Ho es otro de los fundadores de NON Worldwide. Como estudiante de la Universidad de Ciudad del Cabo, estuvo involucrado en 2015 en el movimiento #RhodesMustFall, que exigía la retirada de la estatua del colonizador británico Cecil Rhodes del campus y que derivaría meses más tarde en el conocido #FeesMustFall. Ambos movimientos se convirtieron en un símbolo de la lucha contra las desigualdades en la educación en las universidades sudafricanas y en un clamor por su descolonización. Para Angel-Ho, las formas del colonialismo y el Apartheid han cambiado, pero siguen estando presentes, y las líneas raciales en las ciudades sudafricanas continúan fragmentando la ciudad, incluyendo a la escena de la música electrónica, que suele ser predominantemente blanca y poco inclusiva. Entrevistado por Fader, Angel-Ho afirma: “la gente continua mirando a África como si fuera un país, pero no hay ningún estándar en nuestra forma de vivir, es una tontería. Es verdad que existe un vacío en la manera en que Occidente ve a África, pero no nos corresponde a nosotros cambiar esta visión; es Occidente quien debe arreglar su problema consigo mismo, porque ellos han creado ese imaginario colectivo”.

Los tres fundadores de NON tenían las mismas sensaciones a pesar de vivir en países distintos: estaban hartos de sentir que la hegemonía cultural determinaba demasiado frecuentemente el curso de sus vidas por el color de su piel, y no soportaban tener que operar a través de los mismos sistemas politizados y opresores que derivaban del colonialismo. También sentían que la gran inventiva de los músicos africanos o de la diáspora y su rol en la historia de la música había sido eliminada, apropiada, utilizada, desproporcionalmente infravalorada y diluida por la cultura occidental. La solución que encontraron fue la creación de NON Worldwide como un espacio para crear y defender su propio lenguaje y redistribuir el poder a los creadores, siendo propietarios de sus propias ideas. Cuando escuchan algo que creen que tiene potencial, aunque provenga de alguien ajeno a la industria musical y sin experiencia, les hacen de mentor y les conectan con los recursos necesarios para la distribución. Les dan una oportunidad. Para Chino Amobi, “mostrar a alguien que le importas es un acto revolucionario, mucho más que salir ahí fuera y ponerse a romper cristales. Es un acto poderoso”.

NON Worldwide ha publicado, entre otros, el EP del productor argentino Moro, que denuncia que las raíces africanas del tango y otros géneros sudamericanos han sido borradas, y que ha creado un nuevo género de música electrónica llamado ramba, con el que pretende rescatar la herencia de los ritmos afro-latinos olvidados. También ha publicado el último EP del dúo sudafricano Faka, nutrido por la escena electrónica experimental del país y el novedoso Gqom, y estamos a la espera del nuevo trabajo de Farai, artista de Zimbabue afincada en Londres, del que ya tenemos un pequeño avance con el video de la canción “Lion Warrior”, que quiere resaltar el papel de la comunidad negra en el mundo del arte. La música es, también, un buen arma para el presente.

Entrevista a Hlengiwe Vilakati, gerente de la galería sudafricana Jo Anke

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Helena Delgado

Fuente M&G

Jo Anke es algo más que un espacio de exhibición. Es un negocio de servicio de arte completo,  que se especializa en brindar representación y servicios a jóvenes artistas sudafricanos para ayudarles a desarrollar sus carreras, con la intención de dar a los artistas una plataforma que permita un mayor conocimiento de gestión financiera y empresarial.

Este es el resultado de un largo viaje personal que comenzó en 2009, cuando Hlengiwe dejó su trabajo como ejecutiva de marketing para seguir una llamada en el arte. Ella realizó una práctica profesional con la Feria de Arte de Joburg, y comenzó a trabajar para desarrollar su visión de nicho que es hoy Jo Anke.

¿Qué te hizo querer abrir la Galería Jo Anke?
El deseo de comercializar y vender África al mundo. El deseo de utilizar la creatividad como herramienta para la transformación africana. Y lo más importante para nuestros clientes, de adquirir obras de arte que son únicas. Siempre he sabido que quiero hacer algo influyente que cambie vidas.

¿Cuáles han sido algunos de los retos a los que te has enfrentado al iniciar la Galería Jo Anke?
Los recursos y el capital son los desafíos principales. Jo Anke es un negocio auto financiado. Y el crecimiento del negocio tiende a ser un poco más lento. Hasta el momento, todos los esfuerzos de marketing y operativos de la galería están dirigidos a asegurar que Jo Anke sea un negocio sostenible.

¿Por qué Jo Anke es diferente a otras galerías?
En nuestra galería, conocerás nuevos nombres de los que probablemente nunca has oído hablar antes. Somos una galería de arte especializada en la venta y compra de pinturas contemporáneas, fotografías y esculturas de jóvenes artistas africanos. En nuestra colección encontrarás una gama que es una mezcla de temas sociales, políticos y pop.  Nuestro objetivo es ser la mejor fuente de acceso al arte contemporáneo africano.

¿Cuál es tu percepción del arte? ¿Hay similitudes entre el marketing y el arte?
Amo el arte. Creo que la creatividad mueve a la gente hacia adelante. Su similitud es que ambos caen bajo la industria creativa y son interdependientes. La mejor forma de comercialización tiene que estar artísticamente elaborada. Y el arte requiere un gran marketing para tocar la vida de las personas y seguir siendo relevante.

Lekau Matsena. Facebook Jo Anke

¿Cómo ves el futuro del “movimiento de arte negro”?
La escena artística de Joburg es muy radical ahora mismo – los jóvenes artistas pueden ser quienes quieren ser. Es una gran herramienta para la integración social; que es un logro maravilloso para nuestra democracia. El “movimiento de arte negro” ahora trata principalmente sobre la corrupción y de asegurarse que la democracia funciona. Artistas como Ayanda Mabulu y Bukhosi Nyathi, por ejemplo, son una parte esencial de la escena de Jozi (apodo para la ciudad de Johannesburgo) y los coleccionistas tanto locales como internacionales están respondiendo a esto. Hay un crecimiento de coleccionistas negros que compran arte local, así es como el movimiento de arte negro se ha convertido en la visión de la galería.

¿Qué atributos profesionales aplicas al trabajo que haces?
Como empresa aspiramos constantemente a mostrar una colección de obras de arte que pretenden cambiar la percepción, crear una integración cultural y permitir a nuestros clientes poseer una colección única. Por ejemplo, nuestra exposición actual uMageza viene envuelta en capas de nostalgia. Se trata de la industria del taxi, que es el mayor modo de transporte público de África. La industria de los taxis es conocida por ser un semillero de disputas entre choferes y pasajeros, un lugar propicio para la intolerancia, sin embargo, nunca nos detenemos a apreciar cuánto contribuyen al desarrollo económico de África. De esta colección, nuestros clientes disfrutarán de grandes y audaces obras de arte coloridas que traerán buenos recuerdos de alegría y tristeza. Las obras de arte evocan una emocionante historia bellamente narrada de la industria del taxi.

¿Qué trabajo de artistas crees que la gente debería comprar ahora y por qué?
Artistas como Bukhosi Nyathi, Senzo Shabangu y Tshitangoni Ntsauba están influyendo en el mercado. Ellos son jóvenes, comprometidos, y trabajadores. Sus pinturas reflejan los actuales asuntos sociales y políticos de África. El Apartheid ya no es el foco principal, ellos muestran su visión del futuro de África. Por ejemplo, en una pintura reciente titulada “Abuse of Power” de Bukhosi Nyathi, continúa agregando su moneda a la imagen de una joven embarazada para ilustrar cómo los hombres africanos en el poder abusan de las jóvenes y les dan dinero para comprar su silencio. De la pintura se llega a entender que el artista desea un África libre de corrupción.

 

¿Cuál es la situación del mercado de arte en Sudáfrica?
El mercado de arte de Sudáfrica sigue siendo muy pequeño y todavía se necesita una gran cantidad de educación. Plataformas como la Feria de Arte de Joburg han permitido a los artistas locales acceder a mercados más grandes e internacionales. El mercado local está creciendo, y creo que una vez que el continente africano esté acostumbrado al concepto de dinero y propiedad, veremos un mayor derroche en las artes. Ya hay un crecimiento visible hacia ello.

¿Hay algo más que te gustaría compartir con nosotros?
El arte contemporáneo africano de artistas jóvenes ha hecho grandes progresos en muchas áreas de la sociedad. Lo que he llegado a comprender es que los coleccionistas y artistas requieren una galería con una visión fuerte. Me parece un gran honor tener la oportunidad de ser parte de este cambio.

Iniciativas como la de Hlengiwe ayudan a transferir el interés por el arte al público. Ella opina que es necesaria la colaboración entre galerías ya que a través de intercambios culturales se crean experiencias poderosas y fructíferas. Lo interesante es que Joburg es una ciudad muy abierta y acostumbrada a superar las diferencias culturales.

El objetivo de Hlengiwe es concienciar sobre el papel que desempeña la cultura y la creatividad en la resolución de los problemas africanos. Su deseo es mostrar el arte como vehículo de integración cultural y hacerlo más accesible.

Espacios como Jo Anke son importantes para que los artistas tengan plataformas donde expresarse.

Érase una vez… Buhle Ngaba y otras princesas negras

Ante la falta de mujeres africanas en los personajes literarios, la escritora sudafricana publica ‘The Girl Without a Sound’, un cuento para ofrecer a las niñas referentes propios y cercanos

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Parece que el reinado de la princesa blanca, rubia y de ojos azules tiene fecha de caducidad. Al menos, en el mundo de los cuentos infantiles. Al menos, a medida que cada vez más mujeres negras conquistan una voz con la que contar sus historias. Ese es motor de la creatividad de la sudafricana Buhle Ngaba y el sentido de su primer libro The Girl Without a Sound. Es cierto que no es la primera, ni la única, que rompe con los estereotipos de la industria editorial, que intenta diversificar los caracteres de los personajes, pero la historia de Ngaba merece ser contada.

La joven sudafricana de 25 años de edad, se define como actriz, activista y escritora y de esas tres almas surge la necesidad de crear a una heroína negra. Un cuento ilustrado que tiene como protagonista una niña africana puede parecer una anécdota, pero en realidad, es la necesidad de crear personajes diversos lo que llama especialmente la atención y, sobre todo, las motivaciones de su autora. Nace de la experiencia propia. The Girl Without a Sound cuenta la historia de una niña negra sin voz. Un capullo dorado está creciendo en su garganta y le impide pronunciar una sola palabra. Una noche una mujer “con rayos de sol en su piel y alas rojas aparece al pie de su cama”. A partir de ese momento, la misteriosa recién llegada ayudará a la niña a buscar su voz a través de historias, de libros y de palabras.

La actriz, activista y escritora sudafricana Buhle Ngaba. NEO BAEPI

La actriz, activista y escritora sudafricana Buhle Ngaba. NEO BAEPI

“Estaba completamente desilusionada”, explica Buhle Ngaba, “por la falta de representación de las mujeres de color en los personajes literarios, en los que aparecen en las pantallas y en los escenarios. Llegué a la conclusión de que tenía que aprender a escribir cuentos porque nadie más podría escribirlos por mí. Así que, al escribir esta historia, está claro que estaba escribiendo para remediar el dolor de ser una mujer de color en la sociedad actual, una sociedad que nos borraría de la realidad al no escribir sobre nosotros”.

La autora confiesa que escribió la historia “como un capricho” o más bien como una necesidad propia y con una curiosa motivación. “No tenía dinero para comprarle un regalo a mi tía para su cumpleaños así que escribí un cuento”, dice divertida la actriz y escritora sudafricana. Precisamente, la historia está, en parte basada en la relación de Ngaba y su tía. Sin embargo, después de este impulso inicial, las cosas dieron un giro insospechado. La respuesta que la joven recibió cuando explicó en las redes sociales el relato que había escrito, le empujó a desarrollar un poco más el proyecto. “Las reacciones que compartieron conmigo a través del hashtag #BooksForBlackGirls me confirmó mis sospechas. Hacía tiempo que sabía que había necesidad de un libro como este. Si entras en una librería sudafricana para comprar algo para niños, te das cuenta de que no hay libros con pequeños protagonistas negros. Me pregunto, ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos se vean a sí mismos y crean en su propia magia si no están representados en los cuentos que leen?”, se lamenta Ngaba.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Tracey Rose, vídeo y performance para desafiar el ‘statu quo’

  • Autora invitada: Ana Martín Onandía

No es tarea fácil hablar sobre Tracey Rose, no sólo por la complejidad de sus trabajos, sino también por su intensa obra y su largo recorrido. Su proceso es intrincado y muchas de sus obras están compuestas por alusiones, por intertextos que crean una lectura compuesta de capas. A medida que se van descubriendo, se pasa de un primer contacto cómico, por el elemento absurdo e impactante de muchas de sus obras a una reflexión algo dolorosa surgida de la crítica punzante e inteligente de la que se sirve la sudafricana.

San Pedro V, The hope I hope, 2005

San Pedro V, The hope I hope, 2005

A través de su trabajo, de diversas intervenciones y entrevistas,  Tracey Rose se muestra como una artista audaz, franca hasta congelar sonrisas, contestataria, provocativa, salvaje, además de tremendamente consciente y comprometida con su obra. Nacida en Durban en 1974, estudió arte en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo y también cursa un Máster en Bellas Artes en la londinense Goldsmiths Collage. Ha tenido numerosas exposiciones en solitario en Sudáfrica y en países del continente europeo y americano. También ha colaborado en la mayor parte de las grandes citas de arte contemporáneo internacionales, entre los que destacan por su tempranísima edad, la segunda Bienal de Johannesburgo en 1997 o la Bienal de Venecia en 2001. Estos encuentros apenas fueron el comienzo de su carrera ya que desde entonces es una artista en continuo movimiento, con un amplio y complejo trabajo multidisciplinar donde se unen prácticas cómo el vídeo, la fotografía, el texto, la escultura, la instalación o la performance.

Rose, a menudo utiliza su cuerpo y su pelo, a través de las distintas técnicas visuales mencionadas anteriormente, para reflexionar y criticar los elementos opresores tan arraigados en nuestras sociedades contemporáneas por razón de género o etnia. Censura los dogmas que obligan a identificarse con diferentes grupos herméticos, por su hipocresía y su disfunción, ya que crean grandes conflictos de identidad en el mundo global en el que habitamos. En uno de sus primeros trabajos Ongetiteld (Untitled), vídeo realizado en 1998, la artista se graba con cámaras de seguridad mientras se depila todo el cuerpo con el fin de mostrar como ese cuerpo sin vello se encuentra en una línea difusa, difícil de encasillar por alejarse de las normas estéticas del género y como afirma la propia artista, el pelo en las comunidades afro posee gran información sobre la descendencia de los individuos. Según el escritor Percy Zvomuya, ella experimenta estos mismos conflictos en primera persona por su condición de artista internacional con diversos orígenes étnicos y que, además, vive en la sociedad del post apartheid.

Uno de sus trabajos más reconocidos es Ciao Bella, que presentó en la Bienal de Venecia de 2001. Esta obra consiste en trece personajes o arquetipos femeninos, todos ellos representados por Rose mediante disfraces hechos por ella misma. La disposición de la obra se formula alrededor de fotografías de gran tamaño y tres canales de proyección dirigidos a tres pantallas. Las fotos son retratos de los distintos personajes femeninos, constituyendo en conjunto un abanico de los diferentes roles o visiones impuestas a la mujer a lo largo de la historia. Entre ellas encontramos desde la figura de la madre más tradicional y estable,  pasando por una Lolita, María Antonieta, una Saartjie Baartman, una conejita, una sirena, una monja, hasta una boxeadora golpeándose a sí misma, entre otras. Junto a estas fotos se proyecta una video-instalación enmarcada de estilo barroco con cortinas rojas propias de los teatros, donde muchos de los personajes capturados en las fotos se agrupan alrededor de una mesa que representa la escena de la Última Cena de Leonardo Da Vinci (Sean O’Toole). Los personajes se mueven de forma absurda y divertida, desapareciendo y reapareciendo en la escena, algunos mueren a manos de la conejita, otros vuelan. Con mucho humor, este trabajo subvierte y explora los elementos judeo-cristianos que condicionan a la mujer a lo largo de la historia.

 

Otra de sus piezas punzantes y altamente subversivas hacia las instituciones promotoras del arte, es Plantation Lullabies (2008).  Esta performance deriva de una exposición en el museo de Brooklyn de Nueva York, llamada Global Feminisms (2007), a la que la artista es invitada. La ausencia de voces afroamericanas, afroasiáticas o nativo americanas, en definitiva de una verdadera representación de los feminismos globales, irrita y exaspera a la artista. Es así como se decide a hacer una presentación de ventriloquia con el título The Cunt Show (2007), sirviéndose de dos guantes-marionetas que representan a dos artistas invitadas, a través de las cuales la sudafricana desmonta la falacia del evento en una conversación entre estos dos personajes, pues según ella muchas de estas organizaciones artísticas son hipócritas al tratar temas y situaciones que no pretenden cambiar, a veces incluso llegando a perpetuar el mismo patrón de desigualdad.

En un acto rebelde, atrevido y muy potente, Rose decide ir a Jerusalén a grabar en la muralla que divide Palestina e Israel. Completamente pintada de rosa, tan sólo provista de botas, bragas de leopardo, peluca, corona y guitarra eléctrica, ésta toca malamente el himno nacional israelí. San Pedro V: The Hope I Hope (2005) termina con la imagen de la artista orinando en el angustioso y tiránico muro.

Entre sus últimas obras se encuentra White Girl Fart Factory, 2015 (La fábrica de pedos de las chicas blancas), que recorre el proceso de producción y comercialización de la mantequilla de maní, con el fin de exhibir y reflexionar sobre la opresión hacía la comunidad afro a nivel internacional, a través de la historia de este producto. Para ello, utiliza botes de “Black Cat”, una marca sudafricana de dicha mantequilla, cuya publicidad en los años del apartheid iba dirigida al hombre blanco como fuente milagrosa de poder y fuerza. Rose comienza guiándonos por su historia colocando un cúmulo de este alimento delante de un dibujo del rostro de George Washington Carver, un investigador e inventor afroamericano nacido en el periodo de esclavitud estadounidense, y que entre otros descubrimientos, se le atribuye el desarrollo de números usos del maní, como el de la mantequilla. El último bote de la instalación, contiene “el pedo de la chica blanca” (Sonia Barrett) custodiado por un gato 3D al estilo de la marca sudafricana.

 

Die wit man, 2015

Die wit man, 2015

También del 2015 es su Die Wit Man (El hombre blanco), una performance dura, necesaria y desgarradora que en palabras de O’Toole “cuestiona el supuesto panorama idílico post-racial por la desegregación de la sociedad estadounidense, la descolonización africana y la caída del apartheid en Sudáfrica”. A pesar de que esa falsa superación es sobradamente conocida y dolorosamente obvia, todavía existen muchos grupos en estas sociedades que se niegan a ver el abuso histórico en términos raciales o que se empeñan en borrarlo de la historia. Por eso, con un aspecto burlesco, descuidado y bizarro, Rose recorre las calles de Bruselas para no permitirnos olvidar. Desde un centro de arte contemporáneo de la capital belga, hasta Our Lady of Laeken, una iglesia gótica donde la familia real belga está enterrada (como relata O’Toole), la artista sudafricana grita a través de un cono de tráfico, que imita a un megáfono, el nombre de Patrice Lumumba, el primer líder congolés elegido tras la independencia del país, asesinado hace 55 años por los agentes de seguridad belgas y estadounidenses.

En la feria de arte Art Basel, Tracey Rose hace un paralelismo entre la alquimia y el arte, asegura que el artista hace magia. Por eso, en su proceso de creación desea dejarse llevar, escapar de cualquier tipo de control y agenda para encontrar su manera más pura y personal de expresión. Puede que la complicidad y el estilo caricaturesco le sirvan para sanarse y liberarse de todas esas limitaciones impuestas, y puede que también le sirvan para guiar al público hacia la herida, hacia el fondo de la cuestión sin tapujos pero con humor y sarcasmo.

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