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teselación Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

El origami sin papel de Pierre Louis Geldenhuys

‘La Dualidad Visual del Origami’ es la última apuesta expositiva de la Escuela Museo del Origami de Zaragoza (EMOZ), un centro único en toda Europa con el que esta ciudad tiene la suerte de contar, y que hasta el 10 de junio ofrece esta muestra de Pierre Louis Geldenhuys. Si bien hemos resaltado el carácter particular del EMOZ, la exposición de este artista sudafricano que acoge en tres de sus salas no lo es menos. Por primera vez el protagonista de este museo no es el papel, material sin duda hegemónico en un centro dedicado al origami, sino la tela con la que el autor africano recrea esta técnica escultórica de origen japonés a través de la teselación.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

Origami mediante teselación realizada con seda visto de cerca. ‘Metamorfosis 3’ (2017). Pierre Louis Geldenhuys.

El propio Pierre Louis Geldenhuys nos explica este concepto: “La teselación es una técnica milenaria que se utilizaba en la arquitectura. Consiste en utilizar un patrón repetitivo de figuras geométricas, intercaladas entre sí y sin dejar espacios libres, es decir, ordenadas de forma continua. No se superponen y conforman diversas figuras que podrían continuar de manera infinita. No obstante, aunque podría pensarse que son muchos los polígonos que se pueden utilizar en la teselación, sólo el triángulo equilátero, el cuadrado y el hexágono regular son capaces de teselar el plano. Ni el pentágono regular, ni el heptágono regular, ni ningún otro polígono regular puede aspirar a rellenar completamente el plano de la forma comentada”.

Pedro Vaquerizo Sainz, comisario de ‘La Dualidad Visual del Origami’, nos aclara las líneas generales que componen el discurso de la muestra: “Esta exposición es una retrospectiva que recoge la selección más representativa de la obra retroiluminada de Pierre Louis Geldenhuys de la última década, donde muestra una dualidad visual: con luz, proporcionando al espectador un estímulo radiogáfico, diseñado para impactar el ojo humano a través de la percepción irreal; y sin luz, transmitiendo un efecto tridimensional a través de los pliegues de la tela”.

Sin duda la belleza de cada obra se potencia a través de la utilización de cajas de luz, enfatizando el cromatismo de la seda en un efecto hipnótico. “Siempre he utilizado luz led pero últimamente en combinación con fibra óptica para transmitir de manera uniforme ese efecto radiografía único en el mundo de mi obra”, comenta a Wiriko Geldenhuys. Y le preguntamos cómo surgió la idea de este espectacular efecto, que permite apreciar las tonalidades de la tela plegada en alternancia con la densidad del material: “Haciendo investigación sobre la técnica de teselación, vi fotografías publicadas de piezas expuestas frente a la luz natural y el efecto radiografía producido. Me fascinó el efecto visual y comencé a estudiar maneras de poder logar este fenómeno con sedas naturales encapsuladas en cajas de luz led o en instalaciones lumínicas”, responde.

Pierre Louis Geldenhuys es un artista que se identifica con el hombre del Renacimiento. “Siempre me ha gustado hacer un poco de todo: tocar el piano, dibujar, pintar, escultura, teatro, decoración, cocina, antropología, tecnología, etcétera. Sin embargo, fue el academicismo lo que me hizo centrarme en una sola cosa y, entre ellas, la que creo que mejor hago es el uso y manipulación de las telas junto con la tecnología lumínica”.

Si bien el desarrollo de esta revelación artística ha coincidido con su asentamiento en España, la pasión de Geldenhuys por el arte textil no es nueva: “Estudié Diseño de Moda en Sudáfrica y me dediqué a la alta costura, primero como diseñador trabajando para terceros y posteriormente para mi propia firma. De ahí viene mi pasión por los tejidos y sobre todo por las sedas naturales y tornasoladas. Mis mejores experiencias fueron durante los años en los que desarrollé mi marca, donde tuve la gran suerte de viajar a la India para seleccionar y comprar mis propias sedas”.

Éste es sin duda el material predilecto que apreciamos en sus creaciones, mas en su obra tienen cabida otros textiles como el batik, tal y como se aprecia en ‘Destellos’, una de las primeras piezas que nos da la bienvenida en ‘La Dualidad Visual del Origami’. Esta técnica trabajada en países de África Occidental, como Ghana o Mali, la aprendió en un viaje a Indonesia.

Por otra parte, su perfil como diseñador de moda y alta costura desarrollado a lo largo de toda su vida en Sudáfrica permite que podamos disfrutar de lo que Pierre Louis considera “lo más representativo y la culminación de esta exposición”. Se refiere al ‘Kimono de Ceremonia’, “una instalación de luz que me retorna a mis orígenes como diseñador de alta costura”. Y si bien esta es la pieza que destaca el autor de ‘La Dualidad Visual del Origami’, coincidimos plenamente con el comisario de esta exposición cuando dice que “es un tipo de obra única en el mundo” y “una experiencia única visual” que no deja indiferente a nadie.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

‘Kimono de Ceremonia’. Pierre Louis Geldenhuys, ‘La Dualidad Visual del Origami’. EMOZ

Sudáfrica aterriza de nuevo en el Primavera Sound 2018

El Primavera Sound 2018 nos trae de nuevo artistas emergentes de todo el mundo dispuestos a aprovechar la oportunidad que les brinda formar parte de un gran festival. En el marco del Primavera Pro, dos bandas sudafricanas con las que hemos tenido la oportunidad de charlar, aterrizan en Barcelona para ofrecer una actuación gratuita en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y otra en el Parc del Fòrum, donde se celebra el festival del 30 de mayo al 3 de junio.

Ikati Esengxoweni

Ikati Esengxoweni

Sábado 2 de junio – Parc del Fòrum (22:00h)

Domingo 3 de junio – CCCB (16:30h)

Lark Wantu y Anam Manyati son las líderes de la banda sudafricana Ikati Esengxoweni, literalmente “El gato en el saco” en lengua xhosa. Formada en 2016, esta banda originaria de la Nelson Mandela Bay enmarca su música dentro de la World Music urbana, alternativa y afrofuturística. “Es un honor para nosotros formar parte de un festival internacional tan grande como este. Estamos muy emocionadas de compartir nuestra música con el mundo y muy agradecidas a todos los que lo han hecho posible”.

Sus canciones son cuentos, historias interpretadas en acústico o acompañadas por la banda al completo: violín, bajo, guitarra y batería. “De nuestros conciertos podéis esperar una montaña rusa de emociones. Fuegos artificiales, pasión y excelencia”. Preguntadas por la influencia en su música de las múltiples culturas que forman su país, afirman que “Sudáfrica es un país maravilloso, con una rica herencia cultural. No podríamos haber creado este sonido si estuviéramos en otro lugar”.

Después de participar en el Primavera Pro, la banda se concentrará en grabar su próximo EP, del que ya avanzan que será una selección de historias cantadas en inglés y en xhosa.

 

Bye Beneco

Bye Beneco

Sábado 2 de junio – Parc del Fòrum (02:00h)

Domingo 3 de junio – CCCB (17:40h)

Procedentes de Johannesburgo, Bye Beneco es una banda formada por tres jóvenes sudafricanos, con la voz de Lenny Dee-Doucha a la cabeza, que autodefinen su música como dream-pop ecléctico: “Es difícil para nosotros enmarcarse en un género concreto. Desde el principio fuimos muy conscientes de que no queríamos que nuestra música fuera fácilmente etiquetada y encasillada. ¡Ya lo descubriréis cuando nos veáis en acción!”.

En los originales y coloridos vídeos de Bye Beneco, encontramos la expresividad que caracteriza a su música: Chemirocha o Jungle Drums nos atrapan con su estética caleidoscópica y sus singulares ritmos. “Nuestra música está inspirada en Johannesburgo. Sudáfrica es un lienzo en blanco que recuerda a la Nueva York de los ’80. Estamos encontrando nuestra fuerza y creatividad”.

Después de Space Elephant y Ghetto Disko, sus dos primeros álbumes, Bye Beneco nos avanza que ya están ultimando los detalles de un nuevo trabajo. Hasta entonces, prometen que sus conciertos en Barcelona serán muy diferentes a cualquier cosa que hayamos oído antes: “Es muy especial para nosotros formar parte de este festival, ¡hemos estado esperando este momento durante años! Estamos deseando ver a todos los artistas que participan en él y compartir escenario. Además, nos encanta patinar, así que pasar una semana en una de las mecas mundiales del skateboarding en el marco del Primavera Sound ya es una experiencia increíble por sí misma!”.

High Fantasy: el arcoíris sudafricano se desmorona

Como turista en Sudáfrica, no es tarea fácil obviar la imagen omnipresente de Nelson Mandela. Él, su discurso, la construcción del relato, la lucha contra el apartheid… Sus 27 años en prisión actúan –y con razón– como hierro forjado que marca a los que visitan el país nada más entrar. Pero a veces, la foto del puño alzado más que unir a los sudafricanos provoca el efecto contrario.

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

Esta es la premisa con la que trabaja Jenna Bass en su segundo largometraje High Fantasy (2017) en el que examina algunos de los pilares inquebrantables en esta región del cono sur: raza, clase y género en pleno 2017. Y quizás lo más interesante es que cada vez son más las voces críticas que desafían la narrativa de la identidad y lo que significa haber nacido en Sudáfrica después de la abolición del sistema de segregación entre blancos y negros. Bass se enmarca en una generación que se siente engañada por la “ideología del arcoíris” promulgada por Mandela a partir de 1994. Un “arcoírismo” que trató de constituir una nueva clase social obviando las diferencias… pero había muchas décadas de historia enquistada que se tenían que visibilizar. Y no se hizo. O, al menos, no del todo bien.

El de High Fantasy (2017) es un telón de fondo complejo aunque la historia es llevada a la pantalla con mucha innovación y naturalidad en la piel de cuatro jóvenes. Tres chicas (blanca, mestiza y negra) y un chico negro (¿qué actúa como protector de ellas?) deciden pasar unos días en una granja abandonada propiedad de la familia de Lexi (Francesca Varrie Michel), la chica blanca. Un lugar inhóspito, deshabitado y que Xoli, el chico (Quandiswa James) critica al inicio del film: “¡una sola persona es el propietario de toda esta tierra!”. La herencia colonial se vislumbra en algunos de los mensajes, aunque no sea el centro de la cuestión. Se les ve bailar, fumar y reír hasta que el giro fílmico atraviesa al espectador: después de una noche, sus cuerpos se intercambian… Y la interpelación es directa. ¿Qué se siente al ver a otra persona interactuando con algo tan personal y esencial para su identidad como la propia piel?

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

La realizadora sudafricana resuelve la película en tres actos en el que los personajes tienen el tiempo suficiente para resultar familiares al espectador. Y esa es una de las grandezas de High Fantasy, que la empatía se desliza rápidamente gracias a dos elementos: el primero son los planos detalles de manos, piernas, pies y cara que hacen que conozcamos mejor a los cuatro personajes; y el segundo punto interesante son las entrevistas que cada uno de ellos tiene con la directora mirando a cámara en una especia de confesionario y que nos dan la oportunidad de profundizar en la psicología de cómo se sentiría uno al vivir en el cuerpo de otro. La identidad o el género pueden ser diferenciadores en esta nación africana. Sin embargo, hay algo que también une (en este caso, a las tres chicas): las protestas estudiantiles de 2015. Aunque es un discurso enojado, es uno que al menos ha trascendido al de raza, y que apunta a un movimiento al que pueden unirse tanto blancos como negros.

La realizadora Jenna Bass no necesariamente tiene respuestas a muchos de los elementos que se abordan en el guion, pero lo importante es que no teme plantear preguntas importantes como por ejemplo quién es el verdadero protagonista de la historia. Algo básico sobre el que construir un relato. O quizás no. Porque lo cierto es que Bass combina un lenguaje sin arrepentimiento lleno de libertad e igualdad respaldado por un amor permanente (¡¡y rodado todo con un iPhone7!!). Precisamente, en unas palabras sobre su primer largometraje Love the One You Love (2014) explicaba lo siguiente: “Todavía somos un país increíblemente segregado y estaría mintiendo si dijera que entiendo cómo todos se sienten sobre diversos aspectos de la vida. Pero sentí que la única cosa que todos teníamos en común era el amor”.

Por cierto, mucha atención a la última escena de la película donde se plantea un nueva variable para Sudáfrica: ¿construir todo desde cero?

Jazzfrica

En el Día Internacional del Jazz hay que mirar a África. El género es otra forma de la africanización de los estilos musicales que hoy conocemos y etiquetamos.

En el Museo Internacional de la Esclavitud de Liverpool hay una pequeña sección dedicada a la música. Tres pantallas invitan a la interacción para conocer cómo el calipso, el blues, el son cubano, el reggae o el vudú haitiano son algunos de los ejemplos de la influencia de África en la música actual. El jazz no falta en un museo donde el visitante se deja llevar por una breve introducción al estilo cargada de citas.

“Improvisar jazz es un acto de libertad, rompe los grilletes de la esclavitud y las restricciones impuestas por la música clásica europea”, dijo el poeta gualapuense Daniel Maximin. Wynton Marsalis apuntó que este género es “algo que los negros inventaron… la nobleza de la raza hecha sonido”.

El musicólogo estadounidense Ted Gioia recoge en su libro “La Historia del Jazz”, cómo el arquitecto Benjamin Latrobe dejó constancia en sus apuntes de las reuniones de la comunidad esclava en la plaza del Congo de Nueva Orleans a principios del siglo XX. Eran los ecos de Tombuctú como explica el músico Bilal Abdurahman. Una música que les anclaba a una tierra de la que fueron forzados a abandonar y que escondía la pesadumbre por perder sus derechos como seres humanos.

El jazz y el blues fueron unas vías de expresión ante la represión sufrida en las Américas y un legado que volvería a casa.

Abdullah Ibrahim y Sathima Bea Benjamin, precursores del jazz sudafricano de los 60

La tradición jazzística del continente se cimenta en Sudáfrica a mediados del siglo XX. La época clásica del jazz sudafricano cuenta con Miriam Makeba como referencia. Vocalista de los Manhattan Brothers y parte del grupo femenino The Skylarks, la conocida como Mama Africa se asentó en los Estados Unidos donde desarrolló su carrera de la que se recuerdan éxitos como el mítico Pata Pata. La década de 1960 encumbra a la cantante y compositora de jazz, Sathima Bea Benjamin, quien junto a figuras como su marido Dollar Brand, Abdullah Ibrahim desde su conversión al islam, el trompetista Hugh Masekela o Jonas Gwangwa constituyeron la nueva ola del jazz progresivo en Sudáfrica. Sin embargo, el apartheid llevó a esta generación de músicos a vivir en el exilio mientras que en el país el jazz sobrevivía a pesar del aislamiento global.

El trompetista sudafricano Hugh Masekela / Foto de Mwangi Kirubi

Desde el este africano y en los años 70, Mulatu Astatke confeccionó el “Ethiojazz”, que bebía de la combinación junto a sonoridades autóctonas y latinas. Su música es ahora algo común, de todos. Es familiar a la vez que se coloca dentro de la etiqueta “músicas del mundo”. El “Ethiojazz”, como ocurre en muchas ocasiones con tantas representaciones artísticas del continente, llegó a los oídos occidentales gracias a la película de “Flores Rotas” de Jim Jarmush, que incluyó varios temas de Astatke en su banda sonora.

En aquella Etiopía del emperador Haile Selassie, Hailu Mergia también destacó en la escena musical jazzística de Addis Abeba. Con la llegada del régimen comunista, el músico se exilió a Washington DC donde lanzó su primer disco “Hailu Mergia and His Classical Instrument” en 1985. Sin embargo, dejó de tocar en directo hasta que en 2014 el etnomusicólogo Brian Shimkowitz, fundador del sello Awesome Tapes from Africa, recuperó su trabajo. Mergia se animó a tomar de nuevo la carretera con más de 70 años y le llevó el año pasado a España.

Sudáfrica y Etiopía son los precursores de un estilo que en la actualidad es una fusión orgánica junto a géneros como el afrobeat o afropunk. El jazz se expande por el continente y así se refleja en los distintos eventos que se celebran cada año como los festivales de Jazz de Ciudad del Cabo, de Saint Louis, de Cartago, Jazzablanca o el Kriol Jazz Festival, entre otros muchos.

El pasado viernes, en nuestro programa radiofónico en M21, dimos varias pistas musicales que evidencian la consolidación del jazz en todo el continente. La tradición sudafricana continua de la mano de artistas como Nduduzo Makhathini, Billy MonamaLindiwe Maxolo o Tutu Puoane que acaba de lanzar su álbum We Have a Dream y que se coló en nuestra serie “Descoloniza tu iPod” del mes de febrero. Esta recopilación muestra la ebullición jazzística actual e incluye los últimos lanzamientos de Hervé Samb, Kora Jazz Trio o lo nuevo de Hailu Mergia.

Sería imposible enmarcar la expansión y representación del jazz africano en estas líneas. La definición del estilo se emborrona junto a otros sonidos y la retahíla de nombres se alarga. Músicos como Eddie Grey y Ricky Na Marafiki, referentes del jazz keniano, Yvonne Mwale o la joven Suzy Eises son artistas emergentes que facilitan la expansión de este género en África. También desde la diáspora y con trayectorias muy consolidadas Richard BonaCarmen Souza o Somi dan muestras de que el jazz “tiene sus raíces en África”, como explicó recientemente a Wiriko el músico senegalés Alune Wade.

Cuando África va a Berlín

Desde el 15 hasta el 25 de febrero de 2018, el Festival de Cine de Berlín (también llamado Berlinale) acogerá una plétora de películas africanas y reuniones profesionales para su 68ª edición.

En los cines

Imagen de High Fantasy, dirigida por la sudafricana Jenna Bass. Cines africanos

África también estará presente incluso si no se incluye un largometraje en la competencia oficial y ningún profesional en los diversos jurados. Solo el documentalista congoleño Dieudo Hamadi presentará su largometraje Kinshasa Makambo en la sección Panorama.

En la sección Cortometrajes se presenta una película filmada en Mozambique (Madness, por Joao Viana) y otra filmada en Ruanda (Imfura, por Samuel Ishimwe). Fuera de competición, una se presenta el cortometraje nigeriano: Besida, por Chuko Esiri.

La selección de Generación, dedicada a películas para un público juvenil, tiene dos largometrajes: High Fantasy, de Jenna Bass (Sudáfrica), ya presentada en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2017, y Supa Modo, de Likarion Wainaina (Kenia), producido por One Fine Day Films fundada por el cineasta alemán Tom Tyckwer.

El Forum, donde se presentan habitualmente películas africanas, ha seleccionado varias obras este año: un documental del cineasta camerunés Jean-Pierre Bekolo, Afrique la pensée en mouvement Parte I y II; el largometraje Our Madness de Joao Viana (Mozambique) que se desarrolló a través de la Cinefondation del Festival de Cannes; la versión restaurada de Shaihu Umar de Adama Halilu (Nigeria) filmada en 1976; el segundo largometraje del director marroquí Narjiss Nejjar, Apatrides, lo nuevo del también marroquí Hicham Lasri, Jahilya y el primer largometraje del cineasta congoleño Machérie Ekwa Bahango, Mak’ila. A esto se agrega el cortometraje We live in silence: chapter 1 to 7, por Kundzanai Chiurai (Zimbabue), presentado en la sección Forum Expanded.

 

En el mercado cinematográfico

Los profesionales de continente podrán reunirse en el Africa Hub de la Berlinale, que recibirá a profesionales del continente por segundo año consecutivo, en asociación con el mercado de cine y televisión DISCOP. Situado a la entrada de la European Film Market, este espacio organizará reuniones y presentaciones que incluyen: Monica Rorvik (Wesgro Film and Media Promotion, Sudáfrica), Dorota Lech (Hot Docs, Canadá), Marc Schwinges (Underdog Productions, Sudáfrica), Amani Papy (Burundi Film Center, Burundi), Grace Evaly (Nollywood Germany, Alemania), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica), Aliki Saragas, Zoe Chiriseri, Sara Blecher (SWIFT, Sudáfrica), Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia/Sudáfrica), Alain Modot (DIFFA, Francia/Costa de Marfil), Tshoper Kabambi (Bimpa Productions, RDC), Chike Maduegbuna (Afrinolly, Nigeria), Tanja Sakota (Wits Film and Television, Sudáfrica), Vincenzo Cavallo (Cultural Video Production, Kenia), Toni Monty (Durban FilmMart, Sudáfrica), Don Edkins (AfriDocs, Sudáfrica) and Judy Kibinge & Peter Mudamba (Docubox, Kenia), Betty Sulty-Johnson (Trace, Francia), Joel Haikali (Namibia Film Commission, Namibia), Fabrizio Colombo & Daniel Nyalusi (Zanzibar IFF, Tanzania), Laza (Rencontres du Film Court, Madagascar), Philipp Hoffmann (Rushlake Media, Alemania), la nuestra revista AWOTELE representada por Claire Diao (Francia/Burkina Faso) y Nicolai Niemann & Nkiru Niemann (GreenMe Global Festival, Alemania).

Africa Hub Talks

En los Africa Hub Talks, que se celebraron del 16 al 20 de febrero hubo títulos muy atractivos. El 16 de febrero tuvo lugar ¿Dónde está el mercado de cine africano”, con Tim Mangwedi (de Mercados para el África subsahariana de DISCOP, Sudáfrica) Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia / Sudáfrica), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica) y Barbara Weill (CanalOlympia, Francia).

El 17 de febrero “África y adquisiciones, compra a un continente”, con Michiel Berkel (Comart Films, Sudáfrica), Theresa Hill (STEPS, Sudáfrica) y Laurent Sicouri (Canal+, Francia). El 18 de febrero “Reimaginar África, cómo comprar un continente”, con Efuru Flores (florecientes Films, EE.UU.), Tendeka matatu (Ten10 Films, Reino Unido) y Leslie Vuchot (La Agencia Festival, Francia). El 19 de febrero “Sur-Sur, crear los enlaces al sur del hemisferio” con Neil Brandt (Fireworx Media, Sudáfrica) y Joao Queiroz (Querosene Filmes, Brasil). Y finalmente el 20 de febrero El cine africano existe: el World Cinema Fund Africa y otras historias” contada por Michael Henrichs (Die Gesellschaft DGS, Alemania) y Vincenzo Bugno (World Cinema Fund, Alemania).

Solo un apunte recordatorio, solo una película africana ha ganado el Oso de Oro; fue en 2005 con Carmen U-Kayelitsha, de Mark Dornford-May. Hace ahora 13 años…

Traducción: Sebastián Ruiz-Cabrera

Damon Albarn y Africa Express acusados de neocolonialismo

“La colonización del siglo 21 está viva” 

Con este inflamable mensaje a través de su cuenta de Facebook, el artista sudafricano Petite Noir, incendiaba las redes sociales junto una fotografía –que fue borrada posteriormente– del contrato que Africa Express les hizo a él y a otros músicos de renombre como Spoek Mathambo o Zolani Mahola (cantante de Freshlyground), durante su último viaje a Sudáfrica. Inmediatamente, otras voces como la de la londinense Nabihah Iqbal, se sumaban a la polémica acusando al proyecto iniciado por Damon Albarn (líder de Blur o Gorillaz) en 2006 para lanzar las carreras de talentosos músicos africanos a escala internacional, de trato injusto a los músicos africanos.

“La gente debe saber qué hay detrás de la fachada de esta “organización benéfica” (…) a menos que nos arriesguemos a hablar sobre estas injusticias, las cosas nunca cambiarán”, decía Nabihah en un twitt la semana pasada.

Lo que denuncian algunos de los artistas que han participado en la última “expedición” de Africa Express al continente son las cláusulas de un contrato que, a pesar de haber grabado varias canciones para un álbum coral, cedería los derechos de autor de todos los artistas a cambio de 1 dólar. Es decir, a cambio de 80 céntimos de euro. “¿Cómo puede estar esto comprometido con apoyar la música en África?”, se lamentaba Nabihah en Twitter.

Zolani Mahola y Gruff Rhys en Johannesburg, durante el último viaje de Africa Express en Sudáfrica. Imagen del Facebook del proyecto.

Sin embargo, los organizadores de Africa Express respondieron, también a través de un comunicado público a través de su página oficial de Facebook, donde decían lo siguiente:

“Africa Express invita a músicos del Reino Unido, Europa y Estados Unidos a colaborar con artistas africanos y de Oriente Medio en espectáculos en vivo, eventos y grabaciones de álbumes para promover la música africana y de Oriente Medio. Hemos estado haciendo esto desde hace más de una década, trabajando con cientos de músicos brillantes.

Africa Express no se ejecuta para obtener ganancias. En la medida que pagamos todos los gastos de viaje, alojamiento y otros costos para que los artistas occidentales se unan a nosotros en los viajes, les pedimos que ofrezcan su tiempo como voluntarios. Pueden contribuir a nuestros costos si están dispuestos a ello. No les pagamos. Todos nuestros contratos son negociados, discutidos y acordados, no infligidos.

Los artistas en África son tratados de manera diferente, reflejando a menudo circunstancias diferentes. Les pagamos por su tiempo.

Nos aseguramos de que todos los beneficios obtenidos de las grabaciones, después de los costos, vayan a los artistas y la promoción de la música africana.

Acabamos de terminar una fantástica semana de colaboraciones que esperamos genere otro gran disco, como Maison De Jeunes, In C Mali y The Orchestra of Syrian Musicians, que beneficiará a los artistas intérpretes o ejecutantes que se unieron a nosotros y, con suerte, atraerá a muchos más oyentes hacia algunos maravillosos músicos”.

 

Con más de una década de trabajo en el continente, Africa Express ha trabajado con un increíble elenco de artistas y músicos africanos como Bassekou Kouyate, Amadou & MariamFemi Kuti, Fatoumata Diawara, Dele Sosimi, Daara J o Baloji. Y hasta la fecha, ninguno de ellos había expresado malestar en el trato recibido por el proyecto. Sin embargo, la polémica suscitada en las redes sociales evidencia muchas tensiones laborales desde el colectivo de artistas participantes en la última odisea, que deja abiertos algunos interrogantes bastante preocupantes.

Nabihah Iqbal y BCUC en Johannesburg, Gauteng, durante el último viaje de Africa Express. Foto de Denholm Hewlett.

¿Qué arte no desarrolla William Kentridge?

El dibujo, el cine, la ópera, el teatro, la escenografía, la instalación, el videoarte, el collage, el dibujo, el grabado o la escultura. William Kentridge, es uno de esos artistas multidisciplinares con todas las letras y en mayúsculas. Llega a Madrid de la mano del Museo Nacional Centro Reina Sofía, que aloja hasta el 19 de marzo ‘Basta y sobra’, la primera exposición mundial que ofrece una retrospectiva centrada en su vertiente escénica. Sin embargo, ello no impide que podamos disfrutar de sus dibujos o esculturas, puesto que a través del teatro y la ópera también conocemos su producción plástica.

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Esta podría ser entendida como su otra faceta creativa, mas el artista no concibe su creación a través de disciplinas independientes, sino en un sentido más global, entendiendo todo ello como gestos del cuerpo. Se trata de una completísima muestra comisariada por Manuel Borja-Villel y Soledad Liaño, que se articula a través de las seis piezas seleccionadas. A lo largo de la misma se compagina la exhibición de fascinantes escenografías creadas por Kentridge con proyecciones de obras de teatro y óperas, además de fragmentos fílmicos de importancia en su producción escénica.

William Kentridge (Johannesburgo, 1955) se licenció por la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo en Políticas y Estudios Africanos. A continuación se trasladó sucesivamente a París y Sudáfrica, dedicándose al teatro, mimo, cine y arte gráfico. A raíz de su trabajo plástico alcanza en la década de 1990 renombre internacional, si bien trabaja simultáneamente distintos soportes creativos. En su obra utiliza medios y referentes anacrónicos, alejándose drásticamente del factor de innovación en dispositivos tecnológicos que caracteriza gran parte del arte contemporáneo.

Una parte importante de sus montajes escénicos remiten a clásicos de la literatura europea como las importantísimas obras teatrales Woyzeck en el Alto Veld (1992) o ¡Fausto en África! (1995), donde utiliza la descontextualización trasladando la acción al continente africano. Para Kentridge figuras como Alfred Jarry, Karl Georg Buchner o Max Beckmann son referentes fundamentales. A modo de catalizadores le ayudan a abordar cuestiones como el apartheid, que en una obra resultaría complejo de tratar de forma inmediata. Como observó Rosalind Krauss (2000): “No puedes enfrentarte directamente a la roca; la roca siempre gana”.

Las obras de William Kentridge tienen un carácter procesual que pone el acento en el transcurso creativo en lugar de en el resultado. No en vano, él mismo protagoniza conferencias-performances como ‘Yo no soy yo, el caballo no es mío’ (2008), donde se establece un diálogo entre el cuento de ‘La nariz’ (1836), de Nikolái Gógol; ‘Tristram Shandy’ (1761), de Stern; y ‘El Quijote’ (1615), de Cervantes. En la obra distinguimos elementos característicos de su producción escénica, tales como la presencia de lo absurdo o el protagonismo de un único personaje, que como ocurre en otras ocasiones, es encarnado por él mismo y con el cual interactúan uno o varios dobles de su persona que se suman durante la obra.

Sus piezas están construidas mediante la acumulación, yuxtaponiendo significados, generando pequeñas historias que se relacionan entre sí de forma incierta o contradictoria o ambigua. He ahí donde recae el aspecto político de su obra, desarticulando un discurso lineal dominante. En este caso establece una crítica a las jerarquías sociales y la tiranía mediante el protagonista del cuento, el asesor colegiado Kovaliov, cuya nariz se atreve a desprenderse de su rostro sin previo aviso para convertirse en nada menos que consejero de Estado. La famosa conferencia-performance no puede entenderse de forma aislada sino en relación con obras como la escultura ‘La nariz’ (2009), puesto que forma parte de una amplia producción cuyo punto de partida es el cuento satírico de Gógol, discurriendo en paralelo las disciplinas artísticas que trabaja el recientemente nombrado Premio Princesa de Asturias de las Artes.

En cuanto a sus piezas operísticas cabría citar ‘El retorno de Ulises’ (1996-1998), correspondiente a sus proyectos posteriores. Cabe destacar la valiente selección de este género, considerado una “obra total” de la razón altamente rechazada por las vanguardias históricas. En este caso, partiendo de la famosa ópera de Claudio Monteverdi, recrea un bellísimo teatro anatómico barroco como escenario para las siete increíbles marionetas a las que una vez más la Handspring Puppet Company da vida, acompañados de músicos, cantantes y proyecciones. Nuevamente el protagonista se traslada a África, donde ha emprendido un largo viaje individual hacia la recuperación de su salud. La llegada a la particular Ítaca de este superviviente será mucho más compleja e introspectiva, alejándose de los fastos del poema de Homero. Del mismo modo, la acción perderá presencia en favor de la emoción creada a través de la voz. En definitiva, una enorme exposición donde merece la pena acudir con tiempo y la mente abierta para conocer un artista absolutamente genuino, con una increíble producción que no puede dejar indiferente.

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Memorias del apartheid: testimonios de la infancia de Trevor Noah

El popular cómico sudafricano Trevor Noah (Johannesburgo, 1984) se sumerge de lleno, a corazón abierto, en su más tierna infancia en la Sudáfrica del apartheid. Desde la recreación del marco infernal que supuso el periodo más oscuro de la historia reciente del país de África austral, emerge el testimonio del autor sudafricano. Prohibido nacer (Blackie Books, 2017; publicado originalmente como Born a Crime por John Murray en 2016) narra las vivencias personales, en clave de humor, del joven Trevor Noah navegando en aguas revueltas. No en vano el subtítulo de la edición en castellano es “Memorias de racismo, rabia y risa”.

El humorista sudafricano Trevor Noah. Foto: Blackie Books

Tal y como su tez blanquecina desvela, Trevor Noah es a todas luces producto del mestizaje, sin duda un pecado en aquella época sancionado socialmente con las más absoluta marginalidad por parte de las entonces autoridades de turno.

Surgido del amor furtivo entre su padre, un hombre de raza blanca natural de tierras helvéticas, cuna, a su vez, junto a otras naciones europeas, del poder supremacista blanco, y que, en boca del propio autor, es descrito como serio y de pocas palabras. De otro lado, su madre, negra, sudafricana y de armas tomar, a tenor del extenso activismo político encubierto del que hace gala su hijo Trevor. Criada, irónicamente, bajo el estricto adoctrinamiento ideológico de una Sudáfrica post-colonial con tintes británicos y holandeses por doquier.

Trevor Noah es, a pesar de todo y contra todo pronóstico, y muy especialmente teniendo en cuenta las complejidades que entraña crecer en un ambiente social tan hostil y sofocante como fue el apartheid, el exitoso resultado del amor sin barreras y del manifiesto sexual por la igualdad y la fraternidad entre razas y culturas. Trevor Noah representa el triunfo de la libertad y de la resiliencia frente a la imposición de ideologías caducas y retrógradas que durante algo más de cuatro largas décadas condujeron a Sudáfrica al más completo y vergonzoso de los ridículos internacionales. En la actualidad, el país se encuentra sumido en una crisis política de gran envergadura y castigado por uno de los males endémicos de las sociedades teóricamente avanzadas como es la corrupción. Por tanto, está actualmente necesitada de voces frescas y referentes que la vuelvan a situar en la senda del progreso que años atrás deslumbró a la comunidad internacional de la mano del desaparecido Nelson Mandela.

El cómico convertido en autobiógrafo se lleva de viaje a millones de lectores comúnmente fascinados tanto por la sencillez de sus palabras, como por la compleja realidad de los barrios marginales del Johannesburgo de finales de los años 80 y principios de la década de los 90. Un recorrido emocional y sensitivo que no dejará al público lector indiferente y que nos adentra en la psicología de lo absurdo e indefendible: el racismo institucionalizado. Prohibido nacer es un llamamiento pacífico a la rebeldía y un golpe sobre la mesa que cuestiona la falta de rigor y ética de las mal llamadas élites políticas, a menudo demasiado centradas en hacer tambalear las libertades individuales. Las memorias de Trevor Noah son, además, una reflexión detenida o incluso ligeramente canallas que persiguen, con un envidiable tono divulgativo, dar a conocer el auténtico tesoro de Sudáfrica: la diversidad cultural y lingüística de la, a día de hoy, potencia socioeconómica del continente africano.

A modo de conclusión, Prohibido nacer sirve para poner de manifiesto el poder de las autobiografías como elemento catalizador del cambio social gracias a la capacidad y fuerza de estas autobiografías vitales para conectar con un público diverso. En el contexto de la infancia y adolescencia del autor, esta obra escrita desde las entrañas pone, además, al descubierto la habilidad de Trevor Noah para resistir frente a las definiciones de ciudadanía impuestas por los parámetros ideológicos del apartheid. Prohibido nacer es, sin lugar a dudas, digna de ser incluida en los programas universitarios de estudios postcoloniales de Estudios Ingleses no solo por su capacidad para articular respuestas inclusivas y dialogantes frente a la amenaza global que supone cualquier tipo de supremacía racial convertida en ideología, sino también por el poder de la literatura para curar y superar traumas a través de la empatía textual.

Senegal y Sudáfrica ¿a por el Oscar 2018?

Hoy es el día. Poco después de las 15.00 hora española conoceremos los cinco trabajos seleccionados para competir por el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Es cierto que bajo la dirección del nuevo presidente John Bailey (Mejor..Imposible, 1997) quien asumía el timón de la Academia de Hollywood hace unos meses, se han introducido algunos cambios para tratar de mitigar los errores que tuvieron lugar el año pasado al anunciar al ganador de la mejor película (que finalmente fue para Moonlight, del director Barry Jenkins). Pero la herencia de la representación blanca, masculina y occidental, continúa siendo la tónica general.

Este año se han presentado un total de 92 filmes para optar a la mejor película extranjera, una cifra récord ya que en 2017 se consideraron elegibles 85. Y de estas 92, han entrado por primera vez en las apuestas países como Haití, Honduras, Laos, Siria o, en el caso africano, Mozambique y Senegal. El trabajo de criba es demoledor. Solo nueve películas pasaron el corte y en unas horas sabremos cuáles se sentarán en el Dolby Theater de Hollywood (Los Ángeles) para la gala de premios de la 90 edición que asegura estar politizada con discursos en contra de las salidas de tono cada vez más frecuentes y peligrosas del presidente norteamericano Donald Trump. Por cierto, la Academia continúa firme en mimar a las productoras Sony Pictures Classics y Magnolia Pictures que lideran esta categoría con tres y dos películas, respectivamente.

Las dos películas africanas entre las 9 candidatas

Sudáfrica: Inxeba, 2017. Director: John Trengove

Inxeba explora de forma rígida e inquebrantable la masculinidad negra situándolo en un entorno aún más silencioso, la iniciación Xhosa. Además, el director construye su mundo con ángulos de cámara íntimos y fotos de naturaleza encantadoras.

Aquí la crítica de la película.

Senegal: Félicité, 2017. Director: Alain Gomis

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Aquí la crítica de la película.


A parte de las seleccionadas Inxeba y Félicité, las películas africanas que se presentaron para competir a la Mejor Película de Habla no Inglesa fueron estas.

Argelia: Road to Istanbul, 2016 Director: Rachid Bouchareb.

Egipto: Sheikh Jackson, 2017. Director: Amr Salama.

Kenia: Kati Kati, 2016. Director: Mbithi Masya.

Marruecos: Razzia, 2017. Director: Nabil Ayouch.

Mozambique: El tren de la sal y el azúcar, 2017. Director: Licinio Azevedo.

Aquí la crítica de la película.

Túnez: The Last of Us, 2016. Director: Ala Eddine Slim.

 

Sorteamos 10 entradas para ver la película Inxeba en Madrid

Hace unos meses tuvimos la suerte de poder asistir en el festival de cine Internacional de Durban (DIFF) al estreno de Inxeba (The Wound-La herida). Hoy sorteamos 10 entradas para disfrutar del preestreno en Madrid de esta maravilla.

Si quieres ganar una de las entradas tienes que responder a la siguiente pregunta.

¿Qué premios ganó esta película en el DIFF 2017?

Envíanos tu respuesta a sebas@wiriko.org escribiendo en el asunto “Entradas Inxeba” y en el email la respuesta a la pregunta junto a tu nombre y DNI.

Día: lunes 11 de diciembre

Dónde: Instituto Francés (Metro Colón) – Madrid

Hora: 20.00h.

 

 

Thabo Makhetha: “Mi objetivo es presentar la cultura africana como una marca de lujo”

“¿Por qué cuando dejamos atrás nuestro hogar tendemos a dejar atrás también nuestra cultura?”. Esta pregunta, planteada a sí misma por la diseñadora lesotense Thabo Makhetha, quien desde niña ha vivido en distintas ciudades sudafricanas, tuvo como respuesta una marca de moda inspirada en la cultura Basotho, originaria de su país. Era el año 2012 y Makhetha, una joven recién licenciada en Diseño de moda por la Universidad Metropolitana Nelson Mandela, aprovechó la carrera de caballos Durban July, uno de los eventos más glamourosos de Sudáfrica, para lucir uno de sus abrigos inspirados en las tradicionales mantas Basotho y renovado bajo el concepto de la realeza africana. Su estilo llamó la atención de celebridades y medios, y ese mismo año la marca de moda francesa Louis Vuitton sacaba una línea de bufandas con patrones Basotho para su colección de otoño / invierno. Ahora, a sus treinta años, Thabo Makhetha es una de las diseñadoras más prometedoras de la escena del continente al conseguir que una vestimenta tradicional africana pase a ser reconocida globalmente como una prenda sofisticada.

R.F: Aunque naciste en Lesoto, te criaste en Johannesburgo y ahora vives en Ciudad del Cabo. ¿Tus diseños de mantas Basotho son una manera de acercarte a tu país?

T.M: En cada ciudad en la que he vivido ha habido diferentes culturas, diferentes tipos de personas y a mi me eso me ha servido básicamente para saber más de mi misma y de mi propia cultura. Haber vivido desde tan joven en otras ciudades, haber estado expuesta a otras culturas me ha llevado a querer saber más sobre la mía propia porque, aunque también he aprendido de esas culturas, al estar frente a otras te das cuenta de que es muy difícil hablar a los demás de tu historia y de tu cultura cuando no conoces bien tu herencia, tu identidad cultural.

R.F: ¿Cómo ha sido el proceso de convertir estas prendas tradicionales en una marca de moda?

T.M: La idea principal de mis diseños es el concepto de identidad en el uso de las mantas Basotho. El uso actual de la herencia, diseñar sobre mi propia cultura y la investigación que hay detrás del abrigo, la historia de su uso,… toda esa información al servicio de la construcción de las prendas.

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R.F: ¿Podrías explicarnos cuál es el uso tradicional de estas mantas?

T.M: Pertenecen al pueblo Basotho de Lesotho, el país del que procedo. Son unas mantas muy largas y se ponen alrededor de los hombros o incluso se usan para cubrir la cara. Tradicionalmente estas mantas se usaban todos los días, pero hoy en día estas mantas se usan más para ocasiones especiales, como bodas, funerales y celebraciones.

R.F:¿Y en qué se distinguen tus diseños?

T.M: Son mantas más modernas. Con ellas te puedes mover más fácilmente, puedes llevarlas para trabajar o para ir a un evento también. He pensado en la mujer Basotho joven.

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R.F: La tuya es una marca de lujo, ¿tienes previsto que tus diseños sean económicamente accesibles también para la mayoría de la gente?

T.M: Por ahora mi objetivo es presentar la cultura africana como una marca de lujo. Cuando vas a los mercados encuentras diseños africanos pero, aunque no en todos, está hecho más barato y el material es siempre el mismo. Creo que también en África hay mucha gente que reconoce su cultura como algo que puede vestir lujosamente y eso es en lo que realmente me centro, en hacer de la identidad africana una marca de lujo.

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R.F: Louis Vuitton  también ha utilizado patrones Basotho para algunos de sus diseños. ¿Consideras que existe una apropiación cultural africana por parte de artistas occidentales o se trata de inspiración?

T.M: Creo que debería haber colaborado con la gente Basotho para saber más de su cultura y luego hacer sus diseños, no me gusta el modo en que lo hizo. Cuando hablas del caso de Louis Vuitton sin duda es una apropiación porque  hay que mirar la historia de un país y en los países africanos nuestra historia ha sido la de un continente saqueado de recursos minerales, donde ha habido esclavitud,… Así que lo que hay que hacer para que sea inspiración es venir aquí, ver qué quiere la gente, por qué hace lo que hace,… Hay otros diseñadores occidentales que también se basan en la cultura africana pero vienen e incorporan a la gente del país en el que se inspiran en su proyecto.

R.F: ¿En qué estás trabajando ahora?

T.M: Ahora estoy trabajando en la próxima colección, que debería estar lista a finales de marzo, basada en cómo vestían los Basotho antes de usar las mantas.

Derek Gripper: “Escuchar ‘Kaira’ fue como encontrar el santo grial”

Hace casi 30 años el virtuoso de la kora, Toumani Diabaté, lanzó su primer álbum en Occidente. Un trabajo en solitario titulado “Kaira”. Cuando el guitarrista sudafricano Derek Gripper escuchó el disco, su búsqueda finalizó. No sabía que rastreaba pero lo había encontrado.

“Estoy entre dos culturas en cierto modo. Aprendí a tocar música clásica pero vivo en un lugar que cuenta con un elemento trascendental. La música que exploraba con anterioridad eran los sonidos del Cabo pero echaba de menos otras músicas. Y de repente escuché a Toumani y me dejó sin palabras”, explica Gripper en una charla con Wiriko en Londres.

Y comenzó un largo camino. Gripper es una esponja musical. Absorbe y su currículo lo ha trasladado a aromas, paisajes y sonoridades ricas y diversas. Buscó los sonidos de la India en su álbum “Rising” junto al trompetista Alex van Heerde y se sumergió en la música tradicional pakistaní y afgana en su colaboración con Udai Mazumdar. Se atrevió con Bach y en 2014 tomó los temas de Egberto Gismonti para indagar en la música brasileña. “Kaira” abrió las puertas de un proyecto sin embargo mastodóntico. La misión de Derek Gripper fue la de crear un repertorio para guitarra basado en las composiciones de los grandes músicos africanos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko y Ali Farka Touré. La traducción musical de la kora, el instrumento de 21 cuerdas del África occidental, a las 6 cuerdas de su guitarra acústica parecían imposible. Pero Gripper se empeñó y el resultado de su disertación sonora fue el disco One Night on Earth: Music from the Strings of Mali publicado en 2012.

Al principio Gripper reconoce que aprendió a reproducir los sonidos de la kora pero no entendía la complejidad de las composiciones. Comenzó a escribir los acordes y partituras en interminables horas de práctica pero la dificultad era hacer que la guitarra replicase a la kora.

“En “Kaira”, Toumani Diabaté grabó Jarabi y 20 años más tarde en las “Mandé Variations” toca Cantelowes. Descubrí que eran la misma pieza. Comprender que las composiciones no eran improvisadas fue como encontrar la Piedra Roseta”, explica Gripper quien al transcribir ambos temas vio cómo Diabaté sólo había cambiado el orden. “Me llevó 10 años para acceder a Toumani y pensar su música de una forma correcta. La manera de la que hablamos de su música es con un el mismo léxico que aplicamos al jazz o al rock pero hay que pensarlo como un compositor”.

El trabajo de Gripper ha desmontado la burbuja purista de la música clásica. Interpreta, que no versiona, temas populares. “No pensamos que Glenn Gould toca una versión cuando toca a Bach. Pensamos que lo está interpretando”, apunta. Gripper explica que en la actualidad hay intercambios musicales que no pueden ser ignorados como el de Ballaké Sissoko y Vincent Segal. “Ellos rompieron la barrera entre la música clásica y la popular o llamada música del mundo. Es muy difícil que en recitales de música clásica haya participación de músicos populares”.

Pero Gripper está en una misión de celebrar a los grandes de la música africana y los ha llevado a nuevas audiencias. “Desde el punto de vista musical, Toumani Diabaté es un compositor como se denominaría en la música clásica. Los malienses aprenden a través de grabaciones y así lo hizo Toumani de su padre. Bach habría grabado sus composiciones si hubiera podido. Pensamos que una partitura es como algo que otorga superioridad pero es simplemente una manera más de anotar una composición. Ahora un estudiante graba sus clases en un teléfono móvil”, explica.

Toumani Diabaté escuchó las interpretaciones de Gripper. Le preguntó a su productora Lucy Durán si aquello era solo una guitarra tocada por un hombre. Ante la afirmación de Durán, el maliense invitó a Gripper a viajar a Malí por primera vez y tuvo la oportunidad de tocar en el Festival de Festival de Música Acústica de Bamako. El guitarrista sudafricano ha continuado con su estudio de la kora y con su álbum “Libraries on Fire” incluyó también composiciones de Sekou Batourou Kouyate y Amadu Bansang Jobarteh. “Mali on Oak” es su último trabajo hasta la fecha y es una colaboración con el músico Tunde Jegede.