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Robyn Orlin, una irritación permanente

“Una irritación permanente”, este es el apodo que se ha ganado la sudafricana Robyn Orlin en su país por el efecto que provocan sus obras. Y es que esta bailarina y coreógrafa lleva más de treinta años transformando los límites entre la danza y el arte performativo en todas las formas posibles: televisión, cine, teatro, danza, ópera, artes plásticas y audiovisuales. Con una forma de trabajar absolutamente ecléctica, Orlin siempre tira de un denominador común: encontrar la manera de involucrar al público. Por eso, su punto de partida al comenzar un proyecto es invariablemente el entorno inmediato, que actúa como resorte para adentrarse en cuestiones como la cultura, la historia y la identidad. Cuando no está de gira, Robin vive entre Berlín y Johanesburgo, ciudad que reconoce como su fuente de inspiración y tracción creativa. Una realidad difícil y compleja la sudafricana, que siempre queda plasmada en su obra. En Madrid, Naves Matadero nos ha acercado tres propuestas para conocer su trabajo: una videoinstalación, una conferencia performativa y el estreno de ‘And so you see…‘, uno de sus últimos trabajos. Wiriko estuvo allí para conocer en persona a esta fascinante artista, menuda y cercana, que nos ha conquistado por su sensibilidad, conciencia social y sentido del humor.

Foto: Philippe Lainé

En la presentación de la videoinstalación ‘Babysitting Series‘, reconoce sentirse “como si tuviera dieciocho años, al ver por primera vez todas las piezas audiovisuales juntas en un mismo espacio”. Este proyecto comenzó hace casi veinte años cuando hacía un máster en el Instituto de arte de Chicago y consta de pequeñas piezas audiovisuales protagonizadas por los vigilantes de sala de museos como el Alte Nationalgalerie de Berlín (2002), el Museo del Louvre de París (2009) o Palais des Beaoux-Arts de Lille (2012). En ellas, Orlin propone al público una mirada inédita a los museos y sus colecciones, a los espacios y a las personas que allí trabajan.

Orlin nos explica cómo surgió la idea: “En el Instituto de arte de Chicago, los estudiantes y los vigilantes eran invitados a visitar las nuevas exposiciones la víspera de la inauguración. Era una forma de descubrir los entresijos del museo. Me hice amiga de un vigilante, un afroamericano muy grande, originario de los suburbios del sur de la ciudad. Tomamos por costumbre visitar juntos las exposiciones. Era muy interesante escuchar su punto de vista. Comencé a darme cuenta de la importancia  que los vigilantes de sala tienen en la vida cotidiana del museo. Era un momento en el que los estudiantes hablábamos mucho de romper con el elitismo y de hacer el arte accesible a más personas. Después volví a Sudáfrica, donde era cada vez más difícil para mí encontrar lugares donde mostrar mi trabajo. Me vi obligada a imaginar otras soluciones fuera de los teatros. Entonces descubrí que era posible intervenir en los museos.”

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Para elaborar las dramaturgias, Robin parte de los testimonios de los vigilantes de sala sobre su trabajo, sus talentos, sus proyectos, sus deseos y sus relaciones con las obras y con los visitantes. “Lo que busco es la humanidad de los vigilantes. Primero trato de conocer a la persona, hablar sobre el proyecto y de cómo se sienten cuidando del arte. Es un trabajo sutil y delicado, ya que ellos no son intérpretes, pero quieren trabajar conmigo. Es un proceso largo de creación en conjunto sobre su persona. Rodamos de noche en los museos con el equipo mínimo, dos focos y una videocámara. Cuando trabajo con un vigilante siempre le pregunto cuál es su pieza de arte favorita y, a partir de ahí, las salas vacías y oscuras favorecen la fantasía, la memoria y la expresión. Reconozco que para mí es más satisfactorio el proceso que el resultado final.”

La inquietud creativa de Orlin la empuja a acercarse a los demás con curiosidad: “Me interesa trabajar sobre los intérpretes o bailarines, en quiénes son ellos en realidad. Me fascinan las transiciones, los espacios en medio. Esta es la motivación de ‘One hour with Robin’, una serie de conferencias performativas que ya se ha llevado a cabo en lugares  como la filarmónica de París o la Gaîte Lyrique, también en la capital francesa. En ellas los asistentes se ven involucrados en el proceso creativo, convirtiéndose en los actores de una película que ella misma rueda en el momento. Durante los sesenta minutos que duró esta experiencia en Madrid, la coreógrafa, con la ayuda de unos simples rollos de papel higiénico y su singular humor y tono personal, consiguió la entusiasta respuesta del público, que inevitablemente dejó allí una pizca de su identidad, su memoria y, al fin y al cabo, su vida.

Por último, el estreno en España de ‘And so you see…our honorable blue sky and ever enduring sun… can only be consumed slice by slice‘: una obra resultado del estado anímico de Orlin ante la situación del mundo en la actualidad. Ella misma se define como un “deshecho nervioso” y reconoce la profunda depresión que la empujó a crear esta obra. “Pienso en esta pieza como un réquiem para la humanidad, hecho por mí para un actor de la próxima generación de sudafricanos… Lleno de nociones positivas e inquisitivas… Tratando de vivir con la destrucción que seguimos creando. Y que continúe sirviendo para las próximas generaciones, preguntándose si es posible, como sudafricanos, colonizar Mozart y al mismo tiempo usar lo cotidiano como un vehículo…”.

El protagonista de este solo es Albert Ibokwe Khoza, actor, cantante, bailarín y coreógrafo sudafricano. Transgresor desde sus principios, se negó a leer libros sobre danza, en los que se imponían ideas eurocentristas sobre lo que debía y no debía ser la danza, y decidió inspirarse en la metodología de bailarines africanos como Robyn Orlin, Athena Mazarakis, Mandla Mbothwe, Gregory Maqhoma, Gerard Bester y Nhalanhla Mahlangu. Albert siente que el teatro, la danza y el arte en general son  armas que recuerdan, golpean, infligen, conciencian y crean cambios.

Durante el largo proceso creativo de ‘And so you see…’, llevado a cabo por ambos a dúo, explica Orlin: “Estábamos en aquel momento  muy afectados por una serie de violaciones correctivas contra mujeres lesbianas negras ocurridas en Sudáfrica. Surgía de forma repetitiva la idea de los siete pecados capitales, aunque ninguno de los dos somos cristianos. Afortunadamente, Khoza pertenece a una nueva generación sudafricana que para mí representa la esperanza. Entienden lo que es el apartheid y quieren ir más allá”.

A través de este trío de propuestas, Robin Orlin nos ha mostrado los dos polos de sus múltiples caras. Por un lado crítica y provocadora hasta el incendio. Por el otro, sensible, divertida y esperanzadora. Esta breve mujer ha sabido transportarnos a su mundo onírico que, sin embargo, está en contacto directo con la realidad.

Anda Mncayi y la importancia del instinto artístico

Cuando una obra artística nos cautiva, a menudo nos empeñamos en buscarle significado. Cuando se trata del trabajo de artistas africanos, ese empeño es exponencial a la medida en que queramos acercarnos a unas realidades que por lejanas o sesgadas suelen avivar la capacidad de asombro, que es donde reside “la plenitud de la vida”, como diría Kapuscinski. Pero, si bien el arte es un medio indiscutible de conocimiento, en esta fascinación por las narraciones visuales africanas se puede caer en la trampa de olvidarse de lo instintivo de la práctica para quedarse simplemente con la virtud de dar vida a un cuadro. El sudafricano Anda Mncayi nos lo recuerda con su heterogénea obra en la que el único denominador común es su talento.

Serie ‘Bantu’, Anda Mncayi.

Dice Anda Mncayi que si tuviera que pedirle algo al futuro sería “tener todo el tiempo posible para dar rienda suelta a mis creaciones y encontrar inspiración conviviendo con la gente. Me gustaría poder poner a prueba hasta dónde puedo crecer como artista”. En realidad, cuenta en una entrevista a Wiriko que los tiempos de compaginar su pasión con un trabajo para poder hacer frente a los gastos ya pasaron y ahora vive de sus ilustraciones con la vista puesta en llegar a llenar grandes salas de exposiciones “y exponer por otros países del continente o incluso fuera”.

Ya ha participado en algunas exhibiciones colectivas en Ciudad del Cabo, lugar en el que reside, pero donde más éxito ha encontrado es en su cuenta de la red social Instagram donde casi alcanza los tres mil seguidores. “Ser artista en Ciudad del Cabo es una gran experiencia porque que haya tantos creadores hace que exista un ambiente especial, además hay gente muy diferente, de muchos sitios distintos. Lo bueno de Internet es hace que esté más expuesto y ahora es más fácil hacer que tu trabajo llegue a la gente”.

Anda Mncayi llegó a la ciudad artística por excelencia en Sudáfrica para estudiar Diseño gráfico, una formación que está muy presente en su obra, pero que el artista combina con el uso de herramientas más tradicionales. “Me gusta también el efecto de los lápices y las tintas, no sólo pinto digitalmente. Intento explorar tanto como puedo”, señala. Y eso también es evidente en nuestra conversación, en la que nos explica que lo que él quiere expresar en sus ilustraciones es lo mucho que disfruta al pintar. Así, en su serie ‘Bantu’ sencillamente le apetecía pintar a este gran grupo cultural; y ‘Airelevate’ “era solamente una manera de jugar con la palabra, pretendo expresar simplemente la idea de una nube como mecanismo de elevación”.

“Me gusta explorar y cada serie es una oportunidad de hacerlo. En el proceso de creación tengo la idea de que cualquier cosa puede ocurrir con cada una de las piezas”, explica. En sus trabajos se pueden encontrar claras reminiscencias al anime, más evidentes en sus inicios, que han ido abriendo paso a una corriente menos marcada, más personal en la que Mncayi es capaz de abarcar desde lo galáctico hasta el más absoluto realismo. A medio camino se encuentra ‘Bantu’, su serie más cautivadora, donde abandona el colorido para resaltar con elegantes y decididos trazos unos rasgos que se muestran petrificados.

“Me inspiro mucho viendo cine de animación y leyendo cómics, pero creo que consigo crear mi propio estilo creativo intentando encontrar diferentes maneras de usarlo, esto se ve claramente en los retratos que hago. Otras piezas sí están más cercanas al manga y a la animación japonesa en general, pero siempre intento pensar en qué puedo aportar yo y plasmarlo” y añade sorprendido que “mucha gente me dice que cuando mira las ilustraciones se nota que son africanas, pero supongo que eso es algo que uno hace sin ser consciente porque el lugar del que venimos o en el que crecemos se manifiesta en lo que hacemos de alguna manera. En mi caso está siempre presente, aunque no me dé cuenta”.

Sobre racismo, crisis identitaria y violencia de género: el retrato de Sudáfrica de Kopano Matlwa

Kopano Matlwa forma parte de la llamada “born free generation” sudafricana, aquel segmento de población que nació tras la fin del Apartheid pero que sigue sufriendo las discriminaciones y las consecuencias sociales de la segregación racial.

La escritora sudafricana Kopano Matlwa. Fuente: Editorial Alpha Decay

En su primera novela de 2007, Coconut, la escritora relata las vidas de Ofilwe y Fikile, dos jóvenes negras que nacen en la misma ciudad, Johannesburgo, en la misma sociedad envenenada por el racismo y la violencia generados por la imposición cultural y lingüística de Occidente. En el relato emerge una Sudáfrica muy actual, contada a través de la cruda mirada de las niñas de una forma que, a veces, puede parecer infantil pero que resulta, aún así, creíble y lúcida.

Ofilwe viene de una rica familia de la nueva burguesía y ha tenido toda clase de comodidad durante su infancia, pero tiene una relación muy complicada con sus padres, con las tradiciones de sus antepasados y con sus compañeros de clase blancos que la rechazan.
Por otro lado Fikile, tras el suicidio de la madre, vive en un estado de extrema pobreza compartiendo su espacio vital con un tío, inepto y molesto. Por eso está dispuesta a cualquier sacrificio para dejar el pasado atrás y volver a “renacer con la piel blanca”. La diferencia entre las dos en términos de valores, estilo de vida y condiciones socioeconómicas, no hace otra cosa que evidenciar, al fin y al cabo, el mismo sentimiento de sufrimiento y pérdida de identidad, dejando claros los efectos del colonialismo y de la supremacía blanca que impregnan todos los aspectos de las vidas de las jóvenes sudafricanas. Las dos se consideran nueces de coco: negras por fuera, pero por dentro con un desesperado deseo de sentirse blancas.

– And you, Fikile, what do you want to be when you grow up?
– White, Teacher Zola. I want to be white.
– But Filike, dear, you can’t change the colour of your skin […]
– I will be white if I want to be white. I don’t care what anybody thinks.
– But why would you want to do that, dear?
– Because it’s better.
– What makes you think that, Fikile?
– Everything.”

Diez años después de Coconut, Matlwa pública Florescencia, editada en español por Alpha Decay, que se publicó originalmente bajo el título Period Pain. El estilo literario y la atmósfera que desprenden sus páginas son muchos menos ligeros y humorísticos, pero aún así no dejan de reflejar la misma visión muy lúcida y desilusionada de una sociedad y de un país llenos de contrastes.

En su última y amarga novela, Matlwa nos acompaña en una agotador y contemporáneo recorrido por su nación, que aún vive bajo la sombra de la discriminación racial. Lo hace poniendo al público en la piel de una mujer médico, frustrada por sus precarias condiciones de trabajo, pero aún así empeñada en una lucha constante contra la xenofobia y el odio. Así, el sentimiento que hace de hilo conductor a la novela es la incomodidad que siente Masechaba hacia sí misma, hacia la sociedad donde vive, hacia su rol como mujer, hacia su trabajo, su familia y sus amigos. Una dicotomía entre el mundo exterior y el mundo interior en la que la menstruación, constante y desgarradora, ocupa un lugar importante en la vida de la protagonista.

Si, en un primer momento, Masechaba percibe solo la incomodidad y el sufrimiento, la exclusión y la vergüenza que le provoca su ciclo, poco a poco se abandona a una resignada aceptación y, en última instancia, la reivindica como algo solo suyo, como un dolor familiar e identitario que la protege del violento dolor del exterior.
La historia se desentraña bajo la mirada cautivada del lector, pausada por las profundas reflexiones de la protagonista, animada en su lucha diaria por una fuerte fe religiosa que irá poco a poco desvaneciéndose, vencida por una violación que le parte la vida en dos.

Esta obra es un grito de denuncia desesperado. Es un recorrido por la violencia, la depresión y la luz al final del túnel y nos deja con los ojos clavados hasta la última página, exhaustos pero no indiferentes.

En Coconut, la autora se centra en la crisis identitaria de Owilfe y Fikile, pero la profundidad que logra relatando el sufrimiento de Masechaba en Florescencia nos lleva a una reflexión más amplia. Masechaba sugiere, afirma y luego grita que hay algo peor que ser extranjero en Sudáfrica: ser mujer. Y ser rebelde. En su última novela, se hace evidente el cambio, la evolución de Matlwa desde el tono divertido de Coconut hacia el pesimismo crónico de otros autores sudafricanos post Apartheid, como Coetzee o Dangor.

Con Florescencia se vuelve a abrir una ventana sobre un país que, tras la muerte de Nelson Mandela, parece haber perdido un poco del protagonismo que le proporcionaba el interés por el presidente que tanto hizo y tanto dejó por hacer. Y es una ventana abierta por una mujer, quizás para subrayar que, al fin y al cabo, son las mujeres las que llevan la carga de esta situación social tan perjudicial, en la que el machismo las mantiene en un estado de explotación y represión.

Las novelas de Matlwa nos reconducen a una reflexión sobre la muerte de Mandela y sobre cómo significó un momento de inflexión para quienes esperaban un cambio que finalmente no se ha producido, o al menos no de la forma que habían esperado y planeado sus impulsores.
En definitiva, independientemente de los recursos literarios que adopta, a través de sus historias la autora nos recuerda cómo el racismo, las violencias y las injusticias en Sudáfrica siguen dramáticamente presentes en el día a día, abriéndonos los ojos cerca del largo camino que queda para la igualdad.

Sethembile Msezane: una estatua de carne y hueso para los invisibles

Si las ciudades hablaran, ¿qué voces se oirían? O, mejor dicho, ¿cuáles no? Sethembile Msezane comenzó por fijarse en los monumentos conmemorativos de Ciudad del Cabo, donde reside, y comprobó que todo era monocromo en esta urbe de la llamada ‘nación del arco iris’. Como resultado la artista sudafricana ha basado su obra en una serie de performances que cuestionan las narraciones visuales que se exhiben en los espacios públicos y dan visibilidad a las identidades que no tienen cabida en la representación materializada de la historia. Su trabajo ha sido expuesto por primera vez en el festival internacional LagosPhoto que se clausura hoy y en Wiriko hablamos con ella.

“Los marcadores en el paisaje son un indicador y una representación visual de la historia de un lugar o de su gente. Estos marcadores aparecen en forma de monumentos, estatuas, placas, arquitectura y demás. En algunos casos, estos monumentos, estatuas, etcétera, no representan la historia y no muestran la existencia de todos los grupos sociales, lo que dificulta la representación de determinadas identidades colectivas borrándolas como realidad. Esto daña a cualquier nación en sus perspectivas de construirse como tal”, explica Sethembile Msezane.

Para muestra, una de sus piezas más populares: ‘Chapungu. El Día que Rhodes cayó’. Era 9 de abril de 2015 y la Universidad del Ciudad del Cabo llevaba un mes en estado de tensión entre partidarios y detractores del derribo de la estatua de Cecil Rhodes que se alzaba en el campus, después de que un estudiante cuestionara este enaltecimiento a la figura del colonizador británico al manchar la escultura con excrementos. Ese caluroso día, según recuerda Msezane, se anunció finalmente la extracción del monumento.

Ella llevaba días soñando con un pájaro y quiso evocarlo. Así dio forma a Chapungu, un ave procedente de Zimbabue representada en una piedra tallada de alto valor espiritual que fue saqueada a finales del siglo XIX y que todavía se encuentra en la casa de Rhodes en Ciudad del Cabo. Ataviada con unas alas compuestas por cabellos, una malla negra y subida a unos tacones de aguja con su rostro cubierto por un velo de cuentas, Sethembile Msezane estuvo durante cuatro horas sobre un pedestal de espaldas a la estatua de Rodhes y expandió las alas de Chapungu en el momento justo en el que la grúa arrancó el monumento.

‘Chapungu. El Día que Rhodes cayó’. Sethembile Msezane (2015).

Esta obra recoge dos elementos característicos de las creaciones de esta artista nacida en la provincia de Kwazulu-Natal y criada en Soweto: su proceso creativo y su composición. “Mi trabajo está fuertemente influenciado por mis sueños e intuiciones. Muchas veces investigo estas visiones para descifrar a qué o hacia dónde el trabajo me está llevando”, apunta la joven sudafricana y añade que el uso recurrente del pelo y del velo en sus narraciones visuales constituyen una reminiscencia cultural. En el caso del cabello vinculado a cómo “ha sido reutilizado por hombres y mujeres como una forma de adorno. También lleva consigo el bagaje de las políticas raciales que tratan sobre cuestiones relacionadas con los estándares de belleza”; y en cuanto al velo, este además plantea una disyuntiva entre lo tangible y lo intangible.

“El velo separa mi identidad de la del espíritu de una persona que incorporo a mi cuerpo en ese momento. Al mismo tiempo el velo es una parte de mi identidad cultural y, en cierto modo, esto me permite no perderme a mí misma en los momentos en que mi cuerpo está siendo usado como vehículo que articula las narrativas del espíritu. Yo soy ambas, yo misma y esa otra parte”.

‘Chapungu. La vuelta al Gran Zimbabue’, Sethembile Msezane (2015).

Y si bien la historia enjaulada del rapto de Chapungu oculta tras la figura de Rhodes, es la más conocida de todas las performances de esta artista visual no es, sin embargo, a la que le ha dado más visibilidad. De todas las identidades ignoradas que no han sido representadas en los espacios públicos, Msezane pone el foco en el colectivo de las mujeres.

“He notado que hay muchas menos representaciones de las mujeres en las ciudades. Si hay alguna, muestran a mujeres en relación con sus compañeros masculinos. Por lo general, como mujeres que absorben su identidad en la idea de apoyo, grupo familiar etcétera, etcétera, pero no como mujeres con su autonomía o historia”, señala y te deja repasando mentalmente las estatuas de tu ciudad.

La nueva era de los videojuegos africanos

Las artes gráficas llevan ya varios años dando mucho de qué hablar en el continente africano. Y es que el arte digital permite la innovación hasta límites insospechados en todos los ámbitos de nuestra vida, así como la combinación de diferentes disciplinas. Su flexibilidad ha permitido aplicarlo a casi a todas las artes visuales, como la realidad virtual o el Net.art, pero también a otras creaciones como los videojuegos.  Sí, los juegos también forman parte del ocio de los jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho del continente y, aunque pueda parecer un poco frívolo, también ayudan a reconstruir la imagen de África.

Hasta la pasada década la creación de juegos parecía monopolio de las empresas de los países desarrollados. Esas compañías elegían los argumentos y la imagen de los personajes pero también los escenarios donde se desenvuelven las historias que quieren contar. Algunos juegos incluso tenían como marco algún destino exótico o algún país africano. Desde los clásicos de la década de 1990, entre los que se encuentran el ‘Rey León’ o ‘Faraón’, hasta las series más conocidas como ‘Call of Duty’, ‘Assassin’s Creed’ o ‘James Bond’ han optado por recrear escenarios africanos.

No obstante, la década pasada dio un vuelco a la situación cuando en diferentes países de África comenzaron a surgir estudios y empresas dedicadas a la creación de videojuegos en los que sus protagonistas y sus héroes mantienen rasgos de las culturas africanas, utilizan la tradición y vestimentas típicas, y no sólo relatan sus propias historias si no que, además, en ocasiones incluso permite a la persona que juega enfrentarse a los problemas del día a día a los que puede enfrentarse una persona de alguno de estos países del continente. A la cabeza de este sector se encuentran Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Argelia, Marruecos o Kenia, pero en diferentes rincones esta tendencia se está consolidando. El caso más conocido es sin duda el del estudio Kiro’o Games, que vivió su propio boom con el lanzamiento del primer juego de rol creado en Camerún: ‘Aurion: the legacy of Kori-Odan’.

 

Estos videojuegos, a través argumentos y contenidos muy diversos, ayudan a ampliar y a difundir mitos, tradiciones e historias propiamente africanas, ofreciendo a nivel global juegos únicos, con narrativas producidas localmente. Pero no es sólo la diversificación de historias, sino la posibilidad de que gamers de estos países puedan sentirse de alguna forma visibilizados, al utilizar avatares de superhéroes africanos como ocurre en ‘Tales of Hassan’, lanzado en 2014.

Por otro lado, si en origen los juegos nacieron con un formato específico para ordenadores y videoconsolas para después conquistar otros dispositivos como tablets y móviles, en África la mayor parte de ellos se crean directamente para móviles ya que son más accesibles, cómodos y baratos por norma general en el continente. Algunos incluso pueden ser útiles a un nivel educativo, como el ya conocido ‘Mosquito Hood‘ que fue lanzado en Kenia ya en 2015; o el videojuego de simulación política Democracy 3 Africa’, que ofrece la posibilidad de convertir al jugador en primer ministro y empezar a administrar  cualquier país del continente. Además, para los que prefieren los juegos de acción, ‘Nairobi X’ permite defender la capital de Kenia de una invasión alienígena con un género clásico como es el ‘First Person Shooter’ (FPS).

 

Obviamente, cada vez es más complicado para los diseñadores y los estudios gráficos hacerse un hueco en el mundo de los videojuegos, donde las grandes corporaciones monopolizan el sector. Sin embargo, los juegos con sello africano se han hecho ya un hueco en el continente y nada les niega la oportunidad de llegar a más público demostrando que la creatividad y la innovación son un todo inseparable de la expresión digital en África.

África y diáspora en corto (I)

Buitenkant (The Outside)

Inauguramos sección de cortometrajes en la que pretendemos acercar miradas del continente y sus diásporas con historias actuales que contribuyan a un mejor entendimiento de las realidades sociales.

Y comenzamos con Buitenkant (The Outside) una joya que evidencia la problemática de las personas  sin hogar en una de las ciudades más turísticas de África. El director William Nicholson lo explica así: “Vivo en una parte de Ciudad del Cabo donde hay un marcado contraste entre las vidas de los profesionales de clase media que viven en bloques de apartamentos y una comunidad de personas sin hogar muy matizada que vive en las calles directamente en los márgenes”.

La actriz sudafricana Rehane Abrahams es la encargada de interpretar a una persona sin hogar. Y durante 11 minutos el espectador será testigo de su viaje mientras lucha contra las dificultades de no tener un lugar al que llamar casa y de los comportamientos fisiológicos, emocionales y territoriales a los que se enfrentan muchas personas que viven en su misma situación. Pero hay un giro. En un golpe de suerte, encuentra un juego de llaves de un apartamento, un descubrimiento que le otorgará la oportunidad de escapar de su dura realidad, aunque solo sea por un momento. Al principio, hace lo que se podría esperar de alguien en su posición y saquea el lugar, buscando comida, ropa y otros artículos para robar. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, su golpe de suerte trae consigo su propio conjunto de desafíos y confusión. En resumidas cuentas, Buitenkant detalla un día en la vida de una mujer sin hogar que se encuentra sola y dentro del piso privado de un completo desconocido.

¡Buen visionado!

‘Los cinco grandes’ de África en Sudáfrica podrían ser seis

El león, el elefante, el búfalo, el rinoceronte y el leopardo son los considerados ‘cinco grandes’ de África, así llamados por ser los animales de mayor tamaño y fuerza, y por tanto, los más difíciles de cazar. Todos ellos se pueden contemplar en el Parque Nacional Kruger, situado en la localidad sudafricana de Phalaborwa. Abierto hace 120 años, este parque es la primera reserva protegida del continente y la más grande de Sudáfrica. Sus casi dos millones de hectáreas se encuentran al noreste del país, tocando las fronteras de Zimbabue y Mozambique. Allí se albergan cientos de especies de mamíferos, aves y reptiles, si bien cada año las cifras disminuyen a causa de la caza furtiva. Sin ir más lejos en 2017, según las estadísticas oficiales, 504 rinocerontes fueron abatidos ilegalmente en el Kruger.

La posibilidad aún real de contemplar a un extenso número de animales extraordinarios en su hábitat natural convierte al Parque Nacional Kruger en una parada indispensable para miles de turistas año tras año. No lo es, sin embargo, para la población que vive alrededor de esta reserva. En un país con elevadas tasas de desempleo y donde los índices de pobreza superan el 50%, tal y como recoge Oxfam Intermón, no es de extrañar que no sean demasiados los vecinos de Phalaborwa los que puedan permitirse los al menos 581 rand por vehículo (algo más de 33 euros) que cuesta entrar por un día al parque, con entrada de casi cinco euros por persona aparte.

Es el caso de los niños y niñas que forman parte del programa Ecokidz, de la Fundación de Desarrollo Comunitario Sefapane, destinado a hacer de la conservación de la naturaleza una parte integral del plan de estudios de las escuelas de Phalaborwa. “El 70% de nuestro alumnado vive en un entorno de pobreza. Muchos de los padres son de Mozambique y están aquí sin documentación”, dice Tshepo Malalla, el director del colegio de primaria N’Wasorini, uno de los centros donde se imparte el programa educativo. “Involucramos a las familias a través de reuniones en las que les explicamos la importancia de lo que les enseñamos a sus hijos. Como parte del temario, por ejemplo, impartimos ‘Herramientas para la vida’, en la que se muestra cómo aplicar la protección al medioambiente en el día a día. Se trata de que el cuidado a la naturaleza sea para ellos una rutina”, añade.

“Es importante que el valor de la naturaleza se enseñe desde la infancia. Los alumnos están muy motivados y sus padres contentos porque lo que se enseña a sus hijos también es útil para no derrochar”, comenta Douglas, un profesor del colegio Popo, otro de los centros adscritos al programa. Con el apoyo de la Fundación TUI Care, 2.700 niños han recibido en el último año una hora a la semana de Educación ambiental impartida por monitores locales formados en esta materia, lo que contribuye a frenar el desempleo en una zona donde el 50% de los jóvenes no tienen trabajo. Con ellos aprenden sobre los seres vivos con los que comparten (aunque sea de lejos) territorio, estudiando además como preservar los recursos naturales que les rodean.

Elias Shai, uno de los guías involucrados en Ecokidz, señala que “el objetivo es conservar lo que tenemos. Por cuidar el entorno de la contaminación y por proteger a los animales de la caza ilegal, pero también por nosotros mismos. Vivir tan cerca del Parque Nacional Kruger es algo que tenemos que valorar, es una fuente de riqueza medioambiental pero también económica porque atrae a personas de todo el mundo”. Muy cerca del parque se encuentra el Campamento Sefapane de donde salen muchos de los safaris que coordina Elias. Se trata de un complejo de cómodas tiendas de campaña instaladas en los árboles en el que no sólo los turistas pueden pasar la noche y ver de cerca a los animales que viven alrededor del Kruger, también pueden disfrutar de ello centenares de niños y niñas del programa educativo de la Fundación de Desarrollo Comunitario Sefapane, como premio para aquellos que obtengan las mejores notas de la asignatura de Educación ambiental.

En lo alto de un gran árbol que sirve a la vez de aula y de pared de escalada en el campamento, Lidia, una de las monitoras de Ecokidz, lanza un acertijo: “Soy un animal muy vago y las hembras cazan para mí, ¿quién soy?”. La quincena de niños que la rodean se apresuran a levantar la mano para responder. “Soy un león”, contesta correctamente la niña seleccionada. Todos conocen con asombroso detalle las características y el entorno de muchos de los animales que habitan en la zona. Se nota que ‘los cinco grandes’ son sus favoritos, pero de lo que probablemente no sean conscientes es que ellos forman parte de lo que podría ser el sexto gran grupo del Kruger. Probablemente el más fundamental porque será el que lo proteja.

 

Este artículo ha sido posible gracias a la colaboración de Wiriko y TUI CARE FOUNDATION.

Billie Zangewa: “La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo”

La vida se compone de retales, especialmente en el caso de Billie Zangewa. Armada con hilo y aguja, y haciendo de la seda su particular ‘criptonita’, la artista malauí empodera la tradicionalmente encorsetada representación del cuerpo de las mujeres negras a través del lienzo. Su objetivo: potenciar la universalidad de la diversidad femenina. Para ello construye collages con tejidos que muestran escenas del día a día que puedan ser comunes a todas las personas, aunque lo cierto es que las narrativas que relata son las suyas propias. Zangewa no da puntada sin hilo, y su ahínco por conectar mediante el arte  haciendo de lo ordinario algo universal ha sido reconocido al ser seleccionada como la artista destacada de la FNB Joburg Art Fair 2018, celebrada del siete al nueve de septiembre en Johannesburgo. Tras diez ediciones a sus espaldas, la primera feria internacional de arte del continente pone el ojo en un artista que vive y trabaja en la ciudad sudafricana. Y en Wiriko hablamos con ella.

‘Momentos robados’, B. Zangewa (2017)

Ruth Fernández Sanabria: Lo primero que me llama la atención de tu trabajo es que todo está hecho con tejidos, especialmente con seda. ¿Qué tiene de especial este material para ti?

Billie Zangewa: Estoy enamorada de la seda y continúo aprendiendo a trabajar con ella, sigue revelándome sus secretos. Cuanto más trabajo con ella más curiosidad tengo. La luminiscencia de la seda realza mis creaciones. Es mi otra mitad, estábamos buscándonos la una a la otra y cuando nos encontramos fue amor a primera vista, y la historia de amor continúa. La seda es fuerte y delicada al mismo tiempo. Es maleable. Es luminiscente y lujosa, da una cierta magnificencia.

R.F.S: Podría decirse que tus obras son tu alter ego, ¿por qué decides usar tu experiencia para componer narrativas visuales?

B.Z: Cuando quise lanzar mi carrera artística un conocido me preguntó sobre qué iba a ir mi trabajo, ya que yo no era una persona abiertamente política o polémica. Estuve pensando mucho tiempo en ello y mi respuesta fue que mi trabajo iba a tratar sobre mí, que es aquello que más conozco. Por eso decidí hacer de mis creaciones mi alter ego.

R.F.S: ¿Y qué obras de tu trabajo artístico han marcado más especialmente tu vida o viceversa?

B.Z: No es una pregunta fácil. ‘El Renacimiento de la Venus negra’ marca un punto de aceptación propia. ‘Mi Vida en Rosa’ celebra la maternidad y la vida diaria. ‘Cita nocturna’ habla de las oportunidades de ser monoparental. Lo que quiero transmitir con todos mis trabajos es la universalidad de mis experiencias.

‘El renacimiento de la Venus negra’, B. Zangewa (2010)

R.F.S: En tus obras hablas de la identidad y del empoderamiento de la mujer desde lo cotidiano, ¿por qué?

B.Z: Para mí ha sido una preocupación sobre la que he intentado entenderme a mí misma y lo que significa ser mujer. Poner el foco en la vida cotidiana es un modo de conectar con los demás. Además creo que hay algo mágico en lo mundano.

R.F.S: ¿Consideras que la representación del cuerpo femenino negro ha evolucionado?

B.Z: No soy una experta en la materia de la representación del cuerpo negro femenino. Todo lo que sé es que ha existido una explotación del cuerpo negro femenino que hace que quiera reclamar el mío para mí misma. Coger mi poder, por así decirlo. Es algo político.

R.F.S: ¿Qué es para ti la feminidad? ¿Cómo la representas en un cuadro?

B.Z: La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo. Ser una mujer fuerte que está ahí para mi hijo pase lo que pase es lo que representa para mí la fortaleza de la mujer.

R.F.S: ¿Y el feminismo?

B.Z: Estoy de acuerdo con la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie cuando dice que feminista es una persona que cree en la igualdad social, política y económica entre uno y otro sexo. Así es como yo lo veo también. Yo represento esos sentimientos mostrando a una mujer independiente y capaz, que abraza su fortaleza y se permite ser una mujer también.

R.F.S: ¿Cómo se vive el feminismo en Sudáfrica?

B.Z: Hay mujeres trabajando en todos los ámbitos y algunas de ellas incluso en puestos de poder. Sin embargo, la violencia continua contra las mujeres aquí sorprendentemente. La libertad vendrá cuando las mujeres estén a salvo tanto en sus casas como en las calles, y ese no es el caso ahora mismo.

‘Cita nocturna’, B. Zangewa (2017)

Celebrando los 100 años de Mandela

El pasado 18 de julio se cumplían 100 años del nacimiento del ex presidente de Sudáfrica y líder anti-apartheid, Nelson Mandela. Con motivo de este centenario, el complejo cultural Southbank Centre de Londres ha organizado una exposición que recorre la vida del icono sudafricano. Nelson Mandela: The Centenary Exhibition 2018que puede disfrutarse de forma gratuita hasta el 19 de agosto, representa “la lucha por la libertad contra el apartheid y la visión de Mandela de una democracia no racial basada en la justicia, la igualdad y los derechos humanos”, según explicó el director de la muestra, Peter Hain.

La exposición está instalada en el vestíbulo del Queen Elizabeth Hall del Southbank Centre / Foto: Pete Woodhead

La exposición pone en perspectiva la vida de Mandela a través de seis temáticas; desde su años formativos hasta sus roles como líder del Congreso Nacional Africano (CNA), prisionero o presidente de Sudáfrica. El visitante se sumerge en una colección de fotografías, vídeos, posters y una serie de objetos que recorren el legado del exmandatario sudafricano.

Además se exhibe “la famosa Biblia de Robben de Island”, una colección de las obras completas de Shakespeare que llegó a la prisión gracias a la esposa de Sonny Venkatrathnam, uno de los encarcelados. “Los cobardes mueren muchas veces antes de su muerte. Los valientes sólo saborean la muerte una vez”, dice el Julio César shakesperiano en un texto expuesto y que resaltó Mandela en 1977.

Hay cabida para las anécdotas y aspectos menos conocidos en una muestra que cuenta con numerosas citas de Mandela y de sus allegados. “Mi padre poseía una orgullosa rebeldía, un obstinado sentido de la justicia que reconocí en mí mismo”, puede leerse en la primera parte de la exposición que se centra en la infancia de un Rolihlahla que abraza el nombre de Nelson: “En esos días, a los niños negros se les daban nombres blancos en el colegio porque era más ‘civilizado’”.

Mandela con 19 años en Umtata

El camarada Mandela se une al CNA en 1943. Entabla amistad con Oliver Tambo, Walter Sisuly y Anton Lembede, y es partidario de la liberación liderada por africanos negros. Es la época en la que llega a Johannesburgo y comienza a trabajar como guarda en Crown Mines. Es destinado a la entrada de la mina donde desarrollaba su labor bajo un cartel que avisaba: “Precaución: nativos transitan por aquí”.

Entre 1955 y 1964, la exposición se centra en el liderazgo de Mandela tras su elección como presidente del CNA en 1952. Es un momento en el que su postura política cambia: “Hay espacio para todas las razas en este país”, declara en 1961 en su primera comparecencia televisiva, una entrevista con Brian Widlake de poco más de tres minutos en los que Mandela resalta que personas de distintas razas, color y religión tienen que respaldar la lucha. Ese mismo año, en la conferencia All-In Africa de Pietermeritzburg, realiza su última aparición pública.

Sus 27 años de encarcelamiento en Robben Island engloba un tiempo de resistencia al trabajo, a la falta de comida y a las ínfimas condiciones penitenciarias. Una selección de la correspondencia que Mandela mandó desde la cárcel entre 1969 y 1971 se puede observar en uno de los estantes. Inicialmente sólo podía escribir y recibir una carta de no más de 500 palabras cada seis meses. También se exhibe el registro de visitas, 29, que recibió desde agosto 1964 hasta abril de 1970. Todas de no más de una hora.

Se puede ver a Mandela descansado sobre una piqueta en las imágenes tomadas en Robben Island, durante una visita abierta a los periodistas. “Un prisionero en el jardín”, rezaba el pie de foto de una imagen que acapara la atención en este segmento de la muestra. La piqueta, usada en la cantera de cal de la isla, es además parte de la exposición y se presenta en el Reino Unido por primera vez.

Nelson Mandela llegó a la presidencia de Sudafrica con 75 años, cuatro años después de salir de la cárcel. El visitante se acerca al Mandela más conocido con imágenes y textos que rememoran la importancia histórica de momentos como el concierto tributo que se produjo en el estadio de Wembley, Londres, en 1988, su declaración ante el Comité Especial de Naciones Unidas contra el apartheid en 1990 o la entrega de la Copa del Mundo de Rugby a François Pienaar en 1995.

Busto de Mandela en el Southbank Centre / Foto: Paul Simpson

En el último tramo de la exposición se explican los desafíos políticos a la hora de construir una nueva Sudáfrica, y los errores y contradicciones de sus mandatos. “He descubierto el secreto de que después de subir una montaña, sólo hay muchas más por escalar”. Nelson Mandela: The Centenary Exhibition 2018 es una exposición a la perseverancia. La lucha, la soledad, la pérdida y el dolor son manifestaciones de la construcción de su batalladora personalidad. Es una oportunidad para adentrarse en el personaje a colación del centenario de su nacimiento y disfrutar de las actividades paralelas que el Southbank Centre de Londres ha preparado hasta el 19 de agosto.

teselación Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

El origami sin papel de Pierre Louis Geldenhuys

‘La Dualidad Visual del Origami’ es la última apuesta expositiva de la Escuela Museo del Origami de Zaragoza (EMOZ), un centro único en toda Europa con el que esta ciudad tiene la suerte de contar, y que hasta el 10 de junio ofrece esta muestra de Pierre Louis Geldenhuys. Si bien hemos resaltado el carácter particular del EMOZ, la exposición de este artista sudafricano que acoge en tres de sus salas no lo es menos. Por primera vez el protagonista de este museo no es el papel, material sin duda hegemónico en un centro dedicado al origami, sino la tela con la que el autor africano recrea esta técnica escultórica de origen japonés a través de la teselación.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

Origami mediante teselación realizada con seda visto de cerca. ‘Metamorfosis 3’ (2017). Pierre Louis Geldenhuys.

El propio Pierre Louis Geldenhuys nos explica este concepto: “La teselación es una técnica milenaria que se utilizaba en la arquitectura. Consiste en utilizar un patrón repetitivo de figuras geométricas, intercaladas entre sí y sin dejar espacios libres, es decir, ordenadas de forma continua. No se superponen y conforman diversas figuras que podrían continuar de manera infinita. No obstante, aunque podría pensarse que son muchos los polígonos que se pueden utilizar en la teselación, sólo el triángulo equilátero, el cuadrado y el hexágono regular son capaces de teselar el plano. Ni el pentágono regular, ni el heptágono regular, ni ningún otro polígono regular puede aspirar a rellenar completamente el plano de la forma comentada”.

Pedro Vaquerizo Sainz, comisario de ‘La Dualidad Visual del Origami’, nos aclara las líneas generales que componen el discurso de la muestra: “Esta exposición es una retrospectiva que recoge la selección más representativa de la obra retroiluminada de Pierre Louis Geldenhuys de la última década, donde muestra una dualidad visual: con luz, proporcionando al espectador un estímulo radiogáfico, diseñado para impactar el ojo humano a través de la percepción irreal; y sin luz, transmitiendo un efecto tridimensional a través de los pliegues de la tela”.

Sin duda la belleza de cada obra se potencia a través de la utilización de cajas de luz, enfatizando el cromatismo de la seda en un efecto hipnótico. “Siempre he utilizado luz led pero últimamente en combinación con fibra óptica para transmitir de manera uniforme ese efecto radiografía único en el mundo de mi obra”, comenta a Wiriko Geldenhuys. Y le preguntamos cómo surgió la idea de este espectacular efecto, que permite apreciar las tonalidades de la tela plegada en alternancia con la densidad del material: “Haciendo investigación sobre la técnica de teselación, vi fotografías publicadas de piezas expuestas frente a la luz natural y el efecto radiografía producido. Me fascinó el efecto visual y comencé a estudiar maneras de poder logar este fenómeno con sedas naturales encapsuladas en cajas de luz led o en instalaciones lumínicas”, responde.

Pierre Louis Geldenhuys es un artista que se identifica con el hombre del Renacimiento. “Siempre me ha gustado hacer un poco de todo: tocar el piano, dibujar, pintar, escultura, teatro, decoración, cocina, antropología, tecnología, etcétera. Sin embargo, fue el academicismo lo que me hizo centrarme en una sola cosa y, entre ellas, la que creo que mejor hago es el uso y manipulación de las telas junto con la tecnología lumínica”.

Si bien el desarrollo de esta revelación artística ha coincidido con su asentamiento en España, la pasión de Geldenhuys por el arte textil no es nueva: “Estudié Diseño de Moda en Sudáfrica y me dediqué a la alta costura, primero como diseñador trabajando para terceros y posteriormente para mi propia firma. De ahí viene mi pasión por los tejidos y sobre todo por las sedas naturales y tornasoladas. Mis mejores experiencias fueron durante los años en los que desarrollé mi marca, donde tuve la gran suerte de viajar a la India para seleccionar y comprar mis propias sedas”.

Éste es sin duda el material predilecto que apreciamos en sus creaciones, mas en su obra tienen cabida otros textiles como el batik, tal y como se aprecia en ‘Destellos’, una de las primeras piezas que nos da la bienvenida en ‘La Dualidad Visual del Origami’. Esta técnica trabajada en países de África Occidental, como Ghana o Mali, la aprendió en un viaje a Indonesia.

Por otra parte, su perfil como diseñador de moda y alta costura desarrollado a lo largo de toda su vida en Sudáfrica permite que podamos disfrutar de lo que Pierre Louis considera “lo más representativo y la culminación de esta exposición”. Se refiere al ‘Kimono de Ceremonia’, “una instalación de luz que me retorna a mis orígenes como diseñador de alta costura”. Y si bien esta es la pieza que destaca el autor de ‘La Dualidad Visual del Origami’, coincidimos plenamente con el comisario de esta exposición cuando dice que “es un tipo de obra única en el mundo” y “una experiencia única visual” que no deja indiferente a nadie.

Pierre Louis Geldenhuys EMOZ ‘La Dualidad Visual del Origami

‘Kimono de Ceremonia’. Pierre Louis Geldenhuys, ‘La Dualidad Visual del Origami’. EMOZ

Sudáfrica aterriza de nuevo en el Primavera Sound 2018

El Primavera Sound 2018 nos trae de nuevo artistas emergentes de todo el mundo dispuestos a aprovechar la oportunidad que les brinda formar parte de un gran festival. En el marco del Primavera Pro, dos bandas sudafricanas con las que hemos tenido la oportunidad de charlar, aterrizan en Barcelona para ofrecer una actuación gratuita en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y otra en el Parc del Fòrum, donde se celebra el festival del 30 de mayo al 3 de junio.

Ikati Esengxoweni

Ikati Esengxoweni

Sábado 2 de junio – Parc del Fòrum (22:00h)

Domingo 3 de junio – CCCB (16:30h)

Lark Wantu y Anam Manyati son las líderes de la banda sudafricana Ikati Esengxoweni, literalmente “El gato en el saco” en lengua xhosa. Formada en 2016, esta banda originaria de la Nelson Mandela Bay enmarca su música dentro de la World Music urbana, alternativa y afrofuturística. “Es un honor para nosotros formar parte de un festival internacional tan grande como este. Estamos muy emocionadas de compartir nuestra música con el mundo y muy agradecidas a todos los que lo han hecho posible”.

Sus canciones son cuentos, historias interpretadas en acústico o acompañadas por la banda al completo: violín, bajo, guitarra y batería. “De nuestros conciertos podéis esperar una montaña rusa de emociones. Fuegos artificiales, pasión y excelencia”. Preguntadas por la influencia en su música de las múltiples culturas que forman su país, afirman que “Sudáfrica es un país maravilloso, con una rica herencia cultural. No podríamos haber creado este sonido si estuviéramos en otro lugar”.

Después de participar en el Primavera Pro, la banda se concentrará en grabar su próximo EP, del que ya avanzan que será una selección de historias cantadas en inglés y en xhosa.

 

Bye Beneco

Bye Beneco

Sábado 2 de junio – Parc del Fòrum (02:00h)

Domingo 3 de junio – CCCB (17:40h)

Procedentes de Johannesburgo, Bye Beneco es una banda formada por tres jóvenes sudafricanos, con la voz de Lenny Dee-Doucha a la cabeza, que autodefinen su música como dream-pop ecléctico: “Es difícil para nosotros enmarcarse en un género concreto. Desde el principio fuimos muy conscientes de que no queríamos que nuestra música fuera fácilmente etiquetada y encasillada. ¡Ya lo descubriréis cuando nos veáis en acción!”.

En los originales y coloridos vídeos de Bye Beneco, encontramos la expresividad que caracteriza a su música: Chemirocha o Jungle Drums nos atrapan con su estética caleidoscópica y sus singulares ritmos. “Nuestra música está inspirada en Johannesburgo. Sudáfrica es un lienzo en blanco que recuerda a la Nueva York de los ’80. Estamos encontrando nuestra fuerza y creatividad”.

Después de Space Elephant y Ghetto Disko, sus dos primeros álbumes, Bye Beneco nos avanza que ya están ultimando los detalles de un nuevo trabajo. Hasta entonces, prometen que sus conciertos en Barcelona serán muy diferentes a cualquier cosa que hayamos oído antes: “Es muy especial para nosotros formar parte de este festival, ¡hemos estado esperando este momento durante años! Estamos deseando ver a todos los artistas que participan en él y compartir escenario. Además, nos encanta patinar, así que pasar una semana en una de las mecas mundiales del skateboarding en el marco del Primavera Sound ya es una experiencia increíble por sí misma!”.

High Fantasy: el arcoíris sudafricano se desmorona

Como turista en Sudáfrica, no es tarea fácil obviar la imagen omnipresente de Nelson Mandela. Él, su discurso, la construcción del relato, la lucha contra el apartheid… Sus 27 años en prisión actúan –y con razón– como hierro forjado que marca a los que visitan el país nada más entrar. Pero a veces, la foto del puño alzado más que unir a los sudafricanos provoca el efecto contrario.

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

Esta es la premisa con la que trabaja Jenna Bass en su segundo largometraje High Fantasy (2017) en el que examina algunos de los pilares inquebrantables en esta región del cono sur: raza, clase y género en pleno 2017. Y quizás lo más interesante es que cada vez son más las voces críticas que desafían la narrativa de la identidad y lo que significa haber nacido en Sudáfrica después de la abolición del sistema de segregación entre blancos y negros. Bass se enmarca en una generación que se siente engañada por la “ideología del arcoíris” promulgada por Mandela a partir de 1994. Un “arcoírismo” que trató de constituir una nueva clase social obviando las diferencias… pero había muchas décadas de historia enquistada que se tenían que visibilizar. Y no se hizo. O, al menos, no del todo bien.

El de High Fantasy (2017) es un telón de fondo complejo aunque la historia es llevada a la pantalla con mucha innovación y naturalidad en la piel de cuatro jóvenes. Tres chicas (blanca, mestiza y negra) y un chico negro (¿qué actúa como protector de ellas?) deciden pasar unos días en una granja abandonada propiedad de la familia de Lexi (Francesca Varrie Michel), la chica blanca. Un lugar inhóspito, deshabitado y que Xoli, el chico (Quandiswa James) critica al inicio del film: “¡una sola persona es el propietario de toda esta tierra!”. La herencia colonial se vislumbra en algunos de los mensajes, aunque no sea el centro de la cuestión. Se les ve bailar, fumar y reír hasta que el giro fílmico atraviesa al espectador: después de una noche, sus cuerpos se intercambian… Y la interpelación es directa. ¿Qué se siente al ver a otra persona interactuando con algo tan personal y esencial para su identidad como la propia piel?

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

La realizadora sudafricana resuelve la película en tres actos en el que los personajes tienen el tiempo suficiente para resultar familiares al espectador. Y esa es una de las grandezas de High Fantasy, que la empatía se desliza rápidamente gracias a dos elementos: el primero son los planos detalles de manos, piernas, pies y cara que hacen que conozcamos mejor a los cuatro personajes; y el segundo punto interesante son las entrevistas que cada uno de ellos tiene con la directora mirando a cámara en una especia de confesionario y que nos dan la oportunidad de profundizar en la psicología de cómo se sentiría uno al vivir en el cuerpo de otro. La identidad o el género pueden ser diferenciadores en esta nación africana. Sin embargo, hay algo que también une (en este caso, a las tres chicas): las protestas estudiantiles de 2015. Aunque es un discurso enojado, es uno que al menos ha trascendido al de raza, y que apunta a un movimiento al que pueden unirse tanto blancos como negros.

La realizadora Jenna Bass no necesariamente tiene respuestas a muchos de los elementos que se abordan en el guion, pero lo importante es que no teme plantear preguntas importantes como por ejemplo quién es el verdadero protagonista de la historia. Algo básico sobre el que construir un relato. O quizás no. Porque lo cierto es que Bass combina un lenguaje sin arrepentimiento lleno de libertad e igualdad respaldado por un amor permanente (¡¡y rodado todo con un iPhone7!!). Precisamente, en unas palabras sobre su primer largometraje Love the One You Love (2014) explicaba lo siguiente: “Todavía somos un país increíblemente segregado y estaría mintiendo si dijera que entiendo cómo todos se sienten sobre diversos aspectos de la vida. Pero sentí que la única cosa que todos teníamos en común era el amor”.

Por cierto, mucha atención a la última escena de la película donde se plantea un nueva variable para Sudáfrica: ¿construir todo desde cero?