Entradas

Faith XLVII: “África es mi sangre”

Su nombre es una declaración de principios. Faith XLVII (o Faith 47) afirma que, en un mundo que se rige por las estrategias políticas y los beneficios particulares, ella busca la verdad a través del arte. Y suele hacerlo a lo grande, a través de inmensas obras de arte urbano que plasma en muros, ruinas y enormes edificios. También en algunos lienzos, pero siempre de gran formato. A pesar de autodenominarse ‘Fe’, en su traducción al español, el estilo de esta artista sudafricana es impecablemente realista, sencillo, con trazos sutiles que desprenden una fortísima belleza. Con ellos se ha recorrido medio mundo en su búsqueda de la verdad.  Este último semestre de 2019 ha estado principalmente inmersa en las fachadas estadounidenses, con idas y venidas a Ciudad del Cabo y París, donde participa en la exposición colectiva Veni, Vidi, Vinci, el arte urbano frente al genio’ que rinde homenaje a Leonardo Da Vinci y se estrena a partir del próximo ocho de noviembre en el centro de arte urbano Fluctuart. En Wiriko hablamos con ella.

Fotografía cedida por Faith XLVII.

 

Ruth Fernández Sanabria: Es curioso que habiendo declarado no ser religiosa, te autodenomines Fe. ¿A qué se debe tu nombre artístico?

Faith XLVII: Veo el misticismo y el espiritismo como factores importantes en mi vida, así que tengo una clase de fe, pero no está asociada con las religiones monoteístas. Veo que todos ellas están arraigadas en caminos de aprendizaje espiritual, y eso es lo que más me interesa.

R.F.S.: ¿La inspiración y la espiritualidad van de la mano?  

F.XLVII: Encuentro la inspiración viviendo en este mundo, que es un cóctel molotov de caos, inmensa belleza y sufrimiento increíble. Uno necesita encontrar maneras de canalizar y dar sentido al mundo exterior. Tuve la suerte de encontrar una manera muy personal de desentrañar las cosas en un método que, de algún modo, me permite llevar el peso del mundo.

R.F.S: Por los animales que sueles pintar, así como la representación que haces de las mujeres, parece que no pierdes de vista el continente africano. ¿África es tu musa?

F.XLVII: Yo no la llamaría mi musa porque parece casi una forma de objetivación. No, África es mi sangre. Soy una mujer y nací y viví la mayor parte de mi vida en el continente africano. Esto está inherentemente integrado en el tejido de lo que soy y, por lo tanto, es una gran parte de mi narrativa.

R.F.S: ¿Y cómo es ese proceso, desde que te llega la inspiración al que creas tus narrativas visuales?

F.XLVII: Tengo varios temas, proyectos y medios que se deshacen a diferentes velocidades. El estudio tiene rincones donde las cosas se cuecen mientras otras se preparan. Es un proceso orgánico y las cosas maduran en su propio tiempo. A veces me siento como una facilitadora, o como un conducto para mensajes visuales energéticos que son más grandes que mí misma o que mi vida. Este es en última instancia mi objetivo: hacer un trabajo que se relacione con la condición humana y trascienda al individuo.

R.F.S: Tus trabajos artísticos se desarrollan en edificaciones de todo tipo, pero pareces tener una relación especial con las construcciones abandonadas. ¿Qué te atrae de las ruinas?

F.XLVII: Las ruinas representan nuestras ambiciones, nuestros deseos pasados de progreso. Nos muestran lo que hemos descartado. Y se puede aprender mucho de eso. Me gusta visitar a los espíritus y rendir homenaje a estos espacios que tienen una fuerte energía y memoria. Hay algo sagrado ahí.

R.F.S: Tus obras siempre parecen querer llevar algo de naturaleza y espiritualidad a las ciudades, ¿es porque crees que les hace falta?

F.XLVII: Las ciudades son redes increíbles y centros de actividad humana y aspiraciones. El auge de la tecnología y la caída de los sistemas sociales los hacen cada vez más corporativizados y carentes de sentimiento de comunidad. Este anhelo de conexión puede surgir subconscientemente en forma de alienación o en depresión o en apatía. Me gustaría llevar a los espacios urbanos el elemento de humanismo, de contenido emotivo, que contiene el mundo natural para recordarnos quienes somos en entornos de cemento y asfalto. Para recordarnos que debajo de eso hay raíces y semillas y tierra y criaturas vivas allí.

R.F.S: ¿Siempre ha sido así? ¿Cómo describirías tu propia evolución como artista?

F.XLVII: En los últimos años me he permitido espacio para la exploración y la experimentación. Estoy interesada en encontrar una voz para los idiomas que quiero hablar y esto se ha traducido en rendimiento teórico, en creación de vídeo, instalaciones holográficas inversivas, en escultura… Quiero librarme de cualquier categorización específica de género artístico sobre la que tiende a apoyarse la gente. Quiero fluir y ser flexible con mi trabajo, para que el medio y el contenido tengan una fuerte relación entre sí.

R.F.S: ¿En qué estás trabajando ahora y cuáles son tus próximos proyectos?

F.XLVII: Me estoy preparando para un gran espectáculo en solitario en Sudáfrica el año que viene, que será una especie de bienvenida catártica para mí. El estudio tiene ahora mismo varios proyectos experimentales en ebullición. Esencialmente me gustaría alinear mi trabajo con mi vida de una manera que sea más inconsútil y holística y esto es un acto de equilibrio constante.

R.F.S: Llevas casi veinte años creando arte urbano que habla de temas sociales y de denuncia, ¿crees que el arte es un motor de cambio?

F.XLVII: El reino creativo es el reino que habla de la conciencia colectiva de las masas, esto se hace consciente o inconscientemente, pero al mirar el arte y su relación con la historia uno puede ver la conexión directa entre la psique de los artistas y la psique de los tiempos. ¿De qué otra forma podría ser? La música, el arte, la poesía, el cine,… representan la capacidad de los seres humanos para trascender y ver más allá de las necesidades cotidianas y para reflexionar sobre las idas y venidas existenciales de nuestra especie en un momento dado.

Ayanda, una carta de amor a las jóvenes sudafricanas y del mundo

La película dirigida por Sara Blecher inaugura el martes 12 de noviembre en La Casa Encendida (Madrid) el proyecto ÁFRICA on! coordinado conjuntamente por el Grupo de Estudios Africanos y Wiriko

 

 

Ayanda es una película inusual sobre los sueños y desafíos de la juventud en una urbe sudafricana. Las imágenes de las manifestaciones en 2016 para exigir la rebaja de las tasas universitarias (#FeesMustFall) o de la necesidad de expulsar cualquier reducto que hiciera referencia al apartheid (#RhodesMustFall) agitaron la conciencia del partido dominante desde la llegada de Mandela al poder, el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés). El Estado había sido secuestrado por una clase dirigente que había abandonado a su suerte al futuro del país.

Esa narrativa de la nación del arcoíris (un espacio geográfico para todas las personas independientemente de su procedencia y grupo étnico) sigue acorralada contra las cuerdas que protegen la cohesión de un país donde las tasas de ataques xenófobos han incrementado. Hay hambre. Hartazgo. Quizás por este motivo la victoria de los Springboks en el Mundial de Rugby celebrado recientemente en Japón, tenga una segunda lectura como trataba de argumentar el capitán de la selección Siya Kolisi tras ganar el preciado trofeo: “Tenemos tantos problemas en nuestro país. Pero un equipo como este, con gente de diferentes lugares y razas, nos hemos unido bajo un mismo objetivo. Ojalá esto haya demostrado lo que podemos conseguir los sudafricanos juntos cuando nos proponemos algo”.

Y los jóvenes. Y Ayanda. El estilo visual de la película trata de articular muchos de los desafíos actuales a pesar de ser una cinta de 2015, así como las ideas en torno al encuadre de la realidad: lo que cae dentro del marco y, a veces, más interesante, lo que cae fuera del marco. En la historia, es la reevaluación de una fotografía, un solo momento capturado, lo que le permite a Ayanda, una joven de unos 20 años, volver a visitar su pasado y corregir la comprensión errónea que tiene de la relación entre su madre, su padre y su tío Zama, lo cual se podría decir fue erróneamente enmarcado.

De manera similar, la película explora visualmente esta idea. “Las fotos traen recuerdos y los recuerdos traen sentimientos”. Esta frase resuena al inicio de la película cuando Anthony llega al garaje para filmar una entrevista con Ayanda y le comunica su intención de crear una instalación de arte, tal como ya lo ha hecho en varias ciudades del continente. Su misión: capturar el carácter de un lugar particular en un momento particular. Su modus operandi: invitar a las personas a contar sus historias, ya sea en fotografías o videos, directamente a su cámara. Estas imágenes y entrevistas cortas se intercalan en el drama de la película. Esta instalación, que enmarca la narrativa de la película, es una de esas articulaciones de esta idea. Las imágenes de la instalación de Anthony también nos permiten una instantánea de Yeoville en 2015: una comunidad vibrante en Johannesburgo de inmigrantes de todo el continente africano que coexisten sin la angustia de la xenofobia que ha ensuciado el pasado reciente de Sudáfrica.

Representar a esta comunidad ayuda a mostrar la normalidad potencial de las relaciones panafricanas en este país, cuando funcionan. Estas imágenes han estado muy ausentes en la cultura popular y presentarlas en la gran pantalla contribuye a que el público (particularmente el público local de Sudáfrica) vea a otros africanos de una manera nueva. Una vez más, se trata de cambiar el marco de la xenofobia para mostrar mejor dónde tienen éxito estas relaciones humanas.

La visión de la directora Sara Blecher es presentar un nuevo modelo a seguir para las jóvenes en el momento de adentrarse en la edad adulta. Un guion que interpela a una generación que bien pudieran ser de Bogotá, Nairobi, Berlín o Madrid y que les permitirá considerar nuevas opciones y posibilidades para sus propias vidas. Una mujer joven y exitosa. Una empresaria, que se las arregla para navegar a través de la grasa y los talleres mecánicos que definen, en términos generales, el mundo de los hombres. Una historia en la que no se tenga que ver comprometida la pasión, la originalidad o el estilo. En definitiva, Ayanda es una carta de amor a las jóvenes sudafricanas y del mundo.

Puedes conseguir tu entrada por 3€ para el martes 12 de noviembre. (Aquí)

ÁFRICA on! Arte e investigación encenderán Madrid las 4 estaciones

Un nuevo proyecto cultural pionero en España llega a Madrid coordinado conjuntamente por el Grupo de Estudios Africanos (GEA) y Wiriko y apoyado por La Casa Encendida.

Pensado para disfrutar cuatro momentos anuales que coinciden con las cuatro estaciones (otoño, invierno, primavera y verano) ÁFRICA on! activará una disciplina diferente para adentrarse en las realidades africanas bajo un prisma creativo, artístico y desde una mirada crítica.

Con el foco puesto en las diversas expresiones del arte y la cultura que tienen lugar tanto en el continente como en sus diásporas, ÁFRICA on! se convierte en un lugar de debate participativo para dar a conocer las diversas realidades desde una visión crítica, creativa y transversal. En definitiva, un espacio donde el arte y la investigación se activan y entran en conexión, y donde la investigación académica y la divulgación artística son las piezas angulares. ÁFRICA on! está impulsado y coordinado por Wiriko y el Grupo de Estudios Africanos (GEA) de la Universidad Autónoma de Madrid. 

En esta primera edición de otoño, ÁFRICA on! se centra en el cine y, bajo un prisma feminista, el programa del ciclo estará compuesto por tres películas dirigidas por realizadoras africanas que, a través de sus trabajos, tratan temáticas que cruzan la vida de las mujeres en diferentes ámbitos de sus vidas y en diversos puntos del continente. Pero también, tres moderadoras, una cantante y una periodista. En definitiva un viaje a través del espectro linguístico y cultural del África anglófona (Sudáfrica), francófona (Níger y Burkina Faso) y lusófona (Angola).

La primera de las citas es la ficción que nos llega desde Sudáfrica de la mano de Sara Blecher y su Ayanda (2015). Blecher nos presenta a una joven que cuestiona los roles patriarcales impuestos en una cosmopolita ciudad como Johannesburgo. El segundo de los días propuestos en este ciclo otoñal es El lobo de oro de Baolé (2019), premiado como el mejor documental en el Festival de Cine Africano de Tarifa en mayo de este año y programado en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB) dentro de una retrospectiva ofrecida en la Filmoteca de Catalunya. Con esta cinta, la realizadora burkinabesa Aïcha Boro pondrá el acento en la vida en una cantera de granito en Burkina Faso. La última de las propuestas fílmicas para invitar a la reflexión será una joya audiovisual que ya en el FESPACO de 2017 ganó el galardón a la mejor fotografía; se trata de The Wedding Ring (2016). La nigerina Rahmatou Keïta, quien además de directora de cine es periodista, provocará al espectador con una narrativa visual poco habitual cuando se habla de este país saheliano. En su caso, la película se centrará en una historia amable sobre el amor, la tradición y el miedo, y mostrará la belleza a menudo deslumbrante de los pueblos en el sur de la República de Níger.

Más información en: africaon.es

MARTES 12 DE NOVIEMBRE > Ayanda (Sudáfrica, 2015)

Un fotógrafo captura fotos e historias de africanos en Yeoville, Sudáfrica, centradas principalmente en Ayanda, una joven diseñadora que trabaja en el garaje de su difunto padre. Cuando la madre de Ayanda y la mejor amiga de su madre revelan la necesidad de vender el garaje, Ayanda, que no está dispuesta a dejar de lado la memoria de su padre, emprende un plan para restaurar los coches viejos para salvar el negocio con la ayuda de dos mecánicos leales. La película explora la tensión que el esfuerzo de Ayanda causa dentro de su familia y amigos enfrentando su obsesivo deseo de retener todo lo de su padre contra sus intentos de seguir adelante.

Presentación y debate posterior

Puedes comprar tu entrada por 3€ aquí.

MIÉRCOLES 13 DE NOVIEMBRE > El lobo de Oro de Baolé (Burkina Faso, 2019)

En el corazón de Uagadugú, capital de Burkina Faso, existe una cantera de granito donde casi 2.500 personas, hombres, mujeres y niños, trabajan en condiciones dantescas para reunir los escasos recursos que les permitirán sobrevivir otro día… El salario diario de un hombre es aproximadamente de 600 francos CFA (el equivalente a un euro); el de una mujer y un anciano, de unos 300, y un niño no ganará más de 200. Una población de esclavos de la era moderna, explotados por vendedores de granito sin escrúpulos y marginados por una sociedad que se niega a verlos.

Presentación y debate con Itziar Ruiz-Giménez Arrieta

Puedes comprar tu entrada por 3€ aquí.

JUEVES 14 DE NOVIEMBRE > The Wedding Ring (Níger, 2016)

Tiyaa es una joven de descendencia aristocrática que acaba de volver a su pueblo natal en Níger tras acabar la universidad en París. Allí se enamoró de un hombre, también proveniente de una familia aristocrática, y planean casarse. La familia de Tiyaa no pone objeciones, pero la proposición de matrimonio no llega y mientras tanto Tiyaa tendrá que seguir adelante con su vida.

Presentación y debate con Elsa Aimé González

Puedes comprar tu entrada por 3€ aquí.

MIÉRCOLES 20 DE NOVIEMBRE > Aline Frazao (Angola)

Cantante de voz porosa, compositora de letras hirientes y periodista comprometida con la realidad angoleña y africana por extensión, no solamente es interesante por su propuesta musical, inspirada por el jazz, la bossa nova, la música caboverdiana, la música popular angoleña y el fado, sino por su peso entre la comunidad de artistas y activistas angoleños. Si quieres conocer mejor a esta polifacética artista te recomendamos que leas la entrevista que le hicimos.

Entrevista en directo a cargo de Lucía Mbomío

Puedes comprar tu entrada por 5,45€ aquí.

 

Descoloniza tu iPod 2019 (IX)

LPs

Tinariwen – Amadjar (6 septiembre, ANTI Records)

El mayor exponente del blues tuareg, la banda Tinariwen, vuelven dos años después de su exitoso Elwan con los sonidos del desierto y sus guitarras electrificadas para presentar su nuevo álbum Amadjar, el noveno de su carrera. Junto a voces como la de Noura Mint Seymali, el violonchelista Warren Ellis (The Bad Seeds), los guitarristas Cass Mc Combs y Rodolphe Burger, Tinariwen vuelve a demostrar el poder intrínseco en las melodías que parecen susurrar las dunas de arena, entre susurros airosos que nos transportan a la intimidad y arraigo del tuareg con su medio. Con la identidad Tamasheq y la cosmovisión tuareg impresa en cada tema, los 13 cortes de Amadjar vuelven a seducir nuestros oídos y corazones.

Oxmo Puccino – La nuit du réveil (6 septiembre, Believe) 

El rapero y poeta de Segou (Mali) establecido en París (Francia) Abdoulaye Diarra, más conocido por su nombre artístico Oxmo Puccino, vuelve a destilar su fórmula ganadora de rap consciente en su nuevo álbum ‘La Noche del Despertar’. Tras una exitosa carrera de más de veinte años y colaboraciones fructíferas como las que tiene junto al gran Gaël Faye, Oxmo —una de las voces más prestigiosas de la diáspora africana en Francia— presenta un álbum que habla de revelaciones surgidas de noches de insomnio para iluminar a la audiencia con sus palabras, emancipadoras y agitadoras.

Mah Damba – Hakili Kélé (13 septiembre, Buda Musique / Socadisc) 

Hija del legendario griot maliense Baba Sissoko, Mah Damba es una de las voces femeninas más consolidadas de la tradición mandinga, tanto en África Occidental como en su Europa de adopción. Tras labrarse una carrera musical junto a su marido Mamaye Kouyaté (DEP) tras mudarse a París, debutó en solitario con À l’Ombre Du Grand Baobab en 2010, un álbum nutrido de colaboraciones que le permitió brillar más allá de la noble sombra de su padre y su, hasta entonces, marido. Ahora, con Hakali Kélé, Mah Damba canta las penas y las alegrías de su Mali natal, denunciando la violencia y los conflictos étnicos que como cuenta en una reciente entrevista para RFI, “no son parte de nuestra cultura”.

Abdullah Ibrahim – Dream Time (13 septiembre, Enja Records)

Tras su recientemente editado The Balance, el sudafricano Abdullah Ibrahim, una de las mayores leyenda vivas del jazz lanza su segundo álbum en menos de tres meses. Una rara avis para la industria de la música, que llevaba cinco años esperando temas inéditos por parte de este icono de la resistencia sonora cotra el régimen del Apartheid, el también conocido como Dollar Brand nos deleita con 20 nuevos temas que no quiere dejar en el tintero. Prolífico a sus 84 años, las desnudas teclas blancas y negras del teclado de Ibrahim siguen poniendo a Ciudad del Cabo en el circuito internacional del Jazz.

Sampa The Great – The Return (13 septiembre, Rough Trip)

Carismática y desafiante a la ortodoxia occidental, la rapera Sampa The Great es una de las voces más reconocibles del hip hop contemporáneo, y escuchando su álbum debut con atención se entiende el por qué. Nacida en Zambia, criada en Botswana y residente en Australia, Sampa Tembo representa a una diáspora moderna y rompedora, que teje su discurso sonoro a través de varias influencias del África austral y el poliglotismo de sus letras sin complejos y pisando con mucha contundencia. En su The Return confirma un sonido distintivo que la ha llevado a ser reconocida como una de las artistas de R&B más cotizadas y potentes del momento. Ni más ni menos que 19 temas. ¡Suban el volumen de sus reproductores y disfruten(la)!

Arabstazy  – Under Frustration Vol​.​2 (13 septiembre, InFiné & Shouka)

El colectivo tunecino Arabstazy, vuelve con el segundo volumen de su proyecto ‘Under Frustration’, un compendio que pretende deconstruir los estereotipos occidentales y homogeneizadores fundados por el colonialismo a partir de la producción musical. Manifiesto de una nuevo futurismo underground árabe, es un reflejo sonoro de la diversidad cultural en el mundo árabe post-revolucionario, que incluye todo el norte de África. Fundado por el tunecino Mettani, el colectivo Arabstazy es una plataforma multidisciplinar de investigadores musicales con sede en Túnez, París y Berlín.

Rachid Taha – Je Suis Africain (20 septiembre, Naïve/Believe)

Un álbum póstumo es siempre una mala noticia. Y más cuando se trata del álbum póstumo de un genio como el franco-argelino Rachid Taha, que dedicó su último año de vida a componer y grabar lo que hoy tenemos en nuestras manos y que, lamentablemente, va a ser el último cartucho del artista. Nadie como él podía hacer rock árabe con esencia punk de tanta calidad, o inspirarse en el repertorio tradicional del norte de África para mezclarlo con chanson française sin sonar pretencioso… Un año después de su muerte, el rey del Rock-Rai nos lega su undécimo álbum en solitario, un trabajo de diez pistas donde las guitarras bailan con el balafón, los violines orientales flirtean con ritmos Gnawa, mandol, chaabi… y hasta le canta a Andy Warhol. Y se despide del mundo con un absoluto tributo a los africanos y nos deja en un “final feliz” que nos deja con la lagrimilla rodando… ¡Gracias maestro!

Eliasse – Amani Way (20 septiembre, Soulbeats Records) 

El cantante y guitarrista comorense Eliasse presenta su segundo álbum de estudio, un definitivo paso hacia su carrera internacional que le ha valido hacerles de teloneros a la banda norteamericana Groundnation durante su última gira por Europa. Tras su exitoso debut (Marahaba, 2008) y establecido en Burdeos de forma permanente, el maloya ha elaborado un álbum en formato de trío y un espíritu más rock blues que el anterior donde evoca la energía eléctrica y percudida de la guitarra de Keziah Jones. Sin embargo, el alma pausada y susurrada casi a partir de las olas sigue acariciando y apaciguando todo el álbum de forma casi instintiva.

Habib Koité – Kharifa (27 septiembre, Contre-Jour)

Tras más de dos décadas dando guerra, el cantante y guitarrista maliense Habib Koité vuelve con su 6º álbum: Kharifa. Sale de su zona de confort y amplía su identidad musical, sirviéndose de colaboraciones transgeneracionales con Toumani Diabaté, Amy Sacko, su hijo CT Koité, su sobrino Mbouillé Koité —precio Decouvertes de RFI en 2017— o el guitarrista Sekou Bembeya. Es un álbum festivo, lleno de matices y que explora diferentes géneros, desde lo más tradicional a los afrobeats que parecen dominar el continente.

EPs

Bantwanas – Back to Front (6 septiembre)

El colectivo de productores, compositores y músicos africanos Bantwanas (o ‘Niños de África’) es uno de los “descubrimientos” que más nos han entusiasmado a nuestra vuelta al cole. Esenciales en la escena de clubes y festivales de electrónica en Sudáfrica, y con una proyección internacional indiscutible, esta banda sudafricana de House está formada por 10 miembros: 5 vocalistas, un batería, un guitarrista, un pianista y dos potentes productores: Ryan Murgatroyd y Blanka Mazimela. Otro exponente de la prolífica producción electrónica africana contemporánea que nos deleita con dos temas remasterizados y auto-reinterpretados, y en los que destacamos un trabajo coral preciosita.

Ebo Taylor – Palaver (13 septiembre, Tabansi Records / BBE Music) 

Producciones que nos hacen felices como esta, hay pocas. Con 83 años, Ebo Taylor, el rey del Funky-Highlife ghanés, vuelve a regalarnos genialidad por doquier en un EP titulado ‘Palaver’ que reedita el álbum de 1980, una colección imprescindible para los amantes de los sonidos de la época dorada africana. El álbum, lanzado exclusivamente por el sello Tabansi en su momento, se grabó durante una gira de Taylor por Nigeria y se han rescatado (recuperando con mimo y nitidez) las cintas maestras, que quedaron archivadas en una habitación polvorienta en el cuartel general que el sello Tabansi tenía en la ciudad nigeriana de Onitsha. ¡Una joya!

Singles

Céline Banza – Te Rembi (4 septiembre)

La cantante, actriz y camarógrafo de República Democrática del Congo, Prix Découvertes RFI de 2019, se ha hecho con el principal galardón del mundo “francófono” con el single de presentación del que será su álbum debut, en 2020. Compuesto por artistas como Asalfo (Costa de Marfil), Charlotte Dipanda (Camerún), Tiken Jah Fakoly (Costa de Marfil), Fally Ipupa (RDC), Angélique Kidjo (Benin), Youssou N’Dour (Senegal) o Oumou Sangaré (Mali), el jurado de este destacado premio, activo desde 1981, ha decidido que Céline Banza merecía entrar en el pool de los talentos musicales más destacados del continente africano.

Michael Kiwanuka – You Ain’t the Problem (13 septiembre, Interscope)

No podía ser de otra manera. El primer single del nuevo álbum de Michael Kiwanuka, que se titulará ‘Kiwanuka’ y que verá la luz el próximo 1 de noviembre, nos tiene a todas al bolsillo. Un tema uptempo en la línea de su “Love & Hate” (Polydor/Universal, 19) que anticipa un 3er larga duración con vocación de mantenerse fiel a su personalidad y carisma: “El último álbum surgió de un lugar introspectivo y fue como una terapia, supongo. Este habla más de sentirme cómodo con lo que soy y preguntarme qué quiero decir. ¿Cómo puedo ser valiente y desafiarme a mí mismo y al oyente? Es acerca de la aceptación de uno mismo de una manera triunfante, más que de una forma melancólica. Es un álbum que explora lo que significa ser un ser humano hoy en día”, anticipa en la nota de prensa.

El Gnaua marroquí y el Singeli tanzano aterrizan en el Reina Sofía

Por tercer año, el Museo Reina Sofía acoge el ciclo de conciertos Archipiélago, el cual invita a comprender la complejidad del mundo contemporáneo mediante la escucha, indagando en lo que se entiende por música experimental y su relación con lo popular a partir de diferentes narrativas y geografías.

La presente edición explora el concepto de tradición: un término que parece asociado al conservadurismo y la involución frente al cambio. Sin embargo, Archipiélago prefiere contemplar la tradición como la transmisión de conocimiento, de una persona a otra y de una generación a la siguiente. En este sentido, se acerca a ella más como una manera de avanzar y conciliar, y no tanto como un intento sesgado de preservar cierta originalidad mitificada.

Así, la tradición pasa a presentarse como un conjunto de saberes, afectos y prácticas compartidas y específicas de unos contextos, momentos y grupos concretos. Desde este prisma, el programa se aproxima a distintos artistas que desarrollan géneros en apariencia no relacionados entre sí (gnaua, noise, singeli, electroacústica o músicas de baile que desafían cualquier intento de clasificación) o que, pese a supuesta novedad, se asocian de forma remota a alguna tradición musical.

Aún hoy géneros nacidos en Occidente como el techno o el house, se siguen percibiendo como universales gracias a su omnipresencia, mientras que otros, como el gqom sudafricano o el singeli tanzano, son escuchados como “periféricos” aunque sus artistas hagan giras por festivales de todo el mundo y sus ritmos comiencen a calar de manera decisiva en el trabajo de artistas europeos.

De ahí que resulte conveniente considerar las palabras del escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o sobre las literaturas de África, Asia y América Latina y aplicarlas al terreno de lo musical,  al recordarnos que las manifestaciones culturales de dichas regiones  “no son periféricas (…) [sino] centrales para entender qué es lo que ha hecho que el mundo sea lo que hoy es”.

Entre los artistas presentes en este 2019 se encuentran Ricardo Vincenzo, Ipek Gorgun, Lechuga Zafiro, Saba Alizadeh, Síria, Lea Bertucci, Rashad Becker o Kolida Babo, procedentes de países como Brasil, Turquía, Uruguay, Irán, Portugal, Estados Unidos, Alemania o Grecia. En el caso de las músicas africanas estarán representadas el sábado 21 por partida doble, con el grupo Gnaua de Casablanca Asmâa Hamzaoui & Bnat Timbouktou (las hijas de Tombuctú) y el dúo tanzano procedente de Dar es Salaam Bamba Pana & Makaveli, cuyo último disco Poaa hemos destacado como uno de nuestros álbumes de referencia para este verano 2019

La polémica irrupción de H&M en África

El anuncio de la nueva colección de verano de H&M en colaboración con la marca sudafricana Mantsho ha hecho que los titulares más paternalistas invadan las redes celebrando esta apuesta por la inclusión y la diversidad de la cadena sueca. Sin embargo, y a pesar de las muchas ventajas que a priori podría representar esta colaboración, hay mucho más de apropiación y de neocolonialismo en esta decisión que de voluntad de fomentar la cultura africana en Occidente.

Palesa Mokubung – Fotografía de J. Countess/Getty Images.

La diseñadora sudafricana Palesa Mokubung fundó su propia firma en 2004. Mantsho (que significa “el negro es bello” en sesotho, su lengua materna) es la materialización de la dedicación, esfuerzo y talento de la joven. Desde una edad temprana, los diseños de Mokubung captaron el interés de la conocida marca Stoned Cherrie. Sin embargo, a pesar de haberse convertido en referente de la moda en el territorio nacional, de haber ganado premios en reconocimiento por su trabajo o haber presentado sus diseños en numerosos países, parece ser que el punto álgido de su carrera haya llegado al ser fichada por H&M.

H&M anuncia la apertura de tiendas en Sudáfrica

No es de extrañar que la cadena sueca haya decidido instalarse en este país pues, como indica el Banco Mundial, las políticas presupuestarias implementadas en Sudáfrica la han incorporado en los mercados internacionales. Pero esto no es todo. Recientemente se ha hecho pública la noticia de que H&M va a abrir nuevas tiendas en Sudáfrica, asegurándose así su gigantesca presencia en uno de los países africanos más dinámicos económicamente hablando.

La decisión de trabajar junto a Mantsho y de establecer nuevos locales comerciales no es arbitraria. Más allá de los motivos financieros, la marca sueca quiere relegitimar su nombre y reputación, ambos socavados después de haber sacado a la venta una sudadera con la frase “El mono más guay de la jungla” lucida por un niño negro. Fueron muchas las críticas que recibió por semejante publicidad, poniendo sobre la mesa la falta de concienciación con respecto a un país que aún arrastra el estigma del Apartheid.

Aunque la cadena defienda que “La inclusión es la diversidad en acción”, desde Wiriko creemos que la puesta en escena de H&M en Sudáfrica se aleja de este  eslogan publicitario. La colaboración con Mantsho no sólo intenta reparar el malestar y perjuicios de dicho anuncio sino que es defendido como un importante paso para incorporar y globalizar los diseños de Mokubung.

Así, H&M presenta esta colección como una oportunidad de incluir al continente africano en el panorama internacional de la moda que, como de costumbre, ha estado subordinado a los intereses de la industria occidental. Como recuerda un artículo reciente en Bright Magazine, las potencias del Norte son responsables del debilitamiento de las industrias domésticas africanas. Esta forma de extraversión ha resultado en la importación y venta de ropa de segunda mano en el continente.  Se está fomentando la actitud paternalista de Occidente con respecto a África y obstaculizando el desarrollo de las industrias nacionales. Asimismo, el lavado de cara de la cadena está reforzado por la afirmación de que la apertura de nuevas tiendas traerá consigo ofertas de empleo para la población local.

La filosofía de H&M parece adaptada a las demandas de justicia social y equidad de consumidores responsables, aludiendo a cuestiones de igualdad, salarios justos, compromiso con el medioambiente…Sobre el papel se define como un actor responsable y comprometido con los aspectos más cruciales de la actualidad, por lo que las iniciativas que está llevando a cabo en Sudáfrica están superficialmente en sintonía con la ética que defiende. Sin embargo, el hecho de que una cadena de esta magnitud se introduzca en el continente nos hace dudar del futuro esperanzador que prometen.

¿Por qué no convence la supuesta ética de H&M en África?

Presentar los diseños africanos como ‘exóticos’ y ‘dinámicos’ hace poco por combatir los estereotipos vigentes, y por lo tanto, por incluir la diversidad cultural de forma natural. Es más, ¿no hablaríamos en este caso de apropiación cultural?

Las estadounidense Denise Nicole Green y Susan B. Kaiser en su artículo “Fashion and Appropriation”* hacen un repaso de las diferentes posturas que surgen a raíz del debate de la apropiación cultural. Una de las críticas es precisamente que a causa de este concepto se genera una reafirmación de la dominación y explotación occidental, dando lugar  a cuestiones binarias y preservando una jerarquía entre la industria de la moda y las culturas que son apropiadas. Como hemos señalado anteriormente, África sigue en desigualdad de condiciones con respecto a Europa**, así que tratar de aludir a una relación de equidad entre ambas partes no es pertinente. Entonces, ¿hasta qué punto podemos considerar la inclusión como la diversidad en acción?

¿Qué consecuencias medioambientales tendrá la apertura de las nuevas tiendas siendo esta industria textil la segunda más contaminante del planeta? ¿Cuántos puestos de empleo generará H&M a largo plazo teniendo en cuenta que la cadena supondrá el quiebre de comercios locales? ¿Cuáles serán las condiciones de trabajo de los y las empleadas de la fábrica de producción subcontratada? ¿Seguirán permitiendo la explotación de las trabajadoras etíopes mientras tratan de vender una imagen de compromiso social y medioambiental? ¿Repercutirá positivamente en la economía del país? Creemos que no. A pesar de que el personal contratado de las nuevas tiendas sean sudafricanos y sudafricanas, es muy probable que los beneficios que obtenga la empresa textil no se inviertan en el continente africano, por lo que el balance de ganancias y pérdidas entre ambas partes está claramente descompensado.

Antes de celebrar la puesta en marcha de este tipo de colaboraciones es necesario preguntarnos qué intereses hay detrás de una cadena como la de H&M para querer invertir tiempo y dinero en un país que tiene un papel secundario en la industria de la moda. No se trata de celebrar la industrialización de África a toda costa. Tampoco de negar las posibilidades que representan la industria y el sector para el desarrollo del continente y la empleabilidad de los y las jóvenes africanas. Sería más conveniente fomentar el impulso de una industria local; facilitar la exportación de productos textiles africanos a mercados occidentales; asegurar trabajo y salarios dignos; así como reconocer el talento regional, fortaleciendo toda la cadena de producción.El neocolonialismo ha encontrado nuevas formas de operar  muy parecida a las prácticas impuestas a principios del siglo XX, a la vez que poco sostenibles para el desarrollo africano en los tiempos que corren.

Para que Sudáfrica esté en igualdad de condiciones primero tiene que materializarse la independencia política, económica y cultural, poniendo por delante los intereses nacionales antes que los extranjeros. Sólo cuando se cubran las necesidades internas podrá este país situarse en una balanza equilibrada con respecto a otros actores. Y es que como dijo Madiba: “después de escalar una gran colina, uno se encuentra sólo con que hay muchas más colinas que escalar”.

 

*Green, Denise N. and Susan B. Kaiser. “Fashion and Appropriation”. Fashion, Style & Popular Culture, vol. 6, no. 2, marzo de 2017, pp. 145-150. Ingenta Connect, https://doi.org/10.1386/fspc.4.2.145_2

**En este caso nos referimos únicamente al continente europeo ya que H&M nació en Suecia.

Spoek Mathambo: los beats sudafricanos suenan en Madrid

Ya nos lo decía el propio Spoek Mathambo (Nthato Mokgata) en la entrevista que le hacíamos en 2015 sobre su grupo Fantasma:

Sudáfrica definitivamente tiene muchos tipos de música electrónica que varían desde lo más popular hasta lo más terriblemente oscuro

Y es que este artista sudafricano es uno de los máximos exponentes de la escena electrónica africana, como muestra su trayectoria, no solo musical sino en varias disciplinas. Spoek será el encargado de poner banda sonora a la X Session y cierre de temporada de Moto Kiatu. Sin duda, no se podía poner una mejor guinda a este pastel, porque la aventura de nuestro colectivo de difusión de los sonidos más electrónicos de África empezaba justamente con la organización del concierto de Batuk, el proyecto actual de Spoek Mathambo. ¡Hace ya 3 años de eso!

Si tenemos que definir a este artista con una palabra, seguramente sería con la palabra “creatividad” que se manifiesta en su trayectoria artística como productor, cantautor y rapero sudafricano. Creador del concepto ‘Township Tech’, para describir su sonido, Spoek Mathambo es uno de los iconos del afrofuturismo y sus producciones nos remiten constantemente a los sonidos del house, kwaito, bacardi house, maskandi o gqom, entre otros muchos géneros. Los álbumes ‘Mshini Wam’, ‘Father Creeper’, ‘Fantasma‘ o ‘Mzansi Beat Code’ son algunos de sus trabajos, junto con Batuk, el proyecto musical actual que comparte con la artista mozambiqueña/sudafricana Manteiga que les está llevando a dar la vuelta al mundo.

Así que el próximo viernes 5 de julio no podéis perder la oportunidad de ver a este referente en directo. ¡ Os esperamos!

*** Entrada libre hasta la 1:30h ***
Anticipada 8€ + cerveza, 10€ + copa
Taquilla: 10€ + cerveza, 12€ + copa

Benji Liebmann, una vida de oculta dedicación al arte

Venciendo su legendaria resistencia a mostrar sus creaciones, el artista y mecenas sudafricano Benji Liebmann expone por primera vez en Madrid su obra. La serie elegida ha sido ‘The Triptych’ (‘El tríptico, en castellano), presente en la sala Art Window Marta Moriarty hasta el 13 de julio. Una muestra en la que se aprecia que tan enigmático es el personaje como sus pinturas. Sus dibujos de grafito sobre papel ambicionan transportarnos a paisajes interiores y experiencias poderosamente unidas a la naturaleza que trataremos de desentrañar indagando en el recorrido de este reservado dibujante.

Benji Liebmann trabajando en su estudio

“Yo soy africano, por casualidad. Desterrado por los fracasos de la civilización, a causa de una religión que se nos dio al nacer, sin elección posible.” Así relata Benji Liebmann sus orígenes como hijo de refugiados en Sudáfrica en una carta dirigida a su amiga Marta Moriarty.  Su padre, ingeniero de minas, llegó a Sudáfrica huyendo de la Alemania nazi y la familia de su madre, profesora de inglés, escapando de los pogromos rusos. Juntos formaron una familia acomodada y respetable en su casa de Florida, cerca de Johanesburgo. Liebmann la recuerda como un combinado de bohemia, aspiraciones, intelligentsia, marginación y convenciones. Admite que como hermano menor siempre le mimaron mucho y que también siempre se dió por hecho que sería artista.

En la misma misiva a Moriarty reconoce la traumática dualidad de su identidad: “Es la mía, predominantemente, una africanidad de la tierra, de la vegetación, del cielo, de las nubes… de la atmósfera, en suma, por la que se caracteriza la idea de un lugar al que estoy unido de manera irreversible; pero al mismo tiempo soy europeo, y llevo dentro todas las sensibilidades impuestas al mundo por siglos de costumbres autocomplacientes.”

Aunque fue un mal estudiante logró acabar sus estudios en la Escuela de Arte, Ballet y Música de Johannesburgo y llegó a exponer en la Gallery 101 que en esa época era la galería más importante de Johannesburgo. Llegó incluso a matricularse en Bellas Artes, pero la carrera le decepcionó y entró en conflicto con sus profesores. Nunca la terminó. En una bifurcación vital su incipiente carrera artística cambió de rumbo hacia el mundo de la abogacía y de los negocios. Atrapado en las entrañas de la bestia comercial pasó los siguientes treinta años, aunque nunca abandonó su dedicación al arte. Cuando su actividad como hombre de negocios comenzó a descender, Liebmann se compró una pequeña granja situada en la Cuna de la Humanidad, un vasto complejo de cuevas a unos 50 km al noroeste de Johannesburgo que está incluido en la Lista del Patrimonio Mundial porque acumula una gran cantidad de fósiles de los ancestros humanos, que resulta crucial para comprender las etapas más tempranas de la evolución. En este lugar privilegiado se construyó un íntimo estudio para dedicarse al arte rodeado de naturaleza.

Y allí es donde se ha gestado ‘The Triptych’ en un proceso creativo que él mismo explica en la presentación de la obra: “Se formó a lo largo de seis meses, a partir de la contemplación de una gran hoja de papel recortada más o menos según el tamaño de la ventana de Marta. Ha ido creciendo y reduciéndose día tras día a base de hacer marcas y borrarlas. Me ha decepcionado tantas veces como me ha entusiasmado. Depende mucho del estado de ánimo imperante… y de la luz. En algunos aspectos es una reflexión sobre la luz, y sobre cómo esta altera nuestra percepción de las cosas.”[…]”Al final se ha convertido en una especie de tríptico. Espero que sirva para transportar a alguien (con una persona bastaría) a algún lugar libre de las ataduras de la razón y la experiencia concreta, aunque una y otra son herramientas que usa la obra para abrir otras posibilidades de comprensión, y aceptar la materialidad como una vía de acceso al ser.”

Conquistado por el Ubuntu africano, en un momento en el que muchos abandonaron Sudáfrica, él decidió quedarse para intentar rectificar el pasado y contribuir a un presente más justo. Y por eso dedicó su terreno y todo su empeño a la creación de la NIROX Art Foundation, una de las fundaciones de arte más importantes del continente. Con la idea de crear un refugio para artistas, un lugar apartado del mundo donde encontrar paz e inspiración, construyó una residencia que ha acogido ya a más de 150 creadores. El enclave es único, la decoración está pulcramente elegida y se encuentran obras de arte en cada rincón. No se tienen en cuenta nacionalidades o disciplinas artísticas en este proyecto con vocación de universalidad que pone a disposición de los residentes, estudios y talleres donde desarrollar su creatividad lejos del mundanal ruido.

Las obras cedidas por los artistas residentes han alimentado una creciente colección permanente y un espectacular parque de esculturas abierto al público. Allí se programan también múltiples actividades musicales, teatrales y performativas. No satisfecha su filantropía, Liebmann ha cedido parte de los terrenos de NIROX al proyecto Columba que dirige programas de liderazgo en escuelas ubicadas en áreas económicamente desfavorecidas en seis provincias del país y que trabaja en estrecha colaboración con el Departamento de Educación Sudafricano.

Benji Liebmann, un personaje lleno de contradicciones que rozan la paradoja. Una piel blanca tostada al sol, un hombre con pasaporte africano pero inevitable fruto del privilegio, un próspero abogado con sensibilidad artística, un hombre de negocios que deviene altruista, un personaje público que se oculta en la soledad de su estudio. Un artista que, rodeado de belleza multicolor, dibuja en blanco y negro.

Apuntes sobre la fotografía como arma de resistencia en África

7ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

 

Por Manuel Molina Muñoz

 

‘La cámara ha sido a menudo un instrumento directo. En África, como en muchos lugares desfavorecidos, la cámara llega como parte de la parafernalia colonialista junto con las armas y la Biblia’ (Yvonne Vera, autor zimbabuense, T. del A.)

Con el explícito título de “Cuando la cámara fue un arma del Imperialismo (y aún lo es)“, el escritor afroamericano de origen yoruba-nigeriano Teju Cole, reputado novelista y crítico de fotografía para The New York Times durante los dos últimos años, expone de forma muy clara y contundente cómo la práctica fotográfica colonialista en África, que nació en el siglo XIX y se expandió durante el XX, sirvió para catalogar y dominar la población africana por parte de los poderes colonialistas. Posteriormente, Cole se ayuda del trabajo de la influyente Susan Sontag para afirmar que la relación política entre dominante y sociedades sumisas ha cambiado poco en lo que respecta a la práctica fotográfica. El crítico es sin duda pesimista al concluir que esto continuará de forma sistemática.

Efectivamente, durante la época colonial en África, la fotografía, entendida como representación objetiva y fiel de la realidad, sirvió para retratar ideas específicas y valores sociales y culturales que justificasen de alguna forma el ímpetu colonialista y proyectasen la superioridad europea. Fue una de las armas más poderosas del imperialismo colonialista. En muchas ocasiones estas fotografías retrataban el continente como un mundo salvaje, obscuro, y lleno de enfermedades. La estética simplista de estas fotografías a menudo retrataban a africanos junto a europeos en planos frontales, donde era evidente el tono paternalista y protector del europeo y donde se querían poner de manifiesto los valores civilizados del colono en contraste con la parte animal o salvaje del nativo, ‘el otro’. En algunas imágenes incluso se les requerían posar semidesnudos con la intención de retratar características raciales. No había nada de sutil en estas imágenes tan evidentes y conscientes. De hecho, las postales coloniales se convirtieron en el soporte ideal para retratar la inferioridad africana y potenciar la superioridad blanca.

Como se comenta en el artículo de Teju Cole, el presente y futuro no es nada halagüeño. Algunos de estos prejuicios y estereotipos son evidentes hoy en día incluso en una herramienta tan actual y popular como Google Images. Abundan las imágenes de africanos vestidos con atuendos tradicionales y tribales; son imágenes entendidas como representación de la realidad y autenticidad; ideas construidas hace un siglo y que todavía prevalecen hoy en día. En una de las salas de la exposición “In and Out of Focus: Images From Central Africa, 1885-1960” en el Museo Nacional de Arte Africano de Washington en 2003, muchas de las fotos expuestas, concebidas como fuentes etnológicas, fueron transformadas en su momento en postales exóticas. Eran imágenes de africanos vestidos con trajes ceremoniales realizando rituales (muchos de ellos planificados y posados por los propios fotógrafos).

Sin embargo, algunas de estas fotos tuvieron un rol importante en mostrar las crueldades del régimen colonial. En el Congo, algunas imágenes ayudaron a mostrar la crueldad del sistema colonial del rey Leopoldo después de ser distribuidas en Europa. A principios de siglo, la misionera inglesa Alice Seeley Harris (fueron los misioneros y misioneras en África los que llevaron la fotografía al continente en muchos casos) tomó cientos de fotografías documentando la violencia, la explotación y el esclavismo de los congoleses bajo el sistema colonial impuesto por el rey belga. Algunas de estas imágenes se pudieron ver en la exposición ‘“Brutal Exposure” en Liverpool en el año 2015.

En este punto, se hace necesaria la reinterpretación de las imágenes que nos llegan desde el continente africano. Desde la interesante plataforma digital The Trans-African, el crítico de arte nigeriano, Emmanuel Iduma, reflexiona sobre las fotografías de historia africana colgadas en Flickr provenientes de los Archivos Nacionales del Reino Unido. Tal y como Iduma explica en una entrevista para C& and Aperture Magazine, la visión identitaria eurocéntrica que aún hoy en día se hace de muchas de las imágenes del pasado colonial nos muestran que el proceso de descolonización no se ha llevado a cabo. La forma como los africanos estaban vistos ha moldeado la propia percepción de quienes son. Iduma concluye que hay que darle la vuelta a estas imágenes, reinterpretarlas y darles una nueva identidad, ‘descolonizarlas’.

 

La fotografía de resistencia en la Sudáfrica del Apartheid

Las fotos que expusieron las atrocidades cometidas en el Congo nos pueden servir para dar un salto en el tiempo y ver como la cámara se convierte en un arma de resistencia contra la crueldad e injusticia del Apartheid en Sudáfrica. El término “fotografía de resistencia” se utilizó para hablar de la práctica fotográfica que supuso un desafío a las creencias, políticas o acciones del gobierno sudafricano durante el apartheid. En este caso, las fotografías sirvieron para exponer lo que el gobierno de Sudáfrica intentaba esconder: la injusticia e inhumanidad del apartheid. Se considera la revista Drum, gracias a su énfasis en el aspecto visual, como el medio desde donde los primeros fotógrafos de la resistencia empezaron a trabajar: Leon Levenson, Ernest Cole o Eli Weinberg entre otros. Con el tiempo y el paso de los acontecimientos nuevos fotógrafos se añadirían al movimiento. Entre ellos cabe destacar la figura de Peter Magubane, el primer fotógrafo negro en exhibir fotoperiodismo en Sudáfrica. Este fotógrafo se dio a conocer gracias al reportaje que hizo para Drum del panorama desolador que dejó la masacre de Sharpeville de 1960. Tal y como dijo el propio Magubane a propósito de la exposición “Rise and Fall of Apartheid: Photography and the Bureaucracy of Everyday Life” en el ICP de Nueva York, “yo quería usar mi cámara para poder demostrar al mundo lo que está pasando en mi país”.

SOWETO, 16 junio 1976 (Bongani Mnguni/City Press/Gallo Images/Getty Images)

Efectivamente, tanto la masacre de Sharpeville de 1960 como la brutalidad policial en los disturbios de Soweto de 1976 fueron dos momentos clave para el trabajo de estos fotógrafos de la lucha o resistencia. En los años 80, el colectivo de fotógrafos de Afrapix, fundado por Omar Badsha y Paul Weinberg en 1981, contribuyó a la resistencia y se convirtió en una herramienta de lucha política apoyada por el Congreso Nacional Africano en la conferencia de 1982 en Botsuana. A pesar de la censura y el peligro para poder realizar su trabajo, estos fotógrafos ayudaron de forma directa y efectiva a difundir la represión de la mayoría de la población negra por parte del régimen del apartheid. Según Afrapix, la fotografía no puede estar aparte de las cuestiones políticas y sociales que envolvían a la población negra sudafricana cada día. Tal y como apunta David L. Krantz en “Politics and Photography in Apartheid South Africa” (2008), el legado que este colectivo ha dejado es importante. Por una parte, creo una base sólida de material fotográfico que documenta un periodo significante en la historia de Sudáfrica. Además estableció una tradición de fotografía documental en el país y el continente, y sirvió como campo de trabajo para muchos fotógrafos que desarrollaron sus carreras posteriormente.

Sin embargo, hubo posiciones diferentes a lo que este colectivo ofrecía. El conocido fotógrafo sudafricano David Goldblatt observó que la cámara no era una pistola y que los fotógrafos no deberían confundir su respuesta a la política del país con el rol que tienen como fotógrafos. Aunque no es este espacio para valorar el influyente trabajo del enorme David Goldblatt, es evidente que algo de razón tenía. Sus reportajes sociales a priori apolíticos contienen la sutilidad y fuerza para retratar ferozmente las desigualdades del apartheid de una forma aún más convincente. Para acabar, hay incluso historiadores o críticos de arte, como Jon Soske o el recientemente fallecido Okwui Enwenzor, que han mantenido una postura crítica respecto a la fotografía de resistencia. Soske habla de esta fotografía como un cliché propagandístico que deshumaniza y codifica de forma unidimensional la vida de los negros. Para Enwenzor, a pesar de las buenas intenciones, la fotografía anti-apartheid se centró demasiado en ofrecer imágenes de lucha y no mostró la marginalización económica y social de la población sudafricana negra. A pesar de las divergencias, es indudable que la fotografía de resistencia sudafricana consiguió documentar de forma convincente y poderosa la vida de la población negra bajo el régimen del apartheid.

Jurgen Schadeberg


Bibliografía:

El sudafricano Tsoku Maela cartel del FICAB para el Día de África

El sudafricano Tsoku Maela es el autor de la fotografía del cartel que el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona acaba de lanzar para las actividades en torno al Día de África 2019. Luciendo por tercera vez una programación vestida con una buena traca de cine africano y documentales centrados en la diáspora africana, el FICAB se celebrará los próximos 21, 22, 23 y 25 de mayo en los emblemáticos Pati Llimona y CineCooperativa Zumzeig de la capital catalana con la participación de un buen número de voces que quieren avivar el debate sobre los estereotipos, la migración, el racismo o la creatividad de los africanos y africanas.

La fotografía de Maela (al que Wiriko ya tuvo el honor de entrevistar hace tiempo en motivo de su serie Abstract Peaces), es parte de una serie titulada Appropriate o Apropiar —tomar algo para uso propio o sin el permiso del propietario—, y representa una absoluta declaración de intenciones por parte de un artista preocupado por la condición humana, los paisajes espirituales, socioeconómicos y geopolíticos, y cuyo único deseo es “encender un fuego de amor y esperanza en el corazón de cualquiera que se encuentra con su trabajo, para inspirar energía juvenil que busca crear y luchar por un cambio sostenible mientras se archiva un pasado, presente y futuro africano hermoso y en constante evolución”, como cuenta en su web.

Con la elección de esta fotografía de Tsoku Maela, el FICAB pone de relieve su vocación afrocéntrica y subraya la importancia de ver y escuchar lo que los propios africanos y africanas tienen que decir sobre el continente y su gente, además de tender un puente ya de por sí esencial entre el cine y la fotografía. Por su lado, el artista, originario de Lebowakgomo, hace una aportación generosa y concienzuda para sumar y apoyar uno de los principales objetivos del FICAB: sensibilizar a la población catalana sobre las múltiples y diversas realidades de África, y movilizar y empoderar a los africanos y africanas a través del arte, y más concretamente, del cine. Un cocktail de sinergías de alto voltage que refuerzan la vocación de agitación social con la que nació el FICAB, de la mano de la asociación CinemÀfriques y en colaboración con Wiriko,  hace un año.

G.S. Explícanos la imagen que has cedido al FICAB. ¿Qué representa para tí? ¿Qué filosofía hay detrás de esta fotografía y qué querías expresar con ella?

T.M. La imagen en cuestión es parte de una serie titulada ‘Appropriate’ (o Apropiado) que analiza los efectos de las intersecciones entre cultura y comercio en la rápida era de la globalización; más específicamente, echa un vistazo a la mirada occidental hacia la cultura africana y a cómo esto se traduce en ganancias para Occidente. Una forma de neocolonialismo que se ha ido tejiendo durante años entre una nueva generación africana expuesta a una educación occidental (o más bien, una mala educación), que hace que los africanos acepten peor sus culturas y que el valor de estas sean aceptadas solo cuando lo hace el mundo occidental. Aunque lo contrario también es cierto, Occidente solo considera que la cultura africana es apropiada cuando encuentra una manera de beneficiarse de ella.

G.S. ¿Por qué crees que es importante que artistas africanos como tú colaboren con festivales como el FICAB? Es decir, ¿por qué decidiste colaborar con el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona?

T.M. Sencillamente, creo que el mal solo persiste porque colabora, mientras que los hombres y mujeres buenos son demasiado justos para hacerlo. Somos más fuertes cuando nos unimos y creo que el FICAB es una plataforma que entiende los matices y la importancia de las representaciones positivas a través de las narraciones. Esto es algo que es importante (para mí) y necesario si queremos llegar a un mundo más grande con historias africanas genuinas en lugar de los fragmentos de 5 segundos que salen en la CNN o en FOX News, que son extremadamente inexactos y solo sirven para continuar justificando el robo del continente y de su gente. Si podemos llegar a más africanos dentro de la diáspora en cualquier otro lugar del mundo con historias como las que se comparten a través del FICAB, entonces podemos iniciar una conversación global cargada y equipada con la información correcta y, sobre todo, con un espíritu y sentido de identidad.

Appropirate, del artista sudafricano Tsoku Maela (2018).

G.S. ¿Cómo crees que el audiovisual, ya sea fotografía o cine —géneros en los que tu trabajas—, hecho por africanos y retratando las realidades contemporáneas del continente, puede ayudar a reenfocar la mirada estereotipada que los europeos todavía tienen de África y los africanos y africanas?

T.M. Documentar es importante, no lo puedo enfatizar suficientemente. Se trata de archivos de memoria colectiva. El trabajo realizado por los creativos africanos en este clima de cambio social en el continente y en la diáspora a nivel mundial no solo sirve para corregir los estereotipos que los europeos tienen de África, sino también para concienciar al individuo africano de sí mismo y las poderosas formas de pensar y recordarse. Si sabe quién es, nadie puede decirle lo contrario ni quitarle su valor. Es importante comprender que los estereotipos solo nos afectan en la medida en que los permitimos o creemos inconscientemente que son ciertos. Para nosotros ya no tiene ningún sentido que alguien en Inglaterra o América del Norte aún piense que vivimos en chozas de barro y que usemos taparrabos o persigamos leones todo el día. No es nuestro papel educar a los europeos. Nuestro objetivo es y debe ser únicamente para los pueblos africanos, que necesitan un despertar y un sentido de identidad. Las atrocidades que persisten en el continente no solo son instigadas por Europa, sino que en la mayoría de los casos están permitidas por el liderazgo africano. Y esa es una mentalidad que se produce cuando se le despoja la identidad y el orgullo a la gente del continente.

G.S. En TU opinión, ¿por qué crees que es necesario que la audiencia en Barcelona vea películas africanas durante la semana del Día de África?

T.M. Nunca he estado en Barcelona, pero he oído cosas maravillosas de la ciudad. Así que realmente no puedo hablar sobre la importancia de que las audiencias de Barcelona sean expuestas al cine africano. Pero la historia española y la historia africana están unidas de muchas maneras, y solo puedo imaginar que para los españoles nativos también existe un sentido de injusticia en sus comunidades que resonaría con ellos a través de estas historias. Esperamos que resalte que el mundo es en realidad más pequeño de lo que pensamos e influenciado por unos pocos que hacer las cosas para la gente. Estas cuestiones también resonarían en toda América Latina. Hay personas que probablemente se sienten desplazadas y en busca de sí mismas y de sus propias historias. Las historias de las personas negras en el clima socioeconómico contemporáneo actual tienden a tener numerosos puntos de intersección, especialmente con la desaparición de una clase media reconocible.

G.S. Para todas esas personas, y para fomentar esa intersección a través del cine, precisamente trabaja el FICAB. ¡Muchísimas gracias Tsoku!

Nubes de lluvia, entre la esperanza y el tormento

Makhaya representa una visión muy particular del heroísmo, quizá nadie diría que es un héroe, pero es indudable que es un personaje magnético. Se trata de un periodista que huye de una condena en Sudáfrica y se refugia en una emergente Botsuana y que aparece alternativamente como un idealista comprometido o como un hombre en fuga con un delicado y precario equilibrio emocional. Es el protagonista de Nubes de lluvia, la primera novela de Bessie Head, una escritora respecto a la que ni siquiera hay consenso en su adscripción, a menudo, aparece como una de las mejores novelistas, y otras como una de las más transgresoras narradoras sudafricanas.

La editorial Palabrero Press ha editado en español esa novela publicada en Londres y Nueva York en 1968. Traducida por Elia Maqueda y con un prólogo de Ángeles Jurado que nos acerca a la realidad en la que Head produjo esta historia y a algunas de las circunstancias que nos permiten entender mejor el relato. Jurado se asoma a la biografía de la escritora, pero no solo, también nos acerca a una lectura profunda de Nubes de lluvia.

La historia de Makhaya es la historia de una búsqueda, igual que lo fue la vida de Bessie Head. En el segundo caso, una búsqueda tan turbulenta como infructuosa; en el primero, una búsqueda desesperada, denodada y accidentada. El periodista llega a Botsuana saltándose las convenciones y las leyes e intentando encontrar un lugar en el que volver a empezar. Ese lugar idílico para recomenzar su vida es, aparentemente, Golema Mmidi, pero tampoco allí las cosas son tan sencillas como el protagonista esperaba.

Mientras nos explica el periplo de Makhaya, Bessie Head nos va sumergiendo en un mundo en construcción, en parte, pero también con una profunda resistencia al cambio; un espacio en el que las contradicciones se van desplegando tanto en los personajes como en sus relaciones. Más que en el espacio, Makhaya deberá encontrar su lugar en el sistema que conforman esos personajes que buscan el equilibrio entre las transformaciones que mejoran la vida y los espacios de poder personales, individuales y egoístas; entre quienes desde la tradición piensan en una convivencia beneficiosa para todos y los que han sido capaces de retorcer el progreso a su antojo; un contexto en el que las resistencias no son necesariamente las previsibles o, al revés, no son las personas más resistentes al cambio las que pondrán más difícil el avance.

Las experiencias de Makhaya nos acercan a las consecuencias de las tradiciones instrumentalizadas y de las estructuras sociales parcialmente manipuladas. Mientras nos ofrece la cara más evidente de la hospitalidad y la convivencia, también nos aproxima a sociedades con derivas racistas.

La escritora Bessie Head. Fuente: Editorial Palabrero Press

Todos esos episodios, todas esas experiencias y esas relaciones, tienen la fuerza de la realidad. Las contradicciones que hacen que los comportamientos sean completamente humanos son más creíbles porque parten de la experiencia de Bessie Head. Su biografía es, en sí misma, material de primera para una novela, si no fuese porque la realidad no acostumbra a ser demasiado sexy. La escritora sudafricana convivió desde su nacimiento con las contradicciones, los prejuicios y la hipocresía de una sociedad extremada e inhumanamente cerrada. Fue el fruto de las relaciones entre una mujer blanca acomodada y un trabajador negro, algo más que un acto ilegal en la Sudáfrica del apartheid, un pecado que marcaría toda su vida.

Sus primeros años estuvieron marcados por las instituciones mentales en las que fue a parar su madre y el repudio de la familia. A partir de ahí, el alcoholismo, las continuas huidas, la indigencia a menudo, el exilio y la escritura a veces como una forma de sanación y otras como un nuevo descenso a los infiernos. Son todas esas experiencias las que alimentan o las que enmarcan la creatividad y la narrativa de Head. Nubes de lluvia es prácticamente una autobiografía de su época de exilio en Botsuana, donde también ella llegó buscando una alternativa a la asfixiante atmósfera de la Sudáfrica más discriminatoria.

Robyn Orlin, una irritación permanente

“Una irritación permanente”, este es el apodo que se ha ganado la sudafricana Robyn Orlin en su país por el efecto que provocan sus obras. Y es que esta bailarina y coreógrafa lleva más de treinta años transformando los límites entre la danza y el arte performativo en todas las formas posibles: televisión, cine, teatro, danza, ópera, artes plásticas y audiovisuales. Con una forma de trabajar absolutamente ecléctica, Orlin siempre tira de un denominador común: encontrar la manera de involucrar al público. Por eso, su punto de partida al comenzar un proyecto es invariablemente el entorno inmediato, que actúa como resorte para adentrarse en cuestiones como la cultura, la historia y la identidad. Cuando no está de gira, Robin vive entre Berlín y Johanesburgo, ciudad que reconoce como su fuente de inspiración y tracción creativa. Una realidad difícil y compleja la sudafricana, que siempre queda plasmada en su obra. En Madrid, Naves Matadero nos ha acercado tres propuestas para conocer su trabajo: una videoinstalación, una conferencia performativa y el estreno de ‘And so you see…‘, uno de sus últimos trabajos. Wiriko estuvo allí para conocer en persona a esta fascinante artista, menuda y cercana, que nos ha conquistado por su sensibilidad, conciencia social y sentido del humor.

Foto: Philippe Lainé

En la presentación de la videoinstalación ‘Babysitting Series‘, reconoce sentirse “como si tuviera dieciocho años, al ver por primera vez todas las piezas audiovisuales juntas en un mismo espacio”. Este proyecto comenzó hace casi veinte años cuando hacía un máster en el Instituto de arte de Chicago y consta de pequeñas piezas audiovisuales protagonizadas por los vigilantes de sala de museos como el Alte Nationalgalerie de Berlín (2002), el Museo del Louvre de París (2009) o Palais des Beaoux-Arts de Lille (2012). En ellas, Orlin propone al público una mirada inédita a los museos y sus colecciones, a los espacios y a las personas que allí trabajan.

Orlin nos explica cómo surgió la idea: “En el Instituto de arte de Chicago, los estudiantes y los vigilantes eran invitados a visitar las nuevas exposiciones la víspera de la inauguración. Era una forma de descubrir los entresijos del museo. Me hice amiga de un vigilante, un afroamericano muy grande, originario de los suburbios del sur de la ciudad. Tomamos por costumbre visitar juntos las exposiciones. Era muy interesante escuchar su punto de vista. Comencé a darme cuenta de la importancia  que los vigilantes de sala tienen en la vida cotidiana del museo. Era un momento en el que los estudiantes hablábamos mucho de romper con el elitismo y de hacer el arte accesible a más personas. Después volví a Sudáfrica, donde era cada vez más difícil para mí encontrar lugares donde mostrar mi trabajo. Me vi obligada a imaginar otras soluciones fuera de los teatros. Entonces descubrí que era posible intervenir en los museos.”

Para elaborar las dramaturgias, Robin parte de los testimonios de los vigilantes de sala sobre su trabajo, sus talentos, sus proyectos, sus deseos y sus relaciones con las obras y con los visitantes. “Lo que busco es la humanidad de los vigilantes. Primero trato de conocer a la persona, hablar sobre el proyecto y de cómo se sienten cuidando del arte. Es un trabajo sutil y delicado, ya que ellos no son intérpretes, pero quieren trabajar conmigo. Es un proceso largo de creación en conjunto sobre su persona. Rodamos de noche en los museos con el equipo mínimo, dos focos y una videocámara. Cuando trabajo con un vigilante siempre le pregunto cuál es su pieza de arte favorita y, a partir de ahí, las salas vacías y oscuras favorecen la fantasía, la memoria y la expresión. Reconozco que para mí es más satisfactorio el proceso que el resultado final.”

La inquietud creativa de Orlin la empuja a acercarse a los demás con curiosidad: “Me interesa trabajar sobre los intérpretes o bailarines, en quiénes son ellos en realidad. Me fascinan las transiciones, los espacios en medio. Esta es la motivación de ‘One hour with Robin’, una serie de conferencias performativas que ya se ha llevado a cabo en lugares  como la filarmónica de París o la Gaîte Lyrique, también en la capital francesa. En ellas los asistentes se ven involucrados en el proceso creativo, convirtiéndose en los actores de una película que ella misma rueda en el momento. Durante los sesenta minutos que duró esta experiencia en Madrid, la coreógrafa, con la ayuda de unos simples rollos de papel higiénico y su singular humor y tono personal, consiguió la entusiasta respuesta del público, que inevitablemente dejó allí una pizca de su identidad, su memoria y, al fin y al cabo, su vida.

Por último, el estreno en España de ‘And so you see…our honorable blue sky and ever enduring sun… can only be consumed slice by slice‘: una obra resultado del estado anímico de Orlin ante la situación del mundo en la actualidad. Ella misma se define como un “deshecho nervioso” y reconoce la profunda depresión que la empujó a crear esta obra. “Pienso en esta pieza como un réquiem para la humanidad, hecho por mí para un actor de la próxima generación de sudafricanos… Lleno de nociones positivas e inquisitivas… Tratando de vivir con la destrucción que seguimos creando. Y que continúe sirviendo para las próximas generaciones, preguntándose si es posible, como sudafricanos, colonizar Mozart y al mismo tiempo usar lo cotidiano como un vehículo…”.

El protagonista de este solo es Albert Ibokwe Khoza, actor, cantante, bailarín y coreógrafo sudafricano. Transgresor desde sus principios, se negó a leer libros sobre danza, en los que se imponían ideas eurocentristas sobre lo que debía y no debía ser la danza, y decidió inspirarse en la metodología de bailarines africanos como Robyn Orlin, Athena Mazarakis, Mandla Mbothwe, Gregory Maqhoma, Gerard Bester y Nhalanhla Mahlangu. Albert siente que el teatro, la danza y el arte en general son  armas que recuerdan, golpean, infligen, conciencian y crean cambios.

Durante el largo proceso creativo de ‘And so you see…’, llevado a cabo por ambos a dúo, explica Orlin: “Estábamos en aquel momento  muy afectados por una serie de violaciones correctivas contra mujeres lesbianas negras ocurridas en Sudáfrica. Surgía de forma repetitiva la idea de los siete pecados capitales, aunque ninguno de los dos somos cristianos. Afortunadamente, Khoza pertenece a una nueva generación sudafricana que para mí representa la esperanza. Entienden lo que es el apartheid y quieren ir más allá”.

A través de este trío de propuestas, Robin Orlin nos ha mostrado los dos polos de sus múltiples caras. Por un lado crítica y provocadora hasta el incendio. Por el otro, sensible, divertida y esperanzadora. Esta breve mujer ha sabido transportarnos a su mundo onírico que, sin embargo, está en contacto directo con la realidad.