Slam africano: ¿teatro?, ¿música?… ¡palabra pura!

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No diremos que es lo último y a pesar de su invisibilidad, su larga y silenciosa (paradójicamente) trayectoria demuestran que no es flor de un día. En cualquier ciudad del África subsahariana se pueden encontrar colectivos de slam o slammers individuales. Seguramente, las dificultades de definición del slam es uno de los factores que hacen difícil su visibilidad. En principio, se trata de una modalidad de poesía oral. Sin embargo, entronca, por un lado con la música y por otro con el teatro. Lo que es absolutamente indiscutible es que en el caso africano, el slam se ha convertido en una forma de poesía urbana. Atrae fundamentalmente a colectivos jóvenes, pero en todos los casos, a pesar de las variaciones en cuanto a la concepción, los autores se definen como “amantes de las palabras” y eso ya es un rasgo más que aceptable para fijarse en esta disciplina desde el punto de vista de la literatura.

Ya desde los primeros años de la década de los 2000 se van encontrando experiencias de veladas de slam que se van extendiendo por las principales ciudades africanas como si se tratase de un reguero de pólvora. Uno de los motivos del éxito es, sin duda, su proximidad con el hip hop. De hecho en muchos lugares, se entiende como una parte de esta cultura urbana, del mismo modo que ocurre con el break o los grafitis. En este caso, el rap sería la música y el slam, una especie de interpretación o declamación. Los slammers se reúnen en veladas en las que en diferentes rondas van tomando el micrófono para recitar al público sus versos. En algunos casos, incluso, estas veladas se configuran como una competición en la que el público o un jurado de slammers más veteranos proclaman al campeón.

Una imagen de una de las veladas del colectivo de Dakar Vendredi Slam. Fuente: Facebbok del colectivo

Una imagen de una de las veladas del colectivo de Dakar Vendredi Slam. Fuente: Facebbok del colectivo

Así, el gusto de la juventud urbana africana por el hip hop entronca perfectamente con estas experiencias de slam. Sin embargo, también se encuentran tremendas similitudes con el teatro, ya que resulta fundamental, no sólo los propios versos, sino la forma de recitarlos. El estilo del slammer no es únicamente su estilo literario, sino también el interpretativo. El teatro es también una disciplina muy apreciada en la mayor parte de los países del África negra.


Llegados a este punto es necesario repasar lo que se ha comentado y preguntarse, ¿de qué estamos hablando realmente? Decimos que el slam se extiende se afianza en las ciudades africanas porque se relaciona con el hip hop y con el teatro…  ¡¡El slam es pura oralidad!! No podemos dejar que las apariencias nos engañen. Sin duda es rasgo de modernidad; es transgresión juvenil; es expresión urbana; y podría seguir la enumeración. Pero también, sin duda, es lo más parecido a las veladas de relatos tradicionales. Reivindica y transmite, pretende ser una forma de expresión libre, pero también un mecanismo de difusión de ideas y un método pedagógico. Los slammers hablan de lo que les preocupa, de temas banales, pero también de dificultades y problemas cotidianos, propios. Seguramente, se pueda interpretar de hasta qué punto la tradición oral está inserta en la cultura, tanto que es capaz de seducir incluso a los jóvenes que tienen la vista puesta en las modas y las tendencias del exterior (aunque no en todos los casos), pero en realidad involuntariamente no pueden huir de la fuerza de la palabra.

Seguramente, la libertad y la apertura de esta disciplina es otro elemento atractivo. Según las corrientes y las tendencias, los colectivos, como Vendredi Slam, en Dakar, se decantan por la vertiente más declamatoria, más teatral podríamos decir. Pero nos encontramos con experiencias en las que la música de acompañamiento gana fuerza. Incluso, en la experiencia marfileña de Vogo Soutra, se encontró un lugar para el baile. El hip hop es la piedra de toque en el caso del slammer camerunés Stone… y los ejemplos se podrían multiplicar hasta el infinito, desde Nairobi, hasta Antananarivo.

Con el tiempo, cada slammer asume sus propias normas, como ha ido ocurriendo, por ejemplo con la cuestión lingüística. Las lenguas europeas eran la base del slam, en un primer momento, pero poco a poco las lenguas locales se han ido haciendo hueco y, sobre todo, los argots urbanos, que mezclan comúnmente lenguas europeas (francés e inglés, incluso en los países francófonos) con diversas lenguas locales, dando una idea del crisol que son las ciudades africanas.

Así, el slam es pura modernidad, mientras que sin ningún tipo de contradicción ni paradoja, se puede decir que también es pura tradición.

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Carlos Bajo Erro

Carlos Bajo Erro

Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín. (Barcelona) Contacto: [email protected]
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