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Bahia Shehab: “Cuando pinto en árabe es poesía y eso llama al diálogo”

A principios de 2011 el mundo se sorprendió al ver imágenes procedentes de los países árabes que, lejos de difundir la fatalidad a la que generalmente eran vinculados, mostraban a sus sociedades levantándose contra sus desgracias impuestas. En las fotografías de la llamada Primavera árabe no eran pocas las mujeres que aparecían al frente de las protestas participando con igual ahínco en plazas y calles que, por unos días, fueron espacios libres de fronteras sociales. Bahia Shehab fue una de ellas.

Bahia Shehab / Imagen cortesía de la revista Brownbook y Nadia Mounier.

La artista egipcia, en lugar de acatar la vuelta a la represión tras la precipitadamente denominada ‘revolución árabe’, se echó de nuevo a las calles para decir no. Armada con un spray de pintura y varias plantillas sacadas de su libro ‘No y mil veces no’ (2010, Khatt Books), Shehab plasmó en las paredes de El Cairo su rechazo contra la violencia, el gobierno militar y la opresión social que volvían a reinar en Egipto.

Ahora Bahia Shehab es la primera mujer árabe en ganar el premio Sharjah concedido por la UNESCO para destacar el trabajo de quienes contribuyen a promocionar la cultura árabe en el mundo. Un reconocimiento a su trayectoria que, tal y como explica a Wiriko, “es importante para que otras mujeres árabes sientan que ellas pueden hacer cosas, que es posible que sigan sus sueños y se cumplan. Espero que esto aliente a otras mujeres para ser más activas y para que sean agentes de cambio en sus sociedades”. En el caso de la sociedad egipcia, seis años después de que se desataran las revueltas la participación de las mujeres en la vida política del país ofrece un porcentaje algo superior al que ostentaban antes de la Primavera árabe, con un 15 por ciento de los escaños en el Parlamento actual frente al 13 por ciento que ocupaban antes de 2011. Un mínimo margen a la esperanza que, aunque constituye una cifra histórica de representación de las mujeres en la política del país, no es suficiente aún para verse reflejado a pie de calle, donde las trabajadoras de entre 18 y 29 años constituyen el 18,5 por ciento de la mano de obra egipcia, una de las tasas más bajas del mundo según ONU Mujeres.

Para Shehab se trata de “una batalla muy larga” a la que ella se enfrenta a través del arte. “Pertenezco al mundo árabe y reflejo los problemas a los que la gente como yo se enfrenta, especialmente las mujeres porque nosotras estamos menos representadas en la sociedad. Ser una artista para mi es una manera de trabajar para mostrar nuestra realidad. Cuando veo a muchos de los líderes del mundo no siento mucha esperanza de que realmente se produzca un cambio para mejor en cuanto a la tolerancia en la sociedad; pero la gente sólo quiere una vida mejor y por eso cada vez son más los que quieren cuidar la naturaleza, ser mejores ciudadanos y contribuir a la sociedad. He visto gente así en todas las ciudades en las que he estado, así que la mejor cara del mundo es la que me da esperanza. Miro al otro lado y veo demasiadas máquinas, armas, ejércitos y líderes políticos. Y tengo que mirar a los dos lados, pero es el lado de la gente corriente el que me da esperanza”.

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Y pensando en la gente, en lo que nos une y no en lo que nos separa, esta artista basa su trabajo. “Yo veo el arte como una herramienta que ayuda y facilita el diálogo social. Cuando se crea arte para fomentar el entendimiento realmente se puede ver el impacto”, asegura al tiempo que añade un ejemplo: su obra ‘Paisaje y entorno sonoro: 20 Minaretes del mundo árabe’, diseñada en 2014 para el Museo de Louisiana de Arte Contemporáneo, en Dinamarca. “Para esta instalación yo buscaba un sonido que representara una nueva perspectiva sobre la región porque durante los últimos 1400 años sólo los hombres han estado llamando a la oración en todo el mundo árabe y sentí que era hora de que fuera una voz femenina la que hiciera la llamada. Así que usé la voz de una joven mezzo soprano de la Ópera de El Cairo y la grabé para producir una nueva llamada a la oración. El proyecto fue grabado sólo para el museo y no lo he publicado en otro lugar, pero está en Youtube y ha sido visto como unas 89.000 veces y los comentarios a este vídeo son realmente asombrosos. Hay gente que defiende la voz de las mujeres, gente que dice que eso no está bien, y yo estoy realmente feliz porque se produjo una conversación”, relata con gran entusiasmo.

 

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Robin Rhode, arte urbano en compromiso con la generación posapartheid

Nacido en Ciudad del Cabo, criado en Johannesburgo y establecido en Berlin desde hace quince años, el artista multidisciplinar Robin Rhode – quien se define a sí mismo como niño pospartheid- dibuja un nuevo futuro a través de intervenciones artísticas en espacios urbanos y objetos fácilmente identificables dentro de la cultura urbana para fomentar la cohesión social. Con asuntos políticos contemporáneos como ejes temáticos de sus obras, este artista urbano plasma en pintura y carbón una sátira que nutre graffitis que ya son iconos de una generación: la primera en exponerse directamente a la cultura urbana y las influencias occidentales más mainstream -esencialmente asimilando los códigos culturales norteamericanos-.

“Una de las pandillas callejeras más peligrosas de Ciudad del Cabo se hace llamar los estadounidenses. ¿No es gracioso? Llevan banderas americanas alrededor del cuello. Incluso tienen su propio cártel de drogas, al que llaman la Casa Blanca”, dice en una entrevista para Art Space, donde explica como la cultura urbana en Sudáfrica se ve absolutamente afectada por consecutivas olas de globalización.

A finales del mes pasado, la galería Stevenson de Ciudad del Cabo abrió sus puertas a su nueva exposición: Paths & Fields (Caminos y Campos), un conjunto multimedia compuesto por video, fotografía y dibujos con influencias de sus viajes al norte de Italia y su interacción con artistas como Giulio Paulini Giovanni Anselmo o Giuseppe Penone. Una serie donde color y simetría conducen a Robin Rhode a una, cada vez mayor, abstracción y que se podrá visitar hasta el 4 de marzo.

De la serie “Paradise”. Robin Rhode.

De la serie “Lavender Hills”, de Robin Rhode.

Preocupado por la corrupción, la enorme brecha que divide a ricos y pobres o la volatilidad de una sociedad que sigue luchando para adquirir más derechos económicos, para Robin Rhode ha juzgado que el mejor lugar donde hacer intervenciones artísticas son las paredes. Esos espacios de hormigón que custodian la vida en las ciudades, indistintamente del origen étnico o socioeconómico, facilitan, según él, que las personas puedan cuestionarse las cosas desde otra óptica y que naveguen por la arquitectura. Sus intervenciones artísticas, tal como cuenta en la entrevista citada, son un gesto radical: “Los artistas absorben la sociedad, y nuestro arte funciona como una reflexión sobre esa sociedad. Creo que los grandes artistas son aquellos que usan esa reflexión para crear un nuevo universo para el espectador. Creo que es a eso a lo que aspiro como artista”.

“El arte tiene que hablar y comunicar la cultura, que es un reflejo de un tiempo y un espacio en la historia. El arte actúa como una voz para las preocupaciones, opiniones y creencias de nuestro tiempo”, subrayaba en motivo de la presentación de su exposición Paths & Fields en la revista sudafricana 10and5:

Con 40 años a sus espaldas, uno de los proyectos más emocionantes en los que ha participado, según él mismo, es trabajar con skates como soporte. Con ellos apoyó a la oenegé Skateistan a través de una edición limitada de cinco monopatines. Skateistan es una asociación que trabaja para fomentar la educación entre los jóvenes de zonas problemáticas de Kabul, Camboya o Johannesburgo mediante la construcción de parques de skate que se convierten en auténticas aulas. Estas obras se realizaron, además, junto a Skateroom, una empresa de skates diseñados por artistas que trabajan junto a Skateistan. Con una cubierta que han bautizado como “Crepúsculo”, los monopatines diseñados por Robin Rhodes se venden a 375 dólares, cuyas ventas serán reinvertidas para la construcción de más parques de skate como espacios de encuentro juvenil y fomento del deporte y la convivencia.

Robin Rhode x The Skateroom from Artspace on Vimeo.

Más obras de Robin Rhodes:

 

Set/Setal: cuando el malestar construye

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Paula Calvo

Set/Setal que literalmente significa limpio/limpiar, es un movimiento social, especialmente de gente joven (jóvenes, desempleados, miembros de partidos políticos, políticos descontentos) que  sacudió la escena política senegalesa en la década de los 80. Durante 1988-89, las paredes de las ciudades senegalesas y en especial las de Dakar y sus suburbios, fueron transformadas con pinturas. El desencanto reinante coincide con la emergencia de una identidad urbana propia en la capital, llevando a las calles una estética revolucionaria.
Este movimiento, que atacó a las clases dirigentes y redefinió los espacios públicos, no supuso una ruptura abrupta con  la memoria nacionalista, sino que reorganizó y recompuso la herencia histórica.
Fue un movimiento particularmente urbano y su marco de referencia estuvo situado en Dakar, centro de poder y   atracción para los jóvenes que huían de la crisis agrícola y de la sequía.
En ese tiempo, Senegal implementaba un programa de ajuste estructural y en muchos casos, el Estado se retiró de la salud y la educación, degradando y empobreciendo la administración pública. Además, la redistribución desigual del poder y la riqueza, la disonancia entre la ostentosidad y el discurso de la clase dirigente, las condiciones de vida de una población que incrementaba su marginalización y empobrecimiento, y la incapacidad de la clase dirigente, crearon una enorme aflicción, una profunda angustia y el temor de un futuro incierto, que fueron decisivas para la movilización de la juventud, activando y actualizando el poder con símbolos innovadores.
Set/Setal se gestó en los distritos de la periferia, donde carecían de los equipamientos adecuados para ocuparse de la limpieza, de la recogida de la basura doméstica y del vertido de las aguas sucias. Debido al coste que supondría su aplicación y a que las propias características de estos distritos lo hacían inviable, la recogida de la basura doméstica se convirtió en el principal problema de la ciudad, acumulándose en las calles con el consiguiente riesgo para la salud de la población.
La gente joven y marginada, que originalmente pensaba que los servicios públicos eran los únicos responsables de la limpieza del entorno, decide movilizarse y tomar parte activa en esta limpieza,  inaugurando una nueva era en Senegal.
Este movimiento se dará en dos vertientes. Por una parte el orden y la limpieza del territorio y los lugares públicos, trabajando contra la marginalización,  la prostitución y la delincuencia. Por otra parte, la limpieza moral de la corrupta clase dirigente y sus actividades económicas no reguladas. Es por lo tanto una oposición, tanto a la degradación ambiental, como a la crisis de la transición democrática.
Durante la presidencia de Senghor, la construcción de la memoria nacionalista estaba unida al poder estatal, la visión estética de la clase dirigente fue dictada y subvencionada, se exhortó a hablar en francés y la identidad fue estudiada y elaborada de una forma artificial, de acuerdo al momento que se estaba viviendo (la creación de un país). Sin embargo, la disolución de la herencia de la negritud y el socialismo africano, la desaparición de plazas para exposiciones, la crisis financiera, la orientación de la escuela de bellas artes y la degradación del medio urbano, contribuyeron a la reorganización de la ya obsoleta visión del nacionalismo del pasado y se constituyeron creaciones artísticas que legitimarían una nueva identidad urbana.
Como respuesta a la rápida degradación de la infraestructura pública, se da una variada expresión musical y visual que se enfoca y exalta la cultura de la ciudad: los parques, los cuales se habían convertido en sórdidos baños públicos, fueron arreglados, decorados y restaurados para su objetivo original; las calles, nombradas con las letras del alfabeto, fueron bautizadas con el nombre de personalidades locales (marabouts, líderes espirutuales, la estatua de la libertad, héroes anticoloniales de la historia senegalesa, personajes de futbol etc.); el wolof fue escrito por primera vez, en dos cómics de esa época; nace un nuevo género de canciones celebrando la ciudad y su gente (Set de youssou ndour, ndakaaru de Baaba Mal etc.).
Los murales que aún decoran las paredes de Dakar y alrededores (que aluden tanto a la cultura fast food, como a referentes juveniles, prácticas higiénicas, personalidades religiosas, políticas o deportivas), son testimonio de un momento histórico concreto y el reflejo de las preocupaciones, deseos, admiraciones y esperanzas de una población que está construyendo su identidad, ya no de manera forzosa o artificial como se hizo necesariamente en la creación del Estado, sino que es una identidad espontánea, creativa y creadora. Fuertemente motivada y que cuida de sí misma, reflejo de una dignidad restaurada. Que se apropia de un nuevo espacio y al contrario que con Senghor, lo hará de una manera local, siendo el wolof su estandarte.
Hoy el movimiento Set/Setal, no ha se ha mantenido debido a la falta de medios y por los intentos de recuperación política. A pesar de ello, el espíritu fundador y el compromiso para cambiar la ciudad pervive y ha abierto el campo a una nueva estética referente para los artistas de calle.

Bibliografía y fuentes:

 

Pintura para acabar con los tabús

Una empresa social de Ruanda fomenta la cohesión a través del arte en espacios públicos

Un artista de Kurema, Kureba, Kwiga. Imagen cedida por la organización.

Un artista de Kurema, Kureba, Kwiga. Imagen cedida por la organización.

Para los residentes de Kigali, ciudad en camino de convertirse en centro de excelencia urbana, el espacio público es lugar para la terapia colectiva. En paradas de autobús, intersecciones, escuelas, centros deportivos y juveniles, bibliotecas, casas particulares, en escaparates e interiores de pequeñas y grandes empresas, portones, cercas, aeropuertos, hoteles o hasta en el espacio de coworking más importante de Ruanda —Impact Hub—, una joven empresa está poniendo el arte al servicio de la sociedad.

Aunque tanto Ruanda como su capital han experimentado un desarrollo ejemplar desde el genocidio de 1994, entre el 45 y el 63% de su población sigue sumida en la pobreza y son muchos los desafíos a los que los ruandeses se enfrentan a diario. Entre su población existen fronteras que otrora se creyeron infranqueables y sin embargo, la sociedad civil ha encontrado en la expresión artística un bálsamo y un aliado.

Kurema, Kureba, Kwiga (Crear, Ver, Aprender) es una empresa social nacida en 2014 con la intención de que el color y la creatividad sean vehículos para reforzar lo comunitario y construir un futuro mejor. Los jóvenes artistas que hay detrás de estas iniciativas saben que el arte en los espacios públicos puede configurar un elemento identitario común, capaz de trascender los muros, aceras y edificios en los que se plasma para convertirse en la bisagra entre esos espacios y las personas que los habitan.

Buscamos un cambio social a través del arte”, explica la norteamericana Judith Kaine, fundadora y directora de Kurema. Kureba. Kwiga.“Queremos fomentar una comunidad más colorida y feliz”, señala la joven sobre un país que ocupa el puesto número 108 de 151 en el Índice de Felicidad del Planeta. Y así se transforma el paisaje urbano de Ruanda, mientras se acorta la brecha entre la clase media y el sector más humilde de la población, a través de un escenario de participación donde sanar heridas comunes, aprender los unos de los otros y crear un futuro para todos.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

Arte que rompe fronteras (mentales) entre ricos y pobres

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Koch Festival, una semana de arte urbano se apodera del espacio público
y democratiza uno de los barrios más pobres de Nairobi

Korogocho es un asentamiento informal keniano, un barrio chabolista de más de cuarenta años que está en el punto de mira de urbanistas e instituciones dedicadas a la protección de los derechos de los ciudadanos más pobres. Situado a unos diez kilómetros del centro de Nairobi, habitan en él unas 60.000 personas. Su historia es, como tantas otras, un relato sobre residentes pobres que han sido desalojados forzosamente de otros slums de la ciudad y se han acabado hacinando en un barrio que nació de personas que reciclaban basura del vertedero de Dandora, uno de los más grandes de todo el mundo.

A pesar de que sus residentes son dependientes en su mayoría de la economía sumergida, con rentas muy bajas e inseguridad en sus calles, sus habitantes celebran cada año una semana que fomenta su capacidad para cambiar el barrio y transformarlo de forma positiva: el Koch Festival. La idea principal es conectar la calle con la vida de sus vecinos y acercar los vecinos ricos de la ciudad a la vida de los vecinos más pobres, para sensibilizarlos y generar dinámicas de participación mútua. Durante una semana, las calles experimentan una mayor democracia y el espacio público se convierte en plataforma para el desarrollo social y económico de sus vecinos. Con todo, el Koch Festival es un actividad que promueve el método Placemaking.

Organizado por Hoperaisers (traducible como ‘movilizadores de esperanza‘), un colectivo de skaters muy conocidos en Nairobi, la actual edición movilizó a centenares de jóvenes de Korogocho y de otros barrios de la capital para que del 10 al 16 de Agosto se involucraran en distintas actividades en la calle. ¿Los objetivos?

  • Construir la identidad del barrio.
  • Revitalizar la comunidad.
  • Empoderar a la juventud a través del arte.
  • Generar un sentido de pertenencia común para Korogocho a partir de la participación de cada individuo en actividades artísticas.
  • Y romper fronteras, sobre todo, mentales, entre barrios ricos y pobres.
'Los niños son el FUTURO', uno de los grafitis del Koch Festival 2015. Imagen de OLET, @visualxolet en Instagram.

‘Los niños son el FUTURO’, uno de los grafitis del Koch Festival 2015. Imagen de OLET, @visualxolet en Instagram.

Una de las actividades más visibles se organizó alrededor de murales en paredes parlantes o ‘Talking Wall Mural’, que reunió a unos veinte grafiteros de la ciudad para decorar las paredes de dos calles de Korogocho. “Seis grafiteros profesionales, junto a varios artistas que se han formado en Pawa254 y otros muchachos de Korogocho con los que hacemos talleres de arte urbano cada tres meses, estuvimos pintando de arriba a abajo las dos calles principales del barrio”, nos cuenta Kerosh, grafitero cuyo estudio se encuentra en Pawa254 y que forma parte del colectivo Hoperaisers desde 2012.

Con el apoyo de Baco Paints, y en colaboración con Spray for Change (o Spray para la Tranformación), el Koch Festival ha podido pintar por sexto año consecutivo las calles del barrio. “Este año el festival ha tenido la participación de la oenegé Arquitectos Sin Fronteras y de Pawa254 para algunos de los talleres. Pero el tiempo que los artistas han dedicado de forma voluntaria a pintar Korogocho ha sido muy agradecido por la comunidad. Es un trabajo que no se puede remunerar pero que tiene muchísimo sentido para los residentes”, afirma Kerosh.

“No se trata del arte en sí sino de lo que se consigue a través del arte. Conseguir que artistas de los barrios altos de Nairobi pinten junto a jóvenes artistas de los barrios más pobres durante una semana, es conseguir algo que está muy por encima del arte. Es crear dinámicas de acercamiento social que trascienden las fronteras geográficas, psicológicas o artísticas. Se desmontan un montón de estereotipos y prejuicios hacia ambos lados. Se plantan semillas para mejorar la vida en la ciudad en su global”.

Pero no solo el grafiti se apoderó de Korogocho para transformar sus calles y su espacio público en pro de mejorar las vidas de sus residentes.  Debates sobre cómo generar dinero a partir del arte o como recaudar derechos de autor, sesiones de hip hop y recitales de palabra hablada o diferentes actividades deportivas en las calles, amenizaron una semana de sus habitantes.

Otra de las actividades destacadas fue una simbólica caminata junto a los residentes del barrio de clase media-alta de Kilimani hasta el barrio humilde de Korogocho bajo el rótulo de ‘Different Communities, One People’ (o Distintas Comunidades, Un Pueblo). “Que trescientas personas de barrios ricos como Kilimani anden catorce kilómetros para encontrarse con los residentes de un barrio pobre como Korogocho, es un éxito de por sí. Las conversaciones que se crearon entre los diferentes viandantes y el intercambio de opiniones entre mujeres, por ejemplo, de mediana edad y clase alta, con chicas jóvenes de bajos ingresos, fueron muy interesantes. En realidad, tanto unos como otros se dieron cuenta de que tienen más en común de lo que creen”, nos cuenta Kerosh evaluando el impacto positivo de las actividades del festival para la vida en Nairobi.

En el teatro Mageuzi, dentro de Pawa254, la oenegé sueca Arquitectos Sin Fronteras contribuyó en un debate sobre el espacio público y la democracia, centrándose en cómo los urbanistas y arquitectos pueden colaborar con los trabajadores culturales con el fin de crear espacios públicos seguros, vibrantes y democráticos. Bajo el rótulo de “arte, espacio público y democracia”, un grupo de urbanistas, trabajadores culturales, artistas, arquitectos y empresarios sociales compartieron sus experiencias para debatir sobre el espacio público. En un foro que pretendía unir el máximo de voces posibles para discutir alrededor de la idea del arte y las expresiones culturales como transformadoras del espacio público, la planificación urbana y la cultura se convirtieron en el eje de debate. La conclusión fue unánime: las artes y actividades culturales pueden contribuir a crear mejores espacios para la convivencia en las ciudades.

De paseo por Chale Wote a través de 5 artistas

James Town, Accra. 22-23 de agosto. Las calles de la ciudad se engalanan. Tejidos, moda, afros, performances, grafitis, wax, sombreros, boxeo, instalaciones, fotografía, patinaje urbano, body paint. James Town suena a música dejándose invadir por el arte y por un gran público con los cinco sentidos puestos en todo lo que ocurre a su alrededor. Es la celebración de uno de los mayores encuentros de arte urbano de África Occidental, el Chale Wote.

Chale Wote saca de las galerías a la calle la música, el arte, la danza y la performance, entre otras disciplinas. Esta edición ha puesto el foco en la África más electrónica que el arte puede mostrar, bajo el lema “African Electronics”. Este festival, celebrado desde 2011, nació a raíz de una serie de discusiones en el marco de The Talk Party Series, unos encuentros organizados por el colectivo ACCRA [dot] ALT fundado por la directora de cine Mantse Aryeequaye y el investigador y escritor Sionne Neely. Las discusiones giraban en torno la necesidad de la creación de proyectos comunitarios dentro de la filosofía autogestiva “hazlo tú mismo” (DIY- Do it yourself, en inglés). Así, su objetivo según el propio colectivo es “romper las barreras creativas y usar el arte como una forma viable de rejuvenecer el espacio público”, siendo una forma de conexión entre las comunidades y los artistas.

Durante la edición del 2014 acudieron más de 10.000 personas, así que hemos aprovechado para hacer un recorrido por lo más destacado de este 2015 a través de cinco artistas seleccionados.

#ChaleWote2015 a través de 5 artistas

Realidad virtual a través de Pandora

Dos jóvenes estudiantes de la escuela Asheshi, Jonathan Dotse y Kabiru Seidu, llevaron al Chale Wote un proyecto de realidad virtual que permite al espectador viajar por varias calles de Accra. Con este proyecto, que lleva al llamado “Afro Ciberpunk” al Festival, han abierto —literalmente— la caja de PANDORA al demostrar la capacidad de la tecnología de realidad virtual actual y las implicaciones que esto tiene en las sociedades africanas. El nombre del proyecto, alude a la caja de Pandora, ya que su apertura “transforma irrevocablemente nuestras vidas, a mejor o peor, de la misma manera que lo han hecho ordenadores y móviles que nos han traído olas de cambio social no anticipadas”, como afirman sus creadores.

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“The Living History Hub”, museo efímero en James Town

Close-up2-Nana-Fosua-Mantse-Aryeequaye-2013-julyNana Oforiatta Ayim es una historiadora cultural, directora audiovisual, escritora y etnógrafa. Considerada por The Africa Report una de las “50 pioneras de África”, ha exhibido en varios museos alrededor del mundo siempre con la motivación de comisariar y escribir sobre el continente historias escritas por los propios africanos. En Chale Wole, en colaboración con el arquitecto D.K. Osseo-Asare, decidió revolucionar la idea de lo que un museo es y puede ser, a través de la creación de una estructura con forma de kiosko que lo simulaba. Esta estructura está presente en muchas calles de Ghana. En este museo efímero se exhibieron objetos, fotografías, documentos de los habitantes y audios. También fue un espacio de talleres y actividades.
Zohra from Nana Oforiatta-Ayim on Vimeo.

 
La desnudez bajo un manto de combustible

CrazinisT es un artista de performance que trabaja la deshumanización y la objetivación del cuerpo como mercadería socio-política. Este artista, que repite en el Chale Wote, logró impactar a través de su performance, que consistió en un cuerpo desnudo embadurnado de combustible e inmovilizado por una mujer blanca europea semidesnuda sentada sobre él. Seis horas duró la performance, en la que los artistas no comieron ni bebieron provocando que “ambos cuerpos drenasen su energía”, según el artista.

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“Konko Cars”: Latas de leche como reflejo de la rutina ghanesa

El trabajo de Kwame Asante indaga sobre el concepto de “repetición” y de “series”, lo que él considera como arte y parte esencial de la vida. Su instalación a base de latas de leche hace referencia a las revoluciones tanto en la producción industrial como artística. Como el Asante afirma: “la instalación está planeada a través de modelos de simulación digital. Mi proceso es abordado a través de estrategias de ingeniería mecánica. Me apropio de la idea de cortinas de bambú que se puede encontrar en los bares locales de todo el país y la idea de los coches de hojalata que evocan los juguetes de los niños , muy populares en Ghana. He trabajado con latas de leche, porque la leche forma parte del ritual del desayuno diario, un proceso repetitivo y en serie en nuestra sociedad”.

 

 

Fashion DJ: Música electrónica “909S + 808S LAB” a cargo de Steloo

tumblr_nu1t53NSzG1tk0se8o2_1280No nos vamos del Chale Wote sin escuchar música. House ghanés. Beats que marcan tendencia. Con este set “909S + 808S LAB” lleno de mezclas y puesta en escena, Steloo muestra como “el house de Accra marca la evolución de su cultura y como se ha acelarado especialmente a través de las nuevas tecnologías y la moda”. Y de moda, el propio artista sabe mucho.

 

 

 

¡No te vayas sin visitar nuestra selección de lo mejor del Chale Wote 2015 en nuestro Pinterest!


Sierra Leona: la renovación extática

Mural en Freetown. Fuente: Brand Sierra Leone

Mural en Freetown. Fuente: Brand Sierra Leone

 

Freetown, capital de Sierra Leona, vivió una efervescencia cultural y artística durante los años noventa, a pesar de la plena convulsión política y de inicio de la guerra civil. Arte, creatividad y reivindicación dibujaron las calles y las fachadas de los principales edificios de la ciudad, mostrando el dinamismo de la población más joven que buscaba su espacio y reivindicaba símbolos que hasta ese momento habían permanecido adormecidos.

Como su propio nombre indica, Freetown fue fundada en el 1972 por el abolicionista británico John Clarkson, pasando a ser la base de los esclavos liberados que había luchado del lado británico en la guerra de la independencia de los Estados Unidos. A partir de ese momento esclavos liberados en Jamaica se establecerían en esta ciudad y más adelante, miles de afroamericanos, antillanos y africanos liberados. Los británicos se hicieron con el control de la zona, no sin oposición de la población local y se expandieron a lo que hoy en día es Sierra Leona, que se declaró colonia británica desde el 1808 hasta 1961, año en que se independizó y empezó a gobernar el All People’s Congress (APC).

El golpe de estado del National Provisional Ruling Council (NPRC) del 29 de abril de 1992, encabezado por Valentín Strasser, influyó en muchos sentidos a sociedad sierraleonesa. Sobretodo porque rompió con los poderes establecidos desde la independencia del país, el APC liderado por J.S. Momoh y que llevaba 24 años en el poder. Un grupo de jóvenes soldados le plantaron cara al entonces presidente para poner de manifiesto la corrupción y la mala gestión del único partido desde la independencia, que no respondía a las necesidades de la población a pesar de las promesas de cambio. Pero la situación para el nuevo gobierno no fue fácil, ya que apenas un año antes había empezado la cruenta Guerra Civil iniciada por los rebeldes del Frente Revolucionario Unido (FRU) liderado por Foday Sankoh y cuya principal fuente de financiación fueron los llamados “diamantes de sangre”.

Este golpe de estado de 1992 fue sentido como una revolución, sobretodo para la población más joven que se sentía identificada con las demandas del NPRC. Había llegado el turno de los jóvenes en un sistema que, ya desde la dominación británica, se había caracterizado también por la dominación de los mayores sobre los jóvenes porque no se les consideraba cualificados para ejercer la política. Tucker (2013) afirma que pensar en los jóvenes sierraleoneses como una categoría marginada en cuanto a participación política nos puede ayudar a entender las formas de contestación política que se dieron en el país durante aquellos años.

Las campañas que llevó a cabo el nuevo gobierno fueron fuertemente aplaudidas y valoradas por la población, como la de limpieza [1] que facilitó el tejido comunitario de la ciudadanía. Este ambiente de euforia que se generó a raíz de este momento convulso y que fue celebrado sobretodo por la gente más joven, tuvo su impacto en las manifestaciones artísticas que se generaron, totalmente relacionadas con el pasado político del país y fueron influenciadas por el panafricanismo, la música y la estética de una generación anterior que se había ido organizando durante los sententa en oposición Siaka Stevens (que gobernó hasta el año 1985) que había forjado una identidad juvenil crítica con el gobierno de entonces (Tucker, 2013).

Bob Marley. Fuente: Firewox Media

Bob Marley. Fuente: Firewox Media

El National Provisional Ruling Council había iniciado la revolución de liderazgo político, pero la base social había comenzado unos meses después una verdadera revolución de conciencia, en el que además gozaban de una gran libertad creativa. Murales, esculturas, monumentos, etc. empezaron a perfilar la ciudad. Acciones muy espontáneas, a pesar del establecimiento del National Social Mobilisation Secretariat (NASMOS) que había creado un gobierno perplejo por el apoyo popular que estaban recibiendo, para coordinar las organizaciones juveniles que se fueron creando. La banda sonora del golpe de estado fue el rap y el reggae que sonó ininterrumpidamente en la radio y que forjó el saludo “One love!” entre los soldados, derivado del rastafarianismo y de la música de Bob Marley y Peter Tosh (Opala, 1994). A partir de ahí “One love!” y “Respect!” fueron los términos utilizados como saludos entre los simpatizantes de la revolución.

Sierra Leona se ha caracterizado además por muy poca tradición en imagen patriótica —al contrario de otros países que durante las revoluciones establecieron unos símbolos nacionales basados en su cultura, historia e ideología política— (Opala, 1994). En este sentido se empezaron a ensalzar figuras que hasta entonces habían pasado desapercibidas, héroes pre-coloniales que lucharon contra los europeos y que sirvieron como inspiración en cartelería, flyers, murales y todo tipo de manifestación artística y política.

En palabras de Opala (1994): “Los jóvenes artistas comparten, con sus compatriotas, la idea de que los líderes tempranos de Sierra Leona son fuentes de inspiración y que la religión y la moralidad son necesarios para reconstruir la sociedad y esos temas aparecían constantemente en su arte”. Paz, hermandad y unidad del rastafarianismo, líderes del NPRC (representados con gafas Rayban), la religión, la revolución, héroes nacionales (por ejemplo Sengbe Pieh y Bai Bureh) y panafricanos (Marcus Garvey o Malcolm X son dos ejemplos) y objetos artesanales locales eran ensalzados a través del arte y de eslóganes.

Los objetivos y el impacto de esta revolución social y cultural espontánea estaban claramente establecidos según Opala (1994):

Los jóvenes desfavorecidos de Freetown están moldeando símbolos de un orgullo patriótico, recogiendo imágenes de diferentes fuentes, conformándolos para definir su nación y su revolución. La mayoría no están tan interesados en hacer arte o en embellecer la ciudad sino en expandir la conciencia popular”.

Poco a poco esta revolución se fue apagando, junto con sus murales que se fueron deteriorando, en parte por la grave situación política del país a la que se enfrentaba el gobierno. A pesar de ello, estos cambios han permanecido plasmados en la historia de esa generación que hoy en día tiene un recuerdo vivo de esa reivindicación de la identidad que no habían podido construir hasta ese momento y que a partir de ahí, quedó en la historia social y cultural del país.

 

Más información sobre los héroes nacionales aquí.

[1] El NPCR comenzó una campaña que consistía en designar el último sábado de cada mes para que la comunidad se organizase para limpiar las calles, ya que el anterior gobierno había abandonado el cuidado de la ciudad. El mismo Strasser participaba en una campaña que fue muy popular entre la población por el ambiente de renovación y cambio de etapa que suponía.

[hr]

Fuentes:

Brand Sierra Leone – Facebook

– Opala, Joseph A. (1994): ‘Ecstatic revolution!’: street art celebrating Sierra Leone’s 1992 revolution.

– Tucker, Boima (2013): Musical Violence Gangsta rap and Politics in Sierra Leone. Current African Issues 52. Uppsala: Nordiska Afrikainstitutet.

 

 

Soweto, la vibrante transformación de un ‘township’

Jazz festival de Soweto. Foto: Alf Kumalo

Jazz festival de Soweto. Foto: Alf Kumalo

Pocos lugares son tan emblemáticos y conocidos por la historia que tienen detrás como Soweto, no solo en Sudáfrica, sino a nivel internacional. Fuente de inspiración de canciones, películas y libros es, seguramente, el township más conocido del mundo. Y no es para menos. Soweto, cuyo nombre proviene de South Western Townships, tiene un pasado histórico que le dota de una gran personalidad y que le convierte en el township mimado del país.

Este township de 120km2 y 34 suburbios, ya se ha convertido en una gran ciudad en términos comparativos que alberga nada más y nada menos unos cuatro millones de habitantes y donde conviven al clase más baja junto una nueva clase acomodada que se ha ido asentando en sus grandes casas en varias zonas de Soweto. Otra evidencia más de la desigualdad social que hay en el país, pero a pequeña escala. Hoy en día Soweto es uno de los grandes reclamos turísticos de Gauteng y se configura como un lugar idóneo para desarrollar proyectos artísticos, culturales y educativos y desarrollar economías ligadas a este mismo mundo artístico.

Creado en 1904 para intentar sacar a las personas no blancas de la ciudad, Soweto se convirtió en un asentamiento idóneo para el gobierno, ya que estaba situado a una distancia adecuada para que los trabajadores que tenían que ir a trabajar a Johannesburgo llegasen a sus puestos fácilmente. En 1959 a raíz del Group Areas Act de 1950 que prohibía la integración racial, el régimen expulsó a la población negra del barrio Sophiatown hacia Soweto bajo la ideología que gobernaba de “desarrollo separado”. Soweto ha sido pues, uno de los township de referencia en cuanto a la vida social de la población negra, tal y como se encargaron de retratar grandes fotógrafos de la época como Jurgen Schendeberg y Alf Kumalo.

Mbuyisa Mkhubo llevando en brazos a Hector Pietersen, primer niño asesinado en el levantamiento de Soweto en 1976. Foto: Sam Nzima

Mbuyisa Mkhubo llevando en brazos a Hector Pietersen, primer niño asesinado en el levantamiento de Soweto en 1976. Foto: Sam Nzima

Pero quizá Soweto nos venga a la cabeza por uno de los capítulos más tristes de la historia sudafricana del siglo XX. El levantamiento de los estudiantes de Soweto en junio de 1976 en contra de la imposición del gobierno del “afrikaans” en lugar del inglés como lengua primera en la enseñanza, acabó teñida de rojo con 200 muertes. El asesinato de Hector Peterson, un estudiante de 12 años, ha dado el nombre al museo que hoy en día podemos visitar y la fotografía de Mbuyisa Makhubo cogiéndole ha sido una de las fotografías que más ha dado la vuelta al mundo mostrándole la crueldad del apartheid. Las luchas contra el sistema y las muertes no se acabaron aquí, sino que duraron una década más y se cobraron alrededor de 500 muertes, lo que situó a Soweto como uno de los lugares más simbólicos de lucha contra el Apartheid.

Soweto, arte en el township

La confluencia en Soweto entre activistas y grandes de la música y de otras artes durante los años del apartheid, dejaron en herencia una importante semilla para la creación de un Soweto vibrante. En este sentido, siendo el township en el que el gobierno invierte más, no es de extrañar que se intuya su gran potencial artístico y cultural.

Un símbolo de esta transformación es la obra del arquitecto Frank Gehry, el actual Teatro de Soweto hecho de cerámica y cristal y con un estilo a la vanguardia que supone, seguramente, el primer gran teatro en un township, donde además el teatro ha estado siempre muy presente.

Teatro de Soweto inaugurado en 2012

Teatro de Soweto inaugurado en 2012

 

Soweto, la vibrante transformación de un ‘township’

Soweto, la vibrante transformación de un ‘township’

Casi sin haber llegado todavía a Soweto, las Orlando Power Station (las torres de refrigeración nuclear) nos dan la bienvenida a la ciudad y nos dan una pista de lo que nos espera en términos de artes visuales. Se construyeron en los años cincuenta con una de las más avanzadas tecnologías del hemisferio sur y se cerraron a finales de los noventa para convertirse en el lienzo de gigantes murales y una clara de transformación de la industria hacia el arte.

Ruth First por Ben Slow en Soweto

Ruth First por Ben Slow en Soweto

El arte urbano se palpa continuamente en el township, donde además confluyen a menudo el arte y la política. Los muros y las casas son el testigo del pasado histórica de Soweto y calles como la principal Vilakazi Street nos lo cuentan mediante sus murales. Por ejemplo, el artista británico Ben Slow rinde homenaje con un mural en uno de sus barrios, Orlando East a la periodista académica y activista Ruth First, asesinada con una carta bomba cuando estaba exiliada en Mozambique.

Algunos de los graffittis y estéciles que nos encontramos por las calles y que decoran los muros de las casas y las vallas que las rodean, aluden al pasado pero también miran hacia el futuro, con proyectos como “I art Soweto” llevado a cabo por el “capetonian” Freddy Sam y del que ya hemos hablado anteriormente.

Soweto se mueve y los proyectos artísticos se cuecen cada vez más. Puntos de encuentro y plataformas como Soweto Arts Festival, la Soweto Fashion Week, el Soweto Festival-Expo o el Soweto Fine Art, entre otros galerías de arte de la ciudad, son algunos ejemplos del potencial de este township. De hecho por la cercanía a Johannesburgo (26 km) y la gran cantidad de los habitantes que trabajan en la gran urbe tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los centros neurálgicos anexos a Johannesburgo, de hecho ya es una de las ciudades más importantes en el país.

¡Estaremos muy [email protected] a lo que ocurra allí!

 

 

El arte urbano se da cita en ‘I art Joburg’

Johannesburgo ha sido el punto de encuentro de cinco artistas nacionales e internacionales para participar en el proyecto ‘I art Joburg’, que ha llenado las calles de la ciudad de color. El distrito de Maboneng Precinct, en la parte este de la ciudad, ha sido el lienzo que da testimonio de la intensidad artística este último mes.

Artista: ROA

En el proyecto han participado artistas urbanos como Remed (Madrid), Steve ‘ESPO’ Powers (New York), ROA (Belgium) así como artistas locales como Falko (Cape Town) y Cameron Platter (Durban), cada uno con su estilo dando un resultado muy ecléctico en las creaciones. Todo el proceso ha sido documentado por la fotógrafa Martha Cooper (Nueva York), veterana en plasmar desde hace ya décadas el arte más underground de las urbes de varios países, que se ha encargado de realizar un seguimiento a todo el proceso de cada una de las obras urbanas. Johannesburgo ha sido elegida como anfitriona del evento por ser una de las ciudades africanas más modernas, con una gran convivencia de culturas, lanzando así una llamada a otros países para dar a conocer su belleza y sus gentes.

‘I art Joburg’, tiene su precedente en ‘I art SA’  que engloba ‘I art Soweto’ y ‘I art Woodstock’, dos proyectos comunitarios de arte urbano que sirven de plataforma para jóvenes artistas locales, y que ha dejado como muestra 22 murales pintados en las dos zonas (Woodstock y Soweto). Estas intervenciones han sido de gran ayuda en la revitalización de ambos barrios, animando a la participación de sus vecinos y foráneos en la realización de los murales y transformando tanto el paisaje urbano como la percepción social de éstos.

“I art SA”

“I art Soweto”

“I art Woodstock”

A pesar de que la versión de “Joburg” pretende establecerse como evento de referencia de arte urbano a nivel internacional, la esencia que ha marcado a las versiones locales, permanece: “Si nos podemos inspirar a nosotros mismos para inspirar a otros, podemos inspirar el cambio”.

Esta esencia la podemos entender un poco mejor cuando profundizamos un poco más en la trayectoria del organizador y comisario del evento. Ricky Lee Gordon, más conocido por su nombre artístico como Freddy Sam, ha dado un paso más en la expansión del arte urbano en Sudáfrica. Su proyecto /AWORD OF ART, galería de arte y punto de encuentro para el intercambio de ideas y habilidades a disposición de los artistas visuales, es una muestra de ello.

Freddy Sam que se define como artista y “artivista” y busca mediante su obra inspirar a las personas de alrededor para inspirar de esa manera el cambio social. Como el propio artista afirma, el objetivo es “explorar su comunidad y alrededores, usando el arte público como herramienta para comunicarse y conectar con la gente desde todos los ámbitos de la vida”. Ha trabajado y participado en exhibiciones en diferentes lugares del mundo. En terreno africano, destacamos el ‘Wide Open Walls’, fundado por el artista Lawrence Williams, uno de los propietarios de Makasutu, un proyecto de conservación basado en Mandina, Gambia y en el que Ricky Lee Gordon participó, como comisario y como artista. De la misma manera, el objetivo era el de crear conexiones entre los artistas urbanos y las comunidades a través de la realización de murales, seminarios de arte e intervenciones en el espacio público.

Cada vez más, el arte urbano, como el mural, el graffiti o el stencil, está formando parte del paisaje de las ciudades africanas como Senegal, Gambia, Sudáfrica y Guinea Ecuatorial. A pesar de que este arte es ilegal en la gran mayoría de las ciudades a nivel mundial, afortunadamente se sigue utilizando como medio de expresión de realidad social, denuncia o expresión cultural.

¿Conoces algún artista urbano africano? ¡Cuéntanos!

Os dejamos con un vídeo del pintor Afran, de Guinea Ecuatorial, en plena acción.