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Zanele Muholi: la celebración de la melanina

Zanele Muholi lleva todo el verano mirando a la gente. Con unos ojos directos, fríos e impenetrables. Con un rostro firme y distante en el que no se atisba ni una sonrisa. Seria, Muholi está cansada de que otros hablen por ella y ha ideado un proyecto fotográfico para liderar la conversación sobre la representación del cuerpo negro femenino.

 

“Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”

“Somnyama Ngonyama” es la primera exposición fotográfica de Zanele Muholi en Londres. La muestra, acogida en la galería Autograph ABP hasta finales de octubre, es una serie de más de 60 autorretratos tomados entre 2014 y 2016 a través de los cuales la artista visual y activista sudafricana ajusta las cuentas con la rutina racista y homófoba a la que se enfrenta. “Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”, explica Muholi en el programa de la exhibición.

Con esta exposición curada por Renée Mussai, la sudafricana se acepta tal y como es; lesbiana, negra y africana. Es un trabajo para la reafirmación de su identidad y un alegato a la tolerancia sin reparar en la raza, género o sexualidad. Muholi presenta unas imágenes poderosas a la vez que bellas y propone una conversación que deja al visitante intimidado. Es una colección íntima, aunque esta memoria personal no se desprende del panorama político y socioeconómico sudafricano.

En las fotografías Muholi posa sola, triste, seductora, desafiante y majestuosa. La artista habla pero está callada. Muestra la servidumbre doméstica gracias a unos guantes de látex que le oprimen y se pregunta cuál es su castigo atada con cinturones. Indaga en el cambio climático cubierta de plásticos, hace un pacto por dinero y denuncia la caza furtiva de rinocerontes. Y todo con la mirada y a través de su objetivo.

Muholi se ayuda de distintos objetos y escenarios en su mayoría blancos para otorgar contraste en un discurso visual donde cada accesorio ayuda a la representación de distintos temas y sucesos actuales. En muchas de las imágenes la piel de la artista nacida en Umlazi, Durban, parece acrílica, y su cabello es toda una muestra de intenciones. La luz se posa duramente en la punta de su nariz, en el labio inferior y en sus pómulos. Es una expresión de su cuerpo equilibrada con un mensaje por los derechos humanos y la justicia social. Así se ejemplifica en Thulani II, una de las fotografías que rememoran la masacre de Marikana en 2002, donde la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga.

Zanele Muholi. Cortesía de Stevenson, Cape Town/Johannesburg y Yancey Richardson, New York.

Para esta cita londinense, la colección “Somnyama Ngonyama” además cuenta con cuatro nuevos autorretratos comisionados por la galería Autograph ABP. Muholi muestra la brutalidad y el encarcelamiento de las mujeres sudafricanas que marcharon en contra del apartheid en la manifestación organizada por la Federación de Mujeres de Sudáfrica en Pretoria en 1956. Las fotografías fueron tomadas en la prisión de Old Fort en Johannesburgo donde muchas de las mujeres fueron encerradas. En la la cuarta toma, expresamente realizada para esta exhibición, se ahonda en la imaginería étnica gracias a un autorretrato donde Muholi viste un kimono. ¿Qué representación daría una africana con esta prenda?

Las fotografías de Muholi son la reivindicación de un espacio artístico y cultural para la mujer negra y una lucha para el cambio de las representaciones mediáticas. La artista hace que sus imágenes sean un referente para el artivismo sudafricano y su trabajo continúa defendiendo los derechos humanos y del colectivo LGTBIQ.

El peluquero de Harare: el fin de la inocencia

Tendai Huchu escribió una novela y, sin embargo, El peluquero de Harare tiene toda la apariencia de uno de esos cuentos populares tradicionales con moraleja al final y una marcada voluntad pedagógica. Así es esta historia, al mismo tiempo angustiosa y profundamente desgarradora y, sin embargo, sobrada de ternura y de inocencia.

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

Uno de los principales problemas de El peluquero de Harare es que, prácticamente, cualquier lector sabe que se trata de una novela sobre la temática LGTBI, por la difusión que ha tenido la publicación original y porque Baphala, la casa que la edita en castellano, se presenta como “una editorial para descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”. La verdad es que seguramente es un detalle difícil de mantener en secreto, pero el hilo narrativo de Tendai Huchu seguramente agradecería que fuese una sorpresa para el lector. El relato del joven escritor zimbabuense mantiene un cierto suspense sobre ese descubrimiento que acaba siendo una especie de fin de la inocencia, en un país que ha condenado duramente la diversidad sexual, pero que al mismo tiempo convive con ella a diario en su sociedad.

Lo mejor de El peluquero de Harare es, precisamente, el efecto que puede tener una historia como la que Huchu relata con mimo en los lectores de sociedades que no terminan de aceptar la realidad de la homosexualidad; de sociedades que viven de espaldas a esa diversidad; de sociedades que condenan a algunos de sus miembros según a quién amen; de sociedades que convierten la sexualidad en delito; en resumen, prácticamente, de todas las sociedades.

El peluquero de Harare, de Tendai Huchu

Vimbai es una peluquera de éxito, la estrella de uno de los salones más populares de Harare, la capital de Zimbabwe. A pesar de la podría ser una buena posición, todo a su alrededor está en proceso de descomposición. El país está sumido en una profunda recesión y sobre todo aquejado por el mal de la desesperanza. La vida familiar de Vimbai es un auténtico desastre, muy a su pesar, lo mismo que su vida sentimental. Justo, cuando lo único que funciona comienza a tambalearse también, la vida de Vimbai dará un giro de 180º, o más bien comenzará a avanzar en zigzag. Dumisani, Dumi aparece en escena para poner en cuestión el reinado de Vimbai en el mundo del estilismo de Harare. El joven tiene magia en los dedos y un carácter que seduce a las clientas que antes habían sido incondicionales de Vimbai. Incluso, la jefa que la veneraba acaba prefiriendo al recién llegado.

Su adversario, su principal amenaza acabará mostrando a Vimbai el camino de una vida con la que sólo habría podido soñar, o quizá ni eso. Dumi llena de esperanza la vida de Vimbai. Pero evidentemente, la historia que relata Tendai Hucho no puede ser simplemente un camino de rosas. Se impone un camino de desengaños, de errores vitales, de aprendizajes, de decepciones y de arrepentimientos. De pronto la historia, que había avanzado a un ritmo excesivamente lento en algunos momentos, se desencadena, se precipita y comienza a desplegarse como una alfombra que se va desenrollando delante de nuestros ojos. No se puede decir que los giros y los nuevos episodios sean completamente imprevisibles, pero no por eso dejan de resultar emotivos.

Una receta cocinada con inocencia, crítica, impotencia, realidad y, sobre todo, ternura, mucha ternura, materializa el tópico de mantener al lector pegado a la lectura en las últimas páginas de la historia. La contradicción que asalta a Vimbai cuando despierta a la homosexualidad resulta sobrecogedora. El paso de un desprecio inicial basado en la ignorancia y los estereotipos cuando dice: “Hablaba como un hombre normal, vestía como un hombre normal e incluso caminaba como un hombre normal. Todo él era masculino. ¿No se paseaban los homosexuales por ahí con bolsos y hablaban con voces chillonas?”. Deja paso a la candidez de una mirada sencilla e inocente: “Si lo era, entonces tenía un tipo de amor por mi y otro por este hombre, los dos éramos amados, pero cada uno a su manera. Mentiría si dijese que no lo quería para mí, pero esto no significaba que si no podía tenerlo lo quisiese muerto”.

La apuesta de Baphala es valiente, pero la historia de Tendai Huchu, en realidad, puede tener tanta aceptación como potencial de cambio. Lo tiene evidentemente en Zimbabue, pero también en España.

Poesía liberada y liberadora desde Zimbabue

Como el viento intocable es la definición misma del artivismo, de la reivindicación creativa, como dicen algunas de sus impulsoras. Es un ejercicio de libertad y de autoafirmación en su propia concepción; su publicación original es el mismo ejemplo de la valentía, la voluntad de cambiar el mundo y de hacerlo más justo; y su traducción y edición en castellano es simplemente un ejercicio de rebeldía y una necesaria muestra de la diversidad que podemos encontrar en le continente, es un absoluto riesgo por parte de la editorial Baphala que ya ha demostrado que no le tiene miedo a nada y que está dispuesta a aportarnos la dosis de reivindicación que necesitamos. Atención: Como el viento intocable es una antología de poesía de autoras lesbianas que pretenden usar la creatividad para visibilizar a un colectivo desplazado y acosado. Este libro es poesía liberada como expresión de sus autoras que conquistan una voz propia y liberadora en cuanto al colectivo LGTBIQ.

La poetisa Makhosazana Xaba, responsable de la antología. Fuente: Baphala Ediciones

Esta antología que nos trae la editorial Baphala es el resultado del taller de escritura creativa para mujeres lesbianas celebrado en la ciudad zimbabuense de Bulawayo durante la última semana de octubre de 2015. Impulsado por el colectivo sudafricano GALA, se apoyo sobre la organización zimbabuense Sexual Rights Centre (SRC) que trabaja a menudo con el artivismo en el colectivo LGTBIQ. En este caso, el taller fue animado por Nombulelo Madonko del SRC y el peso recayó sobre la poetisa sudafricana Makhosazana Xaba, conocida como Khosi, que condujo ese taller de escritura creativa. Khosi Xaba ya fue una de las encargadas de recopilar los trabajos contenidos en la antología Queer Africa, editado en castellano como Los deseos afines. El resultado de aquellos trabajos en Bulawayo es el que ahora nos trae la editorial Baphala: un volumen con veintidós poesías de siete autoras, que previamente no eran necesariamente poetisas, aunque el resultado resulta de una diversidad tremendamente atractiva.

Es interesante descubrir en el volumen todas las explicaciones sobre el espíritu del taller que lo alumbró y de esa antología resultante. El nivel de contexto con el que cuenta el lector y la reflexión de las impulsoras es, sin duda, un valor añadido. El taller se desarrolló en un país en el que el colectivo LGTBI ha sido absolutamente proscrito en las últimas dos décadas y no fue pura casualidad. “El silencio y la invisibilidad perpetúan la idea de que las personas LGTBI no son parte del tejido social, idea que incluye ese omnipresente mito de que ‘la homosexualidad no es parte de la cultura africana’”, señala Greame Reid, fundador de GALA, en su texto introductorio. Reid añade más concretamente en relación con la recopilación de poesías: “La poesía en esta antología versa sobre el descubrimiento de una voz, la expresión de la experiencia y un impulso al activismo”.

Nombulelo Madonko una de las responsables del SRC habla sobre una vía de contestación que su organización fomenta “la reivindicación creativa” y reconoce el potencial de la poesía en este sentido. “El libro habla directamente a las experiencias de las mujeres queer y les ha dado voz en espacios donde no pueden estar presentes”, señala Madonko. Khosi Xaba es, en realidad, el verdadero motor de esta iniciativa en la que siete mujeres con inquietudes y dotes artísticas diversas se convirtieron en poetisas para revindicar su homosexualidad y cambiar el mundo. “El taller de escritura fue un espacio para que mujeres que nos identificamos como lesbianas pudiéramos pasar tiempo juntas, en un entorno seguro en el que utilizar la escritura como instrumento de expresión personal”, dice Xaba en su introducción a la antología.

La poetisa explica la dinámica de los talleres que se desarrollaron durante cinco días y cuenta: “Tratamos la amplia cuestión del uso de la propia voz, a través de la poesía, para expresarse por una misma”. Expresión y compromiso se van fundiendo constantemente en el relato que la dinamizadora hace del taller en el que se gestó la antología. La poesía llega a aparecer, según los casos, como una herramienta de catarsis mediante la que las autoras se enfrentaban a recuerdos y vivencias, a menudo, traumáticas relacionadas con su orientación sexual y la persecución social y política. Pero, para Xaba, no se trataba sólo de repensarse, sino también de reconstruirse, es decir, de comenzar a forjar un futuro sobre una base de aceptación y de reclamación de sus identidades. Pero no sólo se trata de que este ejercicio pueda cambiar la vida de las autoras que participaron, sino que pretende modificar también el clima social. “Espero que después de leer su poema, los lectores se pregunten: ‘¿Qué voy a hacer yo al respecto?’. Sabemos que nunca cambia nada hasta que una masa crítica de personas se alza, se pronuncia y actúa”, señala Xaba. “Es nuestro deseo que este volumen de 22 poemas insufle esperanza a todas las activistas que aspiran a ser escritoras y a aquellos que, tal vez, se estén preguntando por el valor de la poesía”, concluye su texto la poetisa.

El resultado de este proceso de reflexión y de creación comprometida se traduce en el resultado de los poemas. No se trata de haber hecho un taller de escritura creativa, se trata de que durante ese taller cada una de las autoras se ha mirado hacia adentro y se ha mostrado a las demás, de ahí, en gran medida la diversidad de los enfoques de las escritoras que han plasmado sus inquietudes personales. Así, la antología contiene desde textos eróticos reflexiones psicólógicas.

Blu dice:

Porque eres mi Fijación,

Mi anhelo, mi vicio,

Mi compulsión, mi adicción

El picor que no quiero, no pretendo

No puedo rascar

¡Mi Fijación!

Mientras que Duduzile Salitaire Maseko afirma:

Estoy atravesando el desconcierto

Perdiendo el contacto con todo

Mi mundo se ha hecho añicos

Como el viento tan intocable

Como el río, ha corrido

Mientras Norma Stanley usa la poesía para hablar, entre otras cosas, de la añoranza

Recupero la fuerza

Me siento herida

Me siento abandonada

Cegada por las lágrimas

Soñe contigo

Sikhulile Precious Sibanda emplea los versos para proyectar su identidad

Cuando la conocí

Cada momento con ella lo disfruté

Puede decir lo que quieras

Esta es quien soy

Pero sin duda si hay un poema desconcertante en la antología es el de Amanda Thandeka Pugeni “Angry Black Woman (Negra Cabreada)”. Es una auténtica oda a la reacción airada ante la injusticia. Es la advertencia de lo que ocurre cuando se acaba la paciencia y los oprimidos estallan. Y dice:

Soy esa negra cabreada

Que intentas ignorar

Bella por fuera

Oscura por dentro

Las emociones que braman como un toro negro

Soy proscrita

La espina de la rosa

El agua limpia fluyendo a la cloaca

No me conoces

Esto no es poesía, sino rabia.

Esta es sólo una muestra de unas obras que merece la pena descubrir para profundizar en la diversidad de las artes africanas en su máxima expresión.

Tienes una cita con Como el viento intocable hoy, 22 de junio en Santander, en la Librería del Puerto; y mañana 23 de junio en Bilbao en Louise Michel Liburuak.

Nakhane Touré, ser artista negro, gay y cristiano en la era pos-apartheid

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Mariana Jorge Lozano

En los últimos tiempos y por diversos motivos, dos artistas han estado de actualidad: Bob Dylan, al serle concedido el Premio Nobel de Literatura y Leonard Cohen, debido a su fallecimiento el pasado 7 de noviembre. Estos dos genios universales tienen en común el ser gigantes de la canción y figuras indispensables de la historia del rock, así como ser escritores de reconocido y premiado talento. A menudo nos olvidamos de otras figuras similares que en el continente africano desempeñan una labor semejante, lejos de la atención de los medios occidentales. Uno de estos artistas polifacéticos es el sudafricano Nakhane Touré, quien a sus veintiocho años se ha convertido en uno de los artistas de rock más reconocidos de su país, así como en una gran promesa del mundo de las letras, tras la publicación de su primera novela.

Nakhane Touré, fotografiado por Joanne Oliviér.

Touré nace en 1988 en la ciudad de Alice (Eastern Cape), pasando la mayor parte de su juventud en Port Elizabeth. Actualmente, reside en Johannesburgo donde compagina su labor como cantante y compositor con sus incursiones en el mundo de la literatura. Su primer álbum, Brave Confusion, fue publicado en el año 2013, recibiendo buenas críticas y cuatro South African Music Awards, entre otros al mejor artista revelación y al mejor disco de música alternativa. En la obra intimista de Touré es posible identificar influencias de artistas como Prince, Björk, Bowie, Morrissey, The Cure, Radiohead o el mismo Cohen. Su música se puede englobar dentro de la llamada música alternativa o indie, aunque esto no debe engañarnos: Touré es un artista que fusiona un indie cercano al soul o R´n´B americano con unos ritmos marcadamente africanos. De entre los varios instrumentos que maneja, Touré da especial importancia a las percusiones, construyendo sus canciones principalmente con guitarras acústicas y beats de batería, que utiliza para remarcar sus orígenes Xhosa. Finalmente, cabe resaltar que la temática de sus canciones lo alejan definitivamente de la estética típicamente considerada indie y lo definen como un artista centrado en la experiencia de ser negro, homosexual y cristiano en el contexto de la Sudáfrica pos-apartheid.

Touré es un artista eminentemente africano, tanto en la parte musical de su obra como en sus letras. Su obra tiene un marcado carácter autobiográfico. En sus letras habla de cuestiones tales como sus conflictos para aceptarse a sí mismo (In the Dark Room), sus sentimientos religiosos (Abraham), sus relaciones personales (Christopher) y, envolviéndolo todo, su experiencia como hombre homosexual en el contexto de la Sudáfrica poscolonial. Esto último, de lo que habla sin tapujos, es la base de su obra artística, tanto musical como literaria que, de este modo, enraíza con sus propias vivencias personales. Es habitual que Touré relate en entrevistas cómo el hecho de ser gay supuso inicialmente un conflicto con su familia y consigo mismo.

Muy influenciado por la religión, incluso llegó a posicionarse públicamente en contra de la homosexualidad, confiando en que su fe lo ‘curase’ de semejante pecado. Sus luchas internas son inspiración para canciones como In The Dark Room, donde el cantante habla de su rechazo hacia sí mismo (‘Hope you know I hate myself in the morning for this’). Sus sentimientos religiosos y sus deseos homosexuals son una constant en su obra, centrada en los conflictos que esta identidad confuse y contradictoria generan. Otro tema que envuelve las letras de Touré son sus orígenes Xhosa y la posición de su familia dentro de la comunidad, de la cual su tío es un destacado líder. Esta circunstancia tampoco ha ayudado al joven Touré, quien veía cómo valores tales como la masculinidad y la sexualidad tradicionales le eran impuestos. Para la comunidad Xhosa, ritos de iniciación tales como la circuncisión, ritos practicados por el propio artista, están fuertemente enraizados y ligados a un concepto tradicional de masculinidad heteronormativa. Touré, a través de sus canciones, reescribe su identidad masculina desde un punto de vista diferente, inclusivo de la diversidad sexual y de género.

Su primer disco profundiza en todos estos sentimientos de rechazo hacia sí mismo, lo que confiere al conjunto de la obra un carácter intimista y atormentado, con la excepción tal vez del primer corte del álbum Christopher. Este tema, compuesto posteriormente aunque incluido en la maqueta final del disco, es una canción más desenfrenada, rozando en ritmos propios del  funky, en la que Touré habla abiertamente acerca de un hombre al que conoció por internet y con el que más tarde entablará una relación amorosa. Un primer tema autobiográfico, en el que un hombre negro sudafricano declara su amor por un hombre blanco de origen europeo, es toda una declaración de intenciones, no solo a nivel musical, sino también a nivel político. Touré es, por tanto, un artista comprometido con su propia comunidad y frecuentemente hace declaraciones de apoyo a aquellas personas homosexuales que por sus circunstancias sociales no pueden manifestarse como tales.

Es interesante también mencionar cómo la obra musical de Touré funciona a nivel visual. La estética que el artista busca en sus videoclips reincide en la intimidad homoerótica de sus letras. Cabe destacar los vídeos de Fog y In the Dark Room, ambos rodados en blanco y negro, y que ponen de relieve la vulnerabilidad, intimismo y erotismo presente en las letras de Touré. De mismo modo, estos vídeos son un apoyo visual importante, sobre todo porque este medio permite una difusión rápida de la música y la transmisión de ideas problemáticas tales como el erotismo entre dos hombres. Se podría decir que Touré, a través de sus canciones y los vídeos que las acompañan, hace activismo por los derechos y la visibilidad LGTB.

En 2015, Touré publica un EP titulado The Laughing Son, del que destaca el sencillo The Plague. Actualmente se encuentra trabajando en su segundo LP. Entre medias, también encuentra tiempo para dedicarse a su otra pasión, la literatura. Touré destaca que la lectura es un pilar fundamental es su formación como letrista y menciona su importancia como capital en su vida. Especialmente, cuenta cómo Go Tell It on the Mountain, novela autobiográfica de James Baldwin y una de sus favoritas, fue la razón por la que no se quitó la vida en un determinado momento de su juventud. El título de su primer disco, Brave Confusion, está precisamente sacado de este libro. El pasado año, Blackbird Books, filial de Jacana Media, publica su primera novela titulada Piggy Boy´s Blues. Según Touré, no es una novela autobiográfica, aunque admite que gran parte de ella está basada en sus propias vivencias. Piggy Boy´s Blues narra la historia de la familia M. y, principalmente, de Davide, su miembro más joven. Davide regresa a su ciudad natal, Alice, para vivir con su tío, escapando de una conflictiva relación con su madre y de sí mismo. La causa de estos conflictos interiores es algo que el lector solo alcanza a vislumbrar a través de las páginas de la novela y de las palabras de Davide. Al llegar a casa de su tío en Alice, Davide descubre que este comparte su vida con un hombre oscuro y atormentado, cuya presencia desencadenará un trágico final para Davide. Con esta historia se intercalan episodios de la vida de la familia M. y de los antepasados directos de Davide. Piggy Boy´s Blues, fuertemente influenciada por el ya tristemente desaparecido escritor sudafricano K Sello Duiker, se puede identificar con la novela de formación, en donde el protagonista, un atormentado Davide, sufre episodios de inestabilidad mental, de los que se aleja para afrontar el futuro con optimismo.

Tanto la obra musical como literaria de Nakhane Touré están revestida de cierto dramatismo e intimismo que profundiza en lo traumático de la experiencia del hombre homosexual en la Sudáfrica poscolonial. A pesar de ello, Touré se enfrenta a la realidad con optimismo y con un sentimiento de aceptación y orgullo. Es, sin duda, un artista total al que conviene no perder de vista en el futuro próximo, cuando se espera su nuevo trabajo musical y más incursiones en el mundo de la literatura.

 

Bibliografía y Discografía:

Touré, Nakhané, Brave Confussion, Just Music, 2013

Touré, Nakhané, The Laughing Son, Just Music, 2015

Touré, Nakhané, Piggy Boy´s Blues (Auckland Park: BlackBird Books, 2015)

Ncube, Gibson, ‘To be black, Christian and gay: Nakhane Touré´s Brave

Confusion’, Muziki, 12:2, 37-52, DOI: 10.1080/18125980.2015.1127622

The Interview: Nalhane Touré rewrites the passage rites

What´s eating Nakhane Touré?

 

En la vanguardia namibia, las minorías luchan

La cantante Shishani, conocida por su activismo por los derechos LGTBIQ en África, moderniza la tradición oral Herero y Namaqua

Shishani & the Namibian Tales. Imagen de Eric-Nieuwland.

Shishani & the Namibian Tales. Imagen de Eric Nieuwland.

La violencia, la persecución y la discriminación que sufre el colectivo LGTBIQ en muchos países de África es un fenómeno ampliamente denunciado por los medios. Pero actualmente, es un ejército de jóvenes invisibilizados, armados con poesía, literatura ofotografía, los que capitanean con más fuerza la primera línea de fuego en la guerra contra la homofobia y otras injusticias legales.

Shishani, cuyo nombre significa corona en oshiwambo, es una de las artistas que está mostrando con más fuerza que África cuenta con personas homosexuales, exitosas y con talento. Con un pie en Namibia y otro en Holanda, la artista ha encontrado el equilibrio para trabajar a ambos lados del Mediterráneo. “Una vez que encuentras cuáles son tus propios valores en la vida, es una cuestión de negociación de éstos dondequiera que vayas”, manifiesta.

Con un arsenal de buenas intenciones, la cantante namibia alza su voz con mucha valentía en un mundo clandestino donde el miedo y el odio pueden acarrear palizas, persecuciones, vejaciones y hasta la muerte. Pero, con toda su sencillez, empuña el micrófono, se calza su guitarra acústica, y arranca. “Hasta ahora he podido cantar en espacios seguros gracias a personas de ideas afines que me han apoyado. Sin ellas, esto no sería posible”, explica des del jardín de Juniper Kitchen de Nairobi. Aquí, la clandestinidad es tal que prácticamente nadie ha acudido a su concierto.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Galgut y el relato del traumático nacimiento de una nación

baphala-logotipoEn su presentación, Baphala Ediciones se presenta como una “editorial para descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”. Se trata de un proyecto novedoso, unos recién nacidos que de momento sólo han publicado un título, El hermoso chillido de los cerdos, del sudafricano Damon Galgut. Seguramente, esta sorprendente iniciativa editorial no podía haber escogido mejor su estreno, con una obra en la que sus dos objetivos ocupan un espacio central, la descolonización (una muy particular, por cierto) y los desvelos de un joven con un complicado descubrimiento de su homosexualidad.

La historia de Galgut, un prometedor escritor sudafricano que ha sido finalista de los prestigiosos Man Booker Prize (en 2003 y 2010) y Commonwealth Writers Prize (en 2003 y 2009), se desarrolla en los días previos a las primeras elecciones libres de Namibia, en 1989 que marcaban el fin de la colonización sudafricana. En este caso, el proceso político es una especie de metáfora o al menos una representación de los anhelos del protagonista de la novela, el joven sudafricano Patrick Winter. La existencia de Patrick se desarrolla en este caso entre dos tensiones, una existencia que ha pasado por etapas diferentes pero siempre asfixiantes y una homosexualidad que no termina de aflorar, a pesar de ser evidente.

El escritor sudafricano Damon Galgut. Autor: Ourjaipur.com. Fuente: Baphala Ediciones

El escritor sudafricano Damon Galgut. Autor: Ourjaipur.com. Fuente: Baphala Ediciones

El joven Winter inicia un viaje desde Ciudad del Cabo hasta la ciudad costera namibia de Swakopmund, precisamente en los días previos a los históricos comicios. Acompaña a su madre a Windhoek, la capital de lo que hasta ese momento había sido África del Sudoeste, para que se reúna con su amante, el primer hombre negro con el que la mujer había mantenido una relación. Durante el viaje se entremezclan los tormentos que han marcado la vida del protagonista con el contexto político en el que los régimenes de discriminación racial (y todos los prejuicios sociales que los soportaban) se van resquebrajando en un proceso inevitablemente traumático.

La de Patrick es una trayectoria marcada por los traumas, desde su nacimiento en una familia marcada por la apatía de los padres y la arrolladora personalidad de un hermano que sí que cumple con las expectativas del padre, hasta esa experiencia única y aislada con un compañero del ejército que acaba configurando profundamente su personalidad. Precisamente esa experiencia militar resulta fundamental para un joven que hasta ese momento se había sentido siempre fuera de sitio, pero sin entender muy bien porqué.

chillido-portada“Había una hermandad de hombres”, dice el protagonista de su paso por el ejército, “ahora lo veía claramente, a la que yo nunca pertenecería. Mi padre, mi hermano, los chicos del colegio – ellos sabían cosas que yo no sabía. Había algo en sus manos que los ayudaba a coger pelotas en vuelo. Más que eso: era superior a mi participar en sus rituales de realeza. Yo nunca cazaría animales en el monte, ni estaría de pie alrededor de una hoguera con ellos, con una cerveza en la mano, tirando de mi bigote. Yo era lánguido, era débil, mis chistes los hacían palidecer. Nunca sería parte de su club”. Así es como cobran sentido para él todas sus frustraciones. Sin embargo, lo hace no sólo durante su estancia en el ejército, sino en medio de la guerra. De una guerra, cuyo odio es incapaz de compartir y cuya violencia es incapaz de comprender. A pesar de encontrar sentido a sus desvelos y de haber encontrado el que después reconoce como su único amor, esa guerra produce la situación extrema. “Mi mente volcó”, reconoce Patrick que después confiesa: “Me siento… dislocado”. Así explica su definitiva salida de la realidad.

Galgut consigue que El hermoso chillido de los cerdos rezume por todas sus letras un rechazo sin paliativos al ejército, a la guerra y a la violencia, en general. De la misma manera que la novela transmite la inevitable necesidad de acabar con los regímenes discriminatorios, de vencer las barreras del racismo en el contexto de una Namibia que nace, como prolegómeno de una Sudáfrica que cambiará de manera decisiva, más allá de las injusticias que se hayan mantenido en el tiempo. Godfrey, el amante de la madre de Patrick, un convencido militante por la liberación de Namibia le señala a madre e hijo la cola que se ha formado ante las urnas el día de las elecciones para decirles, simplemente “Vuestro futuro”, precisamente el día que abandonan el país para regresar a Sudáfrica. Ese mismo día, Patrick que a pesar de su atormentada existencia muestra una compleja capacidad de empatizar señala: “Condujimos hacia el sur, fuera de Windhoek, bajando hacia el centro del país. A nuestro alrededor, África del Sudoeste se estaba convirtiendo en Namibia. El aire era reluciente y brillante, como si una energía gigantesca hubiese sido liberada en algún lugar”.

A pesar de que Galgut recurre a un hilo narrativo no lineal para mantener la tensión de los lectores, lo cierto es que no consigue que las informaciones que va aportando sobre los protagonistas y la historia sean sorprendentes. De hecho, la mayor parte de ellas son completamente previsibles. Eso ni impide que el novelista demuestre una atractiva habilidad para describir las angustiosas atmósferas en las que se desarrolla la vida de Patrick. Las granjas de los blancos sudafricanos, el desierto de Namibia, los guetos de población negra comparten un clima tenso que ayuda a comprender algunos de los desvelos del protagonista. Y si la novela tiene una virtud es que los caracteres de los personajes no son absolutos. Todos ellos son contradictorios. Igual que lo son sus posicionamientos. Así es como nos ayuda especialmente a entender, los tiempos convulsos del final de una era llena de luces y sombras.

Estos AFROdisíacos culturales están transformando el sexo en África

Cada 6 de septiembre se celebra mundialmente el Día del Sexo, y por la combinación de la fecha (6/9), también se celebra el Día Mundial del Sexo Oral. Si bien según un estudio publicado por la Universidad de Baylor (Estados Unidos) el pasado 22 de agosto, la mayoría de africanos y africanas se muestran satisfechos con su vida sexual – el 18% la califica de 10-; en la mayor parte del continente, la demostración pública de afecto no es demasiado común y la sexualidad sigue siendo un tema tabú. Sin embargo, cuando uno observa los bailes, tanto tradicionales como modernos, que emergen de África, parecería que la sensualidad y el erotismo impregnan cualquier estilo. No para todos. Género y sexualidad van de la mano y siguen representando relaciones de poder y dominación que en África son ambiguas y representan una complejidad extra a la hora de ser analizadas.

JOHANNESBURG, SOUTH AFRICA - JUNE 16: A Soweto youth holds a free condom he received at a HIV/AIDS awareness event held by the non-profit Population Services International (PSI), ahead of a World Cup game on June 16, 2010 in Soweto, Johannesburg, South Africa. South Africa has the highest number of people living with HIV in the world, where almost one-third of women between the ages of 25-29 are HIV positive. (Photo by John Moore/Getty Images)

Fotografía de John Moore/Getty Images.

El pasado mes de febrero, la Kenya Film and Classification Board (KFCB), institución del gobierno keniano encargada de regular la creación, difusión, posesión, distribución y exhibición de películas en el país, prohibió un videoclip del rapero keniano Art Attack, por considerarlo escandaloso e ilegal – los “actos homosexuales” pueden ser castigados con hasta 21 años de prisión en Kénia-. El remix de Same Love (una versión del tema de Macklemore & Ryan Lewis que avivó el debate sobre los derechos del colectivo LGTBQI en Estados Unidos en 2012), ha sido censurado por considerarse una suerte de afrodisíaco musical gay. En palabras del KFCB: “esto va en contra de nuestra cultura”. Algo muy similar a lo que sucedió con la película Stories of Our Lifes, una cinta que intentaba sensibilizar a los kenianos y kenianas acerca de la dura realidad que tienen que vivir los miembros de este colectivo a causa de la homofobia.

Las religiones cristiana y musulmana, así como otras creencias tradicionales, actúan en África de revulsivo contra una percepción natural de la sexualidad. Todo, reforzado por la legalidad de gobiernos oportunistas. Pero es la moral poscolonial conservadora de padres, profesores y hasta personal sanitario, en su afán de mantener el sexo entre sábanas, bajo llave y como un hecho meramente biológico y no social, lo que pone en riesgo, no solamente la libertad sexual, sino uno de los compromisos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible: garantizar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos.

Pero, como siempre, música o cine pueden servir como un potente antídoto, un poderoso AFROdisíaco para estimular el pensamiento crítico.

Para sensibilizar, educar, informar y animar a los jóvenes a hablar sobre sexualidad, nació en 2009 la serie televisiva Shuga. Fruto de la campaña Staying Alive de la cadena de televisión MTV junto a UNICEF o ONUSIDA, cerró su 4ª temporada a finales de 2015 con menos audiencia de la que empezó. Mientras la primera temporada fue grabada en Kénia – donde con la oscarizada Lupita Nyong’o se alcanzó al 60% de los jóvenes del país-, su traslado a Nigeria comprometió la crítica social que ejercía. Si bien el objetivo es que los jóvenes africanos (y anglófonos) adquieran conciencia de la necesidad del uso del preservativo, en los países donde los índices de VIH son más elevados, donde las niñas sufren una presión emocional o económica más fuerte o el derecho a las libertades sexuales está más comprometido, hay que ir con cautela si no se quiere sufrir un debacle en los índices de audiencia.

Sin embargo, el triunfo de Shuga, cuya banda sonora triunfa en las principales pistas de baile, es su capacidad para filtrarse en emisoras de radio o redes sociales que, exentas de la censura de progenitores capitaneando el mando a distancia de la televisión en casa – siempre y cuando los gobiernos lo permitan-, siguen abogando por la educación sexual como arma para garantizar la salud de los africanos y africanas más jóvenes.

Para la 5ª temporada, Shuga se traslada a Sudáfrica, refugio de los homosexuales del continente pero con una de las mayores prevalencias de VIH del mundo. Su directora general, Georgia Arnold, ya ha desvelado que uno de sus protagonistas va a ser homosexual. Sin lugar a dudas, un avance para los recovecos más oscuros de la clandestinidad sexual.

¿Podremos celebrar en un futuro un Día Mundial del Sexo sin exclusiones ni tabúes? Sin duda, harán falta más estimulantes de autocrítica como éstos.

Black Queers, Artivismo contra las etiquetas

black_queer_social_comes_to_johannesburgSi mirásemos un mapa de África solo aparece un país que reconoce las uniones entre personas del mismo sexo. Sudáfrica es, desde 2006, un ejemplo de igualdad y progreso. Sin embargo, que el estado reconozca dicha unión no supone que todo esté hecho y que el movimiento LGTBIQ (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales, Queer) esté de brazos cruzados.

Lo cierto es que la comunidad LGTBIQ sigue sufriendo una discriminación latente y que parece ir a más: intimidaciones, amenazas,  ridiculización y cualquier tipo de abuso siguen estando muy presentes. En este contexto la visibilización de estas minorías se hace más necesaria que nunca.

A través de diferentes corrientes artísticas, como la fotografía, la comunidad se ha hecho más visible y ha reivindicado su lugar en “el país del arcoíris”. El artivismo se ha convertido también en un arma para el movimiento black-queer que defiende la necesidad de acabar con las etiquetas que el heteropatriarcado ha asignado a cada grupo. Las grandes ciudades sudafricanas (con Ciudad del Cabo y Johannesburgo a la cabeza) son la cuna de la lucha para visibilizar la situación de aquellas personas que no se identifican con unas etiquetas opresivas y asimiladoras.

El pasado mes de Abril tuvo lugar el primer Black Queer Social Cape Town, un evento en el que se han creado los espacios necesarios para el diálogo del black-queer, que poco a poco se está convirtiendo, además, en uno de los diálogos post-apartheid más dinámicos. El BQS de Ciudad del Cabo tuvo tanto éxito que los organizadores decidieron repetirlo hace unos días en Johannesburgo no sin críticas por su exclusividad, ya que está dirigido únicamente a personas negras. Los organizadores se han excusado defendiendo la necesidad de hacer visible a un colectivo que no sólo por su orientación sexual, su género o su imagen, sino también por su color, está siendo excluido de su sociedad.

Para luchar contra toda esta discriminación y los estereotipos, para que el resto de la sociedad pueda ver que hay personas que son diferentes, que piensan diferente y defiende la necesidad de encontrarse en una comunidad que los excluye, los movimientos negro-queer han dado con el mejor medio de hacerse un hueco: las corrientes artísticas.

EL FUEGO SUDAFRICANO

Umlilo, que significa “fuego” en Xhosa, es un artista que lucha contra los estereotipos de género con una imagen que baila entre los masculino, lo femenino y lo andrógino. Umlilo dio el salto a la escena musical sudafricana en 2013 y la ha revolucionado, no sólo por su imagen, que ayuda a combatir la imagen estándar que la sociedad impone, sino también por sus discursos y su defensa de un mundo pan-sexual y andro-humano, donde nadie se sienta en la obligación de sentirse etiquetado.

Su gran éxito “Chain Gang” habla de un mundo cerrado, un ciclo de opresión donde lo primero es el dinero. En este mundo las personas no valen nada, pero menos cualquier persona LGTBIQ  y aún menos las personas negras.

PERFORMANCE NEGRO-QUEER

El universo de las performances está dominado por FAKA, un dúo formado por FelaGucci y Desire Marea que trabajan juntos para crear actuaciones que reflejen la enorme complejidad que supone ser negras y queer en Sudáfrica. Su principal instrumento son sus cuerpos a través de los cuales se enfrentan a su exclusión social y al género. “El género no existe” se ha convertido en su grito de guerra y contra él luchan a través de internet.

¿Pero por qué performance y no otro tipo de artivismo? El dúo hace uso de performances  por que obliga a mirar y a descubrir, forzando la confrontación, abriendo los ojos y aceptando que todas estas complejidades son reales, que existen. Su lucha del día a día es contra la raza, la clase, la sexualidad, el género y todo aquello que crea una diferencia social.

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FRUTAS A LA CALLE

Vusi Makatsi es quizás el artivista más joven de la escena negro-queer. Con sólo 22 años se ha hecho especialmente conocido por su página de Tumblr. Usa el arte digital como una forma de explorar la masculinidad y acabar con las convenciones sociales sobre el género. Además ha defendido la necesidad de recuperar el espacio público como el mejor escenario para ser visible.

flower-series-2-1170x879“Hemos llegado a un punto en el que la sociedad, el mundo, está hecho sólo para el cisgénero, pero lo coherente es que el mundo sea diverso, infinito, sin etiquetas”,  ha defendido el artista. Uno de sus últimos trabajos, BattyBoy, representa esa necesidad de reclamar lo público fotografiándose a sí mismo en diferentes escenarios donde la fruta aparece como un tema recurrente.

Esta nueva generación negro-queer se ha levantado contra una sociedad que pone barreras a la diversidad. Barreras que consiguen agrietar gracias a la música, la fotografía o los audiovisuales. Estos son los instrumentos con los que hacerse visibles y gritarle al mundo que la realidad es mucho más diversa.