El Oxímoron: danza contemporánea africana (II)

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En 1877, cuando se presentaba por primera vez el ballet El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky en el Teatro Bolshoi de Moscú, el continente africano aún era para Europa una tierra misteriosa y hostil que todos anhelaban conquistar por medio de la ocupación. Para la mayoría de los africanos, a su vez, ‘Europa’ no era más que un concepto vacío que se perdía en el aire al ser pronunciado, sin más. Pero para algunos enclaves del continente, el colonizador pronto se materializaría arrelando con toda su artillería más pesada, su arsenal cultural. Siglo y medio más tarde, las frenéticas y por poco esquizofrénicas transformaciones vividas en el seno de las sociedades africanas han dejado el aire impregnado de un halo corruptible. Flotante. Desesperada y necesariamente ecléctico.

La exuberante coreógrafa y bailarina johannesburguesa Dada Masilo es la viva imagen de la fusión entre diferentes culturas que se encuentran, en mayor o menor tensión, en un mismo escenario. Con 28 años, la que empezara en la famosa escuela Dance Factory se ha convertido en una de las figuras más importantes de la danza contemporánea de Sudáfrica. Artífice de una nueva estética; con la reinterpretación de obras clásicas occidentales como Romeo y Julieta de Shakespeare, o Carmen de Bizet, Dada Masilo ha llevado la experimentación de las técnicas de ballet clásico, las danzas populares, el flamenco o el vocabulario contemporáneo a romper estereotipos y a desafiar a públicos de casi todas partes del mundo.

Su destreza, rapidez, fuerza, pasión, su eclecticismo 100% sudafricano y sus no menos de seis horas diarias de trabajo le han proporcionado el premio Standard Bank a la mejor bailarina en 2008, y le han permitido llevar sus actuaciones a países como Tanzania, Mali, Madagascar, Mozambique, Países Bajos, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia, México o Israel.

Su Lago de los Cisnes es una obra muy divertida. Sorprendente. Apasionante. Eriza tantos bellos como voces críticas puede levantar. Y es que esta obra, por más que represente una extraordinaria reinterpretación de uno de los ballets más famosos del mundo, puede ser una auténtica pesadilla para los homófobos de los países africanos en los que la homosexualidad sigue siendo considerada un crimen. El Cisne Negro, Dada Masilo, burla las reglas y presenta una ácida interpretación colmada de elementos sexuales y sensuales. Haciendo un guiño a la homosexualidad de Tchaikovsky, Masilo incorpora en su obra bailarines masculinos con tutú. Con una narrativa que pretende ser tan trágica como cómica, el joven Siegfried le rompe el corazón a la protagonista por no corresponderle. Pero quizás, al espectador le choque más la paradoja de la reinterpretación, en el seno de la sociedad post-Apartheid, de una obra que ha sido blanca por naturaleza, por parte de una bailarina negra. Y para colmo, en un universo (el del ballet) donde los bailarines negros suelen brillar por su ausencia. Una provocación y una crítica poderosa, con un respeto profundo de la obra original, y sin caricaturas que lleven al absurdo.

Como la propia Dada afirma en el corto-documental realizado por la Escuela de Cine Digital Big Fish, su trabajo requiere estar abierta a la cultura popular, a los diferentes movimientos que la rodean, e intentar rehuir de las etiquetas que la puedan encorsetar en uno u otro estilos, para abrirse al mundo de forma natural y poder seguir creciendo.

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Gemma Solés i Coll
Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Sociedades Africanas y Desarrollo (UPF) y Master euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Le interesan la música, el activismo cultural, las ciudades africanas y el turismo sostenible. Coordina la sección de Música y Artes Escénicas y presenta y dirige el magacín radiofónico Wiriko en M21. Contacto: [email protected]
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