Nuestros George Floyd y nuestras Breonna Taylor

Por: María Lorenzo Marco

El pasado 25 de mayo, el mundo asistió a un nuevo y trágico episodio de brutalidad policial en los Estados Unidos, cuando George Floyd murió asfixiado en Minneapolis a manos de un agente de policía de la ciudad ante la impasividad de otros tres más. Su muerte, ha sido la gota que ha colmado el vaso esta vez y el país se ha sumido en una oleada de protestas para exigir justicia por la muerte de Floyd y denunciar una vez más la violencia sistémica del racismo en el país. Pero también, para reivindicar algo tan obvio como aparentemente invisible: que las vidas negras importan.

Las protestas se propagaron rápidamente e incluso llegaron a meter al actual presidente, Donald Trump, en el búnker de la Casa Blanca por primera vez en la historia. Este nuevo estallido de protesta social está considerado como la oleada de disturbios más intensa desde las iniciadas en Memphis en 1968 tras el asesinato de Martin Luther King Jr. No obstante, es una muestra más del hartazgo de una sociedad que no aguanta más la violencia policial ni la criminalización de la población afroamericana. Como Newark o Detroit en 1967, Los Ángeles en 1992 o Cincinnati en 2001, la ciudad de Minneapolis se ha convertido en el epicentro de una protesta de eco internacional, y el nombre de George Floyd ha sido añadido a una lista interminable de nombres de hombres y mujeres cuyas vidas han sido truncadas por culpa del racismo.

Ilustración de Ariel Sinha

Breonna Taylor recibió ocho disparos por parte de la policía en su domicilio de Louisville el pasado 13 de marzo, en el marco de una operación contra el narcotráfico a pesar de que en su domicilio no se encontraron restos de drogas. Por Breonna, por George y por las vidas negras, los manifestantes no se cansan de exigir justicia y gritar bien alto una de las consignas del movimiento Black Lives Matter: Say Their Names! (Decid sus nombres!).

¿Cómo ha respondido la industria musical?

Brianna Agyemang y Jamila Thomas, ambas ejecutivas de Atlantic Records, decidieron tras la muerte de Floyd que era necesario y urgente que la industria musical reflexionase sobre el racismo. Por este motivo, lanzaron el 31 de mayo el hashtag #TheShowMustBePaused con el objetivo de reivindicar la necesidad a las entidades musicales de proteger a las comunidades afroamericanas que tanto han enriquecido a la industria con sus aportaciones al panorama musical del país. De esta manera, grandes compañías del mundo de la música se sumaron a esta campaña suspendiendo sus actividades regulares y abriendo espacios para la música negra y la protesta. Spotify, por ejemplo, agregó una pista en silencio de 8 minutos y 46 segundos de duración (tiempo que tardó en morir asfixiado George Floyd). Apple Music, por su parte, emitió en sus transmisiones de radio una recopilación de lo mejor de la música negra. Siguiendo esta iniciativa, el 2 de junio se produjo un apagón cultural en redes sociales con la etiqueta #BlackOutTuesday que tenía como objetivo llamar a la acción para que las protestas no se vieran reducidas a solo unos hashtags y un apagón en redes de 24 horas de duración.

El cantante afroamericano Leon Bridges, adelantaba el lanzamiento de su single Sweeter previsto para ser lanzado con su nuevo álbum, pero que ha decidido sacar a la luz debido a los recientes acontecimientos. El single, que denuncia el racismo que él mismo ha vivido, narra la muerte de un hombre negro que ve cómo su alma abandona su cuerpo. Le acompaña con el saxofón el rapero Terrace Martin y la letra nos regala frases como “hoping for a life more sweeter, instead I’m just a story repeating” o “I thought we moved on from the darker days, did the words of the King disappear in the air like a butterfly?”.

El racismo no es algo nuevo, pero ¿qué ha cambiado respecto al pasado? Lo cierto es que las atrocidades fruto del racismo siguen teniendo dinámicas similares, pero la diferencia es que, ahora éstas se documentan en cantidades abundantes y se comparten con tan solo un click en nuestros teléfonos móviles. De esta manera, el mundo se hizo eco de estos acontecimientos y las protestas escaparon las fronteras estadounidenses y se repartieron por todo el mundo.

¿Y qué pasa con los negros de África?

La indignación recorrió África de norte a sur y de este a oeste, y los manifestantes se agolparon durante los días posteriores al asesinato de Floyd en frente de las embajadas estadounidenses hincando la rodilla y con el puño en alto. En el continente africano, estas protestas han calado con especial fuerza y las reivindicaciones se han aunado en muchos casos con la denuncia de la brutalidad policial contra las comunidades más pobres durante el confinamiento por la crisis sanitaria de la Covid-19.

En muchos países africanos, la brutalidad policial se ha cobrado más vidas que el propio virus. El presidente de la Comisión de la Unión Africana lanzó un comunicado denunciando “las prácticas discriminatorias hacia los ciudadanos negros en los Estados Unidos”. Y es que las vidas negras siempre han importado para África, sus gentes y las comunidades de la diáspora.

Ghana anunció el pasado 2019 el 400 aniversario del inicio de la trata transatlántica de esclavos y su presidente, declaró que ese año se convertía en el Año del Retorno invitando a la población africana de la diáspora a regresar al país. Esto se vio truncado en gran parte a la pandemia de coronavirus. Cuando se dio a conocer el asesinato de Floyd, su nombre fue incluido de forma permanente en el muro del Foro Africano de la Diáspora situado en Accra. Por otro lado, a principios de este mes, aparecía en el barrio chabolista de Kibera, en Nairobi (Kenia), un mural con el rostro de George Floyd acompañado de la palabra Haki, que significa justicia en kisuajili.

Un hombre masai salta frente a un mural dedicado a George Floyd en el slum nairobense de Kibera. Fotografía de Brian Inganga (ASSOCIATED PRESS)

Como ya contamos en Wiriko, el pasado 4 de junio, un centenar de escritores africanos —muchos de ellos de nombres muy reconocidos— firmaron una carta abierta en solidaridad con la comunidad afroamericana y los africanos y africanas de la diáspora, y condenaron sus asesinatos en manos de la policía. La carta recoge las palabras pronunciadas en 1964 por Malcom X cuando dijo que “para los veinte millones de los nuestros en América que somos de ascendencia africana, no se trata de un sueño americano: es una pesadilla americana”. Los autores de esta carta denunciaban que estas palabras seguían siendo ciertas para 37 millones de afroamericanos en 2020.

Reacciones en la Europa de las colonizaciones y la trata

Otro foco de suma importancia para la comunidad negra y afrodescendiente es sin duda el continente europeo. Esta importancia deriva de que Europa es el tercer vértice del triángulo iniciado con la trata. Es también el lugar de origen de las (ex)potencias coloniales y donde reside una parte muy importante de la diáspora africana. Siguiendo las olas de ira en Estados Unidos, se han sucedido diversas protestas en las principales ciudades del viejo continente como el caso de Madrid, Valencia o Barcelona el pasado 7 de junio.

Millones de personas participaron activamente en redes sociales para denunciar estos hechos. Y es que mientras las miradas españolas se escandalizaban con los sucesos en Estados Unidos, ¿es que no existen en nuestro continente casos diarios de racismo a los que no se les da el mismo bombo? Paradójicamente, hemos entrado en la dinámica de denunciar la violencia policial estadounidense mientras que ignoramos activa o pasivamente la violencia racista en nuestra casa.

La propia Angela Merkel condenó el racismo diciendo que “es algo horrible” mientras la Unión Europea lleva años criminalizando a las personas en movimiento que tratan de llegar al viejo continente, y años sin condenar activamente la violencia ejercida en nuestras fronteras o el racismo institucional en nuestros estados.

Coincidiendo con las protestas por Floyd, el caso de Adama Traoré, un joven de origen maliense que falleció en circunstancias sospechosas en 2016 en una estación policial de Persan (Francia), ha sido rescatado para exigir justicia y reparación en el país galo al grito de: Justice pour Adama! En el resto de Europa manifestantes han derribado estatuas de antiguos líderes o figuras racistas como el caso del rey Leopoldo II de Bélgica en Amberes (Bélgica). En 2017, Angela Davis ya dijo que “Europa ya no es blanca“. Esta ola de indignación no es más que la punta del iceberg del racismo institucional que se ceba con un grado alto de impunidad contra la comunidad afro en Europa, aunque claro está, por otro tipo de cuestiones.

En ciudades como Bruselas, Amberes y Gante las estatuas que conmemoran a un rey vinculado a la historia colonial de la República del Congo fueron atacadas. Leopoldo II fue responsable de millones de muertes en este país y dejó un legado de crueldad entre los congoleños.
YVES HERMAN / REUTERS

Mientras, en España…

En nuestro país, desde el inicio del confinamiento y el estado de alarma el pasado mes de marzo, se ha venido desarrollando la iniciativa #RegularizaciónYa. Ésta es un conglomerado de organizaciones antirracistas que se centran en denunciar, ahora más que nunca si cabe, la situación especialmente vulnerable de miles de migrantes en nuestro país que están siendo invisibilizados al no atenderse la situación de sus peticiones de asilo o papeles, y que, además, han sido excluidos también del Ingreso Mínimo Vital. Su exclusión también es un comportamiento racista, aunque sea tratado de una manera muy distinta al racismo que sufren las comunidades afroamericanas al otro lado del Atlántico.

Nuestro país cuenta con una lista larga de víctimas del racismo institucional, desde el asesinato de la dominicana Lucrecia Pérez en 1992, las muertes de la congoleña Samba Martine en 2011 o el guineano Idrissa Diallo en 2012 (fallecidos en el CIE de Aluche y el CIE de Zona Franca, respectivamente), o la del mantero senegalés Mame Mbaye fallecido en 2018 consecuencia de un paro cardio respiratorio después de una persecución policial en Madrid. CIEs, CETIs, redadas racistas, devoluciones en caliente, abusos policiales, desigualdades laborales y un largo etcétera de la consagración del racismo como institución en España.

Mural a Mame Mbaye en el barrio madrileño de Lavapiés. Fuente: Madrid No Frills.

Estas señales de racismo vienen siendo denunciadas por la comunidad negra y afrodescendiente desde hace años, a través del activismo político antirracista y la cultura que pone lo afro en el centro. Un ejemplo de esta lucha lo dan el colectivo Black Barcelona, un espacio para la visibilización y la unión de la comunidad negra y afrodescendiente en la capital catalana que tiene como objetivo el acercamiento de la cultura afro para transformar las relaciones sociales y romper con estereotipos racistas. Cabe mencionar también, al Festival Antirracista de Madrid organizado por SOS Racismo Madrid y cuya primera edición los pasados 7,8 y 9 de junio de 2019 llenó la ciudad con debates, conciertos y performances de personas racializadas siempre denunciando el racismo. También está el festival Conciencia Afro configurado en Madrid como un espacio abierto anualmente que tiene como protagonistas a la propia comunidad afro.

Como sociedad, nos llevamos las manos a la cabeza con los asesinatos de afroamericanos y la otra al corazón para decir Black Lives Matter. Y sí, por supuesto, las vidas negras importan. Todas ellas. Y el primer paso para valorar esas vidas, es aceptar y mirar que aquí también tenemos nuestros George Floyd y nuestras Minneapolis particulares.

 

*María Lorenzo Marco es una estudiante de Grado de Estudios Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha cursado un período de prácticas extracurriculares en Wiriko. 

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Wiriko
Wiriko nació en 2012 como asociación cultural para la divulgación y promoción de las artes y culturas africanas. Wiriko.org, su principal proyecto, es el primer Magacín 100% dedicado a las Artes y las Culturas Africanas del Sur del Sáhara en lengua castellana. Una ventana para dar a conocer las realidades culturales contemporáneas de África y una plataforma para acabar con su desconocimiento y estereotipos. Como herramienta colaborativa para la interconexión y la cooperación cultural, impulsa un África muy distinta a la de los cuatro jinetes del Apocalipsis (guerra, hambre, pobreza y destrucción), y fomenta una visión más realista de lo que se produce, a día de hoy, en el continente africano.
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