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Bobi Wine, ¿de músico a presidente de Uganda?

Tras su detención en dudosas circunstancias y la brutalidad policial sufrida durante su encarcelamiento el pasado mes de agosto, la viral reacción en redes sociales con el hashtag #FreeBobiWine lanzó masivamente a la juventud ugandesa a las calles de la capital, Kampala, para exigir la liberación del autodenominado “presidente del gueto”, Robert Kyagulanyi Ssentamu, más conocido hoy como Bobi Wine. Más de 80 políticos, activistas y artistas de todo el mundo, incluidos el Nobel de literatura nigeriano Wole Soyinka, el músico nigeriano Femi Kuti, el activista y candidato presidencial keniano Boniface Mwangi o el movimiento congoleño LUCHA, han mostrado ya su apoyo a Wine firmando una declaración de condena al ataque contra este músico y activista de 36 años, que podría convertirse en el próximo presidente de Uganda. 

A pesar de que su carrera musical saltó a la fama con canciones de amor y de baile, en 2017 Bobi Wine —originario de Kamwookya, un barrio popular de Kampala—, lanzó su canción Freedom, un auténtico grito de guerra contra el gobierno de Uganda y su presidente desde 1986, Yoweri Museveni —el tercer presidente africano que más tiempo lleva en el poder—. En julio del mismo año, Wine fue elegido para el Parlamento del país como independiente. Y así empezaría lo que para Museveni puede ser su definitivo obituario político, puesto que nunca antes había tenido una voz disidente tan influyente entre la juventud del país —que tiene la población más joven del mundo, con un 77% de ugandeses por debajo de los 30 años de edad—.

Sin embargo, el músico no lo tendrá fácil.

Desde mediados de agosto de 2018, Bobi Wine ha sufrido la persecución del gobierno ugandés, después de un presunto ataque al convoy del presidente Yoweri Museveni en un mitin electoral en Arua, donde apoyaban a candidatos opuestos. Los hechos provocaron que el músico fuera arrestado dos veces y torturado estando bajo custodia militar. Al poco, el conductor de Wine fue asesinado a tiros por las fuerzas ugandesas y 32 líderes de la oposición también han sido arrestados acusados de traición. Además, durante las manifestaciones para exigir la libertad de los presos políticos, las fuerzas policiales arrestaron a docenas de personas y dispersaron las concentraciones con gases lacrimógenos y balas. Asociaciones como Human Rights Watch o la Comisión de Derechos Humanos de Uganda ya han denunciado en varias ocasiones la vulneración de los derechos humanos en Uganda.

Tras el alcance de las campañas globales pro-Wine, el presidente Museveni se vio obligado a dejarlo salir del país para recibir tratamiento médico en Estados Unidos, donde ha hecho campaña para pedir a Trump que deje de financiar a Uganda —uno de sus aliados clave en África—. A la vez, su caso trascendió a Reino Unido y Europa. Pero decidió volver a su hogar y ha rehusado el asilo político, para seguir luchando desde suelo ugandés, donde se encuentran sus hijos.

Imagen de la CNN.

Este mes, Wine, quién aún necesita un bastón para andar después de las recurrentes palizas sufridas por la policía del presidente, junto a otros más de 30 acusados, tenía que ser juzgado por traición. De ser condenado, podría enfrentar la pena de muerte. Sin embargo, la Corte ugandesa ha aplazado la vista hasta el próximo 3 de diciembre, después de que los fiscales estatales solicitaran más tiempo para la investigación del caso.  

En esta entrevista en español para France24, Bobi Wine explica como ha pasado de ser uno de los músicos más famosos de Uganda a convertirse en un activista decidido a hacer realidad la tan anhelada regeneración política de Uganda. 

Ouaga Girls: el motor de Burkina Faso

*Artículo original publicado en el blog de El PaísÁfrica no es un país.

Hay muchas formas de mostrar las calles aterciopeladas de humo de motocicleta en Uagadugú, la capital de Burkina Faso. Pero la que eligió la realizadora nacida en Suecia y criada en el país africano Theresa Traore Dahlberg podría ser perfectamente la de alguna reconocida marca de coches. Cámara lenta, cuerpos esbeltos, vestuario que golpea desacompasadamente la paleta de colores, un cielo gris pastel, y la guinda: una cuidada banda sonora de afrofunk por Richard Seydou Traoré. Sí. Los primeros dos minutos del documental Ouaga Girls simbolizan lo que en Wiriko ponemos tantas veces de manifiesto: que las sociedades africanas están en movimiento y son creativas. Y su directora lo grita a los cuatro vientos mostrando una visión transversal de la vida de varias jóvenes que se enfrentan a la inevitable y difícil transición universal de la adolescencia a la vida adulta en este país de África occidental.

La película se desarrolla en Burkina Faso (La tierra de los hombres íntegros) justo después de la caída del régimen de Blasie Campoaré, tras 27 años en el poder. Un contexto social y político que se desvela sutilmente a través de conversaciones de radio, vallas publicitarias, conversaciones telefónicas y otros momentos transitorios. Ellas sienten la brisa de la renovación en el país, pero para las mujeres no hay entusiasmo en las elecciones gubernamentales de finales de 2014. La vida continúa para las chicas con una silenciosa resignación que en esencia no cambiará nada. Es más, a pesar de que la escuela de Formación Profesional fue establecida como parte del proyecto de desarrollo social implementado por Thomas Sankara, ellas no tienen ningún tipo de confianza en el nuevo Gobierno que salga de los comicios. Una agridulce sensación (el 52% de los jóvenes están desempleados) que se adereza con las imágenes de un concierto del activista y cantante Smokey; la música como válvula de escape. Y el puño en alto.

Llama la atención que esta historia se desarrolla entre martillos, llaves inglesas y motores oxidados. Pero este documental de 83 minutos –y presentado recientemente en el DOCS Barcelona– va más allá de un trabajo sobre los roles tradicionales, más bien muestra a un grupo de chicas que se encuentra en su último año en una escuela de Formación Profesional esperando salir al mercado laboral en un sector ampliamente reservado a los hombres.

– Papá, aunque soy chica, me quiero dedicar a la mecánica de coches, aquí, en Burkina Faso.

Una barrera de género que no las disuadirá en su empeño por acabar los estudios, aunque para ello tengan que hacer malabares para sobrevivir en sus sombrías situaciones económicas. He aquí un trabajo fílmico que enfatiza la libertad de las protagonistas, incluso en medio de la incertidumbre.

Para leer el artículo completo, puedes hacerlo en la página de África no es un país.

“Las ambiciones están destruyendo mucho de lo poco logrado en África”

A pesar de haberse dedicado a la música durante toda su infancia y adolescencia acompañando a su madre (Aminata Diakité) en los coros en bodas y bautizos, la carrera internacional de la maliense Oumou Sangaré no explosionó hasta que tenía 20 años. Lo hizo de forma abrumadora en 1989 con su álbum debut Moussolou [Mujeres], que abogaba contundentemente por sus derechos. Desde esa primera declaración de intenciones en forma de disco ya criticaba los matrimonios infantiles o la poligamia, que había conocido de primera mano a través de la experiencia de sus padres. Su voz se convirtió pronto en una de las más aclamadas de África occidental.

Casi tres décadas más tarde, Sangaré ha cosechado éxitos en todo el planeta y es una de las figuras más potentes del panorama sonoro africano. La diva maliense, que llega sube mañana a los escenarios del Primavera Sound de Barcelona, cuenta los entresijos de su último álbum y desvela por qué sigue siendo un icono y un símbolo de la fortaleza y la lucha incesante de la mujer africana.
“Por todas las dificultades añadidas que experimentan las africanas, tiene más mérito cada una de sus historias de superación. Necesitamos visualizarlo, y hablar de ello para darlo a conocer y luchar contra esa realidad”, dice Sangaré cuando se le pregunta acerca de pandemias socioculturales que afectan a Malí relacionadas con la violación de los derechos de las mujeres —por ejemplo, la mutilación genital femenina, practicada a cerca del 90% de las malienses, según la Organización Mundial de la Salud—. Sin embargo, la artista, de 50 años, se niega a quedarse solo con las narrativas que se centran en lo negativo. “Poco a poco vemos mujeres que acceden a puestos de poder y que empiezan a ser escuchadas. La verdadera revolución comienza en cada una de sus casas, han de saber que no están solas y que las cosas están cambiando”, contesta durante una entrevista realizada por correo electrónico en abril.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Retratos que captan el activismo LGTBI en Sudáfrica

LiTer II. Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI
LiTer II. Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Desde la llegada de la democracia, Sudáfrica es conocido precisamente como “el país del arcoíris” por la convivencia entre diferentes grupos étnicos y lingüísticos que conviven en el territorio dentro de una relativa paz social. Si la comparamos con otros países de África o incluso con otros países del mundo, la Constitución sudafricana de 1996 puede presumir de ser una de las más progresistas en aspectos esenciales para la recomposición de un país golpeado durante siglos y décadas, incluidas las disposiciones de la no discriminación por razón de orientación sexual. Los años siguientes a la llegada de la democracia, la comunidad LGTBI (Lesbiana, Gay, Transgénero, Bisexual e Intersexual) logró ganar importantes batallas como la derogación de la ley de la sodomía, más derechos en adopción, en asistencia médica, en asuntos migratorios, relativas al cambio de sexo, la herencia y el reconocimiento del matrimonio, entre otros. Pero ¿significa que en Sudáfrica no existe discriminación hacia el colectivo LGTBI? Nada más lejos de la realidad.

En una entrevista para Wiriko, la investigadora Nomancotsho Pakade de la organización sudafricana GALA, nos cuenta que las experiencias de esta comunidad han estado caracterizadas por la discriminación y la violencia a pesar de los esfuerzos de organizaciones, colectivos y ONG’s que siguen luchando para erradicarlas. Según la investigadora, el gobierno del ANC ha sido efectivo a la hora de legislar y crear comisiones que trabajan por la igualdad de género y la no discriminación, pero no ha sido hasta el 2011 cuando se ha creado un programa específico que busca acabar con la discriminación por orientación sexual. A pesar de ello, una cosa es el papel y otra la realidad. La homofobia, la violencia de género y la xenofobia son consecuencias de la desigualdad social y no pueden ser abordadas solamente desde el punto de vista legal, sin cambios significativos en la vida de la población más pobre, así como de otros grupos discriminados, nos asegura Pakade.

El asunto tampoco puede ser abordado de forma de forma aislada, sin tener en cuenta factores transversales como el sexo, la clase social y la etnia. Las lesbianas negras (sobre todo aquellas que tienen una estética más masculina, denominadas “butch”) y los hombres trans-género que viven en los barrios marginales y en las zonas rurales, son los miembros más vulnerables de la comunidad LGTBI, al transgredir las normas de género establecidas y vivir en un entorno social con difícil acceso a la educación, como afirma un informe de Human Rights Watch Sudáfrica.

La violencia contra estos colectivos concretos se da claramente en un contexto patriarcal y de violencia de género muy arraigada y presente en la sociedad sudafricana, donde los feminicidios y violaciones tienen lugar habitualmente. Según HRW aproximadamente una de cada tres mujeres será violada a lo largo de su vida, incluida la etapa escolar. Esto sitúa a Sudáfrica como el país —sin guerra— con más alto índice de violaciones y asaltos sexuales.

Las llamadas “violaciones correctivas” (violaciones a las mujeres lesbianas para “corregir” su orientación sexual) son la cara más visible y más grave de esta violencia hacia las lesbianas negras sudafricanas. Otras son el abuso verbal, la ridiculización, la amenaza y la intimidación que sufre el colectivo en general.

Y es que al argumento de varios sectores e instituciones más conservadores (a nivel global, no sólo en África) de la anti-naturalidad de la homosexualidad, se le suma el argumento generalizado de que es importada de Occidente y que no es “auténticamente africana”. Este mensaje consigue calar en una gran parte de la población, sobre todo a aquella que tiene menos acceso a una educación que puede ser básica en la lucha contra los prejuicios.

En este proceso educativo, la organización GALA promueve metodologías alternativas para sensibilizar y atraer a comunidades y líderes a la participación, como el arte. NomancotshoPakade nos cuenta que existen además varias organizaciones sudafricanas que actúan en esta misma línea, como Iranti, Inkanyiso o Advocacy Media Print (AMP), codo con codo con organizaciones políticas y sociales. Y también artistas que trabajan desde varios campos del arte como la obra de teatro I Stand Corrected de Adebayo y Nyamza, la película Simon and I de Ditsie o la activista visual Zanele Muholi, una de las fotógrafas referentes en el país.

Arte y activismo: la fotografía para mostrar realidades 

Katlego Mashiloane and Nosipho Lavuta, 2007, ('Being'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Katlego Mashiloane and Nosipho Lavuta, 2007, (‘Being’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

No podemos hablar de activismo visual en torno al colectivo LGTBI en Sudáfrica sin referirnos a Zanele Muholi, una de las referencias más importantes en fotografía y en activismo desde un punto de vista artístico, académico y de organización colectiva. Muholi, cuyo trabajo ha sido reconocido con numerosos premios internacionales, nació en Durban hace 41 años y es mujer, negra y lesbiana, lo que le dota de conocimiento de causa a la hora de retratar a sus “participantes” —en palabras de Muholi—. En 2003 terminó su formación en la escuela de fotografía Market Photo Workshop de Newtown, Johannesburgo y en 2009 su máster en Bellas Artes y documental en Canadá. En una entrevista publicada hace unos meses en África no es un País , Muholi afirmaba:  “Soy ante todo y primero de todo, una activista que con mi cámara consigo más visibilidad para la lucha contra la discriminación”. Para ella, la fotografía no es el fin en sí mismo, sino la herramienta que utiliza para mostrar y exponer su causa. Su cámara logra plasmar y visibilizar algo que es aún tabú para muchas capas de la sociedad sudafricana.

Dikeledi Sibanda, 2007 ('Faces and Phases'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Dikeledi Sibanda, 2007 (‘Faces and Phases’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Of Love & Loss (2014) es el resultado de un trabajo de documentación de bodas y funerales (por los asesinatos de mujeres cometidos por crímenes de odio) de la comunidad LGTBI durante 2013. Felicidad y dolor mostrado a través de fotografías, vídeos e instalaciones y un trabajo autobiográfico e íntimo que contrapone la dureza de la situación que viven sobre todo las lesbianas negras. En Mo(u)rning (2012) (que juega con los términos mourn que significa “luto” y morning que significa “mañana”) vuelve a aparecer la contraposición de la muerte por una parte y el ciclo de la vida de la mañana que llega después de la noche, por otra. Being (2007), Faces and Phases (2009), Indawo Yami (2010), Inkanyiso (2011) son series basadas en retratos que conmemoran y celebran la vida del colectivo LGTBI y los retos de la percepción pública de la identidad de género, así como las implicaciones de ser negra y queer en la sociedad sudafricana.

Aunque su activismo no se queda sólo en la fotografía. Es la fundadora de la organización Inkanyiso, un lugar en el que poetas, escritoras, artistas y las propias protagonistas de sus fotografías tienen un espacio para expresarse. También participa activamente en colectivos y organizaciones que luchan por los derechos de la comunidad LGTBI.

 

 

Oupa Kuhlahle, 2009 ('Country Girls'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

Oupa Kuhlahle, 2009 (‘Country Girls’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

Sabelo Mlangeni, nacido en la región sudafricana de Mpumalanga en 1980, se graduó en 2004 también en el Market Photo Workshop de Newtown. Su obra se caracteriza por la utilización del blanco y negro lo que le da más protagonismo a las personas. Según el fotógrafo la historia es una parte importante de su obra, teniendo en cuenta que este en 2014 se celebran los escasos veinte años del fin del apartheid lo cual imprime fuertes marcas en la sociedad de la que proviene. Su obra toca varios temas, pero si nos centramos en la parte en la que trabaja con la comunidad LGBTI, lo enfoca dos perspectivas: la vida en el campo y en la ciudad.

East Rand Girls, 2011. ('Black Men in Dress'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

East Rand Girls, 2011. (‘Black Men in Dress’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

En Country Girls (2003) el artista capta la vida de los homosexuales en el entorno rural y el glamour de los drag queens: “En aquel entonces las parejas homosexuales no se les permitía casarse oficialmente, pero en los pueblos pequeños y las zonas rurales que ya sucedía. Decidí seguir estos acontecimientos y traté de capturar los avances en su situación. Es por eso que este proyecto tomó varios años” afirma Mlangeni. En Black Men in Dress vuelve a la ciudad componiendo una serie de retratos del encuentro celebrado anualmente, el Día del Orgullo Gay en Soweto y Johanesburgo: “En la mayoría de las comunidades tenemos lo que se llama “uSis’bhuti”. Este es un término usado para describir a un niño que se comporta como una niña. ¿Por qué entonces odiamos a estos chicos cuando han crecido y se visten como mujeres? ¿Por qué nos giramos y les insultamos, haciendo como que nunca les hemos visto? Estas son algunas de las cuestiones que trato de poner en primer plano en esta serie” cuenta el artista.

 

Untitled, 1987 – 1988. Cortesía de Autograph ABP / ROTIMI FANI-KAYODE

Untitled, 1987 – 1988. Cortesía de Autograph ABP / ROTIMI FANI-KAYODE

Pero si apartamos en foco de Sudáfrica y echamos un vistazo al panorama artístico del continente, son varios los nombres que suenan y que tienen o han tenido la atención puesta en esta cuestión. Es interesante rescatar el trabajo del nigeriano Rotimi Fani-Kayode (1955), fallecido en 1989 y uno de los pioneros del retrato gay en el continente. Su discurso rompedor estuvo presente a lo largo de su carrera, lo que hizo que hasta 25 años después de su muerte no se haya expuesto en todo el continente la retrospectiva de su obra. “Traces of Ecstasy” expuesta hasta el 18 de junio en la Galería Nacional Iziko de Ciudad del Cabo, ha sido organizada y presentada por Autograph ABP. Otros artistas que suenan en este campo son el nigeriano Andrew Esiebo o el keniano Jim Chuchu. 

La potencia de la fotografía en la lucha contra la discriminación y los prejuicios queda claramente de manifiesta cuando se dan casos como la reciente censura por parte del gobierno senegalés de una exposición en torno esto en la pasada edición del Dak’Art, cediendo así a presiones de los sectores más conservadores. Sin duda una muestra del trabajo que queda por hacer a todos los niveles y desde varios sectores de la población. En este arduo camino, los trabajos de visibilización, normalización y sensibilización a través de arte son elementos esenciales en la lucha contra la discriminación y la violencia contra las comunidades LGTBI.

Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) el 16 de junio de 2014. 

Herramientas para el éxito de directores de Nollywood

Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko

Nadia Denton, especialista en el desarrollo de audiencias. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko

“La parafernalia de hoteles y ruedas de prensa para medios que son afines, si pagas publicidad, no es necesaria. Por eso tenemos bajos presupuestos en Nollywood”. Rotundo y sin apartar la vista de los diferentes responsables de las plataformas de vídeo bajo demanda, respondía el director y escritor nigeriano Mahmood Ali-Balogun. La jornada de profesionales de la segunda Nollywood Week prometía por la variedad de propuestas que traían los organizadores a pesar del retraso de casi una hora y media. Hoy el centro de París amanecía colapsado por la ceremonia de conmemoración de los 70 años del desembarco de Normandía con visita de Putin y Obama, entre otros, incluída. Así que el desayuno con sabor africano amenizado por las delicatesen del resaturante African Kitchen se eternizaba en la cafetería del cine Arlequín con apuntes de historia.

Este año el foco se ha centrado en tres diferentes áreas: producción, distribución y financiación en la era digital. Y el hielo lo rompía Nadia Denton, especialista en el desarrollo de las diferentes audiencias, desgranando el contenido de su próximo libro que verá la luz después del verano y que se titulará algo así como “Guía de éxito para directores nigerianos”. La autora también de The black british filmmaker’s guide to success: finance, market and distribute your work, reconocía que “la fórmula del cine de autor muy al gusto de los festivales y los cinéfilos, no termina de encajar en la cultura nigeriana por lo que el modelo de Nollywood debe ser otro”. Más en la línea hollywodiense, se entiende…

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Imagen durante las jornadas profesionales. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko

Sin embargo, el esencialismo cultural tiene barreras que la propia creatividad desborda cada día. Todo esto sumado a un esquema de guión apuntalado bajo el símbolo del dólar que no deja de adulterar la capacidad de los públicos. Por eso Godard sonrojaba a las escuelas de guión al plantear una narrativa que interpelara al espectador sin tregua para la adivinanza. El senegalés Mambéty ya lo hizo también al amagar en alguna esquina de Dakar el consabido esquema presentación-nudo-desenlace…

La compañía Angénieux presentó su nueva lente híper-luminosa, híper-ligera e híper adaptable a cualquier dispositivo de vídeo y foto. Las empresas que trabajan en la espiral de crear nuevas herramientas para los que hacen cine saben que lo digital es la solución a los quebraderos de bolsillo de los productores. Pero claro, la lente es también híper-cara y no apta para todos los públicos. El precio de salida, según los requisitos del comprador, comienza en 18.000€, prácticamente el presupuesto de una película realizada en Nollywood.

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Imagen durante las jornadas profesionales. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko

Otra de las novedades que se han presentado hoy ha sido Melusyn: una nueva plataforma para compartir y sincronizar los equipos de producción para optimizar un buen plan de rodaje. Pero el pilar del encuentro llegaría a continuación. Se hablaba de dinero bajo el modelo del low-cost, de cómo canalizar sinergias en el sector audivisual herido tras la crisis económica y sistémica mundial, y de los desafíos en el sistema de Nollywood.

La crispación y el buenentendimiento del respetable prendió cuando alguien del público preguntó: ¿Y qué pasa con los derechos de los directores? Hoy era el día para el banquillo de unos y el púlpito de otros. La distribución de los trabajos realizados por directores africanos ha variado en la forma: antes todo el proceso de edición, posproducción, distribución y exhibición se centralizaba en las antiguas metrópolis (también en EE.UU. y Canadá), y ahora el proceso queda en casa. La localización ha cambiado pero el capital circula en manos de unos pocos; ahora con otro color de piel. Por eso que de cierta forma se le recriminaba a iROKO y a la directora de la plataforma de vídeo bajo demanda Nollywoodtv.fr, presente en la sala, que estuvieran teniendo tanto éxito pero que éste no fuera equitativo con los creadores.

De hecho, esta plataforma además de consolidarse como espacio de encuentro virtual para la diáspora nigeriana de Francia se afianza también en Costa de Marfil y Camerún. Los márgenes de beneficio son meridianamente claros e invitan a la reflexión: en el caso del contrato con la plataforma Nollywoodtv.fr los directores ceden todos los derechos de las películas durante 5 años por unos 10.000€. Y el apunte inteligente de Enrico Chiesa, responsable del portal Africafilms.tv, matizaba: los contratos son explícitos y no hay duda para la queja. Aunque las condiciones, evidentemente, podrían ser otras.

 

Shishani, una namibia con proyección internacional

Shishani - By Frank Kouws 2013

Shishani, que en la lengua Oshiwambo significa ‘corona’, es una joven artista de veinticinco años con un pie en Europa y otro en África. Hija de un padre belga fanático de la música y de madre namibia, nació y pasó su primera infancia en Windhoek, capital con la que mantiene una estrecha relación. Aunque la cuna de su talento hasta día de hoy ha sido Holanda, ha actuado en los Premios de la Música de Namibia, The Last Band Standing Competition de Namibia, en el Windhoek Jazz Festival, en la reciente edición del Tafel Lager Namrock Festival, en el Festival Lake of Stars de Malawi, el Festival CLAE de Luxemburgo o el Festival Technopolis de Grecia. Compartiendo escenario con cantantes de la talla de la sudafricana Lira, Shishani va a dar mucho de que hablar durante el 2014 y por eso hemos querido hablar con ella antes del estreno su primer LP, ‘Shishani’, que tiene previsto su lanzamiento para Marzo de 2014.

“Soy una artista/activista” nos dice la joven cantante en una entrevista en exclusiva para WIRIKO. “En la música, junto a mis expresiones personales intento dar fuerza a temas sociales”. “Los últimos 3 años he estado activa en la creación y organización de plataformas transversales para artistas tanto en Amsterdam como en Windhoek” afirma la cantante refiriéndose a su afiliación a Out-Right Namibia, una organización sin ánimo de lucro que lucha contra la homofobia en Namibia y donde es miembro honorífico. “Mi objetivo es conectar el arte con la verdadera acción hacia la comunidad” reconoce la que combina la música con estudios de Antropología Cultural.

Su tema “Minority”, dedicado a la minoría de LGBTI (gais, lesbianas, bisexuales y transexuales), clama por la libertad y la igualdad de los derechos de este colectivo. Shishani se lamenta de que en Namibia, como en muchos otros países de África, la homosexualidad sea tratada como un crimen. Pero con ‘Minority’ también clama al anti-racismo y el anti-clasismo. Una sabrosa perla en formato acústico que ha sido nominada dos veces en los Namibian Annual Music Awards (NAMA’s). Primero como mejor single (2012), después como mejor videoclip (2013).

“Comencé a cantar a los 17 años” confiesa Shishani Vranckx. “La primera banda a la que me uní era una banda de versiones. Después canté en una banda de R&B llamada “Brown Sugar”. También he colaborado con otros músicos como el guitarrista Koron, con quien he escrito, grabado y tocado música por toda Europa durante cinco años como Koron & Shishani. También he participado como vocalista con diferentes bandas como el Amsterdam Jazz Collective o con los DJ’s Kenny Large y Pat Bedeau“.”Pero no fue hasta 2011 que despegó mi carrera en solitario después de actuar en los Namibian Annual Music Awards” nos dice la artista afropea.

En cuanto a su identidad, Shishani dice “abrazo tanto mi parte africana como mi patrimonio europeo, ya que ambos me hacen quien soy. Sin embargo, siento una fuerte conexión con Namibia desde que nací. Namibia es mi nido. Fue aquí donde conseguí mis primeras impresiones de la vida. Siempre la he llevado conmigo. Es increíble la fuerza con la que las experiencias e impresiones que vives durante la niñez puede tener en las personas, y cómo eso te acompaña dondequiera que vayas” afirma la cantante. “Cuando estoy en Namibia, siento una conexión más fuerte con la tierra y eso inspira gran parte de mi música”.

Con el debut de su carrera en solitario, la cantante sacó a la luz su primer trabajo, the Windhoek EP, grabado junto a Cristiano Polloni en Windhoek. Con perlas como Raining Words o la adaptación del hit “New York” de Alicia Keys en un “Windhoek” grabado en la capital namibia, Shishani dejó aflorar su lado más acústico, indie y soulful.

“La vida es lo que me inspira . Mi música es acerca de lo que experimento, veo y escucho. Musicalmente, crecí escuchando sobre todo música afro- americana. Soul, RnB, Hip hop y algo de jazz. Más tarde llegué a cantautores como Tracy Chapman,  el Reggae y la música rock. Desde casa me alimenté con cuchara de música clásica europea. Y creo que lo que hago es una mezcla de todas esas cosas juntas, con mi principal raíz en el Soul” confiesa Shishani.

Dirigida a un público mayoritariamente internacional, Shishani confiesa su entusiasmo en poder tener un pie a cada lado del estrecho. “Es hermoso que la gente pueda conectarse a la música sin importar de dónde viene”. Aunque reconoce que Namibia es el país que mejor ha acogido su música desde el principio. “He tenido un gran apoyo en Namibia, desde allí siempre me han animado a trabajar más duro y llegar a un público internacional”, dice. “Pero debo reconocer que mi punto de vista siempre ha sido internacional porque me crié entre dos continentes y siempre he tenido la suerte de poder viajar mucho”.

No se declara muy devota de ciertos estilos que circulan hoy en día por el mercado internacional. Aunque algunos de ellos también han dejado huella en sus canciones. “Creo que toda la música superficial y comercial que encontramos hoy en día acabará las pilas en algún momento” nos dice criticando las tendencias mainstream. “El Soul es mi principal influencia”, afirma, “pero creo que más que con la marca “afro”, se me tiene que entender desde el eclecticismo”.

Shishani también se pronuncia ante la premisa ‘África es el futuro’ y arremete contra aquellos que ven el futuro de África en términos economiscistas relativos al aprovechamiento de los recursos minerales. Clama desesperadamente que en África no todo va sobre recursos naturales, y que hay que dejarla de ver como un pozo para que los países más desarrollados puedan usurpar sus riquezas. Por ello, cree que “lo de África es el futuro puede ser engañoso. África es el presente” dice. “Ha habido siempre tanta belleza y talento sin reconocer, que es imprescindible que la historia nos de la razón”, por eso, dice, la mirada africana está postrada en la esperanza de que un día todo eso va a ser reconocido, y que ese día, ya ha empezado. “En África se dio a luz la humanidad, así que es nuestra raíz. Pero por supuesto que también es el futuro, porque la gente finalmente va a reconocer cuanta creatividad y sabiduría hay en el continente”.

Aunque su carrera hace relativamente poco que ha empezado, su próximo LP se espera con mucho entusiasmo, tanto desde Namibia como desde algunos sectores europeos, que ven en Shishani una de esas voces comparables a las nigerianas Nneka o Asa. A pesar de todo, la voz crítica de Shishani le mantiene alejada de los peces gordos de las discográficas. “Creo que el mayor reto como artista es seguir siendo tú mismo artísticamente, mantener toda tu libertad artística y ser el propietario de los derechos de tu propia música. Cuando uno quiere ser “grande” a veces tiene que renunciar a todo esto. Si eres un artista independiente lo tienes más difícil a nivel de ventas. Pero definitivamente, este es el camino que me gustaría recorrer”.

 

 

 

 

 

Unity Dow, escritora, juez y voz activista de Botswana

La figura de Unity Dow es, como mínimo, curiosa y atractiva, además de que hay quién la coloca como una de las autoras africanas más destacadas del actual milenio. Su biografía está llena de hitos sin precedentes y a medida que se van conociendo datos se erige ante nosotros una mujer singular y poderosa que choca con la imagen discreta que transmiten sus fotografías.

Unity Dow. Fuente: Wikimedia - Pop Tech

Unity Dow. Fuente: Wikimedia – Pop Tech

Unity Dow es la primera mujer que ha llegado a convertirse en magistrada del Tribunal Supremo de Botswana. Desde esa posición de fuerza que a juzgar por su propia historia se ha ido construyendo contra todo pronóstico, Dow se ha convertido en una de las activistas por los derechos de los desfavorecidos más destacadas del país. Durante los años ha demostrado ser una firme defensora de los derechos de las mujeres, de los niños y de las comunidades indígenas. Todo desde una posición novedosa y constructiva. En los artículos que hablan sobre esta singular escritora se repite algunos conceptos representativos. El primero de ellos es su apuesta por “repensar” África. El segundo, hace referencia a una perspectiva que mezcla magistralmente la tradición y los nuevos vientos.

Hay quien atribuye esa capacidad para conjugar dimensiones que a menudo parecen enfrentadas a su propia historia de vida. El hecho de que Dow hubiese crecido en un entorno rural y en que creciese junto a una madre que no hablaba inglés, aparece como una de las circunstancias que marcó su formación personal. Junto a esta, su experiencia de formación en una universidad escocesa, parece otro de los ingredientes fundamentales de ese coctel de tradición y modernidad. En contra de lo que se puede pensar esa perspectiva que se atribuye a la jueza no es simple pose o alabanza retórica vacía.

Dow fue miembro del tribunal que en el año 2006 restituyó a un grupo de bosquimanos y san sus tierras ancestrales liquidando el que se considera el proceso judicial más largo y costoso de la historia de Botswana. Los magistrados obligaban al Estado a reconocer las relaciones especiales que determinados grupos étnicos mantienen tradicionalmente con sus tierras y en virtud de esos vínculos exigían la restitución de unas tierras de las que habían sido expulsados en 2002 para crear una reserva natural. Menos sonados han sido otros procesos en los que también se ha visto implicada esta jueza-activista-escritora y que hacen referencia, por ejemplo, a la transmisión de la nacionalidad por vía materna, en este caso como abogada, antes de convertirse en juez, y el reconocimiento de otros derechos tanto de las mujeres como de los niños.

Parece inevitable en una mujer con semejantes convicciones y semejante disposición a la implicación que sus inquietudes no contagiasen su escritura. Dow es autora de cinco obras. La última de ellas, la más reciente, Saturday is for funerals, que firma a cuatro manos con el investigador Max Essex es la única que se inscribe en el género de no ficción.

unitydowfarandbeyonSu primera novela, Fan and Beyon’, aborda de manera frontal esa dualidad que la autora convierte en virtud y que para muchos occidentales representa una incompatibilidad radical. Los protagonistas de Fan and Beyon’, son dos niños que se enfrentan a la casi esquizofrénica situación de vivir en dos realidades paralelas: la de las costumbres occidentales que se les imponen en el colegio y las de la forma de vida tradicional que adoptan en casa. Así desde la visión limpia, pero nada inocente, de esos niños se ponen de manifiesto las contradicciones cotidianas que puede parecer insignificantes pero que van construyendo poco a poco la muralla que aleja ambos mundo, desde la forma de hablar hasta las relaciones con el que en casa es como un hermano, pero en el colegio apenas un primo lejano. Por otro lado, la realidad de los protagonistas pone de manifiesto la falta de voluntad por entender la forma de vida tradicional por parte de aquellos que exportan (y tratan de imponer como naturales e inevitables) los usos occidentales e incluso se adentra en el espinoso tema de la explotación y la falta de derechos de las mujeres, en unos casos en el ámbito de las costumbres tradicionales, pero en otros a partir de la forma de vida occidental. Fan and Beyon’ es una denuncia, sin duda, pero también una llamada de atención e, incluso, una reflexión dirigida a los compatriotas de la autora.

unitydowscreaming-of-the-innocentSu segunda novela, probablemente la que le dio el espaldarazo definitivo es igualmente arriesgada, quizá incluso más. Screaming of the Innocent es, de alguna manera un canto a la atrocidad humana y una denuncia de la hipocresía social, a la vez que no tiene reparo en sacar los colores al sistema y la burocracia por su trato discriminatorio, por su juego de privilegios y favores que se convierten en una apisonadora de ciudadanos. En realidad, el tema de la novela, no es otro que un asesinato ritual. Sin embargo, no es tanto las sistema de vida tradicional lo que peor parado sale de esta bofetada de realidad, aunque también un poco. La víctima de esta feroz denuncia de Dow es más bien la avaricia de los hombres capaces de cometer estas atrocidad por un beneficio propio, la falsedad de intentar justificarlas en las creencias o las costumbres tradicionales y la hipocresía de una sociedad que prefiere quedarse en las apariencias cuando éstas son más agradables que la cruda realidad. Dow no tiene ningún inconveniente en poner de manifiesto cómo las instituciones favorecen a los “hombres de  provecho” a los “prohombres de la comunidad” si eso les resulta beneficioso, sean cuales sean los crímenes que deben ocultar debajo de la alfombra.

unitydowSaturdayIsForFuneralsLa última de las obras de Dow, Saturday is for funerals, ahonda más todavía en su vertiente activista, al lanzarse directamente a la no ficción. En esta ocasión colabora con el conocido investigador de Harvard, Max Essex, para crear una obra con un carácter muy especial. Se trata de un recorrido particular por el impacto que el VIH ha tenido en su país, que combina las dimensiones más narrativas con las científicas, las experiencias personales y las anécdotas con los aspectos clínicos. Dow y Essex abordan las consecuencias de la extensión del SIDA desde todas sus perspectivas combinando el tono de ensayo con el literario. Aunque pueda parecer increíble los autores hacen de este dramático recorrido una impactante muestra de esperanza. Botswana fue uno de los países más duramente azotados por la epidemia en los primeros años del milenio. Sin embargo, la narración de Saturday is for funerals no tiene nada de pesimista y hace hincapié en que el país ha sido capaz de plantar cara a este reto combinando programas gubernamentales, educación, sensibilización y concienciación. Así en una de las historias que se narran, el protagonista se siente sorprendentemente aliviado al conocer el diagnóstico, básicamente porque a partir de ese momento sabe a qué se enfrenta.

El mensaje que Dow transmite en Saturday is for funerals es en realidad un resumen del que ha ido transmitiendo tanto en su literatura como en su vida: que nada es lo suficientemente grande como para rendirse sin pelear.

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Algunos fragmentos de los libros de Unitiy Dow:

Far and Beyon’, Longman Botswana, 2000, Spinifex, 2001.

The Screaming of the Innocent, Spinifex 2002, Double Storey, 2003.

Juggling Truths, Spinifex, 2003.

The Heavens May Fall, Double Storey, 2006.

Saturday is for Funerals, Harvard Press, 2010.