“Yo solo hago música y propago el mensaje del amor”

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Ester Rada es la estrella del Nu-Soul de Tel Aviv. Hija de padres etíopes y criada en una familia judía conservadora, empezó cantando en la armada israelí y en la sinagoga, para tirarse de cabeza más tarde a la escena Pop de la cosmopolita capital de Israel.

Después de años encima de los escenarios, Ester acaba de presentar su álbum debut: Life Happens (2014). Con una mezcla de R&B a lo Alicia Keys, Corinne Bailey Rae o Erykah Badu, un Soul y Funk a lo Motown, arreglos que nos recuerdan a las viejas glorias del Ethio-Jazz como Mulatu Astatke pero también a la mezcla de Afrobeat y Funk de los neoyorkinos Menahan Street Band, la joven de veintinueve años ha sorprendido a todo el mundo con su mezcla de estilos. Mientras algunos la comparan con Janelle Monae por su eclecticismo con Funk, Soul, samplers electrónicos y Rock futurista en algunos temas, su mezcla de reggae, hammonds y Ethio-jazz nos regalan irremediablemente aromas a los etíopes Dub Colossus.

Pero para conocer un poco más sobre ella, Ester ha concedido una entrevista en exclusiva para Wiriko:

G: Quién es Ester Rada?

E.R: Es una larga historia, pero para hacerlo sencillo, dejadme que diga que yo soy todo, y que todo es todo.

G: Cuéntanos cuales fueron tus inicios en el universo de la música.

E.R: Cuando tenía seis años empecé a cantar en el ‘Shva Choir’ con Shlomo Gronich. Eso fue en Kiryat Arba, donde crecí.

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G: Eso fue en Israel, sin embargo tu música tiene impregnada la rica huella etíope por todos los lados… ¿Qué elementos de tu receta hacen que suenes tan etíope?

E.R:  La música etíope tiene una historia muy larga, y contiene muchos subgéneros. Cada lugar de Etiopía tiene un estilo diferente. Por eso hay tan buenos artistas. Por eso la música etíope es tan rica. Pero mi estilo es libre, no me gusta etiquetar mi música ni colgarme ningún cartel.

G: Pero supongo que, al menos, podemos hablar de influencias.

E.R: Aunque son muchas… Des de la era dorada de la música etíope como Mulatu Astatke y Mahmoud Ahmed a vocalistas de Jazz como Nina Simone o Ella Fitzgerald, a las divas modernas como India Arie, Corinne Bailey Rae, Erykah Badu, Jill Scott… Me gusta mucho el Hip Hop, el RbB, el Soul… y me encanta escuchar cosas nuevas cada día. Uno de mis últimos descubrimientos es el británico Benjamin Clementine.

ester radaG: Eso queda claro en tu disco, un auténtico cóctel de estilos con influencias de todas partes del mundo. Supongo que eso te ha abierto las puertas para que se te escuche fuera. ¿En qué países has tocado?

E.R: He tocado por Inglaterra, Francia, Suecia, Países Bajos, Estados Unidos o Canadá, y además este año también voy a ir a América del Sur

G: Y también vas a visitar España, ¿verdad?

E.R: Si, en el mes de Julio voy a hacer varias fechas ahí: en el Imaginafunk en Jaen (11 de julio), en el Nits de Música en Oropesa del Mar (12 de julio), en Pirineos Sur (13 de julio), en Tempo Club de Madrid (15 y 16 de julio) y en el Festival de Jazz de Canarias (18 y 19 de julio).

G: Encima de los escenarios tu estilismo no pasa desapercibido. ¿Te gusta la moda etíope?

E.R: La verdad es que no sé mucho sobre el mundo de la moda en Etiopía pero lo que es seguro es que me encanta el diseño y la moda, y me encanta llevar prendas bonitas. Lo que intento es crear mi propio estilo a partir de las diferentes cosas que me gustan.

G: Como descendiente de etíopes, ¿como has vivido las varias deportaciones de etíopes realizadas por el gobierno israelí? ¿Te has sentido discriminada alguna vez por ser diferente?

E.R: No hay deportaciones de israelíes etíopes. Yo soy tan israelí como etíope. Nací en Israel, así que Israel es mi casa. Respecto al racismo, creo que las únicas víctimas del racismo son los propios racistas. Pero sinceramente, no me interesa la política. Yo solo hago música y propago el mensaje del amor.

‘Haute Africa’ en el ‘Knokke-Heist Photofestival’ de Bélgica

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África está en el foco de esta edición del Knokke-Heist Photofestival que se celebra en esta misma ciudad belga los dos próximos meses (desde el 30 de marzo hasta el 9 de junio) y tiene como exposición central “Haute Africa”, dentro de otras cinco exposiciones llevadas a cabo en diferentes museos y lugares de la ciudad. La particularidad del festival es que utiliza el espacio público como marco expositivo, por lo que este año la ciudad se viste de arte procedente de África, lo que hará más atractiva la ciudad y convertirá en puro colorido y arte sus calles.

El nombre “Haute Africa” no hace referencia a su localización geográfica, sino al término francófono “Haute Couture” ya que la exposición se centra en el trabajo de fotógrafos que captan la cultura textil del continente desde un punto de vista sociológico y antropológico. La moda sin duda expresa cuestiones relacionadas con la identidad, política y economía como hemos podido ver con los Sapeurs congoleños o las diversas African Fashion Week que acontecen constantemente en diferentes puntos del continente. Por ello se está convirtiendo en  un eje muy importante de nuevos creadores de algunos países africanos en términos económicos y artísticos, como reiteran los organizadores del Festival:  “la industria de la moda es un buen ejemplo de esta industria creativa. Muchos diseñadores, empresarios y fotógrafos africanos inspiran al mundo con nuevos proyectos que transmiten y renuevan la identidad africana. Sus creaciones afectan a Occidente a través de Internet, semanas internacionales de la moda y todo tipo de iniciativas”.

De modo que esta exposición se hace doblemente interesante: por la calidad estética de las fotografías de los artistas, impecable, y porque a través de ésta trabajan de forma transversal cuestiones relacionadas con la post-colonialidad, la etnia, el origen, la moda, la política, la religión, el género y la clase social. Todo ello a través de la cultura del vestir que determina a determinados grupos sociales y sociedades y que tanto artistas africanos como de otros continentes nos acercan estos meses.

¿Qué nos muestra el Knokke-Heist Photofestival?

La exposición nos ofrece un panorama muy amplio de las creaciones en este ámbito. El artista Baudouin Mouanda (RDC), trabaja en cómo la cultura global impacta en el estilo de vida y las subculturas del Congo. Su trabajo se centra en los Sapeurs de Congo Brazzaville. Héctor Mediavilla (ES) es otro de los fotógrafos a través de los cuales los visitantes podrán conocer más de cerca la estética e influencias de la SAPE, de los que hemos hablado anteriormente.  Daniele Tamagni (IT) nos ofrecía maravillosas fotografías sobre la SAPE, pero su trabajo “Afrometals” se centra también en las subculturas urbanas y los estilos que surgen de éstas.

Hassan Hajjaj (MA) de origen marroquí, logra lo que busca: sus retratos causan un impacto visual a través de los vibrantes colores que utiliza, retando las nociones de la identidad femenina de la cultura árabe contemporánea mediante sus fotografías, así como con la utilización de logotipos de marcas reconocibles por todo el mundo en  prendas “tradicionales” como son el Hijab o Burqa. Jehad Nga (EEUU) retrata a la etnia keniana de los Turkana, olvidados por el gobierno en la gran sequía que asola el Cuerno de África. Sus retratos muestran a una comunidad que lucha por sus tierras y su ganado. Jim Naughten (UK) nos transporta con su objetivo a los Herero de Namibia, que insólitamente mantienen su vestimenta de la época victoriana como resultado de la colonización alemana. Quedarse con la vestimenta de los enemigos —los alemanes— después de matarlos, era una manera de apropiarse del espíritu del enemigo y demostrar proeza en la batalla. Actualmente se viste con ella en ceremonias, festivales y funerales, para honrar a los ancestros. El escenario es un desierto Namibio que ilumina de lleno la imagen y la vista del espectador.

Jodi Bieber (SA) trata el tema de la “belleza real” cuestionando los cánones de belleza occidentales que están impactando en algunas sociedades africanas, o el concepto de belleza de algunas comunidades, totalmente opuestas a los estándares occidentales. Bieber crea un espacio en el que la mujer puede explorar su identidad y situarse en un marco de “belleza real”. Nontsikelelo Veleko (SA) muestra cómo la moda y la forma de vestir de la gente construye y deconstruye un discurso identitario acerca de uno mismo y como es visto a ojos del espectador.

Namsa Leuba (SU) con padre suizo y madre guineana ha vivido entre dos culturas, lo que le ha llevado a trabajar la cuestión de las identidades africanas desde lentes occidentales. Ello lo hace a través la representación mediante el cuerpo humano de las estatuas rituales utilizadas en la cosmología guineana, con un resultado impresionante. Phyllis Galembo (EEUU) también plasma los trajes y máscaras rituales, mostrando el encuentro entre los autóctono y lo extranjero y la bella tradición de las máscaras en algunas sociedades del continente.

El trabajo de Martin Parr (UK) se centra en el lujo descarado en eventos sociales como ferias de arte, desfiles de moda, carreras de caballos o eventos de polo. A través de sus fotografías evidencia la locura del capitalismo más feroz y la ostentación propia de este mundo globalizado. Pone como ejemplos los llamados “diamantes negros”, nueva clase media negra que forma parte de la élite sudafricana. Viviane Sassen (HO) se adentra en los townships de Cape Town para indagar más acerca los interiores de las casa de sus habitantes que toman elementos de publicidad y de revistas de moda para decorar sus paredes. Yinka Shonibare (NI) explora a través de diferentes disciplinas la cuestión de la raza y de la clase, cuestionando el significado de las “definiciones culturales y nacionales”. Shonibare utiliza tejidos típicamente africanos como el wax o batik en entornos oscuros y en su obra ironiza también sobre la ostentación y el lujo.

Los protagonistas de Sabelo Mlangeni (SA) pertenecen a la comunidad LGTBI, mostrando cómo la vestimenta refuerza el sentimiento identitario y de pertenencia de los homosexuales. Zanele Muholi (SA) es internacionalmente conocida por su trabajo en activismo fotográfico, herramienta que utiliza para visibilizar los problemas a los que se enfrenta este colectivo en Sudáfrica, para retar a la sociedad y para deconstruir los roles de género a través de los códigos de vestimenta. Wangechi Mutu (KE) utiliza el collage, la fotografía y la plástica para cuestionar las representaciones de la mujer a través de imágenes que nos remiten a organismos llenos de vida y un afrofuturismo estético.

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Las benditas casualidades de Nua Trio

Actuación de Nua Trio en la Sala Jamboree. Fotos: Carlos Bajo Erro

Actuación de Nua Trio en la Sala Jamboree. Fotos: Carlos Bajo Erro

Todo en Nua Trio tiene una larga explicación porque casi todo parece ser fruto de un cúmulo de afortunadas casualidades. Que una contrabajista portuguesa de origen mozambiqueño, Luisa Brito; un percusionista flamenco autodidacta afincado en Madrid, Jesús Mañeru; y un polifacético e hiperactivo músico y poeta bissauguineano residente en Barcelona, , se encuentren no se puede interpretar de otra manera. La segunda gran casualidad es el origen de sus temas. Mû explica que se trata de poesías inéditas de personas más o menos anónimas que se va encontrando. “Frente a esos escritos siento la necesidad de musicarlos y de cantarlos. Son expresiones increíbles que me hacen pensar que no tiene sentido que yo escriba cuando hay cosas así ya escritas”, afirma Mû. Y como muestra un botón, el botón que parece impactar con más fuerza en el músico bissauguineano, al que dedica una atención especial en el escenario y que se estremece volviendo a recitar fuera de las tablas, un fragmento de una carta que una madre le escribe a su hijo:

Meu querido filho

beijo com amor maior do mundo

porque há vinte e dois anos

qual forno de vida

pús-te neste mesmo mundo

de corpo inteiro,

cá dentro

neste forno que o meu ventre foi

enchí-te de orgaos

de musculos

de ossos à pele (…)

La mayor parte de los temas del primer disco de la formación Casa Nua, incluida esta Carta de mae a filho, son poesías de Ana Patrício, una autora desconocida, inédita de hecho, pero con una carga sentimental muy poderosa. Una carga sentimental que se refuerza con la sonoridad cálida de la voz de Mû y el abrazo musical de Mañeru y de Brito. En realidad, el resultado es difícilmente clasificable, suena a cantautor y suena a jazz, pero suena también a recital poético íntimo y acogedor y a toda una trayectoria africana y europea de Mû.

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Los miembros de la formación coinciden en que Nua Trio es casi “una excusa” porque lo que les gusta es tocar juntos y el escenario transmite esa complicidad de los músicos que disfrutan acompañándose entre sí. Nua Trio ha sido la tercera propuesta del ciclo AfroJamboree que se desarrolla en la Sala Jamboree de Barcelona y a través de la serenidad y la sutileza del proyecto, la calidez y la ternura de la combinación de estos tres artistas consiguieron crear en el escenario una especie de hogar, la casa de Nua Trio, la Casa Nua de la que hablan en su primer trabajo.

Es inevitable preguntar a los miembros de este heterodoxo trío por la música africana y las respuestas, aunque diferentes, tienen en común la estupefacción y la imposibilidad de una respuesta clara, básicamente por lo erróneo del planteamiento. Mû hace una aportación no por habitual, menos importante: “¿Qué es la música africana? ¿Dónde está la música europea que yo la quiero ver? En África hay una variedad todavía mayor que en Europa. La música viaja y eso es lo importante”. Mañeru responde con inocencia intencionada: “Pero, de alguna manera, ¿no parte todo esto de África? ¿Dónde está el origen del jazz y de tantos otros estilos? La verdad es que de todos modos con Nua Trio yo he descubierto sonidos que desconocía por completo”. Si al propio percusionista le han cambiado las imágenes previas, ¿qué no podrá hacer Nua Trio con un público menos experto?

Nua Trio promo from proto on Vimeo.

En todo caso, hace prácticamente dos años que Nua Trio parió Casa Nua, pero las cosas para esta formación no han sido fáciles, su propuesta es arriesgada y poco encasillable y además sus miembros están dispersos e implicados en muchos otros proyectos. Echan en falta gente, discográficas, salas de conciertos, promotores dispuestos a arriesgarse. Luisa Brito se sorprende porque “en Portugal que es un país más pequeño y que también está pasándolo mal económicamente sigue habiendo festivales y oportunidades para propuestas que no son comerciales”. Mû deja escapar el artista total que lleva dentro y simplemente considera que “nunca hay suficiente apoyo y suficientes recursos para ninguna música”.

Sin embargo, las dificultades de Nua Trio ponen de manifiesto la paradoja de la falta de oportunidades y la buena acogida de las propuestas que se hacen. Mañeru recuerda un concierto en un pueblo pequeño de la sierra madrileña. “La mayor parte del público tenía entre 70 y 80 años y cuando terminamos salí a la calle, llevaba un gorro y estaba un poco camuflado y se me acercó una señora sin saber que era uno de los músicos y me preguntó si había estado en el concierto porque había sido impresionante”. “La gente no es tonta”, señala Mañeru, “tiene ganas de escuchar a grupos que hacen las cosas con cariño, con mimo y con buen gusto”.

Y esa es una de las cosas (sólo una) que aporta Nua Trio, una imagen totalmente distinta, un cambio en los prejuicios. “Intentamos arrojar un poco de luz ante la ignorancia. De todas formas, con la cantidad de información que hay disponible, el que no quiere poner un poco de luz es porque anda un poco perezoso”, comenta Mû, con un cierto desánimo. En todo caso se muestra convencido de la necesidad de desmontar la imagen que se ha creado de África. “Es la imagen que ha creado occidente para disfrazar su mala conciencia y la deuda que tiene con África. Es ridículo que se presenten como los salvadores cuando han sido los que han robado todos los recursos de África, incluido el arte”, se queja el músico y poeta bissauguineano. Y continúa con una declaración de intenciones: “Ya lo dijo Fela, que ésta (la música) es nuestra arma para denunciar, porque no queremos causar daño a nadie, sólo denunciar”.

Hemos dicho que casi todo en Nua Trio requiere una larga explicación. Casi todo menos su música, que se define por sí misma. El clima acogedor que consiguen crear en el escenario los tres músicos es poco habitual, por eso, a pesar de las dificultades y de la incertidumbre, el verdadero cemento de esta casa es, sin duda, la admiración que se profesan entre sí. Y eso merece la pena verlo.

Soul T, de Bujumbura a Bruselas y vuelta atrás

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Soul T, alterego de  Thierry Haguma N., es un alma soñadora, o así se describe a sí mismo. “Una alma vieja de escritor, poeta, músico, soñador y amante de la vida”, nos dice. Nacido en Burundi, originario de Ruanda, pero con sede central en Bélgica, se considera “un africano en Europa”, y afirma orgulloso: “me siento afortunado por toda mi riqueza cultural”.

A pesar de que Bujumbura, Kigali y Bruselas son los epicentros culturales que han “hecho” a este joven artista, sus referencias musicales se extienden más allá de África o Europa. “La música que me inspiró a cantar, el Gospel y el R&B, proviene de Estados Unidos. Y a pesar de no ser un chico de ningún gueto de Brooklyn, Kingston o Mississippi, sé perfectamente lo que significa crecer en una ciudad como Bujumbura, y para bien o para mal esto impregna mis letras y el sonido que yo creo” expresa.

Portada del segundo álbum de Soul T, Ife's Daughter (2013).

Portada del segundo álbum de Soul T, Ife’s Daughter (2013).

Con su segundo álbum Ife’s Daughter (2013) y su carga de meloso neo-soul, gospel, R&B, jazz y funk, Soul T levantó el interés de la audiencia a finales del año pasado. Aunque ya en 2011 había dado a luz a un álbum debut en formato digital llamado An Xperience called Soul T’ Mixtape Vol.1; y colaborado junto a personajes tan importantes como el cantante belga-ruandés Stromae -gran protagonista en la última edición de los premios Les Victoires de la Musique-; Soul T es uno de esos artistas que nos brindan la oportunidad de tener más cerca África en Europa, y de enriquecer el panorama sonoro del viejo continente.

“‘Ife’s Daughter’ versa sobre las travesías y los sueños (de hombres y mujeres). Es una oda al amor y sus altibajos. Habla sobre la esperanza y la autoestima, sobre las cosas que experimentamos. “La hija de Ife” es también un canto a la belleza de la mujer africana”, nos cuenta Thierry. “Creo que la conexión de mi música con el África del Este tiene que ver con mis letras. Hablo de mis experiencias, recuerdos de mi primera infancia… Pero sobre todo porque algunas de mis canciones han sido compuestas por el secreto musical mejor guardado del Congo, el guitarrista y teclista Maurice Poto” confiesa el belga-burundés.

Pero aunque parece que sus influencias estén más bien marcadas por veteranos artistas norteamericanos de la época dorada de Motown, Soul T muestra su respeto por bandas actuales del continente africano como “The Muffinz, Tumi & the Volume, Lokua Kanza o The Soil”. Y es que son precisamente las conexiones con África lo que le está abriendo una nueva brecha entre el público africano. “Nunca he tenido la oportunidad de tocar en África hasta el momento, pero ya han tocado a mi puerta varias veces y si todo va bien, voy a estar tocando en el este de África todo el verano” nos revela. Y a juzgar por su videoclip de  “Kick It With Your Kinks”, uno se puede imaginar qué tipo de público no va a querer perderse sus actuaciones.

“Esta canción es una oda a la mujer africana. Habla de su belleza natural. Es una canción lenta pero firme, que describe cada aspecto que hace a la mujer especial, la oscuridad de su piel, la forma de sus caderas o el rizado de su pelo. Hubiera podido cantar sobre las mujeres de cualquier lado del mundo, pero tenía ganas de alabar a la mujer negra porque cuesta ver una belleza tan grande como la suya”.

A pesar de que Soul T está profundamente enraizado en los sonidos del Gospel, el cantante intenta no dejarse encorsetar por lo que pide el mercado. “Parte del álbum trata de dejar de lado toda la presión que los artistas tendemos a tener. Personalmente, con este disco no estaba buscando lo que se llama un “material de radio”. No me molesta hacer canciones de 10 minutos. Lo único que me importa es que mis mensajes y experiencias se compartan y que toquen a la gente desde algún lugar”.

Así que si eres una de esas personas a las que Soul T ha embriagado, no dudes en acercarte a verle en una de sus próximas citas, mientras su próximo álbum espera ver la luz en los próximos meses.

27/03 – Recyclart de Bruselas, Bélgica.

03/04 – Théâtre Marni, Ixèles, Bélgica.

04/04 – CCLJ, Bruselas, Bélgica.

24/05 – Kokob, Bruselas, Bélgica.

25/05 – Café Roskam, Bruselas, Bélgica.

26/05 – Belmonte Bar, Bruselas, Bélgica.

(Gira africana para confirmar)

 

Barcelona: Alma de afrobeat

La formación Alma Afrobeat Ensemble en una imagen promocional.

La formación Alma Afrobeat Ensemble en una imagen promocional.

Acaban de presentar su segundo trabajo Life no get dublicate y con este disco los barceloneses Alma Afrobeat Ensemble se han consolidado como uno de los referentes del panorama afrobeat del estado. Con esta apuesta el sello Slow Walk Music confirma su apuesta por la música de raíz africana hecha en fuera del continente. Alma no se anda con chiquitas, reivindica un estilo fiel a la tradición del afrobeat pero digerida, pasada por el tamiz de sus propios gustos y del paso de los años, evidentemente, para mostrar cómo ha evolucionado. Alma demuestra que el afrobeat no sólo es un estilo que ha colonizado todo el mundo, sino que además está vivo y continúa creciendo.

Después de seis años de trabajo Alma Afrobeat Ensemble se ha hecho un hueco y ha afianzado un estilo propio. Según Aaron, guitarra y uno de los impulsores del proyecto, asegura que su voluntad es mantenerse, siempre, muy cerca del afrobeat clásico, para mostrar su versión más moderna. “No intentamos que el disco sea vintage, pero la verdad es que tampoco negamos que haya en las canciones algunos rasgos vintage, porque son elementos que nos parecen importantes y que nos gustan”, asegura Aaron. Sin embargo,  esta voluntad de fidelidad tiene algunos matices, en realidad, muchos matices. Y el principal es el propio proceso creativo. “Hacemos un afrobeat evolucionado con nuestros propios gustos, que por ejemplo, en algunos casos puede ir hacia el mblax, pero en general tiene mucho menos funk que otras bandas”, comenta Feder. “En realidad empezamos con una idea y vemos hacia donde nos llama”, continua. Baba Gaye, vocalista de la banda, matiza esta dinámica: “A veces nos tenemos que frenar e intentamos volver al origen si vemos que nos hemos ido yendo demasiado, pero siempre sin cerrarnos a lo que nos surge”.

Cubierta de "Life no get dublicate" diseñada por Lemi Ghariokwu

Cubierta de “Life no get dublicate” diseñada por Lemi Ghariokwu

El propio disco es ya un objeto con un cierto contenido fetichista, ya que la banda afincada en Barcelona afincada en Barcelona ha contado con algunas colaboraciones especiales y, en especial, con una muy particular. La cubierta del CD es un diseño del nigeriano Lemi Ghariokwu, el artista que trabajaba en los discos del mítico Fela Kuti.

Aaron no esconde una de las características más importantes de Alma, más allá de la dimensión puramente artística. “Intentamos buscar un equilibrio entre la parte más fiestera y la más reivindicativa. Teniendo en cuenta la situación por la que estamos pasando, ¿cómo vamos a negar esa parte de compromiso social? Al fin y al cabo, el afrobeat es una música de protesta, pero lo que tiene de bueno es que no es una música para quejarse sentado y llorando en tu cerveza, sino para protestar bailando”, recuerda Aaron.

Gaye no puede reprimirse cuando se habla de este tema. “Si hay racismo es por falta de contacto, por desconocimiento. Esta es una música accesible y que permite conectar  a la gente que si no, no tendría ninguna otra manera de estar en contacto”, señala Baba. Alma también cree en el poder de la música para cambiar la imagen que se proyecta de África. Por eso el vocalista explica: “Nuestra intención es aportar una idea que contrarreste la que dan los medios de comunicación que habitualmente es negativa. Estamos hablando de un continente enorme y, por ejemplo, cada inmigrante es una historia absolutamente diferente.  Yo, sin ir más lejos, vine aquí por la música, pero cada uno tiene sus propios motivos. Lo que ocurre es que a los políticos les interesa mostrar las cosas negativas para desviar la atención de lo importante”.

Tanto Baba como Aaron parecen estar esperanzados en dos iniciativas que se están desarrollando en Barcelona, en las que participan y de las que ya se ha hablado en esta sección. Ambos coinciden en que la música africana tiene un largo recorrido en la ciudad catalana, pero que han faltado los recursos necesarios para que consiguiese importancia. “Faltaba un sello, que apostase por las bandas que trabajan aquí y ahora hay Slow Walk Music. Faltaba una sala y ahora nos encontramos con esta oportunidad del AfroJamboree, que además acerca esta música a un público que no es el habitual y que puede provocar un mezcla muy interesante”, comenta Aaron. Aunque no es especialmente exigente: “Seamos realistas, faltan recursos para cualquier tipo de música. En ese sentido quizá tengamos una ventaja, porque nosotros traemos algo diferente, poco común y, aunque no nos guste la palabra, algo que la gente ve como exótico”.

Después de Toubab Soul (y el disco de remezlcas Toubab Resouled) Life no get dublicate está llamado a ser un punto de inflexión en la trayectoria de Alma Afrobeat Ensemble. Después de tres años girando por España, participando en diversos festivales y formando parte del cartel del programa Diversons, este trabajo es, para Aaron, la oportunidad de internacionalizarse de “abrir puertas” y por ello ya tienen algunos contactos, por ejmplo, en Francia. Además, Baba considera que el panorama afrobeat en España está en plena expansión: “Hemos tocado en pueblos más o menos pequeños en los que no pensábamos que hubiese mucho ambiente y nos hemos encontrado con un público entregado al afrobeat y que conocía bien la música de Fela. Creo que en los próximos dos o tres años se va a dar que hablar”.

Shashamane, un trozo de paraíso para la Diaspora

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He compartido escenario con muchos artistas jamaicanos que llevan dreadlocks (rastas) y cantan canciones sobre la repatriación. Cuando les preguntaba si habían estado en Shashamane, todos me decían que no” nos dice Renato Tomei, más conocido como Ras Tewelde, mientras saboreamos un desayuno Ital -comida vital, como dicen los rastafaris-.

Este joven italiano, cantante de reggae y doctorado en lingüística, lleva una década yendo y viniendo de Etiopía, donde forma parte de una comunidad de un centenar de rastafaris repatriados en la ciudad de Shashamane (de unos 100.000 habitantes), una fértil porción de tierra a unos 1700 metros de altura al lado del centro termal de Wondo Genet, al sur del país. El Jamaican Safar (o barrio jamaicano en Amharic), uno de los barrios de Shasha -como se la llama cariñosamente-, fue una concesión que el emperador Haile Selasie I regaló en 1948 a toda la diáspora africana que quisiera volver a África, en agradecimiento al apoyo recibido por la lucha contra las tropas italianas (1935-41).

 

Desde entonces la nueva Israel o Monte Sión -según la interpretación que los rastafaris hacen de la Biblia-, se ha convertido en un lugar de asentamiento y peregrinación para centenares de afrodescendientes y/o rastas de todas partes del mundo, que ven en él un trozo de paraíso. En Shasha, uno se puede encontrar con franceses, italianos, trinitenses, estadounidenses u holandeses. Poco importa tu color de piel o si luces o no dreadlocks. Pero el amplio componente jamaicano que representan los pioneros del movimiento -tal y como se refieren a ellos los propios rastas- tiñe de Patois jamaiquino todo sonido que emana de iglesias y casas. Y por supuesto, el ritmo que reina es el del reggae.

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Imagen de los pioneros o primeros repatriados a Shashemene, 1973.1974.

Por eso, cuando Tewelde se planteó empezar el proyecto Youths of Shasha, no le fue difícil cautivar a artistas como Bob Andy, Earl “Chinna” Smith, Tony Rebel, Kiddus I, Sizzla Kalonji o Capleton, que se sumaron rápidamente a la iniciativa. Así que en un periplo geográfico entre Jamaica y Etiopía, Tewelde cedió el micrófono al talento local de Shashamane con la colaboración de artistas consolidados al otro lado del Atlántico. “Una cosa llevó a la otra y de lo que podía haber sido una simple grabación acabamos haciendo un disco grabado entre dos continentes“, observa el rasta italiano.

Un día un chico me enseñó una canción que había grabado con un móvil. Me sorprendió la calidad con la que podía sonar su voz con tan poco equipamiento. Entonces me di cuenta que hacía falta montar un estudio de grabación para que los jóvenes de Shasha pudiesen realizar su propia música. Y así empezó todo“, cuenta el líder del proyecto, quien confiesa que nunca hubiera imaginado que podían llegar a hacer hasta un documental.

Youths of Shasha, que se proyectó en 2013 en diferentes festivales internacionales como el African Diaspora International Film Festival de Nueva York, sigue hoy luchando para poder construir el siguiente eslabón del proyecto: el estudio de grabación y la escuela de música. De momento, las clases de música han empezado gracias a voluntarios como el californiano Eddie Jackson, bajista, entre otros, del madrileño Morodo. “Los pioneros fueron los encargados de asegurar estas tierras, ahora nos toca a la siguiente generación construirla“, afirma Eddie, cuyo sueño es contribuir al crecimiento tanto del proyecto de Youths of Shasha como de la pequeña Jamaican Safar.

La tierra prometida de los rastafaris, aunque vetada a Bob Marley: 

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En 1978 Bob Marley también tuvo la oportunidad de visitar Shashamane. “El gobierno de Mengistu no le permitió estar más de una semana aquí“, explica Sister Eveon Leach, esposa del ya desaparecido Donald “Flippins” Leach, autor de la canción “Zimbabwe” y uno de los pioneros más importantes para los rastas de Shashamane.

La estancia de Bob en este “pedazo de paraíso” no había sido recogida hasta día de hoy. “¿Cuantos cientos de documentales hay sobre Bob? Hasta ahora, ninguno sobre su paso por Shasha“, se queja Tewelde. Pero el periodista italiano Giorgio Battaglia, con la ayuda de Ras Tawelde, ha sido el encargado de dirigir el documental ‘Rastaman Land: Bob Marley in Ethiopia’, sobre la visita del icono entre la comunidad rastafari del país africano. Con imágenes inéditas y entrevistas a los pioneros – primeros repatriados de Shasha-, el trabajo reconstruye una visita que pudo representar mucho en la vida de la estrella. “Si Bob no hubiera muerto, hoy seguramente viviría aquí“, confiesa orgullosa Eveon o Mama Leach, como la llaman todos, mientras nos muestra una de las fotografías de su familia junto a Bob Marley.

La controversia del reggae y los hándicaps de la tierra prometida: 

La vida en Shashamane no gira en torno al reggae. Alex, repatriado francés que regenta junto a su familia el acogedor Zion Train Lodge, es más bien reacio a este estilo: “El reggae es parte de la cultura de Babilonia y solo el Nyahbinghi es música”, expresa contundente. Cuando este entrañable rasta habla de Babilonia se refiere a cualquier forma de vida relacionada con la modernidad. Al capitalismo y al comunismo; oponentes por antonomasia a la vida espiritual que promueven los rastafaris. “Etiopía es el único territorio que puede vanagloriarse de no haber sido conquistado. Es un símbolo de la liberación“, dice orgulloso.

Aunque muchos son los obstáculos a los que se debe enfrentar esta pequeña comunidad de repatriados en tierra etíope. Y no solo se trata de los estereotipos negativos que deben combatir los rastas. Las 500 hectáreas iniciales cedidas por Haile Selassie fueron confiscadas y nacionalizadas cuando el gobierno marxista de Mengistu Haile Mariam derrocó al emperador en 1974. Y a pesar de que muchos decidieron volver a Jamaica o Estados Unidos, otros repatriados han permanecido en terreno. Sin ser reconocidos como etíopes (o Habesha), conviven con el resto de etíopes en un perenne estatus de extranjero con pasaporte jamaicano, aún y habiendo nacido en Etiopía, y hablar y escribir perfectamente el Amharic, lengua nacional.

Las dificultades a las que se enfrentan actualmente estos nuevos etíopes, o Jamharics, están siendo captadas por otro foco cinematográfico en el que está trabajando la periodista de Aljazeera Nadine Drummond, británica descendiente de jamaicanos. ‘Jamharics: The Children of Zion‘ es otro ejemplo de respeto hacia la primera generación de repatriados de Shashamane, pero también de compromiso con las nuevas generaciones. La intención de la directora es dedicar las ganancias de este documental a mejorar, entre otros, los proyectos de salud de la comunidad.

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Mama Baby y Ras Moya, expatriados en Shashamane.

Entrevista a Inua Ellams, un revolucionario poeta con ojo visual

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Inua Ellams. Fotografía de Franklyn Rodgers.

Inua Ellams es uno de esos nombres que van a estar presentes para siempre cuando se observe la escena artística nigeriana, africana en general o incluso europea del siglo XXI. Es un artista gráfico y un virtuoso de las palabras influenciado por la cultura hip hop. Inclasificable por abarcar disciplinas tan diversas como las artes visuales, el diseño gráfico, la ilustración, el audiovisual, la poesía o las artes escénicas, es ante todo una mente inquieta capaz de inquietar y un romántico empedernido.

En España, lo conocimos por haber traído su proyecto de aroma situacionista The Midnight Run (o La Huida a Medianoche) en Barcelona, una obra que mezcla improvisación y participación del público en un recorrido que rescata e interconecta las sombras de la ciudad: el hormigón y el acero, los personajes nocturnos, los extraños entre sí… Conectando elementos que van a contracorriente, siendo él uno de ellos. Inua busca rescatar de la oscuridad de la noche los puntos de luz y de belleza de espacios que se reconstruyen y re-definen. Y como amantes de la belleza, no hemos querido perder la oportunidad de hacerle una entrevista sobre sus trabajos y su visión sobre el panorama artístico africano como artista nigeriano en la Diáspora.

The Barcelona, Spain, Midnight Run // 08/06/2013 from Inua Ellams on Vimeo.

G: Escritor nigeriano-irlandés-británico de poemas, cuentos y obras de teatro, diseñador gráfico; artista visual… También tengo entendido que estás haciendo talleres de escritura creativa y he leído frases tuyas como la que dice: “Yo sólo pinto cuadros con palabras.” ¿Cómo te auto-definirías?

I.E.: En este momento me definiría como un buscador de casa. No tengo aún un lugar donde sienta que pertenezca enteramente, y mi escritura es un diario de este proceso de búsqueda. Cuando era pequeño, quería ser un artista visual y pasé gran parte de mi infancia hasta la adolescencia centrándome en la creación de imágenes, en la estructura de la forma y el color. Al dejar la escuela y no poder permitirme lo de la pintura, empecé a escribir con el ojo visual que había desarrollado durante años. Traté de hacer lo que siempre había hecho, pero en lugar de usar un pincel, intenté usar palabras.

G: Como artista de la diáspora (si me permites esta descripción simplista) … ¿Cuál es tu relación con Nigeria y cómo se vive Nigeria des del Reino Unido? 

I.E.: Nigeria siempre es como una madre con muchos hijos, una madre cuya sombra cubre el mundo y a todos sus hijos, les guste o no. Mi relación con Nigeria fluctúa tanto como una sombra lo hace bajo diferentes luces. Es decir, a cada momento hay muchos focos en Nigeria, algunos de positividad extrema, aunque lo único que cuente sean otros de negatividad extrema. Las luces que brillan, y de las que me siento orgulloso, son las de nuestros escritores, nuestros arquitectos, nuestros poetas, nuestros dramaturgos, nuestro espíritus inexorables, la inquebrantable-dad de nuestras espaldas. Las luces que brillan y de las que me asusto son las de la corrupción, la codicia, la pobreza extrema, el extremismo religioso, la explotación y la erosión cultural. Estoy tan orgulloso de Nigeria como estoy avergonzado de ella. En Occidente, aquí en Europa donde vivo, donde las etiquetas necesitan estar conectadas para que algo exista, Nigeria es para mí como un indicio con el que mi conciencia está en relación con el mundo, pero habiendo vivido aquí, soy tan británico (o estadounidense, dada sus influencias culturales) como nigeriano .

G: Tan joven como eres; habiendo ganado el Premio del Festival Fringe de Edimburgo en 2009, siendo el primer africano en presentar un espectáculo individual en el escenario del Teatro Nacional de Londres en 2010, habiendo sido preseleccionado para el Premio Alfred Fagan para dramaturgos de África y de ascendencia caribeña… ¿Cuáles son tus aspiraciones?

I.E.: Por encima de todo, quiero ser capaz de escribir lo que quiero escribir. Mis aspiraciones son numerosas, pero el objetivo final de todas ellas es simplemente estar en condiciones de hacer lo que quiero. Se puede argumentar que yo (o cualquier escritor) puedo hacerlo, pero para tener éxito en el juego de la poesía (para tomar prestada una analogía del mundo del hip hop) hay políticas que jugar, hay maneras de escribir y círculos dónde ser visto, ninguna de las cuales me gusta mucho, pero que siento que debo hacer. Tal vez esto sea una ilusión, pero incluso así sería una yema de huevo a la que estoy atado. Tal vez la política sea una parte de la descripción del trabajo; parte de ser un escritor, en cuyo caso, entonces, mi aspiración es tan amplia como precisa: simplemente para convertirse en un mejor escritor y articulador del(de los) mundo(s) en que vivimos, el(los) por qué(s) y la(s) forma(s) en la(s) que vivimos en él(ellos).

G: Regresaste a tu Nigeria natal después de un largo periodo sin estar allí, para el primer Festival de Teatro de Lagos en 2013. ¿Cuéntanos cómo fue esa experiencia?

I.E.: Fue estimulante. En realidad no esperaba nada, no creía que nada profundo despertara dentro de mi subconsciente, que fuera a echarme a llorar cuando aterrizara en tierra nigeriana. Estoy conectado con las comunidades nigerianas aquí en Londres y gracias a Aljazeera, Twitter, Facebook y los medios de comunicación en línea, siempre tengo la sensación general de lo que está pasando – lo suficiente como para saber que la vida sigue adelante, y que la misma vertiginosa transitoriedad que envuelve Londres también envuelve Lagos y Nigeria. Sin embargo, antes de partir hacia Nigeria, hablé con un ugandés y cuando le pregunté cuántas veces visitaba su “hogar” – a pesar de que vivía y trabajaba en Londres-, me respondió que dos veces al año . Le dije que iba a estar en Nigeria durante sólo seis días, sacudió la cabeza con incredulidad diciéndome que me quedara más tiempo, que tenía que pasar tiempo en ‘casa’. Él hablaba de un lugar más allá del lenguaje – no podía expresar lo que quería decir cuando le pregunté -, pero me di cuenta de cómo sus ojos se suavizaron y por el leve hundimiento de sus hombros y la profundización de su sonrisa, que sólo la idea del lugar HIZO algo a su espíritu. Pensé que si me iba con algo parecido a esa afectación, sería genial … y eso es exactamente lo que pasó! Después de tres días allí de repente me sentí como si estuviera en medio de mi gente, que pertenecía a la tierra, al calor. Fui allí para llevar a cabo una obra de teatro y fue bien recibida por el público, fueron sin duda la mejor audiencia que he tenido para la obra. Se rieron tanto que tuve que parar y esperar a que terminaran de reírse para poder continuar.

G: Nigeria está en el ojo de mira recientemente por su escena artística: la música , el cine o incluso la industria literaria, son de lo más avanzado en el continente y están causando mella. ¿Cómo puede esto fomentar un efecto llamada para aquellos nigerianos que viven fuera de África? ¿Crees  que las oportunidades de trabajo en la escena de las artes promueven o pueden promover, un retorno al continente? ¿Puede beneficiar esto el desarrollo de África?

I.E.: Nigeria es el país más poblado del continente y será el más rico bien pronto. De la inundación de capital en el país, la mayor parte todavía proviene del sector del petróleo y sus negocios periféricos. El mercado laboral está aumentando masivamente, los jóvenes se sienten lo suficientemente liberados para buscar otras formas de empleo más allá de lo tradicional a la mentalidad nigeriana, y el más visible de estos campos son puestos de trabajo en el sector de las artes. Sin embargo, los mercados locales no están apoyando suficientemente los puestos de trabajo para que los artistas puedan hacer una carrera a tiempo completo. Los artistas nigerianos todavía tratan de atraer a los mercados occidentales, por lo tanto, no creo que ningún tipo de iniciativa de retorno a África sea muy inteligente. Blaise Pascale dijo una vez: “Todos los problemas de la humanidad se derivan de la incapacidad del hombre para sentarse tranquilamente en una habitación solo”, pero algunos de los que no se sentarían, irían a reclamar tierras, crear fronteras, dibujar líneas en la arena y apuñalar a la tierra con el asta de una bandera, reclamando su propiedad. Esto se le hizo a nuestra tierra y a nosotros, a nuestros propios cuerpos. Hemos luchado y seguimos luchando para ser incluidos en las sociedades occidentales, seguimos subiendo las escaleras que ayudamos construir y no creo que debamos caminar lejos de ellas. El mundo es como es ahora, todas nuestras economías están vinculadas, y aunque sin duda defiendo el crecimiento financiero en el continente, una iniciativa de retorno a África desestabilizaría las economías de ambos lados de la moneda. La escena de las artes ayudará a contar nuevas narrativas sobre el continente, cambiará la marca del continente y ayudará al mercado en el resto del mundo, pero el desarrollo proviene de las partes más vitales de la economía africana: agricultura, sanidad, construcciones, bienestar, infraestructura… Estos son los bloques de construcción de las naciones. Las artes pueden ayudar a articular la necesidad de cambio, pero no pueden iniciar el cambio por sí solas.

G: Háblanos de tus obras : ‘The 14th Tale’; ‘Untitled’ y ‘Black T-Shirt Collection’. 

I.E.: ‘14 ª Tale’ fue en gran medida una mayoría de edad, un juego autobiográfico sobre mis experiencias de crecer en Nigeria, trasladarme a Inglaterra, a Irlanda y de regreso a Inglaterra. Se trata de una exploración divertida, meliflua, de cambios emocionales, pero ligera, de entender la masculinidad contemporánea africana. ‘Untitled’ es una obra de realismo mágico que acontece entre un pequeño pueblo en el corazón de Nigeria y en la ciudad de Londres. Es sobre los nombres y las consecuencias de ser anónimo. Cuenta la historia de dos hermanos gemelos separados al nacer, mezclando el lenguaje – la filosofía con el folclore y una carrera contra el tiempo asombrosa. ‘The Black T -shirt Collection’, mi obra más reciente, es la historia más grande que he contado nunca. Trata de la homofobia y la homosexualidad en Nigeria, la violencia sectaria en Nigeria, los mercados financieros globales, la industria de la moda, el comercio, la responsabilidad social de las empresas, la explotación y las consecuencias del éxito. Viaja desde Nigeria a Egipto, a Barcelona, ​​España – directo a través de Europa, a Londres y finalmente China. Sin embargo, también es simplemente una historia sobre dos hermanos adoptivos tratando de iniciar una empresa de camisetas. Todo mi trabajo, poemas y obras de teatro por igual creo que versan sobre la identidad, el desplazamiento y el destino.

G: ¿Y cuáles son tus citas para 2014?

Hay mucho, antes de junio, voy a viajar a Bangladesh, Pakistán, Estados Unidos, Nigeria, Nueva Zelanda, Australia y Singapur posiblemente. También estoy trabajando en una nueva obra, dos libros de poesía y varios poemas por encargo e instalaciones artísticas.

Nakany Kanté: de Siguiri a Barcelona… y al mundo

Nakany Kanté en directo en la Sala Jamboree. Foto: C.B.E.

Nakany Kanté en directo en la Sala Jamboree. Foto: C.B.E.

N’Nha es la canción predilecta de Nakany Kanté de su primer disco Saramaya. Habla de las mujeres, canta a su fuerza y su importancia y les invita a que bailen con ella para celebrarlo. Esta joven nacida en Siguiri, una pequeña localidad de Guinea Conakry, le dedica esta pieza a su madre porque, para ella, es el ejemplo de esa energía femenina. No es extraño, porque ella misma ha heredado esa potencia, la esconde bajo una voz suave y una mirada tímida y serena, pero no puede ocultarla cuanto habla y, mucho menos, cuando canta. Lo demostró el pasado sábado en la sala Jamboree de Barcelona en la que estrenó en directo su propio disco y el ciclo AfroJamboree que se celebrará una vez al mes.

saramaya-nakany-kanteNakany Kanté se ha metido por primera vez en el estudio para parir un disco completo, antes lo había hecho en condiciones mucho más precarias para grabar una maqueta de cinco temas. Porque la joven guineana lleva apenas cuatro años en Barcelona, donde aterrizó en 2009, pero tiene una trayectoria que presagia un futuro fructífero. Ha estado en el proyecto Afroesfera que pretendía visibilizar la producción musical africana de la Ciudad Condal y ha sido seleccionada para el programa Diversons que intenta dar valor a la diversidad cultural a través de la música. La edición de Saramaya ha sido, sin embargo, un salto cualitativo. “Saramaya” significa en malinké algo parecido a “éxito” y ha repetido hasta la saciedad, tanto en las entrevistas de la promoción del disco como en el concierto de presentación, que eso es lo que ella busca. Sin embargo, en una distancia más corta, Kanté explica que es un concepto amplio de éxito, algo así como respeto o reconocimiento y comenta con un tono de anhelo: “En mi tierra cuando se dice que alguien tiene ‘sara’, todo el mundo le muestra respeto a su paso”.

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Saramaya se cocinó en casa, a partir de la colaboración de Nakany Kanté, que escribe todas las canciones, con su marido (el percusionista Daniel Aguilar), Kalildaf Sangaré y Drissa Diarra. Daniel y Nakany aseguran que estaban dispuestos a grabar y publicar el disco con sus propios medios cuando llegaron, “como caídos del cielo”, Slow Walk Music a proponerse como discográfica de la artista guineana. “Ahora nos damos cuenta de que habríamos renunciado a profesionalidad y a calidad, si lo hubiésemos hechos nosotros mismos”, confiesa Daniel Aguilar. Eso sí Nakany y sus compañeros, que se encargan de los arreglos, se han visto obligados a crear algunas de las canciones en un tiempo record y el resultado “ha sido estupendo”, según la cantante.

El álbum de Nakany Kanté se mueve en un complejo ámbito estilístico. Los más perezosos la sitúan en el world music (que es como no decir nada), pero su personal visión de la tradición musical de África occidental y de los ritmos más actuales (tanto africanos como occidentales) hacen que la clasificación sea complicada. El característico sonido de la kora o el balafón, además de percusiones que van del djembé al tama, pasando por el sabar, nos traslada a África, sin duda; pero ni de lejos se puede considerar que Nakany hace música tradicional. En Saramaya se percibe, en algunas ocasiones más claramente y en otras menos, afroreggae, soukous o mbalax. Por eso, la calificación con la que más cómoda se siente es la de afropop mandinga, una categoría en la que entronca, por ejemplo, con Fatoumata Diawara y dentro de la que, sin embargo, busca configurar su propio estilo.

En cuanto a sus letras, escritas en mandinga, susu o wolof también se mueven en distintos registros, desde historias de amor con el romanticismo exacerbado (en Kalikantigne), hasta cantos de ánimo a las mujeres (en Segué) o a los trabajadores (en Bara), pasando por las experiencias personales, evidentemente (en Saramaya). Las canciones están concebidas en lenguas africanas porque “vienen así”, según confiesa Kanté, que se siente asaltada por ideas en cualquier momento y siente la necesidad de tomar notas o de ponerse a la guitarra, “incluso en mitad de la noche”. “Cuando echo de menos a mi familia, cuando necesito estar en mi burbuja, canto o compongo. Para mí la música construye mi mundo”, asegura. A pesar de todo su siguiente reto es escribir algún tema en español y a tenor de cómo afronta esta joven los retos es indudable que esas canciones llegarán pronto.

Tanto en la grabación de Saramaya como en sus directos, Nakany Kanté se ha rodeado de algunos de los mejores músicos africanos de la escena barcelonesa y por eso puede hacer una lectura del panorama: “En Barcelona hay muy buenos músicos africanos y, sin embargo, la música africana no está demasiado presente. Faltan recursos, en general, promotores, salas, que nos den una oportunidad, porque cuando se organizan cosas el público responde”. En el momento en el que la cantante mostraba esa  confianza todavía no sabía que para su concierto de presentación de Saramaya, la sala Jamboree se iba a llenar hasta la bandera y que más de 250 personas iban a asistir a su espectáculo. Así que apenas unas horas después, los argumentos de Kanté se confirmaban.

La oportunidad que pide la guineana tiene, evidentemente, una dimensión artística y es que los músicos africanos quieren hacer lo que saben, les gusta y hacen bien, tocar. Sin embargo, tiene también una dimensión cultural más amplia que encaja con la voluntad de romper la ignorancia sobre el continente: “A mí siempre me han tratado bien, mentiría si dijese que he vivido actitudes racistas, pero creo que no tenemos oportunidad de aportar todo lo que podríamos. Hay una nueva generación de músicos que quiere mantener la tradición y la respetan, pero que quieren mostrar cosas nuevas. Donde estamos, ese es nuestro país y por eso queremos mostrar lo que podemos hacer”. Y su formulación en forma de deseo es absolutamente transparente: “Me gustaría que la gente nos escuchase, que viese que no todo es música de djembé. Que hay muchas cosas, que hay mucha riqueza. Antes de opinar si les gusta la música africana o no, que nos escuchen y no se fíen sólo de la imagen que tienen. Si nos abren las puertas les vamos a mostrar cosas muy diferentes”.

N’Nha es su canción preferida porque recuerda la fortaleza de su madre. Nakany Kanté refleja esa misma fortaleza, no está dispuesta a rendirse. “El trabajo de músico es duro”, y las oportunidades son pocas, pero está dispuesta a aprovecharlas. Está joven cantante está contenta con lo que está viviendo, pero quiere más oportunidades, quiere que le dejen demostrar, que le dejen avanzar, que le dejen construir. Quiere, en resumen, compartir y demostrar su fortaleza.

De Eros a Oshun: el ‘Decamerón Negro’ llega al teatro

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Eros: En la mitología griega, era el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad.

Oshun: Òşun es una de las deidades de la religión yoruba. Es el Òrìşà de las aguas dulces, de la sensualidad, la coquetería, la sexualidad femenina, el amor y la fertilidad.

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Cartel del espectáculo 'Decamerón Negro'Somos cuerpos que se gozan” rezaba uno de los actores de Decamerón Negro (de L’Om Imprebis), representada en el Teatro Canal de Madrid hasta el 15 de diciembre y que está basada en la obra escrita por el africanista Leo Frobenius a principio de siglo XX.

Inspirada en los relatos sobre el amor y la guerra que Frobenius se encargó de recoger y transcribir de 1904 a 1915 en sus largas expediciones por África, “Decamerón Negro” es un recorrido por algunas historias tanto de África como de los otros continentes donde la sensualidad es la verdadera protagonista del relato. La obra, dirigida por Santiago Sánchez y el burkinés Hassane Kassi Kouyaté, parte de la historia de la creación del mundo con un guiño a la mitología china: Pangu.

“Pangu nació de un huevo cósmico, creó el cielo y la tierra; de su respiración surgió el viento; de su voz el trueno, del ojo izquierdo el sol y del derecho la luna. Su cuerpo se transformó en las montañas, su sangre en los ríos, sus músculos en las tierras fértiles, el vello de su cara en las estrellas y la Vía Láctea. Su pelo dio origen a los bosques, sus huesos a los minerales de valor, la médula a los diamantes sagrados. Su sudor cayó en forma de lluvia y las pequeñas criaturas que poblaban su cuerpo, llevadas por el viento, se convirtieron en los seres humanos. Y de su corazón, partido en dos, el hombre y la mujer, a la vez.”

Porque según L’Om Imprebis su obra “es un recorrido por la sensualidad del mundo entero”. Y es con esta obra, junto con Santiago Sánchez, que el griot Hassane Kassi Kouyaté se estrena como co-director, en nuestro país. Este nacimiento representado en “Decamerón Negro” continúa con el relato de cómo se encontraron los hombres y las mujeres en el mundo, cómo descubrieron sus cuerpos y cómo aprendieron a tocarse, amarse y saborearse.

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Desde relatos de varias partes de África o del Amazonas como Luna, Las flautas de Yurupari o La herida, pasando por El libro de los abrazos de Galeano (grata sorpresa), hasta el Libro del buen amor del Arcipreste de Hita, Las mil y una Noches, y por supuesto, el Decamerón de Boccaccio. Este último nos remite al puro erotismo regido por Eros y por la idea del carpe diem y es el que inspiró a Froebius para bautizar a su obra y el que nos guía en el viaje que realizamos en la sala del Teatro Canal.

Flamenco, tango, danza africanas, djembés, maracas y la voz, son elementos que tienden puentes e hilan historias, bien hiladas. Ello bajo la idea de “espectáculo total”, en la que los actores y actrices, de forma polifacética, cantan, bailan y narran estos relatos. Quizá lo hacen con un tono demasiado pueril que hace esas historias cargadas de erotismo más descafeinadas de lo que pretendía Bocaccio en el siglo XIV con su Decamerón. Un tono más arriba, hubiese podido transportar más profundamente al viaje erótico pretendido.

Con una idea totalmente opuesta al pasaje bíblico del nacimiento de la mujer de la costilla de Adán que pregona la Biblia, la obra parte de la idea del corazón partido por la mitad de Pangu, del que sale la mujer y el hombre, a la vez. Este camino por los relatos eróticos en los que la mujer tiene un papel esencial, rompe su ritmo en algún momento para caer en la estereotipada utilización de sus “armas de mujer” —su físico y su belleza—, para reivindicar así su inteligencia. Un entrada a un jardín de interpretaciones que quizá sería mejor evitar.

sin título (1 de 2)En esta oda a la sexualidad, también hay espacio para la homosexualidad, como no hubiese podido ser de otra manera. El amor entre mujeres cuando “amasan el pan” en la panadería y el tango seductor que bailan los hombres, irrumpe en escena sin tapujos y con naturalidad. De la misma manera, la idea de orgía está presente toda la obra: una orgía de danza y de cuerpos que los actores y actrices se esmeran en transmitir con una gran belleza.

Poder ver algunos de los pasajes de la obra “Decamerón Negro” de Leo Frobenius llevada al teatro es esperanzador y una declaración de intenciones de acercar la tradición oral del África Negra. También lo es mostrar el amor y la sexualidad desde un punto de vista antagónico a lo que estamos acostumbrados. Como dice su director Santiago Sánchez: “La narración africana está marcada por la ausencia del concepto de pecado; el cuerpo es un lugar de encuentro de placer, no hay una barrera mental”. Y es que somos cuerpos que se gozan…

 

‘Mitú’: techno palenquero desde la selva urbana bogotana

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Julián Salazar y Franklin Tejedor. Foto de Polen Records

Podría parecer imposible calzar en una misma frase los conceptos “techno” y “palenquero” y sin embargo Julián Salazar y Franklin Tejedor, lo hacen. Mitú es el punto de encuentro entre tambores alegres y sintetizadores, entre la selva palenquera y la gran urbe de Bogotá, entre tradición y modernidad…
Julián, guitarrista de Bomba Estéreo y apasionado de los sonidos electrónicos y Franklin, percusionista de San Basilio de Palenque, han creado esta propuesta que integra estas dos herencias e influencias musicales y cuyo debut ha sido su album Potro (Polen Records) que nos invita directamente a la pista de baile.

 

 

Foto: Facebook Mitú

Foto: Facebook Mitú

En este “techno de la selva” los sintetizadores son análogos, construidos a mano por ingenieros en Alemania. En esa misma base de techno o acid house compuesta por Julián, podemos oír el tambor alegre colombiano o cante en palenquero —lengua con base castellana y bantú— de Franklin. Como afirma el crítico musical Rubén Rodríguez “Muchos confiesan que, al escuchar los sintetizadores análogos de Salazar y los golpes tamborileros de Tejedor, no queda más que bailar al agitado compás que emite la dupla”.

Estos sonidos ya están recorriendo Colombia, Estados Unidos y varios países europeos, incluido España. La semana que viene (el jueves) tendremos la posibilidad de escucharles en directo en un concierto que ofrecerán en Lleida, en el festival Live Sessions Day.

En esta gira por Europa, hemos podido entrevistar a Julián para que nos cuente un poco más sobre el proyecto de Techno Palenquero.

Vanessa- Wiriko: ¿Cómo y cuándo surge Mitú? ¿Por qué “Mitú?

Julián-Mitú: Mitú surge en Bogotá, hace mas o menos 1 año y medio.
Franklin y yo nos conocíamos hace mas de dos años y habíamos tenido la inquietud de tocar juntos para ver que salía, pero no habíamos encontrado ni el tiempo ni el espacio.
Yo venia trabando desde hacia un tiempo solo con maquinas análogas, sintetizadores, maquinas de ritmo. Simplemente no quise trabajar más con un computador para nada. En un punto de ese trabajo me pareció interesante retomar esa idea que teníamos con Franklin de ver que pasaba si mezclábamos lo que cada uno hace. De ahí tiempo después nos fuimos a ensayar, hicimos canciones y después un álbum.
Lo de ponerle Mitú fue una búsqueda más por sonoridad que por definición. Me gusta mucho la palabra, significa pájaro en la lengua de los indígenas que habitan el municipio y esa región del Vaupés. Es un destino remoto en todo caso, aislado por tierra selva adentro.

¿A quién os dirigís? ¿Qué tipo de gente podemos encontrar en una sesión de Mitú?

A quien nos quiera escuchar, supongo que podrías encontrar a cualquier persona en un concierto nuestro.

La música que producís tiene una base de techno y de sonidos electrónicos combinados con sonidos palenqueros, voz y percusión. ¿Cómo hacéis a nivel técnico para integrar las dos vertientes? ¿La base electrónica que utilizáis tiene también sonidos “palenqueros”?

Técnicamente son varios sintetizadores y máquinas de ritmo y tambor. Las dos partes se juntan para complementarse. En algunas ocasiones las programaciones de las máquinas de ritmo toman los acentos de tambores y los sintetizadores algunas veces tratan de emular sonidos de instrumentos de viento folclóricos, pero no necesariamente siempre es así.

¿Contempláis la introducción de otros bases provenientes de África para incluir en vuestra música?

Supongo que seria el resultado de una investigación mas especifica sobre ritmos y sonidos africanos, pero no estamos en esa búsqueda actualmente. Estamos tratando de sacar la música de nosotros mismos, ver como nos sentimos y traducirlo sonoramente. Supongo que en algún punto podría ser muy interesante.

¿Cómo se ha acogido en San Basilio de Palenque? ¿Ha sido bien recibida la mezcla de sonidos electrónicos con los sonidos más tradicionales?

Aún no hemos ido a tocar a San Basilio de Palenque, así que mucha gente allá no lo conoce. Sin embargo, tuvimos la oportunidad de tocar para el papá de Franklin y su grupo “Las Estrellas Del Caribe” conformado todo por músicos veteranos de Palenque. Les gusto mucho y nos felicitaron.

En Mitú podemos escuchar la voz de Franklin hablando en lengua palenquera que tiene una base del castellano y del bantú ¿se mantiene muy viva en la región?

En un tiempo se perdió mucho la lengua, porque los mayores en algún momento en su actitud de salir a la ciudad cohibieron a los jóvenes de hablar palenquero. Pero ahora se están haciendo esfuerzos para salvaguardar la lengua, se han sacado diccionarios y tratando de culturizar a la población palenquera y del resto del país acerca del valor de la lengua.

Cada uno de vosotros ha tenido una trayectoria musical muy diferente, que ha convergido en este proyecto común ¿Brevemente, cuál ha sido en vuestra vida vuestra relación y experiencia con la música? Y sobre todo ¿cuál es vuestra influencia o inspiración?

Creo que coincidimos en que la música lo es todo, no nos vemos haciendo otra cosa.
A mi desde siempre me a gustado la música electrónica y Franklin ha crecido tocando folclor y siempre me ha gustado la música africana.

Mitú está sonando cada vez más fuera de Colombia. Sonáis en Estados Unidos, Reino Unido, España, etc. Teniendo en cuenta que África está presente en vuestra música ¿Tenéis pensado dar a conocerla en algún país africano?

Esperemos que se de en algún momento, seria estupendo que viajáramos con nuestra música y encontráramos paralelos de lo que hacemos en el continente africano. Poder mostrar que nuestra música también esta influenciada geográficamente por la música africana y por otras de otros lugares, y que puede hacer un viaje de vuelta a una de sus raíces.

¿Qué proyectos tenéis en mente?

Tocar mucho y sacar un nuevo disco muy pronto.

Esta semana los que estén en Lleida, tendrán la posibilidad de veros por primera vez en nuestro país, concretamente en el Festival “Live Sessions Day” ¿Nos podéis dar más detalles sobre vuestra participación en este Festival?

El 31 bien tarde, mas exactamente el 1 de Noviembre en la madrugada tocaremos en el festival Sessions Day en Lleida. Tocaremos en el Cotton Club, esperamos que la gente nos acompañe… será nuestra ultima presentación de esta corta estancia en Europa. El día anterior, el 30, también estaremos en Lleida dando una presentación para programadores de festivales y gente de la industria.

Muchas gracias y suerte

 

Más información en su Facebook

Note

San Basilio de Palenque, fundado por los esclavos que huyeron en el siglo XVII, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ello ha sido porque se han logrado mantener las tradiciones musicales, religiosas y orales de antaño. La raíz africana está muy presente en su organización social y en su herencia cultural

 

1:54 Feria del Arte Africano Contemporáneo de Londres

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La Feria 1:54 arrancó ayer con un éxito rotundo. La plataforma, impulsada por la marroquí Touria El Glaoui (hija del famoso artista Hassan El Glaoui) y bajo la dirección artística del tanzano David Adjaye y de la camerunesa Koyo Kouoh, levanta su primera edición como un punto de encuentro para galerías, artistas, museos y centros de arte en una de las mayores capitales del arte mundial: Londres. Como uno de los mayores ejes mundiales para el arte africano, el encuentro se presenta como muestra del éxito de este sector fuera del continente, y tiene como objetivo impulsar el trabajo de los artistas africanos más consolidados en el ámbito internacional, pero también dar a conocer el arte emergente de uno de los continentes con más potencial artístico. Para ello, 1:54 unifica en una sola feria las 54 naciones africanas, más de 70 artistas y 15 galerías de todo el continente, a partir de una de sus mayores riquezas: su cultura visual, tanto pictórica, escultórica como fotográfica, a base de diferentes instalaciones y técnicas mixtas.

La exposición, que se encuentra en el Somerset House, en el corazón de Londres, coincide con la Frieze Fair hasta el dia 20 de Octubre y se complementa con un interesante programa de conferencias, proyecciones de películas y documentales, y debates sobre las artes africanas contemporáneas que cuenta con la participación de expertos, artistas y comisarios de Dakar, Lagos, Ségou, Luanda, Ciudad del Cabo, Washington, Paris, Londres, Berlín, Manchester o Dubai. Algunas de las galerías más importantes del continente africano, como el Museo de Arte Moderno de Guinea Ecuatorial, el Centro de Arte Contemporáneo o la Galería Omenka de Lagos, la Galería Cecile Fakhoury de Abidjan, la Galería First Floor de Harare o el estudio creativo ArtLab de Kenia también forman parte de este inspirador encuentro.

Las obras, cuyos precios oscilan entre 1.200 y 360.000 euros, representan el rico abanico visual del continente, con algunos de los trabajos más representativos del arte africano moderno y contemporáneo. La selección ofrecida por la Feria 1:54 expone diferentes medios a través de los cuales los artistas africanos seleccionados expresan sus principales preocupaciones o sus focos de atención. Con muestras de “street art”, pinceladas de cultura popular, fotografías, construcciones con materiales reciclados o bien vocabularios más tradicionales como los acrílicos sobre lienzo, el encuentro muestra la consolidación de África dentro de los circuitos ya establecidos.

El próximo paso para la Feria de Arte Africano Contemporáneo 1:54, como reconoce su principal artífice Touria El Glaoui, es la necesidad de construir un encuentro como éste en el propio continente africano.

Nila Band, ya entre la escena musical africana en Londres

Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

 

Hay muchos lugares en Londres que llevan a África. O más bien a una pequeña parte de África, pero que se va extendiendo, fusionando al mismo tiempo que dispersando, cuando se asiste a más de uno de esos lugares. El primer viaje surge casi de manera accidental. Entras en un sitio que suele tener buena música en directo, como The Vortex, el club de jazz en la transitada plaza de Dalston, Gillet Square, o Passing Clouds, un pub con eventos de lo más variopintos, desde presentaciones de libros, proyecciones de películas con algún tipo de interés político o sociocultural, hasta largas noches de bailes entre un ambientazo musical… O también en el este de Londres, en el ático de los cines Hackney Picture House, o Rich Mix, en Shoreditch, un cine con biblioteca y salas que acogen buenas películas y festivales. Y también un poco más al sur, en The Ritzy, ese cine que exhibe películas de distintas nacionalidades y géneros, y el legendario pub de Brixton, The Hootananny, con todo tipo de bandas de reggae y música latina, y de fusión, bajando la calle desde The Rizty. Todos esos lugares, entre otros, permiten saborear sonidos africanos. Sonidos africanos que han sido “glocalizados”, es decir, adaptados a la capital británica, punto de encuentro de tantas culturas.

El primer viaje a los ritmos africanos no se olvida, en la mayoría de las ocasiones por la calidad musical, cargada también de ciertas dosis de inevitable “orientalismo”. Es decir, esa admiración por Oriente (identificando a Europa y América con Occidente por oposición) en la que se siente atracción por lo exótico, lo desconocido, según analizaba el escritor y profesor palestino Edward Said. Sin embargo, un fenómeno, éste del orientalismo, que ha sido cómplice de simplificaciones y falsas asociaciones de “otros” lugares, mirados desde ojos occidentales. Poco a poco, esa mirada se va contrarrestando por el protagonismo de voces propias, de sonidos que se desplazan, se mezclan y se comparten. Sonidos que abren la puerta a un continente cuya riqueza cultural no ha alcanzado aún el grado de reconocimiento profesional que sus integrantes reclaman, la mayoría de las veces por la falta de solidez de las redes de distribución.

Uno de los espacios para celebrar esta música es Open the Gate, un festival totalmente gratuito, que abrió sus puertas de 12 del medio día a 12 de la noche, en Rich Mix el domingo dos de junio. Aunque este espacio supuso para muchos de los asistentes un primer viaje, para muchos era ya, al menos, el segundo viaje. La larga tradición de inmigración africana en Londres ha formado una sólida diáspora que no solo reúne a grandes músicos y artistas de distintos países del continente, como Diabel Cissokho, Jally Kebba Susso, o Kodjovi Kush, todos allí presentes como artistas o como público, sino que convierte a la cosmopolita capital en un lugar de emergencia de grandes músicos y artistas. Éste es el caso del joven Alioune Samb, fundador de Nila Band, una de las participantes en el festival Open the Gate.

Alioune Samb nació en los años 70 en la capital de Senegal, Dakar, en una época marcada por la consolidación de la primera generación de artistas senegaleses, como Youssou Ndour, Laye Mboup (hasta su muerte, principal cantante de la Orquesta Baobab, Ismael Lô (cuya canción ‘Tajabone’ alcanzó mucha fama en España tras servir de banda sonora de la película de Almodóvar Todo sobre mi madre), o Souleymane Faye, que popularizaron la música senegalesa. Ya esta música, diez años después de la independencia de Senegal, adaptaba estilos de la música tradicional wolof (etnia mayoritaria del país), con influencias afrocubanas, de aquellos que habían emigrado y vuelto a Senegal, y el estilo de los “boy towns” de las zonas urbanas de Dakar. En efecto, desde la colonización del país, la cultura tradicional senegalesa estuvo y sigue estando en un continuo proceso de metamorfosis. Esto se debe a la influencia de las fuerzas internas y externas: el constante flujo de personas que van, y en muchos casos vienen, a Europa, Estados Unidos, y por tanto, donde se crea una especie de espacio de tránsito permanente, dada la situación geográfica de Senegal. Esta mezcla cultural se manifiesta por supuesto en la cultura popular actual, a través de determinadas formas de vestirse, peinarse, comportarse, pero también, de la manera de hacer música. Ya no se trata de reproducir patrones normalmente asociados con la “tradición”. Resulta cada vez más difícil definir este término, porque esa tradición se enriquece con múltiples influencias, como el blues, el jazz, la salsa, el reggae, el hip-hop y el rap…

Por tanto, no es de extrañar que el propio Alioune Samb, miembro principal de Nila Band, describa así su música, como una mezcla de blues, jazz y salsa, pero que parte de lo que el llama la música tradicional senegalesa, el sabar, que son los tambores (entre 6 y 12) que se tocan con una sola mano y un palo no muy grueso, y que dan lugar a un tipo de percusión muy característica, acompañado por el mbalax, el tulli y el talmbat, siendo el mbalx el acompañamiento rítmico (o bàkk) más conocido. Siguiendo con la tradición oral, si bien en otras partes de África occidental los responsables de la transmisión oral, los griots, o géwëls en wolof, lo hacían a través de la palabra, en Senegal, se entendía que era a través de la música, en la que los propios tambores hablan, con determinados patrones que se repiten, pero que no todos consiguen sacar a los tambores, sólo los griots. Fue en los setenta precisamente donde se dio el auge del mbalax, con Youssou Ndour, entre otros. No sólo se escuchaba en bares, sino en ceremonias de gran importancia en la vida social senegalesa, como bautismos y bodas. Esta es una influencia muy notoria en Nila Band, como por ejemplo en Wallou, cuyo mbalax recuerda al fondo rítmico de muchas canciones de Youssou

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Sin embargo, no todo en África son tambores. De hecho, uno de los principales instrumentos de Senegal, propio de los griots, es la kora, en Londres representada principalmente por Jally Kebba Susso y Diabel Cissokho. En el caso de Alioune Samb, el instrumento es el teclado. Según cuenta a Wiriko, su carrera musical empezó tarde, porque sus padres preferían que se centrara en sus estudios – “Sobre todo mi padre estaba en contra de que tocase. Pero la música es algo que uno no puede esconder. Si la siento, tengo que hacer algo”. En principio, empezó con el bajo, que su primo le prestaba, pero como era zurdo, no le iba muy bien. Hasta que un día llegó su hermano de España con un regalo que le cambiaría la vida: un teclado. En cuanto su primo le escuchó, confirmó lo que ya Alioune presentía, que ése era su instrumento – “Desde entonces, empecé a tocar el teclado, a escondidas en casa. Me ponía detrás de la puerta a tocar. Si escuchaba a mi padre, lo escondía corriendo debajo de la cama. Y abría los libros, haciendo como que leía o estaba aprendiendo algo. Así fue cómo aprendí, vaya, no fue fácil”.

Entonces sus padres conservaban la idea de la música de la generación que habían vivido, asociada a una mala vida que se ganó peor reputación. Pero poco a poco Alioune les demostraría que la situación había cambiado y que la música se podía entender como una profesión respetable. Así en 1995 se unió a Super Jam, junto con unos amigos, y más tarde a Masla Bi. Y llegó a tocar con una de las voces femeninas más importantes de Senegal, Fatou Guewel, en salas como el Centro cultural del instituto francés, tiempos que recuerda como una buena experiencia, en las que aprendió mucho. Venir a Londres, en principio de gira, era en realidad un intento de dar un salto a la profesionalización de su música, y sobre todo una oportunidad para desarrollarse a nivel musical. De momento está trabajando muy duro para que este proyecto profesional se convierta en una realidad cada vez más cercana. Alioune ve en Londres una oportunidad de relaciones, muy típico, tal como lo han analizado expertos como Lucy Durán, de la música que se crea en la diáspora africana. Se da un fenómeno de colaboración, en la que griots tocan con no-griots, con gente también local, como puede verse en este festival Open the Gate. Hay guitarras y bajistas españoles, británicos, y no están de fondo, sino que son caras que se reconocen también en los distintos conciertos. Son músicos que se han integrado en esta diáspora, y que, tal vez de manera no intencionada, han revolucionado, en conjunto con los propios músicos senegaleses, el estilo musical del griot, ahora mucho más contemporáneo, pero sin olvidar nunca las raíces. Alioune lleva ya siete años en Inglaterra, pero para él éste no es más que la fase final del inicio de su viaje.

 

Recursos

Falola, T. &. (Ed.). (2010). Music, performance and African identities. London: Routledge.

Kwabena Nketia, J. (2005). Ethnomusicology and African Music. Accra, Ghana : Afram Publications.

Racanelli, D. (2011). Diasporic Jeliya as a Collaborative Trade in New York City. African Music: Journal of the International Library of African Music , 9 (1), 136-154.

Tang, P. (2007). Masters of the sabar : Wolof griot percussionists of Senegal . Philadelphia, PA: Temple University Press.