La película Xalé, Premio del Público del FICAC 2025
La película del senegalés Moussa Sène Absa recibe el Premio del Público en el Festival Itinerant de Cinemes Africans de Catalunya (FICAC) tras ser la mejor valoraada en una veintena de municipios catalanes. Un proyecto pionero en Catalunya, el del FICAC, que se consolida como espacio de transformación social a través de las cinematografías africanas.
En algún lugar estaban todas esas historias. Quizás bajo la sombra de un viernes en la mezquita principal de Saint Louis en el barrio con aires de metrópoli arrugada que representa la que fue un día la capital colonial de Senegal. Tan preciosa. Tan pescadora. O tal vez, en la ventisca del desierto que rompe el grito de coras y djembés en la parte Este del país y golpea baobás. O tal vez en la palabra que se hace rebelde en la región sur que sueña con independizarse del norte y que cuestiona estructuras pasadas mientras protege la tradición de la realeza. La paz, el kasumai que nos ilumina. O en uno de los barrios que Dakar pinta de arena, mbalax y grafitis gracias a una generación joven, contestataria, inconformista a ratos y siempre apretando el gatillo de la creatividad en lo físico o en las ágoras de Internet. Senegal y cine forman un binomio barroco, ensortijado, luminoso y futurista. Siempre ha sido así. Desde los pioneros y pioneras que apagaban la luz para proyectar sus historias hechas imágenes para inocular el virus anticolonial a través del séptimo arte.
En este país hablar de cine es hablar de una herramienta necesaria para enfrentarse al abismo que provoca el duelo social que, pese a estar en muchas ocasiones al alcance, continúa viéndose como una propuesta cultural que no es autóctona. Cine como retroviral. Como terapia. Cine como amor a la vida. Y es entonces cuando la dosis de magia filosófica activa la vieja premisa de los griots, de los cuentacuentos que una vez cambiaron la voz por una cámara: nos dejan que imaginemos, que unamos la serie de puntos suspensivos en el papel, que seamos los cómplices que finalizamos el rompecabezas de este lado de la butaca.
El Festival Itinerant de Cinemes Africans de Catalunya (FICAC) ha cumplido este año su cuarta edición con más de 2.000 personas que han visto un total de seis películas africanas en casi una veintena de municipios catalanes y de las cuatro demarcaciones provinciales. Este proyecto pionero en el país comienza a dar sus primeros frutos gracias a multitud de técnicos y técnicas, de equipamientos municipales de asociaciones, de voluntarios que hacen posible esa máxima de uno de los padres de los cines africanos cuando hablaba del cine como una escuela nocturna para su pueblo. Ousmane Sembéne también alertaba cuando le preguntaban para quién hacía sus películas que, Europa, no era su centro. Y esta bofetada que todavía resuena en los círculos francófonos apoltronados en cafeterías aterciopeladas es verdad absoluta.
Las historias del 2025 tenían este año un foco especial en Senegal y ofrecían a la audiencia que asistía la posibilidad de votar la obra que más les hacía vibrar. Buscábamos esa melodía, ese fotograma que nunca desaparece de la memoria. Y ha sido Xalé, del director Moussa Sene Absa la que ha recibido el Premio del Público del FICAC 2025. El aplauso no es solo para una película: es para una mirada global sobre Senegal, tejida pacientemente a lo largo de tres décadas de cine.
J’adore la musique et tous mes films sont une ode musicale.
Moussa Sené Absa
Con Tableau Ferraille (1997), Madame Brouette (2003) y Xalé (2022), Sene Absa ha levantado una trilogía que pone a las mujeres en el centro de la historia de su país. No como símbolos abstractos, sino como cuerpos cansados, voces que discuten, ríen, desean y se equivocan; como trabajadoras, amantes, madres, hijas, vecinas, siempre en lucha contra estructuras políticas, económicas y familiares que las dan por sentadas.
En Tableau Ferraille abrió la puerta a un barrio que lleva la cicatriz de la corrupción y las promesas rotas de la independencia, y nos mostró cómo las mujeres sostienen, con su trabajo y su dignidad, un país que a menudo las mira de reojo. En Madame Brouette transformó un simple carrito de la compra en un trono precario desde el que una mujer se atrevía a exigir respeto y justicia, llevando esa historia hasta un Oso de Plata en Berlín.
Con Xalé, el viaje llega a su punto más doloroso y luminoso a la vez. Ha sido capaz de girar la cámara hacia la adolescencia nombrando, sin rodeos, las violencias que se esconden en el interior de la familia: el abuso, el silencio, la culpa que cae siempre sobre los hombros femeninos. Pero incluso ahí, donde la herida es más profunda, el cine de Sene Absa no renuncia a la belleza: los colores, la música, los coros griegos, el humor que se cuela en mitad de la tragedia, todo habla de un amor inmenso por su pueblo y por sus hijas.
En este Senegal de colores intensos y música que se cuela por cada rendija, la historia de Awa y Adama se convierte en algo más que una tragedia íntima sobre migración (hacia fuera y hacia dentro): es el eco de muchas otras historias, de muchas otras chicas que crecieron creyendo que la familia era refugio y descubrieron que también podía ser tormenta. Pero incluso entre las ruinas, la película deja un lugar para la resistencia: en la forma en que Awa se niega a desaparecer, en la solidaridad silenciosa de las mujeres, en la posibilidad de que, al contarse estas heridas, algo empiece por fin a cambiar.
Al cerrar la trilogía de Moussa Sène Absa sobre las mujeres, Xalé se siente como una última carta escrita con rabia y ternura a la vez: una narración donde la infancia se quiebra, pero la voz de las niñas —ahora jóvenes, ahora conscientes— se levanta, por fin, contra los mandatos que la quisieron silenciar.
En alguna ocasión el propio artista ha mencionado que para descolonizar el cine primero hay que descolonizarse a uno mismo. En su obra eso se ve en cada decisión: equipos y elencos senegaleses, historias contadas en wolof y en francés, una puesta en escena que bebe tanto del melodrama popular como de la tradición oral y la pintura. Su cine discute con el mundo, pero no pide permiso para existir; entra en diálogo con la historia del cine sin dejar de ser, radicalmente, de casa. Ese homus senegalensis tan global como local.
Por eso este Premio del Público tiene un peso especial: llega de manos de la audiencia, de esas miradas diversas a las que siempre se ha querido dirigir. Es la confirmación de que su trilogía no se queda en los catálogos de festivales ni en las filmotecas especializadas, sino que activa otros lugares no comunes: la emoción de la gente común, en quienes reconocen en personajes como Awa, en los de Madame Brouette o en las mujeres de Tableau Ferraille a sus madres, sus vecinas, sus amigas, a ellas mismas.
Hoy el FICAC celebra el premio de Xalé, pero queremos celebrar todo su recorrido: el del cineasta que se niega a dejar de ser rebelde; el artista total que escribe, pinta, compone y hace del cine un cruce de todas esas artes; y, sobre todo, al narrador que ha elegido escuchar primero a las mujeres de Senegal y, desde ahí, hablarle al mundo.
Que este homenaje sea también un agradecimiento: gracias por abrirnos la puerta de tu país a través de ellas; gracias por recordarnos, película tras película, que mientras las mujeres no sean libres, ningún pueblo lo será del todo.
Larga vida a tu cine, Moussa Sène Absa. Y que después de esta trilogía sigan viniendo muchas más miradas indómitas, igual de libres, igual de necesarias.
Co-fundador de Wiriko. Doctor en comunicación en África al sur del Sahara (US), Máster en Culturas y Desarrollo en África (URV), Máster en Relaciones Internacionales (UCM) y Licenciado en Periodismo (US). Es analista político y profesor universitario de Relaciones Internacionales, periodismo internacional y cines africanos. Ha realizado documentales en España, Cuba, Senegal, Kenia, Sudán del Sur, Mozambique o RDC. Responsable del área de Formación y de Comunicación y coordinador de la sección de Cine y Audiovisuales del Magacín. Contacto: sebas@wiriko.org











