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La madrina de la literatura feminista no es una aguafiestas

Ama Ata Aidoo ha sido considerada una de las madrinas de la literatura feminista africana. En Wiriko no nos gustas las etiquetas. Hacen más profundas los compartimentos que encorsetan y limitan y acostumbran a ser el reflejo de una visión superficial. En este caso, la etiqueta parece aceptable en la medida en la que reconoce la labor de pionera de esta enorme escritora ghanesa y, sobre todo, su capacidad para construir clásicos.

Ama Ata Aidoo y la Dr Wangui Wa Goro en Africa Writes / Estrella Sendra

Y un buen ejemplo es Nuestra hermana aguafiestas, la única de las obras de la reconocidisima escritora editada en castellano. Ya fue publicada en 2014 por la colección de literatura africana impulsada por Casa África y ahora, el colectivo Camabalache recupera la traducción de Marta Sofía López. Se trata de la primera novela (novela, por encajar esta obra en alguno de los géneros literarios básicos, porque el texto es mucho más que una novela) de la escritora ghanesa. No quiso esconder sus pretensiones, sobre todo, cuando le añadió el subtítulo “O reflexiones desde una neurosis antioccidental”. Pero lo más impactante es que se pueda leer una novela escrita originalmente en 1977, hace más de cuatro décadas, teniendo la sensación de que se están pasando las páginas del diario de una migrante africana actual.

Ama Ata Aidoo relata en Nuestra hermana aguafiestas la experiencia de una joven ghanesa que viaja a Europa, concretamente a Alemania e Inglaterra, con una beca para estudiar. Sissie, la joven estudiante termina siendo una aguafiestas, porque es incapaz de aceptar la autocomplacencia en la que han caído algunos de sus compañeros. Sissie se revela ante la actitud de los que han conseguido una cierta posición y han decidido quedarse definitivamente en los países en los que fueron recibidos con el encargo de formarse y volver a sus países a trabajar en el desarrollo de esas sociedades.

En todo caso, la experiencia de Sissie es más extensa. A través de su recorrido, Ama Ata Aidoo lanza una reflexión sobre el racismo de Occidente y sobre las relaciones desiguales que se perpetúan entre el Norte global y el Sur y, sobre todo, entre los hombres y mujeres de las correspondientes regiones del mundo. Aidoo, apunta también el papel de la mujer o la colonización cultural. Habla de lenguas o resistencia, pero su objetivo no es sólo la trata esclavista o la colonización, la escritora ghanesa también dispara contra la mezquindad de los gobernantes africanos y contra la falta de responsabilidad de sus élites.

El prólogo de la traductora de la obra de Aidoo ya es una joya para entender el contexto de la escritora, sus inquietudes y el marco que encuadra la obra. “En ningún momento la autora se deja deslumbrar por ‘los soles de las independencias’, esa ola de optimismo sobre el futuro del continente africano que recorrió el mundo entero en la era de las descolonizaciones. Y mucho menos por el oropel del mundo occidental, especialmente de una Europa paternalista y falsamente benevolente que aparentaba (y sigue aparentando) apostar por el desarrollo, las políticas democráticas y el lavado de conciencia colectivo sobre la historia del esclavismo, el imperialismo, la colonización y la neocolonización”, señala la traductora.

Aidoo no escatima la crítica hacia lo que llama “negro moderado” del que dice que “puesto que los intereses que con tanto afán defiende ni siquiera son los suyos, sólo puede regurgitar lo que ha aprendido de sus amos”. Lanza, igualmente, certeros dardos contra sus gobernantes al recordar que

“También hemos oído hablar,

¿a que sí? De países

en África donde

llueven desde Europa

esposas de presidentes.

Y traen a sus hermanos o… sabe Dios

para gestionar la

economía.

Una idea excelente…

¿cómo podría un negro

de mierda

gestionar nada

sin que expertas manos blancas

le tengan bien apretados los cojones

y el bolsillo?”

Y es que para ser la primera novela de Ama Ata Aidoo, la escritora ghanesa no tuvo complejos. Después de dos obras de teatro, un género que ha dado la máxima popularidad a la escritora, Aidoo no se pudo contentar con un formato de novela ortodoxo. En Nuestra hermana aguafiestas hibrida géneros y entremezcla la prosa y la poesía, combina en el relato un estilo narrativo convencional y otros más próximos a la escritura automática de una reflexión íntima y apasionada.

El feminismo va atravesando la historia apoyada en la experiencia de una mujer joven africana, primero en un entorno que le resulta extraño, y después entre los hombre que forman parte de la misma diáspora a la que pertenece ella.

“Porque

aquí bajo el sol

ser mujer

no ha sido

no puede ser

nunca será un

juego de niños”

El racismo también está muy presente en todo el relato. Durante la experiencia de Sissie, se cruzan noticias que ponen de manifiesto el discriminatorio sistema sudafricano, pero además se ponen constantemente de manifiesto, la mirada a veces paternalista, a veces huidiza a la que tiene que enfrentarse la estudiante en Alemania, donde a ratos es una extravagancia y a ratos una amenaza. Y entre esas historias dramáticas, Aidoo encuentra el espacio para girar el enfoque habitual con abordajes que no están exentos de ironía. “Pero, ay, su piel… Parecía como si en sintonía con sus emociones, la piel de Marija se encendiera y se apagara como un neón bicolor. Así que, contemplándola a la luz del sol poniente, Sissie no podía evitar pensar que esto de ser blanco era un asunto delicado”.

En definitiva y a pesar de pasar el esclavismo, la colonización y las diferentes formas de opresión y de no olvidarse de la colonización cultural, o precisamente por eso el apogeo del relato llega con la confrontación de Sussie a sus propios compatriotas, cuando intenta empujarles a abandonar la comodidad adquirida y a implicarse con el desarrollo de sus países. Las respuestas que recibe y los personajes con los que se encuentra en esa confrontación dan una idea de reto que supone la fuga de cerebros. En fin toda, absolutamente toda esa historia es pura actualidad, a pesar de tener más de cuarenta años.

Fatou: “Si nuestras mujeres siguen llorando, se reflejará en la siguiente generación”

Fatoumata Diawara (Fatou) es un vendaval en el escenario pero, tras la última nota, deja calma y muchos pensamientos. La artista maliense llega esta semana a España (viernes 27 en Cartagena y sábado 28 en Valencia) para seguir con la presentación mundial de su último trabajo, Fenfo, que salió a la venta el pasado mes de mayo.

Fenfo, que podría traducirse como “algo por decir”, es una declaración de intenciones. Diawara llevaba mucho tiempo guardando cosas que ya no le cabían en su pecho. Por eso, a boca llena viene a defender los derechos humanos. “No me conformo con decir que todo está bien porque no lo está. Ahora tengo un hijo. Hay que crear un mejor futuro”, contó la cantante a Wiriko.

Este nuevo álbum, que llega siete años después de su aclamado Fatou, es un doctorado por la paz. Un alegato a favor de los migrantes, de las generaciones frustradas del continente africano y del empoderamiento de la mujer. “Es hora de ver la cara amable de África. Somos nosotros los que tenemos que darla a conocer al mundo”, dijo Diawara durante su poderoso concierto en el londinense Jazz Café.

Fenfo “es la voz de un bebé por nacer que le habla a este mundo caótico. Hay niños viviendo en guerras, sin comida y ya nadie sabe qué va a ser de ellos. ¿Cuál es su futuro?”, se pregunta la maliense. Y mientras, su hijo se escucha revoltoso al otro lado de la conversación telefónica que la cantante mantiene con este periodista. “Soy madre. Soy más sensible y ahora tengo otra razón para luchar por alguien”.

La vocalista desmorona los estereotipos con su voz dulce. Mide las palabras o quizás las busque. Se excusa en su dominio del inglés, pero Diawara no necesita otro idioma más que el suyo, el bambara, para generar debate. A pesar de que se le ha animado a cantar en francés o en inglés, la artista prefiere dedicar esfuerzos a los suyos con temas directos que al principio incomodaban. “Ya no les sorprenden mis letras. Son mis señas de identidad para hacer que las cosas cambien”, afirma.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Ouaga Girls: el motor de Burkina Faso

*Artículo original publicado en el blog de El PaísÁfrica no es un país.

Hay muchas formas de mostrar las calles aterciopeladas de humo de motocicleta en Uagadugú, la capital de Burkina Faso. Pero la que eligió la realizadora nacida en Suecia y criada en el país africano Theresa Traore Dahlberg podría ser perfectamente la de alguna reconocida marca de coches. Cámara lenta, cuerpos esbeltos, vestuario que golpea desacompasadamente la paleta de colores, un cielo gris pastel, y la guinda: una cuidada banda sonora de afrofunk por Richard Seydou Traoré. Sí. Los primeros dos minutos del documental Ouaga Girls simbolizan lo que en Wiriko ponemos tantas veces de manifiesto: que las sociedades africanas están en movimiento y son creativas. Y su directora lo grita a los cuatro vientos mostrando una visión transversal de la vida de varias jóvenes que se enfrentan a la inevitable y difícil transición universal de la adolescencia a la vida adulta en este país de África occidental.

La película se desarrolla en Burkina Faso (La tierra de los hombres íntegros) justo después de la caída del régimen de Blasie Campoaré, tras 27 años en el poder. Un contexto social y político que se desvela sutilmente a través de conversaciones de radio, vallas publicitarias, conversaciones telefónicas y otros momentos transitorios. Ellas sienten la brisa de la renovación en el país, pero para las mujeres no hay entusiasmo en las elecciones gubernamentales de finales de 2014. La vida continúa para las chicas con una silenciosa resignación que en esencia no cambiará nada. Es más, a pesar de que la escuela de Formación Profesional fue establecida como parte del proyecto de desarrollo social implementado por Thomas Sankara, ellas no tienen ningún tipo de confianza en el nuevo Gobierno que salga de los comicios. Una agridulce sensación (el 52% de los jóvenes están desempleados) que se adereza con las imágenes de un concierto del activista y cantante Smokey; la música como válvula de escape. Y el puño en alto.

Llama la atención que esta historia se desarrolla entre martillos, llaves inglesas y motores oxidados. Pero este documental de 83 minutos –y presentado recientemente en el DOCS Barcelona– va más allá de un trabajo sobre los roles tradicionales, más bien muestra a un grupo de chicas que se encuentra en su último año en una escuela de Formación Profesional esperando salir al mercado laboral en un sector ampliamente reservado a los hombres.

– Papá, aunque soy chica, me quiero dedicar a la mecánica de coches, aquí, en Burkina Faso.

Una barrera de género que no las disuadirá en su empeño por acabar los estudios, aunque para ello tengan que hacer malabares para sobrevivir en sus sombrías situaciones económicas. He aquí un trabajo fílmico que enfatiza la libertad de las protagonistas, incluso en medio de la incertidumbre.

Para leer el artículo completo, puedes hacerlo en la página de África no es un país.

Reivindicación feminista e historia de Nigeria, dos en uno

Quédate conmigo tiene el regusto de las grandes novelas escritas por mujeres en las postindependencias. Tiene ese regusto, pero aporta un sabor renovado. Remite a títulos como Mi carta más larga, de Mariama Bâ o El baobab que enloqueció, de Ken Bugul, en cuanto a esas historias de mujeres que reúnen en una sola persona todos los sufrimientos femeninos. En realidad se trata de mujeres fuertes, también Yejide, la protagonista de Quédate conmigo, lo es, pero parece que sus vidas están destinadas a atraer la desgracia, toda la desgracia.

La escritora nigeriana Ayobami Adebayo. Foto: Eniola Alakija / Cedida

En relación a esos referentes, la joven autora nigeriana Ayòbámi Adébáyò, ha renovado considerablemente la forma de narrar, en parte el lenguaje que seguramente al lector le resultará mucho más próximo, pero sobre todo la estructura de la historia. En Quédate conmigo, dos narradores van contando la misma historia, en ocasiones, incluso, los mismos pasajes y así la aproximación a los personajes resulta más rica, desde su propia intimidad, pero también a partir de cómo otro, alguien muy próximo, interpreta sus acciones. De la misma manera, la escritora ha decidido enmarañar el hilo temporal para mantener hasta el último momento el misterio sobre algunos de los pasajes del relato. La operación es un riesgo, evidentemente porque se aleja de la forma más habitual de leer las historias, pero se puede decir que Adébáyò lo resuelve con éxito, ha demostrado la capacidad de mantener al lector junto a los protagonistas y, al mismo tiempo, jugar con él para dosificar los detalles más determinantes.

En realidad, Quédate conmigo se va desplegando como la historia del calvario de Yejide, una joven nigeriana para la que más allá de su noviazgo con Akin la vida es sufrimiento. El relato se desarrolla durante más de veinte años, pero el entorno político juega un papel especial en los hecho que coinciden con los sobresaltos de los primeros años ochenta y, sobre todo, alrededor del golpe de estado militar de Ibrahim Babanguida. En un momento, incluso la protagonista reconoce el paralelismo entre el país que se está deshaciendo y su vida que, simultáneamente, se desmorona por momento.

Yejide soporta el peso de todos los males que afrontan las mujeres de esa época y de ese lugar, la Nigeria de la década de los ochenta, a pesar de que ella pertenece a la capa social de los acomodados. Seguramente, la elección del personaje tiene mucho que ver con la voluntad de la autora que no sitúa todos estos obstáculos colocados en el camino del desarrollo femenino en un entorno rural, sino en un contexto de familias bienestantes. A través de la protagonista, vemos el impacto que supone la aparición de una segunda esposa, para una mujer que ha asumido un modelo de amor romántico y considera que junto a su marido forma una familia completa.

La hipocresía y el machismo que lo contamina todo son una nota constate en la desventurada historia de Yejide y también de su marido. La incapacidad para concebir es atribuida inevitablemente a Yejide, pero la presión de la familia para aumentar la familia les apremia a ambos. La joven había encontrado en el noviazgo con el apuesto y atento Akin, su primer espacio de plenitud, después de haber sobrevivido en el parto a su madre, de haber tenido que vivir con la sombra del resentimiento del padre y con la marginación y el desprecio por parte de sus madrastras. “Antes de llegar a la adolescencia, aprendí a desconectar de sus espeluznantes descripciones de cuánto sangró, pero nunca superé la forma en que me miraba cunado hablaba de su muerte, como si estuviese evaluando, intentando decidir si yo equivalía a lo que él había perdido”, explica la protagonista. Pero a medida que la presión de la familia aumenta empieza a consolidarse una acción subterránea, las mentiras, los manejos, los planes ideados como geniales que sólo pueden llevar al más absoluto desastre.

Llegan los niños y se incrementan las desgracias, aparecen pesadas losas como las de algunas tradiciones o, más bien, las de las interpretaciones de las tradiciones que no han sabido repensarse. O las de los curanderos decididos a hacer negocio del sufrimiento. Y de pronto esos secretos lo van contaminando todo. “En realidad en mi hogar polígamo, escuchar a escondidas conversaciones ajenas no sólo era de mala educación; era un crimen. Todo el mundo tenía secretos, secretos que estaban dispuestos a proteger con su vida”, recuerda Yejide de su infancia.

Con esa llegada de los niños, la atormentada existencia de la protagonista se va dirigiendo poco a poco hacia un precipicio. “A una madre no le está permitido que se le nuble la vista. Debe percatarse de si el llanto de su bebé es demasiado fuerte o demasiado bajo. Debe saber si la temperatura del niño ha subido o ha bajado. A una madre no se le puede pasar por alto ninguna señal”, tal es la concepción de la maternidad y la carga de responsabilidades que se impone un mujer que ha sido empujada prácticamente hasta la locura (o incluso, más allá de la locura) por no concebir. Las cuitas por la paternidad de Akin también se hacen presentes en medio de un escenario en el que las desgracias se van sucediendo una tras otra. Y otra más, cuando parece que las cosas ya no pueden empeorar.

“La esperanza era un lujo que yo ya no podía permitirme”, llega a confesar Yejide a medida que se acerca el desenlace. “Desde Olamide y Sesan, y ahora con Rotimi, llevaba mucho tiempo gravitando al borde de un precipicio, y ahora estaba tan agotada que sólo quería que me dejasen caer”, sentencia en el momento en el que definitivamente toca fondo. En todo caso, el relato desvela el poder destructivo de los secretos, pero también, a pesar de que no sea de manera evidente, debería ser un antídoto contra los deseos no formulados, las quejas silenciosas enquistadas y, por extensión, todas las palabras no dichas.

Quédate conmigo es una historia descarnada, dura, durísima. No recomendable para mujeres embarazadas, futuros padres, madres en ciernes o familias en fase de construcción. Sí, es dramática, a veces, incluso desagradablemente dramática, porque te revuelve y te lleva al borde de la indignación y, sin embargo, aunque nunca lo habría dicho antes de las últimas doce páginas que constituyen la última parte de la novela, es una historia llena de esperanza y que acaba compensando los pesares previos.

Barcelona se baña de cines africanos en el mes de la mujer

Desde 1957, el declarado Año Internacional por la Liberación de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas, la ciudad condal, junto a otros puntos del estado, sigue cumpliendo años del movimiento feminista. Una lucha que, teniendo en cuenta que la primera independencia africana fue el 6 de Marzo de 1957, empezó silenciando a un perfil de mujer racializada. Es por ello que, con el fin de acercar un feminismo interseccional a la perspectiva feminista dominante en la esfera barcelonesa, nace el Cicle de Cinema Africà i Dona (CCAD), organizado por la Asociación Cultural Africadoolu en colaboración con el ICUB y los Centros Cívicos barceloneses. Una muestra protagonizada por mujeres africanas que se pasea por el formato audiovisual, plástico y escénico.

Cartel del Cicle de Cinema Africà i Dona (CCAD) 2018. Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

Rocío Naranjo, presidenta de Africadoolu, explica que esta propuesta, que tendrá lugar entre el 8 y el 29 de marzo, se enmarca en la capital catalana puesto que además de ser el centro neurálgico donde se desarrollan las actividades culturales de la asociación “es una ciudad que cumple las condiciones de núcleo cosmopolita y además es una urbe que se presta para el arte, convirtiéndose en un referente cultural internacional”. Así, con estas características del territorio y la reducida visibilidad de las producciones audiovisuales africanas, la asociación cultural considera los equipamientos públicos de Barcelona como el portal idóneo para dar a conocer las historias de mujeres africanas que aportan una visión sobre África diferente a la que ofrecen de forma indiscriminada los medios de comunicación”.

Es por ello que presentaron la idea a los centros cívicos de la ciudad, cuya acogida comentan que ha sido muy positiva gracias a la lucha de grupos comprometidos con la visibilización plural y en positivo del continente africano. “La recepción del ciclo también ha sido buena este año por estar en el decenio de la afrodescendencia, aunque también ha contribuido la labor de plataformas que trabajan para dar visibilidad a las culturas africanas y los centros de estudio que han empezado a destapar la historia en relación con el continente africano que en España siempre se negó. Por todo ello hay un interés manifiesto”, recuerda Naranjo. De este modo, nos comenta que el programa final ha superado la expectativa inicial puesto que se ha podido ampliar la programación tanto a nivel fílmico como de actividades paralelas.

Asimismo, y aprovechando la tendencia, hubiera sido un sinsentido que durante el mes dedicado a la mujer en Barcelona, se olvidasen a referentes y personajes racializadas que también forman parte del engranaje cultural de la ciudad. Es así como en el CCAD, además de presentar largometrajes subtitulados al castellano como L’arbre sans fruit (Aïcha Macky, Niger/Francia, 2016), Maman Colonelle (Dieudo Hamadi, RDC/Francia, 2017), Félicité (Alain Gomis, Senegal/Líbano/Francia/Bélgica/Alemania, 2017), Mama Africa (Mika Kaurismäki, Sudáfrica/Finlandia/Alemania, 2011) o Imani (Caroline Kamya, Uganda/Suecia, 2010), cuentan con colaboradoras de la escena artística barcelonesa como la artista plástica Marie Ngom, las bailarinas Chantal Thaou Thiete y Marie Mbengue, la selectora Sarah Ardite, así como la cocinera Kady Jattah, una de las últimas incorporaciones.

Maman Colonelle es una de las películas programadas en el CCAD 2018 Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

Todas ellas, participan activamente y forman parte de un ciclo que cumple a la vez un objetivo sociocultural. Como explica la presidenta de Africadoolu: “Nos interesa especialmente visibilizar el trabajo consciente que han estado y están liderados por mujeres africanas que luchan para romper tabúes dentro de sus sociedades y denuncian escenarios de opresión patriarcal, de desigualdad e injusticia social. Ellas combaten en primera persona, sin el yugo ni el asistencialismo que se impone desde occidente”.

De esta manera, además de las proyecciones cinematográficas, se han programado incluso debates participativos con la colaboración de las artistas afincadas en Barcelona, para que además de gozar de la expresión artística de los largometrajes, también pueda transmitirse a los espectadores y espectadoras, un aprendizaje y reflexión crítica. “Crear debates participativos posteriores con mujeres africanas es un instrumento que aportará a la temática del ciclo la mirada de ‘ellas’, las protagonistas, ya que la voz será directa: sin interpretaciones ni filtros”, como apunta Rocío. Igualmente, en relación a la idoneidad de las colaboradoras, nos comenta que “Las mujeres que nos acompañarán en los debates conocen muy bien la realidad de la que hablan las películas, pues todas han crecido o vivido en diferentes países africanos y están vinculadas con las artes, como la música, la danza o la pintura. Por ello consideramos que su aportación es esencial para el desarrollo y cierre de cada proyección del ciclo”.

Marie Ngom, artista plástica colaboradora del CCAD 2018. Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

No obstante, las artistas, que a pesar de tener una intensa función en los debates posteriores a las proyecciones, gozan incluso de un espacio de expresión durante las sesiones ya que desde la asociación Africadoolu, entendemos África como un continente plural, tanto por la riqueza y diversidad cultural como por sus manifestaciones artísticas, así que las actividades paralelas se plantean como un viaje a través de los sentidos, donde ver, escuchar, oler y saborear las manifestaciones artísticas y culturales del continente”, resalta la presidenta de la asociación cultural.

De esta suerte, los y las componentes de Africadoolu, nos invitan a acercarnos a los Centros Cívicos de Barcelona (Ateneu Fort Pienc, Barceloneta, Sagrada Familia, Pati Llimona y Cotxeres-Borrell) para poder conocer e impregnarnos de ese viaje sensorial que arrancaba el día 1 de Marzo con al exposición plástica Jigeen Dey… Jigeen Duu… de la artista Marie Ngom, en el Centre Cívic Ateneu Fort Pienc. Para las demás citas, en la programación podréis conocer los acontecimientos del mes. La próxima cita que será este jueves 8 de Marzo a las 19.00h. con la música de Mandé Africa, la proyección L’arbre sans fruit y el debate con Marie Ngom.


Este ciclo no habría sido posible sin la colaboración del proyecto Cinenómada, una iniciativa impulsado por el Festival de Cine Africano de Tarifa que este año cumple su 15ª edición.

DJ Floro corona al gremio femenino del Afrobeat

El viernes 29 de septiembre sale a la venta el 4º volumen de Republicafrobeat, una recopilación de 12 joyas de afrobeat en clave femenina que nos llega de la mano de Kasba Music. DJ Floro, una de las piezas clave de la Asociación AfrobeatProject tanto como de la música negra en España, ha seleccionado y ahondado en este nuevo trabajo en el papel de la mujer en el estilo que popularizó Fela Kuti. Y nos presenta algunas de sus voces más representativas, sin dejar de incluir novedades singulares que honran el espíritu gourmet de este selector y su carácter de explorador infatigable.

Haciendo un recorrido geográfico por todo el planeta, esta 4ª entrega dedicada a las mujeres del afrobeat, otorga un papel esencial a las féminas africanas y a sus distintas diásporas, empezando a despuntar España de forma casi inédita a nivel mundial. Se ha querido dedicar el álbum a la mujer, siempre en la sombra, cosificadas, en este estilo, porque “las mujeres del afrobeat se han manifestado más respetuosas con el discurso original del estilo: la denuncia social y política, y lo han amplificado para reclamar sus derechos como personas, reivindicar su libertad e independencia y proteger a su familia y su tierra. Además, rechazan la mutilación genital femenina, los matrimonios infantiles forzados, la prostitución familiar e institucional, la esclavitud sexual y las violaciones masivas, la poligamia, las guerras y el constante expolio del continente“, explica la periodista musical y miembro de AC AfrobeatProject, Sagrario Luna.

El afrobeat, y la figura de Fela en concreto, ha sido una de las más internacionales de todo el continente africano. En cada memorial y festival que se le dedica, el mito crece. Aunque los más críticos con la leyenda nigeriana claman a los cuatro vientos que Fela Kuti era un misógino. Lamentablemente, es algo que persigue en la sombra a otros grandes nombres de la música como Bob Marley. Sin embargo, tanto el reggae como el afrobeat se han convertido en la banda sonora de las periferias. Emergiendo desde el Sur Global (Jamaica y Nigeria, respectivamente), han conseguido aportar discursos críticos y alternativos al neoliberalismo o el racismo, a través de nuevos sonidos capaces de romper con la hegemonía del rock o el pop más “blancos”, e instalarse en la sociedad occidental como discursos musicales arraigados. Ahora, con este recopilatorio, DJ Floro reivindica la necesidad de reconocer y pregonar la existencia del gremio femenino dentro del afrobeat y la construcción de discursos más inclusivos y feministas.

Sandra Izsadore

Una de las voces más significativas del álbum es la de la activista afroamericana Sandra Izsadore, quien conoció a Fela en Los Angeles en el 69 y del que fue amante durante años. En la canción Arewo, junto a Rahab McNeish & Dakore Egubson, que está incluida en su álbum Excerpts Of Fela Vol.1, Sandra muestra la plasticidad del afrobeat, a medio camino entre el jazz, la música más experimental, el hip hop o el r&b. Esta plasticidad se africaniza y nos imbuye a las raíces malienses nada más empezar la escucha con el tema que abre el disco: Fadjamou, uno de los cortes del nuevo e impresionante trabajo de la diva Oumou Sangaré (Mogoya, No Format 2017) – uno de los TOP 10 de Wiriko para este Veroño-.

Juventud a raudales con la nueva hornada de divas africanas y renovadoras del afrobeat, no le faltan a este trabajo. Encontramos a voces tan apetecibles como la de la sierraleonesa Sia Tolno, con su Waka Waka Woman (del disco African Woman, del que nos habló en exclusiva a Wiriko en 2014)- o la de la rompedora nigeriana con residencia en Londres, Ibibio Sound Machine (lee aquí nuestra entrevista) con uno de sus temas más pegadizos: Let’s Dance, de su álbum debut, de 2014. También nos encontramos figuras con una puesta en escena tan espectacular como la de la nigeriana-estadounidense Wunmi (a la que pudimos disfrutar en el Sauti Za Busara de Zanzibar, en 2014 – minuto 2:55-), con su futurista Keep It Rockin’.

Juno & Darrell

Y representando la comunidad afroespañola emergente, la voz de la prodigiosa ecuatoguineana Juno, de nuestros apreciados Juno & Darrell, contribuye con un delicioso tema inédito – Let’s Have a Party (We’re Going To Hell)– que se añade a los 14 cortes que han presentado su original y ecléctico álbum debut: Universo (Greenville Records, 2017). ¡Menudo melón ha abierto la pareja!

Además, DJ Floro recupera perlas imprescindibles como el Fatige del disco Welele! (Afrotropik, 2014) de la seychellense-australiana Grace Barbe; el Keep on Searching de la zambiana-danesa Karen Mukupa junto a Nappion, de su álbum Human (2012) o la energética e infecciosa pieza Bata Boy, el tema que abre el álbum Brothers & Sisters (2016) del colectivo Lakuta, formado por miembros de Kenia, Tanzania, Ghana, Malasia, España y Reino Unido.

¡Prepárense para el reinado femenino de la República Afrobeat! 

Judy Kibinge: “Las mujeres en el cine son un vehículo para mandar un mensaje”

Judy Kibige, publicada en Filme aus Afrika.

*Este ha artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

 

Creo que en muchas de las películas que podemos ver sobre mujeres africanas interpretadas por mujeres africanas, ellas suelen ser un vehículo para contar una historia que va a cambiar algo en su vida, o en la sociedad, o en el país, o en el continente al que pertenece. Creo realmente que vemos películas en las que las mujeres están representadas simplemente como mujeres, con caracteres fuertes y que son el vehículo para detener la mutilación genital femenina, la voz para hablar en contra de las violaciones, quizá contra los matrimonios múltiples o el abuso de menores. Son el vehículo para mandar un mensaje, son simplemente mujeres”, cuenta a Wiriko la directora keniana Judy Kibinge.

El número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 proclama promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. ¿De qué manera se puede llegar al pleno desarrollo si se niegan los derechos fundamentales a la mitad de la humanidad? Este pretende alcanzar las mismas oportunidades de acceso en todos los ámbitos de la vida, los educativos, políticos, económicos; así como poner fin a todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres. Y es que la mujer, en cualquier parte del planeta, vive sometida a una sociedad patriarcal que la ha situado un paso por detrás de los hombres en todas las esferas. Afortunadamente, los tiempos van cambiando en todo el mundo, algunos se dan más prisa que otros en luchar por la igualdad y, naturalmente, todos tenemos cosas que aprender de los demás.

En África, la igualdad de género ya se está dando en muchos aspectos. Y es que según el informe de 2015 del African Development Bank, aunque se ha progresado mucho en los últimos años hasta llegar a una cierta igualdad, la escolarización de las niñas, que se encuentra en un 76%, sigue siendo inferior a la de los niños, con un 81%. ONU Mujeres tiene en sus líneas de acción principales empoderar a las mujeres para impulsar las economías, eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, y liderar el cambio hacia la paridad de género en la política. Porque, aunque a nivel social aún quede mucho camino por recorrer, la representación política de las mujeres en parlamentos como los de Mozambique, con el 39% mujeres, o Ruanda, con el 64% de mujeres (la tasa más elevada de todo el mundo), pueden dar alguna que otra lección a Europa.

¿Y qué pasa en el cine? Alrededor del continente africano, se han creado distintas asociaciones de mujeres cineastas con el objetivo de estimular la formación en este arte, promover la cooperación entre las mujeres para obtener mejores productos y paliar los desafíos de la financiación, así como aumentar las posibilidades de distribución. En África oriental, la cineasta Judy Kibinge, con la que hemos podido hablar, lanzó DocuBox en 2013, una plataforma para promover la filmación de documentales. Tsitsi Dangarembga fundó la organización Cineastas Mujeres de Zimbaue en 1996, además de crear el Festival Internacional de Cine de la Mujer en 2002. En Sudáfrica también existen las organizaciones Mujeres del Sol y Mujeres en el Cine y la Televisión en Sudáfrica, por mencionar algunos de los muchísimos movimientos que existen en el continente. Y es que según nos ha contado Kibinge, “si nos fijamos en Kenia y en los nombres de los cineastas más influyentes en el país, muchas son mujeres, incluso productoras. A diferencia de Estados Unidos y quizás Europa, donde los hombres tienen el poder en este campo, en Kenia yo no veo lo mismo”.

Yo estaba en el TIFF (Toronto International Film Festival) cuando una productora de cine africano, la nigeriana Yewande Sadiku, estaba dando una conferencia con un montón de ejecutivos de Hollywood hombres, blancos y estrellas. La conferencia trataba sobre cómo recaudar fondos. No la dejaron hablar, cuando ella era la única con algo nuevo que decir y la audiencia había venido, en gran medida, a escuchar cómo había innovado en la financiación de su película Half of a Yellow Sun, basada en el libro de Chimamanda Ngozi Adichie. El público empezó a jalear y abuchear a los ejecutivos cuando fue obvio el trato que estaba recibiendo y cómo se la estaba callando. ¿Cómo se diferencia esto de cómo la mujer africana se representa en Hollywood? Es como si no existiéramos, si huyéramos de la guerra, del dolor, del hambre con un paquete con nuestras pertenencias sobre nuestras cabezas”, nos explica Kibinge acerca del tratamiento que recibe la mujer africana en Hollywood.

En el reciente estrenado canal de África de Filmin en colaboración con Wiriko, podemos adentrarnos en algunos de estos trabajos. ¿Listos para descubrir nuevas perspectivas de las mujeres africanas en el cine?


Difret

 

“Era jueza antes de fundar esta Asociación. Dejé la judicatura porque creía que todos los ciudadanos, hombres mujeres y niños debían ser tratados por igual. Lo sigo creyendo”, proclama Meaza, la protagonista de la película Difret. Esta abogada, fundadora de la Asociación Adenet que ofrece ayuda gratuita para luchar contra la violencia de género, se enfrenta al reto de defender a Hirut, una estudiante de 14 años que se enfrenta a la pena de muerte por matar a su captor tras ser secuestrada y violada. Esta película etíope del año 2014, cuyo curioso título significa al mismo tiempo “valiente” y “violación”, retrata una historia real y narra la lucha entre la modernidad y la tradición. Una tradición que, hasta antes de llevar el caso de esta joven ante los tribunales, permitía el matrimonio por rapto. Gracias a la lucha de Hirut y esta Asociación, esta práctica tradicional fue ilegalizada y penada con cinco años de cárcel. Ver en Filmin.


Moolaadé

Según Lindiwe Dovey, una cineasta sudafricana, el cine independiente ha sido siempre feminista y ha celebrado, desde sus orígenes, el poder de las mujeres. Y así lo ha demostrado el que es considerado como el padre del cine africano, Ousmane Sembene, que, en su última película producida en 2004, alza la voz contra la mutilación genital femenina y nos presenta Moolaadé (protección o derecho al asilo). En este filme, se narra la historia de Collé Ardo, una mujer senegalesa que hace unos años se negó a que su hija fuera sometida a la ablación y ahora, cuatro niñas han decidido escapar de esta tradición y acuden a ella en busca de protección. Ver en Filmin.


Wilaya

Las mujeres son mucho más que un simple cuerpo que tiene que servir al marido y formar una familia. Así se proclama en Wilaya, la historia de dos hermanas que nos muestran la vida en los campamentos saharauis de Argelia. Fatimetu, una chica española de origen saharaui, se reencuentra con su hermana Hayat en su tierra natal tras la muerte de su madre biológica. Mientras de ella se espera que retome unas ciertas normas culturales, la joven decide mostrar su valía y no resignarse al destino que les aguarda a las mujeres allí. Ver en Filmin.


Timbuktú

Timbuktú va más allá. No se trata simplemente de una película sobre mujeres ni feminismo; se trata de una historia sobre religión, política, libertad, y de cómo las mujeres encajan en ciertas sociedades. Los extremistas religiosos de Azawad se han hecho con el control de la ciudad y sus alrededores, han impuesto su fe, el terror y normas tan absurdas como la prohibición de reír, cantar, jugar al fútbol o que las mujeres muestren alguna parte de su cuerpo, incluso las manos, que tienen que cubrir con guantes. Esta galardonada película del 2014 del director franco-mauritano, Abderrahmane Sissako, nos enseña mucho más de lo que creemos saber acerca de este mundo en constante amenaza. Ver en Filmin.


Tchindas

Finalmente, nos trasladamos al carnaval de la pequeña isla de Sâo Vicente, en Cabo Verde. Tchindas es un documental que nos presenta a la comunidad gay y transexual de la isla. El título del filme lo da Tchinda, una mujer muy querida que salió del armario en 1998 en un semanario local. Su nombre se ha convertido en la manera coloquial y cariñosa de llamar a esta comunidad. A través de las “tchindas” y esta fiesta, se nos presenta un rincón de África que pocos podían imaginar. Ver en Filmin.


Y por si  la curiosidad sigue impaciente, aunque aún no los tengamos disponibles, Kibinge nos recomienda otros títulos clave sobre las mujeres en el continente africano. “Layla Fourie de Pia Marais, una directora sudafricana, es una película que realmente me sorprendió cuando la vi hace unos años porque no es nada típica. La protagonista es inteligente, trabaja como polígrafa, se ve envuelta en la muerte de un ser querido… Es una película sobre su independencia, sobre su fuerza como madre soltera, sobre el amor. Es una de las mujeres más fuertes que he visto y un gran referente para las mujeres en África. Creo también que la protagonista de mi película Something necessary, una mujer fuerte que tiene que rehacer su vida cuando lo ha perdido todo, retrata una nueva forma de mirar a las mujeres en el continente y en la que muchas pueden sentirse identificadas”.

Aún con toda esta tradición de cine africano retratando a la mujer de una forma distinta, sigue quedando mucho por hacer, pues el público al que llegan todas estas películas sigue siendo muy limitado. “Las oportunidades que tienen estas películas de ser vistas en el continente son mucho menores de las que tienen en los festivales de cine en Europa. De hecho, es vergonzoso, pero muchos de los clásicos africanos no vuelven a casa ni son mostrados a la gente por la que se supone que se han hecho. Incluso las películas de Ousmane Sembene, que quería liberar el cine y devolverlo a África, no han sido vistas fuera de su país, ni celebradas, ni ha sido el vehículo del cambio que se suponía que tenían que ser”, sentencia la directora keniana Judy Kibinge. Por esto, proyectos como el de Martin Scorsese y The Film Foundation son tan importantes.

Somos abogadas, profesoras y doctoras. Actrices, realizadoras y directoras. Madres y líderes. Tenemos nuestras propias ideas que queremos defender y voces que queremos hacer oír. Y lo estamos haciendo. Como dice Kibinge, somos mujeres.

Cinco escritoras africanas renovadoras

Leonora Miano huye explícitamente de la consideración de “feminista”, mientras que Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda que “todos deberíamos ser feministas”. Es cierto que la primera de ellas, reniega del feminismo sólo desde una dimensión terminológica. “Si el feminismo consiste en hacer valer los derechos de una categoría ultrajada, ni que decir tiene que lo suscribo”, matiza Miano, que lo que rechaza es el término como una simple etiqueta que limita y constriñe. Adichie por su parte abandera un feminismo renovador, fuera de lo común, alegre y, al menos, formalmente despreocupado. En este 8 de marzo, recordamos cinco escritoras africanas. Pretenden ser sólo cinco ejemplos (muy pocos) de todo un universo de escritoras. Son un pequeño combate contra la invisibilización.

Léonora Miano

Se ha convertido en un tiempo casi récord, en una referencia de las letras en el ámbito de habla francesa y en un valor en alza a escala global. En las conferencias en las que desgrana los principios de su escritura, esta novelista camerunesa rechaza la mayor parte de las categorías que se le atribuirían de manera habitual. Su negación de etiquetas como la de literatura africana y la de literatura feminista tiene que ver con la perniciosa capacidad que estos compartimentos tienen para poner límites. Por eso, Miano se levanta contra las construcciones sociales de género, las que atribuyen características, comportamientos y habilidades concretas a hombres y mujeres, sólo en atención a su sexo.

Más que esas etiquetas compresivas, a la novelista le gusta traspasar líneas, sobre todo, las del pensamiento. Por ese motivo, construye personajes que cuestionan frontalmente los estereotipos. En sus historias, los hombres están cargados de rasgos que se atribuiría habitualmente a las mujeres y viceversa. Miano comenta divertida estos ejercicios, pero no como un puro juego, sino como una práctica de aproximación a la realidad, en la que las categorías no son cajones herméticos.

Chimamanda Ngozi Adichie

Quizá no valdría la pena mencionar a la que probablemente es la novelista de origen africano más popular actualmente. Si a una escritora de origen africano no afecta la invisibilización, seguramente es a esta autora nigeriana. Sin embargo, si se habla de mujeres escritoras se ha demostrado en los últimos años que Adichie tiene un magnetismo especial que ayuda a poner los puntos sobre las íes sin discusión. Habitualmente sus novelas están protagonizadas por mujeres. Mujeres de carne y hueso que se enfrentan a profundas contradicciones y que proyectan la vida real de cada uno de los sectores a los que pertenecen (el matiz es importante, un solo personaje no puede ser la representación de todo un género y, en ocasiones, se ha acusado a la novelista de ser parcial en su dibujo de la mujer).

Sin embargo, entre novela y novela, Adichie ha vuelto en los últimos tiempos a encontrar momentos para hacer otra cosa que le ha servido para acercarse especialmente a su público. Las charlas convertidas en virales, comprometidas e inspiradoras, están en la base de su popularidad en el Norte global. Y, últimamente, ha unido a sus apariciones públicas, algunas actividades en redes sociales. Así se ha ocupado de lanzar una idea del feminismo fresca, renovadora, desacomplejada y poco dogmática. En la misma línea, Adichie ha hecho un alegato de una maternidad satisfactoria pero no idealizada y, sobre todo, que no implica el sometimiento de las madres. Esta reflexión pronto estará disponible en español.

Buchi Emecheta

No tendría sentido hablar de mujeres escritoras en el marco del 8 de marzo y pasar por alto a Buchi Emecheta. La autora nigeriana recientemente desaparecida ha sido para muchas personas la puerta de entrada a una concepción del feminismo que iba más allá de la visión occidental. Emecheta demostró a muchas mujeres y a muchos hombres que se puede vivir el feminismo de muchas maneras diferentes y que sólo está equivocado quien pretende que la suya no sólo la mejor, la auténtica y la genuina, sino también la única.

De nuevo, Emecheta cuestionó su inclusión en el movimiento feminista, pero lo hizo, como ya hemos señalado en el caso de Miano, sobre todo por una cuestión terminológica. Cuando ella se resistió a ser enclaustrada en esta categoría consideraba que la etiqueta no reflejaba su experiencia de la vida en femenino, por eso aseguraba que ella lo que era, era en realidad una mujer, a secas. Sin embargo, después de sus aportaciones, seguramente, muchas más personas han podido verse reflejadas en el concepto, porque a través de sus novelas lo extendió. Emecheta aportó al pensamiento y a la vida feminista un nuevo enfoque sobre la vida y la actividad de las mujeres, sobre la maternidad y la crianza. Un enfoque genuinamente cocinado en la tradición de diversas sociedades africanas y conceptualizado en su contacto con las sociedades occidentales.

Edwige Renée Dro

La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Forma parte de una joven generación de escritores y escritoras de diferentes países africanos que se han abierto paso a machete en el difícil mundo de la industria editorial. En su caso, esta autora marfileña ha desbrozado el camino a golpe de relato corto. Relatos que le llevaron a estar incluida en una selecta lista de los 39 autores africanos de menos de 40 años más prometedores. Su aparición en la antología Africa39 es sólo un hito y no sería justo reducir su carrera a ese episodio, pero sin duda ha sido el que le ha permitido darse a conocer de una manera más global.

Edwige ha empleado una segunda vía para construir su camino y una vía, precisamente, todavía poco extendida entre sus compañeros y compañeras de “profesión”. La escritora marfileña ha convertido las redes sociales en sus aliadas, por un lado, para compartir sus trabajos, pero también en una dimensión de su vida más amplia. Edwige Renée Dro no concibe su escritura alejada de su militancia y, en ese sentido, sus tuits, por ejemplo, transmiten inquietudes y experiencias, pero también esa visión del mundo que tan profundamente marca su escritura.

Warsan Shire

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Ha roto con casi todos los estereotipos. Nacida en Kenia, de padres somalíes pero residente en Londres, esta jovencísima poeta ya se ha hecho con todos los premios imaginables, pero no sólo eso, su popularidad se ha disparado de una manera absolutamente fuera de lo normal, para una poetisa de la diáspora somalí en Reino Unido. Sus poemas forman la columna vertebral del último videoalbum de Beyoncé Lemonade. Fue aparecer en los créditos del trabajo de la cantante estadounidense y ser buscada por todos lados. Antes, Shire se había destacado como una poetisa irreverente, y quizá por ello los críticos dicen que el álbum de Beyoncé es el más social y comprometido de su carrera.

A pesar de haber vivido casi toda su vida en Londres, Warsan Shire reconoce que le ha influido mucho más su vida como refugiada y que bebe de la tradición de sus padres. No se puede pasar por alto la importancia que tiene en la sociedad somalí la poesía, aunque la de Shire, sin duda, es otra cosa. La joven poetisa habla de las inquietudes femeninas, del sexo y de la intimidad, de la relación con la madre, del desarraigo y de la religión. De todo y siempre sin impedimentos, en ocasiones casi de manera atropellada. Uno de los poemas que más había trascendido de Shire, era For Women Who Are Difficult to Love (Para mujeres que son difíciles de amar), que a pesar de su delicadeza transmite un mensaje crudo y una reivindicación radical de la necesidad de independencia femenina. Curiosamente, cuando se habló en esta sección de esta poetisa, se dijo que “es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones”. Al parecer, Beyoncé se ha encargado de convertir esos versos en el himno que estaban llamados a ser. Warsan Shire está trabajando en un nuevo libro de poesías que podría ver la luz en breve.

Minna Salami: “El feminismo es la única ideología que atiende a todas y todos”

Foto: Carola Michaela Photography

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

Minna Salami (1978) es escritora y bloguera sobre feminismo y la diáspora africana, pero sobre todo, es una de las voces más reivindicativas y mediáticas dentro de la lucha por la igualdad. Desde su premiada bitácora MsAfropolitan reclama una revolución psicológica de la mujer. Es colaboradora habitual de medios como The Guardian o Huffington Post y su TEDx Talk de 2014 acumula más de 114.000 visitas. Está considerada, según la revista ELLE, como una de las doce mujeres que están cambiando el mundo. Wiriko ha tenido la oportunidad de tomar un café con ella para hablar de temas como la lucha por la igualdad de las mujeres, la política, la inmigración y otros problemas sociales.

Tras los últimos acontecimientos políticos se avecinan tiempos convulsos para la mujer y las minorías. Es en esta incertidumbre cuando la voz de Salami se alza con más fuerza y se vuelve más ácida que nunca. Una mujer con la que es difícil concretar una cita y con la que resulta más difícil aún definir su identidad con tres pasaportes distintos, pero si se insiste lo suficiente, pronto se averigua que nació en Finlandia de madre finesa y un padre nigeriano, que vivió diez años en Suecia (su tercera nacionalidad) y que también es londinense porque es donde ahora tiene su campamento base. Gracias a esa extravagante herencia biológica pronto comprendió que las cosas nunca son simples y que siempre hay algo en común, aunque a veces haya quienes prefieran resaltar las que separan.

FEMINISMO

Fernando J. Sánchez: Su formación es bastante interdisciplinar: estudiaste ciencias políticas, te especializaste en estudios africanos, luego te pasaste al marketing y la publicidad, y ahora eres una reconocida bloguera y activista feminista. ¿Qué es MsAfropolitan y cuál es su intención?

Minna Salami: MsAfropolitan es una voz que es mía. También es una voz que no es solo mía, es más grande que yo. Una voz que está en protesta contra el mundo y que no existe en ciertos lugares. Una voz que habla sobre feminismo, sobre la feminidad africana en una forma en la que antes no se ha expresado, al menos de la misma manera que ahora. También, es un espacio para explorar diferentes filosofías y expresar la mía. Quiero que a la gente que lo lea le entren ganas de cambiar las cosas, que sientan curiosidad, que es como se empiezan las revoluciones. Quiero que se pregunten si lo que tenemos ahora es lo que deberíamos de tener, o al menos, lo que queremos. Creo que mi blog puede ayudar a eso. También, quería llenar un vacío. Cuando hablamos de ideas siempre son los hombres quienes hablan sobre ello. Hay blogs sobre mujeres escritos bajo el punto de vista de los hombres. Siempre, son los hombres quienes marcan la agenda. Y mi blog está para interrumpir precisamente eso. Si estoy escribiendo algo sobre lo que tradicionalmente escriben los hombres, si es bueno, gracias a las redes sociales, se comparte y por la tanto, tú no puedes ignorar esa voz, no de la misma manera que podían hacerlo antes. Si más gente lee, más gente está informándose.

FJS: ¿Cómo describirías el feminismo en estos días?

MS:  Describiría el feminismo como una herramienta para la revolución, para el cambio global y la justicia social. Una cosa importante, feminismo no es solo una herramienta para el futuro, es el futuro en sí mismo. Tenemos que visionar en qué tipo de sociedad queremos vivir y cuando miro cualquier clase de ideología, no me ofrecen una sociedad en la que todo el mundo pueda tener su espacio. Pienso en el liberalismo o en el marxismo y no ves la voz de las mujeres. Buscas una sociedad igualitaria, pero ¿dónde están las mujeres? El feminismo es la única ideología que atiende a todos: mujeres, hombres, jóvenes, viejos, diferentes razas, diferentes clases sociales, diferentes sexualidades, a todos.

 

FJS: Entonces, ¿cómo hacer que el empoderamiento realmente funcione?

MS: Yo critico el término empoderamiento. Y vengo con un término mejor, re-empoderamiento. Pero, no es importante la forma del término ni el lenguaje. Lo importante es su significado, su esencia. Todo es volver al elemento revolucionario del término original. Empoderamiento es un eslogan publicitario que se ha quedado vacío, que es inútil. Pero, lo podríamos utilizar de forma política y revolucionaria, que es lo que deberíamos de hacer, porque originariamente lo era. Tenemos que limpiar su esencia y volver a convertirlo en un término revolucionario. Su significado original era precioso, poner el poder dentro de ti mismo. Solo hay que recordar a la gente lo que significa.

FJS: ¿Y eso no es tan fácil como parece?

MS: No, no es fácil, ese es el problema. Cuando el opresor controla tu mente, lo controla todo. El mayor problema que enfrentan las mujeres son los opresores que controlan nuestra mente, otras veces esos opresores son nuestra propia mente. Intento con mi trabajo deshacer el control de la mente de las mujeres. Recuperar tu mente. Cuando lo haces, al mirar términos como empoderamiento o feminismo con tu propia mente, lo entiendes de otra forma.

FJS: ¿Cuál cree que es el mayor reto que afrontan las mujeres hoy día?

MS: La opresión psicológica. Es muy interesante, porque las mujeres en Occidente tienen muchas libertades en comparación con la de otras partes del mundo. Tienen derecho a la educación, por ejemplo. Pueden hacer lo que quieran. Pero, la gran mayoría de las mujeres no son libres. Siguen eligiendo vidas en las que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, hacen malabares para compaginar su carrera con el matrimonio y la vida doméstica. No tienen que hacerlo, pero lo hacen. Eso demuestra la importancia de la opresión psicológica. Nos hemos centrado en que la mujer debe poder entrar en política, que debe de tener igual salario que un hombre, etc. Eso está muy bien. Pero, si una mujer no está psicológicamente liberada no puede disfrutar de todas esas libertades. Porque sí puedes tenerlo, pero si no te liberas, sigues eligiendo lo que no quieres.

FEMINISMO Y ÁFRICA

FJS: Eres especialista en África y además, eres nigeriana ¿Cómo evaluarías la situación de la mujer en África?

África es un continente muy complicado. No podríamos generalizar. Todas las mujeres africanas comparten una historia muy similar, aunque condicionada luego por la realidad de sus diferentes países. Pero, sin duda necesitamos una revolución de la mujer africana. La mujer africana es increíblemente dual. No hay ningún lugar donde encontrar una mujer tan fuerte como las que tenemos en África, pero a la misma vez, no hay ningún lugar, aparte de Oriente Medio, donde las mujeres estén tan oprimidas como en el continente africano. Soportan demasiada presión. Tenemos que seguir peleando por la mujer en África.

FJS: ¿En África el feminismo cobra una mayor importancia?

Es importante porque es específico de la mujer africana y es muy concreto debido a su herencia geográfica y biológica. Tiene particularidades debido a la raza y a las tradiciones del continente. Igual que el feminismo en América Latina o Asia también tiene sus particularidades. Pero el núcleo del feminismo es el núcleo del feminismo en todas partes, en Londres, en el Caribe y en Escandinavia. Puesto en una sola frase: lo que quiero es acabar con el patriarcado.

NIGERIA

FJS:  La situación política y social en Nigeria es también complicada. Además, con un presidente que hace declaraciones que atacan directamente a la mujer. ¿Qué opinión te merece la situación política?

MS: No hay muchas cosas positivas que decir de la situación política en Nigeria. Hay bandidos liderando mi país. Es muy patriarcal y muy corrupto. Tenemos un problema con el liderazgo político en nuestro país y problemas preocupantes que afectan específicamente a la mujer. Hay una Constitución que no otorga los mismos derechos y unas tradiciones muy peligrosas y dañinas. Hay que alzar más la voz en Nigeria, hay muchas mujeres que están haciendo eso y son muy valientes, pero necesitamos más.

FJS: ¿Necesita Europa hacer más presión en Nigeria para hacer respetar los derechos humanos? Parece que Europa muestra gran interés en África para combatir el terrorismo y cuando se trata de los otros asuntos… se olvida.

MS: El sistema no funciona. Tiene que parar. Occidente tienen que irse completamente. Cada individuo tiene que resolver su propia vida. Lo mismo con los países. Se puede pedir ayuda cuando se necesita, pero tiene que venir de forma honesta. Si viene de alguien que quiere tomar ventaja no ayuda a largo plazo. Lo que sí creo que Occidente debería de hacer es compensar financieramente por el colonialismo y la esclavitud, pero no creo que eso pase, ¿verdad? No pueden llegar a Nigeria países como el Reino Unido que dan con una mano y destruyen diez veces más con la otra. Tampoco creo que Occidente quiere realmente ayudar a terminar con el terrorismo en Nigeria. Creo que lo que sí quieren es presencia militar de alguna forma en el país, porque Nigeria es un país con muchos recursos naturales y casi todo lo que se necesita se puede encontrar en sus fronteras.

Foto: Carola Michaela Photography

ESTEREOTIPOS, RACISMO Y XENOFOBIA

FJS: Hablando de África, existen muchos estereotipos sobre el continente ¿Necesitamos más festivales como el Film Africa, o el Festival de Cine Africano de Tarifa para mostrarla como es realmente?

MS: En África no invertimos lo suficiente en cultura. Y es algo común en personas traumatizadas. Cuando eres feliz lo expresas a través de la cultura. Han esquilmado tanto el continente y maltratado tanto a su gente que la cultura es lo primero que se ha ido. Tenemos que tener más festivales y financiar más artes, pero no para mostrar nada a Occidente sino para nosotros mismos. Porque nos gusta nuestra propia cultura. Y es ahí, cuando el resto del mundo se interesará. Los festivales en Europa ayudan. Pero, me gustaría que todos esos festivales que se celebran contribuyeran también de vuelta en África, porque necesitamos construir en África, necesitamos construir el continente africano.

FJS: Ha vuelto a resurgir el racismo, la xenofobia, los nacionalismos y desde luego no ayudan para nada el Brexit y la recién nombrada administración Trump.

MS: Es vergonzoso que todavía estemos lidiando con tanto racismo y xenofobia en Estados Unidos y Europa. Tenemos toda la tecnología y la ciencia en nuestra mano, sin embargo, psicológicamente, todavía somos los hombre de la cueva. Somos totalmente primitivos y se comprueba en la forma en la que nos dividimos y abusamos de unos y de otros. Siempre me sorprendo cuando veo a gente hablar de culturas primitivas en América Latina o África y luego veo cómo se comportan aquí. Hay mucha gente que ha sido muy manipulada que ahora viven en una burbuja y no pueden ver la realidad. El adelanto tecnológico no siempre significa desarrollo. A veces, parece que disfrutamos viendo sufrir a personas delante de nosotros. Y lo permitimos.

FJS: Parece que cuesta superar el racismo

MS:  El racismo, sexismo, la xenofobia, el clasismo nunca se han ido. Nunca los superaremos hasta que cambiemos psicológicamente. Hemos cambiado instituciones y leyes, en América los negros ya no se sientan en la parte de atrás del bus, cambiamos todas esas cosas y no desaparecen. ¿Por qué? Porque no abordamos la psicología de la misma. Los niños no hablan en la escuela de por qué algunos blancos se sienten superiores, de por qué algunos hombres se sienten superiores a las mujeres. En la escuela no se tiene esa conversación. Hay que cambiar el sistema educativo, hay que cambiar de lo que están hablando los niños.

FJS: ¿Quiere decir que no estamos acostumbrados a ver negros en roles de liderazgo?

MS:  Por ese motivo, pienso que ver a los Obamas en la Casa Blanca, es muy simbólico. Ver a un hombre negro en un puesto tan poderoso y a su mujer en un puesto con tanta influencia y a sus hijas es psicológicamente inspirador para los negros y para todo el mundo porque nos damos cuenta de que todos podemos hacer lo que queramos. Una de las maneras más fuertes de oprimir es no mostrar a gente como tú en la cultura. En este caso a hombre negros.

FJS: ¿Es difícil ver a actores negros interpretando papeles principales en cine y en televisión, sobre todo, en Hollywood?

MS: Hollywood no va a cambiar. Vamos a tener que cambiar nosotros mismos. Tenemos que trascender el debate estúpido sobre la belleza africana, si es hermosa o no. Lo que necesitamos es mujeres negras creando películas y escribiendo libros y así cambiará todo, porque contaremos nuestra historia.

FJS: Y a veces, el hombre negro tiene más representación que la mujer negra.

MS: Eso tiene mucho que ver con la definición de feminidad y masculinidad. Ambas describen erróneamente. Relacionamos masculinidad con ser fuerte, viril… y ahí el hombre negro encaja en esas etiquetas y por eso tienen más exposición. Por otro lado, relacionamos feminidad con fragilidad, delicadeza, ternura… Y las mujeres negras a causa del racismo, las luchas y el sufrimiento que nuestro continente y diáspora tuvieron no tenemos tiempo para ser tiernas y delicadas. Así que la definición de feminidad no encaja necesariamente con la feminidad africana, porque la mujer africana es más compleja. Pero no me importa no tener esa exposición. No quiero mujeres negras en la portada de revistas o en películas convertidas en objetos para el placer masculino. No estamos luchando por eso. Entiendo que tiene que haber igualdad en toda las quejas pero no estamos luchando por eso. No me sirve estar solo en la portada para enseñar mi cuerpo si luego no aparezco en otra para contar algo interesante.


*Fernando J. Sánchez Jaén es periodista especializado en política internacional y afincado en Londres.

El feminismo se queda huérfano de Buchi Emecheta

Curiosamente ella misma se desmarcó del feminismo y contrapuso su postura diciendo que sólo era una mujer, alineándose así en el womanism. Sin embargo, sus historias hablaban mucho más alto que las etiquetas y, seguramente de lo que ella huía era de una clasificación concreta del feminismo, de lo que a veces se considera feminismo clásico y no deja de ser una interpretación constrictora en la que se imponen los cánones occidentales. A pesar de renegar, o más bien de apartarse con cierta modestia, Buchi Emecheta enriqueció el feminismo, lo hizo más abierto y le incorporó visiones poco extendidas. Por eso, aunque seguramente muchas personas no los saben, el feminismo se quedó un poco huérfano el pasado 25 de enero.

La escritora nigeriana Buchi Emecheta. Fuente: The Guardian (Nigeria)

Buchi Emecheta, una de las autoras nigerianas de referencia, falleció en Londres a los 72 años de edad y dejando una amplia bibliografía, pero sobre todo un ejemplo. A menudo es considerada como pionera en una literatura que por fin reflejaba los padecimientos femeninos para enfrentarlos y derribar las discriminaciones. Esa postura, ella la adoptó con naturalidad, sin aspavientos, como quien de pronto abre una puerta que todos antes hubiesen negado que existiera. Esa naturalidad de Emecheta, probablemente bebe de su propia experiencia.

Hablaba en sus novelas de los matrimonios precoces y sabía de lo que hablaba porque fue comprometida a los once años y casada a los dieciséis. Hablaba del choque de culturas con autoridad porque emigró a Londres junto a su marido. Hablaba de las desavenencias conyugales, sabiendo de lo que hablaba porque su matrimonio, mientras duró, no fue un lecho de rosas. Hablaba de las situaciones de discriminación y sometimiento a las que se ve la sometida la mujer, porque su esposo se resistió a que publicase su primera novela e, incluso, quemó su manuscrito. Hablaba de la necesaria independencia femenina, precisamente porque puso fin a su convivencia conyugal, cuando al consorte le dieron esos accesos de piromanía literaria. O hablaba de la maternidad y de la fuerza de la crianza, porque ella sola se ocupó de sus cinco hijos, cuando prefirió la literatura y la libertad al yugo de un ignorante.

Curiosamente, pronto fue considerada una “joven escritora británica” por los que no tienen reparo en atribuirse los méritos de los demás y a pesar de que es un absoluto referente, su vitrina de premios no ha estado especialmente llena. Muchas y muchos son los que descubrieron la literatura africana con Buchi Emecheta. Otras tantas y tantos, descubrieron con esta novelista nigeriana la literatura de mujeres. Y otros y otras simplemente disfrutaron de una contadora de historias capaz de conseguir que las vidas de personajes, más o menos, cotidianas reflejasen la épica de las mujeres anónimas, la lucha de la gente de la calle, la historia de las pequeñas historias.

Lo cierto es que esos escasos reconocimientos en vida, no fueron excesivamente contestados, seguramente porque la altura de la escritora estaba por encima de toda valoración y porque el apoyo de sus incondicionales ni siquiera se fijaba en tan banales homenajes. Eso sí, una vez fallecida, sus obituarios han llenado las páginas de la prensa internacional. Entiéndase este comentario simplemente como una constatación de la realidad y no como una crítica, básicamente, porque la muerte de Emecheta ha sorprendido a esta sección sin haberle dedicado ninguna reseña.

En los tiempos en los que otra autora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, se abre paso con un discurso refrescante sobre un feminismo alegre, no se puede olvidar a esa otra madrina que se atrevió a romper algunos límites, precisamente, sin estridencias y sin buscar ni esperar reconocimiento.

Como despedida me quedo con un tuit de una experta en estas disciplinas a través de la cuenta de @literafricas:

 

Tracey Rose, vídeo y performance para desafiar el ‘statu quo’

  • Autora invitada: Ana Martín Onandía

No es tarea fácil hablar sobre Tracey Rose, no sólo por la complejidad de sus trabajos, sino también por su intensa obra y su largo recorrido. Su proceso es intrincado y muchas de sus obras están compuestas por alusiones, por intertextos que crean una lectura compuesta de capas. A medida que se van descubriendo, se pasa de un primer contacto cómico, por el elemento absurdo e impactante de muchas de sus obras a una reflexión algo dolorosa surgida de la crítica punzante e inteligente de la que se sirve la sudafricana.

San Pedro V, The hope I hope, 2005

San Pedro V, The hope I hope, 2005

A través de su trabajo, de diversas intervenciones y entrevistas,  Tracey Rose se muestra como una artista audaz, franca hasta congelar sonrisas, contestataria, provocativa, salvaje, además de tremendamente consciente y comprometida con su obra. Nacida en Durban en 1974, estudió arte en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo y también cursa un Máster en Bellas Artes en la londinense Goldsmiths Collage. Ha tenido numerosas exposiciones en solitario en Sudáfrica y en países del continente europeo y americano. También ha colaborado en la mayor parte de las grandes citas de arte contemporáneo internacionales, entre los que destacan por su tempranísima edad, la segunda Bienal de Johannesburgo en 1997 o la Bienal de Venecia en 2001. Estos encuentros apenas fueron el comienzo de su carrera ya que desde entonces es una artista en continuo movimiento, con un amplio y complejo trabajo multidisciplinar donde se unen prácticas cómo el vídeo, la fotografía, el texto, la escultura, la instalación o la performance.

Rose, a menudo utiliza su cuerpo y su pelo, a través de las distintas técnicas visuales mencionadas anteriormente, para reflexionar y criticar los elementos opresores tan arraigados en nuestras sociedades contemporáneas por razón de género o etnia. Censura los dogmas que obligan a identificarse con diferentes grupos herméticos, por su hipocresía y su disfunción, ya que crean grandes conflictos de identidad en el mundo global en el que habitamos. En uno de sus primeros trabajos Ongetiteld (Untitled), vídeo realizado en 1998, la artista se graba con cámaras de seguridad mientras se depila todo el cuerpo con el fin de mostrar como ese cuerpo sin vello se encuentra en una línea difusa, difícil de encasillar por alejarse de las normas estéticas del género y como afirma la propia artista, el pelo en las comunidades afro posee gran información sobre la descendencia de los individuos. Según el escritor Percy Zvomuya, ella experimenta estos mismos conflictos en primera persona por su condición de artista internacional con diversos orígenes étnicos y que, además, vive en la sociedad del post apartheid.

Uno de sus trabajos más reconocidos es Ciao Bella, que presentó en la Bienal de Venecia de 2001. Esta obra consiste en trece personajes o arquetipos femeninos, todos ellos representados por Rose mediante disfraces hechos por ella misma. La disposición de la obra se formula alrededor de fotografías de gran tamaño y tres canales de proyección dirigidos a tres pantallas. Las fotos son retratos de los distintos personajes femeninos, constituyendo en conjunto un abanico de los diferentes roles o visiones impuestas a la mujer a lo largo de la historia. Entre ellas encontramos desde la figura de la madre más tradicional y estable,  pasando por una Lolita, María Antonieta, una Saartjie Baartman, una conejita, una sirena, una monja, hasta una boxeadora golpeándose a sí misma, entre otras. Junto a estas fotos se proyecta una video-instalación enmarcada de estilo barroco con cortinas rojas propias de los teatros, donde muchos de los personajes capturados en las fotos se agrupan alrededor de una mesa que representa la escena de la Última Cena de Leonardo Da Vinci (Sean O’Toole). Los personajes se mueven de forma absurda y divertida, desapareciendo y reapareciendo en la escena, algunos mueren a manos de la conejita, otros vuelan. Con mucho humor, este trabajo subvierte y explora los elementos judeo-cristianos que condicionan a la mujer a lo largo de la historia.

 

Otra de sus piezas punzantes y altamente subversivas hacia las instituciones promotoras del arte, es Plantation Lullabies (2008).  Esta performance deriva de una exposición en el museo de Brooklyn de Nueva York, llamada Global Feminisms (2007), a la que la artista es invitada. La ausencia de voces afroamericanas, afroasiáticas o nativo americanas, en definitiva de una verdadera representación de los feminismos globales, irrita y exaspera a la artista. Es así como se decide a hacer una presentación de ventriloquia con el título The Cunt Show (2007), sirviéndose de dos guantes-marionetas que representan a dos artistas invitadas, a través de las cuales la sudafricana desmonta la falacia del evento en una conversación entre estos dos personajes, pues según ella muchas de estas organizaciones artísticas son hipócritas al tratar temas y situaciones que no pretenden cambiar, a veces incluso llegando a perpetuar el mismo patrón de desigualdad.

En un acto rebelde, atrevido y muy potente, Rose decide ir a Jerusalén a grabar en la muralla que divide Palestina e Israel. Completamente pintada de rosa, tan sólo provista de botas, bragas de leopardo, peluca, corona y guitarra eléctrica, ésta toca malamente el himno nacional israelí. San Pedro V: The Hope I Hope (2005) termina con la imagen de la artista orinando en el angustioso y tiránico muro.

Entre sus últimas obras se encuentra White Girl Fart Factory, 2015 (La fábrica de pedos de las chicas blancas), que recorre el proceso de producción y comercialización de la mantequilla de maní, con el fin de exhibir y reflexionar sobre la opresión hacía la comunidad afro a nivel internacional, a través de la historia de este producto. Para ello, utiliza botes de “Black Cat”, una marca sudafricana de dicha mantequilla, cuya publicidad en los años del apartheid iba dirigida al hombre blanco como fuente milagrosa de poder y fuerza. Rose comienza guiándonos por su historia colocando un cúmulo de este alimento delante de un dibujo del rostro de George Washington Carver, un investigador e inventor afroamericano nacido en el periodo de esclavitud estadounidense, y que entre otros descubrimientos, se le atribuye el desarrollo de números usos del maní, como el de la mantequilla. El último bote de la instalación, contiene “el pedo de la chica blanca” (Sonia Barrett) custodiado por un gato 3D al estilo de la marca sudafricana.

 

Die wit man, 2015

Die wit man, 2015

También del 2015 es su Die Wit Man (El hombre blanco), una performance dura, necesaria y desgarradora que en palabras de O’Toole “cuestiona el supuesto panorama idílico post-racial por la desegregación de la sociedad estadounidense, la descolonización africana y la caída del apartheid en Sudáfrica”. A pesar de que esa falsa superación es sobradamente conocida y dolorosamente obvia, todavía existen muchos grupos en estas sociedades que se niegan a ver el abuso histórico en términos raciales o que se empeñan en borrarlo de la historia. Por eso, con un aspecto burlesco, descuidado y bizarro, Rose recorre las calles de Bruselas para no permitirnos olvidar. Desde un centro de arte contemporáneo de la capital belga, hasta Our Lady of Laeken, una iglesia gótica donde la familia real belga está enterrada (como relata O’Toole), la artista sudafricana grita a través de un cono de tráfico, que imita a un megáfono, el nombre de Patrice Lumumba, el primer líder congolés elegido tras la independencia del país, asesinado hace 55 años por los agentes de seguridad belgas y estadounidenses.

En la feria de arte Art Basel, Tracey Rose hace un paralelismo entre la alquimia y el arte, asegura que el artista hace magia. Por eso, en su proceso de creación desea dejarse llevar, escapar de cualquier tipo de control y agenda para encontrar su manera más pura y personal de expresión. Puede que la complicidad y el estilo caricaturesco le sirvan para sanarse y liberarse de todas esas limitaciones impuestas, y puede que también le sirvan para guiar al público hacia la herida, hacia el fondo de la cuestión sin tapujos pero con humor y sarcasmo.

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Chimamanda desencadena su lado más político

A estas alturas sería descabellado, o como mínimo un error de análisis y de apreciación, negar el compromiso de Chimamanda Ngozi Adichie, posiblemente la novelista nigeriana más influyente de los últimos años y una de las voces autorizadas en la industria editorial internacional, más allá de etiquetas geográficas. Su posicionamiento, por ejemplo, en el ámbito del feminismo es no sólo claro, sino además esclarecedor. Su reivindicación de la diversidad cultural y su reclamación del papel que ocupan las culturas africanas han sido una de sus señas de identidad. Sin embargo, en los últimos tiempos sus posicionamientos públicos han sufrido un cambio sustancial. Para ser más precisos, sus críticas y apoyos a figuras y derivas políticas concretas han cruzado la línea de la política institucional. Su intervención más espinosa ha sido, sin duda, la incuestionable crítica al presidente nigeriano Mohammed Buhari, que seguramente no esperaba que se le abriese una vía de agua en este flanco.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro de Nairobi. Storymoja Festival 2013.

Chimamanda Ngozi Adichie publicó en The New York Times un auténtico torpedo con forma de artículo de opinión el pasado 18 de octubre titulado “Nigeria’s Failed Promises” en el que destripa completamente el actual gobierno de Buhari. La escritora reconoce que la llegada del presidente nigeriano al poder fue un soplo de aire fresco. “Buhari fue elegido como presidente democrático y yo le di la bienvenida”, asegura antes de afirmar que “él representaba una especie de esperanza”. Se refiere a su promesa de luchar decididamente contra la corrupción y el hecho de haber sido escogido en “una elección que fue bastante libre y limpia”. Sin embargo, el recuerdo de que Buhari ya había ejercido como jefe del Estado pero en la época de los sucesivos gobiernos militares, en 1984, y el análisis de la situación desde que se hizo con la cancillería resultan demoledores.

La novelista menciona la trayectoria de Buhari en la anterior etapa y en apenas un par de frases consigue dibujar un ambiente muy similar al que transmite en su novela Medio sol amarillo. Pero lo más demoledor es el análisis de esta última etapa. Como temas estrellas, la nefasta marcha de la economía, la falta de eficiencia en su lucha contra la corrupción, las tensiones comunitarias internas del país que han degenerado en estallidos de violencia y los problemas de comunicación son, a grandes rasgos, sus críticas principales. “Hay un aire especial en el gobierno que no inspira ese ingrediente vital para una economía estable: la confianza”, afirma Chimamanda, que concluye el artículo escribiendo: “En un país enamorado del humor negro, se ha hecho habitual un saludo entre la clase media actual: ‘¡Feliz recesión!’”.

Una parte de la autoridad de la escritora en sus críticas proviene, precisamente, de su excepcionalidad. El hecho de que haya preferido no inmiscuirse hasta el momento en la política institucional, hace que cuando da el paso, sus palabras suenen todavía más creíbles. La mayor parte de la prensa internacional se ha hecho eco del artículo y una buena parte de los principales diarios nigerianos han reproducido la polémica desencadenada por las palabras de su escritora más universal. Las redes no han sido ajenas a la reprobación de la novelista. Buhari ha sufrido uno los reveses más contundentes por parte de una personalidad pública, que además de prestigio internacional goza de una considerable popularidad en el país.

La crítica al gobierno de Buhari no ha venido sola. En las últimas semanas, la actividad de Chimamanda se ha disparado. A la carta en The New York Times, se suman un texto de agradecimiento a la primera dama estadounidense, Michelle Obama, publicado el 17 de octubre en el suplemento del mismo rotativo norteamericano, el T Magazine. Y, sobre todo, un delicioso texto de nuevo sobre el feminismo.

“Dear Ijeawele, or a feminist manifesto in fifteen suggestions” es el título de un extensor texto que Adichie publicó el 12 de octubre en su página de Facebook. Aparece como una especie de carta a una amiga que le ha pedido consejos para conseguir que su hija (de sólo un día) crezca en un entorno feminista. De nuevo, la escritora nigeriana, como ya ha hecho en otras ocasiones, ofrece una visión del feminismo basado en la sencillez, sin aspavientos, una visión que, desde luego puede resultar provocadora para muchas feministas occidentales. Simplemente vale la pena leerlo y seguramente muchas madres recientes encontrarán consuelo en una forma honesta y muy humana de afrontar la maternidad.