Una reflexión imprescindible sobre la diversidad de la masculinidad

El escritor de origen congoleño JJ Bola se ha zambullido en un ejercicio tan delicado y espinoso como imprescindible: la revisión crítica de lo que supone ser un hombre y las diferentes manera de vivir la masculinidad. En Un baile de máscaras (cuya traducción al español de Ana Pedrero Verge ha publicado Paidós) el autor se interna en una reflexión complicada que afortunadamente gana terreno poco a poco: el cuestionamiento de una única masculinidad o, por decirlo de otra manera, la demolición del escupitajo lanzado en forma de frase: “comportate como un hombre”. El punto de partida de JJ Bola es sencillo (aunque no lo sea el desarrollo): es materialmente imposible que haya una única forma de ser hombre y de vivir la masculinidad, nadie aceptaría un principio tan infantilmente reduccionista, si no fuese por la apisonadora social del patriarcado.

El escritor congoleño afincado en Londres, JJ Bola. Fuente: Agencia Pontas.

JJ Bola es un escritor de origen congoleño que ha vivido en carne propia la experiencia del exilio, ya que en realidad ha vivido la mayor parte de su vida en el Reino Unido, donde llegó de niño junto a sus padres. También ha experimentado la realidad de la interculturalidad, criándose y formándose en Londres, en el seno de la comunidad congoleña de la ciudad, pero evidentemente transcendiendo estos círculos. Tal vez estas circunstancias le han ayudado a construir un pensamientos inquieto y crítico que se refleja en sus obras y que en el caso de Un baile de máscaras se hace evidente. JJ Bola ha trabajado, entre otros ámbitos, en el ámbito de la formación con comunidades de refugiados y de sus intercambios con diferentes colectivos (no exclusivamente los de los refugiados), extrae algunos de los testimonios que le acompañan en esta revisión de la idea de masculinidad.

“Dado que vivimos en un mundo en el que hay más de siete mil millones de personas, y aproximadamente tres mil quinientos millones de ellos son hombres, los hombres no pueden ni deben seguir un patrón único”

El escritor nos ofrece un ensayo en el que pone en cuestión fundamentalmente un estereotipo del hombre y de su masculinidad cimentado en los principios más profundos de un sistema patriarcal, que como demuestra con sus reflexiones es el más extendido. Uno de los principales valores del recorrido que realiza JJ Bola por diferentes aspectos de esa masculinidad tóxica, como él califica a este ideal esperpéntico, es que lo hace sin dogmatismo, con una fluida naturalidad que evidencia el absurdo de la mayor parte de esas consideraciones cultural y socialmente aceptadas, como es el hecho de la existencias de usos culturales que en unos lugares del mundo son considerados comportamientos perfectamente masculinos, mientras que en otros “son cosas que no hacen los hombres”.

El repaso del autor por esos pilares de la masculinidad es simplemente demoledor. Poniendo uno tras otros los principios de “lo que hace un hombre de verdad” deja al descubierto la caricatura que supone esta creencia, profundamente arraigada y que, sobre todo, provoca importantes daños a la sociedad. Bola reitera en su argumentación una y otra vez la discriminación a la que se ven sometidas las mujeres en el sistema patriarcal, pero aprovecha para recordar también cómo este mismo sistema impone a los hombre una forma concreta de ser y les impide realizarse y desplegar su identidad de una manera libre y plena. No se trata de desviar la atención sobre los daños que provoca el patriarcado, sino de convencer a los hombres que, a pesar de los privilegios evidentes, ellos también son víctimas de este sistema que encorseta y asfixia a todas y a todos.

“Cuando hablamos sobre la sociedad patriarcal, debemos prestar atención a las formas de opresión que afectan a las mujeres como consecuencia del sistema. Sin embargo, la noción de que los hombres se benefician del sistema en todos los aspectos de su vida es errónea. (…) La masculinidad tóxica prospera en ese círculo vicioso en el que los hombre la alimentan y también la sufren”

Esta voluntad se hace clara cuando, por ejemplo, explora el papel del feminismo en esta revisión de la masculinidad.

“Las feministas como hooks no quieren dar la vuelta a estas situaciones adversas de manera que afecten a los hombres, sino eliminar las posibilidades de que cualquier persona se encuentre en esta situación”

A lo largo del volumen el escritor de origen congoleño aborda la masculinidad tóxica desde diversas perspectivas empezando por un esclarecedor repertorio de los “mitos de la masculinidad, que desgrana una buena parte de esos estereotipos que se atribuyen a “los hombres de verdad”. Desde el clásico “los hombres no lloran”, hasta el… (en realidad todos son clásicos) “los hombres se basan en la lógica (y las mujeres en las emociones)” o el “los hombre tienen más apetito sexual”, para evidenciar que la masculinidad es una construcción cultural.

“El ‘hombre de verdad’ no existe. La propia frase se basa en ideales patriarcales que refuerzan todo aquello que se espera de un hombre. Y, en muchos casos, el contexto en el que se utiliza la frase apenas dice algo positivo sobre la masculinidad o sobre ser hombre”.

Una de las cuestiones en las que Bola se fija repetidamente y con detenimiento es cómo los niños son socializado habitualmente a través de comportamientos violentos, lo que condiciona su forma de autopercibirse y que deja una huella indeleble en sus futuros comportamientos. El autor aprovecha esta circunstancia para intentar transmitir igualmente hasta qué punto el sistema patriarcal erosiona también las vidas de los hombres:

“En resumen, las estadísticas reflejan que la gran mayoría de los crímenes violentos, cerca del 80%, los cometen los hombres. (…) Además los hombres tienen más probabilidades de ser víctimas de crímenes violentos”.

Para el autor, esta socialización, este clima de agresividad y esos prejuicios transmitidos en cuando a cómo los hombre se deben proyectar al mundo, está en la base de la epidemia de salud mental que sufren. Sobre todo, en forma de depresiones ante las que no saben cómo reaccionar por la incapacidad aprendida de exteriorizar determinados sentimientos.

Otro de los aspectos de este recorrido es la sexualidad y la forma de vivirla a la que el patriarcado empuja a los hombres. Una vivencia que, a menudo, se apoya en las relaciones de poder y que se alimenta de la pornografía, por ejemplo, para perpetuar unos roles que establecen unos comportamientos incuestionables.

“A los hombres se nos suele socializar para que nos alejemos del amor en el sentido de que la empatía emocional deja de ser la norma, o tan siquiera un rasgo deseable, mientras que el desapego emocional es algo a lo que aspirar. Se tiende a socializar a las mujeres para que se acerquen al amor, o a una idea del amor, a menudo con el propósito de reforzar los roles de género tradicionales”

Igualmente, Bola se asoma a la masculinidad en la política o más bien cómo esa idea de la masculinidad tóxica impregna los espacios de poder políticos.

“A nadie sorprende, pues, que la gran mayoría de los dictadores hayan sido hombres. En términos más generales, los cabezas de estado y líderes mundiales han sido hombres a lo largo de la historia y hasta hoy”.

“El poder político es patriarcal, y el poder patriarcal es político. La dominación masculina del espectro político tiene que ver con el poder. Las posturas ideológicas contrarias que parten de lo que se percibe como los polos opuestos del espectro político suelen tener una cosa en común: la masculinidad”.

Bola pasa también por la estación del feminismo, por la necesidad de entender correctamente los que significa la perspectiva feminista. Tal vez en algunos círculos pueda parecer demasiado básico recordar que feminismo no es el machismo a la inversa, pero a la vista de la realidad, da la sensación de que nunca se aclara suficientes veces.

“Las feministas no solo desean crear una sociedad más igualitaria para las mujeres, sino que también han luchado por los derechos de los hombres. En realidad, el feminismo es beneficioso para los hombres porque busca aliviarlos y liberarlos de las presiones que ejerce sobre ellos la sociedad patriarcal”

Otras de las cuestiones que el ensayo de JJ Bola pretende aclarar es la importancia de las intersecciones también en esta revisión de la masculinidad y las diferencias de los condicionantes y opresiones según otros elementos de la identidad, desde la raza hasta la clase social pasando por la orientación sexual, lo que le lleva a asomarse a la idea de la fluidez del género y las percepciones de la sexualidad antes de las imposiciones coloniales.

“La homosexualidad formaba parte de la vida en África mucho antes de la conquista europea, nos dice la autora y novelista Bernardine Evaristo, que hace referencia a pinturas rupestres llevadas a cabo por el pueblo san de Zimbabue que muestran escenas de sexo anal entre hombres. Evaristo también afirma que fue la homofobia lo que se importó a África, puesto que anteriormente la sexualidad se había concebido como algo fluido y libre entre todos los géneros”.

El resultado del ejercicio de JJ Bola es un texto tremendamente pedagógico y divulgativo que permite comprender y acercarse a una buena parte de los argumentos que sirven para poner en cuestión la masculinidad tóxica y el sistema patriarcal en su conjunto. Difícilmente, provocará que personas que se encuentren en posiciones opuestas cambien de postura (porque es improbable que se acerquen a este texto), pero sí que puede resultar atractivo a aquellas que no se lo haya planteado y, desde luego, ayuda a entender algunas cuestiones y a reforzar los argumentos de las personas que estén decididas a revisar sus posiciones y a cuestionarse la situación actual.

“En lugar de seguir un patrón de masculinidad, deberíamos tener la amplitud de miras y la comprensión necesarias para darnos cuenta de que la masculinidad se compone de diversas manifestaciones, todas ellas maravillosas, y de que nuestra identidad masculina, la de cada uno, no nos hace más o menos hombres”

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Ciberactivista, periodista y amante de las letras africanas. Co-fundador de Wiriko. Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín.
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