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JJ Bola, una sensación más allá del mercado

Nos estamos acostumbrando a que cada vez con más frecuencia despunten en la escena literaria internacional autores y autoras de origen africano. Cada vez más a menudo nos encontramos con lanzamientos de primeras novelas que resultan éxitos mundiales y que anuncian, a priori, el inicio de prometedoras carreras para escritores y escritoras africanas. Cada vez más habitualmente las grandes firmas de la industria de la edición global se fijan en prometedores narradores y narradoras africanas para dedicarles todo su arsenal de promoción y márketing y convertirlos en nuevas sensaciones literarias. Con J.J. Bola ha ocurrido algo parecido, pero sólo en parte. Precisamente, las diferencias son las que hacen que la emergencia de este escritor congoleño, nacido en Kinshasa y afincado en Londres, resulte incluso más atractiva.

El escritor congoleño afincado en Londres, JJ Bola. Fuente: Agencia Pontas.

No place to call home (algo así como “No es un lugar para llamar hogar”) es el título de la primera novela de J.J. Bola, publicada en junio del año pasado en el Reino Unido, pero no es su primera obra. Antes el escritor congoleño ha publicado tres colecciones de poemas: Elevate, en 2012; Daughter of the Sun, en 2014; y WORD, en 2015. La segunda gran diferencia con respecto a otros autores lanzados meteóricamente al estrellato es que No place to call home no ha aparecido en una de las editoriales que manejan el mercado internacional, sino en un modesto sello londinense, OWN IT!, completamente inmerso en la escena independiente y alternativa, hasta el punto de que no es una editorial sino una promotora de libros, música o películas, entre otros formatos.

Sin el apoyo de una gran editorial, han sido los lectores los que han aupado a JJ Bola a la categoría de escritor de moda. El escritor congoleño llamó definitivamente la atención de todo el mundo cuando fue incluido en una (realmente) larga primera selección del Not the Booker Prize que impulsa el periódico británico The Guardian. Un premio que cuenta con el voto popular de los lectores para las selecciones y, en parte, para el veredicto final. Aunque, JJ Bola no pasó a la selección final ya había puesto un pie en la primera división literaria del país y a partir de ahí continuaron los éxitos. Llamó poderosamente la atención durante su participación en la edición de 2017 del Festival Writivism que se celebra en Kampala. Despertó tanto interés que protagonizó lo que se llamó “el efecto JJ Bola”, que consiste en agotar en dos días todas las existencias de libros propios en dos días de festival.

Todos estos indicios sólo dan una idea de la capacidad para enamorar de la novela de JJ Bola, que en gran medida bebe de su trayectoria poética. Se trata de una historia, precisamente, de refugiados congoleños en Londres. No place to call home cuenta la historia de Jean y su familia, de origen congoleño y refugiados en la capital británica. La historia del muchacho permite a JJ Bola armar un relato en torno a la identidad y la integración, una narración teñida por la influencia de la distancia y de las renuncias.

Las diferentes reseñas destacan la capacidad para narrar de JJ Bola, el sabor acogedor de la prosa que se pone al servicio de las historias mundanas de las relaciones familiares y de las reflexiones profundas de un adolescente en un país del que aún no se siente parte. Sin embargo, uno de los elementos fundamentales de la novela son los personajes, el retablo formado por la abigarrada familia de Jean, incluso los familiares lejanos que se van sumando a la escena y los propios miembros de la comunidad en la que los refugiados pretenden integrarse configuran esa nómina. La últimas de las cuestiones que destacan de JJ Bola los críticos es la habilidad para tocar con ternura y delicadeza temas poco amables y cómo a pesar de hablar de violencia o de desarraigo, el escritor es capaz de generar un ambiente de esperanza.

La esperanza que nos queda es que este éxito inapelable de JJ Bola sirva para que llegue a las estanterías de las librerías en castellano. Teniendo en cuenta que la agencia Pontas se encarga de su representación, aumenta la confianza en que alguna editorial de la península se anime a editar al autor congoleño.

Salym Fayad: “En Colombia se están creando espacios para la reconciliación a través del arte”

Cine Tonala, Bogota.

Wiriko este año ha contribuido a promocionar la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA) como medio oficial. Un encuentro bianual que se hace cada vez más importante en el país y que cuenta con un elenco de profesionales concienciados en que a través del arte y la cultura se pueden abrir brechas a partir de las cuales mostrar otras realidades y formas de compartir experiencias de éxito en esta tarea de crear un mundo más justo. Uno de los cofundadores de la MUICA es Salym Fayad, fotógrafo, realizador y periodista independiente colombiano que desde 2008 vive en Johannesburgo trabajando temas tan diversos como la promoción musical, el intercambio cultural o reportajes que cubren desde la cultura pop hasta lo más tradicional, e incluso los derechos humanos. La idea del MUICA surgió de hecho en Sudáfrica en 2014 gracias al trabajo con Marcela Asensio y Ángela Ramírez realizadoras cinematográficas, también colombianas con las que crearon la fundación Otro Sur. En 2015 se celebraría en Colombia la I MUICA. Y hace algunas semanas finalizaba esta segunda entrega de un evento fundamental.

Salym, este puente entre Sudáfrica y Colombia ¿a qué se debe? ¿Hay similitudes entre estos dos países?

Hay muchas. Primero desde el lado humano: calidez, sociedades abiertas, orientan a los extraños, ayudan al recién llegado. Es algo que he percibido en mis viajes tanto en América Latina como en África. Por otro lado, hay similitudes de tipo histórico y social. Algunas naciones en África vienen de pasados o presentes traumáticos como el que vivimos en Colombia en el que hemos pasado 52 años en guerra y, hasta ahora, estamos intentando salir o, mejor dicho, iniciar un nuevo ciclo histórico, social y político. Hay naciones africanas que están pasando por el mismo proceso como por ejemplo Sudáfrica que también salió de un proceso traumático después de pasar 50 años de apartheid. Y aunque han pasado más de 20 años hay enormes similitudes y enormes cicatrices en este país que también se relacionan con Colombia y que se reflejan en temas como la desigualdad, la criminalidad e incluso la corrupción. Desde luego el tema racial también es otra similitud.

Salym Fayad presentando una proyeccioón de la MUICA en el Cine Tonala, en Bogota.Foto: Carlos Santos.

Cuando explicas en el contexto de Johannesburgo que eres colombiano ¿qué imagen tienen de tu país?

Por lo general ninguna. Al igual que si en Colombia hablo de Guinea Bissau o Togo. Mucha gente cree que Colombia queda en América del Norte, muchos la confunden con Cuba, incluso. Y cuando se tienen referencias los clichés apuntan hacia Shakira o Pablo Escobar. De hecho, la serie de Netflix ha contribuido a popularizar un imaginario sobre mi país un poco glamurizado o romantizado de uno de los períodos más nefastos de nuestra historia reciente. Una etapa de la que todavía no nos hemos recuperado o digerido como sociedad. Brasil, por ejemplo, tiene una conexión más fuerte con los países africanos a nivel comercial y diplomático.

Y de forma inversa, ¿cuál es la imagen que llega a Colombia de África y de Sudáfrica en particular?

Pues llegan los mismo estereotipos de siempre que se acentúan por la falta de información. Salvo la ocasional nota sobre Boko Haram, el espacio que los medios colombianos dedican a África es mínimo y la información que llega desde el terreno es prácticamente nula y la voz de los autores, reporteros o artistas africanos es inexistente. En Colombia ha surgido en los últimos años una tendencia a reivindicar nuestras raíces africanas. Es una reivindicación necesaria, pero que llega tarde, aunque afortunadamente ya está sobre la mesa. Y lo hace en el marco del decenio de la afrodescendencia declarado por Naciones Unidas y en el contexto de los acuerdos de paz y de post conflicto por los que atraviesa el país. En estos, se hace énfasis en el reconocimiento a las víctimas del conflicto armado, miles de las cuales son afrodescendientes. Y esta reivindicación se refleja en la producción musical o cinematográfica del país. Sin embargo, desde mi modo de ver, muchas veces estos acercamientos tienden a romantizar ciertos imaginarios sobre África como origen que, aunque sean positivos, también son estereotipos con frecuencia simplistas con los que se hace poco esfuerzo por reconocer realmente sus complejidades y sus múltiples dimensiones.

Sobre Sudáfrica llega información, pero también está estereotipada: Mandela, el post conflicto, la comisión de la verdad y la reconciliación, en resumen: sobre la sanación social en general. Estas visiones tienden a obviar las complejidades de las realidades sudafricanas, donde la idea de “la nación del arcoíris” es un mito, donde la desigualdad es enorme, y donde las tensiones raciales son evidentes. Ahora, el caso sudafricano es un referente muy valioso que aporta mucho a la discusión en Colombia sobre cómo asumir el postconflicto como nación. Pero creo que no se problematiza lo suficiente.

Por otra parte, personalidades sudafricanas implicadas en el proceso de reconciliación han visitado Colombia para hablar de la experiencia de su país, pero han sido en su mayoría blancos y no negros que fueron las víctimas reales durante el apartheid y quienes están en una posición más clara para hablar/nos de perdón. Entre estas personalidades se encuentran el último presidente de la era del apartheid, Frederik de Klerk que compartió el Nobel de la paz junto a Nelson Mandela. Una figura que en su país está muy lejos de ser percibido como un pacificador.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion de la 1a version de la MUICA en Cali.

Colombia atraviesa un momento político y social crucial tras el referéndum para la paz. ¿Cuál es el contexto en el que se celebró la MUICA?

Como he mencionado, Colombia estuvo inmersa en un conflicto armado durante 52 años y después de 4 años de negociaciones en la Habana (Cuba) –y después de varios intentos fallidos de varios gobiernos para llegar a algún acuerdo con las FARC, la principal guerrilla del país– a finales del año pasado se firmó un acuerdo. Este es un contexto que a nivel social tiene muchas implicaciones que se ponen sobre la mesa: el problema del narcotráfico que durante décadas ha financiado el conflicto armado y la violencia; el tema de los desplazados ya que desde hace muchos años mi país está entre los 3 primeros del mundo en términos de desplazados internos, actualmente unos 6 millones de desplazados por la violencia; el papel de las tierras; el papel de las víctimas; los asesinatos a líderes indígenas que en este año van más de 40… Habiendo dicho esto, hay una oposición, un sector que se opone a los acuerdos y que ha dividido mucho a la sociedad.

La MUICA se celebró en un contexto de mucha esperanza y donde hay también mucho movimiento desde la sociedad civil. La población está haciendo muchos esfuerzos por crear espacios de diálogos para que las víctimas se expresen y para esto se está utilizando mucho el arte:3 las canciones, la tradicional oral, pero por supuesto también el cine. El momento ha generado una corriente cultural que busca formar parte en todo este proceso de reconciliación y sanación en Colombia.

¿Entonces la MUICA intenta contribuir a este nuevo espacio de diálogo en el país con la muestra de cines africanos?

Creemos que hay un vacío cultural muy grande en cuanto a las relaciones culturales y a los conocimientos con África y sus expresiones culturales. Creemos que a través del cine podemos tener acceso a esa multiplicidad de realidades africanas que en muchos casos desconocemos en Colombia, pero que a la vez son narradas por los artistas africanos y no desde una mirada occidental. No se trata solo de conocer las dimensiones sociales y culturales sobre África, sino de conocer cuáles son los métodos o las formas narrativas que utilizan esas voces para contar su propia realidad. Pero la razón de ser de la MUICA no es solamente concentrarnos a nivel racial como decía antes, sino porque los países del llamado Sur Global compartimos muchísimas cosas a nivel social. Además, nuestro interés también es artístico porque consideramos que a través de estas narrativas podemos ampliar nuestros horizontes sobre África.

La comunidad afro en Colombia ronda los 4 millones de personas según el último censo de 2005. 12 años después ¿esa población se mantiene? ¿Ha aumentado?

A pesar de que esas son las cifras oficiales más recientes, de hace más de 10 años, hoy en día se calcula que aproximadamente la cuarta parte de la población colombiana es afrodescendiente. Su presencia se ha visibilizado en muchos casos por las razones equivocadas, como por ejemplo las altísimas cifras de desplazados por el conflicto que provienen de estas zonas. Este 25 por ciento, sin embargo, que equivaldría a unos 10 millones de personas, no se traduce en términos de representación política ni de distribución económica. Gran parte de la población afro se concentra en el departamento del Chocó, en la costa Pacífica, que es además una de las regiones más pobres y menos desarrolladas del país, y además una de las más perjudicadas por la violencia.

Proyección en el distrito de Siloe, Cali. Foto Salym Fayad.

Y eso de itinerante… ¿tiene algo que ver con la dispersión de la comunidad afro en el país?

En parte sí, pero no solo eso; sino también con desplazar el centro de poder y de la oferta cultural en el país. Es decir, de Bogotá, la capital. La MUICA se realiza también en Cali y Cartagena, dos de las ciudades que cuentan con una alta concentración de población afrodescendiente. También hemos llegado a la isla de Providencia en el Caribe. Las ciudades tienen también una rica oferta cultural, pero que en muchos casos en el país está regionalizada. Es normal que ciertos productos culturales se consuman más que otros en diferentes regiones, pero creemos que la programación de la MUICA le habla, o le puede hablar, a toda Colombia. Tanto por la propuesta estética de algunas de las cintas como por su contenido. Hemos programado películas que abordan temas que son de gran relevancia en el contexto del postconflicto en Colombia. Algo Necesario, de Judy Kibinge y Materia Gris, de Kivu Ruhorahoza, que reflexionan sobre cómo gestionar el trauma tanto a nivel individual como a nivel social en un ambiente que ha sido marcado por la violencia. También Mandela, el mito y yo, de Khalo Matabane, hace un retrato tan personal como crítico sobre el legado del icono de la reconciliación en Sudáfrica.

Pero las itinerancias de la MUICA no solo llegan a las principales salas en centros urbanos. También hemos hecho proyecciones en colegios, en barrios periféricos –algunos de ellos con mayoría de población afrodescendiente–, en parques, plazas, bibliotecas y espacios públicos. La intención ha sido un año más, la de diseminar este contenido cultural hasta donde sea posible, y que todo tipo de público se pueda relacionar con éste porque lo encuentra entretenido, porque se puede relacionar con su contexto inmediato, por su origen histórico, o por el contexto general de la realidad nacional.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion-apertura de la 1a version de la MUICA en Cali. Foto: Salym Fayad.

¿Nos puedes contar cuál ha sido el recibimiento en las ciudades que han acogido la muestra?

El recibimiento ha sido muy positivo. La primera MUICA en 2015 nos permitió ver el interés –o curiosidad– del público por este tipo de contenido, que en Colombia nunca había sido exhibido en esta escala. Eso nos animó a ampliar el catálogo (este año hemos proyectado 20 títulos) y nuestro alcance. Hemos recibido una gran cantidad de invitaciones para replicar la muestra en otras ciudades, como Medellín, la segunda ciudad más grande del país, pero también a otras como Valledupar, Manizales o Ibagué. También en ciudades como Buenaventura o Quibdó en la región del Pacífico, urbes de mayoría afrodescendiente, en las que además hay muy poca exposición al cine que no sea de consumo masivo, y que tienen sus propios desafíos en términos logísticos, de infraestructura, de difusión y de creación de públicos.

Habéis contado con el camerunés Jean Pierre Bekolo en Bogotá. Cuéntanos cómo fue, ¿cuáles han sido las impresiones del director?

Jean Pierre Bekolo es quizás el realizador camerunés más destacado actualmente, no solo por los premios que ha recibido en el pasado en festivales como FESPACO y Cannes y por los cargos que ha ocupado en organizaciones como la World Cinema Alliance y Guild of African Filmmakers, sino porque su lenguaje cinematográfico es atrevido, experimenta con elementos narrativos poco convencionales y sus películas con frecuencia reflexionan sobre el quehacer cinematográfico a la vez que hacen un comentario social o político. En la MUICA programamos dos de sus títulos: Las Sangrientas (Les Saignantes) El Presidente (Le président); la primera es considerada la primera película de ciencia ficción del continente y la segunda es un falso documental que hace referencia al presidente de Camerún y que fue censurada en el país.

Tenerlo como invitado abrió una ventana para el intercambio cultural que estamos buscando. Para muchos de los asistentes a sus películas, como lo expresaron durante sus charlas y sesiones de preguntas después de las proyecciones, el único referente que tenían de Camerún es que su equipo de fútbol eliminó a Colombia del mundial de Italia en 1990. Y ahora tenían en frente a un artista de vanguardia hablando de afro-futurismo, poscolonialismo cultural, de las dinámicas de la representación en el cine de y fuera de África. Bekolo sostiene que se pueden plantear soluciones o transformaciones a nivel social desde el cine, que puede ser una herramienta para sanar nuestros traumas pasados, la violencia del colonialismo o de la desigualdad, que es un espacio de reflexión que incluso desde la ficción puede contribuir a la reconstrucción social. Esto es muy relevante en el contexto colombiano y así lo percibió el público y los cineastas colombianos que asistieron a sus charlas. Para él, este intercambio también fue muy enriquecedor; estar expuesto al público y a los realizadores afrocolombianos, escuchar sus inquietudes sobre cómo narrar historias sobre sí mismos y cómo se perciben en el panorama general del país. De hecho, expresó su interés en trabajar en un proyecto cinematográfico propio en la región del Pacífico colombiano.

JP Bekolo durante el MUICA, Bogotá, Colombia. Foto: Salym Fayad.

Tu experiencia de trabajo en África te ha permitido entrar en contacto con cineastas y trabajadores de la industria cinematográfica. ¿Cómo ves el sector después de que seamos conscientes de la cada vez más acuciante dinámica de nuevos festivales de cine en el continente?

Muchos de los cineastas y programadores con los que he conversado coinciden en que el sector se está fortaleciendo en el continente, tanto a nivel de producción como de exposición. Cada vez más se están desafiando las categorías de los géneros cinematográficos, y la tecnología misma está abriendo la oportunidad para que realizadores emergentes o independientes puedan producir piezas de gran calidad técnica sin depender de enormes presupuestos o equipos de producción. También hay festivales establecidos que son una plataforma fundamental para que los realizadores exhiban su trabajo en el continente: FESPACO (Burkina Faso), el festival de Durban (Sudáfrica), el de Zanzíbar (Tanzania), el de Cartago (Túnez), el del Luxor (Egipto), por nombrar algunos. Sin embargo, hay problemas de base que son conversación habitual entre los miembros del sector: existe una enorme escasez de salas de proyección en muchos países, y aún existe una gran dependencia de la financiación europea para la gestión de festivales de cine y para la realización cinematográfica en África. También para la difusión y distribución de las películas. Esta dependencia en muchos casos compromete la creatividad de los realizadores que, en ocasiones, deben moldear sus propuestas iniciales para satisfacer las exigencias de las organizaciones que financian sus proyectos. Esta dependencia a veces se traduce también en la cesión de los derechos de difusión y proyección a las organizaciones europeas, de manera que algunos realizadores pierden también el control sobre la difusión de sus propias obras.

¿Es verdad eso de que Sudáfrica es punto y aparte a nivel de cine?

Aunque la industria cinematográfica en Sudáfrica también se enfrenta a enormes desafíos, es cierto que el país tiene instituciones más fuertes para el apoyo a los proyectos culturales. Por esto mismo los realizadores tienen un poco más de independencia en la ejecución de sus proyectos. Sudáfrica tiene además su propia red de festivales internacionales que van desde los de Durban y Johannesburgo hasta el festival de documental Encounters, Tri-Continental y el Out in Africa Gay and Lesbian Film Festival, entre otros. Hay que tener en cuenta también que Sudáfrica está mejor equipada que otros países en términos técnicos, y que además la libertad de expresión en el país es más amplia que en otras naciones, lo que permite también a los realizadores abordar temas sociales y políticos con mayor libertad creativa.

¿Qué otras industrias/países recomiendas seguir de cerca?

La industria en Kenia se está fortaleciendo y hay realizadoras como las que hemos programado este año Judy Kibinge o Wanuri Kahiu (directora del corto de ciencia ficción Pumzi, 2009), así como el colectivo The Nest (Stories of Our Lives, 2014) que están haciendo desde la ficción un trabajo muy interesante sobre temas sociales, ambientales y de género, éste último desafiando las represivas leyes contra la comunidad LGBTI en el país. La producción cinematográfica en Burkina Faso tiene quizá menos alcance a nivel internacional, pero brilla por su calidad en cada edición del festival FESPACO, en la capital Uagadugú, la plataforma idónea para que los realizadores locales exhiban sus producciones ante el público y los programadores internacionales. También vale la pena prestar atención a las iniciativas que promueven las producciones en realidad virtual, que se están fortaleciendo con particular énfasis en Kenia.

El cineasta JP Bekolo en conversación con Salym Fayad durante el transcurso del Muica 2017.

¿Y algún director/a que esté posicionado para deslumbrarnos en las salas y festivales europeos?

El maliense Daouda Coulibaly. Wúlusu primer largometraje, es un thriller que aborda el tema del tráfico de cocaína en el Sahara como no lo habíamos visto antes, exponiendo las diferentes dimensiones y actores que participan en este comercio ilegal y que afecta a la seguridad, la política y las relaciones internacionales en toda la región; y que además tiene implicaciones a nivel global, incluyendo entre sus actores, desde luego, tanto a Colombia como a España.

 

Sierra Leone’s Refugee All Stars, refugiados en lo alto del escenario

Photos ©Jay Dickman.

Por Fernando Díaz

Si ayer era el Día Mundial de los Refugiados, y hoy es el Día Internacional de la Música, no podemos hablar de ninguna otra cosa que no sea la Sierra Leone Refugee All Stars Band. Una banda sonora a ritmos del África Occidental que habla de la realidad de ser refugiado en África y en cualquier otra parte del mundo. Una banda de reggae africano compuesta levantada en mitad del conflicto de Sierra Leona, en el centro del campo de refugiados de Kalia, y que lleva ya 20 años visitando todos los escenarios del mundo.

En 1997 Sierra Leona vivía lo más crudo de un conflicto que aún tardaría unos años en cesar. En ese año, Reuben Koroma y Grace, marido y mujer, cruzaban la frontera entre Sierra Leona y Guinea hacia el campo de Kalia. 37.000 personas se hacinaban allí, sin esperanzas y sin saber qué sería de ellas. Ni Reuben ni Grace podían estar sin hacer nada, así que pronto se pusieron a buscar entre todos los habitantes del campo a cualquiera que supiera tocar algún instrumento, que tuviera interés por la música. Fue así como encontraron a un guitarrista que, en mitad del caos del desplazamiento hacia Kalia, se había traído su guitarra acústica: Franco John Langba. Se juntaron, elaboraron instrumentos con cualquier cosa que encontraron en la basura, y formaron su banda: Sierra Leone Refugee All Stars.

El descubrimiento

Para el año 2000 ya eran seis miembros. En el campo, Reuben, Grace, Franco y los suyos hacían presente la música en momentos de desesperación para quienes les acompañaban. Crearon letras de esperanza, pero también de realismo. Letras hasta divertidas que hablaban de sus desgracias y les permitían reírse de ellos mismos y de su destino. El proyecto crecía tanto, regalaba tanto a las personas que habían huido del conflicto, que pronto estaban haciendo giras por los campos de refugiados vecinos.

En uno de ellos, coincidieron con dos cineastas que se habían acercado a Guinea a conocer la situación. Zach Niles y Banker White pronto vieron la potencia que Reuben y los suyos habían generado. Así que decidieron ayudar y, en poco tiempo, una banda de refugiados saltaría a la escena internacional gracias al documental que lleva el mismo nombre que el grupo.

El documental, fue todo un éxito, e incluso permitió a la banda de refugiados recibir un premio internacional. Para entonces, la realidad de Sierra Leona estaba cambiando. En 2004 se decretó el final del conflicto, y los miembros de la banda se enfrentaban a la terrible tarea de retomar sus vidas en Freetown… cuando ya no hay nada que retomar. Así que decidieron continuar con el proyecto.

En 2006 publicaban su primer y mejor álbum Living like a Refugee, y además eran uno de los tres grupos africanos que participaban en la banda sonora original de la terrible (en todos los sentidos) película de Leonardo Dicaprio Diamantes de sangre.

Sonidos del África Occidental

El estilo de Sierra Leone Refugee All Stars es una mezcla de estilos de África Occidental. Entre ellos, predomina el baskeda (muy similar al reagge), pero también hay espacio para el highlife, el soukous, el dash y el funk. Sus letras, ya lo hemos dicho, explican el estilo del vida que vivieron en los campos. Son duras, pero también divertidas. Y, sobre todo, son colectivas. A menudo nos sorprenden sus coros, que las convierten en himnos comunitarios y que permiten que nos acerquemos a los sentimientos de quienes viven desplazados. Nostalgia, tristeza, incertidumbre, pero también confianza en que todo lo arreglarán juntos.

Desde estos ritmos y con estas historias, Sierra Leone Refugee All Stars se erigen en uno de los mejores embajadores para aquellos que no tienen nación, los refugiados. Durante la gira de presentación del documental pudieron compartir escenario con grupos como U2, y explicar sus vivencias en programas como el de Oprah.

Finalmente, el proyecto fue acogido por el  ACNUR de Naciones Unidas, y la banda realiza giras por diversos campos de refugiados del mundo para tratar de transmitir un mensaje de fortaleza y esperanza. Pero también realiza giras comerciales. Si se los encuentran, no duden en calzarse sus zapatos para bailar, y acérquense a compartir las historias de los All Stars de Sierra Leona. Comprobarán que ser refugiado es más que ser una víctima.

Este artículo se publica conjuntamente en Wiriko y Africaye.

Fernando Díaz es miembro del colectivo Africaye.org y tiene un blog dedicado a África Subsahariana www.srkurtz.org | @elsituacionista

“Nuestras guitarras y nuestra voz son consideradas armas revolucionarias”

Por Gemma Solés y Javier Domínguez (Wiriko)

El desierto no entiende de fronteras. Allí donde Argelia, Libia, Mali y Níger se tropiezan existe un hábitat de arena que abriga a los tuareg. Conocidos por los árabes y occidentales como “el pueblo del velo”, llevan décadas arrastrando el estigma de los prejuicios. La historia los ha retratado como el enemigo secesionista del norte para los Gobiernos de Bamako y Niamey. Desde 2012, la mirada occidental los ha postrado en el islamismo puritano cuando el Sahel se llenó de yihadistas. Con el coqueteo de algunos tuaregs con el Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el desierto se convirtió en sinónimo de conflicto. Pero entre el desorden, la música se levanta como un arma de resistencia, con ciertos nombres catapultados en la arena internacional como embajadores de la paz. Este es el caso del guitarrista Omara Moctar (Níger, 1980), también conocido como Bombino.

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“Los tuareg estamos repartidos por siete países conectados por el desierto del Sahara. Donde hay tuareg, hay cierta cultura viajera derivada de nuestra tradición nómada. Los magrebíes nos llaman los chômeurs porque creen que no nos gusta trabajar”, dice Bombino a Wiriko durante una entrevista en Madrid, ciudad que visitó el pasado verano para dar un concierto. De este mote francés que significa desempleado, deriva la palabra Tichumaren, el nombre que recibe el Blues del Desierto. Hoy, el arma tuareg para la democracia, la paz y la justicia histórica de un pueblo dividido geográficamente y unido bajo el pulso de las guitarras. En ella, política y música van de la mano.

“Hace falta posicionarse como artista si se quieren mejorar las cosas. Eso no significa que animemos a que la gente participe en enfrentamientos directos, pero sí que intentamos que se sepa qué es y qué no es justo en democracia”, advierte Bombino.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Un “museo vivo” de Londres narra las historias de migrantes y refugiados

Jade se seca las lágrimas. Su voz se entrecorta pero sigue empecinada en terminar su historia. Ella es una refugiada ugandesa que llegó a Londres huyendo del dictador Idi Amin Dada. Su régimen mató a toda su familia. Ella se libró de casualidad y gracias a un niño soldado cuyos padres habían trabajado en su granja. Jade habla bajito. Cuenta su relato como para quitarse un peso de encima. Para sentirse viva. Como cuando decidió ir a por una hamburguesa del McDonald’s tras quemar la yuca que cocinaba, perdida en el pasado.

londonstoriesweb-landscapeleLucas es de Sudáfrica. De padre indio y madre inglesa. Se mudaron al Reino Unido cuando todavía era un niño y en el colegio no quiso ser “paki” (término despectivo hacia las personas de origen paquistaní) aunque no lo fuera. Cosas de niños, o no, lo de generalizar. Decidió entonces distanciarse de su padre, de esa parte de la familia que no era blanca. Avergonzado de su propia identidad, gracias a Londres supo abrazar su multiculturalidad abandonada.

Estas dos historias, un pequeño sustrato de la Londres africana, son sólo un par de ejemplos de todas las que formaron parte del montaje London Stories: Made by Migrants organizado por el Centro de Artes de Battersea. Un refugiado sirio, una superviviente de Auschwitz, un padre víctima de un ataque racial… Maryam, Lily, Eithne, JJ, Graciella, Prossy, Rabiah, Lemmar… Todos ellos también tienen su relato. 29 historias procedentes de los cinco continentes, de personas de distintas edades, sexo y religión. Y todos tienen a Londres en común.

La segunda temporada de este proyecto, se inició en 2013, se ha centrado en las migraciones. “Decidimos hacer esta edición debido al clima político actual y a la negatividad de la prensa ante la inmigración. Queremos contar estas historias porque en esta experiencia la audiencia va más allá de los titulares. Es una fotografía verdadera, real, amplia y honesta de la ciudad”, explica a Wiriko el asistente de producción Ralph Thompson.

El Centro de Artes de Battersea ha sido históricamente un lugar volcado hacia la comunidad. Antigua sede del ayuntamiento del distrito d Battersea, fue punto de encuentro de los movimientos sindicalistas y apoyó la lucha a favor del sufragio femenino. Además en 1913 fue el lugar donde John Archer, el primer alcalde negro de Londres, fue elegido. London Stories se convirtió en una ocasión para acercar a los vecinos y a otros tantos residentes londinenses a escuchar, a emocionarse, a reír y a dejarse llevar. “Vivimos en una ciudad de 8 millones de personas. Me cruzo con gente, voy en el metro y me pregunto cuál serán sus historias. El objetivo era abrir nuestro edificio, un edificio público, para contar historias de gente que forma parte de la comunidad”, dice Thompson.

No son sólo historias de personas que escaparon de la guerra sino también de irlandeses o británicos que han acabado en Londres“, apunta el asistente de producción de un largo proceso de cinco meses. La iniciativa recibió más de 200 relatos, donde el principal desafío fue encontrar un equilibrio entre todas las vivencias.

Como complemento entre el que cuenta y el que escucha, la antigua Sala de Plenos acogió la exposición de distintos objetos personales de los protagonistas. Una muñeca, cartas de familiares, fotografías, la biografía de Malcom X e incluso una pierna ortopédica. London Stories: Made by Migrants fue una compilación de experiencias compartidas en un antiguo ayuntamiento pero que caminan a diario por una Londres que es “némesis y salvación”.

Las personas detrás de los titulares de prensa

Los medios, contribuyentes del imaginario social, han apostado en muchas ocasiones por representar la inmigración como un ataque a los valores identitarios. El montaje sin embargo tiende la mano a las personas opacadas por la generalización. En un escenario íntimo y con sólo ocho personas presentes, el contacto visual desbarata cualquier miedo a lo desconocido. El arte de escuchar se desempolva y se disfruta. Los protagonistas acuden a cada sesión con sus estados de ánimo, con la lista de la compra en la cabeza y con el vencimiento de la factura de la luz. No hay más guión que su propia vida. “No son actores y cada día es distinto. Sólo tuvieron un par de talleres en los que les ayudamos a estructurar su relato”, cuenta el asistente de producción, Ralph Thompson.

Estas historias, tanto de Londres como de cualquier otro sitio, tienen poco que ver con el teatro. “Es una experiencia íntima para desmontar la idea del migrante como una amenaza. Se produce un contacto humano” en una invitación a una realidad tan compleja que no entiende de etiquetas. Los responsables han querido desafiar a aquellos medios que frivolizan y utilizan a los inmigrantes como incentivo para vender periódicos. O ganar visitas. Fue así como surgió la idea de empapelar las instalaciones del recinto con diversos titulares de prensa como:

“Ministro: respete nuestras leyes y costumbres. Sea británico, Hurd. Dígaselo a los migrantes”, The Daily Mail. 24 de febrero de 1989.

“Los migrantes toman todos los trabajos en el Reino Unido”, The Daily Express. 2 de noviembre 2007

“Migrantes, ¿cuántos más podemos acoger?”, The Daily Mail. 28 de agosto 2015

En un contexto brexiteer producciones como London Stories desmontan los prejuicios. La opción del Remain ganó en Londres (59.9% de los votos) y la ciudad mostró su identidad migrante. Casi el 40% de los londinenses han nacido fuera del Reino Unido según el último censo.

África: banda sonora 2015 (VIII)

“Estamos al inicio de un ciclo africano mundial”

Su álbum debut ‘Léman’ (World Connection,2009) sorprendió a todos con una composición delicada y mimada que suspiraba cierto romanticismo al que no estamos acostumbrados cuando hablamos de músicas africanas. Algunos querían casar su sonido con reminiscencias brasileñas, pero el camerunés Blick Bassy no titubeó en decir entonces que es la música brasileña la que tiene fuertes raíces africanas, y que ese es el motivo por el que confundimos sus sonoridades. Pero lo cierto es que su música es un cruce de caminos con influencias varias, entre las que se encuentra Malí, donde grabó su primer álbum en el estudio de Salif Keita, pero también Estados Unidos, el Congo o Francia.

Para comprender al artista y comprender cómo utiliza su don como cantante y compositor, hemos querido entrevistarlo y conocer más de cerca los secretos que entronizan su 3er álbum de estudio (Akö) como uno de nuestros álbumes estrella de 2015.

Blick Bassy, por Denis Rouvre.

Blick Bassy, por Denis Rouvre.

GS: ¿De qué fuentes musicales bebes? 

BB: Para mí cada álbum es un proyecto en sí. Léman es el encuentro entre melodías del África central y las armonías del oeste africano. Crecí en un medio donde la música está en todas partes todo el tiempo. Cuando era joven mi padre escuchaba alguna bossa nova de Joao Gilberto, Gilberto Gil o Joao Bosco, pero también a cantantes como Marvin Gaye, Nat King Cole, Stevie Wonder y música camerunesa de Jean Bikoko Aladin, Eboa Lottin, Ndedi Dibango… Crecí escuchando toda esta música, así que para mí es natural que estas influencias estén en todo lo que hago. En el norte de Camerún también tenemos música pentatónica como en Malí, así que me es fácil incorporar los sonidos malienses en mis canciones y que todo vaya filtrándose en mí. Pero como he dicho, cada disco es un proyecto distinto, Hongo Calling (World Connection, 2011) me trajo desde Camerún hasta Brasil a través de los ritmos Hongo del pueblo Bassa.

GS: Y después de tu segundo álbum, Hongo Calling, nos brindas tu tercera perla: Akö (No Format, 2015). Y con tanto éxito que la canción Kiki ha sido elegida para promocionar el iPhone6. ¿Crees que tu álbum viene en el momento perfecto en que África está poniéndose a sí misma en el epicentro de la creatividad mundial? ¿Cómo Blick Bassy también se encuentra en el epicentro de este auge?

BB: Un momento perfecto… (se ríe) ¡Creo del todo en una Nueva África y estaba seguro ya hace años de que este momento llegaría! En serio, creo que un artista hoy en día tiene que verse a sí mismo como contratista, por ello, tenemos que evolucionar y entender las realidades del mercado. Las nuevas tecnologías e Internet han cambiado la forma en que hacemos y consumimos música lo que ha puesto África al frente del escenario internacional. Pero este cambio de modelo tiene un impacto mucho más grande en África que en otras regiones. A mí, que no solamente soy compositor y músico sino también productor y llevo un sello discográfico en Camerún desde hace diez años trabajando con jóvenes artistas, las nuevas dinámicas de producción y consumo solo me refuerzan el enfoque afro-positivista.

GS: ¿Hablas de ello en tu nuevo disco, Akö?

BB: Todas las canciones de este álbum hablan de transmisión intergeneracional, pero sobre todo de la educación de los niños ya que si queremos cambiar el mundo, solo lo podremos hacer a través de ellos.

GS: Lo cuentas a través de la lengua bassa en tus canciones. ¿Es una demanda política del derecho y la necesidad de reivindicar las lenguas africanas como vehículos de transmisión cultural? 

BB: Creo que estamos sólo al inicio de un ciclo que, desde mi punto de vista, será africano a nivel mundial. La historia de África será narrada por sus hijos, tanto en el cine, la música, el arte, la cultura africana llegará a los ojos del mundo a través de las nuevas tecnologías y nuestras lenguas se convertirán en tan poderosas como el inglés, el francés, etc…

GS: ¡Ojalá¡ Y a través del arte africano se podrán apreciar más las culturas africanas, ¿no? ¿Sientes responsabilidad como músico hacia la cultura bassa?

BB: Primero de todo me siento ciudadano del mundo, luego de Camerún. Lo Bassa me lleva a mis tradiciones y mi cultura. Pero puedo decir que pertenezco a toda la comunidad camerunesa ya que ni siquiera estoy viniendo en ninguna comunidad Bassa. Creo que nuestra sociedad es completamente distinta a lo que la gente se imagina cuando hablamos de comunidades concretas, nadie espera de mí como artista nada que yo no quiera darles. A día de hoy mi trabajo es muy conocido en Camerún, sobre todo porque con mi antigua banda estuve muy activo en el país durante diez años. Los jóvenes cameruneses respetan mucho lo que hago, pero no siento que pidan nada de mí.

GS: Volviendo a tu último disco, ¿qué diferenciarías de Akö respecto a los álbumes precedentes?

BB: Con Akö, me he dejado llevar por la magia de la fotografía de Skip James y su blues. Lo demás fluyó. Estamos viviendo en un tiempo de exceso de información, y quería un álbum donde mi voz y mi emoción fueran la información principal, acompañadas del banjo, el cello y el trombón. Así que a diferencia de Léman y Hongo Calling, este disco vino a mí.
GS: La música vino a tí. Y así, también nos llega a nosotros, como un regalo. La mayoría de los músicos que entrevistamos en Wiriko han tenido que emigrar fuera de África para poder vivir como músicos. ¿Éste es tu caso también?

BB: Por supuesto. Cuando me fui de Camerún en 2005, no había estructura viable para el desarrollo de una carrera ambiciosa. Si fuera hoy, con la fuerza de Internet, no me iría.

Blick Bassy por el fotógrafo David Balicki.

Blick Bassy por el fotógrafo David Balicki.

GS: ¿Es muy diferente la vida en París o en Douala o Yaundé? ¿Qué hechas más de menos de Camerún viviendo en Francia?
BB: La ventaja de estar en París es la satisfacción profesional, tener una estructura de apoyo, ser la marca de una agencia de management… esto aún no se encuentra en Douala. Pero lo que más echo de menos es el amor entre las personas, compartiendo y ayudándose unos a otros, pero también la comida, porque yo soy super mal cocinero.
GS: Te mudaste de París y ahora estás instalado cerca de Calais, un punto caliente del drama que se está viviendo con los refugiados en Europa. ¿Cómo se está viviendo la crisis de migrantes en la región? 

BB: Yo vivo en Cantin, un pequeño pueblo cerca de Calais. Aquí la gente es muy amable, en serio, nunca he sentido racismo hacia mí desde que estoy aquí. Todo el mundo sabe acerca de mí ya que tengo una asociación en el pueblo. A veces me voy de visita Calais para llevar algunas cosas a la gente (migrantes) que acampan para cruzar hacia la Mancha. Puedo entender que a veces la gente se asusta, pero creo que es la ignorancia fomentada por los medios de comunicación y la política los que están jugando con esos temas en beneficio propio. A pie de calle, la gente reacciona de forma distinta.

GS: Tenemos entendido que tienes un proyecto para ayudar a los músicos de Camerún para poder desarrollar su carrera profesional en su país de origen ¿Es difícil decirle a un joven de Camerún que no tiene que migrar para poder vivir de su talento?
BB: He creado una agencia de artistas –Wanda-full.com– con un boletín de noticias que cada semana se actualiza para ayudar a artistas africanos a desarrollarse, pero también funciona en Europa al final. Me dí cuenta que los artistas, músicos, managers, promotores y distintos agentes del negocio de la música están faltos de estrategias y consejos tanto en África como en Europa. Es un sector que está mal en todos lados. Todo artista lucha para salir adelante. Así, también hemos creado un programa de radio en el norte de Francia para asesorar artista y que puedan impulsar sus carreras. Realmente, a día de hoy creo que se trata de aquello de “hágalo usted mismo”. Si quiere sobrevivir, cada músico tiene que ser independiente, en África y donde sea.

GS: Pues te tendrán que hacer caso porque parece que tu receta está funcionando más que bien. Tienes una agenda bien repleta, ¿verdad? Francia, Hungría, Marruecos…

BB: A parte de mi gira de presentación de Akö, estoy trabajando en un libro. Es una novela sobre la migración. Pero también estoy trabajando en torno al concepto de “Artista hazlo tu mismo” para ayudar a los artistas a compartir sus consejos y estrategias de música. También soy secretario general de la Red Mundial de festivales de músicas del mundo y de la agencia de promotores Zone Franche.