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FIRPI: Cambiar el mundo a través de la tradición

AfficheFIRPI_090616 “¡Leeboon!” Palabra mágica que acalla el bullicio polifónico de la sala. Es la hora de escuchar un cuento (en wolof, “leeb”). “Érase una vez un niño que vivía con su madre, y un día se fue muy lejos, a cazar. Regresó a su pueblo al cabo de varios días y se acostó porque era ya de noche. Pero por la mañana, cuando se levantó, seguía siendo de noche, y a medio día seguía siendo de noche, y por la tarde, seguía siendo de noche. El niño preguntó a su madre: – Mamá, ¿por qué no hay sol? Su madre le respondió: – Mientras estabas fuera, un dragón se comió el sol.” (El dragón que se comió el sol, editado por Malas Compañías, Ana Cristina Herreros, 2015).  Así comienza uno de los cuentos compartidos durante la 5ª edición del Festival del renacimiento del patrimonio cultural inmaterial (FIRPI), celebrado entre el 15 y el 16 de julio en Louga, una región del norte de Senegal de gran peso histórico cultural en el país. El festival, dirigido por Ngary Mbaye, gran contador de la región, – miembro también del festival de más larga trayectoria en Louga, el Festival de folklore y de percusión (FESFOP)-, no sólo ha reunido a narradores orales de Senegal y España, sino también a actores culturales de ambos países. Este intercambio ha sido posible gracias al apoyo de la asociación de Red Educativas Sin Fronteras (RESF), un colectivo de maestros, y personas afines a la educación, con alta presencia de Louga, las Islas Canarias, Palestina y el Sáhara, reunidos por la motivación de cambiar el mundo a través de la educación. Así lo destacaba una de las integrantes de este grupo, Ángeles Moreno, quien se incorporó a esta red, nacida en 2004, el curso pasado. “Si desde pequeños nos conocemos los unos a los otros, aprenderemos que todos somos iguales”, decía Moreno, quien terminaba sus discursos con una expresión senegalesa que resume la filosofía de esta red, “ñoo faar” (en wolof, estamos juntos). Añadía que de esta forma, se acabaría con la idea del desconocido, y así, del miedo a lo desconocido, estableciendo un diálogo, intercambiando reflexiones, imágenes, e imaginarios, donde no existan fronteras. Es esta precisamente la labor que lleva realizando la RESF durante más de una década. Para muchos de sus integrantes, este festival, precisamente sobre el renacimiento el patrimonio cultural inmaterial, ha supuesto un punto de inflexión en la red, una materialización de ese “sueño” de un mundo sin fronteras, caracterizado por el aprendizaje y el intercambio.

Dos niñas participan en el festival durante el pasado fin de semana. Foto: Estrella Sendra

Dos niñas participan en el festival durante el pasado fin de semana. Foto: Estrella Sendra

El festival se ha caracterizado por la alta calidad de sus espectáculos, de gran diversidad de registros, un homenaje a la memoria, la creación temporal de un espacio para otro tipo de aprendizaje, cuyas raíces se hallan en la oralidad. Esta riqueza artística, incluyendo danza, cocina tradicional, cuentos, juegos tradicionales, lucha tradicional canaria y senegalesa, ha sido capaz de paliar las fluctuaciones horarias, el factor de impredecibilidad en el programa, reflejo de la falta de apoyo institucional, una constante en el mundo de los festivales, más acentuada en las regiones rurales que en las capitales urbanas. Tan solo el ayuntamiento de Louga y el Consejo Departamental han destinado una cantidad simbólica a la financiación del festival, algo más de la Dirección del Patrimonio, y mayor la de Wallonie-Bruxelles, así como un gran apoyo logístico y disposición del Centro Cultural Regional de Louga, dirigido por Aby Faye, y del personal de Radio FESFOP y el propio FESFOP. Ha sido la participación presencial de RESF, con profesores de Louga, como Ahmadou Bâ, Malick Wade, Alioune Gueye e Ibrahima Sow, entre otros, así como miembros de la red de Canarias, con Gemma del Rosario, Ithaisa González, Laly Ramírez, Suso Méndez, Ángeles Moreno, Montse Lajas (bautizada en Louga como “la artista”) y Tony Frías. Muy especial mención merece la destacada participación de la contadora leonesa afincada en Madrid, Ana Cristina Herreros, la única contadora mujer de esta edición, compartiendo cuentos tradicionales, incluyendo una selección de los recopilados en la Baja Casamance, recientemente publicados por la editorial de la contadora, los libros de las Malas Compañías, en El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la Baja Casamance (2015). Conocida entre los narradores orales como Ana Griott, esta artista de la palabra confirmó su maestría durante la ceremonia de apertura del festival, el viernes 16 de julio, con la empática selección de un cuento que rinde homenaje a la naturaleza, controlada por el todo-pudiente Dios. En el cuento, traducido e interpretado simultáneamente por el profesor Ahmadou Bâ, una hormiga se congela la patita en un charco helado, y solo una serie de elementos encadenados de la naturaleza, la cual lleva a Dios, es capaz de salvar a la hormiguita, “alhamdulilah” – terminaba el cuento, – una de las más recurrentes expresiones en el país, que significa, gracias a Dios. A este aplaudido cuento le siguieron el de contadores locales, como la pareja Pine Pindal, trayendo parte de la tradición pulaar, Djibril Bamba Kama, un contador de Fatick que compartió en wolof cuentos serer; Kebe, de Coky, y el viejo contador Madany Tall de Louga. La ceremonia de apertura, celebrada en el Centro Cultural Regional de Louga, continuó con una breve muestra de la compañía de Mbour y la Yonu Ndau, de Louga.

Los contadores han sido los verdaderos protagonistas del FIRPI. Foto: Estrella Sendra

Los contadores han sido los verdaderos protagonistas del FIRPI. Foto: Estrella Sendra

Fue el sábado el gran día del festival, que por primera vez se desplazó a las escuelas para niños huérfanos, llamada Village des enfants SOS. Durante toda la tarde, Gagna Diallo, animadora del Centro Cultural, y Ngary Mbaye, director del festival, desplazaron el FIRPI hacia este espacio infantil para que los contadores regalaran cuentos a los niños, y los canarios mostraran parte del baile tradicional regional, que los niños senegaleses habían aprendido desde el martes en talleres ofrecidos por los miembros de RESF. Contaba Ngary Mbaye que en este festival los protagonistas son los niños, “para iniciarlos en la tradición, y llevarle hacia los valores, a través de los cuentos que son la educación”. Y recalcaba que “ese cambio del mundo es posible a través de la cultura, a través de la tradición”. Al mismo tiempo, el festival permite a los jóvenes y adultos “conocer, celebrar y conservar la extraordinaria tradición que tenemos”. Recuerda Ngary Mbaye cómo su abuela fue la que le inició en el mundo de los cuentos, desde que ella se los contaba a los 6 o 7 años. “Ella es la que ha hecho de mi un artista”, declaraba Mbaye. “Los cuentos educan. Yo eran un niño travieso, y aunque vivía con mis padres, era mi abuela la que se sentaba conmigo a contarme una historia por ejemplo de un niño que, por ser travieso, se volvía desdichado. Así era como aprendía yo que había que portarse bien. Desde ese día me encantan los cuentos. Y desde los 12 años, empecé a contarlos, en casa, en el colegio… En esa época había muchos cuentos”, recuerda el narrador oral procedente de Louga. Otra de sus grandes influencias fue Ibrahima Ndiaye Mame Diakhe Diallo, el primer contador de Senegal, con su cuento Modou Masina (del 96), que ha marcado mucho a los senegaleses, quienes en su gran mayoría fueron educados a través de los cuentos, decía Mbaye. En efecto, la tarde de visita a la Village des enfants SOS, el dúo Les sca’lat de Saint-Louis regalaron a los niños un cuento sobre el amor por Senegal, y los valores de este país, seguido por la intervención del humorista Meissa Ñag.

Vestuario tradicional para el carnaval del FIRPI. Foto: Estrella Sendra

Una buena parte de las actividades se han destinado a fomentar la literatura oral entre los más pequeños. Foto: Estrella Sendra

Por la noche, en una velada que se extendería hasta las 5 de la mañana, no solo volvieron a escucharse a estos narradores orales, desde los más jóvenes a los más sabios, con el senegalés Mandany Tall y la intervención por vídeo del poeta malagueño de 92 años, Joaquín Fernández González; también se disfrutaron tres destacados espectáculos de danza. En principio, con la danza contemporánea de Paidy, mezclando elementos de la danza tradicional, y con una fuerte crítica al tratamiento de los talibés (niños de la calle) por los líderes espirituales a los que a menudo se confía la educación de estos niños en las escuelas coránicas, algunas con condiciones extremadamente duras para los niños. Luego, con la compañía de Mbour, con un fuerte espectáculo de danza, seguido por la de Yonu Ndau, de Louga. Y para alcanzar el clímax final, la intervención estelar e la compañía Kaddu Njaambour, dirigida por el propio Ngary Mbaye, con la actuación sorpresa de muchos actores y bailarines que se incoroporaban a escena desde el público, como poseídos por el ritmo de los tambores, curativos de enfermedades mentales. Ahmadou Bâ, miembro muy activo de la RESF, destacaba esta primera colaboración de la red con el festival, por la oportunidad de intercambio y el espacio de cambio de percepción de las distintas culturas. “Si estamos todos aquí, es porque todos creemos en lo mismo, y la participación de los españoles ha sido fundamental para la creación de este espacio de intercambio”. Además, añadía Bâ, “es importante apoyar iniciativas como esta porque hay que tomarle el relevo a los mayores, y como jóvenes, comprometernos con la educación a través de la cultura”. La misma satisfacción expresaban los participantes españoles, quienes desde el martes 12 estuvieron realizando talleres en el Centro Cultural. “No sabía cómo iba a ser recibido. – Contaba Tony Frías, luchador Tenerife -. “Me gustó mucho venir a un pueblo pequeño como Louga porque me permitió conocer primero a la gente y he respirado un ambiente muy familiar. He tenido la oportunidad de practicar el deporte que quería, la lucha senegalesa, para aprender un poco. Lo he practicado en la playa de Tare, en el Centro Cultural Regional de Louga, en la Plaza Cívica, incluso en el CEFAM, porque acababa luchando con la gente que conocía, luchadores o aficionados”, aseguraba Tony Frías. Por su parte, Itahisa González decía: “Vinimos a mostrar una parte de nuestra cultura, para que ellos la pudieran conocer, para que vieran otras cosas, pero también, que hay cosas en común y me quedo con la ilusión que tenían los niños por aprender, por conocer otras cosas, para ellos todo era una novedad”. Todos destacaban esa interacción con los niños, que hasta se arrancaban a contar cuentos en distintas lenguas de Senegal. “Yo creo que todos los que hemos venido tenemos una conexión especial con los niños”, coincidían tanto el luchador como Suso (Jesús) Méndez, quien desarrolló, junto con Laly Ramírez, Montse Lajas, y Gemma del Rosario, un taller de baile tradicional de las islas Canarias. Los juegos y bailes tradicionales que estos agentes culturales han traído, han demostrado no tener ninguna barrera lingüística. “Se ha transmitido cariño, afecto”, apuntaba el luchador canario. En efecto, este festival ha destacado por su llamada de atención y cuidado a los valores. En concreto, tal como destaca el director del festival, Ngary Mbaye, el valor de la tradición, y del papel del patrimonio cultural inmaterial en la educación. Tal vez no sea coincidencia que en un festival cuyo acento está en los valores, la constante destacada por los participantes haya sido la creación y afianzación de lazos, el ambiente familiar y, como decía Ana Griott, “utópico”, citando al célebre escritor uruguayo fallecido el año pasado, Eduardo Galeano. Al final, este Festival del renacimiento del patrimonio inmaterial cultural, esta edición marcada por su transición a la internacionalidad, nos decía Ana Griott, no es más que un paso más hacia esa utopía de la que nos hablaba Galeano: “Ella está en el horizonte. Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar.” (“Ventana sobre la utopía”, Eduardo Galeano,)

Dilman Dila: ciencia ficción y compromiso

Hace poco menos de dos meses, Sonia Fernández pintaba en esta misma sección un completo escaparate (en dos entregas) de lo que llamaba “terror sobrenatural” o “ficción especulativa” en las literaturas africanas y mencionaba algunos de los ejemplos de subgéneros que van desde la ciencia ficción hasta los relatos terroríficos, incluyendo la literatura de zombis u otras figuras propias de algunas culturas del continente como los abiku o los ogbanje. Un buen ejemplo de estos géneros especulativos es el ugandés Dilman Dila que nos sirve de excusa ideal para retomar el tema y para hablar de su obra más conocida, A Killing in the Sun. Se trata de una antología de relatos cortos que representa, casi, un catálogo de todas las opciones que permite ese género abigarrado de la ficción especulativa.

El autor ugandés Dilman Dila. Fuente: Facebook del escritor

El autor ugandés Dilman Dila. Fuente: Facebook del escritor

Publicado hace poco más de un año, el libro, igual que el autor, se ha ido haciendo un hueco en el panorama literario africano. Se han desempolvado y puesto en valor viejas historias, se han publicado antologías y se han celebrado festivales. Todo para reivindicar que los autores africanos tienen todo el derecho del mundo a escribir ciencia ficción y para recordar que la tradición oral de la que beben, a menudo, está llena de figuras sobrenaturales y de escenarios con un genuino sabor a relato terrorífico.

No hace demasiado, el propio Dilman escribía en su web un alegato a favor de este género con el que trataba de sacudir todos los estereotipos acerca de lo que se supone que tienen que tener las literaturas africanas. El autor acuña el término AfroSFF para referirse a estas obras y se queja de que la reacción en Occidente (a la que él mismo se ha tenido que enfrentar) ante un libro de este tipo que consiste simplemente en descalificarlo como imitación. Las armas fantásticas son imitaciones, los superhéroes son imitaciones, los alienígenas son imitaciones para los que él considera “detractores miopes”.

Dilman Dila afirma que “las historias humanas siempre han sido historias especulativas” y recuerda algunas historias de la tradición oral acholi en la que aparece la creación de armas fantásticas y relatos baganda en los que aparecen superhéroes con poderes sobrenaturales. De la misma manera hace referencia a las tradiciones de algunos pueblos africanos, como los dogones, que parece que hablan de un origen alienígena de la etnia, aunque quizá no se formule así explícitamente.

A Killing in the Sun es la particular manera que Dila tiene de revisitar esa tradición. Entre los relatos hay magia y fantasmas, hay reencarnaciones y muertos vivientes. Hay mutaciones genéticas de seres vivos y experimentos que cambian la forma de vivir de las personas. Y hay también extraterrestres, por ejemplo. Todos los elementos que puedan ayudar a generar una atmósfera terrorífica y espeluznante le sirven a este joven ugandés para recrear sus relatos.

A killing in the sunLa antología, una buena muestra del trabajo de Diman Dila, responde a algunas de las inquietudes del autor. Por un lado, la de alimentarse de su propia tradición, de su propio bagaje, como hace cualquier escritor. En su confesión sobre la AfroSFF, Dilma asegura que creció entre esos relatos tradicionales que subliman lo sobrenatural y las leyendas urbanas de una modernidad ugandesa y que no tuvo contacto con las historias occidentales más populares hasta que no hubo sido mayor. Y menciona una situación interesante, se había criado entre historias de todo tipo, pero no llegó a tocar un libro hasta los 10 años.

La otra inquietud que se transmite en su trabajo, además de la reivindicación de lo propio, es la convicción de que la ciencia ficción no es, ni mucho menos, un género estético. Por ello, detrás de la mayor parte de sus historias se puede ver la huella del abuso de los poderosos en su sentido más amplio. Unas veces son multinacionales, otras científicos locos, otras simplemente jefes religiosos o personas que controlan las fuerzas ocultas. En todo caso, su reivindicación parece ser la de la gente normal frente a la de todos esos personajes preeminentes, extraigan su poder de dónde lo extraigan.

En la reflexión que Dilman Dila hacía en su web a través del título “Is Science Fiction Really Alien to Africa?” el autor lanzaba una advertencia, un desafío y un consejo. La advertencia hacía referencia a la saturación y al riesgo de publicar cualquier obra de ciencia ficción, sólo porque el género parece estar de moda. El desafío decía: “Así que cuando algunos afirman que el género es ajeno a África, que los africanos no consumen ciencia ficción, que no hay audiencia, quiero preguntar, ¿de qué comunidad africana están hablando? Cuando dicen que los africanos no están preparados para la ciencia ficción me pregunto ¿qué es lo que realmente quieren decir? Creo que estas personas no tienen absolutamente ningún contacto con las calles del continente”. Y el consejo lo dirigía al resto de escritores a los que les recordaba que los caminos de los pueblos y las calles de las ciudades de toda África están llenos de personajes monstruosos, sobre los que se pueden edificar los relatos de lo que él llama la AfroSFF, eso sí respetando respetando siempre la tradición propia.

Ahmadou Hampâté Bâ y la oralidad

Aula Wiriko

 

 

 

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Roberto Recio

amadou-hampate-baAhmadou Hampâté Bâ nace en Bandiagara, territorio dogón, al comienzo del siglo XX y muere en Abiyán, Costa de Marfil en 1991. Su vida y su obra se mueven entre realidades opuestas y beligerantes que conformarán su bagaje cultural y su contexto vital. Por un lado, el colonialismo francés que, como dice Frantz Fanon “lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado”, violencia que siempre ha estado presente en el mundo colonial aplastando las formas sociales autóctonas, sus organizaciones, sus lenguajes, sus culturas, sus religiones. Porque la visión colonialista es que la sociedad colonizada no sólo carece de valores sino que es enemiga de los valores. Y por otra parte Bâ adquiere la firme convicción de que la palabra y la memoria son el fundamento de la cultura que es casa y hogar de todo pueblo y sociedad. Conservar el lenguaje es conservar la cultura y por ende la sociedad.
La colonización va diluyendo la cultura de las sociedades africanas en una nueva sociedad construida artificialmente. La manera más eficiente para conseguirlo es a través de escuelas. Cada cultura posee unos procesos de aprendizaje transmitidos de generación en generación que hacen que sus componentes sean aptos para su integración social. Intervenir esos procesos es asegurar el cambio cultural.
Partiendo de una clara percepción del hecho colonial y de sus consecuencias, Hampâté Bâ emprende una tarea de reivindicación de su identidad africana, personal y colectiva, que constituye la motivación final de toda su obra.

La oralidad

A través de la palabra se trasmite la cultura, la manera de entender el mundo, de relacionarnos. Este es el valor del lenguaje y la importancia que tiene su conservación. Las tradiciones que nacieron y se expresaron  a través de estos lenguajes no pueden transmitirse de la misma manera si dichos leguajes han muerto. Cuando el len­guaje carece de escritura, la oralidad es la única manera de  trasmitirse. La tradición oral es la base de la memoria cultural de la sociedad y en ella encuentra su referente. “El espíritu se nutre de las orejas”, diría el Griot Mory.

Acerca de la importancia de la palabra, Hampaté Ba dice que “una gran parte del patrimonio cultural de Mali se fundamenta en la potencia y belleza de la palabra”. Es imposible entender la cultura africana sin la tradi­ción oral que soporta todos sus elementos. En este mismo sentido Ogotemmeli, el anciano dogón, reflexionando unos instan­tes le dice a Griaule: “Estar desnudo es estar sin palabra”. En la tradición dogón la palabra posee poder crea­dor.

Consciente de la importancia de la palabra Hampaté Ba se dedica a recuperar la tradición oral de la cultura africana. El camino será largo y laborioso, y señalará tres etapas en su recorrido:

  • Hasta los 22 años. De esta etapa Bâ escribirá: “Desde mi infancia hasta los 22 años estoy contento de acumular en mi memoria todo lo que recordaba”.
  • Desde esta edad hasta los 42 años. Se caracteriza por utilizar la lengua bambara, peul o francés en escribir todo aquello que le contaban los griots y los tradicionalistas.
  • En 1942 comienza su colaboración con el Instituto francés de África negra (IFAN) en donde adquiere un método real de investigación.

Como señala V. E. Montes, el interés de Bâ por las narraciones, responde a diferentes motivos. Durante su juventud le sirvieron de evasión y aprendizaje en reuniones comunitarias; posteriormente busca descubrir la verdadera esencia de las culturas africanas. Su ingreso en el IFAN le hace buscar la colaboración de los tradicionalistas a fin de recopilar en profundidad toda la cultura que hasta entonces se transmitía por la palabra.

Los narradores profesionales

Prevost y Courtilles distinguen tres categorías de narradores en Mali:

A.- El doma o tradicionalista. Ocupa el cargo más importante de la comunidad y es considerado maestro iniciático. Debe haber cumplido los sesenta años. Sus conocimientos son amplios y abarcan campos como la psicología, la botánica, la astrología, la farmacia, etc…. Si bien su saber no es especializado sino generalista. Cuando transmite su erudición cita el nombre de sus maestros y si realiza alguna variación lo debe advertir. Su conducta se rige por un estricto código del honor, lo que les convierte en pilar de su comunidad. Los bambara llaman a los tradicionalistas soma o doma que significa “conocedores” y también los denominan “donikeba” que significa “hacedores de conocimiento”. Los peul los conocen como silatigi o gando que significa “conocedores”. El doma o tradicionalista como transmisor de la cultura oral, es perseguido por los colonialistas para evitar sus enseñanzas. Por esta razón se refugiaron en los pueblos. Bâ era consciente que en pocos años los domas desaparecerían y, si su saber no es recogido en la escritura, todo podría quedar condenado al olvido.

B.- El griot o maestro de la palabra. Se distinguen dos clases principales de griots: los jèli y los finá. Se les encuentra cantando, narrando historias o tocando algunos instrumentos musicales de percusión, de cuerda o de viento. Parece que los jèlí  son superiores a los finá porque ellos tocan instrumentos musicales y esto les eleva en categoría social. Hay muchas categorías según el tipo de instrumento que toquen, su vinculación a familias nobles o sus conocimientos de las genealogías…… V. E. Montes defiende que hay “griots doma”. Son griots genealogistas que conocen el origen de muchas familias y han vivido varias iniciaciones. Se les llama “griots reyes”.

C.- El contador de cuentos, adivinanzas, proverbios….

En las culturas africanas la edad está muy relacionada con el poder y la sabiduría. La experiencia favorece la adquisición de conocimientos. A más experiencia, más conocimientos. Las profesiones van acompañadas de textos que es necesario conocer y recitar antes de comenzar el trabajo. El herrero recita sus oraciones y el cazador también. Muchas de las actividades humanas eran consideradas sagradas porque, según Bâ, reproducen en las palabras y en los gestos el misterio de la creación, unida a la palabra. Dicen que el herrero forja la palabra; el tejedor la teje y el zapatero la alisa en el yunque.

Los cuentos peul

Portada de la edición de la Editorial Kairós de "Kaidara. Cuento inciático peule".

Portada de la edición de la Editorial Kairós de “Kaidara. Cuento inciático peule”.

Son tres extensos relatos tradicionales iniciáticos peuls que fueron recopilados por Hampaté Ba, traducidos por él mismo del peul, su lengua materna, al francés, quedando así fijados por primera vez a través de la escritura. Dichos relatos son “Njeddo Dewal, mère de la calamité”, “Kaïdará”, y “L’éclat de la grande étoile”.  Son de difícil clasificación dentro de los cuentos. Hampaté los incluye dentro un género peul denominado Jantol porque son relatos extensos acerca de personajes humanos o fantásticos; tienen una finalidad didáctica o iniciática, es decir, están encaminados a conseguir el conocimiento terrenal y espiritual; y se transmiten vía oral.

Los cuentos iniciáticos  reúnen conocimientos variados y son una especie de «enciclopedias» en las que el narrador suele incluir múltiples digresiones para poder integrar todo tipo de enseñanzas. Como subraya en varias ocasiones Hampaté Ba, el saber en África tradicional no se separa en disciplinas o compartimentos estancos, sino que hay una profunda implicación entre todos sus campos.

Los cuentos iniciáticos tienen características diferentes en cuanto a los grados d iniciación a que se refieren:

Njeddo Dewal, mère de la calamité, el primero de ellos, desarrolla un cuento-mito que plantea el origen de los peuls. Constituye una vasta alegoría de la lucha del bien y del mal en la que se describe el país místico de los peul en el que se comete una falta que lleva a una condena a toda la comunidad. La función última del relato mítico será transmitir los modos de proceder que van a asegurar la buena convivencia y, al mismo tiempo, la supervivencia de la comunidad, además de enraizar al individuo dentro de todo el cosmos del clan, que incluye a los vivos y a los antepasados muertos.

Kaïdara”, dios del oro y de la sabiduría. El segundo relato cuenta un viaje iniciático en búsqueda de la sabiduría. En este camino iniciático aparecen doce símbolos que los héroes encuentran a lo largo del viaje. Hammadi es el único que supera todas las pruebas. Recupera sus riquezas y  además se convierte en un gran rey. La finalidad última del relato iniciático es ilustrar claramente cuáles son los principios que rigen la sociedad peul; en dicha organización social el poder está reservado para aquél que posea una categoría moral intachable, que asegure que no va a tiranizar a su pueblo ni va a utilizar la autoridad que le otorga su posición en beneficio propio.

L‘éclat de la grande étoile, que cierra el ciclo, es un relato alegórico que ilustra la búsqueda de lo trascendente y la iniciación progresiva al poder de la realeza. Narra el grado más alto dentro del proceso iniciático. Es un texto más breve que los anteriores sin acción narrativa. Es un compendio de enseñanzas y saberes que un príncipe ha de tener en cuenta para dirigir a su pueblo con acierto y ser, de este modo, digno del cargo que ocupa. Hampâté Bâ logra tener acceso al relato en condición de noble e hijo de rey ya que el texto se refiere precisamente a la iniciación a la jefatura de la sociedad peul. El hermetismo del relato queda patente en el hecho de que la tradición peul consigna que sólo debe haber once grandes maestros iniciáticos vivos que tengan acceso a esta última fase del conocimiento. Los dos últimos relatos son textos «codificados» que dan acceso a las etapas más altas dentro de la iniciación, reservadas a los maestros iniciáticos o a la nobleza. De hecho, el tercer relato, revelado a Hampâté Bâ por uno de los últimos silatigis, maestros de iniciación, no está publicado íntegramente en francés puesto que contiene algunas partes secretas reservadas solamente a aquellos que alcanzan el último grado del proceso iniciático.

Concluyo aquí esta breve exposición sobre la oralidad en Hampâté Bâ y doy las gracias a todos los que escribieron antes que yo sobre el tema y que han alumbrado mi camino, en especial a Teresa Álvarez Martínez de la Universidad de Zaragoza. APROXIMACIÓN A LOS CUENTOS INICIÁTICOS PEUL DE AMADOU HAMPÂTÉ BÂ. Amadou Hampâté Bâ y la reconstrucción de la identidad africana a través de la oralidad y a Vicente Enrique Montes Nogales de la Universidad de Oviedo. Resumen Tesis Doctoral

Las cadenas de la esclavitud no congelaron el alma,
ni paralizaron el pensamiento de los Mandinga, Yoruba,
Bantú, Fanti, Ashanti, Ewe-Font o Akan.
Es tiempo de olvidar el olvido.
La memoria existe y hay memorias que
surgen en cuentos y narraciones,
en mitos y creencias,
en toques y silencios de tambores.
También en el gesto,
en la danza y en la ética del vivir
y del morir
Luz María Martínez Montiel

Las epopeyas del oeste africano: Literatura viva

Aula Wiriko

 

 

 

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Pablo Arconada Ledesma

África Occidental cuenta con una particularidad literaria muy importante. Si las epopeyas están muy vivas a lo largo y a lo ancho del continente lo cierto es que esta región guarda una producción literaria sin precedentes, y lo mejor, la ha mantenido a lo largo de su historia.

Actualmente resulta complicado encontrar una definición universal de epopeya. Al género europeo se fueron sumando otras obras nacidas en diferentes puntos del planeta lo que hacía que la concepción europea para la epopeya quedara desfasada. Ángel Antonio López Ortega hace referencia a este género como un tipo de discurso narrativo estable, con una estructura temporal concreta y un personaje que asume una herencia mítica y que acaba por suscitar gran admiración. 1 Esta definición podría encajar perfectamente con las epopeyas de esta región.

Si bien, y a diferencia de las grandes epopeyas europeas nacidas al calor de la Edad Media (pienso en El Anillo de los Nibelungos, el Canta de Roldán o el Cantar de Mío Cid, por citar alguna), las epopeyas del oeste africano han contado con una resistencia a desaparecer de la mentalidad popular y nacional envidiable. Si en Europa hemos tendido a guardar todo ese conocimiento en libros, para aprenderlo una vez en la vida, los pueblos de esta zona conviven con sus epopeyas y aprenden de ellas de forma continua.

Couv_SOUNDJATALa epopeya es un género vivo puesto que todavía cabe la posibilidad de escucharla en muchos territorios del continente donde existe una oralidad latente y gracias a las técnicas de memorización y recitación de unos personajes conocidos como griot. ¿Pero quiénes son estos “griot”? ¿Cuál es su papel? Vicente Enrique Montes Nogales les define como artistas con diferentes habilidades pero que destacan por su dominio de la palabra. Esto desde luego no excluye a la música y a la danza que suelen estar presentes en las representaciones. Si bien no siempre se dan las mismas características en todos los griot, ya que algunos no utilizan instrumentos, por lo que no se puede generalizar. Estos son, en definitiva, los encargados de velar por la continuidad de la epopeya en el imaginario del pueblo, acercándoles la realidad de su pasado.2

Las grandes epopeyas del oeste africano como son “Sundiata o la epopeya Mandinga”, “La epopeya Bambara de Segou”, “La gesta de Ham-Bodêdio o Hama el Rojo” o “La epopeya peule de Fuuta Tooro”3 por nombrar las más conocidas, representan un pasado glorioso que no debe olvidarse. Las epopeyas guardan el valor de la tradición y la capacidad de unir el presente con el pasado. Esta literatura viva, gracias al papel de los griot pero también al imaginario colectivo, amplía la capacidad de mantener una memoria histórica rica y útil.

En África, la epopeya es mucho más que un género condenado al olvido y muchos de los pueblos africanos entienden su tradición y su pasado como parte de su vida. Esa es la razón clave por la que la epopeya en este continente no está encadenada a un libro. Además, las hipótesis que establecen la tradición oral como un rasgo “primitivo” o de pueblos no desarrollados ya no tiene cabida. Gracias a la oralidad de las epopeyas, los africanos conocen su historia y son capaces de encontrar una conexión pasado-presente que nosotros, en Europa, hemos perdido hace tiempo.

1 López, Ortega, A.A., “Las epopeyas del África Central” en Revista poética medieval , 25, pp. 199-220, 2011

2 Montes, Nogales, V.E. “Los productores de las epopeyas oesteafricanas: los griot o los protectores de la memoria” en Archivum: Revista de la Facultad de Filología, Tomo 56, pp. 233-262, 2006

3 Montes, Nogales, V.E., “Héroes y Heroinas en las epopeyas africanas, una difícil relación” en Intertexto y Polifonía, I, pp.493-500, 2008

BIBLIOGRAFÍA

  • Creus, J., “Memoria y cambio en los relatos épicos africanos” en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, vol. LXI, nº1, pp. 179-209, 2006
  • López, Ortega, A.A., “Las epopeyas del África Central” en Revista poética medieval , 25, pp. 199-220, 2011
  • Montes, Nogales, V.E. “Los productores de las epopeyas oesteafricanas: los griot o los protectores de la memoria” en Archivum: Revista de la Facultad de Filología, Tomo 56, pp. 233-262, 2006
  • Montes, Nogales, V.E., “Héroes y Heroinas en las epopeyas africanas, una difícil relación” en Intertexto y Polifonía, I, pp.493-500, 2008
  • Montes, Nogales, V.E., “La epopeya de África Occidental y la epopeya castellana: un análisis de literatura comparada” en Çédille Revista de estudios franceses, nº 10, 2014
  • Niane, D.T., “Soundjata ou l’epopee mandingue”, Présence Africaine, 1971
  • Kesteloot L. y Dieng, B., “Les épopées d’Afrique Noire”, Karthala Editions, 2009

El humor pedagógico y cotidiano de Konan

Venance Konan. Fuente: 2709 books - Abdoulaye Coulibaly

Venance Konan. Fuente: 2709 books – Abdoulaye Coulibaly

Venance Konan es uno de los periodistas y escritores contemporáneos más conocido de Costa de Marfil. Y como autor de ficción este controvertido narrador tiene la particularidad de ser una especie de prisma con caras diferentes y diversas. En esta misma sección se ha hablado ya en una reseña de la dimensión más política del narrador marfileño. Sin embargo, ahora queremos ocuparnos de otro aspecto de este mismo autor que resulta atractivo. Se trata del Venance Konan de los relatos cortos, concretamente, de las tres narraciones que ha publicado en castellano la editorial 2709 books Robert y los Catapila, El entierro de mi tío y La gata de Maryse.

Los tres relatos breves tienen elementos en común. Hace poco más de un mes, Sonia Fernández Quincoces, preguntaba a Konan en una entrevista publicada en el blog Literáfrica por qué utilizaba el humor en sus historias y el escritor respondía: “¿Por qué el humor en mi escritura? No sabría decirlo. Es quizá un rasgo de mi carácter; o también que los asuntos serios llegan mejor cuando se narran desde el humor”. Y esa estrategia es la que usa de manera sistemática en los tres relatos de los que se habla. Aparecen como historias humorísticas, ligeras y desenfadadas, pero no hay que escarbar demasiado para darse cuenta de que debajo de la superficie los relatos tienen una considerable profundidad o, al menos, una considerable voluntad pedagógica. A decir verdad, además, Konan ha encontrado los mecanismos para que esa intención de transmitir un mensaje se cumpla.

De hecho, Venance Konan ha reconocido que utiliza voluntariamente el humor para “pasar” el mensaje, pero ese no es el único elemento de su estrategia. Los relatos de este escritor marfileño beben directamente de las fuentes tradicionales y, al menos, en los tres ejemplos de los que se habla se descubre claramente la estructura de los cuentos populares, aquellos que habitualmente han conformado la literatura popular en África, la que se ha transmitido generalmente de manera oral. El esqueleto de las narraciones no es demasiado complejo; la presentación de los personajes (pocos habitualmente) se hace de manera sencilla, a medida que evoluciona la historia, y no es excesivamente profunda; el relato se dirige en un sentido evidente y hasta previsible, pero en el último momento da un giro (a menudo también previsible); y, finalmente, se pone de manifiesto la enseñanza que se pretende transmitir, la moraleja.

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• En El entierro de mi tío, Konan se traslada hasta el entorno rural marfileño para plantear la hilarante historia de un hombre recién fallecido, que no ha tenido hijos, narrada por uno de sus sobrinos. El narrador plantea la tradicional figura del viejo cascarrabias, un hombre pendenciero que a lo largo del tiempo ha conseguido enemistarse con todos sus vecinos a través de los episodios más absurdos. Este escenario, que transita sistemáticamente por las sendas del ridículo, sirve para enfrentar las creencias tradicionales a una prueba insuperable.

• La gata de Maryse, sin embargo, se desarrolla en el entorno urbano y se centra en la historia de un estudiante, militante sindical y contestatario impenitente. En todo caso, la protesta no es la única obsesión del protagonista. Konan circula, en este caso, en los límites de lo escatológico aprovechando un juego de palabras. La “chat” (gata en francés) hace referencia tanto al sexo femenino como al animal y el autor juega con el equívoco sin sutileza para relacionar el contacto del protagonista con una periodista francesa y su particular combate con su principal rival, la gata que la expatriada tiene como animal de compañía. El autor aprovecha para hablar de la disidencia, de las condiciones de los estudiantes, pero también del poder destructor de la envidia y de la avaricia. Una lección que se transmite de manera casi desapercibida.

• Por último, Robert y los Catapila es una historia de convivencia y diversidad cultural, pero desde una visión muy particular. La holgazanería y la envidia de Robert están en la base de su relación con unos recién llegados a los que en el pueblo bautizan como los Catapila. La historia recordará al lector, inevitablemente, a la fábula de La cigarra y la hormiga sólo que el comportamiento del protagonista es aún más chusco que el del insecto. Y la relación entre las dos comunidades va adquiriendo poco a poco un cariz más dramático hasta que llega el momento de la moraleja.

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Estos tres relatos se nos hacen accesibles en castellano gracias a la actividad de 2709 books, una editorial alicantina fundada en 2013 e impulsada por Marina M. Mangado. Robert y los Catapila, El entierro de mi tío y La gata de Maryse, son los tres primeros libros de este ambicioso proyecto que se propone publicar “Otras historias. Otros autores. Otros formatos”. A su apuesta por la literatura africana se suma el hecho de publicar, sólo, en formato digital, con lo que consiguen acercar más esas literaturas poco accesibles. No sólo buscan publicar obras no traducidas en castellano hasta el momento, sino que además lo hacen de la manera más accesible. Los interesados pueden conseguir cualquiera de estos tres títulos (relatos breves) por entre 2 y 3 euros.

Música y política en la compleja realidad de Mali

Que la música es algo más que una “simple” manifestación artística es una convicción que diferentes tipos de melómanos tratan de transmitir de las maneras más diversas. Pero cuando se intenta proyectar una idea compleja como esta, lo más difícil es encontrar el ejemplo que lo muestre de una manera que no admita discusión. Andy Morgan ha encontrado ese ejemplo en Mali y ha generado una especie de carretera de doble dirección: el ejemplo de Mali ayuda a entender la importancia de la cultura y, más concretamente, de la música; y el papel de la música ayuda a entender la realidad de Mali, la compleja comunión de tradición y modernidad, de sociedad y política, de fuerzas integradoras y desintegradores, de estados y globalización.

Portada del libro.

Portada del libro.

El ejercicio de Morgan lleva por título Music, culture and conflict in Mali, tiene forma de libro y es tan arriesgado y controvertido como interesante. Mezclar música y política, para que una explique la otra y viceversa, se presenta como una temeridad, que sin embargo, en el caso de Mali parece tener toda la razón de ser. Morgan asegura que sin la música Mali no sería Mali, y para ello cuenta con la complicidad de algunos de los artistas del país del África Occidental más conocidos internacionalmente. Y su reflexión, su investigación y sus conclusiones, en este sentido, cobra todo el sentido cuando se realizan con el telón de fondo de la prohibición contra la música que los grupos islamistas radicales impusieron en los territorios que controlaban en un momento del conflicto en Mali. En este sentido, por ejemplo, se puede leer un análisis de la voluntad de los impulsores de esta medida en términos de “alienación”. El rapero Amkoullel plantea: “Cuando se destruyen todas las referencias de un pueblo, la memoria que se conserva en los museos, los monumentos, la cultura y la música, es como si ese pueblo ya no tuviese un pasado y es entonces cuando se puede reemplazar lo que se ha tenido por lo se está proponiendo”.

Y quizá en esta frase de Amkoullel, como en muchas otras de los artistas que aparecen en el libro, se encuentren algunas de las explicaciones del arraigo que la música tiene en Mali. Paradójicamente, un elemento de peso es que Mali ni guarda su memoria y su historia (o, al menos, no exclusivamente) en los contenedores físicos. La memoria, la historia de Mali está en gran medida escrita en las narraciones o en las canciones tradicionales y se ha transmitido de manera oral durante siglos. Y esta es otra de las circunstancias que se hace absolutamente insalvable desde el momento en el que se pide a los propios artistas su opinión, como hace Morgan. Muchos de ellos, se saben herederos de una u otra manera de la tradición de los griot y los djeli, de la narración y la transmisión oral, de eso que nunca nos hemos atrevido a calificar categóricamente ni de literatura oral ni de oralatura. Y es curioso, pero parece que la referencia más sencilla es la más habitual. Morgan, se refiere a la epopeya de Soundjata, como uno de los ejemplos incontestables de cómo la historia se ha transmitido durante ocho siglos, pero también de cómo la música y la literatura (lease, literatura oral) han ayudado a conservarla.

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

El autor de Music, culture and conflict in Mali, Andy Morgan es en la actualidad escritor y periodista y colabora con diversos medios, fundamentalmente, británicos. Sin embargo, en su pasado hay una etapa como organizador de eventos y mánager de grupos. Es precisamente esa época en la que destacan hitos como la colaboración en la organización del Festival au Désert o la estrecha relación con Tinariwen, seguramente el grupo de música tuareg más conocido. Esas relaciones son las que marcan la relación de Morgan con la música del país del África Occidental y, al mismo tiempo, le ha permitido el contacto y la colaboración con una amplia y representativa lista de artistas que aportan sus visiones en este volumen.

Quizá la perspectiva inicial del trabajo de Morgan esté excesivamente ligado a la actualidad, pero lo cierto es que ese intento de poner un freno a la música en Mali es sólo la excusa para que la reflexión vuele mucho más allá. De hecho, a pesar de la amenaza de caer en un cierto tono derrotista, la investigación de Morgan es en realidad un canto a la esperanza. “Sin música, Mali moriría”, dice, pero lo cierto es que sigue habiendo música, así que el mensaje parece ser realmente un mensaje de vida.

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Para más información:

Cuenta Facebook del libro.

Perfil de Twitter del autor.

Un fragmento del libro (en inglés).

Kaïdara, comienza el viaje

Portada de la edición de la Editorial Kairós de “Kaidara. Cuento inciático peule”.

No es casualidad, Kaïdara, la reproducción del cuento iniciático peul narrado por Amadou Hampâté Bâ abre esta sección de letras africanas de Wiriko. La elección del relato no es casual y de hecho está teñida de la carga simbólica que alberga la mayor parte de la literatura tradicional africana.

Amadou Hampâté Bâ (Bandiágara, 1901 – Abidjan, 1991) es probablemente el intelectual africano más popular en el resto del mundo y, sin duda, el más conocido de entre los que se han empeñado en restituir el prestigio de la tradición del continente. Hampâté Bâ con su incansable recopilación de la tradición oral dio consistencia a los pilares sobre los que descansa la defensa de la riqueza de la cultura africana, mucho antes de la llegada del colonizador blanco. Sin duda, la frase pronunciada en la Unesco en la que afirmaba que “en África, cuando un anciano muere es como si se quemase una biblioteca” es la que le ha valido una buena parte de su popularidad, pero la importancia de su labor, de su obra es mucho más profunda.

Muchos de los trabajos de Hampâté Bâ tienen peso suficiente para inaugurar esta sección en un proyecto emergente como es Wiriko, sin embargo, pocos pueden resultar tan representativos como Kaïdara. El autor recoge en este relato algunos de los elementos fundamentales de la mitología, de la cosmogonía peul y algunos de ellos son transversales, comunes a muchas otras tradiciones africanas.

Para empezar, Hampâté Bâ pone de manifiesto una de las piedras angulares de la educación tradicional en una buena parte del continente, el concepto de que la sabiduría, la adquisición de conocimientos es un proceso, en este caso un viaje. Un viaje cuyo final desconocen sus protagonistas y cuyo recorrido es una sucesión de las sorpresas más insospechadas. ¿Hablamos de valores? Es sencillo, el relato deja claro al lector que ese camino hacia la sabiduría está lleno de obstáculos, de tropiezos, incluso de errores que sólo se pueden superar con honestidad, humildad y apertura de mentes. Sí, eso es, la tradición no está reñida, ni mucho menos, con la apertura de mentes, con la fuga de los prejuicios. Hampâté Bâ, lo deja muy claro, déjate llevar por los prejuicios, siéntete más digno que cualquier otra persona y te perderás todo lo que el resto del mundo te puede enseñar. Y, por supuesto, nunca sabrás si lo que te podía enseñar la persona a la que menospreciaste era, precisamente, lo que habías buscado toda tu vida.

Es evidente que el estilo de Kaïdara es absolutamente prestatario de la tradición oral y que su lectura, a una mente occidental, le puede resultar fácilmente lenta o, incluso, infantil. Sin embargo, se impone que el lector ponga algo de su parte. Esa es también la idea, el lector debe ser activo, si sólo espera un rato, unas líneas de entretenimiento, Kaïdara puede dejarle insatisfecho; si hace el esfuerzo de buscar lo que hay más allá de las palabras, no cabe duda de que la satisfacción será plena. Lo ha sido durante siglos en la cultura peul y durante décadas en la universal.

Edición en castellano

Kaïdara. Cuento iniciático peule

Editorial Kairós, Barcelona, 2002

Traducción: Fermín Guisado