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‘She’s Gotta Have It’, la serie feminista, afrocéntrica y anti-gentrificación de Netflix que todos deberíamos ver

“Pansexual poliamorosa sexo-positiva”. Así se autodefine Nola Darling, la protagonista de la nueva serie de Netflix que está haciendo furor: She’s Gotta Have It. En esta adaptación de la ópera prima de Spike Lee de 1986, la historia de Nola, una artista emergente de 27 años de Brooklyn que ya se ha convertido en la heroïna feminista de Lee, se actualiza con una serie irresistible de 10 episodios que pone en la coctelera la gentrificación, el machismo, el mandato Trump o el panafricanismo con una exquisita banda sonora (ilustrada con ráfagas de portadas de los álbumes después de que suene cada canción), el papel central del arte africano y de la diáspora y guiños constantes al cine que definen a toda una generación.

DeWanda Wise, la actriz que interpreta a Nola Darling, protagonista de la nueva serie de Netflix, ‘She’s Gotta Have It’.

Alguien podría ver en esta serie una versión contemporánea y para la clase media de Sexo en Nueva York. Para Wiriko, quizás tenga mucho más en común con la serie ghanesa An African City. Sin embargo, nada que ver ni con la una, ni con la otra: los clichés no tienen cabida en She’s Gotta Have It, articulada desde una perspectiva orgullosamente negra y desde el universo de la clase trabajadora urbana, afrontando retos cotidianos a los que todos, y especialmente todas, podemos sentirnos identificadas.

La actriz DeWanda Wise, que da vida a Nola en la serie, interpreta a una artista luchadora en cuya vida el sexo tiene un papel fundamental. Es criticada y juzgada por una sociedad machista por ser una mujer culta, segura de sí misma y urbanita que se atreve a disfrutar del sexo sin prejuicios rechazando la monogamia. En su “cama amorosa” practica malabarismo con tres amantes masculinos bien diferentes: el empresario de Wall Street Jamie Overstreet (Lyriq Bent), el modelo y fotógrafo narcisista hijo de una francesa y un Pantera Negra, Greer Childs (Cleo Anthony) y su mejor amigo, el mensajero-rapero mitad puertorriqueño Mars Blackmon (Anthony Ramos). También entra en juego una amante femenina, la lesbiana Opal Gilstrap (Ilfenesh Hadera). Pero lógicamente, Nola no es siempre ni un personaje sexual ni una superheroína, y así, consigue rehuir los estereotipos sin dejar de representar un icono feminista negro.

Feminismo y arte urbano contra la misoginia:

No es casual que la mirada femenina marque esta serie. Tras las críticas que Spike Lee recibió por su trato a Nola en la película, como un personaje femenino ideado por un director masculino, ahora un elenco de mujeres se ha encargado de nutrir los guiones de la serie. La esposa del director, Tonya Lewis Lee, su hermana Joie Lee (que también participó en la película original e interpreta a la madre de Nola en la serie), y su hija Satchel Lee, forman parte de este elenco de afroamericanas, que incluye a las dramaturgas Eisa Davis y Lynn Nottage.

Una de las características esenciales de la serie es el retrato constante que hace de la misoginia generalizada. El hostigamiento se presenta como un elemento cotidiano de la vida de las mujeres; una amenaza constante que puede manifestarse en diversas formas de opresión. De hecho uno de los catalizadores del activismo y del arte de Nola es la agresión sexual que sufre en la calle, volviendo sola de noche. “Sexy ! ¡Sexy! ¿Cuál es tu nombre, niña?”, le grita un individuo mientras la agarra por el brazo. No es un escenario para nada infrecuente en Nueva York. Los espacios públicos son igual de hostiles para la mujer en Madrid, Barcelona, Nairobi o cualquier ciudad del mundo, y la serie se ha querido hacer eco de ello, generando un impacto real fuera de las pantallas. Tras el éxito del viral #MeToo (#YoTambién), en octubre de 2017, para denunciar el acoso, la agresión sexual y la naturaleza generalizada de la conducta misógina a través de Twitter, la campaña de la serie tenía el terreno abonado.

Lee se ha inspirado en el trabajo de la artista Tatyana Fazlalizadeh, creadora de la campaña de arte público “Stop Telling Me Smile” en 2012, para generar la intervención urbana de empapelar las calles de Brooklyn con la campaña #MyNameIsnt, una serie de carteles con caras de mujeres negras y un texto superpuesto que dice “Mi nombre no es…” seguido de varios insultos a los que Nola, como tantas otras mujeres, han sido llamadas por la calle, por ejemplo: “puta” o “perra”.

La importancia del arte africano para los afroamericanos:

La revista de negocios Bloomberg Buisiness, ya advertía en 2015 que el boom del mercado del arte africano estaba en camino. El personaje de la comisaria y galerista Clorinda Bradford (interpretada por Margot Bingham), encarna perfectamente esas predicciones, y muestra el creciente interés de los norteamericanos, especialmente las comunidades afroamericanas en búsqueda de sus raíces negadas durante siglos, por el arte africano y la diáspora africana. Antes de abrir su galería, afirma a su amiga Nola, que en esa galería habrá tanto arte negro que la gente creerá que está en la “Madre África”. “Aparta, Wangechi Mutu“, advierte Clorinda postulando a Nola como competencia directa para la artista keniana, que recibió el premio a Artista del Año del 2013 por el Museo de Brooklyn.

“Bienvenidos al Diastopian”, anuncia la comisaria imaginando la apertura de la galería. “Se trata de un movimiento de artistas Afro-céntricos con visión de futuro que cruzan fronteras para fabular, deconstruir, redefinir, afirmar y expandir la amplitud y el alcance de las voces millennials de la gente de la diáspora africana”.

Tampoco es casualidad que uno de los amantes de Nola, Jamie Overstreet, tenga en casa diferentes cuadros de la artista senegalesa-italiana Maïmouna Guerresi. O que aparezcan los famosos retratos pop del marroquí Hassan Hajjaj.

She’s Gotta Have It

Además, la serie critica especialmente cómo los blancos siguen dominando el mercado de las artes y cómo se establecen los cánones estéticos de lo que es o no es vanguardista en las creaciones emergentes de los afroamericanos desde fuera de estas comunidades. Esto queda bien reflejado con el personaje de Julius Kemper (interpretado por el actor Wallace Shawn), crítico de arte, que personifica perfectamente la figura de “foráneo” definiendo lo que debe (o no debe) ser la perspectiva política del “ser afroamericano”, generando frustraciones y traumas a jóvenes artistas que se encuentran con un conflicto interno a la hora de encontrar y construir sus propias voces.

Gentrificación, el problema del urbanita de clase media en el siglo XXI:

El barrio de Fort Greene, en Brooklyn, Nueva York, es escenario de gentrificación y el lugar escogido por Spike Lee para emplazar la serie “She’s Gotta Have It”.

Ya lo habíamos visto con otras series de Netflix, como The Get Down, centrada en el gentrificado barrio neoyorkino del Bronx. En ‘She’s Gotta Have It’, Nola reside en el barrio de Fort Greene, en Brooklyn. Un lugar aburguesado, ejemplo de un ecosistema urbano mutante donde la joven y sus padres artistas, Septima (Joie Lee, que interpretó a Clorinda en la película) y Stokely (Thomas Jefferson Byrd), luchan para construir el presente codo a codo, pero no sin conflictos y traumas, con los nuevos residentes. El aumento de los alquileres, códigos culturales diferentes trazados por los nuevos vecinos blancos y ricos, el desplazamiento de vecinos negros y latinos que, como Nola, han vivido en Brooklyn durante toda su vida… acaban por colisionar en las reivindicaciones de #BlackLivesMatter durante una reunión vecinal que contrapone a los diferentes grupos raciales del barrio.

Cada episodio se abre con la imagen de un cartel de propiedades que muestra los costosos alquileres de la vivienda en Brooklyn. Y Lee no titubea en volver a poner el arte urbano al servicio de la denuncia social, pintando letras “G” verdes en las paredes de los pisos para indicar aquellos edificios que están gentrificados. Una de las vecinas blancas de Darling, Bianca, que se queja del ruido, los vagabundos, los malos olores, los graffitis y otras “molestias” que hallan en su vecindario, dice que esa “G” es un símbolo del racismo invertido, cosa que levanta la indignación de todos los vecinos “nativos”.

La lucha cotidiana de los residentes para poder seguir viviendo en su barrio es evidente en cada uno de los personajes. Para poder salir adelante y pagar su alquiler, Nola da clases de arte en la escuela primaria de Crown Heights y pasea a perros de blancos mientras su trabajo (aún) no le da de comer. Con todo, a duras penas consigue llegar a fin de mes y costear la terapia de psicología que sigue tras haber sido agredida por la calle, con el riesgo de tener que volver a casa de sus padres si no consigue el dinero para su piso, que es a la vez su estudio de trabajo.

Ser africano o afrodescendiente bajo el mandato Trump (¿y el de Rajoy?):

Wole Soyinka, el primer africano en ganar el Nobel de Literatura, destruyó su Tarjeta de Residente Permanente en Estados Unidos tras la elección de Donald Trump como presidente. Y no es de extrañar, el discurso racista y anti-inmigración de Trump ha dado evidencias de que el país más poderoso del mundo tiene a su cabeza un presidente “intelectualmente y temperamentalmente deficiente y moralmente en bancarrota”, como decía hace escasas semanas un columnista de The New York Times.

Un artículo reciente del Huffington Post explica que los afroamericanos son casi tres veces más propensos que los blancos a ser asesinados por el uso de la fuerza por parte de la policía estadounidense, que los indígenas tienen casi el triple de probabilidades de sufrir tal destino y los hispanos tienen el doble de probabilidades. Día tras día, la administración Trump demuestra que la segregación racial y la xenofóbia están lejos de ser un asunto superado. Sin ninguna vergüenza, el presidente Donald Trump apoyó a los supremacistas blancos y neonazis de Charlottesville el pasado agosto e indultó al conocido xenófobo antiinmigrante Joe Arpaio, el sheriff de los “campos de concentración” para hispanos…

Es por ello que Trump es otra de las piezas clave en la crítica de Spike Lee en la versión serializada de su primera película como director. Un episodio refleja la elección del presidente Trump con un descorazonador montaje de cinco minutos con “Klown Wit Da Nuclear Code”, o “Payaso con el Código Nuclear”, de Stew & The Negro Problem.

Muchos, ignorantes de las realidades cotidianas de mujeres o de negros, podrán pensar que She’s Gotta Have It es una serie más, o quizás, que no representa la realidad que nos toca vivir a los hispanoparlantes, y a los afrodescendientes que conforman nuestras sociedades… Malas noticias para ellxs: centenares de personas migrantes y racializadas tuvieron que salir el pasado 12 de noviembre en Madrid para protestar contra el “racismo estructural en España”. Y es que el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de la ONU ya ha denunciado en varias ocasiones al gobierno de Mariano Rajoy por prácticas policiales discriminatorias, las famosas devoluciones en caliente, los CIEs o las escuelas gueto.

¿Y qué decir sobre la situación de la mujer en España? En lo que llevamos de 2017 ya han sido 44 las mujeres asesinadas en España por la violencia machista y más de 1,4 millones de mujeres sufriendo agresiones, abusos y acoso sexual.

¡Spike Lee ha dado en el clavo con problemas que nos afectan a todxs!

¡No os la perdáis!

Sense8, la serie de Netflix que abre una ventana a África

Capítulo 4 de la primera temporada de Sense 8. Suena Expensive Shit de Fela Kuti, y Jela y Capheus circulan por Ngong Road dirección Karen, en la capital keniana. Para el gran público occidental, puede no ser una escena especialmente emocionante, pero la presencia de Nairobi junto a Chicago, San Francisco, Londres, Berlín, Seúl o Mumbai marca un antes y un después en la representación errónea que África tiene en Hollywood. Las hermanas Wachowski (Matrix o V de Vendetta) lo evidencian con un guiño sutil cuando, en el capítulo 3, Riley le pregunta a Capheus “¿Dónde estoy?”, y cuando el protagonista le dice “En Kibera, Narobi”, ella responde: “¿En África?”. Capheus contesta con una pequeña carcajada,”Africa…”, con un leve balanceo de cabeza sin sorpresa ante la ignorancia occidental sobre el continente. Y clarifica: “Kenia”.

Imagen promocional de la segunda temporada de Sense8 en la estación de ferrocariles de Nairobi. Con los actores Miguel Ángel Silvestre, Toby Onwumere y Bae Doona.

Lamentablemente, hoy, los 54 países que conforman África siguen siendo grandes desconocidos para la mayoría de occidentales. Algunos africanos, incluso, no titubean en afirmar que solo conocemos un 5% de su cultura. Pero Sense 8 ha dado un paso de gigante al conectar personajes de diferentes puntos del planeta y situarlos en una arena global y universalista en la que todo lo que se hace en un punto de la telaraña, se siente y afecta a todos los puntos que están conectados a ella. ¿Podría esto despertar de una vez por todas un sentir de tribu humana donde nos afecte del mismo modo un atentado en Mogadishu que uno en Londres? ¿Donde cambiemos nuestros hábitos de consumo por ser conscientes del trabajo esclavo que hay detrás de ciertas marcas de ropa, telefonía móvil o de cacao? ¿Podremos ser capaces, al fin, de entender que nos unen muchas más cosas de las que nos separan porque somos una sola tribu? Bien, ese era el futuro imaginado en Sense8.

Tras el anuncio de la cancelación de la serie de ciencia ficción a principios de junio, se diluyen las esperanzas para los millones de fans que la serie tiene en todo el mundo. Sin embargo, afortunadamente, la historia de amor de Nairobi y el cine no es algo nuevo, ni tampoco morirá aquí. Quizás no necesitemos ni siquiera superproducciones costosas como Sense8 – que ha manejado un presupuesto medio de nueve millones de dólares por episodio-. Puede que el cine africano nos pueda dar algunas pistas para tejer en mejores condiciones este telar global que hacemos entre todos. Aunque como diría el personaje de Jonas Maliki, interpretado por Naveen Ansrews (Sayid en Lost), conectarse con los demás “no es algo que haces, sino que dejas que pase”.

Paul Ogola en el estreno de Sense 8.

Nos lo cuenta, en exclusiva, el actor keniano Paul Ogola, que interpreta a Jela en Sense 8, pero que ya hemos visto en anterioridad en Nairobi Half Life, Stories of Our Lifes (premio del jurado en la Berlinale 2015) o Kati Kati (premio de la federación internacional de críticos de cine en el Festival Internacional del Cine de Toronto 2016).

Gemma Solés: ¿Cómo crees que la película keniana Nairobi Half Life (David Tosh Gitonga, 2012) influenció a Hollywood para que decidiera incluir la capital keniana como una de las ciudades donde rodar Sense8?

Paul Ogola: Nairobi Half Life fue una historia de éxito para su equipo de producción y Kenia como país. El mentor que estuvo en el equipo de dirección, Tom Tykwer, ha sido siempre muy expresivo cuando se trata de talento y potencial de Kenia. Tom fue uno de los directores de la serie original de Netflix Sense8. Estoy seguro de que cuando mostró Nairobi Half Life a los creadores de la serie influyó en su decisión de venir a Nairobi, a pesar de los altos impuestos sobre la industria de la filmación en Kenia. Eso dice algo vital.

G.S: ¿Crees que la serie refleja fiablemente la vida en Nairobi o dirías que refuerza los estereotipos de violencia, pobreza, SIDA, corrupción… sobre África?

P.G: Me hice la misma pregunta un día. Fue durante una proyección privada de Nairobi Half Life, en la que el exvicepresidente de Google estaba presente. Después de la película, alguien preguntó: “¿Esta película representa Nairobi? ¿Es eso lo que realmente sucede?”.

Bueno, las obras de arte deben reflejar la sociedad, ¿hay violencia en Kenia? ¡Sí! ¿Cuántas protestas pacíficas han sido marcadas con derramamiento de sangre e incluso la pérdida de vidas? Nos dirigimos hacia las elecciones de agosto y la gente está difundiendo un mensaje de “paz” más que un mensaje de “ir a votar”, ¿qué te dice eso? ¿Hay pobreza en Kenia? ¡Sí! Los barrios marginales que se muestran en la serie no son un decorado que han construido para crear un ambiente pobre en una finca bien estructurada, son casas reales donde la gente vive todos los días. Donde trabajan y sueñan que algún día serán alguien diferente. La serie muestra a gente rica también, cómo Silas Kabaka. La razón por la que cuesta recordar su vida en comparación con la vida de las personas pobres es porque la línea entre los ricos y los pobres es enorme.

La enfermedad sigue siendo un problema en África, se podría gestionar adecuadamente, tal como hacen otros países del primer mundo, si nuestros propios gobiernos proporcionaran buenas instalaciones de salud y buenas políticas. Pero eso no está sucediendo aquí en Kenia. Ahora los pacientes tienen que visitar a más de un médico para un diagnóstico adecuado. El mal diagnóstico se está convirtiendo en algo frecuente y normal en Nairobi, porque el sector se ha convertido más en una forma de ganar dinero que en una práctica para salvar vidas. Estos médicos rara vez se enfrentan al brazo de la ley y la mayoría de ellos me atrevo a decir que permanecen operativos, ¿sabes por qué? ¡Por culpa de la corrupción!

 

G.S: Y más allá de la representación que se hace de Nairobi en Sense8, ¿qué es lo que más te gustó del personaje de Jela? ¿Y cómo crees que Capheus y Jela representan la cultura del matatu y la ambición de ganar dinero con el transporte en Nairobi?

P.O: Jela es un personaje que realmente me hubiera gustado tener en mi vida. Desempeñé ese papel pensando en el tipo de persona que yo necesitaba a mi lado. Cualquiera que haya visto a Capheus debe estar celoso y desear tener un Jela en su vida, porque todos necesitamos alguien en quien apoyarnos. Aunque hoy, tengo una Jela en la vida real, mi chica, Adeline Nimo.

Capheus y Jela, en Sense8.

Capheus y Jela se levantan para una sola cosa todos los días: Van Damn! Ese viejo autobús era nuestro negocio y fuente de sustento, la única manera en que podíamos ser incluidos en el grupo de la clase trabajadora. Transportar a la gente de su hogar a sus diversos destinos por dinero es un negocio en auge en Kenia. En la serie, nuestro autobús siempre estaba vacío porque era viejo y solitario, nada de lo que pudiera estar orgulloso hasta que Capheus hiciera algo tan valiente que el público lo amase. Fue entonces cuando empezaron a llenar clientes al autobús y significó más dinero. Eso se traduce en la razón por la cual la mayoría de los Matatus en Kenia están siempre personalizados con cromos, graffitis, música fuerte, televisión por satélite, algunos tienen refrigeradores dentro del autobús con pantallas en cada asiento… Tienes que ganarte el corazón del público si lo quieres en tu matatu. Es como seducir a una chica, tienes que mirar y actuar lo mejor posible.

G.S: Hablando de relaciones… En Sense8 hay dos parejas homosexuales y una clara intención de abogar por los derechos del colectivo LGTBIQ. Habiendo sido parte de Stories Of Our Lives, censurada por el gobierno keniano, ¿cómo crees que la sociedad keniana se ha tomado a estos personajes? ¿Y el gobierno?

P.O: El estado es el representante de su pueblo. El gobierno prohibió la película que acabas de mencionar en 2014 por su representación LGBTIQ, y todavía es ilegal tenerla en el país. The Nest, que son los productores, todavía están esperando que un día el gobierno tenga una epifanía. Pero hasta entonces, la comunidad todavía tendrá que luchar para conseguir su espacio en Kenia. Hace aproximadamente una semana, el presidente de la Junta de Clasificación de Cine de Kenia, Ezekiel Mutua, prohibió 6 programas, entre ellos algunos de animación como Loud House, The Legend of the Korra y Hey Arnold, que se difunden en Nickelodeon. También están Clarance, Steven Universe y Adventure Time, que aparecen en Cartoon Network. ¿Las razones? Promueven la homosexualidad.

Sé de unos cuantos kenianos que realmente se preocupan por el colectivo LGBTIQ, pero la mayoría están en contra y eso es un hecho. Un amigo mío me dijo una vez, “Kenia aún no está lista”.

G.S: ¿Crees que Sense8 ha abierto una puerta a la educación global en diversidad sexual y cultural?

P.O: Sense8 ha desatado una revolución psicológica muy grande. Es raro que una obra de arte vaya de la mano de asuntos que se tratan normalmente con pinzas como la política, la orientación sexual o la religión. Pero para mí lo que más me sorprendió de las escritoras Lana y Lilly Wachowski es que escribieron el espectáculo sobre una base muy simple: la humanidad. Se basaron en la idea de todos somos humanos en diferentes lugares del mundo, nuestros sentimientos y pensamientos nunca son tan diferentes.

Podemos conectarnos humanamente tal como lo hacemos con smartphones. Un beso soplado desde el Polo Sur puede llegar al Polo Norte si sólo nos sentimos, nos relacionamos unos con otros como seres humanos.

Esta ha sido la genialidad de Joseph Michael Straczynski y las Wachowskis.

G.S: Con una de las poblaciones urbanas de más rápido crecimiento del planeta, las ciudades africanas están recibiendo cada vez más atención de las instituciones financieras y los círculos empresariales occidentales, que se dan cuenta del potencial que tienen como impulsores del desarrollo. Nairobi, por ejemplo, es ya una ciudad cosmopolita, conectada al mundo, hogar de miles de expatriados y multinacionales. ¿Debería el cine occidental tomar más en serio a Nairobi y otras capitales africanas en sus series? ¿Qué otras ciudades africanas crees que tienen las características – una buena industria cinematográfica, un buen reparto de actores y actrices – para captar la atención de Hollywood en los próximos años?

P.O: Siento que Hollywood ya se ha dado cuenta de qué hay en Kenia. Tenemos características notables, galardonados contadores de historias y recientemente, la actriz keniana Lupita Nyong’o recibió un Oscar! Así que creo que Hollywood es realmente consciente del potencial de Kenia. Sin embargo, el gobierno no ha creado una ley que sea tentadora en materia de impuestos para atraer a los productores internacionales del cine. Los impuestos son muy altos, no hay incentivos fiscales para los estranjeros que piensan en venir a rodar a Kenia en comparación con los países que valoran el sector y lo apoyan, como es el caso de Sudáfrica. Sudáfrica encabeza esta liga. Nigeria es otro gigante que está haciendo grandes colaboraciones con Hollywood, pero Kenia es como un gigante enjaulado. Hay que abrir esa cerradura y establecer una industria libre. Tenemos todo lo que hace falta para ello.

G.S: Tras la reciente cancelación de la serie por parte de Netflix, ¿qué significa que no se siga rodando Sense8 para los actores y actrices kenianos?

P.O: Va a costar mucho tiempo encontrar otra producción de tal valentía que invierta en Nairobi. Hasta entonces, volveremos a la supervivencia.