Netflix y la era de las historias africanas

Los contenidos de la plataforma multinacional están batiendo récords dentro y fuera de las fronteras del continente. Películas en las que el África lacrimógena con desafíos sin resolver son sustituidas por historias donde predominan el amor, la osadía, la juventud con sueños y las urbes que crecen a un ritmo trepidante. Bienvenidos a Netflix África.

* Texto publicado en la Revista Mundo Negro del mes de octubre

Se estrenaba en febrero, y semanas más tarde, con la pandemia mundial, y el consumo masivo de contenidos a través de Internet se convirtió en una especie de bálsamo contra la incerteza en el continente africano y fuera de él. ¡Y qué medicina! Una espía insertada en una trama de espionaje internacional al mismo tiempo que un drama sobre la mayoría de edad, y ambientada en un mundo tan rico, hermoso y complejo como el país en el que se creó: Sudáfrica. Los diálogos en inglés y mezclados con xhosa, zulú, afrikaans, yoruba y suajili son solo uno de los complementos de esta apuesta plural con escenas en Lagos, Soweto, Zanzíbar y Johannesburgo, sede del cuartel de operaciones.

Pero un momento, ¿esto es… un contenido africano? Sí. Se trata de Queen Sono, la primera serie producida en África por el gigante de contenidos Netflix; una muestra de las habilidades creativas del realizador Kagiso Lediga. El personaje principal interpretado por Pearl Thusi, también ha jugado su importancia para la publicidad de la plataforma norteamericana ya que es una de las actrices, modelo y empresaria más brillantes de la nación del arcoíris. Como ella mismo declaraba en una entrevista con motivo de su lanzamiento: «Controlar la narrativa es realmente importante porque estamos cansados de ver, en particular, solo historias de lucha». De eso se trata: voltear la mirada. Cambiar el foco. Alterar el porcentaje de oscuridad por el de luz. Y apostar por la creatividad made in Africa.

Aquí el binomio es relativamente fácil de entender. En primer lugar, el consumo de películas desde el sofá de casa –para tragedia de las salas de cine– es un modelo cada vez más demandado y tiene como cabeza pensante a Ted Sarandos, jefe de contenidos y, desde hace poco, para su división africana, cuenta con la keniana Dorothy Ghettuba. En segundo lugar, la COVID-19 ha evidenciado que, si apuestas por un gancho a tiempo, dejas noqueado al personal. Y en este caso para bien. Los seis primeros meses del año 2020, la compañía ha ganado 26 millones de abonados, alcanzando los 192,9 millones de suscriptores. Un buen número no solo para vender contenido, sino para aventurarse en moldear las percepciones del mundo. 

Revolución 2.0: comprender la era de Netflix

En 1984, El show de Bill Cosby ponía de manifiesto que las payasadas familiares del clan Huxtable (el nombre que recibía la familia de Cosby en su serie) era un diamante en bruto. Durante al menos 5 temporadas fue un éxito nacional a pesar de la grieta social racial y la invisibilización de la población afrodescendiente en la pequeña y gran pantalla estadounidense.

Cosby abrió la veda para el bum de las comedias y los programas de sketches de los años noventa en las principales cadenas televisivas como la NBC, ABC y Fox que después irrumpieron con fuerza y éxito también en Europa (el caso de España) o Latinoamérica: El príncipe de Bel-Air, Cosas de Casa o Arnold. La importancia histórica era que los creadores y escritores de estos programas de entretenimiento estaban en posición de contar sus propias experiencias e historias sobre su propia comunidad negra en horario de máxima audiencia. Lo habían conseguido.

Sin embargo, el cine tenía mucho camino por recorrer todavía hasta la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca en 2009. Durante sus ocho años en el poder el número de películas con temática afrodescendiente fue exponencialmente elevada. Una doble legislatura que coincidió con el Oscar a la mejor actriz de reparto a la keniana Lupita Nyong’o por su papel de Patsey en 12 años de esclavitud. Pero por cada bum, hay un colapso a la vuelta de la esquina. No ha sido hasta la irrupción de plataformas de consumo de películas a través de Internet que se ha vuelto a reactivar esta lógica de éxito y búsqueda de nuevas audiencias sin más barreras que la propia brecha digital.

En el caso africano el cambio de paradigma con la televisión y el cine llegaría en la década de los noventa con la irrupción del vídeo y más tarde del cine digital. Ya no hacía falta depender de laboratorios y estudios profesionales vinculados a las antiguas metrópolis (Londres y París, especialmente) para tratar los rollos de celuloide. Con las cámaras domésticas, el contenido audiovisual en África cambió radicalmente: las telenovelas venezolanas y mexicanas, así como las películas de artes marciales asiáticas o los westerns norteamericanos pasaron a un segundo plano. Una nueva revolución estaba en marcha, pero de consumo fundamentalmente africano. Ahora, con la era de Netflix, el cuento es otro bajo la lógica de “desde África al mundo”.

  

Cómo la inspiración africana abre caminos

La confianza que la plataforma digital ha depositado en Ghettuba, con una larga experiencia en el sector audiovisual keniano, y ahora responsable de títulos originales internaciones de Netflix en África, está dando sus frutos. Ella llegaba en plena vorágine de expansión de la multinacional en 2016 y generaba una pregunta evidente: ¿qué significa esto para el contenido africano en Netflix? La respuesta llegaría en 2018. Se estrenaba Lionheart, con la estrella de Nollywood Genevieve Nnaji debutando en la dirección y protagonizando la primera ficción original africana de la plataforma digital. Y a comienzos de 2020 se abría toda una caja de sobrecarga e inspiración abanderada por la película Atlantics, de la franco senegalesa Mati Diop quien ganaba el Gran Premio de Cannes en 2019 por una mirada contemporánea a la migración desde Senegal y disponible online gracias a la compra de los derechos del film.

El mercado en el que han puesto el foco parece ser anglófono con decenas de títulos nigerianos, sudafricanos y alguna propuesta divertida desde Ghana como Potato Potahto.  Pero esto no ha hecho más que comenzar. A finales de julio se estrenaba la película mozambiqueña de Mickey Fonseca Rescue, la primera producción de un país africano con el portugués como idioma oficial que se muestra en Netflix, y una de las pocas películas independientes producidas en el país.

El pasado mes de mayo, coincidiendo con las semanas más críticas de la pandemia en Europa y con la celebración del día de África (25 de mayo) Netflix abría una colección “Hecho en África” con más de 100 títulos, incluidas películas y programas más antiguos, así como productos originales como la mencionada Queen Sono o ¿Cuánto pesa la sangre?, la última serie producida y que se estrenaba al mismo tiempo en 190 países. Esta ficción para adolescentes se sitúa en el entorno de un instituto para estudiantes de élite y narra las aventuras de Puleng Khumalo, una chica de 16 años que investiga la desaparición de su hermana al nacer, 17 años atrás.

El futuro que viene

Entre los próximos lanzamientos se podrán ver adaptaciones literarias aclamadas por la crítica gracias a la colaboración que ha llegado Netflix con la filantropista y productora nigeriana Mo Abudu: la obra La muerte y el caballero del rey (1974) ambientada en la colonización británica de Nigeria, del Nobel nigeriano Wole Soyinka, y la aclamada historia The Secret Lives of Baba Segi’s Wives (2010) de la poeta y activista nigeriana Lola Shoneyin que mostraba una mirada visceral sobre la poligamia.

Hay un hilo invisible que une los contenidos. No son meramente historias africanas, diferentes en el plano cultural, sino que son películas que comparten la esencia de la vida. Historias de superación y esperanza que logran, al tiempo que cautivar a una audiencia global, mostrar otra cara del continente hasta ahora monopolizada por una mirada desenfocada de la todapoderosa Hollywood. No se sabe hasta cuándo, pero de momento, la plataforma ha conseguido acercar un África hasta ahora oculto e inaccesible a millones de hogares de todo el mundo.

 

 

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Co-fundador de Wiriko. Doctor en comunicación en África al sur del Sahara (US), Máster en Culturas y Desarrollo en África (URV), Máster en Relaciones Internacionales (UCM) y Licenciado en Periodismo (US). Es analista político y profesor universitario de Relaciones Internacionales, periodismo internacional y cines africanos. Ha realizado documentales en España, Cuba, Senegal, Kenia, Sudán del Sur, Mozambique o RDC. Responsable del área de Formación y de Comunicación y coordinador de la sección de Cine y Audiovisuales del Magacín. Contacto: sebas@wiriko.org

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