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Mariam Kamara, la arquitectura como acto social

“Creemos que cualquier proyecto puede ser diseñado para proporcionar espacios de empoderamiento democrático, social y económico.” Esta es la declaración de intenciones que promulga desde su web Atelier Masomi, el estudio de arquitectura de Mariam Kamara en Níger. Esta prometedora arquitecta ha sido recientemente seleccionada para formar parte de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos y es un cúmulo de buenos augurios para la arquitectura en África. Aquí, su historia.

Mariam Kamara. Foto: Atelier Masomi

Mariam Kamara siempre soñó con ser arquitecta. Nació y creció en Niamey, la capital de Níger, una ciudad diseñada por los franceses durante la época colonial que nunca llegó a encajar con la forma de vida nigerina. Su deseo desde muy joven fue mejorar los sitios donde vive la gente, revisitando su historia y acompañando su propio estilo de vida, sin imitar lo occidental .

Nunca es fácil hacer realidad un gran sueño y ser mujer en un país mayoritariamente musulmán lo hacía todavía más difícil. Pero esta es un historia de perseverancia con final feliz.

Kamara viene de una familia de exitosos ingenieros que se opusieron desde el principio a sus deseos. En Níger se espera que los que estudian en el extranjero colaboren a su regreso en el desarrollo del país y en ese momento estudiar arquitectura se consideraba un pérdida de tiempo. Eran los 90, el boom de Internet, así que decidió estudiar algo más acorde a su tiempo y acabó graduándose en ingeniería informática en la Universidad de Nueva York.

Pero el sueño no murió. Kamara sabía que podía ser más útil para su país y su gente como arquitecta que como ingeniera. Así que, tras trabajar como desarrolladora de software durante seis años en Nueva York, Seattle y Baltimore, decidió que era la hora de seguir su verdadera vocación e ir a la escuela de arquitectura. Lo dejó todo y se matriculó en la Universidad de Washington y después en la de Nueva York para realizar su máster.

En el proyecto de su tesis, “Mobile Loitering”, se centró en buscar soluciones de género y espacio público en Níger, diseñando espacios que permitieran a las mujeres jóvenes socializar entre ellas escapando del escrutinio de una sociedad musulmana cada vez más conservadora. Y por ello Kamara fue premiada en la Young Architects in Africa Competition de 2014. Fue solo el  principio de una carrera llena de éxitos.

Además de sus estudios oficiales, se dedicó concienzudamente al estudio de la historia arquitectónica de África Occidental y encontró su fuente de inspiración en ciudades pre-coloniales como Timbuktu, en Mali; Kano, en Nigeria; o Zinder, en Níger. Este aprendizaje la posicionó como firme defensora de la arquitectura vernácula por su perfecta adaptación al entorno, recursos y formas de vida locales.

Declarada admiradora del arquitecto burkinés Francis Kéré por su habilidad para adoptar técnicas constructivas de diferentes lugares y convertirlas en algo único, que funciona en el plano cultural, climático, material y económico; la arquitecta nigerina se muestra a la vez crítica con la forma de trabajar de algunos arquitectos africanos. Cree que deberían dejar de copiar lo que ya existe en Occidente y volver la mirada a su propia herencia histórica. Crear su propia modernidad disociándose de lo que ella llama West-ernity.

Mariam Kamara

En 2013, nada más terminar sus estudios Mariam Kamara colaboró junto a otros tres arquitectos de diferentes nacionalidades en el proyecto de una escuela para niñas en Afganistán. Así nació united4design, un colectivo que surge con el objetivo de ponerse al servicio de las poblaciones que no siempre tienen acceso a la educación. Su carácter multicultural les permite desarrollar proyectos complejos y da lugar a diálogos y debates muy gratificantes. Además de Kamara, forman parte de United4design la iraní Yasaman Esmaili, la estadounidense Elisabeth Golden y el alemán Philip Straëter.

Casi simultáneamente, junto a sus compañeros de United4design comenzó el proyecto Niamey2000, una respuesta a la crisis habitacional de la ciudad y que propone soluciones al rápido crecimiento de su población.

Esta fue la lanzadera para Atelier Masomi, el estudio de arquitectura de Kamara en Niamey, que persigue principalmente experimentar con las técnicas, los materiales, investigar las tradiciones arquitectónicas y proponer interpretaciones contemporáneas. En su entrevista para OSE Níger aclara que Masomi significa ‘el comienzo’ en hausa. Tengo la impresión de embarcarme en una aventura en la que no tengo todas las respuestas. Cada etapa, cada proyecto es un hallazgo, otro paso hacia el descubrimiento de una arquitectura de la que aún no conocemos las formas y los contornos. Estamos en la infancia de este movimiento arquitectónico, por lo que encontré este nombre apropiado.”

A pesar de su juventud, Atelier Masomi ha completado proyectos como el complejo Hikma, un centro comunitario y religioso en Dandaji, pueblo hausa al oeste de Níger, así como el mercado regional en esta misma ciudad.

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Esta intensa trayectoria, ha sido el fundamento de su selección para formar parte de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos en la categoría de Arquitectura. Este programa empareja reconocidos maestros de diferentes ramas con jóvenes artistas de todo el mundo con el objetivo de que entablen una relación de mentoría individual durante un período de colaboración creativa. Kamara formará tandem con Sir David Adjaye, arquitecto británico de origen ghanés para realizar un proyecto común: la construcción de un centro cultural en Niamey.

Hace poco tuvimos la ocasión de conocer de primera mano la filosofía y procesos creativos de esta talentosa arquitecta, ya que fue ponente en el festival que el colectivo Design Indaba organiza cada año para subir al escenario a los talentos más relevantes de diversos sectores creativos. 

Mariam Kamara es una de las fuerzas motrices de un fenómeno imparable. Estamos siendo testigos de una suerte de renacimiento de la arquitectura africana, la que vuelve la mirada curiosa a sus orígenes para recuperar con orgullo planteamientos, estéticas, materiales y técnicas. Con la sostenibilidad y practicidad por bandera se alza una joven generación de profesionales que han conseguido esquivar la estela colonial. Mujeres y hombres que hacen que la arquitectura en África vuelva a tener sentido.

¿Y si las mujeres tuareg no quieren renunciar a sus costumbres?

La banda Les Filles de Illighadad desmonta la visión de la mujer en Níger y se muestra rotunda en cuanto a la mala imagen del país.

Níger es el último país en la cola de los 187 estados que conforman el Índice de Educación de las Naciones Unidas. Solo uno de cada cinco adultos nigerinos puede leer, siendo las niñas las peor paradas de estas elevadas tasas de analfabetismo. De hecho, solo el 8% de las nigerinas asisten hoy a la escuela y muchos padres y madres prefieren que se casen a que reciban una educación escolarizada. Al mismo tiempo, el país es conocido por sus altas tasas de pobreza (44,1%) y bajos índices de desarrollo, pero también por ser una de las regiones más inseguras del Sahel, debido a la presencia cada vez más fuerte de Boko Haram o de las mafias de la migración ilegal a través del Sahara. Sin embargo, al parecer, al otro lado de las lentes a través de las que leemos y analizamos este tipo de información, hay otra realidad bien distinta.

“Níger no tiene nada que ver con todas las noticias que llegan fuera. No hay inseguridad todos los días, y nosotras nunca hemos sufrido ataques terroristas. Al contrario, la mayoría de nigerinos son libres de circular por el país sin ningún problema. Estos puntos de vista son una manipulación de los medios de comunicación de Europa para disuadir a la gente de venir a Níger”, asegura la cantante y guitarrista tuareg Fatou Seidi Ghali, líder de la banda de mujeres nigerinas Les Filles de Illighadad.

Ghali añade que cree que “todo esto sirve para proteger a los intereses financieros de Francia, como por ejemplo la explotación de minas de uranio de Areva. Mientras que Níger es un país ‘pobre’ económicamente, las multinacionales, con la complicidad de nuestros políticos, están explotando desde fuera las riquezas de nuestra tierra. El foco de las migraciones desde Níger se da en primer lugar, porque somos un país sin salida al mar que es geográficamente enlace entre el África subsahariana y los países del Magreb y Europa. Pero el aumento del tráfico de migrantes en Níger está relacionado en gran medida con la destrucción planificada del estado libio y la caída de Gadafi”.

Puede que Fatou, como tantas otras mujeres de Níger, no haya cursado el mínimo obligatorio de estudios que se considerarían básicos en la mayoría de países occidentales; sin embargo, su capacidad de análisis no parece, para nada, de una persona inculta o analfabeta. “La cuestión de la educación de las niñas en escuelas ‘normales’ no me parece esencial”, afirma.

Artículo publicado originalmente en El Salto, para seguir leyendo pulsar aquí.

Sorteamos 2 entradas dobles para ver a Les Filles de Illighadad en Barcelona y Madrid

¡El avant-rock de Les Filles de Illighadad aterriza en Barcelona y Madrid! Este trío de mujeres originarias de Illighadad, Níger, tiene sus raíces bien cimentadas en el folk nigerino, y destacan por sus inconfundibles riffs de guitarras, voces polifónicas, percusión tradicional y un sonido orgánico y atemporal. ¡Y estamos sorteando 2 entradas dobles para que acudas a una de sus próximas citas en Barcelona o Madrid!

El lunes 20 de noviembre, les Filles de Illighadad se suman al ciclo Caprichos de Sala Apolo de Barcelona y el martes 21 en Moby Dick Club de Madrid para presentarnos su primer álbum de estudio «Eghass Malan», que acaba de editar la discográfica Sahel Sounds el pasado 28 de octubre de 2017. Se trata de un álbum grabado durante su primera gira europea, que está lleno de canciones de amor y elogios al desierto, una celebración a su pueblo y origen, y un canto a la tradición.


En Barcelona, Les Filles de Illighadad estarán acompañadas por nuestro amigo Dj Diego Armando (@riembauet), un habitual en las cabinas de Barcelona y que ha pasado por festivales como Sónar, Faraday o Black Music Festival. El selector abrirá el show con uno de sus sets de ritmos africanos y electrónicos. En Madrid, abrirá el concierto el guitarrista Mdou Moctar, otro de los nombres consolidados que han internacionalizado la tradición y música Tuareg en los últimos años.

¿Cómo conseguir tu entrada doble para ver a Les Filles de Illighadad el lunes 20 de noviembre en el Apolo de Barcelona o el martes 21 de noviembre en Moby Dick Club de Madrid?

Comparte nuestro post de Facebook o Twitter en tu muro y envíanos tu canción favorita de Les Filles de Illighadad a info@wiriko.org con el asunto SORTEO FILLES DE ILLIGHADAD. Y no te olvides de añadir tu nombre y apellidos, junto a tu DNI (además de un pantallazo de la compartición del post en tu muro).

¡Mucha suerte!

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Gondwana: La orgía del humor contra el despotismo político africano

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Resulta que la asquerosa orgía de las risas se mira con recelo en los círculos políticos. Se puede –como en todo– sonreír, pero sin pasarse que es obsceno, oiga. Es evidente que el poder, al no poder anticiparse a la descontrolada y agitada forma de mover el estómago por parte de la población se desestabiliza y muestra su desnudez legislando en su contra. Entonces lo categorizan, lo conceptualizan en los denominados límites del humor. Y qué eufemismo que el humor político tenga restricciones y líneas rojas mientras que algunas legislaciones maltratan los límites, por ejemplo, de los derechos humanos. Y por qué no afirmar que es entonces cuando el virus de la risa se convierte en una verdadera pócima para abrir zanjas en el sistema represivo.

En abril de 2016 en Burundi, el comediante Alfred-Aubin Mugenzi, más conocido por su nombre artístico Kigingi, fue detenido y transportado con los brazos atados a la espalda a un centro de detención en Bujumbura. Había sido irónico en un bosquejo de análisis político sobre la actuación del presidente del país Pierre Nkurunziza para concurrir a un tercer mandato que su Constitución prohibía. Una broma pesada.

En España tenemos lista de la compra para aportar ejemplos: Manel Fontdevila y Guillermo Torres fueron condenados a pagar 3.000 euros de multa cada uno por injurias en la portada de El Jueves del 20 de julio de 2007 a los entonces herederos a la Corona; el guionista Guillermo Zapata tuvo que declarar por una serie de tuits de humor negro que publicó en 2011 y el humorista Facu Díaz fue acusado por un sketch en un programa de televisión que consideraron abusivo. Recientemente se conocía el fallo de la Audiencia Nacional en el que se condenaba a un año de prisión a la joven estudiante de Murcia Cassandra Vera, de 21 años, por publicar 13 tuits sobre el atentado de Carrero Blanco. Y habría más.

Pero una vez más el humor servirá para retratar el statu quo, esta vez desde la mirada de Mamane, un humorista convertido en realizador. En su película Bienvenue au Gondwana (Bienvenidos a Gondwana) el nigerino afincado en Francia presenta una comedia satírica llena de esperanza y llevando un fuerte mensaje a la juventud africana: despertad. En la víspera de las elecciones en un país “ubicado exactamente al norte de algún lugar y al sur de allí”, la comunidad internacional despliega a un equipo de observadores para supervisar la campaña electoral en Gondwana. Entre ellos un joven idealista francés instalado en África, un dictador decidido a mantenerse en el poder, dos geopolíticos, un diputado francés que se dedica a la venta de espárragos en África y una joven revolucionaria.

En este país imaginario es donde Mamane ha optado por instalar su “República muy muy democrática”. Durante años, en sus crónicas divertidas en Radio France International (RFI), Mamane habla de esta nación figurada donde todos los líderes africanos se combinan con unos mismos atributos: la figura de un líder megalómano, un opresor de marionetas y un dictador barroco y caricaturezco. Todo tiene lugar en Gondwana, una especie de caverna de los horrores: los chanchullos del África francesa (La Françafrique), la tiranía de los déspotas sanguinarios, la indiferencia de las democracias occidentales, la presentación de los pueblos de forma estereotipada a través de los medios de comunicación, las revueltas sociales, los abusos de las multinacionales, etc.

Mamane amamanta su ira en su espacio radiofónico tirando del humor con análisis corrosivos de la política africana, aunque a veces, suaves y surrealistas. Está acostumbrado. Quizás es por lo que este enojo no le ha dejado tranquilo y ha decidido hacer una película como ésta. Siguiendo el principio de sus textos de radio, su narrativa juega con la representación del libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y sorpresas para los no iniciados en los terrenos africanistas.

Acompañado del reggae de Tiken Jah Fakoly en algunos fragmentos, el realizador nigerino habla de las múltiples Áfricas con un estilo claro y un humor delirante que trasciende lo cómico: Bienvenue au Gondwana es una carta de amor a un continente, pero al mismo tiempo una observación terrible sobre la situación política en muchos de los países africanos. Y el surrealismo y la parábola finalmente le permiten decir a Mamane cosas serias y tratar de despertar las conciencias en una risa siempre comunicativa que logra subrayar aquello de: ¡Larga vida al humor!

 

Turismo cultural para que Níger deje de ser el país más pobre del mundo

En Diciembre de 2016, Wiriko fue medio oficial del Festival Internacional de la Moda en África (FIMA), un evento cargado de valor y perseverancia con un anhelo proclamado a los cuatro vientos: que Níger vuelva a ser un país habitable, pacífico y fértil, y donde la cultura local adquiera un papel fundamental para abandonar su estela como cuna de la migración ilegal y el tráfico humano o como suelo yihadista.

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Siendo el patrimonio cultural uno de los aspectos más difíciles de gestionar cuando es considerado como uno recurso susceptible de generar riqueza, hoy, su potencial pasa por que las sociedades locales sean las que lo promocionen y protejan, con una cooperación estrecha entre los sectores públicos y privados. Gestionar y promocionar correctamente el Patrimonio cultural puede ser una estrategia de desarrollo para las comunidades rurales, que en el caso de Níger, representan a más del 80% de la población. Por eso, la celebración del FIMA en Agadez es un trampolín para el comercio de la ciudad, con repercusiones a kilómetros del enclave. Y aunque el terrorismo, las migraciones y la pobreza llenen portadas en todo el mundo, el FIMA no es una propuesta aislada, tal como pretendemos mostrar en este artículo.

Mujer nigerina. Imagen de Héctor Mediavilla para Wiriko.

Níger, uno de los países menos visitados y el más pobre del mundo

La presencia tanto de Boko Haram – afiliado al Estado Islámico (ISIS)- como de al-Qaeda en el Mahgreb Islámico (AQMI) en países limítrofes como Mali, Chad o Nigeria, han hecho que la inestabilidad se apodere de la región saheliana. Cerca de 300.000 desplazados malviven actualmente en Diffa, al sureste de Níger, transformando lo que había sido un fructífero enclave comercial a orillas de la cuenca del Chad, en un lugar donde el toque de queda, el cierre de mercados, la inseguridad alimentaria y la recesión económica han conducido al país a la peor crisis humanitaria conocida, o a convertirse en un auténtico cementerio de sueños. Un entorno difícilmente propicio para la atracción del turismo, tanto como para que los jóvenes, la mayoría de su población, puedan generar mejoras sustanciales y hallar esperanza para el futuro.

“Contamos con un enorme potencial, pero tenemos que enfrentarnos a la cuestión de la seguridad. Aún no hemos logrado convencer a los turistas de que pueden visitar nuestro país y eso hace que sea difícil para nosotros de desarrollar la industria y crear las condiciones para cuidar del medio ambiente”, admitía en la última edición de Investour el Ministro de Turismo de Níger, Ahmed Boto. “Sin embargo, este sector puede crear oportunidades de empleo y alejar a los jóvenes del peligro de caer en el fundamentalismo”.

Dos mujeres conversan en Agadez. Fotografía de Héctor Mediavilla para Wiriko.

A pesar de que Níger produce unos 18.000 barriles de petróleo diarios, del incremento del comercio de uranio (Níger tiene el 10% de las reservas mundiales) o del aumento de inversión pública en agricultura desde las últimas elecciones (en febrero de 2016); el encarecimiento de las materias primas y las consecuencias nefastas del cambio climático, recrudecen una situación de seguridad que sume al país a la miseria. Y es que el último Informe de Desarrollo Humano, de 2015, lo señaló como el país más pobre del mundo.

Ante un horizonte tan sombrío, personas como Alphadi, impulsor del FIMA, se han convertido en auténticos paladines de una transformación tan necesaria como, por poco, quimérica. Y con la cultura como herramienta para el desarrollo sostenible, ha demostrado que los turistas se podrían convertir en aliados cruciales para impulsar las iniciativas culturales locales, sobre todo en un momento en que África se alista en el turismo sostenible.

En la factoría que el diseñador Alphadi tiene en Niamey, un sastre teje una pieza a máquina. Imagen de Héctor Mediavilla para Wiriko.

¿De qué forma el turismo cultural puede fomentar el desarrollo en Níger?

Cómo es sabido, las consecuencias ambientales, socioculturales y económicas de la industria turística no siempre son positivas. Pero, en general, el turismo cultural tiende a revitalizar el interés de los habitantes locales por su propia cultura, aporta un valor añadido y único a otros posibles destinos, fomenta el desarrollo de pequeñas comunidades rurales, promueve el intercambio cultural y genera recursos. A pesar de que algunos expertos critican la mercantilización de las tradiciones indígenas y reprochan que este tipo de turismo contribuye, a menudo, a la “desculturalización” de los destinos, lo cierto es que hay que apelar siempre a una actitud responsable y un filosofía Slow que permita al visitante aprender de las experiencias, entorpeciendo lo mínimo y fomentando el mayor desarrollo posible a las sociedades de acogida.

Maravillas Culturales imperdibles en Níger:

1. Aunque el Gran Mercado de Niamey data del 1950, se destruyó completamente durante un incendio en 1982. Tras su reconstrucción -en tocho y no en paja, como antiguamente-, parte del edificio volvió a sufrir un dramático incendio en 2009, tras lo que logró rápidamente volver a atraer la actividad comercial de la capital en un espacio que separa la “ciudad colonial” de la “zona residencial africana”. Sin embargo, la anarquía que reina entre los cientos de quioscos que se aglutinan en este epicentro socioeconómico de la ciudad, hizo que el ayuntamiento desmantelara parte de sus puestos, en una medida muy impopular y contestada, en 2016. Pero esta sede de negociaciones y flujos informales de dinero, se recompuso rápidamente como prueba de la resistencia de las dinámicas del comercio local, que atraen a sus ajetreadas callejuelas a más de 20.000 extranjeros cada año.

2. La Mezquita de Agadez, construida en torno a 1515, es una construcción única caracterizada por tener el minarete de barro más alto jamás construido, con pilares de madera que sobresalen de cada uno de sus cuatro caras. Este magnífico alminar, que era considerado uno de los elementos arquitectónicos más simbólicos de la llamada “puerta de entrada al desierto” – tal como se conocía Agadez antiguamente-, lleva más de cinco siglos custodiando una ciudad que fue bisagra del comercio transahariano con Kano y Timbuktu. Construida durante el sultanato de Aïr, coincidiendo con que algunos grupos tuareg se sedentarizaron en la ciudad, la mezquita fue uno de los mayores atractivos turísticos durante los 80, cuando Agadez se convirtió en el principal atractivo para los viajeros extranjeros. Hoy, sigue siendo una maravilla protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

3. El barrio de Birni es el corazón histórico de la ciudad de Zinder, fundado por los hausa en el sur de Níger y convertido en capital del Sultanato de Damagaram en 1736. ‘Birni’, que significa literalmente ‘pared’, escondió tras sus antiguas e impresionantes murallas de unos diez metros de altura, algunas de las joyas arquitectónicas más valiosas del país, entre las que se esconde el Palacio del Sultán. Aunque muchas han sido derribadas con el paso del tiempo, este vecindario cuenta con míticas “decoraciones parlantes” que ornamentan las paredes de adobe de un enclave tradicional que rebosa, y por doquier, una viva riqueza cultural. El barrio, que incluye cuatro distritos, alberga hoy entre 20.000 y 30.000 habitantes, conservando su viejo tejido urbano y el esplendor artístico y estéticos de la cultura hausa.

4. El mercado de artesanos y orfebrería tuareg de Agadez es uno de los principales enclaves, junto a Akjoujt en Mauritania, para conocer el minucioso trabajo con metales de la cultura tuareg, que ya 2500 años a.C. se practicaba en el Antiguo Egipto. Los tuareg son famosos, entre otras cosas, por sus impresionantes joyas de plata -así como las mujeres tuareg lo son por su trabajo del cuero, la poesía o la música-, grabadas a mano en diseños tradicionales. Conocidos como Kel Inaden, que significa ‘joyeros’, su arte no se basa solamente en elaborar joyas, sino en reparar todo tipo de armas y utensilios con el empleo del fuego. En muchos casos, los Inaden también son oradores o músicos, y son considerados parte de una casta aristocrática pilar en la sociedad tuareg. En las zonas urbanas, se los conoce como les forgerons les bijoutiers. 

5. Mientras dos tercios de Níger son desierto, el resto es Sahel. Y de entre los más áridos de sus paisajes, el desierto del Teneré, custodiado por las Montañas de Aïr, es uno de los preferidos para los turistas. Autopistas de dunas dibujan la senda por la que las caravanas de sal han cruzado el Sahara durante siglos. Los oasis desaparecen a medida que uno se adentra en este mar de arena. Y el Teneré se convierte en el lugar más inhóspito y silencioso del mundo, donde las texturas y tonalidades del cielo y de la tierra se funden en la lírica de la brisa, cuyos susurros son interpretados por los tuareg, los kanuri o los toubou.

6. La Antigua Ciudad de Djado es una asentamiento fortificado en ruinas en el nordeste del país. Se trata de uno de los puntos calientes de la ruta comercial sahariana y de las redes esclavistas que se dirigían hacia Libia durante la edad media, mucho antes de que los europeos iniciaran el comercio triangular transatlántico. Si bien la meseta de Djado, donde se ubica, es conocida por su arte rupestre, Patrimonio Mundial de la Unesco, este enclave urbano fue uno de los epicentros caravaneros de la historia pre-colonial del Sahara. Levantado a partir de materiales naturales como barro, paja y arcilla, hoy es un reducto arquitectónico decadente y deshabitado, pero con un valor histórico enorme.

7. Las pinturas rupestres de Dabous, en las Montañas de Aïr (Patrimonio de la UNESCO), son un conjunto de cientos de pinturas de una antigüedad de 8.000 a 10.000 años, probablemente las más antiguas del Sahara. En sus figuras, se evidencia una rica Biodiversidad en la época y un acelerado cambio climático que ha pasado a registrar animales típicos de las sabanas y las selvas tropicales como jirafas, avestruces, antílopes, leones o rinocerontes, en contraste con los actuales escorpiones, serpientes y camellos. La obra más impresionante son los petroglifos de las jirafas de Dabous, un macho y una hembra de más de 6 metros de altura y perfectamente tallados en dos losas, que fueron descubiertas en 1997.


Dónde alojarte en Níger: 

NIGER SOLUXE HOTEL: Encontrar un hotel asequible, seguro y con buenas instalaciones puede ser un auténtico quebradero de cabeza en Níger. Sin embargo, este hotel de la cadena china Soluxe es una apuesta segura para Niamey. Wifi, restaurante, gimnasio o piscina, son comodidades que este establecimiento recién inaugurado en la capital nigerina ofrece. Y con unas mínimas de 17 grados y máximas de 42º, se agradece un aire acondicionado (que funcione), para descansar de las alta y húmedas temperaturas de esta ciudad a orillas del río Níger. De lejos, la mejor opción para los más preocupados por la inseguridad en el país.

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De La Mancha a África: Don Quijote en el Níger a través de la ilustración

Don Quijote es quizás una de las figuras más representativas de la literatura española. Desde que Miguel de Cervantes escribiera las aventuras del Hidalgo en 1605 sus personajes no han dejado de viajar por el mundo, convirtiéndose en un icono de la literatura más universal. Sin embargo, Don Quijote casi no había descubierto y conocido el mundo subsahariano, no había cruzado el Sáhara ni había alcanzado las aguas del Níger. Hasta ahora.


“Don Quijote en el río Níger”  (“Don Quichotte, au fleuve Niger” en francés) es un proyecto que nació en 2016 de la mano de las embajadas de España en tres países de la cuenca del Níger: Guinea-Conakry, Malí y Níger con la colaboración del Programa ACERCA que está enmarcado en el sector cultural de la AECID y que se ha estrenado el pasado 17 de enero en el Museo de Arte Africano de la Fundación Jiménez-Arellano Alonso en Valladolid.
¿En qué consiste esta exposición? El proyecto nació en 2016 cuando las capitales de estos tres países acogieron diversos talleres para ilustradores locales. Tanto profesionales, como estudiantes y aficionados se beneficiaron del aprendizaje de nuevas técnicas y estilos de pintura y conocieron de primera mano a Don Quijote. Los encargados de los talleres, el ilustrador Aitor Saraiba y el formador Ángel Domingo, de Pencil Ilustradores, presentaron a los personajes a través de todas las expresiones artísticas posibles  (fragmentos de la novela, películas, interpretaciones pictóricas…) con un doble objetivo: que los artistas conocieran la novela y sus personajes y que fueran capaces de reinterpretarlos según su criterio.


Es precisamente esa reinterpretación lo que hace de esta exposición, que se podrá visitar hasta el 13 de Febrero en el Museo, algo tan especial. Alonso Quijano ya no es sólo un caballero, un hidalgo en busca de aventuras que cruza La Mancha para conquistar a la mujer de sus sueños. Don Quijote es un caballero, pero también se le representa como un agricultor, un nómada, un guerrero, o un personaje sabio que defiende la protección del río frente a la contaminación.  Su piel en ocasiones se ennegrece, aunque otras veces guarda sus rasgos originales.
Los paisajes de Castilla La Mancha se van difuminando poco a poco para dejar paso al amarillo del desierto, a la sabana o a las orillas del Níger. En las ilustraciones nos encontramos hipopótamos, elefantes o leones y nuestro héroe viaja a lomos de camellos y jirafas. En este mundo ni si quiera el tiempo se escapa: Don Quijote puede seguir en el S. XVII o cambiar de siglo en busca de su Dulcinea.
Además, la diversidad de estilos y técnicas de los ilustradores nos habla de la infinita variedad de gustos por la pintura que existe en África, sobre todo si tenemos en cuenta que esto es sólo una pequeña muestra de tres países. Dibujos a lápiz, cómics o pinturas en acuarela son sólo unos ejemplos de más de setenta obras.


Puede que para más de uno esto no tenga ningún sentido, eso siempre depende de la mirada del espectador. Pero lo que demuestran estas ilustraciones es la enorme capacidad de las diversas culturas africanas de asimilar todo lo que viene de fuera y reinterpretarlo a su manera. Esa habilidad de rehacer no sólo se centra en el arte o la cultura, sino también en las ideas económicas, sociales o políticas.  Precisamente, en el Sahel y en la cuenca del Níger es donde tuvo lugar la mayor africanización de la historia, cuando muchas de estas sociedades aceptaron una nueva religión, el Islam, y la hicieron suya.
Pero no es sólo algo interior, no es sólo aprender algo más sobre literatura, la clave de esta exposición es que nos devuelve algo que creíamos intocable: una obra de más de cuatro siglos. Estos artistas nos lanzan sus ilustraciones con otra visión y otra mirada, no sólo del Quijote, sino del mundo que durante décadas hemos colonizado.

El África del mestizaje y la paz se cimienta en Agadez

*Wiriko, junto al fotógrafo Héctor Mediavilla, medio oficial de la 10ª edición del FIMA.

La 10ª edición del Festival Internacional de la Moda en África (FIMA) arranca hoy en la ciudad nigerina de Agadez, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Bajo el lema Educación e Industria para un África de mestizaje y de paz, el evento quiere revertir el oscurantismo al que esta región del Sahel se ha visto sumida en los últimos años debido a la amenaza terrorista, y plantar en su seno las semillas constructoras del desarrollo y la paz. Todo, en un fértil terreno cultural que puja por salir adelante ante la atenta mirada internacional, traducida con flashes y aplausos ante una pasarela que exhibe dosis incandescentes de esperanza a partir de diseños cargados de valentía y creatividad que buscan poder echar amarras hacia un futuro posible.

El coraje y la imaginación son dos elementos esenciales que describen el FIMA, dirigido desde 1998 por el genial diseñador nigerino Alphadi, apodado como “el mago del desierto”. Porque lo cierto es que hace falta valor para arrancar, tras la cancelación de última hora por amenaza terrorista de la edición de 2015, un certamen de moda de estas características en la puerta del desierto nigerino del Teneré.

Las rebeliones tuareg y los golpes de estado que salpicaron Níger en la década de los noventa allanaron el terreno al debacle económico y social de este antiguo y opulento enclave comercial que hacía de bisagra entre el África septentrional y el África subsahariana. Hoy, y a pesar de que su centro histórico es una de las maravillas urbanas más impresionantes y mejor preservadas de todo el continente, Agadez ya no es el centro turístico que era hace dos décadas atrás, y ha pasado a ocupar portadas por ser uno de los puntos calientes de los flujos migratorios ilegales y el tráfico humano, o por el extremismo islamista profesado por Boko Haram, la banda terrorista afiliada al Estado Islámico. En lo que es el país peor valorado por el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, Agadez, tanto como Níger, necesita desesperadamente que eventos como el FIMA puedan desarrollarse pacíficamente, como plataformas para propulsar las industrias creativas de la región.

Colección de Kennedy Nana Kofi Ansah (Ghana), fotografiada por Héctor Mediavilla en la última edición del FIMA.

El FIMA como hoja de ruta para el desarrollo y la paz en Níger: 

La cooperación cultural es un instrumento esencial para el desarrollo de las relaciones pacíficas y la amistad entre los pueblos y para lograr el libre acceso al conocimiento y los logros en todas las regiones del mundo, que pueden contribuir al enriquecimiento de la vida cultural y mejorar las condiciones de la vida material o espiritual de las personas. En este sentido, la 10ª edición del FIMA se erige sobre los pilares de una cooperación con lazos en África y Europa que posibilite el desarrollo económico y pacífico de Níger y de África, por extensión.

Su principal motor humano, Alphadi, ha sido reconocido por nombres internacionales de la alta costura como Yves Saint-Laurent, Paco Rabanne o Christian Lacroix, poniendo en alza el valor del mestizaje cultural del Sahel con la absorción de elementos globales del mundo del diseño. Con él, los universos tradicionales Touareg, Songhai, Bororo, Hausa, Fulani, Bambara, Árabe y Masai, han dado un vuelco africano a las pasarelas internacionales. Pero en este caso, no se trata solamente de inspirar, que es lo que África ha conseguido siempre hacer con los creadores de otros puntos del planeta, sino de que los creadores y diseñadores africanos y africanas sean puestos en el mapa y revalorizados por su trabajo. Y con su reconocimiento, puedan vivir de ello.

Aunque incipiente, África tiene una fructífera industria de la moda capaz de diseñar, producir y distribuir sus propios productos – en Wiriko hemos hablado de algunos de sus ejemplos-, generando a su vez un impacto sustancial en el desarrollo económico de la sociedad. No sin dificultades y contratiempos, Alphadi es un claro ejemplo del éxito del sector, cuyas factorías se emplazan en Níger y Marruecos. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer para hablar de una industria de la moda africana consolidada y fuerte, y muchas barreras por derribar a la hora de hacerla factible. Lo que el FIMA pretende es establecerse como el telón de fondo para que más profesionales africanos y africanas consigan darse a conocer en el panorama del diseño internacional y a la vez, que Agadez se posicione como una de las pasarelas más importantes de la moda africana.

Por ello, iniciativas como la creación de la Escuela Superior de Moda y Artes (ESMA) de Niamey, una especie de réplica africana al Institut Française de la Mode de Paris, es una declaración de intenciones para el fomento de la industria de la moda en África, que abrirá sus puertas definitivamente en 2018. Sus organizadores son claros: “Hoy más que nunca, la cultura debe apoyar la paz, ya que es un requisito previo para cualquier proyecto de desarrollo”.

3, 2, 1… ¡Arranca la 10ª edición del FIMA!

“Nuestras guitarras y nuestra voz son consideradas armas revolucionarias”

Por Gemma Solés y Javier Domínguez (Wiriko)

El desierto no entiende de fronteras. Allí donde Argelia, Libia, Mali y Níger se tropiezan existe un hábitat de arena que abriga a los tuareg. Conocidos por los árabes y occidentales como “el pueblo del velo”, llevan décadas arrastrando el estigma de los prejuicios. La historia los ha retratado como el enemigo secesionista del norte para los Gobiernos de Bamako y Niamey. Desde 2012, la mirada occidental los ha postrado en el islamismo puritano cuando el Sahel se llenó de yihadistas. Con el coqueteo de algunos tuaregs con el Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el desierto se convirtió en sinónimo de conflicto. Pero entre el desorden, la música se levanta como un arma de resistencia, con ciertos nombres catapultados en la arena internacional como embajadores de la paz. Este es el caso del guitarrista Omara Moctar (Níger, 1980), también conocido como Bombino.

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“Los tuareg estamos repartidos por siete países conectados por el desierto del Sahara. Donde hay tuareg, hay cierta cultura viajera derivada de nuestra tradición nómada. Los magrebíes nos llaman los chômeurs porque creen que no nos gusta trabajar”, dice Bombino a Wiriko durante una entrevista en Madrid, ciudad que visitó el pasado verano para dar un concierto. De este mote francés que significa desempleado, deriva la palabra Tichumaren, el nombre que recibe el Blues del Desierto. Hoy, el arma tuareg para la democracia, la paz y la justicia histórica de un pueblo dividido geográficamente y unido bajo el pulso de las guitarras. En ella, política y música van de la mano.

“Hace falta posicionarse como artista si se quieren mejorar las cosas. Eso no significa que animemos a que la gente participe en enfrentamientos directos, pero sí que intentamos que se sepa qué es y qué no es justo en democracia”, advierte Bombino.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

África: banda sonora 2015 (V)

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Lo nuevo del extraordinário Bassekou Kouyate con su banda Ngoni Ba merece estar en nuestro podio de las mejores novedades discográficas que están formando nuestra recopilación África: banda sonora 2015. El que ya era una de las personalidades musicales más relevantes del continente nos sorprende con un nuevo álbum que hipnotiza a cualquier amante de los sonidos de la rivera del Níger. Siempre tan llenos de embruje, gracias a su siempre actualizado sonido tradicional.

Pellizcando las cuerdas de su pequeño ngoni , considerado por muchos como el ancestro del banjo, Bassekou se convirtió desde muy joven en un maestro del instrumento bambara o bamana que sintetiza la identidad y tradición sonora de este pueblo, y emergió como figura indispensable de una nueva generación de griots. En 2005 grabaría su primer álbum en solitario, Segou Blues, junto a su banda Ngoni Ba, que vería la luz en 2007. Su segundo álbum, I Speak Fula, engendrado en 2009 después de una gira que el maliense dió por Estados Unidos, ya sonó en todas las emisoras capaces de reconocer el talento más allá de las ondas occidentales. Fue en 2013 cuando llegó el turno de su tercer álbum: Jama Ko, con piezas que retrataban el delicado clima político que vivía Mali en aquél momento tras un golpe de estado que quería partir el país en dos. Las tres piezas, todas editadas con el sello alemán Out Of Here Records, fueron aclamadas tanto por el público como por la crítica, y Bassekou se convirtió en uno de los artistas africanos más aclamados tanto internacionalmente como en todo África Occidental.

BKNCoverAhora, Bassekou Kouyate vuelve a regalarnos una joya sonora con su Ba Power, un trabajo cuyo nombre es toda una declaración de principios: El Poder de Ba.

Grabado en MBK Studios de Bamako y rodeado de sus hijos y nietos para su elaboración, el álbum ha sido apadrinado ahora por la escudería Glitterbit Records (sello de otro de nuestros álbumes para este 2015, Samba Touré). En él, Bassekou exprime y hace relucir su técnica con el ngoni a través de la electrificación y los pedales de efectos y con la maestría que lo caracteriza. Ba Power nos invita a un viaje delirante por la historia, el desierto y la sabana, entroncando tradiciones que van del blues del desierto que catapultó a la fama el maestro Ali Farka Touré al rock más energético, ya marca de la casa de bandas malienses como Tinariwen o hasta al afro-beat.

El álbum abre con el potentísimo single Siran Fen, donde la poderosa voz de su esposa, Amy Sacko, junto a percusiones frenéticas combinan de forma explosiva una apertura de álbum que no deja indiferente a nadie. Sigue con Musow Fanga o ‘El Poder de las Mujeres’, una alabanza a la mujer. En Abé Sumaya el rock más pausado posee a Ngoni Ba y en Borongoli ma Kurunban uno está obligado a rendirse a todos los encantos y dejarse transportar. Waati cede el protagonismo a Adama Yalomba y abraza con distorsión y solos frenéticos al oyente.

En general, Ba Power está impregnado de blues maliense y de rock hasta la médula. El ngoni de Bassekou, al que muchos comparan con el Jimi Hendrix maliense, cose las 9 piezas que componen este trabajo con delirantes sonidos a lo Led Zeppelin. Un regalo incomparable de lo que nos ha llegado hasta ahora en nuestra serie África: banda sonora. Nos atreveríamos a decir, que Ba Power va en camino de convertirse en el álbum del año.

FESPACO 2013: cuando los baobabs dan sus frutos

Jóvenes cineastas en el FESPACO 2013. Fuente: Clap Noir

Jóvenes cineastas en el FESPACO 2013. Fuente: Clap Noir.

 

El panorama de la industria cinematográfica al Sur del Sahara a menudo se describe con colores otoñales. Y que el futuro pinta bastos no aporta nada nuevo. Sin embargo, la mirada renovada de una de las facetas más interesantes de este FESPACO 2013 es la puesta en común de ideas, inquietudes, esfuerzos y metodologías de las escuelas de cine en África. No suman siquiera una decena pero estos espacios de creación se presentan como la ventana al mercado laboral de nuevos cineastas; un trampolín más desde el que probar suerte en un Festival Panafricano de Cine y Televisión que sigue campeando los pagos atrasados de una cita que, para este año, ha desembolsado casi mil millones de francos CFA, según las cifras oficiales.

La impresión desde este lado del Estrecho quizás pueda parecer la de un continente africano sin formación en cine y audiovisuales. La mayoría de los directores de la primera generación (y algunos de la segunda) son reconocidos por haber formado parte de las orlas de las academias occidentales de Moscú o París. Sin embargo, varias iniciativas han permitido la creación de escuelas de cine y radiodifusión en África que recogen sus frutos en esta edición del FESPACO presentándose con varias producciones: la Escuela de Artes Visuales en Marrakech (Marruecos) con cuatro películas; el Instituto Superior de Artesanía Audiovisual de Cotonou (Benin) con tres; el Instituto para la Formación en Información y Comunicación de Niamey (Níger) con dos; la Escuela de Cine, Realización Audiovisual y de Nuevas Tecnologías (Togo) con una; y el Instituto de la Imagen y el Sonido de Uagadugú (Burkina Faso) que se presenta con tres. En total 13 trabajos de jóvenes cineastas.

Bandera del FESPACO.

Bandera del FESPACO.

FESPACO, cuarenta y cuatro años después de su creación, ha superado el reto de ser un festival que se celebra bianualmente. Un esfuerzo respaldado por instituciones privadas y especialmente europeas ya que, a pesar de ser uno de los mayores eventos culturales del continente negro, el gobierno burkinabés, “no se involucra todo lo que hace falta hablando en términos económicos” publicaba la editorial del periódico Fasso Presse el pasado sábado. La misma cabecera subrayaba que el número de salas de cine desde el último FESPACO, celebrado en 2011, ha descendido de 11 a 7. Malos tiempos para la sonada cita de Blaise Compaoré: “Burkina es la capital del cine africano”.

Pero la cantera, no obstante, viene con fuerza. Esta fue la primera toma de contacto, la primera impresión cuando Wiriko estuvo (el pasado octubre) en los encuentros de documentalistas (Tënk) que se celebran desde hace diez años en la ciudad senegalesa de Saint Louis. Tanto productores como representantes de las principales televisiones y productoras francesas y belgas apostaban por un tipo concreto de producto documental que finalmente fuera atractivo para los respectivos canales europeos. De esta forma, y como nos apuntaba en octubre el especialista de cine africano y director del portal Africultures, Olivier Barlet, “mientras que el gran desequilibrio Norte-Sur persista las películas coproducidas con el Norte, completan un déficit de inversión en los países africanos. Es necesario la implicación de los dos lados”. Pero ahí se encontraban casi cincuenta jóvenes defendiendo sus proyectos para ser apadrinados.

 

'Viaje de la esperanza', documental seleccionado en la pasada Berlinale, del burkinabés Michel Zongo y que compite en FESPACO.

‘Viaje de la esperanza’ del burkinabés Michel Zongo. Documental seleccionado en la pasada Berlinale y que entra a concurso en este FESPACO.

 

¿Y qué ocurre con las escuelas de cine africanas?

Estas escuelas se inauguraron en 2006, es decir, unos cincuenta años después del estallido de los cines africanos. El resultado durante medio siglo ha sido que entre la generación de directores formada en Europa y la actual hay una brecha pronunciada aunque que poco a poco se va mitigando. La edición de este FESPACO le otorga una especial importancia a las academias como recalcó este fin de semana Baba Hama, Ministro de Turismo y Cultura de Burkina Faso. Para él, la cooperación entre las escuelas tiene que mantenerse “para repensar el futuro de nuestro cine en plena crisis económica y financiera. Por eso el uso de las nuevas tecnologías nos permiten estar siempre presentes en la escena mundial”. Sin embargo, FESPACO continúa sin definir su posición a la apertura de una sección a concurso sobre producciones realizadas en formato digital. ¿Quizás en la edición de 2015?

Sobre la mesa y durante estos días se debatirán preguntas que sobrevuelan sobre estas escuelas en los foros cinematográficos africanos: ¿se creará una fuerte competencia en el mercado audiovisual? ¿Habrá aceptación y buen recibimiento de los profesionales que no quieren ser relevados de sus funciones por los jóvenes graduados con tres años de estudio? ¿De qué forma se organizarán para seguir identificando las necesidades de desarrollo en los sectores más necesitados en esta industria? De momento, lanzamos un órdago al aire y tomamos al pie de la letra las palabras de Baba Hama, cuando dijo, en la inauguración del pasado sábado, que hay que tener en cuenta las políticas públicas de los países africanos para promocionar y desarrollar el cine que se realiza en el continente.

A continuación, os dejamos un vídeo sobre el FESPACO 2013 recién salido del horno y elaborado por el Instituto de la Imagen, fundado en 2003 por el cineasta burkinabés Gaston Kaboré. Por esta escuela, que el próximo jueves 28 de febrero cumple 10 años, han pasado más de 700 profesionales de 26 países africanos, sin duda, un escaparate para tomar nota de las nuevas tendencias en cine, televisión y multimedia.

Tras los pasos del cine de animación africano (I)

Mish Mish Effendi, héroe animado egipcio creado por los hermanos Frenkel en 1936.

 

El cine de animación en África tiene una historia similar en la línea del tiempo al del cine convencional aunque su popularidad y expansión haya tenido un camino más sosegado, escaso, y disimulado. Los inicios, propagandísticos y coloniales, se remontan a los años 30 cuando los hermanos David y Shlomo Frenkel quedaron hechizados en Egipto al ver en pantalla a Mickey Mouse. El ratón más famoso del mundo serviría de fuente de inspiración para que los Frenkel desarrollaran mediante el sistema de ensayo error su propio personaje de animación, el héroe Mish Mish Effendi, apareciendo en la película Fayda Mafish que debutó en El Cairo el 8 de febrero de 1936. En esta primera entrada de una serie sobre el cine de animación en África, pretendemos acercarnos a los primeros trabajos que se realizaron en el Norte de África y Níger hasta la década de los setenta.

Anuncio de Mish Mish en el periódico La bourse Egytienne.

El largo recorrido de los dibujos animados en el mundo se remonta a 1877, antes que el nacimiento del propio cine, cuando Emile Reynaud creó el Praxinoscopio, partiendo del zootropo que desarrolló Honer en 1834. Pero no sería hasta los primeros años del siglo XX que se produciría la primera película animada, La casa encantada, obra del español Segundo de Chomón y producida por J. Stuart Blackton, donde se utilizó por primera vez la técnica “stop-motion” para darle vida a objetos inanimados. El filme se hizo enormemente popular y su técnica se divulgó entre cineastas de todo el mundo, que empezaron a experimentar con historias de títeres, marionetas y maquetas. El nacimiento del cinematógrafo de los hermanos Lumière presentado en sociedad en diciembre de 1895, coincide prácticamente con el momento en el que las potencias europeas se repartían África en la Conferencia de Berlín (1884-1885). Este acontecimiento que conformaría prácticamente el actual mapa africano  determinó una forma de reflejar el continente en la gran pantalla enfocada a realzar las virtudes de la colonización. De esta forma, y como apuntara Paulin Soumanou Vieyra, uno de los primeros directores africanos que pudo hacer cine en África: “En lo sucesivo, ya no se tratará de reino ashanti, de pueblos bacongo o yoruba, sino del África francesa, inglesa o española”.

Los primeros trabajos sobre cine de animación nacerían pues en Egipto con Mish Mish Effendi, un héroe árabe inspirado en los personajes de los hermanos Fleischer, los creadores de Popeye o Betty Boop. Los Frenkel se convirtieron rápidamente en baluartes de la identidad nacional del país como demuestra que en 1937 recibieran  una orden oficial del Ministerio de Agricultura para que Mish Mish apareciera en películas didácticas cuyo principal objetivo fuera cómo erradicar las plagas de algodón. Del mismo modo, en 1939, el Ministerio de la Guerra les ordenó realizar una película patriótica sobre las virtudes del ejército. Pero no sería hasta los años 60 cuando este nuevo sector adquiriría un peso notable en Egipto. El precursor Ali Muhib, considerado como el padrino de los animadores egipcios, abrió un departamento de animación en la televisión nacional logrando así una continuidad de la labor pionera de los hermanos Frenkel, y consolidando Egipto como la principal industria de la Animación de Africa y del Mundo Árabe por aquel entonces. Como escribió Gianalberto Bendazzi en su ensayo African Cinema Animation“Cine de animación en Egipto vio un renacimiento gracias a Ali Muhib y su hermano Husam, que dio nacimiento al Departamento de Cine de Animación en el canal de televisión nacional que fue inaugurado en 1960. En 1962 Ali Muhib dirigió The White Line, una película de animación más veinte y cinco minutos de acción en vivo, que era un cruce entre un musical corto y un documental. (…) En 1979 dirigió la primera serie de animación árabe, Mishgias Sawah, compuesto de treinta episodios”. Pág. 22.

 

Algunos ejemplos de películas de animación egipcias.

 

Gracias al impulso que le dio Muhib, el sector de la animación en Egipto continuó prosperando de la mano de nuevos realizadores como Ihab Shaker (primer miembro egipcio y africano de la Asociación Internacional de Cine de Animación Africano (ASIFA)), Noshi Iskandar, Radha Djubran y  Zeinab Zamzam. La película de Shaker, La botella (1968), que podéis visionar más abajo, adquirió un importante protagonismo en la animación egipcia. El norte de África se convertía, de este modo, en una fuente riquísima de este nuevo cine. Es el caso de Argelia, donde el director Mohamed Aram realizaba La fete de l’arbre (1963). Aram se caracterizó rápidamente por sus animaciones en blanco y negro y con un enfoque educativo y social; agricultura, alfabetización o salud fueron algunos de los trabajos de este argelino que junto a su equipo crearon más de veinte producciones entre 1963 y 1999.

 

 

Como colofón a esta primera entrada sobre el cine de animación africano bajamos al sur del Sahara. En 1963,  veía la luz en Níger la película La mort du Gandji (1963), del considerado padre de la animación africana, Moustapha Alassane. Son diversos autores los que ven en Alassane a un gran autodidacta que desarrolló con maestría el “stop-motion” con muñecos animados simples y directamente sobre la base de la película. Recrearse en los trabajos de este mago del celuloide es un himno a la creación artística; es la historia de un adolescente inquieto y curioso que construyó su propia linterna mágica y luchó toda su vida por su arte en condiciones extremadamente difíciles y con muy pocos medios. Entre sus películas se encuentra un clásico del cine de animación subsahariano, Bon voyage sim (1966).