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Para no aburrirse… muchas letras africanas

Afortunadamente en los últimos meses se han producido un buen número de lanzamientos editoriales de autoras y autores africanos. Eso significa que el verano se abre ante nosotras con trabajo pendiente, no hemos podido seguir el ritmo de reseñas de esas nuevas presentaciones, pero aprovecharemos este mes de agosto, para poneros al día en el nuevo curso.

Sin embargo, aunque no os hayamos podido ofrecer esas reseñas no nos podemos resistir a proponeros algunas de esas novedades. Así compartimos la experiencia.

La revolución vertical, de Ngũgĩ wa Thiong’o

Forma parte de un interesante proyecto del que ya hablamos en Wiriko y que ha hecho que el relato del escritor keniano se haya editado simultáneamente en seis ediciones bilingües en las que el kikuyu en el que fue escrita originalmente la historia comparte páginas con el castellano, el catalán, el euskera, el galego, el aranés y el bable.

En este caso, os traemos la versión castellano-kikuyu que ha lanzado la editorial Rayo Verde, pero en el proyecto también estaban Raig Verd, Txalaparta, Editorial Galaxia y Pagès editors.

Quien teme a la muerte, de Nnedi Okorafor

Nos llega una nueva novela de la referente actual de la literatura de ciencia ficción africana. Nnedi Okorafor es una escritora nacida en Estados Unidos, pero de origen nigeriano que se reclama como heredera de la tradición africana en la construcción de sus mundos literarios de ciencia ficción. Después de las dos primeras piezas de la trilogia Binti, la editorial Crononauta nos acerca esta novela de la escritora, una de sus obras más aclamadas, antes de que su potencial fuese aplaudido por la industria editorial global.

Siguiendo con la iniciativas interesantes. Nos encontramos con que las editoras que se lanzan a la publicación de obras de autoras africanas, además apuestan por nuevas formas de edición. En este caso, al mismo tiempo la novela de Nnedi Okorafor se ha publicado simultáneamente en castellano, de la mano de Crononauta, y en catalán, a través de Raig Verd, bajo el título Qui tem la mort. El entendimiento entre las responsables de estas dos valientes casas editoriales ha permitido este lanzamientos múltiple.

Terra somnàmbula, de Mia Couto

Volvemos a hablar de la primera novela del mozambiqueño Mia Couto, la que publicó hace veintisiete años, justo cuando se firmaba la paz en la guerra civil que había asolado su país. El relato, máxima expresión del estilo onírico de Couto, vuelve a estar de actualidad gracias a la edición que Periscopi ha hecho en catalán.

África en transformación, de Carlos Lopes

La colección de ensayos que Casa África impulsa a través de la editorial Los libros de la Catarata tiene un nuevo volumen. Se trata de una reflexión de Carlos Lopes sobre la situación actual, pero también la trayectoria y la proyección del desarrollo económico del continente africano. Lopes, uno de los economistas africanos más prestigiosos, ha querido poner los puntos sobre las ies, contestar los mitos en negativo y también puntualizar una euforia infundada. Se trata de que una voz extremadamente autorizada ofrezca un análisis riguroso de la situación.

Lluitar amb el diable, de Ngũgĩ wa Thiong’o

De la producción de no ficción del escritor keniano, esta es la obra más impactante. Así al menos lo considera Laura Huerga, la editora de Rayo Verde y de Raig Verd que se ha empleado a fondo en la tarea de acercarnos las reflexiones y las opiniones de uno de los autores africanos con más reconocimiento. En este trabajo, Ngũgĩ wa Thiong’o repasa el año que pasó en prisión, como represalia del régimen keniano por haberse acercado a las clases más populares a través de un teatro social y pedagógico.

No hables, de Uzodinma Iweala

Iweala está contribuyendo a un arduo trabajo en el que se han empleado muchos artistas africanos: dinamitar el tabú en torno a la homosexualidad. En este caso, el autor estadounidense de origen nigeriano nos traslada a las dificultades que entraña en las relaciones familiares la diversidad sexual. Alianza de Novelas (AdN) se ha fijado en otra de las voces de esa floreciente literatura de diáspora que cada vez consigue más visibilidad. Iweala se hizo conocido en el entorno editorial con su primera novela Bestias sin patria que abordaba el fenómeno de los niños soldados.

Doce relatos urbanos, doce voces africanas, de varios autores

La periodista canaria Ángeles Jurado se ha encargado de coordinar este volumen de relatos impulsado por Casa África en su colección de narrativa de la editorial Baile del Sol. Doce relatos urbanos, doce voces africanas recoge historias de una nómina de autores de primera línea que ofrecen una visión sobre las realidades urbanas del continente. Esta narrativa sobre las ciudades se está convirtiendo en unas de las principales herramientas para romper con algunos de los estereotipos que se ciernen sobre África. Las ciudades africanas son espacios extremadamente dinámicos y los narradores y las narradoras africanas las están relatando de una manera inmejorable.

Antología poética, de Gabriel Mwéné Okoundji

Un poco de poesía también se puede hacer un hueco en las lecturas veraniegas. Si los y las autoras africanas están infrarrepresentados en la actividad editorial en España, la publicación de poesía es una auténtica excepción. La Editorial Pre-Textos ha escogido a este autor congoleño ampliamente reconocido en el panorama internacional para acercarnos una obra poética cargada de originalidad. En realidad Okoundji ya había sido traducido al español, pero a través de la editorial argentina Babel. Ahora el poeta congoleño llega también al panorama editorial español.

Bajo las ramas de los udalas, de Chinelo Okparanta

Okparanta ha sido adoptada como una revelación y un referente por algunos apasionados de las literaturas africanas que tratan temas de diversidad sexual. En este caso una historia de amor poderosa y desgarradora se produce en pleno conflicto de Biafra en Nigeria. El contexto de guerra no es único inconveniente que tendrán que superar las protagonistas de la novela para que sus sentimientos ganen la partida. La editorial Baile del Sol ha recuperado empuje con la edición de esta historia que si recibe la atención necesaria debería atraer una atención equivalente a la que ha atraído en otros países.

La societat dels somiadors involuntaris, de José Eduardo Agualusa

El escritor angoleño José Eduardo Agualusa regresa a las estanterías, en este caso, por la publicación en catalán de su penúltima obra. La editorial Periscopi seguramente se ha visto animada por el fantástico recibimiento que tuvo la recuperación el año pasado de Teoria general del olvido (en catalán) y ha hecho en este caso apenas se lo haya pensado para traducir la última novela y penúltimo libro de Agualusa. El narrador mozambiqueño tiene un espacio indudable en la producción editorial española, sin embargo, en los últimos años ese espacio se ha ido consolidando y ensanchando a fuerza de que los y las lectores se encuentren con los relatos fabulosos de este contador de historias incontestable.

Murambi, el libro de los huesos, de Boubacar Boris Diop

El escritor senegalés Boubacar Boris Diop publicó Murambi por primera vez en el año 2000, como como resultado de su participación en una iniciativa que pretendía afrontar el genocidio de ruanda desde la literatura. Diop recreo el escenario de la crisis ruandesa a través de una historia aparentemente ficcionada pero cimentada en una investigación rigurosa de los hechos. La de Diop fue una de las serie de diez novelas que otros tantos autores publicaron dentro de ese mismo programa.

Murambi fue recuperada por la editorial Wanáfrica en 2016 y ahora ha sido publicada por la editorial 2709 books que, como de costumbre hace una propuesta particular. Esta curiosa editorial pone a disposición de los y las lectoras los libros, únicamente en formato digital y lo hace con precios extremadamente atractivos. Recuperamos de esta manera un relato imperdible por el contenido, pero también por la filosofía que lo motivó y lo permitió.

Cuentos para niños perdidos, de Diriye Osman

Acaba de aparecer en castellano una de las colecciones de relatos que causó sensación cuando se publicó originalmente en inglés. Diriye Osman es un escritor y un artista visual de origen somalí que se crió en Nairobí y ha acabado instalándose en Londres. A través de esta serie de relatos que en su momento recibió el aplauso de la crítica, Osman aborda el universo de la comunidad LGBTIQ somalí y de África Oriental y sus interesecciones con la diáspora, el hecho migratorio, la búsqueda de identidad, los conflictos domésticos y familiares y la inestabilidad de la salud mental que para algunos de ellos provocan estas crisis. A pesar de ser relatos, a menudo descarnados y dramáticos, Osman asegura que, en general, ha querido transmitir la alegría de encontrarse a uno mismo y de conseguir que los deseos propios se puedan materializar. Otro de los referentes de los últimos años en la literatura LBGTIQ africana que llega en español hasta nuestras librerías de la mano de Team Angelica.

Freak de l’Afrique: el afrohouse que emerge de Berlín

Freak de l’Afrique es un grupo de DJs y productores que quieren llevar el lado moderno de la música africana a los clubes de la escena de clubes europeos”. Así se define DJ Wallizz, uno de los integrantes del colectivo.

En efecto, Freak de l’Afrique colocó a Berlín en el mapa internacional de Afrobeats & Afrohouse. con sus fiestas mensuales como “The Afro House Experience”, “Bantu’s Diary” o “Black Paper”. DJ Wallizz (Angola) y DJ Nomi (Ghana) de Berlín crearon una propuesta nocturna que se centra en los sonidos de los clubs que emergen de África y que redefinen el sonido club de la capital. “En Berlín, tenemos una gran noche Afrohouse llamada RISE que se celebra una vez al mes en el club Watergate, que es conocida por albergar a los nombres más importantes en la escena global de House & Techno”,

La conexión Berlín-Luanda está siempre presente: “uno de los miembros de nuestro equipo es de Angola, por lo que siempre tuvimos una conexión cercana con ese país. Además, somos grandes fans del kuduro y el afrohouse angoleño. Son algunos de los estilos más poderosos de la música africana y funcionan especialmente bien con el público europeo, ya que combinan perfectamente los ritmos eléctricos con los patrones de percusión africanos”, explican desde el colectivo. ¿Y cuál es la situación del afrohouse fuera del continente? ¿Se está expandiendo la escena? El dúo lo tiene claro: “La escena del Afrohouse ha aumentado mucho en los últimos años. Artistas africanos como Black Coffee, Shimza o Djeff están recorriendo el mundo y, al mismo tiempo, muchos productores europeos están lanzando canciones de Afrohouse”. Y añade: “En general, tanto en Europa como en África el público está sorprendido de que toquemos una gran variedad de sonidos africanos. Esto se debe a que en nuestras fiestas en Berlín tenemos un público muy diverso al que le gusta diferentes estilos de música. Así que tenemos que tocar todo, desde los populares éxitos de Naija, hasta Gqom, Coupé Décalé, entre otros”.

Pero además de ser especialistas en montar grandes fiestas en la capital alemana, Wallizz y Nomi decidieron comenzar su propio proyecto que llamaron Freak de l’Afrique, en el que empezaron a difundir sus propias producciones influenciadas por el afrobeats —estilo musical diferente del “afrobeat” nigeriano—, el Afrohouse angoleño y Gqom sudafricano.

Los patrones percusivos africanos son básicamente la base de todas nuestras producciones. Como todos tenemos raíces africanas, crecimos con los sonidos tradicionales africanos y hoy en día los combinamos con los estilos Hip Hop, Dancehall y House”. Publicaron su single debut que se llama “Mama Eh” con remixes de Jowaa y X Trio. Y más recientemente, “Akom” acompañados de Gafacci y DJ Satelite. Cambel y Wallizz viajan regularmente a Luanda, la capital mundial del Afrohouse donde grabaron el videoclip de “Mamá eh” junto con grupos de danza local.

 

Tras pasar por Madrid para celebrar el Día de África en un concierto organizado por Moto Kiatu, con los que compartirán escenario, los proyectos que tienen a la vista son muchos: “en junio, invitaremos a DJs y artistas internacionales a Berlín para el Carnival of Cultures, que es nuestro punto clave del año. Después nos iremos a tocar al este de África y tenemos previsto lanzar algunas canciones de algunos artistas africanos muy conocidos.”

Escucha a Freak de l’Afrique

¿Quieres descubrir este grupo y celebrar el Día de África en Madrid? ¡Compra tus entradas con consumición para este viernes 24 de mayo!

 

Un Día del Libro o un Sant Jordi africanos

En los últimos meses algunas editoriales valientes nos han acercado algunas obras de autores africanos, algunas auténticos clásicos; otras, una muestra de las producción más innovadora. Aprovechamos la cita del Día del Libro y de la fiesta de Sant Jordi, el próximo 23 de abril, para recopilar algunas de las novedades más notables publicadas en nuestro entorno.

La revolución vertical

Un proyecto en el que varias editoriales del Estado español se han puesto de acuerdo para lanzar este cuento del keniano Ngugi wa Thiong’o en unas cuidadas ediciones ilustradas bilingües en el original kikuyu y español, asturianu, euskera, galego y aranés. El último relato del genio keniano de la literatura universal con todo el sabor y la riqueza narrativa de la tradición africana y con una proyección hacia el futuro y hacia el mundo que nos interpela a todos.

Binti

Nnedi Okorafor es la máxima expresión de la ciencia ficción africana y Crononautas ha publicado los dos primeros volúmenes de su primera trilogía Binti. Una muestra de esa fortaleza de la literatura fantástica que surge del continente y que tiene la capacidad de abrir nuevos escenarios, por ejemplo, el de una joven himba en un viaje interestelar en el que se ocupa de tejer redes entre las diferentes especies. Además, nos mantiene pendientes de la próxima publicación de la tercera y última novela de la trilogía.

Terra somnàmbula

Mia Couto vuelve a construir en Terra somnàmbula unos universos que se entrecruzan para confeccionar una narración magnética. El pasado, la violencia, los escenarios aparentemente irreales, casi oníricos, le permiten al mozambiqueño contar historias de una manera muy particular. Como en otras ocasiones, la traumática experiencia de la guerra en el país africano aparece de manera sistemática como telón de fondo de esta historia que tiene mucho que ver con la búsqueda del camino propio.

La societat dels somiadors involuntaris

El angoleño José Eduardo Agualusa sigue edificando escenarios que le permitan contar la Angola contemporánea. En este caso, el hilo conductor es el sueño, los sueños, más bien, y las diferentes relaciones de los protagonistas con los sueños, en gran medida como una alternativa a una realidad traumática.

No hables

Uzodinma Iweala es, en realidad, un escritor nacido en los Estados Unidos, pero de padres nigerianos. En su obra, esas raíces nigerianas tiene una enorme importancia. En su presentación en el mundo editorial, Iweala se sumergió en la realidad de los niños soldados. En esta última novela, No hables, el escritor se ha preocupado por un tema que ha ido ganando visibilidad en los últimos años. El protagonista tiene que hacer frente al reconocimiento de su homosexualidad y sobre todo a la reacción de su familia.

Las mentiras que nos unen

Esta última propuesta es un libro de ensayo. Concretamente, se trata de un trabajo del filósofo ghanés Kwame Anthony Appiah, que propone una visión sobre la identidad poco convencional. Apphiah pone en cuestión la mayor parte de los pilares atribuidos a esa construcción de la identidad y también a sus consecuencias.

Las divas del kuduro se abren paso en la batida

6ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Elisenda Pallarés Piquer

“Una celebración de la supervivencia y, por lo tanto, de la vida”, así define la historiadora Marisa Moorman al género musical que arrasa en Angola y es todo un fenómeno en la cultura contemporánea que ha traspasado las fronteras del continente africano: el kuduro. Este estilo musical electrónico surge en los años 90 en los barrios más desfavorecidos de Luanda, llamados musseques, y se expande como la pólvora gracias a los taxis populares. Indisociable a la danza, se caracteriza por movimientos frenéticos de todo el cuerpo muy expresivos.

Es un arte de postguerra que denuncia en sus primeras letras situaciones de pobreza y violencia. El kuduro es a su vez un signo de identidad de los angoleños y de pertenencia a su barrio y de modernidad a la vez. En sus letras utilizan el portugués mezclado con lenguas nacionales como el kimbundu, como símbolo de respeto a sus tradiciones. Para el kudurista su barrio es muy importante, a menudo las bandas de kuduro se ponen el nombre de su gueto y protagonizan disputas con otros grupos de otros barrios en videoclips grabados en sus calles. Y sin embargo, es un fenómeno de masas en otros países también de Occidente y América. Se asemeja a otras  músicas electrónicas mainstream como pueda ser el house. Sus cantantes más conocidos suelen ser chicos jóvenes con una apariencia urbana que muestran el uso de las nueva tecnologías.

El kuduro es bailado por niños y adultos, hombres y mujeres de distintas clases sociales. Si bien el los videoclips siempre han aparecido hombres y mujeres, los primeros grupos que popularizaron el género, como Batida, Tony Amado o el colectivo Os Kuduristas, estaban compuestos por hombres. La cantante Dama Linda apunta como punto de inflexión la irrupción de su colega Fofando. Cantantes como ellas habían sido parte del cuerpo de baile de grupos masculinos, pero cuando Fofando “explotó” comenzaron a abrirse paso como protagonistas. “Si ella podía, nosotras también”, afirma la cantante en una entrevista con la académica Debora Costa de Faria. “Las mujeres vamos a controlar el mercado del kuduro”, asegura Dama Linda en el documental dedicado a Angora de Afripedia.

Algunas kuduristas han alcanzado una gran fama en los últimos años. Algunas de ellas se baten con otros artistas en sus videoclips o se unen para producir temas conjuntos. En el año 2015 las artistas Noite e dia, Fofandó, Própria Lixa (fallecida poco después), Cesaltina the Brilho y la transexual Titica juntaron sus voces en la canción para grabar en el álbum Divas do Kuduro. La artista Noite e dia ha lanzado recientemente con éxito temas como Le avança o Abre o livro, donde reflexiona sobre los conflictos que existen en el género musical. En el año 2017 fue reconocida como la mejor cantante de kuduro del año en Rio de Janeiro.

Tititca, la artista transgenero más reconocida de Angola.

Pero si hay una artista que triunfa en este momento en el panorama del kuduro, es sin duda Titica. Esta transexual desafía el statu quo en un país mayoritariamente cristiano y en el que la homosexualidad y la transexualidad son temas tabú. Es muy conocida en Brasil y ha representado a su país en Europa y los Estados Unidos. En su los primeros versos de la canción Olha o boneco, analizada por Simone Evangelista Cunha, Thiago Soares i Luciana Xavier de Oliveira, Titica dice ser “la nueva estrella del kuduro de Angola” en francés, posiblemente dirigiéndose a un público extranjero. Titica ofrece una estética diferente en sus videoclips y visibiliza la comunidad LGTBI. Se puede englobar en lo que el sociólogo Motti Regev denomina como “cosmopolitismo estético”. Al tratar la transexualidad mediante un género musical periférico y representar a su vez clichés de la música pop, Titica produce nuevas formas de visibilidad a nivel local y global. En una entrevista concedida a la edición brasileña de El país en el año 2015, se describe a si misma como la que “no tiene miedo de nada” y afirma que el kuduro es “danza, alegría, movimiento”. La artista asegura que la gente cree que el kuduro es música para bandidos y drogados, pero no lo es. “Es una forma de ahogar las penas cantando con alegría”, explica.

El kuduro inserta en ocasiones movimientos y un lenguaje agresivo, de denuncia de las desigualdades o de batida entre grupos. De hecho, nombres como Gata agressiva o Tuga agressiva pertenecen a kuduristas y el ministerio de Cultura ha sugerido en el pasado que el kuduro promoviese tan sólo mensajes positivos. Pero el kuduro ha credido exponencialmente en las últimas décadas, bebiendo de otras influencias y ritmos musicales y ampliando sus temáticas y estéticas. Este signo de identidad para los angoleños permite a los jóvenes dejar de ser receptores pasivos para convertirse en protagonistas a través de sus canciones y su danza. Como indican los sociólogos y antropólogos Guilhermo Aderaldo y Otávio Raposo, “reelaboran el significado de ser joven (pobre y negro)”, formulando identidades positivas sobre sí mismos que contradicen los estereotipos. Artistas como Note e dia o Titica, además, parecen empoderan a la mujer y al colectivo LGTBIQ gracias a sus obras y movimientos incansables.

 

Bibliografía:

Sheridan, G. (2014): Fruity Batidas: The Technologies and Aesthetics of Kuduro. Journal of Electronic Dance Music Culture.

Cunha, E., Soares T., Xavier de Oliveira, L. (2016): Performatividade de gênero na cultura midiática: dinâmicas de visibilidade nas trajetórias de MC Xuxu e Titica Gender Performativity in media culture: visibility dynamics in trajectories of MC Xuxu and Titica Simone. Universidad Tuiuti do Paraná, Brasil.

Costa de Faria, Debora (2018): Narrativas musicais contemporâneas entre o local e o global: os casos do funk brasileiro e do kuduro angolano. Cadernos de Arte e Antropologia.

Soles i Coll, Gemma (2014): Una nueva pandemia invade Europa: el kuduro. Wiriko: https://www.wiriko.org/musica-artes-escenicas/una-nueva-pandemia-invade-europa-el-kuduro/

Rossi, Marina (2015): Titica, a cantora transexual de kuduro que é sexy sem ser vulgar. El Pais: https://brasil.elpais.com/brasil/2015/09/16/cultura/1442431764_247001.html

Redvers, Louise (2012): Transsexual artist Titica takes Angola by storm. BBC: https://www.bbc.com/news/world-africa-17628726

Gomes, Wilds (2018): A evolução do Kuduro de Angola e agora do mundo. Bantumen: https://www.bantumen.com/kuduro/

Agualusa y Luanda vista desde una ventana

Ludovica podría escribir una teoría general del olvido en las paredes del apartamento de lujo desde el que ha visto los primeros años de la independencia de Angola. Encerrada pero libre o, más bien, confinada voluntariamente. La historia aparentemente delirante de una mujer que se empareda en su propio piso resulta ser la fórmula perfecta para observar y vivir de una manera muy particular los tiempos convulsos del final de la colonización, las guerras civiles o las purgas.

El escritor angoleño José Eduardo Agualusa. Fuente: Web del autor

José Eduardo Agualusa imaginó ese relato improbable y bailó con las palabras para hacerlo realidad y conseguir que el lector lo aceptase y lo digiriese, para que se entregase a él sin poner ninguna pega. El escritor angoleño publicó originalmente la novela en 2012, el año pasado Edhasa lo publicó en castellano y Editorial Periscopi ha editado la traducción al catalán de Pere Comellas Casanova, en un volumen que incluye un prólogo en el que Xavier Aldekoa acerca al lector a la actualidad angoleña. Esta última edición de Teoria general de l’oblit le ha valido a Agualusa el último Premi Llibreter que concede el Gremi de Llibreters de Catalunya, en la categoría de otras literaturas.

Ludovica Fernandes Mano es una portuguesa que llega Luanda acompañando a su hermana. Ludo no soporta los espacios exteriores, acaba viviendo junto a su hermana Odete y cuando esta se casa con un exitoso empresario angoleño, ambas acaban trasladándose a Luanda. La particular familia se ve zarandeada por la llegada de la independencia. Odete y su marido Orlando, desaparecen en la época en la que los colonos abandonaban con lo puesto la capital angoleña. La joven acaba emparedada en su propio apartamento, en un edificio de lujo que se queda vacío como un esqueleto, pero acaba recuperando el latir de una vida intensa.

Desde sus ventanas, Ludo contempla la ciudad en ese momento crucial. Agualusa convierte a Luanda en un personaje de su novela. La ciudad late con fuerza más allá del ventanal, mientras Ludo “cierra las ventanas para evitar que el piso se llene de las risas del pueblo en las calles, que estallaban en la calle como fuegos artificiales”. Después del pánico, la protagonista se acostumbra a mirar a la ciudad desde las alturas. “La vista se le fue hacia una inscripción, en pintura roja, en la pared manchada de sangre, picada de balas. En vez de ‘La lucha continúa’, algún despistado había escrito ‘El luto continúa’”.

Agualusa ha compuesto en Teoria general de l’oblit un mosaico que por un momento parece una sucesión de pequeñas escenas inconexas. De pronto, con un discurso sutil, el hilo que une discretamente todas esas vidas se va desvelando con suavidad. Hasta los episodios más descabellados encajan en un puzle construido con mimo. Y en medio de la narración Agualusa desliza constantemente la crítica, pero no es una crítica política dogmática sino una reprobación de un pasado y una trayectoria que marca un presente. “No conseguimos la independencia para esto. No para que los angoleños se maten unos a otros como perros rabiosos”, le dice Papy Bolingô al Reyezuelo después de haberle salvado de una detención o un linchamiento. El mismo Papy Bolingô se erige en Pepito Grillo de ese levantamiento y convence a Reyezuelo cuando afirma: “Sólo me interesan las revoluciones que empiezan sentando al pueblo a la mesa”.

Monte, un controvertido detective de la policía política, un personaje poco propicio para las lecciones moralistas, también tiene su propia lectura de la evolución de la revolución cuando critica “el sistema capitalista, que allá, en Angola, ha crecido como el musgo entre las ruinas, lo iba pudriendo todo, lo corrompía todo, y, de esta manera, engendraba su propio fin”.

Durante su encierro, Ludo no tiene más remedio que ir consumiendo el apartamento es como si se fuese devorando poco a poco a sí misma. Cuando acaba con las provisiones se las ingenia para plantar vegetales y proveerse de carne de las manera más imaginativas. Quema los muebles y la mayor parte de una biblioteca que admira. Pero a cambio, va contando su historia y dejando constancia de las derivas de su mente en las paredes de su vivienda-prisión-sarcófago. “Ahorro comida, agua, fuego y adjetivos”, le hace decir Agualusa en una de las frases más deliciosas de la novela. “Me doy cuenta de que he transformado todo el piso en un inmenso libro. Una vez que haya quemado la biblioteca, una vez que haya muerto, sólo quedará aquí mi voz”, señala Ludo en referencia a cómo va emborronando las paredes con carbón con sus historias. Ella misma duda de la fuerza que le mantiene en el apartamento. “Prefería morirse allí, prisionera pero libre”, explica.

Entre tanto, Ludo se convierte para continuar poniendo el dedo en la llaga de algunas de las fallas sociales angoleñas, más allá, incluso de esa deriva del régimen. Ludo no puede ocultar sus prejuicios, ni siquiera después de haber decidido vivir en Angola. “Hablaban entre ellos en una de aquellas lenguas melódicas y enigmáticas”, piensa refiriéndose a unos de sus vecinos. Pero es que en un momento dado pone al descubiertos todas esas ideas preconcebidas: “Veía el resumen de todo lo que le horrorizaba de Angola: salvajes que celebraban alguna cosa – una alegría, un augurio feliz – que le era extraña”. “Le había hablado del calor, de la humedad, de la amenaza de las mujeres, pero no le había preparado para aquel exceso de vida, el remolino de emociones, el borboteo embriagador de sonidos y olores”, comenta en referencia a un escritor recién llegado a Luanda.

Los episodios que se entrelazan van haciendo que la historia se despliegue y tome caminos insospechados. Agualusa no sólo juega con la narración y con las palabras, sino que además parece divertirse trasteando con la realidad y la ficción, con lo visible y lo invisible, con lo científico y las creencias. La obsesión por clasificar ha llevado a algunos analistas a crear la etiqueta “realismo mágico africano” para las historias en las que se refleja la relación natural que muchas sociedades africanas establecen entre el mundo espiritual y el de los vivos. También han sido muchos los autores africanos que han eludido ese sello. Agualusa le da una vuelta más a la historia de esa Luanda vista desde los ventanales, de ese mosaico de pequeñas historias, de ese repertorio de personajes pintorescos que acaban encajando como el engranaje de un reloj.

Desvelando Angola y las migraciones

Kianda apenas era una niña cuando se produjo uno de los episodios más oscuros desde la independencia de Angola: una purga entre las autoridades que el 27 de mayo de 1977 acabó con la vida de un numero indeterminado de personas, entre ellos revolucionarios de pedigrí, algunos de los que realmente lucharon y construyeron la emancipación del país. El padre de Kianda fue uno de aquellos purgados.

Kianda apenas era una niña cuando llegó a Londres y tuvo que pelear contra su historia y contra sí misma. La niña probó el sabor del desarraigo y después la necesidad de construir su propia identidad en un entrono adverso. Ella eligió deshacerse de su africanidad para reducir las ocasiones en la que le hacían sentirse la otra, la distinta.

Kianda ya es mayor cuando empiezan a caerse los velos que su madre había puesto a su vida para protegerla. La mujer, una auténtica luchadora, en el lecho de muerte se decide a revelar a Kianda algunos de los secretos de sus orígenes que nunca había conocido.

Kianda ya es mayor cuando supera el vértigo de la incertidumbre para dar una última alegría a su madre enferma: regresar temporalmente a Angola. En el país en el que empezó todo, la muchacha, ya convertida en una adulta con una personalidad muy compleja, se enfrenta a la realidad, en parte al pasado, pero también al presente e, incluso, al futuro.

Kianda, como no podía ser de otra manera es la protagonista de El sueño eterno de Kianda, una novela publicada por Borja Monreal Gainza y que ha merecido el Premio de Novela Benito Pérez Armas. Más allá de ese reconocimiento, el trabajo de Monreal se ha ganado también la excepción de Wiriko que, habitualmente, no reseña los trabajos de autores españoles sobre el continente. Sin embargo, la novela de Borja Monreal, responde a las condiciones que impone el compromiso de Wiriko. El sueño eterno de Kianda no reproduce estereotipos reduccionistas sobre la realidad africana. Al contrario, se sumerge en un complejo acontecimiento histórico que la historia oficial ha obviado. La novela, tampoco utiliza el continente para relatar historias a más gloria del blanco salvador ni dibuja de manera zafia a los personas africanos. El sueño eterno de Kianda es pura historia y pura historia angoleña y sus personajes no son complejos, sino tremendamente complejos, pasa cuando un autor decide no hacer concesiones y se arriesga a dibujar la complejidad de la realidad, las contradicciones, las dudas, la parte fea de la vida, junto a los sueños, los anhelos y las esperanzas. De todo un poco y, sobre todo, mucha vida.

Borja Monreal durante la presentación de la novela galardonada con el premio Benito Pérez Armas. Foto: CajaCanarias

Monreal se plantea cuál es tema fundamental de la novela y lo más curioso es que no tiene respuesta, al menos, juega a no desvelarla. La historia fundamental es la de la construcción de Angola. O bien, la historia que sustenta este relato es la de Kianda, la de su búsqueda de la identidad, una historia de migraciones, diáspora y viajes de ida y vuelta, de desarraigo y de regreso al origen. Seguramente, la novela se apoya sobre los dos pilares y por eso es mucho más sólida que si lo hiciese sobre uno sólo.

De la misma manera, el autor ha construido su narración sobre horas de entrevistas y ha conseguido que algunos angoleños se asombre por el hecho de que el autor no sea uno de sus compatriotas. Este periodista, curtido en los caminos del continente negro, de la mano de la cooperación y el desarrollo reconoce que no escribe con vocación estética sino para remover conciencias. En El sueño eterno de Kianda el resultado es un relato que se sostiene por sí mismo y en el que el autor incluso se permite el lujo de establecer su propio hilo temporal, viaja de una manera aparentemente desorganizada entre 1961 y 2012, pasando por 1965, 1974 o 1977. Va y viene, una y otra vez, sin miramientos por el lector que sólo necesita un poco de fe para darse cuenta de que los saltos guardan una lógica precisa para perfilar cuidadosamente media docena de personajes fundamentales. Y en cuanto a su voluntad, en este caso se trata de ponerse en la piel del otro, de entender al migrante, al habitante de la diáspora, al que trata, por supervivencia, de reconstruirse.

Borja Monreal intenta que el lector se acerque a Angola y los angoleños y pretende a partir de ese episodio poner de manifiesto una constante de las historias de muchos países africanos, pero también del norte global, el carácter efímero de la utopía: lo poco que duran las ilusiones.

Artes visuales ‘made in’ Angola: alma, cuerpo y empoderamiento

No son pocos los artistas angoleños que destacan en el amplio campo de las disciplinas visuales. Para muestra la Fundación Sindika Dokolo, las emergentes galerías y espacios artísticos presentes en Luanda, o el pabellón de Angola de la Bienal de Venecia. Tanto en esta cita europea del arte contemporáneo como en otros encuentros internacionales y locales, han expuesto Paulo Kapela, Paulo Kussy y Binelde Hyrcan, tres artistas de Angola que viven y trabajan en su país.

ALMA

Paulo Kapela (Maquela do Zombo, Angola, 1947) es un veterano de las artes. Tras iniciarse en la Escuela de Poto-Poto de Pintura en Brazaville (República del Congo), regresó a su país natal a principios de la década de 1960. Su trabajo enseguida le hizo un hueco en la Unión Nacional de Artistas Plásticos (UNAP), donde se le conocía como ‘el padre espiritual’.

A través de una combinación de símbolos animistas y católicos, sus obras hablan de política, moralidad y sistemas socioeconómicos que reflejan un sincretismo que encuentra entre sus collages su máxima expresión. En muchos de ellos, Kapela coloca un pequeño espejo en la frente de los individuos que retrata, lo que a menudo se interpreta como una referencia a las esculturas tradicionales Nkissi, las cuales llevan este elemento en el vientre como foco de poder.

 

CUERPO

Después de doctorarse en Anatomía comparada por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa, Paulo Kussy (Luanda, Angola, 1978) ha vuelto a la capital angoleña, donde da clases de Diseño en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. En sus obras, Kussy transporta al espectador a un espacio futurista en el que, sin embargo, la reflexión recae en el presente.

Así, en ‘Anatomilias’ muestra una relación entre las personas y las máquinas en la que no se sabe en qué punto acaba la necesidad y comienza la dependencia. Con un estilo que evoca al graffiti y un gran dominio de la representación anatómica, sus pinturas yuxtaponen el cuerpo y la robótica situando al individuo frente a una pantalla de la que cada vez está más cerca. Una línea que no abandona en su última exposición, ‘Mixtape/Fitas Magnéticas’, recientemente presentada en el Instituto Camões-Centro Cultural Portugués, en la que toma el elemento de la cinta magnética para profundizar en los mecanismos de selección de la memoria.

Mixtapes /Fitas Magnéticas / Paulo Kussy

Anatomillias / Paulo Kussy

 

EMPODERAMIENTO

El eclecticismo va de la mano de Hyrcan (Luanda, Angola, 1983). Antiguo alumno de la Escuela de Artes Plásticas de la Ciudad de Mónaco, lo mismo trabaja la escultura, como la pintura o el vídeo. Para su obra más conocida incluso aprendió taxidermia para realizar reproducciones de pollos a tamaño real a los que vistió de reyes, militares o astronautas con el propósito de cuestionar el poder mediante la sátira.

Otra de sus obras más destacadas es ‘Cambeck’, un corto protagonizado por cuatro niños que juegan en la arena a ir en limusina. Los roles que representan en este juego dejan al descubierto las relaciones de poder asociadas a la identidad.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en el boletín del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Dotorado Pro: las marimbas que revolucionan las pistas de baile

Con tan solo 11 años el talentoso Valdano António Mateus da Silva, alias Dotorado Pro, empezaba a crear sus primeros beats. Ello marcaría el inicio de una prometedora carrera que se presenta por primera vez en Madrid, el próximo 25 de mayo en la Sala Siroco, Día de África, en una producción de Moto Kiatu el colectivo pionero en la difusión de música electrónica africana.

Este angoleño es un joven y prolífico músico, basado en Portugal, concretamente en Setúbal, una localidad pesquera cercana a Lisboa, que hace un par de años revolucionó el panorama musical electrónico, tanto en África como en las pistas de baile europeas. En ese momento, a sus 16 años y cuando aún no tenía permitida la entrada a las discotecas, “African Scream” sonaba muy alto en los clubs de Europa y en una escena en la que productores y Dj’s de electrónica africanos y europeos situaban a esta joven promesa entre sus favoritos. ‘African Scream llegaba rápidamente a las 350.000 reproducciones en Soundcloud y catapultaría al joven productor a lo más alto de la escena del afrohouse en Europa y África.

Aunque llegó muy pequeño a Portugal con su familia huyendo de la inestabilidad de la guerra más larga de África, la de Angola (que duró más de 25 años), sus influencias están claramente marcadas por el kuduro del que os hemos hablado en Wiriko en algunas ocasiones. Dotorado Pro cuenta en Wiriko que ha vivido en Lisboa casi toda su vida y que no ha vuelto a Angola por lo que sus conocimientos “vienen de casa”. Aún así es fácil detectar que su estilo bebe irremediablemente de los sonidos que se escuchan en África, a pesar de que forma parte de esos artistas jóvenes que han conocido los sonidos que se crean en África o en otros puntos del continente a través de Internet, que hoy en día facilita el descubrimiento, la creación y la difusión de nuevos sonidos y producciones. Estos sonidos van más allá del kuduro y afrohouse para adentrarse en sonidos como la kizomba o el tarraxo angoleños, a través de remezclas de sus propios temas.

En una entrevista a la revista Thump, el artista reconoce que no se esperaba el éxito de “African Scream” su tema debut que le ha permitido mostrar al mundo lo mucho que le gusta hacer música y moldear su propio estilo. Lo que en principio empezó con la subida de sus canciones a Soundcloud por pura diversión, acabo siendo su profesión cuando se dio cuenta de que lo que hacía era sonaba muy bien y de que podía tener una gran audiencia.

Pero si algo destacamos dentro del estilo de Dotorado, son las marimbas ya presentes en Africa Scream junto con sintetizadores, vocales y con percusiones. Para este joven productor, la marimba es un instrumento que le da un aire “africano” a la canción y dice: “como mis orígenes son de África, estoy siempre buscando eso mismo. Es un instrumento que no puedo sacar de mi cabeza, simplemente me encanta explorar diferentes tonos o patrones por encima del beat del afro-house”. Tanto es así que hace apenas un año, Dotorado Pro lanzaba otro EP de la mano de Enchufada llamado “Rei das Marimbas”, que una vez más ha recibido una gran aceptación por parte de Dj’s y productores que se han encargado de difundirlo a través de sets en las pistas de baile de varios países en Europa y en África.

Tanto su hit ‘African Scream’ como el EP ‘Rei das Marimbas’, están editadas por Enchufada, el sello portugués creado por Buraka Som Sistema y que, junto con Principe Discos, son dos sellos a los que no hay que perder de vista si queremos estar al día de lo que se produce en la escena electrónica afro.

La carrera musical de Dotorado Pro no ha hecho más que empezar así que merece la pena seguir bien de cerca el trabajo de este productor que representa una escena lisboeta el plena ebullición.

¿Quieres venir a ver al primer concierto de Dotorado Pro en nuestro país?

Para participar en el sorteo de 4 entradas (1 por persona participante) que tendrá lugar el jueves 25 de mayo en la Sala Siroco de Madrid a partir de las 23,59h, no tenéis más que escribir un mail con el asunto “Sorteo Dotorado Pro” al mail info@wiriko.org, explicando por qué queréis la entrada. El sorteo se realizará por estricto orden de recepción de correos. ¡No te lo pierdas!

Toda la información del evento en www.motokiatu.com y en el evento de Facebook

 

“Si vemos sonrisas y sudor entre el público, somos felices”

Aprovechando la visita del trío angoleño-portugués “Throes + The Shine” y su llegada al escenario madrileño este próximo viernes 3 de marzo, después de su reciente paso por Barcelona y antes de que pisen Granada, hablamos con ellos de su meteórica aparición en la escena musical internacional. Aunque Igor Domingues (batería y percusión), Marco Castro (guitarras, sintes y samplers) y Diron (voz) están consagrados como los padres del “rockuduro“, el grupo bebe de muchas fuentes: pop electrónico, tropical bass, afro, etc. Y es que no paran, ni de girar ni de producir. Tras el éxito de algunos LPs como “Rockuduro” o “Mambos de Outros Tipos”, llega “Wanga”, que promete literalmente “hacer retumbar las paredes a base de intensos beats y profundas melodías sintéticas”.

¿Cómo y cuándo nació Throes + The Shine?
Throes + The Shine nació en 2011 en un encuentro casual entre Throes (Marco y Igor) y The Shine (Diron y Mob) en un club en Oporto. Después, decidimos hacer algunas canciones juntos y de repente estábamos en el escenario de un festival el mismo verano y con nuestro primer disco en las tiendas. Hemos estado haciendo giras en Europa desde 2013 y ha sido un buen viaje.

“Rockuduro” es una vuelta de tuerca a lo que estamos habituadas a entender como fusión. ¿Cómo surge este género tan característico de vuestro trabajo?
Esto vino dado por nuestros diferentes backgrounds. Marco e Igor vienen de una trayectoria del rock y Diron y Mob de los sonidos puros del kuduro. Todos hemos cambiando nuestros gustos a lo largo del camino y hemos estado intentando mantener el trabajo en nuevos sonidos y en cosas que suenen frescas a nuestros propios oídos. Nos encanta aprender y trabajar con otros artistas. Ha sido una de las mejores cosas de las giras por diferentes países y diferentes ambientes. Tenemos que encontrar y aprender de gente muy diferente.

Portada del último disco “Wanga”

Moto Kiatu, uno de los proyectos que lanzamos desde Wiriko junto con Sonidero Mandril y Sweat Dealers (y co-productores de vuestro concierto en Madrid), pretende difundir los sonidos electrónicos creados en África, como el Kuduro con unos rasgos propios ¿cómo creéis que está la escena electrónica en el continente? ¿Qué tendencias destacaríais?
Creemos que se está enriqueciendo por momentos. Tuvimos el placer de trabajar o compartir escenarios con algunos grandes nombres que están fusionando muchos sonidos diferentes. Gente como Skip & Die, Batida, La Yegros, Pierre Kwenders, Meridian Brothers, Batuk o Daniel Haaksman están haciendo un trabajo bueno y una música original que va de una punta al otro del mundo. Es muy gratificante poder hacer música hoy en día.

¿Habéis tocado en algún país de Africa? ¿Y en Angola?
Por el momento solo hemos tocado en Europa, pero tenemos muchas ganas de ir más lejos en el mundo. África está en nuestro sonido y en nuestros corazones, así que algún día tendremos que alcanzarlo con nuestra música.

¿Cómo está recibiendo el público vuestro trabajo en Europa?
En Europa hemos sido afortunados de hacer unos 200 conciertos. Tanto en grandes festivales como en clubs más pequeños siempre sentimos el calor del público que está muy dispuesto a divertirse. Ese es nuestro principal objetivo, hacer que la gente baile, divirtiéndose, sintiendo culturas diferentes y olvidándose de sus problemas mientras estamos en el escenario. Si vemos sonrisas y sudor en el público, somos felices.

¿Qué proyectos tenéis entre manos?
Por el momento nos estamos preparando para grabar nuestro cuatro album que saldrá en 2018. Y en 2017 tendremos un verano muy ocupado con unos 40 o 50 conciertos en Europa y Norteamércia. ¡Tenemos muchas ganas de todo ello!

Toda la información y venta en entradas aquí.

El rockuduro de “Throes + The Shine” llega a Madrid

Reponiéndonos aún de la gran fiesta de presentación de nuestro nuevo proyecto de difusión de música electrónica Moto Kiatu, tenemos muchas ganas de anunciar el próximo encuentro con los sonidos más electrónicos del continente: Guacamayo Tropical y Moto Kiatu presentamos a “Throes + The Shine” desde Portugal y Angola.

El próximo viernes 3 de marzo tenemos una cita el afrobass en la Sala Caracol de Madrid.

El pasado 2016 publicaron “Wanga”, que significa “hechizo” en kimbundo, lengua hablada en Angola. Y eso es lo que recoge este trabajo, hechizos de los que te hacen bailar, de esa manera empoderada y sumamente placentera. “Wanga” supone la cumbre de un estilo de creación propia, el “rockuduro”, y sus diez cortes hacen retumbar las paredes a base de intensos beats y profundas melodías sintéticas. Una suerte de mixtura de pop electrónico, tropical bass, afro, rock y kuduro, revitalizando la estela que en su momento dejaron M.I.A., Buraka Som Sistema y Vampire Weekend.

¡Os esperamos! Entradas disponibles en: http://tickets.wegow.com/entradas/throes-the-shine-madrid

Letras africanas, libros españoles: aproximación al espacio lusófono

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4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Felisa Rodríguez

Os propongo que nos asomemos a las letras de cinco países del continente que, a pesar de su discontinuidad geográfica y diversidad lingüística, son nombrados conjuntamente por medio de la sigla PALOP, que se refiere a los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa resultantes de las independencias alcanzadas en 1975: los estados microinsulares de Cabo Verde y de S. Tomé y Príncipe, por un lado, y los continentales de Guinea-Bissau, Angola y Mozambique, por otro.

Para ello, un posible criterio es identificar aquellas obras escritas por personas de estos territorios que aparecen en la lista de las “100 mejores obras africanas del siglo XX”, dadas a conocer en 2002 y elaboradas por iniciativa de la Feria Internacional de Libro de Zimbabue en colaboración con asociaciones africanas de escritores y bibliotecarios y con participación de la Red Africana de Editores (APNET) y la Asociación Pan-Africana de Libreros (PABA).

Así, nos encontramos en la categoría de no ficción con textos de tres figuras importantes de la lucha y del pensamiento anticolonial: The Struggle for Mozambique (1969) del mozambiqueño Eduardo Mondlane, Unidade e luta (1976) de Amílcar Cabral, asociado a Guinea-Bissau, y Origens do nacionalismo africano (1997) del angoleño Mário Pinto de Andrade.

En el terreno de la ficción, más abundante, fueron seleccionadas las novelas angoleñas Nós os do Makulusu (1975) de José Luandino Vieira y A geração da utopia (1992) de Pepetela, junto con la caboverdiana O testamento do senhor Napumoceno da Silva Araújo (1989) de Germano Almeida. Pero la representación más nutrida es la de Mozambique, con dos obras escritas y publicadas aún en el período colonial y otras tantas en el post-independencia; se trata de los cuentos incluidos en Nós matamos o cão-tinhoso (1964) de Luís Bernardo Honwana y del volumen de poesía Karingana ua karingana (1974) de José Craveirinha (considerado “padre de la poesía moderna” de su país y convertido, en 1991, en el primer africano que recibió el Premio Camões, el mayor galardón de la lengua portuguesa); a ellos se unen las novelas Ualalapi (1987) de Ungulani Ba Ka Khosa y Terra sonâmbula (1992) de Mia Couto.

Germano Almeida. Fuente: Diario Digital Sapo

Todas las obras referidas son accesibles en la lengua original -o en traducción al portugués, en el caso de la de Mondlane, que fue escrita en inglés- a través de ediciones portuguesas que se pueden encontrar con relativa facilidad en el mercado librero del país vecino, pero sólo algunas han tomado forma de libro editado en España y de traducciones a varias de las lenguas del Estado. Concretamente, existe la posibilidad de leer el pensamiento de Amílcar Cabral en Nacionalismo y cultura (Bellaterra, 2014) o de disfrutar del Pepetela que retrata -no sin amargura- la historia de la lucha por la independencia de Angola en La generación de la utopía (Txalaparta, 2003 en papel; 2011 Epub). También tenemos a nuestro alcance el humor y la ironía de Germano Almeida -que llegó a ser presentado como “el Gabriel García Márquez africano”- retratando el pequeño medio insular caboverdiano a través de su burguesía hipócrita en El testamento del señor Napumoceno (Ediciones del Bronce, 2000) o, en euskera, Napumuceno da Silva Araujo Jaunaren: testamentua (Txalaparta, 2002). De Mozambique, podemos asomarnos a la única obra de Luís Bernardo Honwana, Nosotros matamos al perro-tiñoso (Baobab, 2008), donde los abusos de la colonización y el cotidiano asfixiante en el que vivían los africanos crean una atmósfera opresiva, y también a la considerada obra prima de Mia Couto, la novela Tierra sonámbula (Alfaguara, 1998; Suma de Letras, 2002; Alfaguara, 2016), que no sólo ha sido seleccionada entre las doce mejores del continente sino que ha sido adaptada cinematográficamente con realización de la portuguesa Teresa Prata.

Paulina Chiziane. Fuente: http://alchetron.com/

Ciertamente, lo que acabamos de enumerar no es demasiado. Pero explorando el panorama editorial español conseguimos avanzar un poco más e incorporar a esa lista tanto obras de autoría femenina (tres de las novelas de la mozambiqueña Paulina Chiziane, poesía de Vera Duarte -que preside la Academia Caboverdiana de Letras- o narrativa breve de su conterránea Dina Salústio) como muestras literarias de S. Tomé y Príncipe (particularmente, las firmadas por Olinda Beja); además, identificamos algunos textos clásicos de varias de esas literaturas nacionales, entre los cuales cabe destacar la novela caboverdiana Chiquinho (1947) de Baltasar Lopes -disponible en castellano y en catalán- o la poesía angoleña de Agostinho Neto, considerado poeta nacional por excelencia, pero también Si pudiera ser una ola, traducción de la novela breve de Manuel Rui publicada en Angola en 1982; surgen, aún, numerosas obras del prolífico y premiado escritor angoleño José Eduardo Agualusa y algunas otras de plumas más jóvenes, entre las que destaca Ondjaki, de Angola; aparecen incluso volúmenes de poesía mozambiqueña de Rui Knopfli y de Guita Júnior, así como pequeñas joyas de literatura infanto-juvenil mozambiqueña, de la autoría de Marcelo Panguana o Rogério Manjate, editadas por Proteus en la colección Oralia.

Konono meets Batida: el ruido que llegó de Kinshasa

*Entrevista realizada por Xaime Fandiño a Batida antes del concierto de “Konono meets Batida” en Pirineos Sur  (julio 2016)

En 2005 Konono No.1 rompieron el tablero de los ritmos globales. Desde Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, su primer disco, Congotronics (Creammed Discs, 2005) inventó un sonido nuevo. A partir de un instrumento tradicional del folclore congoleño, el likembe, y con una amplificación artesanal construida con piezas recicladas en desguaces, viejas pastillas de guitarra, planchas metálicas… presentaron al mundo el trance-afro-house del futuro. Repeticiones obsesivas, samplers histriónicos, cantos de llamada-respuesta y el hecho identitario fundamental de su música: likembes autoamplificados en distintas tonalidades. Ese cóctel de ruido atávico, repetido de manera hipnótica y descacharrada, los impulsó desde su Congo natal, donde llevaban más de cuatro décadas tocando en bodas, fiestas y celebraciones, a los escenarios de todo el mundo, comparados con una versión africana de la Einstürzende Neubauten y atravesados por una recodificación del gusto tradicional congoleño hacia el ruidismo inclemente.

 

Konono son de Kinshasa, pero provienen de la etnia bakongo, que vive entre el Congo y Angola. Hay similitudes entre los ritmos que utilizan Konono y algunos de los tipos de música angoleña como el kuduro o la semba, que inspiran la música del productor y músico angoleño-portugués Pedro Conquenão, conocido como Batida. Esa cercanía sonora, y el gusto de Batida por los sonidos más ásperos e incómodos de la diáspora lusófona y sus alrededores, hizo que su encuentro fuese cuestión de tiempo:  “conocí a Konono a través de las ediciones que Creammed Discs hicieron hace unos años, reeditando material antiguo y editando cosas nuevas de la banda. Ahí fue cuando los descubrí, a pesar de que ya llevaban tocando varias décadas”.

Y surge el flechazo. Batida empieza a pinchar algunos de sus beats mezclados con temas de Konono en el programa de radio que tenía en la radio pública portuguesa. “Me gusta mucho el sonido de la kalimba, en este caso convertida en likembe, y por eso empecé a hacer esas mezclas. De ahí todo vino corrido. Marc de Creammed Discs las escuchó y enseguida pensó en la posibilidad de complementarnos, de empezar a tocar juntos. Me preguntó si estaría interesado en producir el disco nuevo de los Konono, y le dije que sí, pero que antes quería conocer personalmente a la banda. Estuvimos conviviendo durante dos semanas en Lisboa, escuchando su material nuevo, grabando… Yo fui introduciendo algunos elementos innovadores: una batería electrónica, algunos subgraves, un sintetizador que ahora utilizamos en los conciertos, algo de programación… La idea fue intentar hacerles salir de su territorio habitual para posibilitar una cierta mezcla, una sonoridad nueva”.

Además de la presencia de Batida en la producción, Konono meets Batida (Creammed Discs, 2016) se compone con otras colaboraciones que imprimen una identidad transfronteriza al disco: en “Nleve Kalusimbiko” el poeta guineano AF Diaphra pone voz y Papa Juju, de la banda lisboeta Terrakota, guitarras. “Yambadi Mama” brilla por una preciosa interpretación de Pauline Mbuka Nsiala, que se desvanece en una improvisación de likembe que arrastra al ensimismamiento. Selma Uamusse aparece en “Bom dia” una canción cruda que deja de lado el likembe en favor un esqueleto de percusión y palmas. Y “Kuna America”, construida sobre un patrón de staccato de likembe que se propulsa frenético. A falta de mejor definición, digamos que todo encaja en un esquema de polirritmos festivos que celebran un carnaval enloquecido, donde el ruido es la melodía de paz que nos eleva.

El trazado postcolonial de los ritmos globales

“En la mayor parte de los países de África los grupos no viven necesariamente de las grabaciones, viven de las actuaciones en directo. La necesidad de grabar no es una necesidad obvia en el continente africano. Hay excepciones. Sudáfrica por ejemplo tiene una industria discográfica enorme, Ángola también; pero hay muchos países en los que lo importante es ver a los grupos en directo. Después, cuando llegas a Europa, a EEUU, surge la necesidad de tener música grabada. Si no ningún programador se va a interesar por ti. Entras a formar parte de las reglas de la industria, de la lógica europea y estadounidense. Para salir de África tienes que empezar a jugar a ese juego”, explica Conquenão. La historia viene de lejos y se repite una y otra vez. Desde los años 80 los ritmos del mundo cautivan el gusto del público occidental, se asimila la diferencia y se genera un plusvalor al introducirlos en la rueda del mercado global. Konono No.1 no escapan a este esquema. Conjunto excéntrico solo conocido por unas cuantas grabaciones en directo que llegan a manos de un productor entusiasta que los lanza a la fama internacional. En este caso el productor fue Vicent Kenis, quien tardó más de diez años en dar con Mingiedi Mawangu,  líder de Konono fallecido en 2015 a los 85 años de edad.

Yo personalmente no veo la necesidad de grabar. Para mi lo importante es comunicar. La necesidad de grabar la música no surge como una necesidad de los músicos sino de la industria, que se convirtió en una máquina de hacer dinero, y que muchas veces no repercute en los músicos. A veces sí es interesante el punto de vista conceptual de las grabaciones, que te permite hacer construcciones más complejas que el directo, pero es una transformación que se da desde que surge la industria, y que antes el músico no tenía”.

El debate es un clásico entre los etnomusicólogos: de la descentralización radical de la industria y la apertura a lugares inexplorados al ejercicio de producción y consumo de la diferencia, que diluye la autenticidad y perpetúa relaciones postcoloniales de poder. Si bien parece que hoy en día, la labor de pequeños sellos como Creammed Discs trascienden esta pugna en favor de una recuperación sostenible de la ética y la estética de los sonidos más crudos de África, véase Omar Souleyman, Group Doueh y los propios Konono No. 1. Además estos últimos le azotan un buen golpe al legado postcolonial reciclando antiguos megáfonos belgas Lance-Voix heredados del imperio y convirtiéndolos en máquinas de hacer ruido. Precioso detournement.

“Pienso que el principio de la música de Konono tiene que ver con la danza y con las las personas juntándose como en cualquier aldea de África. Evidentemente tiene una carga electrónica, una influencia urbana, pero la idea que está por detrás es el encuentro, el baile. Y ese es un principio universal. Todas las aldeas, antes de haberse transformado en ciudades confusas, se construían alrededor del baile, del encuentro, fuese para una boda, para un funeral, para dar una noticia… Y esa música hecha para el encuentro creo que funciona en cualquier país del mundo. Aunque no entiendas las letras, aunque no sepas la historia que está por detrás, hay emociones más universales. Y el ritmo es una de ellas”.