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Tedos Teffera y la infancia encapsulada

Los boliches son una creación humana, pero suponen también un universo atractivo capaz de conectar no solo puntos sobre la superficie, sino también realidades. Así lo defiende el fotógrafo Tedos Teffera en su exposición individual ‘Intent’, incluida en el proyecto artístico ‘Boliches-Marbles’ que acoge el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Gran Canaria hasta el 26 de agosto.

Tedos Teffera en el CAAM. Foto CAAM-Sabrina Ceballos

Puede ser que una canica o un boliche sea un objeto metafórico, que esconda dentro de sus ensoñadores colores y brillos un significado más próximo a las cuestiones humanas que al simple juego. Quizá sea porque guarde relación con lo esférico, una forma que nos enseña que la historia es cíclica, que las experiencias humanas reviven etapas pasadas y que podemos regresar a un punto inicial. O que en ella se esconde la verdadera belleza y perfección, como la vemos presente en la naturaleza, en la Tierra, el sol o las flores.

El trabajo del artista etíope Tedos Teffera contiene una serie de doce fotografías en claroscuro que congelan los movimientos y gestos de este juego popular. Como su nombre indica, la colección ‘Intent’ que alberga la muestra ‘Boliches-Marbles’ del CAAM recoge el propósito de capturar el ahínco de los niños en perseguir algo que para ellos es un mundo, mientras que para los adultos es un asunto trivial.

©Tedos Teffera – Addis Foto Fest

Pero el mundo de los boliches no sólo encierra la ilusión de las pequeñas cosas, también revela universalidad. Cualquier niño ha poseído estos objetos como si de un tesoro se tratase, independiente de su poder adquisitivo. Por ello, este serial fotográfico es también una manera de reconocer a todos los niños que juegan a las canicas y a las personas mayores que lo hicieron antaño.

Y al mismo tiempo, ‘Intent’ es también una denuncia y un tierno guiño. Cada instantánea perpetúa una escena y recibe un título que funciona como metáfora existencial: la soledad de un niño ganador frente a su canica victoriosa o las apariencias nublosas que no se despejan hasta el final. Teffera nos recuerda a través de estas evocadoras esferas que la humanidad está en crisis, que la generosidad entre iguales agoniza por culpa de las ansias de gloria y que las personas actuamos constantemente para mantener alejados a nuestros enemigos de nosotros mismos. Y nos reprocha también. Este mundo solo es capaz de ver y valorar al ganador, pero se ciega al duro trabajo que se escode detrás; se premia en público lo que se ha trabajado durante años en privado.

Es evidente que  el trabajo del fotógrafo etíope usa un lenguaje común: el de los sentimientos. Lo hace con cada disparo de su cámara al abordar cada instantánea según los sentimientos que le inspiren, moviéndose por sensaciones. De hecho, confiesa que este arte fue su camino para poder expresar las inquietudes de un chico especialmente tímido y reservado. La fotografía lo conectó con el mundo.

Y lo lleva haciendo desde los seis años. Ahora Tedos Teffera es director creativo y ha trabajado en el mundo de la publicidad creando fotografías comerciales. Su exposición en Gran Canaria es fruto de un encuentro en el Addis Foto Fest con el director del CAAM y comisario de la muestra, Orland Britto Jinorio, quien se interesó en su obra debido a la atracción que le supone el mundo de las esferas. La colección de este artista es muy diversa: Etiopía y sus gentes, el juego en los niños, paisajes de ensueños,… pero cada una de estas fotografías encierra el mismo trasfondo: los sentimientos que aquello que mira despiertan en él.

10 miradas a África que deberían sobrevivir al Premio CAP

Que la mirada hacia las realidades africanas no sea monocroma depende en gran medida de la cantidad y variedad de instatáneas del continente a la que estemos expuestos. El Premio Internacional de Fotografía Africana Contemporánea, más conocido como CAP Prize, ansía ese reconocimiento a la diversidad de África con un galardón otorgado cada año desde 2012 a cinco proyectos fotográficos, cuyo premio consiste en exponer los trabajos seleccionados por todo el mundo a través de su exhibición en reconocidas ferias internacionales. En la tarde de este miércoles, los trabajos de  Yassine Alaoui Ismaili, Paul Botes, Anna Boyiazis, Tommaso Fiscaletti y Nic Grobler, y Phumzike Khanyile han sido los ganadores del Premio CAP 2018, anunciados en la feria de arte internacional PhotoBasel, en Suiza. Fuera del foco se han quedado veinte de los veinticinco artistas finalistas de esta edición, pero siguiendo el espíritu de dar visibilidad a las múltiples imágenes que componen África, en Wiriko te mostramos diez de los trabajos que se han quedado a las puertas del Premio CAP, una selección de virtuosas narraciones visuales del continente que bien merecen ser (re)conocidas.

Yassine Alaou Ismaili. Marruecos.

‘Casablanca no es la película’. Así de tajante lo señala el autor de esta composición realizada  íntegramente en la ciudad marroquí con la que Ismaili ha pretendido reflejar la belleza y la verdadera vida de sus calles, yendo más allá de lo que contienen las guías o las  películas, y donde se mezclan culturas muy diferentes que saben convivir entre sí. Este trabajo es uno de los cinco ganadores del Premio CAP de este año.

Fotografía perteneciente a la serie ‘Casablanca no es la película’, de Yassine Alaou Ismaili.

Anna Boyiazis. Estados Unidos.

Aunque la vida en el Archipiélago de Zanzíbar gire en torno al agua, la mayoría de las niñas que habita en la zona no sabe nadar. La ausencia de trajes de baño unida a la presencia de una cultura islámica muy conservadora son la causa. En ‘Encontrar la libertad en el agua’, otra de las cinco obras reconocidas con el Premio CAP 2018, retrata el empoderamiento de estas niñas que están aprendiendo a nadar con unos trajes de baño que cubren la totalidad de su cuerpo, un proyecto ideado por la iniciativa Panje Project.

Fotografía perteneciente a ‘Encontrar la libertad en el agua’, de Anna Boyiazis

Ulla Deventer. Alemania

Pese a la beleza del título, esta fotógrafa revela un episodio desgarrador de la actualidad de Ghana. ‘Las mariposas son señal de algo bueno’ muestra testimonios gráficos del estigma que sufren las prostitutas de Accra y su lucha por la supervivencia. En su día a día hacen frente no solo a las dificultades económicas, sino a episodios del pasado que las aterra y a actitudes misóginas de quienes se acercan a ellas.

Fotografía perteneciente a ‘Las mariposas son señal de algo bueno’, de Ulla Deventer

Ralph Eluehike. Nigeria.

En ‘Sombras de trabajo doméstico’ este artista rescata escenas asociadas a los empleados del hogar que creíamos superadas. Dice Eluehike que con este proyecto pudo comprobar que existen dos mundos diferenciados y muy distanciados entre sí, el de la élite y el de la clase trabajadora y, que esta última llega a experimentar, en ocasiones, una vida de tortura.

Fotografía perteneciente a ‘Sombras de trabajo doméstico’, de Ralph Eluehike.

Jason Florio. Reino Unido.

‘Destino Europa’ narra las labores de rescate a los migrantes que intentaban cruzar el Mediterráneo desde Libia a Europa llevadas a cabo por la ONG MOAS y que este fotógrafo documentó entre 2015 y 2016. Su vínculo con la historia de las migraciones fuera del continente nace en 1998, tras conocer en Gambia a muchos hombres y mujeres que se habían marchado a Europa y que habían perecido en la travesía.

Personas migrantes rescatadas en el Mediterráneo. Fotografía de Jason Florio.

Akpo Ishola. Costa de Marfil.

La fotógrafa se inspira en las palabras de ‘El Principito’ para crear ‘Lo esencial es invisible para los ojos’, un conjunto de imágenes que son retales con los que explora la historia de su abuela mediante los objetos que quedan de su dote. Entre ellos se puede encontrar una cantimplora de madera fabricada por su marido, paños, cuentas, botellas de ginebra, cuencos o espejos. Son bienes entregados por la familia del novio como símbolo para sellar una alianza entre dos familias y poner de manifiesto que un matrimonio no se sustenta solo con el hombre, sino con la ayuda de los familiares. Con este trabajo, Ishola trata de mostrar cada uno de los elementos como un testigo silencioso de la vida matrimonial de la pareja. Al fin y al cabo, cada cuadro o cada paño guarda recuerdos de ambos y, al mismo tiempo, escenas fantaseadas por el espectador que los observa.

Fotografía perteneciente a ‘Lo esencial es invisible a los ojos’, de Akpo Ishola.

Nneka Iwunna Ezemezue. Nigeria

Las fotografías pueden ser al tiempo una denuncia y un homenaje. En ‘Dejar atrás’ las protagonistas son aquellas viudas de algunas comunidades de Nigeria que, ante la muerte de sus maridos, son discriminadas, estigmatizadas y, en algunos casos, objetos de violencia.

Fotografía perteneciente a ‘Dejar atrás’, de Nneka Iwunna Ezemezue.

Delio Jasse. Angola.

El título ‘Ciudad en movimiento’ no podía ser más descriptivo. En esta colección de fotografías, Jasse pone en valor el dinamismo histórico del que goza Luanda y con el que pretende hacer un “ejercicio de memoria” sobre la capital angoleña. Nos encontramos ante una urbe que ha experimentado una modificación estética radical, de infraestructuras, arquitectura e, incluso, de habitantes debido a los profundos cambios sociales y económicos.

Fotografía perteneciente a ‘Ciudad en movimiento’, de Delio Jasse.

Esther Mbabazi. Uganda

Con ‘Las cosas que llevamos’, la autora documenta los objetos más importantes que las personas llevan consigo cuando huyen de la guerra. Fruto de una reflexión sobre el significado emocional de lo material, este trabajo de Mbazazi retrata a refugiados instalados en el campo de refugiados de Bidi Bidi, en el norte de Uganda, y señala que gracias a este proyecto se puede ver a las personas tal y como son, pues portan objetos que podrían estar en cualquier parte o ser de cualquier persona.

Fotografía perteneciente a ‘Las cosas que llevamos’, de Esther Mbabazi.

Amilton Nevez Cuna. Mozambique.

Su trabajo ‘Madrinas de la Guerra’ enfoca a las mujeres que fueron usadas en la Guerra de la Independencia de Mozambique por el Gobierno para preservar el ánimo de los soldados que luchaban contra las fuerzas portuguesas. Al finalizar el conflicto, dio comienzo para ellas su condena al ostracismo y al olvido. Nevez Cuna se introduce en las casas de Maputo donde aún quedan algunas supervivientes.

Fotografía perteneciente a ‘Madrinas de Guerra’, de Amilton Neves.

Aiethopia, imágenes y diálogos de un no-lugar

‘Aiethopia’ es una invención, un espacio imaginario que alcanza casi el paradigma de no-lugar, y es también el título de la exposición temporal inaugurada desde el mes de abril por la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso. Esta muestra, que se puede visitar hasta el próximo tres de junio en las salas del Museo de Arte Africano de Valladolid, es una suma de diferentes disciplinas artísticas contemporáneas que invitan al debate a través de una conjunción de exposiciones que abarca pintura, fotografía y audiovisuales. Las obras se encuentran repartidas por diferentes salas, creando hilos invisibles y liberando al espectador de un camino predeterminado.

Carte del documental ‘Sun Ra: A Joyful Noise’, de Robert Mugge

La exposición pictórica está protagonizada por Blanca Gracia. A través de dos pinturas y una acuarela el visitante se sumerge en un mundo que, a priori, cuesta comprender. Los colores llenan las paredes y parecen desbordar los cuadros en los que visualizamos la naturaleza exuberante, elementos tradicionales africanos e incluso la agitación política. Una historia ilógica compuesta por elementos que una vez sumados en nuestra cabeza comienzan a cobrar sentido.

Sin embargo, la muestra más crítica de esta exposición es sin duda ‘Los Mitos de Cthuluceno’, una serie fotográfica materializada en postales. Su autor, Adrien Missika, fotografió una serie de trabajos realizados con restos encontrados en la playa de Oaxaca, en México. Estas figuras representan una variedad de deidades inventadas que establecen otro punto de vista en relación a las figuras rituales africanas a través del humor. Pero ¿por qué materializar las figuras en postales? “Las fotografías, convertidas en postales, se convierten en un souvenir para turistas. Para muchos visitantes pueden no ser más que una reliquia exótica que puede recordar un viaje” responde Juan José Santos, comisario de la exposición. Es ahí donde radica la crítica más dura en referencia a la actitud de los turistas y a la reconversión de la cultura en un mero objeto de consumo y de ocio.

La última parte de la exposición es una serie de audiovisuales entre los que podemos encontrar obras como ‘Sombras de Nueva Guinea’ (Andrés Pachón, 2011), ‘O Jardim‘ (Vasco Araújo, 2005), ‘Smoke Signals‘ (Pilar Quinteros, 2016), ‘People from far away‘ (Gerald Machona, 2012), ‘Moonrising‘ (Sanford biggers y Terence Nance, 2014) y la mítica película ‘Space is the place‘, escrita y protagonizada por el músico de jazz estadounidense Sun Ra (1974). Todas ellas combinadas, aunque representan realidades distintas, construyen un discurso común de crítica al pasado colonial y a la relación actual de Occidente con “esos otros” que nosotros mismos construimos. Además, no es una mera coincidencia que una película precursora del Afrofuturismo como ‘Space is the Place‘ esté presente en esta muestra.

“El movimiento afrofuturista intenta trazar una mirada a un futuro lejano  desde el pasado a través de la ciencia ficción. Pero en esa fantasía hay un elemento crítico, vinculado a las reivindicaciones de las culturas afro y a una crítica muy evidente al pensamiento colonial”, comenta el comisario de la exposición. “Sun Ra fue capaz de unir música, cine y política de forma extraña y cautivadora, y esa película arroja una lectura que convive de una forma especial con una colección de arte africano situada en una ciudad europea”, añade.

‘Aiethopia’ es una exposición multidisciplinar donde el debate está asegurado. Este diálogo no sólo se construye entre el espectador y lo que está viendo, sino que la muestra es en sí misma un diálogo continuo entre las diferentes disciplinas que allí se presentan y que, además, generan reflexiones en relación al resto del museo. ¿Cuáles son esas reflexiones? Bueno, estamos en Aiethopia, y lo que allí ocurra, las reflexiones que generen esos diálogos, depende fundamentalmente del visitante.

La fotografía como espejo: El caso de Burgos y Camerún

La fundación African Photography Initiatives estrena en España una novedosa muestra fotográfica que trata de acercar dos puntos tan distantes que, a priori, nada pueden tener en común. En ‘Lugares Comunes – Burgos / Buea. Sobre la normalización de las convenciones fotográficas, la fotografía tiene la capacidad de unir a Burgos, en España, y a la ciudad de Buea, en el oeste de Camerún. Una exhibición en la que las imágenes de aquí y allí inundan la sala mezclándose y alterando la percepción del espectador, ante quien poco a poco se van descubriendo similitudes. Una exposición, presente en la Sala de Exposiciones del Teatro Principal de Burgos hasta el 18 de marzo, que nos lleva por un doble viaje que dura desde la década de 1950 hasta la década de 1980 y en el que nos podemos acercar a lo más cotidiano de estas dos ciudades.

Sus protagonistas: todas las personas que fueron retratadas. Jürg Schneider, cofundador de African Photography Initiatives, lo tiene muy claro: “La fotografía se presenta como un lugar común donde se encuentran los individuos. Las personas se representan a través de las imágenes, crean recuerdos y los comparten, manteniendo una unión con las futuras generaciones. Y esto ocurre en cualquier lugar del mundo, tanto en Burgos como en Buea”. Una de las principales tareas de la fundación es la de acercar la fotografía al público y a diferentes colectivos para hacerla lo más accesible posible. “Estos dos lugares están unidos en el tiempo y por el hilo de la fotografía, que aunque ya se conocía, cada vez sea hace más accesible”, comenta Rosario Mazuela, comisaria de la exposición y cofundadora de la fundación.

Precisamente, para facilitar su acceso, llevan desde 2008 digitalizando y protegiendo diferentes archivos fotográficos. En este caso, todo el material ha salido de dos archivos: el Archivo Municipal de Burgos, de una colección específica en la que las familias burgalesas donan fotos suyas y el archivo las protege; y el otro es el Archivo Fotográfico de Prensa de Camerún, en el que la fundación ha trabajado durante tres años, digitalizando un total de 40.000 imágenes, 28.000 negativos y 14.000 planchas de contactos.

El objetivo de la exposición no es otro que replantear cómo percibimos y vemos África. En general los mass media la han representado como el continente de las catástrofes, de las injusticias, de las dictaduras… una realidad que existe, pero esta exposición busca rescatar el Camerún de la vida cotidiana. Estas imágenes muestran a gente normal en una vida normal, exactamente igual que en España. También se busca poner en valor el material histórico, preservar los materiales como un regalo para las generaciones futuras.

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No obstante esta no es la primera muestra organizada por African Photography Initiatives, sino que ha tenido ya sus antecesoras en otras ciudades como Basilea, Zurich, Yaundé, Duala, Buea o Limbé. Sin embargo “cada exposición es diferente, dependiendo del espacio, el contexto y la oportunidad que se presentaba creímos conveniente actualizar el formato”, aclara Rosario. “En Yaundé hicimos una exposición específica de la década de 1960 y en Buea, por ejemplo, realizamos un proyecto en el que los artistas exponían en la ciudad intervenciones artísticas a través de la fotografía”. Al preguntarles por la reacción de los espectadores, Rosario y Jürg no tienen dudas: “Las reacciones son iguales aquí y allí, a todos nos gusta reconocernos en la fotografía”, afirman.

El resultado ha sido una exposición que demuestra, una vez más, que las diferencias están en nuestras miradas. “Te hace pensar sobre esas barreras mentales que nos separan pero que en realidad no existen”, dice María Franco, una joven abogada de Burgos y añade: “Estas imágenes pueden acercar a todas las generaciones para comprobar los enormes paralelismos entre estas dos sociedades”. La exposición no sería así un fin, sino un medio por el cual las imágenes impactan en el imaginario del espectador, rompiendo esquemas y haciendo reflexionar.

12 meses, 12 exposiciones africanas alrededor del mundo

Puede que aún nos sorprenda encontrar exposiciones africanas en lugares como Israel (un claro síntoma de hasta dónde llega el interés por las obras artísticas procedentes de África), pero lo cierto es que no debería llamarnos la atención en absoluto. Tanto es así que el museo de arte de Tel Aviv expuso obras de la suazi Nandipha Mntambo, el congolés Chèri Samba o el sudafricano Ariel Reichman durante más de cinco meses a través de ‘Mirando a África: Arte contemporáneo y afrofuturismo’. Y no es un caso aislado, las artes visuales africanas están saliendo del exilio y 2017 ha sido un año de avances en su desarrollo.

Así, si bien los museos occidentales soportan aún una deuda tanto con el arte africano expropiado durante la colonización como con las máscaras y esculturas africanas a las que el arte contemporáneo occidental de las vanguardias debe su inspiración, las creaciones artísticas africanas están experimentando actualmente un proceso de empoderamiento que les permite mostrar otras representaciones de África fuera y dentro del continente. Son muchos los países africanos que cada vez dedican más espacios a mostrar la producción artística a través de galerías, festivales, desfiles e incluso espacios más solemnes, como los museos. Es el caso del Zeitz Mocaa, situado en Ciudad del Cabo, desde donde ostenta el título de museo de arte africano contemporáneo más grande del mundo. Para muestra de este fructífero año de manifestaciones artísticas africanas alrededor del mundo las siguientes líneas, en las que hacemos un repaso de doce exposiciones presentes en cada uno de los meses de 2017.

ENERO

Abrimos el año de exposiciones africanas en nuestro país con ‘El iris de Lucy’, una muestra de artes visuales que toma como referencia a Lucy (el homínido femenino durante mucho tiempo considerado como el más antiguo de la Humanidad) para retomar la mirada de las mujeres en la evolución de múltiples temas como la identidad, el cuerpo, las fronteras, las migraciones o cuestiones coloniales y postcoloniales mediante la obra de veinticinco artistas africanas entre las que se incluyen la etíope Aida Muluneh, con la que tuvimos ocasión de hablar en Wiriko, así como la congoleña Michèle Magema, la gabonesa Myriam Mihindou, la marroquí Safaa Erruas o la sudafricana Tracey Rose. Producida por el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) y Casa África, esta exhibición se pudo disfrutar en Las Palmas de Gran Canaria de enero a junio de 2017.

Fotografía exhibida en ‘Iris de Lucy’, de Tracey Rose.

FEBRERO

El papel del urbanismo para la creación de una nueva identidad nacional durante la era de las independencias africanas se refleja en la exhibición ‘Arquitectura de la Independencia – Modernismo Africano’, del Centro de Arquitectura de Nueva York. Más de 700 fotografías de Costa de Marfil, Kenia, Senegal o Zambia documentadas por el alemán Iwan Baan y la sudafricana Alexia Webster. Fruto del trabajo de Manuel Herz en su libro ‘Modernismo africano: Arquitectura de la Independencia’, esta muestra mantuvo sus puertas abiertas de febrero a mayo de 2017.

Escuela de Ingeniería de la Universidad de Ciencia y Tecnología Kwame Nkrumah (KNUST) de Ghana, diseñada por James Cubitt, en 1956. Fotografía de Alexia Webster.

MARZO

Dos meses dedicó París a ‘Capitales africanas’, una serie de manifestaciones visuales de artistas del continente que buscaba representar una visión cosmopolita de las sociedades de África. Casas colgantes del camerunés Pascale Marthine Tayou, provocativos grabados en telas del sudanés Hassan Musa o las nubes de ‘Un sueño’ del egipcio Nabil Boutros fueron presentadas en el parque cultural parisino de La Villette.

Pascale Marthine-Tayou, Casas colgantes © Benjamin Lefebvre

‘No hay tigres en África’, de H.Musa (2010)

ABRIL

Enséñame tu archivo y te contaré quién está en el poder’ es una recopilación de los archivos públicos que constatan la historia de la lucha de la mujer en Bélgica desde una perspectiva afrodescendiente. Esta muestra, presentada de abril a junio de este año en la galería belga Kiosk, incluye también el trabajo realizado a partir de esta documentación por la keniana Ato Malinda y las artistas africanas en la diáspora Kapwani Kiwanga y Amandine Gay.

Instalación con espejo de Ato Malinda. Fotografía de Tom Callemin.

MAYO

Llegamos a África. El cuarto mes del año de este calendario de exposiciones africanas está dedicado a la obra expuesta en el Instituto Goethe de la República Democrática del Congo, que acogió las visiones de siete artistas emergentes del país en ‘Kinshasa 2050’, una representación mediante instalaciones vídeo, performance y pintura de lo que será esta ciudad y sus habitantes dentro de treinta y tres años.

Instalación perteneciente a ‘Kinshasa 2050’.

JUNIO

La Galería Cécile Fakhoury de Abiyán es un templo de maravillas pictóricas que acogió la obra del senegalés Kassou Seydou, quien se estrenó en Costa de Marfil con ‘Reyes de las nuevas ciudades’, su primera exposición individual en el país. Un total de trece pinturas que invitan a adentrarse en un mundo híbrido de alteraciones y críticas sociales que se mezcla con elementos tradicionales y una fuerte creencia en la humanidad, protagonista absoluta de esta colección. Una oda al color y a la expresión que estuvo presente en la capital marfileña hasta finales de septiembre de 2017.

Pieza de Kassou Seydou, en la Galería Cécile Fakhoury.

JULIO

Sólo duró dos días, pero a ‘Urbanismo africano, cultura africana, futuro africano’ tampoco le hizo falta más tiempo para desplegar todo el potencial de la cultura urbana congoleña y senegalesa a través de dos ejemplos del mundo de la moda: Los sapeurs y el estilismo del hip hop. Comisariada por Alex Moussa Sawadogo, director artístico del festival de cine contemporáneo africano Afrikamera, la séptima de las exposiciones africanas seleccionadas de este 2017 se exhibió en la Galería Ifa de Berlín.

‘Los sapeurs de Bacongo’, Baudouin Mouanda (2008).

‘La pose’ de Siaka Soppo Traoré (2014).

AGOSTO

En el mes estival por excelencia nos vamos a Japón para ver a los cameruneses Romuald Dikoume, Blaise Djilo, Max Mbakop, Steve Mvondo y Yvon Ngassam quienes, comisariados por Yaounde Photo Network, han mostrado sus trabajos fotográficos en la sala OGU MAG de Tokio. Esta exposición titulada ‘YaPhoto@Arakawa Africa’ retrata a Camerún desde ópticas tan dispares como el precolonialismo, las tradiciones, el patinaje, la representación de la mujer o lo rural y, aunque sólo abrió sus puertas durante tres días, sirvió como preludio al festival organizado por dicha galería que acoge desde el 2010 en el barrio de Arakawa un festival anual dedicado al arte africano.

‘Corona de belleza’, Steve Mvondo (2016).

Fotografía de Romuald Dikoume.

SEPTIEMBRE

En paralelo a la Feria de Arte de Johannesburgo, cuyo décimo aniversario cubrimos este año en Wiriko, se celebra la Semana Anual de Arte de la ciudad que acogen los barrios de Alexandra, Soweto y el centro de Joburg. Una muestra itinerante de escultura, pintura, fotografía, instalaciones multimedia y arte urbano de la mano de artistas como Robin Rhode. Organizada conjuntamente por galerías, colectivos locales y la FNB Joburg Art Fair., la Semana Anual de Arte de Joburg saca a la calle las artes visuales y permite una conexión más cercana entre artista y espectador.

Instalación de Robin-Rhode (2016) exhibida en la Semana Anual de Arte de Joburg.

OCTUBRE

1:54, la Feria de Arte Africano Contemporáneo de Londres se supera cada año y esta quinta edición no fue una excepción. Dieciocho salas de exposiciones africanas para promocionar la diversidad del continente a través una selección de artistas de treinta y dos países, como Ayan Farah, Buhlebezwe Siwani, Samuel Fosso, Hassan Hajjaj o Fabrice Monteiro, a quien pudimos entrevistar en Wiriko en el marco de esta macro cita londinense con el arte africano contemporáneo.

Hassan Hajjaj. © Joe Casely-Hayford 2017.

NOVIEMBRE

Hace menos de una semana que la capital nigeriana se despidió (con un hasta pronto) del LagosPhoto Festival, que ya ha cumplido su octavo año como primer y único evento internacional de fotografía en Nigeria. Bajo el título ‘Regímenes de la verdad’, esta edición ha explorado la búsqueda y la presentación de la verdad en la sociedad contemporánea mediante la técnica fotográfica de artistas como la marfileña Joana Choumali, los kenianos Sara Waiswa y Osborne Macharia o el senegalés Alun Be que complementan un cartel de fotografías, que si bien abordan el tratamiento de la veracidad, resultan absolutamente hechizantes.

Fotografía de Osborne Macharia expuesta en LagosPhoto 2017.

DICIEMBRE

Cerramos el año de exposiciones africanas con la vuelta de la Bienal Africana de Fotografía ‘Rencontres de Bamako’ es un claro síntoma de la buena salud del desarrollo de la producción artística africana este 2017. Tras dos años de ausencia, la esperada edición número once arranca con el título ‘Afrotopía’, tomado del ensayo del economista senegalés Felwine Sarr en el que defiende la idea de que no se puede imponer a las sociedades africanas el concepto de desarrollo y contemporaneidad occidental porque de hecho la modernidad, la suya propia, ya está presente en el continente. La materialización de esta idea bajo las miradas de fotógrafos como Rahima Gambo, Fototala King Massassy o Athi-Pathra Ruga estará abierta al público hasta el 31 de enero de 2018, aunque no habrá que esperar tanto para tener noticias desde Afrotopía a través de Wiriko.

‘Miss Azania. El exilio está esperando’ (2015) Athi-Patra Ruga.

Otro enfoque para Mali

Existen otros disparos procedentes de Mali y su ángulo de visión abarca cinco décadas de prácticas culturales, políticas y sociales que han sido recogidas en un proyecto de conservación y acceso a la riqueza fotográfica de este país africano. Se trata del Archivo de Fotografía Maliense, un espacio ubicado en La Maison Africaine de la Photographie, en la Bibliothèque Nationale de Bamako, que además, ya está disponible también online.

Adama Kouyaté (Costa de Marfil, 1967) / vía Archive of Malian Photographie.-

La fotografía en Mali no es nada nuevo. Su introducción data de 1880, cuando los oficiales franceses introducen esta práctica que posteriormente continuarían administradores coloniales, misioneros y expatriados franceses hasta llegar a manos de los propios malienses, quienes tomarían el relevo para captar mediante imágenes la evolución de su territorio a partir de la década de 1940. Desde entonces, cuando aún era conocido como Sudán francés, este país se establece como un centro neurálgico de la fotografía en África. Una concepción que llega hasta nuestros días, en los que Mali constituye un nexo internacional de la fotografía a través de la Bienal africana de Fotografía Rencontres de Bamako, presente en la capital maliense desde 1994.

Y si bien el interés por conocer también estos disparos malienses se ha incrementado en las últimas décadas, el acceso a sus inicios fotográficos se ha caracterizado por ser mínimo, hasta el punto de que bien podía equipararse a un mapa del tesoro, con colecciones de fotógrafos desperdigadas en archivos privados que no permitían que vieran la luz y facilitan el estraperlo. Con este muro se encontró la profesora de Historia del arte africano y cultura visual de la Universidad de Michigan Candance Keller, cuando en el año 2002 comenzó su investigación sobre la práctica fotográfica de este país africano. Keller mantuvo encuentros con alrededor de 150 fotógrafos y sus familias. Todos tenían en común su preocupación por el deterioro de las imágenes y su inapropiada explotación.

Abdourahmane Sakali (Bamako, Mali. 1958) / Vía Archive or Malian Photographie.-

Así surge el Archivo de Fotografía Maliense, un proyecto para preservar y dar a conocer este patrimonio visual que lleva gestándose desde el año 2011. El primer paso fue comprobar qué archivos fotográficos eran aún susceptibles de recuperarse. Su almacenamiento en casas familiares en un clima tan duro como el de Mali los exponía al calor, el polvo y la humedad, lo que ha hecho que algunas colecciones no puedan ser recuperadas. De aquellas que sí podían salvarse, se optó por seleccionar las que reflejaran una visión histórica del país y la región a través de los cambios y continuidades de las prácticas culturales, la producción artística, las tendencias sociales y las realidades políticas de las ciudades de Bamako, Segu y Mopti, principalmente.

Mamadou Cissé (Kita, Mali. 1960) / vía Archive of Malian Photographie.-

De este modo, los objetivos de conservación y acceso han respondido a estos parámetros temáticos y al criterio de reconocimiento local e internacional de los trabajos fotográficos. Por ello, las imágenes iniciales del Archivo reflejan las miradas de Mali y de algunos países de la región a través de los ojos de Abdourahmane Sakaly (1926-1988), Mamadou Cissé (1930-2003), Tijani Sitou (1932-1999), Malick Sidibé (1936-2016) y Adama Kouyaté (1927). Sus hijos y los aprendices nombrados por sus familias han sido los encargados de las labores de limpieza y catalogación de los negativos para su posterior almacenamiento y digitalización.

Tijani Sitou (Mopti, Mali. 1978) / Vía Archive of Malian Photographie.-

Por el momento, se puede acceder vía online a alrededor de 28.000 fotos de estos

Malick Sidibé (Mali, 1985) / Vía Archive of Malian Photographie.-

autores, pero el objetivo del Archivo es alcanzar las 100.000 imágenes restauradas y escaneadas. Su directora, Candance Keller, y el gestor del proyecto en Bamako, Youssouf Sakaly (el hijo de Absourahmane Sakaly, nombrado anteriormente),  han declarado recientemente a Afrique in visu que ya están trabajando en una sexta colección, la del fotógrafo Félix Diallo, quien residió en el pequeño pueblo de Kita, al oeste del país, y se especializó sobre todo en retratos de personas que vivían en entornos rurales.

Con el apoyo del Programa de Archivos en Peligro de la Biblioteca Británica en una primera fase, y posteriormente de la Fundación Nacional para la Preservación, ahora el proyecto busca financiación para continuar su investigación fotográfica en otras zonas, como Tombuctú. Con su lanzamiento web, el Archivo de Fotografía Maliense difunde una imagen de Mali que no es mejor ni peor que la que suele mostrarse, simplemente contribuye a que no haya un solo enfoque, lo que permite que este país africano se contemple desde una visión más real.

Una intervención fotográfica para recuperar Mali

Si uno abre un periódico y casualmente encuentra información sobre lo que ocurre en Mali, el panorama que hallará será de lo más desolador. Muertes, secuestros, ataques o peligro; son algunas de las palabras que describen lo que allí acontece según la información que llega al lector. Ocurre lo mismo si Mali aparece en los informativos de la tele, en la radio o ante cualquier buscador de Internet. Como si Mali no tuviera escapatoria y su destino fuera prescindir de la -i de su nombre para acabar denominándose como un lugar llamado Mal. Es así de absurdo y no es de extrañar que lo sea, al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene vivir en un estado de represión? Aboubacar Traoré (Kadiolo, Mali, 1982) lleva tiempo haciéndoles ésa pregunta a los jóvenes a quienes da clase en el Centro de Fotografía de Bamako  porque no quiere que se dejen llevar por los cantos de sirena del fanatismo religioso. “Muchos jóvenes, debido a la pobreza, se sienten atraídos por el radicalismo. No tienen nada que comer, y son influenciables. Cuando alguien viene y se hace cargo de ellos sucumben a la llamada”, explica.

Para evitar ese efecto llamada el fotógrafo maliense tuvo una idea. Ante lo absurdo de vivir en un clima regido por el miedo, Traoré quiso ir al quid de la cuestión y reflejar las fases de adoctramiento yihadista desde una visión externa a la de los jóvenes que ven en el extremismo un refugio. Lo hizo a través de una serie de fotografías que materializó durante el mes de agosto de 2015 y que llevan por título ‘Inch’Allah’, que se traduce del árabe como ‘si Dios quiere’.

En ellas se ilustran diferentes situaciones que muestran la evolución de unos individuos a través de las acciones que se plasman en un paraje desértico. Así vemos a una persona ataviada con una túnica blanca subida a una flamante moto; o a tres jóvenes sentados frente a un sujeto que de pie y en lo alto de una roca parece darles la bienvenida; también hay otra imagen en la que en la flamante moto ya no hay un sólo individuo sino tres más; u otra en la que el personaje de la túnica blanca va a golpear con una piedra a una persona agachada. Además, incluye un retrato de dos jóvenes sentados frente al ocaso con rosarios en las manos. El elemento en común de toda la composición es un enorme casco oscuro que portan todos los individuos que aparecen en las fotografías. Este casco no tiene visera, está completamente cerrado. Son calabazas huecas pintadas de negro con las que el fotógrafo quiere representar el lavado de cerebro que se practica en estos ejércitos del fundamentalismo religioso.

imagesCon estas imágenes, presentadas durante la última Bienal africana de fotografía Rencontres de Bamako, Traoré ha sido reconocido con el premio internacional de la Organización de la Francofonía (OIF). Se trata de una serie fotográfica que recoge en armonía el espíritu valiente y constructivo con el que resurge la Bienal, después de haber sido suspendida la edición de 2013 ante la violencia que azotaba a Mali desde que en el año 2012 la rebelión encabezada por el Movimiento de Liberación del Azawad (MNLA) en el norte del país fuera secuestrada por los grupos yihadistas Movimiento de Unidad para la Yihad en África Occidental (MUYAO), Ansar Dine y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). “¿Hasta cuándo debemos esperar que la vida continúe?”, se pregunta Bisi Silva, la directora artística de la Bienal de Bamako, en una entrevista publicada por el diario Le Monde. Una cuestión que ella misma responde al afirmar que “la bienal mostrará que la vida sigue, que los esfuerzos para el desarrollo de la sociedad continúan. En Malí realmente consideramos la cultura como herramienta de desarrollo”. En ello están Silva, Traoré, todos los que componen iniciativas culturales como la Bienal de Bamako y los malienses que continúan heroicamente con sus vidas para reconstruir contra el absurdo para que Mali siga siendo Mali, inch’allah.

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Nobukho Nqaba: migraciones de plástico en el LagosPhoto Festival

Las fotografías que nos llegan desde África a menudo plasman un escenario bipolar: el horror humano y la belleza natural. Pero lo cierto es que la fotografía es una manera de mirar y cada vez son más quienes observan que en medio del blanco o negro, al que se ha relegado tradicionalmente al continente, existe una extensa escala de grises. Entre aquellos que apuestan por esta visión está la Fundación de Artistas Africanos (AAF, por sus siglas en inglés), una organización que desde 2010 muestra en Nigeria proyectos fotográficos que plasman esas ‘otras Áfricas’ a través del LagosPhoto Festival. Un evento que hasta el próximo 27 de noviembre celebra su VI edición, en esta ocasión bajo el título Designing futures. Una temática que se sirve del diseño para promover el fin del destierro hacia lo negativo al que se ha enviado la imagen de África. Ejemplo de ello es el trabajo de la sudafricana Nobukho Nqaba, quien hace de una bolsa de plástico un símbolo de la migración.

Autorretrato perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Autorretrato perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Cuando Nobukho Nqaba (Sudáfrica, 1992) era una niña vivía en Butterworth, en la provincia sudafricana de Cabo del Este. Su madre trabajaba al otro extremo del país, en Grabouw, ciudad del Cabo Occidental. Un verano se desplazó hasta allí para pasar las vacaciones y su padre le metió sus cosas en una unomgcana, también llamada umaskhenthe, una bolsa de plástico muy grande que en el idioma xhosa significa respectivamente ‘que tiene líneas’ o ‘viajero’. Un significado acorde a su descripción y a su uso, ya que estas bolsas de líneas que forman cuadros son las más usadas en Sudáfrica para desplazarse de un punto a otro del extenso país. Son baratas, son enormes y son resistentes, por lo que se puede llevar muchos objetos en ellas sin temor a que se desgarren. Nobukho las usó tantas veces como ocasiones tuvo de mudarse de un punto a otro de Sudáfrica. Una experiencia que le supuso relacionar la migración con la supervivencia, el reto de adaptarse a un lugar distinto y hacerlo de nuevo suyo a través de los objetos que portaba en su unomgcana. De ahí que para ella, esta bolsa signifique hogar y lucha. Un concepto que ha querido desarrollar a través de una serie de fotografías que lleva precisamente el título de ‘Unomgcana’ y que forman parte del LagosPhoto Festival de este año.

La joven fotógrafa explica para la revista Ours: “Crecí rodeada de unomgcana”. Y parece que éste es el sentido que busca en sus composiciones, en las que todo lo que la envuelve a ella está envuelto a su vez del plástico a cuadros que caracteriza a estas bolsas. Como si quisiera traspasar el significado de hogar que le da a la unomgcana a partir de los objetos personales que contiene, para hacer directamente de la instalación algo personal, forrándolo de su estampado. De este modo, la serie de fotografías están compuestas de autorretratos que plasman escenas de la vida cotidiana en las que la auténtica protagonista es la unomgcana. Ella lo invade todo, haciendo de estancias distintas lugares familiares que impregnados de esta bolsa eliminan las diferencias de los espacios realzando el elemento común, identificable, de la unomgcana. Y así es como Nobukho Nqaba relaciona los significados de hogar y supervivencia a través de una bolsa.

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación 'Unomgcana' / The Tierney Fellowship.-

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación ‘Unomgcana’ / The Tierney Fellowship.-

“Estoy interesada en los objetos y en las cosas que me pesan en la memoria y  siempre estoy queriendo encontrarles los significantes y los significados a las cosas que son familiares para mí y también a las que no me son familiares. Cuando estoy haciendo un proyecto siempre me miro a mí misma primero y a cómo me identifico con los objetos que quiero explorar. Después miro hacia un ángulo más amplio y desgrano cómo las cosas que me interesan afectan a otras personas”, explica la artista al blog de fotografía Orms. Es entonces, a partir de esta amplitud de miras, que su concepto de unomgcana trasciende su propia experiencia para llegar a observar las mismas bolsas sujetas por otras personas que se dirigen a otros destinos, lo que le lleva a plantear este objeto como símbolo de la migración. Al fin y al cabo, si bien es cierto que en xhosa se llaman unomgcana o umaskhenthe, en realidad lo más común en Sudáfrica es llamarlas ‘bolsas chinas’ de donde es su procedencia; o ‘bolsas de Zimbabwe, país vecino de donde llegan muchos de los portadores de esta clase de equipaje.

Y más allá de las fronteras sudafricanas, en otros puntos del continente reciben apelativos distintos. Como en los países de África Occidental donde se denominan ‘Ghana must go bags’, en referencia a la expulsión de miles de ghaneses de Nigeria a principios de los ochenta. Incluso más allá de las fronteras del continente cada vez es más visible que entre los bultos del equipaje estén estas enormes bolsas de plástico con cuadros estampados. En Reino Unido responden al término ‘bolsas de Bangladesh’; en Alemania son conocidas como ‘bolsas turcas’; y en Estados Unidos se las reconoce como ‘bolsas mexicanas’. Así, tal y como señala la joven fotógrafa Nobukho Nqaba cuando relaciona este objeto de plástico con la migración, si siguiéramos la pista de este tipo de equipaje bien podría trazarse un mapa mundial de los desplazamientos a través del calificativo que reciben estas bolsas en el lugar a donde llegan y en función de los rostros que las portan.

Fotografía perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Fotografía perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

‘LagosPhoto Festival 2014’, nuestra selección

logo-invertNos encontramos ya en el ecuador del que es ya uno de los festivales de fotografía más importantes del continente, el LagosPhoto Festival celebrado en Lagos (Nigeria) del 25 de octubre al 26 de noviembre. Por quinto año consecutivo una amplia selección de fotógrafos, tanto africanos como de otros continentes, llenan de historias este encuentro a través de sus obras. Nombres como Ade Adeloka, Kudzanai Chiurai, Cristina de Middle, Hassan Hajjaj, Namsa Leuba o Edson Chagas, suenan en el Festival, abierta a todo el mundo y con muchas actividades dentro de su programación como charlas, talleres, pases de documental, etc.

Antes de hacer un repaso por nuestra pequeña selección de artistas, mencionamos algunas iniciativas que nos parecen interesantes en el marco del Festival. La primera es el LagosPhoto Summer School, una escuela de fotografía donde jóvenes aficionados e interesados se pueden formar y profesionalizar en el ámbito de la fotografía. En segundo lugar, el Capacity Development Integration (CDI) que, ante la falta de oportunidades profesionales para los jóvenes, pone en marcha un proyecto que une cultura y educación. En este programa en el que creativos y estudiantes han partido del slogan “Arte reclamando el espacio público” , los alumnos han podido diseñar los espacios interiores y exteriores para esta edición del Festival.

¿Qué destacamos de esta edición? A continuación mencionamos algunas exposiciones y artistas interesantes:

Archive of Modern Conflict (Project)

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Esta editorial independiente de Reino Unido, presenta en colaboración con LagosPhoto Festival una parte de la historia de la fotografía de Camerún en los años setenta y ochenta, centrándose en el Éstudio Jeunesse de Camerún a través de una instalación y del pase del documental sobre el estudio.

I am Walé Respect Me, 2013 de Patrick Willocq

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Es esta serie el fotógrafo refleja la historia de iniciación de los pigmeos Ekonda en RDC. Para los Ekondas el momento más importante en la vida de una mujer, es el nacimiento de su primer hijo. Esta serie es pues un reflejo de las mujeres en general y de los Walé en particular.

Turn it up! De Jide Odukoya

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Este artista pretende mover el foco de pobreza que reflejan los medios sobre África hacia las escenas más lujosas que se dan en diversos contextos. Así, consigue entrar en los eventos de las élites de Nigeria, como bodas, cumpleaños, celebraciones, etc. mostrando otra África diferentes a la que estamos acostumbrados. ¿Es un reflejo más positivo de las sociedades africanas? No nos lo parece, aunque sí la intención del fotógrafo de romper los esquemas de Occidente.

The Masked Woman, de Jenevieve Aken

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Esta serie de auto-retratos explora la representación del género en la sociedad nigeriana. Las imágenes reflejan la vida solitaria de la “súper mujer fatal” que elige conseguir el placer y la alegría fuera de su rol como ama de casa o dependiente del afecto masculino. Pero la máscara a la vez habla del aislamiento de una mujer que no responde al rol socialmente aceptado para ella y el resto de las mujeres, representando la realidad de un cada vez mayor número de mujeres nigerianas.

 

Cocktail, de Namsa Leuba

 

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La fotógrafa utiliza la moda para reflejar la representación del cuerpo de la mujer en África hoy en día. Con colores electrizantes y leopardos de porcelana, las fotografías también cuestionan el imaginario cultural de África.

Por último os recomendamos uno de los pases de documental y exposición del Festival. En “I am 14” la artista parisina Bénédicte Vanderreydt refleja la vida de tres adolescentes: Valentina que vive en Bruselas, Ru’a que vive en el campo de refugiados palestinos Dheisheh y Loraine que vive en Lubumbashi, Katanga (RDC). A la artista le llamó la atención el aumento de exposición pública de los adolescentes en general en Facebook y en concreto de adolescentes que se toman fotos de ellas mismas mostrando sus esperanzas e inquietudes en la red. Es interesante observar la vida de las tres en contextos tan diferentes. Os dejamos el vídeo:

Nos os perdáis nuestro Pinterest del Lagosphoto Festival:
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