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“Tenemos escritores talentosos en África, pero nos faltan editoriales”

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Ella misma se definía irónicamente como una de las componentes de la nueva generación de escritores africanos en una charla de la iniciativa TED desarrollada en la ciudad marfileña de Abidjan. Y lo aderezaba con sarcasmo, modestia y realismo cuando matizaba: “Si somos la nueva generación y nadie nos conoce, tenemos un problema”. Lo cierto es que Edwige Renée Dro se ha convertido en uno de esos nombres que se rifan en los festivales internacionales, a menudo impulsados por organizaciones occidentales, pero eso no hace que se muerda la lengua.

De sus palabras se desprende su convicción de que el artista debe ser comprometido, una convicción que, por otro lado, ella pone en práctica a la menor oportunidad. “Estoy de acuerdo con el escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa, ejecutado por el gobierno de Sani Abacha, que decía ‘para un escritor en mi situación, la literatura debe ser combativa… el escritor o la escritora debe estar activamente implicado en la transformación del presente y del futuro de su sociedad’”, confiesa la joven marfileña. Eso no quiere decir, sin embargo, según la escritora que sólo se pueda escribir sobre política, “podemos escribir sobre todos los temas que queramos”, matiza, aunque siempre desde una perspectiva comprometida. Ese compromiso para esta joven autora significa “entender los retos a los que nos enfrentamos” y “no ser marionetas de los hombres políticos”.

El nombre de Edwige Renée Dro ha conseguido una especial proyección desde que fue una de las autoras seleccionadas para la antología Africa39, impulsada por el Hay Festival y que pretendía recoger a los 39 mejores escritores africanos de menos de 40 años. Previamente la joven había publicado relatos cortos y lo ha seguido haciendo después, apareciendo por ejemplo en la recopilación de relatos románticos Valentine’s Day Anthology 2015. En la despensa, esperando “sólo a los últimos retoques” está su primera novela.

Hay una característica de la actividad literaria de esta joven marfileña que la hace muy especial. Edwige Renée Dro ha conseguido superar una barrera que parece insalvable y es la que separa a los autores francófonos y anglófonos. Edwige Renée escribe indistintamente en las dos lenguas y participa en las actividades de ambas esferas, algo que muy pocos autores han conseguido. “Los escritores de estos ámbitos, así como los lusófonos y los hispanohablantes”, añade la escritora, “apenas se relacionan, no buscan formas de colaboración, no se conocen. Tengo un amigo escritor que me dice que le gustan mis escritos porque tienen un feeling francófono”, comenta divertida. Esta dinámica de división está empezando a cambiar y la joven promesa anuncia que próximamente aparecerá un volumen de la organización de escritores Jalada en la que coinciden autores marfileños, nigerianos, congoleños, kenianos o ugandeses.

En su caso, la cualidad dual, además responde a su voluntad de estar cerca de los suyos. Empezó a escribir en serio en inglés, durante su experiencia en Reino Unido. “No decidí traducir mis escritos al francés hasta que no regresé a Costa de Marfil. Lo hice para que la gente que tenía más cerca pudiese leer lo que yo escribía”, confiesa la autora.

Y es que su compromiso está siempre presente en la conversación. No es fácil que uno de los temas tratados no acabe derivando en la convicción de que la literatura no puede desentenderse de la realidad que rodea a sus autores y, evidentemente, la relación con Europa y el Norte global está muy presente. Ella misma, en el blog que escribe en la plataforma Mondoblog, aparece como una “retornada al país natal” y, por tanto, su experiencia europea ha tenido un considerable impacto y ha cimentado una visión crítica. “Si se piensa que la mayor parte de las nuevas generaciones de escritores africanos son personas que han regresado o que están en la diáspora, es porque los medios extranjeros hace, o parecen hacer, la promoción de estos autores, pero hay muchos escritores en el continente que nos son retornados”, defiende.

En cuanto a su visión crítica de la relación entre Europa y África, no deja lugar a dudas, sobre todo en referencia al hecho migratorio: “Nosotros tenemos que criticar a nuestros gobiernos, está claro, pero cuando lo que dicen los occidentales suena falso, tenemos que hablarles a ellos. Se presentan como los grandes garantes de los Derechos Humanos, pues que los apliquen, que den la asistencia necesaria a las personas que están en peligro”. Pero para ella, lo más importante es asumir la responsabilidad y dar valor a lo que las sociedades africanas tiene como propio. “No entiendo porque siempre tenemos que estar pendientes de si Occidente nos da su aval. Cuando nos empeñamos en demostrar que nosotros también tenemos bonitas playas, rascacielos, o supermercados con quesos y vinos, me da impresión de que lo tenemos es un complejo. Tenemos cosas que nos son propias, conozcámoslas y asumámoslas”, afirma contundente.

Edwige Renée Dro se lamenta de las condiciones de la industria editorial del continente. “Hay muchos africanos que están contando historias”, defiende la escritora marfileña, “pero el problema es que muchas de esas historias no se publican. Tenemos muchos escritores en el continente y muy talentosos. Lo que nos falta son editoriales, sistemas de distribución adecuados, colaboraciones o una política de márketing adaptada a nuestras realidades”.  E insiste en la necesidad de romper una dependencia más bien psicológica con los países del norte global: “En la medida en la que seamos publicados en Occidente y nos conformemos con eso, no podremos afirmar que estamos contando nuestras historias”.

En cuanto al papel de la literatura Edwige Renée Dro no es más complaciente: “Hoy se habla mucho del África que se mueve, pero como dice mi colega también seleccionada en Africa39, Nana Brew-Hammond, ¿para quién se mueve África? Porque si no se mueve para todos los africanos, el discurso de crecimiento de dos cifras no valdrá la pena”. Por otro lado, esta escritora está convencida: “Si la literatura no se convierte en una actividad de salón y los escritores quieren escribir y escriben para sus sociedades, entonces conseguiremos hacer que las cosas se muevan”.

NOTA: Este artículo se publicó originalmente en Planeta Futuro, el 27 de agosto de 2015.

5 películas africanas para el verano

summer films

* Artículo publicado en la edición digital de la Revista Pueblos.

Lo que comenzó en 2005 con una gala que pretendía reunir a la industria cinematográfica africana cada año, se ha convertido una década más tarde en una cita para los amantes del cine realizado en el continente y su diáspora. Se trata de los premios de la Academia de Cine de África (AMAA), institución orientada a la investigación, formación y difusión del séptimo arte. Tomando como referencia la selección del AMAA para 2015, éstas son las cinco películas que hemos seleccionado y que creemos que no puedes dejar de ver este verano.

Run – Costa de Marfil

En su primer largometraje de ficción, el director Philippe Lacôte retrata la historia sangrienta de Costa de Marfil a través del viaje de un joven de 20 años que va a la ciudad y se convierte en militante político. La secuencia clave que da rienda suelta a más de una hora de acción y drama se encuentra al inicio. Un chico de piel cansada y vestido con harapos camina con determinación por el pasillo de una iglesia. En la mano, una pistola y los ojos puestos en el orador del púlpito. Se detiene, dispara y corre. El objetivo que cae fulminado es el primer ministro del país.

Run se basa en las notables Crónicas documentales de la guerra en Costa de Marfil (2008) de Lacôte y refleja las dos últimas décadas de la historia sangrienta de su país a través de las experiencias de un joven desequilibrado emocionalmente por la espiral de la violencia política. Nacido en un Estado sumido en guerras y corrupción, el protagonista del filme, Abdoul Karim Konaté, ha estado corriendo prácticamente toda su vida, de ahí el nombre de la película.

A través de flashbacks intercalados tras el asesinato inicial, este trabajo explora cómo la lógica retorcida de la violencia se puede apoderar de una sociedad y cómo un individuo puede deslizarse hasta el otro lado de la sinrazón. La película de Lacôte es un drama político lúcido y extrañamente de moda que cumple eficazmente una doble función: por un lado, explicar al espectador, en gran medida desinformado sobre este tema, los recientes disturbios de Costa de Marfil y, por otro, perfilar una nueva generación de cine africano irreverente y sin temor a la crítica.

Timbuctú – Mauritania

Timbuctú es la flamante película del año tras ser nominada a los Oscar 2105 como mejor largometraje de habla no inglesa. Una película mauritana, que guarda pinceladas de neorrealismo italiano y nouvelle vague, se colaba entre las cinco candidatas a llevarse la preciada estatuilla. Su director, Abderrahmane Sissako, recogía el testigo de convertirse en el realizador estrella africano de los últimos tiempos.

La delicadeza de las imágenes desgarra, emociona, hace llorar y también deja espacio para la reflexión meditada de Sissako. No es un documental sobre el conflicto de Malí y, aunque no llega a destripar el caleidoscopio geopolítico, económico y social que tiene lugar en el país, la ficción sí parece querer reflejar la propia realidad.

La película, tremendamente estética, narra cómo los alrededores de Timbuctú han caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. En la ciudad, los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de GPS, su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros.

Pero, ¿es esta fábula un cuento para los occidentales? Ésta es la gran pregunta planteada por el antropólogo André Bourgeot, especialista en Malí en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS). El experto hace hincapié en un enfoque maniqueo. Según Bourgeot, hay tres mitos que aparecen en el trabajo de Sissako: el del desierto, el del nómada identificado con la libertad y el de los tuaregs. Son clichés que hemos interiorizado por completo y la película confirma su validez.

De ser una estrategia de diplomacia pública para “explicar” a la ciudadanía el porqué de la intervención militar en Malí, parece que ha funcionado y que se ha conseguido el objetivo. En el país galo se vendieron 180.000 entradas durante la primera semana en cartelera, llegando a convertirse en la sexta película más taquillera de la historia de Francia. Los que la quieran ver desde casa lo pueden hacer a través de la plataforma Filmin por 2,95€.

INumber Number – Sudáfrica

Sudor, polígonos industriales en descomposición, acción, mucha acción, una banda sonora intrépida y la corrupción en toda sus formas se encuentran en el eje de iNumber Number, del director Donovan Marsh. No hay duda de que, en apenas quince años, Sudáfrica se ha erigido en líder de la cinematografía regional y compite en producciones a nivel continental con Nigeria, Egipto y Marruecos. Después de casi un siglo de supremacía blanca en la gran pantalla sudafricana, el desafío que se planteaba tras la era del apartheid se podía comparar al reto al que se enfrentaron los pioneros como Vieyra, Sembène o Hondo, es decir, crear una cinematografía auténticamente nacional.

Ya en el 2006, la nación del arcoíris se situaba en el foco internacional al convertirse en el primer país africano en ganar un Oscar por Tsotsi, del director Gavin Hood. Los guiones en los que se reflejan vidas relegadas al inframundo urbano de los guetos con una salvación anticipada han sido una constante. No sólo porque la violencia es inherentemente cautivante, sino también porque las historias sobre lo de abajo y lo de fuera comportan casi siempre una pátina de importación sociológica.

En INumber Number el casting es excepcional, con dos actores relativamente nuevos y experimentados entregando actuaciones estelares. Israel Makoe aporta a la película la cantidad justa de oportunismo que un personaje mafioso debe tener, mientras que S’dumo Mtshali ofrece la bravuconería y la arrogancia de un súper policía perfecto. Hay secuencias de acción impresionantes aliviadas con algún toque cómico. Sin duda, la película es actual en el contenido que explora cubriendo temas sociales urgentes que azotan a la policía sudafricana.

Triangle Going to America – Etiopía

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.

1 de octubre – Nigeria

Se cumplen exactamente 55 años de la independencia nigeriana de Gran Bretaña. Nigeria es la primera potencia del continente, el país más poblado y con la industria de cine más activa: Nollywood. En este contexto, el director Kunle Afoyalan, quien ya dirigiera la divertida comedia Phone Swap o la película de suspense The figurine, estrenaba este año 1 de octubre, fecha efectiva de la declaración de independencia de los británicos.

La película, ambientada en la preindependencia, narra a un detective que es contratado por el gobierno colonial con urgencia con el fin de resolver una serie de asesinatos de mujeres. Un suspense hitchconiano frente a la complicada tarea de anotar tintes históricos en un país en transición.

1 de octubre promete dar otro paso revolucionario en la producción del cine de Nollywood con imágenes de alta calidad. Kunle Afolayan se está moviendo hacia una industria internacional en busca de financiación, precisamente una de las características que definían a Nollywood: la independencia económica de financiadores externos, incluido el propio gobierno. Los resultados son tremendamente esperanzadores.

Sin embargo, esta película no es exclusivamente sobre los momentos previos históricos a la independencia en los años sesenta, o quizás sí, en cierto modo. Los temas transversales que se pueden apreciar son la venganza, el dolor, el abuso sexual, la enfermedad mental, la ironía de la moral anclada en la espiritualidad, el conflicto de las religiones y el racismo. Todas estas debilidades y fracasos sistémicos se encontraban ya en la época colonial impuesta. Así que en 1 de octubre el espectador observará un contexto muy esclarecedor y con una estética muy atractiva para lo que Nollywood nos tiene acostumbrados.

¡Oh lala! Nollywood

nollywood

El nº 76 de la rue de Rennes, en París, un espacio de modestia en 35mm y con aires de romanticismo en versión original se ha sabido adaptar un año más a la demanda de los organizadores del Nollywood Week Paris. La cuna del cine se prepara por tercer año para su cita con la industria del cine nigeriano. Un telón que se abre este jueves 4 de junio en el Teatro Arlequin y finaliza el 7 de junio. Y Wiriko como medio oficial.

A escasas paradas de metro, en el africano barrio de Château Rouge los carteles del festival siguen sin verse. De alguna forma, era una observación que hacíamos en la primera edición. Pero en realidad, aquí no hace falta. Las tiendas con iluminación sobre saturada e hilo musical estridente mantienen su número de ventas: DVD de las últimas series nigerianas, de la última película de moda o de los clásicos de los noventa del país más poblado del continente africano. Más bien, el Nollywood Week persigue a esa población refinada de boina y paseos por el Sena que la única información de Nigeria es Boko Haram y #Bringbackourgirls, y a la diáspora nigeriana en Francia.

Nollywood es un fenómeno que ha desatado el interés más allá de las fronteras de Nigeria. Entusiasmo, crítica mordaz o defensa a una posible alternativa para los que pretenden ganarse la vida haciendo cine. Que por cierto, es simplemente inaccesible para los amantes de esta industria que viven en París. Y la capital francesa es un punto focal, un centro para el séptimo arte internacional, por lo que es natural que esta ciudad se esté consagrando con un festival dedicado a la segunda industria cinematográfica más grande del mundo a nivel de producción.

El embajador de esta tercera edición será el actor haitiano Jimmy Jean-Louis, que como nos ha subrayado el director ejecutivo del festival, Serge Noukoué, “es una representación perfecta del espíritu abierto de los defensores del festival”. Después de afianzar su marca en los Estados Unidos interpretando varios papeles en Hollywood, se dirigió a Nigeria donde actuó en varias películas con esta voluntad de contribuir al desarrollo de esta industria. Este flechazo se materializó recientemente al dirigir el documental Jimmy Goes a Nollywood, que se presentará el jueves durante la gala de inauguración después del concierto del joven cantautor nigeriano Jon Ogah.

Durante los cuatro días de festival, además de conferencias especializadas sobre la industria y comida del país en un ambigú customizado para la ocasión, se proyectarán diez películas de las cuales ocho optarán al premio del público. La selección oficial se compone de los siguientes largometrajes:

1 de octubre
Dirigida por Kunle Afolayan (ganador de la primera edición con la comedia Phone Swap), narra la historia de un detective de la policía nigeriana enviado a investigar los asesinatos de varias mujeres en una pequeña comunidad unos días antes de la Independencia Nigeria (el 1 de octubre de 1960).

Ojuju
Dirigida por CJ Obasi, la película es un thriller de género Zombi, en el Romero y sus amigos tienen que buscar la manera de salir de su barrio ya que el suministro de agua está infectando a las personas con una ceguera rabiosa.

A mile de home (A una milla de casa)
Dirigida por Eric Ameghien, la película sigue la vida de un estudiante universitario que se unió a una pandilla en su búsqueda para vengar una injusticia cometida contra él por un gánster. Su decisión le cambiará la vida.

Thy Will be Done (Hágase tu voluntad)
Hágase tu voluntad, es un drama romántico que narra la historia del Pastor Pío y su esposa. Un día sus vidas sufren un revés cuando la primera esposa del pastor, que había sido dada por muerta, aparece siete años después. El director de esta película es Obi Emelonye, quien ya dirigiera la exitosa Last Flight to Abuja.

The last three digits (Los últimos tres dígitos)
La película fue dirigida por Moisés Inwang es un trabajo romántico. Alex se encuentra con el amor de su vida en un centro comercial y aprovecha la oportunidad para conseguir su número antes de que ella se escapa de nuevo, pero tres dígitos que faltan lo llevó en una búsqueda para encontrar el verdadero amor..

Dazzling Mirage (Deslumbrante ilusión)
La película está basada en la novela del mismo nombre, y es la historia de una mujer joven con anemia que tiene que superar diversos obstáculos para llevar una vida normal y plena. La película está dirigida por el aclamado Tunde Kelani, quien presentara en la primera edición de la Nollywood Week Maami.

Gone Too Far (Ido demasiado lejos)
Dirigida por Destiny Ekharagha, es una comedia que se desarrolla en un día, cuando dos hermanos, uno criado en Londres y el otro en Lagos, se reúnen por primera vez después de haber sido separados desde la infancia.

Colombia con los cines africanos

MUICA

Mayo es el mes de la herencia africana en Colombia y este año se han volcado en la idea de mostrar otras realidades, de intercambiar sentimientos y de vibrar en la butaca con la primera Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) que se celebrará en Cartagena (6-18), Bogotá (21-24) y Cali (28-31). ¡Acción!

La muestra incluye una selección de 13 películas realizadas en 10 países del continente africano y premiadas internacionalmente.  Desde el documental hasta la animación y la ciencia ficción, la MUICA pone en primer plano el rico panorama de la realización cinematográfica en África, y abre una ventana a las narrativas audiovisuales de un continente heterogéneo y diverso, tanto en sus realidades sociales y culturales como en sus expresiones artísticas.

Beats of Antonov (2014), del director sudanés Hajooj Kuka –Los ritmos del Antonov, en español– premio al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT), Toronto o Luxor, nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Como escribía Alma Toranzo para Wiriko “no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos”.

Aya de Youpugón (2013), la película de animación basada en la serie de historietas de Margarite Abouet e ilustradas por Clément Oubriere, muestra un retrato nostálgico del barrio popular de Youpugón en la capital económica marfileña de Abiyán. Otra de las obras imprescindibles de esta muestra será sin duda Cuba, una odisea africana (2007), de la directora Jihan el-Tahri que muestra el papel que jugó Cuba en los procesos independentistas de varios países africanos y la relación que la isla caribeña tuvo con políticos revolucionarios como Lumumba (República Democrática del Congo), Agostiño Neto (Angola), Amílcar Cabral (Guinea Bissau) o Samora Machel (Mozambique).

En esta línea, el documental Lumumba, la muerte del profeta (1991), del director Raoul Peck, será una oportunidad para recordar la vida y leyenda de este líder que fue el primer Ministro del Congo independiente cuyo asesinato en 1961 fue una conspiración de la CIA y el gobierno belga, la antigua colonia.

Otros títulos inundarán de debate las salas como: Mama Goema, la música de Ciudad del Cabo en cinco movimientos (2011), Miners shot down (2014), las kenianas Nairobi Half Life (2012), Soul Boy (2010) o Pumzi (2009), la mozambicana Virgen Margarida (2013), el documental del director angolano Dom Pedro Tango Negro (2013) de la que hablamos ya, la senegalesa Tey (2011) o la marroquí Los perros son ellos (2013).

Las universidades serán las encargadas de transmitir estas exposiciones culturales a las personas interesadas, con el apoyo del Instituto Francés, Instituto Goethe, embajadas de Francia y España en Colombia y también el Festival de Cine Africano de Córdoba en España.

Además de los centros de educación superior, también se podrá ver en las salas de proyección como Cine Tonalá en Bogotá, La Tertulia en Cali y el Centro de Cooperación Española en la ciudad de Cartagena.

Sin duda, la creación de la MUICA es un nuevo esfuerzo de sus organizadores SUR por fortalecer el diálogo entre las naciones del sur global. Ya en el 2014 presentaron la primera Muestra de Cine Colombiano en Sudáfrica,  Visual Journeys to the Other South, por lo que sus objetivos siguen muy presentes y dando que hablar en su misión de fomentar la creación de públicos, la apertura de nuevos mercados en el sector cultural y contribuir a romper estereotipos que con frecuencia simplifican las problemáticas sociales de nuestros países. El mes afrocolombiano comienza con olor a cine.

Mengestu, la historia del contador de historias

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 - Wikimedia Commons

Dinaw Mengestu. Foto: Slowking4 – Wikimedia Commons

¿Qué tenemos que pensar cuando un mentiroso nos dice que está mintiendo? ¿Es una mentira doble o es mentira que miente? Algo parecido pasa con el propio Dinaw Mengestu y con Jonas Woldemariam, el protagonista de su segunda novela El lugar del aire. Jonas pasa una parte de su vida inventando la vida de solicitantes de asilo. Adornando historias de vida para hacerlas más merecedoras del cobijo del gobierno. Jonas, en realidad, reescribe la vida de los demás en un intento por reescribir la suya.

Mengestu toca los temas inevitables en la novela de un escritor etíope afincado en Estados Unidos desde los dos años. Trata sobre el desarraigo, sobre las diferencias culturales, sobre la experiencia de la migración y, evidentemente, sobre la identidad. Jonas, el protagonista de El lugar del aire, es un joven que se divierte (y al mismo tiempo se enfada) explicando a sus interlocutores que es estadounidense, concretamente del Medio Oeste, y sobre todo cuando sus interlocutores insisten en preguntar de qué parte de África es. En realidad sus padres, que ocupan un lugar fundamental en la historia, llegaron a Estados Unidos procedentes de Etiopía y son los depositarios de una complicada historia tanto personal como familiar, pero él nunca ha vivido en el país del Cuerno de África.

Cubierta de la segunda novela de Dinaw Mengestu, "El lugar del aire", editada por Lumen.

Cubierta de la segunda novela de Dinaw Mengestu, “El lugar del aire”, editada por Lumen.

El relato de El lugar del aire, publicada en español por la editorial Lumen, mezcla tres historias. Por un lado, la de la relación de Jonas Woldemariam, el protagonista, nacido en Estados Unidos, pero de origen etíope, con su mujer Ángela; la de los padres Yosef y Mariam, inmigrantes etíopes; y la del propio Jonas en busca de la pista de sus progenitores. Las historias se entrelazan, se mezclan y se relacionan en una danza narrativa, que permite seguir los hilos sin problemas a pesar de que el novelista etíope rompe por completo la idea de la narración lineal.

Jonas soporta sobre sus espaldas, en realidad, silenciosamente, el peso de las historias pasadas y sufre las secuelas del dolor de las personas que le precedieron. Tiene una parte de su padre, un joven opositor que huyó de Etiopía amenazado por el autoritarismo y que no fue capaz de construir la vida que había soñado en Estados Unidos porque se quedó encerrado en el trauma de una huída encerrado en una caja, un hombre tan autoritario y violento con su madre como vulnerable. Al mismo tiempo, tiene una parte de su madre, la mujer que viajó a los Estados Unidos para encontrarse con el estudiante contestatario que había conocido años atrás y se encontró un hombre hermético y demolido. Una mujer que construía sus propias historias para llenar el vacío que le provocaba la frustración. Quizá la vocación cuentista de Jonas, su querencia por la recreación de historias, su tendencia al silencio, cuando no a la mentira, la haya heredado de su madre.

Y la relación de Jonas con Ángela tiene también mucho de la de sus padres, la de dos almas independientes que necesitan el calor y la valiente honestidad que la otra no les puede dar. Una relación que nace y crece en la ficción del interior de los dos protagonistas. Y en la que resuena el eco de las advertencias: “Antes de la boda su padre le había dicho que a los hombres como él se les daba mejor arar los campos como asnos que sacar adelante a una familia”. Las podía haber dicho Jonas, o las podía haber pronunciado Yosef dirigiéndose a su hijo, pero en realidad, son palabras que el abuelo del protagonista le había dicho a Mariam, en lo que parece un destino que recorre generaciones como una maldición.

El lugar del aire no pretende ser autobiográfico aunque los guiños de Mengestu hace le dan esa apariencia, el aspirante a escritor que se convierte en profesor, o el punto de partida en una ciudad del Medio Oeste, casualmente en Peoria, la misma localidad en la que creció Mengestu. Sin embargo, su experiencia personal seguramente le da una posibilidad para que en el relato aparezcan temas como la ficción del intercambio cultural o la hipocresía del país de las oportunidades; la experiencia de la migración, aunque no sea en carne propia; y la búsqueda de la identidad, un elemento que, por otro lado, ha colonizado las narraciones de los autores de origen africano que más proyección están teniendo en el mercado editorial internacional.

Esa búsqueda vertebra en buena medida, una parte importante de la historia, sobre todo, cuando Jonas trata de reconstruir el viaje que sus padres hicieron cuando se reencontraron en Estados Unidos. Jonas visita los mismo lugares que habían pisado sus progenitores buscando una huella de su identidad, intentando revivir las historias que ellos mismos vivieron o, al menos, imaginando esos episodios.  Esa búsqueda se hace más que evidente con la visita del protagonista a su madre. “Empecé a buscar atisbos de mis padres tal como debían de ser cuando recorrieron este paisaje por primera vez, cuando eran personas mucho mejores que las que yo había conocido. Sólo entonces comprendí la fuerza con que me había aferrado a ellos durante tantos años”, escribe Dinaw Mengestu.

Ebène Duta, de Facebook a las páginas del cómic

Joëlle Ebongue, conocida como Elyon's. Foto cedida

Joëlle Ebongue, conocida como Elyon’s. Foto cedida

Elyon’s ha desafiado a la industria editorial y, de momento, le está ganando la partida. Es la autora de un cómic sobre la vida diaria de una joven africana lejos de su tierra y sus aventuras son casi un catálogo de prejuicios ridiculizados y desmentidos. El mérito de la autora camerunesa es que ante las puertas cerradas para la edición de su trabajo ha puesto el ingenio y se ha sometido al juicio más legítimo, el del propio público, hasta que ha conseguido autopublicar su álbum, gracias a la financiación de sus incondicionales. La vie d’Ebène Duta (LVDD) ha surgido casi por aclamación popular y eso supone un éxito extra.

Esta autora camerunesa tiene para La vie d’Ebène Duta un aval más poderoso que cualquier premio. La publicación de su primer álbum es sólo posible por la aprobación de sus seguidores. En enero de 2011 Ebène Duta nacía como el personaje destinado a animar el blog de su autora. Poco más de seis meses después, la joven africana residente en Bélgica daba el salto a Facebook y a través de su página oficial empezaba a mostrar las aventuras y desventuras de una inmigrante que despierta a la vida y se enfrenta a una cultura y a una forma de vida diferente a la propia.

Su existencia virtual y el continuo aumento de sus seguidores hizo que Elyon’s lanzase la apuesta definitiva. Todo el mundo se lo estaba pidiendo a través de la red social y esta dibujante licenciada en filología francesa e inglesa se debe a su público. La joven Ebène Duta tenía que dar paso a la mayoría de edad y pasarse al papel. Elyon’s estaba resuelta había que publicarlo y si las editoriales no estaban dispuestas a darle una oportunidad, el público tenía que decir la palabra definitiva. Hace ahora poco más de un año, el 25 de noviembre, la autora camerunesa lanzó una campaña de micromecenazgo. Pedía 12.500 euros, una cantidad nada fácil de conseguir en una iniciativa de este tipo. La cifra debía reunirse en aportaciones de los seguidores de entre 5 y 400 euros, a cambio de diferentes recompensas.

Ella misma advierte que no estaba segura de conseguir el objetivo y tenía motivos para dudar. La iniciativa de Elyon’s apenas era un sueño y sin ningún apoyo destacable, justo un deseo personal. Noventa días después, ese era el plazo que daba la plataforma para reunir el dinero, el proyecto de edición de La vie d’Ebène Duta no recaudó 12.500 euros, eso lo consiguió cinco días antes del final del plazo. Cuando concluyó la campaña, Elyon’s tenía 15.149 euros para editar 3.000 ejemplares de La Vie d’Ebène Duta en francés e, incluso, 2.000 más en ingles. La joven autora camerunesa había conseguido su sueño. Ningún editor había querido arriesgarse a llevar a Ebène Duta al papel, a pesar de sus 10.000 seguidores en Facebook; pero 424 seguidores no sólo depositaron su confianza en la dibujante sino que apoyaron económicamente su proyecto.

Elyon’s, la firma tras la que está Joëlle Ebongue, reconoce a medias que Ebène Duta tiene mucho de ella. Esta camerunesa se licenció primero en filología inglesa y francesa en su país de origen, siguiendo el consejo de sus padres. Después viajó a Bélgica, siguiendo sus propios impulsos, y se licenció en artes gráficas visuales mientras desempeñaba diferentes trabajos. Cuando volvió a Camerún trabajó como grafista y como creativa en una agencia de publicidad hasta que decidió dedicarse a su pasión, como ella misma lo define, “ser autora de comics humorísticos”. Sin duda su periplo en el país europeo está en la base de las aventuras de Ebène Duta, aunque su creadora afirma que se alimenta también de las historias que le cuentan amigos y conocidos y de cosas que lee.

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La dibujante Elyon's. Foto cedida.

La dibujante Elyon’s. Foto cedida.

En todo caso, la protagonista de las historietas es una joven africana en Europa que debe enfrentarse a una vida lejos de su lugar de origen y también a cómo ven los europeos a los africanos. La joven Ebène hace frente a problemas de su edad como no sentirse a gusto con su cuerpo o a las complicadas relaciones con los hombres y con sus amigas. En Bélgica, hace frío, hay nieve y, sobre todo, europeos con una visión muy particular de los africanos, como el niño que se pregunta si Ebène es negra desde su nacimiento y al enterarse de que sí, sobreentiende que su país debe ser un lugar muy sucio; o la compañera de clase que se asombra de que una camerunesa hable tan bien el francés. Así que Ebène es la voz de las jóvenes, la de las mujeres, la de las migrantes, la de las soñadoras y la de las africanas y, además de retratar la vida, rompe estereotipos.

Elyon’s explica que cuando buscaba editor, sus interlocutores, por ser una autora camerunesa, esperaban que en sus páginas hubiese paja, o piraguas o cauris como moneda, ante la negativa se mostraban desilusionados. Entonces pedían, como mínimo que la protagonista fuese una “sin papeles”, pero no es así, Ebène Duta tiene toda su documentación en regla y, entonces, por arte de magia, el cómic dejaba de ser africano para ellos. Y sin embargo, contra el criterio de todos esos expertos en publicaciones, la joven Ebène ha conseguido que millares de personas se identificasen con sus desventuras y más de 17.000 en 43 países siguen sus evoluciones en Facebook.

Sin tener detrás una editorial importante, Elyon’s ha despertado el interés y ha sido requerida por medios de comunicación diversos en Camerún y Francia, fundamentalmente, pero también en otro países y se ha paseado por salones del cómic, desde Angouleme a Argel. Lo ha conseguido, fundamentalmente siendo apasionada en su trabajo y cuidadosa en sus relaciones, se alimenta en gran medida de los comentarios de sus seguidores, les atiende, les responde, les explica cómo trabaja, les presta atención e, incluso, le ha animado a reproducir a los personajes de La vie d’Ebène Duta con sus estilos propios.

Elyon’s y Ebène Duta rompen todos los esquemas imaginables, los culturales en las páginas del álbum, pero también los de la industria editorial y los de los sistemas de publicación en su proyecto, y los de las relaciones entre los lectores y los autores en su día a día. Si Ebène Duta despierta interés, Elyon’s desprende magnetismo y, sobre todo, ninguna de las dos despiertan faltas expectativas.

La invisible inmigración caboverdiana en Lisboa

 

El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana

El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana

Joaquim Arena es el autor de La verdad sobre Chindo Luz. El estilo del novelista caboverdiano que ha pasado la mayor parte de su vida en Portugal puede resultarnos poco atractivo, pero tiene un mérito indudable. Arena ha sido, posiblemente, el primer escritor del archipiélago africano que ha visibilizado la situación de los caboverdianos inmigrados a la metrópoli. La verdad sobre Chindo Luz esconde varias tramas, entre ellas un argumento misterioso y otro analítico, pero la mayor aportación de Arena es dibujar con maestría la vida en los barrios populares de Lisboa que en la década de los setenta albergaban considerables cantidades de recién llegados de las aún colonias portuguesas.

Portada de la edición de Baile del Sol

Portada de la edición de Baile del Sol

La literatura de los países africanos de la esfera lusófona es, seguramente, la menos conocida del continente, no sólo en España (donde el conocimiento de la literatura africana, en general, es escaso) sino en todo el mundo. Los académicos consideran que la lengua portuguesa tiene muchos menos prestigio internacional que el francés o el inglés y eso ha hecho que las traducciones de estos autores sean escasas. Estos dos factores explican por qué hay menos autores africanos lusófonos con proyección mundial que de otras antiguas esferas coloniales. De la misma manera, el espíritu de la administración colonial no favorecía la proyección de los escritores. Arena es, así, un desconocido en el que se fijó la editorial Baile del Sol, dentro de la colección Macraronesia. La editorial canaria no lo enmarcó en su colección África, sino en la compilación en la que pretendían dar visibilidad a la literatura de las islas.

El argumento de La verdad sobre Chindo Luz relata la historia de Baldo Luz, el hermano del Gumercindo “Chindo” que aparece en el título. Baldo se ha desvivido por encontrar a su hermano que ha desaparecido como si se lo tragase la tierra, después de alcanzar una popularidad televisiva poco habitual para el hijo de una familia inmigrada. Con esta excusa, Arena repasa la vida de los africanos que en los setenta abandonaban las colonias portuguesas, para instalarse en la metrópoli. El autor hace una incursión también en los últimos tiempos de la administración colonial a partir de variopintos personajes. Y, de la misma, manera da una idea de la propia sociedad portuguesa en los años inmediatamente posteriores a la dictadura.

El principio y el final del primer párrafo de la novela son ya bastante representativos: “La primera vez que vi a Gumercindo da Luz él era todavía un chavalín delgado que jugaba a la bola en la calle. La familia acababa de mudarse al barrio. Nunca imaginé que veinte años después acabaría convirtiéndose en la figura pública que fue, ni que yo estaría aquí sentado intentando escribir un libro sobre él. Tampoco pasó por la cabeza de nadie que Joel Tocadiscos, el hijo canijo del sindicalista Moreira, fuera un día elegido diputado de la Asamblea de la República. Y que junto a Chindo, Pinela, Luego-luego y Zé Bidón estaría metido en la historia que originó este relato. (…) Llegaron en 1977 ó 1978 y se fueron a vivir a una casa antigua al fondo de la calle. Todos los conocían. Eran los únicos negros del barrio en unos tiempos en que todavía había pocos negros en esta zona de Lisboa”.

A partir de este momento, el narrador explica cómo vivía la familia da Luz en su barrio, las penurias que pasaban y los obstáculos a los que se enfrentaban, lo que convierte a La verdad sobre Chindo Luz en una novela sobre la inmigración caboverdiana. Y, también, sobre una de las caras del final del colonialismo portugués.

 

Portada de la edición original en portugués.

Portada de la edición original en portugués.

Joaquim Arena puede escribir sobre esta realidad con la proximidad que da la experiencia. Nacido en Cabo Verde, este escritor se trasladó junto a su familia a Portugal poco antes del tiempo en el que se desarrolla la novela. Lo hizo a finales de los años sesenta, cuando tenía cinco años. A partir de ahí pasó la mayor parte de su vida en Portugal, pero decidió regresar a Cabo Verde, a finales de los años noventa, pasados los 30 años, un poco como un viaje de regreso a sus raíces. Arena que se había licenciado en Derecho y había trabajado para revistas africanistas, no da el salto a la literatura, precisamente, hasta que no regresa a su tierra natal. En el año 2000 publicó una novela corta, Um farol no deserto, y en 2006 fue el turno de A verdade de Chindo Luz, que tradujo Baile del Sol para publicar en 2008. Para ese momento, el escritor había realizado un periplo en busca de su identidad cultural, un proceso que de alguna manera se produce también en la novela.

Algunos lectores se han quejado de la dificultad de seguir el hilo de la narración de Arena, la mayor parte elogian la idea del argumento que les ha resultado atractiva pero consideran poco acertada la ejecución. Es cierto, que en algún momento el relato se hace complicado, básicamente porque está construido a base de los jirones de la vida de Chindo que su hermano Baldo va recuperando en su búsqueda. Por otro lado, el estilo de Arena recuerda en algo al de otros escritores caboverdianos como Germano Almeida, un estilo que tiende hacia lo abrupto, en el que a veces parece que se han omitido piezas.

En todo caso, el mérito de Arenas es incuestionable y su capacidad para dibujar un momento y un lugar, un ambiente y una realidad poco conocida hace que La verdad sobre Chindo Luz resulte, cuando menos, una lectura interesante.

London Film Africa: apostar a caballo ganador

cartelfestival

La semana pasada, Londres celebraba el festival de cines africanos, London Film Africa, fundado en 2011 por Lindiwe Dovey, la profesora y académica de SOAS (University of London) de referencia para el estudio de cines y festivales de cines africanos, y Namvula Renie, cantautora y fotógrafa. Ambas dejaron un legado que ha lucido en la tercera edición de este festival, con la programadora Suzy Gillet, quien, según informaba la Royal African Society, entidad organizadora del London Film Africa, asumiría el cargo desde julio. Tras la proyección de Of Good Report (Jahmil X.T. Qubeka, 2013) una película que mostraba la madurez de la industria cinematográfica en Sudáfrica, cuyo “informe” no obstante, dejó en ocasiones al público tan enmudecido como el propio personaje del profesor Parker Sithole (interpretado por Mothusi Magano), se creó una expectación por los diez días de cine que acababan de comenzar en la capital británica.

Desde seis cines ubicados en seis distintos puntos de la ciudad, BFI en Southbank, Ciné Lumière en South Kensington, Hackney Picturehouse en Hackney, Rich Mix en Shoreditch, Ritzy cinema en Brixton y South London Gallery en Peckham, una muestra de 64 películas africanas llegaba a distintas audiencias, y hacía, a las más cinéfilas, viajar hasta una hora de un sitio a otro para conseguir asistir al mayor número de eventos y proyecciones. El resultado puede traducirse en cifras, con más de 4.000 entradas vendidas, y un 50% de películas agotadas; algunas, días antes de la proyección, según informaba el director delegado de la Royal African Society, Richard May, durante la clausura; y que la programadora, Suzy Gillet, ya agradecía durante el festival: “comprar una entrada para ver una película es un acto político, dado que permite la existencia del festival”.

Ha habido 25 estrenos a nivel británico, entre ellos, Jeppe on a Friday (Arya Lalloo, Shannon Walsh, 2013), agotada, cuyas directoras hablaron ya, de ese documental sobre un día en un barrio sudafricano, retratado a través de distintos perfiles, semanas antes, en el décimo Festival de cine africano de Córdoba-FCAT; otro título que pudo verse en Córdoba, pero que esta vez traía al director angoleño, Joao Viana, para el debate posterior a su película A batalha de Tabatô (2012), agotada también en Londres, pero que volverá el 5 de diciembre con motivo del Festival de cine portugués, en presencia de nuevo del director; Cursed be the Phosphate (Sami Tlili, 2012); 2morrow Far Away (Jean Baptiste Saurel, 2012); The Africa China Connection (Pieter van der Houwen, 2012); Coz Ov Moni II (King Lu); Death Metal Angola (Jeremy Xido, 2012) y Mercy Mercy (Katrine Riis Kjaer, 2012).

Se han proyectado también títulos de referencia en los cines africanos con un destacado protagonismo senegalés, como La noire de… (1966), primer largometraje de Ousmane Sembène, cuyo tema sigue de actualidad. Se proyectaba también el primer cortometraje de este “padre” del cine africano, Borom Sarret (1963), junto con Tey (Alain Gomis, 2012) otra de las novedades de este festival: proyecciones dobles cuyas películas integrantes podían relacionarse más directa o indirectamente. Borom Sarret se considera la primera película narrativa dirigida por un cineasta africano, cuyo realismo social reflejaba el compromiso de Sembène con la localidad, frente al colonialismo francés exacerbado, respondiendo a la contemporaneidad y superando así el discurso de la supuesta “pureza” africana. Para Alain Gomis, la estrella tan esperada en este festival, tras su triunfo en FESPACO cuando su película Tey se alzó ganadora, mostrar su largometraje tras el corto de Sembène fue un halago: “Sembène no quiso que sus películas fueran a competición en FESPACO, porque quería dejar ese reconocimiento a los jóvenes cineastas, tal vez por eso yo he sido el primer senegalés en ganar en FESPACO”, bromeaba el director, con un sentido del humor y una capacidad reflexiva sobre su cine que cautivó a las audiencias. Podría decirse que el sábado todos los asistentes a la proyección doble de Borom Sarret y Tey echaron el día con Alain Gomis en BFI, pues empezó a las 14.00 y terminó a las 18.00, ya que el debate se alargó más que casi la proyección doble, y cuyas reflexiones continuaban aun cuando hubo que desalojar la sala porque comenzaba la siguiente película.

Alain Gomis: “No sé por qué la gente sigue viendo África como un gran safari. Ese es su problema. Pero hay que avanzar”

Cartel de la película Tey, dirigida por Alain Gomes.

Cartel de la película Tey, dirigida por Alain Gomis.

No era la primera vez que Tey se proyectaba en el festival, no era el estreno el objetivo de esta elección de programación. Además, ya el último London Film Africa pudo disfrutar de la presencia del actor constante de Gomis en sus tres películas -además de guionista en Tey junto al director-, Djolof Mbengue. Esta vez, se trataba de dar a conocer la trayectoria de directores destacados en el panorama cinematográfico africano, en una nueva sección llamada 3×3, que arrojaba luz a tres directores clave mediante tres de sus películas. De Gomis pudieron verse, por orden cronológico: L’Afrance (2001) y Andalucia (2007), todas ellas, con una profunda reflexión sobre la condición humana, en la que resulta difícil hablar de identidad, puesto que “todos de algún modo somos extranjeros hasta de nosotros mismos”, subrayaba Gomis en la ronda de preguntas posterior a las proyecciones.

L’Afrance utiliza la inmigración como punto de partida para explorar estas cuestiones, con una puesta en escena que desde el principio da en la clave de los principales temas en torno a la inmigración -la falta de comunicación con la familia, la educación o el compromiso del retorno-. De esta forma, deja constancia el protagonista, El Hadj (Djolof Mbengue), con estas declaraciones: “Estoy cansado de ser el extranjero”,  “estoy harto de ser negro, soy senegalés”. También hay momentos de catarsis donde El Hadj repite una y otra vez: “¿Cuántas personas mienten sobre la situación en Francia? Francia, el Dorado…”.

Andalucía se centra en un personaje argelino, Yacine (interpretado impecablemente por Samir Guesmi), para mostrar cómo muchas veces, uno se siente más uno mismo en espacios que se suponen ajenos y extranjeros, en este caso, en Toledo, donde Yacine reconoce a toda su familia en los cuadros de El Greco, y en Andalucía, que, según el director, tiene ese contacto directo que Yacine necesitaba y que da lugar a ese final en el que Yacine siente volar entre las montañas de Granada.

Con estas reflexiones, sobre la lucha diaria y la vivencia del presente, Alain Gomis trata los temas que “afectan al 95% de la población”. Así, pretende que el espectador pueda reapropiarse parte del significado de sus películas, conectar esos detalles y esas pistas que él da en sus producciones, en las que muchas veces es más importante lo que muestra que lo que no muestra, colocando al espectador en una posición de intimidad. “No sé por qué la gente sigue viendo África como un gran safari. Ese es su problema. Pero hay que avanzar”. Estos cines, como han mostrado las distintas interpretaciones de su película Tey, abordan temas que pertenecen a todo el mundo, por eso se ven distintos símbolos que pertenecen a distintas culturas, para que no se reconozca a Satché, el personaje principal (Saul Williams) con una sola cultura. Alain Gomis hizo referencia a Djibril Diop Mambeti, en cuanto a su forma de escribir un guión: “Hay que cerrar los ojos y hay pequeños puntos que empiezan a aparecer y esos pequeños puntos se transforman en historias y en personajes. Al final lo que dice Mambety es que para ver la luz, hay que cerrar los ojos. Yo creo que esa es una definición hermosa del cine”

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De este otro gran padre del cine africano, Djibril Diop Mambeti, también senegalés, pudo verse Touki Bouki (1973), en una proyección doble junto con Mille Soleils (2013), realizado por su sobrina, Mati Diop, de la que se hacía una crítica en Wiriko a finales de octubre, con motivo de su premio Griot al mejor documental en el décimo Festival de cine africano de Córdoba-FCAT. Diop fue otra de las cineastas seleccionadas para este 3×3, de la que pudo verse el documental de 15 minutos, Atlantiques (2009), proyectado también junto a La Pirogue en The Ritzy; ambos fueron introducidos por Ashley Clark, editor de contenidos y coordinador de redes sociales, y Clarissa Azkoul, directora de Misión en la International Organization for Migration (IOM) UK. Dos films cuya temática, la inmigración clandestina, conmocionó a la audiencia puesto que fue posiblemente la única película del festival en la que no hubo aplausos tras los créditos. La Pirogue (2012) se había proyectado ya en Londres con motivo del London Film Festival, arrasando también en las pantallas. Lo mismo ha sucedido con la última película de Andrew Dosunmu, Mother of George (2013), que vino a la primera edición de London Film Africa con Restless City (2011), y que volvió a agotar las entradas a pesar de no ser el estreno en Reino Unido.

Mati Diop, no sólo es sobrina de Mambety, sino hija de Wasis Diop, compositor de la banda sonora de Daratt (2006), A Screaming Man (2010) y Grisgis (2013), las tres películas de Mahamat-Saleh Haroun, el otro director homenajeado en el 3×3, siendo Grisgris la que clausuraba estos diez días de cine, demostrando el éxito de la apuesta a caballo ganador del festival.

GrisGris (2012), película del director Mahamat-Saleh Haroun

GrisGris (2012), película del director Mahamat-Saleh Haroun.

Además de las 64 películas, London Film Africa organizó numerosas actividades de gran interés durante el festival, la gran mayoría de ellas gratuitas, y con muchísima participación del público gracias al poder de convocatoria de actores, directores, productores y escritores de la diáspora africana. El día para la familia, en patrocinio con Numbi Arts y Open The Gate; proyecciones de los cortometrajes My Shoes y When They Slept, este último, ganador del Premio Baobab; un mercado africano, organizado por Open The Gate; talleres organizados por NUMBI Arts; el programa Escuela, en patrocinio con Picturehouse Education, con proyecciones de cortometrajes en colegios de primaria y secundaria, seguidos de un debate con los programadores sobre los temas de los que tratan los cortos; un taller sobre cómo encontrar buenas historias en tu propio barrio, con las directoras Destiny Ekaragha y Bola Agbaje; y noches de música Film Africa Live!, en patrocinio con el ático de Hackney y The Ritzy – JUJU! y Seeds of Creation (Argelia), Kuduro con DJ El Moreno (Angola) y DJs Fad2 y FrenchKiss en la clausura; un debate en profundidad con Judy Kibinge, cuya tercera película, Something Necessary (2013), ha sido programada en esta edición del festival, en el London Film School; y el patrocinio a la conferencia sobre Cine africano y política, celebrada en la Universidad de Westminster, con la intervención de Jean-Pierre Bekolo, cuyo último film, Le Président, ha podido también verse en el festival. Finalmente, el hasta ahora foro de la distribución se ha ampliado al foro de industria: el negocio del cine en África, con el patrocinio de BFI Southbank y Euromed Audiovisual III, del que se volverá a hablar próximamente en Wiriko.

La Royal African Society, que ha destacado el trabajo del equipo de programación, y agradecido el patrocinio del British Council, Centre of African Studies de SOAS (University of London), MOFILM, Euromed Audiovisual y Miles Morland, concluye así con éxito otra edición del festival de cine africano de mayor envergadura en Reino Unido, y uno de los más importantes a nivel europeo.

 

Viajar como antídoto contra el pasado: “Mille soleils”

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

Mati Diop, directora de 'Milles soleil', premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Mati Diop, directora de ‘Milles soleils’, premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Sin duda, Mille Soleils se presenta como uno de los documentales con más peso en lo que va de año tras alzarse con el Gran Premio en la competición oficial del Festival Internacional de Cine Documental de Marsella (FID) el pasado julio y, más recientemente, con el Griot al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.

Fotograma del actor Magaye Niang que interpreta a Mory cuarenta años después.

Fotograma del actor Magaye Niang interpretando a Mory cuarenta años después en ‘Milles soleils’.

Los matices -muchos- cuarenta años después han variado, pero perdura la esencia innata de mejorar el contexto en el que uno vive. Mambety dibujó con precisión en 1972 a dos jóvenes inconformistas que soñaron con un futuro mejor que nunca llegó, que para alcanzarlo se liberaron de un pasado local, y cuyas historias confluyeron en amor y rebeldía rumbo a Europa. Y Diop en Mille Soleils presenta una historia sobre la familia, la transmisión, la herencia y la ruptura donde la historia personal del protagonista se difumina con la propia historia del cine.

El juicio que se plantea al espectador no es para nada sutil: los desgarrados que se quedan en tierra, representados por los animales que permanecen inocentes en el matadero antes de su muerte, y los que comprendieron el concepto del hogar una vez que salieron y tuvieron que confrontar el dolor y el miedo, representados por Anta (Marème Diang). “¿Viajar? ¿Era necesario?”. El movimiento final que plantea el documental no solo es geográfico sino introspectivo apelando a la conciencia del tiempo.