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Para no aburrirse… muchas letras africanas

Afortunadamente en los últimos meses se han producido un buen número de lanzamientos editoriales de autoras y autores africanos. Eso significa que el verano se abre ante nosotras con trabajo pendiente, no hemos podido seguir el ritmo de reseñas de esas nuevas presentaciones, pero aprovecharemos este mes de agosto, para poneros al día en el nuevo curso.

Sin embargo, aunque no os hayamos podido ofrecer esas reseñas no nos podemos resistir a proponeros algunas de esas novedades. Así compartimos la experiencia.

La revolución vertical, de Ngũgĩ wa Thiong’o

Forma parte de un interesante proyecto del que ya hablamos en Wiriko y que ha hecho que el relato del escritor keniano se haya editado simultáneamente en seis ediciones bilingües en las que el kikuyu en el que fue escrita originalmente la historia comparte páginas con el castellano, el catalán, el euskera, el galego, el aranés y el bable.

En este caso, os traemos la versión castellano-kikuyu que ha lanzado la editorial Rayo Verde, pero en el proyecto también estaban Raig Verd, Txalaparta, Editorial Galaxia y Pagès editors.

Quien teme a la muerte, de Nnedi Okorafor

Nos llega una nueva novela de la referente actual de la literatura de ciencia ficción africana. Nnedi Okorafor es una escritora nacida en Estados Unidos, pero de origen nigeriano que se reclama como heredera de la tradición africana en la construcción de sus mundos literarios de ciencia ficción. Después de las dos primeras piezas de la trilogia Binti, la editorial Crononauta nos acerca esta novela de la escritora, una de sus obras más aclamadas, antes de que su potencial fuese aplaudido por la industria editorial global.

Siguiendo con la iniciativas interesantes. Nos encontramos con que las editoras que se lanzan a la publicación de obras de autoras africanas, además apuestan por nuevas formas de edición. En este caso, al mismo tiempo la novela de Nnedi Okorafor se ha publicado simultáneamente en castellano, de la mano de Crononauta, y en catalán, a través de Raig Verd, bajo el título Qui tem la mort. El entendimiento entre las responsables de estas dos valientes casas editoriales ha permitido este lanzamientos múltiple.

Terra somnàmbula, de Mia Couto

Volvemos a hablar de la primera novela del mozambiqueño Mia Couto, la que publicó hace veintisiete años, justo cuando se firmaba la paz en la guerra civil que había asolado su país. El relato, máxima expresión del estilo onírico de Couto, vuelve a estar de actualidad gracias a la edición que Periscopi ha hecho en catalán.

África en transformación, de Carlos Lopes

La colección de ensayos que Casa África impulsa a través de la editorial Los libros de la Catarata tiene un nuevo volumen. Se trata de una reflexión de Carlos Lopes sobre la situación actual, pero también la trayectoria y la proyección del desarrollo económico del continente africano. Lopes, uno de los economistas africanos más prestigiosos, ha querido poner los puntos sobre las ies, contestar los mitos en negativo y también puntualizar una euforia infundada. Se trata de que una voz extremadamente autorizada ofrezca un análisis riguroso de la situación.

Lluitar amb el diable, de Ngũgĩ wa Thiong’o

De la producción de no ficción del escritor keniano, esta es la obra más impactante. Así al menos lo considera Laura Huerga, la editora de Rayo Verde y de Raig Verd que se ha empleado a fondo en la tarea de acercarnos las reflexiones y las opiniones de uno de los autores africanos con más reconocimiento. En este trabajo, Ngũgĩ wa Thiong’o repasa el año que pasó en prisión, como represalia del régimen keniano por haberse acercado a las clases más populares a través de un teatro social y pedagógico.

No hables, de Uzodinma Iweala

Iweala está contribuyendo a un arduo trabajo en el que se han empleado muchos artistas africanos: dinamitar el tabú en torno a la homosexualidad. En este caso, el autor estadounidense de origen nigeriano nos traslada a las dificultades que entraña en las relaciones familiares la diversidad sexual. Alianza de Novelas (AdN) se ha fijado en otra de las voces de esa floreciente literatura de diáspora que cada vez consigue más visibilidad. Iweala se hizo conocido en el entorno editorial con su primera novela Bestias sin patria que abordaba el fenómeno de los niños soldados.

Doce relatos urbanos, doce voces africanas, de varios autores

La periodista canaria Ángeles Jurado se ha encargado de coordinar este volumen de relatos impulsado por Casa África en su colección de narrativa de la editorial Baile del Sol. Doce relatos urbanos, doce voces africanas recoge historias de una nómina de autores de primera línea que ofrecen una visión sobre las realidades urbanas del continente. Esta narrativa sobre las ciudades se está convirtiendo en unas de las principales herramientas para romper con algunos de los estereotipos que se ciernen sobre África. Las ciudades africanas son espacios extremadamente dinámicos y los narradores y las narradoras africanas las están relatando de una manera inmejorable.

Antología poética, de Gabriel Mwéné Okoundji

Un poco de poesía también se puede hacer un hueco en las lecturas veraniegas. Si los y las autoras africanas están infrarrepresentados en la actividad editorial en España, la publicación de poesía es una auténtica excepción. La Editorial Pre-Textos ha escogido a este autor congoleño ampliamente reconocido en el panorama internacional para acercarnos una obra poética cargada de originalidad. En realidad Okoundji ya había sido traducido al español, pero a través de la editorial argentina Babel. Ahora el poeta congoleño llega también al panorama editorial español.

Bajo las ramas de los udalas, de Chinelo Okparanta

Okparanta ha sido adoptada como una revelación y un referente por algunos apasionados de las literaturas africanas que tratan temas de diversidad sexual. En este caso una historia de amor poderosa y desgarradora se produce en pleno conflicto de Biafra en Nigeria. El contexto de guerra no es único inconveniente que tendrán que superar las protagonistas de la novela para que sus sentimientos ganen la partida. La editorial Baile del Sol ha recuperado empuje con la edición de esta historia que si recibe la atención necesaria debería atraer una atención equivalente a la que ha atraído en otros países.

La societat dels somiadors involuntaris, de José Eduardo Agualusa

El escritor angoleño José Eduardo Agualusa regresa a las estanterías, en este caso, por la publicación en catalán de su penúltima obra. La editorial Periscopi seguramente se ha visto animada por el fantástico recibimiento que tuvo la recuperación el año pasado de Teoria general del olvido (en catalán) y ha hecho en este caso apenas se lo haya pensado para traducir la última novela y penúltimo libro de Agualusa. El narrador mozambiqueño tiene un espacio indudable en la producción editorial española, sin embargo, en los últimos años ese espacio se ha ido consolidando y ensanchando a fuerza de que los y las lectores se encuentren con los relatos fabulosos de este contador de historias incontestable.

Murambi, el libro de los huesos, de Boubacar Boris Diop

El escritor senegalés Boubacar Boris Diop publicó Murambi por primera vez en el año 2000, como como resultado de su participación en una iniciativa que pretendía afrontar el genocidio de ruanda desde la literatura. Diop recreo el escenario de la crisis ruandesa a través de una historia aparentemente ficcionada pero cimentada en una investigación rigurosa de los hechos. La de Diop fue una de las serie de diez novelas que otros tantos autores publicaron dentro de ese mismo programa.

Murambi fue recuperada por la editorial Wanáfrica en 2016 y ahora ha sido publicada por la editorial 2709 books que, como de costumbre hace una propuesta particular. Esta curiosa editorial pone a disposición de los y las lectoras los libros, únicamente en formato digital y lo hace con precios extremadamente atractivos. Recuperamos de esta manera un relato imperdible por el contenido, pero también por la filosofía que lo motivó y lo permitió.

Cuentos para niños perdidos, de Diriye Osman

Acaba de aparecer en castellano una de las colecciones de relatos que causó sensación cuando se publicó originalmente en inglés. Diriye Osman es un escritor y un artista visual de origen somalí que se crió en Nairobí y ha acabado instalándose en Londres. A través de esta serie de relatos que en su momento recibió el aplauso de la crítica, Osman aborda el universo de la comunidad LGBTIQ somalí y de África Oriental y sus interesecciones con la diáspora, el hecho migratorio, la búsqueda de identidad, los conflictos domésticos y familiares y la inestabilidad de la salud mental que para algunos de ellos provocan estas crisis. A pesar de ser relatos, a menudo descarnados y dramáticos, Osman asegura que, en general, ha querido transmitir la alegría de encontrarse a uno mismo y de conseguir que los deseos propios se puedan materializar. Otro de los referentes de los últimos años en la literatura LBGTIQ africana que llega en español hasta nuestras librerías de la mano de Team Angelica.

Nadifa Mohamed, la voz de la diáspora somalí

Durante la última década hemos visto cómo han surgido nuevas voces dentro de la literatura de la diáspora de Somalia. Las letras de este país son reconocidas a nivel internacional gracias a poetas como Mohamed Ibrahim Warsame, más conocido como Hadrawi, o a la larga lista de novelas escritas por Nuruddin Farah. A ellos se ha sumado una nueva generación de mujeres jóvenes vinculadas a su pasado familiar. Si Warsan Shire es la promesa de la poesía somalí, Nadifa Mohamed se ha convertido en el nuevo referente de la novela. 

De padre marinero y de madre terrateniente, Mohamed nació en 1981 en Hargeisa, actual capital de Somaliland. No residió mucho tiempo en su país debido a que en 1986 la familia optó por mudarse a Londres de forma temporal. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto contra el dictador Mohamed Siad Barre y el estallido de la guerra civil les obligó a permanecer en Reino Unido. Licenciada en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford, Nadifa Mohamed ha reflejado en sus novelas ese eterno vínculo con las raíces propias de las personas que crecieron en la diáspora. De hecho volvió para visitar Hargeisa en 2008 con el objetivo de conocer, por sí misma, todo aquello que había escuchado en boca de sus padres.

El resultado de todas estas experiencias se fraguó en 2009 cuando publicó su primera obra, Black Mamba Boy. Esta novela, ambientada en la etapa de la ocupación italiana y la creación del Imperio del África Oriental, nos relata las vivencias de un niño de la calle, Jama, que tras la muerte de su madre inicia un largo recorrido que le llevará a diferentes países como Yibuti, Yemen o incluso Gales. El gran logro de esta obra es, sin duda, rescatar de la historia los brutales episodios que se vivieron durante esta época en el Cuerno de África y que la perspectiva del relato la protagoniza el niño. De hecho, este libro ganó diversos premios ya en 2010 como el Betty Trask Award.

Nadifa Mohamed. Wikimedia Commons.

Su segunda obra, The Orchard of Lost Souls (2013), fue publicada cuatro años después y refleja la madurez de la escritora. Si en Black Mamba Boy se dejaba entrever una falta de entender y representar a su propio personaje, en esta segunda novela el desarrollo interno de cada una de las protagonistas es arrollador. The Orchard of Lost Souls nos sitúa en un tiempo diferente y en un espacio concreto: la guerra civil que asoló Somalia desde finales de la década de 1980. El éxito de esta novela reside en la capacidad de la autora para reflejar tres historias de mujeres marcadas por el conflicto: Deqo, una niña de nueve años que abandona el campo de refugiados donde nació para descubrir la ciudad; Kawsar, una viuda solitaria que ha sufrido en sus propias carnes la represión del tambaleante régimen de Siad Barre; y Filsan, una joven soldado trasladada a la zona norte del país para frenar la creciente rebelión contra la dictadura. Cada una de ellas representa la parte de un todo que nos permite comprender lo que supuso un conflicto como el que llevó a Somalia a la desintegración y cómo este episodio tiene unas secuelas terribles en la población y muy especialmente en las mujeres.

La evolución entre la primera y la segunda novela de Nadifa Mohamed es extraordinaria. No obstante, no parece que tenga tanto que ver con la experiencia de los años, como con la capacidad de la autora de identificarse con sus protagonistas. El trabajo de investigación y las entrevistas con otras mujeres es evidente y logra profundizar en la historia y en el carácter de los personajes principales. La vinculación con la tierra donde nació hace el resto y las raíces están presentes en cada vuelta de hoja. Un hecho que se le reconoció con varios premios como el Somerset Maugham en 2014 y el reconocimiento como una de las promesas de la literatura subsahariana por el Africa39 el mismo año.

Mohamed anunció que estaba prevista la publicación de su tercera novela. A pesar de que han pasado más de seis años desde su última publicación, no ha dado más detalles al respecto. Mientras esperamos, tan sólo nos queda redescubrir los mundos que la autora ha creado y tener la esperanza de que las raíces y el vínculo con los orígenes vuelvan a hacer acto de presencia. Eso es, a fin de cuentas, la clave del éxito de su trayectoria.

 

 

Warsan Shire

Warsan Shire, poesía en resistencia

Warsan Shire se ha convertido en un referente de la poesía del siglo XXI. La mezcla de sus versos, con su carácter fresco y joven y un buen uso de las redes sociales la ha catapultado al éxito. Se ha escrito mucho sobre ella, especialmente después de que en 2016 participase en “Lemonade” el último trabajo de la archiconocida Beyoncé. La mayor parte de las veces se hace referencia a Shire como un icono de la pop-culture, reconvertida en una moda, intentando alejar la conexión evidente que tiene con sus raíces, con la búsqueda de sí misma y con personas que siempre quedan en los márgenes de la historia. Sin embargo, hay mucho trabajo y muchos versos previos al boom de “Lemonade”.

Warsan Shire
Fotografía de Amaal Said

Shire comenzó escribiendo hace una década y su primera publicación tuvo lugar en 2011 con Teaching My Mother How To Give Birth. A través de este volumen transmite la experiencia de su familia como refugiados y sumerge al lector en los paisajes de la guerra y el horror. Su segunda obra, Her Blue Body (2015) supuso un giro radical, ya que creó un espacio íntimo, donde se mezclaban las raíces, los traumas, la sexualidad, la interculturalidad, la identidad y el ser mujer. De todo el volumen, los detalles  en “The House” marcan la diferencia.

Gracias a su obra, podemos afirmar que Warsan Shire es algo más que una tendencia. Cada palabra, cada verso y cada poema es una promesa de que la poesía no ha muerto. Que la agonía del pasado puede volver y redescubrir que sigue estando presente. Que la diáspora no es sólo un espacio donde dudar sobre la identidad, sino donde encontrarse y resistir al mundo que hemos construido.

Lo más curioso sobre esta escritora es que a pesar de haber nacido en Kenia y haber crecido en Londres es la más firme heredera de la tradición poética de Somalia, sin duda gracias a sus lazos familiares. En este país del Cuerno de África, sólo conocido por su interminable guerra y sus propios desastres, floreció la poesía hasta el punto de que las conversaciones fluían en verso. Y ella ha logrado fundir aquella tradición con la realidad del tiempo que la ha tocado vivir.

En realidad resulta imposible decir qué es o qué representa la poesía de Warsan Shire aunque las modas y la globalización puedan simplificarlo. Mujeres, refugiados, raíces y diáspora. ¿Eso es todo? No. La confusión convertida en poesía, como en  “Nail Technician as Palm Reader”, el dolor de “What we have” o la explosión de cada verso en “Home” representa una pequeña parte de lo que supone el universo de Shire. Este último, que se hizo viral hace un par de años al coincidir con la llegada de refugiados a Europa, transmite el horror de no poder estar en casa, el último símbolo de la protección y la seguridad. Cualquier sitio sería más seguro. Además, Shire habla de sus traumas, pero también de los traumas de los demás. De hecho, el mérito de lo que escribe reside en la capacidad de captar las experiencias de otras personas (normalmente familiares y amigas) y plasmarlas en primera persona.

Shire se alejó de los focos y las redes sociales tras lo ocurrido con Lemonade. Huyó de un mundo de modas que pretende convertir y mercantilizar cada uno de sus versos. Transformarla en una estrella sin trasfondo. Sin embargo, nos ha dado esperanzas para decir que la poesía no está muerta, porque cada verso es un pequeño bombeo de sangre. Algo que nos sigue haciendo sentir.

Los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se llevan su 5º Grammy

La 60ª edición de los Premios Grammy 2018 han otorgado el laurel a Mejor Álbum de Músicas del Mundo a los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo, por ‘Shaka Zulu Revisited: 30th Anniversary Celebration’, cuya versión original ya les valió su primer Grammy en 1988. Ésta es la 5ª vez que el grupo coral formado por Joseph Shabalala sube al podio de uno de los mayores eventos de la industria musical mundial.

Desafortunadamente, el álbum ‘Elwan’ de los tuareg de Mali Tinariwen, se quedó a las puertas de obtener el galardón, así como el álbum ‘Para Mí’ de Concha Buika. Los fantásticos recopilatorios ‘Bobo Yeye: Belle Epoque In Upper Volta‘ dedicado a la música retro de Burkina Faso y ‘Sweet As Broken Dates: Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa‘, sobre la música de mediados del siglo XX en Somalia, también quedaron a las puertas del Mejor Álbum Histórico, y el primero, además, no consiguió el Premio a Mejor Presentación en Caja o Edición Especial Limitada al que optaba.

Otros artistas africanos que se quedaron a las puertas de poder celebrar un premio fueron Timaya de Nigeria y Stonebwoy de Ghana, que han participado en el álbum ‘Avrakadebra’ de la banda jamaicana Morgan Heritage con un “remix global” del clásico de Jimmy Cliff 1983 ‘Reggae Night’, y que estaba nominado en la categoría de Mejor álbum de reggae.

También optaba a Mejor Álbum Vocal Pop el británico Ed Sheeran, en cuyo álbum ‘Divide’ (÷) incluye la canción ‘Bibia Be Ye Ye’, en la cual Sheeran canta en Twi junto al británico-ghanés Fuse ODG.

El rapero Kendrick Lamar, quién ya había ganado tres premios anteriormente, se llevó el galardón a mejor álbum y a mejor desempeño de rap cantado, mejor canción de rap, mejor actuación de rap y mejor video, por su éxito de 2017 ‘Humble’. Cosa que arrebató el podio al video tributo a Miriam Makeba de la francesa Jain.

Al final del espectáculo, la cantante de country Emmylou Harris homenajeó a varios artistas que nos han dejado este año, entre los que se encontraban el recientemente fallecido Hugh Masekela. África también le rendirá tributo al genial padre del jazz sudafricano en el quinto All Africa Music Awards (AFRIMA), que tiene prevista su celebración en noviembre de 2018.

Artistas para la Paz

Existe un proverbio ugandés que dice: “Cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre”. Afortunadamente, no hay conflicto armado actualmente en la perla de África, pero si ampliamos las fronteras, nos topamos con distintos focos de conflictos que azotan al continente. Así y todo, mientras algunos deciden hacer la guerra, otros hacen denuncia de estos crímenes y reivindican la paz con su arte.

Aprovechando la celebración del Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas, centrado en la temática «Invirtiendo en la paz del mundo»,  queremos reconocer la contribución del arte más comprometido. Porque el arte puede ser una herramienta educativa para la construcción de la Paz y la prevención de los Conflictos.

Sudán del Sur

Mientras el pueblo celebraba la paz en Sudán con la independencia de Sudán del Sur en 2011, el país más joven de África se veía, al poco tiempo, inmerso en una nueva guerra civil. El gobierno del nuevo país se creó alrededor de la atnia mayoritaria e ignorando al resto de grupos étnicos. En 2013, el presidente dinka Salva Kiir no se tomó muy bien las críticas de su segundo Riek Machar y le despidió. Este intentó un golpe de estado que fue sofocado, pero tras tres años de negociaciones con la comunidad internacional, la violencia se instaló en Juba, la capital sursudanesa, en verano de 2016.

Pintura del colectivo Ana Taban

Y mientras la violencia y la muerte aterrorizaban al pueblo de nuevo, los artistas se echaron a la calle para llenar las paredes de la capital con mensajes de paz. Se trata del colectivo de artistas AnaTaban (Estoy Cansado), una comunidad de creativos jóvenes cansados de ver sufrir a su pueblo. Lo que pretenden es crear una plataforma de gente joven, unir sus voces y hablar libremente para lograr la paz.

Pintura del colectivo Ana Taban

República Democrática del Congo

La guerra por el control de los recursos minerales y el coltán no es el único conflicto abierto de la República Democrática del Congo. Mientras su presidente, Joseph Kabila, se aferra al poder cuando su segundo mandato, y último según la Constitución del país, terminaba el pasado diciembre, la crisis se agrava, la violencia no cesa y las muertes se acumulan en todo el territorio. La semana pasada, el presidente nombró un nuevo Gobierno de transición en contra del acuerdo con la oposición, de finales de 2016, en el que se le permitía seguir en el poder hasta que se celebraran elecciones a finales de 2017. Muchos sospechan que Kabila intenta convocar un referéndum que le permita un tercer mandato, como hicieron sus homólogos en Ruanda y Congo.

Daddy’s falling trone, 2015, Steve Bandoma

Son muchos los que han terminado en la cárcel por reivindicar un cambio político en el país, pero Steve Bondoma lo hace de una forma más sutil. A través de la pintura, la fotografía y el reciclaje de revistas para darles una nueva vida, el artista muestra en sus obras el ajetreo de la capital congoleña y una sociedad en cambio constante. Una forma de ver el mundo que denuncia la retirada de la moral con consecuencias tales como la corrupción, el robo o la falta de honradez.

No dirty money!, 2015, Steve Bandoma

Somalia

Para entender el conflicto somalí, tenemos que remontarnos hasta el siglo pasado cuando, en 1991 movimientos militares revocaron el régimen de Siad Barre y distintos grupos étnicos empezaron a luchar para hacerse con el poder, dejando, así, el país dividido. Todo se agravó con la sequía que atormentó al país con una terrible hambruna en 1992. Con la entrada del nuevo siglo, se han ido sucediendo distintos gobiernos de transición, pero en la actualidad, la guerra civil continúa librándose y el país, aunque si cuenta con un gobierno oficial, aún se encuentra activo el grupo islamista radical Al-Shabab. El conflicto se ha cobrado innumerables víctimas mortales y desplazados.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

Originario de Arabia Saudí, pero residente en la ciudad somalí de Hargeisa, el fotógrafo y artista visual Mustafa Saeed, lanzó el proyecto Coroned Energies, que, mediante imágenes, grabaciones y sonido, retrata la vida cotidiana y las experiencias de los jóvenes somalíes y pretende ser una plataforma para que puedan expresarse.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

El terrorismo islámico en Malí, Nigeria y Chad

El terrorismo también está presente en Malí, cuando los acuerdos de paz se estancaron en 2015. En marzo, distintos grupos terroristas activos en la región anunciaron su fusión en Jamaât Nasr Al islam wa Al mouminin (Grupo para el Apoyo del Islam y de los fieles). Al igual que en Nigeria, o Chad, el terrorismo Islámico de Boko Haram, que secuestra a menores y en ocasiones los usa como armas de guerra, atormenta la región, a la vez que se van debilitando las instituciones gubernamentales que no ven cómo solucionar el problema.

L’initiation, 2004. 7 Elements. Mixed Media On Fabric, Abdoulaye Konaté

Una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo maliense es Abdoulaye Konaté, que mediante telas – materia barata y fácil de conseguir en el país – que tiñe, corta y cose, transmite sus ideas acerca de las esferas políticas y sociales del país. Su trabajo se centra en las tensiones políticas de la región del Sahel.

Otro de los artistas más influyentes, de origen ghanés, pero residente en Nigeria y profesor de la universidad del país, el escultor El Anatsui, se vale de materiales recicladas de las calles, como el aluminio, el cobre o la madera, para crear objetos que expresan sus diversas preocupaciones políticas, sociales e históricas.

Gravity and Grace Monumental Works by El Anatsui, Eva Blue

5 películas africanas sobre migraciones

Un catálogo subjetivo para comprender las migraciones africanas desde el otro lado y a través de la mirada de 5 cineastas. Porque detrás de la barbarie que se vive en la frontera europea, hay historias humanas que vale la pena conocer:

A Stray
Director: Musa Syeed
País: EE.UU. 
Año: 2016

Poco después de conocerse quién sería el nuevo presidente de los Estados Unidos, saltaba la noticia de que Ilhan Omar, de 34 años, ha hecho historia al convertirse en la primer legisladora somalí del país. Esta ex refugiada y activista nacida en Somalia servirá como miembro del Parlamento, en el estado de Minnesota. Una elección que se producía pocos días después de que Donald Trump acusara a los inmigrantes somalíes de este estado de “difundir sus puntos de vista extremistas”. Minnesota tiene la comunidad más grande somalí de la nación, alrededor de 50.000 según el censo de los Estados Unidos.

A stray (un perro callejero) cuenta la historia de un adolescente somalí llamado Adan, interpretado por Barkhad Abdirahman, quien crece en Minneapolis, y que perdió a su padre en la guerra en Somalia. Su madre le ha expulsado de su apartamento por el robo de sus joyas. “Eres un somalí y musulmán, nadie te va a contratar”, le dice uno de sus amigos al inicio de la película.

Así que cuando el director de cine Musa Syeed comenzó a viajar desde su casa en la ciudad de Nueva York hacia el corazón de la comunidad somalí en Minneapolis, la ciudad más grande de Minessota, se enfrentó a una queja recurrente: la de los propios somalíes que pensaban que sería un periodista más que terminaría haciendo un producto sobre terrorismo. De hecho, la película de Syeed no ignora esta cuestión y refleja la psicosis de que parezca que haya un agente del FBI al acecho en cada esquina. Pero muestra la vida de los refugiados en Minneapolis matizada, con problemas, sí, pero también hermosa.


Triangle Going to America 
Dirigida por Theodros Teshome
País: Etiopía
Año: 2014

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.


Hope
Director: Helmer Boris Lojkine
País: Nigeria / Camerún / Francia
Año: 2014

Existe un rico mosaico antropológico de historias de supervivencia de los migrantes del África al sur del Sahara que han atravesado el desierto y el mar en busca de una vida mejor en Europa, pero son los guiones menos llevados al cine. Y esto sería razón suficiente para dar la bienvenida a Hope (Esperanza), una crónica pragmática y sensible del encuentro entre una joven nigeriana y un hombre camerunés que luchan en unas condiciones brutales por alcanzar las costas de España. El debut narrativo del francés Helmer Boris Lojkine fue quizás silenciado de forma solemne en las carteleras europeas.

La esperanza es la fuente principal de combustible en el largo camino representado en la película. Y el detalle simbólico del guión de Lojkine ya que también es el nombre de la joven protagonista que viaja sola y se une a un grupo de varones cameruneses en dirección al norte. Humillada y violada por sus compañeros de viaje, es rescatada y posteriormente protegida por Leonard, quien la acompaña a los guetos migrantes sombríos surgidos en la periferia urbana de Tamanrasset (Argelia). Una road movie sobre la vida. Y sobrevivir.


Mille Soleil
Directora: Matis Diop
País: Senegal
Año: 2013

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.


África Paraíso
Director: Sylvestre Amoussou
País: Senegal
Año: 2006

Y después de esta selección… acabamos con una famosa cita panafricanista: “África para los africanos”. Estas son las palabras que se repiten en el guión de Sylvestre Amoussou que sitúa sobre el tapete una cuestión necesaria en los discursos hegemónicos. ¿Qué pasaría si Europa se fragmentara en el 2030, los índices de paro se dispararan y se provocara una fuerte migración a la inversa? Es decir, si los europeos buscaran trabajo a la desesperada en el edén africano, ¿qué ocurriría? Amoussou describe a un África donde las políticas migratorias son feroces contra los inmigrantes, donde los jóvenes africanos están súper cualificados y donde se generan, también, suburbios de blancos que buscan un futuro mejor. No hay más. Una auténtica crítica a contrapelo de la historia, como diría Walter Benjamin. Aunque la fotografía deja, eso sí, mucho que desear.

 

Somalia se reconstruye sobre los libros

Imagen promocional de la Feria Internacional del Libro de Mogadiscio. Fuente: Facebbok del evento

Imagen promocional de la Feria Internacional del Libro de Mogadiscio. Fuente: Facebbok del evento

Con el paso del tiempo Somalia se ha fijado en el imaginario de Occidente como el paradigma del Estado fallido que alimenta el caos y el desgobierno. Mogadiscio no es la capital de un país, es el epicentro de la anarquía. Los piratas, Al Shabab , los tribunales islámicos, las tensiones con los vecinos y la guerra civil suponen una dosis suficiente de descontrol. Todo ello sumado a las imágenes de la hambruna o a la de aquella malograda intervención militar estadounidense que quedó inmortalizada en la tendenciosa Blackhawk derribado. Pero hace ya tiempo, sobre todo en los últimos meses, que la capital del país del cuerno de África nos muestra una nueva cara. La cara de la reconstrucción, de una nueva vida de que se abre paso a duras penas. El último de los indicios de este edificio que se levanta sobre los cimientos de la esperanza es la Feria Internacional del Libro de Mogadiscio.

Las letras se han adueñado de la ciudad durante tres días en un país en el que la tradición de la literatura y, sobre todo, de la poesía tiene un peso incuestionable en la sociedad. Ahora esa pasión ha podido volver a salir a las calles, se ha vuelto a hacer pública, durante el final del mes de agosto. Y da la impresión de que la sorpresa ha sido mayor para los medios internacionales que para los propios protagonistas.

La feria se ha celebrado en un clima de absoluta normalidad. Fuente: Facebook de la MIFB2015

La feria se ha celebrado en un clima de absoluta normalidad. Fuente: Facebook de la MIFB2015

Las circunstancias han hecho que la literatura somalí contemporánea sea una literatura de exilio. Sin embargo, muchos de sus representantes se han podido dar cita de nuevo en las instalaciones de la Feria Internacional del Libro de Mogadiscio.

Según explicó a Al Jazeera uno de los impulsores de la feria, Mohamed Diini, durante los tres días que duró el encuentro 3.000 libros se expusieron y treinta autores se dieron cita en el evento. Se esperaba que alrededor de un millar de personas visitasen la feria cada uno de los tres días. Sin embargo, más allá de los asistentes y de la repercusión en medios de gran difusión como la mencionada Al Jazeera o la británica BBC, los organizadores consiguieron una considerable repercusión en los medios sociales. Casi 10.000 personas seguían la página de la feria en Facebook y cerca de mil hacían lo propio con el perfil de Twitter. A través de estos canales se han ido compartiendo las novedades de la feria y tanto los asistentes como los interesados han podido hacer sus propias aportaciones.

Sin duda una de las sensaciones del evento, más allá de la espera de casi dos décadas para que se celebrase, ha sido Abukar Abdullahi Mohamed. Se trata de un adolescente de 16 años que ha sido presentado como un auténtico niño prodigio de las letras somalíes. La expectación era evidente y el joven, que tiene en su haber seis libros publicados, reunió las miradas como un auténtico ejemplo de esa renovación que se está operando en el país. Las redes sociales, evidentemente, no perdieron la oportunidad de proyectar la poderosa experiencia de este adolescente que, por otro lado, se mostró tímido durante el evento.

Asistentes a la feria, en una de las imágenes compartidas por los organizadores del evento a través de las redes sociales.

Asistentes a la feria, en una de las imágenes compartidas por los organizadores del evento a través de las redes sociales.

La feria, conocida como MIBF2015, pretendía  tener un impacto en el interior del país y en el exterior del país. Entre los objetivos se cuenta la promoción de la cultura y, más concretamente, de la literatura y la aportación de una pieza más a la lucha por la normalidad de la vida de los somalíes. Por otro lado, se pretendía dar proyección a las obras de los autores del país, avivar las ganas de publicarlos por parte de editores extranjeros y por eso, además de los ponentes, la feria contaba con la presencia de asistentes relacionados con el mundo de la industria editorial.

La voluntad de los organizadores de esta MIBF2015 es que la cita se repita de manera anual. En las continuas fluctuaciones en la popularidad de las ferias similares que se celebran desde Nigeria a Zimbabue, la cita somalí pretende abrirse un hueco que le permita crecer en cada edición.

La inmigración desde el otro lado

inmigrantes en el Mediterráneo

Llovía y los sueños se convirtieron en pesadillas. Nadie sobrevivió a ellas. Salvo sus recuerdos. Oscuridad profunda. El naufragio de la última semana ha dejado la cifra de más de 700 fallecidos en las aguas del Mediterráneo. Pero no, esto no ha sido una “tragedia”. La palabra tragedia implica una calamidad accidental. Una desafortunada confluencia de espacio y tiempo. Y esta vez, como en tantas otras, no ha habido nada de accidental en estas muertes. Han fallecido como consecuencia directa de políticas gubernamentales nacionales y a nivel europeo. La inmigración se hunde en políticas mojadas.

Provienen de más de 20 países llegando a Libia como una especie de embudo hacia Europa: eritreos que pretenden escapar de la represión o el servicio militar, somalíes que huyen de Al-Shabaab; sirios que han perdido la esperanza de volver a casa. En pueblos de Senegal y otros países de África occidental, los que deciden emprender “el camino” venden todo lo que tienen o piden préstamos con la esperanza de una vida mejor en Europa o, tal vez, con la esperanza de unirse a algún familiar o conocido que alcanzó tierra firme.

Las motivaciones entre las decenas de miles que hacen el viaje a la costa del Mediterráneo son tan numerosas y variadas como las nacionalidades involucradas, de acuerdo con investigadores y grupos de derechos humanos. Pero en el año 2014 más del 80% de ellos se dirigió a la costa de Libia como el punto de embarque más fácil. Desde el Cuerno de África hasta el Atlántico, desde Siria y Gaza, estos aspirantes a migrantes viajan por rutas bien establecidas.

“No todo el mundo viene a España por la misma razón. Estudiar o perseguir sus sueños atraídos por el éxito de los suyos”. Quien habla es la senegalesa Mariama Badji que, tras 6 años en la Península, explica su visión de la historia en el documental Témoignages de l’autre côté, en el que se ofrece testimonios de distintos inmigrantes senegaleses que viven en España, desde el otro lado, la otra costa a la que en Senegal se refieren como “El dorado”.

A pesar de que el documental fue producido en 2011 y dirigido por la colaboradora habitual de Wiriko Estrella Sendra, en la última semana el debate ha provocado que la directora decidiera poner este documental a disponibilidad de todos. “Me gustaría que se presentara de alguna forma como un tributo a los desaparecidos… Recordando que esto es algo que empezó hace mucho y que el año pasado, cuando filmamos la segunda parte de este documental, ahora terminándose de editar, se cuestionó si el tema de la inmigración seguía siendo de actualidad… Lamentablemente, vemos que desgraciadamente sí”.

naufragio-de-lampedusa-italia-imigrantesUbicados en distintos espacios, sus protagonistas comparten su experiencia de la inmigración en un tono de debate y reflexión a lo largo de 33 minutos sin espacio para la pausa visual. Mogo Tagheu Leon, natural de Camerún, lanza una imprescindible frase para la opinión pública: “La realidad que he encontrado en España ha sido diferente de la que había imaginado cuando estaba todavía en África”. Opinión que recoge el senegalés Assane Niang afirmando que “hay trabajo y muchas posibilidades”. El debate queda servido.

Aunque sin duda, uno de los puntos dramáticos de este corto documental con una clara implicación de su autora, es cuando Assane Diouf, responsable de una casa de acogida desde 2005 perteneciente a CEPAIM, afirma, tras un silencio, que los recortes presupuestarios del gobierno español han provocado que su centro se vea obligado a negar asilo a varios inmigrantes. Otro de los dramas ocultos.

Con una fotografía que recuerda al cine directo, planos cerrados y ubicaciones inexactas, llevan al espectador por un guión que, aunque con algunos puntos flacos, es parte de la realidad que viven muchas de las ciudades españolas. La convivencia con un número cada vez mayor de vecinos del continente africano. La música de Malick con temas como “Chowli” o “Ça ira bounce” presentes en toda la obra, cierran un documental que como bien afirma Sendra, se vuelve necesario en estos días de luto e incertidumbre política.

Desde Sudáfrica también han llegado las tristes noticias de la represión que están sufriendo los inmigrantes en este país del sur del continente donde al menos 8 personas han fallecido y unas 8.500 personas se han visto obligadas a huir a los centros de refugiados o estaciones de policía la pasada semana a causa de la violencia. La tasa de desempleo en la nación del arcoíris es del 24%, y muchos en el país acusan a los extranjeros de tomar puestos de trabajo. La violencia contra los inmigrantes en 2008 mató a más de 60 personas.

Actualmente, Estrella Sendra y Mariama Badji, anterior protagonista, están coproduciendo y codirigiendo la segunda parte del documental, Témoignages du Suñu Gal, con Manuel Broullón como director de fotografía y postproducción y Pablo Lara como sonidista, así como con nuevas incorporaciones al equipo tanto senegalesas como españolas.

Passport immigration stamp

Steinberg, la ficción que desvela la realidad sudafricana

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Jonny Steinberg. Fuente: web de la editorial Jonathan Ball Publishers

Conocer ahora la existencia de The man of Good Hope nos puede hacer pensar que su autor, el sudafricano Jonny Steinberg, ha hecho un ejercicio de premonición. La novela trata entre otros temas la xenofobia en la sociedad de Sudáfrica, la discriminación hacia otros ciudadanos africanos. Precisamente ahora. El libro se publicó en enero de este año, así que nos puede llevar a pensar en la capacidad de adivinación de escritor. Sin embargo, lo que Steinberg ha hecho es dar una muestra de clarividencia, o más bien lanzar una mirada honesta hacia una sociedad que es mucho más compleja que la ficticia nación del arco iris que se ha impuesto en los últimos años.

Ahora mismo, lo que más llama la atención de The man of Good Hope es su descripción de la vida de un inmigrante en Sudáfrica, pero la novela nos aporta muchas más pistas sobre las realidades africanas, ya que el protagonista atraviesa el continente en un viaje que se extiende de norte a sur como una cicatriz. Quizá algunos acusen a Steinberg de basar su historia en una especie de catálogo de las calamidades africanas perlado de inmigración, abusos, violencia, corrupción o miseria, como ya hicieron con NoViolet Bulawayo. Sin embargo, la historia de Asad Abdullahi es, como dice el título de la novela, sobre todo, una historia de esperanza, de superación y de capacidad de superar los obstáculos.

Asad es un somalí, una de tantas víctimas de la guerra civil en el país del Cuerno de África. La primera experiencia del joven es la muerte de su madre, junto a él, asesinada a tiros por unos milicianos en Mogadiscio. A partir de ahí, el muchacho, que en ese momento tiene 8 años, comienza un complicado periplo que le llevará hasta Sudáfrica. Entre tanto, el chico pasa por Nairobi, donde su historia muestra un retrato desnudo de la vida de los somalís en la ciudad. Esta situación también se ha puesto recientemente de actualidad, con los ataques de Al Shabab en Kenia. La comunidad se ha visto sometida a la presión del recelo que se aviva con la xenofobia. Algo parecido le ocurre, con sus particularidades, claro está, mientras el muchacho trata de ganarse la vida en Etiopía, donde da un primer paso para construir una familia.

A_Man_of_Good_HopeDespués de su recorrido, el joven encuentra en Sudáfrica el entorno adecuado para prosperar. Asad se ha hecho adulto en los bajos fondos de las grandes ciudades de África Oriental. Ha demostrado su capacidad para sobrevivir a pesar de todo, para buscarse la vida, pero a pesar de todo no ha perdido la humanidad. Se ha endurecido sin pudrirse. Y en la tierra prometida del país más próspero del continente se reencuentra con lo más parecido a una familia que podía esperar. Ni siquiera así puede conjurar la desgracia, su tío, su anfitrión muere también a tiros. Y Asad, de nuevo, tiene que sobreponerse, aunque esta vez cuenta con el apoyo de la mujer con la que se había casado en Etiopía y la motivación de un hijo recién nacido.

Junto a su primo, se convierte en un, más o menos, floreciente comerciante en un barrio deprimido. La familia de inmigrantes somalís consigue, incluso, ampliar el negocio, antes de que la desdicha vuelva a golpearle. Su primo es asesinado en la tienda por un vecino y Asad tiene que enfrentarse además, al rechazo de los que le rodean y la pasividad de la policía.

En una reciente entrevista en Ground Up, Steinberg hacía una interesante lectura a través de su personaje de la situación de los inmigrantes, por ejemplo, somalíes, en los barrios populares de las ciudades sudafricanas. “Lo que más asustó a Asad de la violencia en Sudáfrica fue lo repentina e inesperada que era. En realidad, no era sólo la violencia en sí misma lo que le dejó helado, sino su naturaleza… puedes creer que estás en un entorno cómodo, puedes pensar que conoces el mundo que te rodea y, de repente, todo se vuelve extraño y desagradable”, explicaba el escritor. El asesino, en el último caso, no era un desconocido, sino un antiguo empleado que también vivía en el barrio, alerta el autor, y cuando se produjo el crimen, los vecinos advierten a Asad, que están del lado del asesino porque él es uno de los suyos y el inmigrante somalí, no.

Steinberg conoce los mecanismos de estos barrios populares y basándose en ellos ha construido su novela. El escritor asegura que “las fuerzas de la xenofobia en Sudáfrica son muy poderosas” porque mientras los blancos se hicieron ricos amparándose en las instituciones, los inmigrantes negros hacen dinero en medio de las comunidades más pobres y totalmente desprotegidos. Incluso va un paso más allá y relaciona los ataques xenófobos con las políticas migratorias que propician las deportaciones de miles de personas al año: “Después de los ataques xenófobos de 2008 pude entrevistar a muchas personas que participaron en las agresiones y lo que te decían era que estaban ayudando al Estado, ‘no son nuestra gente, estamos ayudando a deshacerse de ellos’, decían”.

Pero a pesar de todo este recorrido, lo que no hay que olvidar es el motivo del periplo de Asad y lo que hay detrás del libro de Jonny Steinberg. Ese espíritu está en el título de la novela “El hombre de la Buena Esperanza”.

Veve: Amor, corrupción y drogas en una Kenia contemporánea

Imagen de la película VEVE (2014), del director keniano Simon Mukali.

Imagen de la película VEVE (2014), del director keniano Simon Mukali.

La actual Kenia rompía aguas un 12 de diciembre de 1963 para aparecer ante el mundo como una nueva nación. Los aires nacionalistas del primer presidente de la nación, Johomo Keniatta, intentaban hacer ver que en el territorio todas las pequeñas naciones como los kikuyus, masai, luos, akambas o pokots dejaban de serlo para sentirte simplemente kenianos. Qué osadía. Hoy día, el país con unos 40 millones de personas (el 67% de la población vive en zonas rurales) mantiene sus 42 comunidades étnicas de forma oficial con muchos de los problemas provocados por el proceso de independencia que todavía continúan sin solucionarse.

La capital keniana es a su vez el punto neurálgico para apuestas de futuros, desengaños y especulaciones en el África del Este. Nairobi es tierra de aguas y es tierra de oportunidades: de esperanzas y de un sistema que se muestra desgarrador en alguna que otra esquina; de miradas que enamoran y vuelcan energías; de una primavera descolocada que regala esencias y contratiempos; de lenguas locales que algún día fueron ‘nacionales’… Y este despropósito de emociones sirve como punto de partida para la película Veve (2014) del director Simon Mukali. Sin duda, la mejor película keniana después de Nairobi Half Life (2012), dirigida por David ‘Tosh’ Gitonga.

Aunque Mukali reconoce que su primera opción era ser arquitecto, para lo que estudió, reconoce que quedó enamorado del poder de la imagen a través de una cámara. “Cincuenta años después de la independencia de Kenia las estructuras de poder no parecen haber cambiado mucho. Quizás sí de manos pero en esencia, efectivamente no. Por eso esta película. Por eso ahora”, explica Mukali.

Veve es una inyección de realidad inmersa en un thriller coral en el que se presentan diferentes nacionalidades y diferentes propósitos. Uno de ellos es hablar del tráfico del khat o miraa (Veve), usado durante siglos en el Cuerno de África y con efectos similares a las anfetaminas, y comercializado sobre todo en uno de los barrios más vivos de la capital: Eastlight. “Precisamente viví allí durante 4 años de mi vida y fue el primer acercamiento a la realidad somalí en Kenia”. Este barrio de Nairobi, a tan sólo 20 minutos en bus desde el centro, es una ciudad de 24 horas, los siete días de la semana: tanto si quieres café o miraa somalí; alcohol de fabricación local o sexo barato; ropa de importación o productos electrónicos de origen asiático. En el par de carreteras asfaltadas, en el barro dominante tras la época de lluvias, entre casas de chapa, callejones de tierra o centros comerciales y hoteles, Eastleigh siempre vibra y se mueve en multitud de direcciones.

“En Kenia nunca antes se había hablado del tráfico de Miraa, quizás el foco de los medios y de la industria del cine tanto local como internacional se había centrado en otros asuntos. Esta es una historia fresca. Y lo más importante a destacar es que tenemos muchas historias en Kenia, en África pero nos centramos en los mismos aspectos de siempre”.

Pero el miraa es sólo un pretexto para Mukali y la guionista de la película, Natasha Likimani. La corrupción política, los juegos de poder (con una dosis de sexo) y los efectos de una mala gestión de la economía nacional ponen los puntos sobre las íes a esta emocionante película con una fotografía bien cuidada. “En Kenia, de hecho, la reacción del público y de los medios fue fantástica. ¿Sabes por qué? Principalmente porque el foco no es en Nairobi, sino en la zona rural. De esta forma mostrábamos una Kenia diferente a la que estamos acostumbrados”, subraya el director keniano.

Simon Mukali, director de Veve (2014).

Simon Mukali, director de Veve (2014).

La película se centra en las montañas de Mauá, tierra meru, al norte de Kenia, alejados del cemento que escala metros en vertical en Nairobi, donde crece el veve en un negocio que genera millones e kenian shillings cada día. Allí, Amos, un político local sin escrúpulos, quiere convertirse en el gobernador para las próximas elecciones. Él, proveedor clave para la exportación del veve, comparte su plan con su mano derecha Sammy, quién además afronta el duelo de haber perdido a su mujer y de intentar reconducir a su rebelde hijo Kago que esnifa pegamento. “A Sammy, interpretado por Conrad Makeni, lo descubrimos en los últimos días del cásting y fue una verdadera sorpresa. Su papel es fundamental y ha aportado realismo y dicotomía entre la vida real, con problemas relativamente normales en la zona rural, y la corrupción política”.

La trama comienza cuando Kenzo, un ex convicto amargado, busca venganza por la caza del hombre que mató a su padre: Amos. Con la ayuda de su amigo Julius, recién salido de la prisión, planearán atentar contra Amos y contra sus intereses. Pero la comunidad keniana de origen somalí residente en Nairobi, así como la propia mujer de Amos, y los agricultores de Mauá se verán implicados en un thriller que mezcla el amor, la corrupción, la resignación y la esperanza.

Imagen del cartel de Veve.

Imagen del cartel de Veve.

Pero tanto el director como la guionista reparten para todos. Aunque con un papel muy breve, el personaje de Clint (el único bñanco de la película), interpretado por el actor Adam Peevers, subraya también la responsabilidad de los occidentales que van a trabajar a Kenia y, por extensión, lo hacen en África. En la película, Clint representa a un joven aspirante a director de documentales que pretende dar solución a los problemas locales bajo su cuenta y riesgo. Evidentemente, las consecuencias son desastrosas. “Generalmente son muchos los expatriados que cuando viene aquí dicen lo que está bien o mal sin pensar en la repercusión de sus acciones. Por eso en Veve pretendemos que personas con este tipo de perfil reflexionen y sean conscientes antes de actuar ante cualquier situación ajena a su cultura”.

Veve representa una magnífica carta de presentación para Simon Mukali que ya se encuentra trabajando en su siguiente largometraje. “Mi próxima película estará basada entre Ruanda y Kenia y se centrará en el genocidio. Mi historia es sobre una ruandesa que se exilia en Kenia después de la tragedia ruandesa y descubre años después que su madre está viva”. Esperaremos con emoción que su trabajo esté pronto en la gran pantalla.

 

Diriye Osman, el dolor que engendra belleza

Diriye Osman, retratado por el fotógrafo Bahareh Hosseini. Fuente: web de Diriye Osman

Diriye Osman, retratado por el fotógrafo Bahareh Hosseini. Fuente: web de Diriye Osman

Represión sexual, exilio, enfermedades mentales… son algunos de los temas que cimentan la literatura de Diriye Osman. Se podría decir que son los ladrillos con los que Osman construye un relato de una belleza turbadora. Los relatos de Osman son inquietantes precisamente por la delicadeza que destilan y la contradictoria sensación de paz y optimismo que generan. Cuando uno lee la biografía de este joven autor somalí y se enfrenta a uno de sus textos se cubre de una coraza defensiva en previsión de la bofetada de una vida desgarrada y atormentada. Y efectivamente a las primeras líneas la armadura salta por los aires, pero no por una violenta bofetada, sino por una delicada caricia. Simplemente, los relatos de Osman desmoronan al lector, por la sencillez, por la sinceridad, por la honestidad. Estamos tan poco acostumbrados a estos rasgos que, sin embargo, consideramos positivos, que cuando nos los encontramos de una manera tan desnuda, sentimos una sensación de vértigo paradógicamente agradable. La lectura de las letras de Osman nos hace sentir que caemos, sí, pero nos generan la certeza de que aterrizaremos sobre una cama de plumas.

Uno de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

Uno de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

La primera obra del escritor somalí Diriye Osman (Mogadiscio, 1983) es un volumen de relatos cortos titulado Fairytales For Lost Children (“Cuentos de hadas para niños perdidos”), publicada en 2013. En Reino Unido recibió el favor de la crítica, pero evidentemente apenas trascendió. Ahora llega de rebote, al recibir el  Polari First Book Prize, que premia una primera obra que relate la experiencia LGTBI. Y es con este descubrimiento, cuando uno entiende el verdadero valor de los premios: dar una nueva oportunidad para descubrir trabajos literarios que pueden hacernos mejores personas.

La vida de Osman está marcada por sucesivos golpes. Por un lado, la experiencia del exilio, del doble exilio. Nació en Mogadiscio y su familia se vio obligada a dejar el país cuando en 1990 la violencia de la guerra civil se hizo insostenible. Se instalaron en Nairobi, en una Kenia que el escritor recuerda como un lugar en el que los somalíes estaban marcados, considerados “ciudadanos de segunda” y acosados por los sobornos a las autoridades para tratar de mantener una “vida normal”. Once años después, se repitió la mudanza, esta vez hacia Londres. Y llegados a Reino Unido la endeble salud mental del escritor terminó de resquebrajarse. Con un trastorno bipolar, Osman ha ingresado en diversas ocasiones en instituciones de salud mental, pero esas experiencias han sido algunas de las que le han abocado a la literatura, primero como un lector compulsivo y después como un escritor en busca de la catarsis. Además, el autor somalí es homosexual y, durante mucho tiempo, como él mismo se confiesa, un “gay reprimido”, lo que ha añadido una carga más a su personalidad. Osman ha demostrado la capacidad para convertir esas cargas, esas tribulaciones en una sensibilidad especial, fuera de lo común.

Otro de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

Otro de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

La página web de Diriye Osman está jalonada de perlas, pensamientos, fragmentos de cuentos y cuentos inéditos, reflexiones concienzudas sobre el valor del arte, sobre la condición de la homosexualidad, sobre la lucha por fraguar una identidad, sobre su propia enfermedad… En este último sentido, el escritor somalí demuestra su habilidad con las metáforas al explicar cómo le hacía sentirse su trastorno: “El síndrome maníaco depresivo – o el trastorno bipolar – es como una carrera hacia un acantilado antes de zambullirse de cabeza en una cavidad. (…) Te sientes como si hubieses comido estrellas y ahora estuviesen brillando dentro de ti. Cuando aún no has ganado la confianza, en el último momento, llega el énfasis de la estafa, porque te sientes engañado cuando te estrellas inevitablemente en esa cavidad”. Osman ha puesto su trastorno en relación con el arte, en un ensayo titulado How Art Can Save a Life (“Cómo el arte puede salvar la vida”) en el que ofrece visiones como la que se ha citado, basadas radicalmente en su experiencia. “La vida tras las puertas de la escuela planteaba sus propios problemas. Yo era un chico gay, afeminado que constantemente era machacado por los matones por ser femenino y por ser somalí. Me dibujé a mí mismo y desmonté mi cordura y el sentido de la identidad como una muñeca matrioska”, continúa el escritor en el mismo trabajo, vinculando su sexualidad, la experiencia del exilio y las experiencias traumáticas que le han marcado.

En este mismo trabajo, el escritor se refiere a las artes visuales, su otra dimensión creativa diciendo cosas como las siguientes: “La salvación llegó en la forma de arte. Siempre me había gustado la pintura y mis padres estaban orgullosos y me apoyaron apoyo. (…) El acto de la creación me ayudó a exteriorizar mis sueños y deseos sin temer ser denunciadp. Estos personajes hermosos, de ninfa se convirtieron en mediadores para mí, me sacaron de la monotonía dolorosa de mi vida diaria. Cuando pintaba, era poderoso. Nada más importaba”.

Diriye Osman reads from ‘Fairy Tales for Lost Children’ from WordFactory on Vimeo.

Para este escritor su homosexualidad es fundamental en su experiencia. “Cuando publiqué este libro el año pasado, recibí correos electrónicos de hombres y mujeres jóvenes LGBT procedentes de Somalia, Kenia, Nigeria y Uganda, diciéndome lo mucho las historias significan para ellos, y cómo les consolaba saber que yo estaba escribiendo estas historias sin vergüenza ni miedo. La vergüenza y el miedo son las armas más potentes en el arsenal de la homofobia. Si se rechaza la idea de que uno tiene que estar avergonzado de ser gay o lesbiana, se gana la mitad de la batalla. He intentado alentar y motivar a estos jóvenes hombres y mujeres lo mejor que he podido con los correos electrónicos, pero también les diría que deben salir al mundo y formar amistades importantes y redes de apoyo donde pueden ser ellos mismos sin temor al juicio. En momentos en que los jóvenes LGBT en todo el mundo están perdiendo la vida por el estigma homófobo es importante recordarles que ellos son dignos y sus vidas tienen valor”, dice Osman en un texto titulado “Ser joven, gay y africano”.

Teniendo en cuenta todas estas condiciones, no es de extrañar el carácter profundamente turbador que la escritura tiene para este autor: “Como escritor de cuentos, no hay nada más gratificante para mí que la lectura de una pieza de ficción corta magníficamente elaborada. La forma de razón de ser es la brevedad y los mejores cuentistas no pierda ni una palabra. Cada detalle cuenta. Si la novela es una gran mansión con habitaciones cavernosos, el cuento es una casa de muñecas exquisitamente hecha a mano”. Y así son los textos de Osman, “una casa de muñecas exquisitamente hecha a mano”. A Fairytales For Lost Children se le han ofrecido todo tipo de elogios. Uno de los más emotivos es el de la dibujante estadounidense Alison Bechdel que ha dicho del libro que crea un refugio para sus personajes desplazados, “un lugar cálido, que es a la vez real e imaginario, en que se encuentran la liberación política, sexual, y en última instancia psíquica”. Fairytales For Lost Children es, en todo caso, una especie de retablo de personajes que viven a su manera diferentes experiencias de homosexualidad, exilio y búsqueda de indentidad.

En la web de Diriye Osman se puede encontrar uno de los relatos más recientes del autor somalí que sirve de espectacular ejemplo de su narrativa. This is how we soften our hearts (“Así es como suavizamos nuestros corazones”) cuenta la historia de una madre que escribe a su hija con una ternura y una comprensión estremecedoras. La madre, al borde de la muerte, se reconcilia con su hija,  que no siempre fue su hija, sino que se fue a Londres para pasar de ser su hijo a convertirse en su hija. Sin embargo, pronto se descubre que la mujer no intenta redimirse (aunque pide disculpas), primero cuando se percibe que siempre se dirige a su interlocutora como “hija”, pero sobre todo cuando se revela que lo que pretende es dar un consejo a su hija, un consejo entre mujeres.  Mejor descubridlo por vosotros mismos…