La nueva fotografía africana en auge en Nueva York

Por Ana Martín Onandia 

‘Recent Histories: New Photography from Africa’, la tercera exposición de fotografía contemporánea y de vídeo arte enfocada en África y en la diáspora africana, se inauguraba el pasado 22 de septiembre en la sala The Walther Collection Project Space de Nueva York. Este espacio lleva el nombre de su fundador Artur Walther, uno de los mayores coleccionistas privados de fotografía africana del mundo. Su relación con la fotografía nace como estudiante del Centro Internacional de Fotografía (ICP), lugar del que fue miembro del consejo de administración durante casi 16 años. Según el propio Walther su interés va más allá de una pieza individual y aislada, el mayor atractivo reside en conjuntos o series de trabajos con una temática común captando así un significado más profundo y más contextualizado. Su criterio a la hora de adquirir trabajos no es lucrativo ya que nunca los vende sino que pretende apoyar a las y los artistas mediante la exposición y publicación de sus trabajos. El foco de atención en África surge a través de una estudio y reflexión sobre cómo vemos a otras culturas, cómo nos vemos,  presentamos y retratamos a nosotros mismos y cómo estas formas cambian con el tiempo. De esta modo uno de sus objetivos es contribuir a hacer más visible a los artistas de origen africanos para facilitar de algún modo la introducción de sus perspectivas en los diálogos globales.

El proyecto consiste en una serie de cuatro exposiciones de 2015 a 2017 con una temática concreta cada una de ellas, pero complementarias y en diálogo entre sí. Las diferentes series agrupan así a distintos artistas cuyos trabajos indagan y se aproximan a estos conceptos desde su propia perspectiva, su enfoque de interés, su cultura, su lugar geográfico y a través de diferentes técnicas (sinónimo visual photo) guiando al observador a través de cada uno de los conceptos conductores propuestos por las diferentes series,  lo que da pie a una rica y amplia reflexión. Las series finalizaràn con una exposición en el museo The Walther Collection en la Neu-Ulm en Alemania junto a la publicación de un catálogo co-publicado por Steidl.

La primera de estas exposiciones tuvo lugar en 2015 con el título ‘The Lay of the Land’. Esa primera serie explora el paisaje urbanístico de las ciudades en época poscolonial contando así con el trabajo de Edson Chagas, François Xavier Gbré y Mame-Diarra Niang, tres artistas nacidos después de los movimientos de las independencias. Poniendo gran énfasis en el color y en las formas urbanas, estos tres fotógrafos comparten un interés común centrado en las construcciones, en las ruinas y en los proyectos físicos inconclusos originados o abandonados en época poscolonial y lo que es más importante, sus trabajos analizan el efecto que estas estructuras crean en el paisaje urbano contemporáneo.

En la primavera de este año tuvo lugar ‘Close to Home’ la segunda en la serie. En esta ocasión la exposición contó con los trabajos de cinco artistas que ofrecen una nueva visión del retrato fotográfico en Áfica. En sus respectivas prácticas fotográficas, Andrew Esiebo, Sabelo Mlangeni, Mimi Cherono Ng’ok, Musa N. Nxumalo y Thabiso Sekgala, exploran las relaciones sociales a través de retratos íntimos a lo largo y ancho del continente africano. Mostrando las relaciones emocionales entre los sujetos y sus paisajes. Walther Collection enfatiza la importancia de estas imágenes por sus estrechos lazos hacía los sujetos retratados, ya sea con mayor o menor perspectiva, posicionándoles a la vanguardia de la narración visual.

El tercer ciclo que aquí nos ocupa es Recent Histories, que cuenta con cinco artistas multidisciplinares con muy diversas perspectivas y procedimientos narrativos. Podrá decirse, que su punto de en cuento reside en un común interés sobre la documentación de la diversidad y globalidad contemporánea. Con gran variedad de preocupaciones y maneras de abordarlas, la exposición invita a entender las diferentes y amplias perspectivas de los trabajos visuales seleccionados en Recent Histories como una sincera exploración de nuestro tiempo.

Simon Gush, Lazy Nigel, 2015.

Simon Gush, Lazy Nigel, 2015.

El artista sudafricano afincado en Johannesburgo Simon Gush, se sirve de la escritura, la fotografía, el vídeo arte al que incorpora observaciones textuales, además de instalaciones, para indagar sobre la ideología y la estética del trabajo que esculpen el paisaje y la vida urbana. Con imágenes minimalistas a menudo en blanco y negro, el artista pretende revelar algunas de las ideas y la ética que dicta gran parte de nuestro día a día, pero que son obviadas a menudo por el transeúnte o trabajador sumergido en la rutina sin una mirada más pausada y contemplativa.

Délio

Délio Jasse.

Délio Jasse, angoleño residente en Lisboa, experimenta con la fotografía analógica. Introduce imágenes encontradas en sus propias fotos creando diferentes capas de información. Según el propio artista su trabajo se centra principalmente en el concepto imagen latente, en aquello que está presente pero que a menudo es ignorado por una mirada ligera o más convencional, de este modo la disposición de su trabajo empuja al observador a interactuar con la imagen y así descubrir las informaciones más sutiles u ocultas que allí se encuentran.

Lebohang Kganye: artista sudafricana cuyo viaje de experimentación y reflexión sobre y a través de la fotografía, comienza de manera formal en su paso por Market photo workshop, una escuela, galería y espacio proyecto de fotografía sudafricano que desde sus orígenes en 1989 pretende hacer de la fotografía una forma de expresión más democrática y accesible. Incorporando escultura y performance a sus creaciones, el trabajo de esta joven investiga la fotografía desde su función como mecanismo creador de memoria e identidad. Mediante la modificación de la imagen digital, Lebohan Kganye juega con los conceptos de imaginación e historia, introduciéndose a ella misma en las fotos de su archivo familiar y creando así una conexión con sus ancestros.

Dawit L. Petros.

Dawit L. Petros.

El artista visual eritreo Dawit L. Petros, trabaja y vive en Nueva York. A lo largo de sus viajes e investigaciones explora en su proyecto actual “ las experiencias transnacionales características de la contemporaneidad, tanto a través de las fronteras africanas como aquellas fuera del continente. A su vez, analiza los efectos de las narraciones existentes sobre migración en los procesos de identidad y abre a través de su trabajo nuevas perspectivas sobre las relaciones entre el individuo y su entorno.

La polifacética nigeriana Zina Saro-Wiwa desarrolla su trabajo entre Nueva York y el Delta del Níger, lugar donde tiene una galería de arte llamada Boys’ Quarters Project Space, en Port Harcout, capital de la región. Sus medios de expresión se mueven y unen la fotografía, el documental, el vídeo arte, la escultura, la performance o incluso la comida.

Zina Saro-Wiwa.

Zina Saro-Wiwa.

Ya hemos destacado uno de sus proyectos en otra ocasión con ‘Eaten by the Heart.’ Ahora la artista, desde sus experiencias personales retrata su lugar de origen, el Delta del Níger, para ampliar la expandida visión externa que según ella define y condiciona la identidad de la sociedad y de la tierra.

 

Para cerrar esta exposición, el 21 de octubre de este mismo año, ‘Recent Histories’ contará con un simposio llamado ‘Beyond the Frame: Contemporary Photography form Africa and the Diaspora’ en la universidad de Columbia, con la participación de artistas, académicos, comisarios, críticos y diferentes personalidades relacionadas con la cultura y el arte, para discutir el desarrollo actual de la fotografía y las prácticas visuales en África y en la diáspora africana.

 

 

Dak’ART 2016: La 12ª edición de la bienal de arte se despliega por Senegal

Apertura 12 Bienal en Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Apertura 12 Bienal en Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Este mayo Senegal y Dakar en particular se presenta con una cargadísima agenda cultural. A la oferta habitual de un país cuya política y cultura han ido siempre de la mano, se suma la apresurada entrada del mes de Ramadán, este año a principios de junio. La esfera artística espera la duodécima edición de la Bienal de arte de Dakar. La ciudad se prepara y los periodistas y “festivaleros” (siguiendo el tan usado término francés “festivalier”) van buscando la programación en ruedas de prensa, espacios artísticos o entre los propios artistas. El programa publicado en la web tan solo revela las jornadas profesionales, y anuncia más de 300 actividades integrantes de la programación OFF, es decir, el conjunto de eventos y exposiciones repartidos por distintas zonas del país, para que el ambiente festivalero llegue a cuantos más rincones posibles.

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Entrada al Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

El martes tres de mayo, a las 10 de la mañana, el tráfico de la zona financiera de Dakar, el Plateau, contaba con un ingrediente extra: la presencia del presidente de la república, Macky Sall, acompañado del ministro de cultura, Mbagnick Ndiaye, durante la apertura oficial de la bienal de Dak’Art. Esta duodécima edición coincide también con el 50 aniversario del Primer Festival Mundial de Artes Negras, primer festival panafricano celebrado en el continente, en abril de 1966. La apertura es precisamente en el Teatro Sorano, aquel que acogió ese primer festival panafricano. Las referencias a este hito histórico abundan durante la ceremonia, de asombrosa puntualidad y corta duración. También lo hacen las referencias a Senghor. “Este festival responde a nuestro deber de continuidad histórica, con nuestro primer festival panafricano en el 66 y un ministerio de la cultura mantenido desde entonces”. Algunos artistas locales se reúnen con indumentaria tradicional animando la entrada al edificio. Junto al escenario en el interior, hay varios músicos con instrumentos tradicionales, la kora, el ngoni y la flauta. El presidente Macky Sall preside la mesa, y las palabras de la presentación alaban la infraestructura cultural que éste ha impulsado durante su mandato, con especial alabanza al Museo Boribana, de arte contemporáneo y al Museo de la Civilización Negra.

Macky Sall (Foto: Javier Santamaría)El público está formado principalmente por los artistas participantes, los periodistas, y los patrocinadores (entre ellos, Royal Air Maroc, Tigo y la Organización Mundial de la Francofonía). El discurso, que trata de mostrarse incluyente y hablar de la reapropiación de este evento por la población, encierra también una institucionalización, con una “bienal no solamente de Senegal sino también de las instituciones, patrocinadores y empresas”. La bienal se ve también como una oportunidad para los artistas de “responder a una necesidad social de crear imágenes que perenizan los valores de la civilización”. Macky Sall, presidente de Senegal, da la bienvenida a los “artistas y turistas de las artes” y declara: “el arte y la cultura constituyen el intelecto del ser humano. ¿Qué sería la vida sin esta dimensión tan fundamental? La cultura y el arte son vínculos sociales, factores de cohesión”. De esta forma, no se habla más que de panafricanimso, mundialización, representados metafóricamente en el tema del festival, azul, como color del atlántico, del océano que une a todos: La cité dans le jour bleu (La ciudad en el día azul).

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Teatro Sorano (Foto: Áurea Puerto)

Más al sur de esta zona de Dakar, en el antiguo palacio de la justicia, se encuentra la exposición internacional de la bienal, que reúne el trabajo de 65 artistas provenientes de 24 países distintos. En ese azul unificador existe otro tema común, el “re-encantamiento”, consecuente con esa visión de “optimismo colectivo” de la que hablaba el presidente Macky Sall durante la inauguración.

Entrada Palais Justice (Foto: Estrella Sendra)

Destaca el estilo “collage” que caracteriza a tantos artistas de Senegal, donde hay un problema de basura muy palpable. Ya el Festival Xeex hablaba de un combate pacífico-artístico con esta realidad, destacando el trabajo de artistas como la joven Haby Diallo, con su arte hecha a través de bidones de plástico. Tanto ella como otros artistas de este festival de arte urbano, incluyendo a Aïcha Touré y Mous Leye, participan en la programación “off” de esta bienal. En la “in”, tras una visita en absoluto casual al antiguo palacio de la justicia, hay una consistencia estética de esta idea de reciclaje a través del arte, que se trata más bien de una reutilización. Esta comienza desde el propio edificio, cuya fachada ya difumina la antigua presencia de una palacio de la justicia, con apenas dos letras que aún no se han caído, y que se dejan “ocupar” temporalmente por este arte.

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Nabil Boutros: Un rêve (Foto: Estrella Sendra)

El interior está formado por un patio interior central muy luminoso con un gran árbol, alrededor del cual se encuentran las obras de los distintos artistas. Es un espacio inacabado, que destaca por su versatilidad, permitiendo que el público actúe con él, complete la obra de arte. Las obras, de arte contemporáneo, se unen a esta reutilización, como por ejemplo la “encycloédie” de Douta Ndoye, formada a base de periódicos, recortes y pinturas de mensajes que nos hablan de este mundo global actual. O “el sueño” (Un rêve) de las bolsas de plástico colgantes del techo, del artista egipcio-francés, Nabil Boutros, uno de los trabajos más destacados de la exposición. Existen también salas con instalaciones, una de ellas formada por escombros, pintadas y graffitis que nos hablan de revolución. Y en la sala contigua, la obra franco-argelina de Kader Attia, también sobre este mismo tema, representado a través de un bosque compuesto por árboles hechos a base de tirachinas de barras de acero.

Doute Ndoye: Encyclpedie (Foto: Estrella Sendra)

KaderAttia: Les rhizomes infinis de la révolution (Foto: Estrella Sendra)

Alex Peskine (Foto: Estrella Sendra)

Folakunle Oshun (Foto: Estrella Sendra)

En los trabajos existen también numerosas referencias transculturales, con placas de gigantes chinchetas mostrando rostros que se apoyan sobre la típica patera senegalesa colorida de pescadores, del franco-brasileño Alexis Peskine. Hablamos con el nigeriano Folakunle Oshun, cuya obra se extiende sobre el suelo, con unos jarrones celestes sobre la arena del harmattan. Si bien podría hablarnos de la innegable presencia de los conflictos en la situación transfronteriza de los distintos países africanos, el artista habla más bien de una experiencia de viaje gastronómico a lo road-trip que hizo desde Lagos a Saint-Louis. Allá por donde pasaba iba probando las distintas cocinas locales, porque se dio cuenta de que en el estilo nómada de vida del África occidental, cuando la gente viaje, siempre se lleva su comida. Si en Senegal, los Wolof hacen el típico arroz con pescado conocido como cëbbu jenn (arroz de pescado, en Wolof), en Nigeria el arroz se llama Jolof, así, llamó a su obra, United Nations of Jolof.

 

Artes digitales: Cruce de culturas

Videomapping Hotel de Ville (Foto: Estrella Sendra)

La instalación más lucida de la bienal hasta ahora ha sido el video-mapping, financiado por EUNIC, en patrocinio con Kër Thiossane, y con la participación de tres artistas que trabajan de forma colaborativa con artistas locales: el español Fausto Morales Gil (junto con Jean-Michel Aymerique Zié, Djibi Ba y Mélanie Baillon), en la rotonda de la medina, el 7 de mayo; el francés Aurélien Lafargue (junto con Seydou Keita, Tiziana Manfredi y Esi Atiase), en el ayuntamiento de Dakar el día de la inauguración; y la que se realiza este martes 10 de mayo en la estación de Dakar, del alemán Phillipp Geist (junto con Lamine Diack, Abdou Ndiaye y Alioune Thiam). “Queremos que la gente se sienta muy identificada, que sea muy local”, decía el artista Fausto Morales Gil durante la rueda de prensa en el Aula Cervantes el 29 de abril. Para ello, Morales Gil ha estado trabajando codo a codo con artistas locales, que adquieren una formación que no es más que “una semilla que luego ha de seguir creciendo”, consiguiendo así un aprendizaje mútuo, un intercambio. Muchísimas horas, días de preparación, se traducen luego en una vivencia de unos quince minutos, un espectáculo audiovisual sobre la fachada de un edificio, donde el ritmo sonoro de las luces re-imagina estos espacios, los distorsiona, los decora, los dinamiza. Se trata de un arte efímero que ha de experimentarse durante el momento de la proyección únicamente, y como tal, es interactivo, pues solo tiene sentido si existe un público que lo aprecie. Esta es, además, una de las ocho actividades apoyadas por el agregado cultural de la embajada española en Dakar, de las cuales siete se desarrollan en la capital y una en Saint-Louis.

El opuesto IN-OFF

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Off Gorée (Foto: Estrella Sendra)

El despliegue artístico se extiende más allá del Plateau, donde también hay conciertos en la zona de la Gare Ferroviere. Respondiendo a una nomenclatura habitual entre los festivales, existe una programación “in” y otra “off”. En realidad, los espacios “off” podrían describirse como aquellos espacios artísticos que están “in” todo el año; y de repente, se vuelven periféricos durante la bienal, que tiene una programación oficial, con artistas seleccionados, y evaluados por un jurado. Si bien se trata en la teoría de un desplazamiento de foco, hacia una exposición de sesgo más “internacional”, lo cierto es que son estos los espacios más palpables de la bienal, más transitados por la población tanto local como global que hay en Senegal, y especialmente en Dakar y Saint-Louis. Estos espacios están marcados con carteles en los que se muestra “OFF”, creando así un ambiente de festival. Entre ellos no podría faltar la artística isla de Gorée, con galerías como la de Marie-Jose Crespin, que trabaja con antiguas perlas haciendo todo tipo de joyas, o el centro cultural regional de Gorée, abiertos al público.

Hasta el 2 de junio podrán disfrutarse exposiciones, encuentros, mesas redondas, talleres y conciertos por distintas zonas de Senegal – un verano azul de arte que tan solo se tomará una pausa mensual durante el mes de Ramadán.

 

Kabbo Ka Muwala: mirando la migración a través del arte

Tres países, veinte artistas visuales, ensayistas, talleres, coloquios y aun poesía. Es difícil resumir qué es Kabbo Ka Muwala – The Girl’s Basket, pero ese podría ser un intento. Tenemos ante nosotros una propuesta que equipara las conclusiones extraídas del arte con el peso de las sesudas reflexiones sobre los fenómenos sociales; un evento transnacional e interdisciplinar que piensa el hecho migratorio con lenguajes no solamente académicos o científicos. Kabbo Ka Muwala – The Girl’s Basket es una exploración artística de las perspectivas que adoptamos para comprender la migración en y desde el sur y el este de África y creada en su mayor parte por arti

stas oriundos de estas regiones. Sin limitarse al despliegue visual (que de por sí implica foto, vídeo, audio y técnicas mixtas) este evento propone reflexiones alternativas a las que habitualmente se manejan para entender los éxodos masivos con rumbo al “Norte”. Inició su periplo en Harare (Zimbabwe), acaba de inaugurarse en Kampala (Uganda) y hacia final de año podrá visitarse en Bremen (Alemania).

Gerald Machona, Vabvakure (People from far away) [videostill].

© Gerald Machona. “Vabvakure (People from far away)” [videostill].

Un vistazo al catálogo de la exposición (el cual se puede adquirir en Revolver Publishing) es suficiente para constatar que se dedica tanto espacio a los trabajos gráficos como a ensayos en los que se reflexiona, por citar someramente, sobre las implicaciones del tratamiento artístico de este fenómeno, sobre la feminidad y la migración de la mujeres zimbabweñas, los refugiados y los asentamientos en Uganda o las esperanzas y peligros de la migración. Es harto difícil mostrar aquí todas las propuestas, no sólo por su cantidad y heterogeneidad sino también porque muchas se apoyan en medios audiovisuales, exigen interacción y adquieren sentido pleno en el contexto de la exposición.

Photographic process, C-Print on Fabriano 100% cotton paper, courtesy of the artist.

Cubierta del catálogo con la obra de Berry Bickle “Makokoba”.

Este nutrido evento toma su título de una expresión en luganda, idioma predominante en el centro de Uganda pero también comprensible en swahili y en todo el este subsahariano del continente. Hace referencia a una tradición premarital que consiste en que la novia ha de llevar, tanto a su nueva familia como a su familia de origen, una cesta cargada de regalos como símbolo de prosperidad. Metafóricamente, la cesta representa las esperanzas y la bonanza, pero también las frustraciones y el desengaño que son parte indisoluble de todos los fenómenos migratorios. Además, como añadido, deja ver las repercusiones que los movimientos de población tienen sobre el género.

Cada exposición se complementa con exhibiciones puntuales centradas en la región donde se celebra y con un programa que impulsa el diálogo transnacional entre artistas emergentes, activistas, organizaciones locales y centros educativos (desde colegios hasta universidades). A diferencia del enfoque habitual de esta temática (centrado con frecuencia en el tránsito) los trabajos aquí expuestos meditan sobre aspectos menos visibilizados: las iniciativas de los migrantes en espacios ajenos y desconocidos, las formas de cohabitación a nivel local y los procesos socio-políticos tendentes a la violencia y la xenofobia.

Kabbo Ka Muwala – The Girl’s Basket es posible gracias a la asociación de instituciones tanto alemanas como africanas: está financiado por TURN fund, fundación cultural alemana que apoya proyectos de intercambio artístico entre los países africanos y Alemania; el European Master Migration and Intercultural Relations (EMMIR) y el Centre for Interdisciplinary Research on Women and Gender (ZFG), ambos de la Universidad Carl von Ossietzky de Oldenburg, Alemania; la National Gallery of Zimbabwe en Harare; la asociación Makerere Art Gallery / Institute of Heritage Conservation and Restoration en Kampala, Uganda; y la Municipal Art Gallery de Bremen, Alemania. De igual modo, africanos y europeos son también sus comisarios: Raphael Chikukwe, Katrin Peters-Klaphake, Ingmar Lähnemann y Anna Kućma (también directora creativa del Uganda Press Photo Award, sobre el que ya hablamos aquí).

Patrick Kwambi Kabeya, poeta congoleño refugiado en Tongogara, Zimbabwe, recita en la inauguración en Harare. Fotografía de Kwenda Kumbirayi.

Patrick Kwambi Kabeya, poeta congoleño refugiado en Tongogara (Zimbabwe), recita en la inauguración en Harare. Fotografía de Kwenda Kumbirayi.

La nómina de artistas que participan en Kaboo ka Muwala – The Girl’s Basket es amplísima: veinte creadores en gran parte africanos, arriesgados, experimentales y que demuestran carecer de los prejuicios que a menudo se tienen sobre la transversalidad en las artes visuales.

Las coordenadas para el planteamiento que nos ofrece Kaboo ka Muwala son la movilidad en, desde y hacia África del este y del sur. Pero decíamos al principio que la perspectiva de Kabbo ka Muwala no es académica en sentido estricto: no es un análisis etnográfico ni una reflexión socio-histórica sobre la migración. Esto comporta que la exposición no se arroga la convicción de ser el mejor o el único medio para interpretar el fenómeno, sino que abre camino a diferentes vías de comprensión desarrolladas por expertos, artistas y activistas conscientes de que nos movemos en una época de límites difusos, sentimientos de pertenencia ambiguos y cambios globales. Motivados por este afán de indagación, los organizadores han fundamentado este evento sobre tres puntos de partida:

– La migración entendida como flujo continuo

Pues todo movimiento migratorio conlleva iniciativa, empuje, esperanza pero también exilio, violencia y xenofobia. Con este criterio se remarca que la complejidad de este hecho social excede las categorías que intentan simplificar la migración y que funcionan, habitualmente, como dicotomías: legal/ilegal, voluntario/forzado, temporal/permanente, etc. Dicha concepción se propone también como una oposición a la arbitrariedad con la que las instituciones a menudo entienden la migración, habida cuenta de cómo intentan encajarla en estructuras sociales de por sí rígidas. Las propuestas de los artistas Victor Mutelekesha y Miriam Syowia Kyambi toman esta línea.

Victor Mutelekesha, "Not yet There". Escultura y videoinstalación.

Victor Mutelekesha, “Not yet There”. Escultura y videoinstalación.

– Las experiencias en la diáspora

Ya que muchos de los participantes crean desde su experiencia como migrantes. La Sudáfrica de después del apartheid sigue siendo un lugar fértil en cuanto a creación artística: los artistas deben conjugar migración, alienación y xenofobia. Esto podemos verlo tanto en autores sudafricanos (Jodi Bieber) como en aquellos que conocen de primera mano la migración o en aquellos otros que han regresado a su lugar de origen (Mimi Cherono Ng’ok). Por otro lado, artistas como Kiluanji Kia Henda tratan con ironía a los migrantes que alcanzan los países europeos, lugares considerados “civilizados” por el canon social. Yendo más allá de las fronteras intra-africanas, Emma Wolukau Wanabwa combina fotografía, vídeo y texto para exponer la historia de los miles de polacos que se asentaron en Uganda entre 1942 y 1952.

Jodi Bieber, "Operation Crackdown", Hillbrow, Johannesburg. Serie "Going Home - Illegality & Repatriation"

Jodi Bieber, “Operation Crackdown”, Hillbrow, Johannesburg. Serie “Going Home – Illegality & Repatriation”

– La ética y la estética que nace del contacto fronterizo constante

La permeabilidad de las fronteras dentro de África y la movilidad constante crean posturas políticas, militares y también, como consecuencia, dilemas éticos. Tales dilemas éticos suscitan, a su vez, posiciones estéticas y distintas formas de acercarse a los problemas desde la perspectiva artística. La intervención de Thenjiwe Nkosi y Meza Weza (creadores de The Border Farm Project) aborda los conflictos fronterizos entre Zimbabwe y Sudáfrica.

Como proyectos colectivos que forman parte de este evento hemos de mencionar a NavikArt, proyecto creado en 2014 y radicado en el campo de refugiados de Nakivale, en el sudoeste de Uganda. En estos dos años intenta ayudar a los jóvenes a encontrar una vía de desarrollo mediante la expresión artística.

Katrin Peters-Klaphake y Raphael Chikukwa muestran la exposición a la prensa. A la derecha, la instalación de Immy Mali; al fondo, una fotografía de Miriam Syowia Kyambi. Kampala, Uganda.

Katrin Peters-Klaphake y Raphael Chikukwa muestran la exposición a la prensa. A la derecha, la instalación de Immy Mali; al fondo, una fotografía de Miriam Syowia Kyambi. Kampala, Uganda.

Kabbo ka Muwala – The Girl’s Basket ya ha pasado por la National Gallery of Zimbabwe, en Harare; desde el 14 de abril hasta el 12 de junio puede visitarse en la Makerere Art Gallery en Kampala, Uganda (ved aquí parte del evento en vivo); y desde el 24 de septiembre hasta el 11 de diciembre se exhibirá en la Städische Galerie de Bremen, Alemania. El evento puede seguirse por las redes sociales:

Facebook: Kabbo Ka Muwala Exhibition Walkout

Twitter: #KabboKaMuwala

El tiempo entre telas en Mali

kim

Fotografía: Kim Manresa, “El lenguaje de las telas”

Cierra los ojos y dame la mano. Te cuento y tú vete imaginando. Nos vamos de viaje a la mítica Malí y has dicho que me acompañas. Tombuctú aparece ante nuestros ojos misteriosa y llena de sabiduría y nos espera junto a la bulliciosa Bamako o la más desconocida Mopti. Vamos allí donde las casas se levantan con barro y sol en un prodigio de arquitectura vernácula y los libros se amontonan cubiertos por el polvo del desierto. Paramos para dejar que el viento nos acaricie el rostro mientras degustamos un dabileni. El sonido de una kora nos indica que hemos llegado.

laura-maicaUna puerta se abre y nos encontramos dentro de una Galería cuyo nombre es Mamah Africa. Así de pronto, por sorpresa, dentro de una maravilla de color y texturas. En un mundo entre telas. Malí en cualquier rincón de esta acogedora y amplia estancia; ya sea en forma de vestido, de agenda, de libro, de collar, de fotografía, de música, de dibujo, de pañuelo, ya sea en cualquiera de las multiformas que la imaginación de la diseñadora Maica de la Carrera ha soñado y creado.

Se lleva Malí muy dentro y hay que dejarlo salir. Desparramándose, sin freno, desde allí y desde aquí. “En la actualidad y a pesar de la profunda y delicada crisis interna que se vive en Malí, el país sigue generando y proyectando una energía y creatividad únicas, por eso quisimos hacerle un homenaje a esta rica tierra de culturas bañada por el río Níger”, explican Laura y Maica, las dos hermanas que están detrás de este creativo proyecto.

Para ello se celebró la segunda “Mamah Africa Week” que, durante el pasado mes de septiembre, ha acogido a músicos (Toumami & Sidiki Diabaté, virtuosos de la kora), escritores (Ismael Diadié Haidara, custodio del Fondo Kati y autor de varios libros, entre ellos Tombuctú: andalusíes en la ciudad perdida del Sáhara (Almuzara, 2015), o la presentación de la colección de moda otoño/invierno que se recrea en las texturas y formas de la vestimenta maliense. Un intenso mes en el que también se leyó, dentro del inaugurado Club de Lectura en colaboración con “Casa África”, a Ahmadou Hampaté Bâ, un clásico de la literatura de todos los tiempos, y cuyas palabras aún resuenan plenas de actualidad: “Permanece a la escucha-se decía en la vieja África-, todo habla, todo es palabra, todo intenta comunicarnos un conocimiento…

En las paredes de la galería aún cuelgan las obras de dos artistas, un fotógrafo y una pintora, que muestran el mundo maliense desde dos puntos de vista diferentes y que durante todo el mes de febrero aún se pueden contemplar.

bogolanEl fotoperiodista Kim Manresa nos sumerge en el trabajo de creación del bogolán, el tejido que nace de la tierra, íntimamente unido a la cultura bambara. A través de sus fotografías presenciamos la laboriosa elaboración de una de las telas malienses por excelencia que conlleva el cosido a mano, la impregnación del tinte, el secado y la posterior imprimación con barro de los diversos motivos cargados de gran simbolismo y enraizados en su propia cultura, lo que las convierte en auténticos signos de identidad. Kim Manresa nos magnetiza con unas imágenes que nos trasladan a la tierra de los ocres y los marrones, a través de trozos de algodón, puñados de barro y tintes naturales de los que surgen formas y colores en los que nos perdemos. Telas que trascienden la vestimenta para convertirse en objeto cultural, junto al azul índigo y los ricos y luminosos tejidos que las hermanas Carrera han traído desde Malí para crear con ellos todo tipo de objetos (agendas, adornos decorativos, bolsos, cuadernos, llaveros…) y moda.

El fascinante y misterioso río Níger y sus habitantes son el centro de la obra de la pintora Irene López de Castro quien afirma que “huyo de toda técnica moderna, más bien lo contrario, elijo las más sencillas y al mismo tiempo algo arcaicas… porque hay algo mágico en lo artesanal, en las pinturas que se amasan con pigmentos a mano, en los fondos con texturas que recuerdan a superficies arenosas…”. Y así son los cuadros que se pueden ver en la Galería, llenos de luz y en tonalidades que contactan con la tierra. El trazo elegante y suave de Irene hace surgir las largas piraguas de las aguas del Níger, principio y génesis de una obra que se interna en la esencia maliense desde la mirada de alguien que ha sabido zambullirse en su mundo cotidiano y ha extraído la belleza de lo sencillo y lo permanente.

Navegar por los cuadros de esta artista es “expandir nuestro universo” rozando lo más íntimo de un mundo que ella ama, admira y comparte. El río. Ese largo río fuente vital para muchos malienses, reflejo también en otra parte de su recorrido, en Bamako, del tumultuoso movimiento urbano que tan bien expresaba el escritor Moussa Konaté, “Más allá de la espesa cortina de caobas de la sabana, el río parecía adormecido bajo la fina nube de vapor que flotaba sobre su superficie; testigo indolente de las angustias e infamias de la ciudad, casi nunca se encolerizaba”. Un río, metáfora siempre de lo mutable, que incorpora imágenes detenidas que parecen flotar, impregnadas de ese concepto africano del tiempo tan diferente al nuestro, y que nos muestra figuras femeninas que lavan la ropa en sus orillas y las tienden al sol mientras conversan.

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Abre los ojos si quieres. La kora prodigiosa sigue sonando y nos resistimos a abandonar el local pero cerramos la puerta. Se acabó de momento el viaje, este viaje en el que me has acompañado. Puedes iniciar el tuyo cuando quieras. Lo tienes todo preparado para comenzarlo, y si no es éste, en la Galería “Mamah Africa” ya están pensando en el siguiente. Cuando quieras.

La Galería de Mamah Africa se encuentra ubicada en la calle Conde Duque número 48, bajo dcha en Madrid. Da cabida, además, durante todo el año a numerosas actividades relacionadas con la difusión de la cultura africana como presentaciones de libros, de discos, cuentacuentos, club de lectura, talleres de cartonaje y de tocados con telas africanas, de cocina…

Este año ha sido galardonada con el Premio Dedales de Oro.

Beth Lesser : De la cultura Roots Reggae al Dancehall en Jamaica.

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Beth Lesser es una autora y fotógrafa de Reggae y Dancehall procedente de Toronto, Canada.

Si bien el movimiento espiritual Rastafari no surgió hasta 1930 en Jamaica inspirado en Marcus Garvey, el Reggae es un género musical que se desarrolló por primera vez en la isla hacia mediados de los años 1960. Como desarrollo de géneros anteriores como el Ska y el Rocksteady, se caracteriza rítmicamente por un tipo de acentuación del off-beat conocida como skank más lenta.

The Wailers, una banda formada por Bob Marley, Peter Tosh y Bunny Wailer en 1963, son quizá el grupo más conocido que hizo la transición a través de las tres etapas la primera música popular jamaicana: Ska, Rocksteady y Reggae. Otros pioneros del Reggae incluyen a Prince Buster, Desmond Dekker, Jackie Mittoo y Annie Acosta.

Dentro del Reggae se encuentran varios subgéneros como el Early Reggae o Skinhead Reggae (1960), el Roots Reggae (1960) , el Dub (1960), Rockers (1970) y Lovers Rock (Londres, 1970).

Roots Reggae es el subgénero de Reggae en el que se centra la fotógrafa Beth Lesser como punto de partida hacia el Dancehall. Se trata de un tipo de Reggae de vertiente espiritual cuyas letras se dedican predominantemente a enaltecer a Jah (Dios). Entre los temas más recurrentes se encuentran la pobreza y la resistencia al gobierno y a la opresión racial. Muchas de las canciones de Bob Marley y de Peter Tosh pueden considerarse Roots Reggae. La cima creativa del Roots Reggae se dió hacia finales de los años 1970 con cantantes como Burning Spear, Gregory Isaacs, Freddie McGregor, Johnny Clarke, Horace Andy, Ijahman Levi, Barrington Levy, Big Youth y Linval Thompson, y bandas como Culture, Israel Vibration, The Meditations y Misty in Roots, mano a mano con productores como Lee ‘Scratch’ Perry y Coxsone Dodd.

El Dancehall es un género musical derivado del Reggae. Primero conocido como rub-a-dub, fue desarrollado alrededor de 1980, por artistas como Yellowman, Super Cat y Shabba Ranks. El estilo se caracterizó por cantar como los deejay y rapear o hacer toasting sobre rhythms crudos y más rápidos. Ragga (también conocido como Raggamuffin) y reggae fusion son subgéneros del Dancehall donde actualmente la instrumentación principalmente es llevada a cabo mediante música electrónica y sampling. Entre los pioneros del ragga están Shinehead y Buju Banton.

Són influencias de ambos géneros, Reggae y Dancehall,  el Mento, el Calipso, el Jazz y han sido clave para géneros como el Hip Hop. El Rap sobre instrumental fue utilizado por primera vez en Jamaica en 1960, donde se le conocía como Toasting, por deejays como U-Roy y Dennis Alcapone. Estilo que influyó poderosamente sobre el DJ jamaicano Kool Herc quien lo utilizó en Nueva York usando instrumentales de discos Funk a mediados de los años 1970 sentando los precedentes del Hip Hop.

Beth Lesser

Lesser tomó contacto con el Reggae en 1977 y junto a David Kingston crearon un fanzine en 1980. Cuando se les propuso incluir otros artistas se aventuraron en territorio Dancehall. Completamente fascinados con el sonido, estética y cultura decidieron viajar a Jamaica para documentar rigurosamente la escena y se casaron en 1986. Durante 10 años, además de publicar un magazine, visitaron Jamaica y Nueva York regularmente donde hicieron entrevistas, y donde Beth hizo miles de fotografías a dj’s, productores, músicos y cantantes en los Soundsystems, estudios de grabación y emisoras de radio que frecuentaba, muchas de las cuales portadas de numerosos LP’s.

En 1989 publicó un libro explorando la revolución digital en Jamaica, ‘King Jammys’ y en 2008 publicó una colección de sus fotografías sobre el Dancehall de los anos 80 titulada ‘Dance Hall: The Rise of Dance Hall Culture’. También publicó una biografía del legendario cantante Sugar Minott tras su muerte en 2010 plasmando no solo su carrera musical siendo el precursor en reciclar antiguos sonidos de finales de los 60, sino también su trabajo comunitario.

 

Tras cumplir el 60 aniversario de la cultura Soundsystem en el Reino Unido, la exposición ‘From Roots to Dancehall‘ es una selección de las mejores fotografías de Beth Lesser sobre el nacimiento de la cultura Dancehall en Jamaica en 1980. Podeis visitarla hasta el próximo 30 de enero en KK Outlet, Londres.

 

Beth Lesser

Pompidou and general Leon Jammys yard (1986)

Beth Lesser

 

 

‘Here Africa’ o el arte africano contemporáneo a través de sus artistas (Brasil)

Si de algo estamos orgullos en Sao Paulo es de los SESC. Los SESC (Servicio Social del Comercio), son instituciones sin ánimo de lucro sustentadas por los empresarios del comercio, servicios y turismo. El Estado de Sao Paulo es el más industrializado de Brasil y ello ha permitido un desarrollo de importantes centros dedicados a fomentar el deporte y la cultura a cualquier tipo de público, independientemente de la edad o condición social.

Here AfricaEn el SESC del barrio de Belem, zona Este de la capital paulista, con motivo del día de la consciencia negra, el pasado 19 de noviembre fue inaugurada una exposición dedicada al África más contemporánea. Proyectada por la institución Art for the World y comisariada por la conocida curadora Adelina von Fürstenberg, la exposición recoge a través de 13 artistas del África subsahariana una visión contemporánea del continente africano. Gran parte de las obras provienen de la colección del CAAC (Contemporary African Art Collection), perteneciente al italiano Jean Pigozzi y de la Galeria Lelong.

Como novedad, von Fürstenberg selecciona obras de diferentes tipos de formato tales como pinturas, fotografía, instalaciones, vídeos y esculturas. Como eje común, la exposición tiene como objetivo mostrar los problemas derivados de la inmigración africana, hechos que siguen en la actualidad siendo de mayor actualidad.

La muestra está organizada en dos espacios separados, y una gran instalación está en una de las zonas de encuentro del centro. Esa la obra del artista camerunés Toguo , cuya obra Carretera para el exilio, muestra el drama de la inmigración por mar. La figura de un gran barco de 8 metros con cerca de mil garrafas, bolsas de plásticos y paños de diferentes tejidos es el símbolo más fuerte del refugiado, ubicándose sobre el suelo de cristal que cubre la piscina del SESC, y creando así una visión más estética y real.

Una de las grandes obras pictóricas de la exposición, son las obras del senegalés Omar Ba . Para dicho artista, los muros entre Occidente y Oriente todavía existen, y con su obra El Muro, quiere eso mismo, denunciar las relaciones de colonialismo que aún existen entre Occidente y África. Realizada con 600 cajas de cartón, el muro está levantado en frente de un autorretrato, Conquistador, que pintó en las paredes de la exposición como símbolo del antisistema político africano.

ROMUALD HAZOUMÉ - androgino, 2000, tecnica mixta, 210x70x60 cm

ROMUALD HAZOUMÉ – androgino, 2000, tecnica mixta, 210x70x60 cm

Como escultor, destaca en la exposición las obras del artista Romuald Hazuamé (Benin). Representado por sus famosas máscaras, Hazuamé muestra una selección de 26 esculturas realizadas con materiales de desecho e inspiradas en la iconografía local de Benin. Sus trabajos forman parte de importantes colecciones de arte y está presente también en ferias de arte internacional.

Al igual que el anterior, los artistas Fréderic Bruly Bouabré y J.D.`Okhais Ojeikre´, procedentes de Costa de Marfil y Nigeria respectivamente, son artistas diríamos clásicos del arte africano contemporáneo. Ambos fallecidos en 2014, Bouabré fue uno de los grandes dibujantes africanos, referente de toda una generación de dibujantes locales. Tras su exposición en el Pompidou de Paris en 1989, Bouabré se consagró como un artista internacional y viene esta vez a Sao Paulo con un conjunto de 30 dibujos de una serie que dedicó a las relaciones entre África y Brasil. Por el contrario, las fotografías en blanco y negro de Okhai Ojeikere, acentúan la fuerza de la cultura nigeriana a través de los peinados de sus mujeres, casi esculturas del cotidiano local. Sus formas, curvas son un reflejo del pasado y del presente de la mujer africana.

Para finalizar este recorrido, es imprescindible destacar la excelente selección de videoarte y cortos de artistas de Benin. Patrocinados y seleccionados por el Kuturforum Sur-Norte, los vídeos confirman la calidad del videoarte en los últimos 10 años en Benin. Temas sociales, políticos, religiosos o raciales forman una telaraña de historias que pueden relacionarse directamente con la historia más reciente en Brasil. Están patrocinados por un comité internacional especialistas en videocreación.

Además de los artistas citados, el resto de exponentes (Chéri Samba, Edson Chagas, Idrissa Ouedraogo, Kudzanai Chiurai, Agbodjelou, Rigobert Nimi e Samuel Kané Kwei) demuestran una vez más una visión revolucionaria, a veces contradictoria de lo que es la cultura africana y su conexión con Brasil. Para el público brasileño, esta es una oportunidad más de adentrarse en el pasado de la esclavitud brasileña, de un no tan lejano año 1888, año de la abolición de la esclavitud en Brasil.

J.D. 'OKHAI OJEIKERE - Mmon Mmon edet ubok, 1974, fotografia por processo de prata coloidal, 60x50 cm

J.D. ‘OKHAI OJEIKERE – Mmon Mmon edet ubok, 1974, fotografia por processo de prata coloidal, 60×50 cm

Además, el SESC a través de los educadores de la exposición, están realizando una serie de actividades complementarias con todo tipo de público, aprovechando además las vacaciones escolares. Para el populoso barrio Belem, la muestra se presenta como lugar para conocer instrumentos africanos, realizar máscaras con materiales reutilizables, realizar muñecas de trapo para niños como las realizadas en la época de la esclavitud y narración de cuentos tradicionales africanos, realizando así pequeñas acciones sobre la propia exposición. El África que vemos es a veces poético y contrasta de algún modo con la exclusión social, la denuncia racial y la inmigración. Ello pone de relieve que lo pasado sigue siendo actual porque quizás ese pasado esclavo no fue todavía superado ni en Brasil ni en el continente africano.

 

 

 

Cinco exposiciones para sumergirnos en África antes de 2016

Este 2015 nos deja sin duda un atractivo panorama de producciones culturales en el continente que hemos ido desgranando a lo largo del año en nuestra revista, en cada una de las secciones en las que trabajamos: música, cine, letras africanas y artes visuales.

Pero una muy buena manera de despedir el año y empezar el 2016 con energia es sumergiéndonos en las artes contemporáneas africanas en vivo y en directo, ya que tenemos la oportunidad a través de las diferentes exposiciones que hay en varios puntos de nuestro país. Quién sabe, quizá estás vacaciones se puedan aprovechar para hacer la ruta de las exposiciones de artes africanas…Lo dejamos a vuestro criterio, pero por si acaso estáis cerca, hacemos un breve repaso por las más destacadas:

 

>>Madagascar 1906 – Casa África – Las Palmas de Gran Canaria – Del 2 de octubre al 30 de diciembre de 2015

Una deliciosa muestra de fotografías que recoge imágenes de principios de siglo que dan muestra de las costumbres de las gentes por aquel entonces. Las fotos están hechas por una fotógrafa anónima, una viajera pusiente, que se dedicó a contemplar y plasmar el modo de vida de la población local. Este proyecto, iniciativa de Zero Memory Archive, tiene una interesante historia que ha pasado por manos de varios anticuarios. “La mujer que realiza estas fotos pertenece a ese grupo de maravillosas damas viajeras cuya labor era mostrar al resto del mundo lo que sólo ellas y los nativos habían visto, incorporando el componente emocional en la percepción del continente, aportando minuciosidad y sensibiliad, intentando despejar esa incógnita que el ciudadano africano seguía siendo a medida que occidente se familiarizaba con África”, cuenta Casa África. Muy recomendada si estáis por las Palmas estos días antes de que acabe el año.

>>Making Africa – Museo Guggenheim Bilbao – Del 30 de octubre al 21 de febrero de 2016

Definitivamente una oportunidad de ver en nuestro país una exposición que da muestra de lo que se está haciendo en África. Ya hablamos de ello en nuestro magacín cuando se inauguró en Bilbao: “Su objetivo es cuestionarse de qué manera el diseño influye en los cambios políticos, sociales, culturales o tecnológicos en el mundo, y para ello vuelve su mirada hacia África y una nueva generación de creadores, pensadores y artistas, presentando una serie de obras interdisciplinarias. Su intención no es abarcar el continente entero, un continente plural con miles de realidades distintas, sino mostrar una nueva visión de éste, lejos de los prejuicios a los que los medios nos tienen acostumbrados: un continente que cambia a pasos agigantados, que crea, que emprende”.

Así no nos queda más que recomendarla y rescatar una de las sugerentes frases que describen la exposición “Son trabajos que sirven como nexo entre la revolución digital y nuestra existencia analógica; que reinventan los materiales de manera radical; que reflejan un sentido de la responsabilidad hacia la sociedad más que hacia el mercado; y que realizan atrevidas afirmaciones acerca del futuro”.

>>Dakar. Cuerpo a cuerpo – África imprescindible – Pamplona – Del 10 de diciembre al 10 de enero de 2016

A través de 81 fotografías y dos vídeos, la exposición nos narra algunos de los problemas ligados a la urbanización desmesurada, el medioambiente y la pobreza en Dakar (Senegal). Además, expresa el contexto, el paisaje y cuerpos singulares, con historias explicadas en primera persona. Esta exposición que fue expuesta en Casa África anteriormente, fue Premio Casa África en la edición 2011 de la Bienal de Fotografía de Bamako (Mali). En Wiriko tuvimos la oportunidad de entrevistar a esta fotógrafa a propósito de “Retratar un clima” que parte de la premisa de que es posible y necesario crear un diálogo entre las movilizaciones que se suceden, se enlazan y se afectan en las ciudades de todo el mundo. Este proyecto será el que la traiga de nuevo a nuestro país; buen momento para retratar el clima electoral.

>>Street Attitude – Galería Out of Africa – Barcelona – Del 5 de diciembre al 31 de enero de 2016

La exposición se centra en la obra de la artista camerunesa Kristine Tsala, integrante del colectivo camerunés 3Kokorikos del que hablamos hace tiempo en el magacín. Hoy en día, la vida cotidiana en las urbes, sigue siendo la fuente de inspiración de la artista, con mujeres muy presentes en su obra, que llevan tejidos de colores. También le inspira el encuentro tradición-modernidad reflejado en sus pinturas al óleo y acrílicas de vivos colores.

 

>>Restrospectiva KALAO 10 años – Kalao Bilbao – Del 16 de octubre al 31 de diciembre de 2015

threeboystwoA través de esta retrospectiva, Kalao celebra sus 10 años acercando artistas africanos contemporáneos a pesar de las dificultades que hay en el ámbito de la promoción cultural. Para ello, presentan una de muestra de los artistas que han estado expuestos en sus paredes durante su andadura, agradeciendo a aquellas personas y organizaciones que han formado parte de ella.

Artistas como Camara Guèye, del que ya hablamos en Wiriko, Nú Barreto, Nástio Mosquito o Natalie Bikoro, son solo algunos de los artistas que han pasado por Bilbao. Para conocerlos mejor, os recomendamos asomaros por Kalao.

Cristina Bayo: “La cultura africana se está empezando a entender y valorar”

El museo de arte africano de Valladolid, la Fundación Jiménez-Arellano Alonso, es, tristemente, una rara avis en el panorama artístico español. Fundado en el año 2004, cuenta con tres salas de exposición donde se trata de acercar al público un pedazo de la culturas y las artes de África. Más de 400 obras, la mayoría esculturas, forman parte de los fondos del museo, de las cuales unas 150 están expuestas al público.

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Llego con un poco de tiempo a la cita. Allí, en el patio del Palacio de Santa Cruz, espero unos minutos hasta que Cristina Bayo, la conservadora del museo, me recibe con una agradable sonrisa.

La entrevista podía esperar un poco; iba a conocer de primera mano la exposición. Nos dirigimos al Salón de Rectores, la primera sala donde los visitantes comienzan a tener un primer contacto con las artes africanas. No tardamos en entrar en la Sala del Renacimiento, la joya de la corona. Aquí se encuentran las principales esculturas y las más admiradas por todo el que pasa por el museo. Cuenta en sus haberes con quince esculturas de la desaparecida cultura Nok de Nigeria, de la que sólo se han hallado mil piezas o una cabeza del rey de Benín, algo extraordinario ya que actualmente sólo se han localizado diez figuras de este tipo en todo el mundo.

La última de las salas alberga la exposición sobre el Reino de Oku, un reino situado en Camerún cuyo rey, el Fon Sintieh II, cedió las máscaras, fetiches, su propio trono, camas y trajes ceremoniales y su pórtico real para la difusión de la cultura de Oku en Europa. Es aquí donde, sin duda alguna, podemos viajar hasta tierras camerunesas y conocer de cerca el arte y la magia de África.

Volvemos al Salón de Rectores para terminar la visita y lanzar mis preguntas. Esta vez hay algo que llama mucho mi atención. Tanto la primera como la segunda sala están en penumbra. Una oscuridad que choca con la iluminación de las obras expuestas: parece que, por fin, las artes africanas pueden arrojar un poco de luz sobre tanto desconocimiento.

P.A. La fundación cumple ya once años y, como suele decirse, los inicios siempre son complicados. ¿Cómo empezó todo? 

C.B. Como dices los primeros años fueron bastante difíciles. Todo comenzó cuando Ana y Alberto, el matrimonio Jiménez-Arellano Alonso, que tenían una colección extraordinaria en su casa (eran coleccionistas de arte) decidieron donar los fondos a la Universidad de Valladolid. La situación no era sencilla ya que había que encontrar unas salas que se adaptaran a la colección. Se eligió el Palacio de Santa Cruz que era y es la sede de la Universidad de Valladolid, lo que suponía un handicap a mayores. Además la colección venía de fuera y el arte africano es un arte desconocido. Lograr que el publico se acerque de primeras resultó muy complicado. Además los cambios rectorales de la universidad y de los directores afectaron muchísimo al funcionamiento y a la estabilidad de la fundación.

¿Y cuándo mejoró todo? 

Lo tengo muy claro. No voy a ser pelota con mi directora actual – comenta con una sonrisa- pero es la realidad. Cuando Amelia Aguado entró a formar parte de la fundación empezó el boom. Además su llegada coincidió con la inauguración de la exposición del reino de Oku en el año 2012. Toda la labor que hace ella como gestora cultural es impresionante. Toda la difusión que sabe hacer en redes sociales ha dado un buen empujón a la exposición.

¿A qué se debe la especialización en el arte africano?

Lo cierto es que el museo tiene unos fondos muy variados. Contamos con una buena colección de arte contemporáneo occidental, así como arte asiático, una muestra de arte precolombino y la exposición de arte africano.  De todos ellos el más desconocido era el arte africano, era algo especial y sabíamos que tarde o temprano llamaría la atención por su desconocimiento. Además el volumen de la colección de piezas africanas y la calidad de las obras nos convenció para empezar a impulsar este proyecto.

¿Qué es lo que podemos encontrar en el museo? 

La colección cuenta con más de 150 obras expuestas. La mayor parte son esculturas, terracotas de diferentes países del África subsahariana: Malí, Níger, Nigeria, Burkina Faso, República Democrática del Congo, Etiopía, Tanzania… y representa a muchas culturas actuales como otras que han desaparecido. En el museo están representados muchos pueblos del continente africano: Nok, Dakakari, Sokoto, Katsina, Ife, Bura, Jukun, Paré o los Falasaha, por ejemplo.

¿Cuál es el origen de las obras que exponéis? ¿Cual es su procedencia?

El matrimonio empezó a añadir obras a su colección a través de subastas y galerías de arte. Al comienzo eran subastas internacionales realizadas en países como Bélgica o Francia. Países donde el arte africano tiene un valor mucho mayor que España. En los últimos años, si que es verdad, algo ha cambiado. Las últimas esculturas se han obtenido en galerías de arte africano con sede en España, en Barcelona y en Madrid.

Máscara Oku

Máscara Oku

Las obras expuestas en el museo forman parte del arte tradicional y sobre todo son esculturas. ¿Tenéis pensado abrir la colección al arte contemporáneo africano? 

De primeras el problema que tenemos es que los fondos que están expuestos son permanente. El palacio da de si lo que da de si. El arte contemporáneo siempre nos ha parecido interesante y fundamental para entender la realidad africana, pero bien es verdad que no lo podemos incluir dentro de las salas. Sin embargo con el Reino de Oku  sí que hay una representación de los siglos XX-XXI y ayudamos a que se incluyan obras contemporáneas. Actualmente estamos incluyendo en nuestros espacios temporales, como “miradas sobre África” o en la galería de San Ambrosio, donde esta el reino de Oku, pinturas de Verónica Alcacer que ha trabajado durante años en África.  Es por ahí por donde intentamos ampliar un poco la mirada hacia el arte más contemporáneo.

¿Cuál crees que son los principales obstáculos que impiden que el arte contemporáneo empiece a entrar en nuestro país? ¿por qué nos cuesta tanto valorar el arte africano en general y el contemporáneo en particular?

El principal obstáculo siempre es el desconocimiento y la ignorancia. El arte contemporáneo  es el desconocido del gran público. La gente está acostumbrada a visitar exposiciones con obras góticas, renacentistas… pero el arte contemporáneo es más difícil de comprender y es lo que impide a mucha gente dar el paso y conocer lo nuevo. Ya si hablamos del arte contemporáneo africano tenemos un gran problema. Aquí se une el desconocimiento del arte contemporáneo con un arte que, para la mayoría de la gente, es muy distinto, externo y poco o nada conocido.

¿Habéis pensado en colaborar con otras asociaciones y dinamizar la colección relacionándola con el cine, la literatura o las artes visuales, como la pintura u otras disciplinas?

Tenemos la obligación de difundir el arte y la cultura africana. Estamos en contacto constante con varias asociaciones de todo tipo. Por ejemplo todos los años participamos en el ciclo de cine africano que impulsa la organización Umoya. También trabajamos con otras asociaciones que no se encuadran en el ámbito africano, como ASPAYM (Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos) con otros museos, con la propia universidad de Valladolid o con diversos colegios. Creemos que la difusión de África debe hacerse a través de todos los medios y los actores posibles. De hecho una de nuestras propuestas estrella ha sido la de acercar reproducciones del museo a diferentes bodegas de la provincia. Nos hemos dado cuenta que la unión de arte africano y vino es una vía excelente para hacer que la gente descubra África. Cuando hemos llevado las reproducciones a las bodegas la gente se asombra, les entra la curiosidad y se animan a descubrir el museo. Y te aseguro que acaban repitiendo. Se genera un ambiente único y en el fondo la base es la misma. En África también se bebe vino y es una tradición milenaria.

Actualmente en España sólo existe otro museo de arte africano permanente, el Museo Africano Mundo Negro de Madrid. Esto os convierte en un referente nacional, pero también demuestra que en España nos cuesta mucho reconocer las artes africanas. ¿Cómo lográis daros a conocer entre el público?

Para mí ese es el gran logro. Hay dos vías una a nivel nacional e internacional y otra a un nivel más local. La primera se basa en la difusión a través de las redes sociales para que nos conozcan fuera de Valladolid y conseguir que los visitantes se acerquen al museo. A nivel local nuestra idea es no cerrar puertas, salir a la calle y que la gente nos conozca. Eso es imprescindible. Sacar las reproducciones del museo es acercarnos a la gente. Sacar grandes carteles en la plaza de Portugalete es conseguir llamar la atención, hacernos visibles.

Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y, en menor medida, Italia, cuentan con un enorme número de centros especializados en las artes africanas, incluidas las contemporáneas. En nuestro país esto esta cambiando poco a poco gracias a exposiciones temporales como “África. Mito y Realidad” que acogió la Casa del Cordón de Burgos el año pasado o la gran expo “Making Africa” del Guggenheim. ¿Pero qué es lo que nos diferencia de nuestros vecinos? 

España está a tan sólo 14 kilómetros de África. Eso debería ser un punto a favor. Desgraciadamente no lo es. Británicos, belgas, franceses… todos ellos impusieron un colonialismo muy duro, que se refleja en la extracción de obras y piezas africanas para llenar los fondos de los museos, hay mucha más tradición allí. Esos países viven de cerca el arte africano y de hecho muchos artistas africanos han tenido relación con las antiguas metrópolis. España no tiene ese contacto y no se dejó influenciar por sus colonias. Esa es la principal diferencia que veo. Eso y quizás que nuestros planteamientos artísticos son diferentes. El valor que los franceses le dan al arte contemporáneo no es comprable al valor que le damos aquí.

¿Cuál ha sido el nivel de acogida entre el público en los últimos años? 

Lo cierto es que en 2010 cerramos el museo durante casi un año y medio. Todo lo que teníamos ganado entre el público, que ya nos conocía desde 2004, lo perdimos. Tuvimos que volver a empezar. Pero eso nos ayudó a plantearnos el proyecto y a repensarlo todo de nuevo. El boca a boca ha sido esencial, cada vez hay más visitantes y esos visitantes están trayendo a más gente. Creo que la acogida entre el público ha sido mucho mayor a raíz de la inauguración del Reino de Oku. Además la calidad del visitante está cambiando. Antes sólo se acercaban personas que tenían un desconocimiento total de las artes africanas, sin embargo últimamente los visitantes que llegan ya conocen algo de África. La cultura africana se está empezando a entender y a valorar. Eso lo vemos en el número de colegios que nos visita. En este curso nos han visitado ya doce colegios de Valladolid y Palencia. Los niños se acercan a la cultura africana y así conseguimos construir una base para el futuro.

¿Qué importancia le dais a las redes sociales como medio de difusión del museo y de las artes africanas? 

R. Es imprescindible porque estamos difundiendo de forma rápida y sencilla la colección que tenemos. Pero también le damos otra función a las redes sociales: destacar la importancia de la cultura africana y el valor que tiene África. Un fin fundamental es acabar con las barreras físicas y de color entre unas sociedades y otras. Al final todos somos iguales. Comprender al otro, difundir las artes y la cultura africana y la tolerancia se han convertido en el eje del uso de las redes sociales.

Nobukho Nqaba: migraciones de plástico en el LagosPhoto Festival

Las fotografías que nos llegan desde África a menudo plasman un escenario bipolar: el horror humano y la belleza natural. Pero lo cierto es que la fotografía es una manera de mirar y cada vez son más quienes observan que en medio del blanco o negro, al que se ha relegado tradicionalmente al continente, existe una extensa escala de grises. Entre aquellos que apuestan por esta visión está la Fundación de Artistas Africanos (AAF, por sus siglas en inglés), una organización que desde 2010 muestra en Nigeria proyectos fotográficos que plasman esas ‘otras Áfricas’ a través del LagosPhoto Festival. Un evento que hasta el próximo 27 de noviembre celebra su VI edición, en esta ocasión bajo el título Designing futures. Una temática que se sirve del diseño para promover el fin del destierro hacia lo negativo al que se ha enviado la imagen de África. Ejemplo de ello es el trabajo de la sudafricana Nobukho Nqaba, quien hace de una bolsa de plástico un símbolo de la migración.

Autorretrato perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Autorretrato perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Cuando Nobukho Nqaba (Sudáfrica, 1992) era una niña vivía en Butterworth, en la provincia sudafricana de Cabo del Este. Su madre trabajaba al otro extremo del país, en Grabouw, ciudad del Cabo Occidental. Un verano se desplazó hasta allí para pasar las vacaciones y su padre le metió sus cosas en una unomgcana, también llamada umaskhenthe, una bolsa de plástico muy grande que en el idioma xhosa significa respectivamente ‘que tiene líneas’ o ‘viajero’. Un significado acorde a su descripción y a su uso, ya que estas bolsas de líneas que forman cuadros son las más usadas en Sudáfrica para desplazarse de un punto a otro del extenso país. Son baratas, son enormes y son resistentes, por lo que se puede llevar muchos objetos en ellas sin temor a que se desgarren. Nobukho las usó tantas veces como ocasiones tuvo de mudarse de un punto a otro de Sudáfrica. Una experiencia que le supuso relacionar la migración con la supervivencia, el reto de adaptarse a un lugar distinto y hacerlo de nuevo suyo a través de los objetos que portaba en su unomgcana. De ahí que para ella, esta bolsa signifique hogar y lucha. Un concepto que ha querido desarrollar a través de una serie de fotografías que lleva precisamente el título de ‘Unomgcana’ y que forman parte del LagosPhoto Festival de este año.

La joven fotógrafa explica para la revista Ours: “Crecí rodeada de unomgcana”. Y parece que éste es el sentido que busca en sus composiciones, en las que todo lo que la envuelve a ella está envuelto a su vez del plástico a cuadros que caracteriza a estas bolsas. Como si quisiera traspasar el significado de hogar que le da a la unomgcana a partir de los objetos personales que contiene, para hacer directamente de la instalación algo personal, forrándolo de su estampado. De este modo, la serie de fotografías están compuestas de autorretratos que plasman escenas de la vida cotidiana en las que la auténtica protagonista es la unomgcana. Ella lo invade todo, haciendo de estancias distintas lugares familiares que impregnados de esta bolsa eliminan las diferencias de los espacios realzando el elemento común, identificable, de la unomgcana. Y así es como Nobukho Nqaba relaciona los significados de hogar y supervivencia a través de una bolsa.

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación 'Unomgcana' / The Tierney Fellowship.-

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación ‘Unomgcana’ / The Tierney Fellowship.-

“Estoy interesada en los objetos y en las cosas que me pesan en la memoria y  siempre estoy queriendo encontrarles los significantes y los significados a las cosas que son familiares para mí y también a las que no me son familiares. Cuando estoy haciendo un proyecto siempre me miro a mí misma primero y a cómo me identifico con los objetos que quiero explorar. Después miro hacia un ángulo más amplio y desgrano cómo las cosas que me interesan afectan a otras personas”, explica la artista al blog de fotografía Orms. Es entonces, a partir de esta amplitud de miras, que su concepto de unomgcana trasciende su propia experiencia para llegar a observar las mismas bolsas sujetas por otras personas que se dirigen a otros destinos, lo que le lleva a plantear este objeto como símbolo de la migración. Al fin y al cabo, si bien es cierto que en xhosa se llaman unomgcana o umaskhenthe, en realidad lo más común en Sudáfrica es llamarlas ‘bolsas chinas’ de donde es su procedencia; o ‘bolsas de Zimbabwe, país vecino de donde llegan muchos de los portadores de esta clase de equipaje.

Y más allá de las fronteras sudafricanas, en otros puntos del continente reciben apelativos distintos. Como en los países de África Occidental donde se denominan ‘Ghana must go bags’, en referencia a la expulsión de miles de ghaneses de Nigeria a principios de los ochenta. Incluso más allá de las fronteras del continente cada vez es más visible que entre los bultos del equipaje estén estas enormes bolsas de plástico con cuadros estampados. En Reino Unido responden al término ‘bolsas de Bangladesh’; en Alemania son conocidas como ‘bolsas turcas’; y en Estados Unidos se las reconoce como ‘bolsas mexicanas’. Así, tal y como señala la joven fotógrafa Nobukho Nqaba cuando relaciona este objeto de plástico con la migración, si siguiéramos la pista de este tipo de equipaje bien podría trazarse un mapa mundial de los desplazamientos a través del calificativo que reciben estas bolsas en el lugar a donde llegan y en función de los rostros que las portan.

Fotografía perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Fotografía perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Making Africa: el arte contemporáneo africano llega al Guggenheim de Bilbao

Nada más entrar, las gafas del artista kenyano Cyrus Kabiru dan la bienvenida al visitante. Son gafas hechas de materiales reciclados, que se mueven entre las fronteras de la escultura, la performance, la moda y el diseño. Sabemos que nuestra visión de África está formada por clichés y un imaginario colectivo reduccionista, por ello, la obra de Kabiru nos invita a adoptar nuevas perspectivas de la realidad. Las gafas pueden reducir tu campo de visión, focalizar o imponer una cierta perspectiva, pero también pueden ofrecerte una nueva forma de ver las cosas. Este es el objetivo de “Making Africa: un continente de diseño contemporáneo”.

Vitra Design Museum

Vitra Design Museum

La exposición es obra de una colaboración entre el Vitra Design Museum (Weil-am-Rhein, Alemania) y el Guggenheim de Bilbao, en el que podrá visitarse del 30 de octubre 2015 al 21 de febrero 2016. Su objetivo es cuestionarse de qué manera el diseño influye en los cambios políticos, sociales, culturales o tecnológicos en el mundo, y para ello vuelve su mirada hacia África y una nueva generación de creadores, pensadores y artistas, presentando una serie de obras interdisciplinarias. Su intención no es abarcar el continente entero, un continente plural con miles de realidades distintas, sino mostrar una nueva visión de éste, lejos de los prejuicios a los que los medios nos tienen acostumbrados: un continente que cambia a pasos agigantados, que crea, que emprende. 

En el prólogo de esta exposición, a parte de la obra de Cyrus Kabiru, también podemos encontrar vídeos con numerosas entrevistas a personas vinculadas al mundo del arte africano, así como las conferencias de TED de Komla Dumor o Chimamanda Ngozi Adichie. Sin embargo, esta primera parte se centra sobretodo en cómo las artes gráficas contemporáneas representan al continente de una forma distinta y contribuyen así a una nueva visión. Sorprende, por ejemplo, la obra del artista sueco Nikolaj Cyon basada en una idea clave: ¿cómo sería el mapa político africano actual si Europa nunca hubiese colonizado el continente? De este modo, a partir de búsquedas históricas, el artista realiza un mapa con distintas fronteras que, al fin y al cabo, siguen siendo artificiales. Su obra nos invita a preguntarnos sobre si los conceptos europeos de “estado”, “nación”, “pueblo” o “frontera”, podrían ser aplicados al contexto africano. En esta sección también podemos encontrar el conocido mapa de Kai Krause “El verdadero tamaño de África”, algunas de las webs que muestran al continente lejos de clichés, tales como Africa is a country o African Digital Art, así como proyectos del ZIVA o de Slum TV.

Continuando la exposición nos encontramos con “I and We”, una sala en la que se nos presenta al diseño como herramienta para mostrar la pertenencia a un grupo o distinguirse del resto, sin olvidar las dimensiones políticas y sociales. Se trata de presentarnos una nueva generación de africanos que se perciben como parte de una cultura globalizada, utilizando blogs, redes sociales o Youtube, sin embargo, no se dedican a copiar las tendencias occidentales, sino que toman algunos códigos y los transforman para crear nuevas formas de expresión cultural propias. Aquí encontramos, por ejemplo, “Coz Ov Moni” del dúo de raperos ghanés FOKN Bois, la primera comedia musical del mundo en pidgin, disponible además en Youtube, un mediometraje que muestra la vida cuotidiana de dos jóvenes en Accra. También se presentan al visitante algunas portadas de Ovation, la revista de prensa rosa africana por excelencia, y se trata el tema de la moda exponiendo, por ejemplo, el trabajo de la marca senegalesa Nafytoo, la primera en África subsahariana especializada en el mundo de la lencería, o el blog sudafricano sobre moda más influyente: “Skattie, what are you wearing?”, víctima de su éxito convertido ahora en la web Skattie.

En esta sala destacan sobretodo las fotografías del proyecto “The Studio of Vanities”, del fotógrafo senegalés Omar Victor Diop. En su obra, Diop ha querido retratar a las personalidades de la escena artística y cultural de Dakar de su generación, realizando una composición propia de fotografía de estudio que recuerda directamente a los pioneros Malick Sibidé y Seydou Keïta, artistas a los que pretende homenajear y que también podemos encontrar en esta exposición.

“Space and Object” es el penúltimo tema de Making Africa. En él encontramos obras que tratan del individuo y de su entorno, en especial relacionado con las grandes ciudades. África es el continente con la tasa de urbanización más elevada del mundo y sus grandes ciudades, que crecen a gran velocidad y normalmente de forma caótica, están lejos de cubrir las necesidades de sus habitantes, en especial de los más desfavorecidos. En Making Africa se nos presentan obras que tratan y analizan ese crecimiento incesante, mostrando que dicha densidad urbana presenta retos sociales, económicos, políticos, medioambientales y culturales que deben ser abordados.

En esta línea encontramos, por ejemplo, el proyecto Map Kibera, ideado por el cartógrafo Mikel Maron, o el Urban Africa Project del arquitecto David Adjaye. Impresionante es la instalación escultural “Jua Kali City” de los artistas Tahir Carl Karmali, Dennis Muraguri y Tonney Mugo. Jua Kali, término swahili que significa “sol feroz” (fierce sun), se refiere en Kenya al sector de la economía informal, un sector que nace de la necesidad y que representa la principal fuente de ingresos para la mitad de la población del país. La instalación se compone de dos grandes ruedas dentadas: las mayor, hecha de acero, madera, cristal y componentes informáticos, representa la economía “oficial”. La menor, compuesta de deshechos metálicos y de madera, representa la economía informal. La intención de sus autores es reflejar que sin la creatividad de ese sector informal, la economía formal no podría progresar.

“No miramos hacia el este ni hacia el oeste, miramos hacia el futuro”. Esta frase del primer presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, representa perfectamente la última parte de Making Africa: “Origin and Future”. África y sus nuevos creadores miran hacia el futuro, pero la presente mundialización también les hace reflexionar sobre sus raíces. Algunos artistas se vuelven hacia las figuras más destacadas de su continente, como es el caso de la colección “Bour Sine – Hommage à Senghor,” de la creadora y estilista senegalesa Oumou Sy, o del proyecto “Mandela Poster Project Collective”, idea creada por un grupo de artistas sudafricanos con motivo del 95º aniversario de Nelson Mandela. Otros cuentan historias prácticamente desconocidas, como la realizadora ghanesa Frances Bodomo y su cortometraje Afronauts, en el que se inspira de una historia real: Zambia, después de su independencia, creó un programa espacial ambicioso cuya petición de financiación fue rechazada por la UNESCO, razón por la cual el proyecto cayó en el olvido. Bodomo muestra la motivación y el optimismo del proyecto, que a su vez enviaba un mensaje a otros países ignorados mediáticamente. Sin embargo, la ambición y competitividad americana y rusa en este tema durante la Guerra Fría dejó a los demás sin ninguna oportunidad.

En definitiva, Making Africa presenta al visitante un gran recorrido por el arte contemporáneo africano en múltiples disciplinas, mostrando cómo ayuda a cambiar la visión de África que tenemos fuera de ella, pero también cómo colabora de forma activa en la transformación del propio continente, siendo un importante motor de cambios sociales, económicos y políticos mediante proyectos que no sólo ayudan a dar visibilidad a ciertas problemáticas, sino que además influyen directamente en la vida de las personas.

 

Guggenheim de Bilbao

Making Africa

Vitra Design Museum

VVAA, Catálogo de la exposición “Making Africa: a continent of contemporary design”. Vitra Design Museum, Weil-am-Rhein, 2015.

 

Después del éxito en Nueva York, 1:54 vuelve a casa

La pasada semana tuvo lugar la tercera edición de la feria de arte contemporáneo africano 1:54 en Londres, coincidiendo con la feria de arte Frieze y Frieze Masters. Durante cinco días, los pasillos de Somerset House se han llenado de un sinfín de estilos, formatos, técnicas y medios que mapean la diversidad artística de un continente compuesto por 54 países.

1:54

1:54

Como ya había sucedido en las ediciones anteriores, ha sido necesario para los miembros de la organización de la feria 1:54 ampliar el espacio expositivo en el histórico edificio que, este año, ha albergado a 38 galerías, once más que en su edición anterior, y de las cuáles catorce provenían del continente. Además, un inmenso número de coleccionistas, amantes del arte y curiosos, han recorrido los pasillos de Somerset House.

Entre las galerías con más experiencia en el terreno, se encontraban la Galerie Cécile Fakhoury de Costa de Marfil; la October Gallery, una de las pioneras en exponer arte africano contemporáneo en Londres; la emblemática galería parisina del reconocido coleccionista de arte africano André Magnin, Magnin –A y la estadounidense AXIS Gallery con base en Nueva York. Entre las que han participado por primera vez en 1:54, se encontraban galerías con cierta trayectoria en el mercado del arte como Omenka Gallery de Nigeria o Ed Cross Fine Art de Londres, pero también galerías de reciente apertura como KooVha Gallery, con sede en Harare y Tamar Golan Gallery de Luanda, que dedican su esfuerzo a promocionar el trabajo de artistas emergentes.

Aboudia en Galerie Cécile Fakhoury

Aboudia en Galerie Cécile Fakhoury

A lo largo de las galerías, se pudieron admirar obras de grandes referentes ya consagrados como las archiconocidas máscaras recicladas del beninés Romuald Hazoumé, referente del así llamado arte tradicional africano, los colores vibrantes de las pinturas del ghanés Ablade Glover, los niños de las calles retratados por el marfileño Armand Boua, así como, las metafísicas esculturas de su compatriota Jems Robert Koko Bi, la fuerza de los trazos en los lienzos del senegalés Soly Cissé, el arte de compromiso social del sudanés Ibrahim El-Salahi, la artistización de las culturas árabes populares en manos del marroquí Hassan Hajjaj, quien además fue el encargado de decorar este año la sala VIP, los textiles entretejidos a modo artesanal por el maliense Abdoulaye Konaté, pero usados como herramienta de comunicación y compromiso político, las referencias a la guerra civil de Mozambique en el trabajo de Gonçalo Mabunda o los ataúdes de estilo único diseñados por el ghanés Paa Joe.

Entre los artistas emergentes destacados, se encontraba la fotografía documental del mozambiqueño Mário Macilau, quién además forma parte de la exposición del Holy See Pavilion del Vaticano como parte de la 56 edición de la Bienal de Venecia, el senegalés Eric Pina, para quien ésta era la primera vez que su trabajo se mostraba en Reino Unido y que retrata espacios imaginarios donde provoca encuentros de personajes solitarios, valiéndose simplemente de tinta china y guache sobre papel con una técnica y delicadez exquisitas y el nigeriano Karo Akpokiere, que se inspira en las culturas populares de Lagos en sus lienzos.

Cabe destacar el recorrido histórico por la fotografía de estudio africana, del cuál participaron diferentes galerías, representando a nombres como al beninés Joseph Moise Agbodjelou y a su hijo Leonce Raphael Agbodjelou, John Liebenberg y Bobson Sukhdeo Mohanlall de Sudáfrica, el burkinabé Hamidou Maiga y, no podía faltar, el senegalés Omar Victor Diop.

Entre la, escasa, participación femenina, se encontraba las Mujeres de Walworth de la aclamada escultora calabar Sokari Douglas-Camp, los trabajos de crítica medioambientalista de Otobong Nkanga, Miriam Syowia Kyambi, quien ya estuvo en la edición anterior y que, a través de su trabajo examina cómo la experiencia humana hoy en día es influenciada por impuestos históricos, colonialismo, violencia, familia y sexualidad, la norteamericana Ayana V. Jackson, quien analiza la condición africana y de la diáspora africana, y una jovencísima Ndidi Emefiele que hace una crítica a la influencia de los cánones de belleza occidentales en las sociedades africanas.

Las mujeres africanas artistas recibieron un merecido espacio de atención en la presentación del catálogo de la exposición Body Talk, dentro de las actividades paralelas organizadas dentro del FORUM 1:54, programa educativo curado por Koyo Kouoh, directora artística de RAW Material Company, en Senegal. Body Talk, que tuvo lugar a principios de año en el centro WIELS de Bruselas y curado por la senegalesa, mostraba el trabajo de 6 artistas mujeres africanas que utilizan como recursos para su trabajo, las ideas de feminismo, sexualidad y el uso del cuerpo.

El FORUM, además, ha centrado su tema de reflexión este año en reflexionar y desdibujar la frontera conceptual del Sáhara y que separa el continente en dos: el Magreb y el África Subsahariana. Los artistas y teóricos invitados partieron del desierto como referencia para hablar de movimientos globales, transnacionalidad, historiografía artística, migración y políticas identitarias.

1:54 se ha establecido como máximo exponente de Arte africano contemporáneo no sólo en Europa, sino también en el mercado internacional, tras el rotundo éxito obtenido en su primera edición en Nueva York, que tuvo lugar el pasado mayo.

Como anécdota queda decir que, mientras en la librería seguían estando disponibles los catálogos de las ediciones anteriores, a primeras horas de la mañana del domingo, se agotaron los catálogos de esta edición. Esto confirma el interés creciente, e incluso la aceptación y reconocimiento en el mundo occidental, del arte contemporáneo africano.

  • Fotografías hechas por Raquel Villar

Africa Utopia: arte e ideas de África que están cambiando el mundo

El pasado fin de semana el festival Africa Utopia volvió al Southbank Centre de Londres por tercer año consecutivo para celebrar el arte y la cultura de uno de los continentes más dinámicos del mundo. Este festival contempla cómo África puede liderar el camino, reflexionando sobre la cultura, la comunidad, los negocios y la tecnología e incluye temas que van desde la moda, el género y la política de poder, la sostenibilidad y el activismo.maxresdefault

Este año el festival ha presentado a los artistas africanos más prominentes en los ámbitos de la música, la danza, la literatura y el arte. Musicalmente, cabe destacar la actuación del batería legendario Tony Allen, uno de los cofundadores del Afrobeat que actuó con invitados especiales de la talla de Damon Albarn, el gran intérprete de kora Toumani Diabaté, su hijo Sidiki Diabaté y la estrella del rap franco-maliense Oxmo. Asimismo, deleitaron la súper banda senegalesa, Orchestra Baobab y la potente y conmovedora voz del maliense Kassé Mady Diabaté. El despliegue musical culminó con el histórico lanzamiento de la primera orquesta sinfónica negra y de minoría étnica del Reino Unido, Chineke! (el concierto completo se puede ver aquí) y con la actuación del icono sudafricano Spoek Mathambo, al que ya entrevistamos en Wiriko, y en la que se pudo ver su documental The Future Sound of Mzanzi. De igual manera, una nueva generación de artistas y DJs del Reino Unido con una fuerte influencia africana, como Afriquoi y African Head Charge, tuvieron la oportunidad de dar a conocer su música.

El teatro tuvo como representante  la original obra titulada Star Boy Productions que plasma las historias de supervivencia de emigrantes y refugiados africanos en Europa. Una selección de cortos galardonados con el Premio Baobab, sirvió de preludio al festival de cine africano de Londres, Film Africa, que comenzará el 30 de octubre y durará hasta el 8 de Noviembre.

Un rico programa de charlas y debates fue inaugurado por el embajador del festival, el gran cantante y defensor de los derechos humanos senegalés, Baaba Maal. El liderazgo, el papel de las artes en la creación de cambio social, así como desde el activismo digital o el feminismo africano fueron algunos de los temas tratados durante el festival.

Y la lista no acaba aquí. En el campo de las artes visuales podemos destacar la obra de Phoebe Boswell Transit Terminal (Terminal de Tránsito) expuesta en la entrada del Royal Festival Hall y que daba la bienvenida al visitante. La artista nació en Kenya y se crió como expatriada en Oriente Medio, hasta que llegó a Londres, donde ahora reside. Boswell utiliza el medio visual para tratar temas como las migraciones, la identidad o la exploración personal del hogar. Su obra, Transit Terminal presenta doce figuras en blanco y negro de personas de espaldas a tamaño real, dispuestas en columnas blancas. Situadas contra la vitrina de la entrada principal, parece como si estas figuras en su ‘tránsito’ mostraran al visitante el camino hacia África Utopía.

Las ventanas del Royal Albert Hall presenta el trabajo de Phoebe Boswell, Transit Terminal. Foto: Pete Woodhead

Las ventanas del Royal Albert Hall presenta el trabajo de Phoebe Boswell, Transit Terminal. Foto: Pete Woodhead

La galería Hayward que forma parte del complejo del Centro Southbank albergó la primera exposición en solitario en Londres del artista sudafricano Dineo Seshee Bopape, titulada Slow-Co- Ruption (Lenta Co-Rrupción) y que seguirá abierta al público hasta el domingo 27 de septiembre. Esta exposición presenta una selección de los vídeos de Dineo que mezclan remixes de sonidos con imágenes en montajes caleidoscópicos y una escultura creada exclusivamente para la galería con motivo del festival.

La artista Lakwena Maciver quien toma su inspiración de los diseños y la comunicación usados en la cultura popular, el arte callejero y la publicidad que coexisten en el entorno urbano, creó este fantástico mural hecho con cartulinas de colores.

Puestos con la más fantástica artesanía hecha e inspirada en África inundaron el Southbank Centre, convirtiéndolo en un frenético mercado africano. Entre los puestos más originales destacamos:  Dolls By Verona. C, muñecas hechas a mano con fieltro y vestidas con coloridas telas y estampados africanos; House of Loulee, línea de moda africana con ropa 100% de algodón con los diseños más geniales para los más pequeños; o Lela, que en swahili significa “belleza negra”, una muñeca negra icono de una línea de productos para niñas pequeñas. Ya fuera del Southbank Centre, al aire libre, un mercado con puestos de comida ofrecía las delicias de las cocinas del continente.

Collage de fotos del desfile, Diaspora Calling. Fotos: Rosa Pérez

Collage de fotos del desfile, Diaspora Calling. Fotos: Rosa Pérez

Como colofón, acabamos este artículo compartiendo lo que fue mucho más que un desfile de moda. Comisariado por Samson Soboye, Diaspora Calling, fue una celebración de la diáspora africana y la cultura de la moda. Todo un despliegue de estilo, belleza, juventud, color, talento, ritmo y desparpajo: un auténtico espectáculo. En palabras de Soboye: “la fuente de inspiración para esta colección combina tanto la ropa de calle, como la alta costura. No hace falta ser africano para llevarla.  Es una colección con una sensibilidad occidental, más moderna, más contemporánea y más ponible.  Agnes Cazin, la directora artística, añadió: “La moda africana se volvió a poner de moda hace cinco años. Celebremos que somos una nación de gente estilosa. El estilo nos une”.

 

Wiriko participa en el taller de impresión textil de Afro Retro

Lilly y Anna luciendo pañuelos impresos creados por ellas mismas. Foto de Afroretro

Lilly y Anna luciendo pañuelos impresos creados por ellas mismas. Foto de Afroretro

Dentro del sinfín de propuestas de este gran encuentro, no faltaron las actividades para los más pequeños, como el taller de impresión textil con las hermanas de Afro-Retro, Anna y Lilly, que Wiriko no se perdió. Afro Retro es una marca de artesanía y de moda, inspirada en Uganda y hecha a mano en Londres. Anna y Lilly diseñan kits de costura, joyería y accesorios, reciclando todo tipo de materiales. Las hermanas ugandesas guiaron a los participantes por un creativo viaje que acabaría en la creación de un estampado propio en tela. Lilly anunciaba los pasos a seguir y los participantes, listos con sus delantales, coloreaban y decoraban con ritmo sus láminas. Sin pausa para que no se secara la pintura, había que cubrir el dibujo con el trozo de tela, este a su vez con papel de periódico y prensarlo rápidamente con el rodillo. Una vez acabado el prensado ¡voilà!  Ahora solo había que esperar a que se secase la tela y decidir qué hacer con nuestra obra de arte textil.