“Aux États-Unis d’Afrique”, más de lo que parece

Aparentemente el título lo dice todo. Aux États-Unis d’Afrique (En los Estados Unidos de África) es el título de una novela de Abdourahman A. Waberi. Su noveno libro. Su quinta novela. Pero también es una auténtica declaración de intenciones del escritor yibutí más popular en la actualidad. Waberi es además uno de los autores más comprometidos del África subsahariana. Si bien toda su obra ha estado marcada por los exilios, por los atropellos de las autoridades, por las injusticias, por los malos gobiernos… en los últimos años se ha significado especialmente. Ha pasado a formar parte de un selecto grupo de intelectuales y escritores empeñados en ser el azote de los dictadores de sus países y del continente, en general, y llamados a convertirse en el germen de una nueva africanidad.

El escritor Abdourahman A. Waberi. Foto: Michael Setzfandt, para Zulma Editorial

Pero volvamos a Aux États-Unis d’Afrique. Recuperemos Aux États-Unis d’Afrique. Waberi la publicó en 2006, pero recientemente la editorial francesa Zulma ha reeditado la novela en un formato de bolsillo y eso nos llama la atención sobre la descabellada idea del escritor yibutí. ¿Descabellada? Al menos, inusual. Es evidente que es un ejercicio, una provocación, un juego de espejos al que Waberi somete al lector que realmente esté dispuesto a prestarse honestamente. El narrador fabula con el viejo sueño de la unidad africana y dibuja un escenario en el que los acontecimientos se han desarrollada de manera muy distinta a la real. El destino, la política o la que quiera que sea la fuerza que construye los equilibrios internacionales se ha alineado del lado de una unión política africana que aparece como la superpotencia, frente a una Europa que se desangra y se diluye en un clima continuo de guerra. Los europeos no son capaces de superar sus diferencias y sólo pueden dirimirlas hundiéndose en una espiral de violencia.

Los europeos huyen de un continente sin posibilidad de redención. Los parias del mundo son normandos o toscanos, teutones o flamentos. Mientras las ciudades africanas albergan un panorama artístico en efervescencia y un desarrollo científico mayúsculo. La vanguardia de la política, la cultura y la academia están en el continente. Un continente que en gran medida intenta mantenerse a salvo de la amenaza que suponen los migrantes dispuestos a morir en el Mediterráneo en su tránsito hacia el opulento sur. El desprecio y los discursos racistas se han hecho fuertes también en las sociedades africanas. “El hombre de África se sintió, muy rápido, seguro de sí mismo. Se vio a sí mismo sobre esta tierra como un ser superior, inigualable porque se vio separado de los demás pueblos y razas por una inmensidad sin límites. Ha construido una escala de valores en la que su trono está en la cumbre. Los otros, los indígenas, los bárbaros, los primitivos, los paganos, casi todos blancos son relegados a la categoría de parias. El universo parece no haber sido creado más que para conseguir su gloria y para celebrarlo”, dice Waberi para explicar la inevitable superioridad de los Estados Unidos de África.

Un discurso que se abre paso en esa sociedad en completa expansión y la novela lo expresa de la siguiente manera: “Los nuevos migrantes propagan su natalidad galopante, su tizne milenaria, su falta de ambición, sus religiones retrógradas como el protestantismo, el judaísmo o el catolicismo, su machismo ancestral, sus enfermedades endémicas. Para decirlo educadamente, introducen el Tercer Mundo, directamente, en el ano de los Estados Unidos de África”. Mientras los que consiguen atravesar el mar, penan en las calles de los ricos Estados Unidos de África e, incluso, acaban pereciendo.

El riesgo evidente de dibujar un escenario como este está en atravesar la línea. Waberi podía haber caído fácilmente en el relato panfletario. Podía haberse quedado en la superficie de ejercicio creativo efectista. Podía haber pintado un retablo pintoresco. Pero el escritor yibutí fue más allá, de hecho bastante más allá. En ese ejercicio de provocación que es poco más que un escenario con el que pretende romper esquemas, Waberi sitúa una historia compleja. La de una chica de los suburbios europeos rescatada por un filántropo africano. La joven saborea las mieles de ese primer mundo del sur, parece estar completamente, digamos, integrada. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Las diferencias entre los elegidos y los sometidos siempre acaban aflorando cuando lo que se ha construido es un sistema racista y discriminatorio. Ya sea en el norte o en el sur.

Por una literatura infantil un poco más diversa

La editorial PotoPoto ha hecho una aportación necesaria a la literatura infantil en español. Evidentemente no es la única, pero esta recién nacida editorial ha aumentado la diversidad de los libros para los más pequeños. El viaje de Ilombe, la gran apuesta de PotoPoto, se ha sumado a un selecto grupo de álbumes ilustrados para niños basados en historias de origen africano. El mérito añadido de este recién llegado al panorama literario es que se ha financiado gracias a una campaña de micromecenazgo, es decir, que ha sido posible gracias al interés que despertó en los lectores, incluso antes de publicarse. La interpretación más sencilla de este recorrido es que El viaje de Ilombe era necesario y que ha abierto una puerta, porque esa necesidad de bibliodiversidad no se agota con la llega de esta historia.

Detrás de este proyecto están Alejandra S. Ntutumu, responsable del relato, y Lydia Mba, autora de las ilustraciones. Ambas, afrodescendientes orgullosas y comprometidas, se han embarcado en la aventura como parte de su deseo irrefrenable por cambiar el panorama literario español. El principal lema de la campaña de micromecenazgo era #YoMeEnsucio y PotoPoto es el nombre que en Guinea Ecuatorial recibe el fango más habitual. Estos indicios dan un idea de la voluntad de las impulsoras del proyecto. Ntutumu asegura en el propio libro: “Desde pequeña, mi sueño siempre ha sido poder crear un mundo de fantasía inspirado en los cuentos africanos que mi madre me contaba cuando era niña, para que los peques tengan referentes más diversos”. Lydia Mba, por su parte, es aún más gráfica cuando asegura: “Quiero que llegue el día en el que pueda encontrar en las librerías y las bibliotecas la misma diversidad que veo en la salida de un colegio”.

El viaje de Ilombre, en realidad, no es un cuento, sino una recopilación de diversas historias originarias de la Guinea Ecuatorial que había marcado el bagaje cultural de la madre de Alejandra S Ntutumu. El hilo conductor es la sencilla historia de Ilombe que se desplaza por el bosque intentando seguir la pista de su madre. En su recorrido la niña se encontrará con diversas situaciones en las que se le desvelarán, al menos, tres cuentos de la tradición del país de África central. El último, el del país de los ogros, es el que más ha mantenido la apariencia de los relatos tradicionales, si bien todos ellos, guardan el carácter ejemplarizante de los relatos que se cuentan a la caída del sol.

Más allá de la historia el relato de El viaje de Ilombe se completa con las ilustraciones de Lydia Mba. Un trabajo delicioso y realmente evocador. Los dibujos de Mba reconstruyen el ambiente mágico del recorrido de Ilombe en busca de su madre, en ese entorno al que le da entrada una misteriosa anciana que es su primera guía.

Desvelando Angola y las migraciones

Kianda apenas era una niña cuando se produjo uno de los episodios más oscuros desde la independencia de Angola: una purga entre las autoridades que el 27 de mayo de 1977 acabó con la vida de un numero indeterminado de personas, entre ellos revolucionarios de pedigrí, algunos de los que realmente lucharon y construyeron la emancipación del país. El padre de Kianda fue uno de aquellos purgados.

Kianda apenas era una niña cuando llegó a Londres y tuvo que pelear contra su historia y contra sí misma. La niña probó el sabor del desarraigo y después la necesidad de construir su propia identidad en un entrono adverso. Ella eligió deshacerse de su africanidad para reducir las ocasiones en la que le hacían sentirse la otra, la distinta.

Kianda ya es mayor cuando empiezan a caerse los velos que su madre había puesto a su vida para protegerla. La mujer, una auténtica luchadora, en el lecho de muerte se decide a revelar a Kianda algunos de los secretos de sus orígenes que nunca había conocido.

Kianda ya es mayor cuando supera el vértigo de la incertidumbre para dar una última alegría a su madre enferma: regresar temporalmente a Angola. En el país en el que empezó todo, la muchacha, ya convertida en una adulta con una personalidad muy compleja, se enfrenta a la realidad, en parte al pasado, pero también al presente e, incluso, al futuro.

Kianda, como no podía ser de otra manera es la protagonista de El sueño eterno de Kianda, una novela publicada por Borja Monreal Gainza y que ha merecido el Premio de Novela Benito Pérez Armas. Más allá de ese reconocimiento, el trabajo de Monreal se ha ganado también la excepción de Wiriko que, habitualmente, no reseña los trabajos de autores españoles sobre el continente. Sin embargo, la novela de Borja Monreal, responde a las condiciones que impone el compromiso de Wiriko. El sueño eterno de Kianda no reproduce estereotipos reduccionistas sobre la realidad africana. Al contrario, se sumerge en un complejo acontecimiento histórico que la historia oficial ha obviado. La novela, tampoco utiliza el continente para relatar historias a más gloria del blanco salvador ni dibuja de manera zafia a los personas africanos. El sueño eterno de Kianda es pura historia y pura historia angoleña y sus personajes no son complejos, sino tremendamente complejos, pasa cuando un autor decide no hacer concesiones y se arriesga a dibujar la complejidad de la realidad, las contradicciones, las dudas, la parte fea de la vida, junto a los sueños, los anhelos y las esperanzas. De todo un poco y, sobre todo, mucha vida.

Borja Monreal durante la presentación de la novela galardonada con el premio Benito Pérez Armas. Foto: CajaCanarias

Monreal se plantea cuál es tema fundamental de la novela y lo más curioso es que no tiene respuesta, al menos, juega a no desvelarla. La historia fundamental es la de la construcción de Angola. O bien, la historia que sustenta este relato es la de Kianda, la de su búsqueda de la identidad, una historia de migraciones, diáspora y viajes de ida y vuelta, de desarraigo y de regreso al origen. Seguramente, la novela se apoya sobre los dos pilares y por eso es mucho más sólida que si lo hiciese sobre uno sólo.

De la misma manera, el autor ha construido su narración sobre horas de entrevistas y ha conseguido que algunos angoleños se asombre por el hecho de que el autor no sea uno de sus compatriotas. Este periodista, curtido en los caminos del continente negro, de la mano de la cooperación y el desarrollo reconoce que no escribe con vocación estética sino para remover conciencias. En El sueño eterno de Kianda el resultado es un relato que se sostiene por sí mismo y en el que el autor incluso se permite el lujo de establecer su propio hilo temporal, viaja de una manera aparentemente desorganizada entre 1961 y 2012, pasando por 1965, 1974 o 1977. Va y viene, una y otra vez, sin miramientos por el lector que sólo necesita un poco de fe para darse cuenta de que los saltos guardan una lógica precisa para perfilar cuidadosamente media docena de personajes fundamentales. Y en cuanto a su voluntad, en este caso se trata de ponerse en la piel del otro, de entender al migrante, al habitante de la diáspora, al que trata, por supervivencia, de reconstruirse.

Borja Monreal intenta que el lector se acerque a Angola y los angoleños y pretende a partir de ese episodio poner de manifiesto una constante de las historias de muchos países africanos, pero también del norte global, el carácter efímero de la utopía: lo poco que duran las ilusiones.

El peluquero de Harare: el fin de la inocencia

Tendai Huchu escribió una novela y, sin embargo, El peluquero de Harare tiene toda la apariencia de uno de esos cuentos populares tradicionales con moraleja al final y una marcada voluntad pedagógica. Así es esta historia, al mismo tiempo angustiosa y profundamente desgarradora y, sin embargo, sobrada de ternura y de inocencia.

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

Uno de los principales problemas de El peluquero de Harare es que, prácticamente, cualquier lector sabe que se trata de una novela sobre la temática LGTBI, por la difusión que ha tenido la publicación original y porque Baphala, la casa que la edita en castellano, se presenta como “una editorial para descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”. La verdad es que seguramente es un detalle difícil de mantener en secreto, pero el hilo narrativo de Tendai Huchu seguramente agradecería que fuese una sorpresa para el lector. El relato del joven escritor zimbabuense mantiene un cierto suspense sobre ese descubrimiento que acaba siendo una especie de fin de la inocencia, en un país que ha condenado duramente la diversidad sexual, pero que al mismo tiempo convive con ella a diario en su sociedad.

Lo mejor de El peluquero de Harare es, precisamente, el efecto que puede tener una historia como la que Huchu relata con mimo en los lectores de sociedades que no terminan de aceptar la realidad de la homosexualidad; de sociedades que viven de espaldas a esa diversidad; de sociedades que condenan a algunos de sus miembros según a quién amen; de sociedades que convierten la sexualidad en delito; en resumen, prácticamente, de todas las sociedades.

El peluquero de Harare, de Tendai Huchu

Vimbai es una peluquera de éxito, la estrella de uno de los salones más populares de Harare, la capital de Zimbabwe. A pesar de la podría ser una buena posición, todo a su alrededor está en proceso de descomposición. El país está sumido en una profunda recesión y sobre todo aquejado por el mal de la desesperanza. La vida familiar de Vimbai es un auténtico desastre, muy a su pesar, lo mismo que su vida sentimental. Justo, cuando lo único que funciona comienza a tambalearse también, la vida de Vimbai dará un giro de 180º, o más bien comenzará a avanzar en zigzag. Dumisani, Dumi aparece en escena para poner en cuestión el reinado de Vimbai en el mundo del estilismo de Harare. El joven tiene magia en los dedos y un carácter que seduce a las clientas que antes habían sido incondicionales de Vimbai. Incluso, la jefa que la veneraba acaba prefiriendo al recién llegado.

Su adversario, su principal amenaza acabará mostrando a Vimbai el camino de una vida con la que sólo habría podido soñar, o quizá ni eso. Dumi llena de esperanza la vida de Vimbai. Pero evidentemente, la historia que relata Tendai Hucho no puede ser simplemente un camino de rosas. Se impone un camino de desengaños, de errores vitales, de aprendizajes, de decepciones y de arrepentimientos. De pronto la historia, que había avanzado a un ritmo excesivamente lento en algunos momentos, se desencadena, se precipita y comienza a desplegarse como una alfombra que se va desenrollando delante de nuestros ojos. No se puede decir que los giros y los nuevos episodios sean completamente imprevisibles, pero no por eso dejan de resultar emotivos.

Una receta cocinada con inocencia, crítica, impotencia, realidad y, sobre todo, ternura, mucha ternura, materializa el tópico de mantener al lector pegado a la lectura en las últimas páginas de la historia. La contradicción que asalta a Vimbai cuando despierta a la homosexualidad resulta sobrecogedora. El paso de un desprecio inicial basado en la ignorancia y los estereotipos cuando dice: “Hablaba como un hombre normal, vestía como un hombre normal e incluso caminaba como un hombre normal. Todo él era masculino. ¿No se paseaban los homosexuales por ahí con bolsos y hablaban con voces chillonas?”. Deja paso a la candidez de una mirada sencilla e inocente: “Si lo era, entonces tenía un tipo de amor por mi y otro por este hombre, los dos éramos amados, pero cada uno a su manera. Mentiría si dijese que no lo quería para mí, pero esto no significaba que si no podía tenerlo lo quisiese muerto”.

La apuesta de Baphala es valiente, pero la historia de Tendai Huchu, en realidad, puede tener tanta aceptación como potencial de cambio. Lo tiene evidentemente en Zimbabue, pero también en España.

Pelo afro, identidad y metáforas literarias

Laetitia Ky aporta las imágenes de la nueva temporada de Wiriko. Esta marfileña ha hecho de su pelo su método de expresión y la herramienta para construir sus obras artísticas. No es una casualidad, el pelo afro está hace unos años y cada vez más en el centro de la reivindicación de la identidad africanas. Como es habitual, para algunos un peinado es sólo una expresión artística, en otros casos, la industria de la moda también se ha apropiado de esta corriente. Pero, para muchas otras mujeres y hombres, el nappy (el neologismo que funde natural y happy) hace que dejarse crecer el pelo crespo de manera natural sea un acto militante. Este movimiento, que ve en los cabellos rizados un rasgo identitario de las comunidades africanas y afrodescendientes, tiene también un reflejo en la literatura. El pelo afro se ha convertido, últimamente, en una metáfora casi inagotable.

Una de las imágenes de Laetitia Ky del lanzamiento de la sexta temporada de Wiriko.

Imbolo Mbue, está llamada a convertirse en uno de los referentes literarios de las letras africanas, al menos, para la industria editorial global. Mbue es una novelista camerunesa que de la noche a la mañana saltó a los medios por convertirse en una de las primeras (si no la primera) autora africana en firmar un adelanto de siete cifras con una editorial por una primera novela inédita. Behold the dreamers es la primera novela de la escritora de oro camerunesa que ha llegado a las librerías (de momento, sólo en inglés). Mbue firmaba en febrero un relato en The Guardian en el que trenazaba su experiencia cambiante con su cabello afro, con la historia de su país. Las diferentes fases de su relación con el pelo ensortijado se interpretaban como un paralelismo con la construcción de un país forjado con la unión de comunidades muy diferentes. “¿Por qué estaba huyendo de la textura de mi cabello?, me pregunté”, escribe la novelista camerunesa en un momento de su relato. “¿Cómo llegó a estar tan dividido nuestro país? Colonialismo, ¿de qué otra manera?”, señalaba en otro momento de la narración en el que repasaba las sucesiones relaciones con las potencias europeas.

Imagen promocional de Imbolo Mbue procedente de su página web.

“Tal vez me corte el pelo de nuevo uno de estos días”, concluye la escritora en su artículo, “(para probar un nuevo estilo o, simplemente, porque me apetece). Pero, por ahora, al igual que mi amada patria, me recuerda que, dentro de una situación enmarañada, retorcida y nudosa, reside la belleza.”

El ejemplo más popular de ese uso literario de la metáfora capilar es, sin duda, la novela Americanah, de la incontestable Chimamanda Ngozi Adichie. En Americanah, el cabello tiene una importancia fundamental (aunque, evidentemente, es una metáfora), de la africanidad de Ifemelu, la protagonista nigeriana migrada a Estados Unidos. El pelo se convierte en una seña de identidad, para esta joven y llega incluso a adquirir el estatus de forma de resistencia en el desarrollo de la historia.

Esta misma preocupación por el cabello, por la reivindicación del encrespado pelo afro, aparece en la reciente literatura “afropea”. Laura Nsafou, una escritora francesa de origen mitad antillada mitad congoleña, ha firmado este año À mains nues. La novela proyecta las preocupaciones afrofeministas de Nsafou como bloguera y activista. En este caso, una joven sueca negra con algunos problemas relacionales. Una buena parte de la novela relata el viaje de la protagonista hasta su autorreconocimiento y en ese proceso, de nuevo, el cabello afro tiene una importancia crucial.

En todas las disciplinas artísticas vemos desplegarse este paralelismo entre cabello e identidad. La fuerza de esta metáfora tiene una peso especial entre las experiencias de las comunidades afrodescendientes, por eso, la aparición de los cabellos afro y el conflicto (en todos los sentidos de la palabra) acerca de su aceptación continuarán ganado espacio en las historias contadas, sobre todo, por los miembros de estas comunidades.

Jalada Mobile y la importancia del libro para el desarrollo

El pasado mes de marzo una caravana partió desde Nairobi con la misión de celebrar la diversidad cultural del este de África. Jalada Mobile Literary and Arts Festival fue un festival itinerante que recorrió cinco países (Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania y la República Democrática del Congo) y puso en marcha la futura conquista del espacio creativo africano. El equipo de Jalada, un colectivo panafricano de escritores, estaba detrás de esta idea cuya misión fue la de fomentar “una polinización cultural entre organizaciones, grupos y creadores en la región para llegar a nuevas audiencias”, como explicó Richard Odour Oduku durante la pasada edición del festival literario londinense Africa Writes.

Tras el lanzamiento de Translation Issue: Volume 1, Jalada quiso ahondar en la multiplicidad de las culturas africanas y promocionar la creatividad en un movimiento basado en la colaboración. “Jalada Mobile no podía ser algo realizado exclusivamente por nosotros ya que traicionaría el motivo por el que lo hicimos. Si celebramos la diversidad cultural de una región hay que incluir a las comunidades y olvidarse de las individualidades. Cuanto más gente se reúna, mejor”, dice el coordinador del festival, Richard Odour Oduku, a Wiriko.

En cada una de las doce paradas, el equipo buscó contactos con instituciones culturales locales para estudiar cómo sacar adelante un sector que apenas cuenta con ayudas públicas. Uno de los eventos más exitosos y que también se explicó durante el Africa Writes fue la colaboración con Huza Press en Kigali. En la capital de Ruanda se organizó un taller poético para refugiados burundeses y cuyo resultado verá la luz en forma de antología el próximo octubre en Jalada con el nombre de Mi Canción por Burundi.

La consolidación de estos vínculos creativos en el este de África no sólo incluye las grandes ciudades. La productora del festival, Wanjeri Gakuru, también se une a la conversación para resaltar que la caravana se centró en las zonas rurales y visitas a escuelas para otorgar a los más jóvenes “un espacio en el que puedan expresarse”. “No hemos ido a imponer una idea, simplemente a sugerirla e intentar prender su imaginación. No es que tengan que convertirse en escritores pero debe saber que hay una posibilidad para que puedan ser artistas, para que creen y que entiendan la producción creativa en sus propias lenguas”, dice Gakuru.

Conferencia sobre Jalada Mobile durante la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Para Jalada Mobile, la concienciación de la diversidad cultural del continente africano tiene al libro como pieza clave en su aspiración al desarrollo. Quizás suene romántico e incluso utópico pero tanto Oduku como Gakuru desgranan cómo un libro es “una visión del mundo que nos modela”.

La literatura es una manera de crear conocimiento y una herramienta para hacer que los jóvenes tomen conciencia de su creatividad. La lógica parece clara: dar acceso al conocimiento, los libros, lleva a los lectores a querer compartir sus experiencias. Esto genera directamente un incentivo para fomentar la creatividad que va ligado a un incremento de la tolerancia. Pero muy pocas instituciones gubernamentales del continente están apostando por la creación de conocimiento como reconoce Richard Odour Oduku. Por ello, son los colectivos como Jalada los que emprenden proyectos colaborativos para reclamar el espacio creativo de manera persistente.

Jalada Mobile es fruto de esa manera de trabajar conjuntamente y reclamar la escena cultural del este de África. “Quizás la mayor responsabilidad de un escritor sea la de aportar libros para que el deseo de leer se expanda. Que la gente lo pueda pagar o no es otra discusión pero el acceso a los libros es la única forma de nutrir este ecosistema. Un libro es el inicio de una conversación y si como Jalada hacemos que la gente se enganche a la lectura, hemos conseguido nuestro objetivo”, explica Oduku.

El festival itinerante sembró la semilla en muchos jóvenes que vieron cómo la caravana llegó a sus colegios para animar a la gente a leer. Pero “no nos planteamos que todo el mundo sea escritor sino hacer que los adolescentes piensen”, reflexiona Gakuru. “Hay que hacer que se conviertan en lectores”, apunta Oduku. Y continua: “Los libros hacen que la vida valga la pena. Es en la literatura donde se encuentra lo que otros experimentan y aquellos que tienen acceso a ella pueden manejar mejor su existencia. Al fin y al cabo lo que llamamos vida son retazos de otras que hemos tomado prestadas a partir de los libros”

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Poesía liberada y liberadora desde Zimbabue

Como el viento intocable es la definición misma del artivismo, de la reivindicación creativa, como dicen algunas de sus impulsoras. Es un ejercicio de libertad y de autoafirmación en su propia concepción; su publicación original es el mismo ejemplo de la valentía, la voluntad de cambiar el mundo y de hacerlo más justo; y su traducción y edición en castellano es simplemente un ejercicio de rebeldía y una necesaria muestra de la diversidad que podemos encontrar en le continente, es un absoluto riesgo por parte de la editorial Baphala que ya ha demostrado que no le tiene miedo a nada y que está dispuesta a aportarnos la dosis de reivindicación que necesitamos. Atención: Como el viento intocable es una antología de poesía de autoras lesbianas que pretenden usar la creatividad para visibilizar a un colectivo desplazado y acosado. Este libro es poesía liberada como expresión de sus autoras que conquistan una voz propia y liberadora en cuanto al colectivo LGTBIQ.

La poetisa Makhosazana Xaba, responsable de la antología. Fuente: Baphala Ediciones

Esta antología que nos trae la editorial Baphala es el resultado del taller de escritura creativa para mujeres lesbianas celebrado en la ciudad zimbabuense de Bulawayo durante la última semana de octubre de 2015. Impulsado por el colectivo sudafricano GALA, se apoyo sobre la organización zimbabuense Sexual Rights Centre (SRC) que trabaja a menudo con el artivismo en el colectivo LGTBIQ. En este caso, el taller fue animado por Nombulelo Madonko del SRC y el peso recayó sobre la poetisa sudafricana Makhosazana Xaba, conocida como Khosi, que condujo ese taller de escritura creativa. Khosi Xaba ya fue una de las encargadas de recopilar los trabajos contenidos en la antología Queer Africa, editado en castellano como Los deseos afines. El resultado de aquellos trabajos en Bulawayo es el que ahora nos trae la editorial Baphala: un volumen con veintidós poesías de siete autoras, que previamente no eran necesariamente poetisas, aunque el resultado resulta de una diversidad tremendamente atractiva.

Es interesante descubrir en el volumen todas las explicaciones sobre el espíritu del taller que lo alumbró y de esa antología resultante. El nivel de contexto con el que cuenta el lector y la reflexión de las impulsoras es, sin duda, un valor añadido. El taller se desarrolló en un país en el que el colectivo LGTBI ha sido absolutamente proscrito en las últimas dos décadas y no fue pura casualidad. “El silencio y la invisibilidad perpetúan la idea de que las personas LGTBI no son parte del tejido social, idea que incluye ese omnipresente mito de que ‘la homosexualidad no es parte de la cultura africana’”, señala Greame Reid, fundador de GALA, en su texto introductorio. Reid añade más concretamente en relación con la recopilación de poesías: “La poesía en esta antología versa sobre el descubrimiento de una voz, la expresión de la experiencia y un impulso al activismo”.

Nombulelo Madonko una de las responsables del SRC habla sobre una vía de contestación que su organización fomenta “la reivindicación creativa” y reconoce el potencial de la poesía en este sentido. “El libro habla directamente a las experiencias de las mujeres queer y les ha dado voz en espacios donde no pueden estar presentes”, señala Madonko. Khosi Xaba es, en realidad, el verdadero motor de esta iniciativa en la que siete mujeres con inquietudes y dotes artísticas diversas se convirtieron en poetisas para revindicar su homosexualidad y cambiar el mundo. “El taller de escritura fue un espacio para que mujeres que nos identificamos como lesbianas pudiéramos pasar tiempo juntas, en un entorno seguro en el que utilizar la escritura como instrumento de expresión personal”, dice Xaba en su introducción a la antología.

La poetisa explica la dinámica de los talleres que se desarrollaron durante cinco días y cuenta: “Tratamos la amplia cuestión del uso de la propia voz, a través de la poesía, para expresarse por una misma”. Expresión y compromiso se van fundiendo constantemente en el relato que la dinamizadora hace del taller en el que se gestó la antología. La poesía llega a aparecer, según los casos, como una herramienta de catarsis mediante la que las autoras se enfrentaban a recuerdos y vivencias, a menudo, traumáticas relacionadas con su orientación sexual y la persecución social y política. Pero, para Xaba, no se trataba sólo de repensarse, sino también de reconstruirse, es decir, de comenzar a forjar un futuro sobre una base de aceptación y de reclamación de sus identidades. Pero no sólo se trata de que este ejercicio pueda cambiar la vida de las autoras que participaron, sino que pretende modificar también el clima social. “Espero que después de leer su poema, los lectores se pregunten: ‘¿Qué voy a hacer yo al respecto?’. Sabemos que nunca cambia nada hasta que una masa crítica de personas se alza, se pronuncia y actúa”, señala Xaba. “Es nuestro deseo que este volumen de 22 poemas insufle esperanza a todas las activistas que aspiran a ser escritoras y a aquellos que, tal vez, se estén preguntando por el valor de la poesía”, concluye su texto la poetisa.

El resultado de este proceso de reflexión y de creación comprometida se traduce en el resultado de los poemas. No se trata de haber hecho un taller de escritura creativa, se trata de que durante ese taller cada una de las autoras se ha mirado hacia adentro y se ha mostrado a las demás, de ahí, en gran medida la diversidad de los enfoques de las escritoras que han plasmado sus inquietudes personales. Así, la antología contiene desde textos eróticos reflexiones psicólógicas.

Blu dice:

Porque eres mi Fijación,

Mi anhelo, mi vicio,

Mi compulsión, mi adicción

El picor que no quiero, no pretendo

No puedo rascar

¡Mi Fijación!

Mientras que Duduzile Salitaire Maseko afirma:

Estoy atravesando el desconcierto

Perdiendo el contacto con todo

Mi mundo se ha hecho añicos

Como el viento tan intocable

Como el río, ha corrido

Mientras Norma Stanley usa la poesía para hablar, entre otras cosas, de la añoranza

Recupero la fuerza

Me siento herida

Me siento abandonada

Cegada por las lágrimas

Soñe contigo

Sikhulile Precious Sibanda emplea los versos para proyectar su identidad

Cuando la conocí

Cada momento con ella lo disfruté

Puede decir lo que quieras

Esta es quien soy

Pero sin duda si hay un poema desconcertante en la antología es el de Amanda Thandeka Pugeni “Angry Black Woman (Negra Cabreada)”. Es una auténtica oda a la reacción airada ante la injusticia. Es la advertencia de lo que ocurre cuando se acaba la paciencia y los oprimidos estallan. Y dice:

Soy esa negra cabreada

Que intentas ignorar

Bella por fuera

Oscura por dentro

Las emociones que braman como un toro negro

Soy proscrita

La espina de la rosa

El agua limpia fluyendo a la cloaca

No me conoces

Esto no es poesía, sino rabia.

Esta es sólo una muestra de unas obras que merece la pena descubrir para profundizar en la diversidad de las artes africanas en su máxima expresión.

Tienes una cita con Como el viento intocable hoy, 22 de junio en Santander, en la Librería del Puerto; y mañana 23 de junio en Bilbao en Louise Michel Liburuak.

Como el viento intocable: Voces feministas contra la homofobia

Por Mariana Jorge Lozano (editora de Baphala Ediciones)

Frente a la creencia generalizada de que la poesía es algo hermoso, que exalta sentimientos de amor y de belleza física y moral, hay otra que piensa que la poesía es instrumento del activismo. El arma que lucha contra todo aquello feo, corrosivo e hiriente que hay en la vida. La palabra tiene ese poder, poner al descubierto situaciones y hechos horribles con la finalidad de que la obra literaria sea en sí misma agente del cambio, que expone al mundo sus vergüenzas.

Cuando, hace casi un año, empecé esta iniciativa llamada Baphala Ediciones precisamente lo que buscaba era dar voz a los que no la tienen. Quería que todo aquello que publicase mostrase situaciones reales y, de un modo u otro, fuese crítica de situaciones de injusticia y violencia. En un continente como África, donde la homosexualidad se considera delito en varios países y en algunos de ellos incluso supone pena de muerte, me parecía vital apoyar a estas autoras y autores y darles la oportunidad de divulgar su mensaje más allá de sus propias fronteras. La literatura LGTBI sigue siendo, por desgracia y a pesar de las múltiples iniciativas editoriales existentes, un género minoritario en nuestro país, donde la situación del colectivo LGTBI es mucho más alentadora que en Nigeria, Marruecos o Zimbabue. En África, la labor de escritoras, escritores, editoras y editores es todavía mucho más difícil y llena de obstáculos. Es por esto que decidí rebuscar entre las literaturas africanas con el propósito de ponérselo un poquito más difícil a aquellos que odian. Nuestra voz no será silenciada, ni dejaremos de existir. No importan las persecuciones, las injusticias o la violencia. Así que es mejor que se vayan acostumbrando.

La literatura como activismo LGTBI: ese era el reto. Por eso, cuando a finales del año pasado, recibí un email de Arrate Hidalgo (editora de ficción especulativa feminista, traductora literaria y escritora) y Lawrence Schimel (escritor bilingüe y traductor literario) proponiéndome traducir a cuatro manos Como el viento intocable (Like the untouchable wind) para Baphala, bastaron unas horas para saber que ese poemario debería de ver la luz del día en mi editorial. Como el viento intocable es una antología poética que recopila la obra de siete mujeres queer de Zimbabue y que es resultado de unas jornadas de escritura creativa llevadas a cabo en octubre de 2015 bajo la supervisión de Makhosazana Xaba. Xaba, poeta y escritora de relatos, es conocida por el público español debido a ser la recopiladora de Queer Africa, antología de relatos publicada por Dos Bigotes bajo el título Los deseos afines. En estas jornadas de trabajo, Xaba, tal y como nos explica en el prólogo de Como el viento intocable, insta a estas mujeres a crear poesía, no desde el punto de vista del perfeccionamiento de la técnica, sino otorgándole mayor relevancia a los sentimientos evocados en ella. He aquí el resultado, una recopilación variopinta de voces queer que nos hablan de sus intimidades y nos ofrecen una ventana a sus mundos interiores. Una lucha feminista contra la homofobia.

A pesar de la calidad literaria que los trabajos de estas siete mujeres muestran, la verdad es que tan solo dos de ellas son poetas en su vida diaria. Las demás se dedican a diferentes actividades, más o menos artísticas. Es por esto que su labor poética todavía tiene mayor relevancia. Es la voz de la calle, de mujeres reales que ofrecen sus vivencias sin filtrar a través de ningún tamiz. Poesía donde la técnica y las convenciones literarias no actúan de freno a la creatividad. Blu nos habla a través de su poesía optimista y llena de humor de su experiencia como mujer queer, mirando al futuro y desafiando lo establecido a través del amor lésbico. Sikhulile nombra instrumento de su activismo a su amor por otra mujer, convirtiendo su deseo en la mejor arma contra la intolerancia. Norma nos habla de la vida y la muerte y de problemas universales, mientras Portia trata temas existenciales, también desde el humor. Pugeni aporta quizás la pieza que mejor resume el objetivo de este poemario, el activismo. Con “Angry Black Woman” (“Negra cabreada”), nos enseña que la poesía no es solo belleza: es también rabia. Finalmente, Duduzile y Caroline describen el lado más oscuro y violento de la homofobia en la que viven envueltas.

Si la poesía y la literatura en general, es voz de los sin voz y activismo social, sin duda esta antología consigue empoderar a mujeres que no lo tienen fácil pero, a pesar de ello, no se resignan al silencio. Estas son voces femeninas y feministas que luchan sin temor contra todo aquello que las oprime. Y en Como el viento intocable hablan bien alto a quien las quiera escuchar.

Un destello para una poesía que trata de brillar más allá de África

No es habitual tener noticias de publicaciones de poesía. Sin embargo, acaba de producirse un hecho que no sólo nos demuestra que la poesía, a pesar de todos los inconvenientes, continúa peleando para mantenerse a flote. Pero, no sólo eso, sino que además nos ofrece una pequeña degustación del panorama de la lírica en el continente. Concretamente nos ofrece diez nombre, de otros tantos jóvenes poetas. La excusa para acercarnos a este grupo de nuevos valores literarios es la publicación de la lista de finalistas del Brunel International Poetry Prize, uno de los pocos premios de estas características. Apenas se le puede poner un pero a esta iniciativa: que no esté impulsado desde el propio continente, sino desde una universidad británica.

Los diez poetas incluídos en la lista de finalistas del Brunel International Poetry Prize. Foto: Brunel International Poetry Prize

Se trata de la quinta edición de este certamen que está destinado a poetas que todavía no hayan publicado un poemario. A pesar de todos los obstáculos que enfrenta la poesía, el gusto entre los jóvenes escritores y el vivero que se está generando en el continente se pone de manifiesto con los datos de participación. Los organizadores aseguran que en esta quinta edición han recibido 1,200 aspirantes. Sólo en esos cinco años han duplicado el número de trabajos recibidos.

La solvencia de este premio de poesía viene avalado por la calidad de sus anteriores ganadores. Los jueces además han demostrado un buen ojo a la hora de encontrar a los nuevos valores con calidad. La primera de las galardonadas con este premio, en 2013, fue Warsan Shire, una deslumbrante poetisa de origen somalí de la que ya se ha hablado en esta sección. La etíope Liyou Libsekal, en 2014; la sudanesa Safia Elhillo y el ugandés Nick Makoha, en 2015; y los nigerianos Gbenga Adesina y Chekwube O. Danladi, en 2016, completan la nómina de ganadores hasta el momento. El poeta o la poetisa que consiga este reconocimiento recibirá además una dotación de 3,000 libras esterlinas.

El toque de prestigio se afianza con los jueces que deciden el ganador. Entre esos árbitros encontramos los nombres de Chris Abani o de Kwame Dawes, entre otros. Son ellos, junto a otros tres escogidos, incluida la ganadora en 2015, Safia Elhillo, y el fundador del certamen, Bernardine Evaristo.

Lo más importante de esta iniciativa es poder acceder a los trabajos de estos jóvenes escritores. Por eso, la propia página del premio ofrece una pequeña muestra de los trabajos de los diez finalistas. Se puede acceder a estas poesías seleccionadas, que no son todas las presentadas, a través de estos enlaces.:

Evaristo, se ha mostrado satisfecho por la presencia de una autora del Norte de África, lo que supone una cierta superación de las barreras que se establecen habitualmente entre los distintos escenarios del continente. La somalí Sahro Ali, es una de las dos actores que también generan el regocijo del presidente y fundador del premio, porque es una de las que habla de manera explícita de temas que tienen que ver con la problemática a la que se enfrentan los miembros del colectivo LGTBI. Prevalecen en esta lista los autores nigerianos, pero Evaristo señala que esta situación responde a que el mayor número de aspirantes procede de este país. Eso si, salvo Leila Chatti, la escritora tunecina, el resto de finalistas proceden de países de la antigua esfera anglófona del continente.

Lo más destacable de este premio es que pone de manifiesto la pujanza de un género que, por otro lado, en todos los lugares del mundo es considerado un género muy marginal. Sin embargo, como demuestra este premio, muchos autores africanos están dispuestos a seguir ofreciendo al mundo poesía de calidad.

Literatura africana en lenguas africanas

¿Qué es la literatura africana? Pregunta fácil de respuesta imposible. O, al menos, no unánime. Cualquier intento de definir una realidad compleja, como lo es la literatura africana, nos lleva a etiquetar y establecer unos límites que nos permiten adentrarnos en un espacio nuevo, situarnos y empezar a descubrir, pero que acotan y restringen. En ocasiones los límites son geográficos e iniciativas como Africa39 agrupan a escritores únicamente de África Subsahariana y de la diáspora de estos países. Otras veces, los escritores africanos que viven en el continente muestran su cansancio frente a lo que consideran «literatura africana inmigrante», la escrita por autores africanos que no frecuentan sus países de origen y que escriben desde y sobre Estados Unidos, Francia o Inglaterra, pero no sobre la realidad africana. Siyanda Mohutsiwa firmó en Okayafrica «I’m done with African immigrant literature» y, en su intento de recuperar la literatura africana para los africanos, caía en la paradoja de excluir, acotar y decirle a los autores sobre qué temas deberían o no escribir. La respuesta a la polémica servida en bandeja no se hizo esperar y Shadreck Chikoti dio la réplica en Africa in Words con «I am not done with African immigrant literature»: el deber de un escritor es escribir, no ser el guardián de su cultura.

La lengua también ha sido, y sigue siendo, un elemento con el que se intenta definir qué es y qué no es literatura africana. ¿Cuál es la literatura africana «de verdad»? ¿La escrita por africanos en lenguas europeas? ¿La escrita en lenguas africanas? Un dilema con dos posiciones encontradas desde los años 60 y representantes como Chinua Achebe y Léopold Sédar Senghor, por un lado, y Ngũgĩ wa Thiong’o, por otro. Achebe reclamaba la apropiación del lenguaje del colonizador para la creación literaria, la «africanización» de las lenguas europeas. Senghor soñaba con la conciliación de la francofonía y la negritud. En 1997, el keniano Thiong’o publicó Petals of blood en inglés y luego se despidió, casi para siempre, de esta lengua. Su análisis sobre las consecuencias de suprimir sistemáticamente las lenguas y literaturas kenianas para imponer el inglés durante la época colonial se recoge en una obra fundamental: Descolonizar la mente. Incluso la elección del término para hablar de literatura africana resulta compleja. De hecho, Thiong’o considera que la producción literaria africana en época imperialista fue un híbrido que no puede considerarse literatura africana, sino literatura afroeuropea, escrita por africanos en lenguas europeas, que ha usurpado incluso el nombre a la literatura africana.

El debate sobre la lengua de producción sigue vivo y se consolidan proyectos que permiten la difusión de la literatura africana escrita en lenguas africanas. El colectivo Jalada publicó en 2016 el relato más africano: Revolución vertical: o por qué los humanos caminan de pie, escrito por Thiong’o en kikuyu, traducido al inglés por el autor y, después, a treinta y dos lenguas africanas. El enorme éxito de la propuesta de Jalada, cuya adaptación al teatro ganó el Sanaa Theatre Awards for Best Play in Local Language, es una buena muestra de la vitalidad y necesidad de publicar en lenguas africanas como reivindicación cultural y social.

Desde África Occidental, el escritor senegalés Boubacar Boris Diop es un actor clave en la difusión de la literatura africana en lengua wolof. Dirige Céytu, un sello creado por Éditions Zulma y Mémoire d’Encrier para publicar en wolof las obras imprescindibles de autores africanos escritas en lengua francesa. Hasta la fecha han publicado Nawetu deret (Une saison au Congo), de Aimé Césaire, Baay sama, doomu Afrig (L’Africain), de Le Clézio y Bataaxal bu gudde nii (Une si longue lettre), de Mariama Bâ.

Edición en wolof de “El secreto del unicornio” promovida por ATS-Belgique.

El wolof también está llegando a la literatura infantil y juvenil. En 2012, la asociación humanitaria ATS-Belgique celebró su décimo aniversario con la traducción de El secreto del unicornio, el famoso cómic de Tintín. La edición cuenta con prefacio de Abou Diouf, presidente de Senegal de 1981 a 2000 y actual secretario general de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), institución que apoya la promoción de la diversidad lingüística en los países en los que el francés cohabita con lenguas africanas.

Publicar, sí. ¿Leer?

El mundo de la edición se está moviendo para publicar en lenguas africanas, pero ¿sucede lo mismo con la alfabetización y el fomento de la lectura en estas lenguas? Tomemos como ejemplo el caso de la lengua wolof en Senegal y la asunción —¿imposición? ¿autoimposición?— de la lengua europea colonial.

La lengua oficial de Senegal es el francés. Así lo establece la Constitución de 2001, que también hace referencia a las lenguas nacionales del país: el diola, el malinké, el pular, el serere, el soninké, el wolof y «cualquier otra lengua nacional que se codifique». El estatus de lengua oficial convierte el francés en la lengua utilizada por el Estado en su relación con los ciudadanos como administrados en ámbitos esenciales como la enseñanza y la justicia. Sin embargo, según el censo del año 2013 de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía del Ministerio de Economía senegalés, solo el 37 % de la población lo habla. Este porcentaje es optimista, otras fuentes hablan de 15-20 % de hombres y 1-2 % de mujeres. En el término medio encontramos los datos de la OIF con una estimación, en 2007, cercana al 21 % de senegaleses «francófonos parciales». Sea cual sea la cifra, el resultado es que la mayoría de la población no puede comunicarse en la lengua oficial de su país; es decir, no puede ejercer plenamente sus derechos ciudadanos.

De entre las lenguas nacionales, el wolof es la que más se habla en Senegal. Aquí también, las cifras varían según la fuente: algunas la consideran lingua franca en todo el país (80-95 % de la población la hablaría), otras sitúan la cifra en torno al 45 % de la población. En cualquier caso, el wolof es la lengua más comprendida, sobre todo en medio urbano, e incluso lengua de comunicación entre las distintas etnias debido a la creciente movilidad de la población.

Sin embargo, la alfabetización en lenguas nacionales está lejos de ser la realidad prometida por Senghor en 1974, cuando presentaba la reforma de la enseñanza y preveía que los alumnos de primaria podrían aprender su lengua materna y francés en la escuela. Desde entonces, los avances han sido escasos. En 2009, la Asociación para la Investigación y la Educación para el Desarrollo puso en marcha un programa para introducir la enseñanza en wolof y en pular en las escuelas, en horas libres. En el curso 2012-2013 se introdujeron las lenguas nacionales en horarios y programas oficiales de nueve circunscripciones escolares, pero la incidencia es todavía escasa. En la región de Saint Louis, Alianza por la Solidaridad también ha comenzado un plan de alfabetización en wolof para adultos en un intento de reducir el 59 % de analfabetismo en la región (72 % en el caso de las mujeres).

Con una lengua oficial incomprensible para la mayoría de la población y sin alfabetización formal en lenguas nacionales, ¿cómo pueden tener acceso los ciudadanos a la lectura?, ¿cómo pueden leer a sus autores y reapropiarse sus culturas?

Gorée island cinema, el taller del director Joseph Gaï Ramaka. Foto: Marina M. Mangado

El escritor Boubacar Boris Diop y el director de cine Joseph Gaï Ramaka persiguen juntos el sueño de la difusión cultural wolof. En 2003, Diop publicó su primera novela en esta lengua, Doomi Golo, que se ha transformado en un audio-ebook gracias al proyecto de sonorización y digitalización de Ramaka. El escritor realizó una lectura interpretada de su obra en los estudios de sonido del director de cine, que después sincronizó con el texto. Esta técnica de acoplamiento del audio y del texto en formato digital puede contribuir a la alfabetización de los lectores: mientras se escucha el relato, desfila el texto, que va cambiando de color conforme avanza el audio, y permite asociar escucha y lectura. Una solución que el director calificaba hace unos meses, en su casa en la isla de Gorée, como «desarrollo en diagonal»: aprovechar las nuevas tecnologías para conseguir la alfabetización en wolof, saltándose el libro en papel —y los problemas de distribución, talón de Aquiles en muchos países africanos— y tomando el «atajo» hacia el mundo digital.

Esta forma de alfabetización podría ser adecuada para las personas que ya tienen competencias lectoras en otras lenguas: enseñar a leer y escribir en wolof a universitarios e intelectuales que hablan y entienden la lengua, pero que no la han estudiado formalmente. Sin embargo, no parece la herramienta apropiada para que las historias de los autores senegaleses lleguen a una mayoría de población con escasos recursos económicos y que jamás ha ido a la escuela. En estos casos, la radio es cómplice perfecto. El proyecto de Diop y Ramaka también ha llegado a las radios locales: durante varias semanas se retransmitió una hora del audio de Doomi Golo, seguida por una hora de debate, y el director de cine afirma que la participación fue alta y la acogida entusiasta. Queda pendiente un trabajo de sistematización y análisis de la penetración en los barrios, siempre difícil cuando los presupuestos son ajustados.

Maison d’éducation MariamaBâ. Foto: Marina M. Mangado

En Gorée se ha llevado a cabo otra experiencia de alfabetización en wolof a través de la lectura de Bataaxal bu gudde nii (Une si longue lettre), de Mariama Bâ. La isla acoge una escuela de excelencia, precisamente la Maison d’Éducation Mariama Bâ, en la que estudian las mejores alumnas del país. Se llegó al acuerdo de utilizar las tres horas libres semanales para iniciar la alfabetización en wolof de las alumnas de 4ème (4º de la ESO en España), que en el curso siguiente leyeron la novela en wolof y, en el siguiente, en francés. Las profesoras de literatura observaron una mejor comprensión del texto en las alumnas que habían podido formarse y leer la obra en wolof. Nos encontraríamos frente a una interpretación profunda asociada a la lectura en lengua materna que permite la apropiación de las sutilezas e ilustraría la teoría de Thiong’o de la necesaria harmonía entre cultura (lo que vivimos) y lengua (cómo expresamos lo que vivimos) en edades tempranas.

¿Quiénes son los lectores de literatura en lengua africana?

Si las publicaciones en lenguas africanas se multiplican, pero las competencias lectoras en estas lenguas son todavía escasas, ¿para quién publicamos?

Boubacar Boris Diop. Fuente: Wikimedia

En el caso senegalés, Boubacar Boris Diop lo tiene claro: ha llegado el momento de la alfabetización de los intelectuales senegaleses francófonos. Los clásicos de la literatura publicados en Céytu y los audio-ebooks permiten avanzar en esta línea. Los audios, además, permiten acercar las letras senegalesas a personas sin formación reglada y construir, poco a poco, una conciencia sobre el valor de la cultura propia.

Joseph Gaï Ramaka ve también una oportunidad en la diáspora senegalesa, formada y con recursos. El acceso a literaturas en lenguas africanas ayudaría a los afrodescencientes redescubrir sus raíces y revalorizar las culturas propias. Además, permitiría al profesorado y alumnado de los departamentos de wolof de las universidades contar con material ajustado a las enseñanzas que se imparten, por ejemplo, en más de veinte centros norteamericanos (Boston y Columbia, entre ellos) y en los departamentos de universidades suizas, francesas, alemanas y holandesas.

Más allá, la dimensión política de mantener la lengua de la antigua colonia como lengua oficial en muchos países africanos no es banal. Ya lo observó Diop a finales de los 90 en el marco del proyecto de recuperación de la memoria mediante la escritura en Ruanda (Écrire par devoir de mémoir): «Tomé conciencia de la dimensión lingüística del apoyo de Francia a los organizadores del genocidio. Se trataba de defender el bastión francófono del ataque de los rebeldes que venían de una Uganda anglófona». La francofonía no es un mero espacio lingüístico, sino otro instrumento de la «Françafrique», y el impulso de las lenguas nacionales puede contribuir a la reapropiación de la vida política en muchos países africanos. Así, la literatura africana escrita en lenguas africanas, publicada en lenguas africanas, leída en lenguas africanas y traducida desde lenguas africanas podría ser una herramienta para el cambio social.

 

Kafka en Lagos

Resulta que aquel ya lejano Africa39, la antología de los 40 mejores escritores africanos de menos de 40 años publicada en 2014, no deja de ser una fuente inagotable de propuestas literarias. Con la perspectiva de los años, ha quedado claro que Binyavanga Wainaina, que coordinó aquella recopilación, hizo un buen trabajo. En realidad, eso y que la oferta de grandes narradores es tan ingente que no es difícil encontrar propuestas fascinantes. De pronto nos topamos con Blackass, la primera novela de uno de aquellos jóvenes destacados, el nigeriano A. Igoni Barrett.

El escritor nigeriano A. Igoni Barrett. Fuente: Farafina Books, la editora de su libro en Nigeria

El escritor nigeriano A. Igoni Barrett. Fuente: Farafina Books, la editora de su libro en Nigeria

Barrett se había especializado en los relatos cortos y había publicado dos colecciones de historias de este género, en 2005 y en 2013, e incluso, había ganado el concurso de relatos cortos del BBC World Service hace una década y en 2014 fue seleccionado para Africa39. Como muchos de sus compañeros de antología, después de esa aparición, llegó la primera novela, a sus 36 años, después de una década de publicaciones.

Es inevitable pensar en Kafka al ver la historia de Blackass y de hecho los críticos occidentales que han hablado sobre ella, a menudo han recurrido a esta imagen. Y el regusto salta a la vista. Furo Wariboko se acuesta como un nigeriano normal y corriente, pero se despierta al día siguiente como un hombre blanco, que sin embargo, mantiene un extraño atributo, su culo continúa siendo negro. Es evidente que la voluntad de Barret es tensar al máximo la cuerda, Furo no sólo se ha convertido en un hombre blanco, es un pelirrojo obligado a deambular por las calles de Lagos para asistir a una entrevista de trabajo.

Con esta línea argumental, Barrett transmite toda una serie de ideas sobreentendidas relacionadas con la convivencia, con la identidad o con la vida en una ciudad de unas dimensiones como las de Lagos. Pero también proyecta, una historia en la que explícitamente pone de manifiesto todas las contradicciones de esa misma ciudad y de la sociedad nigeriana. El Furo devenido blanco es observado con desdén en su propio barrio, el de la periferia de la ciudad, el de las clases populares. Sin embargo, esa misma tez pálida le aúpa automáticamente a un puesto de trabajo que está muy por encima de sus capacidades.

portadaLa ironía y la sátira de Barrett marca sin ninguna duda la historia. Seguramente no es casualidad que otro de los personajes claves de la novela sea un escritor llamado Igoni (¿se entiende el sentido del humor?) que es quién está a punto de echar por tierra la nueva vida que se abre ante el nuevo aspecto reblanquecido de Furo. Este personaje, el de Igoni, acaba sufriendo también un cambio de identidad, en su caso, un cambio de sexo.

En todo caso, el también escritor nigeriano Jelon Habila ha escrito de la primera novela de Barret que en un momento dado se convierte en una “comedia costumbres” y del autor que tiene una gran capacidad para “satirizar a los personajes hasta hacer caracteres ridículos”.

Algunos de los críticos han considerado que Barrett se había puesto unos objetivos excesivamente ambiciosos que no pueden agotarse en la extensión de la novela, lo que hace que algunas propuestas atractivas queden simplemente apuntadas. Consideran que el escritor mezcla demasiados escenarios, demasiados personajes, demasiados enredos en esa voluntad de generar situaciones que pongan al descubierto todas esas contradicciones y esa realidad poliédrica. Sin embargo, incluso cuando los críticos establecen estas pequeñas fallas en la narración, lo siguiente es decir que el autor presenta una prometedora proyección de futuro. Así es que probablemente el nombre de A. Igoni Barrett vuelva a aparecer en esa constelación de escritores y escritoras nigerianas que están construyendo propuestas capaces de superar los obstáculos de la industria editorial, mezclando géneros, objetivos y enfoques como nunca antes se había hecho.

Galgut y el relato del traumático nacimiento de una nación

baphala-logotipoEn su presentación, Baphala Ediciones se presenta como una “editorial para descubrir las mejores obras de la literatura poscolonial LGTBIA”. Se trata de un proyecto novedoso, unos recién nacidos que de momento sólo han publicado un título, El hermoso chillido de los cerdos, del sudafricano Damon Galgut. Seguramente, esta sorprendente iniciativa editorial no podía haber escogido mejor su estreno, con una obra en la que sus dos objetivos ocupan un espacio central, la descolonización (una muy particular, por cierto) y los desvelos de un joven con un complicado descubrimiento de su homosexualidad.

La historia de Galgut, un prometedor escritor sudafricano que ha sido finalista de los prestigiosos Man Booker Prize (en 2003 y 2010) y Commonwealth Writers Prize (en 2003 y 2009), se desarrolla en los días previos a las primeras elecciones libres de Namibia, en 1989 que marcaban el fin de la colonización sudafricana. En este caso, el proceso político es una especie de metáfora o al menos una representación de los anhelos del protagonista de la novela, el joven sudafricano Patrick Winter. La existencia de Patrick se desarrolla en este caso entre dos tensiones, una existencia que ha pasado por etapas diferentes pero siempre asfixiantes y una homosexualidad que no termina de aflorar, a pesar de ser evidente.

El escritor sudafricano Damon Galgut. Autor: Ourjaipur.com. Fuente: Baphala Ediciones

El escritor sudafricano Damon Galgut. Autor: Ourjaipur.com. Fuente: Baphala Ediciones

El joven Winter inicia un viaje desde Ciudad del Cabo hasta la ciudad costera namibia de Swakopmund, precisamente en los días previos a los históricos comicios. Acompaña a su madre a Windhoek, la capital de lo que hasta ese momento había sido África del Sudoeste, para que se reúna con su amante, el primer hombre negro con el que la mujer había mantenido una relación. Durante el viaje se entremezclan los tormentos que han marcado la vida del protagonista con el contexto político en el que los régimenes de discriminación racial (y todos los prejuicios sociales que los soportaban) se van resquebrajando en un proceso inevitablemente traumático.

La de Patrick es una trayectoria marcada por los traumas, desde su nacimiento en una familia marcada por la apatía de los padres y la arrolladora personalidad de un hermano que sí que cumple con las expectativas del padre, hasta esa experiencia única y aislada con un compañero del ejército que acaba configurando profundamente su personalidad. Precisamente esa experiencia militar resulta fundamental para un joven que hasta ese momento se había sentido siempre fuera de sitio, pero sin entender muy bien porqué.

chillido-portada“Había una hermandad de hombres”, dice el protagonista de su paso por el ejército, “ahora lo veía claramente, a la que yo nunca pertenecería. Mi padre, mi hermano, los chicos del colegio – ellos sabían cosas que yo no sabía. Había algo en sus manos que los ayudaba a coger pelotas en vuelo. Más que eso: era superior a mi participar en sus rituales de realeza. Yo nunca cazaría animales en el monte, ni estaría de pie alrededor de una hoguera con ellos, con una cerveza en la mano, tirando de mi bigote. Yo era lánguido, era débil, mis chistes los hacían palidecer. Nunca sería parte de su club”. Así es como cobran sentido para él todas sus frustraciones. Sin embargo, lo hace no sólo durante su estancia en el ejército, sino en medio de la guerra. De una guerra, cuyo odio es incapaz de compartir y cuya violencia es incapaz de comprender. A pesar de encontrar sentido a sus desvelos y de haber encontrado el que después reconoce como su único amor, esa guerra produce la situación extrema. “Mi mente volcó”, reconoce Patrick que después confiesa: “Me siento… dislocado”. Así explica su definitiva salida de la realidad.

Galgut consigue que El hermoso chillido de los cerdos rezume por todas sus letras un rechazo sin paliativos al ejército, a la guerra y a la violencia, en general. De la misma manera que la novela transmite la inevitable necesidad de acabar con los regímenes discriminatorios, de vencer las barreras del racismo en el contexto de una Namibia que nace, como prolegómeno de una Sudáfrica que cambiará de manera decisiva, más allá de las injusticias que se hayan mantenido en el tiempo. Godfrey, el amante de la madre de Patrick, un convencido militante por la liberación de Namibia le señala a madre e hijo la cola que se ha formado ante las urnas el día de las elecciones para decirles, simplemente “Vuestro futuro”, precisamente el día que abandonan el país para regresar a Sudáfrica. Ese mismo día, Patrick que a pesar de su atormentada existencia muestra una compleja capacidad de empatizar señala: “Condujimos hacia el sur, fuera de Windhoek, bajando hacia el centro del país. A nuestro alrededor, África del Sudoeste se estaba convirtiendo en Namibia. El aire era reluciente y brillante, como si una energía gigantesca hubiese sido liberada en algún lugar”.

A pesar de que Galgut recurre a un hilo narrativo no lineal para mantener la tensión de los lectores, lo cierto es que no consigue que las informaciones que va aportando sobre los protagonistas y la historia sean sorprendentes. De hecho, la mayor parte de ellas son completamente previsibles. Eso ni impide que el novelista demuestre una atractiva habilidad para describir las angustiosas atmósferas en las que se desarrolla la vida de Patrick. Las granjas de los blancos sudafricanos, el desierto de Namibia, los guetos de población negra comparten un clima tenso que ayuda a comprender algunos de los desvelos del protagonista. Y si la novela tiene una virtud es que los caracteres de los personajes no son absolutos. Todos ellos son contradictorios. Igual que lo son sus posicionamientos. Así es como nos ayuda especialmente a entender, los tiempos convulsos del final de una era llena de luces y sombras.