Entradas

Carmen Souza: “La música lusófona está muy conectada al comercio de esclavos”

Carmen Souza y Theo Pascal vuelven a la carretera con Creology, doce historias musicalizadas en las que no falta el jazz, seña de identidad de la pareja artística. El nuevo trabajo bebe del proyecto African Railway donde Souza y Pascal se unen con el percusionista mozambiqueño Elias Kacomanolis para recorrer musicalmente las antiguas colonias portuguesas en África. Wiriko ha hablado con ellos en Londres y Barcelona, aprovechando la gira de presentación de su nuevo álbum.

Creology tiene varios significados; uno lingüístico, que es el estudio de las lenguas criollas, y otro filosófico que viene de la palabra crear, pero con el razonamiento del logos griego. También tiene relación con mezclar influencias nuevas con tradiciones antiguas, algo que para nosotros es muy importante”, explica la lisboeta de ascendencia caboverdiana Carmen Souza.

Tras el “jazz orgánico” de su anterior trabajo EPÍSTOLA, Souza y Pascal recuperan los sonidos de las rutas esclavistas que partieron de Cabo Verde hacia Brasil, Cuba o Nueva Orleans. “El disco es viaje transatlántico. La representación de los barcos realizando una travesía y cargando todo el bagaje cultural con ellos”, describe Souza. Para el bajista Theo Pascal, quien descubrió a Carmen en una audición y desde entonces ha trabajado con ella, Creology es una búsqueda de raíces sonoras y una excusa para seguir descubriéndose musicalmente.

En este recorrido histórico de Souza y Pascal nos muestran en un itinerario improvisado y sin presiones. “No nos gusta planear mucho [a la hora de grabar un disco]. No traemos veinte canciones sino lo necesario. Además tener una mezcla de tantas alternativas sonoras es un desafío”, dice el bajista Pascal que como de costumbre también ha producido el nuevo álbum de la cantante.

Y por eso es una batalla perdida catalogar los temas de Creology. Según la discográfica, el álbum recoge estilos característicos de Cabo Verde, Mozambique y Angola pero lo que parece marrabenta realmente no lo es. O la coladeira no sigue el tempo estándar. Un hecho que confunde en ocasiones pero que invita a olvidar los corsés.

No nos gustan las fórmulas y tener respuestas para todo. No nos gusta asentarnos. Es el octavo álbum y es una nueva experiencia porque estábamos tocando música completamente diferente, con más improvisación y una instrumentalización y temas muy distintos. Ahora somos un trio y también exploramos el silencio dando valor a cada nota”, dice Souza. Y apunta Pascal: “Hay que dejar que la música fluya e improvisar, si no es mejor que pongas el CD. En Cabo Verde no les gusta ya que son muy estrictos con sus estilos musicales pero no hemos tenido problema cuando hemos tocado allí. El problema lo tiene el batería que encuentra difícil acostumbrarse a una instrumentalización diferente”.

Esta idea no es ninguna provocación sino una manera de satisfacer la adicción musical de esta pareja que convierten lo simple en complicado y viceversa. Como en todos sus trabajos, sus influencias musicales se funden con el jazz y las composiciones se llenan de matices que siempre fuerzan a los oyentes a dar un paso más. Una diferenciación que los hace imprevisibles en directo. “Nosotros tratamos de traer algo especial y diferente. Donde se cree una conexión pero que no haya muchas referencias interpuestas”, dice Pascal quien mira y señala alrededor de la librería donde tiene lugar la entrevista con Wiriko. “Intentamos no ser como muchos estos libros que tienen distintas portadas pero una vez que lees sus páginas ves que todo es lo mismo”.

Souza y Pascal trabajan artesanalmente. Se dejan llevar y en ocasiones no se sabe muy bien qué esperar. “Pensamos en un estilo o ritmo pero después vemos que lo hemos cambiado. Los temas nacen espontáneamente y no decidimos de antemano una letra o música. Nuestra música surge de muchas maneras: de conversaciones, de la espiritualidad y hasta de la luz inexistente de Londres”, dice Carmen sonriendo. Y reconoce Pascal que el primer sencillo de Creology surgió durante una prueba de sonido en la anterior gira donde necesitaron tomar un descanso de probar siempre lo mismo.

Porque la vida es corta y hay que atreverse. Carmen Souza y Theo Pascal buscan esas profundidades sonoras y siguen el proceso de criollización de los oídos occidentales. Esa es su manera de ver la música y encontrar la alegría interna. Ligria.

 

* En este artículo ha participado Natàlia López, colaboradora de Wiriko, gracias a una entrevista realizada a Carmen Souza en su última visita a Barcelona, como apoyo a la entrevista que el autor (Javi Domínguez) le hizo a la cantante en Londres. 

Vuelve la magia del ritmo y el poder curativo de Sara Tavares

La primavera es un período de renacimiento que, para algunas culturas orientales, se inicia en febrero. En ella, la savia de la vida resurge generosa por los poros de la naturaleza en un proceso en el que la creación no es más que la culminación de un camino trazado desde la energía fría y calmada del invierno. Tras un gélido periodo de ocho años (y tras pasar por la dura experiencia de la extirpación de un tumor cerebral en 2010), la compositora, cantante y guitarrista caboverdiana afincada en Portugal, Sara Tavares, nos avanza a ese periodo tan deseado del año. Y es que está a punto de presentar un nuevo álbum reposado, profundo y que, a juzgar por su single de presentación, es puro florecimiento.

Hemos tenido la oportunidad de conversar con ella y de, por supuesto, acabar de caer del todo rendidas a sus pies:

Gemma Solés: Lisboa, que es una de las capitales europeas más cosmopolitas, está llena de talentos como tu, impregnando la ciudad de África. ¿Cómo consideras a los africanos que estáis transformando la mirada hacia el continente? 

Sara Tavares: Sin duda los africanos en la ciudad son grandes representantes de un nuevo africano contemporáneo que viaja mucho entre la raíz y el mundo sin confusiones de adaptación o identidad. Ellos son la nueva cara del cosmopolitismo africano, orgullosos de lo que son y  cada vez más cómodos como ciudadanos del mundo.

G.S: Eres una de las voces más influyentes del momento. Desde la música, has contribuido mucho a hacer llegar los sonidos de esa “generación mestiza” y a pocos meses de que tu nuevo álbum vea la luz, ¿podemos proclamar que Sara vuelve definitivamente a la carga, y que tendremos más inspiración de Cabo Verde?

S.T: Es curioso que esta identidad criolla se sienta incluso si los temas están escritos en portugués, pero es cierto que mis canciones tienen una melodía melancólica que recuerda los viejos coladeiras cálidos y… me provoca un gran placer llevar conmigo la cultura de otras lenguas y sonidos… Por ejemplo, cantar una melodía de reggae en español como Manu Chao o cantar salsa en lingala como lo hizo el congoleño Franco y Rocherou… me encanta hacer de lo regional mundial y de lo mundial regional al contar historias con un lenguaje propio.

G.S: Han pasado siete años después del éxito rotundo de Xinti (2009)… ¡¿Por qué nos has hecho esperar tanto?!

S.T: No sé por qué. Me ha ocupado un silencio que hablaba más fuerte que todas las notas o palabras juntas… Ha sido un tiempo de escucha profunda, aunque no es parte de mi naturaleza hacer música de manera automática. Quiero sentir siempre que hacer música tiene sentido para mí en primer lugar; para dejar algo auténtico en el mundo.

G.S: Y, ¿qué has hecho cuando no has estado haciendo música?

S.T: Tiendo a vivir improvisando, vivo la vida como una improvisación; de vez en cuando quiero boleros, cha cha chas, cosas predecibles y reconfortantes de casa de mi madre, Cabo Verde… Ver películas, días de playa, ser libre y leve. Otros días quiero aprender, ver exposiciones, leer, escuchar un montón de música que empuja mis capacidad de análisis. Clásica, experimental, exótica. Conferencias. Cursos. Me interesan la filosofía, la poesía, la espiritualidad, etc. Otros días sólo quiero un beso en la boca y ser feliz…

Tengo el privilegio de no estar atada a un jefe o un empleo, pero la libertad exige responsabilidad. También paso mucho tiempo meditando en mi misión con los que me rodean, la familia, amigos y seguidores…

G.S: Ya llevas muchos años en la industria musical. ¿Crees que los artistas africanos lo tenéis mejor ahora que cuando empezaste a cantar profesionalmente?

S.T: Siento que hay una mayor apertura porque se agota la creatividad del llamado “primer mundo”. Hay que hacerse eco de la fuerza del segundo y el tercero… más aún cuando la realidad social está cambiando tan rápidamente que la fuerza a la cultura también acompaña a esta transformación. Dentro de varios siglos, para entender la historia, se utilizará la cultura como documento social. Además, la industria de la música es un circuito, por así decirlo, casi exclusivamente occidental. El “tercer mundo” está demasiado angustiado para sobrevivir por debajo de los niveles mínimos de pobreza y derechos humanos, como para tener cultura. En la mayoría de los casos, solo hay una cultura de supervivencia.

G. S: En una entrevista para The Guardian en 2007 decías que “las canciones llegan a tí como plegarias”. Explícanos cuál ha sido tu proceso de composición para este trabajo que tienes entre manos.

S.T: En este álbum no ha sido tanto pedir, sino escuchar y dar voz a sentimientos que no siempre están bien definidos; es importante tener en cuenta que en esta ocasión no compuse sola, hay una gran cantidad de colaboraciones no sólo en la producción sino también en la escritura de las letras.

G.S: ¿Cómo se llamará este nuevo álbum y de qué colaboraciones hablamos?

S.T: Aún no hay nombre, necesitaré verle la cara primero. Generalmente el nombre se revela a sí mismo sin estrés, a su tiempo justo. Tendrá un sonido más urbano, un poco más de electricidad; ya en el single Coisas Bounitas uso teclados que no suelo usar… Aún no acabé de cocinar el disco y no quiero emitir una expectativa precisa. Todavía tengo que investigar un poco más.

G.S: En tu música hay una atmósfera intimista, romántica, poderosamente delicada y profunda… pero también hay un elemento educativo, poético y casi moralizante. ¿De qué tratan las letras de tus nuevas canciones?

S.T: No habrán canciones protesta o revolucionaria. Son ondas musicales cometidas por la pasión entre la música y el ser humano, sobre todo de la magia del ritmo y su poder curativo y transformador… Hablo de amor, de pasión, de complicidades, de lo que es hacer una canción, de lo que sucede cuando vivimos el presente…

G.S: ¿Estamos demasiado colonizados aún por una mentalidad homogeneïzadora?

S.T: ahh 😉 Creo que estamos demasiado desconectados de nosotros mismos, demasiado auto descompensados por la carrera de tener todo lo que los demás tienen, en lugar de ser todo lo que podemos ser… Esto nace de dos extremos, el individualismo y el autismo, y del liderazgo ciego con los liderados… La desesperación del capitalismo, de tener que aplastar o ser uno mismo, conduce al fanatismo y al fundamentalismo arrogante, o a la falta de conciencia y a una vida descontrolada y en modo automático que va tan rápido que cuando uno mira hacia atrás ya está casi al final de la línea y no se detuvo a pensar con la cabeza y sentir con su corazón.

Letras africanas, libros españoles: aproximación al espacio lusófono

aula-wiriko-350x124

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Felisa Rodríguez

Os propongo que nos asomemos a las letras de cinco países del continente que, a pesar de su discontinuidad geográfica y diversidad lingüística, son nombrados conjuntamente por medio de la sigla PALOP, que se refiere a los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa resultantes de las independencias alcanzadas en 1975: los estados microinsulares de Cabo Verde y de S. Tomé y Príncipe, por un lado, y los continentales de Guinea-Bissau, Angola y Mozambique, por otro.

Para ello, un posible criterio es identificar aquellas obras escritas por personas de estos territorios que aparecen en la lista de las “100 mejores obras africanas del siglo XX”, dadas a conocer en 2002 y elaboradas por iniciativa de la Feria Internacional de Libro de Zimbabue en colaboración con asociaciones africanas de escritores y bibliotecarios y con participación de la Red Africana de Editores (APNET) y la Asociación Pan-Africana de Libreros (PABA).

Así, nos encontramos en la categoría de no ficción con textos de tres figuras importantes de la lucha y del pensamiento anticolonial: The Struggle for Mozambique (1969) del mozambiqueño Eduardo Mondlane, Unidade e luta (1976) de Amílcar Cabral, asociado a Guinea-Bissau, y Origens do nacionalismo africano (1997) del angoleño Mário Pinto de Andrade.

En el terreno de la ficción, más abundante, fueron seleccionadas las novelas angoleñas Nós os do Makulusu (1975) de José Luandino Vieira y A geração da utopia (1992) de Pepetela, junto con la caboverdiana O testamento do senhor Napumoceno da Silva Araújo (1989) de Germano Almeida. Pero la representación más nutrida es la de Mozambique, con dos obras escritas y publicadas aún en el período colonial y otras tantas en el post-independencia; se trata de los cuentos incluidos en Nós matamos o cão-tinhoso (1964) de Luís Bernardo Honwana y del volumen de poesía Karingana ua karingana (1974) de José Craveirinha (considerado “padre de la poesía moderna” de su país y convertido, en 1991, en el primer africano que recibió el Premio Camões, el mayor galardón de la lengua portuguesa); a ellos se unen las novelas Ualalapi (1987) de Ungulani Ba Ka Khosa y Terra sonâmbula (1992) de Mia Couto.

Germano Almeida. Fuente: Diario Digital Sapo

Todas las obras referidas son accesibles en la lengua original -o en traducción al portugués, en el caso de la de Mondlane, que fue escrita en inglés- a través de ediciones portuguesas que se pueden encontrar con relativa facilidad en el mercado librero del país vecino, pero sólo algunas han tomado forma de libro editado en España y de traducciones a varias de las lenguas del Estado. Concretamente, existe la posibilidad de leer el pensamiento de Amílcar Cabral en Nacionalismo y cultura (Bellaterra, 2014) o de disfrutar del Pepetela que retrata -no sin amargura- la historia de la lucha por la independencia de Angola en La generación de la utopía (Txalaparta, 2003 en papel; 2011 Epub). También tenemos a nuestro alcance el humor y la ironía de Germano Almeida -que llegó a ser presentado como “el Gabriel García Márquez africano”- retratando el pequeño medio insular caboverdiano a través de su burguesía hipócrita en El testamento del señor Napumoceno (Ediciones del Bronce, 2000) o, en euskera, Napumuceno da Silva Araujo Jaunaren: testamentua (Txalaparta, 2002). De Mozambique, podemos asomarnos a la única obra de Luís Bernardo Honwana, Nosotros matamos al perro-tiñoso (Baobab, 2008), donde los abusos de la colonización y el cotidiano asfixiante en el que vivían los africanos crean una atmósfera opresiva, y también a la considerada obra prima de Mia Couto, la novela Tierra sonámbula (Alfaguara, 1998; Suma de Letras, 2002; Alfaguara, 2016), que no sólo ha sido seleccionada entre las doce mejores del continente sino que ha sido adaptada cinematográficamente con realización de la portuguesa Teresa Prata.

Paulina Chiziane. Fuente: http://alchetron.com/

Ciertamente, lo que acabamos de enumerar no es demasiado. Pero explorando el panorama editorial español conseguimos avanzar un poco más e incorporar a esa lista tanto obras de autoría femenina (tres de las novelas de la mozambiqueña Paulina Chiziane, poesía de Vera Duarte -que preside la Academia Caboverdiana de Letras- o narrativa breve de su conterránea Dina Salústio) como muestras literarias de S. Tomé y Príncipe (particularmente, las firmadas por Olinda Beja); además, identificamos algunos textos clásicos de varias de esas literaturas nacionales, entre los cuales cabe destacar la novela caboverdiana Chiquinho (1947) de Baltasar Lopes -disponible en castellano y en catalán- o la poesía angoleña de Agostinho Neto, considerado poeta nacional por excelencia, pero también Si pudiera ser una ola, traducción de la novela breve de Manuel Rui publicada en Angola en 1982; surgen, aún, numerosas obras del prolífico y premiado escritor angoleño José Eduardo Agualusa y algunas otras de plumas más jóvenes, entre las que destaca Ondjaki, de Angola; aparecen incluso volúmenes de poesía mozambiqueña de Rui Knopfli y de Guita Júnior, así como pequeñas joyas de literatura infanto-juvenil mozambiqueña, de la autoría de Marcelo Panguana o Rogério Manjate, editadas por Proteus en la colección Oralia.

Lura, la voz de la herencia caboverdiana

La cantante caboverdiana Lura / Foto: N'Krumah Lawson Daku - Lusafrica

La cantante caboverdiana Lura / Foto: N’Krumah Lawson Daku – Lusafrica

En Cabo Verde la sodade se lleva estampada en el pasaporte. El país ve partir a sus hijos en una tendencia migratoria histórica que hace que la población de nacionales en el extranjero sea mayor que la que vive en el archipiélago perdido en el Atlántico. Lura, nacida en Lisboa, es hija de esa costumbre de dejar las islas en busca de mejor porvenir.

Pero la cantante caboverdiana quiso hacer el viaje a la inversa. Le urgía la necesidad del regreso a casa. “Tenía sentido volver a Praia. Llevaba tanto tiempo hablando de vivir allí y ahora es una realidad”, dice a Wiriko en su última visita a Londres.

A más de 600 kilómetros de la costa de Senegal, Cabo Verde se convirtió en el siglo XV en un foco de multiculturalidad donde africanos y europeos intercambiaron sonoridades para esparcirlas por el mundo. Los estilos caboverdianos se empapan de esa fusión nómada que Lura ha ido explorando desde que visitó por primera vez el país de sus padres. Su país.

Fue muy importante porque muchas cosas cobraron sentido. Encontré las respuestas para una serie de preguntas que me llevaba haciendo a lo largo de mi vida. Comencé a ser más africana, a valorar más las cosas y a conectar con la naturaleza”, explica la cantante.

La primera visita a Cabo Verde le llevó a descubrir al compositor Orlando Pantera del que interpreta seis composiciones en su tercer trabajo, Di Korpu Ku Alma. El álbum, el primero con el sello francés Lusafrica, es una declaración de intenciones que definió en 2004 la proyección musical de Lura. “Es un reflejo de mi sangre. Lo tenía dentro. Había cantando en portugués, criollo, R&B, pero no estaba satisfecha. No estaba haciendo música caboverdiana”.

Con el acercamiento en cuerpo y alma a sus raíces vino Na Ri Na, una canción mítica de la cantautora. “Tenía magia y pronto se convirtió en un éxito”, rememora de un tema que no falta en sus directos. Una excusa para cantar todos juntos y celebrar quizás los veinte años que ya cumple Lura en la música. “He aprendido mucho fruto de los viaje, del encuentro con otras músicas y culturas. He aprendido sin querer, viendo y he adquirido un gusto musical que lo complemento con las músicas de Cabo Verde”, dice en su camerino.

capa_luraCon su último trabajo, Herança, refleja la simbiosis entre melancolía y júbilo que pareciera exclusiva de las islas. Un patrimonio bañado de mar, de morna y de funaná. “Herança es la vida. Feliz y melancólica. Cabo Verde es así. Vivimos alegres a pesar de la pobreza. No tenemos mucho pero lo poco que lo tenemos lo compartimos y montamos una fiesta”, dice Lura.

Herança cuenta con temas como Sabi di Mas, bandera del estilo funaná, que se agarra a las caderas haciendo que el baile sea algo cultural que tiene que ver con “la necesidad africana de expresar el calor, la alegría y la sensualidad”. Pero también hay espacio para la Lura más melancólica que con canciones como Di Undi Kim Bem se cuela en la maleta del migrante caboverdiano.

El destino de sus padres pasó por Lisboa, convertida en un altavoz para los ritmos caboverdianos y artistas como Bana o Carmen Souza. Allí nació Lura, una joven que siempre estuvo interesada por los deportes y la danza. Sin embargo, mientras se preparaba para entrar en la universidad, un dueto con el cantante Juka la enroló en un viaje inesperado.

Lura sorprendió a Portugal con su caudalosa voz que abraza a la audiencia de sus conciertos y no fue desapercibida para otros artistas que la invitaban como colaboradora. “Mi vida cambió y todo fue muy confuso. Tenía la carrera en la cabeza, pensaba que tenía que entrar en la facultad, no salirme del camino pero la canción tuvo un gran éxito”, recuerda.

La afición se convirtió de repente en oficio y con 17 años, ya trabajaba en el lanzamiento de su primer álbum Nha Vida en 1996. Maria de Lurdes, Lura, entró de sorpresa en la música. “Nunca imaginé ser cantante”.

Proyección de Tchindas en Barcelona

Wiriko organiza el próximo sábado 21 de noviembre, junto al Centre d’Estudis Africans i Interculturals (CEA), Radio África y la productora Doble Banda, una proyección del documental Tchindas, en los Cinemes Girona de Barcelona.

Tráiler de «Tchindas» from doblebanda on Vimeo.

Tchindas es una cinta dirigida por Pablo García Pérez de Lara y Marc Serna que explora el universo trans en Cabo Verde a través de tres protagonistas que preparan el carnaval de Mindelo, la capital de la isla caboverdiana de São Vicente, famosa por ser la cuna de la cantante Cesária Évora. Tchindas demuestra la naturalidad con la que se vive la transexualidad en este pequeño rincón africano del Atlántico.

La proyección de este documental que acaba de ganar el premio al mejor documental español en el festival MiradasDoc se celebrará el 21 de noviembre a las 18h en los Cinemes Girona (c/Girona, 175 de Barcelona) y estará seguida de un coloquio con miembros del equipo.

Si presentas este flyer en la taquilla, las entradas te costarán 5 euros.

Tchindas targetó dissabte

Carmen Souza: “El jazz es improvisación a tiempo real”

La artista caboversiana Carmen Souza. Foto: carmensouza,com

La artista caboversiana Carmen Souza / Foto: carmensouza.com

“Jesus Cristo no dejes que se termine el grog, tengo el blues caboverdiano”. Así finaliza la canción Cape Verdean Blues, tema que abre EPISTOLA, el nuevo trabajo de la cantante caboverdiana Carmen Souza junto al músico lisboeta Theo Pascal. Un verso que describe casi sin quererlo a Souza, a su música y cómo encara la vida.

El pasado sábado 25 de abril y en el marco del Festival Jazzahead de Bremen, Alemania, Souza y Pascal presentaron su nuevo disco. Una carta abierta musicalizada por 10 temas para aquellos que quieran dejarse llevar por la música lusófona y el jazz.

“Es una nueva evolución de nuestra música. Son composiciones de Theo que hemos arreglado para dar más espacio a la improvisación. Tomamos temas realizados tiempo atrás y os llevamos por distintos momentos de nuestras vidas”, explica Carmen Souza a Wiriko tras su último concierto en Londres, donde reside.

Grabado en los estudios Jazzpilon de la capital inglesa, EPISTOLA es el séptimo trabajo en la discografía de la caboverdiana y otro ejemplo más de un “jazz orgánico” que ha marcado los doce años que el dúo lleva trabajando junto. “Conocí a Theo en una audición que realizaba para uno de sus proyectos como director musical”, dice Souza quien desde entonces no se ha separado de su gran amigo.

Y desde aquel encuentro Carmen y Theo comenzaron a hurgar en los sonidos tradicionales de Cabo Verde para combinarlos con ritmos contemporáneos. Ess e Nha Cabo Verde (2005, TheOo TheZz), su álbum debut, y Verdade (2008, Galileo Music Communications) marcaron la senda en la que la coladeira, el morna o el batuque se fusionaron con un jazz cantado en criollo. “La reacción fue muy interesante ya que les gustó la reinterpretación. Fue algo nuevo y muy fresco pero que pertenece al país”, describe Carmen Souza sobre su primera actuación en Cabo Verde.

“El primer músico en experimentar con estos ritmos y el jazz fue Horace Silver y después probó el saxofononista Luis Moraes pero no había nada cantado”, señala Souza.

La experiencia fue arriesgada aunque resultó más fácil de lo esperado gracias a la improvisación que aporta el jazz y a la sencillez de la música caboverdiana. “En la música de Cabo Verde existen muchas similitudes con el jazz negro que cantaban los esclavos en los campos de trabajo. Existe un vínculo ya que muchas de las músicas caboverdianas desaparecidas utilizaban las mismas escalas que los cantos espirituales negros. Es muy interesante estudiar esta correlación porque no existe una diferenciación grande”, explica Souza.

Carmen siempre tuvo la música como primera opción y desde pequeña se enroló en el coro gospel de su iglesia. Pero el ímpetu de su padre, trabajador en navíos cargueros, hizo que estudiase Traducción inglesa y alemana. Una carrera, la universitaria, que apenas si duró un año. “Me estaba engañando”, reconoce la compositora que desde entonces decidió dedicarse a la música.

“La música es algo que no me da miedo porque ayuda a que la persona se desenvuelva, a crecer. La música es un modo de encontrar la naturalidad y conocerse a sí mismo”, comenta la caboverdiana. Y continúa: “es muy importante para un músico oír su voz interior ya que pesar de las influencias cada uno tiene que hacer su propio camino”. Y esa búsqueda llevó a Carmen y Theo al aclamado trabajo Protegid (2010, Galileo Music Communications) donde la unión entre los sonidos tradicionales de Cabo Verde y el jazz se consolidaron de manera natural.

Pero la compositora, nacida en Lisboa, no se contenta con estancarse. Una vez encontrada la fórmula, Carmen Souza desafía su carrera a diario para poder crecer musicalmente y desde 2003 viene trabajando sin ponerse límites. “Cuando compongo no pienso en un verso caboverdiano aquí y otro allá. No me digo esto suena como Ella Fitzgerald o como Cesaria Evora. Se compone basándose en algo más profundo”, declara la cantante.

Con letras llenas de vida, de temas personales y sociales, sobre naturaleza y cargadas de espiritualidad, sus composiciones sin embargo intentan evitar el universal tema del amor. “El mundo tiene muchas canciones de amor y no necesito cantar de eso. Hay que cantar sobre cosas más intensas y comunes. El mundo está lleno de canciones de amor pero no ves mucho en el día a día”, comenta con una sonrisa agria la compositora.

Tras la presentación en Bremen, la gira de EPISTOLA ya cuenta con varias fechas en Europa para disfrutar de este nuevo lanzamiento que contará en directo con la colaboración del saxofonista Nathaniel Facey y el batería Shaney Forbes. En España el nuevo trabajo se presentará en Alahurín de la Torre, Málaga, el 31 de julio.

PSK Trio (Pascal+Souza+Kacomanolis) durante su actuación en St. Ethelburgas

PSK Trio (Pascal+Souza+Kacomanolis) durante su actuación en St. Ethelburgas / Foto: javidmgz

En un vagón musical lusófono
En mitad de la producción de su disco en vivo, Live at Lagny Jazz Festival, Carmen Souza se embarcó en una gira junto al percusionista mozambiqueño, Elias Kacomanolis, y con su inseparable Theo Pascal. Tomando las iniciales de sus apellidos, formaron PSK Trio, un proyecto que viaja por las raíces de la música lusófona.

“PSK Trío muestra todo el intercambio musical que se mueve entre Angola, Brasil, Mozambique, Portugal y Cabo Verde. Quisimos juntar esas energías”, dice Carmen quien ha aprendido mucho a lo largo del proyecto que pasó por el Centro de Paz y Reconciliación St. Ethelburga, en Londres, a finales de marzo. La que fuera una de las iglesias medievales más antiguas de la capital inglesa, y que ahora disimula bajo la atenta mirada de los rascacielos de la City, fue el escenario para este “African Railway Project” además de acoger sonidos lusófonos dejase espacio para otras influencias musicales.

Esto facilita a que el repertorio reúna composiciones propias como Afri Ka o Song For My Father y se junte con el Black Bird de los Beatles, All about Simon de Joe Zawinful o la fantástica Pata Pata de Miriam Makeba con la que finalizó el concierto y que hizo que los presentes no pudieran aguantar sentados.

Cine lusófono en África (I): breve repaso de una lucha por la imagen

Imagen de la película "El gran Kilapi”, del realizador angolano Zezé Gamboa.

Imagen de la película “El gran Kilapi”, del realizador angolano Zezé Gamboa.

No tuvo la sensación de despertar sino de estallar frente a la gran pantalla. La independencia de los países bajo ocupación portuguesa en África (Angola, Mozambique, Guinea-Bissau y Cabo Verde) llegó tarde y su cine podría compararse en algunos aspectos al que tuvo lugar en Argelia durante la guerra de liberación iniciada por los nacionalistas argelinos en contra del opresor y colonizador francés. La lucha en la lusofonía africana por romper las cadenas del imperialismo permitió descubrir el cine como un arma al servicio de la revolución. Un cine nacido de la guerra y en guerra. Todo lo que había que hacer era grabar…

La Revolución de los Claveles (1974) tuvo una repercusión inmediata en el África de habla portuguesa: un brillo duro de aspecto esperanzador. Por un lado, el desmantelamiento de las estructuras socioeconómicas y administrativas y, por otro, el cambio en las relaciones desiguales y viciadas entre blancos y negros, lo que provocó la necesidad de ofrecer una nueva imagen de sí mismos. Especialmente en Angola y Mozambique esta conciencia de recolonizar las imágenes se hizo más evidente. Los dos países, sin tregua alguna y con un futuro infinito, utilizaron el documental, como ya emplearan los propios militares portugueses en los años 50, para mostrar a las nuevas naciones un espejo donde mirarse.

En Mozambique, por ejemplo, el gobierno de Samoral Machel se esforzó especialmente en crear el Instituto Nacional de Cine (INC), que se convertiría en el instrumento de actuación para la eliminación total de cualquier atisbo del colonialismo y para educar, movilizar y organizar a los mozambiqueños. Según sus propias palabras: “Ponemos la formación, la educación y la cultura principalmente al servicio de las grandes masas oprimidas y humilladas por el sistema de explotación colonial y capitalista. La sangre de nuestro pueblo no fue derramada sólo para liberar nuestra tierra de su dominio por parte de extranjeros, sino también para volver a conquistar una personalidad de Mozambique, para crear una nueva mentalidad, una nueva sociedad”[1]. El segundo acto de Machel sería la proyección diaria del programa de 10 minutos Kuxa Kanema que literalmente significa “el nacimiento del cine”, y que serviría para tomar la fotografía de la gente y devolvérsela al pueblo.

Se podría resumir en tres grandes etapas la aparición del cine en los países de habla portuguesa en África. En un primer momento el cine nacional no existía como tal aunque había varias iniciativas de pequeñas salas de exhibición propiedad de alguna familia adinerada de Cabo Verde. Estas películas eran en su mayoría producciones realizadas bajo el sello de Hollywood y también representaciones de operetas de los teatros franceses e italianos.

El segundo momento se enmarca durante el período de las independencias y la búsqueda usurpada de la unidad nacional, donde los líderes de la lucha anti-colonial, como Agostinho Neto o Samora Machel, favorecieron la construcción de la imagen con el fin de construir una nueva sociedad. El documental y el reportaje fueron las principales herramientas para crear esta conciencia. En este sentido, el teatro socialista produjo mensajes con fines educativos precisamente, uno de los pilares que subrayara el senegalés Ousmane Sembène en la década de los sesenta: “¿Por qué el realizador debe desempeñar semejante papel? Porque, como muchos artistas, es quizás más sensible que otras personas. Los artistas conocen la magia de las palabras, de los sonidos, de los colores, y utilizan estos elementos para ilustrar lo que los demás piensan y sienten. El realizador no debe vivir recluido en su torre de marfil; tiene una función concreta que desempeñar”[2].

Es interesante destacar en esta etapa el proyecto en el que participó el francés Jean-Luc Godard en Mozambique junto a Ruy Guerra y Jean Rouch porque revela la posibilidad de crear una conciencia a través de la exposición a una imagen fija. Sin embargo, las producciones de películas se irán desvaneciendo gradualmente y las salas de cine quedándose vacías.

La tercera etapa está, sin duda, unida a la anterior. La independencia había llegado en un momento en el que los gustos de las audiencias estaban modelados a los esquemas occidentales, el proceso de la distribución monopolizado en unas pocas manos y en la década de los 2000 el apoyo estatal se había difuminado. Este panorama motivó a los realizadores a buscar apoyo en países de habla portuguesa como Brasil y en coproducciones de ámbito internacional. Es ahora, la sociedad civil, la que lidera la defensa del arte y son los propios profesionales, especialmente las nuevas generaciones, los que crean redes de colaboración nacionales o regionales, organizan seminarios de formación y establecen sus propios festivales.

—–

[1] S. MACHEL, Declaramos Guerra ao Inimigo interno, Maputo, INLD, 1980 : 23.

[2] Françoise Pfaff. “Ousmane Sembène, el clásico de los clásicos”. África negra rueda. Nosferatu, Donostia Kultura, abril 1999, p.59.

Teofilo Chantre, el parisino de Cabo Verde

TeofiloChantre_802_454

Teofilo Chantre. Foto: NKrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

 

Teofilo Chantre es más conocido como el músico parisino de Cabo Verde que como el músico caboverdiano de París. A su temprana adolescencia, Teofilo emigró hacia la capital francesa para vivir con su madre, después de una infancia con sus abuelos en la isla de Sao Nicolau. El balanceo de sus mornas y coladeras cantadas en francés y criollo, y con una fuerte influencia de la música de Brasil, sintetizan la biografía de uno de los compositores de más peso de los sonidos internacionales que emergen del archipiélago oeste-africano. Compositor de algunas de las canciones que llevarían a la fama a Cesaria Évora con su Miss Perfumado (1992), Teofilo Chantre se situó en el podio de una generación que transformó la historia de la música popular africana.

Con motivo de la gira homenaje que la orquestra de Cesaria Evora está brindando por el mundo, y que llevará al espectáculo en el marco del festival Womex de Santiago de Compostela el próximo 23 de Octubre, Teofilo nos habla sobre su experiencia como músico.

De izquierda a derecha: Teofilo Chantre, Ismael Lo, Bonga, Angelique Kidjo y Camané. Foto tomada el 28/09/2012, durante el Tributo a Cesaria Evora en el Cirque d'Hiver de Paris. Autor: Nkrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

De izquierda a derecha: Teofilo Chantre, Ismael Lo, Bonga, Angelique Kidjo y Camané. Foto tomada el 28/09/2012, durante el Tributo a Cesaria Evora en el Cirque d’Hiver de Paris. Autor: Nkrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

G: Tu nombre puede ser familiar para aquellos que han seguido el camino de Cesaria Evora por haber compuesto algunas de sus obras. ¿Cómo fue su encuentro con la Diva de los pies descalzos

T: Conocí a Cesaria en París en los años noventa, después de un concierto en que los dos habíamos participado. Ella era maravillosa. Luego en seguida su productor José Da Silva me pidió algunas canciones para su futuro disco. Así que todo fluyó.

TeofiloChantre_Cesaria_VF222_opt

Teofilo con Cesaria en Le Grand Rex de Paris, en la última aparición de la diva de los pies descalzos. Foto: NKrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

¿En qué medida, en su opinión, la figura esencial de Cesaria Evora fue la responsable de que los sonidos de Cabo Verde invadieran el mundo? 

Cesaria Evora fue la cantante que evidenció y mostró la música de Cabo Verde internacionalmente. Son cosas inexplicables, para mi es como un milagro que se operó gracias a su voz y a su historia personal.

Y tú, ¿cuando empezaste a hacer música? 

A los 16 años empecé a tocar la guitarra. Pero la música siempre estuvo a mi alrededor.

¿Cómo llegaste a mezclar los diferentes estilos que componen tus canciones? Morna, música francesa, ritmos brasileños…

Yo creo que antes de todo empecé a hacer música para superar la saudade de mi tierra natal. La mezcla ha venido de las músicas que escuchaba, del ambiente donde vivía. La raíz de mi música es caboverdiana pero el vestido es universal.

Cuéntanos sobre el homenaje que está rindiendo a Cesaria Evora en diferentes escenarios del mundo. ¿Cómo es trabajar con el nuevo grupo de talentos de jóvenes caboverdianos como la impresionante Mayra Andrade o Bonga? 

Para mi es muy emocionante cantar para la memoria de Cesaria. Intentamos traer un poco de ella a sus fans. Es un gran placer trabajar con los demás cantantes porqué cada uno canta realmente sus canciones preferidas del repertorio de Cesaria. Se crea un clima muy especial encima del escenario.

Le hemos visto con figuras como Ismael Lo en canciones como “petit pays” … ¿Hasta qué punto cree usted que la música de Cabo Verde ha penetrado como una influencia en otros países africanos como Senegal? 

La música caboverdiana es muy apreciada en África y eso desde hace mucho tiempo con grupos como Cabo Verde Show por ejemplo. No es algo nuevo.

Y, ¿qué hace a Cabo Verde más cercano de Brasil que de Mauritania o Senegal? 
Yo creo que es la mezcla cultural y la historia de su pueblo. El Atlántico. Cabo Verde puede ser considerado como un nuevo mundo que apareció de sus islas desiertas.

¿Acepta la afirmación de que, en la actualidad, la industria de la música de Cabo Verde es 90% propiedad de capital extranjero? ¿Hasta qué punto se ha abusado de la etiqueta comercial de “World Music” para presentar la música de Cabo Verde? 
Todo eso es un poco complicado. Es verdad que la mayoría de la producción se hace en el extranjero. Pero la fama de la música de Cabo Verde está beneficiando a muchos jóvenes músicos. Para mi toda la música es música del mundo. Yo no me considero como un artista”world music” sino como un cantautor. Pero la etiqueta está allí.

¿Dónde vamos a poder escucharte pronto? 

Acabo de estar en México (12,13,16 de octubre) y tengo un concierto en París el próximo 20 de diciembre entre otras fechas más que aún no están confirmadas. Estaré en España en abril del 2015 para el festival Barakaldo Folk, en Euskadi.

Procuraremos estar ahí para verlo y escucharlo…
Muchas gracias.

Gracias a usted. 

La invisible inmigración caboverdiana en Lisboa

 

El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana

El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana

Joaquim Arena es el autor de La verdad sobre Chindo Luz. El estilo del novelista caboverdiano que ha pasado la mayor parte de su vida en Portugal puede resultarnos poco atractivo, pero tiene un mérito indudable. Arena ha sido, posiblemente, el primer escritor del archipiélago africano que ha visibilizado la situación de los caboverdianos inmigrados a la metrópoli. La verdad sobre Chindo Luz esconde varias tramas, entre ellas un argumento misterioso y otro analítico, pero la mayor aportación de Arena es dibujar con maestría la vida en los barrios populares de Lisboa que en la década de los setenta albergaban considerables cantidades de recién llegados de las aún colonias portuguesas.

Portada de la edición de Baile del Sol

Portada de la edición de Baile del Sol

La literatura de los países africanos de la esfera lusófona es, seguramente, la menos conocida del continente, no sólo en España (donde el conocimiento de la literatura africana, en general, es escaso) sino en todo el mundo. Los académicos consideran que la lengua portuguesa tiene muchos menos prestigio internacional que el francés o el inglés y eso ha hecho que las traducciones de estos autores sean escasas. Estos dos factores explican por qué hay menos autores africanos lusófonos con proyección mundial que de otras antiguas esferas coloniales. De la misma manera, el espíritu de la administración colonial no favorecía la proyección de los escritores. Arena es, así, un desconocido en el que se fijó la editorial Baile del Sol, dentro de la colección Macraronesia. La editorial canaria no lo enmarcó en su colección África, sino en la compilación en la que pretendían dar visibilidad a la literatura de las islas.

El argumento de La verdad sobre Chindo Luz relata la historia de Baldo Luz, el hermano del Gumercindo “Chindo” que aparece en el título. Baldo se ha desvivido por encontrar a su hermano que ha desaparecido como si se lo tragase la tierra, después de alcanzar una popularidad televisiva poco habitual para el hijo de una familia inmigrada. Con esta excusa, Arena repasa la vida de los africanos que en los setenta abandonaban las colonias portuguesas, para instalarse en la metrópoli. El autor hace una incursión también en los últimos tiempos de la administración colonial a partir de variopintos personajes. Y, de la misma, manera da una idea de la propia sociedad portuguesa en los años inmediatamente posteriores a la dictadura.

El principio y el final del primer párrafo de la novela son ya bastante representativos: “La primera vez que vi a Gumercindo da Luz él era todavía un chavalín delgado que jugaba a la bola en la calle. La familia acababa de mudarse al barrio. Nunca imaginé que veinte años después acabaría convirtiéndose en la figura pública que fue, ni que yo estaría aquí sentado intentando escribir un libro sobre él. Tampoco pasó por la cabeza de nadie que Joel Tocadiscos, el hijo canijo del sindicalista Moreira, fuera un día elegido diputado de la Asamblea de la República. Y que junto a Chindo, Pinela, Luego-luego y Zé Bidón estaría metido en la historia que originó este relato. (…) Llegaron en 1977 ó 1978 y se fueron a vivir a una casa antigua al fondo de la calle. Todos los conocían. Eran los únicos negros del barrio en unos tiempos en que todavía había pocos negros en esta zona de Lisboa”.

A partir de este momento, el narrador explica cómo vivía la familia da Luz en su barrio, las penurias que pasaban y los obstáculos a los que se enfrentaban, lo que convierte a La verdad sobre Chindo Luz en una novela sobre la inmigración caboverdiana. Y, también, sobre una de las caras del final del colonialismo portugués.

 

Portada de la edición original en portugués.

Portada de la edición original en portugués.

Joaquim Arena puede escribir sobre esta realidad con la proximidad que da la experiencia. Nacido en Cabo Verde, este escritor se trasladó junto a su familia a Portugal poco antes del tiempo en el que se desarrolla la novela. Lo hizo a finales de los años sesenta, cuando tenía cinco años. A partir de ahí pasó la mayor parte de su vida en Portugal, pero decidió regresar a Cabo Verde, a finales de los años noventa, pasados los 30 años, un poco como un viaje de regreso a sus raíces. Arena que se había licenciado en Derecho y había trabajado para revistas africanistas, no da el salto a la literatura, precisamente, hasta que no regresa a su tierra natal. En el año 2000 publicó una novela corta, Um farol no deserto, y en 2006 fue el turno de A verdade de Chindo Luz, que tradujo Baile del Sol para publicar en 2008. Para ese momento, el escritor había realizado un periplo en busca de su identidad cultural, un proceso que de alguna manera se produce también en la novela.

Algunos lectores se han quejado de la dificultad de seguir el hilo de la narración de Arena, la mayor parte elogian la idea del argumento que les ha resultado atractiva pero consideran poco acertada la ejecución. Es cierto, que en algún momento el relato se hace complicado, básicamente porque está construido a base de los jirones de la vida de Chindo que su hermano Baldo va recuperando en su búsqueda. Por otro lado, el estilo de Arena recuerda en algo al de otros escritores caboverdianos como Germano Almeida, un estilo que tiende hacia lo abrupto, en el que a veces parece que se han omitido piezas.

En todo caso, el mérito de Arenas es incuestionable y su capacidad para dibujar un momento y un lugar, un ambiente y una realidad poco conocida hace que La verdad sobre Chindo Luz resulte, cuando menos, una lectura interesante.

Frazão: “Luanda es para mí lo que Nueva York para Woody Allen”

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão es una joven cantante y compositora angoleña afincada en Barcelona. Fascinada por el Jazz, la Bossa Nova, la música caboverdiana, la música popular angoleña y el Fado, decidió combinar sus estudios de comunicación con una pasión que le viene de muy temprana edad: la música. Con tan solo dieciocho años dejó su Luanda natal para empezar la universidad en Lisboa, y desde entonces, ha vivido en Santiago de Compostela y Madrid. Ahora, desde Barcelona, Aline prepara el lanzamiento de su último trabajo en España, a pocos meses de su gira brasileña. Decidida a que su música de sonoridades atlánticas nos embriague a todos, y dejando entrever las múltiples influencias de su ir y venir biográfico, nos ha dejado conocerla un poco mejor y hasta nos ha querido regalar una canción.

¿Qué escucha Aline Frazão?

¡Hay tantos nombres! Me encanta el Jazz. Sigo escuchando muchísima música de Brasil, aunque me alejo un poco de ella y me acerco cada vez más de nuevo a África. Me encantan voces como las de la caboverdiana Mayra Andrade. Me identifico mucho con los sonidos sudafricanos más reivindicativos. Músicos angoleños como Paulo Flores, Rui Mingas o Filipe Mukenga.

¿Cómo empezaste con la música?

Empecé a cantar música de Angola, Cabo Verde y Brasil sobre todo cuando solo tenía nueve años. Más tarde me aficioné a una guitarra española que mi padre tenía por casa. Buscaba canciones de Bossa Nova por Youtube, sacaba los acordes e intentaba tocar de esa forma. A los quince años un amigo mío me regaló un recopilatorio de Jazz de Ella Fitzgerald y flipé completamente. En ese momento ya era casi una experta en música popular brasileña: Tom Jobim, Joao Gilberto, Caetano Veloso… Todo eso se convirtió en un lenguaje muy mío y empecé a escribir canciones. Pero he sido una autodidacta desde el principio y no he desarrollado una técnica depurada. De hecho, me he inventado mis propias comodidades y posiciones, y muchas veces ni siquiera sé los nombres de los acordes. Mi teclista es el que se encarga de traducir los nombres de los acordes al resto de los músicos. ¡Suerte que es muy amigo mío! (ríe). Me parece que de esta forma me expreso de una forma más libre, no estoy determinada por la teoría…

¿Cuándo decides que tus composiciones son suficientemente maduras como para dejar que los demás disfruten de ellas? ¿Y como llegas a profesionalizarte? 

Fue mucho más tarde… Primero quise ser ingeniera civil, para reconstruir Angola después de la guerra civil, que terminó en 2002. Siempre fui consciente que yo tenía más oportunidades que otra gente en mi país, y siempre seguí mi propia regla: a más posibilidad, más responsabilidad. Pero como también me gustaba mucho todo el tema de la argumentación y la comunicación verbal, decidí ser periodista. Bueno, en esto mi padre no estuvo muy de acuerdo. ¡Imagínate como está la libertad de expresión en Angola! Es un país muy bloqueado democráticamente, por decirlo de una manera suave.

¿Cómo afectó la guerra de Angola a tu vida?

Enormemente. Yo nací en  1988 y la guerra no terminó hasta 2002. Siempre viví en Luanda, y las capitales siempre han estado más protegidas. Pero en el 92, el año que nació mi hermana, la guerra llegó a la capital. Yo era muy pequeña aunque las consecuencias de la guerra estuvieron siempre ahí. Convives con los niños de la calle, que se han quedado sin padres. Con las personas mutiladas por la guerra. La pobreza extrema. Las noticias. La radio. La tensión de tus padres. El miedo. Aunque creo que he sido una privilegiada. Mis padres tenían un poco más de dinero, pero mi educación siempre me hizo mirar hacia fuera. Supongo que por eso, siempre he mantenido una voz crítica. Aunque es una cosa muy angoleña. La cantante Sara Tavares, que es muy amiga mía, siempre dice que los angoleños somos unos pesados por qué siempre estamos hablando de política. Así que sí, todo esto es parte de mí. Y creo que de toda mi generación, tenemos una carga histórica que tomamos muy en serio.

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Cuéntanos cómo ha evolucionado tu carrera y tus ires y venires geográficos.

Al acabar la carrera en Portugal, vine a Barcelona y me cambió la vida. Aquí hay un montón de vida asociativa, de proyectos vecinales… Me involucré en muchísimos proyectos y cambié mi perspectiva de vida. Así que al llegar a Madrid, ya llegué con otro espíritu. Allí fue donde empecé a tocar más por pequeños clubes y bares de barrios como Lavapiés. Conocí a Uxía, la cantante gallega y directora artística del festival dedicado a la lusofonía Cantos Na Maré, y me invitaron, ni más ni menos que ir a representar a Angola. Y, ¿quién representaba a los otros países? Estaba el increíble Lenine de Brasil, y el fadista portugués António Zambujo. Por entonces, yo ni siquiera tenía agencia ni nada, así que estaba literalmente flipando con la oportunidad. Y que Lenine te diga, por las calles de Santiago, que tienes que grabar tus cosas y que tu música es bonita… Te hace plantearte que las cosas pueden funcionar. Ese fue el momento en que decidí que iba a dedicarme a esto profesionalmente.

¿En qué año fue esto? 

Fue en diciembre de 2010.

Vaya, es muy reciente. 

Sí. Pero desde entonces han pasado muchas cosas. Me fui a Argentina. Me afinqué en Santiago. Y entre Santiago y Lisboa escribí Clave Bantú (2011).

Es cierto que la idea para Clave Bantú la coges del programa homónimo de Trópico Utópico de Radio 3, de Rodolfo Poveda

Y tanto. Yo escuchaba mucho Radio 3. Adoro el programa cuando los elefantes sueñan con la música de Carlos Galileo y Trópico Utópico. Y un día un amigo me dijo que Rodolfo había hecho un programa dedicado a la música de Angola y del Congo. Me pareció curioso porque normalmente aquí se escucha más música del África Occidental. Y me encantó, me vino una saudade tan grande del Soukous y las cadencias del Semba… Empecé a darme cuenta de que los ritmos brasileños que a mi me fascinaban eran justamente los que venían de la raíz Bantú. Y no tanto los Yoruba. Vi tan claro que me identificaba con lo Bantú y que el concepto sintetizaba lo que yo era, que decidí hacer un homenaje a toda esa cultura del baile, el cuerpo, de un tiempo más pausado…

Dices que tienes mucha influencia del mundo luso pero no mencionas en ningún caso Mozambique. Parece como que Mozambique no llama mucho a los angoleños, ¿no? ¿Porque crees que esto pasa? 

Es el océano. El Atlántico nos tiene mucho más ligados con otros países. En la literatura si que se dialoga un poco más: el mozambiqueño Mia Couto con el angoleño Pepetela, por ejemplo. Pero en música conozco a poquísima gente de Mozambique, como Stewart Sukuma. Sin embargo, en Mozambique si se escucha más música angoleña.

¿Qué te perece este boom del Kuduro angoleño que se escucha en prácticamente todo el continente y que ha roto barreras también fuera de él? 

Me parece una manifestación muy auténtica de lo que son las ciudades africanas contemporáneas. Me gusta. Representa el caos, la locura, la explosión de ciudades como Luanda. Pero me parece exagerado que se haga una reducción y que se relacione Angola solamente con el Kuduro. Yo de pequeña bailaba Kuduro, es parte de mi cultura. Pero obviamente, mi cultura angoleña no es solo esto.

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

¿Cómo ves la industria musical angoleña actual? 

Es complicado. Como siempre, hay dos mundos: el comercial, con más dinero y criterios comerciales; y los mercados más alternativos, que cada vez van teniendo públicos más grandes. Tampoco puedo hacer un análisis de todo el país, sería pretencioso. Pero en Luanda sí que hace falta construir una estructura que proteja y oriente a los artistas, que los ayude a profesionalizarse. Que ayude a que los propios angoleños aprendan a apreciar y escuchar el talento de los músicos de Angola. Aunque es un momento creativo muy positivo para el país. Cada vez hay más gente volviendo para Luanda sobre todo, y eso crea más dinamismo en la cultura.

¿Crees que tu generación puede jugar un rol decisivo en la creación de nuevas dinámicas en el sector creativo y crear unas condiciones laborales más dignas para los artistas? 

No solo puede sino que debe. Es nuestra obligación. Además, los que estamos fuera, tenemos una responsabilidad extra. Aunque es complicado. Angola es la tercera potencia económica de África, pero es un embuste. No hay muchas perspectivas para los que no están alineados con la ideología del régimen. Y las estadísticas no son realistas con la situación de la mayoría de la población. Creo que los que tenemos la posibilidad de montar una estructura, debemos abrirla y compartirla, no solo en Luanda sino en todo el país para que se conozca en otras partes del mundo, lo que hay en Angola. Sí… Nuestra generación tiene muchas ganas de hacer cosas. Personalmente, siento que tengo una responsabilidad en este sentido.

¿Sientes que tu música representa a Angola? 

Hace tres años te hubiera dicho que sí; de cabeza (ríe). “Yo como angoleña… Blablabla”. Pero la identidad es algo que va cambiando. Por ejemplo ahora estoy enganchada al americano Nick Drake. Me quiero comprar una guitarra eléctrica. No sé si es el indie barcelonés que me está haciendo volver una hipster… ¡Es broma!

Vaya, que no te gustan los esencialismos… 

Cada vez menos. Es que es muy complicado hablar de identidad. Decir ‘Angola’ se queda muy grande para mi boca. Solo diciendo ‘Luanda’, ya es demasiado. Voy y vengo de Luanda, escribo para el periódico angoleño Rede Angola y estoy muy conectada con la realidad de allí. Participo ahí y estoy comprometida, pero la identidad angoleña se sigue construyendo, y yo tengo muchas identidades, no solo la nacional. Aunque la música tradicional de raíz, la literatura angoleña… Me mueven. Hablo mucho de Angola en mis canciones, pero no me considero ni puedo considerarme una embajadora de nada. Pero lo que te puedo decir es que Luanda es para mí, lo que Nueva York para Woody Allen. Está en todo lo que hago.

¿Has podido presentar ahí tus discos? ¿En qué otros lugares? 

Por supuesto.Ya habíamos presentado el primer disco en el Festival de Jazz de Luanda, y hemos tocado en diferentes clubes de Luanda. Pero también presentamos el disco en Portugal. En el Festival de Sines, tuve la oportunidad de tocar junto a Silvia Pérez Cruz, y me cambió la vida. ¡En la primera canción ya estaba llorando! ¡Me encanta! También estuvimos en diferentes clubes de Jazz de Portugal. De hecho, es ahí donde tengo más público y donde he tocado más. En Bélgica. En Alemania. En Austria. Y ahora vamos a ir a tocar a otros dos festivales alemanes y, en noviembre, si todo va bien, tocaremos en Brasil.

¡Qué suerte! ¿Qué esperas de Brasil?

Pues… No sé si debo esperar algo. Ya he estado ahí, tengo familia en Río. ¡Brasil tiene tantísimo talento! Además, son muy endogámicos. Pero creo que le debo algo a Brasil.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

¿Y te vas a llevar a tus músicos de gira?

Claro. Los músicos que me acompañan son los mismos que grabaron conmigo Movimento, y están afincados en Lisboa. El teclista y guitarrista portugués Marco Pombinho; Marcos Alves, que también es batería del caboverdiano Tcheka, y el italiano Francesco Valente, de Terrakota. Son buenísimos.

Pero vas a volver a Barcelona, ¿no? ¿Qué te trajo a la capital catalana?

Claro que vuelvo. Me encanta Barcelona. Vine aquí un poco a auto-recluirme. Buscaba un sitio donde estar tranquila, y como aquí tengo muchos amigos, vine a por el calor de esa otra familia. He estado un tiempo relajada y ahora estamos empezando a preparar la presentación de mi último disco (Movimento, 2013), que con suerte será para el próximo otoño. Me apetece muchísimo, porque el disco no se ha podido presentar aún en España. Así que sí, tengo muchas ganas de arrancar aquí. De hecho, antes de venir aquí estudié catalán en la universidad de Lisboa. Jamás en mi vida estudié castellano. Pero aquí, la gente se da cuenta que eres extranjera y te habla directamente en castellano. Me da mucha rabia porque al final acabo sin poderlo practicar. Pero me encanta vivir aquí.

Vas a interpretarnos el single de tu último álbum, “Tanto”. Cuéntanos de qué va. 

El single de mi último álbum salió de una actuación que hicimos en Bélgica. Fue en la ciudad de Ghent. Me impactó muchísimo la pulcritud de esa ciudad. Todo en su sitio. Jamás había visto tanto orden. Contrastaba mucho con Luanda, y en el videoclip, de hecho, quise reflejar los contrastes de Luanda.

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (II): Sátira documental

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

 

Lo acertado de disfrazar guión e historia para satirizar el dominio de las estructuras del Estado ha motivado a diversos directores africanos para proponer como personaje central la fiesta del carnaval. Es una lógica aplastante, transgresora, a veces impuesta y marketiniana, de vocabulario a pecho descubierto, al mismo tiempo que disfrazado, en una semana donde el “todo vale” queda insertado en los márgenes de la ley. En  estos días dedicados a Don Carnal queríamos acercar cuatro propuestas documentales que adoptan esta temática y la hacen propia: Angola, Bissau, Cabo Verde y Burkina.

Comenzamos en el suroeste africano, concretamente en Angola, donde la fiesta actual del carnaval fue promovida por el primer Presidente de la Angola independiente, António Agostinho Neto, celebrándose el primero en 1978. La restauración del evento tenía como ideario celebrar la nueva nación y volver a retomar los valores sociales de la población tras el régimen de Salazar. Así, el mismo Neto espetó al país: “[…] Vamos todos a trabajar más duro. Y entonces tal vez podamos organizar algo para la diversión de los jóvenes, como el carnaval. ¿Queréis carnaval o no? Así que vamos a organizar este año el carnaval”.

Directora Sarah Maldoror.

Directora Sarah Maldoror de la isla de Guadalupe.

Bajo este marco, el director y artista visual nacido en la capital Luanda António Ole, filmó Carnaval de la victoria (1978), un documental en el que quedó registrado el primer carnaval de Angola después de su independencia en 1975. Con la creación del nuevo Estado, los angoleños “encontraron las razones más populares para el reencuentro con las tradiciones y la identidad de sus poblaciones”. Es en este período que el primer presidente del país, un médico y poeta Agostinho Neto, anunció que llevaría a cabo la primera gran fiesta de la Angola independiente: el Carnival Victory. La película de Ole trata de mostrar la unidad, la alegría y la confianza del pueblo angoleño en la nueva nación y el nuevo gobierno.

Continuamos en esta pequeña muestra de películas africanas que retratan el carnaval de la mano de Sarah Maldonor, una figura central en su rol cultural como cineasta. Decía esta directora nacida en Guadalupe y considerada como la madre del cine africano, que “lo que me interesa es que las películas investiguen sobre la historia de África, porque nuestra historia ha sido escrita por otros, no por nosotros”. De esta forma nos trasporta a Cabo Verde con su película corto documental Carnaval en el Sahel (1979) y su también corto documental Carnaval en Guinea Bissau (1980).

Queríamos cerrar este homenaje al Don Carnal africano más cinéfilo con un trabajo documental contextualizado en Burkina. Aunque su artífice no es africano hemos creído interesante traer a Wiriko Carnaval de Kwen , del francés Fred Hilgemann. Kwen es un pequeño poblado en el corazón de Burkina Faso en el que cada dos años, los agricultores organizan un festival de culturas carnavalesco. La fiesta con una duración de tres días y dos noches fue filmada por Hilgemann presentando la mezcla de ritos y creencias de esta sociedad y desafiando la cohesión social y la construcción comunitaria a través de la puesta en escena de una parodia del poder. Como se puede observar en el fragmento de abajo, los ancianos son los que eligen a los jóvenes con mayores méritos para que por unos días se transformen en el Presidente del país y sus ministros de Justicia, Defensa y Agricultura. Un trabajo etnográfico reconocido y premiado en varios festivales internacionales que merece la pena ver. ¿Quién toma nota de esta propuesta de la aldea Kwen para importarla a Europa?

 


Le Carnaval de Kwen – Docu Fred Hilgemann

La música caboverdiana de Rufino Almeida (Bau)

BAU significa “baúl” en portugués, y es el nombre artístico del guitarrista cabo verdiano Rufino Almeida. Conocido por su papel de director de la Orquestra de Cesária Évora, por la canción “Raquel” del film almodovariano “Hablé con ella” y por formar parte de la rica escena musical de la isla de Sao Vicente (como la propia Cesária o Tito Paris), empezó a tocar el cavaquinho con la temprana edad de siete años, y desde entonces no ha hecho más que forjar los pilares de la música del archipiélago. Hijo de un fabricante de instrumentos, Rufino elabora sus propios artefactos y forma parte del proceso de creación de sus obras desde buen principio.

El disco que ha caído en nuestras manos (Cafe Musique, Lusafrica 2010) es una recopilación de sus seis álbumes en solitario – Tôp d´Coroa (1993), Jailza (1995), Inspiração (1998),Blimundo (2000), Silencio (2004), e Ilha Azul (2005) –  una muestra de su sensibilidad autodidacta y una selección de sus mayores éxitos.