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DJ Floro corona al gremio femenino del Afrobeat

El viernes 29 de septiembre sale a la venta el 4º volumen de Republicafrobeat, una recopilación de 12 joyas de afrobeat en clave femenina que nos llega de la mano de Kasba Music. DJ Floro, una de las piezas clave de la Asociación AfrobeatProject tanto como de la música negra en España, ha seleccionado y ahondado en este nuevo trabajo en el papel de la mujer en el estilo que popularizó Fela Kuti. Y nos presenta algunas de sus voces más representativas, sin dejar de incluir novedades singulares que honran el espíritu gourmet de este selector y su carácter de explorador infatigable.

Haciendo un recorrido geográfico por todo el planeta, esta 4ª entrega dedicada a las mujeres del afrobeat, otorga un papel esencial a las féminas africanas y a sus distintas diásporas, empezando a despuntar España de forma casi inédita a nivel mundial. Se ha querido dedicar el álbum a la mujer, siempre en la sombra, cosificadas, en este estilo, porque “las mujeres del afrobeat se han manifestado más respetuosas con el discurso original del estilo: la denuncia social y política, y lo han amplificado para reclamar sus derechos como personas, reivindicar su libertad e independencia y proteger a su familia y su tierra. Además, rechazan la mutilación genital femenina, los matrimonios infantiles forzados, la prostitución familiar e institucional, la esclavitud sexual y las violaciones masivas, la poligamia, las guerras y el constante expolio del continente“, explica la periodista musical y miembro de AC AfrobeatProject, Sagrario Luna.

El afrobeat, y la figura de Fela en concreto, ha sido una de las más internacionales de todo el continente africano. En cada memorial y festival que se le dedica, el mito crece. Aunque los más críticos con la leyenda nigeriana claman a los cuatro vientos que Fela Kuti era un misógino. Lamentablemente, es algo que persigue en la sombra a otros grandes nombres de la música como Bob Marley. Sin embargo, tanto el reggae como el afrobeat se han convertido en la banda sonora de las periferias. Emergiendo desde el Sur Global (Jamaica y Nigeria, respectivamente), han conseguido aportar discursos críticos y alternativos al neoliberalismo o el racismo, a través de nuevos sonidos capaces de romper con la hegemonía del rock o el pop más “blancos”, e instalarse en la sociedad occidental como discursos musicales arraigados. Ahora, con este recopilatorio, DJ Floro reivindica la necesidad de reconocer y pregonar la existencia del gremio femenino dentro del afrobeat y la construcción de discursos más inclusivos y feministas.

Sandra Izsadore

Una de las voces más significativas del álbum es la de la activista afroamericana Sandra Izsadore, quien conoció a Fela en Los Angeles en el 69 y del que fue amante durante años. En la canción Arewo, junto a Rahab McNeish & Dakore Egubson, que está incluida en su álbum Excerpts Of Fela Vol.1, Sandra muestra la plasticidad del afrobeat, a medio camino entre el jazz, la música más experimental, el hip hop o el r&b. Esta plasticidad se africaniza y nos imbuye a las raíces malienses nada más empezar la escucha con el tema que abre el disco: Fadjamou, uno de los cortes del nuevo e impresionante trabajo de la diva Oumou Sangaré (Mogoya, No Format 2017) – uno de los TOP 10 de Wiriko para este Veroño-.

Juventud a raudales con la nueva hornada de divas africanas y renovadoras del afrobeat, no le faltan a este trabajo. Encontramos a voces tan apetecibles como la de la sierraleonesa Sia Tolno, con su Waka Waka Woman (del disco African Woman, del que nos habló en exclusiva a Wiriko en 2014)- o la de la rompedora nigeriana con residencia en Londres, Ibibio Sound Machine (lee aquí nuestra entrevista) con uno de sus temas más pegadizos: Let’s Dance, de su álbum debut, de 2014. También nos encontramos figuras con una puesta en escena tan espectacular como la de la nigeriana-estadounidense Wunmi (a la que pudimos disfrutar en el Sauti Za Busara de Zanzibar, en 2014 – minuto 2:55-), con su futurista Keep It Rockin’.

Juno & Darrell

Y representando la comunidad afroespañola emergente, la voz de la prodigiosa ecuatoguineana Juno, de nuestros apreciados Juno & Darrell, contribuye con un delicioso tema inédito – Let’s Have a Party (We’re Going To Hell)– que se añade a los 14 cortes que han presentado su original y ecléctico álbum debut: Universo (Greenville Records, 2017). ¡Menudo melón ha abierto la pareja!

Además, DJ Floro recupera perlas imprescindibles como el Fatige del disco Welele! (Afrotropik, 2014) de la seychellense-australiana Grace Barbe; el Keep on Searching de la zambiana-danesa Karen Mukupa junto a Nappion, de su álbum Human (2012) o la energética e infecciosa pieza Bata Boy, el tema que abre el álbum Brothers & Sisters (2016) del colectivo Lakuta, formado por miembros de Kenia, Tanzania, Ghana, Malasia, España y Reino Unido.

¡Prepárense para el reinado femenino de la República Afrobeat! 

Judy Kibinge: “Las mujeres en el cine son un vehículo para mandar un mensaje”

Judy Kibige, publicada en Filme aus Afrika.

*Este ha artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

 

Creo que en muchas de las películas que podemos ver sobre mujeres africanas interpretadas por mujeres africanas, ellas suelen ser un vehículo para contar una historia que va a cambiar algo en su vida, o en la sociedad, o en el país, o en el continente al que pertenece. Creo realmente que vemos películas en las que las mujeres están representadas simplemente como mujeres, con caracteres fuertes y que son el vehículo para detener la mutilación genital femenina, la voz para hablar en contra de las violaciones, quizá contra los matrimonios múltiples o el abuso de menores. Son el vehículo para mandar un mensaje, son simplemente mujeres”, cuenta a Wiriko la directora keniana Judy Kibinge.

El número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 proclama promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. ¿De qué manera se puede llegar al pleno desarrollo si se niegan los derechos fundamentales a la mitad de la humanidad? Este pretende alcanzar las mismas oportunidades de acceso en todos los ámbitos de la vida, los educativos, políticos, económicos; así como poner fin a todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres. Y es que la mujer, en cualquier parte del planeta, vive sometida a una sociedad patriarcal que la ha situado un paso por detrás de los hombres en todas las esferas. Afortunadamente, los tiempos van cambiando en todo el mundo, algunos se dan más prisa que otros en luchar por la igualdad y, naturalmente, todos tenemos cosas que aprender de los demás.

En África, la igualdad de género ya se está dando en muchos aspectos. Y es que según el informe de 2015 del African Development Bank, aunque se ha progresado mucho en los últimos años hasta llegar a una cierta igualdad, la escolarización de las niñas, que se encuentra en un 76%, sigue siendo inferior a la de los niños, con un 81%. ONU Mujeres tiene en sus líneas de acción principales empoderar a las mujeres para impulsar las economías, eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, y liderar el cambio hacia la paridad de género en la política. Porque, aunque a nivel social aún quede mucho camino por recorrer, la representación política de las mujeres en parlamentos como los de Mozambique, con el 39% mujeres, o Ruanda, con el 64% de mujeres (la tasa más elevada de todo el mundo), pueden dar alguna que otra lección a Europa.

¿Y qué pasa en el cine? Alrededor del continente africano, se han creado distintas asociaciones de mujeres cineastas con el objetivo de estimular la formación en este arte, promover la cooperación entre las mujeres para obtener mejores productos y paliar los desafíos de la financiación, así como aumentar las posibilidades de distribución. En África oriental, la cineasta Judy Kibinge, con la que hemos podido hablar, lanzó DocuBox en 2013, una plataforma para promover la filmación de documentales. Tsitsi Dangarembga fundó la organización Cineastas Mujeres de Zimbaue en 1996, además de crear el Festival Internacional de Cine de la Mujer en 2002. En Sudáfrica también existen las organizaciones Mujeres del Sol y Mujeres en el Cine y la Televisión en Sudáfrica, por mencionar algunos de los muchísimos movimientos que existen en el continente. Y es que según nos ha contado Kibinge, “si nos fijamos en Kenia y en los nombres de los cineastas más influyentes en el país, muchas son mujeres, incluso productoras. A diferencia de Estados Unidos y quizás Europa, donde los hombres tienen el poder en este campo, en Kenia yo no veo lo mismo”.

Yo estaba en el TIFF (Toronto International Film Festival) cuando una productora de cine africano, la nigeriana Yewande Sadiku, estaba dando una conferencia con un montón de ejecutivos de Hollywood hombres, blancos y estrellas. La conferencia trataba sobre cómo recaudar fondos. No la dejaron hablar, cuando ella era la única con algo nuevo que decir y la audiencia había venido, en gran medida, a escuchar cómo había innovado en la financiación de su película Half of a Yellow Sun, basada en el libro de Chimamanda Ngozi Adichie. El público empezó a jalear y abuchear a los ejecutivos cuando fue obvio el trato que estaba recibiendo y cómo se la estaba callando. ¿Cómo se diferencia esto de cómo la mujer africana se representa en Hollywood? Es como si no existiéramos, si huyéramos de la guerra, del dolor, del hambre con un paquete con nuestras pertenencias sobre nuestras cabezas”, nos explica Kibinge acerca del tratamiento que recibe la mujer africana en Hollywood.

En el reciente estrenado canal de África de Filmin en colaboración con Wiriko, podemos adentrarnos en algunos de estos trabajos. ¿Listos para descubrir nuevas perspectivas de las mujeres africanas en el cine?


Difret

 

“Era jueza antes de fundar esta Asociación. Dejé la judicatura porque creía que todos los ciudadanos, hombres mujeres y niños debían ser tratados por igual. Lo sigo creyendo”, proclama Meaza, la protagonista de la película Difret. Esta abogada, fundadora de la Asociación Adenet que ofrece ayuda gratuita para luchar contra la violencia de género, se enfrenta al reto de defender a Hirut, una estudiante de 14 años que se enfrenta a la pena de muerte por matar a su captor tras ser secuestrada y violada. Esta película etíope del año 2014, cuyo curioso título significa al mismo tiempo “valiente” y “violación”, retrata una historia real y narra la lucha entre la modernidad y la tradición. Una tradición que, hasta antes de llevar el caso de esta joven ante los tribunales, permitía el matrimonio por rapto. Gracias a la lucha de Hirut y esta Asociación, esta práctica tradicional fue ilegalizada y penada con cinco años de cárcel. Ver en Filmin.


Moolaadé

Según Lindiwe Dovey, una cineasta sudafricana, el cine independiente ha sido siempre feminista y ha celebrado, desde sus orígenes, el poder de las mujeres. Y así lo ha demostrado el que es considerado como el padre del cine africano, Ousmane Sembene, que, en su última película producida en 2004, alza la voz contra la mutilación genital femenina y nos presenta Moolaadé (protección o derecho al asilo). En este filme, se narra la historia de Collé Ardo, una mujer senegalesa que hace unos años se negó a que su hija fuera sometida a la ablación y ahora, cuatro niñas han decidido escapar de esta tradición y acuden a ella en busca de protección. Ver en Filmin.


Wilaya

Las mujeres son mucho más que un simple cuerpo que tiene que servir al marido y formar una familia. Así se proclama en Wilaya, la historia de dos hermanas que nos muestran la vida en los campamentos saharauis de Argelia. Fatimetu, una chica española de origen saharaui, se reencuentra con su hermana Hayat en su tierra natal tras la muerte de su madre biológica. Mientras de ella se espera que retome unas ciertas normas culturales, la joven decide mostrar su valía y no resignarse al destino que les aguarda a las mujeres allí. Ver en Filmin.


Timbuktú

Timbuktú va más allá. No se trata simplemente de una película sobre mujeres ni feminismo; se trata de una historia sobre religión, política, libertad, y de cómo las mujeres encajan en ciertas sociedades. Los extremistas religiosos de Azawad se han hecho con el control de la ciudad y sus alrededores, han impuesto su fe, el terror y normas tan absurdas como la prohibición de reír, cantar, jugar al fútbol o que las mujeres muestren alguna parte de su cuerpo, incluso las manos, que tienen que cubrir con guantes. Esta galardonada película del 2014 del director franco-mauritano, Abderrahmane Sissako, nos enseña mucho más de lo que creemos saber acerca de este mundo en constante amenaza. Ver en Filmin.


Tchindas

Finalmente, nos trasladamos al carnaval de la pequeña isla de Sâo Vicente, en Cabo Verde. Tchindas es un documental que nos presenta a la comunidad gay y transexual de la isla. El título del filme lo da Tchinda, una mujer muy querida que salió del armario en 1998 en un semanario local. Su nombre se ha convertido en la manera coloquial y cariñosa de llamar a esta comunidad. A través de las “tchindas” y esta fiesta, se nos presenta un rincón de África que pocos podían imaginar. Ver en Filmin.


Y por si  la curiosidad sigue impaciente, aunque aún no los tengamos disponibles, Kibinge nos recomienda otros títulos clave sobre las mujeres en el continente africano. “Layla Fourie de Pia Marais, una directora sudafricana, es una película que realmente me sorprendió cuando la vi hace unos años porque no es nada típica. La protagonista es inteligente, trabaja como polígrafa, se ve envuelta en la muerte de un ser querido… Es una película sobre su independencia, sobre su fuerza como madre soltera, sobre el amor. Es una de las mujeres más fuertes que he visto y un gran referente para las mujeres en África. Creo también que la protagonista de mi película Something necessary, una mujer fuerte que tiene que rehacer su vida cuando lo ha perdido todo, retrata una nueva forma de mirar a las mujeres en el continente y en la que muchas pueden sentirse identificadas”.

Aún con toda esta tradición de cine africano retratando a la mujer de una forma distinta, sigue quedando mucho por hacer, pues el público al que llegan todas estas películas sigue siendo muy limitado. “Las oportunidades que tienen estas películas de ser vistas en el continente son mucho menores de las que tienen en los festivales de cine en Europa. De hecho, es vergonzoso, pero muchos de los clásicos africanos no vuelven a casa ni son mostrados a la gente por la que se supone que se han hecho. Incluso las películas de Ousmane Sembene, que quería liberar el cine y devolverlo a África, no han sido vistas fuera de su país, ni celebradas, ni ha sido el vehículo del cambio que se suponía que tenían que ser”, sentencia la directora keniana Judy Kibinge. Por esto, proyectos como el de Martin Scorsese y The Film Foundation son tan importantes.

Somos abogadas, profesoras y doctoras. Actrices, realizadoras y directoras. Madres y líderes. Tenemos nuestras propias ideas que queremos defender y voces que queremos hacer oír. Y lo estamos haciendo. Como dice Kibinge, somos mujeres.

Cinco escritoras africanas renovadoras

Leonora Miano huye explícitamente de la consideración de “feminista”, mientras que Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda que “todos deberíamos ser feministas”. Es cierto que la primera de ellas, reniega del feminismo sólo desde una dimensión terminológica. “Si el feminismo consiste en hacer valer los derechos de una categoría ultrajada, ni que decir tiene que lo suscribo”, matiza Miano, que lo que rechaza es el término como una simple etiqueta que limita y constriñe. Adichie por su parte abandera un feminismo renovador, fuera de lo común, alegre y, al menos, formalmente despreocupado. En este 8 de marzo, recordamos cinco escritoras africanas. Pretenden ser sólo cinco ejemplos (muy pocos) de todo un universo de escritoras. Son un pequeño combate contra la invisibilización.

Léonora Miano

Se ha convertido en un tiempo casi récord, en una referencia de las letras en el ámbito de habla francesa y en un valor en alza a escala global. En las conferencias en las que desgrana los principios de su escritura, esta novelista camerunesa rechaza la mayor parte de las categorías que se le atribuirían de manera habitual. Su negación de etiquetas como la de literatura africana y la de literatura feminista tiene que ver con la perniciosa capacidad que estos compartimentos tienen para poner límites. Por eso, Miano se levanta contra las construcciones sociales de género, las que atribuyen características, comportamientos y habilidades concretas a hombres y mujeres, sólo en atención a su sexo.

Más que esas etiquetas compresivas, a la novelista le gusta traspasar líneas, sobre todo, las del pensamiento. Por ese motivo, construye personajes que cuestionan frontalmente los estereotipos. En sus historias, los hombres están cargados de rasgos que se atribuiría habitualmente a las mujeres y viceversa. Miano comenta divertida estos ejercicios, pero no como un puro juego, sino como una práctica de aproximación a la realidad, en la que las categorías no son cajones herméticos.

Chimamanda Ngozi Adichie

Quizá no valdría la pena mencionar a la que probablemente es la novelista de origen africano más popular actualmente. Si a una escritora de origen africano no afecta la invisibilización, seguramente es a esta autora nigeriana. Sin embargo, si se habla de mujeres escritoras se ha demostrado en los últimos años que Adichie tiene un magnetismo especial que ayuda a poner los puntos sobre las íes sin discusión. Habitualmente sus novelas están protagonizadas por mujeres. Mujeres de carne y hueso que se enfrentan a profundas contradicciones y que proyectan la vida real de cada uno de los sectores a los que pertenecen (el matiz es importante, un solo personaje no puede ser la representación de todo un género y, en ocasiones, se ha acusado a la novelista de ser parcial en su dibujo de la mujer).

Sin embargo, entre novela y novela, Adichie ha vuelto en los últimos tiempos a encontrar momentos para hacer otra cosa que le ha servido para acercarse especialmente a su público. Las charlas convertidas en virales, comprometidas e inspiradoras, están en la base de su popularidad en el Norte global. Y, últimamente, ha unido a sus apariciones públicas, algunas actividades en redes sociales. Así se ha ocupado de lanzar una idea del feminismo fresca, renovadora, desacomplejada y poco dogmática. En la misma línea, Adichie ha hecho un alegato de una maternidad satisfactoria pero no idealizada y, sobre todo, que no implica el sometimiento de las madres. Esta reflexión pronto estará disponible en español.

Buchi Emecheta

No tendría sentido hablar de mujeres escritoras en el marco del 8 de marzo y pasar por alto a Buchi Emecheta. La autora nigeriana recientemente desaparecida ha sido para muchas personas la puerta de entrada a una concepción del feminismo que iba más allá de la visión occidental. Emecheta demostró a muchas mujeres y a muchos hombres que se puede vivir el feminismo de muchas maneras diferentes y que sólo está equivocado quien pretende que la suya no sólo la mejor, la auténtica y la genuina, sino también la única.

De nuevo, Emecheta cuestionó su inclusión en el movimiento feminista, pero lo hizo, como ya hemos señalado en el caso de Miano, sobre todo por una cuestión terminológica. Cuando ella se resistió a ser enclaustrada en esta categoría consideraba que la etiqueta no reflejaba su experiencia de la vida en femenino, por eso aseguraba que ella lo que era, era en realidad una mujer, a secas. Sin embargo, después de sus aportaciones, seguramente, muchas más personas han podido verse reflejadas en el concepto, porque a través de sus novelas lo extendió. Emecheta aportó al pensamiento y a la vida feminista un nuevo enfoque sobre la vida y la actividad de las mujeres, sobre la maternidad y la crianza. Un enfoque genuinamente cocinado en la tradición de diversas sociedades africanas y conceptualizado en su contacto con las sociedades occidentales.

Edwige Renée Dro

La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Forma parte de una joven generación de escritores y escritoras de diferentes países africanos que se han abierto paso a machete en el difícil mundo de la industria editorial. En su caso, esta autora marfileña ha desbrozado el camino a golpe de relato corto. Relatos que le llevaron a estar incluida en una selecta lista de los 39 autores africanos de menos de 40 años más prometedores. Su aparición en la antología Africa39 es sólo un hito y no sería justo reducir su carrera a ese episodio, pero sin duda ha sido el que le ha permitido darse a conocer de una manera más global.

Edwige ha empleado una segunda vía para construir su camino y una vía, precisamente, todavía poco extendida entre sus compañeros y compañeras de “profesión”. La escritora marfileña ha convertido las redes sociales en sus aliadas, por un lado, para compartir sus trabajos, pero también en una dimensión de su vida más amplia. Edwige Renée Dro no concibe su escritura alejada de su militancia y, en ese sentido, sus tuits, por ejemplo, transmiten inquietudes y experiencias, pero también esa visión del mundo que tan profundamente marca su escritura.

Warsan Shire

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Ha roto con casi todos los estereotipos. Nacida en Kenia, de padres somalíes pero residente en Londres, esta jovencísima poeta ya se ha hecho con todos los premios imaginables, pero no sólo eso, su popularidad se ha disparado de una manera absolutamente fuera de lo normal, para una poetisa de la diáspora somalí en Reino Unido. Sus poemas forman la columna vertebral del último videoalbum de Beyoncé Lemonade. Fue aparecer en los créditos del trabajo de la cantante estadounidense y ser buscada por todos lados. Antes, Shire se había destacado como una poetisa irreverente, y quizá por ello los críticos dicen que el álbum de Beyoncé es el más social y comprometido de su carrera.

A pesar de haber vivido casi toda su vida en Londres, Warsan Shire reconoce que le ha influido mucho más su vida como refugiada y que bebe de la tradición de sus padres. No se puede pasar por alto la importancia que tiene en la sociedad somalí la poesía, aunque la de Shire, sin duda, es otra cosa. La joven poetisa habla de las inquietudes femeninas, del sexo y de la intimidad, de la relación con la madre, del desarraigo y de la religión. De todo y siempre sin impedimentos, en ocasiones casi de manera atropellada. Uno de los poemas que más había trascendido de Shire, era For Women Who Are Difficult to Love (Para mujeres que son difíciles de amar), que a pesar de su delicadeza transmite un mensaje crudo y una reivindicación radical de la necesidad de independencia femenina. Curiosamente, cuando se habló en esta sección de esta poetisa, se dijo que “es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones”. Al parecer, Beyoncé se ha encargado de convertir esos versos en el himno que estaban llamados a ser. Warsan Shire está trabajando en un nuevo libro de poesías que podría ver la luz en breve.

Minna Salami: “El feminismo es la única ideología que atiende a todas y todos”

Foto: Carola Michaela Photography

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

Minna Salami (1978) es escritora y bloguera sobre feminismo y la diáspora africana, pero sobre todo, es una de las voces más reivindicativas y mediáticas dentro de la lucha por la igualdad. Desde su premiada bitácora MsAfropolitan reclama una revolución psicológica de la mujer. Es colaboradora habitual de medios como The Guardian o Huffington Post y su TEDx Talk de 2014 acumula más de 114.000 visitas. Está considerada, según la revista ELLE, como una de las doce mujeres que están cambiando el mundo. Wiriko ha tenido la oportunidad de tomar un café con ella para hablar de temas como la lucha por la igualdad de las mujeres, la política, la inmigración y otros problemas sociales.

Tras los últimos acontecimientos políticos se avecinan tiempos convulsos para la mujer y las minorías. Es en esta incertidumbre cuando la voz de Salami se alza con más fuerza y se vuelve más ácida que nunca. Una mujer con la que es difícil concretar una cita y con la que resulta más difícil aún definir su identidad con tres pasaportes distintos, pero si se insiste lo suficiente, pronto se averigua que nació en Finlandia de madre finesa y un padre nigeriano, que vivió diez años en Suecia (su tercera nacionalidad) y que también es londinense porque es donde ahora tiene su campamento base. Gracias a esa extravagante herencia biológica pronto comprendió que las cosas nunca son simples y que siempre hay algo en común, aunque a veces haya quienes prefieran resaltar las que separan.

FEMINISMO

Fernando J. Sánchez: Su formación es bastante interdisciplinar: estudiaste ciencias políticas, te especializaste en estudios africanos, luego te pasaste al marketing y la publicidad, y ahora eres una reconocida bloguera y activista feminista. ¿Qué es MsAfropolitan y cuál es su intención?

Minna Salami: MsAfropolitan es una voz que es mía. También es una voz que no es solo mía, es más grande que yo. Una voz que está en protesta contra el mundo y que no existe en ciertos lugares. Una voz que habla sobre feminismo, sobre la feminidad africana en una forma en la que antes no se ha expresado, al menos de la misma manera que ahora. También, es un espacio para explorar diferentes filosofías y expresar la mía. Quiero que a la gente que lo lea le entren ganas de cambiar las cosas, que sientan curiosidad, que es como se empiezan las revoluciones. Quiero que se pregunten si lo que tenemos ahora es lo que deberíamos de tener, o al menos, lo que queremos. Creo que mi blog puede ayudar a eso. También, quería llenar un vacío. Cuando hablamos de ideas siempre son los hombres quienes hablan sobre ello. Hay blogs sobre mujeres escritos bajo el punto de vista de los hombres. Siempre, son los hombres quienes marcan la agenda. Y mi blog está para interrumpir precisamente eso. Si estoy escribiendo algo sobre lo que tradicionalmente escriben los hombres, si es bueno, gracias a las redes sociales, se comparte y por la tanto, tú no puedes ignorar esa voz, no de la misma manera que podían hacerlo antes. Si más gente lee, más gente está informándose.

FJS: ¿Cómo describirías el feminismo en estos días?

MS:  Describiría el feminismo como una herramienta para la revolución, para el cambio global y la justicia social. Una cosa importante, feminismo no es solo una herramienta para el futuro, es el futuro en sí mismo. Tenemos que visionar en qué tipo de sociedad queremos vivir y cuando miro cualquier clase de ideología, no me ofrecen una sociedad en la que todo el mundo pueda tener su espacio. Pienso en el liberalismo o en el marxismo y no ves la voz de las mujeres. Buscas una sociedad igualitaria, pero ¿dónde están las mujeres? El feminismo es la única ideología que atiende a todos: mujeres, hombres, jóvenes, viejos, diferentes razas, diferentes clases sociales, diferentes sexualidades, a todos.

 

FJS: Entonces, ¿cómo hacer que el empoderamiento realmente funcione?

MS: Yo critico el término empoderamiento. Y vengo con un término mejor, re-empoderamiento. Pero, no es importante la forma del término ni el lenguaje. Lo importante es su significado, su esencia. Todo es volver al elemento revolucionario del término original. Empoderamiento es un eslogan publicitario que se ha quedado vacío, que es inútil. Pero, lo podríamos utilizar de forma política y revolucionaria, que es lo que deberíamos de hacer, porque originariamente lo era. Tenemos que limpiar su esencia y volver a convertirlo en un término revolucionario. Su significado original era precioso, poner el poder dentro de ti mismo. Solo hay que recordar a la gente lo que significa.

FJS: ¿Y eso no es tan fácil como parece?

MS: No, no es fácil, ese es el problema. Cuando el opresor controla tu mente, lo controla todo. El mayor problema que enfrentan las mujeres son los opresores que controlan nuestra mente, otras veces esos opresores son nuestra propia mente. Intento con mi trabajo deshacer el control de la mente de las mujeres. Recuperar tu mente. Cuando lo haces, al mirar términos como empoderamiento o feminismo con tu propia mente, lo entiendes de otra forma.

FJS: ¿Cuál cree que es el mayor reto que afrontan las mujeres hoy día?

MS: La opresión psicológica. Es muy interesante, porque las mujeres en Occidente tienen muchas libertades en comparación con la de otras partes del mundo. Tienen derecho a la educación, por ejemplo. Pueden hacer lo que quieran. Pero, la gran mayoría de las mujeres no son libres. Siguen eligiendo vidas en las que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, hacen malabares para compaginar su carrera con el matrimonio y la vida doméstica. No tienen que hacerlo, pero lo hacen. Eso demuestra la importancia de la opresión psicológica. Nos hemos centrado en que la mujer debe poder entrar en política, que debe de tener igual salario que un hombre, etc. Eso está muy bien. Pero, si una mujer no está psicológicamente liberada no puede disfrutar de todas esas libertades. Porque sí puedes tenerlo, pero si no te liberas, sigues eligiendo lo que no quieres.

FEMINISMO Y ÁFRICA

FJS: Eres especialista en África y además, eres nigeriana ¿Cómo evaluarías la situación de la mujer en África?

África es un continente muy complicado. No podríamos generalizar. Todas las mujeres africanas comparten una historia muy similar, aunque condicionada luego por la realidad de sus diferentes países. Pero, sin duda necesitamos una revolución de la mujer africana. La mujer africana es increíblemente dual. No hay ningún lugar donde encontrar una mujer tan fuerte como las que tenemos en África, pero a la misma vez, no hay ningún lugar, aparte de Oriente Medio, donde las mujeres estén tan oprimidas como en el continente africano. Soportan demasiada presión. Tenemos que seguir peleando por la mujer en África.

FJS: ¿En África el feminismo cobra una mayor importancia?

Es importante porque es específico de la mujer africana y es muy concreto debido a su herencia geográfica y biológica. Tiene particularidades debido a la raza y a las tradiciones del continente. Igual que el feminismo en América Latina o Asia también tiene sus particularidades. Pero el núcleo del feminismo es el núcleo del feminismo en todas partes, en Londres, en el Caribe y en Escandinavia. Puesto en una sola frase: lo que quiero es acabar con el patriarcado.

NIGERIA

FJS:  La situación política y social en Nigeria es también complicada. Además, con un presidente que hace declaraciones que atacan directamente a la mujer. ¿Qué opinión te merece la situación política?

MS: No hay muchas cosas positivas que decir de la situación política en Nigeria. Hay bandidos liderando mi país. Es muy patriarcal y muy corrupto. Tenemos un problema con el liderazgo político en nuestro país y problemas preocupantes que afectan específicamente a la mujer. Hay una Constitución que no otorga los mismos derechos y unas tradiciones muy peligrosas y dañinas. Hay que alzar más la voz en Nigeria, hay muchas mujeres que están haciendo eso y son muy valientes, pero necesitamos más.

FJS: ¿Necesita Europa hacer más presión en Nigeria para hacer respetar los derechos humanos? Parece que Europa muestra gran interés en África para combatir el terrorismo y cuando se trata de los otros asuntos… se olvida.

MS: El sistema no funciona. Tiene que parar. Occidente tienen que irse completamente. Cada individuo tiene que resolver su propia vida. Lo mismo con los países. Se puede pedir ayuda cuando se necesita, pero tiene que venir de forma honesta. Si viene de alguien que quiere tomar ventaja no ayuda a largo plazo. Lo que sí creo que Occidente debería de hacer es compensar financieramente por el colonialismo y la esclavitud, pero no creo que eso pase, ¿verdad? No pueden llegar a Nigeria países como el Reino Unido que dan con una mano y destruyen diez veces más con la otra. Tampoco creo que Occidente quiere realmente ayudar a terminar con el terrorismo en Nigeria. Creo que lo que sí quieren es presencia militar de alguna forma en el país, porque Nigeria es un país con muchos recursos naturales y casi todo lo que se necesita se puede encontrar en sus fronteras.

Foto: Carola Michaela Photography

ESTEREOTIPOS, RACISMO Y XENOFOBIA

FJS: Hablando de África, existen muchos estereotipos sobre el continente ¿Necesitamos más festivales como el Film Africa, o el Festival de Cine Africano de Tarifa para mostrarla como es realmente?

MS: En África no invertimos lo suficiente en cultura. Y es algo común en personas traumatizadas. Cuando eres feliz lo expresas a través de la cultura. Han esquilmado tanto el continente y maltratado tanto a su gente que la cultura es lo primero que se ha ido. Tenemos que tener más festivales y financiar más artes, pero no para mostrar nada a Occidente sino para nosotros mismos. Porque nos gusta nuestra propia cultura. Y es ahí, cuando el resto del mundo se interesará. Los festivales en Europa ayudan. Pero, me gustaría que todos esos festivales que se celebran contribuyeran también de vuelta en África, porque necesitamos construir en África, necesitamos construir el continente africano.

FJS: Ha vuelto a resurgir el racismo, la xenofobia, los nacionalismos y desde luego no ayudan para nada el Brexit y la recién nombrada administración Trump.

MS: Es vergonzoso que todavía estemos lidiando con tanto racismo y xenofobia en Estados Unidos y Europa. Tenemos toda la tecnología y la ciencia en nuestra mano, sin embargo, psicológicamente, todavía somos los hombre de la cueva. Somos totalmente primitivos y se comprueba en la forma en la que nos dividimos y abusamos de unos y de otros. Siempre me sorprendo cuando veo a gente hablar de culturas primitivas en América Latina o África y luego veo cómo se comportan aquí. Hay mucha gente que ha sido muy manipulada que ahora viven en una burbuja y no pueden ver la realidad. El adelanto tecnológico no siempre significa desarrollo. A veces, parece que disfrutamos viendo sufrir a personas delante de nosotros. Y lo permitimos.

FJS: Parece que cuesta superar el racismo

MS:  El racismo, sexismo, la xenofobia, el clasismo nunca se han ido. Nunca los superaremos hasta que cambiemos psicológicamente. Hemos cambiado instituciones y leyes, en América los negros ya no se sientan en la parte de atrás del bus, cambiamos todas esas cosas y no desaparecen. ¿Por qué? Porque no abordamos la psicología de la misma. Los niños no hablan en la escuela de por qué algunos blancos se sienten superiores, de por qué algunos hombres se sienten superiores a las mujeres. En la escuela no se tiene esa conversación. Hay que cambiar el sistema educativo, hay que cambiar de lo que están hablando los niños.

FJS: ¿Quiere decir que no estamos acostumbrados a ver negros en roles de liderazgo?

MS:  Por ese motivo, pienso que ver a los Obamas en la Casa Blanca, es muy simbólico. Ver a un hombre negro en un puesto tan poderoso y a su mujer en un puesto con tanta influencia y a sus hijas es psicológicamente inspirador para los negros y para todo el mundo porque nos damos cuenta de que todos podemos hacer lo que queramos. Una de las maneras más fuertes de oprimir es no mostrar a gente como tú en la cultura. En este caso a hombre negros.

FJS: ¿Es difícil ver a actores negros interpretando papeles principales en cine y en televisión, sobre todo, en Hollywood?

MS: Hollywood no va a cambiar. Vamos a tener que cambiar nosotros mismos. Tenemos que trascender el debate estúpido sobre la belleza africana, si es hermosa o no. Lo que necesitamos es mujeres negras creando películas y escribiendo libros y así cambiará todo, porque contaremos nuestra historia.

FJS: Y a veces, el hombre negro tiene más representación que la mujer negra.

MS: Eso tiene mucho que ver con la definición de feminidad y masculinidad. Ambas describen erróneamente. Relacionamos masculinidad con ser fuerte, viril… y ahí el hombre negro encaja en esas etiquetas y por eso tienen más exposición. Por otro lado, relacionamos feminidad con fragilidad, delicadeza, ternura… Y las mujeres negras a causa del racismo, las luchas y el sufrimiento que nuestro continente y diáspora tuvieron no tenemos tiempo para ser tiernas y delicadas. Así que la definición de feminidad no encaja necesariamente con la feminidad africana, porque la mujer africana es más compleja. Pero no me importa no tener esa exposición. No quiero mujeres negras en la portada de revistas o en películas convertidas en objetos para el placer masculino. No estamos luchando por eso. Entiendo que tiene que haber igualdad en toda las quejas pero no estamos luchando por eso. No me sirve estar solo en la portada para enseñar mi cuerpo si luego no aparezco en otra para contar algo interesante.


*Fernando J. Sánchez Jaén es periodista especializado en política internacional y afincado en Londres.

El feminismo se queda huérfano de Buchi Emecheta

Curiosamente ella misma se desmarcó del feminismo y contrapuso su postura diciendo que sólo era una mujer, alineándose así en el womanism. Sin embargo, sus historias hablaban mucho más alto que las etiquetas y, seguramente de lo que ella huía era de una clasificación concreta del feminismo, de lo que a veces se considera feminismo clásico y no deja de ser una interpretación constrictora en la que se imponen los cánones occidentales. A pesar de renegar, o más bien de apartarse con cierta modestia, Buchi Emecheta enriqueció el feminismo, lo hizo más abierto y le incorporó visiones poco extendidas. Por eso, aunque seguramente muchas personas no los saben, el feminismo se quedó un poco huérfano el pasado 25 de enero.

La escritora nigeriana Buchi Emecheta. Fuente: The Guardian (Nigeria)

Buchi Emecheta, una de las autoras nigerianas de referencia, falleció en Londres a los 72 años de edad y dejando una amplia bibliografía, pero sobre todo un ejemplo. A menudo es considerada como pionera en una literatura que por fin reflejaba los padecimientos femeninos para enfrentarlos y derribar las discriminaciones. Esa postura, ella la adoptó con naturalidad, sin aspavientos, como quien de pronto abre una puerta que todos antes hubiesen negado que existiera. Esa naturalidad de Emecheta, probablemente bebe de su propia experiencia.

Hablaba en sus novelas de los matrimonios precoces y sabía de lo que hablaba porque fue comprometida a los once años y casada a los dieciséis. Hablaba del choque de culturas con autoridad porque emigró a Londres junto a su marido. Hablaba de las desavenencias conyugales, sabiendo de lo que hablaba porque su matrimonio, mientras duró, no fue un lecho de rosas. Hablaba de las situaciones de discriminación y sometimiento a las que se ve la sometida la mujer, porque su esposo se resistió a que publicase su primera novela e, incluso, quemó su manuscrito. Hablaba de la necesaria independencia femenina, precisamente porque puso fin a su convivencia conyugal, cuando al consorte le dieron esos accesos de piromanía literaria. O hablaba de la maternidad y de la fuerza de la crianza, porque ella sola se ocupó de sus cinco hijos, cuando prefirió la literatura y la libertad al yugo de un ignorante.

Curiosamente, pronto fue considerada una “joven escritora británica” por los que no tienen reparo en atribuirse los méritos de los demás y a pesar de que es un absoluto referente, su vitrina de premios no ha estado especialmente llena. Muchas y muchos son los que descubrieron la literatura africana con Buchi Emecheta. Otras tantas y tantos, descubrieron con esta novelista nigeriana la literatura de mujeres. Y otros y otras simplemente disfrutaron de una contadora de historias capaz de conseguir que las vidas de personajes, más o menos, cotidianas reflejasen la épica de las mujeres anónimas, la lucha de la gente de la calle, la historia de las pequeñas historias.

Lo cierto es que esos escasos reconocimientos en vida, no fueron excesivamente contestados, seguramente porque la altura de la escritora estaba por encima de toda valoración y porque el apoyo de sus incondicionales ni siquiera se fijaba en tan banales homenajes. Eso sí, una vez fallecida, sus obituarios han llenado las páginas de la prensa internacional. Entiéndase este comentario simplemente como una constatación de la realidad y no como una crítica, básicamente, porque la muerte de Emecheta ha sorprendido a esta sección sin haberle dedicado ninguna reseña.

En los tiempos en los que otra autora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, se abre paso con un discurso refrescante sobre un feminismo alegre, no se puede olvidar a esa otra madrina que se atrevió a romper algunos límites, precisamente, sin estridencias y sin buscar ni esperar reconocimiento.

Como despedida me quedo con un tuit de una experta en estas disciplinas a través de la cuenta de @literafricas:

 

Tracey Rose, vídeo y performance para desafiar el ‘statu quo’

  • Autora invitada: Ana Martín Onandía

No es tarea fácil hablar sobre Tracey Rose, no sólo por la complejidad de sus trabajos, sino también por su intensa obra y su largo recorrido. Su proceso es intrincado y muchas de sus obras están compuestas por alusiones, por intertextos que crean una lectura compuesta de capas. A medida que se van descubriendo, se pasa de un primer contacto cómico, por el elemento absurdo e impactante de muchas de sus obras a una reflexión algo dolorosa surgida de la crítica punzante e inteligente de la que se sirve la sudafricana.

San Pedro V, The hope I hope, 2005

San Pedro V, The hope I hope, 2005

A través de su trabajo, de diversas intervenciones y entrevistas,  Tracey Rose se muestra como una artista audaz, franca hasta congelar sonrisas, contestataria, provocativa, salvaje, además de tremendamente consciente y comprometida con su obra. Nacida en Durban en 1974, estudió arte en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo y también cursa un Máster en Bellas Artes en la londinense Goldsmiths Collage. Ha tenido numerosas exposiciones en solitario en Sudáfrica y en países del continente europeo y americano. También ha colaborado en la mayor parte de las grandes citas de arte contemporáneo internacionales, entre los que destacan por su tempranísima edad, la segunda Bienal de Johannesburgo en 1997 o la Bienal de Venecia en 2001. Estos encuentros apenas fueron el comienzo de su carrera ya que desde entonces es una artista en continuo movimiento, con un amplio y complejo trabajo multidisciplinar donde se unen prácticas cómo el vídeo, la fotografía, el texto, la escultura, la instalación o la performance.

Rose, a menudo utiliza su cuerpo y su pelo, a través de las distintas técnicas visuales mencionadas anteriormente, para reflexionar y criticar los elementos opresores tan arraigados en nuestras sociedades contemporáneas por razón de género o etnia. Censura los dogmas que obligan a identificarse con diferentes grupos herméticos, por su hipocresía y su disfunción, ya que crean grandes conflictos de identidad en el mundo global en el que habitamos. En uno de sus primeros trabajos Ongetiteld (Untitled), vídeo realizado en 1998, la artista se graba con cámaras de seguridad mientras se depila todo el cuerpo con el fin de mostrar como ese cuerpo sin vello se encuentra en una línea difusa, difícil de encasillar por alejarse de las normas estéticas del género y como afirma la propia artista, el pelo en las comunidades afro posee gran información sobre la descendencia de los individuos. Según el escritor Percy Zvomuya, ella experimenta estos mismos conflictos en primera persona por su condición de artista internacional con diversos orígenes étnicos y que, además, vive en la sociedad del post apartheid.

Uno de sus trabajos más reconocidos es Ciao Bella, que presentó en la Bienal de Venecia de 2001. Esta obra consiste en trece personajes o arquetipos femeninos, todos ellos representados por Rose mediante disfraces hechos por ella misma. La disposición de la obra se formula alrededor de fotografías de gran tamaño y tres canales de proyección dirigidos a tres pantallas. Las fotos son retratos de los distintos personajes femeninos, constituyendo en conjunto un abanico de los diferentes roles o visiones impuestas a la mujer a lo largo de la historia. Entre ellas encontramos desde la figura de la madre más tradicional y estable,  pasando por una Lolita, María Antonieta, una Saartjie Baartman, una conejita, una sirena, una monja, hasta una boxeadora golpeándose a sí misma, entre otras. Junto a estas fotos se proyecta una video-instalación enmarcada de estilo barroco con cortinas rojas propias de los teatros, donde muchos de los personajes capturados en las fotos se agrupan alrededor de una mesa que representa la escena de la Última Cena de Leonardo Da Vinci (Sean O’Toole). Los personajes se mueven de forma absurda y divertida, desapareciendo y reapareciendo en la escena, algunos mueren a manos de la conejita, otros vuelan. Con mucho humor, este trabajo subvierte y explora los elementos judeo-cristianos que condicionan a la mujer a lo largo de la historia.

 

Otra de sus piezas punzantes y altamente subversivas hacia las instituciones promotoras del arte, es Plantation Lullabies (2008).  Esta performance deriva de una exposición en el museo de Brooklyn de Nueva York, llamada Global Feminisms (2007), a la que la artista es invitada. La ausencia de voces afroamericanas, afroasiáticas o nativo americanas, en definitiva de una verdadera representación de los feminismos globales, irrita y exaspera a la artista. Es así como se decide a hacer una presentación de ventriloquia con el título The Cunt Show (2007), sirviéndose de dos guantes-marionetas que representan a dos artistas invitadas, a través de las cuales la sudafricana desmonta la falacia del evento en una conversación entre estos dos personajes, pues según ella muchas de estas organizaciones artísticas son hipócritas al tratar temas y situaciones que no pretenden cambiar, a veces incluso llegando a perpetuar el mismo patrón de desigualdad.

En un acto rebelde, atrevido y muy potente, Rose decide ir a Jerusalén a grabar en la muralla que divide Palestina e Israel. Completamente pintada de rosa, tan sólo provista de botas, bragas de leopardo, peluca, corona y guitarra eléctrica, ésta toca malamente el himno nacional israelí. San Pedro V: The Hope I Hope (2005) termina con la imagen de la artista orinando en el angustioso y tiránico muro.

Entre sus últimas obras se encuentra White Girl Fart Factory, 2015 (La fábrica de pedos de las chicas blancas), que recorre el proceso de producción y comercialización de la mantequilla de maní, con el fin de exhibir y reflexionar sobre la opresión hacía la comunidad afro a nivel internacional, a través de la historia de este producto. Para ello, utiliza botes de “Black Cat”, una marca sudafricana de dicha mantequilla, cuya publicidad en los años del apartheid iba dirigida al hombre blanco como fuente milagrosa de poder y fuerza. Rose comienza guiándonos por su historia colocando un cúmulo de este alimento delante de un dibujo del rostro de George Washington Carver, un investigador e inventor afroamericano nacido en el periodo de esclavitud estadounidense, y que entre otros descubrimientos, se le atribuye el desarrollo de números usos del maní, como el de la mantequilla. El último bote de la instalación, contiene “el pedo de la chica blanca” (Sonia Barrett) custodiado por un gato 3D al estilo de la marca sudafricana.

 

Die wit man, 2015

Die wit man, 2015

También del 2015 es su Die Wit Man (El hombre blanco), una performance dura, necesaria y desgarradora que en palabras de O’Toole “cuestiona el supuesto panorama idílico post-racial por la desegregación de la sociedad estadounidense, la descolonización africana y la caída del apartheid en Sudáfrica”. A pesar de que esa falsa superación es sobradamente conocida y dolorosamente obvia, todavía existen muchos grupos en estas sociedades que se niegan a ver el abuso histórico en términos raciales o que se empeñan en borrarlo de la historia. Por eso, con un aspecto burlesco, descuidado y bizarro, Rose recorre las calles de Bruselas para no permitirnos olvidar. Desde un centro de arte contemporáneo de la capital belga, hasta Our Lady of Laeken, una iglesia gótica donde la familia real belga está enterrada (como relata O’Toole), la artista sudafricana grita a través de un cono de tráfico, que imita a un megáfono, el nombre de Patrice Lumumba, el primer líder congolés elegido tras la independencia del país, asesinado hace 55 años por los agentes de seguridad belgas y estadounidenses.

En la feria de arte Art Basel, Tracey Rose hace un paralelismo entre la alquimia y el arte, asegura que el artista hace magia. Por eso, en su proceso de creación desea dejarse llevar, escapar de cualquier tipo de control y agenda para encontrar su manera más pura y personal de expresión. Puede que la complicidad y el estilo caricaturesco le sirvan para sanarse y liberarse de todas esas limitaciones impuestas, y puede que también le sirvan para guiar al público hacia la herida, hacia el fondo de la cuestión sin tapujos pero con humor y sarcasmo.

Mas información y fuentes:

Chimamanda desencadena su lado más político

A estas alturas sería descabellado, o como mínimo un error de análisis y de apreciación, negar el compromiso de Chimamanda Ngozi Adichie, posiblemente la novelista nigeriana más influyente de los últimos años y una de las voces autorizadas en la industria editorial internacional, más allá de etiquetas geográficas. Su posicionamiento, por ejemplo, en el ámbito del feminismo es no sólo claro, sino además esclarecedor. Su reivindicación de la diversidad cultural y su reclamación del papel que ocupan las culturas africanas han sido una de sus señas de identidad. Sin embargo, en los últimos tiempos sus posicionamientos públicos han sufrido un cambio sustancial. Para ser más precisos, sus críticas y apoyos a figuras y derivas políticas concretas han cruzado la línea de la política institucional. Su intervención más espinosa ha sido, sin duda, la incuestionable crítica al presidente nigeriano Mohammed Buhari, que seguramente no esperaba que se le abriese una vía de agua en este flanco.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro de Nairobi. Storymoja Festival 2013.

Chimamanda Ngozi Adichie publicó en The New York Times un auténtico torpedo con forma de artículo de opinión el pasado 18 de octubre titulado “Nigeria’s Failed Promises” en el que destripa completamente el actual gobierno de Buhari. La escritora reconoce que la llegada del presidente nigeriano al poder fue un soplo de aire fresco. “Buhari fue elegido como presidente democrático y yo le di la bienvenida”, asegura antes de afirmar que “él representaba una especie de esperanza”. Se refiere a su promesa de luchar decididamente contra la corrupción y el hecho de haber sido escogido en “una elección que fue bastante libre y limpia”. Sin embargo, el recuerdo de que Buhari ya había ejercido como jefe del Estado pero en la época de los sucesivos gobiernos militares, en 1984, y el análisis de la situación desde que se hizo con la cancillería resultan demoledores.

La novelista menciona la trayectoria de Buhari en la anterior etapa y en apenas un par de frases consigue dibujar un ambiente muy similar al que transmite en su novela Medio sol amarillo. Pero lo más demoledor es el análisis de esta última etapa. Como temas estrellas, la nefasta marcha de la economía, la falta de eficiencia en su lucha contra la corrupción, las tensiones comunitarias internas del país que han degenerado en estallidos de violencia y los problemas de comunicación son, a grandes rasgos, sus críticas principales. “Hay un aire especial en el gobierno que no inspira ese ingrediente vital para una economía estable: la confianza”, afirma Chimamanda, que concluye el artículo escribiendo: “En un país enamorado del humor negro, se ha hecho habitual un saludo entre la clase media actual: ‘¡Feliz recesión!’”.

Una parte de la autoridad de la escritora en sus críticas proviene, precisamente, de su excepcionalidad. El hecho de que haya preferido no inmiscuirse hasta el momento en la política institucional, hace que cuando da el paso, sus palabras suenen todavía más creíbles. La mayor parte de la prensa internacional se ha hecho eco del artículo y una buena parte de los principales diarios nigerianos han reproducido la polémica desencadenada por las palabras de su escritora más universal. Las redes no han sido ajenas a la reprobación de la novelista. Buhari ha sufrido uno los reveses más contundentes por parte de una personalidad pública, que además de prestigio internacional goza de una considerable popularidad en el país.

La crítica al gobierno de Buhari no ha venido sola. En las últimas semanas, la actividad de Chimamanda se ha disparado. A la carta en The New York Times, se suman un texto de agradecimiento a la primera dama estadounidense, Michelle Obama, publicado el 17 de octubre en el suplemento del mismo rotativo norteamericano, el T Magazine. Y, sobre todo, un delicioso texto de nuevo sobre el feminismo.

“Dear Ijeawele, or a feminist manifesto in fifteen suggestions” es el título de un extensor texto que Adichie publicó el 12 de octubre en su página de Facebook. Aparece como una especie de carta a una amiga que le ha pedido consejos para conseguir que su hija (de sólo un día) crezca en un entorno feminista. De nuevo, la escritora nigeriana, como ya ha hecho en otras ocasiones, ofrece una visión del feminismo basado en la sencillez, sin aspavientos, una visión que, desde luego puede resultar provocadora para muchas feministas occidentales. Simplemente vale la pena leerlo y seguramente muchas madres recientes encontrarán consuelo en una forma honesta y muy humana de afrontar la maternidad.

“La mayoría de mujeres africanas que conozco no están cautivas mentalmente por el hecho de tener vagina”

“Afrohipnosónica”. Así se describe la cantante ghanesa afincada entre Accra, Nairobi, Copenhague y Nueva York: Jojo Abot. Con un sonido que representa el punto de encuentro entre África, Europa y America del Norte en pleno siglo XXI, Jojo ha conseguido, con su primer EP Fyfya Woto, posicionarse como una cantante diferente a las demás. Con él, nos demuestra que su fuerza creativa necesita de múltiples medios que sobrepasan el lenguaje musical, y nos sumerge en el mundo de la moda, el cine (donde ya apuntó maneras con Kwaku Ananse) o el diseño. Pero también nos desafía a preguntarnos por qué los jóvenes creadores africanos tienen que limitarse a ese “africanos” y no pueden ser simplemente creadores globales, como todos los demás. Y critica, muy profundamente, la imagen icónica de la mujer africana como víctima per sé.

En pleno desarrollo de un catálogo de arte multimedia centrado en su música y su arte, Jojo ha encontrado un hueco para explicarnos un poco más sobre su trabajo y su forma de ver el mundo.

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Imagen de CBC Music Canadá.

Aunque no se confiesa amante de las etiquetas, “afro-hipno-sónica” sería el mejor adjetivo para describir su música, ya que como ella misma opina: “describe un trabajo de influencia afro, es hipnótico y tiene una resonancia sonora única que se espera que pegue a un nivel más profundo y significativo”. Se trata de un estilo que mezcla influencias de todo el mundo, lenguas africanas e inglés, para expresar un mensaje universal para aquél o aquella que se sienta identificado o identificada en él.  “Mi objetivo es expresarme tan auténticamente como sea posible. Lo único que espero es que mi música resuene entre los que se identifican conmigo en todo el mundo independientemente de su nacionalidad, color de piel, clase o cultura”, explica.

No es de extrañar encontrar rasgos de cosmopolitismo tan integrados en la identidad de alguien que vive a caballo de ciudades tan dispares (al menos aparentemente) como Accra o Copenhague. “Viajar me ha abierto al mundo y me ha dado una perspectiva de la vida que es un regalo increíble. Ver como viven otros hombres, mujeres y niños de todo el planeta me ha hecho ser muy humilde en la forma en la que veo la injusticia, la libertad y el atrevimiento personal. Me ha dado una perspectiva diversa y global de la vida y me ha permitido entender que tengo mucho que aprender y desaprender. Viajar también me permite conectar con otras culturas e identidades en formas que me hacen crecer y evolucionar a diario. Es necesario salir de tu zona de confort. La idea de que puedo estar en casa en tantos lugares distintos es un tesoro que te demuestra que se puede encontrar amor e inspiración en todas partes”, cuenta desde Nairobi.

Con su EP Fyfya Woto (2015), la cantante narra, en Ewe e inglés, “la historia de una joven atrapada en una situación comprometedora con su amante caucásico en plena época de la esclavitud”. A través de cuatro canciones – una de las cuales Wiriko incluyó como recomendación para un Safari “Slow” alrededor de África-, explora temas como “el amor, el odio, el perdón, la sexualidad, la identidad y la voluntad femenina por la libertad”, explica la joven de 28 años. Un tentempié musical, esperamos, que sea la antecámara a muchos más trabajos que nos regalen su frescura y su rica creatividad multimedia.

Contra las identidades impuestas:  

Jojo Abot respeta y abraza el hecho de que cada cuál se defina de la forma en que se sienta más cómodo. Pero tiene claro como se ve a sí misma como artista: “Antes que nada soy un ser humano y mi inspiración es la experiencia humana colectiva”, dice.

Para la ghanesa, vivir en diferentes puntos del planeta no significa desarraigarse, sino más bien arraigarse en la humanidad desde diferentes puntos. Es un modo fecundo de alimentar su identidad. Una fértil forma de ser africana que queda reflejado en lo que significa la diversidad de la música africana. “Pensar que la música africana es un término utópico es bastante ignorante y poco profundo. Creo que todos podemos sentirnos orgullosos de nuestros orígenes estando influenciados por la estética global. Aquellos que deseen que su música se etiquete como “música africana”, que lo hagan con orgullo, yo nunca cuestionaré ese hecho. Aunque sea, a veces, un término restrictivo, hay casos específicos en los que encaja perfectamente”.

Pero si algo molesta a la artista, es la rigidez mental a la hora de concebir la feminidad. Si bien estamos acostumbrados a concebir a la mujer, en general, pero más en concreto a la africana, como cosificación en el mundo del arte o simplemente como víctima de abusos o al mero cargo de “los cuidados” cuando hablamos de ella en los medios, Jojo Abot se muestra muy crítica con el hecho de victimizar a las mujeres africanas por el mero hecho de ser mujeres y africanas:

“La mayoría de mujeres “africanas” que conozco no están cautivas mentalmente por el hecho de poseer una vagina. De hecho la mayoría de mujeres de mi familia han hecho el trabajo del hombre y de la mujer de forma impresionante toda su vida. Creo que existen presiones sin importar qué o quién eres. Es nuestra responsabilidad el existir más allá de esto y prosperar. Ahí es donde recae el poder real. No compréis todos estos estereotipos e ideas que promueven aún más la ignorancia y el pensamiento limitado. Ser mujer y ser africana no son las peores cosas que me han pasado a la vida. De hecho, estas identidades me hacen sentir orgullosa”, confiesa.

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Jojo Abot, por Sarah Waiswa.

Enmudecedora en sus réplicas, se muestra cansada de tener que hablar siempre sobre el hecho de ser mujer y africana como un binomio que cae siempre bajo los mismos encasillamientos absurdos: indefensión, vulnerabilidad, sometimiento, dependencia… “Para ser honesta, estoy frente a desafíos que van mucho más allá de ser una mujer. Hay un millón de razones por las que podría ser un fracaso, ser mujer, ser negra, ser africana, ser natural, ser humana… ¿Debo detenerme en cada uno de estos términos? No. Me parece agotador. No estoy diciendo que debemos ser ignorantes de la realidad, sino que cambiemos el enfoque y tengamos conversaciones reafirmando lo positivo en vez de hacer hincapié en cada una de nuestras diferencias y supuestos puntos débiles. Prefiero resaltar nuestros puntos fuertes”, subraya.

Y se lamenta: “A veces siento que, al centrar tanto nuestras conversaciones sobre la mujer nos desconectamos de la energía masculina, que las mujeres también poseemos. El feminismo no puede ser un discurso desde un solo género, porque por desgracia, el valor de una mujer siempre se verá afectado por los puntos de vista de un hombre. El balance para mí, personalmente, radica en poseer tanto mi masculinidad como mi feminidad con orgullo. Debemos encontrar nuestra dignidad y fuerza en lo que somos más allá de nuestro color de piel o nuestro género. Encontrar la fuerza en nuestro humano interior, porque todo lo demás es una ilusión cambiante y yo me niego a estar encadenada a ella o a dejar que ella me defina”.

¿Qué piensan de la belleza las mujeres negras del mundo?

Seguramente el impulso (llámalo machismo) se adueñe de tu mano y termines por tropezar antes de acariciarle su pelo. Pero sí. Lo has palpado. Y es afro. Y rizado. Y esponjoso. Como sin permanente pero manteniendo ese volumen que te resulta tan extraño: Wow! It’s amazing! De forma semejante alguien podría interpretar que la protuberancia que sobresale de tu estómago y lleva enganchada una camiseta de algodón blanco es una de esas rarezas fílmicas de Tim Burton y que posee propiedades curativas. Pero no. Se llama michelín. Sobrepeso. Y este segundo supuesto es ficción porque fuera de cámara es osado violar esos espacios de intimidad. Aunque la mujer, cosificada por la publicidad, la política y la economía, sea un asunto para la sobremesa.

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El 8 de marzo de 1908 unas 40.000 costureras de muchas de las fábricas textiles de Estados Unidos se pusieron en huelga haciendo tambalear al país. Reclamaban la igualdad de los derechos con el resto de la plantilla, reducción de la jornada laboral, derechos sindicales y el cese de la explotación infantil. Su grito ardió junto a más de 120 mujeres en la Cotton Textil Factory, en Washington Square, Nueva York. La jornada acabó en tragedia y desde entonces este día se conmemora la lucha de todas las mujeres del mundo. Más de un siglo después la lucha continúa. 109 feminicidios y asesinatos fueron cometidos en 2015 en España y solo en lo que va de año la cifra es de 19, según informa la página feminicidio.net. Necesitamos aire.

Este es un contexto agudo. Pero es la punta del iceberg. Bajo el agua se esconden toda una serie de dinámicas que son homologadas, aceptadas, confirmadas por la sociedad: “Venga, mujer, no te pongas así. Tampoco es para tanto”. En todo caso, no lo será para ti (imbécil).

En la serie documental Pretty (bonita) la bloguera y realizadora nigeriana-estadounidense Antonia Opiah nos acerca hasta el momento en 19 capítulos -que oscilan entre los 4 y 7 minutos- a los feminismos negros desde la estética y la moda fashion. Parece complicado. Pero lo consigue al explorar las relaciones que las mujeres negras de todo el mundo tienen de sí mismas y cuestiona esos espacios que tienden a favorecer a los arquetipos de belleza eurocéntricos. La serie, que se lanzó a comienzos de 2015 plantea la pregunta “¿qué es bonito?” a un elenco diverso de mujeres que comparten abiertamente su reflexión en Nueva York, Londres, París, Milán o Tel Aviv.

Ophiah lo expresa de la siguiente manera: “La raza, a pesar de que es una construcción social, influye en las percepciones de la belleza, tanto como la geografía. Para entender realmente un problema debemos observar cómo se cruza con otros factores como la clase. Pienso que las mujeres de todo el mundo serán capaces de verse a sí mismas en las entrevistadas y en los momentos en los que no puedan hacerlo o no puedan relacionarse, estarán aprendiendo algo nuevo”, subraya la realizadora.

Esta pregunta a nivel global puede proporcionar nuevas perspectivas y enriquecer un diálogo a menudo centrado en occidente. De hecho, en uno de los últimos capítulos, la protagonista, Gloria, de 19 años explica sus vivencias acercando mapas y fronteras. Ella se mudó junto a su familia desde el Congo a Israel cuando tenía 6 años debido a uno de los numerosos conflictos que han sacudido al epicentro del continente africano. En la entrevista se expresa en hebreo e inglés y manifiesta que vivir en Israel no ha sido fácil pero que tiene un motivo por el que continuar la lucha: abolir las estructuras raciales y patriarcales.

Hoy 8 de marzo, además, es un día especial: se podrán observar un eclipse solar, una superluna y a Júpiter a simple vista. El cosmos ofrece pistas, cambios sustanciales y como Ophiah sigue en movimiento para abrirnos los ojos y colocarnos unas buenas gafas color violeta.

Entre cine y literatura: ¿Qué viven las mujeres de África?

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Amalia López Flores

Existe un consenso más o menos generalizado en torno a la premisa que sostiene que “el libro siempre supera a la película”. Se suele olvidar que cine y literatura son dos lenguajes diferentes que ocupan espacios propios en el mundo del arte. No obstante, los ejercicios de traducción intersemiótica que transforman un código como el literario en otro diametralmente opuesto, prueban la fuerza creadora de este tipo de simbiosis. La cinta La noire de… (1966) del senegalés Ousmane Sembène y la novela Matins de couvre-feu (Le Serpent à Plumes, 2005) de la marfileña Tanella Boni recogen en tiempos, espacios, códigos y soportes distantes entre sí, unas ideas tan compatibles que su convivencia conlleva una influencia mutua positiva, pues una obra refuerza los planteamientos de la otra y a la inversa.

Fragmento de la película "La noire de..." (1966), del director senegalés Ousmane Sembene.

Fotograma de la película “La noire de…” (1966), del director senegalés Ousmane Sembène.

Al sur del Sahel y en dos momentos claves para la historia contemporánea africana se desarrollan las vidas de dos mujeres con muchos paralelismos. En los años sesenta, el África francófona se agita con el fulgor de una “independencia” que toma pseudónimos de la talla de la françafrique en Costa de Marfil. Mientras tanto, en la primera década de los 2000, estos países se revuelven para intentar redefinir su identidad en el seno del neocolonialismo.

En los años sesenta, la recién conquistada independencia del África francófona se tiñe así de políticas de asimilación que empañan la nueva realidad. Diouana, la protagonista de Sembène, emprende un camino que la lleva a experimentar en primera persona este desengaño. La noire de…, que nace de un relato corto del mismo director, desgrana la “colonización a la inversa”[1] de esos años. Una negra de cualquier rincón de África, sin más posesiones que una pequeña maleta de cuero y un gran saco de aspiraciones, viaja a Antibes para trabajar cuidando a los niños de su patrona. No es casualidad que por aquella época una joven Nina Simone cantara el Ain’t Got No, I Got Life.

Sin embargo, la vida no es suficiente; el trabajo que le espera se aleja de lo prometido, pues se ve obligada a desempeñar el papel de sirvienta sin salario ni libertad de movimientos. De esta forma, la migración se vuelve una nueva forma de la antigua colonización.

Por su parte, la protagonista femenina de Matins de couvre-feu revive la edad dorada de la independencia echando la vista atrás en un recorrido por su historia familiar. En las dos obras se puede observar que el clima de perplejidad que caracteriza estos períodos se distingue por la súbita pérdida de identidad del pueblo que ya no puede mirar hacia atrás ni hacia adelante sin encontrarse con el fantasma colonial. Frantz Fanon dijo que “el alma negra es una construcción del blanco”[2], frase que resume a la perfección el doble sistema de opresión que sufren desde la independencia hasta nuestros días las mujeres de estas historias. Son la opresión por raza y la opresión por género.

El poder que reside en estas mujeres sólo se percibe gracias a la técnica del monólogo interior. El empleo de este recurso formal en ambos casos acentúa el contraste entre lo que estas mujeres dicen y aquello que piensan. No se trata de un uso arbitrario del estilo; detrás se esconde la ley del silencio a la que se ven sometidas todavía hoy muchas mujeres africanas. La negra de ningún lugar de Sembène y la protagonista anónima de la novela de Boni deben callar frente al opresor: la patrona blanca y el líder negro de las fuerzas progubernamentales. Para ambas, la situación se ha vuelto claustrofóbica. Diouana, que soñaba con disfrutar de los lujos del país galo, vive enclaustrada en la casa francesa de sus jefes. La protagonista de la novela también se ha visto reducida por un arresto domiciliario entre las cuatro paredes de su casa. La confinación de las mujeres en la esfera doméstica no les otorga, pese a ello, un espacio propio y solo en sus pensamientos obtienen la privacidad.

Olympia (1863) fue una obra del pintor francés Edouard Manet, uno de los precursores del movimiento impresionista.

Olympia (1863) fue una obra del pintor francés Edouard Manet, uno de los precursores del movimiento impresionista.

Cuando las mujeres africanas de estos relatos toman la palabra, si bien desde el silencio, encuentran una liberación. En contraste, cuando sus opresores hacen uso de ella la palabra adquiere un poder performativo. En las dos obras se repasan las relaciones heterosexuales entre africanos, así como las que nacen de una jerarquía de poder socioeconómico, donde el esclavo y la mujer normalmente comparten el escalón más bajo. Todo esto a su vez se ve permeado por los mimbres del neocolonialismo. He ahí la complejidad de las relaciones que establecen las protagonistas.

Desde sus prisiones, no obstante, ambas encuentran la manera de desafiar la injusticia: en el cine se puede observar el magnífico plano de la senegalesa en tacones por el salón de la francesa, y entre las páginas aparece una mujer fuerte que se inventa un negocio de zumos desde casa. Las dos retan la división sexual del trabajo y, por tanto, se dignifican. En Occidente ya en el año 1969 las feministas radicales traducían estas y otras tantas situaciones en una sola frase: “lo personal es político”. La politización de lo doméstico se hace así inevitable. En el contexto africano además, la reclusión que viven las dos protagonistas se liga a una maternidad intrínseca (cuidar a los niños de otro) que pone sobre la mesa dos de los grandes temas de los feminismos africanos: maternidad y sororidad (pacto asumido por las mujeres para disminuir la brecha entre su condición y la de los hombres).

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Fotograma final de la película “La noire de…” (1966), del director senegalés Ousmane Sembène.

Si el presente en el continente africano sigue pareciéndose a lo que describía la tunecina Hélé Béji en su obra El desencanto nacional (La Piedra Lunar, 2015), es decir, un mundo resquebrajado entre tradición y modernidad, el futuro deberá ser más bien un lugar desde donde los propios africanos (y no solo sus jefes de estado) desarrollen un habitar propio. Entonces habrá tiempo y espacio también para las africanas. La escena final de la película de Sembène es premonitoria: la madre de la protagonista y su hermano pequeño llenan la pantalla. Hay aquí un símbolo con el que mirar al pasado (la madre) y otro, al futuro (el niño). Este último además porta una máscara, signo de la tradición y los ancentros.

En África, no se puede mirar hacia adelante sin recordar a los ancestros y antepasados. Las mujeres africanas trazarán su camino por medio del reconocimiento a la madre y el derrumbamiento del odio hacia sus iguales. Por eso, la sororidad aparece como una de las propuestas más prometedoras para un futuro en el que las africanas, como las protagonistas de esta historia, obtengan por fin el espacio para respirar.

[1] Louise Bennett titula así uno de sus poemas: http://www.thenewblackmagazine.com/view.aspx?index=1377

[2] FANON, Frantz (2009): Piel negra, máscaras blancas. Tres Cantos (Madrid): Akal.

Feminismo, feminidad y naturalidad

Chimamanda Ngozi Adichie es, posiblemente, la escritora contemporánea con más proyección internacional. Es un estatus difícil de cuantificar, pero los resultados de ventas de sus libros, la trascendencia de sus apariciones y, sobre todo, el hecho de que su nombre resulte familiar cada vez a más personas, avalan esta situación. No hay duda de que sus novelas, desde La flor púrpura, hasta la más reciente Americanah, le han hecho un hueco a Adichie en el panorama editorial universal. Sin embargo, lo que ha permitido que su nombre resuene entre el gran público ha sido un discurso, una conferencia o, más bien, un relato oral. El archiconocido “El peligro de la historia única”.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Yvonne Adhiambo Owuor y Chimamanda en la Fiesta del Libro.

Después de esa intervención convertida en video viral, que sólo en la página oficial de las conferencias TED tiene casi diez millones de reproducciones, Chimamanda Ngozi Adichie volvió a subirse al escenario de TEDxEuston en 2012. En ese momento, su conferencia sobre los estereotipos africanos estaba en pleno apogeo y quizá por eso, esa segunda ponencia tuvo menos repercusión. Por eso, y por el tema del que trata esta exposición. El título lo dice todo: “Todos deberíamos ser feministas”. Y en el propio discurso la escritora nigeriana lo deja muy claro. “No es fácil tener conversaciones sobre género. Ponen incómoda a la gente y a veces la irritan. Tanto hombres como mujeres se resisten a hablar de género, o bien tienen tendencia a restar importancia rápidamente a los problemas de género. Porque siempre incomoda pensar en cambiar el estado de las cosas”, escribe la autora. Ahora esa conferencia, ese relato oral ha sido transcrito, traducido y publicado como un diminuto y delicioso libro por Penguin Random House Grupo Editorial.

Tanto “El peligro de la historia única” como este “Todos deberíamos ser feministas ha demostrado la capacidad oratoria de la escritora, lo que la convierte, en realidad, en el perfil completo del autor de la tradición de la que procede. Las habilidades narrativas de Adichie no se limitan a sus novelas, aunque sí que son el espacio en el que más se despliegan.

En el relato que leemos en Todos deberíamos ser feministas, la escritora dibuja un retablo de situaciones que demuestran la desigualdad a la que hacen frente las mujeres sólo por su condición de ser mujeres. “De forma que, en un sentido literal los hombres gobiernan el mundo”, dice la escritora. Y a través de experiencias propias de las referencias a diálogos, de las experiencias propias, de la amiga que se sacrificó por salvaguardar su matrimonio, o de aquella vez en la que fue interrogada en un hotel de lujo “porque es impensable que una mujer nigeriana pueda ser una clienta que paga su habitación”, o muchas otras escenas que configuran el mundo en el que “la situación actual en materia de género es muy injusta”.

todos deberiamos ser feministasUna de las afirmaciones que más ha calado de este relato es aquella en la que la autora se define como “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma, no para los hombres”, para matizar todas las connotaciones negativas de “feminismo”. “Odias a los hombre, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estas enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante” parece decir, según Adichie, la autoafirmación del feminismo. Por ese motivo, ella reclama el significado de la palabra, sin connotaciones, sin sobreentendidos. Un feminismo sin complejos que incluye la naturalidad incuestionable de que hombre y mujeres deberían tener los mismos derechos y las particularidades que cada uno quiera añadir a su forma de entender los géneros. “El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente”, advierte la escritora. Y por eso, ella misma se pone a la cabeza del cambio. “Estoy intentando desaprender muchas lecciones de género que interioricé al crecer”, confiesa, para luego asegurar: “He decidido no volver a avergonzarme de mi feminidad. Y quiero que me respeten siendo tan femenina como soy”.

Y es que las historias que va apuntando Chimamanda en su relato describen un rasgo común de la actual educación de género: el hecho de que constriñe a las niñas, pero también a los niños. “Definimos la masculinidad de una forma muy estrecha. La masculinidad es una jaula muy pequeña y dura en la que metemos a los niños”, afirma la escritora nigeriana. En su reclamación de un cambio, la escritora no busca culpables. Si la respuesta de algunos es “la mujer están subordinadas a los hombres porque es nuestra cultura”, ella recuerda que “la cultura nunca para de cambiar”. Porque con su habitual capacidad para romper tópicos, muchas de las experiencias que menciona Chimamanda tienen como protagonistas a mujeres norteamericanas. “El género importa en el mundo entero”, avanza la escritora, “y hoy me gustaría pedir que empecemos a pensar un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y honestos consigo mismos”.

Chimamanda Ngozi Adichie ha cimentado un cambio de la imagen de África en un público que ni siquiera se había planteado que tuviese estereotipos sobre el continente. Quizá con Todos deberíamos ser feministas empiece a hacerse cuestionar esta realidad a aquellos que ni siquiera se habían planteado la discriminación.

Difret: el coraje de las mujeres en la sociedad etíope

 

Basada en la historia real de Hirut, una niña de 14 años secuestrada antes de casarse según la práctica de la “Telefa”, la película Difret, primer largometraje del director etíope Zeresany Berhane Mehari, ilumina esta tradición predominante de las zonas rurales de Etiopía y muestra la indefensión de los derechos de mujeres y niñas. Un trabajo con un mensaje edificante aunque en términos narrativos algo agridulce.

Difret

La abogada Meaza Ashenafi (interpretada por Meron Getnet) es cofundadora de la organización no lucrativa Ethiopian Women Lawyers Association en la capital de Addis Abeba, Etiopía, y ofrece asesoría gratuita a las mujeres y a los defensores de sus derechos. La necesidad de este tipo de activismo es aún mayor en comunidades remotas como la de Hirut, interpretada por Tizita Hagere, que vive en una granja familiar.

Difret, que en lengua amárica significa coraje, comienza aquí. Un día de escuela soleado donde le comunican a la joven que pasará de curso por sus excelentes calificaciones. Pero la música y los planos ralentizados presagian la tragedia camino de su casa: es secuestrada por siete hombres armados a caballo, encerrada en una cabaña y violada esa misma noche por su “pretendiente”. Al día siguiente logrará escapar algunos metros con el fusil de su violador pero será alcanzada y acorralada en el bosque. La escena se resuelve en un guión premeditado: la pequeña Hirut termina matando a su violador de un disparo certero a bocajarro.

Desde aquí la película muestra dos realidades que comulgan en un mismo espacio. Por un lado, se encuentra la tradición local que es representada bajo una acacia en el pueblo de Hirut. El líder del consejo de sabios reúne a las dos partes afectadas –el padre del fallecido y el padre de Hirut– así como a todos los hombres, incluido el maestro de la escuela que ofrece un punto de vista transgresor. Fuerzas progresistas contra los defensores de la tradición. Un grupo ve el disparo como autodefensa, el otro como un asesinato que merece la ejecución de la ley del Talión.

En el polo opuesto el director Zeresany Berhane muestra el Estado moderno donde la burocracia se encarga de deshumanizar el proceso al que se está viendo sometida una adolescente de 14 años malherida y a la que se le niega la asistencia sanitaria por ser acusada de “asesina”. El sesgo crítico de Berhane es evidente al retratar a una sociedad profundamente machista en la que la figura de la mujer es reducida a una mera esencia formal. Una silueta desdibujada bajo los formalismos de la ley.

El matiz interesante es observar cómo a pesar de que la tradición se ha pervertido y permitido a los hombres no sólo raptar a las mujeres como práctica habitual antes del casamiento sino también justificar la violación, la justicia es dirimida en dos esferas irreconocibles: en un plano local y micro, y en un plano estatal donde los vínculos políticos y económicos tienen un poder decisivo.

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A pesar de que las imágenes de la cosmopolita y poblada ciudad de Addis son escasas más allá de alguna calle transitada en colores pasteles, es el contexto donde Maeza lucha. Una heroína que mantiene un combate contra la sociedad machista donde se ha criado. Sin embargo, su personaje en algunos momentos padece de falta de rigurosidad realista como se observa en una acción en la que intermedia por una mujer que es agredida verbalmente y físicamente por su marido. Maeza le espeta que perderá su trabajo si vuelve a golpear a su mujer subrayando la indignidad diaria a la que se ven sometidas las mujeres. Lo más convincente es la gama de los detalles sociales: la vestimenta occidental de Meaza, su diálogo desafiante contra la tradición y su vulnerabilidad ante las decisiones de un antiguo juez y amigo ya que “el peligro” de ser mujer es un trasfondo dramático que nunca desaparece en la película.

Además de ser una pieza sociológicamente importante por la que ha apostado su productora ejecutiva Angelina Jolie (que sin duda, ha ayudado a difundir el mensaje) Difret es también una historia sobre el fin de la inocencia y sobre cómo actos de fracciones de segundo crean cambios irreversibles. Entre 1995 y 2002 la organización de Maeza ayudó a más de 30.000 mujeres y niñas y el matrimonio por rapto fue ilegalizado y castigado con 5 años de prisión después del caso de Hirut. Maeza Ashenafi fue galardonada con el Premio África en 2003 y actualmente vive en Etiopía luchando contra la tradición de los secuestros. Precisamente hace un año saltaba la noticia que Tejnesh Leweg’neh, de 15 años de edad, de la región norte de Shoa, fue secuestrada por tres hombres en su camino al mercado. Ellos trataron de obligarla a aceptar casarse con uno de ellos, ella se negó y, un día después, la empujaron a un precipicio. Ahora Tejnesh está paralizada de cintura para abajo.

 


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