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Songhoy Blues: “la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor”

Songhoy Blues es una de esas bandas con una historia digna de ser contada. Originarios del norte de Mali, Garba Touré, Aliou Touré y Oumar Touré, que no tienen ningún tipo de parentesco a pesar de su apellido, se conocieron en Bamako como exiliados después de que, tras la rebelión tuareg de 2012, Ansar Dine, grupo extremista vinculado a AQMI, tomara el control de la región y prohibiera la música a sus habitantes. Con la idea de mantener viva la tradición musical Songhai del norte del país tanto para ellos como para los demás exiliados, se juntaron y empezaron a hacer conciertos en las salas de Bamako. Con el tiempo se les unió el baterista Nathanael Dembéle y juntos, publicaron su primer álbum en 2015 llamado Music in Exile, a la vez que protagonizaban el documental They will have to kill us first. Este año ha visto la luz su segundo álbum Résistance y hemos podido conversar con Aliou Touré, cantante de Songhoy Blues, días antes de sus conciertos en Madrid y Barcelona en el marco de la gira mundial del grupo.

N.L: Conociendo la historia de Shongoy Blues y después de veros en el documental They will have to kill us first, ¿que se siente como músico cuando la música se prohíbe?

Como músicos ha sido un golpe muy duro, sobretodo teniendo en cuenta la importancia de la música en la cultura de Mali. Venimos de un país en el que la música está incrustada en el tejido social y cultural, e impregna la vida diaria de las personas. La prohibición de la música nos metió de lleno en una realidad muy difícil de soportar. La música es nuestro trabajo, pero también nuestra vida, nos quitaron una parte muy importante de nosotros, una parte de nuestra alma.

N.L: ¿Habéis vuelto al norte de Mali desde entonces?

Sí, por supuesto. Hemos podido volver y cuando no estamos de gira vamos a visitar a la familia.

N.L: Résistence es el título de vuestro nuevo álbum. ¿Os referís a vosotros o al conjunto de vuestro país?

Buena pregunta. Nosotros, personalmente, como grupo y como personas que hemos vivido una situación difícil, hemos resistido y seguimos resistiendo, pero no olvidamos que somos portavoces, mensajeros de nuestro pueblo, un pueblo que también resiste, todo el mundo en Mali ha resistido y resiste a las dificultades del país. De algún modo, este nuevo álbum es una continuidad respecto a nuestro álbum anterior (Music in Exile, 2015), entre lo que pasó en Mali en 2012 y lo que sigue pasando hoy en día en el mundo. Es algo que no concierne únicamente a Mali, ni a África, concierne al mundo entero, debe ser una resistencia global.

N.L: ¿De qué hablan las canciones de vuestro nuevo álbum?

Lo que queremos transmitir principalmente es la resistencia ante las situaciones difíciles, también de la vida cotidiana. Todo el mundo sabe que en Mali la vida es difícil, pero intentamos salir adelante a pesar de ello. Hay que tener en cuenta el lado bueno de las cosas para vencer el miedo. En Bamako, por ejemplo, a pesar de las dificultades, si sales por la noche hay mucho ambiente, mucha música, la gente tiene ganas de celebrar la vida e invitar a todo el mundo a estar unido, independientemente de las diferencias de etnia, color, cultura o de la lengua que se hable, y también queremos transmitir ese ambiente festivo en nuestras canciones, como por ejemplo con el tema Bamako.

N.L: ¿Cómo ves el futuro de Mali?

Hay que plantearse las cosas, ver qué es lo que no ha funcionado y lo que sí ha funcionado. Ser conscientes de lo bueno y de lo malo, hablarlo. Prefiero ser positivo en cuanto a nuestro futuro y el de nuestros jóvenes, tenemos que serlo. Y quiero ver un país que sale adelante a pesar de todo.

N.L: ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Songhoy Blues?

Tenemos varios proyectos en Mali, pero de momento nos concentramos en nuestro rol de embajadores de nuestra música y nuestra cultura. Nos tomamos muy en serio este papel y el mensaje que queremos hacer pasar con nuestro trabajo.

N.L: ¿Cuál es exactamente ese mensaje que os gustaría que llegara al público?

El mensaje más importante es que la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor sin importar la cultura, el idioma o la religión de cada uno. Queremos que la gente sonría al escuchar nuestra música, que disfrute. En nuestros conciertos es la sonrisa del público lo que buscamos y lo que queremos ver.

Derek Gripper: “Escuchar ‘Kaira’ fue como encontrar el santo grial”

Hace casi 30 años el virtuoso de la kora, Toumani Diabaté, lanzó su primer álbum en Occidente. Un trabajo en solitario titulado “Kaira”. Cuando el guitarrista sudafricano Derek Gripper escuchó el disco, su búsqueda finalizó. No sabía que rastreaba pero lo había encontrado.

“Estoy entre dos culturas en cierto modo. Aprendí a tocar música clásica pero vivo en un lugar que cuenta con un elemento trascendental. La música que exploraba con anterioridad eran los sonidos del Cabo pero echaba de menos otras músicas. Y de repente escuché a Toumani y me dejó sin palabras”, explica Gripper en una charla con Wiriko en Londres.

Y comenzó un largo camino. Gripper es una esponja musical. Absorbe y su currículo lo ha trasladado a aromas, paisajes y sonoridades ricas y diversas. Buscó los sonidos de la India en su álbum “Rising” junto al trompetista Alex van Heerde y se sumergió en la música tradicional pakistaní y afgana en su colaboración con Udai Mazumdar. Se atrevió con Bach y en 2014 tomó los temas de Egberto Gismonti para indagar en la música brasileña. “Kaira” abrió las puertas de un proyecto sin embargo mastodóntico. La misión de Derek Gripper fue la de crear un repertorio para guitarra basado en las composiciones de los grandes músicos africanos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko y Ali Farka Touré. La traducción musical de la kora, el instrumento de 21 cuerdas del África occidental, a las 6 cuerdas de su guitarra acústica parecían imposible. Pero Gripper se empeñó y el resultado de su disertación sonora fue el disco One Night on Earth: Music from the Strings of Mali publicado en 2012.

Al principio Gripper reconoce que aprendió a reproducir los sonidos de la kora pero no entendía la complejidad de las composiciones. Comenzó a escribir los acordes y partituras en interminables horas de práctica pero la dificultad era hacer que la guitarra replicase a la kora.

“En “Kaira”, Toumani Diabaté grabó Jarabi y 20 años más tarde en las “Mandé Variations” toca Cantelowes. Descubrí que eran la misma pieza. Comprender que las composiciones no eran improvisadas fue como encontrar la Piedra Roseta”, explica Gripper quien al transcribir ambos temas vio cómo Diabaté sólo había cambiado el orden. “Me llevó 10 años para acceder a Toumani y pensar su música de una forma correcta. La manera de la que hablamos de su música es con un el mismo léxico que aplicamos al jazz o al rock pero hay que pensarlo como un compositor”.

El trabajo de Gripper ha desmontado la burbuja purista de la música clásica. Interpreta, que no versiona, temas populares. “No pensamos que Glenn Gould toca una versión cuando toca a Bach. Pensamos que lo está interpretando”, apunta. Gripper explica que en la actualidad hay intercambios musicales que no pueden ser ignorados como el de Ballaké Sissoko y Vincent Segal. “Ellos rompieron la barrera entre la música clásica y la popular o llamada música del mundo. Es muy difícil que en recitales de música clásica haya participación de músicos populares”.

Pero Gripper está en una misión de celebrar a los grandes de la música africana y los ha llevado a nuevas audiencias. “Desde el punto de vista musical, Toumani Diabaté es un compositor como se denominaría en la música clásica. Los malienses aprenden a través de grabaciones y así lo hizo Toumani de su padre. Bach habría grabado sus composiciones si hubiera podido. Pensamos que una partitura es como algo que otorga superioridad pero es simplemente una manera más de anotar una composición. Ahora un estudiante graba sus clases en un teléfono móvil”, explica.

Toumani Diabaté escuchó las interpretaciones de Gripper. Le preguntó a su productora Lucy Durán si aquello era solo una guitarra tocada por un hombre. Ante la afirmación de Durán, el maliense invitó a Gripper a viajar a Malí por primera vez y tuvo la oportunidad de tocar en el Festival de Festival de Música Acústica de Bamako. El guitarrista sudafricano ha continuado con su estudio de la kora y con su álbum “Libraries on Fire” incluyó también composiciones de Sekou Batourou Kouyate y Amadu Bansang Jobarteh. “Mali on Oak” es su último trabajo hasta la fecha y es una colaboración con el músico Tunde Jegede.

Vieux Farka Touré: “con la música intentamos poner el nombre de Malí en el mundo”

Vieux Farka Touré en una fotografía promocional / Foto: Christophe Losberger

Hundido en un sofá de cuero burdeos, Vieux Farka Touré sonríe y responde a la batería de preguntas. La conversación tiene lugar en los camerinos del Jazz Café de Londres, lugar elegido para hacer sonar por primera vez su último disco, “Samba”. La gira de presentación llega ahora a España con dos conciertos, hoy en Madrid y mañana en Bilbao.

El apellido, es hijo del mítico Ali Farka Touré, no ha intimidado a Vieux que ha curtido una carrera enraizado en lo que mamó: el blues del desierto. Ha vuelto al árido norte de Malí como hiciera en 2011 con “The Secret”. Ahora, además de buscar las huellas del género musical, ha ido a buscar sus raíces. Con “Samba”, palabra songhai para denominar al segundo hijo, parece haber encontrado y estar seguro de quién es. Así, el músico nacido en Niafunké, ha lanzado un álbum introspectivo cuando se cumplen diez años de su homónimo primer trabajo. Lejos quedan esos temas que ideó cuando a su padre lo debilitaba el cáncer. “He hecho varios discos y es difícil describir cómo he llegado hasta aquí. Ha sido un camino muy largo en el que apenas he parado de trabajar”, dice.

Lo sembrado parece haberse recogido en este último trabajo cuyo concierto se asemeja a una tormenta de verano. Truena y refresca. Grabado en directo, “Samba” fue pensado como un disco recopilatorio de sus clásicos. Sin embargo, Vieux llegó a la sesión de grabación con diez nuevos temas. Tras los trabajos con Julia Easterlin y Idan Raichel, el guitarrista decidió mirarse a sí mismo. “Volver al blues es importante. He tocado bastante últimamente y he hecho colaboraciones pero en esta ocasión quise hacer algo para mí”, apunta el maliense.

Acompañado con Mamadou Koné (calabash y batería) y Valery Assouan (bajo), Vieux Farka Touré llega ahora a España con disco que suena lleno de pinceladas funk, reggae y rock. Una mezcla de sonoridades que el músico ha sabido combinar a lo largo de su trayectoria. “He visto mucho estando en la carretera y he aprendido enormemente de las personas, la vida, la cultura y la música. Mi primer álbum fue Vieux Farka Touré y este representa lo mismo pero con otro nombre. Soy Samba”, apunta. “Incluso yo le llamo así”, salta Nick Gold, productor de Ali Farka Touré y la persona detrás del sello World Music Circuit. Un padre adoptivo para Vieux que viene a saludar y que cariñosamente tiene el apodo de “jefe”.

Vieux Farka Touré emprendió su carrera musical a pesar de la reticencia inicial de su padre. Ali quería que siguiera la tradición familiar de alistarse al ejército. Vieux sin embargo comenzó a tocar la batería en el Instituto Nacional de las Artes de Malí aunque siempre estuvo interesado en la guitarra. Comenzó a practicar en 2001 y fue en 2007 cuando apareció en la escena musical de Malí.

Mi padre no quería que me dedicase a la música porque él tuvo muchos problemas hasta que comenzó a trabajar con Nick. Él me aconsejó y tuve claro lo qué hacer cuando firmé mi primer contrato”, explica Vieux.

El músico maliense ha madurado. Lo confiesa y se deduce de sus palabras. Se siente agradecido por ser el hijo de Ali Farka Touré aunque advierte que él tiene su propio estilo y hace su propia música. Y tiene algo especial. “Todos los samba tienen algo especial que dar a la vida. Van a ser conocidos por lo bueno o por lo malo”, dice.

Vieux Farka Touré sabe adónde lleva su carrera y cómo soportar las presiones de la industria. Siempre viaja con el recuerdo de su tierra porque como explica, “con la música intentamos poner el nombre de Malí en el mundo”. Una afirmación compartida por muchos de sus compatriotas ya que “ahora mismo todo el mundo lo relaciona con la guerra pero llevamos la cultura a todas partes”.

Algo viejo para empezar algo nuevo: la arquitectura en Mali

La arquitectura vernácula de Mali es el entendimiento perfecto entre sabiduría popular, identidad cultural, sostenibilidad y adaptación al medio. Sin embargo, la globalización y un conflicto que no llega a su fin hacen que estos antiguos muros de adobe se tambaleen.

En la unión de  los ríos Níger y Bani se levanta la ciudad de Mopti apretujada por la escasez de terreno. A pesar de las estrecheces, han encontrado un hueco para alojar el Centro de Arquitectura en Tierra, una iniciativa de Aga Khan Trust for Culture con el apoyo del Ministerio de Cultura maliense y el Ayuntamiento de Mopti. Allí, Aicha Diombélé encargada de su exposición permanente sobre la arquitectura en tierra, rodeada de  fotografías, materiales, maquetas y reproducciones de las principales construcciones de adobe del país,  nos expone los motivos y objetivos de este proyecto.

Salif Kone y Aicha Diombélé, director del Centre de Arquitectura en tierra de Mompti y encargada de la exposición permanente.

El centro se construyó en el año 2010 durante el cincuentenario de la independencia de Malí y marca la finalización de la restauración de las mezquitas de Mopti, Djenné y Tombuctú. Nuestra misión es promover y poner en valor la arquitectura en tierra en África del Oeste ofreciendo recursos documentales en la biblioteca y competencias técnicas en cursos regulares de formación profesional”. Naturalmente el edificio del centro está construido con bloques de tierra prensada, una versión evolucionada que utiliza una prensa mecánica para conseguir ladrillos más impermeables y resistentes, y es obra del arquitecto burkinabés Francis Kéré.

Centre de l´Architecture en Terre de Mopti.

Aicha, de etnia Dogón, nos explica con orgullo  que “el uso de adobe o bancó como material de construcción se practica en África desde tiempos inmemoriales. Arcilla, arena, paja, cáscaras de arroz son la base de los ladrillos, que incluyen otros materiales orgánicos como la goma arábiga, polvo de fruto de baobab, manteca de carité o taninos. Estos materiales varían según la disponibilidad en cada zona. Es una tradición antigua transmitida de generación en generación,  pero también es actualmente un método de construcción muy extendido por la disponibilidad de materiales de base en el delta interior del río Níger”. Unos materiales que, añade con tristeza, “se encuentran amenazados por los bloques de cemento y chapas de acero, que parecen más duraderos pero son mucho más contaminantes, no se adaptan a nuestro clima y destruyen la plasticidad de las construcciones tradicionales africanas. Muchos africanos creen que la arquitectura tradicional se ha quedado anticuada y prefieren los materiales y técnicas occidentales que entienden como más correctas, modernas y propias de gente adinerada”. 

La arquitectura de Malí ve cómo sus raíces vernáculas parecen debilitarse gradual e inevitablemente por diferentes conflictos políticos, el duro clima del Sahel, una sociedad empobrecida y en crisis de identidad, y una transformación tecnológica acelerada pero necesaria para sobrevivir en un mundo globalizado. Sin embargo, no todo está en contra, la arquitectura vernácula maliense cuenta con dos potentes aliados en su lucha por la supervivencia.

Por un lado la UNESCO que, en su batalla continua por el rescate de áreas patrimoniales en todo el mundo, incluye en su declaración de Patrimonio de la Humanidad cuatro localizaciones malienses y las cuatro son construcciones en tierra.

  1. Las ciudades antiguas de Djenné: Pobladas desde el año 250 a.C. fueron un  centro mercantil importante y eslabón de la ruta transahariana del oro. Allí se conservan unas 2000 viviendas tradicionales y su impresionante mezquita. Consideradas en peligro desde 2016 debido a que la inseguridad de la zona hace imposible la toma de medidas para combatir el deterioro de los materiales en la ciudad histórica, la presión urbana y la erosión de los sitios arqueológicos.
  2. Tombuctú: Conocida como “La ciudad de los 333 santos” fue una de las capitales intelectuales  y espirituales del Islam durante los siglos XV y XVI. Son testigos de su pasada edad de oro la prestigiosa universidad coránica de Sankoré, las tres grandes mezquitas de Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahia e importantes mausoleos.  Declarada en peligro desde 2012 debido al ataque destructor de grupos islamistas radicales durante el golpe de estado militar, ha sido recientemente protagonista de la primera sentencia de la Corte Penal Internacional que considera crimen de guerra el derribo de edificios históricos y religiosos.
  3. Tumba de los Askia: Declarada en peligro a la vez que Tombuctú y por los mismos motivos. Se trata de una espectacular estructura piramidal de 17 metros de altura que alberga la tumba de la dinastía de los Askia, erigida en Gao en 1495 por Askia Mohamed, emperador de Songhai.
  4. El País Dogón y la Falla de Bandiagara: El paisaje vertical de los acantilados llenos de viviendas, graneros, altares y santuarios hace que sea uno de los lugares más impresionantes de África Occidental. Además de su increíble arquitectura se conservan antiguas tradiciones sociales como la confección de máscaras, la celebración de fiestas populares, rituales y ceremonias de culto a los antepasados. Todo esto lo convirtió durante las últimas décadas en un destino turístico floreciente. Hoy, por la inseguridad de la zona, pocos se animan visitarlo y gran parte de la antes próspera población se ha desplazado a la hacinada Bamako en busca de otra forma de vida dejando atrás las ancestrales construcciones de barro.

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Por otra parte existe una naciente generación de arquitectos, artesanos y usuarios que, apreciando y defendiendo con orgullo esta arquitectura y los valores que en ella subyacen, siguen los pasos del arquitecto egipcio Hassan Fathy que recomendaba “construir tu arquitectura con lo que tienes bajo los pies”.

Como ejemplo Aicha nos da algunos detalles de la restauración de la mezquita de Mopti: “Tradicionalmente todo el mundo se implicaba en los trabajos anuales de restauración. Se repartían las tareas, era un trabajo colectivo que se ha ido abandonando con el tiempo. Durante la restauración de 2006 fue muy importante la implicación de los albañiles y artesanos de la ciudad, se reemplazaron los elementos estructurales dañados utilizando ladrillos de tierra mezclada con cáscaras de arroz. Se recuperó esa forma de trabajar, no podía ser de otra manera. También se impartieron cursos de formación para garantizar la continuidad de estos trabajos. Después de esta restauración, la mezquita pasó a formar parte del Patrimonio Nacional de Malí”. 

La enredada situación de Mali reúne aspectos históricos, culturales, económicos, políticos y militares además de multitud de actores muy diversos que hacen difícil una solución a corto plazo. Esta realidad amenaza las formas de vida más tradicionales y marca el ritmo y rumbo de su evolución en el futuro. Sin embargo al despedirnos de Aicha vemos que, aunque el contexto no ayude, en su sonrisa todavía se refleja la ilusión, la dignidad y la fuerza de un pueblo que no se rinde y defiende una cultura rica e intensa que se sostiene literalmente sobre cimientos de tierra.

Una escuela de música contra el yihadismo

El ‘griot’ Bassekou Kouyate quiere plantar cara a AQMI con una academia en Bamako

El músico Bassekou Kouyate durante un concierto en el Gibraltar World Music Festival. Foto: Gemma Solés i Coll / WIRIKO

“Si no fomentamos la música, en menos de 20 años, tenedlo por seguro, los yihadistas tendrán el control absoluto de Malí”, advierte el músico maliense Bassekou Kouyate a su paso por Gibraltar, donde ofreció un concierto junto a la banda Ngoni Ba, formada por miembros de su familia. Bassekou explica sus planes para construir una nueva escuela de música en la capital como revancha al yihadismo que siembra el terror en el país del África occidental.

Han pasado cinco años ya desde que, en 2012, el terrorismo hiciera temblar Malí, considerado hoy un polvorín del Sahel por albergar al mayor grupo yihadista de la región. Como en cualquier guerra, dejó muertes y sueños rotos. Saqueos y violaciones de derechos humanos, especialmente de mujeres y niños. Y con la imposición de la ley islámica (sharía) en el norte del país, algunos griots dejaron de cantar, otros tantos hicieron su camino hacia el exilio, mientras mercenarios se apoderaban del Azawad. “Vinieron con un montón de dinero seduciendo a los que no tienen nada, y reclutaron así a muchos terroristas”, denuncia Bassekou, quien ve una relación directa entre pobreza y terrorismo.

El país, que se encuentra entre los 25 más empobrecidos del mundo según el Índice de Desarrollo Humano, tiene a la mitad de su población viviendo en condiciones de pobreza. Para muchos, que se sienten desplazados y marginados dentro de un estado que ocupa una extensión de casi tres Españas, el conflicto ha sido un caramelo. Sin embargo, para la mayoría, la ganancia personal en detrimento de la unidad ha sido el camino a la debacle y una sentencia de muerte para las futuras generaciones. “Hay personas que no ganan ni 50 euros al mes. No hay que girar la espalda a esas realidades, sino encontrar soluciones para todas las dificultades y luchar para superarlas de forma conjunta. Los músicos, con nuestras canciones, hablamos a aquellos que menos tienen para evitar que puedan ser reclutados. ¡Y ha funcionado hasta hoy! Pero ahora debemos ir más allá”, explica el griot.

Amy Sacko, Bassekou Kouyate & Mahamadou Tounkara en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto de Gemma Solés i Coll / Wiriko

La música tradicional mandinga – con instrumentos tan representativos como el balafón, el ngoni, el tama o la kora– data del siglo XIII y es considerada como un valioso sistema oral de educación informal que se transmite de padres a hijos. Por eso, algunos artistas del país consideran que prohibir la música en Malí, como sucedió durante el golpe de 2012, fue querer privar a su población de oxígeno. “Nosotros somos los que educamos, los que enviamos mensajes y culturizamos a la población. Por eso nos querían borrar del mapa”, explica Bassekou, embajador del ngoni.

Tras la intervención militar francesa, los yihadistas parecen haberse diluido, pero el conflicto sigue latente. El país permanece frágil y mucha gente sigue teniendo miedo. Ante una situación de posconflicto como la que vive el país, el grupo de Ngoni Ba, que acompaña a Bassekou y que está formado por su esposa Amy Sacko, su hijo mayor Madou, su hermano Moctar y su sobrino Mahamadou Tounkara, están convencidos de que el próximo estadio en el que se debe ganar la batalla no es desde los escenarios, sino desde las aulas. Porque, tal como dice Sacko: “la educación musical hará que cada vez haya más jóvenes haciendo lo mismo que hacemos nosotros, transmitir un mensaje de paz”. A lo que Bassekou añade: “hay que apoyar a la juventud para que nos puedan tomar el relevo, como nosotros hicimos con nuestros padres”.

Amy Sacko en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Mahamadou Tounkara en el Talking Drum durante el concierto de Bassekou Kouyate en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Otro enfoque para Mali

Existen otros disparos procedentes de Mali y su ángulo de visión abarca cinco décadas de prácticas culturales, políticas y sociales que han sido recogidas en un proyecto de conservación y acceso a la riqueza fotográfica de este país africano. Se trata del Archivo de Fotografía Maliense, un espacio ubicado en La Maison Africaine de la Photographie, en la Bibliothèque Nationale de Bamako, que además, ya está disponible también online.

Adama Kouyaté (Costa de Marfil, 1967) / vía Archive of Malian Photographie.-

La fotografía en Mali no es nada nuevo. Su introducción data de 1880, cuando los oficiales franceses introducen esta práctica que posteriormente continuarían administradores coloniales, misioneros y expatriados franceses hasta llegar a manos de los propios malienses, quienes tomarían el relevo para captar mediante imágenes la evolución de su territorio a partir de la década de 1940. Desde entonces, cuando aún era conocido como Sudán francés, este país se establece como un centro neurálgico de la fotografía en África. Una concepción que llega hasta nuestros días, en los que Mali constituye un nexo internacional de la fotografía a través de la Bienal africana de Fotografía Rencontres de Bamako, presente en la capital maliense desde 1994.

Y si bien el interés por conocer también estos disparos malienses se ha incrementado en las últimas décadas, el acceso a sus inicios fotográficos se ha caracterizado por ser mínimo, hasta el punto de que bien podía equipararse a un mapa del tesoro, con colecciones de fotógrafos desperdigadas en archivos privados que no permitían que vieran la luz y facilitan el estraperlo. Con este muro se encontró la profesora de Historia del arte africano y cultura visual de la Universidad de Michigan Candance Keller, cuando en el año 2002 comenzó su investigación sobre la práctica fotográfica de este país africano. Keller mantuvo encuentros con alrededor de 150 fotógrafos y sus familias. Todos tenían en común su preocupación por el deterioro de las imágenes y su inapropiada explotación.

Abdourahmane Sakali (Bamako, Mali. 1958) / Vía Archive or Malian Photographie.-

Así surge el Archivo de Fotografía Maliense, un proyecto para preservar y dar a conocer este patrimonio visual que lleva gestándose desde el año 2011. El primer paso fue comprobar qué archivos fotográficos eran aún susceptibles de recuperarse. Su almacenamiento en casas familiares en un clima tan duro como el de Mali los exponía al calor, el polvo y la humedad, lo que ha hecho que algunas colecciones no puedan ser recuperadas. De aquellas que sí podían salvarse, se optó por seleccionar las que reflejaran una visión histórica del país y la región a través de los cambios y continuidades de las prácticas culturales, la producción artística, las tendencias sociales y las realidades políticas de las ciudades de Bamako, Segu y Mopti, principalmente.

Mamadou Cissé (Kita, Mali. 1960) / vía Archive of Malian Photographie.-

De este modo, los objetivos de conservación y acceso han respondido a estos parámetros temáticos y al criterio de reconocimiento local e internacional de los trabajos fotográficos. Por ello, las imágenes iniciales del Archivo reflejan las miradas de Mali y de algunos países de la región a través de los ojos de Abdourahmane Sakaly (1926-1988), Mamadou Cissé (1930-2003), Tijani Sitou (1932-1999), Malick Sidibé (1936-2016) y Adama Kouyaté (1927). Sus hijos y los aprendices nombrados por sus familias han sido los encargados de las labores de limpieza y catalogación de los negativos para su posterior almacenamiento y digitalización.

Tijani Sitou (Mopti, Mali. 1978) / Vía Archive of Malian Photographie.-

Por el momento, se puede acceder vía online a alrededor de 28.000 fotos de estos

Malick Sidibé (Mali, 1985) / Vía Archive of Malian Photographie.-

autores, pero el objetivo del Archivo es alcanzar las 100.000 imágenes restauradas y escaneadas. Su directora, Candance Keller, y el gestor del proyecto en Bamako, Youssouf Sakaly (el hijo de Absourahmane Sakaly, nombrado anteriormente),  han declarado recientemente a Afrique in visu que ya están trabajando en una sexta colección, la del fotógrafo Félix Diallo, quien residió en el pequeño pueblo de Kita, al oeste del país, y se especializó sobre todo en retratos de personas que vivían en entornos rurales.

Con el apoyo del Programa de Archivos en Peligro de la Biblioteca Británica en una primera fase, y posteriormente de la Fundación Nacional para la Preservación, ahora el proyecto busca financiación para continuar su investigación fotográfica en otras zonas, como Tombuctú. Con su lanzamiento web, el Archivo de Fotografía Maliense difunde una imagen de Mali que no es mejor ni peor que la que suele mostrarse, simplemente contribuye a que no haya un solo enfoque, lo que permite que este país africano se contemple desde una visión más real.

Ballaké Sissoko: “La música ha puesto a Malí en el mapa”

BalakéŽ y Segal, por Claude Gassian.

Esto es sobre dos amigos. Y dos instrumentos. Ballaké Sissoko y Vincent Segal. La kora y el violonchelo. Y momentos que se enraízan en la piel y es difícil sacarse.

Tan sólo unos focos cenitales iluminan un escenario desnudo. Ballaké Sissoko acaricia la kora y Vincent Segal espera apenas un minuto y se une con el pizzicato antes de frotar el arco contra las cuerdas de su violonchelo. Suena Chamber Music. Es sublime. El silencio se escucha y ni la inoportuna tos se atreve a dar la nota. Ha comenzado un concierto en el que se repasa el repertorio de un proyecto donde Malí y Francia se dan la mano en una fusión delicada.

Sissoko y Segal son un dúo artístico necesario con una premisa sencilla. “Todo se basa en nuestra amistad. Al principio teníamos que comprendernos, que entendernos. Pasamos días juntos para que nuestros oídos se acostumbraran”, dice Sissoko a Wiriko en su última visita a Londres.

En el camerino contiguo, Segal saluda a los amigos que se han acercado a felicitarle tras el concierto en el Cadogan Hall, en el barrio de Chelsea. Afectuoso, el violonchelista francés se disculpa aunque atiende a este medio poco después para complementar las palabras de su compañero. Dos charlas que retratan un trabajo en el que la música fluye de manera natural y que “no surge si simplemente unes a un músico de kora y a un violonchelista. Podemos hacer cualquier cosa cuando conectamos. No hay egos. Tenemos que ser amigos y hay amor porque de otra forma no haríamos lo que hacemos”, explica Segal.

Y eso se nota en el escenario.

Ballaké Sissoko se enamoró del violonchelo en Grecia. Fue la primera vez que veía el instrumento y posteriormente coincidió con Segal. “Tras el directo de Vincent con Bumcello en Amiens, me acerqué y le dije que deberíamos hacer algo juntos”, rememora el virtuoso de la kora. El maliense apostó por una colaboración que se convertiría en un encuentro cultural entre la kora y el violonchelo y que se escenificó por primera vez en el país galo. “Tuve la oportunidad de organizar un festival en Lyon e invité a Vincent en lo que fue nuestro primer concierto. Y después fuimos a Gabón, a Malí…”, y así hasta que surgió la idea de realizar Chamber Music, el primer disco del dúo, que se publicó en 2009.

“Vicent fue a Malí y le dejé a que fuera a descubrir las distintas sonoridades de Bamako. Adaptó instrumentos como el balafón, el ngoni e incluso la kora al violonchelo y a partir de ahí comenzamos a desarrollar el proyecto”, recuerda Ballaké. “Me rodeé de sus amigos, Toumani Diabaté vive en su misma calle, y después de un tiempo me entró en la cabeza. Ahora es como tomar instantáneas de esos sonidos con mi violonchelo”, dice el francés de su inmersión en la música maliense.

Balaké y Segal, por Claude Gassian.

El resultado fue una apuesta hecha con el corazón sin otro objetivo que el de disfrutar juntos y en el que el griot tomó plena responsabilidad. “Yo pagué Chamber Music y luego lo vendí a la discográfica No Format. Fue un aprendizaje mientras que en el próximo disco ya sabíamos lo que hacíamos”.

Musique de Nuit, el segundo trabajo de este dúo, es una velada onírica. Un álbum hecho madrugada, con poca lumbre y en la terraza de la casa de Ballaké. Sorbiendo té y en compañía de varios amigos. “La grabación fue de noche ya que en Bamako a otra hora del día hace mucho calor y es muy ruidoso. A Ballaké le encanta tocar en casa y al aire libre. Tocamos por tocar sin ninguna pretensión de hacer un disco. No teníamos ningún plan pero probamos unos temas y al final salió”, rememora Segal.

En este trabajo los músicos nos acurrucan y nos desvelan. Nos atemorizan y nos dejan dormidos tras el embelesamiento de una unión única que se escenifica en temas como Passa Quatro. Una nueva colaboración que suman a sus trayectorias y que demuestran la expansión musical de los artistas. Ballaké Sissoko ya había participado en en disco de corte clásico al colaborar en 2003 con el pianista italiano Ludovico Einaudi. El resultado fue el magistral Diario Mali. “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”, explica el maliense. Uno de sus primeros trabajos fue junto a su amigo Toumani Diabaté. New Ancient Strings fue un homenaje a la generación de sus padres. A esos griot que conquistaron los oídos occidentales. “La música ha puesto a Malí en el mapa. Mi padre y el de Toumani Diabaté comenzaron el camino pero esto es una nueva vuelta de tuerca, una nueva reflexión”.

En esa búsqueda de nuevos sonoridades, el maliense supo que el violonchelo era una forma de innovación pero sin estridencias y conforme a su manera de ver la música. “Ballaké se expresa por sí mismo a través de la kora. Es un músico clásico al que no le gusta la idea de escribir sus composiciones. Las memoriza”, describe Segal.

El experimento transcultural cuajó. Sin protagonismos y con una sencillez que se plasma en las palabras de ambos músicos. La voluntad de tocar por disfrutar de lo que se hace. “Siempre soñé con algo así. Quería hacer algo en acústico porque la imagen que se tiene de África es principalmente de festejo. Este proyecto podría seguir para siempre ya que es alivio y amor”, concluye Sissoko.

Tinariwen: guitarras contra elefantes

Sesenta y tres, recordad su historia

la memoria de esos días pasados.

Mataron a nuestros padres,

a los recién nacidos

y a los rebaños.

Letra original en tamazigh

“Soixante trois”, Tinariwen

 

Ibrahim Ag Alhabib, fundador de Tinariwen / © Thomas Dorn

El año 1963 marcó de por vida a Ibrahim Ag Alhabib, fundador y carismático líder de Tinariwen, uno de los grupos africanos más influyentes y reconocidos. La primera rebelión tuareg contra el Estado de Mali (1961-1964) estaba siendo sofocada de forma violenta y su padre fue ejecutado en Kidal por el ejército, acusado de estar vinculado a los rebeldes. Al conflicto le siguió una terrible sequía que condenó a miles de nómadas tuaregs a vivir como refugiados en Níger, Argelia y Libia, entre ellos a Ibrahim, que por aquel entonces era todavía un niño.

La vida de Ibrahim es también la historia de Tinariwen, y Tinariwen (plural de Ténéré, que significa ‘desierto’ en lengua tamazigh) es, a la vez, reflejo de la historia y la vida del pueblo tuareg: sus melodías y ritmos provienen de la música tradicional tuareg y otros estilos del oeste africano, sus letras hablan de la vida nómada, de la nostalgia del desierto y de las rebeliones, y dan un mensaje de esperanza a la vez que llaman a la resistencia.

En 1990 estalló la segunda rebelión tuareg contra el Estado de Mali (1990-1994) e Ibrahim y otros miembros del grupo, que había sido formado años antes en el exilio, tomaron las armas para participar activamente en la revuelta. Cuando los acuerdos de paz fueron firmados, empezaron a utilizar la música para promover su causa y, desde entonces, ocho discos y varias giras internaciones les han llevado obtener un reconocimiento mundial por su trabajo y a ganar numerosos premios (entre ellos un Grammy en 2012).

Pero, por encima de todo, Tinariwen ha creado un estilo de música que ya se reconoce como propio del pueblo tuareg y que sirve para transmitir su mensaje. Siguiendo la mala costumbre occidental de etiquetarlo todo respecto a sus propios referentes, a su estilo se le ha llamado “rock del desierto” o “blues del desierto”, a pesar de que los miembros del grupo han declarado en numerosas ocasiones que nunca habían escuchado blues antes de empezar a hacer giras internacionales en 2001. Lo que sí es cierto es que Tinariwen ha plantado la semilla de un género que está en pleno auge y que cada vez más sirve al pueblo tuareg como altavoz: Tamikrest, Bombino o Imarhan son solo algunos ejemplos de ello.

El pasado mes de febrero, Tinariwen lanzó su nuevo álbum, Elwan, que ofreció en directo al mes siguiente al público de Barcelona en el marco del festival Blues i Ritmes, en su único concierto en España. Con las entradas agotadas y la platea entregada, la banda tuareg demostró que, después de más de tres décadas en activo, ha conseguido mantener su esencia a pesar de que sus integrantes vayan cambiando. Y es que no se trata de una banda de miembros fijos tal y como se entiende en Occidente, sino de un colectivo de cantantes, compositores y músicos que trabajan juntos, en distintas combinaciones, para grabar discos o hacer conciertos, a pesar de que algunos de ellos llevan en activo desde los inicios.

Tinariwen

Elwan significa “los elefantes” en tamazigh y no es más que otro reflejo de la situación actual que sufre el pueblo tuareg: la metáfora de grandes bestias que lo arrasan todo allá por donde pasan, en referencia a la lucha de intereses que hay en la región de Azawad. Desde que estalló la última rebelión tuareg en 2012, a la histórica disputa entre el Estado de Mali y el pueblo tuareg se han invitado el gobierno francés y algunos grupos vinculados a Al Qaeda del Magreb Islámico. En palabras de Eyadou Ag Leche, uno de los miembros del grupo, “Elwan habla de elefantes que lo destruyen todo a su paso. Es una metáfora sobre las grandes compañías, la corrupción de los políticos y los extremistas. El Sáhara está siendo ocupado por poderes cada vez más oscuros y nuestra gente y entorno llevan años sufriendo las consecuencias de este caos”.

La situación actual de la región queda perfectamente reflejada en el último clip del grupo, Ténéré Tàqqàl (“En qué se ha convertido el desierto”), un vídeo de animación en el que un camello que transporta instrumentos y amplificadores es perturbado por una gran bestia. En 2012, cuando la sharia fue instalada en el norte de Mali por el grupo Ansar Dine, vinculado a AQMI, la música fue prohibida y los miembros de la banda, que son todo un símbolo para los habitantes del Sáhara, fueron perseguidos. Uno de ellos, Abdallah Ag Lamida, llegó incluso a ser secuestrado mientras intentaba salvar sus guitarras. Semanas más tarde fue puesto en libertad.

A pesar de todas las dificultades que ha atravesado y atraviesa el pueblo tuareg, las inconfundibles guitarras de Tinariwen consiguen sonar por encima del caos para seguir transmitiendo el mensaje. En una entrevista para Noisey Vice, a uno de sus miembros, Eyadou Ag Leche, le proponían elegir entre tocar para su pueblo o tocar alrededor del mundo, teniendo siempre la nostalgia de su tierra: “Es una decisión muy difícil, pero elegiría tocar para el mundo porque es la forma de que el mundo conozca nuestra comunidad. Si nos quedamos en el desierto, nuestra música será olvidada y no servirá para nada”.

Artistas para la Paz

Existe un proverbio ugandés que dice: “Cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre”. Afortunadamente, no hay conflicto armado actualmente en la perla de África, pero si ampliamos las fronteras, nos topamos con distintos focos de conflictos que azotan al continente. Así y todo, mientras algunos deciden hacer la guerra, otros hacen denuncia de estos crímenes y reivindican la paz con su arte.

Aprovechando la celebración del Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas, centrado en la temática «Invirtiendo en la paz del mundo»,  queremos reconocer la contribución del arte más comprometido. Porque el arte puede ser una herramienta educativa para la construcción de la Paz y la prevención de los Conflictos.

Sudán del Sur

Mientras el pueblo celebraba la paz en Sudán con la independencia de Sudán del Sur en 2011, el país más joven de África se veía, al poco tiempo, inmerso en una nueva guerra civil. El gobierno del nuevo país se creó alrededor de la atnia mayoritaria e ignorando al resto de grupos étnicos. En 2013, el presidente dinka Salva Kiir no se tomó muy bien las críticas de su segundo Riek Machar y le despidió. Este intentó un golpe de estado que fue sofocado, pero tras tres años de negociaciones con la comunidad internacional, la violencia se instaló en Juba, la capital sursudanesa, en verano de 2016.

Pintura del colectivo Ana Taban

Y mientras la violencia y la muerte aterrorizaban al pueblo de nuevo, los artistas se echaron a la calle para llenar las paredes de la capital con mensajes de paz. Se trata del colectivo de artistas AnaTaban (Estoy Cansado), una comunidad de creativos jóvenes cansados de ver sufrir a su pueblo. Lo que pretenden es crear una plataforma de gente joven, unir sus voces y hablar libremente para lograr la paz.

Pintura del colectivo Ana Taban

República Democrática del Congo

La guerra por el control de los recursos minerales y el coltán no es el único conflicto abierto de la República Democrática del Congo. Mientras su presidente, Joseph Kabila, se aferra al poder cuando su segundo mandato, y último según la Constitución del país, terminaba el pasado diciembre, la crisis se agrava, la violencia no cesa y las muertes se acumulan en todo el territorio. La semana pasada, el presidente nombró un nuevo Gobierno de transición en contra del acuerdo con la oposición, de finales de 2016, en el que se le permitía seguir en el poder hasta que se celebraran elecciones a finales de 2017. Muchos sospechan que Kabila intenta convocar un referéndum que le permita un tercer mandato, como hicieron sus homólogos en Ruanda y Congo.

Daddy’s falling trone, 2015, Steve Bandoma

Son muchos los que han terminado en la cárcel por reivindicar un cambio político en el país, pero Steve Bondoma lo hace de una forma más sutil. A través de la pintura, la fotografía y el reciclaje de revistas para darles una nueva vida, el artista muestra en sus obras el ajetreo de la capital congoleña y una sociedad en cambio constante. Una forma de ver el mundo que denuncia la retirada de la moral con consecuencias tales como la corrupción, el robo o la falta de honradez.

No dirty money!, 2015, Steve Bandoma

Somalia

Para entender el conflicto somalí, tenemos que remontarnos hasta el siglo pasado cuando, en 1991 movimientos militares revocaron el régimen de Siad Barre y distintos grupos étnicos empezaron a luchar para hacerse con el poder, dejando, así, el país dividido. Todo se agravó con la sequía que atormentó al país con una terrible hambruna en 1992. Con la entrada del nuevo siglo, se han ido sucediendo distintos gobiernos de transición, pero en la actualidad, la guerra civil continúa librándose y el país, aunque si cuenta con un gobierno oficial, aún se encuentra activo el grupo islamista radical Al-Shabab. El conflicto se ha cobrado innumerables víctimas mortales y desplazados.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

Originario de Arabia Saudí, pero residente en la ciudad somalí de Hargeisa, el fotógrafo y artista visual Mustafa Saeed, lanzó el proyecto Coroned Energies, que, mediante imágenes, grabaciones y sonido, retrata la vida cotidiana y las experiencias de los jóvenes somalíes y pretende ser una plataforma para que puedan expresarse.

Fotografía de Mustafa Saeed, publicada en African Digital Art

El terrorismo islámico en Malí, Nigeria y Chad

El terrorismo también está presente en Malí, cuando los acuerdos de paz se estancaron en 2015. En marzo, distintos grupos terroristas activos en la región anunciaron su fusión en Jamaât Nasr Al islam wa Al mouminin (Grupo para el Apoyo del Islam y de los fieles). Al igual que en Nigeria, o Chad, el terrorismo Islámico de Boko Haram, que secuestra a menores y en ocasiones los usa como armas de guerra, atormenta la región, a la vez que se van debilitando las instituciones gubernamentales que no ven cómo solucionar el problema.

L’initiation, 2004. 7 Elements. Mixed Media On Fabric, Abdoulaye Konaté

Una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo maliense es Abdoulaye Konaté, que mediante telas – materia barata y fácil de conseguir en el país – que tiñe, corta y cose, transmite sus ideas acerca de las esferas políticas y sociales del país. Su trabajo se centra en las tensiones políticas de la región del Sahel.

Otro de los artistas más influyentes, de origen ghanés, pero residente en Nigeria y profesor de la universidad del país, el escultor El Anatsui, se vale de materiales recicladas de las calles, como el aluminio, el cobre o la madera, para crear objetos que expresan sus diversas preocupaciones políticas, sociales e históricas.

Gravity and Grace Monumental Works by El Anatsui, Eva Blue

Toumani Diabaté: “Occidente solo conoce el 5% de la cultura africana”

La cartografía y la historia de nuestro pasado tienen algo en común: son resultado de la pluma de los vencedores. Lo advierte el proverbio igbo de Nigeria diciendo que “hasta que los leones tengan sus propios historiadores, los cuentos de caza siempre glorificarán a los cazadores”. Y hoy sabemos que la misma tinta que trazó nuestras fronteras, también plasmó nuestras narrativas. Y aunque a veces es difícil salir del corsé que se nos brinda desde arriba, la cultura siempre empuja desde abajo para vislumbrar otros mundos posibles. Lo vemos en el mapa imaginario del África no-colonizada, del artista sueco Nikolaj Cyon, donde España es parte del universo africano. Y lo encontramos también en Songhai, un grupo que utiliza la brújula del corazón para devolvernos hacia el sur con casi un ejercicio de arqueología entre dos culturas hermanas: la flamenca y la mandinga.

Josemi Carmona, Toumani Diabaté y Juan Carmona ‘El Camborio’, durante las pruebas de sonido en el Festival de Músicas Sacras de Fez, el pasado 14 de mayo. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

 

Songhai es de propiedad africana y española”, explica el maestro de la Kora, Toumani Diabaté, desde el Festival de Músicas Sagradas de Fez, donde la banda formada por el maliense y Ketama, ha mostrado una vez más que la magia existe. Tomando el nombre del antiguo imperio de Mali, en el que la presencia de moriscos españoles expulsados tras la Reconquista de al-Andalus fue muy notable, Andalucía y Mali tejen aquí la nueva narración de una historia común a través de la música. Tal y como lo reitera el guitarrista de Ketama, Juan Carmona ‘el Camborio’: “Este proyecto es tanto de África como de Andalucía. Nuestra música está hecha con el corazón”. A lo que Josemi Carmona, hijo del gran guitarrista flamenco Pepe Habichuela y parte de la banda añade: “Songhai es patrimonio de la música del mundo. La música no tiene fronteras. En la música no hay racismo, no hay esta cosa del dinero… Ojalá que aprendieran los políticos y la gente; porque la música es respeto”.

De izquierda a derecha: Naba Traoré, Bah Kouyate, Juan Carmona ‘El Camborio’, Moriba Diabaté, Toumani Diabaté, Josemi Carmona, Javier Colina, Kiki Cortina y Bandolero. Después de su última actuación en el Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Aunque han pasado casi tres décadas desde que se editara su primer álbum en 1988, un hito revolucionario y sin precedentes que repitieron en 1994 con su Songhai 2, hoy el grupo tiene la intención de volvernos a deleitar con un Songhai 3 para 2018. Una forma de celebrar los treinta años de su nacimiento, y de seguir haciendo historia, en el sentido más estricto de la palabra. Mientras, hoy miércoles 17 de mayo se presentan en el Teatro Principal de Zaragoza, para rematar su gira española mañana en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. En la formación actual se suman el prolífico contrabajista Javier Colina, el gitano gallego Kiki Cortiñas en la voz y las percusiones (sustituyendo a Antonio Carmona), Moriba Diabaté (hermano pequeño de Kassé-Mady Diabaté, presente en Songhai 2) o la voz de Naba Traoré (hermana pequeña de la gran Rokia Traoré).

Después de su último concierto en Fez y a punto para iluminar Zaragoza y Donostia, Toumani y los Carmona nos han dado una entrevista en exclusiva:

Toumani Diabaté en el Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Gemma Solés: 30 años después de la grabación de ese revolucionario SONGHAI y todo ese pasado común entre el antiguo Al-Andalus y la cultura mandinga y bambara sigue sin reconocerse del todo…. Encima del escenario la familiaridad de los sonidos de Mali y España a través del Sahara son evidentes. ¿Es Songhai aún hoy un proyecto necesario para tejer puentes y romper barreras psicológicas e históricas?

Toumani Diabaté: Creo que Songhai es protagonista en la medida que acerca la cultura del flamenco a la cultura mandinga. Hoy, 30 años después, la música se ha impuesto porque está basada en una relación franca, sincera y honesta. Este es el valor y la belleza del proyecto Songhai. Por eso cuando lo escuchamos hoy tenemos la impresión de que es un proyecto actual.

G.S: Decías durante el concierto que disteis en Fez el domingo pasado que ni tú hablas español ni los hermanos Carmona hablan francés, con lo cual vuestro único lenguaje es la música… ¿Cuáles son, en tu opinión, las virtudes de la música para el encuentro espiritual de la humanidad?

T.D: Los primeros que le dieron el nombre a las notas – do, re, mi, fa, sol…- crearon un lenguaje para la música, gracias a Dios. Seas chino, seas indio, seas flamenco, bambara, wolf o árabe, puedes hablar ese lenguaje. Aunque no hables gitano, español o árabe puedes tocar. La música tiene su propio lenguaje. Lo más importante en la vida es aceptar el aprendizaje, porque antes de ser maestro hay que ser alumno. Después todo fluye. En el caso de Songhai todo está basado en el amor y el aprendizaje mútuo. Después de 30 años, Ketama y Toumani no nos podemos comunicar a través de otro lenguaje. Es imposible. Lo que habla entre nosotros es la música.

G.S: ¿Qué significa para ti formar parte de SONGHAI?

T.D: Yo soy griot, y el griot es el embajador, el espejo y los archivos de la cultura mandinga. Yo tengo el rol de hacer conocer la cultura mandinga al mundo, y para mí Songhai es parte de mi papel como griot.

Songhai, durante su último concierto en el Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

G.S: En 2014 grabaste con tu hijo Sidiki, y tienes mucha relación con generaciones más jóvenes. ¿Cómo la tradición griot continúa renovándose constantemente en la sociedad contemporánea de África Occidental?

T.D: Dentro de la familia griot, la música es una tradición transmitida de padre a hijo. Hacer un álbum con mi hijo ha sido muy importante para mostrar el papel crucial de Sidiki hoy en África, para mostrar que la tradición continúa hoy a través de las jóvenes generaciones. Todos mis hijos son músicos y tocan la Kora. Es importante que la tradición siga.

G.S: Y el universo Mandinga sobrevive al estado maliense moderno gracias a la cultura popular, ¿no?

T.D: Gracias a Dios es así. El rol del griot no es solo el de tocar música. Todas las bodas, bautizos, entierros y reuniones sociales en Mali tienen a griots como maestros de ceremonias. Sin nosotros no habría más acontecimientos sociales en el país y viceversa.

G.S: De hecho, sabemos de la implicación activista de muchos músicos de Mali contra la rebelión del norte tras el golpe de estado de 2012 y que tú también estás muy comprometido para que la paz se instale en el país. ¿De qué forma?

T.D: Durante el golpe de estado de 2012, todos los músicos trabajamos de forma conjunta. Y hoy, seguimos luchando para conseguir la paz. Personalmente, organizo el FAB (Festival Acústico de Bamako). En la segunda edición estuvieron Damon Albarn, Mathieu Chedid, Toni Allen… ¡todo el mundo quiso venir! Eso forma parte de la lucha desde la arena musical para reestablecer la paz en Mali, y es una lucha colectiva.

Songhai, durante su último concierto en el Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

G.S: Con Lamomali, Matthieu Chedid y tu hijo, habéis realizado un disco fabuloso recientemente, con la presencia de voces como la de Fatoumata Diarawa o de Amadou & Mariam… Y constantemente hay nuevas y sorprendentes producciones en el país. ¿Qué hace de Mali una factoría musical tan fecunda?

T.D: Mali es la capital del imperio Mandinga. Tenemos dos cosas a diferencia de los demás países. Hay países que tienen un solo estilo de calidad. En Mali tenemos muchos estilos y de gran calidad. Cada etnia tiene su música. Por ejemplo, la música de Salif Keita es muy distinta de la música Wassoulou de Oumou Sangare, o de la de Amadou & Mariam.

G.S. Pero una realidad es que casi toda la música maliense, y africana en general, que llega a trascender las fronteras africanas para llegar a Europa viene de la mano de productores o socios europeos… ¿Por qué crees que África sigue siendo “dependiente” en este sentido?

T.D: Aún no tenemos los medios necesarios para hacer grandes producciones. Lo más importante para nosotros es llegar a conseguir esto. Pero tener medios sin tener la materia prima no sirve para nada. Nosotros tenemos esa materia prima que se necesita. África tiene todo tipo de materias primas. Pero nos faltan los medios para poder hacer grandes producciones, industrias, discográficas… Creo que Occidente solo conoce el 5% de la cultura africana. Y eso pasa en parte porque no llegamos a tener los medios necesarios para exportar toda nuestra riqueza cultural. Yo me pregunto por qué no se están facilitando los medios necesarios para trabajar y que esto acontezca…

Desde Wiriko seguiremos luchando para hacer que ese porcentaje aumente. Entretanto, recomendamos fervientemente asistir hoy miércoles 17 de mayo al Teatro Principal de Zaragoza o mañana en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Porque como reconocen los miembros de Songhai, este proyecto es tanto español como maliense, tanto andaluz como mandinga. Y porque la historia la reescribimos entre todos.

Amadou & Mariam inauguran la gira mundial de su nuevo álbum en Barcelona

Tras su enorme éxito de 2005 con el álbum Dimanche à Bamako, producido por Manu Chao, y ese gigantesco Sénégal Fast Food cicatrizando como parte de nuestra tradición sonora por más de una década, el dúo maliense Amadou & Mariam, que se conoció en 1975 en un instituto para jóvenes ciegos de Bamako, han vuelto con ‘Bofou Safou’, su primer e irresistible single desde el álbum Folila (2012).

Repleto de sintetizadores y ritmos discotequeros mezclados con afrobeat y funk, los malienses vuelven con una energía renovada y 100% bailable en un single que nos abre el apetito para lo que vendrá. Y a la espera de que llegue su nuevo álbum, previsto para finales de 2017, Barcelona será la única capital ibérica en poder degustar el nuevo menú sonoro que la pareja está preparando.

(Más información para participar en el sorteo de dos entradas para su concierto en Barcelona, al final de la entrevista)

Gemma Solés: Han pasado cinco años desde que publicasteis vuestro último LP, FOLILA (2012). Este 2017 nos presentáis BOFOU SAFOU, un tema producido por Adrien Durand (Bon Voyage Organisation), siguiendo la exploración electro-dance iniciada por el productor de vuestro ‘Sabali’, Damon Albarn, y rememorando el sonido de Francis Bebey o William Oneyeabor. En el videoclip vemos las aventuras de un joven “Travolta” africano en una discoteca de los años 70 que solo quiere bailar y salir de fiesta. Con este single se anticipa un 8º álbum de estudio de uno de los duetos musicales más interesantes de África. ¿Qué podemos esperar de vuestro nuevo álbum?

Mariam Doumbia: Gracias por tus palabras. Bueno, hemos estado trabajando en nuevas canciones y estamos muy contentos con el sonido final. Nuestras letras hablan de la situación actual en el mundo, sobre la sociedad y la realidad que vivimos todos. Bofou Safou va sobre personas que no quieren trabajar ni ser importantes para su comunidad.

G. S: ‘Bafou Safou’ es un término Bambara que designa a los hombres jóvenes e indiferentes que prefieren bailar que trabajar. Creo que en España los llamamos ‘ninis’… ¡Que bien que les queráis movilizar! Además, sois un ejemplo de todo lo contrario. Aunque no habíamos tenido más novedades discográficas de Amadou & Mariam desde 2012, sabemos que habéis estado muy activos musical y socialmente. Mariam, tu acabas de presentar un proyecto muy interesante junto a otras artistas de África Occidental bajo el paraguas de les Amazones d’Afrique. Te escuchamos cantar en una maravillosa canción llamada “I play the kora”, una oda al empoderamiento femenino en África…

M.D: Sí, en efecto. Además con Bafou Safou queremos animar a los ciudadanos de los cinco continentes a levantarse del sofá para bailar, pero también a trabajar en favor de la comunidad. Nosotros trabajamos mucho y hemos estado activos en nuestros proyectos, yo con Les Amazones d’Afrique, como bien dices, y Amadou con Les Ambassadeurs con Salif Keita. También hemos colaborado con el Programa Mundial de Alimentos, y apoyando a las mujeres, que están luchando cada vez más para buscar una situación de igualdad. Esto es muy bueno y creemos que la educación es esencial para este cambio.


G.S: Otra colaboración reciente que habéis hecho es la canción “l’âime au Mali”, del álbum LAMOMALI que M (Matthieu Chedid) y los músicos malienses Toumani y Sidiki Diabaté acaban de publicar. ¿De qué se trata esta canción? ¿Qué significa para vosotros ser parte de este reciente álbum?

M.D: Somos muy buenos amigos de Matthieu Chedid desde hace mucho tiempo y estamos felices de ser parte de este proyecto. Es simplemente genial participar en un álbum dedicado a nuestro país Malí. En “L’me au Mali” bailamos, hablamos y cantamos. ¡Es una poesía hermosa!

G.S: Y en vuestro reciente sencillo BAFOU SAFOU vemos cómo vuestro sonido vuelve a hacer un giro y nos lleva de vuelta a los años ochenta. En vuestro próximo concierto en Barcelona, ​​el 12 de mayo en Sala Barts, vais a presentar este single, pero también vais a anticipar algunas perlas de vuestro próximo disco, ¿verdad?

M.D: Sí, el sonido de nuestro nuevo álbum tiene un aspecto de teclado y sonido de los años 80, pero también de raíces y guitarras. Estamos muy emocionados por nuestro nuevo show… Barcelona es una gran ciudad y estamos felices de comenzar el tour aquí.

Mariam Doumbia, de Amadou & Mariam. Fotografía de Hassan Hajjaj.

G.S: Han pasado casi dos décadas desde que debutasteis con “Djon Ye”, y en 20 años han sucedido muchas cosas. ¿Cómo creéis que el paisaje de la música maliense y africana ha cambiado y, por supuesto, la música de Amadou y Mariam ha cambiado? ¿Es más fácil tener éxito como artista africano en 2017 que en 1999?

M.D: Estamos felices. Nuestra música ha cambiado desde entonces porque escuchamos a muchos grupos y eso desempeñan una influencia en nuestro sonido. Nos gusta Rihanna, Pink Floyd, Francis Cabrel… Hemos conocido a muchísimas personas a lo largo de nuestra carrera, y eso nos ha ayudado a difundir nuestro música en todo el mundo.

G.S: A menudo se os conoce como “la pareja de ciego de Malí”. ¿Os molesta ser apodados por una condición física y no por vuestras cualidades artísticas?

M.D: No, esta es nuestra condición y estamos acostumbrados.

Amadou Bagayoko, de Amadou & Mariam. Por Hassan Hajjaj.

G.S: Los músicos malienses han luchado contra una fuerte rebelión contra el yihadismo en el norte del país desde 2012. ¿De dónde creéis que vendrá la solución?

M.D: Sabemos que la situación no ha sido fácil y sabemos que muchos artistas han estado lidiando con dificultades. Necesitamos ser fuertes y trabajar en educación.

G.S: De hecho, Malí es uno de los países africanos más estimulantes culturalmente desde su independencia, no sé si la educación tradicional tendrá algo a ver en ello… ¿Cuáles creéis que son los principales ingredientes para cocinar una receta musical sin conservantes o aditivos, y que no caduque como la vuestra?

M.D: Trabajando y dando lo mejor de ti a tu comunidad. Los ingredientes van a cambiar dependiendo de cada gusto, pero la receta va a terminar siendo muy buena. ¡Nos vemos en Barcelona!

Sorteamos 1 entrada doble para el concierto que Amadou & Mariam van a dar este viernes 12 de Mayo en la Sala Barts de Barcelona, en el marco del Guitar Bcn.

 ¿La quieres para ti y un acompañante?

Sé el primero en mandar la respuesta a la pregunta que viene a continuación, junto a tu nombre competo y tu número de DNI a [email protected] con el asunto SORTEO AMADOU & MARIAM. Si ganas, ¡nos pondremos en contacto contigo en seguida!

¿Qué otro miembro de la familia de Amadou Bagayoko & Mariam Doumbia se dedica a la música profesionalmente a día de hoy y cuál es el nombre de su banda? 

“La autodeterminación de los pueblos es un paso crucial en un mundo fundamentado en los derechos humanos y la democracia”

Tamikrest, por Sebastien Rieussec.

“Durante su periodo de auge, Malí desarrolló y llevó a cabo un modelo de integración política en la que pueblos tan diferentes entre sí como los tuareg, los wolof, los malinké y los bámbara, los songhai, los fula y los tukulor, los diallonke, etc., reconocían a un soberano único”, cuenta el historiador Joseph Ki-Zerbo, en Historia del África Negra. Sin embargo, en el último siglo, los tuaregs han desatado cuatro rebeliones en el norte del Malí actual. La última, surgida en 2012, aún no ha podido implementar los acuerdos de paz de 2015, recientemente frustrados por considerarse insuficientemente inclusivos.

La ciudad norteña de Kidal, uno de los focos de estas revueltas, sigue siendo un feudo para los separatistas del norte. “Se trata de la primera cuna de la rebelión contra el Mali no-inclusivo, pero también donde nosotros dimos nuestros primeros pasos y de donde sacamos nuestra inspiración. Kidal lo es todo para nosotros”, asegura Ousmane Ag Mossa, líder del grupo musical Tamikrest.

La banda maliense, que acaba de editar su cuarto y último disco, titulado Kidal (Glitterhouse Records, 2017), asegura que con este álbum buscan “arrojar luz” sobre lo que ha sucedido en Kidal y pretenden forzar que la comunidad internacional “reaccione”, para garantizar el acuerdo que se firmó con el Estado de Malí hace dos años.

Las regiones de Kidal, Gao y Tombuctú suman el 66% del territorio maliense, pero albergan a solo un 9% de la población, y registran las tasas de desarrollo más bajas del país. En un contexto de duras condiciones de vida, las consecuencias del conflicto han sido devastadoras para su población. “En nuestras canciones tratamos de cantar el dolor y el sufrimiento que viven nuestros pueblos en este vasto desierto donde antes habitaban un silencio y una paz que ya no existen”, advierte con ásperas palabras el cantante y guitarrista tuareg.

A punto de pisar la península ibérica para una gira que los llevará por Huesca, Valencia y Barcelona, los miembros Tamikrest aspiran a llevar su causa fuera de las fronteras africanas, y se muestran críticos con un proceso de descolonización que, según ellos, dejó heridas abiertas que seguirán supurando mientras no se atiendan con urgencia.

“Creo que la autodeterminación de los pueblos es un paso crucial en un mundo fundamentado en los derechos humanos y la democracia”…

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Escucha nuestro especial sobre KIDAL, de TAMIKREST, en el espacio radiofónico del magacín Wiriko en M21.