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Luto en el cine senegalés tras la muerte de Abdel Aziz Boye

Fallece Abdel Aziz Boye, fundador de Ciné UCAD y Ciné Banlieue, dos centros clave en la formación de jóvenes cineastas en Senegal, y miembro del comité de gestión de los Fondos de Promoción de la Industria Cinematográfica y Audiovisual (FOPICA). Nacido en Saint-Louis en 1953, yace a sus 64 años de edad esta figura emblemática en un país de larga y célebre trayectoria cinematográfica.

La tarde del 9 de noviembre la comunidad de cineastas senegaleses recibía la triste noticia del fallecimiento de Abdel Aziz Boye, el Señor Boye, como consecuencia de una corta enfermedad. El cuerpo fue velado la mañana del viernes 10 de noviembre en el Centro de salud Abdoul Aziz Sy situado en el barrio Parcelles Assainies, en Dakar, para luego ser enterrado en Saint-Louis, su lugar de nacimiento. Decenas de jóvenes formados por el gran maestro, así como establecidos directores y la Dirección de la Cinematografía de Senegal, compartían el dolor ante la noticia a través de las redes sociales, elogiando sus contribuciones al cine. Rama Thiaw, cuyo documental La revolución no será televisada fue premiado en la Berlinale de 2016, exclamaba: “Estoy realmente triste. Este hombre ha hecho mucho con muchísima generosidad y muy pocos medios por el cine en Senegal y la formación de jóvenes de las afueras y los barrios populares. Descanse en paz. ¡Un gran hombre!”

La figura de Abdel Aziz Boye, generosa, humilde, sabia, constante y comprometida con su país, es un excelente ejemplo del papel que determinados individuos, artistas, intelectuales y demás actores sociales, desempeñan en la cultura senegalesa, a pesar de la falta de medios y subvenciones para apoyar el talento de un país con más de un 55 por ciento de población juvenil, según el portal de información Au Sénégal. Su modestia hacía que se auto-presentara como “un loco apasionado del cine.” En contraste con los nostálgicos de la época de esplendor del cine senegalés, con las primeras películas de Ousmane Sembène y Djibril Diop Mambéty desde los años sesenta y setenta, ambos ya fallecidos, el Señor Boye se empeñaba en defender que el cine senegalés no ha desaparecido, a pesar del cierre de las salas.

Nacido en Saint-Louis en julio de 1953, donde vivía cerca de uno de tantos cines que desparecería en Senegal a finales de siglo XX, el cine VOX, su relación con el cine comenzaría a muy temprana edad. Solía contar que a los siete años crearía sus primeras imágenes en movimiento, con un cartón, y que desde entonces el cine no le había abandonado nunca. Tras sus estudios en la escuela Brière (ahora, Émile Sarr), donde se formaron grandes personalidades del país, como el segundo presidente, Abdou Diouf, el Señor Boye se fue a Francia en 1976, para hacer de su pasión su profesión. Allí estudiaría en el Conservatorio Libre del Cine Francés (CLCF) y más adelante en la Universidad París VIII, en el departamento de psicología y sociología. Durante ese tiempo, nunca dejó de hacer cine, colaborando con distintos cineastas. Fue así como el realizador senegalés Ousmane William Mbaye acudió a él para que fuera asistente de realización en varias de sus películas, Fresque Francophone, en 1992, y un título cuya producción acabaría abortando, Talatay Nder. Con motivo del rodaje de esta última película, Abdel Aziz Boye volvería a Senegal, donde se instalaría hasta el último día de su vida, compartiendo su experiencia y aprendizaje con los jóvenes.

Tras 22 años en París, el Señor Boye fundó Ciné UCAD, un centro de formación en la Escuela Superior Politécnica de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar (UCAD), destinada a los jóvenes universitarios, ofreciendo la única formación disponible entonces sobre el séptimo arte. Su labor no concluiría en la universidad. En 2008 fundaría Ciné Banlieue, en las afueras de Dakar, para ofrecer formación cinematográfica a los jóvenes de las afueras, una zona afectada por limitadas condiciones de saneamiento, y cuyos orígenes son coloniales, cuando el poder colonial francés desplazó a la población de Dakar de determinados barrios a las afueras, debido al incremento exponencial de la población. Ciné Banlieue dio sus primeros pasos en el centro sociocultural del municipio de Guédiawaye, reuniendo a jóvenes de distintos barrios de las afueras, como Guinaw-Rails y Keur Massar. Estos arrojarían luz sobre las arduas condiciones en la banlieue, desde una mirada interna y conocedora de sus problemas. Fue así como nacerían corto-metrajes como Guinaw Rails (Detrás de las vías), en referencia al barrio del mismo nombre, de la realizadora Kady Diediou, en 2014, con Mamadou Khoma Gueye como cámara, ambos estudiantes de Ciné Banlieue. Tras un año en Guédiawaye, Ciné Banlieue se traslada al Centro Cultural Léopold Sédar Senghor en Pikine, a las afueras de Dakar, para finalmente establecerse en Parcelles Assainies, un barrio de Dakar colindante con las afueras.

Con escasos medios, pero desbordante pasión y determinación, la casa se transformaría en escuela de cine, con varios pupitres y sillas, las clásicas pizarras, formando un par de aulas, llamadas Djibril Diop Mambéty y Ousmane Sembène, en homenaje a los grandes del cine senegalés; un patio central descubierto donde se celebrarían la mayoría de los talleres y clases, más ventilado que las aulas, unos aseos, una pequeña oficina, y una terraza que se convertiría en cine bajo las estrellas en determinadas ocasiones. El espacio, aún activo tras casi diez años, constituye un espacio de culto para los cinéfilos del país.

 

El Señor Boye no solo compartía su sabiduría sino que invitaba a técnicos profesionales del cine, trabajando con célebres cineastas, como Mousa Sene Absa, o a los propios realizadores, como Ousmane William Mbaye y Alain Gomis, cuya impecable trayectoria cinematográfica acaba de alcanzar la mirada de los óscars, con su película Félicite, nominada para representar Senegal en 2019. Esta es de hecho fruto de una co-producción en la que se incluye FOPICA, de la que el Señor Boye es miembro del comité gestor.

La cantidad de títulos salidos de esta modesta pero crucial escuela de cine es tal que muchos de los jóvenes realizadores se han incorporado al circuito internacional de festivales de cine, como el director del cortometraje Moly, sobre un joven con discapacidad física llamado Moly Kane, proyectada en el Festival de Cannes en 2011, o Baye Fall, el soldado de la paz, de Pape Bolé Thiaw, otro de los jóvenes formados en Ciné Banlieue. Para Bole Thiaw a, quien describe al Señor Boye como alguien que lo era todo para él, “un mentor, un formador, pero más que nada, un padre”, la noticia de su muerte ha sido devastadora. Son muchos los jóvenes que reconocen el mérito de su trabajo, capaz de hacerles descubrir una pasión ue en algunos casos llegaría a convertirse en profesión. Nazir Cisse, cámara del telediario “rapeado” por Keyti y Xuman, JTR, y dedicado a la realización de video-clips, fue otro de los discípulos de este gran maestro: “El es el que hizo que me gustara el cine. Estuve dos años en Ciné Banlieue siguiendo sus cursos. Todo lo que sé de realización es a través de él. Y no soy el único. Despierta la pasión por el cine a muchísimos jóvenes de las afueras y lo hace de forma gratuita. Es un grande de la cultura senegalesa.”

 

En 2013, Ciné Banlieue se decidió a crear su propio festival, para dar visibilidad a las películas creadas por Ciné Banlieue, así como a otros títulos del cine senegalés y demás países africanos. Con una periodicidad anual, en 2015, el agregado cultural de la embajada española apoyaría el proyecto, contribuyendo a la internacionalización del festival. Así, en la segunda edición, el Banlieue Film Festival iniciaría una colaboración con el Slum Film Festival de Kenya, fruto de un intercambio y acuerdo de colaboración propiciado por Federico Olivieri y Pape Bole Thiaw. Ambos se conocieron en un taller de crítica en 2013 en el 10º Festival de cine Africano-FCAT, coordinado por Federico Olivieri, co-fundador a su vez del Slum Film Festival, y donde Pape Bole Thiaw era una de los tres beneficiarios de la beca de AECID, junto con la periodista Kodou Sene, y otro compañero de Ciné Banlieue, Keba Danso. Este último se encuentra ahora en las islas Canarias, donde también está creando su propio cineclub con los jóvenes isleños. Cuando estos le preguntan sorprendidos por cómo Keba Danso les regala su tiempo de manera altruista este responde: “También en mi vida hay una persona llamada Señor Boye a la que le gustaba el cine y esta persona nos daba todo su tiempo y nos ayudaba sin pedir nada. Nos ha salvado la vida a muchos jóvenes de los suburbios haciéndonos creer en nosotros mismos y convenciéndonos de que podemos contar nuestra propia historia.”

La segunda edición del Banlieue Film Festival no ha sido la única colaboración entre Cultura Dakar y Ciné Banlieue, que también ha organizado la proyección de cortometrajes en el Aula Cervantes de Dakar. Fuera del marco institucional, el Señor Boye se ha mostrado siempre disponible al trabajo de jóvenes realizadores españoles y de distintos países, ofreciéndoles un excelente espacio de difusión y reflexión sobre sus obras en Ciné Banlieue en Parcelles Assainies.

Ciné Banlieue, a través del liderazgo de Abdel Aziz Boye, se ha convertido en un colectivo, centro y movimiento de participación obligada en las citas cinematográficas del país. Deja un legado inmenso en el mundo del cine senegalés, que requiere del apoyo y reconocimiento de las distintas instituciones senegalesas, así como del empeño de sus discípulos, para que dicho legado no cese y siga creciendo, dando larga vida al maestro a través del cine, y evitando esa segunda muerte que es el olvido.

Sarr: “La clave de la migración es reorientar la mirada hacia nosotros mismos”

El próximo 19 de octubre la inauguración del 9ª edición del Festival de Cine Invisible de Bilbao presentará Life Saaraba Illegal, una joya documental imprescindible para entender el fenómeno migratorio de África subsahariana a Europa desde un punto de vista personal y colectivo, realizada por el senegalés Saliou Sarr.

Durante ocho años, el director acompañó a su primo Souley en su sueño de seguir los pasos de su hermano Aladji que había emigrado a España y reencontrarse con él. Sus inquietudes, expectativas e ilusiones así como las de sus parientes más próximos, incluido el propio Sarr –que aparece como narrador y personaje del documental– son las protagonistas de esta obra que descubre al espectador un sentido y un significado diferente sobre las migraciones de África del Oeste hacia Europa.

Más allá de este documental, Sarr, más conocido como Alibeta, desarrolla un proyecto integral en el que trabaja a través del cine, la música y otras disciplinas la “África posible” que describe su hermano Felwine en el ensayo “Afrotopia”. A parte de la creación artística, sus compromisos pasan por coordinar un programa de educación en valores para jóvenes universitarios y la puesta en marcha de la productora Baraka Global Arts que trabaja en la construcción de una industria cultural senegalesa.

¿Qué es lo que te ha motivado ha realizar un documental personal sobre la emigración en el que tu familia y tú mismo sois protagonistas?

Al principio yo quería hacer una película sobre mi gran familia, no solamente sobre aquellos que habían partido ilegalmente, sino también los que lo habían hecho de manera regular. Tenía una cuestión conmigo mismo sobre la migración, sobre partir o no partir, y me di cuenta de que en mi familia era ilustrativa porque había todo tipo de casos. Como en una sola película no cabe todo, me concentré sobre los que se fueron ilegalmente: hablar de sus entornos personales, de sus emociones y dar un ejemplo, que puede ser universal, en el que se puede reconocer todo el mundo.

Existen muchas películas y documentales sobre la migración subsahariana hacia Europa. ¿Qué crees que aporta tu visión a la reflexión sobre el fenómeno?

Efectivamente hay muchas películas que hablan de la migración, pero la mayor parte de ellas se focalizan sobre el lado difícil, incluso miserable. Siempre se habla sobre la pobreza de los emigrantes, la pena de dejar sus casas, la dureza del viaje, etc. Nosotros hemos intentando dar una nueva mirada, más humana, que no niega las dificultades pero que enseña los diferentes significados de la emigración para los serer-niominka (hombres del mar). Por ejemplo, se muestra que en ese viaje hay una búsqueda espiritual que es una búsqueda común en todas las personas. Hemos querido filmar con dignidad y dar una perspectiva familiar, de manera que ves el lado universal de la emigración.

 

¿Qué importancia tiene el hecho de ser serer? ¿Percibes diferencias en el enfoque del viaje para la gente de este grupo étnico?

Efectivamente, para los serer no es lo mismo que para los peul o para los wolof, muchos de los cuales viajan con el único objetivo de traer dinero sin importar cómo. Para nosotros los serer no es eso: el viaje tiene un significado simbólico. Somos insulares: partir más allá de los océanos ha sido, independientemente y mucho antes de la emigración hacia Europa, algo importante para alguien que vive en una isla. Es un rito de paso. Nuestros abuelos y nuestros padres lo han hecho y nosotros también lo hacemos. Ahora, en este contexto, se espera mejorar la vida económicamente pero sobre todo volver y guardar tus valores. Todo ese simbolismo se intenta mostrar en el documental.

A parte de la madre de Aladji y Souley, los dos protagonistas, no hay más personajes femeninos en el documental. ¿Cuál es el rol de las mujeres en la migración?  

Es verdad eso. Ella es el ejemplo de la madre que está detrás, que comprende, que apoya… que puede ser que tenga expectativas pero no lo dice porque entiende que es difícil: a ella le gustaría que sus hijos tuvieran los papeles como todo el mundo.

En este documental no he podido tocar el tema pero hay muchas mujeres que están a la espera de sus maridos. Su vida es muy dura porque no saben cuándo éstos volverán y porque mientras les esperan, la sociedad las observa, las controla y no tienen derecho al error. Esperan a un hombre que puede pasar incluso diez años sin venir por no tener papeles y mientras puede haber tentaciones, puede haber cosas alrededor que les tienten a vivir de otra manera, pero no lo hacen… Es un rol muy difícil y es cierto que no hemos hablado suficientemente.

A pesar del esfuerzo de muchos artistas, ONGDs y otros actores sobre los peligros de la emigración clandestina, aún hay jóvenes que sueñan con irse y lo hacen por rutas arriesgadas. ¿Por qué crees que esto sigue pasando?

Es un deseo que ha estado alimentado por todo un sistema, un sistema de dominación, de colonialismo, de desigualdad, un sistema de comunicación que muestra siempre lo bueno del extranjero y lo malo de nuestra sociedad. Los jóvenes africanos tienen la mirada dirigida hacia Europa y ahora se necesita un tiempo y mucho trabajo para reorientarla hacia nosotros mismos.

Pese a eso, para mi es importante no decir a los jóvenes que no viajen. El derecho de migrar es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que hay que respetarlo. Nuestros gobiernos tienen que asegurar que nuestros jóvenes puedan viajar, no sólo hacia Europa sino también a otros países africanos. Si hubiera un sistema que permitiese moverse libremente, pienso que la gente no se jugaría la vida cogiendo una patera o cruzando el desierto.

Imagen del documental ‘Life Saaraba Illegal’.

¿Cuál es la responsabilidad de los gobiernos europeos y africanos en este fenómeno?

La responsabilidad es compartida. Empezaré con la de nuestros gobiernos porque no me gusta que siempre apuntemos al otro para quitarnos responsabilidad. Ante todo, los gobiernos africanos tienen la obligación de hacerse respetar. La relación con otros estados debe basarse en el respeto y no en la dominación. Para mantener su dignidad y la de sus pueblos deben de ser capaces de mantener relaciones dignas con otros países.

En cuanto a los gobiernos europeos, me gustaría que fueran más justos: hablan de los inmigrantes despectivamente obviando todo lo que lo que aportan a la envejecida Europa en términos de fuerza de trabajo, de experiencia, de dinamismo… También me gustaría que fueran más honestos: los africanos van a Europa como consecuencia de la explotación abusiva que desde hace siglos se ha hecho del Continente. Es el karma. Europa ha creado situaciones de pobreza, de inestabilidad, e instaurando relaciones de dominación que hace que hoy en día, los africanos vayan a Europa a coger lo que les corresponde, lo que se les debe.

Si después de todo lo que ha hecho Francia en África del Oeste hoy en día expulsa a los que vienen, no es justo ni es honesto.

Dices en el documental que “todo el mundo tiene su saaraba” (tierra prometida). ¿Cuál es la tuya?

Ah… difícil pregunta… Mi saaraba es mi paz interior. Mi tierra prometida no es obligatoriamente una tierra física, pero por supuesto, estaría en África. Pero independientemente de que fuese en Dakar, Nouakchott o Nueva York, mi saaraba es sentirme útil, apoyar a los que están en mi entorno, darle un sentido a mi vida, independiente de la muerte, llegar a hacer algo importante y sentirme una buena persona.

La película ha sido difundida ya en Senegal y en Alemania. ¿Cuál es la reacción de los diferentes públicos?

En Senegal ha sido muy bien recibida. Se ha apreciado sobre todo por no transmitir una visión miserable y haber tenido paciencia en el rodaje, que ha durado ocho años. También se ha señalado el haber dado una visión de Europa real, lejana al paraíso, sin esconder el hecho de que los chicos se van para buscar dinero y construir una casa en Senegal. Ha gustado que el documental sea realista.

En Europa ha gustado que se muestre la emigración desde otro punto de vista, la perspectiva humana, mostrando personas con sentimientos universales, y no solo cifras como acostumbran a oír. La palabra dignidad ha salido mucho en las discusiones después del pase del documental en Europa.

La música del documental está en parte extraída de tu álbum Bani Adama. ¿Cómo describirías el proyecto artístico Alibeta?

Alibeta es un proyecto integral que engloba lo visual (cine), lo sonoro (música), lo gestual y relacional (teatro)… finalmente el objetivo es tocar el corazón. La idea es dar una visión, pasar un mensaje, una filosofía, que puede ser transmitida a través de diferentes medios.

¿Puede el arte derribar fronteras?

Creo que el arte es una vía de concienciación y por supuesto puede derribar fronteras, contando historias que son al mismo tiempo particulares y universales. El arte es un lenguaje que habla al corazón y tiene el poder de acercar a los seres humanos.

Te describes como Alibeta, trovador afropolita, ¿qué significa para ti ese concepto que ha suscitado tanto debate?

Afropolitanismo es un término utilizado por Achille Mbembe: “el Afropolitanismo es la manera en la que los africanos hacen mundo”. Me gusta ese concepto porque parte de que África se sitúa actualmente en un cruce de culturas, de miradas, de sensibilidades, etc.

Como un trovador yo estoy en el movimiento. Hoy en día puedes vivir en el continente o fuera de él, ir y venir, y estar a caballo entre diferentes influencias. Y todas esas personas que estamos en medio de la circulación de ideas y de mundos, desarrollamos una nueva cultura, que es identitaria africana, pero que no es cerrada, sino globalizada.

Para mi el Afropolitanismo es una continuación de conceptos como el de la Negritud o el Panafricanismo, pero más concreto y moderno, más adecuado a nuestro tiempo. Hoy el Panafricanismo en su versión más extendida peca de ser muy identitario y un poco sectario y excluyente. El Afropolitanismo es más abierto: nos identificamos con la tradición africana pero estamos abiertos al mundo, reconociendo lo que el mundo nos aporta y lo que nosotros aportamos al mundo.

Foto: Jean-Baptiste Joire

 

La semana de la moda de Dakar 2017 en cuatro nombres

Una modelo en el backstage de la Semana de la Moda de Dakar, el viernes 30 de junio de 2017. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

La Dakar Fashion Week es hoy en día una plataforma de moda ineludible en África. A su décimo quinto aniversario, celebrado entre el 27 de junio y el 2 de julio en la capital senegalesa, han querido asistir un importante número de referentes de la african fashion venidos de todos los rincones del continente y su diáspora.

Una vez más la inagotable Adama Paris ha convertido Dakar en la fiesta de la moda africana, con un programa cargado de sorpresas y un guiño a la población organizando una Street Parade en el bulevar Ñari Taly, en el centro de la capital, al que acudieron cientos de personas.

Modelos detrás del escenario durante la Semana de la Moda de Dakar en la capital senegalesa, el viernes 30 de junio de 2017. La escena de la moda del continente ha crecido constantemente en las últimas dos décadas con el mercado de prendas de vestir y calzado en África Subsahariana valorado en 31.000 millones de dólares, según datos de Euromonitor. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

Personalidades de la moda de todo el mundo han querido apoyar a Paris en tan sonada celebración: el famoso estilista de Beyoncé Jenke Ahmed Tailly, la blogera Claire Sulmers creadora de Fashion Bomb Daily, las miss Francia Flora Coquerel y Corinne Coman (Miss Francia 2014 y 2003 respectivamente), la periodista de Al Jazeera Samira Ibrahim o Diana Opoti, una de las influencers más reputadas del continente. Todos han querido participar en el evento, que constituye hoy en día una de las citas más importantes de la moda africana mundial. El cantante Youssou Ndour se manifestó también a favor de la DFW con un mensaje en las redes sociales invitando a apoyar el evento, que este año por primera vez contó con el respaldo institucional del gobierno del país, a través de la Agencia Senegalesa de Promoción Turística.

Jóvenes senegalesas ven un desfile durante la Semana de la Moda de Dakar en el barrio Niari Tali de la capital, el jueves 29 de junio de 2017. (AP Foto / Finbarr O’Reilly)

Entre los 36 diseñadores que han participado en esta edición, el equipo de la DFW ha privilegiado la calidad pero buscando la heterogeneidad y la mezcla de generaciones, de manera que hemos podido disfrutar de diseñadores consolidados junto a jóvenes talentos cuyos nombres habrá que seguir con atención.

A continuación cuatro nombres que nos ofrecen unas pinceladas de la pluralidad de la moda africana contemporánea que ha participado en la DFW 2017 y que nos invitan a dibujar una “África unida pero diversa”, en palabras de su creadora Adama Paris.

Loza Maléombho (Costa de Marfil)

La diseñadora nacida en Brasil, de padre marfileño y madre centroafricana, y afincada entre Costa de Marfil y Estados Unidos, ha sido una de las apuestas seguras de la DFW.

Conocida por revolucionar las redes sociales pon su colección de selfies, como Aliens Edit que denuncian la discriminación que la justicia estadounidense hace respecto a la comunidad afrodescendiente, Maléombho es una de las creadoras más consolidadas del continente y utiliza su visibilidad para posicionarse ante temas sociales.

En sus colecciones se aprecia su concepción estética y elegante de la moda, de la que muchas veces ella misma es protagonista.

Rama Diaw (Senegal)

Rama Diaw, por Bugs Steffen Bild.

La estilista senegalesa Rama Diaw se autodenomina “embajadora de una ciudad cruce de culturas”, como es Saint Louis, al norte del país. Con sus colecciones, que mezclan un wax muy cuidado y mezclado con otros tejidos (de algodón generalmente), ha sabido conquistar a una clientela compuesta esencialmente por mujeres dinámicas y elegantes que gustan de una moda urbana y trendy.

Diaw, que presentó en la DFW 2017 la colección “Un verano ácido” (“Un été acidulé”) de llamativos amarillos y naranjas, es una asidua de las ferias de moda en Suiza, Austria y Alemania, y este año ha participado en la VI Feria Internacional de la Moda de Tenerife el pasado mes de marzo.

Elie Kuame (Costa de Marfil/Líbano)



El creador libio-marfileño es uno de los diseñadores más punteros en el panorama internacional. Firme defensor de las iniciativas que

apuestan por desarrollar el sector en el continente, afirma “tener una tremenda nostalgia” de la comida africana cuando está en Francia, donde tiene su propia casa de alta costura de la que se habla en los más grandes salones y festivales de costura de lujo.

Empezó en el mundo de la moda con vestidos de novia y hoy trabaja por visibilizar la elegancia de las mujeres del continente. En Dakar presentó su colección “African Queens”

Zaineb El Kadiri (Marruecos)

De vuelta a su Marruecos de origen, esta francesa diplomada en alta costura se lanza en 2010 en la creación de Luxury by K., una marca que se especializa en el sueño de las creaciones de boda y las noches de lujo y elegancia.

Muy influenciada por sus múltiples viajes, entre ellos al África negra que ella reivindica como propia (se siente orgullosa de la reciente reincorporación de Marruecos en la Unión Africana, de la que llevaba décadas autoexcluida), Zaineb mezcla materias nobles y naturales como muselina, seda, organza y tejidos tradicionales de diferentes partes del mundo con perlas y bordados de oro y plata.

Adama Paris, una militante de la moda africana

 

Fotografía de Alexis Peskine.

Adama Ndiaye está en el centro de todas las miradas. Esta mujer carismática, de origen senegalés, es la responsable de la Dakar Fashion Week, una de las plataformas de moda más importantes del continente africano y que ha celebrado, entre el 27 de junio y el 2 de julio, su décimo quinto aniversario.

La hoy conocida como Adama Paris fue hace algunos años una brillante estudiante de Economía. Empleada durante algún tiempo en el Banco Nacional de París, pronto decidió seguir su pasión por la moda y lanzarse con la creación de su propia marca de ropa bajo este mismo nombre.

Desde entonces no deja de guiarse por su instinto y por su colectiva visión de la creación de moda. “Cuando volví a Dakar para instalarme como joven diseñadora no había en Senegal ninguna plataforma para presentar mis colecciones y tampoco las de otros colegas, así que decidí crear una”, dice. Así nació la Dakar Fashion Week, evento que hoy es un must en las agendas fashion internacionales y por supuesto africanas, junto a las manifestaciones de Lagos, Johannesburgo y el FIMA de Níger.

Lejos de pararse ahí, Adama Paris, que hoy vive a caballo entre Los Ángeles, París y Dakar, crea en abril de 2014 Fashion Africa, FA, la primera cadena de televisión especializada en moda africana, que difunde las creaciones venidas del continente o de la diáspora.

La que se describe a sí misma como una “emprendedora cultural” ha demostrado no sólo que el sector tiene mucho potencial en el continente sino también que las y los creadores africanos tienen mucho que aportar en el panorama internacional. Con esa filosofía nacen las Black Fashion Week de París y de Montreal, otro gran proyecto en cuyo origen esta también la infatigable Adama Paris.

Adama Paris en la reciente Dakar Fashion Week. Fotografía de Omar Viktor Diop.

Además de una evidente visión estratégica, esta militante de la african fashion (o moda africana) es conocida por haber hecho accesible su ropa a su clientela (sus prendas cuestan menos en África que en Europa) y por abrir los desfiles a la calle, acercándo la, a veces, tan elitista moda a la población.

Tras una Dakar Fashion Week 2017 cargada de novedades y la asistencia de un gran número de periodistas, influencers, los más punteros nombres de la creación africana y muchos jóvenes diseñadores que han querido mostrar su apoyo a la tan querida y admirada Adama Paris, ésta nos recibe con su habitual energía.

Laura Feal: Una primera impresión en caliente sobre el evento que acabas de terminar, ¿qué balance haces de este décimo quinto aniversario de la Dakar Fashion Week (DFW)?

Adama Paris: Creo que hemos hecho un programa muy completo para diferentes públicos: profesionales, elitistas y también para la población de Dakar, a través de la organización de un carnaval en la calle en el que participaron cientos de personas. Para terminar hemos venido a la playa, porque uno de los objetivos es mostrar mi país y sus potencialidades turísticas. Uno de los objetivos es vender Senegal.

¿Qué ha aportado la DFW a la moda africana en los últimos quince años?

La Dakar Fashion Week es una referencia en toda África y con ella hemos situado a Senegal en la agenda internacional de la moda. Hemos contribuido a estructurar la filial, creando nuevos oficios como por ejemplo el de producción de desfiles de moda, que antes no existía. Igualmente, hemos lanzado la carrera de muchos diseñadores y modelos africanos que hoy desfilan por todo el mundo. En resumen, creo que hemos favorecido la profesionalización del sector.

¿Cuáles son los retos para las próximas ediciones?

Mi objetivo es ser «bigger and better» (mayor y mejor). Queremos que la DFW sea una cita ineludible de la moda en África. Para el próximo año mi objetivo es abrir una fábrica de producción en Diamnadio (barrio a las afueras de Dakar), para que los creadores africanos podamos hacer una producción de calidad hecha aquí, y vender nuestros modelos en Europa o en otros países africanos.

Mis objetivos para los próximos años son puramente económicos: hasta ahora hemos hecho cosas bonitas, colecciones y desfiles, pero hay que empezar a crear riqueza y ganar dinero.

Muchos diseñadores dicen inspirarse en África, en la población o en el ritmo de vida africano en sus creaciones. ¿En qué medida piensas que esa inspiración es reciproca? ¿Cuál es el impacto en la población?

Es natural que África sea una fuente de inspiración para cualquier artista: aquí la moda es omnipresente en las calles, en los mercados, en la gente. Es como una diversión de la que ni siquiera se es consciente. Yo creo que entre las y los diseñadores y la población debería haber una complementariedad. África inspira, sí, pero mi objetivo es que no sólo inspire sino que dé trabajo, que cree una economía real para los creadores africanos y la industria que va con ellos.

En tus eventos, no dudas en mezclar a diseñadores consolidados con jóvenes talentos. ¿Qué aportan los unos a los otros?

La moda es arte y los artistas nos alimentamos los unos de los otros. Los jóvenes aprenden de los consolidados y viceversa. La gente piensa que soy como Maria Teresa de Calcuta dando oportunidades a la juventud pero en realidad soy como un vampiro: ¡me alimento de la cantidad de energía que desprenden! Yo siempre he dado oportunidades a los jóvenes valientes y es por eso que ahora tengo un «team de warriors» (equipo de guerreros) que me apoyan y trabajan conmigo, y que están dispuestos a comerse el mundo.

Uno de esos jóvenes colaboradores era Stephan Gnago, modelo y presentador de tu canal de televisión que fue encontrado muerto el pasado mes de abril en las costas libias, cuando intentaba llegar a Europa a bordo de una embarcación en la que también fallecieron otras 176 personas. ¿Qué ha supuesto esta desgracia para ti?

Ha sido una inmensa tristeza y un motivo de reflexión, que ha originado que en esta edición de la DFW hayamos introducido una mesa redonda bajo el título de “Our African Dream”.

Aunque parezca que la moda es un mundo frívolo y de paja, somos personas y estamos conectadas con nuestra realidad. La pérdida de mi colaborador me ha despertado este compromiso de trabajar para motivar a los jóvenes africanos y que no piensen que lo que puedan hacer aquí es menos importante que lo que hacen fuera. Uno puede pensar en irse, pero no de cualquier manera.

El tema de la emigración clandestina es un tema muy sensible y que afecta a muchos jóvenes africanos alimentados por una imagen de El Dorado, a la que quizá la moda contribuya. ¿Cuál es su compromiso en ese sentido?

Creo que tenemos parte de culpa y precisamente por eso hemos sentido la necesidad de crear esta especie de charlas en las que tratar las dificultades que afrontamos día a día los artistas y creadores pero también la responsabilidad que tenemos de crear nuestro propio sueño aquí: our african dream. Lo hemos introducido en Dakar pero tenemos programadas varias ciudades más como Abidjan, Brazzaville y Libreville donde, contando con el apoyo del gobierno, promoveremos el debate con jóvenes que puedan explicar su recorrido y buscar soluciones para ver otras posibilidades a la de partir.

Eres un referente de mujer emprendedora y comprometida. ¿Qué consejo le das a las personas jóvenes que están empezando?

Lo que aconsejo es creer en uno mismo y sobre todo creer en los propios sueños. Hay que soñar fuerte y alto. Hay que hacer soñar a los jóvenes y dejarles que tengan sueños locos. Eso es lo que le falta a nuestra juventud africana: que les dejen soñar.

Pero, ¡cuidado! Con el talento sólo no basta, hay que tener rigor y disciplina. Soñar no es mirar vídeos de Beyoncé sino pensar en tu propio futuro y proyectarte en él. Y para eso hay que trabajar duro.

¿Cuál es la situación de la moda en África?

A nivel creativo la moda africana está en plena forma, somos un referente de autenticidad y de libertad que contagia, porque no estamos sometidos a una codificación tan rígida como en Occidente. Pero a nivel económico y de estructuración no gozamos de tan buena salud: faltan escuelas, ayudas a la creación, fábricas para la producción y circuitos de distribución, y para ello se necesitan gobiernos que crean en el sector.

Uno de tus socios económicos en la DFW es la empresa canaria Binter, ¿cuándo podremos ver a Adama Paris por España?

La colaboración con Binter ha sido muy positiva y estamos pensando en hacer una Black Fashion Week en las Palmas. Creo que saben que yo enseguida me pongo manos a la obra… ¡así que espero que podamos hacerla en 2018!

Sembène! Una vida de cine, gratis hasta el domingo

El círculo está por cerrar, pero la peripecia del proyecto que sigue, sin duda, es una buena prueba de que el panafricanismo, si todavía existe en el continente, se puede llevar al plano digital. Desde hoy y hasta el 11 de junio se podrá ver de forma gratuita en la plataforma Vimeo el documental Sembene! (2015), de los directores Samba Gadjigo y Jason Silverman. Las barreras de la distribución y exhibición quedarán al margen para rendirle el mejor homenaje que le podían hacer al realizador senegalés Ousmane Sembène (1923-2007) uno de los pioneros de los cines africanos y figura imprescindible del África de las independencias.

La iniciativa “Sembène a través de África” se ha marcado el ambicioso objetivo de regalar la historia de un héroe africano no solo a toda la comunidad de cinéfilos, sino también, a 38 países africanos que ya han podido proyectar el trabajo en escuelas, universidades y centros de trabajo. Sí. Las nuevas generaciones que no conocen a Sembène, considerado “el padre de los cines africanos”, encontrarán en este trabajo la oportunidad de descubrir a un militante convencido de la izquierda antiimperialista y del poder de la imagen para transformar conciencias. En una de las entrevistas que aparecen se puede escuchar la famosa frase de “Sembène llegó al cine e inventó un nuevo lenguaje para representar a la gente negra”.

Nacido en Ziguinchor (Senegal) el 1 de enero de 1923,  tuvo varias vidas, varios guiones que interpretar por imposición histórica e ideológica: pescador, estibador en Marsella, sindicalista, escritor, guerrillero, estudiante de la escuela de cine de Moscú… pero alcanzó a discernir su máxima prioridad: quería crear “piezas de arte que transmitieran la cultura de la gente común de África”. El resto es historia.

El documental muestra un punto académico innegable ya que Samba Gadjigo es un profesor de Estudios Africanos y biógrafo oficial del realizador, con el que tuvo una fuerte amistad, y fue fuente de inspiración para sus dos obras: Ousmane Sembène: Une Conscience Africaine (2007)Ousmane Sembène: The Making of a Militant Artist (2010). Sin embargo, el equilibrio estético lo define el galardonado productor de cine Jason Silverman. Quizás una de las grandezas de este trabajo –que tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance de 2015 y posteriormente se proyectó en el Festival de Cannes del mismo año– sea que se muestran sin demasiados filtros las opiniones controvertidas del senegalés hacia el islam, la tradición, le papel de la mujer o los diferentes aspectos de la sociedad africana que Sembène trataba de reflejar en sus películas. Una vida de cine que después de cuatro décadas completó una rica filmografía con temáticas sociales, políticas y religiosas siempre críticas hacia el sistema capitalista.

Quizás, faltaría profundizar en el film la vertiente literaria que es posiblemente donde comenzó su trayectoria artística. No obstante, este documental es una increíble pieza que debe ser celebrada y aplaudida por su visión artística y por su éxito para educar sobre la vida y obra de Ousmane Sembène, una historia que necesita ser contada. Y Sembene! permite difundir este legado. Recuerden: hasta el próximo 11 de junio podrán ver el documental completo que aparece a continuación.

Ken Aïcha Sy: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada”

Ken Aïcha Sy – Bloguera y propietaria de un sello discográfico. Esta foto es parte de la serie The Studio of Vanities de
Omar Victor Diop, 2011.

Esperando en la calle en el barrio de Mermoz, en el centro de Dakar, Ken Aïcha Sy no pasa desapercibida. Alta y vigorosa, luce un look atrevido incluso para la capital, adornado de piercings y tatuajes y habla un francés mezclado sin complejos con términos en wolof y numerosos anglicismos. Así es esta emprendedora vocacional y activista cultural empedernida, cuya historia, se podría decir vincula pasado, presente y futuro de la cultura contemporánea senegalesa.

Pasado: la agitación para la reflexión

Esta joven de 28 años nació en Dakar en el seno de una familia que bebió del esplendor artístico y cosmopolita del Senegal de la post independencia. De la fusión de las pasiones de sus dos progenitores se conforma lo que es hoy su proyecto de vida: la cultura y la comunicación.

Su madre, la periodista de las Antillas francesas, Anne Jeanbart, le legó el espíritu divulgativo, y su padre, el pintor senegalés El Hadj Sy, el amor por el Arte: así, con Mayúsculas.

El Hadji Sy, padre de la bloggera senegalesa Ken Aïcha Sy. Fotografía de Africanah.

El Hadj Sy , se formó en la Escuela de Dakar puesta en marcha por Senghor en los primeros años de la independencia, sin embargo, pronto se desmarcó de la línea filosófica de la Negritud. Fue uno de los miembros activos del movimiento por la agitación artística, el Laboratorio AGIT-Art, que junto con Amadou Sow, Bouna Seye y muchos otros, se conservó el derecho y el deber de criticar las políticas públicas y de imaginar otra manera de concebir el arte más libre y creativa que la que tenía el presidente.

“No crecí cerca de mi padre y, aunque había cuadros de él en casa, no conocí su obra hasta casi mis 22 años”, comenta Ken Aïcha Sy. “Sin embargo, mi madre, testigo de primera mano, me hablaba de AGIT-art, el laboratorio artístico y experimental que desde los 80 trabaja por la cultura y la creatividad. Me contaba los comienzos y cómo los artistas de la capital se reunían en el patio de Joe Ouakam (como se conocía al recientemente fallecido Issa Samb). Ese periodo ha contribuido enormemente a avanzar la reflexión sobre la cuestión del Arte en Senegal”. 

Esta herencia de concepción de la ciudadanía ligada al activismo cultural aflora en Ken Aïcha SY en 2010. Tras realizar sus estudios básicos en la capital senegalesa, en 2006 se marcha a Francia a formarse en arte y diseño. Su vuelta a África coincide con la 3a edición del Festival Mundial de Artes Negras (FESMAN), en la que retoma contacto con su padre y su círculo artístico al que apenas conocía. Le salta el chip. Se da cuenta de lo desvinculada que está la juventud de ese patrimonio. No hay vuelta atrás. Se decide a poner en valor y visibilizar las iniciativas culturales existentes pero también las potenciales. No puede dejar de ver oportunidades en su entorno. ¡Tanto talento sin explotar!

Presente: las TIC para visibilizar el patrimonio

Así que se pone manos a la obra. Su objetivo: visibilizar y promover la cultura senegalesa. “Era una necesidad real en aquel momento”, explica. Empieza con un blog y al año, crea Wakh’art (un juego de palabras que significa “hablar de arte”, en wolof),  una plataforma cultural que cuenta con más de 10.000 seguidores online y con varios ejes de trabajo: un repertorio artístico con más de 700 entrevistas realizadas por ella misma, una agenda cultural y proyectos como una radio online o la Boîte à Idée (La Caja de las Ideas) un espacio de encuentro físico donde se organizan debates culturales, proyecciones de cine, exposiciones, talleres de pintura y brunch los sábados.

“Internet ayuda mucho pero la gente necesita verse y sentirse. Las actividades son gratuitas, ya que no queremos que el dinero sea un problema para el acceso a la cultura”, afirma.

Wakh Art Akya Sy, por Diattus Design.

En efecto, la Boîte à Idees es también su casa. Y la sede de Wakh’art. Un lugar creado al estilo de la Factory de Warhol… La villa desvela su gusto por el reciclaje y la recuperación, por la cultura urbana en forma de grafitis imponentes que cambia cada año para guardar “el espíritu efímero que debe caracterizar este arte”, detalles mágicos en forma de conchas, árboles, libros escondidos o juegos para los visitantes más pequeños. Se respira amor y respeto por lo que hace y una voluntad de crear un lugar inspirador para los artistas que por allí se acercan.

En forma de entrevista, Ken Aïcha Sy transcribe en primera persona los intercambios que tiene con las actrices y actores culturales de todas las generaciones que pasan por la Boîte à Idées. Con un estilo informal pero rigurosamente documentada, traslada la opinión de estos artistas senegaleses y extranjeros de paso en la ciudad, que no solo hablan sobre sus trabajos, sino que son cajas de resonancia de las realidades sociopolíticas de su entorno.

Observadora privilegiada del panorama cultural de su país no tiene pelos en la lengua: “Aparte de la música, hay poco conocimiento y reconocimiento del arte. Cuando rascas un poco el discurso político en materia cultural está vacío: al final la financiación viene de fuera. Al menos, el gobierno debería obligar a las empresas extranjeras que llevan años beneficiándose de nuestras riquezas a participar en las manifestaciones culturales y aportar dinero al desarrollo cultural de nuestro país. ¡Es lo mínimo!”, se indigna. 

Ken Aïcha Sy, por RapNabisso.

Futuro: el arte como factor de desarrollo

El lema de la asociación Wakh’art, presidida actualmente por el experto en estrategia digital Alpha Ciré Kane, es el “arte como factor de desarrollo”. “Nos referimos a un modelo económico en el que creemos”, dice SY. “En Senegal tenemos un patrimonio cultural muy rico, pero no somos conscientes de su potencial económico. Nosotros creemos que el arte se debe de utilizar para favorecer el desarrollo del país. Si desarrollamos la industria cultural, y la profesionalizamos, mucha gente podría ganarse mejor la vida y a la vez, atraer un turismo diferente”.

“Para eso, habría que llevar a cabo dos acciones: promover que la ciudadanía conozca y ame su propia cultura, y formar profesionalmente a alguna de esa gente para participar profesionalmente en su desarrollo”, comenta.

Tras el análisis, Wakh’art se puso a trabajar: “con el proyecto Arte en la escuela, intentamos promover esa sensibilidad artística en los más jóvenes, incluyendo también disciplinas menos convencionales como grafiti, DJ’ing o reciclaje y dándoles las herramientas para poder descodificar la cultura y aprender a amarla”.

En paralelo, Ken Aïcha SY trabaja para la profesionalización del sector, a través del sello discográfico Wakh’art Music (WAM), cofundado con el músico Moulaye, como empresa independiente pero guardando la misma filosofía.

“Aunque tiene vocación empresarial, WAM nació de la necesidad de jóvenes artistas que se dirigían a nosotros en busca de consejos profesionales para gestionar sus conciertos, agendas, comunicación, contactos. Sin embargo, somos un sello poco convencional: en primer lugar porque mientras otras discográficas se llevan porcentajes descomunales, el artista de WAM se lleva el 70% de los beneficios de sus ventas, y en segundo lugar porque nuestros artistas no hacen tendencia, tienen una pluma extraordinaria y una vasta cultura musical”, explica la promotora.

“Es por ello que es difícil venderlos, porque no son “encasillables”: la industria musical te obliga a buscarles una casilla cuando en realidad entran en varias.  Es una pena que sigamos en esta tesitura cuando el mundo actual es mestizo y plural: un artista se inspirará de diferentes fuentes como Bob Marley, Oumou Sangaré o The Beatles”. 

Hablando del panorama internacional se lleva las manos a la cabeza: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada. Aunque seas originaria de un pueblo de África y estés orgullosa de serlo, no es por ello que tu obra deba presentar obligatoriamente un niño pequeño y desnudo que se llame Kirikou. ¡Somos más que eso!”. 

Caso de estudio en numerosas escuelas de emprendimiento y gestión, Ken Aïcha Sy no duda en compartir su experiencia con cualquiera con la misma voluntad de cambiar las cosas que ella. Incluso la han contactado de Nigeria y Camerún para intercambiar sobres las claves de su éxito.

Parece difícil encontrar algo que se le resista a esta mujer, sin embargo confiesa que su reto para este año es visibilizar la creatividad femenina. “Yo soy feminista y tengo ganas de apoyar a las creadoras a dar el salto a lo profesional. Tengo la sensación de no haber hecho lo suficiente por darles visibilidad. Las mujeres son más discretas y la sociedad senegalesa es muy particular al juzgarlas: muchas comienzan pero después se casan y rechazan entrar en una dinámica profesional, o se quedan en un segundo plano, como coristas… no es que no puedan compatibilizar vida laboral y profesional, sí pueden: son mujeres, ¡llevan toda la vida haciéndolo!”.

Se despide dejándonos su descubrimiento de 2017: Angélique Dione, y prometiendo seguir dando mucho más de qué hablar. De arte, por supuesto.

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Siaka Soppo Traoré, de Dakar a Barcelona

Cualquier lugar del mundo suele asociarse a una imagen; y gran parte de la población comparte esos mismos imaginarios colectivos que se acercan mucho a la realidad pero que, a menudo, también pueden distorsionarla. Y es que cuando se habla de África, las únicas imágenes que nos vienen a la mente están repletas de miseria, subdesarrollo, guerras y hambre. Lo que no cabe en nuestra imaginación es que algunas de las urbes africanas son las que más han crecido en los últimos años, no solo a niveles demográficos, sino también económicos. El continente se encuentra en ebullición constante y las calles de las ciudades demuestran, día tras día, su frenético movimiento. Un movimiento que no ha escapado de los ojos del fotógrafo y bailarín Siaka Soppo Traoré y que ha captado a la perfección en las fotografías de la exposición Actual Africa que ha acogido la galería Out of Africa, de Sitges.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Originario de Burkina Faso, el artista descubrió la fotografía cuando era niño, de la mano de su padre y los retratos que sacaba de toda la familia, pero no decidió dedicarse a ella hasta que terminó sus estudios y lo animaron a aprender de forma autodidacta. Creció en Togo, pero se marchó a estudiar a Senegal, dónde también descubrió la danza hip-hop y la capoeira. “Gran parte de mi infancia estuvo marcada por la danza, me llamaban Micheal Jackson porque siempre imitaba el moon walk. Más tarde tuve la suerte de descubrir la danza urbana, el hip-hop, que me impresionó, y la capoeira. Bailo por diversión, me hace sentir bien, no soy profesional, pero sí he formado parte de un grupo profesional en Dakar que se llama Indahouse Dakar”, explica Siaka para Wiriko.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

En su trabajo, Traoré ha unido la danza y la fotografía para captar la ebullición permanente de una calle en la que vivimos y que es el centro de nuestro día a día, pero a la que no prestamos atención e incluso despreciamos. El artista se ha dedicado a fotografiar a los bailarines urbanos senegaleses en acción, y ha desafiado las leyes de la fotografía estática para presentarles como auténticos héroes contemporáneos. A menudo, estos bailarines no están bien vistos ni gozan de ningún tipo de reconocimiento en la sociedad; pero a través del objetivo de Traoré, que pretende hacer evolucionar esta idea, vemos reflejados los valores positivos de la calle, el esfuerzo y la pasión que requiere esta disciplina artística. “La calle representa la inter conexión de un sinfín de posibilidades en la vida. Los bailarines representan la fuerza y la mente en movimiento”, cuenta. Una mente en movimiento constante que está presente en todo el continente.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Su punto de vista pretende dar un paso más y no quedarse en el plano puramente estético. “Más allá de su efecto visual, me intereso por el impacto social de esta forma de expresión artística”, afirma. “Expreso mi estado actual, mi visión a través del cuerpo y del movimiento”. Según Siaka Traoré, los bailarines urbanos de Dakar “nos pueden enseñar que todos pertenecemos a un plano material, que la belleza se puede encontrar en cualquier parte y que el cuerpo es increíble”.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Traoré expuso por primera vez estas fotos en 2014, durante el OFF de Dak’Art, la bienal de Arte Contemporáneo Africano, en la exposición SUNU StreetNuestra calle– que acogió la galería Atiss. En 2016, Siaka recibió el Premio Orange del Mejor Fotógrafo Digital y actualmente también se dedica a la moda, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos más solicitados. Para la exposición en Sitges, que compartió con el artista francés, Sébastien Bouchard, los propietarios de la galería Out of Africa, Sorella Acosta y Jacques Collaer, se encontraron con el artista en su estudio de Dakar para proponerle una exposición que mostrara la capital senegalesa en la actualidad.

De la serie Sunu Street (nuestra calle), del fotógrafo senegalés Siaka Soppo Traoré

Pero el artista decidió ir más allá y, después de la inauguración de la exposición, también nos propuso algunas fotografías tomadas en la ciudad de Barcelona. “He desarrollado el trabajo fuera de África con un bailarín que se llama Jordi. Nos conocimos en la inauguración de la galería en Sitges, su estilo de baile me gustó y decidimos trabajar juntos. Eligió un lugar que le gustaba de Barcelona y yo me adapté a su movimiento”, cuenta. Con todo, Traoré se lleva de Barcelona la arquitectura de la ciudad y sus colores.

Jac Keïta: “Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio”

– “Concert bi neexna ma lool” (El concierto me ha gustado mucho)

– “Jerejef way, yeen lay beggee” (Gracias amigo, es para vosotros)

Jac Keita del grupo Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Exhausto pero enérgico, Jac Keïta, líder de la banda Takeifa, saluda a todas y cada una de las personas que viene a felicitarle tras el concierto ofrecido en un pequeño pueblo del norte de Senegal, organizado por la asociación Hahatay sonrisas de Gandiol. El nivel actual de la banda raramente les permite este contacto con la realidad de su país, algo que el artista agradece. “Es muy motivador tocar ante un público rural, que no te conoce mucho y que ves que tu música le llega. Es un subidón”, ríe.

Takeifa, juego de palabras que significa Familia Keita, es un grupo de largo recorrido, muy conocido y valorado tanto en la escena senegalesa como internacional.

Todo surgió de él, Jac, carismático e inquieto. Hijo de un comisario, creció mudándose constantemente de ciudad con su familia. Allí donde se instalaban los Keïta, Jac formaba un grupo, tocaba la guitarra o cantaba en solitario. Sus padres siempre le apoyaron y poco a poco el gusanillo de la música fue picando a sus hermanos: primero se le unen Ibrahima a la batería y Maah al bajo. Poco después Cheikh, que ya había hecho sus pinitos a la guitarra y le daba también al arte plástico, y Falou, al micrófono, se instalan con ellos en Dakar en 2006 dando comienzo a la aventura.

La primera vez que los escuchamos fue en Madrid en mayo de 2011. Tocaban en el Paraninfo de la Complutense en el festival Africa Vive organizado por Casa África. Por aquella época se llamaban Jac et le Takeifa, habían publicado un solo álbum (Diáspora, 2008) y tenían como cabeza de cartel a Femi Kuti.

Pese a que no eran aún muy conocidos por el gran público, tenían ya su red española bien atada : su manager les había conseguido abrir un hueco en los grandes festivales como el WOMAD o Territorios, en Sevilla.

Aquella noche, esperando al nigeriano, el público se quedó impresionado con la sincronía y presencia escénica del grupo, que ofrecía una música fresca, bailable, fusionando pop, reggae, rap y sonidos africanos. “Prometen”, se decía.

Seis años después, la profecía parece más que cumplida. Agotan entradas en todas las ciudades senegalesas, cuentan con varios clubs de fans, comparten cartel con los grandes nombres de la música africana (Youssou Ndour, Alpha Blondy o Tiken Jah Fakoly) en los festivales europeos y gozan del respeto de la crítica y los medios.

Pese al cansancio, Jac no mira al reloj sino a los ojos, y conversa entretenido sobre los entresijos de su tercer álbum que saldrá a la venta en mayo de este año, bajo el título Gass Giss.

Maah Keita de Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Habéis hecho bailar a niños y mayores del pueblo, y es que parece imposible no contagiarse de vuestro ritmo ¿seguís siendo el mismo grupo que conocí en 2011?

Seguimos siendo los mismos, pero hemos evolucionado. Hemos aprendido a valorar la sencillez. Hemos entendido la importancia de la precisión y la simplicidad en los arreglos, en la melodía, y también en la puesta en escena. Antes necesitábamos gritar, saltar, usar muchos instrumentos para crear ambiente, pero con el tiempo y al frecuentar diferentes tipos de audiencias, nos hemos dado cuenta de que lo que engancha al público es una sonoridad más profunda, más pura, sin necesidad de sobrecargar.

Hace cinco años de vuestro último trabajo Get Free ¿por qué nos habéis hecho esperar tanto ?

Con Get Free estuvimos tres años de gira en Europa y Senegal. Necesitábamos parar un poco para crear y grabar. El proceso creativo ha llevado su tiempo, y después hemos grabado en Senegal pero la masterizacion la hemos hecho en Estados Unidos… Nuestra discográfica alemana es muy exigente en cuanto a la calidad y creatividad. No aceptan nada del mismo nivel que tu trabajo anterior: tienes que superarte. Tenemos mucha presión en cuanto a la música pero también en cuanto al protocolo, a la imagen, infografía, ruedas de prensa… Esta vez queríamos un álbum internacional, y la obtención de los derechos de autor nos han llevado casi dos años. ¡Es mucho trabajo!

¿Como os sentís ante esta nueva etapa que comienza?

Estamos ilusionados pero serenos. La música es ante todo paciencia. No es difícil ser una estrella de un día, pero nosotros queremos hacer carrera musical, queremos llegar a decir llevamos treinta o cincuenta años en la música. Queremos que el público nos vea crecer poco a poco: eso es hacer carrera.

Os definís como un grupo comprometido. Las letras de vuestros anteriores álbumes trataban temas como la situación de los niños de la calle, el medioambiente, etc. ¿De qué habláis en este nuevo trabajo ?

Hablamos de la abrir las mentalidades: la juventud africana necesita confianza, y esa confianza tiene que salir primero de ella misma (¡tenemos que creer en nosotros mismos!) pero también la clase política tiene que confiar en las nuevas generaciones. Hay muchos jóvenes con energía, ambición y ganas de quedarse en su país y hacer grandes cosas.

En este trabajo, hablamos de la curiosidad, que es lo que mueve a la juventud. Creemos que es positivo viajar y salir del país para ver lo que se hace fuera, para aprender, mezclarse y volver a casa con ideas nuevas. En casa es donde realmente te sientes bien, y a donde todos queremos volver.

Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

¿Es un mensaje político ?

Éste es nuestro mensaje pero esta lejos de ser el discurso de los políticos senegaleses, que hacen política como se hacía hace 150 años en África. Las mentalidades deben cambiar y sabemos que no son estos hombres políticos los que van a provocar un cambio.

Pareces desmotivado…

Yo nunca me desmotivaré del potencial que hay aquí pero sí de nuestra clase política: no confío en ellos y creo firmemente que su manera de hacer no contribuye a mejorar la situación de las poblaciones.

Tenemos que afrontar nuestro propio futuro y dejar de pensar que la solución va a venir de fuera. Dejar de creer que hay una inteligencia superior que va a venir del extranjero para resolver nuestros problemas, no es así : aquí no hay regalos. Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio.

Es necesario que nuestra clase política, y sobre todo nosotros los africanos, paremos este discurso de la ayuda. Nadie salvará a nadie, nosotros mismos tenemos el destino en nuestras manos.

El título de vuestro álbum Gass Giss  significa “el que busca, encuentra” ¿habéis llegado ya a vuestro objetivo?

Hemos buscado durante mucho mucho tiempo y hemos encontrado el camino que nos gusta, pero tenemos que seguir trabajando. Nuestra apuesta es crear una música que haga cambiar las mentalidades, que innove, que aporte alegría y diversión pero que también pase un mensaje.

La juventud necesita ídolos. Aquí tenemos una juventud que se busca, que es creativa, dinámica y flexible, que pueden hacer cosas extraordinarias, pero que necesita referencias. La música mbalax puede ser bonita, pero a veces cae en la vulgaridad, sus mensajes no fomentan el espíritu crítico y transformador que necesita la juventud.

Habéis creado un “sonido Takeifa”, basado en la fusión de estilos, idiomas e influencias. ¿Os reconoceremos en Gass Giss o tendremos sorpresas a nivel musical?

Para este álbum nos hemos inspirado mucho de la música rock  y
también de la música afro de Nigeria, de Fela y Femi Kuti. Nos hemos inspirado de estas dos nuevas fuentes para fusionarlo al sonido Takeifa y hacer algo más puro, más life.

El directo es claramente vuestra fuerza…

Sabemos que es nuestra fuerza y hemos querido guardarlo en este álbum. Hemos grabado los temas en directo en el estudio, con pocos instrumentos, para poder “sentirlos”. El álbum tendrá 10 temas sin apenas percusión, pero con mucho saxo, que también incluiremos en el directo.

Hemos contado también con el apoyo de Baaba Maal que nos hace un featuring en uno de los temas, y muchas colaboraciones en arreglos con grandes músicos senegaleses.

El disco saldrá a mediados de mayo, ¿os veremos en España?

Después de una presentación en Senegal nos vamos directamente a Francia donde haremos una conferencia de prensa y un gran concierto en París, y comenzaremos la gira europea. En España querríamos tocar pero desgraciadamente aún no tenemos ningún festival para este verano. ¡Pero seguro que pasamos en la gira de invierno!

Para nosotros es muy importante tocar en España: es el país que ha creído en nosotros en primer lugar, que nos dio nuestro primer visado. La Embajada en Dakar nos puso en contacto con Casa África, que nos movió por prácticamente toda España durante casi cuatro años. Podemos decir que ha sido nuestra puerta de entrada al panorama internacional. Es por eso que hablamos un poquito de español…

La noche cae oscura en Gandiol, y a la troupe que acompaña a los Takeifa, formada por doce personas, les quedan aún cinco horas de coche hasta Dakar. “No os despidáis mucho, que volveremos pronto”, promete Jac, alejado por unos instantes del ajetreo que le espera en estos próximos meses.

Aquí os esperamos.

Women Groove Project: el dinamismo de las mujeres artistas en Senegal

Women Groove Project es una iniciativa que tiene por objetivo visibilizar y promocionar el dinamismo de las mujeres artistas en Senegal. A su cabeza, dos cantantes excepcionales, Mamy Kanouté y Gnima Sarr, cuya presencia escénica resume fielmente la filosofía de la iniciativa: procedentes de universos completamente distintos, dos grandes voces que se unen, sin competir ni perder identidad, en una sola melodía para transmitir un mensaje común: la necesaria cohesión de las mujeres, “porque juntas somos más fuertes”.

Pese a que Women Groove Projet se fragua en 2012 y el álbum del mismo nombre es publicado hace justo un año lanzado en un gran concierto en París, su presentación en Senegal no llega hasta el pasado 25 de febrero, en el Instituto Francés de Saint Louis. Ante el riesgo de esta fusión ad hoc, el directo goza de una magia particular, gracias sobre todo a la espontaneidad y energía de sus dos divas.

Mamy Kanouté es originaria de una familia griot, profundamente anclada en la tradición mandinga. Afincada en Dakar, es conocida como corista de Baaba Maal, quien la unió a su grupo Daande Leñol con 14 años. Icono de la tradición, siempre ha hecho prueba de apertura a la fusión de estilos como muestran las colaboraciones de su álbum personal Mousso Lou con el violinista belga Wouter Vandenabeele o con el jamaicano Ernest Ranglin.

Gnima Sarr.

Gnima Sarr, por su parte, simboliza lo urbano y moderno en este dúo. El “alter ego de Mamy”, como ella se describe, procede de las islas del Saloum, crece en Dakar en el seno de una familia intelectual y emigra a París con apenas 20 años. Ya en la capital francesa, su carrera musical prospera asociada al rap, slam y otros géneros urbanos. Acompañando como telonera a Omar Pene, también ha desarrollado su proyecto personal, el álbum Life is not a Waiting Game publicado en 2014.

Las filigranas líricas de Mamy Kanouté se mezclaron entonces con el flow de la rapera para delicia de una audiencia que bailó los ritmos de rumba, funk o soul propuestos sin ningún tipo de complejos.

La tradición y urbanidad prometida, apoyadas por un sonido de gran calidad: DJ Charly, Noumoucounda Cissoko a la kora y el guitarrista y también realizador del espectáculo, Hervé Samb. Tres senegaleses que están pegando fuerte en el panorama internacional y que también se han subido al carro.

Y es que Women Groove Projet no es casual. Es un proyecto pensado para triunfar. En su origen está Ousmane Faye, personaje reconocido del panorama artístico senegalés: mánager del cantante Omar Pene y figura de la música con su grupo Super Diamono, es también creador de reality shows para la televisión como Ferme Factory y fundador de la productora La Factory.

Conocedor sin duda de la industria cultural, Faye ha aprovechado el tirón de las etiquetas ‘África’, ‘mujer’ y ‘fusión’ en el mercado internacional y lo ha transformado en un proyecto para visibilizar las iniciativas artísticas de las mujeres de su país. Al preguntarle, se pone en un segundo plano : “o solo he tenido la idea, el proyecto es de ellas”, dice sin querer comentar más de este producto tan novedoso como encasillable y del que él lleva la relación con los medios.

“La iniciativa ha sido de Ousmane Faye, pero el proyecto es nuestro –reivindica Gnima Sarr-: nosotras nos hemos conocido, congeniado, creado juntas, y decimos lo que queremos decir”.

Mamy Kanouté

“Como artistas queremos expresar nuestra libertad, porque en el mundo del arte y la cultura hay también ese paternalismo y dirigismo de hombres productores, directores, músicos mientras que nosotras seguimos jugando un papel mucho más cosificado de mujeres objeto, guapas, voces secundarias… que nos relega a un segundo plano”.

Mamy Kanouté piensa que “no puedes integrar los atributos de mujer si quieres triunfar” y que es difícil conciliar cuando eres artista: “estamos siempre muy ocupadas”.

Nosotras queremos que el poder no pase por una manera de ser y entender el mundo masculinizada, patriarcal”, dice Gnima, y para ello, el proyecto les ha permitido trabajar unas letras que lanzan un mensaje directo y sin tabúes.

“Hemos querido contar historias de mujeres, visibilizar sus problemáticas: la principal es la presión social que se ejerce sobre ellas. Solo se entiende una manera de ser mujer. Por ejemplo, el tema de la maternidad no está cuestionado pese a que hay mujeres que no quieren ser madres”, afirma.

Uno de los títulos del álbum, Dimbaliya, trata otro tema sensible: el de la esterilidad y la manera en la que la culpa siempre recae en la mujer, aunque sea el hombre el infecundo.

En bambara, wolof, serer o inglés, el dúo canta para despertar conciencias. “También hablamos del desarraigo. Porque los africanos no conocemos nuestra propia historia, nuestra cultura antes de la colonización nos la han robado. Con nuestra música interpelamos nuestra identidad, nos preguntamos quiénes somos. Los africanos tenemos que estar orgullosos de nosotros mismos, y aún no lo estamos”, explica Gnima, en un discurso que recuerda al de su hermano, el filésofo y escritor Felwin Sarr.

Además de esta iniciativa musical concreta, el proyecto funciona como asociación que apoya la creación femenina promocionando redes de artistas de distintas disciplinas (video, foto) y organizando talleres en la Women Groove Factorylugar de residencia y de creación.

Aprovechar el tirón para tratar temas necesarios

Como ocurre en Occidente, África también ha sucumbido a la avalancha de eventos que conmemoran celebraciones del calendario mundial, como el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Sin poner en duda la importancia del recuerdo de la fecha (un 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles tomó la decisión de salir a las calles de Nueva York a protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban) ciertos programas corren el riesgo de caer en la “comercialización” de la fecha.

Así, con intención de emitirlo el citado día, el pasado 22 de febrero, en asociación con la cadena de televisión nacional RTS2 el proyecto organizó un encuentro entre las dos cantantes y lideresas de diferentes ámbitos como políticas, sindicalistas, periodistas, universitarias, artistas, etc, en el Taller mecánico Fatou Fatou en Dakar, un sitio emblemático por ser el único con dos mujeres a la gerencia, algo asociado generalmente al rol masculino.

Allí se debatió sobre el tema «mujer e inmigración clandestina» ante una audiencia exclusivamente femenina.

Para Gnima Sarr, la jornada fue un éxito: “Hablamos del exilio, y de la manera de evitar que los jóvenes sigan pensando que Europa es El Dorado y se vayan en las condiciones que lo hacen. También reflexionamos sobre el rol de las mujeres en el proyecto migratorio  el papel de las que se quedan mientras el hombre deja el hogar, y la responsabilidad de la cohesión familiar”.

Por su parte, Mamy Kanouté destaca la importancia del apoyo de la televisión a la visibilización de las problemáticas femeninas que considera que “es cada vez mayor”. “Antes no se podía hablar de la violencia, o de cuestiones de salud que solo afectaban a mujeres, porque era tabú. Hoy los medios de comunicación se hacen eco de las cosas que nos preocupan y eso hace que las mentalidades cambien poco a poco en Senegal”.

El proyecto ha sabido aprovechar el filón de los circuitos culturales comerciales para trabajar cuestiones de fondo, con la esperanza de que a parte del bonito envoltorio el mensaje deje sus posos en las sociedades. Por lo pronto, y tras el segundo concierto en Senegal, el 4 de marzo en Dakar, será en las europeas, pues las próximas paradas del “Women Groove Projet” les llevará este verano a Francia y Suiza.

El amor de los amantes, los celos de San Valentín

Fotograma de la película Restless City, 2011.

El día de los enamorados es, además de mucho más complejo que las cenas románticas de esta noche incentivadas por la publicidad y El Corte Inglés, algo que se apelmaza entre la carta de vinos y la de los postres: lo llaman amor. Sobrevuela a ratos alto y dislocado. A veces tan bajo que lo llegamos a pisotear. Muchos piensan que en África no existe. No el día de los enamorados, sino el A-M-O-R. Creemos que esta palabra no puede ser, que está ausente. Un concepto eclipsado siempre por la crisis del SIDA, la sequía, la guerra. Así que cuando se piensa en el continente africano uno no proyecta imágenes de emociones o tensiones sexuales que acompañan al concepto. Quizá está provocado por la necesidad de alimentar nuestro ego y querer exportar, también, nuestra forma de besar, de ser celosos, de venganza, de anhelo, de intriga, de intimidad, de cortejo, de ser galanes, de movernos en la cama. Seleccionar películas es jugar a ser prestidigitador y hacer mutar las percepciones de las narrativas del espectador. Y hemos pensado que, quizás, cansados de tanto corazoncito y ofertas de todo tipo para un día como otro cualquiera, vendría bien dejarnos querer por realizadores y realizadoras que desde el continente explican que el amor es mucho más complejo. No obstante, disfruten de este 14 de febrero. Con cine, claro.


Sexo, okra y mantequilla salada, (2008) de Mahamat-Saleh Haroun 

Sexo, okra y mantequilla salada es una comedia de costumbres rodada en Francia. Con un reparto coral, el director chadiano cuenta la historia de una familia africana recientemente emigrada. Una serie de cambios agitan la familia, incluida la marcha de la madre con su amante blanco. Malik, su marido y muy tradicional, ve que todo su mundo se gira del revés, que tiene que cuidar de dos niños pequeños solos y, además de eso, descubre que su tercer hijo es homosexual. La llegada de la hermosa Amina provocará una serie de giros sorprendentes de guión. Una película que explora muchos de los temas de la firma de Haroun como los padres ausentes o la venganza frente a la reconciliación.


Boda blanca, (2009) de Jann Turner

El leal, comprometido y muy decente Elvis deja Johannesburgo para recoger a su mejor amigo y padrino Tumi en Durban. Los dos viajan a Ciudad del Cabo para comenzar los preparativos de la boda de Elvis con Ayanda. Pero las cosas no siempre salen según lo planeado. Esta comedia es una película atractiva que te hace sentir bien, así en general, con ese A-M-O-R del que hablábamos: compromiso, intimidad, amistad…


Hienas, (1992) de Djibril Diop Mambety
Una adaptación de la famosa obra del suizo Friedrich Dürrenmatt, La Visita, la película de Mambety Hienas cuenta la historia de Linguere Ramatou, una anciana y rica que vuelve a su pueblo natal de Colobane –el mismo que el de Mambéty–. Allí el guion narra una historia íntima de amor y venganza paralela a una crítica del neocolonialismo y el consumismo de África. Os dejamos la película completa.


Faat Kiné, (2001) de Ousmane Sembène
Esta comedia incisiva del cineasta senegalés Ousmane Sembène, uno de los padres de los cines africanos, es una observación crítica a la actual Dakar. El realizador muestra las contradicciones modernas de la ciudad postcolonial en un paisaje donde se mezclan las relaciones de género, la pobreza y la riqueza, y la tradición y modernidad. Faat Kine es un tributo al heroísmo cotidiano de las mujeres africanas, mostrándolas en el papel central que desempeñan en la creación de una nueva África lejos de la de antes de la independencia. Os dejamos la película completa porque también se habla de amor.


El amor se cocina en una olla africana, (1980) de Kwaw Ansah
La reinterpretación de Romeo y Julieta en la Ghana colonial por el realizador ghanés Kwaw Ansah representa las tensiones entre tradición y modernidad. Aba Appiah se enamora de Joe Quansah, hijo de un pescador, pero Kofi, su padre, un funcionario jubilado, tiene otros planes para ella, y tratará de bloquear su matrimonio. El conflicto resultante tendrá consecuencias complejas e inesperadas. Una joyita para disfrutar de la Ghana de los años ochenta.


Un amor durante la Guerra, (2005) de Osvalde Lewat-Hallade
Este documental de la realizadora camerunesa Osvalde Lewat-Hallade explora las consecuencias del uso de la violación como arma de guerra desde la perspectiva de las mujeres en África, donde se da testimonio de esta tragedia en repetidas ocasiones. Aziza una periodista y su marido tratan de reconstruir sus vidas. Sin embargo, los horrores sufridos por otras mujeres durante la guerra todavía se ciernen sobre Aziza.


Restless City, (2011) de Andrew Dosunmu
La ópera prima del director nigeriano Andrew Dosunmu, con una magnífica fotografía, cuenta la historia de Djibril, un inmigrante africano que sobrevive en la periferia de la ciudad de Nueva York, donde la música es su pasión, la vida es una estafa y enamorarse es su mayor riesgo. Djibril tiene un objetivo: ser una estrella del pop y volver algún día a África, donde su madre y su padre trabajan en un entorno de miseria. Pero el amor, lo cambiará todo.

5 películas africanas sobre migraciones

Un catálogo subjetivo para comprender las migraciones africanas desde el otro lado y a través de la mirada de 5 cineastas. Porque detrás de la barbarie que se vive en la frontera europea, hay historias humanas que vale la pena conocer:

A Stray
Director: Musa Syeed
País: EE.UU. 
Año: 2016

Poco después de conocerse quién sería el nuevo presidente de los Estados Unidos, saltaba la noticia de que Ilhan Omar, de 34 años, ha hecho historia al convertirse en la primer legisladora somalí del país. Esta ex refugiada y activista nacida en Somalia servirá como miembro del Parlamento, en el estado de Minnesota. Una elección que se producía pocos días después de que Donald Trump acusara a los inmigrantes somalíes de este estado de “difundir sus puntos de vista extremistas”. Minnesota tiene la comunidad más grande somalí de la nación, alrededor de 50.000 según el censo de los Estados Unidos.

A stray (un perro callejero) cuenta la historia de un adolescente somalí llamado Adan, interpretado por Barkhad Abdirahman, quien crece en Minneapolis, y que perdió a su padre en la guerra en Somalia. Su madre le ha expulsado de su apartamento por el robo de sus joyas. “Eres un somalí y musulmán, nadie te va a contratar”, le dice uno de sus amigos al inicio de la película.

Así que cuando el director de cine Musa Syeed comenzó a viajar desde su casa en la ciudad de Nueva York hacia el corazón de la comunidad somalí en Minneapolis, la ciudad más grande de Minessota, se enfrentó a una queja recurrente: la de los propios somalíes que pensaban que sería un periodista más que terminaría haciendo un producto sobre terrorismo. De hecho, la película de Syeed no ignora esta cuestión y refleja la psicosis de que parezca que haya un agente del FBI al acecho en cada esquina. Pero muestra la vida de los refugiados en Minneapolis matizada, con problemas, sí, pero también hermosa.


Triangle Going to America 
Dirigida por Theodros Teshome
País: Etiopía
Año: 2014

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.


Hope
Director: Helmer Boris Lojkine
País: Nigeria / Camerún / Francia
Año: 2014

Existe un rico mosaico antropológico de historias de supervivencia de los migrantes del África al sur del Sahara que han atravesado el desierto y el mar en busca de una vida mejor en Europa, pero son los guiones menos llevados al cine. Y esto sería razón suficiente para dar la bienvenida a Hope (Esperanza), una crónica pragmática y sensible del encuentro entre una joven nigeriana y un hombre camerunés que luchan en unas condiciones brutales por alcanzar las costas de España. El debut narrativo del francés Helmer Boris Lojkine fue quizás silenciado de forma solemne en las carteleras europeas.

La esperanza es la fuente principal de combustible en el largo camino representado en la película. Y el detalle simbólico del guión de Lojkine ya que también es el nombre de la joven protagonista que viaja sola y se une a un grupo de varones cameruneses en dirección al norte. Humillada y violada por sus compañeros de viaje, es rescatada y posteriormente protegida por Leonard, quien la acompaña a los guetos migrantes sombríos surgidos en la periferia urbana de Tamanrasset (Argelia). Una road movie sobre la vida. Y sobrevivir.


Mille Soleil
Directora: Matis Diop
País: Senegal
Año: 2013

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.


África Paraíso
Director: Sylvestre Amoussou
País: Senegal
Año: 2006

Y después de esta selección… acabamos con una famosa cita panafricanista: “África para los africanos”. Estas son las palabras que se repiten en el guión de Sylvestre Amoussou que sitúa sobre el tapete una cuestión necesaria en los discursos hegemónicos. ¿Qué pasaría si Europa se fragmentara en el 2030, los índices de paro se dispararan y se provocara una fuerte migración a la inversa? Es decir, si los europeos buscaran trabajo a la desesperada en el edén africano, ¿qué ocurriría? Amoussou describe a un África donde las políticas migratorias son feroces contra los inmigrantes, donde los jóvenes africanos están súper cualificados y donde se generan, también, suburbios de blancos que buscan un futuro mejor. No hay más. Una auténtica crítica a contrapelo de la historia, como diría Walter Benjamin. Aunque la fotografía deja, eso sí, mucho que desear.