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Este noviembre, mujeres afrodescendientes en escena

Sobre los escenarios de teatro, las actrices en España ya suman tres generaciones. Aún así, cuando se trata de emplear a actores y actrices, los primeros se sobreponen a las segundas. Según el Estudio Sociolaboral de 2016 de la Fundación AISGE, la entidad española sin ánimo de lucro constituida por AISGE (Artistas Interpretes, Sociedad de Gestión), la tasa de desempleo de las mujeres alcanza el 51,6% mientras que el de los hombres es seis puntos más bajo. Aspecto que lleva a las mujeres al desempeño de la profesión cobrando menos y trabajando sin contrato más días al año, es decir, en peores condiciones que sus compañeros.

Cartel Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente en Valencia 2017. Fuente: Movimiento por la Paz

Es por este motivo que en distintas provincias españolas, surgen proyectos con un carácter de visibilización y promoción de las mujeres como creadoras, a todos los niveles, dentro del sector de las artes escénicas.

Uno de ellos es la asociación de mujeres dedicadas a las artes escénicas Projecte VACA, cuya sede está en Barcelona. Cerca de cumplir los 20 años, nace con el deseo de potenciar la influencia y el peso de las mujeres en éste ámbito laboral, realizando investigaciones, procesos de experimentación y producción escénica de y por mujeres. Desde el marco del proyecto, también organizan un festival anual con la muestra de actividades y creaciones artísticas que difunden el trabajo creativo femenino. Éste festival es el Novembre Vaca.

Cartel Novembre Vaca 2017. Fuente: Projecte VACA

La edición del Novembre Vaca 2017 cuenta con una cartelera compuesta por la participación de mujeres afrodescendientes con piezas teatrales que exponen y reflexionan sobre la figura de las mismas. Como nos explican desde la asociación: “Teniendo presente que estamos en el decenio de la afrodescendencia, hemos decidido apoyar la creación de mujeres afrodescendientes”. Es así como la actriz VACA y creadora de “No es país para negras”, Sílvia Albert Sopale y la actriz y directora Alejandra Egido, estipulan la temática del festival. No obstante, como declaran desde la asociación: “La falta de apoyos institucionales ha provocado que el festival no sea al 100% como se había ideado”. Lo cual nos cuentan que ha repercutido en la participación de compañías como Teatro en Sepia con el espectáculo Afrolatinoamericanas, y Alaya Theatre con Nenas negras que han considerado el suicidio cuando el arco iris era suficiente.

Aún así, las profesionales de las artes escénicas componentes del Projecte VACA decidieron seguir con la temática para el festival. Como nos exponen: “Lamentablemente en España la representación de las personas afrodescendientes es pésima, la gran mayoría de los papeles a los que optan reproducen estereotipos e invisibilizan la realidad de la comunidad. Es necesario hacer una reflexión a nivel de ciudad y de país sobre cómo afecta la representación de las personas racializadas a ellas mismas y a su entorno”.

De esta manera, se ponen en relación obras y espacios de reflexión que denuncian el racismo normalizado en España, otras que visibilizan la sexualidad de las mujeres, también piezas que ponen en valor la identidad, y aquellas que velan por el reconocimiento de mujeres afrodescendientes.

Una de las obras cuyo objetivo es poner en valor el papel de las referentes afrodescendientes en la historia es He contado las manchas del leopardo hasta llegar a la luna, que está programada para el 1 y 2 de Diciembre del 2017 a las 20h en el Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison. Una conversación en escena creada por No Somos Whoopi Golberg que, como narran: “buscamos rescatar el trabajo y las voces de mujeres con las que pudiésemos sentirnos identificadas, que constituyesen un legado para nosotras, un modelo, un referente”. 

“No Somos Whoopi Goldberg” compañía teatral de afrodescendientes.

La obra de Silvia Albert Sopale, Kelly Lua y Maisa Sally-Anna Perk mana a partir de la investigación sobre la herencia histórica de diferentes y diversas mujeres negras. Como explican: “Cada una tenía intereses distintos y quería resaltar perfiles más políticos o más artísticos o más científicos. Nos encontramos que había muchas historias por contar y resultaba complicado decidir qué figuras escoger debido a la riqueza y la diversidad de éstas”. Es por ello que, en primavera, a raíz del encuentro con Eva Hibernia, dramaturga y directora del espectáculo, deciden elegir tres personajes y ponerlos a dialogar a partir de las reflexiones personales que florecieron al investigarlas.

Tres personajes que, como leopardos, haciendo referencia al título, al nombre de Wangari (que significa leopardo en la tradición Kikuyu) y escuchando el relato de las actrices de la compañía, “se callan, se enjaulan o a los que se le da caza: la caza del silencio”. Es por ello que manifiestan: “Nos gustó pensar al leopardo como un ancestro, o más bien como un símbolo de nuestra parte a la que llamamos salvaje, la que no se deja ver y parece peligrosa”.

Mismamente, las actrices de No Somos Whoopi Goldberg encarnadas en la escritora semianalfabeta brasileña Carolina María de Jesús, la matemática estadounidense Katherine Johnson y la científica y activista keniana Wangari Maathai, harán al espectador/a sorprenderse y experimentar distintas texturas y emociones. Como precisa el trío:

“[El espectáculo] Es como un leopardo, va rápido y salta enérgico. Esperamos que sepa dar ese salto fértil a la percepción del espectador y que se agazape como un buen compañero tras sus ojos, una vez se acabe la función. Para que después esté más atento a las manchas, los olvidos, los silencios que contienen grandes figuras dentro”.

Kelly Lua, Silvia Albert Sopale y Maisa Sally-Anna Perk, componentes de la compañía “No Somos Whoopi Goldberg”

Pasaporte español, raíces africanas: Silvia Albert Sopale

Me llamo  Silvia, Silvia Albert Sopale, la Negra para mis amigxs, Chivita para mi mamá, aunque ella en verdad quería ponerme Wineyla, pero en el 76, en España, no podían ponerse esos nombres, así que tuvo que ponerme uno como Dios manda. Mi nombre africano es Ifeyinka, me lo puso mi tía abuela y quiere decir todo amor, y yo, me puse Adelaida para las noches de fiesta. ¿Y de niña? ¿Cómo me llamaban de niña?  Este es uno de los textos de la obra No es país para negras, de la que soy co-autora y que estaré representando durante el mes de Julio en Madrid en la sala Off de la Latina… Pero de esto hablará más tarde.

Silvia Albert Sopale. Foto de Thaïs Batlle.

Nací en San Sebastián en 1976, soy hija de una ecuatoguineana Bubi y de un Nigeriano Igbo. Mis padres se conocieron en Guinea, donde fue a parar mi padre tras perder a los suyos a muy temprana edad. Él se hizo a sí mismo, se crió en las calles, vendió chatarra, estudió, superó la pobreza, jugó al futbol en el  atlético de Malabo, Juventud Biafra y la Selección Nacional de Guinea Ecuatorial y conoció a mi madre. Una de las hijas de Sisi Yoko, criadas por Atoloni, bien formadas, educadas, bellas…

A la izquierda, de brazos cruzados, el padre de Silvia.

Todas esas historias para la mayoría de los lectores y lectoras, sonarán a nombres lejanos, pero para todas aquellas personas que vivieron en Guinea en los años 60 y para su descendencia forman parte de nuestra historia.

Historias que sueño con recuperar y compartir en los teatros de España, del mundo. Historias que unen a España con Guinea para siempre. Que se deben recordar, que deberían ser estudiadas en las escuelas, contadas en cuentos, en películas. Historias que ayudarían a que este fuese un país más amable.

Mis padres llegaron en el 74 en busca de una vida mejor, como habían hecho antes que ellos otros compañeros, vinieron como insiste mi madre desde “una provincia” de España y no una colonia. Con derecho de pertenencia llegaron a Mallorca y de allí a San Sebastián, en donde mi madre estudió auxiliar de enfermería y mi padre comenzó con la fotografía y a trabajar en bares. Muchas fueron las penurias que pasaron, mucho el trabajo que realizaron, muchísimas las situaciones racistas que sufrieron y con todo eso formaron una familia, tuvieron cuatro hijos. Yo ocupo el tercer lugar.

Y con todo eso pasaron por Almansa y llegaron a Alicante en los años 80, donde echaron raíces.  Mi madre siguió estudiando y acabó sacándose el título de enfermera, cargo que ocupa ahora en el Hospital Universitario. Mi padre montó un Bar, “El Kuka’s”,  uno de los establecimientos que forman parte de la historia de la ciudad. Se hacían hamburguesas, se servían copas y se escuchaban músicas africanas. El que comenzó siendo un pequeño negocio, acabó convirtiéndose en un negocio multimillonario, del que vivieron muchas familias durante casi treinta años.

 

No fue para contar historias por lo que comencé a estudiar teatro, eso vino después, con el tiempo, con la conciencia. Comencé porque me encantaba jugar, vivir otras vidas, ser quien no era, ser quien no era capaz de ser. Vivir todo aquello que estaba tan lejos de mi.

Me matriculé en la Escuela Superior de Arte dramático de Murcia. Como la mayoría de estudiantes, tenía que escoger carrera pasada la selectividad (prueba que por suerte no hice) ¿Cómo puedes escoger una carrera sino tienes ni idea de quién eres, ni de lo que te gusta? Cada una escoge la carrera por diferentes motivos: por puntuación, por exigencia/petición /influencia familiar, por los amigos y amigas… Mi motivo fue salir de casa, tenía que huir. Escogí una  escuela que estaba cerquita, pero no en mi misma ciudad. No en la ciudad en la había pasado los últimos 18 años. Una ciudad en la que no podía ser yo, en la que era siempre la hija de… la hermana de… la sobrina de… Una ciudad que no me ofrecía mucho a nivel cultural, en la que mi alma se dormía. Una ciudad en la que viví abusos, agresiones, racismo. Una ciudad contra la que me revelé, bueno, en verdad le declaré la guerra al mundo y a sus ocupantes a los 15 años y no firmaría la paz definitiva hasta los 30. Algún día contaré esa historia.

Fui de las pocas de mi grupo de amigos y amigas que terminó los estudios de Arte dramático, eso sí, sin tener ni idea del tipo de teatro que quería hacer, pero sabiendo todo lo que no me interesaba. Y eso que en la escuela hice todo tipo de papeles, cosa que no se repetirá en 20 años, ya que la gran mayoría de las veces que me buscan es para hacer de prostituta, inmigrante, delincuente, mujer de la limpieza. En España, a pesar de haber profesionales racializados en todos los sectores, no se ve reflejado en los medios. Es indignante cuando mandas el material para un casting en el que dice: SE BUSCA ACTRIZ MORENA y te responden que no han pedido actrices de raza.

Ser una rebelde te pone en otro lugar frente a la vida. Creía que todas las personas estaban contra mí, no pensaba bajar la cabeza ante nadie, primero pisar a dejarme pisar. Perdí muchísimas batallas, luchaba en una guerra de guerrillas. Esta fue una de las expresiones que utilizó Enrique Villatoro, mi terapeuta, durante más de 3 años, refiriéndose a mi caso. A los 30, ya viviendo en Barcelona, comencé a hacer terapia Gestalt con él. Recuerdo las primeras sesiones, me miró y me dijo: “No es nada fácil tú historia Silvia, pero te puedo ayudar si  te comprometes conmigo”. Rompí a llorar. A partir de ese momento estuvo de mi parte, hiciera lo que hiciera. Trabajamos y recuperé el amor por el teatro, por la vida, firmé la paz con el mundo, encontré el amor de pareja, trabajé de regidora en el Teatre Lliure y me quedé embarazada. Y el mundo se giró de nuevo.

Ifeyinka…como me puso mi tía abuela.

Comencé a cuestionar mi negritud. Me había criado entre personas negras. En el cole tenía 2 hermanas mayores que abrieron camino, que sufrieron los insultos y los golpes por mi. Veía a mis primos y tíos con frecuencia. En el bar de mi padre, mayoritariamente trabajaban y lo frecuentaban negros. ¿Y qué sería de mi hija, viviendo en Barcelona totalmente alejada de su familia negra? ¿Cómo impregnarla a ella de negritud? ¿Cómo prepararla para lo que se le vendrá encima? ¿Cuál sería su tribu?

En terapia, entendí que no podría proteger a mi hija de lo que viviría, siendo una niña mestiza en un país de blancos. Allí comprendí que lo único que podía hacer, es dotarla de herramientas y confiar en que sepa utilizarlas y estar muy cerca de ella para cuando me necesite.

Buscando referentes para ella encontré a mi comunidad a través de las redes sociales y más tarde comenzamos los encuentros fuera de éstas. España necesita más referencias positivas afro/negras. Un montón de hermanos y hermanas se han sumado a la lucha que hace años comenzaron otro montón de personas, y comenzamos tareas nuevas. Nuestro deseo es llevar a España de una vez al siglo XXI. Una parte de mi colaboración es con la obra No es país para negras, donde el público que consigue superar el shock inicial que les produce el título, se encuentra con una tragicomedia, que les saca más de una carcajada y les puede hacer sentir vergüenza al segundo siguiente.

Hago esta pieza con la intención de sacudir conciencias. Y está funcionando. Os contaré tres casos para terminar:

Al finalizar una actuación en Gijón, un grupo de señoras salió afirmando que este no era país para negras, que no era posible que tuviéramos los mismos derechos. Agradecí que ellas pudieran verbalizar su pensamiento. Me apenó no haber estado en ese momento para entablar una conversación. Confío en que en alguna de las conversaciones que tuvieron tras ver la obra, alguien las confrontara. Por esto me parece importantísimo hacer la obra en centros cívicos, en teatros de barrio, ya que el público de estos espacios va sin muchos miramientos, está dentro de su rutina y de vez en cuando se encuentran con piezas que les hacen cuestionarse y pensar.

Otro de los casos es el del mi tío blanco. Casado con mi tía y con quien tiene una hija de 40 años. La primera vez que actuamos en Madrid, él se negó a venir a ver la obra. “¿Por qué Silvia ha hecho esta obra?”, les preguntaba. Le invitamos a venir a verla, pero él se negó. El título le produce pavor. Es algo que ocurre muy a menudo. La gente piensa que se va a encontrar con un montón de acusaciones y quejas, nada más lejos de la realidad. Por otro lado me da pena mi tío. Me imagino cuantas situaciones racistas habrá tenido que vivir teniendo una mujer negra y una hija mestiza. Situaciones que no le habrá contado a nadie, chistes, comentarios… ¿Qué habrá vivido para que no pueda compartir con su familia una experiencia así, sólo por el título?

El tercer caso ocurrió en una actuación que hicimos en Mallorca a finales de junio del mes pasado. Una espectadora le contó a una de las organizadoras que ella era la chica del otro lado, la que nos llamaba chocolate, conguitos, la que nos decía que olíamos mal, nos tocaba el pelo y todas esas cosas. Para ella ver la obra ahora, que ya había recorrido un camino y que sin duda está en otro momento de su vida, la había impresionado tanto que no se pudo quedar al coloquio. Para mí, que ella viniese y que compartiera aquello, creo que es sanador para ambas.

Si queréis ver la obra, estaremos en Madrid, los viernes y sábados de julio (menos el 15 y 16), en La Sala Off de La Latina, a las 20h. C/Mancebos 4.

Peluquería africana: refugio de la masculinidad negra


Dice Santiago Alba Rico en su artículo Bares que “si está cerrado el tribunal o la consulta del psiquiatra, nos refugiamos en el bar”. Además el filósofo y escritor aporta que “cada español tiene su propio bar y su propio equipo de fútbol”. En África, la peluquería es el bar español. Ese “espacio público íntimo” como describía el nigeriano Andrew Esiebo. Otro compatriota, esta vez el multidisciplinario Inua Ellams, ha llevado al escenario una obra de teatro que tiene a las peluquerías como punto de encuentro.

Wiriko tuvo la oportunidad de asistir al estreno de Barber Shop Chronicles en el Teatro Nacional de Londres. Dirigida por Bijan Sheibani, la pieza es un proyecto concebido para hablar sobre la masculinidad del hombre negro tanto en el continente como en la diáspora. Ellams compone un tratado de filosofía callejera y experiencias vitales a través de diferentes historias entrelazadas en distintos lugares del África anglófona. 9 actores ponen en escena unas situaciones reconocibles en cualquier barbería y que son el fruto de los viajes del autor para documentar la pieza teatral.  Las crónicas inician un recorrido que se inicia en Lagos y continua en Accra, Kampala, Johannesburgo y Harare. Pero la conexión de todas estas escenas están en la peluquería Three Kings de Peckham, barrio londinense conocido como “la pequeñas Nigeria”. Allí se reúne algún familiar, un conocido, un amigo de un amigo. Y todo transcurre en un mismo día de abril de 2012 con el mundo del deporte pendiente de la semifinal de Champions League entre Chelsea y Barcelona.

La jornada comienza antes de las 6 de la mañana en Lagos cuando un joven necesita un urgente corte de pelo antes de una entrevista de trabajo. Se traslada a Accra donde un padre primerizo busca consejo sobre su cómo afrontar la paternidad y el viaje se alarga hasta Kampala para discutir cómo las leyes antihomosexuales están afectando las exportaciones del país. En Johannesburgo un vecino arremete contra Mandela por defraudar a su pueblo al dejar impune a los partidarios del apartheid y el chimurenga, género musical zimbabuense, es el tema a debatir en Harare. Ellams nos lleva por el continente pero siempre vuelve a Londres donde la trama principal se centra en la tensa relación entre Samuel y Emmanuel.

Barber Shop Chronicles es una recopilación de instantáneas compartidas en torno a un cortapelos. El texto se acelera para la burla, se incendia en el debate político, social y religioso y se detiene a la hora de admitir la culpa. La audiencia es testigo de unos diálogos que van más allá de la cotidianidad. La peluquería es el bar para miles de africanos que hablan sin concesiones y sin miedos. Y el peluquero escucha, asiente y niega.

El servicio no se limita a un simple corte de pelo. Se va a pedir consejo sobre relaciones amorosas, las diferencias generacionales o cómo iniciar el último gran negocio para hacer dinero. Pero también hay cabida para aliviar las preocupaciones. ¿Por qué se evita hablar de la salud mental de unos hombres enfrentados al racismo, la migración o los secuelas de una herencia colonial? ¿Cuáles son las expectativas que tiene la sociedad puesta el hombre negro?

La obra de teatro también profundiza en la búsqueda de la identidad. “¿Puedo venir mañana? Sólo para sentarme y hablar”, dice Ethan, uno de los personajes que bien puede ser el alter ego de Ellams. El autor, al mudarse a Londres, vio cómo la comunidad afrocaribeña de Peckham lo invitaba a pasar las horas en la peluquería y el personaje es una representación de todos esos jóvenes que no sólo van a cortarse el pelo sino luchar contra la soledad, enfrentarse al choque cultural y buscar la identidad de un joven negro en el Reino Unido. Y entre bromas se aparenta pero se echa de menos el hogar porque “todos somos huérfanos fuera de África, de nuestra tierra”

Por eso Inua Ellams lleva las historias África y las hace identificables en cualquier ciudad del continente. Cambia la escenografía, los personajes, el huso horario pero no las conversaciones e inquietudes de unos hombres que se preguntan qué significa ser un hombre negro. Y en la búsqueda siempre hay una peluquería que sirve de anecdotario y un peluquero al que calentarle la oreja. Porque “incluso en las malas épocas, el peluquero siempre está disponible para la comunidad”.

La poesía es mi manta: lo cotidiano como práctica creativa

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Por Camila Monasterio

Algo maravilloso ocurre en el acto creativo. De la nada emerge aquello que con un lenguaje propio nace para contar algo. Deseos, dolores, filosofía. Lo que sea que, conectando vísceras e intelecto, nos mueve hacia la expresión artística. Hay tantas maneras de crear como espíritus potencialmente creativos, y tantas posibilidades de participar del arte como maneras de entenderla y vivirla. En este sentido, ponerse a la obra en colectivo es un experiencia en la que el proceso de gestación, que suele ser algo íntimo, ha de darse con la confianza necesaria para que cada quien vuelque la parte de sí que quiera poner en el todo.

En ‘La poesía es mi manta’ ese espacio de intercambio ha servido para construir un espectáculo teatral donde se remezclan textos, versos y música. El objetivo es asomarse a los lados de las fronteras, hablar de cómo esas brechas geográfico-políticas, pero también cotidianas, nos impiden no sólo movernos libremente sino conocernos unos a otros en calidad de iguales. Porque en este collage escénico narrado de forma coral se traza el itinerario de un viaje, que aunque en inicio parezca el de aquel que marcha de África para llegar a Europa, es más bien el que hace el espectador al ponerse en la piel de quien está narrando su historia.

Las fuerza de ‘La poesía es mi manta’ reside, precisamente, en el poder de la primera persona. El relato no tiene sombra de duda en cuanto a su veracidad, ni está afectado del paternalismo que puede acompañar la representación de un drama cuando se mira desde fuera. Los y las protagonistas cuentan cómo dejan atrás a su gente, sufren el racismo y la persecución policial, sienten esa mirada a veces de sospecha, a veces de condescendencia y tratan de salir de la precariedad. Puestas en escena, poesía y música son el lenguaje con el que se narra, encontrando resonancias en quien observa que van más allá de los hechos que se desvelan.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Este espectáculo es una apuesta por conectar ambas orillas del escenario, e ir incluso más allá. Porque la dureza de la vida de las personas extranjeras, simplemente por serlo, es apenas conocida por quienes la padecen o por sus relaciones más cercanas. Y la justificación de por qué quienes migran merecen sólo una vida de segunda se acepta tácitamente por la sociedad, normalizando el racismo y la xenofobia. Pero un discurso articulado en el odio y el prejuicio se desmonta, simplemente, mirándose a los ojos y buscando ese lazo común. Y para eso, el teatro es un contexto poderoso. Por su desnudez y crudeza, y por su falta de artificios, es capaz de reproducir esa atmósfera de confianza inicial donde los integrantes de este grupo teatral compartían lo íntimo que finalmente, tablas afuera, se hace público.

El colectivo está compuesto por personas que un día decidieron migrar pero también por otras autóctonas que forman parte redes activistas de apoyo mutuo, o por aquellas que comparten afinidades artísticas que van desde la música, la escritura o el teatro. Lo que une a este grupo heterogéneo es, más que nada, el placer por esos versos, melodías y puesta en escena. El rap, el soul, la poesía. Composiciones propias entreveradas con otras del autores/as de renombre que desdibujan, precisamente, esa firma con nombre propio para hablar de lo universal.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Así, un poema de Ibrahim Sall y una adaptación libre en castellano de ‘A change is gonna come’ de Sam Cooke, son piezas del mismo fresco que también componen el rap ‘Me voy’ de Serigne Mbaye o ‘Sin Papeles’, una canción reggae en voz de Dieumba Cissé. En este grupo amateur no escasean las habilidades artísticas y cada quien, desde su lugar, aporta su prisma al mural que acaba por mostrarse con complejidad y riqueza. Además, la compañía en sí misma es una experiencia de convivencia, una muestra de que sí es posible un entendimiento, un ir más allá de la piel. Una transformación del paisaje atravesado por barreras, puesto que donde no había cruce de caminos, hoy hay un territorio mestizo.

‘La poesía es mi manta’, además, ha lanzado una campaña de crowdfunding para editar su banda sonora en cd y consolidar la compañía. Quienes colaboren como mecenas contribuirán para que el proyecto se convierta en una fuente de formación y autoempleo para sus integrantes. El dinero, además de ser destinado a la grabación, producción y edición del disco (que será producido por Santi Mijarra-Bass Culture Players), también servirá para realizar cursos de interpretación, canto y se invertirá en la creación de ropa cosida por los sastres/intérpretes de la compañía. Todo un desborde de sueños en tiempos donde la solidaridad merece ser sembrada.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Vicenta N’dongo: “En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso”

Foto: Paco Navarro.

*Por María Colom

Nacida en Cataluña y con raíces ecuatoguineanas, la actriz Vicenta N’dongo no pisó las tierras africanas de su familia hasta los 33 años. Aun así, conectó enseguida con todo ese mundo. Años más tarde, en 2014 hizo un viaje de un año con su pareja, desde la India hasta Nueva Zelanda. Antes de partir, en una entrevista, afirmó que “a nosotros nos dejan en soledad para que nos sintamos agarrotados por el pánico y el miedo”. Después de tan largo viaje, a la actriz, que ha sido madre hace menos de un año, no le gusta pensar en un mundo ideal, pero sí tiene algunas ideas surgidas de sus experiencias.

La conocimos con la película Airbag (1997), de Juamma Bajo Ulloa, y se coló en todas nuestras casas con las series Dinamita, de TV3 y Aquí no hay quien viva. Más recientemente la hemos podido ver en el filme Menú degustació (2013) de Roger Gual, pero ahora, aunque ha participado en un pequeño rodaje, ha dejado un poco apartada su carrera para dedicarse de pleno a la maternidad.

 


Maria Colom: ¿Cómo ves el mundo actual?

Vicenta N’dongo: Después de un año de viaje y de haber recorrido muchos países, más allá de la política y la economía mundiales, de las que no quiero hablar porque se lo han comido todo, veo que los seres humanos estamos mucho más conectados de lo que parece, pero fingimos que no. Todos somos iguales. Las personas que viven en países subdesarrollados, palabra que no entiendo qué significa, en mi opinión, en muchos aspectos son los que mejor están.

M.C: ¿Qué es lo que más te sorprendió cuando conociste Guinea Ecuatorial?

V.N: Me sorprendió mucho a nivel sensorial. Cuando vas a un lugar en el que todos son como tú, te sorprende. Y no eres consciente de ello hasta que no llegas y lo sientes. Allí todos éramos del mismo color. Todo mi ADN me vino de golpe y me di cuenta de que todos los seres humanos tenemos más cosas en común de lo que nos quieren hacer creer todos los carteles y las etiquetas que nos ponen. Allí conecté muchísimo con el talante, la paz, la no prisa que aquí nos han vendido, el ritmo y la rutina. En otros países del mundo, sin vivir como nos dicen que hay que vivir aquí, se vive mejor. Y, evidentemente, no obviaremos la parte oscura de un país devastado por la huella que dejó la población española y el sentimiento de inferioridad.

M.C: ¿Cómo te marco este viaje?

V.N: En los viajes, al igual que en los conflictos, los choques y los aprendizajes me vienen siempre con retraso. Necesito tiempo para digerir las cosas. Años más tarde, el significado del día a día me lo tomo de otra manera. Cuando eres pequeña te educan con cierta rigidez y la huella que me dejó el viaje es que no necesitas esa ferocidad para ser el primero, sino la ayuda de los otros y el todo. Aquí nos educan para ser el primero en todo o el mejor, y eso no es cierto.  Por ejemplo, el otro día, en Madrid, vi un cartel de un colegio que decía “Si quieres que tu hijo sea el más inteligente, tráelo a este colegio”. Tuve claro que yo no quería esto para mi hijo.

Foto: Paco Navarro.

M.C: Comentas que llegaste al mundo de la interpretación casi de casualidad. ¿Cómo valoras tu carrera profesional?

V.N: Casualidad quizá no es la palabra exacta. En mi familia no había un historial artístico, pero yo sí que tenía necesidades y pedía hacer danza, tocar el piano, quería ir al liceo y conseguí ir sola cuando tenía 12 años. Lo que valoro es que una niña de esa edad quisiera y consiguiera llegar hasta el final. Tengo la suerte de haber hecho lo que realmente quería hacer y que nadie me parara. Nos tenemos que sacar de la cabeza el hecho de tener que hacer una carrera por obligación porque hay que valorar las inquietudes de cada uno, y si alguien quiere dedicarse a cuidar de una finca, pues adelante. En mi carrera he tenido mucha suerte. Parece mentira cómo fui capaz de decidir ser esto con todas mis inseguridades y complejos, y cómo lo he conseguido. Tuve mucha suerte y valoro mucho haber podido trabajar con toda la gente con la que he trabajado; sin ellos hoy no sería quien soy. Me enseñaron cosas y aprendí mucho de ellos porque no querían darme ninguna lección. Aprendí de la causalidad de ver cómo funcionaban.

M.C: ¿Qué opinas de la situación de los actores y actrices negros en España, que algunos colectivos ya han denunciado?

V.N: Para empezar, no me gusta que se pongan etiquetas. No creo que exista ninguna situación ni ninguna problemática hasta que nosotros ponemos las etiquetas. En España, gente de razas distintas, de los que más hay es de negros; pero en Estados Unidos pasa con los latinoamericanos. Si no estás dentro de los cánones y los estándares de belleza, es complicado para todo el mundo. No creo que los negros de aquí seamos distintos que los latinos en Estados Unidos. Pero lo mismo pasa con las mujeres. El mundo está dirigido por hombres, y aunque no sea feminista, ¿por qué no dirigimos más las mujeres? Lo que me pregunto es ¿por qué en el siglo XXI esto aún no se ha solucionado? Me hago mías las palabras que pronunció Meryl Streep en los Globos de Oro acerca de una sociedad tan machista y tan poco liberal. Y esto incluye también a gente de distintos colores.

Foto: Paco Navarro.

M.C: ¿Cómo crees que influye en la sociedad y en la educación de los jóvenes que los actores negros solo hagan papeles estereotipados?

V.N: Creo que en la educación está todo relacionado, no solo con los papeles estereotipados, sino con las cuestiones de género. Si históricamente somos las mujeres las que hemos educado a los niños, ¿por qué lo hemos hecho con estas ideas tan sexistas? El otro día estábamos con un grupo de amigos de entre 40 y 50 años. El hijo de uno de ellos dijo que las niñas de su clase eran pijas y tontas. Mientras todos se reían, una amiga le preguntó que qué quería decir. El niño respondió que siempre quieren dar la nota y que dicen cosas que no tienen sentido. Entonces mi amiga lo hizo reflexionar y le dijo que quizá eran los niños los que no las entienden y los que no saben escuchar. Son estas cosas las que hay que empezar a cambiar en la educación y en los colegios; los niños pequeños son los que van a reinar en la sociedad. Con mi hijo voy a intentar estar en alerta constante con las palabras para no caer en prejuicios y dogmas como el de que las negras son exuberantes o las latinas calientes.

M.C: ¿Cómo sería el mundo ideal en el que te gustaría que creciera tu hijo?

V.N: Cuando pienso en un mundo ideal me pongo a llorar. Por suerte no tengo ningún mundo ideal, gracias a dios. Porque el hecho de no llegar a este mundo ideal nos frustra. Espero que mi hijo sea como es y poder acompañarlo y ayudarlo. No quiero manipularlo. Quiero que se quiera como es en su interior.

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

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la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.

La reencarnación de Shakespeare en África

“Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo”, William Shakespeare (1564-1616).

¿Os imagináis que nuestros arquetipos literarios viniesen de la tradición oral Dogón de Mali? ¿Que nuestros héroes y heroínas fueran personajes de las obras de Chinua Achebe o Wole Soyinka? ¿Podríais sospechar cómo seríamos hoy si cientos de africanos hubieran llegado a Europa en el siglo XIX para conquistarnos y “civilizarnos” a su modo de entender y estar-en-el-mundo? Ahora mismo quizás estaríamos escribiendo en lingala, shona o igbo en vez de en castellano. Quizás entre los clásicos de la literatura universal no estuvieran ni El Conde de Montecristo, ni El retrato de Dorian Gray, ni Alicia en el País de las Maravillas sino el mito mandinga de Sundiata Keïta, la historia de Tambuka de la tradición literaria suajili o la fábula de Anansi, la araña Ashanti. ¿Quizás amaríamos distinto, odiaríamos de otra forma, comeríamos de otra manera, nos relacionaríamos diferente…?

Adrian Dennis / AFP / Getty.

Adrian Dennis / AFP / Getty.

La historia, el pensamiento y las culturas de casi 900 millones de africanas y africanos que viven hoy en el Sur del Sáhara quedaron afectadas y profundamente influenciadas por la llegada de sus colonizadores. Y este, por supuesto, fue el caso, entre otros, de la Inglaterra Victoriana en su periplo imperialista de mediados de 1800. Hoy, 21 de los 54 estados africanos -Botsuana, Camerún, Gambia, Ghana, Kénia, Lesotho, Liberia, Malaui, Namíbia, Nigeria, Ruanda, Seychelles, Sierra Leona, Sudáfrica, Sudán del Sur, Sudan, Suazilandia, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabue- tienen como lengua oficial o cooficial el inglés. Pero como sabemos, aprender una lengua no es sólo aprender su gramática, sino también aprender su cultura, aprender a pensar como sus hablantes y vivir en esa lengua. Por ello es, también, empaparse de Dickens, Doyle, Oscar Wilde… y por supuesto, de Shakespeare.

Pero lejos de lo que hubieran querido imaginar los británicos, muchos líderes de las independencias y movimientos revolucionarios se apoderaron de Shakespeare para luchar contra los colonos, elevar la importancia de las lenguas autóctonas y criticar las políticas británicas. Shakespeare está, entonces, en los cimientos de las emancipaciones nacionales del Sur del Sáhara. Y lo está desde que la hoguera empezó a arder a pies de aquellos que la habían prendido.

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Una actriz de Botswana interpreta una escena de Macbeth dentro del programa ‘Shakespeare Vive’, organizada por el British Council de Gaborone este mismo año, durante la conmemoración del 400 aniversario de la muerte del poeta. Fotografía de Monirul Bhuiyan.

Shakespeare como “bomba cultural” para borrar la memoria africana:

Todo se remonta al “diabólico colonialismo y la anterior diabólica esclavitud. Un relato sobre dinero, capitalismo y explotación”, explica la africanista Jane Plastow, profesora de Teatro Africano en la Facultad de Artes de la Universidad de Leeds en una reciente entrevista para la Folger Shakespeare Library. Pero por supuesto, se trata de una historia de aculturación, cuenta. “Cuando el hombre blanco llegó nos dijo que nos arrodilláramos y cerráramos los ojos para rezar. Cuando los abrimos, nosotros teníamos la Biblia y ellos las tierras”, explica, parafraseando un lúcido fragmento de ‘Un Grano de Trigo’, del novelista keniano Ngugi Wa Thiong’o.

África siempre ha producido conocimiento, aunque se haya querido silenciar o borrar intencionadamente de la historia que se cuenta sobre el continente en la literatura tradicional eurocéntrica. Las escuelas tradicionales africanas fueron prohibidas durante los años de la colonización, imponiendo sistemas educativos primarios, secundarios y universitarios militares y/o misioneros. Y aquí es cuando Shakespeare, entre otros, se introdujeron en la vida de los africanos de la burbuja anglófona. “Shakespeare se citaba cuando uno quería parecer más refinado, más poderoso”, explica Plastow.

A pesar de que África ya gozaba de sofisticados conocimientos y culturas, Shakespeare representaba un refinamiento más elevado al modo de ver eurocéntrico, y por encima de todo, británico. Así, las élites africanas que se educaron en la cultura colonial, adoptaron al dramaturgo como una de esas “bombas culturales” que dinamitaban, según Wa Thiong’o, la memoria histórica africana.

Sin embargo, las luchas anticoloniales encontraron en este ovni cultural, ingredientes comunes para la liberación. Tal como explica el sierraleonés Tcho Caulker, profesor de lingüística en la Universidad de Connecticut, en la misma entrevista para la Librería Folger Shakespeare, el inglés y toda su carga cultural como lengua del Imperio se convirtió en bandera de las emancipaciones como máscara para demostrar la valía de kenianos, sudafricanos, tanzanos o sierraleoneses.

Shakespeare en Kisuajili y el socialismo tanzano:

La tragedia de Julio César fue, durante el periodo colonial, la obra shakesperiana más conocida en África. Nyerere, el primer presidente de Tanzania, que introdujo el kisuajili como lengua oficial tanzana para evitar favorecer ninguna lengua local (Bemba, Maa, Chaga…) por encima de otra, entendió que el kisuajili podía representar de la misma forma un freno y una herramienta de lucha contra la lengua colonial -el inglés-. Así, Nyerere tradujo la primera obra de Shakespeare al kisuajili y Julio César se convirtió en Juliasi Kaizari. 

Las adaptaciones del dramaturgo británico se fueron sucediendo y las narrativas se fueron africanizando sucesivamente. Nombres africanos, danzas africanas, lenguas africanas… fueron recorriendo las venas literarias de sus obras, dándoles resurrección y apropiándose de los personajes de Shakespeare para educar a las clases populares.

“El teatro, en nuestra tierra, está relacionado a prácticas religiosas y festivales tradicionales. El sistema colonial británico se llevó a cabo a través de los misioneros y como nos cristianizaron, prohibieron nuestro teatro”, explica  el dramaturgo nigeriano Femi Osofisan, en la misma entrevista. La africanización de Shakespeare no solo se produjo en referencia a la interpretación de sus obras, a la representación de sus personajes por parte de los actores y actrices, sino también se notó en seguida por la reacción y participación del público en sus actuaciones. “Utilizamos proverbios, nuestra audiencia aquí participa y es muy activa”, explica Osofisan marcando distancias entre el público europeo, que suele ser espectador pasivo de las obras, y el nigeriano.

Cómo Shakespeare sobrevive al poscolonialismo: 

Una de las reivindicaciones de los intelectuales kenianos y que marcan el espíritu poscolonial del país fue suprimir los departamentos de inglés en las universidades. Tal y como explica Wa Thiong’o: “no se trataba de suprimir a Shakespeare, sino de poner la literatura africana en el centro. Pero fuimos acusados por el gobierno keniano poscolonial de intentar prohibir Shakespeare”.

Las reivindicaciones identitarias contemporáneas en África siguen ligadas, en su gran mayoría, a la centralidad de los referentes locales, así como a las lenguas autóctonas. Sin embargo, a excepción de Tanzania, el inglés ha triunfado como vehículo. Hoy, en capitales como Nairobi, la clase media y alta raramente se comunica en Lúo o en Kikuyu. El Kisuajili es moralmente la lengua de la gente, así como el Sheng (o “patois” urbano de la capital). Sin embargo, en reuniones, conferencias y escuelas, el inglés es considerado la lengua keniana. Se podría considerar así que, en ciertas esferas, la colonización mental británica triunfó. Pero nada es lo que parece si uno mira con detenimiento la realidad de cerca.

En Uganda, Malawi o Etiopía, Shakespeare sigue presente en los currículums educativos y en las aulas. Pero no ese Shakespeare inglés, sino el Kisuajili, el Amharic o el Luganda. Un Shakespeare reencarnado. Reapropiado. Reinterpretado. Africanizado, si se quiere. Cualquier forma de interpretación elitista de Shakespeare en África que no haya tenido en cuenta las propias dinámicas de interpretación teatral locales ha fracasado y fracasará, como cualquier importación cultural. Lo dicen todos los expertos, africanistas africanos y no africanos. Y cualquier persona con sentido común asentirá con la cabeza a estas afirmaciones de Jane Plastow: “El futuro de Shakespeare es dejarlo jugar con las glorias de las ricas tradiciones teatrales y lenguas de África“. “Inglaterra debe aprender algo más sobre África y no a la inversa“.

IV Centenario de la muerte de Cervantes: En un lugar de Saint-Louis…

Decía el catedrático Manuel Ángel Vázquez Medel, de la Universidad de Sevilla, que “el auténtico homenaje a Cervantes en el IV centenario de su muerte era mantener su palabra viva leyendo su obra”. Fue éste precisamente el tipo de homenaje que se le hizo a Cervantes el día 23 de abril en la ciudad senegalesa de Saint-Louis, con lecturas no solo recitadas, sino interpretadas, puestas en escena, y acompañadas a la guitarra del músico español Rafael Serrallet. De esta forma, el acto, celebrado íntegramente en español, huyó de formalidades académicas e institucionales, con un dinámico programa de poco más de una hora de duración, con interpretaciones protagonizadas por jóvenes estudiantes de la Universidad Gastón Berger (UGB) de Saint-Louis, y algunos jóvenes españoles, entre ellos, la propia Sandra Gil, la Gestora Cultural del Agregado Cultural de la Embajada Española en Dakar (Cultura Dakar).

TeatroElRetablodelasmaravillas3El acto comenzó por una presentación del director del Aula Cervantes en Dakar, Ignacio Villapadierna, y Alba Rodríguez, lectora de español en la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, y coordinadora de este homenaje, expresando un gran entusiasmo por la celebración de este homenaje no sólo en Dakar, el día 22 (fecha exacta del IV centenario de la muerte de Cervantes), sino en Saint-Louis ese día 23. “Se llama Cultura Dakar porque está en Dakar – explicaba Villapadierna sobre la labor que realizada la embajada española en Senegal-, pero el mero hecho de estar aquí hoy es una prueba de que se mueve”.

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Este homenaje es reflejo de un fenómeno de mundialización, en el que una selección de textos de Cervantes es recitada e interpretada de forma magistral por estudiantes senegaleses de español. Se celebró, además, en un nuevo espacio cultural de Saint-Louis llamado Meyazz Club, inaugurado un día antes del acto cervantino, y con una prometedora cartelera cultural. La persona detrás de este proyecto es Jai, un español afincado en Senegal y con una larga trayectoria de salas de conciertos y bares. En un escenario al aire libre, con una pérgola de cañas y frente a un conjunto de sillas forradas en telas estampadas y coloridas en wax, bajo la sombra de palmeras y varios árboles, una gran comunidad de estudiantes de español e hispano-hablantes se reunieron para conmemorar al gran escritor, cuya obra Don Quijote de la Mancha, “ha inspirado y sigue inspirando a tantos artistas”, tal como decía el Profesor Sow en el acto.

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La satisfacción del desplazamiento de Cultura Dakar es compartida por el profesor Ndioro Sow, jefe del Departamento de Lengua Española y Civilizaciones Hispánicas en la Universidad Gaston Berger, profesor de lingüística española y lengua española y su literatura (española, hispano-americana e hispano-africana), quien agradeció a Cultura Dakar que se haya hecho la actividad en Saint-Louis. Y añadió para Wiriko: “Es una oportunidad enorme para nosotros, porque desde la embajada española hacen muchas actividades con la UCAD en Dakar, pero aquí en la Universidad Gaston Berger hay un departamento de español muy fuerte. Además, el hecho de que se celebre con motivo del día del libro presenta una oportunidad de profundizar en una figura como la de Cervantes”. Este decía que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, una cita de total actualidad, en un mundo digitalizado donde hay una continua indagación sobre la persistencia y reinvención de los modos de lectura.

ProfNdioroSow“¡Vaya casualidad!”. Así titulaba Ndioro Sow su presentación sobre Cervantes, siguiendo la lectura impecablemente recitada de Romance de Olalla y Cadenitas cadenas. “Hace una semana estaba en Alcalá de Henares, lugar donde nació Cervantes, cuando mi compañera Alba Rodríguez me llamó para invitarme a dar precisamente una comunicación sobre Cervantes. ¡Vaya casualidad!” Contaba el Profesor Sow. La enseñanza de español está muy extendida en la universidad de Saint-Louis, con dos departamentos de español, y una gran demanda por parte de los estudiantes. Es decir, “la lengua española sigue aprendiéndose aquí con mucho entusiasmo”. En una concisa pero precisa y completa presentación sobre Cervantes, el profesor Sow hizo un recorrido por su obra literaria. “Hablar de Cervantes como dramaturgo es hablar de una pequeñísima parte de Cervantes”, decía. Cervantes es también novelista y poeta. Sow destacó “la relación dialéctica entre los actores y los personajes de Don Quijote, donde éste triunfa contra su creador Cervantes, lo cual, así mismo, es un triunfo de la creación, una demostración del arte, en el sentido aristotélico del término”. Destacó también los valores de esta obra, “donde el Hidalgo de la Mancha lucha por proteger a su próximo”, y donde hay un “rechazo de la codicia”. Y añadió: “Don Quijote abandona sus tierras. Eso es precisamente lo que le otorga el rango de caballero”.

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A su intervención siguió una representación teatral de “El retablo de las maravillas”, de la recién montada compañía teatral de la Universidad Cheikh Anta Diop (UCAD, de Dakar) en español “La Barraca”, dirigida por el artista Scorpion. Ni dos semanas tuvieron los intérpretes para hacer esta simpática representación, ganándose las risas del público estudiantil y la sonrisa de la comunidad hispanohablante saint-louisiana.

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Entre los intérpretes destacó la intervención de la propia Sandra Gil, quien demostró un compromiso absoluto con su labor como gestora cultural desde Cultura Dakar, no solo a nivel administrativo sino lanzándose también a participar de este teatro.

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De nuevo volvió a sonar la melódica guitarra de Rafael Serrallet, quien hizo una pausa en su gira por el continente africano para unirse a este homenaje, con una guitarra cuyo diseño imitaba la época del siglo XVII.

RomancedeOlallaApuntaba el profesor Sow que Cervantes “es una figura universal, es de todas y ninguna parte, dada la imprecisión del lugar… ‘En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no me quiero acordar…’ Cervantes también es de Senegal, y es de Saint-Louis porque aquí lo estamos celebrando”.

El otoño teatral nos trae África a Girona

Temporada Alta, el festival de otoño de Catalunya Girona-Salt (del 3 de octubre al 8 de diciembre) nos acerca este año a tres espectáculos teatrales que nos llegan de África: Macbeth (Sudáfrica), Coup Fatal (Congo) y El Bestido (Sudáfrica). Se trata de tres obras de teatro rompedoras que completan un calendario de actuaciones que van del teatro, la música, la danza y el circo, la creación contemporánea o el cine. El pasado 3 de octubre, el Auditori de Girona ya nos brindó la oportunidad de ver al tuareg y nómada Bombino, de Mali, arrojando altas dosis de blues-rock del desierto con su último trabajo Nomad.

Lo que viene por delante nos da muestra de algunas de las obras africanas más internacionales del momento.

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MACBETH de Brett Bailey:

Viernes 17 de octubre a las 21 h.

Sábado 18 de octubre a las 18 h.

Precios: 36, 22, 18, 9 €.

Duración: 1 h 40 min.

Espectáculo en italiano con sobre-títulos en catalán.

Brett Bailey es el creador más polémico del teatro africano contemporáneo. El año pasado, su obra Exhibit B ya alborotó al público europeo con una exposición de actores negros encerrados en expositores. En 2014 su Macbeth lleva la opera de Verdi al corazón de África, transformando al protagonista en un señor de la guerra ávido de crimen y matanzas que nos recuerda al viejo Zaire de Mobutu. Una obra que muestra un contexto de luchas étnicas y tráfico de armas evocando a la migración masiva de la población.

La escenografía muestra a un Shakespeare monstruoso, con el acompañamiento de una orquesta y doce cantantes excepcionales.

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EL BESTIDO (THE SUIT)

Peter Brook, Marie Hélène Estienne y Franck Krawczyk.

Viernes 24 de Octubre a las 22 h

Sábado 25 de Octubre a las 18 h

Precio: 36, 22, 18, 9 €

Duración: 1 h 15 min

Espectáculo en inglés con sobre-títulos en catalán

Peter Brook nos ha enseñado las claves de la simplicidad escénica en Shakespeare y los clásicos griegos, y este mito de la dirección nos ha hecho gozar de grandes espectáculos. Junto con Marie Hélène Estienne y Franck Krawczyk, este 2014 presenta The Suit, la historia de un adulterio escrita por un autor sud-africano contemporaneo pero que, según Brook, “la podria haber escrito Txèkhov”. Una obra que, en francés, giró durante años, y que ahora vemos en inglés después de entusiasmar a los Estados Unidos: “a tocar de la perfección”, dijo The New York Times. Un tesoro pequeño y rutilante que contiene toda la herencia de Brook.

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GOLPE FATAL (COUP FATAL)

Alain Platel, Serge Kakudji, Rodriguez Vangama, Fabrizio Cassol

Viernes 18 de noviembre a las 21 h

Sábado 29 de noviembre a las 18 h

Precio: 35€

Duración: 1 h 45 min

Espectáculo casi sin texto

El contra tenor Serge Kakudji paralizaba los sentidos del público mientras marcaba el paso de los bailarines de uno de los espectáculos más míticos de Les Ballets C de la B, Pitié!

Ahora, con Coup Fatal Alain Platel vuelve a defender la voz aterciopelada de Kakudji y una orquesta de trece músicos congoleños que interpretan un repertorio barroco y hacen danzar a esta explosiva fundición de culturas. Un golpe fatal a las convenciones escénicas. Después del cabaret geriátrico de Gardenia (Temporada Alta 2010), esta representa la nueva creación de un artista genialmente imprevisible.

Un Caballo de Guerra cabalga hacia Sudáfrica

War Horse. Foto: Brinkhoff/Mögenburg.

War Horse. Foto: Brinkhoff/Mögenburg.

Recién llegados de agosto, mes en que en todo el mundo se han sucedido actividades por el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial, los escenarios sudafricanos están a punto de acoger una de las obras de teatro más representativas para la conmemoración del aniversario de la contienda que transformó el mapa del mundo.

War Horse (o Caballo de Guerra) es una obra de teatro que emerge de las trincheras europeas para dirigirse hacia el sur del continente africano, de la mano de un jinete y su caballo, cargados con toda su artillería de simbologías y críticas con tintes locales. La creación, que hará parada en el Teatro Montecasino de Johannesburgo para cabalgar hacia el Artscape Opera House de Ciudad del Cabo, es un trabajo realizado por la compañía capense (de Ciudad del Cabo) Handspring Puppet Companyy el famoso productor sudafricano Pieter Toerien.

Encargados de escenificar una de las obras más galardonadas de 2011 por los prestigiosos Premios Tony, los sudafricanos devuelven a Sudáfrica unas marionetas que emergieron del país para pasearse por los principales escenarios del mundo, incluido Broadway. Cuando los directores ingleses de War Horse vieron uno de los espectáculos producidos por la compañía de marionetas de Ciudad del Cabo lo tuvieron claro: si se llevaba la novela infantil de War Horse al teatro, tenía que ser con las marionetas de estos sudafricanos maestros del títere. Y no en balde se puede afirmar que una de las claves del éxito internacional de esta obra es la participación de este séquito de orfebres africanos. 

Retornando ahora a la capital del diseño mundial con marionetas y títeres antropomórfos absolutamente fascinantes y un reparto internacional, Adrian Kohler y Basil Jones, co-fundadores de la Compañía Handspring Puppet, vuelven a re-crear un arduo trabajo de producción para el cual se necesitan alrededor de ocho meses para dar a luz a tan solo uno de estos títeres.

Se trata de piezas flexibles, a escala real, capaces de trotar y de soportar el peso de un actor. Un caballo que relincha, una marioneta que tiene vida. De 50 kilos la pieza, el caballo protagonista es tan grande que necesita de tres manipuladores – uno para la cabeza, uno para el tronco y una para la parte trasera-. Todas estas marionetas subirán majestuosas a los escenarios de Joburg y Ciudad del Cabo a partir de finales del próximo octubre, después de haber sido expuestas durante en mes de agosto en la última Feria de Arte de Johannesburgo

Pero las dudas acechan a los más realistas. ¿Quién podrá pagar la entrada a una obra de teatro tan costosa de producir? Y las sospechas se hacen reales a pesar del apoyo del Banco Rand Merchant a este espectáculo. Las entradas para cada función se están vendiendo desde 7 euros y hasta 30 euros en un país donde, a pesar del aumento de la clase media y de ser la primera potencia económica de todo el continente, el salario medio del 40% de la población es de 700 euros mensuales y el encarecimiento de la vida es desproporcionado a estos ingresos.

Conscientes de las desigualdades sociales del país, los productores han lanzado una serie de talleres de confección de marionetas para los niños de los barrios más necesitados de Johannesburgo y Cape Town. Junto a la ONG sudafricana Assitej, dedicada al trabajo social con infancia a través del teatro, la obra War Horse pretende apoyar en la capacitación tanto de jóvenes artesanos como de artistas y actores de un país muy arraigado a las producciones teatrales y las artes escénicas.

Aidoo: Historias de mujeres fuertes

Ama Ata Aidoo

Ama Ata Aidoo

Vamos a intentar solucionar un agravio coincidiendo con el momento en el que el foco se pone sobre las cuestiones de género y las mujeres que hacen cosas, por aquello del recién pasado 8 de marzo. No es ese el agravio. No tenemos remordimientos de género en esta sección, básicamente porque las mujeres escritoras africanas son legión y grandísimas creadoras. El agravio viene, más bien, del hecho de no haber dedicado en exclusiva una entrada a una de las grandes, la ghanesa Ama Ata Aidoo.

aidoo2Aidoo es uno de esos ejemplos de mujeres fuertes que tan atractivos resulta. Su biografía está llena de hitos que llaman la atención sobre su figura. Nació en el seno de una familia real fante, una familia, por cierto, muy preocupada por la educación. Según cuentan sus semblanzas Aidoo supo desde los 15 años que quería ser escritora. Lo consiguió al terminar su licenciatura en inglés, cuando en 1965 publicó su primer libro, una obra de teatro titulada The dilemma of a ghost que supuso una pequeña revolución. A partir de ahí se desplegó una intensa carrera tanto académica como literaria en la que se mezclan los premios internacionales por sus obras con los puestos en instituciones educativas estadounidenses y ghanesas, e incluso, durante un breve lapso de tiempo la responsabilidad como ministra de Educación. Si los libros de Aidoo dejasen la más mínima duda de su implicación, desde luego su paso por el ministerio ghanés sería suficiente para disiparlas. Después de 18 meses abandonó un cargo evidentemente atractivo, pero en el que no se cumplía con las expectativas creadas, probablemente su posicionamiento inequívoco a favor de los derechos de las mujeres no era del todo bien recibido.

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Ama Ata Aidoo aparece como la precursora (muy adelantada) de una generación de autoras africanas entre las que se encuentra ahora, por ejemplo Chimamanda Ngozi Adichie o NoViolet Bulawayo. Una de las características fundamentales de la obra de Aidoo es la evidencia de las contradicciones para conjugar la tradición africana con la vida moderna occidental. Sin embargo su perspectiva no es la de la incompatibilidad sino la del recorrido interno de los personajes para conseguir que esos dos ámbitos encajen de la manera más natural posible. Un buen ejemplo es Anowa (1970), que en las ediciones posteriores a menudo aparece publicada junto a The dilemma of a ghost, en la que revisita una leyenda tradicional ghanesa.

Aunque, sin duda, el papel de las mujeres en la sociedad es la preocupación fundamental de Aidoo. Se podría decir que la mayor parte de sus historias son historias de mujeres, aunque no nos podemos conformar con una descripción tan fría. Las historias de Aidoo son historias de mujeres fuertes que rompen con el mito de la mujer africana pasiva y victimizada. Las protagonistas de Aidoo toman las riendas de sus vidas y se hacen responsables de sus decisiones. No se dejan llevar por la corriente.

aidoo3La novela Changes: a love story es uno de los mejores ejemplos de esta voluntad de mostrar figuras femeninas con iniciativa y con empuje. En la historia, una mujer, Esi, se enfrenta a la disyuntiva de tirar adelante con su proyecto de vida o plegarse a las “instrucciones” de su marido Oko. Esi ni está dispuesta a ser la mujer correcta que se supone que se espera de ella y prefiere ser la mujer que quiere ser. Por otro lado, ni siquiera Oko está convencido de que su esposa sea como se espera, sino que su posición está condicionada por las presiones de la sociedad a través de la presión de sus propios amigos y de su entorno.

El tema fundamental de Changes: a love story es sin duda la comunión entre los intereses personales y las instituciones tradicionales, los sentimientos como el amor y la realización personal, la vida tradicional y la moderna. Pero la aparición de la abuela de la protagonista en el relato, nos lleva a la empalmar con una trayectoria de mujeres fuertes africanas que se extiende a lo largo de la historia.

aidoo4Ama Ata Aidoo está también detrás de African love stories. An anthology, una obra colectiva que supone también una transgresión, al menos en lo que se refiere a los prejuicios sobre el continente y, más concretamente, sobre las mujeres africanas. El compendio de relatos breves recoge obras que tienen en común el amor, pero una visión del amor contemporáneo. Entre la lista de los autores de estos relatos aparecen nombres como el de la marfileña Veronique Tadjo o la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, entre muchos otros. Uno de los principales valores de esta antología es un cambio en la visión de la imagen de la mujer africana. Incluso en algunas obras de autores del continente, las mujeres aparecen como víctimas pasivas. En African love stories. An anthology, sin embargo, las mujeres son activas, tienen iniciativa y, sobre todo, muestran la complejidad y la diversidad de las figuras femeninas del continente, porque la mujer no es un personaje plano.

Su última obra es también un compendio de relatos breves, Diplomatic Pounds & Other Stories.  En las diferentes historias Aidoo vuelve a sus temas habituales, mujeres, comunión entre la vida tradicional y la moderna y, en este caso, con un especial peso del hecho migratorio y de la mujer africana en la diáspora. De la misma manera, el estilo de Aidoo se mantiene intacto en la medida en la que tiene un gran peso la tradición oral. Hay quien dice que, precisamente, la prosa de la escritora ghanesa atrapa y es capaz de conseguir que el lector se sienta dentro de la historia por su estrecha vinculación con ese estilo narrativo tradicional.

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Se espera que en breve aparezca un documental en el que se revisa la vida y la obra de Ama Ata Aidoo. Según explican, los impulsores de esta iniciativa, el equipo ha seguido a la autora durante un curso completo. En ese periodo, la escritora muestra sus múltiples caras, visita su pueblo natal en el interior de Ghana, pero también asiste a un homenaje en su honor en la Universidad de California y al estreno de una obra basada en su texto Anowa.

Millicent Ogutu en un monólogo lejos del “aquí” y “ahora”

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Marie Stopes (1880-1958) fue una paleobotanica británica famosa por su lucha por los derechos de la mujer y por haber fundado la primera clínica de prevención del embarazo en Inglaterra. ¿Qué hace que en el siglo XXI una obra sobre su vida sea de especial relevancia para el público de Nairobi? Continúa siendo una incógnita para el escaso auditorio que llenaba las butacas del Braeburn Theatre el pasado sábado.

El que la obra To Marie With Love, escrita por Pauline Devaney y dirigida por June Gachui, se estrenara en el teatro de una de las escuelas privadas internacionales más preciadas de la clase alta de Nairobi, en la comunidad de Lavington, dando la espalda a una de las zonas más deprimidas de la ciudad (el slum de Kawangware), puede ser en sí mismo indicativo del tipo de público al que iba dirigida la obra. Pero al final de la actuación, uno se daba cuenta de que lo único destacable de To Marie With Love era la interpretación del monólogo de la protagonista, la keniana Millicent Ogutu.

El soliloquio de Ogutu puede parecer monótono y sin sabor. La narración de la vida de Stopes se bate entre los delirios de grandeza truncados por frustraciones erótico-sexuales, y el éxito de una científica que no es capaz de lidiar con su propia vida emocional. Ogutu parece más cómoda en el cambio de roles interpretativos, poniéndose en la piel de los jueces que juzgan a Stopes por liderar una carrera en pro de los contraconceptivos, o bien poniéndose en la piel de aquéllos que le escriben correspondencia contándole sus problemas sentimentales. Definitivamente, Ogutu consigue romper con la monotonía introduciendo personajes no-presentes en la obra.

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La tragicomedia de una mujer desesperada por encontrar el amor, que siendo una de las mentes más brillantes de su generación en Europa, descubre su virginidad después de su matrimonio, pierde un hijo y queda atrapada en una lucha por mantener vivos sus matrimonios, es la radiografía de una mujer de clase media europea de principios del siglo XX.

¿Qué similitudes puede tener ese papel con el de una mujer keniana del nuevo milenio? ¿El peso de la religión judeocristiana y su amor romántico? ¿El estigma social de una mujer incapaz de engendrar hijos en edad joven? ¿La deshonra de la utilización de contraceptivos desde una mirada tradicional? ¿La eterna pugna entre el pensar racional-científico y el sentir emotivo? ¿La incapacidad por transmitir de forma natural educación sexual a las mujeres?

Sea como fuere, Ogutu lleva en esta obra, el peso de la colonización británica a sus espaldas. Así como la escenografía, bien llevada por la directora June Gachuri, permite a Ogutu desplegarse en diferentes supuestos escénicos, el eurocentrismo impregna todas y cada una de las escenas de forma omnipresente, sin darnos la posibilidad de comprender una nueva interpretación de la sexualidad de la mujer africana, aquí (en África) y ahora (en pleno siglo XXI).