Reminiscencia pop para avivar la memoria congoleña

Eddy Kamuanga Ilunga tiene un propósito: acercar a pinceladas la historia a las sociedades contemporáneas de la República Democrática del Congo. Como si se tratara de capítulos, cada obra del pintor nacido en Kinshasa recupera un episodio de la memoria colectiva congoleña mediante una narrativa visual compuesta de elementos étnicos, occidentales y tecnológicos con una estética pop que generan pinturas híbridas, como las identidades que retrata. Su nueva entrega,’Responsabilidad frágil’, ha sido recientemente expuesta en la Galería October de Londres.

Vasijas de porcelana de la época de los primeros comerciantes portugueses, cuencos de cerámica tradicionales, jarras Toby popularizadas por los ingleses, alguna mesa o silla de estilo clásico y cajas improvisadas como asientos. Es todo el atrezo de ‘Responsabilidad frágil’, la última serie de lienzos en acrílico y óleo de Eddy Kamuanga Ilunga, que, pese a ser escaso, ya contiene más elementos que su creación anterior, dedicada a la etnia Mangbetu.

En la línea pop que lleva caracterizando su trabajo desde sus inicios, las dos últimas colecciones del pintor de Kinshasa focalizan su fuerza en las personas que retrata, individuos de piel formada por placas de circuitos tecnológicos que evocan el papel de la República Democrática del Congo como la meca del coltán, un mineral imprescindible en los cada vez más utilizados dispositivos electrónicos. Los protagonistas de Kamuanga Ilunga cubren su electrónica dermis ataviados en su mayor parte por vistosas telas africanas frente a fondos de colores fríos, en unas pinturas que son un ejercicio de convivencia entre la modernidad y el pasado relegado que el artista percibe en la sociedad contemporánea de su país.

La ausencia de objetos no es casual, el joven congoleño quiere reflejar personajes perdidos en el tiempo y el espacio, renegados a la memoria. Cuenta desde la Galería October, donde ha presentado sus dos exposiciones en solitario hasta la fecha, que su madre se mostró reticente a que fuera a conocer a conocer a los Mangbetu para documentarse para su primera colección al considerarlos “paganos, retrógrados e incluso peligrosos”.

No se trata de una opinión aislada, para Kamuanga Ilunga la sociedad congoleña es cada vez más moderna, profundamente cristiana y “rechaza por completo su herencia indígena multiétnica”, tal y como manifiesta en su última exhibición. Una concepción que constituye la línea argumental sobre la que se basan las narraciones visuales de este artista que reflexiona sobre los cambios sociales que ha experimentado su país desde la llegada del colonialismo hasta la actual globalización, acontecimientos que han construido la historia de la República Democrática del Congo y condicionado la construcción de su identidad.

Y si en la obra dedicada a los Mangbetu, Kamuanga Ilunga acerca la contemporaneidad y los orígenes al combinar la tecnología digital, las uñas pintadas y las chanclas que salpican el paisaje urbano congoleño con los tocados, la artesanía y la elegancia por la que era admirado este pueblo de guerreros originarios de Sudán y establecidos centenariamente en el Congo, en su nuevo trabajo emplea la misma técnica con fines distintos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En ‘Responsabilidad frágil’, el artista rinde homenaje a los esclavos y antepasados que resistieron el tráfico humano, y sitúa la acción de la serie en el Reino del Congo poniendo en escena objetos de este periodo que aún hoy conforman la realidad social del país sin evocar de manera consciente la esclavitud que trajo consigo ese capítulo de su historia. Rodeados de estos elementos, los personajes que representa se muestran abatidos y parecen estar perdidos, amnésicos, desprovistos de vitalidad. Pero no es ésta la fragilidad que califica Eddy Kamuanga Ilunga al dar nombre a esta obra, en la que lo que realmente quiere señalar es el impacto de las estructuras de poder del pasado y del presente en la construcción de la identidad congoleña. Es ahí donde reside la ‘Responsabilidad frágil’.

Tony Cyizanye: “Queremos crear nuevas vías para que los ruandeses usen las artes como un medio de curación”

Yego significa ‘sí’ en kiñaruanda, el idioma oficial y más hablado en Ruanda, y es la respuesta asertiva que ha guiado a Tony Cyizanye a dar forma y nombre el centro artístico que es hoy lo que antes era una casa en ruinas de Kigali, la capital ruandesa. Su historia, como la del Estudio de Artes Yego, combina arte y superación en un país que el próximo día siete de abril conmemora el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido hace casi un cuarto de siglo.

Tony Cyizanye en el Estudio de Artes Yego / Fotografía cedida por T. Cyizanye

En 1994 vivían en Ruanda siete millones de personas cuyas etnias eran principalmente hutu (la mayoritaria), tutsi y twa. Sin embargo, desde hacía décadas en el país faltaban muchos ruandeses. Según la información de ACNUR, casi medio millón había huido a los vecinos Burundi, Tanzania, Uganda y Zaire, hoy República Democrática del Congo y otros muchos murieron a consecuencia de las matanzas entre hutus y tutsis. Un infierno que fue minando sus mil colinas hasta desencadenar en el intento de exterminio de la población tutsi a manos de sus paisanos hutus, que acabó con la vida de alrededor de un millón de tutsis y hutus moderados. Una masacre que, si bien se dice que finalizó en julio de 1994, dejó tras de sí un rastro de muerte que en 1996 llevaba hasta el Congo, esta vez contra los hutus.

Un año después de que finalizara el genocidio contra la población tutsi, Cyizanye comenzó a vivir en Ruanda. Hijo de refugiados, su familia se había instalado en su Burundi natal desde 1959 “pero ellos decidieron volver para reconstruir el país”, explica. Él tenía diez años y califica este regreso a la tierra de sus padres como algo bueno pero difícil. Procedente de una familia de artistas, el ahora pintor recuerda su casa burundesa como un lugar donde continuamente había música sonando y pinturas secándose.

“Creo que llevo el arte en la sangre. Mi padre y tres de mis tíos estaban en el centro de la escena musical de Bujumbura, la capital, y nuestra casa era su lugar de ensayo. Músicos más jóvenes venían a nuestra casa para estudiar y el sonido de estas lecciones, y las improvisaciones de mi padre a la guitarra, llenaban la casa desde que puedo recordar. Uno de mis tíos además era pintor, y entonces la casa se desdobló como un estudio de pintura también. Yo me sentaba a su lado durante horas, mirándolo trabajar”, relata.

Ya en Ruanda decidió dar rienda suelta a su vena artística. Descubrió la pintura abstracta, en la que luego se especializaría y con la que ha llegado a exponer en distintos países de África, Europa y Estados Unidos. En 2013, Cyizanye funda el Estudio de Artes Yego: “Me cansé del modelo de estudio común en Kigali, donde los líderes de los estudios ganan la mayor parte del dinero y dejan a los artistas sin oportunidades de desarrollar su arte. Así que cogí todo lo que había ahorrado de la venta de mis pinturas y alquilé una casa en ruinas cerca de Nyarutarama, un área acomodada de Kigali. Organicé a un grupo de artistas y miembros de la comunidad y en el transcurso de varios meses logramos transformar completamente el edificio”.

Aunque reconoce que en Ruanda el arte es más valorado por los turistas que por los residentes, Cyizanye insiste en la idea de que se puede “cambiar la vida de los artistas ruandeses para crecer económicamente y hacer una industria artística mejor”. Para él no es sólo una cuestión de vender obras (que también), el arte contribuye a mejorar la sociedad: “La gente puede aprender del arte” y “es reconciliación para la paz”, añade.

Y no es el único que lo cree. El Estudio de Artes Yego cuenta con una veintena artistas asociados de Ruanda, Tanzania, Congo y Uganda que contribuyen a ofrecer clases de arte gratuitas y emplean a media jornada a jóvenes de las localidades próximas para mantener la galería y organizar jornadas de pintura mural entre los vecinos y eventos gratuitos de danza y música. “Nuestra misión es crear una comunidad artística vibrante y autónoma en Ruanda. Queremos crear nuevas vías para que los ruandeses usen las artes como un medio de curación y generación de subsistencia sostenible para ellos y sus hijos”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Kamel: “El mito y la narración oral han orientado mis creaciones artísticas”

Dice la ONU que “la poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad”. El pintor tunecino Slimen El Kamel encuentra en este género literario su musa, presente desde su infancia a través de la oralidad. Con él continuamos rindiendo homenaje a la poesía, celebrada en su Día Mundial este miércoles 21 de marzo.

“Yo nací en una comunidad rural donde el mito y la narración oral florecen. Estas narrativas han orientado mis creaciones artísticas tanto como la percepción que tengo de la realidad desde que era un niño”, dice el artista tunecino. Procedente de Mazouna, en la región de Sidi Bouzid, su niñez la asocia a los cuentos y los poemas, una herencia literaria que construyó sus primeros conocimientos y certezas a través de lo que imaginaba al escuchar. Más tarde, ya en la facultad de Bellas Artes, El Kamel aprendió a materializar ese imaginario narrativo en una práctica pictórica que acabó por convertirse en su inspiración y su propio estilo. Para él la línea que separa lo real de lo imaginado es un camino más presente en la vida cotidiana de lo que pensamos.

Como un lenguaje adquirido, este artista visual explica que la imagen es un elemento sumamente arraigado a la persona. Así, a menudo y de un modo automático, antes de poner en marcha una acción la visualizamos: nos disponemos a cocinar porque mentalmente ojeamos la nevera, nos vestimos en función de la combinación que hemos previsualizado de las prendas y, muchas veces, lo que hemos visto en sueños condiciona cómo dormimos y hasta cómo nos enfrentamos al día que tenemos por delante.

Hoy Slimen El Kamel es un pintor de 34 años que compatibiliza sus clases en el Instituto Superior de Bellas Artes de Sousse con su labor pictórica, que ha seguido enfocada hacia el impacto que la imagen tiene en las personas y, por ende, en las sociedades que éstas forman. “El arte para mí es en sí mismo un fin. No lo percibo como un objeto de lujo, siento que es algo integral a la vida, como la inhalar y exhalar. Para mí el arte tiene el objetivo de concienciar”, manifiesta y añade: “Mi responsabilidad como profesor de Bellas Artes, junto a mi interés por la política, también han encaminado de manera considerable mi obra a reexaminar constantemente nuestra percepción de las cosas. Así es como progresamos”.

Para muestra su serie ‘L’Espace du Jeu’ (‘El lugar para jugar’, en español), donde cuestiona a través de figuras alegres y coloridas la restricción que en muchos contextos se impone a través de la ropa para proyectar la imagen deseada por una organización. Esta colección ha sido recientemente expuesta en la 1:54 Marrakech, la primera edición de esta feria de arte africano contemporáneo celebrada en el continente, un hito que para El Kamel ha supuesto “traer a casa un sentimiento de orgullo y reconocimiento dirigido tanto a los artistas como a la ciudad”.

Tras mostrar su obra por ferias de África, Europa y Asia, ahora Slimen El Kamel prepara su próxima exhibición individual en la galería Sulger-Buel Lovell de Londres para el mes de octubre. No nos adelanta si la poesía continuara siendo la musa de sus nuevos lienzos, pero sí quiere precisar que si bien su trabajo “puede ser visto como universal, para mí siempre será mi trabajo en relación a mi hogar, Túnez”.

Julie Mehretu: pinturas que son torbellinos de historia en Santander

Raquel Monteagudo Jimeno

La corriente creativa de Julie Mehretu se detiene en la orilla cántabra dando paso a la segunda gran exposición celebrada en el Centro Botín de Santander, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el 25 de febrero de 2018 a través de la retrospectiva ‘Julie Mehretu: Una historia universal de todo y nada’. Sesenta dibujos y treinta pinturas de la artista etíope que permiten ver la evolución en su práctica creativa. Una colaboración curatorial de Vicente Todolí, presidente de la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín, y Suzanne Cotter, directora de la Fundação Serralves-Museu de Arte Contemporanea de Oporto, que ha dado lugar a la muestra más completa de la obra de Julie Mehretu realizada en el continente europeo, que ya te adelantábamos en Wiriko como regalo cultural.

Julie Mehretu frente a su obra “Mumbo Jumbo” (2008) / Fotografía de Belén de Benito.

La reconocida pintora, nacida en Addis Abeba en 1970, se vio obligada a abandonar Etiopía a la edad de siete años, cuando se trasladó con su familia a Estados Unidos, adoptando Nueva York como lugar de residencia desde 1992. Desde ahí la artista ha generado un léxico visual propio que caracteriza su obra en el que por medio del grafito, la tinta, el acrílico, los aerosoles y el digital construye sus obras por capas, otorgando a cada estrato un papel particular que da lugar a la creación de un archivo visual.

Al sumergirnos en esta exposición de Julie Mehretu, primeramente encontramos un espacio arquitectónico representado desde distintas perspectivas. Se trata de una capa inicial compuesta por calcos lineales de trazos simples en la que aparecen elementos pertenecientes a diversos estilos como galerías góticas, arcadas renacentistas o fachadas acristaladas contemporáneas. Con el estilógrafo, la artista integra pulcramente distintas plantas arquitectónicas, creando un complejo mapa pero sin ubicación concreta. Es lo que ella llama “mapas sin localización“, que bien pueden protagonizar la obra, como sucede en “Citadel” (2005), o bien pueden ejercer de telón de fondo. A medida que vamos avanzando por esta retrospectiva, la importante presencia de estas finas cuadrículas arquitectónicas se irá diluyendo para conformar un estrato más del complejo tejido pictórico de esta creadora, donde el gesto irá cobrando prestancia en la tela.

Con la siguiente capa entra en juego la dicotomía entre línea y mancha. Contrastando con la composición geométrica de la planimetría inicial, encontramos una explosión dinámica. Rectas, curvas e incluso manchas pueblan el lienzo con aparente espontaneidad expresiva. El resultado son imágenes polisémicas de carácter abstracto, donde el movimiento tiene un papel protagonista. Flujos migratorios, conflictos sociales o diferentes coyunturas económicos se materializan sobre la tela. Como se puede apreciar en “Fragment” (2009), donde generan una caótica nebulosa con cierta armonía interna en la que uno puede jugar a reconocer elementos, desde aves en vuelo a olas chocando en tempestad.

El color tiene también cabida en los lienzos de Julie Mehretu. Se dispone en definidos bloques que flotan equilibradamente por el espacio, atrayendo nuestra atención con sus tonos planos de gran vivacidad. El cromatismo más intenso se da en pinturas como “Mumbo Jumbo” (2008) o “Zero Canyon (A Dissimulation)” (2006), obras de enorme atractivo visual, que dan paso a otras en las que el color irá perdiendo protagonismo y intensidad.

La suma de estratos de sus piezas funciona como palimpsesto, donde se reescriben y superponen historias. De ahí que uno de los temas recurrentes en su obra sean los conflictos mundiales que han marcado la conciencia colectiva, a través de los cuales muestra una página de la historia actual. Los movimientos cíclicos de la historia sociopolítica serán una constante en su producción, relacionando su pintura con la realidad. Así catástrofes como los atentados del 11-S han supuesto un punto de inflexión en su línea de trabajo, donde la variedad cromática, ya anteriormente restringida, se reduce y oscurece paulatinamente en los lienzos de sus últimas series. Se rigen por trazos gestuales que se desdibujan aportando un carácter casi espectral a través del cual sus composiciones toman un rumbo más conceptual, individual y críptico.

Esta tendencia se aplica en su producción más reciente, como ocurre en “Conjured Parts (Syria), Aleppo and Damascus” (2016), creaciones en las que se proyectan dos ciudades con cruentos años de guerra civil a sus espaldas; o el caso de Dresde en su condición de punto de recepción masiva de refugiados, perteneciente a la misma serie que remite a la respuesta que tuvo lugar en 2015 a través de una manifestación de ideología nazi. La fotografía de este suceso sirvió a Julie Mehretu para plasmar grabar esta parte de nuestra historia actual en un lienzo, que sin embargo, se nos expone inapreciable ante la distorsión de la imagen que hace la artista, lo que nos impide reconocer ningún elemento.

Julie Mehretu / Nathan Bajar. The New York Times

Otro aspecto destacable de Mehretu es el formato elegido. Es notorio el contraste entre los dibujos de reducidas dimensiones, situados en la primera planta de la exposición en relación con los grandiosos lienzos de las salas superiores. Estos últimos pueden superar los ocho metros y medio de anchura, como podemos ver en  “Invisible Line (Collective)” (2010-11), o alcanzar los cuatro metros y medio de altura, como ocurre en “Aether (Venice)” (2011).

La invitación para perderse en los detalles que abarca la vorágine artística de Mehretu está servida. Una oportunidad para conocer cuál es el ahora en su producción además de sus orígenes creativos.

Bright Ackwerh o el arte de propiciar el debate

“Si un problema le molesta, haga arte al respecto”, es la recomendación de Bright Ackwerh, un joven ilustrador de Ghana muy popular en su país y que empieza a despuntar internacionalmente a raíz de la reacción de China a una de sus caricaturas. Se trata de una ilustración en la que Xi Jinping, el presidente del país asiático, vierte lodo en unos cuencos sostenidos por Nana Akufo-Addo, su homólogo ghanés, y el ministro de Recursos Naturales de este país africano, mientras la embajadora china en Ghana alza felizmente un lingote de oro. Ackwerh sacaba así a la palestra a través de las redes sociales su visión de la campaña #StopGalamseyNow que lleva a cabo el Gobierno ghanés (con el respaldo de varias compañías del gigante asiático) contra la minería de oro ilegal, una práctica localmente conocida como galamsey y de la que viven miles de personas en este país africano, en el que la extracción de oro representa el ocho por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).

A pesar de la queja trasladada por la embajada china al ejecutivo de Akufo-Addo, días más tarde el artista satírico volvía a alimentar las redes con una nueva ilustración sobre esta campaña. “Es un sentido de la responsabilidad lo que me impulsa a enviar determinados mensajes” explica Ackwerh en una charla organizada por la Universidad Ashesi en la que señala que “la democracia significa que como ciudadano debes contribuir con tu voz y no deberías hacerlo sólo una vez cada cuatro años”.

Ya sea desde su muro en las redes sociales o en los murales de las calles, este joven ghanés consigue poner la universalidad del arte al servicio de la ciudadanía. A través de la sátira el ilustrador llama al debate y hace las realidades sociales más democráticas, más inclusivas y accesibles ante un contexto humorístico que sirve de gancho para invitar a la participación. Al fin y al cabo, tan universal como el arte es la risa.

Aunque se graduó en Bellas Artes en la Universidad de Ciencia y Tecnología Kwame Nkrumah, él se considera autodidacta, un “espíritu curioso” en sus palabras, que aprende mediante trazos sobre el mundo y la forma en que funciona. Desde que ganara el Premio Kuenyehia de Arte Contemporáneo de Ghana el pasado año, su carrera ha dado un salto y ahora Ackwerh es reconocido como un artista emergente de la región de África Occidental. Sin embargo, si bien su popularidad ha traspasado los límites de Accra, su creación sigue el mismo proceso que le dio la fama en  la capital ghanesa: la sensibilización con su entorno. Mucha lectura y mucha conversación son su receta estrella, pero su gran inspiración es la música, ámbito en el que Fela Kuti actúa como su musa por el modo en que el artista nigeriano se caracteriza por crear sin que le detengan las normas impuestas o los complejos sociales.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De ahí sus pinturas mordaces. Nada se libra de su mirada incisiva en la medida en que todo puede ser objeto de varios puntos de vista que inviten al diálogo, su objetivo final. Política, religión, panafricanismo, recursos naturales, economía,… todo es carne de opinión y cualquier cosa es susceptible de mejora, un aspecto este último que diferencia la caricaturización de Ackwerh, en la que trasciende su afán de crítica constructiva, de construir, de debatir, para mejorar. Algo que él califica como una necesidad básica: conectar con otros en torno a problemas comunes para pararse a pensar a dónde vamos y a dónde queremos ir. Que no es lo mismo.

Artes visuales ‘made in’ Angola: alma, cuerpo y empoderamiento

No son pocos los artistas angoleños que destacan en el amplio campo de las disciplinas visuales. Para muestra la Fundación Sindika Dokolo, las emergentes galerías y espacios artísticos presentes en Luanda, o el pabellón de Angola de la Bienal de Venecia. Tanto en esta cita europea del arte contemporáneo como en otros encuentros internacionales y locales, han expuesto Paulo Kapela, Paulo Kussy y Binelde Hyrcan, tres artistas de Angola que viven y trabajan en su país.

ALMA

Paulo Kapela (Maquela do Zombo, Angola, 1947) es un veterano de las artes. Tras iniciarse en la Escuela de Poto-Poto de Pintura en Brazaville (República del Congo), regresó a su país natal a principios de la década de 1960. Su trabajo enseguida le hizo un hueco en la Unión Nacional de Artistas Plásticos (UNAP), donde se le conocía como ‘el padre espiritual’.

A través de una combinación de símbolos animistas y católicos, sus obras hablan de política, moralidad y sistemas socioeconómicos que reflejan un sincretismo que encuentra entre sus collages su máxima expresión. En muchos de ellos, Kapela coloca un pequeño espejo en la frente de los individuos que retrata, lo que a menudo se interpreta como una referencia a las esculturas tradicionales Nkissi, las cuales llevan este elemento en el vientre como foco de poder.

 

CUERPO

Después de doctorarse en Anatomía comparada por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa, Paulo Kussy (Luanda, Angola, 1978) ha vuelto a la capital angoleña, donde da clases de Diseño en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. En sus obras, Kussy transporta al espectador a un espacio futurista en el que, sin embargo, la reflexión recae en el presente.

Así, en ‘Anatomilias’ muestra una relación entre las personas y las máquinas en la que no se sabe en qué punto acaba la necesidad y comienza la dependencia. Con un estilo que evoca al graffiti y un gran dominio de la representación anatómica, sus pinturas yuxtaponen el cuerpo y la robótica situando al individuo frente a una pantalla de la que cada vez está más cerca. Una línea que no abandona en su última exposición, ‘Mixtape/Fitas Magnéticas’, recientemente presentada en el Instituto Camões-Centro Cultural Portugués, en la que toma el elemento de la cinta magnética para profundizar en los mecanismos de selección de la memoria.

Mixtapes /Fitas Magnéticas / Paulo Kussy

Anatomillias / Paulo Kussy

 

EMPODERAMIENTO

El eclecticismo va de la mano de Hyrcan (Luanda, Angola, 1983). Antiguo alumno de la Escuela de Artes Plásticas de la Ciudad de Mónaco, lo mismo trabaja la escultura, como la pintura o el vídeo. Para su obra más conocida incluso aprendió taxidermia para realizar reproducciones de pollos a tamaño real a los que vistió de reyes, militares o astronautas con el propósito de cuestionar el poder mediante la sátira.

Otra de sus obras más destacadas es ‘Cambeck’, un corto protagonizado por cuatro niños que juegan en la arena a ir en limusina. Los roles que representan en este juego dejan al descubierto las relaciones de poder asociadas a la identidad.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en el boletín del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Nambowa Malua: “Las redes sociales están influenciando enormemente museos y galerías”

Nambowa Malua nació en Namibia, hace 29 años y creció entre Angola y Sudáfrica. Cuando en 2007 regresó a su país natal era ya un adolescente ansioso de conocer más sobre técnicas visuales y arte plástico, y hacia esa rama canalizó sus estudios en la Universidad de Namibia (UNAM).

Nambowa Malua

Como estudiante de Bellas Artes dice que se sentía diferente de sus compañeros, que demostraban una interminable paciencia perfeccionando sus piezas. Así fue como en 2012 comenzó a flirtear con el arte digital, al que dice estar tremendamente agradecido por permitirle corregir y retocar con mayor facilidad. Aunque sus pinceladas sugieren un lienzo tradicional y de caballete, el joven ilustrador crea su obra en Adobe Photoshop mediante una tablet. Igual de moderna es su elección de galería, que no es otra que su muro de Facebook. Su nombre empieza a sonar hace unos años, cuando a Malua se le ocurre realizar y difundir a través las redes sociales retratos de personajes de la esfera artística namibia y de otros puntos de África.

Primeramente capturó al poeta y artista de Spoken Word, Don Stevenson, pero es a partir de su retrato del dramaturgo Jacques Mushaandja que se empieza a crear la expectación entre sus seguidores sobre qué artista o personalidad de los medios de comunicación Malua capturará a continuación. Nneka o Elemotho, además de otras personas más anónimas, también han sido inmortalizados por el joven, que dice trabajar a veces en directo y otras veces a partir de fotografías extraídas de la Red. Cuando se trata de captar la esencia de la persona, Malua admite estar probando. En algunos de sus trabajos utiliza el arte más figurativo y en otros es más simbólico, pero sus dibujos siempre varían entre tonos graves de blanco y negro y otros de explosiones de colores vivos con los que consigue no sólo detener la esencia de sus artistas favoritos sino acercarnos a la energía de la tierra africana y su espiritualidad. Sin duda visionario y soñador, Malua cuenta a su favor con la receptividad de la abierta y fresca escena artística namibia, pero también con la de un público global que expresa la admiración a su obra en forma de pulgares hacia arriba en señal de “Me gusta”.

En esta época de selfies, de masificación del acceso a la fotografía, ¿qué aporta la pintura figurativa al retrato?

Al final se trata de una cuestión de expresividad. Quiero dejar claro que no descarto los selfies y las fotos digitales, ni los tacho de narcisistas o de pasatiempo inútil. Todo lo contrario. El selfie y el retrato pintado trabajan diferentes modos de la expresión. Como artista y amante del arte estoy más interesado en la expresión que en el medio. Creo firmemente que la fotografía, en general y en cualquier forma de ejecución, es una revolución artística. Como Picasso y Matisse sostuvieron que hay un artista dentro de todos nosotros, a mi me resulta fascinante ver a personas de todas las edades y estilos de vida con sus smartphones produciendo imágenes que sirven de expresión de lo que ellos son o se sienten. En cambio, en lugar de hacer uso de lentes de cámara, el pintor representa la expresión con medios que son obstinadamente desafiantes a la autoridad, como los aceites y acrílicos, que el artista debe manipular y dominar hasta conseguir que obedezcan su voluntad. Para mí hay muchos factores que producen una profundidad única en el retrato pintado: el tiempo que se tarda en completar un cuadro, la relación que se desarrolla entre el modelo y el pintor, la dinámica de elegir colores, y las emociones presentes… Hacen de este modo de expresión un compromiso.

Creo que es una necesidad casar lo viejo con lo nuevo, sólo para ver qué pasa.

Pero sus retratos están en su mayoría realizados a través de tecnologías digitales, ¿no supone un sacrilegio llamarle pintura?

No lo creo. En vez de buscar la pureza, yo elijo concentrarme en transmitir un mensaje. La historia de las Artes Visuales o Bellas Artes ha sido objeto de muchos sacrilegios y formas poco ortodoxas de creación que finalmente condujeron a nuevos movimientos y nuevas formas de expresión. Creo que es una necesidad casar lo viejo con lo nuevo, sólo para ver qué pasa.

¿Qué importancia tiene Facebook para ti y para tu trabajo?

Como artista, Facebook es una plataforma que me ofrece tanto herramientas legítimas y convenientes como desafíos. La cultura digital en la que ahora vivimos era difícil de imaginar hace muchos años, cuando Internet apenas se usaba fuera del ámbito de la ciencia, la tecnología era posible pero apenas accesible a la gente, los CD eran caros, los teléfonos móviles eran lujos inimaginables… Hoy en día, las transformaciones sociales y culturales que posibilitan estas tecnologías son inmensas. De hecho, son tan inmensas que la difusión del arte en canales sociales como Facebook está afectando enormemente a museos y galerías. La creciente disponibilidad de sistemas de comunicación plantea ciertos retos a la galería de arte como una institución física y digital: por un lado, sobre cómo aprovechar los nuevos medios de distribución e información que estas tecnologías hacen posibles y cómo competir como medio para la práctica cultural en una época saturada de plataformas; y por otro lado, sobre cómo comprometerse con las nuevas prácticas artísticas hechas posibles por tales tecnologías, muchas de las cuales presentan sus propios retos particulares en términos de mantenimiento, legitimación e interpretación. Facebook en particular es un gran espacio interactivo para interactuar con los amantes del arte, los coleccionistas y artistas compañeros de manera mucho más amplia y de alguna manera simultánea.

De alguna manera, algún día me gustaría aprender a despertar cualidades ocultas en la gente que pinto.

Como retratista, le gusta trabajar con artistas de otras disciplinas ¿de qué manera la gente que pinta nutre su trabajo?

Mi visión es usar el arte como un elemento de curación. Creo que soy un artista que capta bien la esencia de otro artista con el retrato pintado. Es maravilloso y muy satisfactorio profundizar en el alma de un compañero de trabajo y echar un vistazo a sus visiones y sueños. La mayoría de las veces pinto a personas que conozco y con las que he hablado, pero elijo no tener ninguna idea preconcebida de quiénes son cuando empiezo a pintarlas. Una vez termino, me convierto en un observador objetivo e inmediatamente un mundo completamente nuevo de atributos se hacen visibles. De alguna manera, algún día me gustaría aprender a despertar cualidades ocultas en la gente que pinto. 

Intento profundizar en la expresión de los sentimientos, aunque no necesariamente de mis propios sentimientos, a menudo algo más, como el sentimiento de la personalidad de otra persona, la raza, la nación de uno o de toda la humanidad.

¿Cómo es ese proceso creativo?

Mi proceso de creación implica en gran medida la autoexpresión. Intento profundizar en la expresión de los sentimientos, aunque no necesariamente de mis propios sentimientos, a menudo algo más, como el sentimiento de la personalidad de otra persona, la raza, la nación de uno o de toda la humanidad. Prefiero crear cuando el espacio y el estado de ánimo son extraños y poco convencionales: me gusta buscar el orden en el caos, ya que parece que eso genera una mayor inspiración en mí. Intento alejar mis pensamientos cuando estoy creando y no darle importancia a los tecnicismos ni a las reglas. Comienzo con trazos aparentemente sin sentido durante tres o cuatro minutos y diez o quince minutos más tarde me gusta volver a esas líneas e intuir las conexiones, ver lo que puedo crear a partir de ellas. Siempre surge algo nuevo. 

Este verano ha estado en España, en el Festival Rototom Sunsplash en Benicàssim trabajando en un mural en directo. Cuéntenos cómo se planea la espontaneidad de ese tipo de obra.

Rototom ha sido una plataforma creativa única para mí. Aunque trabajar espontáneamente a gran escala puede plantear algunos desafíos creativos, me lo he tomado como un proceso de auto-descubrimiento y una oportunidad para desarrollar mi auténtico ser y personalidad creativa. Creo que el arte en vivo beneficia tanto a los artistas como a la gente que mira sin experiencia artística previa y tiene curiosidad por conectarse con el artista que todos llevamos dentro. Pienso que todo el mundo tiene un deseo esencial desconocido de crear, si se le da la oportunidad. Este tipo de auto-expresión y observación creativas es una clave para la preservación de la salud mental.

Su trabajo está inspirado en la gente de África, sus tierras y maneras de vivir.  ¿Cuál cree que es su valor añadido en la escena internacional?

El mundo se ha vuelto muy conectado y la gente es cada vez más curiosa acerca de llegar a conocer de una manera fiel diferentes culturas en diferentes rincones del mundo. En mi obra tiendo a no tener miedo cuando se trata de representar metáforas, rituales o profecías. Como artista, quiero llevar al resto del mundo mi África y sus historias poco o nada conocidas.

Ha trabajado con el músico Elemotho en la creación de la portada de su ultimo álbum, Beautiful World. ¿Te sientes identificado con su filosofía? ¿Qué es para ti un “mundo hermoso”?

Me encanta esa manera positiva de ver la vida. Para mi un mundo hermoso es la habilidad que tenemos los humanos de ver la belleza en el caos, y la capacidad de ser empático y considerado. Es ver el mundo como un lugar de esperanza.

De La Mancha a África: Don Quijote en el Níger a través de la ilustración

Don Quijote es quizás una de las figuras más representativas de la literatura española. Desde que Miguel de Cervantes escribiera las aventuras del Hidalgo en 1605 sus personajes no han dejado de viajar por el mundo, convirtiéndose en un icono de la literatura más universal. Sin embargo, Don Quijote casi no había descubierto y conocido el mundo subsahariano, no había cruzado el Sáhara ni había alcanzado las aguas del Níger. Hasta ahora.


“Don Quijote en el río Níger”  (“Don Quichotte, au fleuve Niger” en francés) es un proyecto que nació en 2016 de la mano de las embajadas de España en tres países de la cuenca del Níger: Guinea-Conakry, Malí y Níger con la colaboración del Programa ACERCA que está enmarcado en el sector cultural de la AECID y que se ha estrenado el pasado 17 de enero en el Museo de Arte Africano de la Fundación Jiménez-Arellano Alonso en Valladolid.
¿En qué consiste esta exposición? El proyecto nació en 2016 cuando las capitales de estos tres países acogieron diversos talleres para ilustradores locales. Tanto profesionales, como estudiantes y aficionados se beneficiaron del aprendizaje de nuevas técnicas y estilos de pintura y conocieron de primera mano a Don Quijote. Los encargados de los talleres, el ilustrador Aitor Saraiba y el formador Ángel Domingo, de Pencil Ilustradores, presentaron a los personajes a través de todas las expresiones artísticas posibles  (fragmentos de la novela, películas, interpretaciones pictóricas…) con un doble objetivo: que los artistas conocieran la novela y sus personajes y que fueran capaces de reinterpretarlos según su criterio.


Es precisamente esa reinterpretación lo que hace de esta exposición, que se podrá visitar hasta el 13 de Febrero en el Museo, algo tan especial. Alonso Quijano ya no es sólo un caballero, un hidalgo en busca de aventuras que cruza La Mancha para conquistar a la mujer de sus sueños. Don Quijote es un caballero, pero también se le representa como un agricultor, un nómada, un guerrero, o un personaje sabio que defiende la protección del río frente a la contaminación.  Su piel en ocasiones se ennegrece, aunque otras veces guarda sus rasgos originales.
Los paisajes de Castilla La Mancha se van difuminando poco a poco para dejar paso al amarillo del desierto, a la sabana o a las orillas del Níger. En las ilustraciones nos encontramos hipopótamos, elefantes o leones y nuestro héroe viaja a lomos de camellos y jirafas. En este mundo ni si quiera el tiempo se escapa: Don Quijote puede seguir en el S. XVII o cambiar de siglo en busca de su Dulcinea.
Además, la diversidad de estilos y técnicas de los ilustradores nos habla de la infinita variedad de gustos por la pintura que existe en África, sobre todo si tenemos en cuenta que esto es sólo una pequeña muestra de tres países. Dibujos a lápiz, cómics o pinturas en acuarela son sólo unos ejemplos de más de setenta obras.


Puede que para más de uno esto no tenga ningún sentido, eso siempre depende de la mirada del espectador. Pero lo que demuestran estas ilustraciones es la enorme capacidad de las diversas culturas africanas de asimilar todo lo que viene de fuera y reinterpretarlo a su manera. Esa habilidad de rehacer no sólo se centra en el arte o la cultura, sino también en las ideas económicas, sociales o políticas.  Precisamente, en el Sahel y en la cuenca del Níger es donde tuvo lugar la mayor africanización de la historia, cuando muchas de estas sociedades aceptaron una nueva religión, el Islam, y la hicieron suya.
Pero no es sólo algo interior, no es sólo aprender algo más sobre literatura, la clave de esta exposición es que nos devuelve algo que creíamos intocable: una obra de más de cuatro siglos. Estos artistas nos lanzan sus ilustraciones con otra visión y otra mirada, no sólo del Quijote, sino del mundo que durante décadas hemos colonizado.

Laolu Senbanjo: el cuerpo como lienzo del arte yoruba

El sistema de creencias Yoruba dice que todos tenemos un Ori, una energía que nos elige y se asienta en nuestro ser incluso antes de nacer, al concebirse, mientras nuestro cuerpo se moldea. Así determina nuestra alma, es la parte espiritual que envuelve nuestro físico. El Ori es quienes somos en esencia y es lo que identifica Laolu Senbanjo (más conocido como Laolu) para crear ‘The Sacred Art of the Ori’, una experiencia espiritual entre pintor y modelo. Una vivencia íntima no tanto en la medida en que el cuerpo desnudo de aquel a quien pinta es usado como lienzo, sino tal y como explica el artista nigeriano en su web, en el sentido de que “conectamos nuestras mentes, cuerpos y almas a un nivel superior. Yo pinto su espíritu y su alma desde esa conexión. Esto nos da la vida”.

Imagen via African Spotlight / africanspotlight.com

Imagen vía africanspotlight.com

Imagen tomada del blog This is New York / www.dnainfo.com

Imagen vía www.dnainfo.com

Quizás podría decirse que es la creación artística en su totalidad la que da sentido a la vida de Laolu porque, aunque ha hecho del arte su sustento, hasta hace relativamente poco no era así. Fue en el año 2013 cuando decidió que su tiempo como artista tenía que abarcar más que las horas libres que le dejaba su trabajo como abogado de la Comisión de Derechos Humanos de Nigeria, y puso rumbo a Nueva York. A partir de ese momento comenzó a dar rienda suelta a su vocación a través de la pintura y sobre todo de la música, su principal forma de expresión. Aunque lo cierto es que ambas bebían de la misma fuente al tratar siempre sobre temas ligados a la justicia social plasmados mediante componentes de la herencia yoruba del autor. Un estilo que ya en 2007 este joven nigeriano había acuñado como ‘Afromystericsque significa, según sus palabras, “el misterio del patrón de pensamiento africano“. Un término que se llevó en la maleta y con el que contagió a un grupo de músicos de Brooklyn con quienes formó Laolu Senbanjo & the Afromysterics.

No obstante, un día la balanza que mantenía en equilibrio esta dualidad artística se inclinó con fuerza y marcó su trayectoria. Ocurrió al ver una foto de la diseñadora de joyas y modelo Reign Apiim frente a una de sus pinturas. Entonces sintió que ella era en sí misma una extensión de la obra que tenía detrás, le escribió para que fuera su musa y así surgió ‘The Sacred Art of the Ori’. El escaparate que supone la cuenta de Instagram de esta neoyorkina, con más de sesenta mil seguidores, dio una gran visibilidad a la obra de Laolu quien no ha parado de encarnar el alma que ve en aquellos a los que ha pintado la piel. Un modo de concebir esta pintura que supone una vuelta a los orígenes del arte corporal. Mientras el body painting es una técnica surgida a finales del siglo XX que muestra una gran destreza pictórica, cargada de belleza pero con una finalidad exclusivamente estética; Laolu Senbanjo devuelve la concepción cultural de usar pigmentos sobre el cuerpo para reafirmar la identidad y situar al individuo con su entorno.

Una manera de entender el arte corporal común a muchas culturas africanas, que no sólo utilizan técnicas pictóricas sino que también realizan marcas en la piel. La etnia yoruba precisamente es un ejemplo de esta práctica, ya en desuso, denominada ‘illa’. La gran diversidad de grupos culturales presentes en Nigeria constituye una muestra de la carga identificadora que porta este género artístico. Así, los igbo, los kanuri o los hausa expresan la personalidad y el linaje de cada individuo a través de los trazos que pintan en su cuerpo. Una costumbre antaño muy presente para discernir la procedencia a primera vista y hoy más relegada a poner en valor la identidad y el sentir de la comunidad en las fiestas tradicionales. De este modo lo entiende también el pueblo Turkana, en Kenia o los masái situados también entre Kenia y Tanzania.

En el caso de ‘The Sacred Art of Ori’, la expresión de la identidad a través del cuerpo se reinventa para despojarse del carácter de colectividad que recoge la tradición de arte corporal de numerosas sociedades africanas y convertirse en algo mucho más íntimo. Una experiencia entre pintor y modelo en la que la desnudez adquiere un doble significado que trasciende el físico al dejar al descubierto lo esencial de quienes a menudo serán unos extraños. Y otros no tanto, o al menos, mucho más conocidos en cuanto a su papel como personajes públicos. Es el caso de Seun Kuti, Alicia Keys, Ibeyi y otros afrodescendientes que han querido ver la interpretación que este artista hace de su Ori. Entre ellos Beyoncé, quien incluyó la pintura corporal de Laolu para la canción ‘Sorry’ difundida en el cuarto capítulo de los vídeoclips de su último trabajo, Lemonade.

Más allá de la pantalla también ha sido un gran año para Laolu Senbanjo, con muestras de su proceso de pintura en el Museo de Brooklyn y participando en la exposición ‘Sounds of Africa’, del Museo Grammy. Si bien para este artista su obra no se limita a un museo, a una pared o lámina, tampoco se reduce a los cuerpos. Para él todo es susceptible al arte, también los zapatos. Tanto es así que hasta hace ropa a medida con diseños de sus pinturas e incluso colaboró con Nike en la creación de una línea de inspiración Yoruba para uno de sus modelos de zapatillas.

La estética que evoca lo africano está de moda, lo que significa que hay una visión que vende y, por tanto gusta, de lo que también es África. En el imaginario colectivo de Occidente ésta perspectiva reciente está empezando a convivir con la imagen dramática que se le ha atribuido al continente de una manera total y, en consecuencia, se está gestando una concepción de África más real. Algo parecido a lo que hace Laolu con su pintura, que quizás a priori también guste sólo por su valor estético, pero que muestra la esencia que esconde la estructura más visible. En el caso del artista, esta estructura es el cuerpo. En el caso de las realidades africanas, es la imagen forjada que tradicionalmente se difunde en los medios de comunicación de masas. En ambos, la estética del arte encarna el alma para demostrar que es una parte que existe, que ésta también es de carne y hueso.

Mamela Nyamza: la danza de una artista negra, lesbiana y madre

“Es una historia real: soy mujer, soy madre también, ¿sabes? De alguna manera, es una mujer, y madre, que es artista, que es lesbiana, que tiene hijos, que en realidad… ¡quiere ser libre!”. La sudafricana Mamela Nyamza, bailarina de danza contemporánea, describe así el significado de su obra Hatched 2015 que se presentaba por primera vez en España a principios de verano en la galería madrileña Slowtrack y en el Loop de Barcelona.

Hatched 2015, es multidisciplinar. Performance, videoarte, pintura y danza en una misma obra que pone el cuerpo de la mujer en el centro de su representación: “El resultado de la obra ha sido muy interesante. Porque yo juego con eso, con el género”, afirma Nyamza en la entrevista realizada por Wiriko en Slowtrack tras la performance que inauguraba la exposición. Nyamza se casó, se separó, es lesbiana y vive la discriminación en su piel, como muchas mujeres más. Ella cuenta que desde pequeña le preguntaban si era niño y niña. Y juega ahora con eso, con su cuerpo, con su imagen, con su género.

 

Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) gracias a un acuerdo de colaboración. Para seguir leyendo, pincha aquí.

‘Orange, Black and Freedom’: celebración del activismo afro

En muchas sociedades africanas, antiguas y modernas, el peine afro simboliza status, afiliación a un grupo, a creencias religiosas y está codificado en propiedades rituales. Las propias decoraciones de los peines tienen motivos que hacen referencia a la naturaleza y al mundo espiritual. En el siglo XX, los Afro Combs o Peines Afros han asumido un mensaje más amplio a nivel  político, tal vez sobre todo en forma de “peinepuño” patentado en America en 1976, que hace referencia al saludo del movimiento Black Power. Estos ideales se siguen haciendo eco en proyectos contemporáneos.

Cristina Morales presentaba así, a través de su artículo, la exposición Orígenes del peine afro. 6.000 años de cultura,politica e identidad’, comisariada por Sally-Ann Ashton y el papel que los peines afros tenían en las sociedades africanas y en su diáspora.

Fred-Martins-2-2Esta vez el artista nigeriano Fred Martins, utiliza el poder simbólico de estos peines para celebrar a activistas afros que fueron encarcelados o asesinados por luchar por la libertad y la justicia social. La serie fue presentada en el Design Indaba y está previsto que Martins realice una exposición a finales de año.

El highlife evocó al artista la historia de la lucha de algunas de estas figuras tan importantes en la historia política y social del continente. Y sus objetivos son visibilizar a estas personas (y otras anónimas) que lucharon a favor de los derechos humanos y la defensa de los animales y del planeta, animar a la juventud del continente a conocer más sobre su propia historia y que los líderes de hoy tomen ejemplo de lo que es un buen liderazgo.

Con un fondo naranja que alude las cárceles donde estos activistas estuvieron por su lucha, el artista esculpe los perfiles de: Marcus Garvey, Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Ruby Dee y Fela Kuti.

El resultado, sugerente:

Más información en:

 

 

Guardar

Banele Khoza, el as de la ilustración suazi

Es joven y brillante. Con solo 18 años fundó su propia marca, BKhz: una muestra de su exquisitez y de la rareza de su técnica dentro del mundo de la moda. Hoy, con 22, su estilo de ilustración digital, de acuarelas surrealistas que exploran la identidad o el género, se ha convertido en uno de los más llamativos y originales de la escena artística contemporánea. Con un futuro prometedor, ya es el ilustrador de Suazilandia con más proyección internacional.

Banele-Khoza-12

Banele Khoza, o el que Wiriko considera el “as de la ilustración suazi”, se ha hecho un lugar en el mundo del diseño de África Austral desde bien temprana edad. Tras estudiar moda en Londres e incluso antes de finalizar la carrera de Bellas Artes en Tshwane, este suazi afincado en Sudáfrica ya empezó a sorprender a los más refinados expertos en arte. No solamente despertó la admiración de los comisarios de la galería de arte contemporáneo TATE de Londres, sino que ya ha expuesto en galerías como la Trent de Pretoria, en Salon91 o Smith Studio de Ciudad del Cabo, y ha hecho resonar su nombre en la última Mercedes-Benz Fashion Week de Johannesburgo. Sin parar de cosechar éxitos, el pasado mes de marzo obtuvo una beca en el programa Johannes Stegmann Mentorship, de la prestigiosa galería Lizamore, donde ha sido apadrinado por el artista Colbert Mashile, con el que prepara una exposición individual que verá la luz en marzo de 2017.

Confeso admirador de artistas como la mexicana residente en Ciudad del Cabo Georgina Gratrix o las sudafricanas Penny Siopis y Marlene Dumas; Khoza desafía las concepciones de masculinidad/feminidad que se encuentran arraigadas en nuestra sociedad a través del uso de los colores azul y rosa. Para él, las convenciones y las estructuras preconcebidas, encarcelan la identidad. Por eso, con su obra, explora e intenta romper los diques psicológicos que predeterminan nuestra forma de ser, pensar o expresarnos. Así como ahonda en las fracturas causadas en las relaciones sociales a causa de las tecnologías.

mg_1618bw-copy

Banele Khoza AKA BKhz.

Creativo, original y arriesgado, Banele Khoza representa la nueva mirada digital del continente con su primera exposición monográfica, Sentimientos Temporales, expuesta desde el pasado 9 de julio y hasta el próximo 4 de Septiembre en el Museo de Arte de Pretoria. Temporary Feelings no es más que un exposición en forma de íntimos autorretratos emocionales que, según su autor, van mutando de un día a otro. Del 14 al 17 de Julio, la obra de este crack del arte africano contemporáneo también estará expuesta en The Turbine Art Fair de Johannesburgo, y estamos seguros que su obra se va a dejar ver muy pronto por bienales y ferias de arte internacionales.

Mientras esto no ocurra y no podamos ver más de cerca su obra, podéis seguirle la pista desde sus cuentas de Facebook e Instagram.