Alune Wade: “El jazz es como un árbol con raíces en África”

Alune Wade cocina como las abuelas. Sin libros de cocina. Sin cantidades específicas y probando con la cuchara de palo. Un día barruntó African Fast Food, que dio paso a su último álbum, un proyecto colaborativo en el que se rodea de un grupo de amigos para dar una comilona de diez temas salpimentados con afrobeat y jazz.  

El compositor y bajista senegalés Alune Wade

African Fast Food, destacado en nuestras novedades descolonizadoras de febrero, es el cuarto trabajo de este compositor y bajista senegalés. Junto a músicos como Leo Genevese, Renaud Gensane, Adriano DD Tenorio, Daniel Blake, Mokhtar Samba, Kuku y Oxmo Puccino, Wade lidera un viaje que agarra sonoridades multinacionales que pasan por Senegal, Francia, Madagascar, Brasil, Marruecos, Estados Unidos, Nigeria y Argentina. Es el reflejo de la manera de hacer de este artista cuya música tiene la fusión como idiosincrasia. “Todo el mundo me aporta algo que yo no tengo. Los mejores músicos en el mundo no existen. Nos juntamos, compartimos y construimos juntos. Ese es el futuro del mundo”, explica Wade a Wiriko en una conversación telefónica.

Con esa visión, el senegalés no tuvo problemas en encontrar una imagen que resumiera el estado anímico del grupo: un bar. Buena compañía y agua de coco, pescado a la parilla y saka saka. “Estas sensaciones me hicieron pensar en los clásicos restaurantes africanos y de ahí surgió la idea para el álbum. Es un bar en el que podemos hablar de política, deporte, música o de lo que sea. Tenemos comida, estamos contentos y así mostramos la cara positiva de África”.

Este es el particular homenaje de Wade al continente sin los manidos estereotipos. Una África despierta, creadora y que aprende. Que comparte y escucha. “Quería hacer algo africano, que sonara a afrobeat pero con músicos de jazz. Era importante que fuera una fusión ya que no es 100% africano o americano”. Y no fue difícil convencer a la banda. “El jazz es una historia, un concepto que compartimos alrededor del mundo”, dice Wade. Y continúa con una analogía: “El jazz es como un árbol; las raíces están en África, crece en los Estados Unidos y florece en Europa. Todos podemos sentir el latido. No hay fronteras en mi música”.

La inquietud por experimentar y la búsqueda de nuevos sonidos lo trae en ocasiones de cabeza. Alune Wade se ríe ante la pregunta y responde que “la fusión es algo justo porque es una experiencia para compartir amor, conocimiento…” En una entrevista el senegalés confesó que una productora francesa encontró su música “limpia”. Una etiqueta, o quizás un prejuicio occidental, para lo que se espera de la escena musical del continente africano. Wade fusiona activamente; escucha y toma consejos de los músicos amigos. Por ello African Fast Food suena elegante a la vez que invita a que los pies se dejan llevar. Esa mezcla fue muy bien recibida por los asistentes a la pasada edición del Safaricom Jazz Lounge en Nairobi donde Alune presentó su nuevo proyecto. “La gente africana ama la música que puede bailar. Por eso le encanta la música latina. Pero el futuro para que el jazz cale en África está en la fusión con ritmos africanos”.

Ya antes de esta inmersión culinaria, Wade colaboró junto con el pianista cubano Harold López-Nussa para dar forma al trabajo Havana-Paris-Dakar. Con Harold fue algo natural, muy fácil. Los músicos cubanos se sorprendieron de que conociese sus ritmos”. La herencia sonora de su Senegal natal y la Dakar de la Orchestra Baobab de su infancia, salieron a la luz en un proyecto que sigue la línea de trabajos recientes que mantienen puentes entre el oeste de África y Cuba como AfroCubism o la unión de Fatoumata Diawara y Roberto Fonseca. “En los 80 escuchábamos música cubana todos los domingos en una estación de radio y ahí ponían a gente como Johnny Pacheco u Orquesta Aragón. Crecí escuchándola”, recuerda Wade.

La pulida combinación de las distintas influencias de African Fast Food refleja el aprendizaje continuo al que Wade está acometido. Desde que a los trece años el joven Alune se decidiera por tocar el bajo, cada proyecto ha sido una aventura; desde unirse a la orquesta sinfónica que dirigía su padre a acompañar en una gira mundial a su compatriota Ismaël Lô. Ha trabajado con artistas como Marcus Miller, Oumou Sangaré, Youssou Ndour o Cheick Tidiane Seck y cada proyecto es un reto para mejorar y luchar para que mi presente sea mejor que mi pasado”.

París ha sido la pieza clave para su desarrollo profesional. Dejó Dakar tras la publicación en 2006 de su álbum novel Mbolo y se asentó en la capital francesa, epicentro de muchísimos músicos africanos. “Es el mejor lugar para conocer a músicos y tocar con ellos. A veces hay que salir del continente para hacer música africana”. Pero, ¿por qué no promover la música africana desde el propio continente, en ciudades como Dakar, Bamako o Nairobi? “Es cuestión de buscar colaboraciones y músicos. Es mucho más fácil hacerlo en sitios como París. La multiculturalidad todavía no está asentada en África. Quizás algún día lo podamos verlo en alguna ciudad como en Casablanca donde muchos músicos del continente están decidiendo establecerse”, dice Wade.

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Javier Domínguez

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Javier Domínguez Reguero es un periodista independiente afincando Londres. Escribe sobre lo que le interesa y publica en distintos medios cuando le dejan.
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