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Malala Andrialavidrazana: “Es hora de aumentar el equilibrio en las relaciones humanas”

Tan imposible es pronunciar por primera vez su apellido sin detenerse en cada sílaba, como contemplar uno de sus mapas sin deleitarse en cada detalle. Esta artista visual nacida en Madagascar combina la fotografía y el collage en su recorrido creativo, pero sus caminos siempre acaban en un mismo punto: cuestionar las concepciones del ‘otro’. Para Malala Andrialavidrazana las percepciones nunca son inocentes.

‘Figures 1817’, M. Andrialavidrazana.

Hace unos días ha expuesto sus últimas piezas de ‘Figuras’ en el Grand Palais de la capital francesa, en la última edición de la feria Art Paris. Seguramente se trata de la serie más conocida de Malala Andrialavidrazana y también de la que más jugo está sacando, no sólo por su popularidad, sino porque empezó con ella hace cuatro años y, según cuenta a Wiriko, aún quedan figuras para rato: “Llevo con ‘Figuras’ desde 2015. La primera pieza de esta serie que expuse fue ese mismo año en la Bienal de Fotografía de Bamako, que reconoce una clase de trabajo fotográfico que no sigue la corriente habitual y sirve para visibilizar también estos estilos de expresión.

Y si bien es hasta la fecha su único trabajo en continua creación, la artista malgache considera que en realidad toda su carrera creativa podría considerarse como una evolución. “Empecé a trabajar ‘Figuras’ tras la serie ‘Ecos’ y básicamente casi toda mi obra es un proceso, una continuación de los trabajos anteriores. Siempre he estado muy interesada en cuestionar la manera en la que los estereotipos condicionan el pensamiento de la mayoría”, explica.

De formación arquitecta, Andrialavidrazana está familiarizada con los planos, pero son los trazados cartográficos los que han catapultado su carrera. Sus mapas del siglo XIX reconstruidos digitalmente dan como resultado una serie de meticulosas composiciones que llevan por título la fecha original del atlas que ha utilizado como referencia. Desbordantes de elegancia y color, pese a la cantidad de elementos que componen cada pieza, rezuman una armonía ácida en tanto en cuanto dejan entrever la idea de que la cartografía tiene a menudo más que ver son una interpretación intencionada de la realidad que con la representación geográfica real.

“Un mapa es una fotografía del mundo en un momento determinado de la historia. Si echas la vista atrás, en el siglo XIX, los mapas eran claramente una herramienta política para reclamar territorios”, manifiesta y en su tono se desprende el convencimiento de quien ha pasado muchas horas frente a estos trozos de papel en los que cabe la concepción del mundo.

‘Figures 1861’, M. Andrialavidrazana.

Su cuestionamiento de la representación occidental de los territorios antes por civilizar, ahora bajo la etiqueta de ‘en vías de desarrollo’, no se limita a los tiempos de las metrópolis. Su delicadeza visual no está exenta de ojo crítico hacia el imaginario colectivo actual. Es el caso de sus obras, esta vez fotográficas, ‘Tanindrazana’ (2005), que en malgache significa la tierra de los ancestros, y ‘Ny Any Aminay’ (2011), una expresión en el mismo idioma que hace referencia al hogar.

De este último, cuenta la autora que su objetivo persigue “mostrar imágenes que enseñen el Madagascar que no muestra el punto de vista mediático que resume el país en paisajes de ensueño y pobreza o suciedad. Por supuesto, suceden cosas tristes y hay problemas políticos, pero esto no es representativo de una población entera que tiene valores culturales que se están ignorando. Mostrar un punto de vista opuesto al que se explota es importante porque derriba estereotipos”.

Precisamente en alusión a este recurso vago y tramposo de las etiquetas, su desapego hacia la de ‘africana’ es tan grande como el tamaño de la isla que es su país, un desarraigo hacia el territorio continental que, por otro lado, no suele ser ajeno a las personas isleñas. “Por supuesto Madagascar es uno de los cincuenta y cuatro países de África, pero también es una isla y su población está compuesta por diferentes orígenes. En mi caso: el sitio donde vivo es Francia; soy una persona de Madagascar; y me considero de la diáspora. Cuando se me presenta como una artista africana me pregunto por qué y pienso que eso no es cierto porque nunca he vivido en el continente africano”, señala.

Dentro de su talento innato para ofrecer narraciones alternativas, Andrialavidrazana se esfuerza particularmente, y pese al carácter multidisciplinar de sus creaciones, en poner siempre el foco en la evolución de la representación que se hace de las sociedades que se escapan al sistema de valores de la sociedad dominante. Se trata de un cometido que define como importante, argumentando que “es la única manera de equilibrar la relación entre las naciones y los individuos. Creo que además es la manera de fomentar el respeto mutuo. Quiero decir, incluso cuando decimos ‘el otro’, lo que sobresale es la idea de que es una persona diferente. Creo que es hora de aumentar el equilibrio en las relaciones humanas”.

3MA, el encuentro transcultural africano de cuerda

3MA representa la armonía cultural entre Malí, Marruecos y Madagascar. La primera sílaba de estos países conforman el nombre de un proyecto formado por Ballaké Sissoko, Driss El Maloumi y Rajery.

Ballaké Sissoko toca la kora, el instrumento tradicional de 21 cuerdas del África occidental. El maliense es, junto con su amigo Toumani Diabaté, uno de los máximos exponentes de la cultura griot en la actualidad. El marroquí Driss El Maloumi busca en el Mediterráneo la confluencia entre lo árabe, lo bereber, lo occidental y lo subsahariano. Recoge en su oud, el laúd árabe, las distintas músicas de esta encrucijada geográfica. El trío lo completa Germain Randrianarisoa, más conocido como Rajery. El malgache es un referente de la música de su país y a pesar de la amputación de su mano derecha, es denominado como el príncipe de la valiha, cítara circular de 18 cuerdas hecha de bambú y característica de Madagascar.

Los tres tomaron con entusiasmo la oportunidad de trabajar juntos y reunir sus instrumentos para desarrollar un sonido que va más allá de las individualidades. El proyecto surgió en 2006 cuando El Maloumi y Rajery coincidieron en Agadir. Posteriormente el músico marroquí fue invitado a Madagascar por el Instituto Francés y se forjó una colaboración a la que posteriormente se sumaría Ballaké Sissoko. “Lo que es admirable es la unión de tres culturas diferentes, tres personas distintas, tres instrumentos y tres países”, explica Rajery a Wiriko en Fez.

El músico malgache además resalta la celebración de lo africano como reclamo creativo ya que normalmente en lugares como Madagascar se piensa más en la influencia europea que en la de África.

3MA salvaguarda el patrimonio cultural griot, bereber y malgache mientras investiga nuevos retos expresivos. Los instrumentos crean un lenguaje común ligado a un universo suave y místico sin olvidar los sonidos enérgicos y arrebatadores. “Como griot es muy importante para mi poder conocer otras culturas. Me encanta cómo suenan los tres instrumentos juntos”, apunta Sissoko.

Comenzaron a desarrollar melodías en sus primeros encuentros y para 2008 publicaron un trabajo homónimo. Desde entonces han mantenido sus carreras en solitario aunque sin perderse de vista. También han formado parte de diversos proyectos e incluso han coincidido en “Las Rutas de la Esclavitud” y “Hesperion XII”, propuestas musicales lideradas por Jordi Savall. La colaboración es para 3MA un eje de desarrollo creativo y permeabilidad. Ya lo expresó Sissoko a Wiriko en una anterior entrevista: “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”.

Ahora, tras una década lanzan Anarouz. Este nuevo álbum testifica la sinergia de las tres culturas y expone la madurez musical de unos artistas que acunaron a los asistentes en el jardín Jnan Sbil de Fez bajo el marco de la 24ª edición de Festival de Músicas Sagradas del Mundo.

3MA anoche en el Jardín Jnan Sbil de Fez / Foto: Ramón Fornós

La luna gibosa creciente regaló ayer una noche luminosa y romántica. La brisa suavizó el calor e incluso las ranas se sumaron al espectáculo con un croar casi inoportuno y que añadió magia de la velada. 3MA puso a la kora, el oud y la valiha sobre el escenario. Los cantos en bamana, malgache y árabe transportaron a los espectadores a Bamako, Agadir y Antanarivo en un viaje intercultural donde la tradición se fundió con nuevos horizontes musicales, esencias y colores.

La presencia de 3MA casa con la misión del Festival de Músicas Sagradas del Mundo de Fez de compartir valores como la tolerancia a través de las artes, según expresa el presidente del presidente del festival, Abderrafi Zouiten. La música se presenta como convivencia y una respuesta actual a los problemas globales. Sin embargo, Driss El Maloumi explica cómo en demasiadas ocasiones son abordados con estas cuestiones migratorias y de refugiados por el hecho de ser africanos mientras que otros artistas no son preguntados por lo mismo: “Estamos proponiendo un trabajo artístico, una concepción estética y una acumulación de saber hacer desde los viajes y de la cultura de cada uno. Se puede juzgar lo que nosotros hacemos en relación a lo que hace todo el mundo. No estamos para crear una sensibilidad especial para con los refugiados aunque es cierto que el tema nos concierne. Nosotros trabajamos para crear algo novedoso y puramente artístico”.

“En mi tierra, si quieres hacer amigos, o utilizas la música o una pelota”

* Por Alicia Oliva González

Kilema (Toliara, Madagascar, 1960), con más de veinte años de carrera musical, lleva desde los 12 años haciendo instrumentos con materiales reciclados. Comenzó fabricando guitarras con trozos de madera y tres o cuatro cuerdas de hilo de pescar; más tarde, cambió el hilo por cables de frenos de viejas bicicletas. Hoy se ha convertido en un referente de la cultura malgache allá por donde viaja. De su nombre real, Randrianantoandro Clément, nace su nombre artístico. “Madagascar era una antigua colonia francesa y para elegir el nombre de los recién nacidos se usaban los calendarios con el santoral con nombres en francés, y cuando yo nací, me tocó, “Clément” pero a mis abuelos les resultaba difícil pronunciar la sílaba francesa “clé”, y al final siempre decían “kile”, y de ahí, Kilema”. Llegó a Europa en 1993 y desde 1999 vive en Encinarejo, Córdoba.

Kilema no solo da nombre al artista sino también a su grupo, creado en 1997 en París. Comenzó como cuarteto y de ahí han ido evolucionado con distintas formaciones: dúo, trío y en solitario; pero en grandes escenarios, siempre son cuatro: su hermano Nesta Randrianantoandro como vocalista, Katsá, melódica y calabaza; Pedro Delgado Antúnez (Perico para los amigos) bajo y coros, y Manuel Luque Pérez, percusión.

Kilema en una de sus actuaciones. Foto: Javier Baeza

Tu relación con la música comenzó a una edad muy temprana, ¿de dónde nace esa curiosidad por fabricar tú mismo los instrumentos?

Soy el último niño de una familia con doce hijos. Con 5 años estuve en el coro de mi colegio junto con cinco de mis hermanos. El mayor tenía su banda de música y los ensayos tenían lugar en mi casa. Allí es cuando empecé a interesarme por lo que hacían. Los pequeños mirábamos desde un agujero porque no nos dejaban entrar. Yo tenía buen oído. Mi padre tocaba la guitarra y mi madre cantaba. Todo empezó en casa. Éramos niños y queríamos tocar imitando a los hermanos mayores, pero… ¡imposible! Así que empezamos a buscar trozos de madera y fabricar cualquier cosa. Al principio era con hilo de pescar con 3 o 4 cuerdas. Lo de cable de freno de bicicleta vino después.

¿Cuándo comienza tu carrera musical?

Empezó en el año 1990. Mi primer contrato fue en el hotel Hilton de Antananarivo, la capital de Madagascar. Era una banda de animación turística y tocábamos todo tipo de música, desde música tradicional hasta pop y folk internacional.

¿Cómo definirías la música de Madagascar?

Estamos a unos 400 km de África. Hace más de 1.000 años, pobladores de Asia llegaron a Madagascar con sus cultivos y sus lenguas, asentándose en la isla y constituyendo, las primeras poblaciones. Madagascar es una mezcla entre África y Asia.

Sin duda tu música tiene el ritmo de África pero también se ha nutrido de la melodía de Asia, ¿la música española ha influido en tus ritmos o te has mantenido fiel a tus raíces?

Exacto. La música malgache es el fruto de esa fusión afroasiática. Desde mi llegada a Europa en 1993, mi vinculación con diferentes estilos han ido influyendo en mi música y, por supuesto, también la española, en especial la guitarra flamenca; aunque siempre he mantenido una línea de “pureza” con mis raíces.

Hace unas semanas, ofreciste un concierto en las XV Jornadas de derechos humanos e inmigración que se organizaron en Motril, ¿qué relación tiene tu música con los derechos humanos? ¿Consideras que la música es un lenguaje universal que puede unir a las personas y luchar por la paz?

Lo has dicho. ¡Es un lenguaje universal! La música no entiende de fronteras o de razas y se puede utilizar como herramienta de transformación social. En mi tierra, si quieres hacer amigos, o utilizas la música o una pelota de fútbol.

¿Qué mensaje buscas transmitir con tu música?

La música une. ¡Somos todos uno!  Música es paz, respeto y convivencia.

¿Qué público tiene tu música?

Hicimos un concierto en Noruega hace un par de años y en el público había un bebé de unos meses. El bebé empezó a llorar cuando paramos de tocar. Mi música es para todas las edades.

El concierto que tuvo lugar en el Teatro de Calderón de la Barca del Ayuntamiento de Motril se convirtió en una auténtica clase sobre música e instrumentos tradicionales de Madagascar, como el marovany, uno de los protagonistas. ¿Buscas crear una complicidad con el público para que se acerque más a tu cultura?

Se convirtió en un concierto didáctico, un viaje musical para descubrir música y cultura diferente. Cuando voy en solitario siempre me gusta crear ese tipo de ambiente. Suelo dar estos conciertos en colegios, institutos, conservatorios de música, etc., más de 20.000 alumnos/as lo han visto y compartido en España, Taiwán, Suecia, Noruega, Chile y Francia, como una educación en valores, mezclando diversión y aprendizaje. El público no son solo personas que vienen para escucharte y luego vuelven a su casa, si fuera solo  eso, podrían comprar un disco y escucharlo en el salón de su casa. Mi concierto es muy interactivo y dejo siempre un hueco en cada canción para que canten conmigo o bailen si la sala lo permite. Eso siempre crea un ambiente de convivencia, de familia. Aprovecho también para hablar de mis instrumentos reciclados” Hago música con una lata, una goma de riego, un palo de bambú con cuerdas de freno de bicicleta, una calabaza etc.

Me siento como un embajador cultural de mi pueblo. Después de mis conciertos, estoy seguro que la gente se interesa por conocer mi isla, nuestras tradiciones y culturas. Madagascar es aún una gran desconocida para los españoles.

¿Has notado un incremento en el interés hacia la música africana?

Ahora hay más festivales de música del mundo y eso es muy positivo. La gente va interesándose más por estas músicas. África es un continente inmenso con una gran diversidad, aunque en España, este tipo de música, aún no es muy conocida.

Ka Malisa es tu primer disco en solitario, ¿qué significa Ka Malisa? ¿Podríamos decir que es tu filosofía de vida?

Ka malisa es mi primer disco, y significa “sin prisa”. Sin duda es mi filosofía de vida. Para qué correr tanto. Hay que vivir más despacio y disfrutar de la vida. Después de este primer trabajo vinieron  Lavi-Tany y Mena. En este momento trabajo en mi cuarto disco, que espero vea la luz a lo largo de este 2018.

*Alicia Oliva González es graduada en Traducción e Interpretación (UPF) y Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos (UAM). Escribo reseñas sobre literatura africana en Historias del África Negra y siempre que puede se escapa al continente.

Les Surfs, el grupo malgache que conquistó España

Los sonidos de África cuentan poco a poco con más público en España a pesar de la resistencia a la enorme cantidad de artistas y estilos musicales que el continente nos brinda. Fue en la década de 1960 cuando unos precursores demostraron cómo arrasar en nuestro país.

España salía de la autarquía y comenzaba a cambiar. Muchos eran ya los artistas internacionales que desfilaban por nuestros escenarios (no olvidemos la aclamada visita de los Beatles en 1965) a los que llegó un nuevo fenómeno musical procedente de Madagascar.

Les Surfs, tal y como se les conoció a partir de 1963, estaba formado por cuatro hermanos y dos hermanas. Monique, Nicole, Coco, Pat, Rocky y Dave Rabaraona dieron sus primeros pasos en Madagascar en 1958, donde ya se empezaba a notar la influencia del género musical occidental por excelencia, el pop.

La fama que estaban teniendo en su país natal llegó a oídos del propio gobierno francés que solicitó su asistencia para la inauguración del segundo canal de televisión de Francia, la futura Antenne 2. Desde entonces su ascenso fue imparable. El hecho de versionar grandes éxitos británicos y estadounidenses en lengua francesa y española les abrió un inmenso mercado y les aseguró el éxito. Los ritmos pop que arrasaban en Estados Unidos, con The Beach Boys a la cabeza, se sumaron al influjo de la música surf (de ahí deriva el nombre del grupo) convirtiendo al grupo en una mezcla explosiva. Además, Les Surfs tuvo una clara influencia de otros grupos norteamericanos formados por afrodescendientes como The Platters, a los que interpretaron en los inicios de su carrera. Así, los seis artistas contribuyeron de alguna forma a integrar y difundir en la música francesa (y más tarde en español e italiano) algunos géneros musicales como el rhythm and blues, la música soul, o el calipso.  

1960: éxito, expansión y declive

Su música se extendió por algunos puntos de África, alcanzando la fama en Zaire o Argelia, y llegó a lugares como las Antillas, Canadá y Oriente Próximo. En Europa, además de triunfar en Francia, Italia y Rumanía, acabaron conquistando a la audiencia española. «Tú serás mi baby», versión española del tema «Be My Baby» popularizada por el grupo femenino The Ronettes, fue sin duda el gran éxito del grupo malgache en España en 1964. Junto con este tema, se presentaron otras tres versiones en español en ese mismo año: «Cibiribirin», «El crossfire» y «No, no te vayas». No sólo se convirtieron en número uno en ventas, sino que su presencia en la radio y la televisión fue muy habitual. “Recuerdo verles en la televisión, venían muy a menudo a nuestro país”, comenta Josechu Hernández, que aún se acuerda de sus éxitos. “En aquella época las presencia de personas negras era muy limitada en España, por lo que llamaba mucho la atención ver la actuación de seis hermanos malgaches, totalmente afrancesados, que además cantaban en español”, añade el pensionista.

Les Surfs siguen siendo el grupo nacional por excelencia en el país y su recuerdo sigue muy vivo. El grupo marcó una nueva fase en el panorama musical del país con temas como «Scandale dans la famille». “Les Surfs trajeron un nuevo aspecto a nuestra música, respetaron la cultura malgache y al mismo tiempo la modernizaron agregando ritmos extranjeros”, señala su compatriota Ravelojaona, nacido en 1952.

Sin embargo el creciente éxito de Les Surf chocó con un cambio de época al que no pudieron adaptarse. Los cambios en las tendencias musicales de masas, así como la estética general de los nuevos artistas que llegaron con la nueva década, llevaron a que la popularidad del grupo fuera decayendo a principios de 1970. Finalmente, después de una gira por las Antillas y Quebec, los hermanos decidieron disolver el grupo en 1971.

No obstante su separación no ha borrado del todo su legado. Les Surfs siguieron marcando a la sociedad malgache después de su disolución. “Esos seis hermanos sacudieron mi adolescencia”, dice emocionada Emilienne de 65 años. “Incluso después de 1971 fueron capaces de dar a conocer Madagascar y representar al pueblo malgache en todo el mundo”, agrega.

Arte y música para la infancia en Madagascar

Los derechos de las personas no acaban con ir al colegio, tener acceso a la sanidad y comer cada día. Van mucho más allá. Todo el mundo tiene que tener acceso a la cultura y al ocio. Mucha gente aún no lo ve importante, pero nosotros hemos hecho esa apuesta con el Centro de Arte y Música”. El presidente de la ONG Agua de Coco explicaba esto mientras esquivaba los pousse-pousse en una de las avenidas principales de Tulear, la ciudad al sur de Madagascar donde la organización tiene su sede. Íbamos a conocer el recinto (conocido como el CAM), uno de los proyectos que Agua de Coco desarrolla en el ámbito de la educación.

El antiguo y emblemático Cinema Tropic, un cine de la época colonial francesa que cesó su actividad muchos años atrás, acoge hoy al CAM, en el que pasan muchas cosas. Su intensa actividad lo convierten en uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Quizá también lo es por la intensa vida cultural en la que participan, además del alumnado inscrito, niños y jóvenes de colegios públicos, o aquellos que no pueden ir al colegio y pasan el día en las calles de Tulear.

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Malagasy Gospel: un canto a la capacidad

Gira MG Francia 2015 / V.Anaya

Gira MG Francia 2015 / V.Anaya

Malagasy Gospel consigue emocionar a su público allá donde va, lo cual no es de extrañar porque esta coral malgache trabaja muy duro en Tulear, ciudad situada al sur de Madagascar, donde realizan ensayos todas las semanas durante el año para preparar su gira europea. Esta undécima gira de junio de 2015 acaba de recorrer Francia, Suiza y Bélgica. La anterior, a finales de 2014, tuvo lugar en España.

La coral, dirigida por la cantante malgache Volanjary —y presidenta de la ONG Bel Avenir—, no son sólo las 22 niñas que podemos ver en los diferentes escenarios de Europa, sino que está formada por más de cien niñas que provienen de los barrios más desfavorecidos Tulear. “En la gira no participan las mejores voces de la Malagasy Gospel ¡son tantas que haríamos caer el escenario! Vienen aquellas niñas que más se lo merecen: las que sacan buenas notas, que ayudan en su casa, que se implican con el proyecto y que son más constantes en los ensayos. Y siempre intentamos que cada gira sea un grupo diferente, para que todas tengan las mismas oportunidades”, afirma José Luís Guirao, presidente y fundador de la Red Agua de Coco. La coral también cuenta con una voz líder en el grupo, Harris. Harris tiene una enfermedad rara llamada la enfermedad de Norrie que le ha causado ceguera de nacimiento y una medio sordera, además de la dificultad de hablar. Apenas habla, pero es un prodigio cantando y memorizando la letra de cualquier canción, lo que hace de él una estrella encima del escenario. “Si Harris no viene, yo no vengo y el resto de la coral tampoco”, asegura Guirao, que acompaña gira tras gira y año tras año a la Malagasy Gospel.

La vida de las integrantes de la Malagasy no es fácil. En una de las regiones más pobres de la isla, con una gran escasez de agua y una alta tasa de trabajo infantil en las salinas de la zona, se hace complicado poder comer más de una vez al día. Otros problemas sociales como la prostitución o los embarazos precoces amenazan en bienestar de una juventud que es el futuro y la esperanza de la zona. Por ello, tanto este como otros proyectos artísticos del Centro de Arte y Música se convierten en una oportunidad importante para aquellas personas que normalmente tienen dificultades para acceder a este tipo de formación.

El Centro de Arte y Música (CAM) se creó en 2008 a raíz del nacimiento de la Malagasy Gospel y es uno de los proyectos educativos más visibles de la ONG Bel Avenir (Red Agua de Coco), tanto que hoy en día goza de un espacio muy importante en la vida social y cultural de Tulear. Dentro del CAM han ido naciendo otros proyectos artísticos como el grupo de percusión femenino Bloco Malagasy, la capoeira de Roda Malagasy, el Cirque Malagasy, las clases de solfeo y pintura, etc. Hoy en día, como referente en la ciudad, el CAM organiza y participa en un sinfín de actividades culturales y, al tiempo, sensibilizando a la población en torno a los problemas sociales que tienen sus habitantes, como la prostitución, el abandono escolar, el trabajo infantil, la discapacidad o la desigualdad de género. A la vez a través de su vertiente integradora, la CAM es un importante espacio de lucha contra la exclusión social de jóvenes y mujeres.

 

La gira: una oportunidad de conocimiento y descubrimiento mutuo

Gira MG Francia 2015 / V.Anaya

Gira MG Francia 2015 / V.Anaya

A más de gira por año, la Malagasy Gospel cumple ahora su undécima vuelta por Europa, esta vez organizada por Eau de Coco (Francia), también integrante de la Red Agua de Coco. Son cinco semanas de ensayos y conciertos, de intercambios con jóvenes franceses y con colegios, de paseos por las ciudades francesas, y sobre todo, de convivencia de las chicas con el gran equipo de voluntarios y voluntarias que les acompaña durante toda la gira. “Lo que más nos gusta son los conciertos, jugar y pasear con los voluntarios”, afirman Samira y Julianah, dos de las chicas de la Malagasy. “Vemos cosas diferentes de las que vemos en Madagascar. Por ejemplo nuestras casas son de paja y aquí son de piedra. La comida también es diferente, allí comemos a base de maíz y mandioca y aquí son otro tipo de alimentos. Lo que más me gusta de Francia es la comida porque es muy variada. Además en Francia nos han acogido muy bien y los conciertos han estado muy bien porque hay mucha gente que nos viene a ver”, cuenta Florence, una de las voces más veteranas del grupo.

El repertorio, cantado en varias lenguas africanas como el zulú de Sudáfrica o en lengua local malgache, pasa desde el Shosholoza sudafricano, hasta un mix de gospel americano, pasando por canciones producidas por la propia coral. Cantan a los derechos de la infancia, a la riqueza étnica de Madagascar, a la importancia de la educación y a la importancia de cuidar medioambiente, entre otras temáticas. Pero los conciertos no son sólo experiencias musicales sino que permiten al espectador realizar un recorrido sensorial mediante el descubrimiento de la realidad de las componentes del coro, de la vida cotidiana de la gente de Tulear y del trabajo que la Red Agua de Coco realiza en Madagascar hace muchos años. Este recorrido se realiza de la mano de José Luís Guirao, que se encarga de ir contextualizando las canciones durante el concierto y que define la coral como “un canto a la capacidad”.

“Había una vez…¡mil voces!”: así se llama su próxima cita en España, durante las navidades de 2016 cuando compartirán escenario con mil niñas y niños de todo el país. Una cita imperdible en la que podremos disfrutar de la buena música, del intercambio artístico y de mil grandes talentos. ¡Que siga la función!

Podéis seguir a Malagasy Gospel a través de la web o del Facebook

Lala Njava, una voz dedicada a la justicia para Madagascar

Lala Njava / Pierrot Men

Lala Njava / Pierrot Men

Lala Njava es una veterana de la música malgache. Con su álbum debut en solitario –Malagasy Blues Song- y desde su posición privilegiada de artista, lucha por los derechos de las mujeres, los niños y contra la deforestación de su isla natal.

Lala Njava proviene de una familia numerosa. Una familia formada por ocho hermanas y siete hermanos, todos ellos músicos. Como los mismísimos Staples Singers de Madagascar, Lala y cuatro de sus hermanos formaron la banda Njava, uno de los nombres más populares de la música malgache durante los años 90. Dos décadas después, Lala lanza su disco en solitario desde Bélgica, Malagasy Blues Song (Riverboat Records, 2013), y su voz grave a lo Mavis Staples se convierte en el blues contra la deforestación, las injusticias sociales y para la lucha de los derechos de las mujeres y los niños malgaches.

Lala ha recorrido un largo viaje musical y biográfico que, a sus 56 años, la ha llevado a ser considerada una de las voces más respetadas de Madagascar. “Después de ganar los Premios Découvertes de RFI en 1992, Njava firmó un contrato con EMI. Dimos la vuelta al mundo y aportamos algo nuevo en la escena de las músicas del mundo. Nuestra música era un estilo vocal precolonial llamado Antsa, un tipo de melodía popular tradicional típico del sur de Madagascar. Cantábamos a dos voces y nuestro ritmo 6/8 nos llevó a la fama”, cuenta esta dama de la nueva canción malgache.

Los bosques y el género, dos terrenos de lucha fuera de los escenarios

Soy una mujer comprometida. He creado una asociación para defender la igualdad de género y la educación de los niños en Madagascar: Dames d’amour. Siendo una artista, creo que es importante tener la capacidad de, aún sin ser político, transmitir mensajes políticos. Considero que es mi deber”, reconoce la cantante.

Como dijo Madiba, las armas están en la educación. Mi herramienta de educación es la música y los mensajes que expreso a través de ella. En este sentido, escribí mi canción Pardon â l’Afrika para denunciar la situación de los niños soldados y los esclavos de las milicias en los países africanos en guerra. Quiero que quede claro que hay que terminar con este tipo de atrocidades, pero estamos muy lejos de eso”, se lamenta.

1La artista no es del tipo de personajes que viven en una burbuja aislados de la sociedad, y ha conseguido canalizar su fama internacional para despertar conciencias acerca de diferentes situaciones de injusticia que azotan la gran isla de Madagascar. “El desarrollo de África es inevitable, pero es importante preservar lo más preciado: nuestra naturaleza, el acceso al agua potable, la salud de nuestra gente y la educación para todos los niños. Pero este desarrollo tiene un coste y parece que nuestro entorno está pagando un precio muy alto”, afirma.

Lala se confiesa ferviente simpatizante del legado de figuras como la activista keniana Wangari Maathai, a la que considera un modelo a seguir. Maathai dijo que “hay que promover un desarrollo que no destruya nuestro entorno”, y Lala Njava opina que el mayor enemigo de nuestro entorno y del medioambiente es la corrupción. “¡La principal causa de la deforestación es la corrupción! La corrupción es una enfermedad grave para la que África y el mundo sigue buscando una cura radical. Los árboles se talan para hacer hermosos muebles de teca que se pueden encontrar en los mercados de todo el mundo. Las consecuencias son dramáticas para el pueblo malgache. Los pescadores tienen cada vez menos peces que pescar, porque todos ellos son capturados por barcos piratas o de multinacionales que, a parte, contaminan el mar. La deforestación acelerará la desaparición del Lemur, que solamente se encuentra en Madagascar. Éste es el precio que pagamos para alcanzar este tipo de desarrollo”, reconoce irritada.

Como parte de su compromiso social con el pueblo malgache y su tierra, Lala dedica parte de los ingresos de su último álbum a la lucha para la preservación de los bosques. A través de la organización Graine de Vie, Lala ayuda a varios activistas locales a que la biodiversidad y los recursos básicos que albergan los bosques sigan abasteciendo a las etnias y los animales en peligro de extinción, como el lemur, que habita las zonas rurales de Madagascar. Sin embargo, los Betsileo o los Tanala, que dependen de los bosques tanto para su subsistencia como para mantener sus tradiciones culturales e identitarias, no parecen ser grandes fans de la música de Lala. 

El Beko o el blues malgache

En Madagascar, el pueblo malgache aún percibe mi estilo de música como un producto comercial. Creen que mi álbum fue hecho para Occidente. Pero esto no quiere decir que me sienta menos alentada por la recepción del público en Madagascar”, reconoce la cantante. Y es que a pesar de no levantar tanto revuelo entre el público nacional como entre el internacional, Lala no ha hecho más que cosechar críticas positivas de su primer álbum en solitario, que incluso fue seleccionado como uno de los mejores álbumes de músicas del mundo de 2013.

Este estilo de música es muy respetado por el público occidental, por lo que ha sido bien recibido donde quiera que he presentado mis canciones. He contado a menudo con la colaboración de otros grandes músicos malgaches como el acordeonista y mi amigo de infancia Regis Gizavo, con Mikea o con el gran guitarrista D’Gary, y el ambiente de los conciertos suele ser siempre más o menos el mismo”, manifiesta dibujando el panorama de la escena musical malgache.

La música Beko es el blues de Madagascar”, dice aludiendo al estilo popular del sureste de Madagascar. “Se trata de la nostalgia como mensaje, como grito. Obviamente no es un estilo bailable y el ambiente que yo quiero transmitir es un ambiente especial”, confiesa refiriéndose a las melodías vocales típicas de esta música y que mezcla con otras influencias sonoras dentro de su particular universo musical. “El Beko tiene un mensaje a veces nostálgico. Yo quería usar el estilo vocal del Beko para transmitir el mensaje de lo que tenía dentro: la melancolía de mi infancia feliz, el amor que mis padres me han dado o la experiencia musical que llevo a mis espaldas y que quiero compartir. Mi Beko también es una expresión de mis esperanzas y mis desesperaciones. Para mí es un poco abrir mi diario personal a través de este blues malgache. Por esto, Malagasy Blues Song es el álbum del color de mi vida”.

Raharimanana, la virtud de la violencia constructiva

Hace ya más de cinco años, en una entrevista publicada en Africultures en 2008, un  escritor africano decía: “Mi escritura no tiene como objetivo hacer daño al lector. Mi sueño de escritura no es escribir sobre lo que hace daño, mi sueño de escritura es la poesía, maravillar ante las cosas, pero tampoco puedo  olvidar el contexto del que salen. También hay otras cosas. Cuanto más me dicen que mis libros son ‘violentos’, más cuenta me doy de que lo que les molesta no es la violencia, sino el hecho de que pueda introducir poesía en la violencia. Es esta cuestión estética de la violencia lo que perturba enormemente al lector”. Este artista provocador era el escritor malgache Jean-Luc Raharimanana.

Imagen del autor. Fuente: Editorial Vents d'ailleurs.

Imagen del autor Jean-Luc Raharimanana. Fuente: Editorial Vents d’ailleurs.

Sin embargo, su provocación no es casual. Tiene mucho que ver con su experiencia personal y con la intencionalidad de su obra. Muy joven empezó a hacer sus pinitos en el mundo del teatro y también muy joven se dio cuenta de que al poder no le gustan las críticas, tampoco las artísticas. Descubrió que su obra comprometida no tenía demasiado futuro en una República de Madagascar en la que el gobierno era capaz de presionar a instituciones culturales extranjeras para frenar representaciones que le resultaban inconvenientes. Así que mientras los manejos diplomáticos le cerraban las puertas en su propio país, un premio de RFI le abría las puertas del exilio, un exilio desde el que ha endurecido todavía más su crítica.

La segunda de las experiencias clarificadoras para Raharimanana fue la detención y tortura de su padre, un prominente profesor de historia, acusado de amenazar la integridad del país por intentar estudiar los enfrentamientos entre los reinos tradicionales malgaches. Como el propio escritor señalaba en otra entrevista, en la que hablaba sobre su volumen de relatos L’arbre anthropophage: “¿Dónde se encuentra el límite entre el pudor y la trascripción, entre el testigo y el dolor de una família? Me hubiera gustado que todo esto permaneciera en el territorio de la ficción, que en realidad nunca hubiera sucedido. También hay otro hecho, y es que mi oficio es el de “inventor de historias”. Así pues, ¿cómo poder justificar la veracidad de lo que cuento? Es difícil, pero es un pacto que hago con el lector. No le estoy explicando cualquier cosa”.

Cubierta de la edición en español de Nur, 1947.

Cubierta de la edición en español de Nur, 1947.

Así, en la obra de Raharimanana, la violencia se ha convertido en un elemento fundamental, no en vano una buena parte de sus libros se basan en algunos de los episodios más traumáticos de la historia de su país, ya sea bajo el régimen colonial o en el periodo de la independencia. Un ejemplo claro es la novela estandarte del artista malgache Nour, 1947 (publicada en español por El Aleph como Nur, 1947), que se desarrolla durante la represión de la administración colonial francesa a una revuelta ocurrida en 1947. La violencia descrita con crudeza queda sorprendentemente rodeada de poesía en la narración de Raharimanana. A pesar de que estos rasgos se han convertido en una parte importante del estilo del escritor malgache, el autor asegura que se trata del escenario (la miseria, la pobreza, la violencia) al que empuja un sistema con una inusitada capacidad para corromper y por ello asegura que la grandeza del hombre es “la lucha contra esa descomposición” y que en sus libros siempre está presente “la lucha perpetua entre lo sublime y la putrefacción”.

Pero los elementos de estilo de Raharimanana no se limitan a la exposición descarnada de la violencia, ni siquiera al compromiso político y social explícito. En su obra ha influido profundamente la tradición malgache, la literatura oral, los relatos populares, todo un bagaje cultural que ha ido creando un sustrato que se manifiesta de una manera más o menos evidente. Y también la combinación de todos esos elementos, de manera que esa violencia desnuda con la que provoca es, en ocasiones, digerible gracias a que se enmarca en una narrativa que funde lo real y lo fantástico, que juega con los sueños y los mundos invisibles, acercando a Raharimanana, de algún modo, al “realismo mágico”.

La producción más reciente de Raharimanana, Enlacement(s) formada por tres obras, Des ruines, Obscena y Il n’y a plus de pays, es la máxima expresión de todos estos rasgos, desde la provocación y la transgresión de los géneros, ya que se mueve entre la poesía, la prosa, el teatro o los cantos, hasta el dibujo de un panorama decadente, violento, doloroso y, a pesar de ello, lleno de esperanza. Ese escenario casi apocalíptico es, para el autor, el único posible  punto de partida, la única opción de reconstrucción, una especie de Ave Fénix que sólo puede resurgir de sus cenizas, con la confianza que ello supone en la capacidad del Fénix para renacer.

Como señala el yibutí Abdourahman Waberi, Raharimanana está creando poco a poco una obra poderosa (y extensa) que antes o después le llevará casi con toda probabilidad a convertirse en una referencia ineludible. Waberi escribe una de las advertencias más elogiosas para un autor como el malgache: “No vayan nunca a buscar a este autor (de novelas, relatos y relatos cortos), sobre todo, si pretenden mantenerse al calor del hogar”. Así es Raharimanana incómodo pero fundamental, dramático pero lleno de esperanza, violento pero lleno de esperanza.

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La extensa bibliografía de Jean-Luc Raharimanana.

Algunos fragmentos de sus obras.

The Spoken Word Project: Slam panafricano work in progress

spokenwordprojectYa os hemos hablado en esta sección del slam, casi como un nuevo género emergente, una combinación en realidad de diferentes disciplinas y de influencias (locales y globales, modernas y tradicionales). También se destacó su carácter de movimiento, un movimiento prácticamente panafricano, porque se reproducían los mismos esquemas en países de todo el continente, pero también porque muchos de los grupos tenían contactos entre sí, aunque eran informales, casi personales. Ahora, sin embargo, nos encontramos con un ambicioso proyecto que plantea estas condiciones continentales de manera más evidente. Auspiciado por el Goethe Institut de Sudáfrica llega The Spoken Word Project, un concurso-demostración continental que se desarrolla sucesivamente en Sudáfrica, Madagascar, Camerún, Angola, Mali, Uganda, Kenia y Costa de Marfil. De hecho, el proyecto está ahora mismo en pleno desarrollo.

En realidad no son tanto los países los que participan en esta iniciativa, sino más bien las ciudades, nadie duda que el slam es un movimiento eminentemente urbano. Por este motivo, el planteamiento del proyecto es conectar a través del verso y la poesía declamanda Johannesburgo, Antananarivo, Yaundé, Luanda, Bamako, Kampala, Nairobi y Abidjan.

El proyecto comenzó a circular el pasado mes de mayo, iniciado el viaje en Johannesburgo, ya que uno de los elementos fundamentales de la iniciativa es la itinerancia, pero no una itinerancia cualquiera, sino una que liga, que va cosiendo los lugares por los que pasa. Este es el sentido de que las demostraciones y los concursos no se desarrollen simultáneamente sino de manera sucesiva. Las reglas del concurso adoptan de esta manera una de las propias características de la historia que tiene la capacidad de viajar rebasando cualquier tipo de frontera y que además en cada etapa de su viaje se modifica, se repiensa, se personaliza, se adapta y se recrea. Al mismo tiempo, el viaje es también una realidad muy africana. Las migraciones dentro del continente son una realidad tan antigua como el propio suelo sobre el que se producen y el proceso ha ido configurando lazos y relaciones insospechados, entre comunidades, a veces, entre etnias, o entre países.


Es así cómo The Spoken Word Project va creciendo a medida que viaja, cómo en cada una de sus etapas suma algo. El viaje comenzó en Sudáfrica en mayo y de todos los participantes fueron seleccionados Noel Kabelo “KB” Ringane, Sbu Simelane, Sabelo Ayanda Lushaba “Juba”. Sus actuaciones se proyectaron en Antananarivo, la segunda etapa, antes de la competición en la capital malgache. Los slamers debían añadir a sus actuaciones algún elemento que hiciese referencia a las demostraciones que ya se habían realizado en la sede anterior, ya fuese continuar con un tema, compartir un objeto o repetir un personaje. El objetivo es que la historia viaje como siempre ha hecho y que a su paso vaya creciendo, vaya tejiendo relaciones insospechadas entre narraciones y artistas, que vaya configurando una red continental hecha en realidad de poesía y oralidad. De Johannesburgo, el ovillo pasó a Antananarivo, de allí a Yaundé, para viajar luego a Luanda, la siguiente etapa fue Kampala y aún están pendientes los pasos por Nairobi, Abidjan y Bamako.

The Spoken Word Project es, en realidad, una muy acertada elección. Por un lado, el slam es una realidad que cada vez más aparece y crece en los entornos urbanos. Por otro lado, tiene un alcance prácticamente continental, desde Dakar hasta Addis Abeba se pueden encontrar colectivos que con más o menos medios, con más o menos organización hacen veladas de slam. Además, el slam encaja perfectamente con la tradición africana de narración oral, de poesía declamada y de importancia del acompañamiento musical, pero al mismo tiempo se proyecta hacia el futuro, a través de influencias y de interacción con manifestaciones en otros lugares del mundo y de la incorporación de las nuevas formas de comunicarse y de tejer redes.

No en vano, uno de los puntos fuertes de The Spoken Word Project es la publicación de los vídeos de las interpretaciones en un espacio web gestionado por el Goethe Institut y una de las principales maneras de difundir la actividad es una página de Facebook que no hace sino reforzar esas redes que se van tejiendo. Si las historias que se recitan en las interpretaciones se van cruzando entre sí, las redes sociales, y Facebook concretamente, son el punto de encuentro, el ágora en la que se ponen en común y se dan a conocer al resto del mundo.

Arranca la ventana de cine africano más grande de España

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El Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT) cumple diez años de amor al cine africano en España y esta tarde arranca, hasta el 19 de octubre, una de las ediciones más emotivas debido a los recortes presupuestarios que ha sufrido la organización. Una década de FCAT trascendiendo África y aproximando su heterogeneidad a través del séptimo arte. En este décimo aniversario, el segundo en la ciudad tras ocho años en Tarifa (Cádiz), Córdoba se consolida como la ventana de cine africano más grande que existe en el ámbito hispanohablante con 120 proyecciones de 70 películas, 27 de ellas a competición, junto a otras actividades paralelas.

La principal circunstancia que motivó la creación de este encuentro con el cine africano en el año 2003 fue, por un lado, la llegada continuada de pateras a las costas andaluzas, en concreto, a las gaditanas. La imagen mediática reiterativa era la de una África que se moría y que seguía anclada en la tragedia, el hambre y las guerras. Llegaban con un espejo enorme y biselado de esperanzas. Lo hacían en las embarcaciones típicas que utilizan los pescadores de África occidental pero el reflejo daba tanto pavor que las categorizaciones comenzaron a sacar punta a nuevos términos y a adjetivaciones trasnochadas: sin papeles, ilegales, subsaharianos, pateras o cayucos que se acurrucaban en una población apostada en la arena y que desconocía las heridas del continente madre de todos ellos.

Fotogrma de la "La Pirogue" (2012), un film del senegalés Moussa Touré.

Fotogrma de la “La Pirogue” (2012), un film del senegalés Moussa Touré.

Por otro lado, se hacía fuerte la necesidad de educar la mirada hacia estos nuevos vecinos. El suspiro deslabazado que sufrían los habitantes de Cádiz o Málaga a comienzos de la década del 2000 hizo de la impotencia social un brebaje con efectos educativos y divulgativos en el sur de la Vieja Europa. Y la vacuna visual contra los estereotipos que se tienen sobre África se patentó en Tarifa gracias a la mano firme de Mane Cisneros, directora del Festival de Cine Africano de Córdoba.

La suma de estas características, hicieron imprescindible un nuevo marco en el que poder acercar las circunstancias sociales, políticas y económicas de estos inmigrantes. Un nuevo espacio de reflexión y divulgación de esa otra África a través de la cultura y que el FCAT ha pregonado desde su comienzo gracias a la ecuación equipo-voluntarios-público. Una cita obligada con las cinematografías africanas tanto en la Península como en Europa. Una década que merece ser subrayada y tenida en cuenta por la labor de acercar en 35mm. al continente vecino sin frontera alguna.

 

Un tapiz con lo mejor del continente
Para esta edición que arranca hoy se proyectarán 70 filmes de temática africana y árabe procedentes de 32 países, entre los que destacan la presencia de producciones de Burkina Faso, Camerún, Nigeria o de Sudáfrica, una de las industrias cinematográficas más potentes y prometedoras del continente. Como ya ocurriera en ediciones anteriores, los cinéfilos podrán disfrutar de un nutrido número de películas senegalesas. Ejemplos de ello son filmes como Mille soleils, Tall as the baobab tree (realizada en coproducción con Estados Unidos), la ganadora en la pasada edición del Griot al Mejor Largometraje Documental Tey; o President Dia, del director William M’Baye al que pudimos entrevistar hace un año en Dakar.

Los títulos que se podrán visionar procedentes del Norte de África son los trabajos de jóvenes cineastas de Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez muchos de ellos influenciados por las Primaveras Árabes  que han servido como telón de fondo. Además, estarán representados también 23 países más: Alemania, Angola, Arabia Saudita, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Etiopía, Francia, Gabón, Guinea Conakry, Guinea Ecuatorial, Kenia, Madagascar, Mauritania, Mozambique, Perú, Portugal, Qatar, RD Congo y Trinidad y Tobago.

Trailer de la película Something necessary dirigida por la keniana Judy Kibinge. Una parábola edificante sobre la expiación en contraste con la violencia mortal que siguió a las elecciones de 2007 en Kenia.

 

Estrenos
La programación fílmica del festival estará distribuida en ocho secciones oficiales, tres de ellas competitivas. En esta ocasión, serán 27 los títulos en las secciones a concurso: “El Sueño Africano” (largometrajes de ficción), “Al Otro Lado del Estrecho” (largometrajes documentales) y “África en Corto” (cortometrajes documentales y de ficción). Todas las películas que participan en las secciones a concurso afrontan su estreno en España en el FCAT Córdoba, excepto Yema (Argelia/Francia, 2012), que como ha ha subrayado la directora Mane Cisneros “por suerte o por desgracia, seguimos sin poder convencer a las distribuidoras españolas de que estas cinematografías pueden tener una salida comercial en nuestro país”.

Además, en las secciones no competitivas podremos ver en “La Caja de Pandora” una selección de películas de temática africana realizadas por cineastas occidentales; “África en Ritmo” reunirá una vez más los mejores títulos sobre danza y música africanas; “Carta Blanca al EDOC” nos acercará una muestra representativa de lo que fue el Festival de Cine Documental de Quito, con películas de temáticas afro-descendientes y “10 Fragmentos de un Discurso Amoroso Africano”, una sección planteada no sólo como un análisis antropológico sobre las prácticas amorosas o las manifestaciones del deseo en África, sino como toda una declaración de intenciones de la organización del FCAT Córdoba.

A estas secciones se suma una serie de sesiones especiales en la programación, entre las que se encuentra la proyección de la afamada La bicicleta verde, primera película realizada por una mujer en Arabia Saudí, Haifaa Al Mansour, que se estrenará en las salas cordobesas durante el festival.

Os dejamos el trailer de una película que rome con los tópicos y se atreve a desmontar el concepto de música africana. Un film sobre el desarrollo del estilo Metal en Angola como respuesta a los años de guerra prolongado que vivió este país. Death metal Angola, dirigido por Jeremy Xido en una coproducción de Estados Unidos y Angola.

 

El cine como industria
Por quinto año consecutivo, el FCAT Espacio Profesional estará dedicado a promover la cooperación entre los profesionales de los cines de África, España y el resto del mundo. Un año más, la Casa Árabe será el escenario, del 15 al 18 de octubre, del V Foro de Coproducción “África Produce” y una serie de conferencias y mesas redondas; así como los Aperitivos de Cine, encuentros entre cineastas, periodistas y estudiantes, donde se hablará en profundidad de las películas programadas en competición.

Actividades paralelas
FCAT Córdoba no se limita a las salas de proyección, como demuestra su amplio programa de actividades paralelas, entre las que se incluyen cuentacuentos, proyecciones en los distritos, la exposición de fotografía Malagorée: de puerto a puerto,de Javier Hirschfeld, y encuentros con distintas ONGs de la ciudad.

Cabe destacar una de las actividades  más novedosas previstas para esta edición y enfocada a jóvenes profesionales: se trata del “Curso‐taller de Crítica de Cine: Desafíos tradicionales, fatales omisiones y retos renovados de la crítica en el actual panorama interconectado y plurivocal”, que se celebrará en colaboración con el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) y el Programa ACERCA de Capacitación para el Desarrollo en el Sector Cultural de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) y que contará con la dirección del crítico Alfonso Crespo y con las clases magistrales de nuestra editora Beatriz Leal Riesco y el crítico de cine reconocidísimo por sus aportaciones a la literatura sobre las cinematografías africanas, el francés Olivier Barlet, entre otros.

La 10ª edición del FCAT se estrenará esta noche a las 21.00h. en el Teatro Góngora de la localidad cordobesa con la película del director mauritano Abderrahmane Sissako, La vie sur terre (1998).

 

Gasandji

Visita a Sonideros de Radio 3

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Sonideros, el programa dirigido por el infatigable y brillante Rodolfo Poveda, cumplió el día 7 de Septiembre 5 años de vida. En estos 5 años han proporcionado a sus oyentes lo mejor del panorama musical, y en sus exquisitas selecciones, nunca ha faltado una buena dosis de música africana. Dj Floro, auténtico amante y mejor conocedor de los ritmos afrobeat, junto con el más que consolidado en las pistas de baile madrileñas Dj Bombín, al lado de Kiko Helguera y el Doctor Soul, forman un brutal equipo de amantes de la música que cada domingo nos guía, en la sintonía de Radio 3, por universos sonoros insospechados.

Wiriko ha tenido la enorme suerte y el inmenso placer de sentarse con estos maestros del sonido en el estudio y dejarse deleitar por su savoir faire y su espontaneidad detrás del micrófono, y la experiencia ha quedado registrada en un programa en directo de una hora de duración. Para que podáis seguir el Podcast sin perderos detalle, os hemos querido preparar un menú de nuestra ruta por los puertos de África, con un poco de información de cada uno de los músicos que sonaron el pasado 22 de Septiembre en los estudios de Madrid.

Escúchalo:

lek senEmpezamos en la costa senegalesa con la voz rasgada de un personaje muy importante en la escena hip hop del país. Lëk Sèn proporciona el ejemplo perfecto de la absorción de sonidos caribeños y reggae, pero también de la utilización de lenguas coloniales y lenguas locales en la música africana. En el tema Maney, del último disco del senegalés (Tomorrow, 2013) la voz perenne de The Gladiators, Clinton Fearon, contrasta y empasta con la humeante y dura porosidad de Sèn.

La segunda parada nos la proporciona el Zouglou más comercial de Costa de Marfil, con los archiconocidos Magic System. En un avanzamiento de lo que169-magic-system-chauffe-scene-calais será su próximo álbum, Magic System relatan la historia de un inmigrante sin papeles que se casa con una pelirroja de Burdeos y con la que se le truncan los planes de “libertad a la europea”, tal como había soñado desde África. La vida matrimonial de “Mamadou” acaba transformándolo en un marido ocupado con las tareas del hogar, cuidando a su hija, sacando al perro… y enamorado hasta las trancas!

azonto-poster-533x800Y nos sumergimos en uno de los estilos más pegadizos y febriles del África Occidental. Quizás el ritmo más representativo de Ghana y Nigeria, aunque surge del primero. O te encanta o no lo soportas. En Wiriko nos hemos quedado absolutamente prendados de su baile y su ritmo monótono y a veces estridente. Por eso quisimos pinchar el hit numero 1 del Azonto (de Fuse ODG), que irrumpió en Youtube en 2011 y se ha mantenido en la cresta de la ola en las pistas de baile. Y para ilustrar su influencia, nos hemos trasladado a las costas de Nigeria para proporcionar el single debut del próximo disco de Temi DollFace, una auténtica diva de los sonidos electrónicos de la costa Oeste. No os perdáis el videoclip del tema Pata Pata:

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Ntjam Rosie

Para salir del frenesí del Azonto, escogimos una de las voces más frescas e internacionales del actual panorama de la música camerunesa. Y para ello, pinchamos el único tema del último y cuarto disco de Ntjam Rosie, At The Back Of Beyond (2013) cantado el bulu. Algo muy sencillo de escuchar y a la vez, una pieza donde Ntjam deja relucir unos agudos casi perfectos.

gasandjiUna puesta a punto óptima para preparar los oídos para una gran diva de los actuales sonidos congoleños. Algo muy particular es lo que nos ofrece Gasandji, una cantante que merece casi ser escuchada con los ojos cerrados y que automáticamente, nos va a sumergir en una atmósfera que estimulará todos nuestros sentidos. Quizás muchos de vosotros os preguntéis “¿como ha podido estar tanto tiempo en la recamara del circuito internacional?”.

Y si Gasandji nos hace desconectar del plano físico para transportarnos a otras esferas, TLDreamz nos hacen retornar al mundo de los vivos, para volvernos a transportar a las pistas de baile. Su Kizomba nos conecta con los sonidos antillanos y nos recuerda que “en África la música no solo se escucha sino que, esencialmente, se baila”.

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Charles Kely

Seguimos nuestra ruta marítima y hacemos parada en Madagascar, ya en la costa índica. El líder indiscutible del mercado musical es ahí Charles Kely. Pero no es tan solo un personaje querido en su tierra sino también un músico respetado fuera de la escena malgache. Charles Kely es único y sus trabajos no pasan de moda. Por eso, a pesar de que su disco ‘Zoma Zoma’ se publicó en 2011, hemos querido incluir uno de sus cortes dentro de nuestro menú musical.

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Bergitta Victor

Surcando las aguas cristalinas del índico nos trasladamos a las impresionantes costas de Seychelles, uno de los destinos turísticos más cotizados de África. Y nos damos de bruces con uno de los trabajos más recientes surgidos del continente, porque Bergitta Victor nos sorprende con un sincretismo maravilloso y un sonido fresco y apetecible con su nuevo álbum ‘On a Journey’.

Y nos despedimos dejando el caramelo en la boca de la audiencia, porque Kato Change no solo nos tiene el corazón robado, sino que nos tiene en vilo esperando alguna publicación que nos permita disfrutar de la virtuosidad de sus dedos en la guitarra. Un artista que ha participado en espectáculos de Seun Kuti, actuado junto a la ya desaparecida Chiwoniso Maraire y que es considerado uno de los músicos de Jazz más prominentes de Kenia. Algo que queda pendiente y que cierra este apresurado, subjetivo y humilde recorrido por los sonidos de los puertos africanos.