“El niño que domó el viento”: ingenio contra la crisis alimentaria

“El niño que domó el viento” se estrenó en Netflix el pasado 1 de marzo

“Lo intenté y lo hice”. Este enunciado resume la cabezonería del malauí William Kamkwamba cuya historia se ha convertido en una de las últimas producciones de Netflix.

La frase se recoge en una charla organizada por TED en Arusha en junio de 2007. Por entonces las noticias sobre este joven ya habían saltado de los medios locales a los internacionales. 

Posteriormente se publicó un libro y se realizó un documental. Ahora El niño que domó el viento llega a la plataforma de películas y series de la mano del director y actor Chiwetel Ejiofor, conocido por su papel en 12 años de esclavitud.

El niño que domó el viento está basada en una historia real. Es una de esas películas inspiradoras, pero que no deja de lado la situación política y social del Malawi rural de principios de siglo. La crisis alimentaria es el marco para una cinta que aborda temas como la corrupción gubernamental y el cambio climático, claves para entender el contexto en el que se encontraba el país.

El joven, interpretado por el actor keniano Maxwell Simba, nunca se dio por vencido e impuso su imaginación frente a los problemas diarios de su familia y vecinos. Y en el Malawi de 2001, el problema era el hambre.

“La historia de William es una historia universal y creo que es parte del compromiso y la creatividad de los jóvenes y su espíritu profundo”, dice Ejiofor, que además interpreta al padre de William, Trywell, en la cinta.

Con tan sólo catorce años, Kamkwamba ideó un molino de viento de cinco metros de altura. Una idea que fraguó en el colegio local Kachokolo; ese mismo del que fue expulsado cuando su familia no pudo pagar los 80 dólares anuales de la matrícula. Con su determinación, y gracias a la complicidad de su profesor de ciencias y a la librera, el joven continúo yendo a la biblioteca del centro educativo. Allí encontró un libro titulado Using energy (Utilizar la energía), el germen que cambió el devenir de su familia y sus vecinos.

La cinta, ópera prima de Ejiofor, se centra en la perseverancia de Kamkwamba para convencer a su padre sobre su descubrimiento. Pero ¿cómo se persuade a alguien sobre energía eólica cuando sólo se entiende de aperos de labranza? ¿Cómo se acepta una idea cuando alrededor sólo hay hambre y muerte?

“No tengas miedo de fallar. Nunca vas a saber lo que vas a perder si no lo intentas”, dice el propio Kamkwamba en un video promocional de la película.

La perspicacia del joven hizo que el viento trajera agua a Wimbe, su población natal, en la región central de Malawi. Con materiales reciclados, el cuadro de la bicicleta de su padre y unos tubos de plásticos, el molino generó la suficiente energía para bombear agua del pozo local.

En una tierra azotada por las inundaciones y por las sequías, tener la oportunidad de realizar dos cosechas anuales era algo impensable. Pero cuando no hay nada que perder, hasta lo más alocado cobra sentido.

La película, que cuenta con una gran presencia de la lengua local (chichewa), es además de una historia de superación, un toque de atención a los responsables políticos. “La democracia es como una yuca importada, se pudre antes”, dice el padre de William.

El gobierno intentó ocultar la crisis alimentaria que azotó el país y que condujo la rutina hacia un laberinto sin salida. Con las grandes compañías madereras asolando los bosques, la tierra se quedaba sin barreras naturales para evitar las inundaciones en la temporada de lluvias. Con los campos empantanados y la cosecha perdida, los ciudadanos dejaron de tener un sustento vital y económico, el mercado local se vació y el comercio desapareció. Llegó el pillaje. Las matrículas escolares se dejaron de pagar, los estudiantes abandonaron las aulas para ayudar a sus padres a labrar una tierra yerma y los profesores dejaron de serlo. Ante el círculo vicioso se impuso el ingenio. No había nada que perder. “No estoy soñando, papá”, dice William para ganarse finalmente la confianza de su padre.

William Kamkwamba es un héroe en Malawi. El día en el que el molino de viento giró, su vida y la de su pueblo voló libre. Desde entonces intenta inspirar a otros jóvenes a no conformarse y a través de su organización, Moving Windmills Projects, favorece el desarrollo de las zonas rurales del país.

 

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Javier Domínguez

Javier Domínguez

Periodista independiente afincado Londres. Escribe sobre cultura, viajes, derechos humanos y sostenibilidad y colabora con distintos medios
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