Diseño Suajili: el milenario arte africano de la talla de madera

Detalle de estilo swahili del trabajo de la madera en un Dhow o embarcación de la isla de Lamu, Kenia. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Detalle de estilo suajili del trabajo de la madera en un Dhow o embarcación de la isla de Lamu, Kenia. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

* Este artículo ha sido originalmente publicado en el Boletín trimestral del Centro de Estudios Africanos de Barcelona por colaboración entre Wiriko y el Cea

A día de hoy, la talla de madera continúa siendo un oficio de prestigio evidente en toda la costa suajili. En los talleres, las técnicas y conocimientos milenarios se transmiten de padres a hijos, y el trabajo de los talladores de madera y yeso se pueden encontrar en prácticamente todos los hoteles de lujo del África del Este. Centros de arte como el Diani Beach Art Gallery, exhiben algunas de sus muestras, y un mercado internacional adinerado procura hacerse con piezas de diseño de inspiración suajili como preciosas obras de arte. Y así, parte de su cultura material se expande por el mundo como una de las artesanías más ricas y preciadas de toda África.

Más de un millón de personas, de Somalia a Mozambique, conforman la cultura suajili. Su población es descendiende de la comunidad de africanos bantú arabizados a partir del siglo II-III d.C. a consecuencia del intercambio comercial con el sur de Arabia, Irán o la India occidental. Se trata de una de las culturas más influyentes de todo el continente y prueba de ello es que, a día de hoy, el kisuajili como lengua franca es hablado por más de noventa millones de personas en diferentes puntos del África del Este.

Una de las puerta suajilis de la isla de Lamu. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Una de las puerta suajilis de la isla de Lamu. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Sin embargo, la cultura suajili como tal -esencialmente una comunidad marítima de corredores e intermediarios cuyo máximo esplendor se dio entre los años 1300 y 1500 según Colin Breen y Paula J. Lane (476:2003)– ha desarrollado a lo largo de su historia un arte único y original. Ya no hablamos de la cultura del Kanga, introducida en el África Oriental en el siglo XIX, de los tatuajes con henna, las pinturas de la “escuela TingaTinga”, ni tampoco directamente de la arquitectura suajili, con sus típicas casas rectangulares de varios pisos, arcos, patios, torres y terrazas. Sino del arte milenario de la talla de madera, que a pesar del declive del sultanato omaní debido a la abolición del comercio de esclavos y las colonizaciones portuguesa y británica, no ha dejado de representar tanto uno de los rasgos identitarios más bellos de la cultura suajili como un sector económico rentable.

Ya sea en la ciudad de Lamu (norte de Kenia), en la Stone Town de Zanzíbar (Tanzania) o en Ilha de Mozambique (Mozambique), reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, el trabajo de la madera en las puertas de las casas, en sus muebles o incluso en los dhows (embarcaciones tradicionales de la costa suajili), se erige como símbolo indiscutible de poder.

Una de la postales más conocidas de la costa este africana son las artes decorativas de las puertas de las casas. El cenit de su elaboración data de finales del siglo XIX, cuando se realizaron las puertas de mayores proporciones y estéticamente más sobrecargadas. Su estilo se caracteriza por adornos con figuras geométricas y motivos florales tallados en relieve tanto en sus dinteles laterales como en su parte central. Además, se distinguen porque sus paneles no llevan adornos, sino que son biselados con ornamentos de latón o de hierro que las embellece aún más al romper con el color de la madera (Gordon Campbell 2006:326).

La complejidad de esta artesanía queda patente por el minucioso trabajo de los talladores. La construcción de una puerta tradicional suajili, tallada a mano por los artesanos locales, puede llevar entre cuatro y seis meses de trabajo. Sus materiales son maderas autóctonas como el ébano, el cerezo, el arce o el nogal, aunque algunas de sus más antiguas producciones están hechas con materiales importados gracias a la trata a través del Índico, como es el caso de la teca de Birmania.

Un artesano suajili de la madera trabaja en un taller en la isla de Lamu, Kenya. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Un artesano suajili trabaja la madera en un taller en la isla de Lamu, Kenya. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Del mismo modo, más allá de los bancos de piedra (o Baraza) que se observan a cada lado de las puertas de las casas, y donde se disfruta de la compañía de vecinos y amigos a la sombra de las estrechas calles empedradas, se esconden auténticos tesoros para los amantes del interiorismo. Dentro de las casas levantadas a partir de coral, bigas de madera tropical y orientadas hacia la Meca, el patio central (o Kiwanda) nos conduce a dormitorios en los que el mobiliario suajili se impone como uno de los más preciados bienes. Las paredes enyesadas con cal blanca y a veces pintadas de color turquesa, dan profundidad a espacios diáfanos, pero también dibujan nichos adornados en las paredes, donde reposan Coranes, inciensos o velas.

Al levantar la cabeza, uno se topa con bigas de madera decoradas a rallas granates y negras, que al mismo tiempo, harmonizan con los tocadores, divanes, baúles y mesas, que conservan la imprenta del arte local. Algunos de los más típicos muebles son los tronos, o sillas del poder (kiti cha enzi): majestuosas butacas de caoba que a veces incorporan marfil como símbolo de la riqueza del patriarca. Pero ningún mueble se muestra tan altivo como la cama, robusta y altísima, hasta el punto de necesitar un taburete para subirse en ella.

Sin embargo, el arte africano de la talla de madera no está exento de controversias. La que se puede considerar como una de las producciones más bellas de la costa este africana, se ha visto perjudicada en los últimos años por la modernización urbana o la adquisición de reliquias por parte de turistas o anticuarios de todas partes del planeta. A parte, la utilización inadecuada de maderas nobles como el ébano, puede acarrear un impacto medioambiental muy perjudicial a largo plazo. Todo ello, sumado a que la mayor parte de edificios suajilis mejor conservados están actualmente en manos de empresarios del sector turístico, hace imprescindibles programas como el implementado por la UNESCO en el marco de la Recomendación sobre el paisaje urbano histórico, dedicado a involucrar a agentes y gobiernos locales en la conservación y preservación del patrimonio material suajili. Esto es, indiscutiblemente, una necesidad primaria para que estos bienes no desaparezcan o se monopolicen solamente en manos extranjeras.

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Gemma Solés i Coll
Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Sociedades Africanas y Desarrollo (UPF) y Master euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Le interesan la música, el activismo cultural, las ciudades africanas y el turismo sostenible. Coordina la sección de Música y Artes Escénicas y presenta y dirige el magacín radiofónico Wiriko en M21. Contacto: [email protected]
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