Sarr: “La clave de la migración es reorientar la mirada hacia nosotros mismos”

El próximo 19 de octubre la inauguración del 9ª edición del Festival de Cine Invisible de Bilbao presentará Life Saaraba Illegal, una joya documental imprescindible para entender el fenómeno migratorio de África subsahariana a Europa desde un punto de vista personal y colectivo, realizada por el senegalés Saliou Sarr.

Durante ocho años, el director acompañó a su primo Souley en su sueño de seguir los pasos de su hermano Aladji que había emigrado a España y reencontrarse con él. Sus inquietudes, expectativas e ilusiones así como las de sus parientes más próximos, incluido el propio Sarr –que aparece como narrador y personaje del documental– son las protagonistas de esta obra que descubre al espectador un sentido y un significado diferente sobre las migraciones de África del Oeste hacia Europa.

Más allá de este documental, Sarr, más conocido como Alibeta, desarrolla un proyecto integral en el que trabaja a través del cine, la música y otras disciplinas la “África posible” que describe su hermano Felwine en el ensayo “Afrotopia”. A parte de la creación artística, sus compromisos pasan por coordinar un programa de educación en valores para jóvenes universitarios y la puesta en marcha de la productora Baraka Global Arts que trabaja en la construcción de una industria cultural senegalesa.

¿Qué es lo que te ha motivado ha realizar un documental personal sobre la emigración en el que tu familia y tú mismo sois protagonistas?

Al principio yo quería hacer una película sobre mi gran familia, no solamente sobre aquellos que habían partido ilegalmente, sino también los que lo habían hecho de manera regular. Tenía una cuestión conmigo mismo sobre la migración, sobre partir o no partir, y me di cuenta de que en mi familia era ilustrativa porque había todo tipo de casos. Como en una sola película no cabe todo, me concentré sobre los que se fueron ilegalmente: hablar de sus entornos personales, de sus emociones y dar un ejemplo, que puede ser universal, en el que se puede reconocer todo el mundo.

Existen muchas películas y documentales sobre la migración subsahariana hacia Europa. ¿Qué crees que aporta tu visión a la reflexión sobre el fenómeno?

Efectivamente hay muchas películas que hablan de la migración, pero la mayor parte de ellas se focalizan sobre el lado difícil, incluso miserable. Siempre se habla sobre la pobreza de los emigrantes, la pena de dejar sus casas, la dureza del viaje, etc. Nosotros hemos intentando dar una nueva mirada, más humana, que no niega las dificultades pero que enseña los diferentes significados de la emigración para los serer-niominka (hombres del mar). Por ejemplo, se muestra que en ese viaje hay una búsqueda espiritual que es una búsqueda común en todas las personas. Hemos querido filmar con dignidad y dar una perspectiva familiar, de manera que ves el lado universal de la emigración.

 

¿Qué importancia tiene el hecho de ser serer? ¿Percibes diferencias en el enfoque del viaje para la gente de este grupo étnico?

Efectivamente, para los serer no es lo mismo que para los peul o para los wolof, muchos de los cuales viajan con el único objetivo de traer dinero sin importar cómo. Para nosotros los serer no es eso: el viaje tiene un significado simbólico. Somos insulares: partir más allá de los océanos ha sido, independientemente y mucho antes de la emigración hacia Europa, algo importante para alguien que vive en una isla. Es un rito de paso. Nuestros abuelos y nuestros padres lo han hecho y nosotros también lo hacemos. Ahora, en este contexto, se espera mejorar la vida económicamente pero sobre todo volver y guardar tus valores. Todo ese simbolismo se intenta mostrar en el documental.

A parte de la madre de Aladji y Souley, los dos protagonistas, no hay más personajes femeninos en el documental. ¿Cuál es el rol de las mujeres en la migración?  

Es verdad eso. Ella es el ejemplo de la madre que está detrás, que comprende, que apoya… que puede ser que tenga expectativas pero no lo dice porque entiende que es difícil: a ella le gustaría que sus hijos tuvieran los papeles como todo el mundo.

En este documental no he podido tocar el tema pero hay muchas mujeres que están a la espera de sus maridos. Su vida es muy dura porque no saben cuándo éstos volverán y porque mientras les esperan, la sociedad las observa, las controla y no tienen derecho al error. Esperan a un hombre que puede pasar incluso diez años sin venir por no tener papeles y mientras puede haber tentaciones, puede haber cosas alrededor que les tienten a vivir de otra manera, pero no lo hacen… Es un rol muy difícil y es cierto que no hemos hablado suficientemente.

A pesar del esfuerzo de muchos artistas, ONGDs y otros actores sobre los peligros de la emigración clandestina, aún hay jóvenes que sueñan con irse y lo hacen por rutas arriesgadas. ¿Por qué crees que esto sigue pasando?

Es un deseo que ha estado alimentado por todo un sistema, un sistema de dominación, de colonialismo, de desigualdad, un sistema de comunicación que muestra siempre lo bueno del extranjero y lo malo de nuestra sociedad. Los jóvenes africanos tienen la mirada dirigida hacia Europa y ahora se necesita un tiempo y mucho trabajo para reorientarla hacia nosotros mismos.

Pese a eso, para mi es importante no decir a los jóvenes que no viajen. El derecho de migrar es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que hay que respetarlo. Nuestros gobiernos tienen que asegurar que nuestros jóvenes puedan viajar, no sólo hacia Europa sino también a otros países africanos. Si hubiera un sistema que permitiese moverse libremente, pienso que la gente no se jugaría la vida cogiendo una patera o cruzando el desierto.

Imagen del documental ‘Life Saaraba Illegal’.

¿Cuál es la responsabilidad de los gobiernos europeos y africanos en este fenómeno?

La responsabilidad es compartida. Empezaré con la de nuestros gobiernos porque no me gusta que siempre apuntemos al otro para quitarnos responsabilidad. Ante todo, los gobiernos africanos tienen la obligación de hacerse respetar. La relación con otros estados debe basarse en el respeto y no en la dominación. Para mantener su dignidad y la de sus pueblos deben de ser capaces de mantener relaciones dignas con otros países.

En cuanto a los gobiernos europeos, me gustaría que fueran más justos: hablan de los inmigrantes despectivamente obviando todo lo que lo que aportan a la envejecida Europa en términos de fuerza de trabajo, de experiencia, de dinamismo… También me gustaría que fueran más honestos: los africanos van a Europa como consecuencia de la explotación abusiva que desde hace siglos se ha hecho del Continente. Es el karma. Europa ha creado situaciones de pobreza, de inestabilidad, e instaurando relaciones de dominación que hace que hoy en día, los africanos vayan a Europa a coger lo que les corresponde, lo que se les debe.

Si después de todo lo que ha hecho Francia en África del Oeste hoy en día expulsa a los que vienen, no es justo ni es honesto.

Dices en el documental que “todo el mundo tiene su saaraba” (tierra prometida). ¿Cuál es la tuya?

Ah… difícil pregunta… Mi saaraba es mi paz interior. Mi tierra prometida no es obligatoriamente una tierra física, pero por supuesto, estaría en África. Pero independientemente de que fuese en Dakar, Nouakchott o Nueva York, mi saaraba es sentirme útil, apoyar a los que están en mi entorno, darle un sentido a mi vida, independiente de la muerte, llegar a hacer algo importante y sentirme una buena persona.

La película ha sido difundida ya en Senegal y en Alemania. ¿Cuál es la reacción de los diferentes públicos?

En Senegal ha sido muy bien recibida. Se ha apreciado sobre todo por no transmitir una visión miserable y haber tenido paciencia en el rodaje, que ha durado ocho años. También se ha señalado el haber dado una visión de Europa real, lejana al paraíso, sin esconder el hecho de que los chicos se van para buscar dinero y construir una casa en Senegal. Ha gustado que el documental sea realista.

En Europa ha gustado que se muestre la emigración desde otro punto de vista, la perspectiva humana, mostrando personas con sentimientos universales, y no solo cifras como acostumbran a oír. La palabra dignidad ha salido mucho en las discusiones después del pase del documental en Europa.

La música del documental está en parte extraída de tu álbum Bani Adama. ¿Cómo describirías el proyecto artístico Alibeta?

Alibeta es un proyecto integral que engloba lo visual (cine), lo sonoro (música), lo gestual y relacional (teatro)… finalmente el objetivo es tocar el corazón. La idea es dar una visión, pasar un mensaje, una filosofía, que puede ser transmitida a través de diferentes medios.

¿Puede el arte derribar fronteras?

Creo que el arte es una vía de concienciación y por supuesto puede derribar fronteras, contando historias que son al mismo tiempo particulares y universales. El arte es un lenguaje que habla al corazón y tiene el poder de acercar a los seres humanos.

Te describes como Alibeta, trovador afropolita, ¿qué significa para ti ese concepto que ha suscitado tanto debate?

Afropolitanismo es un término utilizado por Achille Mbembe: “el Afropolitanismo es la manera en la que los africanos hacen mundo”. Me gusta ese concepto porque parte de que África se sitúa actualmente en un cruce de culturas, de miradas, de sensibilidades, etc.

Como un trovador yo estoy en el movimiento. Hoy en día puedes vivir en el continente o fuera de él, ir y venir, y estar a caballo entre diferentes influencias. Y todas esas personas que estamos en medio de la circulación de ideas y de mundos, desarrollamos una nueva cultura, que es identitaria africana, pero que no es cerrada, sino globalizada.

Para mi el Afropolitanismo es una continuación de conceptos como el de la Negritud o el Panafricanismo, pero más concreto y moderno, más adecuado a nuestro tiempo. Hoy el Panafricanismo en su versión más extendida peca de ser muy identitario y un poco sectario y excluyente. El Afropolitanismo es más abierto: nos identificamos con la tradición africana pero estamos abiertos al mundo, reconociendo lo que el mundo nos aporta y lo que nosotros aportamos al mundo.

Foto: Jean-Baptiste Joire

 

La madre coraje del Congo que planta cara a los abusos sexuales

El documental es uno de los géneros que está levantando la piel a la tupida y encriptada República Democrática de Congo (RDC). Un país que se nos pierde en el análisis complejo de las múltiples causas de la inestabilidad en las regiones del Kivu Norte y Kivu Sur; en la crisis de refugiados en Kasai (frontera con Angola); entre los ejércitos rebeldes; en las multinacionales que expanden sus ganancias en sus países de origen mientras que redistribuyen su contaminación y destrucción medioambiental; en una oposición política mermada tras la muerte del líder Etienne Tshisekedi en febrero; en un Estado que aumenta su población bajo un gobierno que ya no tiene legitimidad del pueblo desde diciembre de 2016.

Y aquí es donde se activa la voz del congolés y documentalista Dieudo Hamadi que está quebrando las narrativas unidireccionales y simples con la anciana dosis del cinema verité y del cine de guerilla. Esa búsqueda por historias más humanas, desde la base, con luces y esperanzas, pero también con desafíos y lejos de los despachos burocratizados, es su objetivo principal. Hamadi se propuso encontrar respuestas a algunas de las problemáticas que quedan al margen de la política internacional y local, y desde 2009 no ha parado de aportar matices, de preguntar y también de denunciar. Una perseverancia por encontrar respuestas que lo han convertido en menos de una década, en una de esas figuras de cabeceras de los cines africanos.

Realizador congolés Dieudo Hamadi.

La cámara al hombro de Hamadi desestabiliza la mirada preconcebida del espectador que se acerque a algunas de sus obras. El trabajo del realizador de 33 años es pausado, pero con acelerones que noquean. En Congo en cuatro actos (2009) donde se presentaban cuatro bocetos independientes e interconectados del país, dos de ellos tenían su firma: En Ladies in Waiting (2009), y junto a Divita Wa Luasala, exploraba el mundo de la maternidad en el que muchas mujeres no pueden salir del hospital después de dar a luz porque no pueden hacer frente a los gastos de la factura. También y junto al retrato de la sanidad en Zero Tolerance (2009) se adentraba en la vida de una mujer policía que estaba al frente de un batallón contra la violencia sexual en la región de Bukavu; una historia que retomará años más tarde.

En Atalaku (2013) Hamadi se adentra en el negocio de la campaña electoral que vive la República Democrática de Congo en 2011 y refleja cómo un pastor vende sus servicios como animador de calle al mejor candidato postor. En Examen de Estado (2014) el documentalista decide escuchar el futuro de su generación centrándose en el examen de Estado (equivalente al bachillerato), una prueba a la que se someten miles de jóvenes congoleños a los que se les abre o cierran las puertas del futuro cada año superando innumerables dificultades.

Con Mama Colonel (2017) retoma la vida de sacrificio de Honorine Munyole quien protagonizara Zero Tolerance. Un retrato de una Coronel policía que lucha para detener el abuso sexual contra niñas y mujeres. El documental se abre durante la visita de Munyole a un grupo de mujeres locales en la ciudad de Bukavu, una urbe asentada en la frontera con Ruanda. Todas la reciben como una heroína y con razón. La respetada Munyole madre de siete hijos ha dedicado los últimos 15 años de su carrera a luchar por los derechos de las mujeres y niños maltratados en la República Democrática del Congo. Y aunque la violación sigue siendo un problema en la región, la Coronel Honorine ha trabajado incansablemente para llevar a los culpables frente a la justicia y así devolver la dignidad a las víctimas.

Pero las celebraciones se convierten en gritos de desesperación e incluso de cólera cuando Honorine anuncia que la necesitan en otro lugar. “¿Quién cuidará de nuestros hijos ahora?”, pregunta una madre indignada. Otra empuja a su hija al frente de la multitud. Silencio. La niña no tiene más de tres años. Su madre explica cómo fue arrojada a través de una ventana y violada por una cuadrilla de hombres. “Mamá Honorine, ¿si te vas, quién nos va a ayudar?”.

Su nuevo destino será Kisangani, una ciudad mucho más grande, la tercera del país. Cuando llega se dará cuenta que el desafío que tiene es desalentador ya que además de los abusos sexuales tendrá que hacer frente a las terribles circunstancias sociales en las que el país permanece atascado años después de su última y letal guerra civil y a los sacrificios a los que se ven sometidos algunos niños a los que les practican la brujería.

La historia de trabajo incansable de Honorine Munyole que ha sabido retratar el realizador Dieudo Hamadi visibiliza la inoperancia del Estado congolés que prefiere olvidar el pasado reciente. Sin embargo, y al mismo tiempo, muestra la actividad de la propia sociedad civil que se organiza para salir adelante. La película de Hamadi muestra cuán profunda es la raíz de la violencia, pero termina con un cañón de luz y esperanza. Cuando la Coronel Honorine instruye a su nueva escuadra les dice: “vamos a cambiar las cosas… vamos a elevar esta ciudad”. Una sensación de fidelidad inquebrantable. El camino es rocoso, sí, pero conducirá al cambio.

 


Notas: La película de producción franco-congolesa fue presentada en el Fórum de la Berlinale 2017, ganó el máximo galardón de la competición internacional del 39º festival Cinéma du Réel, y fue presentada en el 14 Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger gracias al cual hemos podido hacer esta reseña y donde la propia protagonista Honorine se llevó el premio a la mejor interpretación –algo insólito ya que no era ficción–.

Sembène! Una vida de cine, gratis hasta el domingo

El círculo está por cerrar, pero la peripecia del proyecto que sigue, sin duda, es una buena prueba de que el panafricanismo, si todavía existe en el continente, se puede llevar al plano digital. Desde hoy y hasta el 11 de junio se podrá ver de forma gratuita en la plataforma Vimeo el documental Sembene! (2015), de los directores Samba Gadjigo y Jason Silverman. Las barreras de la distribución y exhibición quedarán al margen para rendirle el mejor homenaje que le podían hacer al realizador senegalés Ousmane Sembène (1923-2007) uno de los pioneros de los cines africanos y figura imprescindible del África de las independencias.

La iniciativa “Sembène a través de África” se ha marcado el ambicioso objetivo de regalar la historia de un héroe africano no solo a toda la comunidad de cinéfilos, sino también, a 38 países africanos que ya han podido proyectar el trabajo en escuelas, universidades y centros de trabajo. Sí. Las nuevas generaciones que no conocen a Sembène, considerado “el padre de los cines africanos”, encontrarán en este trabajo la oportunidad de descubrir a un militante convencido de la izquierda antiimperialista y del poder de la imagen para transformar conciencias. En una de las entrevistas que aparecen se puede escuchar la famosa frase de “Sembène llegó al cine e inventó un nuevo lenguaje para representar a la gente negra”.

Nacido en Ziguinchor (Senegal) el 1 de enero de 1923,  tuvo varias vidas, varios guiones que interpretar por imposición histórica e ideológica: pescador, estibador en Marsella, sindicalista, escritor, guerrillero, estudiante de la escuela de cine de Moscú… pero alcanzó a discernir su máxima prioridad: quería crear “piezas de arte que transmitieran la cultura de la gente común de África”. El resto es historia.

El documental muestra un punto académico innegable ya que Samba Gadjigo es un profesor de Estudios Africanos y biógrafo oficial del realizador, con el que tuvo una fuerte amistad, y fue fuente de inspiración para sus dos obras: Ousmane Sembène: Une Conscience Africaine (2007)Ousmane Sembène: The Making of a Militant Artist (2010). Sin embargo, el equilibrio estético lo define el galardonado productor de cine Jason Silverman. Quizás una de las grandezas de este trabajo –que tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance de 2015 y posteriormente se proyectó en el Festival de Cannes del mismo año– sea que se muestran sin demasiados filtros las opiniones controvertidas del senegalés hacia el islam, la tradición, le papel de la mujer o los diferentes aspectos de la sociedad africana que Sembène trataba de reflejar en sus películas. Una vida de cine que después de cuatro décadas completó una rica filmografía con temáticas sociales, políticas y religiosas siempre críticas hacia el sistema capitalista.

Quizás, faltaría profundizar en el film la vertiente literaria que es posiblemente donde comenzó su trayectoria artística. No obstante, este documental es una increíble pieza que debe ser celebrada y aplaudida por su visión artística y por su éxito para educar sobre la vida y obra de Ousmane Sembène, una historia que necesita ser contada. Y Sembene! permite difundir este legado. Recuerden: hasta el próximo 11 de junio podrán ver el documental completo que aparece a continuación.

En busca del duende africano

Diseño: Sebastián Ruiz.

*Artículo escrito por Maria Colom.

Nos encontramos en Kampala, en el Teatro Nacional de la capital ugandesa. Algunos jóvenes se han reunido allí para asistir a una clase especial y, a priori, algo lejana. Agnes Kamya quiere enseñar y transmitir un lenguaje que permita, a estos jóvenes curiosos, expresarse de una forma única, quiere enseñarles a bailar Flamenco. “De hecho, el poderoso sentido rítmico del Flamenco viene de los negros africanos, en lugar de los gitanos”. Con esta frase de Antonio y David Hurtado Torres, publicada en el libro y disco La llave de la música flamenca, empieza el proyecto audiovisual En busca del Duende africano – El proyecto del Flamenco en Uganda, de la directora Caroline Kamya.

Este proyecto nació de la mano de las hermanas ugandesas Agnes y Caroline Kamya. Tras descubrir el baile flamenco en el Reino Unido, donde estudiaba ingeniería, antropología y cine, y mientras escribía su tesis doctoral, Agnes decidió mudarse a Sevilla para poder seguir investigando y aprender más acerca de este arte. “Recuerdo que tomé mi primera clase de baile Flamenco en Londres. Entonces no tenía ni idea de que esa clase cambiaría mi vida. ¿Cómo podía yo, una mujer ugandesa, sentir una conexión tan fuerte con un baile típico español? Como antropóloga que soy, hice una primera investigación y encontré algo que me sorprendió: un elemento africano. Tuve que irme a España a investigar”, cuenta Agnes Kamya en En busca del Duende africano.

Y es que son muchas las evidencias que plantean dudas acerca del origen de la música y el baile flamencos, otorgado popularmente a los gitanos. ¿Y si hubieran sido los negros que llegaron de África a partir del siglo XVI mediante el comercio de esclavos, una de las mayores influencias de este arte? Esto se plantea en el documental Gurumbé, del cineasta español Miguel Ángel Rosales. Con el inicio del comercio de esclavos, la sociedad andaluza pasó a ser muy heterogénea, por lo que, según cuentan en el documental, es muy difícil determinar qué elementos de la cultura, la música y el baile son negros, gitanos o andaluces. Según afirma Raúl Rodríguez, músico y antropólogo cultural, para Wiriko, “el sistema rítmico flamenco está construido sobre una base mestiza con una fuerte influencia de las danzas que fueron traídas por los africanos esclavizados“.

Se han llevado a cabo algunos estudios que permiten apreciar una influencia y una relación directa entre las estructuras y la forma de la música flamenca con África. “Según lo que conozco, podemos encontrar varias líneas de conexión claras: el ritmo de la Zarabanda, derivado de las danzas africanas y expandido por ambas orillas atlánticas en el S. XVI (y que fue tan popular que llegó a prohibirse), parece ser el primero que condensó la célula rítmica de la “Hemiolia” sobre la que se asientan los compases de 12 tiempos que hoy tenemos en el Flamenco. Bulería, Soleá y Seguiriya pueden tener una relación directa con aquellas danzas, en un desarrollo mestizo y condensado en Andalucía durante cientos de años“, cuenta Raúl Rodríguez, y que pronto también publicará en su próximo libro-disco La raíz eléctrica. Pero este capítulo de la historia ha quedado silenciado porque siempre se ha considerado al negro como el otro y el esclavo.

Pero, “¿Qué pasa con el “duende”? ¿Puede una mujer negra africana tener duende? Me pregunté si sería capaz de destapar esta historia negra del Flamenco, si podría encontrar mi duende africano”. Con este objetivo, Agnes volvió a Uganda y, junto a su hermana, la directora y productora Caroline Kamya, decidieron poner en marcha el proyecto documental En busca del Duende africano, un proyecto para enseñar el baile Flamenco en Uganda y buscar las raíces negras de este arte. En 2014, hicieron la primera clase de Flamenco en el Teatro Nacional de Kampala con un grupo de jóvenes curiosos que querían aprender este baile. “Les encantó y pidieron aprender más”, cuenta Caroline Kamya para Wiriko.

En estos momentos en que la industria del cine se está desarrollando en Uganda, el proyecto de las hermanas Kamya sigue su proceso. Siguieron dando clases y empezaron a grabar el documental. “Hemos terminado el desarrollo del proyecto y estamos recaudando fondos para completar la producción. Buscamos más patrocinadores, más productores ejecutivos; queremos llegar a 1000, con algunos españoles”, explica Caroline.

Y es que el “duende” lo puede sentir todo aquel que esté enamorado de la vida. “Sueño con el día en que podamos compartir soniquetes y reencontremos los ritmos hermanos, de nuevo juntos, festejando en torno a la misma candela“, acaba Rodríguez.

En busca del Duende africano quiere encontrar el alma de este baile en Uganda, el duende como la habilidad de transmitir y evocar emociones; y por el momento lo ha logrado. “Está en el ADN africano y en el de nuestros difuntos en España. El español contemporáneo tiene nuestro ADN en la sangre, en el espíritu, en la arquitectura, en la comida, en la música y en la danza; y nuestros bailarines lo demostraron”, sentencia Caroline.

Dos hermanas dedicadas al cine

Cuando solo eran unas niñas, las hermanas Kamya huyeron a Kenia con su familia para escapar de la guerra en su país. Más adelante, cuando los padres pudieron volver a Uganda, decidieron mandar a las hijas a estudiar a Inglaterra y, las dos, de una forma u otra, terminaron relacionadas con el mundo del cine. Agnes trabaja como guionista, mientras que Caroline es una galardonada directora y productora. Su trabajo más conocido es la película Imani, con la que ganó el premio a mejor directora en el Festival de Cine Africano de Tarifa el año 2010.

Gurumbé, las raíces negras de España llegan a la Cineteca de Madrid

La primera imagen es la reconstrucción de un esqueleto. Pieza a pieza. De bolsas de plástico numeradas a la mesa de operaciones. La escena duele tanto que se interrumpe con la voz del cantante rapero Timóteo Tiny (Natural Black Color – NBC) que recita con Lisboa al fondo, desenfocada, el tema Home: “Un día me dijeron: eres un ser diferente y a partir de hoy tú tienes que sufrir. Olvidaron que yo también era un ser humano y me obligaron a obedecer. Tengo heridas por todo el cuerpo que el algodón no ha curado todavía. Y me pregunto quién me robó lo poco que mis manos habían intentado guardar. Fue un hombre, fue un hombre, fue un hombre como yo”. Después el título: Gurumbé. Canciones de tu memoria negra. Y el ruido de las estanterías móviles de la hemeroteca repleta de documentos amarillentos que se abren lentamente para invitar al espectador a un viaje de una hora y 10 minutos a través de la historia no contada. Fragmentos de un puzzle que han sido despoblados intencionadamente de crítica. Desatendidos. Bienvenidos a la España invisible. Silencio. Resignación. Olvido.

La intencionalidad de este documental es precisamente desenmascarar las raíces negras en España y cómo lo negro siempre ha permanecido en el flamenco, uno de los estilos musicales que ha acabado engullido por lo institucional que se golpea a bocajarro en debates sin sentido sobe el verdadero origen de los primeros gitanos que llegaron a la Península”. Nos lo contaba su autor Miguel Ángel Rosales una tarde de octubre cuando el nombre de Gurumbé todavía pasaba desapercibido para el gran público. Tomábamos café calmados en Sevilla, mi ciudad, el lugar de acogida desde hace muchos años para este jerezano que creció rodeado de bulerías. “Es sorprendente cómo se ha blanqueado la historia en esta ciudad. No hay referencias a África, más allá de la Hermandad de los Negritos, que ha quedado como algo exótico”.

No es aventurado decir que este trabajo sentará las bases para un debate académico profundo que todavía no se ha tenido de forma pública en nuestro país. Pero de forma paralela mantiene su rumbo firme por el circuito de festivales haciéndose sentir: African Diaspora International Film Festival (ADIFF), Festival International du Film de Bruxelles (FIFB), 40ª Mostra Internacional de Cine Sao Paulo, SEMINCI, Film Africa de Londres, Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) o el 42 Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Y ahora llega a Madrid, a la Cineteca de Matadero durante dos fines de semana (17-19 y del 24-26 de febrero).

El respaldo de la academia

Gurumbé es una radiografía intelectual de alto calado, un homenaje a la historia, un modo de hacer periodismo de largo recorrido. Rosales lo sabe bien. Ha rastreado y preguntado. Ha medido las palabras para fotografiar con exactitud huyendo de la ficción y el relato fácil. Para ello y ante afirmaciones como que en España hubo esclavos, se nutre de investigadores, profesores universitarios y catedráticos que cumplen a la perfección la función de argamasa. Esta sería la primera parte del documental que explica que Lisboa y Sevilla se convierten en el gran mercado de esclavos no solo para consumo interno sino también para su consumo en Europa y para proveer a las colonias del Caribe. Evidentemente, lo conocido es que Francia y Gran Bretaña participaron en la trata de esclavos, pero “a la hora de la verdad, fueron muy pocos los negros los que acabaron viviendo allí. Lo hacían a distancia. Era un comercio teledirigido. Los únicos países donde hubo una población negra verdaderamente habitante fueron España y Portugal. Y más que dos países, tres ciudades: Lisboa, Sevilla y Cádiz”, explica en el documental el profesor Arturo Morgado, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz.

A partir del siglo XV empieza a distinguirse de que no solo se trata de fieles y bárbaros, sino que además hay un proyecto civilizador que sometiéndolo a la esclavitud entran en una suerte de purgatorio. Y si lo hace bien como esclavo quizás llegue a obtener la “gracia divina” para gozar de libertad algún día. Los esclavos estaban por todas partes. En el siglo XVII y XVIII, por ejemplo, la población negra medianamente integrada, formaban parte de la cotidianidad de Sevilla. Lo que Gurumbé aborda es en qué punto esto se evaporó, y cuál fue la hibridación con la música que tenía lugar en Andalucía.

El son afroandaluz: arqueología del flamenco

El segundo bloque endulza. Lo gitano, lo andaluz, lo negro, está tan mezclado que realmente es difícil saber qué elementos son específicamente de uno y otro. Por eso Gurumbé juega con conceptos como la memoria histórica a través de la música y salpicado de teoría. El primer acorde lo pone el músico Raúl Rodríguez que explica su camino personal, en la búsqueda de unos ojos negros, de un color negro en la música andaluza. Y encuentra a la figura de los negros curros quienes llegaron a La Habana como hombres libres en el s. XVI. Es tan pulido este rastreo que se llega a comparar los mapas de las migraciones y los mapas de los ritmos que se fusionan sobre todo en el compás de 12 tiempos, tan importante en el flamenco.

Fragmento de la letra del Negro Curro, de Raúl Rodríguez.

(…)

Negro curro de Triana,
yo nací en Andalucía,
Por eso “Curro” me decían
cuando aparecí en La Habana.
Aquella tierra era hermana
del mundo que conocí,
yo no soy Calabarí,
Ñañigo, Guineo ni Congo:
Yo soy Flamenco y compongo
el Son que me gusta a mí.

(…)
Siendo Sevilla la dueña
del universo explorado,
yo solo fui esclavizado
por una guapa sureña.

(…)

A mí no hay quien me esclavice,
yo ya nací libertario,
Tengo un don extraordinario
Pa’ que no me martiricen.

El músico sintetiza esta mezcla en este diálogo: “Cuentan que ‘fanda’, en kikongo, una de las lenguas bantúes, significa fiesta. Y ‘ngo’ es uno de los sufijos que dan claramente una señal de que la palabra tiene un origen africano. La primera referencia que se tiene de la palabra en el diccionario de autoridades de 1732 habla de que fandango es aquel ritmo muy bullicioso que se toca al compás de los tambores de los indianos que vienen de las indias. Esto llega a Iberia, sustituye a otros estilos y termina juntándose con las otras variantes cantadas que terminan conformando esa rica variedad de fandangos que tenemos”.

Con inquietud, se han investigado desde la musicología las estructuras formales, los orígenes y los parentescos entre los diferentes estilos del flamenco. Sin embargo, al tratarse de una música de transmisión oral vinculada a su contexto social, en continuo cambio y en el que ha habido varios sistemas musicales involucrados, la apuesta del director del documental ha sido la de construir el guión a partir de la etnomusicología histórica para tratar de analizar y describir el flamenco en sus contexto histórico y socio-cultural de la época. ¿La sorpresa? La gran diversidad de estructuras melódicas, las ciertas afinidades armónicas y rítmicas por ejemplo en la guajira, la petenera, la soleá, la bulería, la zarabanda, o los canarios.

Una de las claves que se aportan es que se ha construido un relato de la cultura andaluza y flamenca, pero el componente afro se ha extirpado de lo andaluz. La institucionalización del flamenco ha sido un proceso muy rápido y en gran medida merma algunos rasgos que permanecen latentes: la estigmatización de cantaores y bailaores que no se ajustan a los cánones “clásicos”. Prueba de ello es la artista Yinka, de procedencia africana y afincada en Sevilla (aparece en el documental) que se ha convertido en un claro ejemplo de fusión y rescate del pasado silenciado.

El viernes 17 de febrero, en la Cineteca de Madrid, actuará con un espectáculo de baile, acompañada de guitarra y cante.

Blanqueo de dinero y de identidad

El último de los bloques es la evidencia de una historia lineal: los que se beneficiaron del sistema esclavista tienen en España hoy por hoy grandes fortunas. De hecho, como se explica en el documental, el sistema financiero, el de abolengo de las familias capitalistas transpira tráfico negrero. Dos ejemplos: el del Banco Hispano Colonial que fundó Antonio López y López quien constató que la forma más rápida de hacer dinero era la dedicación a la esclavitud; y la Fundación del Banco Bilbao.

Una de las personas que participa del comercio de esclavos desde África hasta Cuba es María Cristina de Borbón, quien se dedica a la trata. Estas personalidades condicionan la política española tanto que de hecho el desarrollismo catalán del s.XIX no se explicaría sin los conocidos como Indianos. En el artículo “Cuando los barcos negreros salían del puerto de Barcelona”, de Andrea Pérez, publicado por ElDiario.es, se explica de forma muy clara: “La doctora en Historia Moderna Àngels Solà, en su artículo Los capitales americanos y la industrialización de Barcelona en el siglo XIX, evidencia que: ‘La historia del desarrollo económico de Barcelona […] no se puede explicar si no se tienen en cuenta la aportación de capital y el espíritu empresarial de los indianos’. Capital vinculado a un ‘movimiento de regreso’ en forma de inversión a lo largo del siglo XIX. Así, a pesar de que la trata de esclavos no fuera una de las piezas fundamentales del crecimiento barcelonés, sí que fue uno de los factores que permitió el enriquecimiento de muchos catalanes en Cuba que después invirtieron en Catalunya”, escribe Pérez. Otras inversiones se destinaron al sector inmobiliario como hicieron con la construcción del “Ensanche de Barcelona”, o el barrio de Salamanca, en Madrid.

La secuencia última de Gurumbé, es otra vuelta de tuerca al plano inicial del esqueleto. Un final redondo que explicaría la sinrazón de los gobiernos. Una declaración de intenciones de su realizador. Un grito profundo encuadrado en un documento imprescindible.


SORTEAMOS 5 ENTRADAS PARA LA PRESENTACIÓN DE GURUMBÉ EN CINETECA DE MADRID ESTE VIERNES 17 DE FEBRERO:

¿Cómo participar?

Responde a la pregunta “¿Qué significa Gurumbé?” y envíanos la respuesta a [email protected] con el asunto CONCURSO GURUMBÉ CINETECA. A parte de la respuesta deberás mandarnos tu nombre completo y tu DNI.

¡Las primeras 5 personas en responder correctamente a la pregunta, podrán acompañarnos a ver este imprescindible documental por toda la patilla!

 

 

 

 

La fiesta del documental africano

Por Laura Feal*

Fotograma de la película ganadora del festival Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina.

Retomando la filosofía de Sembene de convertir el cine en la “escuela del pueblo”, el Festival de Cine Documental de Saint Louis, evento anual organizado por la red AfricaDoc, ha transformado durante cinco días la antigua capital del África Occidental en una gran pantalla. Cincuenta films documentales procedentes de 23 países se proyectaron (entre el 5 y el 10 de diciembre) en presencia de un centenar de profesionales, en plazas al aire libre y lugares públicos de la ciudad, así como en el Instituto Francés de Saint Louis, la Universidad Gaston Berger o el centro cultural Le Château, .

En la presente y ya tercera edición del Festival, 24 películas entraron en competición en la Selección Oficial, organizadas en tres categorías -corto, medio y largometraje- exponiéndose al veredicto de un jurado formado por tres personas venidas del mundo cinematográfico, audiovisual y mediático africano y europeo, entre ellas Komlan Agbo, director del patrimonio cultural y de las artes de la UEMOA.

Los ganadores del premio AIRF (Asociación Internacional de las Regiones Francófonas) fueron anunciados durante el acto de clausura del festival. El jurado premió la visibilidad de las problemáticas femeninas en diferentes contextos africanos, extrayendo el debate común entre tradición y modernidad y el cuestionamiento identitario en sociedades con un marcado componente conservador. La máxima distinción en el apartado de cortometrajes fue para Eva Sehet y Maxime Caperan  por su trabajo La Fille du Rail  (La hija de los railes) que, grabada en Malí, cuenta la historia de la primera mujer maquinista, en un contexto de grave crisis política en el país.

 

El film L’arbre sans fruit (El árbol sin frutos) de la nigeriana Aicha Macky, uno de los más esperados del festival, se llevó por su parte el premio en la categoría de mediometraje. El jurado resaltó la generosidad de la realizadora a la hora de contar su historia y participar en primera persona, lo que “le da fuerza y profundidad a la película”, que trata con gran delicadeza el tema de la infertilidad femenina.

En la máxima categoría, el jurado premió la sensibilidad del film Le Verrou (El cerrojo) de Leila Chaïbi y Hélène Poté (Túnez-Francia) en el que se interroga sobre el lugar del cuerpo de la mujer y del placer femenino en la dialéctica sociedad tunecina. El documental, que aborda sin tapujos este tema tan tabú, fue visionado en la plaza principal de Saint Louis, con una importante afluencia de personas de todas las edades, que aplaudieron abiertamente al final de la proyección. En esta página puedes visionar un fragmento.

En paralelo, y otra de las atracciones del Festival, fue la proyección de la ultima realización de Ousmane William Mbaye Kemtiyu, sobre la vida de Cheikh Anta Diop, trabajo del que ya hemos hablado en Wiriko. Precisamente en esta edición, el festival ha querido rendir homenaje al director senegalés con una retrospectiva integral de su obra que incluyó Mere bi, President Dia y Hierro y cristal, entre otras. En el apartado Saint Louis en corto, el festival ofreció un espacio a los jóvenes realizadores, salidos del Master de realización y producción documental de creación de la Universidad Gaston Berger de Saint Louis, que comienza este año su décima edición, y que han podido dar a conocer sus obras al gran público.

Acercar el género documental

El documental de creación tiene por objetivo crear imágenes que ayuden a pensar e interactuar con el espectador. Según Souleyman Kebe, coordinador de las proyecciones, este evento pretende “tejer una red entre la ciudad y los creadores y acercar este género a todo tipo de público”. Para ello, el carácter abierto y gratuito del festival juega un papel importante. Pero no lo es todo. Una de las iniciativas ha sido el programa Público Joven, que ha llevado parte de la sección oficial a diez centros escolares de la ciudad, acompañados de un invitado y un dinamizador con el fin de debatir sobre el contenido con el alumnado. En la escuela St. Joseph más de 80 cabezas se estrechaban para no perderse ni un fotograma de Un talibé que no es como los demás, cortometraje sobre un niño que estudia en la escuela coránica. Cécile Mbaye, profesora de CM1, explica la importancia de que sus alumnos vean películas que se desarrollan en su entorno, porque normalmente solo consumen cine occidental. Otro ejemplo de este acercamiento, es la obra Grande Place, de la única directora de Saint Louis que ha presentado un trabajo en esta edición, AnneJo Brigaud. La creadora sitúa su cámara en una de las calles de la ciudad, rindiendo así homenaje al espacio de la palabra en la sociedad senegalesa y a la gente, que según ella “son parte imprescindible del patrimonio de Saint Louis”.

El eterno dilema de la producción

Tënk, que en wolof significa resumen (equivalente al pitch que se usa en la jerga cinematográfica) es la palabra elegida por la organización del Festival para designar los encuentros de coproducción en los que participan realizadores africanos y productores y difusores venidos de diferentes países, como Bélgica, Francia o Canadá. En esta edición, 21 jóvenes directores de quince países del continente presentaron su proyecto de film, acompañados por su productor africano y del formador que les ha orientado durante su residencia de escritura. Al otro lado de la mesa programadores y difusores occidentales, con mayor acceso a fondos y ayudas, dispuestos a embarcarse en una asociación Norte-Sur.

Tras este primer encuentro, público y abierto, las citas se cierran ya en privado y ambas partes negocian y discuten posibles colaboraciones. ¿Resultados? Pronto lo sabremos. De momento, y para los que entiendan el francés, os recomiendo el articulo de Olivier Barlet (jurado del festival) publicado en la revista digital francesa Africultures en el que se desgranan varios de los proyectos presentados. El festival pretende convertir a Saint Louis en un punto de convergencia anual de profesionales del documental africano y de cineastas del mundo entero que filmen en el continente. Queriendo ser un eslabón clave en la cadena de promoción del genero, el debate se cierne sobre la difusión de estos trabajos fuera del circuito de festivales.

Imagen de la escuela St. Joseph donde el festival de cine documental ha implementado parte de su programa de difusión.

 


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

Kemtiyu, el documental sobre el padre de la dignidad africana

Por Laura Feal*

Del oscurantismo a la eternidad

7 de febrero 1986. Con un barrido de la prensa que ensalza con unanimidad al “Gigante del Saber” que fue, el realizador Ousmane William Mbaye comienza su homenaje a la figura de este rupturista que supuso un punto de inflexión en el pensamiento negro internacional. Cheikh Anta Diop ha muerto, y hoy 30 años después, es hora de llevarlo a la eternidad. El documental Kemtiyu: Sèex Anta (Cheikh Anta) es la última obra del documentalista senegalés, presentada internacionalmente el pasado 9 de mayo en el Teatro Daniel Sorano de Dakar y que cerrará el próximo 10 de diciembre la 3ª edición del Festival del Film Documental de Saint Louis que rinde honor a Ousmane William Mbaye con una retrospectiva integral de su trabajo.

En solo una hora y media William hace una excelente reconstrucción cronológica de la trayectoria del “padre de la dignidad africana” desde su nacimiento en el pueblo de Tieytou a la considerada su “tercera muerte”, enlazando así con el comienzo. Los pocos registros de Diop (tres conferencias de pésima calidad audiovisual), se completan con abundantes imágenes de archivo de Dakar y París, y una treintena de testimonios de familiares (entre ellos su difunta esposa y dos de sus hijos), amigos y colegas que reviven con visible emoción pasajes de su historia común con Cheikh Anta. Al ritmo del jazz de Randy Weston (cuyo testimonio aparece también en el documental) el espectador se sumerge en el impresionante trabajo de investigación multidisciplinar sobre la consciencia histórica africana.

Como lo sugiere el titulo del film “Kemtiyu” en referencia a las poblaciones de la región egipcia del “Kemet”, que significa “negro”, el documental se detiene particularmente en el trabajo científico realizado por Cheikh Anta para corroborar que el Egipto antiguo era una civilización negro-africana y por lo tanto, que el origen del pensamiento Occidental, vía Grecia y Egipto, provienen del mundo negro. La polémica desatada por estas tesis, que desenmascararían la falsificación intencionada de los orígenes del pensamiento occidental para justificar la supremacía colonial en África, tienen un momento cumbre en el film cuando Diop responde dolido al cuestionamiento de jóvenes africanos retándolos a descolonizar sus mentes y acceder a la realidad por su propia investigación intelectual.

Con varias imágenes del combate, William hace un paralelismo entre la lucha de Cheikh Anta Diop a la que el boxeador Battling Siki (nacido precisamente en el barrio de Guet Ndar, en Saint Louis) mantuvo contra el campeón del mundo Georges Carpentier en 1922, y que fue ganada por el africano pero no reconocida por el público. El capitulo del Cheikh Anta político (fundador del Bloc de Masses Senegalaises –BMS- y del Rassemblement National Democratique -RND-) queda apenas perfilado en el film, justificado por la escasez de imágenes de mítines o manifestaciones, lo que demuestra el grado de molestia que causaba Diop entre los hombres del régimen.

“Kemtiyu” tiene una evidente vocación de sacar del oscurantismo y valorar al personaje en su justa medida, algo que hasta ahora no se ha conseguido en Senegal, pese a que la Universidad de Dakar lleva su nombre. Como señalaban alumnas del liceo Ameth Fall de Saint Louis que asistieron al visionado previo al festival, “aunque su nombre está muy expandido y estudiado en esferas académicas, la juventud apenas conocemos el fondo de su pensamiento”.

Como en Mere bi (2008), donde narra la vida de su madre, Annete Mbaye d’Erneville, primera periodista senegalesa, o President Dia (2012), sobre el arresto del presidente senegalés acusado de intento golpista, con esta obra William continua su labor de visibilizar ese Senegal alternativo que podría haberse construido por pensadores y políticos que no casaban con el discurso occidentalista de Senghor. Quizá un paso sea que este documental haya sido el primer trabajo financiado por FOPICA, el Fondo de Promoción de la Industria Cinematográfica y Audiovisual de Senegal, aunque el debate se cierne ahora sobre la forma de difusión, en un país donde las salas de cine están cerradas y la televisión nacional carece de esa intención pedagógica y formadora de conciencia africana.


* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

Mali Blues, un canto contra yihadistas y muyahidines

Mali Blues es un canto a la paz, a la libertad. Al igual que las recientes Timbuktu de Abderrahmane Sissako o They Will Have to Kill us First de Johanna Schwartz, Mali Blues lleva a la pantalla los estragos del pueblo maliense bajo la ocupación yihadista en el norte del país.

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

El documental de Lutz Gregor resalta el valor de la música como una de las vértebras de Mali y apuesta por explorar su riqueza musical a través de cuatro músicos malienses. Cuatro perspectivas para mostrar una identidad sonora que se vió especialmente amenazada en ciudades como Gao, Kidal y la legendaria Tombuctú.

El 22 de agosto de 2012 Osama Ould Abdel Kader, portavoz del Movimiento por la Unidad y Yihad en África del Oeste (MUJAO) anunció la oposición de cualquier música occidental en el territorio ocupado. “No queremos música de Satán. En su lugar habrá versos coránicos. Es lo que impone la sharia. Debe hacerse lo que dios manda”, dijo. La música se convirtió en una prohibición (haram).

film11040_16-06-07-maliblues_poster_deutsch_10x15cm300dpi“¿Cómo le ha podido pasar esto a Mali?”, se lamenta Faotumata Diawara en la película. Diawara, una de las voces más reconocidas del país, es la protagonista de Mali Blues junto al griot Bassekou Kouyaté, el rapero Master Soumy y el tuareg Ahmed Ag Kaedi.

“Si no hay música, no habrá Mali”, expresa Basseoku Kouyaté en su casa de la capital, Bamako. Allí tuvo que huir Ahmed Ag Kaedi. El músico, cuyo equipo fue destruido por los islamistas, no tuvo más remedio que emprender el viaje hacia el sur. Sólo, a más de 1500kms de casa, a Ahmed Ag Kaedi le queda el recuerdo. “Estar en Bamako es peor que estar en la cárcel. Te mentiría si dijese que estoy feliz aquí”, explica. La inspiración de este tuareg está en el desierto mientras que la capital maliense sólo le aporta ruido y contaminación.

Echa de menos unas tierras amenazadas que quedaron en silencio. “No reconozco un Mali que tiene miedo a tocar música. Dios nos dio voces para poder expresarnos y disfrutar”, dice Diawara en el documental.

El puritanismo que se asentó durante casi un año el norte del país no casa con Mali. Es una visión que no se reconoce en la mayor parte de la población y que el rapero Master Soumy deja claro en su tema “Explique ton Islam”. Latigazos, bombas, violaciones y kalashnikovs son los atributos de los muyahidines que intentaron arrebatar la música como seña de identidad.

Pero los músicos malienses no se quedaron callados. Desde Bamako o en el exilio mantuvieron su canto en el aire. “El gobierno de Mali está sometido a un caos que no ha podido parar la aproximación de los yihadistas. Pero los músicos siguen dando guerra”, dijo la productora y musicóloga Lucy Durán durante la presentación de la película en Londres. “La música es lo que une a los malienses y es una parte intrínseca de sus vidas. Las canciones son una licencia para tratar temas tabúes”, resaltó Durán.

A pesar de intentar mostrar los distintos punto de vista a la reciente situación musical de Mali, el documental se decanta por seguir los pasos Fatoumata Diawara. Gregor encuentra en Fatou, quién dejó Mali para escapar de un matrimonio de conveniencia, un hilo conductor para contar la importancia de la música maliense y su indeleble presencia en la cultura local. La música es costumbre pero también un instrumento educativo, político y religioso. “La música contribuye al desarrollo de mi país”, apunta Master Soumy.

En su libro “Música, Cultura y Conflicto en Mali”, el antiguo manager de Tinariwen y periodista, Andy Morgan, explica que en el país no hay una guerra contra la cultura, sino contra un modo de vida, contra la libertad. “En cierto modo, no es una guerra contra el terror, sino contra el amor”, escribe.

Mali es amor. Cuenta con una población donde más del 90% es musulmana y la religión no es el problema. La intolerancia es lo que hace que la sociedad quiebre y se ponga en juego el patrimonio cultural. Mali Blues es un legado visual hecho para dar voz a los que luchan contra la amenaza islamista radical. Por esos músicos que como Bassekou Kouyaté expone “tienen voces más grandes que las armas”.

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

* Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del Film Africa.

La Revolución no será televisada: obra maestra de la cultura urbana

La sexta edición del consolidado Film Africa sigue incrementando el tránsito de los cinéfilos que acuden a esta cita anual. Las redes sociales participan del ruido cultural del festival, con intentos de reventas o restituciones de las disputadas entradas para cada una de las películas, pues la gran mayoría se agotan un par de días antes de la proyección. Uno de los títulos más esperados es The Revolution won’t be televised (La Revolución no será televisada), de la directora mauritano-senegalesa Rama Thiaw. El documental ha marcado historia en el mundo del cine tras ser la primera película con un 80 por ciento de producción senegalesa seleccionada y galardonada en el prestigioso festival de cine internacional de Berlín, la Berlinale.

914c5ee6c5ec62067db9091470238cecDesde entonces, la película circula por numerosos festivales, tanto en Senegal como en otros países africanos, europeos y americanos. Si este hecho no fuera bastante para generar expectación entre el público londinense, Film Africa añadía no solo la invitación a la directora, para presentar y debatir sobre la película tras la proyección, sino también, un concierto gratuito del grupo de rap senegalés que protagoniza la película, Keur Gi, en el ático del cine, The Ritzy, en pleno corazón del barrio de Brixton.

Si ya en Wiriko contábamos la paradójica situación actual de este Reino (des)Unido desde la votación del Brexit, en la crítica de A United Kingdom (Amma Asante, 2016, Reino Unido), en este caso, los perjudicados han sido los artistas del grupo de rap Keur Gi, a quienes las fronteras de Reino Unido han cerrado sus puertas, denegándoles el visado, por cambios de los requisitos provocados por la salida del país británico de la Unión Europea. “Es la primera vez en la historia de Film Africa que se deniegan visados, y el caso de los raperos de Keur Gi no ha sido aislado”, informan los organizadores del festival, de la Royal African Society.

(Foto: Iván González. Web: www.ivangonzalez.co.uk)

El documental se sitúa a principios de 2012, cuando la sociedad senegalesa, protagonizada por los raperos del grupo Keur Gi, Thiat y Kilifeu, se movilizó de manera masiva, saliendo pacíficamente a las calles para reclamar la invalidación de la candidatura de Abdoulaye Wade, quien llevaba en el gobierno 12 años (2000-2012), y que sería derrotado por la oposición Macky Sall (2012-presente). Justo este año, el actual presidente de la república senegalesa lanzaba un referéndum de proyecto de reforma constitucional para acortar el mandato de siete a cinco años, que podrá aplicarse desde la próxima presidencia, según lo indica la constitución senegalesa – y lo cual dio lugar también a mucha polémica entre el colectivo de Y’en A Marre, como muestra la canción “Non au référendum”, y otros raperos de referencia, como Xuman y Keyti, del Journal Télévisé Rappé.

El título del documental de Rama Thiaw está inspirado en la canción de los setenta de Gil Scott-Heron, miembro del movimiento americano marxista The Black Panthers: “Cuando escuché la canción The Revolution won’t be televised encontré un eco entre nuestra revolución y la que sucedió en los setenta en Estados Unidos”, apuntaba la directora. “Los medios no cubrían correctamente nuestra revolución. Hablaban simplemente de algunos raperos que estaban haciendo ruido. Eso es porque todavía estamos colonizados. Al gobierno francés no le convenía tener una ‘primavera negra’ porque ya tenían una ‘primavera árabe’”. Eso fue lo que motivó a la directora a filmar la revolución no televisada, acompañando el día a día de la revolución, las manifestaciones en las calles, en plena plaza del Obelisco de Dakar o de la Independencia, en las distintas regiones senegalesas donde se hizo una campaña de sensibilización para salir a votar la oposición de Wade, en espacios de discursos y representación con una música cargada de compromiso político, o en la casa donde se reunían los miembros del colectivo “Y’en A Marre” protagonista de la revolución, y liderado por los raperos de Keur Gi, Thiat, Kilifeu y el DJ Gadiaga, quienes, según declara Thiat en la película, encuentran que el mayor reto como artistas es aportar lo mismo que les ha dado a conocer como activistas.

Estos planos de documental observacional, interactivo, con una posición interna clave para contar la historia, en el día a día de la revolución, desde el acompañamiento de los raperos de Keur Gi, muestran una posición clave de la realizadora –quien ha logrado completar el film tras seis años de producción, con su propia compañía Boul Fale Images– para adentrarse en la revolución de un país tan pacífico “donde ver un arma sería tan raro como ver un dólar cayendo del cielo”, decía Thiaw. Según la directora, esa es la revolución, el día a día, lo que sucede entre bambalinas: “Una revolución no es lo que te muestra la televisión. Dura mucho tiempo. Es un largo viaje”. Otro de los retos era el lograr contar este momento histórico a través de una coherencia entre el fondo y la forma, ya que la directora considera que las diferencias entre cine de ficción y cine documental no están tan marcadas como se cree: “Para mí el colocar la cámara en un determinado ángulo es un acto político, yo no creo en la objetividad, y era muy importante cuidar la calidad técnica. Pasamos mucho tiempo calibrando las cámaras para conseguir por ejemplo una luz apropiada para filmar a negros, porque las cámaras están diseñadas para filmar a blancos”.

El resultado es una pieza donde sucesos reales se entremezclan con momentos de back-stage con los artistas, actuaciones de los raperos, paradas por distintas regiones senegalesas donde estos hablaban con los vecinos y les animaban a salir a votar por el cambio, entrevistas a los raperos por televisión con una edición multipantalla, editados rítmicamente, imágenes de videoclips de los raperos, primeros planos en plena oscuridad con una luz lateral en la que no solo hablan los raperos de manera individual, sino la poetisa y realizadora Khady Sylla –quien falleció en 2013 y a quien Rama Thiaw dedica su film–. El resultado es una obra maestra de la cultura urbana, en el que la narrativa audiovisual está compuesta por una armoniosa sintonía entre la estética del lenguaje de la cultura urbana y el fondo del contenido político de la revolución, con una cuidada edición sonora donde los testimonios, la lectura de la carta de Khady Sylla y los sonidos directos, se entremezclan con canciones de rap de la carga política de la movilización social.

Como realizadora, Rama Thiaw confiesa tener que enfrentarse a preguntas sobre género que la clasifican como mujer antes que como cineasta: “Cuando cojo una cámara, no pienso en si soy hombre o mujer. En un festival sobre mujeres me preguntaron que por qué en mi película sobre la lucha no salían mujeres, algo en lo que yo ni había caído. Es como si por ser mujer estuviéramos obligadas a filmar a mujeres. Y en realidad sí había mujeres en la multitud, como en esta película, donde están en primera línea de la revolución, pero es como si parecieran invisibles. Yo creo que antes que nada somos seres humanos y que para ser iguales tenemos que ser diferentes. Eso sí, como mujeres, tenemos que conquistar el espacio público. Algunas mujeres no querían ser filmadas o hablar ante la cámara, pero ellas también hicieron la revolución, como yo, detrás de las cámaras”.

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A pesar del mal sabor de boca que había dejado el anuncio de la denegación de visados a los raperos, el festival logró complacer a su público con el concierto de uno de los koristas senegaleses con base en Reino Unido más destacados, Kadialy Kouyate. El músico, del sur de Senegal, está a punto de lanzar su último álbum, “Na Kitabo” (en mandinka, “mi libro”), y ha tocado en numerosos festivales y salas de prestigio por todo el mundo, tanto como solista como en colaboración con números artistas de distintos países. En un ático del histórico cine de Brixton, The Ritzy, tanto él como su banda, Kadialy Kouyate and Sound Archive, mostraron un absoluto dominio de la escena ofreciendo al público un espectáculo de gran energía y riqueza sonora.

Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko como medio oficial del Film Africa está ofreciendo a la audiencia en español.

Fonko: La nueva África a través de su música urbana

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El documental Fonko, que comenzó con un proyecto materializado en una serie de seis capítulos en 2014, ha terminado condensando en 86 minutos de sobredosis de decibelios, agitación corporal, reivindicación política y en un escaparate perfecto para voltear la mirada hacia el continente africano donde existe, desde hace varios años, una escena musical contemporánea llena de vitalidad. Fonko, que en idioma wolof hace referencia a “cuidar del prójimo”, a construir algo entre todos, explora el África del siglo XXI a través de su música urbana y de las revoluciones musicales que han tenido lugar en los géneros del kuduro, coupé-décalé, ndombolo, azonto, afrobeat, hiplife o el house sudafricano. Para este recorrido cuenta con destacados músicos como la leyenda senegalesa Youssou N’Dour, el sudafricano Hugh Masekela, la artista nigeriana-alemana Nneka, el artista ghanés-rumano Wanlov, o la rapera senegalesa Sister Fa.

Producida por Tobias Janson, y dirigida por los suecos Goran Olsson, Daniel Jadama y Lars Loven, este equipo recorrió durante tres años las principales capitales africanas para producir este documental en el que han contado con la colaboración en la voz narrativa de la rapera y compositora sueca Neneh Cherry (en 1994 cantó junto a Youssou N’Dour el éxito Seven Seconds y, en 2007 nuevamente formó un dueto con la estrella senegalesa para interpretar Wake up Africa). Como afirma Cherry: “La música africana ha influido desde hace décadas en lo que ahora llamamos la música moderna sin ningún tipo de reconocimiento. Ahora, las circunstancias han cambiado porque hay toda una generación de jóvenes músicos que están dispuestos a comerse el mundo y reclamar sus derechos con plena legitimidad”. Para los que se encuentren en Barcelona, podrán disfrutar de este documental el próximo sábado 29 de octubre y martes 1 de noviembre en el marco del Festival In-Edit.

Según matizaba en una entrevista reciente Lars Loven su acercamiento a las músicas africanas comenzó con la música negra. “Personalmente solía ser DJ y ponía mucho soul de Estados Unidos. Cuando empecé a buscar nuevos etilos musicales encontré las músicas de los 60 y los 70 de Nigeria y Ghana y ahí comenzó mi interés. Al principio fue el amor a la música pero después comencé a ver los contextos detrás de esta”. Fonko, además mantiene una constante bajo los pensamientos y frases del gran y único Fela Kuti.

Algunas paradas del viaje

Sudáfrica y Nigeria son dos países con un pasado turbulento que constituyen hoy en día las grandes potencias económicas y culturales de África. Sudáfrica es el hogar de estilos como el kwaito, el house o el shangaan electro. Nigeria, por su parte, es un país de extremos con  una abultada brecha de ingresos, corrupción arraigada y conflictos con una base religiosa importante. Es aquí donde se puede encontrar lo más comercial del continente, pero también una música de protesta feroz, como la del mencionado Fela Kuti, uno de los cantantes reivindicativos más influtentes de todos los tiempos.

África occidental francófona no solo está unida por el idioma francés y una moneda común, sino también por las tradiciones y las lenguas de los vastos imperios que dominaron la región mucho antes de que llegara el colonialismo. Dakar es el centro incomparable de la escena hip hop en el África occidental. Surgida de Costa de Marfil con influencias parisinas, el coupé-décalé se ha convertido en una gran influencia en todo el África occidental. En Burkina Faso, el nombre y discursos del ex líder icónico, Thomas Sankara es utilizado por los músicos para protestar contra las injusticias y la corrupción. Y en Benín, los veteranos de la Orchestre Polyrytmo dan un fondo histórico de la escena musical de hoy.

Ghana y Angola son dos de las economías de más rápido crecimiento en el mundo, así como dos países en medio de una revolución musical. Angola todavía está tratando de llegar a una paz espiritual y física con las tres décadas de guerra civil que atormentaron el país. Mientras tanto el kuduro (culo duro), lo que podría ser descrito como el tecno extravagante del gueto, ha surgido de los barrios pobres para convertirse en el mayor activo cultural del país. Ghana, por su parte, tiene una tradición totalmente diferente de la educación y la democracia. Sus músicos no tienen que luchar por la libertad de expresión y, por lo tanto, centrarse en lujos artísticos como la ironía y el pastiche. Esta libertad se utiliza, no solo para desafiar a los sentimientos religiosos y tradicionales, sino también, para crear nuevos estilos como el azonto.

Orígenes y descendientes, un retrato de la diversidad étnica de Guinea Ecuatorial

Por Elena García*

Artista bubi. Foto cortesía del equipo del documental Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong

La cantante Nelida Karr. Foto cortesía del equipo del documental “Orígenes y descendientes” dirigido por Pedro Mba Ndong

A raíz del nombramiento del portugués como tercer idioma oficial de Guinea Ecuatorial, el país luso empieza a plantearse ampliar su presencia en el africano y añadir, a la ya existente Oficina de Comercio Exterior, la apertura de una Embajada y un Centro Cultural propios en la capital, Malabo, que vendrían a sumarse a la oferta cultural y artística que ya suministran el Centro Cultural Español, el Instituto Cultural de Expresión Francesa y el Centro Ecuatoguineano (hace tiempo escindido del Español).

Con el objetivo de colocar la primera piedra de anclaje de la cultura lusófona en Guinea Ecuatorial, así como de llevar a cabo una muestra de la enorme diversidad étnica, cultural, lingüística y social del país, la CPLP (Comunidad de Países de Lengua Portuguesa) convocó en octubre del año pasado un concurso entre todos los cineastas del mismo en el que la ACIGE (Asociación de Cinematografía de Guinea Ecuatorial) resultó elegida con un proyecto documental sobre la diversidad étnica del país: Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong, presidente de la asociación.

“La idea surgió –como comenta el propio Pedro– a raíz de la pérdida de identidad y tradición culturales que se aprecian sobre todo entre los miembros más jóvenes de la población”. Guinea ha experimentado en los últimos 20 años, tras el descubrimiento de petróleo a finales de la década de los 90, un vertiginoso cambio económico y social, pasando de ser una economía eminentemente agrícola a estar inmersa de lleno en el sistema mundo capitalista como uno de los mayores productores de crudo de África. Este cambio en el modelo productivo ha venido aparejado no solo del crecimiento en infraestructuras y recursos que se observa en todo el país, sino también, –y a pesar del enorme orgullo étnico aún existente–, de una rápida perdida de todo el gran acervo cultural acumulado durante siglos y que Mba pretende visibilizar con este documental. Con el fin de paliar esa pérdida y recordar y reforzar la complejidad y diversidad del país, el joven cineasta se ha visto embarcado en este desafío que supone para él su primer gran proyecto de envergadura internacional.

Foto cortesía del equipo del documental Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong

Foto cortesía del equipo del documental “Orígenes y descendientes” dirigido por Pedro Mba Ndong

Preguntado sobre lo aprendido a lo largo de la experiencia del rodaje, menciona la historia que desconocía de su propio país, así como las costumbres ancestrales y las tradiciones orales propias de las distintas etnias. Para el trato con cada una de las etnias participantes en el documental (los fang, el grupo mayoritario, los bubi, los fernandinos o criollos, los ndowe, los annoboneses y los bisios) se ha contado con la intermediación de una autoridad moral de las mismas que ha asesorado además sobre los posibles interlocutores e intervinientes. Ese trato, explica Mba, “no ha sido siempre fácil ni el interés de las distintas etnias por participar siempre el mismo, desgraciadamente”. Además para el director ha sido una enorme responsabilidad que se ha tomado con extrema seriedad, pues siente al mismo tiempo estar representando a la ACIGE como entidad y a su propio país y culturas ante la CPLP y el mundo.

Aunque los españoles desconocemos prácticamente toda nuestra historia común con el único de todos los países africanos hispanohablantes, este crisol de culturas es uno de los retos a los que se ha tenido que enfrentar el guión. Así nos lo hace notar César Ruiz de Diego, el productor español que con optimismo se ha visto embarcado en la tarea de coordinar a un equipo de seis personas, que ha rodado con los medios técnicos más actuales a lo largo de todo el territorio del país: desde la remota isla de Annobon o la paradisiaca Corisco, a la zona continental de Bata y la capital Malabo, en la isla de Bioko

Equipo en acción. Foto cortesía del equipo del documental Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong

Equipo en acción. Foto cortesía del equipo del documental “Orígenes y descendientes” dirigido por Pedro Mba Ndong.

Ruiz de Diego reside en el país de forma intermitente desde 1997 y nos comenta con humor que “la verdadera experiencia sería poder grabar un documental sobre la grabación del propio documental en sí” puesto que el menor nivel de planificación y de trabajo de pre producción previos con respecto a España hace que la chispa de la improvisación africana regale al equipo “momentos inolvidables e instantes ricos en experiencias irrepetibles”

Rodado exclusivamente en lenguas locales para ser posteriormente subtitulado al portugués, habrá que esperar hasta comienzos del año que viene para que Orígenes y descendientes haga su estreno de forma oficial y empiece a ser distribuido, en principio, exclusivamente por canales y medios de países de habla lusófona. Ojalá que con el tiempo pueda serlo también en España, país que comparte con Guinea Ecuatorial una amplia y compleja historia común que este documental ayudará a visibilizar.

* Elena García es Licenciada en Filosofía y Antropología Cultural y Social por la UCM, Máster en Cooperación y Postgrado en Género, ha colaborado con diversas ONG’s y residido en Senegal y Guinea Ecuatorial durante los dos últimos años.

La vida renace en Agbogbloshie

Fotografía titualda "One man's trash", de la fotógrafa Heather Agyepong.

Fotografía titualda “One man’s trash”, de la fotógrafa Heather Agyepong.

El verano

El descanso

El agua

El mar

Y el ahogo.

 

Pero solo una parte del hemisferio

Sucumbimos al plan R-E-N-O-V-E del cuerpo bronceado.

Y de la compra de algún placer (ahora siempre electrónico)

por los (seis) meses de esfuerzo.

 

Otros amplían un desierto con nuestros desechos.

Se levantan tan temprano que no hay compra que se les resista.

La ley de la oferta y la demanda de vivir dignamente.

 

Porque yo no soy tonto.

 

Scrap Metal Men

Documental “Scrap Metal Men”, del director Alex Wondergem.

Antes de salir por la puerta del despacho y cerrar temporalmente la oficina camino de algún rincón sin ruido y aire limpio os recomendamos un parón. Son solo 12 minutos. De reflexión y humanidad. Mejor dejar la paternidad a un lado y junto al director Alex Wondergem girar, una vez más, la mirada a Agbogbloshie, en Ghana, probablemente el vertedero de basura electrónica más grande del mundo. Porque tendremos algún chance para brindar, mojito en mano, por un sistema aterrador y, venga pues, por una reflexión sobre la materialidad en la que nos encontramos.

El documental Scrap Metal Men (Chatarrero) tiene la intención de explorar la tergiversación de Agbogbloshie y de la realidad socioeconómica resultante, esa parecida a un espacio apocalíptico sin vida. En la última década, Agbogbloshie, ubicado en Old Fadama, el barrio más empobrecido del país y que acoge a unas 80.000 personas, ha recibido una afluencia de atención de medios de comunicación internacionales representando el espacio como el resumen de la estética de la pobreza. El área recibe visitas regulares de periodistas, investigadores académicos y fotógrafos que enmarcan sus trabajos de acuerdo a una distorsión histórica de la identidad africana.

Normalmente este vertedero es retratado de manera estática aunque realmente forme un tejido de reciclaje funcional con ánimo de lucro. Las condiciones son extremadamente duras y la contaminación es abundante, pero sus habitantes se las arreglan para vivir, trabajar y ahorrar dinero para sus familias.

Así que bajo este marco, el realizador Wondergem afincado en la capital de Ghana, Accra, intenta desafiar estas malas interpretaciones, la de una mirada que perpetúa el arquetipo de Agbogbloshie como una distopía que ha anulado la ética de la obsolescencia programada que contienen los productos digitales. El documental espera arrojar luz sobre las narrativas que a menudo están ocultas y permite que los sujetos sean visibles de una forma naturalizada. Que lo disfruten.

Feliz verano.