Animación africana: la búsqueda de experiencia, perfección y reconocimiento

*Marie Laurentine Bayala

Personajes realizados por la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA).

Las aventuras de Tom Sawyer, Las tortugas Ninja, Clémentine Alicia en el país de las maravillas son algunas de las caricaturas que han acompañado a generaciones de niños y niñas africanos desde la irrupción de la televisión a finales de la década de 1950. Hoy, por ejemplo, Las aventuras de Tintín se pueden ver en la televisión nacional de Burkina Faso. Es decir, los caminos para desarrollar películas de animación en el continente son prácticamente inexistentes y los proyectos de películas están, en su mayoría, respaldados por Europa, Estados Unidos y Asia.

Dada la escasez que caracteriza a este género, un grupo de jóvenes decidió unirse en 2009 para dar forma a sus historias creando la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA). La ABCA forma a sus miembros en materia de animación y transmite su pasión por el dibujo a los jóvenes de la capital y otras regiones del país. Recientemente, treinta personas de Koudougou, Bobo-Dioulasso y Dédougou realizaron un proyecto de animación bajo los auspicios de la asociación y en un mes consiguieron realizar una película. Esto quiere decir que una generación de cineastas se encuentra en el proceso de redefinir el futuro de este género gracias a su determinación por realizar películas a pesar del contexto desfavorable en el que se desarrollan. “Los talentos emergentes se encuentran principalmente en Sudáfrica, Nigeria, Marruecos, Costa de Marfil, Burkina Faso y Senegal.

No hay capacitación para desarrolladores. Solo hay talleres breves que introducen a los participantes en técnicas de animación y programas específicos como TV Paint, Adobe Photoshop, Adobe Flash, Toon Boom 3D S-Max y Maya”, explica Claver Yaméogo, director burkinabé de cine de animación con sede en Tokio, Japón. Después de sus estudios de animación en Francia, pasó nueve meses haciendo el primer episodio de Soamba. Actualmente se encuentra inmerso en una película de animación sobre la Princesa Yennenga.

¿Cómo, entonces, alimentar la imaginación de los niños pequeños mientras se les presenta la diversidad cultural de África, garantizando así la preservación de la identidad cultural del continente? Para Serge Dimitri Pitroipa, la animación puede jugar un papel clave. Él sugiere modernizar las historias para hacerlas más cautivadoras. “Tenemos muchas historias que, si se cuentan tal cual, no interesan a los niños. Por ejemplo, el Manga: se han modernizado. La animación podría ofrecer nuevas perspectivas a muchas historias. Desafortunadamente, los niños gastan su tiempo viendo canales extranjeros cuando tenemos nuestras propias historias para vender y mostrar. Y con este enfoque en mente diseñamos Afro Game. Los decorados son futuristas. De hecho, puedes observar que la esencia de la historia es la misma, sin embargo, el envoltorio ha cambiado”, subraya Pitroipa. Afro Game es una película de animación que Pitroipa y sus colegas realizaron después de una formación en Dinamarca.

Las películas de acción a menudo recurren a la animación, ya sea para efectos especiales, o para agregar nuevas escenas a narrativas ficticias. Las ilustraciones pueden reforzar la trama, o incluso conservar la historia cuando no es posible acceder a una configuración determinada. En este sentido, Pitroipa y debido a la imposibilidad de grabar o fotografiar el desarrollo de la ceremonia de despedida del jefe Mossi, ha recurrido al recurso de la animación para su recreación. “La animación es un soporte en las películas de ciencia ficción porque a través de ella es posible contarlo todo. Algo que no ocurre en el caso de la ficción o el documental”, señala Claver Yaméogo, quien considera que la animación africana aún no está lista para beneficiarse de oportunidades de colaboración o financiación internacional.

La animación es una forma de arte en equipo en la que necesitas, además de mucho tiempo y dinero, diversas especialidades como guiones gráficos, composición, coloración, animación, etc. “El acceso a la financiación es difícil. En Burkina Faso, las personas aún no están listas para financiar una película que solo verán dentro de unos dos años. De vez en cuando, el Ministerio nos respalda”, agrega Pitroipa. A pesar de su determinación de impulsar el cine de animación, algunos miembros de la ABCA han abandonado la aventura ya que es difícil ganarse la vida en esta industria. La animación africana todavía necesita experiencia, perfección y reconocimiento. Y para que eso suceda, Claver Yaméogo está convencido de que los Estados deben involucrarse y crear escuelas de cine de animación que ofrezcan oportunidades de producción y trabajo.

*Marie Laurentine Bayala es periodista de Burkina Faso

Traducido por Sebastián Ruiz-Cabrera

La urgencia de celebrar las cineastas africanas

*Charles Ayetan, desde Lomé (Togo)

El paisaje de la cinematografía africana ha estado esencialmente compuesto por hombres y “rociado de algunas raras figuras femeninas”(1). Entre las pioneras se encuentran la egipcia Aziza Amir, cuyo verdadero nombre era Mofeeda Mahmoud Ghoneim (1901-1952) que dirigió la película Laila (Egipto, 1927), la camerunesa Thérèse Sita-Bella (1933-2006), y la senegalesa Safi Faye que realizó en 1975, Lettre paysanne (Kaddu Beykat), el primer largometraje de una africana negra. Su película Mossane fue seleccionada en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (Fespaco) en 1997.

Safi Faye fue la primera mujer en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje «La passante», realizado en 1972.

La senegalesa Safi Faye fue la primera mujer africana en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje La passante, filmado en 1972.

Después de estos primeros años, podemos mencionar otros nombres como los de la argelina Djamila Sahraoui, quien ganó el Etalon de plata en el Fespaco de 2013 con su largometraje Yema; la cineasta togolesa Anne-Laure Folly, quien ha dirigido una veintena de documentales sociopolíticos, incluido Les Oubliés, en el que aborda la guerra de los 30 años en Angola a través de los ojos de las mujeres (2); la congolesa Monique Mbeka Phoba quien ha realizado una docena de documentales y una ficción, destacando Entre la coupe et l’élection (3), de 2007, y el cortometraje Sœur Oyo (2014) un trabajo que relata la vida de los estudiantes en un internado católico. Actualmente, la joven generación de mujeres cineastas del continente manifiestan su determinación para hacer su carrera en el séptimo arte, especialmente en las las escuelas de cine.

 

Actrices con talento

Aunque en general muchas de ellas aún no tienen una gran reputación como las estrellas de los circuitos occidentales (4), las actrices africanas no carecen de talento. De hecho, en los últimos años han destacado los premios en FESPACO de Samia Meziane, por su papel en Voyage à Alger (2011), de Abdelkrim Bahloul, o de Mariam Ouedraogo por su interpretación en Moi Zaphira (2013), de Apolline Traoré. Dos años más tarde, Maïmuna N ‘Diaye en la película L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ganó el premio a la mejor actriz, un galardón que en 2017 fue para Noufissa Benchahida en el filme A la recherche du pouvoir perdu, de Mohamed Ahmed Bensouda.

El dúo de la beninesa Tella Kpomahou y la maliense Fatoumata Diawara contribuyeron sin duda al éxito del largometraje Il va pleuvoir sur Conakry, del guineano (fallecido hace un año) Cheick Fantamady Camara, una película que ganó en 2007 el premio que concede la cadena de radio pública francesa RFI. Recientemente la congolesa Véronique Tshanda Beya ha ganado el premio a la mejor actriz por su papel en Felicité (2017), del director franco senegalés Alain Gomis, en el Festival de Cine de Cartago (Túnez) o el Festival de Khouribga (Marruecos), entre otros.

 

Los festivales de cines africanos para mujeres

Son muchas las iniciativas que promueven el éxito de las mujeres en África y, de hecho, son varios los eventos que apuntan a ofrecer esta perspectiva en el plano cinematográfico. Este es el caso de los festivales de cine para mujeres como el Festival International du Film de Femmes de Salé (Marruecos), el Mis Me Binga (Camerún), el Festival Films Femmes Afrique (Senegal) o el Festival Africain des Films de Femmes Cinéastes (Togo) cuya primera edición comenzará dentro de unos días, entre el 10 y 20 de marzo de 2018.

 

Sin embargo, a pesar de disponer de estas plataformas de promoción, podemos afirmar que no se celebra lo suficiente el papel de las cineastas africanas en el continente. El desafío es desalentador y los actores culturales tienen los medios para tomar medidas que impulsen a las mujeres africanas al rango de estrellas como la actriz y productora sudafricana Charlize Theron.

 

* El togolés Charles Ayetan es periodista, crítico de cine y miembro de la Association des journalistes et critiques de cinéma (AJCC) de Togo. Colabora con la revista Présence Africaine, y el portal Africiné.org de la Federación Africana de Críticos de Cine, donde es responsable de la comunicación. Tuitea desde @CharlesAyetan

 

Traducción por Sebastián Ruiz-Cabrera

Referencias

(1) LEQUERET Elisabeth (1998). “L’Afrique filmée par des femmes”, Le Monde diplomatique, agosto, p.11.

(2) BARLET Olivier (1997). “Quel est le regard d’une femme cinéaste?”, Africultures, 1997.

(3) DIKU Roger (2011). “Entre la coupe et l’élection, un film en hommage de nos Léopards 1974”, Congoone, 20 abril.

(4) PALMIER Jean Joseph (2006). La femme noire dans le cinéma contemporain : star ou faire-valoir?, Ed. L’Harmattan, 2006

Películas

A la recherche du pouvoir perdu (2017), de Mohamed Ahmed Bensouda, ficción, Marruecos.

Entre la coupe et l’élection (2007), de Monique Mbeka Phoba y Guy Kabeya Muya, documental, RDC.

Félicité (2017), de Alain Gomis, ficción, Senegal.

Il va pleuvoir sur Conakry (2006), Cheick Fantamady Camara, ficción, Guinea.

Laila (1927), de Aziza Amir, ficción, Egipto.

Les Oubliées (1997), de Anne-Laure Folly, documental, Francia.

Lettre paysanne (1975), de Safi Faye, ficción, Senegal

L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ficción, Burkina Faso.

Moi Zaphira (2012), de Apolline Traoré, ficción, Burkina Faso.

Mossane (1996), de Safi Faye, ficción, Senegal.

Sœur Oyo (2013), Monique Mbeka Phoba, ficción histórica, RDC.

Voyage à Alger (2009), Abdelkrim Bahloul, ficción, Argelia.

Yema (2012), Djamila Sahraoui, ficción, Argelia.

 

Kalabanda: el otro futuro animado de Uganda

 

El salto karateka hace unos días de un diputado ugandés en el Parlamento permanecerá largo tiempo en la retina. Ruido, gritos y puños circulando por las cabeceras de los principales medios de comunicación internacionales. De la mesa, y tras girar sobre sí mismo, este diputado se abalanzó cual salto del tigre para explicarle a mamporrazos a otros de sus homólogos cómo se tenían que resolver las cuestiones serias. ¿El asunto? Un debate sobre un proyecto de ley para enmendar algunos puntos de la Constitución. Entre otras disposiciones se pretende eliminar el límite de edad para los candidatos presidenciales. La pelea estalló y este vídeo muestra la intensidad. Así que Museveni (que en febrero de 2016 cumplió sus 30 años en el poder) hizo lo que mejor sabe: prohibió la cobertura en directo de las sesiones del Parlamento así como las protestas sobre el tema. Las cifras del afrobarómetro muestran que los ugandeses abrumadoramente  con un 75% aprueban el límite de edad. La profesora Kim Yi Dionne lo explicaba en el diario The Washington Post.

Este es el foco grande, una gran narrativa que invisibiliza otras historias llenas de luz como la nueva cosecha de animadores y dibujantes en África que no escatima esfuerzos para poner el continente en el mapa cuando se trata de hablar de animación. Desde Ghana, Nigeria, Kenia y Sudáfrica, los animadores están demostrando que no necesitan confiar en contenido externo (léase europeo o estadounidense) para el entretenimiento y la educación. Y aquí es donde entra en escena este país. Un estudio de animación ugandés también se ha unido a la lista. Creatures Animation Studio está preparado para lanzar su primer cortometraje de animación de 6 minutos. El cortometraje A kalabanda Ate My Homework narra el desencuentro de un niño con un kalabanda (una criatura mítica que persigue a los niños en las escuelas de Uganda) trayendo un toque ridículo a la excusa –que de alguna forma todos los estudiantes han utilizado alguna vez– de que el perro se comió mi tarea.

La historia es la de Tendo, un alumno que se presenta en clase un día sin los deberes hechos. El error de bulto llega cuando dice que el problema es que un kalabanda se los comió. ¿Quién creería una excusa como esta? ¿Cómo revelará Tendo su historia? ¿Existe realmente este monstruo? El 18 de diciembre se estrenará en Uganda.

 

La idea

Cuando Raymond Malinga decidió dejar su trabajo bien pagado en Malasia hace dos años y regresar a Uganda, sabía que no había vuelta atrás. Su sueño siempre había sido el de crear una empresa de animación que empleara a artistas locales y se centrara en hacer contenido local con el objetivo de exportar sus experiencias más allá de las fronteras ugandesas en nuevos y atractivos formatos. “Dejé mi trabajo en Malasia para volver y comenzar una compañía que desarrollara películas de animación ugandesas. Uganda, África del Este y África están bendecidos con una rica cultura, con experiencias e historias que tienen el potencial de traducirse en un entretenimiento impactante”, explica Raymond.

En 2015, comenzó Creatures Animations Studio, una empresa localizada en Kampala. El estudio emplea hoy a 8 animadores que han estado trabajando duro para producir su primer proyecto: A Kalabanda ate my homework (Un Kalabanda se comió mis deberes).

“El concepto original fue inspirado por esta criatura única en Uganda. Siento que esta singularidad ayuda a crear un valor para nuestro trabajo. Nuestra película se basa puramente en personajes locales en los que los ugandeses se podrán ver identificados, pero la idea intenta también presentar el concepto de manera accesible para cualquier persona que no sea de aquí”, explica Raymond. Detrás de los personajes se encuentran las voces de artistas como Martha ‘Kay’ Kagimba, los cómicos Patrick ‘Salvado’ Idringi y Omara Daniel, o la escritora infantil Faith Kisa.

 

 

Más allá de Kalabanda

El equipo planea crear muchos más proyectos animados para satisfacer las necesidades de contenido de los ugandeses. “Estamos planeando desarrollar programas de televisión animados y largometrajes en el futuro y estamos decididos a que se hagan reales”, subraya Raymond. Este empresario y desarrollador cree en el intercambio de conocimientos y experiencias y es por eso que está formando a más jóvenes para que se conviertan en animadores. Sí. El objetivo es potenciar este efecto multiplicador para que la industria de la animación en el país y la región crezca. “Pretendemos contratar a tantos animadores como nos sea posible. Es cierto que tenemos escuelas que enseñan el oficio de la animación, pero los estudiantes no tienen adónde ir después para hacer sus pinitos. Creatures Animation Studio se está posicionando como un destino para los aspirantes a animadores y como una plataforma de empleo relevante”.

Las grandes civilizaciones de África en cine y a todo color

El académico y africanista Henry Louis Gates Jr. es el presentador de esta serie de 6 capítulos sobre las grandes civilizaciones africanas.

Los documentales históricos sobre el continente africano suelen centrarse en el hallazgo de restos de huesos antiguos o en la propia orografía que rodea a las grandes reservas naturales del Serengeti, Kruger o Virunga. Tal vez haya una mención a un mapa que muestre cómo los primeros seres humanos emigraron fuera de África y poblaron el mundo, pero estos productos audiovisuales generalmente dejan una grieta de 200.000 años entre los hallazgos paleo-antropológicos y nuestros días. ¿Y entonces?

Este vacío prolongado ha sido sistemáticamente negado por varias razones como el no reconocimiento de la esclavitud (los europeos tuvieron que inventar un África como un lugar diáfano, estéril y atrasado para justificar la esclavitud de 12,5 millones de personas –según las fuentes más optimistas– que fueron comercializados a través del Océano Atlántico entre 1501 y 1866 aproximadamente) o del colonialismo (después de la abolición de la trata de esclavos, las potencias coloniales europeas miraron de nuevo al Sur cegados por la ambición imperialista y cincelaron el mapa africano como si cortaran un pastel).

Es bajo este paraguas que el académico y africanista norteamericano Henry Louis Gates Jr., actualmente director del Centro Hutchins para la investigación africana y afroamericana en la Universidad de Harvard, quiere cambiar la forma en que la gente piensa en el continente con la misma herramienta: una serie documental de 6 horas, Las grandes civilizaciones de África (2017). “Con demasiada frecuencia la gente evoca imágenes de pobreza y enfermedad porque pocos conocen sus grandes imperios, sus poderosos líderes, su arte y las rutas comerciales que dieron forma al continente y más allá”, explica Gates quien con este trabajo subraya que no fue solo nuestro ADN lo que se originó en África.

“Cuando esos primeros seres humanos emigraron de África no viajaban solos. Llevaban algo dentro de ellos que algo se había desarrollado lentamente durante milenios. Era cultura”, menciona en el primer documental. Sin embargo, esta serie, deja claro que las civilizaciones africanas también eran muy buenas en la guerra y en la esclavización de sus compañeros africanos, y que no “necesitaban ayuda externa”. Lamentablemente, estos seis capítulos de una hora cada uno no avanzan en la línea de tiempo hasta el s.XXI lo que hubiera sido revelador para trazar una conexión entre estas grandes civilizaciones del pasado y la África actual. No obstante, se tiene que reconocer que Las grandes civilizaciones de África aporta una nueva mirada a la historia de África en un viaje impresionante y personal que se podrá disfrutar en DVD a partir de mayo.

¿Qué piensan de la belleza las mujeres negras del mundo?

Seguramente el impulso (llámalo machismo) se adueñe de tu mano y termines por tropezar antes de acariciarle su pelo. Pero sí. Lo has palpado. Y es afro. Y rizado. Y esponjoso. Como sin permanente pero manteniendo ese volumen que te resulta tan extraño: Wow! It’s amazing! De forma semejante alguien podría interpretar que la protuberancia que sobresale de tu estómago y lleva enganchada una camiseta de algodón blanco es una de esas rarezas fílmicas de Tim Burton y que posee propiedades curativas. Pero no. Se llama michelín. Sobrepeso. Y este segundo supuesto es ficción porque fuera de cámara es osado violar esos espacios de intimidad. Aunque la mujer, cosificada por la publicidad, la política y la economía, sea un asunto para la sobremesa.

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El 8 de marzo de 1908 unas 40.000 costureras de muchas de las fábricas textiles de Estados Unidos se pusieron en huelga haciendo tambalear al país. Reclamaban la igualdad de los derechos con el resto de la plantilla, reducción de la jornada laboral, derechos sindicales y el cese de la explotación infantil. Su grito ardió junto a más de 120 mujeres en la Cotton Textil Factory, en Washington Square, Nueva York. La jornada acabó en tragedia y desde entonces este día se conmemora la lucha de todas las mujeres del mundo. Más de un siglo después la lucha continúa. 109 feminicidios y asesinatos fueron cometidos en 2015 en España y solo en lo que va de año la cifra es de 19, según informa la página feminicidio.net. Necesitamos aire.

Este es un contexto agudo. Pero es la punta del iceberg. Bajo el agua se esconden toda una serie de dinámicas que son homologadas, aceptadas, confirmadas por la sociedad: “Venga, mujer, no te pongas así. Tampoco es para tanto”. En todo caso, no lo será para ti (imbécil).

En la serie documental Pretty (bonita) la bloguera y realizadora nigeriana-estadounidense Antonia Opiah nos acerca hasta el momento en 19 capítulos -que oscilan entre los 4 y 7 minutos- a los feminismos negros desde la estética y la moda fashion. Parece complicado. Pero lo consigue al explorar las relaciones que las mujeres negras de todo el mundo tienen de sí mismas y cuestiona esos espacios que tienden a favorecer a los arquetipos de belleza eurocéntricos. La serie, que se lanzó a comienzos de 2015 plantea la pregunta “¿qué es bonito?” a un elenco diverso de mujeres que comparten abiertamente su reflexión en Nueva York, Londres, París, Milán o Tel Aviv.

Ophiah lo expresa de la siguiente manera: “La raza, a pesar de que es una construcción social, influye en las percepciones de la belleza, tanto como la geografía. Para entender realmente un problema debemos observar cómo se cruza con otros factores como la clase. Pienso que las mujeres de todo el mundo serán capaces de verse a sí mismas en las entrevistadas y en los momentos en los que no puedan hacerlo o no puedan relacionarse, estarán aprendiendo algo nuevo”, subraya la realizadora.

Esta pregunta a nivel global puede proporcionar nuevas perspectivas y enriquecer un diálogo a menudo centrado en occidente. De hecho, en uno de los últimos capítulos, la protagonista, Gloria, de 19 años explica sus vivencias acercando mapas y fronteras. Ella se mudó junto a su familia desde el Congo a Israel cuando tenía 6 años debido a uno de los numerosos conflictos que han sacudido al epicentro del continente africano. En la entrevista se expresa en hebreo e inglés y manifiesta que vivir en Israel no ha sido fácil pero que tiene un motivo por el que continuar la lucha: abolir las estructuras raciales y patriarcales.

Hoy 8 de marzo, además, es un día especial: se podrán observar un eclipse solar, una superluna y a Júpiter a simple vista. El cosmos ofrece pistas, cambios sustanciales y como Ophiah sigue en movimiento para abrirnos los ojos y colocarnos unas buenas gafas color violeta.

El África contemporánea en vídeo que saca los colores a Occidente

Los vientos de cambio comenzaban a rondar los discursos independentistas de las futuras naciones africanas. Era el año 1957 y los franceses Chris Marker y Alain Resnais dirigían su particular documental anticolonialista Las estatuas también mueren. Ellos luchaban a través de sus imágenes contra las narrativas francesas e internacionales en el continente africano. Combatían con sus cámaras el discurso pretendido de entender las esculturas o las pinturas del continente desde un plano estereotipado, descontextualizado y relegado a una urna transparente en algún museo europeo. Hasta hace bien poco el rastro de sus creadores africanos era meramente anecdótico. Pero ¿qué significa ser africano para los artistas de hoy en día? ¿De qué manera su patrimonio y su identidad forman parte de su trabajo? ¿Puede el arte, incluso, definirse y no aceptar que los artistas sean etiquetados o clasificados?

Obra del artista anglo nigeriano Yinka Shonibare.

Obra del artista anglo nigeriano Yinka Shonibare.

Aunque de forma paulatina, cada vez son más las exposiciones en Londres, Berlín, Bilbao o Nueva York que acercan las pinturas, fotografías, esculturas o intervenciones que llegan desde África. Por este motivo, la necesidad de tratarlo desde el audiovisual retomando el discurso que hicieran Marker y Resnairs hace casi 60 años aunque otorgándoles la voz a los implicados directos. La  serie African Masters (Maestros africanos), explora el mundo de los artistas africanos a través de diversas entrevistas como Yinka Shonibare (anglo-Nigeria), William Kentridge (Sudáfrica), Romuald Hazoumé (Benín), Sokari Douglas Camp (Nigeria), El Anatsui (Ghana), Maria Sibande (Sudáfrica), Wangechi Mutu (Kenia) o Bisi Silva, fundadora y directora del Centro de Arte Contemporáneo de Lagos, Nigeria.

La serie de 6 capítulos creado por The Africa Channel presenta una vista exclusiva del “arte africano contemporáneo” a través de un guión visualmente atractivo. Los 3 primeros episodios hacen un recorrido histórico y contextual del momento por el cual pasan los artistas africanos, tanto los que viven en la diáspora o los que se han quedado en el continente. Los capítulos 4, 5 y 6 son sesiones más íntimas con algunas de las figuras más notables mostrando qué se cuece en sus estudios y cómo trabajan detrás de las bambalinas.

Obra de la keniana Wangechi Mutu.

Obra de la keniana Wangechi Mutu.

African Masters está pensado para profanos en la materia, aficionados o doctos con el objetivo principal de desestereotipar y cuestionar. Mostrar cómo está surgiendo esta escena vibrante como una fuerza global y dinámica, visitando estudios en Senegal, galerías en Nueva York, residencias artísticas en Nigeria o casas de subastas en Londres. African Masters presenta a una nueva generación de artistas emergentes que están haciendo que el mundo del arte se siente y escuche. Que cambie la perspectiva y mire hacia el sur.

Episodio 1: “Revelaciones”

En el primero de los capítulos, cuyo vídeo se puede visionar al final del artículo, se desmenuza cómo el mundo occidental ha negado el valor del arte africano durante generaciones a pesar de que figuras célebres como Picasso se inspiraran claramente en diversos diseños y formas del continente.

Episodio 2: “Creaciones’

Este episodio nos lleva en un tour mundial de Nueva York a Dakar y de Londres a Lagos, con un acceso exclusivo e inigualable a los artistas africanos contemporáneos más importantes del mundo. El espectador visitará a los artistas que siguen viviendo ​​en África y los que han hecho una nueva vida en el extranjero. Se podrá observar cómo tapas de botellas, de chapa de acero, carbón, pinturas de aceite o latas de gasolina se encuentran entre los materiales que se están utilizando para crear algunas de las obras más buscados actualmente.

Episodio 3: “Globalizarse”

El tercero de los episodios se centra en el negocio y el movimiento frenético de arte africano contemporáneo. Sin dejar atrás los estudios de los artistas, el capítulo se centra en los que mueven los hilos detrás de la aparición del arte contemporáneo africano en la escena mundial.

Episodio 4: “Sesiones de estudio con El Anatsui y Ablade Glover”

El Anatsui muestra cómo sus enormes tapices y sus instalaciones son ensambladas a partir de artículos desechados.

Episodio 5: “Sesiones de estudio con Sokari Douglas-Camp, Mary Evans y Soly Cissé”

Visitamos los artistas que han hecho una nueva vida en el extranjero en Londres, y los que permanecen basan en África.Entramos en los espacios de trabajo y estudios de artistas que trabajan con una notable variedad de formas de arte.

Episodio 6: “Sesiones de estudio con Ousmane Sow, Bruce Onobrakpeya, Yusuf Grillo y Julien Sinzogan”

El último de los episodios viaja a Senegal, para visitar los principales artistas de habla francesa, como el escultor Ousmane Sow (Senegal, Francia) y el pintor Julien Sinzogan (Senegal, Francia), y a Nigeria donde se podrá conocer más de cerca el trabajo, métodos, estilo e influencias de Bruce Onobrakpeya y Yusuf Grillo.

 

Awotele: cuando la crítica de los cines africanos es educar

Número 2 de Awotele, la revista panafricana de crítica sobre los cines africanos.

A comienzos del 2007, la revista digital sobre cines africanos en francés Clap Noire lanzaba una pregunta para el debate: “¿Por qué no, cineastas y periodistas, piden la crítica de los cines africanos en nuestros medios de comunicación? (…) Y por qué no soñar con una revista especializada en cine africano? ¿Por qué no?”. Ha parecido que las industrias cinematográficas del norte han negado la capacidad de crear a África excluyendo, a menudo, estudios en profundidad sobre el estado de los cines en África en las revistas de cabecera.

Pero ahí se encontraban toda una profusión de películas, de festivales, de críticos comprometidos que se han encargado de aclarar el significado de los guiones –aunque no siempre con éxito–, de narrar las dificultades de sus producciones en una fuerte desventaja dentro del sistema Norte-Sur, de escribir comentarios y de analizar extractos de contenido actual para entender muchas de las tendencias políticas, económicas y sociales que tienen lugar en el continente. Y todo en una especie de suerte antológica y de necesidad de buscar la unidad y el reconocimiento.

Con el objetivo de cruzar miradas africanas para un mejor acercamiento a sus cines, nacía hace 9 meses Awotele, la primera revista especializada sobre cine del continente con la que Wiriko comienza una colaboración estable para difundir no sólo las cinematografías de África sino también darle voz a sus críticos.

Número 3 de la revista Awotele.

Número 3 de la revista Awotele.

En su primera editorial, allá por el mes de marzo, en pleno FESPACO, la coordinadora general de la publicación, Claire Diao, así como los también críticos y fundadores Michel Amarger y Samir Ardjum, lanzaban una revista dedicada a los cines de África y su crítica. Ellos mismo se presentaban diciendo que pretendían abrir los ojos del público, valorar el cine y lo audiovisual. “Hemos querido crear un nuevo espacio donde se puedan cruzar impresiones y enfrentarse a una dinámica de intercambios renovados. El objetivo también es aclarar la evolución de las imágenes africanas de hoy, favoreciendo las intervenciones de los críticos venidos del continente, ya sean independientes o que pertenezcan a una asociación”.

Y a fuego lento, durante otro de los grandes eventos del séptimo arte africano, el Festival de Durban en Sudáfrica, lanzaban su segundo número. Esta revista panafricana con los sonidos de muchas lenguas continuaba el trabajo que ya comenzara Michel Amarger entre 1991 y 1997, con la desaparecida Ecrans d’Afrique, y que, en formato digital, ha mantenido Thierno Ibrahima Dia con Africiné. Pero África se había convertido en la única región sin su propia revista especializada sobre el sector cinematográfico.

Para extender el debate Awotele lanzaba hace algunas semanas su tercer número en el marco del Festival de Cartago en Túnez que, como comentábamos en esta sección, presentaba un novedad cargada de buenas intenciones: hacer del festival una cita anual en vez de mantener su carácter bianual como el FESPACO. Nueve críticos de Argelia, Angola, Bélgica, Burkina Faso, Francia, Nigeria, Senegal y Suiza han prestado sus plumas con artículos en francés, Inglés y Portugués. Y esperemos que muy pronto también el español, y gracias a la colaboración con Wiriko, pueda ser uno de los idiomas de una revista que ha nacido para quedarse y alumbrar. Como dijo el poeta y político de Martinica y uno de los ideólogos del concepto de la negritud, Aimé Césaire: “El sol gira alrededor de nuestro planeta tierra arrojando una luz en el pedazo de tierra seleccionada por su única voluntad. Nuestro poder no tiene limites”.

CinéCyclo: el encuentro entre la dinamo y el cine que recorrerá Senegal

Imaginemos un lugar sin salas de cine, sin electricidad y difícilmente comunicado con zonas en las que sí haya cines. Imaginemos ahora ese espacio con una pared de unos 2 metros cuadrados, con gente dispuesta a reunirse para hacer algo de deporte y/o ver una película. De repente, llega una bicicleta con una cesta rectangular colorida de la que se extraen varios artefactos: un amplificador, un proyector un generador de electricidad, y un USB lleno de películas. De ella, se baja un amante de la bici, que ha recorrido medio mundo pedaleando. Se llama Vincent Hanrion, pero todos lo conocen como Vincent-Vélo (Vincent, el hombre bicicleta). Cual mago, o Mary Poppins, Vincent-Vélo se baja de la bici, y en la oscuridad de la noche, o de un espacio con las cortinas echadas, Vincent-Vélo abre su cesta “Ibou” y monta un cine móvil. Como única condición, que haya voluntarios que se vayan relevando en el pedaleo de la bicicleta estática, pues ella será la generadora de energía que permita que se disfrute de la película. Bienvenidos a CinéCyclo.

El miércoles 4 de noviembre, Cultura Dakar, en el Aula Cervantes situada en frente de la Universidad Cheikh Anta Diop, convocaba una rueda de prensa para presentar este proyecto, cuya intención, según explicaba Ignacio Garrido, Primer Secretario del Agregado Cultural de la Embajada Española en Dakar, es “recorrer Senegal durante un periodo de seis meses ofreciendo cine a todas las zonas del país, sin necesidad alguna de electricidad”, una idea, añadía Garrido, “que podría explotarse en las distintas zonas de este recorrido, dado que aunque el proyecto termine en seis meses, la idea puede permanecer”.

CinéCyclo resulta ser una analogía entre los primeros aparatos cinematográficos que generaron imagen en movimiento a través de la manivela giratoria que daba lugar a la proyección continuada de fotogramas que nos introducirían en nuevos mundos. Entonces se necesitaba una sala de proyección a la que la gente acudiría, y la energía necesaria para que tal evento fuera posible. En esta ocasión no es el público el que se desplaza, sino el proyector cinematográfico. Tampoco hace falta electricidad, basta con el movimiento. Si en los primeros años del cine a principios del siglo XX este se generaba con las manos, ahora son las piernas las que hacen girar, no un súper 8 con la sucesión de fotogramas, sino la dinamo de una bici generadora de la energía necesaria para encender un proyector y disfrutar de una serie de películas. Y, por último, en lugar de salas, Cinécyclo utiliza un espacio oscuro con una pared donde proyectar la película.

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No se trata, sin embargo, de cualquier bici, sino de un diseño especial de 25 kilos – siendo 19 el máximo de una bicicleta ordinaria) -, capaz de soportar 200 kilos. La bicicleta, de una longitud parecida a la de un tándem, lleva una cesta decorada a lo car rapide – un medio de transporte público típico senegalés, conocido por su colorida decoración y con referencias a Cheikh Ahmadou Bamba, fundador del Mouridismo, la cofradía musulmana más popular en Senegal, que vivió en la sagrada localidad de Touba -, apodada amistosamente ‘Ibou’. El principal ciclista es Vincent-Vélo, fundador del proyecto, pero son los propios espectadores los que se convierten en proyeccionistas participando del ciclismo ofrecido por la actividad.

El equipo está formado por Keba Danso, cofundador de Cinécyclo Senegal (sector juventud) y a quien ya entrevistamos, Schadrach Cédric Abdoulaye, coordinador de Cinécyclo Senegal voluntario y responsable CinécycloTV e Ibrahima Dionne en el sector energía, así como un equipo de voluntarios y partners por todo el país. Las películas han sido programadas en torno a tres criterios: que sean de animación, que tengan que ver con el desarrollo, y que se favorezcan aquellas en Wolof, la lengua más hablada en Senegal.

La primera proyección se produce un jueves en torno a las 19.00h. de la tarde en Dakar, en el espacio al aire libre del Aula Cervantes, al lado del famoso local de música Just 4U y en frente de la Universidad Cheikh Anta Diop. Lleno de gente, los curiosos de entre el público, de todas las edades, se ofrecen para pedalear y participar del invento. Se arranca con Binta y la gran idea, del director español Javier Fesser, grabado en Casamance y donde se cuenta cómo un pueblo se moviliza para que las niñas vayan a la escuela. Se continúa con un cortometraje de animación del argentino Juan Pablo Zaramella, Luminaris, y finalmente, tal vez con el vídeo que debería haber dado comienzo a la noche de cine, la historia de cómo surge CinéCyclo, trayendo recuerdos a muchos de los asistentes. Hablamos con Vincent-Vélo y Cédric Schadrach.

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Vincent, en tu primer encuentro con el cine, como fundador del cineclub en Quebec, ¿qué tipo de películas querías programar?

V: Cuando hacía el cineclub en Quebec era con documentales. Se llamaba Docu Dimanche y la idea era seleccionar películas de realizadores independientes, no necesariamente americanos, de EEUU, dada la cercanía de Quebec a esa zona anglófona, pero siendo la ciudad canadiense, sin embargo, francófona, con mucha influencia americana. Se trataba de descubrir algo diferente, como documentales iraníes, asiáticos, o de países africanos. Hemos hecho unas 20 proyecciones durante un año y se consiguió así traer cine independiente.

CinéCyclo4Cuando viniste a Senegal, ¿había viajado ya el cine contigo o fue algo que surgió aquí?

V: No, yo viajaba en bici. Organizaba proyecciones, pero no se había producido todavía un encuentro entre mis dos aficiones. Vine a Senegal por primera vez el año pasado y organicé proyecciones de cine itinerantes en bici, en el marco del desarrollo del proyecto Cinecyclo tour de Senegal. El itinerario estaba marcado más bien por los sitios en que tenía amigos a los que visitar, calculando, vale, estos son tantos kilómetros, etc. Eso es lo que estuve haciendo durante un año.

Una vez en Senegal, ¿cuáles son las circunstancias que dan lugar al proyecto Cinecyclo?

V: El proyecto es fruto de distintos encuentros. Pero hay una persona, Keba Danso, que conocé en marzo de 2014, que era mi único contacto relacionado con el mundo del cine, y que dio forma al proyecto, presentándome a actores culturales y gente relacionada con el cine aquí en Senegal y además de ellos, conocí a sus amigos, los amigos de sus amigos, y todos empezaron a llamarme Vincent-Vélo, el loco que quiere hacer proyecciones de cine en bicicleta. Y nos reunimos unas diez personas, algunas que yo no conocía, organizamos una noche de cine y se dieron cuenta de que yo no era el único en este proyecto, sino que se trataba de un grupo con gran fuerza. Mientras fui a Europa a buscar financiación, los demás se pusieron aquí a organizar proyecciones. Y así, en junio del año pasado, surge oficialmente Cinécyclo.

Hoy es la primera proyección de muchas que recorrerán el país, ¿cuáles son las primeras impresiones?

V: Estoy muy contento, porque la primera proyección siempre es un poco estresante, dado que estamos todavía probando el prototipo que utilizamos. No se sabe si habrá gente que quiera pedalear y que venga a ver la película, y bueno, esa es un poco la aventura también. Así que me ha encantado ver la sala, si así podemos llamar a este espacio, estaba llena de gente, para el equipo de Senegal son nuevas experiencias, hay también voluntarios nuevos que acaban de sumarse al proyecto, y el grupo tiene mucha cohesión, así que eso me alegra muchísimo.

¿Cuál es tu sueño, a dónde te gustaría que llegara este proyecto?

V: Si me hubieras hecho la pregunta hace dos años te habría dicho que sería recorrer Senegal en bici, proyectar películas en zonas aisladas, dar lugar a otros proyectos y de hecho, todo eso ya está teniendo lugar. Ahora estamos preparando el cinécyclo tour panamericano, que recorra las tres américas entre 2016 y 2017. Así que si vuelvo a lo que soñaba con este proyecto hace un par de años, me doy cuenta de que ya hemos llegado allí. Así que hoy cuando hablo con mis amigos de Cinécyclo en Senegal y les pregunto sobre qué sueñan ellos con el proyecto y me dicen que les diga yo, respondo, ‘los míos ya se han alcanzado, así que decidme los vuestros, seguro que también se alcanzarán’. Por tanto, mi sueño hoy es que haya senegaleses que se sientan realizados con este proyecto.

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Schadrach Cédric Abdoulaye

¿Cuál es tu primera relación con el cine y una película de referencia?

C: Hace ya tres años que me muevo en el mundo de la cultura y del cine, con una empresa que existe aquí en Dakar. Me gusta mucho el cine, el séptimo arte. Pero desde pequeño, me gustaba mucho el cine. En cuanto a película de referencia, en Senegal, una reciente, de Moussa Touré, La Pirogue (2012), que me encantó y he visto varias veces.

¿Por qué es importante tener un proyecto como Cinécyclo aquí en Senegal?

C: Un proyecto como Cinécyclo es verdaderamente importante aquí en Senegal. Es verdad que hay ya otros proyectos, como MobiCINE, Cine Banlieue, etc., pero están más centrados en la zona urbana, es decir, en Dakar. Pero con Cinécyclo, se trata de llevar el cine a todas partes, a esos sitios donde el cine no llega, porque en algunos, no hay ni electricidad. Así que hemos fabricado un generador para que se produzca la energía necesaria para proyectar las películas, sin necesidad de electricidad.

¿Cuál es tu rol y compromiso con Cinécyclo?

C: Se mi compromiso con Cinécyclo es del 300%, porque soy el representante de Cinécyclo en la asociación de aquí de Senegal, con muchísima responsabilidad, pero que consigo llevar sin problema, o delegar, gracias al equipo que hay detrás del proyecto. Llevo en el proyecto un año, hemos organizado unas cuatro o cinco proyecciones piloto, en fase de desarrollo, y ahora habrá una fase de trabajo intenso al final del tour para perennizar CinéCyclo.

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Hasta el momento ¿cuáles han sido las mayores dificultades que os habéis encontrado?

C: Aquí en África es difícil lidiar con las instituciones para poder desarrollar proyecto. Por ejemplo, para conseguir la autorización para proyectar en algunos sitios, hace falta hablar con muchos ministerios, ir de un sitio a otro para conseguir muchos sellos, con miles de preguntas sobre las salas, los temas que se van a difundir, porque puedo decir que aquí hay ciertos temas que están censurados… Pero a pesar de esos problemas, lo vamos consiguiendo, con un compromiso muy grande con el medio ambiente y la cultura. Y estos son temas que África necesita para poder desarrollar su economía.

Como representante, ¿cuál es tu objetivo final con este proyecto?

C: El objetivo es hacer llegar al cine a la gente de cualquier parte de Senegal. Ya lo hemos hecho y han salido muy bien, como hoy. Pero yo diría que hoy el objetivo sería fabricar muchas más bicis generadoras de energía y, ¿por qué no?, que con ellas se consiga tener electricidad, o al menos un mínimo de luz en algunos lugares que están aislados, y bueno, miles de ideas que estamos desarrollando ahora y para el que necesitamos el apoyo de todos.

Nollywood y la exportación masiva de “cultura africana”

(Artículo publicado en el nº66 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2015.)

Entre la precariedad y la innovación, el celo y la envidia, el respeto y el desprecio, la industria cinematográfica de Nigeria (Nollywood) sigue en auge afianzándose como la segunda del mundo en número de producciones por detrás de Bollywood (India) y por delante de la mismísima Hollywood (Estados Unidos).

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La segunda mayor industria cinematográfica del mundo, por delante de Hollywood en términos del número de producciones anuales (aproximadamente 40 películas por semana, con un costo promedio de 12.000 euros por proyecto), se ha moldeado en poco menos de dos décadas. Y parece que esta estructura tiene los pilares arraigados. “Nollywood ha afectado en gran medida a la economía, especialmente en lo que se refiere a los jóvenes”, nos explicaba la directora y productora nigeriana Mildred Okwo en la edición de 2014 envuelta en una tela tupida de un azul eléctrico. El impacto de una buena película puede resultar enorme, desde la pre hasta la post-producción. “Eso es dinero que va a la economía local, al vendedor de refrescos que espera que acabe un rodaje en la puerta de la casa. Si la industria del entretenimiento está bien cimentada, puede olvidarse de sus pesares”, ríe Okwo sabiendo que ha dado en el clavo.

Con una serie de nuevos cineastas talentosos dispuestos a subir la apuesta en términos de calidad, además de una revolución digital para reformar la distribución y posiblemente erradicar o al menos minimizar la “piratería”, y la promesa cumplida del ya expresidente Goodluck Jonathan de un fondo de intervención de entretenimiento (Proyecto de Promoción de la Creatividad y la Tecnología, PACT), el futuro es más brillante que nunca para el dorado africano que es Nollywood. Según las cifras barajadas por el Gobierno de la nación, representa alrededor del 1,4 por ciento del Producto Interior Bruto de Nigeria.

La historia del VHS nigeriano y la máquina de hacer dinero

Los directores del documental This is Nollywood (2007), Franco Sacchi y Robert Caputo, afirmaban: “Veíamos a los indios con sus musicales y a los chinos con sus peleas de kung-fu. Hoy tenemos nuestras propias imágenes y estoy orgulloso de eso”. Y el porqué de la expansión de Nollywood tiene su base precisamente en estos términos. Las imágenes que dominaban la pequeña pantalla en Nigeria (se podría decir que en una gran mayoría de los países al sur del Sahara) eran las telenovelas latinoamericanas (mexicanas, venezolanas y brasileñas), las coreografías procedentes de Bombay, los golpes de karate de Bruce Lee y los guiones de Far West tipo El bueno, el feo y el malo.

La audiencia estaba huérfana de sus propias historias, de sus propios personajes y de sus propios decorados. Y la humilde tecnología digital en la década de los 90 proporcionó la salida a estos sueños resultando ser el nacimiento de una industria cinematográfica y del VHS.

Todo comenzó en 1992. Living in Bondage, de Chris Obi Rapu, marcó el nacimiento oficial de Nollywood. Fue el primer vídeo grabado en lengua igbo (subtitulada al inglés) y que salió al mercado en VHS. Hasta la fecha se han vendido más de 500.000 ejemplares. La leyenda urbana dice que el escritor y productor Kenneth Nnebue, un comerciante con un gran número de cintas de vídeo adquiridas en algún lugar de Asia, decidió darles buen uso para rodar la película que luego pasó directamente a vídeo. Era el pistoletazo de salida de esta industria y de la era de los vídeos caseros de Nigeria.

Los actores podían ser aficionados, las líneas de guion débiles y los valores de producción escasos o inexistentes (elementos de crítica feroz contra Nollywood), pero lo cierto es que esta industria nigeriana en auge no sólo vio un aumento de la popularidad a través de la lengua vehicular inglesa, convirtiendo sus estrellas en nombres famosos desde Zambia a Liberia, o proporcionó un marco de referencia para sus contrapartes en Ghana, Costa de Marfil o Zimbabue, sino que también sirvió de ventana a la diáspora africana, proporcionándoles una pequeña porción de su recuerdos.

“Nollywood comenzó con historias sencillas escritas por personas que no eran siquiera conscientes de que estaban hablando de África. Simplemente escribieron acerca de las cosas que sucedían a su alrededor, incorporaron algunos mitos y cuentos antiguos y añadieron una buena dosis de espiritualidad para mantener a todos bajo control. Ahora se ha convertido en una exportación masiva de la cultura”.

Quien habla es el director Kunle Afolayan, quien presentó en la Nollywood Week 2015 (4-7 de junio). Cuatro días donde el cine ‘made in Nigeria’ se mostró no sólo ante la diáspora africana, sino también ante las y los refinados espectadores franceses. su último trabajo, 1 de octubre. Una trama ambientada en 1960 donde un detective de la policía de Nigeria es enviado a investigar los asesinatos de varias mujeres en una pequeña comunidad.

Filmando, que es gerundio

Esta “exportación masiva de la cultura” sigue creciendo y tomando forma sofisticada a un ritmo sin precedentes. También está experimentando un cambio radical en el enfoque: de la cantidad a la calidad, de la cinta a la pantalla grande, desde lo local a lo global.

Los retos destacados de Nollywood no son dos, o tres, sino múltiples, y van desde la falta de financiación a la falta de profesionalismo, dando lugar a actitudes rentistas del estilo “nosotros, aquí, hacemos las cosas así”. Esto a su vez soporta un sistema en continua oposición a la innovación y una estructura de comercialización descentralizada que permiten que sea la propia “piratería” la que explote la industria.

Okwo, quién regresó a Nigeria desde Estados Unidos en 2006 y en 2012 fundó su productora de cine, The Audrey Silva, con la célebre actriz Rita Dominic, cree que el reducido presupuesto de las películas no debe ser automáticamente sinónimo de baja calidad, sino que también hace hincapié en la importancia de la financiación para que Nollywood pase al siguiente nivel.

Aunque la promesa de financiamiento siempre sobrevuela a los directores, Obi Emelonye, a caballo entre Londres y Lagos, y afamado por su trabajo Last fligth to Abuja (2012), matiza que siempre y cuando la mala distribución no sea abordada, los productores no podrán ganar dinero sin tener en cuenta los fondos disponibles. “En este momento contamos con entre doce y catorce salas de cine en todo el país para más de 150 millones de personas. Tenemos que resolver la estructura de distribución, lo que hasta ahora era el pilar de la industria, pero que se ha venido abajo por completo. Tenemos que encontrar los medios de hacer el dinero”, se queja Emelonye detrás de sus gafas de pasta y enfundado en una chaqueta de pana.

Okwo es en gran medida de la misma opinión: “El mayor reto es que Nollywood está creciendo en popularidad, no en ventas; no estamos moviendo unidades como la gente piensa. Hay un problema en las redes de distribución y los productores de Nollywood no están haciendo dinero”.

La revolución digital

La demanda de los africanos de la diáspora por el contenido de Nollywood ha provocado un efecto llamada. Por un lado, la distribución en internet sin permiso de los autores o sin ninguna licencia puede haber provocado un aumento de la “piratería” en línea. No obstante, por otro lado, ha dado lugar al nacimiento de portales como iRoko, Afrinolly, Pana TV y Dobox que sirven a un doble propósito: a hacer Nollywood accesible a las masas y al mantenimiento de la industria a través de la firma de acuerdos de reparto de ingresos con los propietarios de contenido.

Cuando se le pregunta a Emelonye por los posibles beneficios de este nuevo medio, responde tajante. “La monetización de contenido de vídeo es una tarea muy difícil en cualquier parte del mundo. Hemos visto una afluencia de estaciones de televisión que muestran las películas y compran los derechos por unos míseros 350 euros y también hemos visto la proliferación de plataformas en internet de apoyo a las películas nigerianas. Siempre habrá una nueva tecnología para explotar nuestro trabajo. Pero el eje central es la monetización. Siempre y cuando el dinero esté llegando, no me importa cuál es el formato”.

El auge del digital en África tiene que ser tenido en cuenta. Inversiones en aumento para mejorar la banda ancha, un asombroso número de teléfonos móviles (estimado en 700 millones en un continente de 1.000 millones), con la exitosa historia de iRoko (con una biblioteca de 5.000 películas, más de 500.000 usuarios y usuarias registradas) y pese a que la creación de series se encuentra también en auge y tienen como destino final usuarios con acceso a canales de pago, el continente puede saltarse tecnología tradicional como la televisión y hacer que la revolución de Nollywood sea digitalizada, en vídeo e internet. Éste es el mejor ejemplo de la democratización digital, pues demuestra que es posible grabar con una cámara y contar su propia historia al resto del mundo que está mirando.

Críticas y esperanzas

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Sin embargo, el poeta y periodista Odia Ofeimun, también nigeriano, es muy crítico con la industria de su país. “Nollywood, al igual que la religión impuesta por Occidente, es un buen ejemplo de cómo se les enseñó a los africanos a no utilizar sus cerebros. Las películas son como la propia sociedad nigeriana, subdesarrollada técnica y socialmente”.

El director y crítico Didi Cheeka no aprueba las palabras de Ofeium y advierte que Nollywood es una industria muy grande donde hay de todo: “Creo que el futuro es brillante porque ha establecido sinergias entre productores, jóvenes cineastas y miradas renovadas de historias que están por contarse”. Por esta razón, Serge Noukoue, el director ejecutivo del Nollywood Week Paris, de padres benineses aunque nacido en París y criado entre Francia, Camerún, Senegal y la República Centroafricana, apuesta por este festival: “Queríamos crear una ventana a Nigeria, un acceso al cine de Nollywood en Francia. Y lo hemos conseguido. Este festival permite la visibilidad de un cine que se está desprestigiando antes de ser visto”.

La animación y las imágenes generadas por ordenador son sin duda las próximas fronteras. Aunque criticada por algunos que la consideraron cualquier cosa menos “especial”, la experimentación de Emelonye con efectos especiales en Last fligt to Abuja es un esfuerzo loable. El realizador ha abierto el camino para preparar el terreno a las producciones más innovadoras de una manera similar. En el caso de Nigeria, la producción no debe limitarse a los temas habituales del amor y las telenovelas con intrigas poco sofisticadas. Y ya se habla de la primera película de superhéroes nigeriana, Boltara, creada por la actriz y productora de Nigeria Elvina Ibru.

La otra fuente de adición, barata y de rápida absorción, son las series que están desbancando a las tradicionales provenientes de Latinoamérica. Los patrones son meras copias de guiones hollywoodienses aunque adaptadas a los contextos locales. Prueba de ello y de su éxito son The Calabash (copia de Breaking Bad), Lekki Wives o African Desperate Housewives (Mujeres desesperadas), o Lagos Cougars.

De la fantasía a la realidad, a partir de los lodos descuidados de antaño a la realidad de hoy, Nollywood ha recorrido un largo camino para contar historias africanas a sus audiencias locales y mundiales. Con algunos retos por afrontar, no hay duda de que tendrá un futuro brillante, en la que los africanos cuentan sus propias historias, son dueños de sus propias imágenes y crean sus propias estrellas. Ofrecen al mundo, en las palabras finales del fallecido escritor nigeriano Chinua de Achebe, “un equilibrio de historias” directamente desde el corazón de Lagos, siempre escarpada, resistente e implacable.

Telenovelas turcas para las pantallas africanas

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Siglo Magnífico (Muhteşem Yüzyıl). Es un drama de época ambientado en el mundo del otomano Solimán I. Se ha vendido a 47 países.

*Artículo publicado en el Boletín del Centro de Estudios Africanos

Parece que en las televisiones de todo el Oriente Medio, los Balcanes y más allá, la cultura turca moderna en forma de telenovelas nunca había sido tan popular. Ahora, estas series se han introducido como parte de la estrategia de diplomacia pública que el país está ejerciendo en el continente africano desde hace algunos años. En el mundo árabe tienen una buena acogida pero desde una lectura pormenorizada se observa un claro intento de occidentalizar prácticas tradicionales y homogeneizar las culturas a través de la pequeña pantalla.

Las telenovelas turcas han evolucionado gradualmente hasta convertirse en una herramienta de gran alcance usada para exportar la cultura, influir en las masas y atraer la curiosidad. Disponible en todos los países de Oriente Medio, África del Norte, los Balcanes y Europa del Este, dobladas o subtituladas, estas series se encuentran en un momento de máxima expansión y han iniciado, también, su camino hacia el África subsahariana. El distribuidor turco Kanal D, líder de radiodifusión y contenido, ha otorgado una licencia a la compañía china Start Times, una de las principales plataformas de televisión de pago en la región, para la emisión de dos de sus mini series: Amor (13 capítulos x 90 min.) y Secretos (18 capítulos x 90 min.). Esta es la primera vez que las series turcas se han abierto camino en las pantallas de televisión de pago del África Subsahariana.

Turquía ha aprovechado la popularidad de sus telenovelas para exportar y promover su “marca nacional”: un paisaje exótico, hermosos actores y actrices, apasionadas y peligrosas aventuras amorosas, y un país atrapado entre la tradición y la modernidad, la historia y la actualidad, la opresión y la independencia, el Este y el Oeste. Pero al mismo tiempo, utiliza este formato para adoctrinar de forma subliminal ya que el contenido y la forma de presentación se encuentran ligados entre sí de forma inseparable. Las telenovelas turcas han arrojado luz sobre una serie de cuestiones socio-religiosas que también sobrevuelan en el mundo musulmán como son la violación, la igualdad de género, el matrimonio infantil o el adulterio.

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Ask (Amor) será una de las series turcas que se comenzarán a emitir en las pantallas africanas con un total de 13 capítulos de 90 minutos.

Las tendencias recientes han revelado una cultura neo-cultivada de empoderamiento de las mujeres a través de los medios de comunicación social. Quizás el ejemplo más evidente tuvo lugar el año pasado cuando el viceprimer ministro de Turquía anunció que las mujeres no debían reírse en público. Miles de mujeres inundaron los medios de comunicación social con fotos de sí mismas riendo, mientras que más de 300.000 tuits utilizaron la palabra risa en turco.

Otros fenómenos similares en el que estos productos se convierten en un éxito a nivel mundial se han observado en otras plazas emergentes. Por ejemplo, la India (Bollywood) y Nigeria (Nollywood) están dominando la industria del cine mundial, mientras que América Latina es uno de los mayores productores de telenovelas en el mundo. Estos mercados tienen presentes las historias globalizadas de Hollywood pero se identifican con los medios de comunicación realizados por ellos y para ellos ya que se han adueñado de sus propias imágenes.

Secrets (Secretos) es otra de las series que está previsto que conquisten las audiencias adictas a las series en África.

Secrets (Secretos) es otra de las series que está previsto que conquisten las audiencias adictas a las series en África.

El irresistible poder (subliminal) de las telenovelas

En cualquier barrio de Nairobi, Lagos o Abidján la hora de la telenovela es sagrada. Calles vacías. Y quizás sea una palabra que nos provoque cierta alergia intelectual cuando nuestro imaginario recurre a alguna historia de amor frustrado donde con acento venezolano o mexicano se tiran los trastos a la cabeza. Sin embargo, en un ejercicio de autocrítica, si piensas que eres inmune a este género, la prueba sería ver una telenovela egipcia. La risa e incomprensión durante el episodio está asegurada. Pero no será trivial. Y al final, el efecto habrá calado en ti sin percibirlo porque te encontrarás preguntándote: ¿matará Maimouna a su hermana gemela malvada? ¿Aprenderá Omar a leer para ser aceptado en la familia de clase alta de su amada?

En el caso de las telenovelas turcas Amor y Secretos que se introducirán en las televisiones de pago africanas, tienen un atractivo que va más allá de un amplio espectro social. Los espectadores van desde gente de alto nivel a los que tienen poca o ninguna educación formal. En Oriente Medio no es diferente. Aunque los hombres pueden negar que ven telenovelas, ellos caen también absortos. De hecho, más de 80 millones de personas desde Casablanca a Riad, y con puntualidad inglesa, incrementan las cifras de audiencia, especialmente durante el mes de ayuno del Ramadán. En el pasado, y en la tradición árabe, se dedicaba un espacio de distracción después de la ruptura del ayuno para escuchar al “Al-hakawati” o cuentacuentos. Ahora, las telenovelas cumplen el mismo papel que el “hakawati” y en los canales satélites árabes ya existen dramas que duran 30 episodios, uno por cada noche de Ramadán, cuando las familias enteras se reúnen.

Las telenovelas pueden jugar el mismo papel que los mitos y las fábulas han tenido a lo largo de la historia. Mediante la introducción de una cuestión social fundamental en la narrativa, estos dramas pueden pasar de ser simplemente “entretenimiento” para convertirse en “entretenimiento educativo” o, como lo denominan algunos especialistas, en “edutainment” (del inglés education + entertainment). No obstante, en este artículo optamos sencillamente por el concepto ya mencionado de adoctrinamiento, en unos casos con efectos muy positivos para los creadores.

En Sudáfrica, por ejemplo, tras un drama televisado (en el vídeo de abajo) que abordó las prácticas sexuales, se demostró que los espectadores que habían seguido la telenovela fueron cuatro veces más propensos a utilizar preservativos que los que no la vieron. La inscripción en los cursos de alfabetización aumentó nueve veces en la Ciudad de México después de la emisión de una serie cuya historia se centraba en la importancia del aprendizaje de la lectura. En el otro extremo se encuentra el ejemplo del estado norteamericano de Colorado, donde el número de familias de bajos ingresos que solicitaron un seguro médico infantil aumentó drásticamente después de una telenovela que destacaba su importancia. En este último ejemplo, se observa también el poder de grandes lobbies que financian estos guiones para intentar vender un determinado producto.

Incluso los temas que se consideran tabúes pueden ser adoctrinados en el universo ficticio de las telenovelas. Pueden ayudar a disminuir el estigma que rodea a ciertos temas sin ser social o culturalmente intrusivos como parte de esa diplomacia pública, de ese soft power. Y en el mundo árabe ya se han comenzado a cuestionar. En Jordania, por ejemplo, hay varias telenovelas que retratando la vida tradicional de la aldea han explorado cuestiones altamente sensibles como los crímenes de honor y las tensiones entre las formas tradicionales y modernas de vida.

¿Por qué ahora las series turcas en África?

Mucho se ha comentado y escrito sobre la presencia de China en África. Pero poco de Turquía que se ha convertido en un generoso donante para las crisis humanitarias en todo el mundo durante los últimos cinco años, especialmente en el contexto africano. En 2011, la Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD) cayó en 16 países del CAD, mientras que la AOD neta de Turquía aumentó en más de un 38%.

Tras la cumbre Turquía-África en Estambul en agosto de 2008, la Unión Africana declaró a Turquía como un “socio estratégico” y en mayo de 2010, Estambul fue la sede de la cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados (PMA). La segunda cumbre Turquía-África se celebró en noviembre de 2014 en Malabo (Guinea Ecuatorial) y se acordaron planes de actuación para el periodo comprendido entre 2015-2019.

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Aunque Turquía es relativamente nueva en los círculos de la política, el comercio y la ayuda en el continente africano, ya ha ampliado su área de influencia mediante la vinculación de sus herramientas de poder blando como la red de transporte, el comercio y la educación para tenerlas cerca de su ministerio de exterior. La simplificación de la jugada estratégica sería de este modo: una vez que un país africano se identifica como prioritario por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía, se establecerá una presencia diplomática, la compañía Turkish Airlines lanzará un destino de vuelo y los vínculos económicos estarán formados por empresas turcas globalmente activas en la región.

En segundo lugar, la religión (Islam) ha jugado un elemento legitimador importante al ser un área en la que tanto los occidentales como los chinos no han tenido la oportunidad de entrar. Es con esta clave con la que debe interpretarse la llegada de series turcas al territorio africano. Su éxito o fracaso dará forma y afectará la iniciativa global que tiene Turquía para África, y cómo los africanos verán a Turquía en los próximos años. Lo que a primera vista puede parecer un producto de entretenimiento ligero, las telenovelas turcas, en este caso Amor y Secretos, forman parte de una estrategia de largo recorrido y actuarán como una poderosa herramienta con su enorme alcance y popularidad para intentar influir en las actitudes y prácticas sociales.

Imagen del Primer foro de cooperación entre Turquía y África celebrado en Estambul en 2011.

Imagen del Primer foro de cooperación entre Turquía y África celebrado en Estambul en 2011.

Algunos ejemplos de éxito de telenovelas turcas

Silver (Gumus / Noor): El profundo amor entre una chica pobre y un marido rico. Vendido a 56 países.

Siglo Magnífico (Muhteşem Yüzyıl): Drama de época ambientado en el mundo del otomano Solimán I. Se ha vendido a 47 países.

Forbidden Love (i Ask-Memnu): Pasiones prohibidas en una mansión en el Bósforo. Vendido a 46 países.

1001 Nights (Binbir Gece): Una madre acepta una propuesta indecente de su jefe para pagar el tratamiento del cáncer de su hijo. Vendido a 46 países.

La caída de las hojas (Yaprak Dökümü): Una familia muy unida llega a Estambul para enfrentarse a muchos desafíos. Se vende a 45 países.

¿Cuál es el Delito de Fatmagül? (¿Qué culpa tiene Fatmagül?): Fatmagül es violada, y se casa con Kerim que erróneamente se cree ser el autor del crimen. Se vende a 37 países.

AWOTELE: La revista africana para los cines africanos

AWOTELE_page_1A pocas semanas de empezar el FESPACO 2015 (Festival Panafricano de Cine y de Televisión de Uagadugú, Burkina Faso), que se celebró entre los pasados días del 28 de febrero al 8 de marzo, el seminario que se había previsto para el encuentro de críticos cinematográficos fue cancelado de forma inesperada y varios periodistas africanos tuvieron que anular su presencia en el principal evento cinematográfico del continente. A diez días de iniciar el certamen y con la intención de superar los problemas que anularon esta cita a causa de desencuentros entre algunos miembros de la Federación Africana de Críticos Cinematográficos (FACC), un grupo apasionado de críticos africanos decidió responder con agilidad a esta situación. El FESPACO no podía quedarse sin crítica, porque ésta conforma una parte esencial, como los mismos festivales, en la promoción y valoración de los cines menos comerciales. De este modo, en tan sólo una semana y gracias a las redes digitales de hoy, nació AWOTELE, la revista de la crítica cinematográfica africana.

AWOTELE, que en lengua yoruba significa “revista”, surge así con la intención de recuperar un espacio periódico dedicado a la crítica de los cine de África hecha por autores del Sur. Promovida por Claire Diao, Michel Amarger y Samir Ardjum, el primer número de AWOTELE ha sido desvelado en el marco de la última edición del FESPACO y ya está disponible de forma digital gratuita. Sus creadores y colaboradores, con el apoyo gráfico de Maryline Tarmalingom, esperan poder publicar así tres números anuales, que coincidan con los tres festivales más reconocidos del continente y del mundo: el FESPACO (en febrero/marzo), que antecede al Festival de Cannes; el Festival Internacional de Cine de Durban (DIFF, Sudáfrica, en julio), que precede a la Muestra de Cine de Venecia; y las Jornadas Cinematográficas de Cartago (JCC, Túnez, en noviembre), que se anticipan al Festival de Berlín o Berlinale.

Si bien es cierto que la FACC cuenta con su propio sitio web en el que se publican con frecuencia las críticas de los miembros asociados (www.africine.org), con la desaparición de Ecrans d’Afrique (promovida por Michel Amarger entre 1991 y 1997) el sector cinematográfico del continente vecino se había convertido en el único cine regional sin su propia revista especializada. Como explica Claire Diao, coordinadora general de la edición, “todos los periodistas que escriben en AWOTELE tienen blogs o escriben para Africine.org. Pero una revista es un objeto importante y una piedra de angular para la visibilidad tanto de los críticos del Sur (por eso hay fotos de ellos al final de cada articulo), como de los cine africanos”.

De momento todos los artículos publicados en el primer número de esta revista son en lengua francesa, pero sus autores buscan ampliar su alcance continental en las futuras ediciones con traducciones y aportaciones en inglés, portugués o árabe. Con el fin de apoyar la difusión de la crítica africana entre los lectores hispanoparlantes también, el equipo del Festival de Cine Africano de Córdoba-FCAT ha presentado AWOTELE en el III Foro “Árbol de las Palabras”, facilitando también la traducción al español de algunos de sus primeros artículos, ahora disponibles en el blog oficial del FCAT: ÁfricaEScine. Aquí se recoge el editorial del primer número de AWOTELE, que reivindica, con claridad, la importancia de la crítica africana en un mundo cada vez más dominado por las imágenes.

Editorial de AWOTELE (nº1)*

Cuando las imágenes se multiplican, los críticos buscan su sitio y se cuestionan su propia función. Nos gustaría que fueran objetos de promoción pero, contrariamente, ellos se afirman como sujetos de reflexión. Tienen por objeto preguntarse por el trabajo de los directores, abrir los ojos del público, valorar el cine y lo audiovisual. Siguiendo esta idea, hemos querido crear un nuevo espacio donde se puedan cruzar impresiones y enfrentarse a una dinámica de intercambios renovados. El objetivo también es aclarar la evolución de las imágenes africanas de hoy, favoreciendo las intervenciones de los críticos venidos del continente, ya sean independientes o que pertenezcan a una asociación.

La revista Ecrans d’Afrique, creada en 1991, se encargó de ello hasta 1997. Era una época en la que los artículos se enviaban por correo, en disquete. La revista tenía una dimensión continental, bilingüe, acorde a las plumas que la formaban y a los temas que eran tratados. En 2015, la era de Internet, emails y revistas digitales, periodistas de cine se reúnen en torno a un objetivo común: valorizar las diferentes expresiones fílmicas de África y las críticas con ocasión del FESPACO, una de las más grandes citas cinematográficas del continente, en un nuevo soporte. De manera que aquí tenemos Awotele, la revista de los críticos de cine. Esperamos que la apreciéis y que nos ayudéis a traducirla y difundirla.

El Comité de redacción de Awotele: Claire Diao, Michel Amarger y Samir Ardjum

[*Traducción del editorial al español: Verónica Ruiz y Nonou Loum, FCAT]

Haz click a continuación para acceder a la revista completa en versión original en lengua francesa: AWOTELE nº1, La Revue de critiques ciné.

Cómo reventar los mitos de África a través del audiovisual

Una serie documental de la nigeriana Nosarieme Garrick pretende combatir los estereotipos del continente a través de historias de éxito de jóvenes africanos.

Una serie documental de la nigeriana Nosarieme Garrick pretende combatir los estereotipos del continente a través de historias de éxito de jóvenes africanos.

Artículo original publicado en El País-Planeta Futuro.

A pesar de que cada vez son más las publicaciones en papel y online que tratan de mostrar una cara más ajustada a la realidad del continente africano, por ejemplo, en español (Afribuku, África no es un país, Guinguinbali, Mundo Negro, Fundación Sur o Wiriko), los estereotipos que se ciñen sobre África parecen seguir de forma general un patrón determinado. Para el lector medio que nunca ha pisado el continente, su información proviene en gran parte de los medios de comunicación donde se reúnen imágenes de la pobreza y la guerra, el contexto más típico sobre el que se discute África. Una fotografía muy parcial para un continente de 54 países.

Según la última encuesta del grupo consultor Ernest & Young para 2014, esta percepción también se deja notar en el área de los negocios. Se distingue una diferencia entre las empresas ya establecidas en África, palpando la realidad, y las que aún no operan en el continente. “Un gran número de inversores potenciales extranjeros siguen considerando al continente africano como un destino de alto riesgo. Sin embargo, este punto de vista se basa a menudo en las percepciones de hace 20 o 30 años”.

Y aquí es donde se encuadra el proyecto My Africa is (Mi África es) un esfuerzo de colaboración para seguir y compartir las historias de agentes de cambio a lo largo de 13 ciudades en el África subsahariana. Su creadora, Nosarieme Garrick, lo explica de la siguiente manera: “Pretendemos que el proyecto actualice esas perspectivas que han sido guiadas por los medios de comunicación occidentales y que perduran en el imaginario desde, sobre todo, los años 80. El objetivo prioritario es tomar el control de nuestra historia, y la restauración de la dignidad y la identidad de nuestro continente

Garrick es nigeriana, escritora, activista y una empresaria que pretende aportar su granito de arena crítico. Ya en 2010, fundó Vote or Quench, una campaña de capacitación para los jóvenes de su país sobre la importancia del voto. Y My Africa is comienza precisamente en su tierra natal. En las redes sociales todavía suenan ecos de la campaña con millones de seguidores de #BringBackOurGirls (en realidad, un grito de protesta de la sociedad civil y no de las celebrities) contra el secuestro de más de 200 niñas por el grupo fundamentalista Boko Haram en Chibok (al norte). Detrás, queda la marca Nigeria. Desgastada, desdibujada y desprovista de cualquier serenidad aparente. Un país que desde lejos se presenta borroso y difícil de explicar.

Pregunta. ¿Por qué piensas que ocurre esto?

Respuesta. Siendo nigeriana, creo que es importante que los medios de comunicación hablen de Boko Haram, sin embargo, cuando sólo hablan de este grupo y nada más, las noticias son sacadas fuera de contexto. Se ha creado esta idea de que la comunidad musulmana de Nigeria es fundamentalista, cuando en realidad, Boko Haram es una parte minúscula de personas dementes que resultan ser musulmanes. Todo esto contribuye a la teoría del miedo en torno al Islam. Si se contaran más historias alrededor del Islam en Nigeria, o de Nigeria en general, no habría esta desinformación.

P. En tus primeros vídeos muestras tres historias inspiradoras de Lagos: la del fotógrafo Lakin Ogunbanwo; la del arquitecto, Kunle Adeyemi, quien está detrás de la escuela flotante de makoko; o la de Bilikiss Abiola, uno de los fundadores del colectivo WeCyclers. Todas lideradas por jóvenes. ¿Por qué crees que es importante contar las historias de los jóvenes africanos?

R. El 40% de la población de África tiene menos de 15 años y va a tener un gran impacto en el desarrollo del continente. Queremos empoderar a las personas que cubrimos para compartir sus historias con un público más amplio y darles una plataforma de visibilidad. En resumidas cuentas, queremos inspirar a otros jóvenes de África en el continente y crear una oportunidad para que aprendan unos de otros. Pensamos que al mostrar su capacidad de recuperación, así como la forma en la que están innovando, vamos a llegar a la gente para empezar a pensar de manera diferente sobre el cambio y el desarrollo.

P. Entonces, Nosarieme, ¿por qué crees que hay un discurso negativo sobre África?

R. La historia de África ha sido controlada por los medios de comunicación occidentales durante mucho tiempo. Los periodistas que entran en África vienen con un orden del día. Las historias tristes e impactantes generan más ruido y al final, la gente se ha acostumbrado a ver el continente africano con una luz específica, gracias a estos medios y a anuncios de televisión con el eslogan “Alimente a un niño africano”. Se necesita un cuentacuentos africano para proporcionar una visión personal y alternativa que pueda combatir estos estereotipos.

P. ¿Qué acciones propones para romper estas narrativas negativas que emplean una gran mayoría de medios de comunicación?

R. Creo que la simple necesidad de África de contar sus propias historias y de hacer uso de las redes sociales para ponerse enfrente de tanta gente como sea posible. No se trata de cambiar la narrativa negativa, sino de diversificar los discursos para que las personas entiendan que el continente africano no es un gran país homogéneo.

P. Es un proyecto que, después de Nigeria y Senegal, pretende cubrir al menos otras 10 ciudades y aunque el objetivo inicial era mostrar 13 urbes en seis semanas, los planes han cambiado a expensas de más financiación. Sin embargo, ¿no entra en tus planes grabar las iniciativas que tienen lugar en las zonas rurales?

R. Las zonas rurales son importantes, pero hay una urbanización masiva en varios países africanos, lo que nos permite obtener una representación más completa de la gente. Así que he empezado como puedo, con la esperanza de ampliar el proyecto a más y más lugares.

P. ¿Un sueño para 2015?

R. Las elecciones libres y justas en Nigeria.