I Still Hide to Smoke: el hamman y la lucha de la mujer argelina

Frente a las bombas, al atropello de los derechos humanos y a los barbudos hay un hamman. Este esconde un susurro inocente. Para muchos, conspiratorio. En la Argelia de 1995, el integrismo islámico lidera el terreno político y la represión militar viene impuesta por el Frente Islámico de Salvación (FIS). En este contexto se atiende mejor a las pequeñas cosas; al cigarrillo, al mar, a la ropa tendida o a la alegría de saber que se ha restablecido el servicio de agua. En los malos momentos, agua caliente. O una mano amiga que se ofrezca a frotar allí donde no se llega.

I Still Hide to Smoke (2016), de la realizadora argelina Rayhana Obermeyer, es una película coral liderada por la actriz Hiam Abbas (Fatima). Un hamman (baño turco) es el escenario de una cinta que se adentra en los abusos de la sociedad misógina durante la guerra civil de Argelia.

El hamman de Fatima es un bálsamo anímico para un grupo de mujeres que intenta escapar de la rutina. Madres, hijas y amigas. Vírgenes, rebeldes y enemigas. Gordas y delgadas. Casadas, solteras, viudas y divorciadas. En los baños hay cabida para todas. Muchas vienen solo a bañarse mientras otras se exfolian o preguntan por un masaje. Las hay quien además del respiro terapéutico, vienen a buscar consejo, a desahogarse o a olvidarse de los fundamentalistas. Aquí se habla sin tapabocas de sexualidad, matrimonio, divorcio y religión. Se cotillea y se ríe. También se llora. Y se sueña.

Samia (Fadila Belkebla), de 29 años y soltera, sueña con irse con el mar. De perderse en el horizonte. Pero lo que le quita el sueño es buscar un marido. Entra a trabajar en los baños para ver si alguna casamentera la recomienda aunque “nadie se fija en las que limpian o dan masaje”, le advierte Fatima. Samia es testigo en un espacio donde además de la limpieza física existe un aseo mental.

El hamman es un refugio para que las mujeres se presenten sin máscaras, con sus miedos e inquietudes. Un lugar para expresarse libremente y buscar compañía. Incluso es destino para aquellas que apoyan al régimen extremista. Rayhana, que se enfrentó al desafío de encontrar actrices árabes que quisieran formar parte del reparto, propone una cinta con escenas cuidadas y tiernas donde las mujeres descosen estereotipos en unos diálogos atrevidos y que son una mirada al mundo árabe femenino.

Aunque en una sociedad en la que “falta el amor”, siempre hay alguien pidiendo pelea. La seguridad de los baños se verá amenazada cuando Fatima acoge a Mariem (Lina Soualem), soltera y de 16 años, que está embarazada. Su hermano fundamentalista ha conocido el secreto y va buscarla al hamman. Venganza y una daga. La tranquilidad entonces queda a expensas de los barbudos que atormentan la desinhibición cuando llaman a la puerta.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.

Félicité o el canto a la vida

Félicité se gana la vida cantando en un bar de Kinshasa

Félicité es la nueva cinta del director franco-senegalés Alain Gomis y una de las candidatas a llevarse el Premio del Público a la Mejor Película en la presente edición de Film Africa, el festival de cine africano contemporáneo de Londres del que Wiriko es medio oficial y advisor de la programación.

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Félicité se gana la vida cantando en un bar de la capital de la República Democrática del Congo (RDC). Es una mujer valiente, dura y que lucha por no tener que darle explicaciones a nadie. La protagonista trata de escapar de un sistema socioeconómico y cultural que pone obstáculos para la independencia de la mujer en el África subsahariana. Ella pelea su sitio, esquiva a los acosadores y lleva las riendas de su vida como le da la gana. Dejó al padre de su hijo para ser una mujer fuerte aunque perderá el pulso ante el sistema de salud congoleño. Su aguante se desmorona cuando Samo, su hijo, necesita una operación para salvar su pierna tras un percance en motocicleta. Desesperada por conseguir el dinero que permita la actuación médica, Félicité se enfrenta a sí misma y a su orgullo.

En todo bar hay un borracho. Un hombre solitario. Tabu, interpretado por Papi Mpaka, es el que cada noche escucha las canciones de Félicité desde la barra. Empinando el codo, hablando más de la cuenta y engatusando a las mujeres para que lo acompañen a la cama. Una mañana de resaca, este manitas aparece para arreglar el frigorífico de Félicité. Ambos personajes chocan fuera del bar, en un marco ajeno pero con las etiquetas de la noche; él es el borracho, ella la cantante.

En este contexto, Tabu sabe de la situación de Félicité y de su hijo y accede a ayudarla. Pero, ¿cuál es la moneda de cambio? En la encrucijada, la película de Gomis toma, sin embargo, al espectador más allá de una historia de autocompasión. La resistencia de Félicité se desmorona mientras Tabu endulza unos momentos agónicos. La historia nos lleva hacia un camino de aceptación, perdón y esperanza. Un sensual y cuidado contrato al amor sin letra pequeña. Una relación honesta y cruda como la mirada de su protagonista, la sudafricana Véro Tshanda Beya Mputu. Sus ojos penetran desde el primer plano así como lo hace su voz.

La música es también otro personaje más en esta cinta. La banda sonora está compuesta por el colectivo local Kasai Allstars y a través de los temas se muestra la mutación de carácter de Félicité. Del jolgorio a la rendición. Y a los sueños. Gomis juega con unas escenas líricas, amenizadas por la Orquesta Sinfónica de Kinshasa, para adentrarnos en unas ensoñaciones donde se olvida el caos de la ciudad y en la oscuridad del bosque, Félicité encuentra a Tabu.

Tabu, Felicité y Sano en un fotograma de la película

La relación entre ambos crece en silencio. La noche es para los tormentos y a plena luz del día no hay máscaras. No hay micrófono, no hay trago. Hay otras Félicités. Otros Tabus. “Ámame pero no me lo pidas”, le dice ella.

Alain Gomis filma la rutina con esta película. Se ha centrado en los momentos diarios en los que la vida toma forma y se desarrolla. “Me gusta fijarme en lo invisible de cada día porque ahí experimentamos cosas intangibles como por ejemplo el amor”, dijo el director en la pasada edición de la Berlinale donde Félicité se llevó el Gran Premio del Jurado (Oso de Plata).

En esas minucias de la vida cabe un frigorífico. Uno antiguo, estropeado y que mantiene su lugar de privilegio en el salón de una casa de los suburbios de una capital del África subsahariana. ¿Es mejor comprarse uno nuevo? Quita, quita. Esto se soluciona pronto. No es el motor, es el ventilador. Tampoco. Va a ser el transformador. Y cuando todo está perdido, el frigorífico vuelve a funcionar. Sin embargo, desprende ruido. Se ríe por no llorar. Se acepta y el molesto sonido da compañía en la humilde casa de Félicité. La vida es como un frigorífico. Y quizás el amor.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.

Seminci 2017: un idilio de amor entre El Nilo y el Pisuerga

Conquistó a la crítica y el jurado en el Festival Internacional de Sundance y el pasado sábado se hacía con la Espiga de Oro, el máximo galardón, en la capital de Castilla León durante la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) que este año ha proyectado más de 300 películas. El trabajo del director sueco de origen egipcio Tarik Saleh The Nile Hilton Incident no deja indiferente a nadie: corrupción, policías y movilizaciones sociales. La revolución de 2011 en Egipto proporciona el telón de fondo para el implacable thriller político de Saleh que cambia gradualmente el enfoque de las sucias calles de El Cairo a los niveles más altos del Parlamento en el curso de una investigación por un asesinato mediático. A pesar de tener un título bastante genérico, The Nile Hilton Incident representa el tipo de cine penetrante que solo un guionista y director íntimamente familiarizado con la cultura egipcia –pero que posee una perspectiva externa– podría lograr convincentemente. La sudanesa Mari Malek, en el papel de Salwa, quien interpreta a una refugiada indocumentada, se ha convertido en una de las actrices revelación de este año a nivel internacional cautivando a la cámara. Era evidente que la historia de amor entre el El Nilo y el Pisuerga no se hiciera esperar.

Ciertamente en esta edición ha habido muchas cosas que celebrar, pero otras muchas que deberían ser mejoradas y Wiriko ha estado presente para poder contar todo de primera mano. Una de las claves de este festival ha sido su capacidad de reconversión con los años. Con una participación de más de 95.000 espectadores, uno de los festivales de autor con más trayectoria, parece que empieza a remontar los peores años vividos durante la crisis. Si la Seminci comenzó en 1973 como un “festival religioso y de valores humanos”, se dio un giro de 180 grados con la transformación completa hacia un certamen de cine internacional. No solo eso, desde la llegada en 2008 del último director del festival, Javier Angulo, se ha conseguido dar la vuelta al certamen duplicando el número de espectadores en menos de una década y mejorando su imagen tanto interna como externa. Además, esta ha sido una de las ediciones más femeninas del evento ya que se equiparó por primera vez el número de películas dirigidas por mujeres al de hombres en la Sección Oficial. “Es sin duda la mejor noticia del festival. Las mujeres también existimos aunque muchas veces se nos intente invisibilizar”, comenta Sara a la salida del largometraje iraní Napadid Shodan. “Eso sí, creo que esperar hasta 2017 para alcanzar esa cifra me parece algo ridículo”, añade.

Actriz sudanesa Mari Malek.

La dirección de la Seminci ha destacado igualmente la presencia de más de 15.000 espectadores jóvenes en las salas, algo por lo que se ha luchado durante los últimos años. Para ello se ha incluido la sección infantil “Miniminci” o el Jurado Joven con el objetivo de diversificar la oferta del certamen y hacerlo más atractivo. “Desde mi punto de vista, la presencia de gente joven necesita todavía más esfuerzo porque en las salas somos pocos. Es un cine que representa la realidad, sin superhéroes y con pocos efectos especiales lo cual hace más difícil llegar al público joven. También es verdad que, cuando se conoce, la gente acaba repitiendo”, comenta Irene, estudiante de enfermería y espectadora asidua. Sin duda alguna, el festival está tomando el camino correcto en relación a la presencia de jóvenes en las salas, ya que ellos son el futuro de esta industria.

En la Seminci se presentan producciones y coproducciones de diferentes puntos del mundo. Sin embargo, no podemos pasar por alto que durante años el cine africano y, sobre todo el cine al sur del Sáhara, ha tenido una presencia residual. El cine del norte de África ha contado con más presencia e incluso Marruecos fue invitado al certamen en 2013 para realizar un repaso por su cine con la proyección de diecisiete largometrajes, tres documentales y seis cortos. No obstante, desde ese último año, hasta la pasada edición en la que Wiriko estuvo cubriendo Nakom el único largometraje subsahariano, los cines africanos han brillado por su ausencia.

Y cuando hablamos de cines africanos nos referimos a 54 países algunos de los cuales tienen unas industrias cinematográficas de mucho peso y con largas trayectorias como son los casos de Nigeria, Sudáfrica o Etiopía. No resulta coherente que esos países sigan sin estar presentes. “Hay películas que hablan sobre África negra y luego están las películas árabes, pero no he visto en esta edición ni una sola película dirigida por africanos o africanas”, comenta Javier, profesor de Historia. “En Andalucía están mucho más presentes los cines del sur, es algo que desde luego aquí se echa mucho en falta”, reflexiona.

Aunque insistimos en la necesidad de una mayor presencia de cines dirigidos por africanos y africanas, este año hemos contado con la presencia de largometrajes de temática africana: la franco-brasileña Gabriel e a montanha que nos relata la historia de un joven que decide viajar por el mundo y descubrir el continente africano; la suiza Me Mzis skivi var dedamicaze, que nos cuenta la historia de Dije, un inmigrante nigeriano que ha acabado por error en Georgia, y April que acaba una noche en la cárcel por ejercer la prostitución; la polaca Los pájaros cantan en Kigali que relata los horrores del genocidio ruandés de 1994; o el documental español Owino que ha participado en la sección DOC España y que nos traslada a la lucha de un pueblo de Kenia que lucha contra una multinacional que envenenó su poblado con vertidos ilegales de plomo.

Sin duda alguna este año ha sido el año de los cines árabes y del norte de África. Destacamos sobre todo el largometraje tunecino Aala kaf Ifrit que nos ha mostrado la desigualdad de género del Túnez posrevolucionario y que se hizo con el Premio de la Juventud o la mencionada The Nile Hilton Incident, que además de la Espiga de Oro, ha obtenido el premio al mejor director y guión.

A pesar de los éxitos de este año, lo cierto es que la Seminci debería pensar en acoger un mayor número de películas, cortometrajes o documentales africanos para poder obtener otra perspectiva. De esta manera se podrían enriquecer mucho las próximas ediciones del festival. Y es que este certamen, en su perfil más internacional, no puede permitirse dar de lado a todo un continente. Aunque aplaudimos la presencia –y la victoria– de los cines árabes no podemos pasar por alto la continua marginación que están sufriendo las industrias cinematográficas africanas. Solo nos queda esperar que en la próxima edición se empiece a valorar un poco más el trabajo de un sur que llama a las puertas de España.

Wiriko medio oficial del Film Africa

Black is beautiful: El Londres más negro sube el telón del Film Africa

Wiriko medio oficial del Film Africa

Wiriko medio oficial del festival de cines africanos de Londres Film Africa.

Vuelve un Londres en negro. Un negro que es beautiful. Un negro que como canta el cantante Chronixx, es necesario para entender la construcción del imaginario que tenemos del continente africano. Regresa el Film Africa (27 de octubre hasta el domingo 5 de noviembre), la celebración más grande de cines africanos y su diáspora de Inglaterra organizado por la Royal African Society de la que Wiriko continúa por tercer año consecutivo como medio oficial en español de una de las citas imprescindibles europeas. Y cuando se hace alusión a que la urbe inglesa ennegrece cada año es porque su política y objetivos se extiende a lo largo de seis sedes colonizando las carteleras de las principales salas de cine: Rich Mix, BFI Southbank, Ritzy Brixton, Ciné Lumière, Bernie Grant Arts Centre y el South London Gallery. No hay excusas para no enmudecer con alguno de los 38 títulos que se proyectarán procedentes de 21 Países africanos (incluidos 19 estrenos en el Reino Unido, Europa o mundiales) y con la presencia de cineastas, actores y actrices y músicos que endulzarán una semana africana que prestará especial atención a las historias de mujeres.

La apertura de esta noche en el BFI Southbank estará a cargo de la película The Wound (Inxeba), del director sudafricano John Trengove. Un trabajo atrevido que pudimos ver en el festival de Durban el pasado julio y que explora la sexualidad, la masculinidad y el choque entre los valores tradicionales y contemporáneos en la actual Sudáfrica. El actor principal y premiado músico Nakhane, uno de los nuevos talentos más emocionantes del país, asistirá a la proyección y actuará este domingo en el Rich Mix llevando sus melancólicas y lánguidas guitarras y bellas armonías vocales al público londinense por primera vez.

La séptima edición del Film Africa clausurá en el Ciné Lumière el 5 de noviembre, con el estreno en Londres de Foreign Body, el nuevo trabajo audaz y visceral de la directora tunecina Raja Amari. Para conmemorar sus 60 años de independencia de Ghana, el festival proyectará tres trabajos que capturan el espíritu de una de las industrias cinematográficas de más rápida expansión en el continente africano: Keteke, el primer largometraje de Peter Sedufia, con una preciosa banda sonora a cargo de la banda de Accra, Worlasi; la historia épica de la realizadora ghanesa-americana Leila Djansi sobre la trata de esclavos en el Atlántico, I Sing of a Well; y una rara oportunidad de ver uno de los más aclamados trabajos de los últimos tiempos, Kukurantumi – Road to Accra, del realizador King Ampaw.

Film Africa continúa su estrecha asociación con el consorcio de los cinco festivales de cine africano del Reino Unido (Film Africa-Londres, Africa in Motion-Escocia, Afrika Eye-Bristol, CAFF-Cambridge y Watch Africa-Gales) con su sección Clásicos perdidos de África (Africa’s Lost Classics), trayendo a las pantallas algunas de las mejores películas africanas que han sido prohibidas, censuradas, perdidas u olvidadas, incluida la restauración de algunas películas importantes dirigidas por mujeres africanas. Algunos ejemplos serán Fatma 75, una película pionera y el primer trabajo de no ficción de la tunecina, Selma Baccar; Rage, del laureado director nigeriano Newton Aduaka; y Mueda, Memory and Massacre, de Ruy Guerra, una obra central de la ola de Cine Novo, generalmente considerada como el primer largometraje de ficción independiente de Mozambique y una obra maestra de la memoria anticolonial.

En esta séptima edición se podrán ver los primeros trabajos del sudafricano Daryne Joshua con su Call Me Thief, un retrato de la vida en los suburbios de Ciudad del Cabo en la década de 1960; el estreno europeo de I Will Not Bear Tomorrow, de Abraham Gezahagne, que se adentra de lleno en uno de los momentos más oscuros de Etiopía; y en I Still Hide to Smoke, un baño turco es el telón de fondo para la audaz exploración de la directora argelina Rayhana Obermeyer sobre el papel de la mujer en su país hoy día.

Junto a I Still Hide to Smoke y Fatma 75, otros títulos de la programación de la que Wiriko forma parte como asesor muestran historias de mujeres. Por ejemplo, se estrenará en el Reino Unido el documental Sacred Water, de Jordain Olivier que explora la sexualidad femenina en Ruanda; A day for women, de Kamla Abou Zekri un trabajo que reflexiona sobre la comunidad, la convivencia y la libertad de las mujeres en la sociedad egipcia; El cuarto largometraje de Alain Gomis Félicité, ganador del prestigioso Oso de plata en Berlín, que retrata a una madre soltera en la capital congolesa de Kinshasa; y el documental de Pascale Lamache, Winnie, el cual describe la compleja figura de Winnie Mandela, y se pregunta por qué la historia silencia habitualmente a las mujeres líderes fuertes.

Otras películas destacadas incluyen el estreno mundial del documental Di Journey de Maria Khan, una exploración histórica y completa sobre las relaciones de inmigración y raza en la comunidad afro-caribeña del Reino Unido; lo último de la prolífica directora ghanesa Shirley Frimpong Manson, Potato Potahto; y el estreno en el Reino Unido del brillante documental de Samantha Biffot The African Who Wanted to Fly, que cuenta la extraordinaria historia de un joven de Gabón que se convirtió en maestro de Kung Fu en China.

Secciones de cortometrajes, días programados para los niños, conciertos y conferencias paralelas completan una semana que reflejará lo mejor de los cines africanos. Y Wiriko estará allí para contarlo.

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Ruanda 2.0: Los pájaros cantan en Kigali

Muchas han sido las películas que han relatado el horror vivido en el genocidio de Ruanda que se desarrolló en 1994. Algunas, como Hotel Rwanda (2004), son muy conocidas gracias a la difusión a la que nos tiene acostumbrados la maquinaria de hollywood; pero hay otras, más sutiles, que nos relatan los mismos sucesos y sus consecuencias desde otra perspectiva.

Este es el caso de Los pájaros cantan en Kigali (“Ptaki spiewaka w Kigali”, en polaco), película que participa en la 62ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) en la sección oficial, es un drama dominado por dos mujeres que viven el horror ruandés de primera mano. Anna Keller, interpretada por una agónica Jowita Budnik, es una ornitóloga que junto a Jean Paul (Ciza Remy Muhirwa) investiga el comportamiento de los buitres en el país africano cuando la situación se vuelve insoportable. Claudine Mugambira, papel que interpreta la actriz Eliane Umuhire (que debutó en su papel en Things of the Aimless Wanderer), es una joven ruandesa que trata de huir de los ataques. Con ayuda de Anna, que trabajaba con su padre, consigue huir en las jaulas de los buitres muertos que la ornitóloga se lleva para continuar con su investigación.

Pero esto es solo el principio del largometraje. La propia directora, Joanna Kos-Krauze, que estuvo presente en la proyección, fue muy clara cuando le preguntamos sobre la temática de la película: “No quisimos reconstruir el homicidio y el sufrimiento por el que pasó Ruanda. No nos parecía ético representar el horror en la pantalla”. Por ello la película se centra en lo que ocurre después. Si hay algo que llama la atención en Los pájaros cantan en Kigali es la nueva perspectiva que nos muestra a las personas que vivieron el conflicto, sobre todo a nivel psicológico.

La trama nos cuenta que Claudine consigue llegar a Polonia, pero será alojada en un centro de refugiados y vivirá rodeada de un mundo que desconoce. Sin dejar atrás los traumáticos recuerdos y sin olvidar a sus familiares que no pudieron huir, Claudine tratará de continuar con su vida. Paralelamente Anna vuelve a su Polonia natal, pero su cabeza sigue en Ruanda. Aunque el público no lo ve directamente en la pantalla, sí que se intuye en la mirada de la co-protagonista cómo las escenas vividas vuelven una y otra vez a su cabeza.

Poco después Claudine consigue el estatus de refugiada y Anna opta por acogerla. Con la proximidad los recuerdos están más vivos que nunca y a pesar de que son las únicas que pueden comprenderse mutuamente la convivencia se vuelve insoportable. Cuando parece que la situación no se puede resolver, Claudine recibe noticias de la única familiar que ha sobrevivido al conflicto: su prima Marie-Christine. A partir de ese momento la protagonista se plantea volver a Ruanda y enfrentarse definitivamente a sus fantasmas. Pero no irá sola. Allí las protagonistas buscarán respuestas cuando el resto de los ruandeses tratan de pasar página y cerrar las heridas de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en 1994.

La virtud de esta película es que permite al espectador acompañar a Claudine y a Anna a través de su particular viaje por la ansiedad y el trastorno. Los cortes repentinos, los desenfoques y las eternas imágenes de insectos, vísceras y buitres nos recuerdan el horror de forma sutil. La película, con largos planos y ritmo lento puede dar la sensación de alargarse más de lo debido. Pero esto se debe, en palabras de la directora, “a que los planos largos y desenfocados tienen el objetivo de reproducir la visión de una persona que está en estado post-traumático. Una persona en esa situación no tiene una imagen clara del mundo que la rodea, por eso la narrativa de la película da la sensación de estar rota”.

En cierto modo se agradece que la película no se centre solo en la pesadilla que estalló en 1994 y que podamos conocer cuáles son las consecuencias personales de un conflicto que conmocionó al mundo. Gracias a este largometraje podemos acercarnos y tratar de comprender cómo se vive con el dolor cuando el mundo se ha roto.

Beauty and the dogs: un Túnez posrevolucionario y traumático a examen en la SEMINCI

El pasado fin de semana se presentó en la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) la película Aala Kaf Ifrit (Beauty and the Dogs / La belle et la meute) que participa en la sección Punto de Encuentro del festival. Dirigida por la directora tunecina Kaouther Ben Hania, que se estrenó en 2014 con su trabajo Challat of Tunis, y siguió su trabajo en 2016 con Zaineb Hates the Snow, la película es una coproducción en la que han participado varios países como Túnez, Francia, Suecia, Noruega o Líbano. Participó en el festival de Cannes donde tuvo una gran acogida entre el público y además recibió el premio Un Certain Regard de la Sección Oficial.

Este drama nos traslada a una noche cualquiera en el Túnez post revolucionario. Mariam (Mariam al Ferjani) es una joven universitaria de 21 años que ha organizado una fiesta para estudiantes en la que disfruta y baila junto con su amiga Najla hasta que su mirada se cruza con la de un joven enigmático llamado Youssef (Ghanem Zrelli). A partir de ese momento la protagonista va a tener que hacer frente a una situación en la que se ve envuelta de forma involuntaria y de la que no conseguirá olvidarse.

Dividida en nueve actos, Aala Kaf Ifrit nos introduce en una laberíntica noche en la que la protagonista deberá tomar diferentes decisiones. Si al final del primer acto vemos a una sonriente Mariam saliendo de la fiesta con su nuevo acompañante, en el segundo acto la vemos corriendo y gritando en medio de la calle, desorientada y con el maquillaje corrido después de una situación que la ha dejado en shock: ha sido violada por dos policías. Mariam deberá enfrentarse a la indiferencia de una sociedad que aún se recupera de la Revolución de los Jazmines, a las miradas reprobatorias de las otras mujeres, a la incapacidad de reacción de las personas que la rodean o a la burla y el sarcasmo de la propia policía. Acompañada por Youssef, que la guía y en ocasiones la persuade para tomar decisiones, Mariam intenta obtener un certificado que demuestre que ha sido violada y poder denunciarlo. Pero la burocracia y el orden se imponen a la empatía y a la solidaridad: para poder ser examinada, debe poner primero la denuncia en la misma comisaría, con todo lo que ello conlleva para la protagonista.

Cada acto se convierte así en una montaña rusa donde perdemos y recuperamos la esperanza continuamente y asistimos a la lucha constante de Mariam para hacer valer sus derechos y su dignidad. Pero, ¿a dónde vas cuando a aquellos a los que pides ayuda son los mismos que te han llevado a esa situación? La joven tunecina intentará defenderse y luchar en un sistema en patriarcal en el que los hombres tienen la última palabra y donde cada avance parece un retroceso. A través de 95 minutos, el público se pone en el lugar de Mariam y logra entender, aunque sea en parte, lo que supone luchar contra viento y marea después de haber sufrido una violación y que nadie te crea. Una lucha en la que, a pesar de la compañía, viaja completamente sola por las cloacas de un mundo que ha decidido ponerla a ella al borde del abismo y al resto de las mujeres en un segundo plano.

La división en nueve actos sorprende e inquieta. La fuerza de los guiones es un punto a favor que logra que el espectador no quite la vista ni un segundo de la pantalla. Los planos cortos y rápidos, que hunden en la confusión y la desesperación, hacen el resto. El papel que realiza la actriz Mariam al Ferjani eclipsa todo lo demás y a través de sus ojos podemos llegar a comprender el horror por el que ha pasado. Un horror que la llevará a tomar sus propias decisiones y luchar por recuperar su dignidad en un mundo hecho a la medida de los hombres.

Salym Fayad: “En Colombia se están creando espacios para la reconciliación a través del arte”

Cine Tonala, Bogota.

Wiriko este año ha contribuido a promocionar la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA) como medio oficial. Un encuentro bianual que se hace cada vez más importante en el país y que cuenta con un elenco de profesionales concienciados en que a través del arte y la cultura se pueden abrir brechas a partir de las cuales mostrar otras realidades y formas de compartir experiencias de éxito en esta tarea de crear un mundo más justo. Uno de los cofundadores de la MUICA es Salym Fayad, fotógrafo, realizador y periodista independiente colombiano que desde 2008 vive en Johannesburgo trabajando temas tan diversos como la promoción musical, el intercambio cultural o reportajes que cubren desde la cultura pop hasta lo más tradicional, e incluso los derechos humanos. La idea del MUICA surgió de hecho en Sudáfrica en 2014 gracias al trabajo con Marcela Asensio y Ángela Ramírez realizadoras cinematográficas, también colombianas con las que crearon la fundación Otro Sur. En 2015 se celebraría en Colombia la I MUICA. Y hace algunas semanas finalizaba esta segunda entrega de un evento fundamental.

Salym, este puente entre Sudáfrica y Colombia ¿a qué se debe? ¿Hay similitudes entre estos dos países?

Hay muchas. Primero desde el lado humano: calidez, sociedades abiertas, orientan a los extraños, ayudan al recién llegado. Es algo que he percibido en mis viajes tanto en América Latina como en África. Por otro lado, hay similitudes de tipo histórico y social. Algunas naciones en África vienen de pasados o presentes traumáticos como el que vivimos en Colombia en el que hemos pasado 52 años en guerra y, hasta ahora, estamos intentando salir o, mejor dicho, iniciar un nuevo ciclo histórico, social y político. Hay naciones africanas que están pasando por el mismo proceso como por ejemplo Sudáfrica que también salió de un proceso traumático después de pasar 50 años de apartheid. Y aunque han pasado más de 20 años hay enormes similitudes y enormes cicatrices en este país que también se relacionan con Colombia y que se reflejan en temas como la desigualdad, la criminalidad e incluso la corrupción. Desde luego el tema racial también es otra similitud.

Salym Fayad presentando una proyeccioón de la MUICA en el Cine Tonala, en Bogota.Foto: Carlos Santos.

Cuando explicas en el contexto de Johannesburgo que eres colombiano ¿qué imagen tienen de tu país?

Por lo general ninguna. Al igual que si en Colombia hablo de Guinea Bissau o Togo. Mucha gente cree que Colombia queda en América del Norte, muchos la confunden con Cuba, incluso. Y cuando se tienen referencias los clichés apuntan hacia Shakira o Pablo Escobar. De hecho, la serie de Netflix ha contribuido a popularizar un imaginario sobre mi país un poco glamurizado o romantizado de uno de los períodos más nefastos de nuestra historia reciente. Una etapa de la que todavía no nos hemos recuperado o digerido como sociedad. Brasil, por ejemplo, tiene una conexión más fuerte con los países africanos a nivel comercial y diplomático.

Y de forma inversa, ¿cuál es la imagen que llega a Colombia de África y de Sudáfrica en particular?

Pues llegan los mismo estereotipos de siempre que se acentúan por la falta de información. Salvo la ocasional nota sobre Boko Haram, el espacio que los medios colombianos dedican a África es mínimo y la información que llega desde el terreno es prácticamente nula y la voz de los autores, reporteros o artistas africanos es inexistente. En Colombia ha surgido en los últimos años una tendencia a reivindicar nuestras raíces africanas. Es una reivindicación necesaria, pero que llega tarde, aunque afortunadamente ya está sobre la mesa. Y lo hace en el marco del decenio de la afrodescendencia declarado por Naciones Unidas y en el contexto de los acuerdos de paz y de post conflicto por los que atraviesa el país. En estos, se hace énfasis en el reconocimiento a las víctimas del conflicto armado, miles de las cuales son afrodescendientes. Y esta reivindicación se refleja en la producción musical o cinematográfica del país. Sin embargo, desde mi modo de ver, muchas veces estos acercamientos tienden a romantizar ciertos imaginarios sobre África como origen que, aunque sean positivos, también son estereotipos con frecuencia simplistas con los que se hace poco esfuerzo por reconocer realmente sus complejidades y sus múltiples dimensiones.

Sobre Sudáfrica llega información, pero también está estereotipada: Mandela, el post conflicto, la comisión de la verdad y la reconciliación, en resumen: sobre la sanación social en general. Estas visiones tienden a obviar las complejidades de las realidades sudafricanas, donde la idea de “la nación del arcoíris” es un mito, donde la desigualdad es enorme, y donde las tensiones raciales son evidentes. Ahora, el caso sudafricano es un referente muy valioso que aporta mucho a la discusión en Colombia sobre cómo asumir el postconflicto como nación. Pero creo que no se problematiza lo suficiente.

Por otra parte, personalidades sudafricanas implicadas en el proceso de reconciliación han visitado Colombia para hablar de la experiencia de su país, pero han sido en su mayoría blancos y no negros que fueron las víctimas reales durante el apartheid y quienes están en una posición más clara para hablar/nos de perdón. Entre estas personalidades se encuentran el último presidente de la era del apartheid, Frederik de Klerk que compartió el Nobel de la paz junto a Nelson Mandela. Una figura que en su país está muy lejos de ser percibido como un pacificador.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion de la 1a version de la MUICA en Cali.

Colombia atraviesa un momento político y social crucial tras el referéndum para la paz. ¿Cuál es el contexto en el que se celebró la MUICA?

Como he mencionado, Colombia estuvo inmersa en un conflicto armado durante 52 años y después de 4 años de negociaciones en la Habana (Cuba) –y después de varios intentos fallidos de varios gobiernos para llegar a algún acuerdo con las FARC, la principal guerrilla del país– a finales del año pasado se firmó un acuerdo. Este es un contexto que a nivel social tiene muchas implicaciones que se ponen sobre la mesa: el problema del narcotráfico que durante décadas ha financiado el conflicto armado y la violencia; el tema de los desplazados ya que desde hace muchos años mi país está entre los 3 primeros del mundo en términos de desplazados internos, actualmente unos 6 millones de desplazados por la violencia; el papel de las tierras; el papel de las víctimas; los asesinatos a líderes indígenas que en este año van más de 40… Habiendo dicho esto, hay una oposición, un sector que se opone a los acuerdos y que ha dividido mucho a la sociedad.

La MUICA se celebró en un contexto de mucha esperanza y donde hay también mucho movimiento desde la sociedad civil. La población está haciendo muchos esfuerzos por crear espacios de diálogos para que las víctimas se expresen y para esto se está utilizando mucho el arte:3 las canciones, la tradicional oral, pero por supuesto también el cine. El momento ha generado una corriente cultural que busca formar parte en todo este proceso de reconciliación y sanación en Colombia.

¿Entonces la MUICA intenta contribuir a este nuevo espacio de diálogo en el país con la muestra de cines africanos?

Creemos que hay un vacío cultural muy grande en cuanto a las relaciones culturales y a los conocimientos con África y sus expresiones culturales. Creemos que a través del cine podemos tener acceso a esa multiplicidad de realidades africanas que en muchos casos desconocemos en Colombia, pero que a la vez son narradas por los artistas africanos y no desde una mirada occidental. No se trata solo de conocer las dimensiones sociales y culturales sobre África, sino de conocer cuáles son los métodos o las formas narrativas que utilizan esas voces para contar su propia realidad. Pero la razón de ser de la MUICA no es solamente concentrarnos a nivel racial como decía antes, sino porque los países del llamado Sur Global compartimos muchísimas cosas a nivel social. Además, nuestro interés también es artístico porque consideramos que a través de estas narrativas podemos ampliar nuestros horizontes sobre África.

La comunidad afro en Colombia ronda los 4 millones de personas según el último censo de 2005. 12 años después ¿esa población se mantiene? ¿Ha aumentado?

A pesar de que esas son las cifras oficiales más recientes, de hace más de 10 años, hoy en día se calcula que aproximadamente la cuarta parte de la población colombiana es afrodescendiente. Su presencia se ha visibilizado en muchos casos por las razones equivocadas, como por ejemplo las altísimas cifras de desplazados por el conflicto que provienen de estas zonas. Este 25 por ciento, sin embargo, que equivaldría a unos 10 millones de personas, no se traduce en términos de representación política ni de distribución económica. Gran parte de la población afro se concentra en el departamento del Chocó, en la costa Pacífica, que es además una de las regiones más pobres y menos desarrolladas del país, y además una de las más perjudicadas por la violencia.

Proyección en el distrito de Siloe, Cali. Foto Salym Fayad.

Y eso de itinerante… ¿tiene algo que ver con la dispersión de la comunidad afro en el país?

En parte sí, pero no solo eso; sino también con desplazar el centro de poder y de la oferta cultural en el país. Es decir, de Bogotá, la capital. La MUICA se realiza también en Cali y Cartagena, dos de las ciudades que cuentan con una alta concentración de población afrodescendiente. También hemos llegado a la isla de Providencia en el Caribe. Las ciudades tienen también una rica oferta cultural, pero que en muchos casos en el país está regionalizada. Es normal que ciertos productos culturales se consuman más que otros en diferentes regiones, pero creemos que la programación de la MUICA le habla, o le puede hablar, a toda Colombia. Tanto por la propuesta estética de algunas de las cintas como por su contenido. Hemos programado películas que abordan temas que son de gran relevancia en el contexto del postconflicto en Colombia. Algo Necesario, de Judy Kibinge y Materia Gris, de Kivu Ruhorahoza, que reflexionan sobre cómo gestionar el trauma tanto a nivel individual como a nivel social en un ambiente que ha sido marcado por la violencia. También Mandela, el mito y yo, de Khalo Matabane, hace un retrato tan personal como crítico sobre el legado del icono de la reconciliación en Sudáfrica.

Pero las itinerancias de la MUICA no solo llegan a las principales salas en centros urbanos. También hemos hecho proyecciones en colegios, en barrios periféricos –algunos de ellos con mayoría de población afrodescendiente–, en parques, plazas, bibliotecas y espacios públicos. La intención ha sido un año más, la de diseminar este contenido cultural hasta donde sea posible, y que todo tipo de público se pueda relacionar con éste porque lo encuentra entretenido, porque se puede relacionar con su contexto inmediato, por su origen histórico, o por el contexto general de la realidad nacional.

Cinemateca La Tertulia-proyeccion-apertura de la 1a version de la MUICA en Cali. Foto: Salym Fayad.

¿Nos puedes contar cuál ha sido el recibimiento en las ciudades que han acogido la muestra?

El recibimiento ha sido muy positivo. La primera MUICA en 2015 nos permitió ver el interés –o curiosidad– del público por este tipo de contenido, que en Colombia nunca había sido exhibido en esta escala. Eso nos animó a ampliar el catálogo (este año hemos proyectado 20 títulos) y nuestro alcance. Hemos recibido una gran cantidad de invitaciones para replicar la muestra en otras ciudades, como Medellín, la segunda ciudad más grande del país, pero también a otras como Valledupar, Manizales o Ibagué. También en ciudades como Buenaventura o Quibdó en la región del Pacífico, urbes de mayoría afrodescendiente, en las que además hay muy poca exposición al cine que no sea de consumo masivo, y que tienen sus propios desafíos en términos logísticos, de infraestructura, de difusión y de creación de públicos.

Habéis contado con el camerunés Jean Pierre Bekolo en Bogotá. Cuéntanos cómo fue, ¿cuáles han sido las impresiones del director?

Jean Pierre Bekolo es quizás el realizador camerunés más destacado actualmente, no solo por los premios que ha recibido en el pasado en festivales como FESPACO y Cannes y por los cargos que ha ocupado en organizaciones como la World Cinema Alliance y Guild of African Filmmakers, sino porque su lenguaje cinematográfico es atrevido, experimenta con elementos narrativos poco convencionales y sus películas con frecuencia reflexionan sobre el quehacer cinematográfico a la vez que hacen un comentario social o político. En la MUICA programamos dos de sus títulos: Las Sangrientas (Les Saignantes) El Presidente (Le président); la primera es considerada la primera película de ciencia ficción del continente y la segunda es un falso documental que hace referencia al presidente de Camerún y que fue censurada en el país.

Tenerlo como invitado abrió una ventana para el intercambio cultural que estamos buscando. Para muchos de los asistentes a sus películas, como lo expresaron durante sus charlas y sesiones de preguntas después de las proyecciones, el único referente que tenían de Camerún es que su equipo de fútbol eliminó a Colombia del mundial de Italia en 1990. Y ahora tenían en frente a un artista de vanguardia hablando de afro-futurismo, poscolonialismo cultural, de las dinámicas de la representación en el cine de y fuera de África. Bekolo sostiene que se pueden plantear soluciones o transformaciones a nivel social desde el cine, que puede ser una herramienta para sanar nuestros traumas pasados, la violencia del colonialismo o de la desigualdad, que es un espacio de reflexión que incluso desde la ficción puede contribuir a la reconstrucción social. Esto es muy relevante en el contexto colombiano y así lo percibió el público y los cineastas colombianos que asistieron a sus charlas. Para él, este intercambio también fue muy enriquecedor; estar expuesto al público y a los realizadores afrocolombianos, escuchar sus inquietudes sobre cómo narrar historias sobre sí mismos y cómo se perciben en el panorama general del país. De hecho, expresó su interés en trabajar en un proyecto cinematográfico propio en la región del Pacífico colombiano.

JP Bekolo durante el MUICA, Bogotá, Colombia. Foto: Salym Fayad.

Tu experiencia de trabajo en África te ha permitido entrar en contacto con cineastas y trabajadores de la industria cinematográfica. ¿Cómo ves el sector después de que seamos conscientes de la cada vez más acuciante dinámica de nuevos festivales de cine en el continente?

Muchos de los cineastas y programadores con los que he conversado coinciden en que el sector se está fortaleciendo en el continente, tanto a nivel de producción como de exposición. Cada vez más se están desafiando las categorías de los géneros cinematográficos, y la tecnología misma está abriendo la oportunidad para que realizadores emergentes o independientes puedan producir piezas de gran calidad técnica sin depender de enormes presupuestos o equipos de producción. También hay festivales establecidos que son una plataforma fundamental para que los realizadores exhiban su trabajo en el continente: FESPACO (Burkina Faso), el festival de Durban (Sudáfrica), el de Zanzíbar (Tanzania), el de Cartago (Túnez), el del Luxor (Egipto), por nombrar algunos. Sin embargo, hay problemas de base que son conversación habitual entre los miembros del sector: existe una enorme escasez de salas de proyección en muchos países, y aún existe una gran dependencia de la financiación europea para la gestión de festivales de cine y para la realización cinematográfica en África. También para la difusión y distribución de las películas. Esta dependencia en muchos casos compromete la creatividad de los realizadores que, en ocasiones, deben moldear sus propuestas iniciales para satisfacer las exigencias de las organizaciones que financian sus proyectos. Esta dependencia a veces se traduce también en la cesión de los derechos de difusión y proyección a las organizaciones europeas, de manera que algunos realizadores pierden también el control sobre la difusión de sus propias obras.

¿Es verdad eso de que Sudáfrica es punto y aparte a nivel de cine?

Aunque la industria cinematográfica en Sudáfrica también se enfrenta a enormes desafíos, es cierto que el país tiene instituciones más fuertes para el apoyo a los proyectos culturales. Por esto mismo los realizadores tienen un poco más de independencia en la ejecución de sus proyectos. Sudáfrica tiene además su propia red de festivales internacionales que van desde los de Durban y Johannesburgo hasta el festival de documental Encounters, Tri-Continental y el Out in Africa Gay and Lesbian Film Festival, entre otros. Hay que tener en cuenta también que Sudáfrica está mejor equipada que otros países en términos técnicos, y que además la libertad de expresión en el país es más amplia que en otras naciones, lo que permite también a los realizadores abordar temas sociales y políticos con mayor libertad creativa.

¿Qué otras industrias/países recomiendas seguir de cerca?

La industria en Kenia se está fortaleciendo y hay realizadoras como las que hemos programado este año Judy Kibinge o Wanuri Kahiu (directora del corto de ciencia ficción Pumzi, 2009), así como el colectivo The Nest (Stories of Our Lives, 2014) que están haciendo desde la ficción un trabajo muy interesante sobre temas sociales, ambientales y de género, éste último desafiando las represivas leyes contra la comunidad LGBTI en el país. La producción cinematográfica en Burkina Faso tiene quizá menos alcance a nivel internacional, pero brilla por su calidad en cada edición del festival FESPACO, en la capital Uagadugú, la plataforma idónea para que los realizadores locales exhiban sus producciones ante el público y los programadores internacionales. También vale la pena prestar atención a las iniciativas que promueven las producciones en realidad virtual, que se están fortaleciendo con particular énfasis en Kenia.

El cineasta JP Bekolo en conversación con Salym Fayad durante el transcurso del Muica 2017.

¿Y algún director/a que esté posicionado para deslumbrarnos en las salas y festivales europeos?

El maliense Daouda Coulibaly. Wúlusu primer largometraje, es un thriller que aborda el tema del tráfico de cocaína en el Sahara como no lo habíamos visto antes, exponiendo las diferentes dimensiones y actores que participan en este comercio ilegal y que afecta a la seguridad, la política y las relaciones internacionales en toda la región; y que además tiene implicaciones a nivel global, incluyendo entre sus actores, desde luego, tanto a Colombia como a España.

 

La revolución de los pueblos (negros) llega a Nueva York

Película Ṣoju, del director Oluwaseun Babalola. Una coproducción entre EEUU, Botsuana, Nigeria y Sierra Leona

“Es un momento histórico y político que apremia una reflexión pausada y este festival trata de poner las comas”, nos explicaba Beatriz Leal hace unas semanas en Madrid. Leal es la programadora del Africa Film Festival (AFF) de Nueva York, esa ciudad que se le escapa a cualquiera –por inabarcable– y que la convertirá por 24ª vez, en un escaparate de los rasgos narrativos más recientes del África y su diáspora a través de documentales, películas clásicas y contemporáneas.

El AFF vuelve en mayo (del 3 al 29) para poner en marcha su celebración de un mes de cines africanos con un programa cuidadosamente seleccionado con más de 60 títulos y más de 25 países representados. Una pausa en la ciudad que nunca duerme es un reto; una urbe que se despereza cada día con excentricidad y que se multiplica entre el aturdimiento, la prisa y también con las declaraciones del presidente Trump que enfoscan un sinsentido hacia la comunidad inmigrante que reside en los Estados Unidos. Por este motivo la propuesta de AFF es acercar trabajos cinematográficos que reflejen el arte por el arte, los adelantos tecnológicos en las principales capitales africanas o la interacción urbana diaria donde las ideas de cultura, identidad y transformación guiarán el futuro.

Película Uprize!, del director sudafricano Sifiso Khanyile.

El lema de este año es “La revolución del pueblo” y sin ocultar las verdaderas intenciones de este festival llamarán a una desobediencia figurada. ¿Por qué? Pues porque la era de los combatientes por la libertad y las revoluciones sociales parece lejana, pero sus herederos son muchos en un siglo en el que el respeto por los derechos humanos y el deber cívico, la preocupación ecológica, la interconexión tecnológica y el comportamiento ético encuentran un puerto en las artes donde tanto hombres como mujeres tratan de liberarse de las preconcepciones históricas y de las restricciones económicas y sociopolíticas actuales.

Como explica Leal: “los cines africanos nacieron en la agitación de las luchas por la liberación en todo el continente, en una red de conexiones mundiales y disputas políticas. El deseo de recuperar las imágenes robadas y encontrar sus propias voces ha sido un lema para los cineastas y artistas africanos desde los años 60”. Y es cuando la cita de Frantz Fanon se hace presente: “Cada generación debe, a partir de la relativa oscuridad, descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”. De manera que desde el AFF se ofrecerán narrativas con la intención de subvertir, pero también, de sorprender a las expectativas de la audiencia.

 

Pasen y vean

El estreno en Estados Unidos de la galardonada película sudafricana Vaya, de Akin Omotoso, abrirá la 24ª edición de AFF narrando la historia de tres extraños que llegan a Johannesburgo, una ciudad que se muestra dura y emocionante desde una perspectiva inusual. Kalushi, que se presentó en el Film Africa de Londres y de la que ya hablamos y Noem my skollie demuestran la vitalidad del thriller sudafricano con dos verdaderos relatos de resiliencia y heroísmo en el apartheid de Sudáfrica, mientras que el documental Uprize! Utiliza una protesta pacífica de estudiantes violentamente reprimida. En el caso de la película Noem my skollie fue la apuesta sudafricana a la mejor película en los últimos Oscar, una clara sucesora de trabajos como Yesterday (2004) o Totsi, la ganadora en 2005.

El humor será el principal ingrediente de dos de las películas programadas: la nigeriana Green white green de Abba T. Makama, una destornillante sátira social sobre lo que significa ser nigeriano en la actualidad; y la tunecina Zizou, la nueva apuesta de Férid Boughedir, uno de los críticos y directores de cine más importantes, no solo de Túnez, sino de África, quien sentenció hace unos años que “siempre me he opuesto con vehemencia a la globalización, que es una forma real de racismo implícito que también puede detectarse en la labor de los europeos que analizan el cine negro africano”.

Desde Etiopía llega la que será una de las joyas del festival y que tendrá su estreno mundial en Nueva York. Se trata de Ewir Amora Kelabi una película basada en el viaje épico y real por el que sufrió el director Zekarias Mesfin, que a los 14 años de edad se quedó huérfano. Eritrea, Sudán Israel o Egipto son algunos de los países por los que tendrá que pasar Mesfin antes de llegar al final del camino.

Otras películas que mantendrán el lema del festival presente son el documental Footprints of Pan-Africanism que aborda las relaciones entre los intelectuales de África y su diáspora en los movimientos de liberación negra desde la década de los años 50 con el ghaniano Kwame Nkrumah en el centro del film; o el trabajo del senegalés William Mbaye, Kemtiyu, del que hablamos en Wiriko, que aportará una pieza clave en la historiografía de uno de los pioneros en descolonizar la propia historia africana más importantes que ha dado el continente y que permanecen en el olvido de forma interesada: Cheikh Anta Diop.

Con la intención de apuntalar los puentes con la diáspora “imprescindible entender qué se hace en El Caribe, por ejemplo, si se quiere estudiar a los cines africanos”, como recuerda Leal, dos largometrajes se presentan: Play the Devil, que llega desde Trinidad, y Ayiti mon Amour, una reflexión lírica sobre la vida después del terremoto de Haití.

Hay muchas más películas seleccionadas, pero para no perderos detalle, os recomendamos daros una vuelta por la propia página del festival. La fuente de píxeles de Times Square competirá durante un mes con las imágenes menos mercantilizadas y divulgadas de los cines africanos, en una ciudad, Nueva York, que se fundirá a negro-cine. A negro-vida. A negro-respuestas. A negro… ¡acción!

El Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger enciende los motores de su 14 edición

(Comunicado de prensa)

El cine volverá a unir los continentes de África y Europa gracias al Festival de Cine Africano de Tarifa – Tánger (FCAT 2017), que celebrará su edición número 14 entre el 28 de abril y el 6 de mayo en ambas ciudades: “el único evento cinematográfico celebrado en simultáneo entre África y Europa”, en palabras de la directora del festival, Mane Cisneros. Además, el FCAT es el único festival especializado en cine de África existente en el mundo hispanohablante, por lo que se convierte en una puerta de África pero también de Europa.

La programación del FCAT presenta en esta edición setenta títulos de películas procedentes de África, mundo árabe no africano y sobre temáticas africanas. Veinte de esos títulos, tanto en competición como en secciones paralelas, serán estrenos en España y uno de ellos tendrá en Tarifa su estreno mundial. El festival se inaugurará con la película ‘Felicitè’, del franco-senegalés Alain Gomis, Oso de Plata de la Berlinale 2017 y ganadora también del Etalon Yennenga de oro del FESPACO 2017, el mayor festival de cine del continente africano. El FCAT, aparte de sus habituales secciones competitivas y no competitivas, programará asimismo una retrospectiva de la obra de Gomis en esta edición. El festival también pondrá el foco sobre la cinematografía tunecina contemporánea y dedicará unas sesiones de cine etnográfico dedicadas a producciones andaluzas que abordan temas africanos.

La 14 edición del festival de Cine Africano también dedicará dos sesiones especiales a las gentes del mar y a las gentes de la campiña, respectivamente, del Campo de Gibraltar con la proyección de dos documentales. El Mercado de Tarifa acogerá la proyección del histórico ‘Almadrabas’ (Carlos Velo, 1933) dedicado a la pesca del atún en Barbate con imágenes rodadas durante la II República española. Tras su exhibición, se realizará un coloquio con almadraberos y pescadores guiado por el antropólogo de la Universidad de Sevilla, David Florido del Corral.

Por otro lado, el cine de la pedanía de Facinas será escenario de la proyección de ‘Quivir’ (Manutrillo, 2014). Una cinta que narra la historia de Germán y Driss, dos capataces corcheros, que tienen el mismo oficio a un lado y a otro del Estrecho, uno en Andalucía y otro en Marruecos. Ambos personajes comparten, además, una identidad que nace desde el vínculo vital que les une a unos frágiles bosques de alcornocales en peligro de extinción. En palabras de su director ‘Quivir’ es un trabajo sobre “un oficio, dos culturas, un mismo mundo”. Un coloquio con el director y el antropólogo de la Universidad Pablo de Olavide, Agustín Coca, junto a los maestros corcheros de la zona cerrará la cita tras la exhibición del documental.

El alcalde de Tarifa, Francisco Ruiz destacó en la presentación “el esfuerzo y compromiso del festival y la asociación Al Tarab, de los patrocinadores y el tejido social tarifeño para que el cine africano tenga arraigo en nuestra ciudad”. El primer edil ha insistido en su deseo de que  también se hable de Tarifa “a nivel cultural”, señalando que “el estrecho no es una frontera, es un puente que se desarrolla a través de la cultura”.

Del 30 de abril al 5 de mayo el FCAT también tendrá programación en Tánger con proyecciones cinematográficas y debates en la Cinémathèque de la ciudad, además de actividades paralelas como ‘El árbol de las palabras’ y proyecciones del Espacio Escuela. Para Sara Chentouf, vicecónsul del reino de Marruecos en Algeciras, este es  un encuentro “muy importante” para la cultura africana. La  representante marroquí en la presentación del FCAT 2017 ha alabado el carácter “diverso” del festival, que refleja la realidad africana en las películas que proyecta, “transmitiendo su herencia” al mundo hispanohablante. “Se trata”, según Chantouf, “de un estival que acorta distancias y juega un papel importante en la diplomacia cultural”.

El festival se inaugurará con la película ‘Felicitè’, del franco senegalés Alain Gomis, Oso de Plata de la Berlinale 2017 y ganadora también del Etalon Yennenga de oro del FESPACO 2017.

Cuatro mil alumnos de la provincia de Cádiz y Sevilla acudirán al Espacio Escuela, un programa que trabaja con los colegios y los institutos para acercar el cine y la realidad africana a los alumnos andaluces. Asimismo, dos mil alumnos del Instituto Severo Ochoa y del Colegio Ramón y Cajal de Tánger asistirán este año a proyecciones especiales en la ciudad marroquí, como también lo harán los alumnos de los colegios públicos de uno de los barrios más desfavorecidos de Tánger, Bir Chiffa, gracias a la empresa de transportes Alsa, que será la encargada de llevar a los alumnos al cine.

Consolidado gracias al apoyo de la Diputación de Cádiz, este espacio dirigido al público más joven unirá en esta edición tanto proyecciones, como tres exposiciones en las que colaboran Casa África, la Fundación Tres Culturas y la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo (AECID). En esta edición, grupos seleccionados de estudiantes participarán en ‘Aperitivos junior, unos encuentros a corta distancia  con los cineastas con el ánimo de que los escolares puedan saber de primera mano qué significa hacer cine en el continente africano creando un espacio de reflexión y crítica ameno.

El Diputado de Cultura de la Diputación Provincial de Cádiz, Salvador Puerto, ha agradecido que el festival siga creciendo “con vocación de continuidad” y se ha congratulado de que la cita cultural se siga celebrando en “el lugar que lo vio nacer”.  Para el representante provincial, “un puente no sirve si no tiene unos pilares fuertes a ambos lados”, en alusión al Ayuntamiento de Tarifa y al Consulado marroquí, “que garantizan que continúe el festival”.

Concurso Cinematográfico ‘Sé embajador de tu localidad’

La compañía de transporte marítimo FRS ha elaborado un proyecto educativo, ‘Sé embajador de tu localidad’ para alumnos de entre 9 y 14 años de escuelas marroquíes y andaluzas (Tarifa, Tánger, Tetuán y Martil) que favorece el séptimo arte como herramienta para el desarrollo personal y comunitario de la infancia y la juventud.

Este proyecto consiste, según ha explicado el director de marketing de FRS, Marcial Picó, en proponer a alumnos de colegios de ambas orillas del mediterráneo el presentar una obra cinematográfica en vídeo de 1 min. de duración en el que se muestre un lugar característico de su ciudad/pueblo para que las personas de esta o la otra orilla vengan a visitarlo. Los temas de interés estarán  centrados en valores de diversidad cultural, cooperación y solidaridad. Los mejores microfilmes seleccionados serán premiados en ambas orillas.

Puerto de Santa María y el Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños

De nuevo, el Puerto de Santa María y el Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños volverán a ser subsede del festival del sábado 29 al jueves 4 de mayo, y cuentan con proyecciones de cortometrajes, largometrajes, encuentros con los directores, cuentacuentos y concierto.

La programación del FCAT 2017 vuelve a responder a la voluntad de ‘normalizar’ las cinematografías africanas. “Entre la cultural de lo universal y la cultura universal, escojo la primera” dice el gran artista plástico y hombre de teatro senegalés Issa Samb. Este lema podría ser también el de los contenidos del festival, dirigido hacia la apertura cultural, la aceptación del otro posible solo con la condición de aceptar su propia identidad, para formar un mundo diverso y plural. La heterogeneidad cinematográfica africana en este caso dibuja las representaciones del imaginario de cada sociedad.

Más información: Aquí

El palmarés del FESPACO 2017

Palmarés Fespaco 2017

Mejor largometraje: Félicité, de Alain Gomis (Senegal)

La película senegalesa Félicité del franco-senegalés Alain Gomis ha ganado la 25ª edición del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso). Sin duda, Gomis se ha convertido en uno de los directores africanos de referencia. En 2013 se volvió a llevar el máximo galardón, el Étalon de oro de Yennenga por su película Tey (Hoy). Y además Félicité se presenta como una de las películas del 2017: el 18 de febrero, le adjudicaban en el marco de la 67ª Berlinale, el Premio del jurado.

Félicité es el cuarto largometraje del realizador de 44 años afincado en Francia, quien también dirigió L’Afrance (2002) y Andaloucia (2007).

Premio de plata: L’orage africain, de Sylvestre Amoussou (Benín)

 

Premio de bronce: A mile in my shoes, de Saïd Khallaf (Marruecos)

 

¡Mejor guión

 


Mejor documental: Kemtiyu -Cheikh Anta, de Ousmane William Mbaye (Senegal).

Si queréis conocer más sobre el último trabajo de Mbaye, no olvidéis este artículo.


Mejor serie: Tundu Wundu, de Moussa Diallo (Senegal)

 

 


Mejor cortometraje

Oro: Hymenee, de la directora Violaine Maryam (Marruecos)

Plata: The bicycle man, de Twiggy Matiwana (Sudáfrica)

Bronce: Khallina Hakka Khir, de Mehdi M. Barsaoui (Túnez)

Mención especial: A place for myself, de Marie Clémentine Dusabejambo (Ruanda)

 


Mejor actriz: Nafissa Ben Chada por su papel en À la recherche du pouvoir perdu (Marruecos)

Mejor actor: Ibrahima koma por su interpretación en Wulu (Malí)

Mejor sonido: Félicité (Senegal)

Mejor escenario: La forêt du Niolo, de Adama Roamba (Burkina Faso)

Mejor musica: Le Puits, de Lofty Bouchouchi (Argelia)

Mejor imagen: Zin’naariya, de Rahmatou Keita (Níger)

Y… el mejor póster ha sido para The Lucky Specials

 

 

FESPACO: La fiesta de los cines africanos

Foto: u p p e r l a b

“Dios no es un terrorista”. A ritmo de reggae unas declaraciones como esta provocan menos irritación. El marfileño Alpha Blondy electrificó a los 5.000 asistentes que presenciaban el acto de inauguración del FESPACO, el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (Burkina Faso) mientras coreaban al unísono “rocking time in Uagadugú”. Blondy en varias ocasiones se había mostrado muy crítico contra el gobierno del antiguo presidente Blaise Campaoré por lo que su concierto desprendió tintes políticos y activistas. “He venido a cantarle a Sankara”, afirmó.

Costa de Marfil, es el invitado de honor de este evento que cada dos años se da cita en Uagadugú, la bautizada como capital de los cines africanos. La ciudad asfaltada de tierra rojiza y palmeras se fundirá hasta el próximo 4 de marzo entre los carteles de las películas que se proyectarán, los vendedores ambulantes, los pequeños mercados, los cines improvisados, y una gran presencia policial y militar para contrarrestar un posible ataque yihadista que hace un año dejó 33 muertos en Burkina Faso. De ahí el grito de Blondy: “Dios no es un terrorista”. En estos días, la fiesta africana del séptimo arte refresca la memoria de que en el continente se están produciendo auténticas joyas del cine y los profesionales del sector, aficionados y curiosos saben que el FESPACO es cita obligada para tomar el pulso a la ya de por sí complicada industria. Esta 25ª edición es toda una declaración de intenciones, así lo demuestra el lema: “Formación y oficio del cine y el audiovisual”.

En total, 164 películas compiten en varias secciones, incluyendo los 20 largometrajes de 15 países que optarán por el Étalon de Yennenga (Semental de oro), en su mayoría películas en francés, 4 de habla inglesa y ninguna en portugués. Cabe destacar el retorno de Níger, Camerún y Tanzania al prestigioso concurso al mismo tiempo que mencionar la gran ausente de esta edición: Nigeria. En la rueda de prensa que tuvo lugar en enero en París se comentó que los cineastas nigerianos se habían centrado en la rentabilidad de la producción a expensas de lo artístico. No obstante, la muestra que desde hace algunos años ofrece el festival Nollywoodweek en París –del que Wiriko es medio oficial– continúa defendiendo que no todo lo que se hace en Nollywood es de poca calidad.

De la selección al mejor largometraje, el país anfitrión será el mejor representado con la apuesta de tres películas de jóvenes realizadores: La Forêt du Niolo, de Adama Roamba; Thom, de Tahirou Tasséré Ouedraogo y Frontières, de Appolline Woye Traoré; trabajos que caminan entre las explotaciones mineras ilegales, el sufrimiento de vivir en las grandes ciudades o el comercio fronterizo, respectivamente. Costa de Marfil presenta la intriga política con Innocent malgré tout, de Kouamé Jean de Dieu y Kouamé Mathurin, y L’Interprète, de Olivier Melche Koné. Dos países del Magreb participan también: Marruecos, con A Mile in My Shoes, de Saïd Khallaf y A la recherche du pouvoir perdu, de Mohammed Ahe Bensougat; Túnez con Lilia une fille tunisienne, del veterano Mohamed Zran.

Y dos apuestas que pueden ganar alguno de los premios principales: uno, el trabajo del franco-senegalés Alain Gomis, quien presenta Félicité, película que hace unos días conseguía el premio del jurado en la Berlinale, un drama en ubicado en Kinshasa, la capital de la RDC; y dos, la intencionalidad del franco-maliense Daouda Coulibaly al arriesgarse con Wulu, un trabajo sobre drogas y gángsters en Malí, una historia delicada y arriesgada que sitúa en el debate la financiación de los terroristas que operan en la franja saheliana a partir de la cocaína.


Más información en la página del FESPACO

O en los canales de Wiriko donde os estaremos informando de los premios durante este fin de semana.

Cine, archivos y África: Industry Forum del Film Africa 2016

Foto modificada a partir de una original de Black History Album.

Foto modificada a partir de una original de Black History Album.

La diferencia entre ir al cine y asistir a un festival de cine es la oportunidad de intercambio que un festival te ofrece con otras gentes de la industria. El Film Africa de Londres desde su cofundación en 2011 por la académica de referencia en estudios de festivales de cine africano, Lindiwe Dovey (ubicada en SOAS, University of London), y la cantautora Namvula Rennie, de la mano de la Royal African Society, actual organizadora del festival, intentó sacar el mayor partido del espacio de intercambio que genera un encuentro como este. El Film Africa no solo invita a directores de cine procedentes de distintos países africanos, o de la diáspora, sino que insiste en las distintas fases requeridas en la cadena de producción de una película, donde participan también productores y distribuidores, entre tantos otros roles requeridos para el largo proceso de realización de una película. Esta reflexión, este encuentro entre realizadores, productores, distribuidores y cinéfilos, se materializó desde un principio en la sección Industry Forum, (literalmente, foro sobre la industria) en un contexto especialmente complicado, dado que si bien la existencia de cines es harto conocida, la de industrias cinematográficas es más cuestionada.

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Sheila Ruiz, Gestora de la Royal African Society, entidad organizadora de Film Africa. (Foto: Estrella Sendra).

Uno de los principales problemas de los cines de África es la distribución. La ausencia histórica de la exhibición de estos en salas comerciales ha dado lugar a una asociación al cine independiente, el cual, en todas partes del mundo, se enfrenta a serios problemas de distribución y por tanto, exhibición. Hasta entonces, el Film Africa había dedicado su Industry Forum a la distribución, presentando plataformas VOD (video on demand o vídeo bajo demanda), en las que poder ver algunas de estas películas. En definitiva, la pregunta que todos nos hacemos es la siguiente: ¿Dónde ver estas películas fuera del circuito de festivales? E incluso, ¿qué pasa con estas películas una vez salen del circuito de festivales? Por eso la motivación de esta sexta edición ha versado sobre los archivos de cine africano.

Celebrado en el British Film Institute, en Southbank, como parte de la programación de African Odysseys, el pasado lunes, el encuentro se centró en la necesidad de trabajar en el archivo de las cinematografías africanas con el fin de lograr un mayor acceso y propiciar la familiarización para usos académicos, culturales y de investigación. Si bien este evento no destacó por la presencia de ponentes invitados procedentes del continente (africano), como apuntaba la propia gestora de la Royal African Society, Sheila Ruiz, sí supuso un momento de reflexión clave en esta “conversación continua desde la diáspora hacia el continente”. El foro comenzó con una breve pero crítica introducción que ponía en cuestión las dificultades en los archivos de cine, con problemas no solo físicos, sino de propiedad, históricos y sobre todo, epistemológicos y culturales, como señalaba el Doctor Paul Gerhard, director de educación del BFI y director y gestor de los Archivos por la creatividad: “La cuestión es cómo lidiar con archivos fílmicos en relación con el uso que se le da a las bibliotecas”. En un mundo donde prima la palabra impresa, desde hace ya cinco siglos de la invención de la imprenta de Gutenberg, “no hay ningún requisito legal de almacenamiento de películas como parte de nuestro bagaje de conocimientos”, señalaba Gerhard. El desafío del proyecto de archivo llevado a cabo desde el BFI radica pues en “cómo generar interés entre los más jóvenes para que entiendan que el cine es parte de su bagaje de conocimientos”.

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Tras esta introducción, la primera parte del encuentro se centró en hacer una revisión histórica del colonialismo británico en las distintas colonias de África, proporcionando una mirada crítica de la denigración a la que el régimen británico sometió a sus colonias. Como apuntaba la socióloga e investigadora de artes visuales Emma Dabiri, doctoranda en Goldsmiths, esta se caracterizaba por tres pilares fundamentales, “el comercio, la cristianización y la civilización”, que mostró a través de una lectura crítica de películas coloniales realizadas entre 1920 y 1960 en Nigeria. A continuación, el Doctor Francis Gooding y su compañero, Noah Angell, presentaron películas británicas coloniales que mostraban una visión cándida del imperio británico, con imágenes pornográficas con todo tipo de detalles de heridas, enfermedades y atrocidades que justificarían donaciones y una visión compasiva entre los colonizadores.

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Emma Dabiri, Noah Angell y Dr Francis Gooding (Foto: Estrella Sendra)

La segunda parte del foro, Trazando el futuro de los archivos fílmicos africanos respondía a la falta de referencia de la primera parte a cinematografías procedentes no de colonizadores, sino de realizadores procedentes del continente, historiadores orales de sus historias. Con Imruh Bakari, director del grado de Estudios de cine en la Universidad de Winchester, como moderador, el joven director Shola Amoo, la programadora y consultora, además de directora de un archivo de cine independiente entre Brixton y Stockwell, June Givanni, y Simon McCallum, de la mediateca del BFI, los panelistas hablaron del uso de archivos de cines de África, señalando las tensiones entre acceso y reconocimiento de la propiedad de las imágenes. Esta segunda parte se centraba pues no tanto en archivos coloniales, sino en cinematografías hechas por los propios africanos, o, en el caso de la institución del BFI, en películas que destaquen la presencia negra en Gran Bretaña, en lugar de hacer una revisión al pasado colonial.

June Givanni apuntaba el interés en la creación de archivos, y en el uso de archivos para las películas, como President Dia, del senegalés, William Mbaye. June Givanni lleva 35 años construyendo su propio archivo y centro de documentación independiente en el sur de Londres, ofreciendo servicios de consultación en la programación de festivales de cine africano de todo el mundo, pero también, devolviendo a la comunidad en la que se ubica el centro y trabajando por la familiarización con el uso y la creación de archivos audiovisuales. Lo que quedó claro es que la creación y conservación de archivos en países africanos es todavía un reto, y será interesante que estos no solo se produzcan a nivel internacional, sino también, de la mano de iniciativas independientes y locales, como es el caso del impecable trabajo de archivos de todo material relacionado con la cultura urbana en Senegal, iniciativa de la joven de Dakar, Ina Thiam, fundadora del archivo de Africulturban, colectivo organizador del festival de hip-hop Festa 2H.

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Imruh Bakari y June Givanni (Foto: Estrella Sendra).

La jornada cerró con la presentación de distintos proyectos de películas de realizadores tanto del continente como de la diáspora.

Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko como medio oficial del Film Africa está ofreciendo a la audiencia en español.