¿Qué ocurre en Sudán? Sus ilustradores explican la revuelta sudanesa

Durante el represivo régimen de Omar al-Bashir, las creaciones artísticas sirvieron para exclamar lo que en Sudán solo podía expresarse en susurros. Con la caída de este dictador y los acontecimientos que le han seguido, es la prensa internacional quien apenas susurra lo que allí ocurre mientras la población sudanesa grita ahora a los cuatro vientos sus reivindicaciones y las ilustraciones que narran lo que sucede se multiplican en la red (pese a los cortes de internet perpetrados por los militares), principalmente tras el hashtag #SudanUprising. En Wiriko hacemos un repaso de los momentos decisivos que han contribuido a este levantamiento a través de las obras de algunos ilustradores sudaneses.

El clamor

No es casualidad que diez días antes de la protesta de Atbara (considerada el punto de partida de la revuelta de Sudán) el ilustrador Abu’Obayda Mohamed publicara ‘Cry of home’. A las tres décadas en el poder de al Bashir, autoproclamado presidente tras el golpe de estado de 1989, las caracteriza la plaga de opresión, violencia, empobrecimiento y corrupción que soportó la sociedad sudanesa, que por último tuvo que ver como en el presupuesto nacional de 2018 apenas se destinaban fondos para educación y sanidad porque la mayoría iba a parar a seguridad y defensa.

‘Cry of home’, Abu’Obayda Mohamed.

A mediados de año, la inflación ya superaba el 60% y la ley islámica o sharía hacía de las suyas en casos como el de Noura Hussein, condenada a muerte a sus 19 años por matar al marido con el que fue obligada a casarse siendo menor de edad y quien la violó.

Un contexto políticosocial que la artista Enas Satir ilustra en la serie ‘Kezan and why they are bad for you’, una radiografía pictórica y personal de los últimos treinta años de Sudán en los que la autora trata de desgranar con precisión los motivos que han llevado a su país a levantarse más allá de la subida del precio del pan.

La gota que colma el vaso

Al noreste de Sudán, en la ciudad de Atbara, un grupo de estudiantes de secundaria descubre atónito que el precio de su comida escolar se ha duplicado de la noche a la mañana (literalmente). Su rabia enclaustrada toma las calles el 19 de diciembre y pronto alcanza a todo el país, a quien no le cuesta identificarse con este hartazgo tras tres décadas de represión, la subida de la gasolina y la decisión del Gobierno de triplicar el precio de un producto básico como es el pan. Fue esto último lo que inspiró al artista AbdulRahman Alnazeer a crear ‘The bread loaf’, una versión adaptada de ‘La creación de Adán’, de Miguel Ángel.

‘The bread loaf’, de AbdulRahman Alnazeer.

Pese al carácter pacífico de las protestas, al menos cincuenta personas murieron a manos del régimen. Sus rostros han sido inmortalizados en las paredes de los edificios donde vivían por la artista urbana Assil Diab, más conocida como Sudalove.

Mural de Assil Diab.

Las kandakas

Casi cuatro meses después, Lana H. Haroun retrata en una de las manifestaciones a una mujer vestida con un tobe blanco (una túnica tradicional sudanesa) que, subida a un coche en medio de la multitud y sus móviles, señala al cielo con su dedo índice en tono desafiante. La potencia del momento trasciende la fotografía y se convierte en viral, y para cuando la mujer resulta ser identificada como Alaa Salah, una ingeniera y activista sudanesa de 22 años, su imagen de aquel momento ya es reconocida como el icono de la revuelta sudanesa.

Que sea una mujer quien simbolice este épico levantamiento no tiene nada de casual. Desde el inicio de las revueltas, y todavía antes desde movimientos ciudadanos de oposición al Gobierno, las sudanesas se han situado al frente. Su papel protagonista se evidencia en trabajos como el de Alaa Satir (hermana de Enas Satir), cuyas sencillas ilustraciones en fondo blanco siempre han estado orientadas al feminismo.

El empuje que las sudanesas han dado a este levantamiento les ha llevado a ser llamadas kandakas, recuperando el nombre que recibían las reinas nubias del antiguo Sudán. Un título que ya había adoptado previamente la artista Yasmin Elnour para las narrativas visuales que recoge su perfil de la red social Instagram Kandaka Khronicles, donde publica sus collages basados en la herencia de Sudán y Nubia.

Quítate tu para ponerme yo

El 11 de abril al Bashir es expulsado del poder. La caída del dictador trajo consigo una especie de euforia reprimida en cuanto los militares que lo habían destituido anunciaban que asumían el poder. La Asociación de Profesionales Sudaneses, que lidera con gran capacidad organizativa esta revuelta, reanuda entonces las manifestaciones contra la idea de permanecer dos años bajo el gobierno del llamado Consejo Militar Transitorio (CMT) y le dice al Ejército que no cesarán hasta que la promesa de abrir la puerta a civiles al Gobierno de transición sea una realidad.

Ilustración de Abu’Obayda Mohamed.

Y así ha sido. Dos meses después, a las protestas y a la sentada situada frente a la sede de la Junta Militar que atraía cada día a miles de personas, se sumaba una huelga general convocada por la Alianza por la Libertad y el Cambio (ALC), principal fuerza de oposición a la que también pertenece la Asociación de Profesionales Sudaneses. Con el apoyo mayoritario y continuado en el tiempo de la población sudanesa, la huelga logró paralizar el país.

La respuesta del ejército no se hizo esperar y cinco días más tarde, el pasado 3 de junio, los manifestantes situados ante sus puertas eran dispersados a la fuerza. El resultado: 118 personas muertas, según el Comité de Médicos sudanés, y 61 según el Ministerio de Sanidad. Y, por supuesto, ruptura de los acuerdos alcanzados en las negociaciones. A la hora de contestar, la Asociación de Profesionales Sudaneses, en cambio, ha hecho de tripas de corazón manteniendo su postura: una nueva llamada a manifestarse pacíficamente y a la desobediencia civil, que invitaba a la gente a paralizar otra vez más el país.

La esperanza etíope

En el tablero internacional Sudán no pasa desapercibido. Vecino de siete países, limita con el Cuerno de África y el Mar Rojo ostentando una posición estratégica sobre la que Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes ya se han posicionado respaldando al CMT. Y en cierto modo también lo han hecho Rusia y China, quienes se han opuesto a la declaración de la ONU para condenar la represión del Ejército. Además, a nivel interno los militares cuentan con los movimientos islamistas que confían en que con ellos se mantenga la sharía como fuente de derecho en la futura Constitución. Por su parte, la Unión Africana ha dado un paso más allá frente a la respuesta en forma de comunicados de condena de la Unión Europea y Estados Unidos, y ha anunciado la suspensión inmediata de Sudán de su organismo hasta que el poder sea transferido a un gobierno interino de carácter civil.

Y en la figura de mediador Etiopía ha dado un paso al frente y esta semana ya ha comunicado la aceptación de la CMT y la ALC para sentarse a la mesa de nuevo, después de que los militares liberaran a tres líderes opositores y anunciaran la detención de militares tras la masacre del 3 de junio. Mientras que la oposición, por su parte, y según la mediación etíope, ha desconvocado la campaña de desobediencia civil.

Más allá de la siempre apresurada y mediática etiqueta de revolución con la que suelen calificarse estos procesos de cambio, lo que siga a partir de aquí se puede acompañar también con las ilustraciones que los propios sudaneses crean tras hashtags como #SudanUprising o #SudanRevolts.

La flor del hibisco es considerada popularmente como la flor de Sudán. / Ilustración de Enas Satir.

Robyn Orlin, una irritación permanente

“Una irritación permanente”, este es el apodo que se ha ganado la sudafricana Robyn Orlin en su país por el efecto que provocan sus obras. Y es que esta bailarina y coreógrafa lleva más de treinta años transformando los límites entre la danza y el arte performativo en todas las formas posibles: televisión, cine, teatro, danza, ópera, artes plásticas y audiovisuales. Con una forma de trabajar absolutamente ecléctica, Orlin siempre tira de un denominador común: encontrar la manera de involucrar al público. Por eso, su punto de partida al comenzar un proyecto es invariablemente el entorno inmediato, que actúa como resorte para adentrarse en cuestiones como la cultura, la historia y la identidad. Cuando no está de gira, Robin vive entre Berlín y Johanesburgo, ciudad que reconoce como su fuente de inspiración y tracción creativa. Una realidad difícil y compleja la sudafricana, que siempre queda plasmada en su obra. En Madrid, Naves Matadero nos ha acercado tres propuestas para conocer su trabajo: una videoinstalación, una conferencia performativa y el estreno de ‘And so you see…‘, uno de sus últimos trabajos. Wiriko estuvo allí para conocer en persona a esta fascinante artista, menuda y cercana, que nos ha conquistado por su sensibilidad, conciencia social y sentido del humor.

Foto: Philippe Lainé

En la presentación de la videoinstalación ‘Babysitting Series‘, reconoce sentirse “como si tuviera dieciocho años, al ver por primera vez todas las piezas audiovisuales juntas en un mismo espacio”. Este proyecto comenzó hace casi veinte años cuando hacía un máster en el Instituto de arte de Chicago y consta de pequeñas piezas audiovisuales protagonizadas por los vigilantes de sala de museos como el Alte Nationalgalerie de Berlín (2002), el Museo del Louvre de París (2009) o Palais des Beaoux-Arts de Lille (2012). En ellas, Orlin propone al público una mirada inédita a los museos y sus colecciones, a los espacios y a las personas que allí trabajan.

Orlin nos explica cómo surgió la idea: “En el Instituto de arte de Chicago, los estudiantes y los vigilantes eran invitados a visitar las nuevas exposiciones la víspera de la inauguración. Era una forma de descubrir los entresijos del museo. Me hice amiga de un vigilante, un afroamericano muy grande, originario de los suburbios del sur de la ciudad. Tomamos por costumbre visitar juntos las exposiciones. Era muy interesante escuchar su punto de vista. Comencé a darme cuenta de la importancia  que los vigilantes de sala tienen en la vida cotidiana del museo. Era un momento en el que los estudiantes hablábamos mucho de romper con el elitismo y de hacer el arte accesible a más personas. Después volví a Sudáfrica, donde era cada vez más difícil para mí encontrar lugares donde mostrar mi trabajo. Me vi obligada a imaginar otras soluciones fuera de los teatros. Entonces descubrí que era posible intervenir en los museos.”

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Para elaborar las dramaturgias, Robin parte de los testimonios de los vigilantes de sala sobre su trabajo, sus talentos, sus proyectos, sus deseos y sus relaciones con las obras y con los visitantes. “Lo que busco es la humanidad de los vigilantes. Primero trato de conocer a la persona, hablar sobre el proyecto y de cómo se sienten cuidando del arte. Es un trabajo sutil y delicado, ya que ellos no son intérpretes, pero quieren trabajar conmigo. Es un proceso largo de creación en conjunto sobre su persona. Rodamos de noche en los museos con el equipo mínimo, dos focos y una videocámara. Cuando trabajo con un vigilante siempre le pregunto cuál es su pieza de arte favorita y, a partir de ahí, las salas vacías y oscuras favorecen la fantasía, la memoria y la expresión. Reconozco que para mí es más satisfactorio el proceso que el resultado final.”

La inquietud creativa de Orlin la empuja a acercarse a los demás con curiosidad: “Me interesa trabajar sobre los intérpretes o bailarines, en quiénes son ellos en realidad. Me fascinan las transiciones, los espacios en medio. Esta es la motivación de ‘One hour with Robin’, una serie de conferencias performativas que ya se ha llevado a cabo en lugares  como la filarmónica de París o la Gaîte Lyrique, también en la capital francesa. En ellas los asistentes se ven involucrados en el proceso creativo, convirtiéndose en los actores de una película que ella misma rueda en el momento. Durante los sesenta minutos que duró esta experiencia en Madrid, la coreógrafa, con la ayuda de unos simples rollos de papel higiénico y su singular humor y tono personal, consiguió la entusiasta respuesta del público, que inevitablemente dejó allí una pizca de su identidad, su memoria y, al fin y al cabo, su vida.

Por último, el estreno en España de ‘And so you see…our honorable blue sky and ever enduring sun… can only be consumed slice by slice‘: una obra resultado del estado anímico de Orlin ante la situación del mundo en la actualidad. Ella misma se define como un “deshecho nervioso” y reconoce la profunda depresión que la empujó a crear esta obra. “Pienso en esta pieza como un réquiem para la humanidad, hecho por mí para un actor de la próxima generación de sudafricanos… Lleno de nociones positivas e inquisitivas… Tratando de vivir con la destrucción que seguimos creando. Y que continúe sirviendo para las próximas generaciones, preguntándose si es posible, como sudafricanos, colonizar Mozart y al mismo tiempo usar lo cotidiano como un vehículo…”.

El protagonista de este solo es Albert Ibokwe Khoza, actor, cantante, bailarín y coreógrafo sudafricano. Transgresor desde sus principios, se negó a leer libros sobre danza, en los que se imponían ideas eurocentristas sobre lo que debía y no debía ser la danza, y decidió inspirarse en la metodología de bailarines africanos como Robyn Orlin, Athena Mazarakis, Mandla Mbothwe, Gregory Maqhoma, Gerard Bester y Nhalanhla Mahlangu. Albert siente que el teatro, la danza y el arte en general son  armas que recuerdan, golpean, infligen, conciencian y crean cambios.

Durante el largo proceso creativo de ‘And so you see…’, llevado a cabo por ambos a dúo, explica Orlin: “Estábamos en aquel momento  muy afectados por una serie de violaciones correctivas contra mujeres lesbianas negras ocurridas en Sudáfrica. Surgía de forma repetitiva la idea de los siete pecados capitales, aunque ninguno de los dos somos cristianos. Afortunadamente, Khoza pertenece a una nueva generación sudafricana que para mí representa la esperanza. Entienden lo que es el apartheid y quieren ir más allá”.

A través de este trío de propuestas, Robin Orlin nos ha mostrado los dos polos de sus múltiples caras. Por un lado crítica y provocadora hasta el incendio. Por el otro, sensible, divertida y esperanzadora. Esta breve mujer ha sabido transportarnos a su mundo onírico que, sin embargo, está en contacto directo con la realidad.

Sethembile Msezane: una estatua de carne y hueso para los invisibles

Si las ciudades hablaran, ¿qué voces se oirían? O, mejor dicho, ¿cuáles no? Sethembile Msezane comenzó por fijarse en los monumentos conmemorativos de Ciudad del Cabo, donde reside, y comprobó que todo era monocromo en esta urbe de la llamada ‘nación del arco iris’. Como resultado la artista sudafricana ha basado su obra en una serie de performances que cuestionan las narraciones visuales que se exhiben en los espacios públicos y dan visibilidad a las identidades que no tienen cabida en la representación materializada de la historia. Su trabajo ha sido expuesto por primera vez en el festival internacional LagosPhoto que se clausura hoy y en Wiriko hablamos con ella.

“Los marcadores en el paisaje son un indicador y una representación visual de la historia de un lugar o de su gente. Estos marcadores aparecen en forma de monumentos, estatuas, placas, arquitectura y demás. En algunos casos, estos monumentos, estatuas, etcétera, no representan la historia y no muestran la existencia de todos los grupos sociales, lo que dificulta la representación de determinadas identidades colectivas borrándolas como realidad. Esto daña a cualquier nación en sus perspectivas de construirse como tal”, explica Sethembile Msezane.

Para muestra, una de sus piezas más populares: ‘Chapungu. El Día que Rhodes cayó’. Era 9 de abril de 2015 y la Universidad del Ciudad del Cabo llevaba un mes en estado de tensión entre partidarios y detractores del derribo de la estatua de Cecil Rhodes que se alzaba en el campus, después de que un estudiante cuestionara este enaltecimiento a la figura del colonizador británico al manchar la escultura con excrementos. Ese caluroso día, según recuerda Msezane, se anunció finalmente la extracción del monumento.

Ella llevaba días soñando con un pájaro y quiso evocarlo. Así dio forma a Chapungu, un ave procedente de Zimbabue representada en una piedra tallada de alto valor espiritual que fue saqueada a finales del siglo XIX y que todavía se encuentra en la casa de Rhodes en Ciudad del Cabo. Ataviada con unas alas compuestas por cabellos, una malla negra y subida a unos tacones de aguja con su rostro cubierto por un velo de cuentas, Sethembile Msezane estuvo durante cuatro horas sobre un pedestal de espaldas a la estatua de Rodhes y expandió las alas de Chapungu en el momento justo en el que la grúa arrancó el monumento.

‘Chapungu. El Día que Rhodes cayó’. Sethembile Msezane (2015).

Esta obra recoge dos elementos característicos de las creaciones de esta artista nacida en la provincia de Kwazulu-Natal y criada en Soweto: su proceso creativo y su composición. “Mi trabajo está fuertemente influenciado por mis sueños e intuiciones. Muchas veces investigo estas visiones para descifrar a qué o hacia dónde el trabajo me está llevando”, apunta la joven sudafricana y añade que el uso recurrente del pelo y del velo en sus narraciones visuales constituyen una reminiscencia cultural. En el caso del cabello vinculado a cómo “ha sido reutilizado por hombres y mujeres como una forma de adorno. También lleva consigo el bagaje de las políticas raciales que tratan sobre cuestiones relacionadas con los estándares de belleza”; y en cuanto al velo, este además plantea una disyuntiva entre lo tangible y lo intangible.

“El velo separa mi identidad de la del espíritu de una persona que incorporo a mi cuerpo en ese momento. Al mismo tiempo el velo es una parte de mi identidad cultural y, en cierto modo, esto me permite no perderme a mí misma en los momentos en que mi cuerpo está siendo usado como vehículo que articula las narrativas del espíritu. Yo soy ambas, yo misma y esa otra parte”.

‘Chapungu. La vuelta al Gran Zimbabue’, Sethembile Msezane (2015).

Y si bien la historia enjaulada del rapto de Chapungu oculta tras la figura de Rhodes, es la más conocida de todas las performances de esta artista visual no es, sin embargo, a la que le ha dado más visibilidad. De todas las identidades ignoradas que no han sido representadas en los espacios públicos, Msezane pone el foco en el colectivo de las mujeres.

“He notado que hay muchas menos representaciones de las mujeres en las ciudades. Si hay alguna, muestran a mujeres en relación con sus compañeros masculinos. Por lo general, como mujeres que absorben su identidad en la idea de apoyo, grupo familiar etcétera, etcétera, pero no como mujeres con su autonomía o historia”, señala y te deja repasando mentalmente las estatuas de tu ciudad.

La nueva era de los videojuegos africanos

Las artes gráficas llevan ya varios años dando mucho de qué hablar en el continente africano. Y es que el arte digital permite la innovación hasta límites insospechados en todos los ámbitos de nuestra vida, así como la combinación de diferentes disciplinas. Su flexibilidad ha permitido aplicarlo a casi a todas las artes visuales, como la realidad virtual o el Net.art, pero también a otras creaciones como los videojuegos.  Sí, los juegos también forman parte del ocio de los jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho del continente y, aunque pueda parecer un poco frívolo, también ayudan a reconstruir la imagen de África.

Hasta la pasada década la creación de juegos parecía monopolio de las empresas de los países desarrollados. Esas compañías elegían los argumentos y la imagen de los personajes pero también los escenarios donde se desenvuelven las historias que quieren contar. Algunos juegos incluso tenían como marco algún destino exótico o algún país africano. Desde los clásicos de la década de 1990, entre los que se encuentran el ‘Rey León’ o ‘Faraón’, hasta las series más conocidas como ‘Call of Duty’, ‘Assassin’s Creed’ o ‘James Bond’ han optado por recrear escenarios africanos.

No obstante, la década pasada dio un vuelco a la situación cuando en diferentes países de África comenzaron a surgir estudios y empresas dedicadas a la creación de videojuegos en los que sus protagonistas y sus héroes mantienen rasgos de las culturas africanas, utilizan la tradición y vestimentas típicas, y no sólo relatan sus propias historias si no que, además, en ocasiones incluso permite a la persona que juega enfrentarse a los problemas del día a día a los que puede enfrentarse una persona de alguno de estos países del continente. A la cabeza de este sector se encuentran Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Argelia, Marruecos o Kenia, pero en diferentes rincones esta tendencia se está consolidando. El caso más conocido es sin duda el del estudio Kiro’o Games, que vivió su propio boom con el lanzamiento del primer juego de rol creado en Camerún: ‘Aurion: the legacy of Kori-Odan’.

 

Estos videojuegos, a través argumentos y contenidos muy diversos, ayudan a ampliar y a difundir mitos, tradiciones e historias propiamente africanas, ofreciendo a nivel global juegos únicos, con narrativas producidas localmente. Pero no es sólo la diversificación de historias, sino la posibilidad de que gamers de estos países puedan sentirse de alguna forma visibilizados, al utilizar avatares de superhéroes africanos como ocurre en ‘Tales of Hassan’, lanzado en 2014.

Por otro lado, si en origen los juegos nacieron con un formato específico para ordenadores y videoconsolas para después conquistar otros dispositivos como tablets y móviles, en África la mayor parte de ellos se crean directamente para móviles ya que son más accesibles, cómodos y baratos por norma general en el continente. Algunos incluso pueden ser útiles a un nivel educativo, como el ya conocido ‘Mosquito Hood‘ que fue lanzado en Kenia ya en 2015; o el videojuego de simulación política Democracy 3 Africa’, que ofrece la posibilidad de convertir al jugador en primer ministro y empezar a administrar  cualquier país del continente. Además, para los que prefieren los juegos de acción, ‘Nairobi X’ permite defender la capital de Kenia de una invasión alienígena con un género clásico como es el ‘First Person Shooter’ (FPS).

 

Obviamente, cada vez es más complicado para los diseñadores y los estudios gráficos hacerse un hueco en el mundo de los videojuegos, donde las grandes corporaciones monopolizan el sector. Sin embargo, los juegos con sello africano se han hecho ya un hueco en el continente y nada les niega la oportunidad de llegar a más público demostrando que la creatividad y la innovación son un todo inseparable de la expresión digital en África.

Mwangi Hutter o el abrazo entre África y Occidente

En la unión está la fuerza. También en la obra de Mwangi Hutter, un dúo artístico que combina no sólo escultura, pintura, video, fotografía y performance sino también las identidades formadas por las experiencias personales y las raíces keniana y alemana de sus integrantes. Juntos dan lugar a una dualidad común, su propio concepto de multiculturalidad.

Fotografía de la performanceCloth to cover every stone’, de Mwangi Hutter.

Ingrid Mwangi nació en Nairobi. Robert Hutter en Ludwigshafen. Ella de madre alemana y padre keniano, justo al contrario que los hijos que comparte esta pareja que se conoció en 1998, cuando ambos estudiaban arte. Desde 2005 forman Mwangi Hutter, un “sólo artista”, como ellos mismos se definen en su web, una “entidad de personalidad de doble género y multicultural”, según explican a The Stranger. Como en una relación sana, su arte está formado tanto por los individuos que la componen como por el vínculo que los une, dando paso a unas creaciones que, mediante la interrelación, les sirven de técnica de autoconocimiento.

Para ello suelen recurrir al desnudo, físico y emocional. Descubren sus miedos y esperanzas personales para afrontarlas juntos a través de las artes visuales. Así lo muestran en su última exhibición Innocent of Black and White’, presente en el espacio de arte Kunstverein Ludwigshafen hasta el 15 de abril, en la que reúnen una selección de su obra (como es habitual en las exposiciones de este sello artístico) para reflexionar sobre las cambiantes realidades sociales y el modo en el que las experimentan.  Todo ello a través de diferentes técnicas: “El vídeo ofrece la oportunidad de repensar y reevaluar los fragmentos de ‘realidad’ que se han grabado, así como la posibilidad de crear un mundo que funcione de manera diferente, por ejemplo, con respecto al paso del tiempo. Un trabajo fotográfico tiene la cualidad de congelar el momento y permitir que la historia se desarrolle a partir de un solo cuadro o una combinación de varias imágenes. La instalación nos brinda la oportunidad de combinar vehículos de significado y sumergir al espectador en diferentes impresiones sensoriales dentro del espacio que los contiene, por ejemplo, vídeo, sonido, texto escrito y objetos. En general, es emocionante no tener que limitarse a usar diferentes medios, sino tener toda una gama de medios para trabajar”, declaran Mwangi Hutter a Studio International.

Traces‘. Fotografía de Mwangi Hutter

Arise‘. Fotografía de Mwangi Hutter

Definitivamente, esta dualidad artística ve en los límites un reto. “Estamos discutiendo las barreras, los conceptos, los constructos que crean nuestra identidad. Estamos sugiriendo que la idea de diferentes géneros y antecedentes personales puede superarse completamente dentro de esta unidad. Estamos trabajando como un solo cuerpo, un organismo”, explican a la Asociación Cultural Vídeo Brasil. Una búsqueda de la identidad que se retrata en ‘Nothing solid’, un vídeo en el que se representa el peinado como una encarnación del tiempo, la memoria y la experiencia. En él la propietaria del cabello, su hija, se deshace de sus rastas que, sin embargo, no desaparecen sino que quedan en el aire, atadas a unos globos.

En tanto que exploradores de lo propio, Mwangi Hutter recurre continuamente a los cuerpos. Ellos son sus lienzos sobre los que profundizar para hallar esa esencia individual de cada uno, tal y como se manifiesta claramente en la exposición Living in your heart, de la Galería Burster (Berlín), en la que partir de su caja de resonancia creada con fotografías, vídeos y pinturas hacen visible el rastro en el individuo de las experiencias vividas.La introducción, nudo y desenlace de su historia, es lo que ellos llaman la huella dactilar y definen textualmente de este modo: “Huella dactilar para huella digital dejamos nuestras huellas como un símbolo de nuestro mapa interior. seguir esto un día nos conducirá a nuestra propia esencia. si pudiéramos contar nuestra historia sin palabras, sonido o imágenes, lo haríamos, pero por el momento, eso es imposible. de hecho, todavía no conocemos nuestra historia. la dibujamos en nuestras pinturas, la descubrimos en nuestros vídeos y sonidos, tomamos fotografías, para que sean visibles. solo tenemos una idea de lo que podría ser, pero sin continuar nuestro viaje, nunca hubiéramos empezado a descubrir qué descubrir”.

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Una búsqueda del desarrollo individual que Mwangi Hutter no conciben si no es en colectivo.  Es aquí donde entra con fuerza su concepto de la unidad, altamente evidenciado en la muestra ‘Falling in Love, Again’, de la Galería Mariane Ibrahim (Seattle). En ella expresan sus construcciones del yo con un abrazo en blanco y negro que parece fundir ambas mitades, ambas identidades, sin que por ello cada una deje de tener su protagonismo. Simplemente conviven. Y es belleza.

10 perfiles que deberías seguir en Instagram según periodistas a los que admiramos

Quizás a ti también te pase y haya ocasiones en las que abres la aplicación de Instagram desde tu móvil y, como si de un estado de hipnosis se tratara, pierdes la noción del tiempo. Tranquilo, no eres el único, la red social de fotografía y vídeo propiedad de Facebook ha alcanzado este año en España los 12 millones de usuarios. Pero por si eso no te tranquiliza y hace que te plantees si realmente estás haciendo una utilización indebida de tu tiempo, te traemos una propuesta para que reorientes el uso de esta aplicación a conocer las realidades de personas que están físicamente lejos. Más concretamente en el continente africano, e hilando todavía más fino, te invitamos a que conozcas la interpretación que hacen de su realidad a través de sus obras artísticas. Aunque a decir verdad no es Wiriko quien te invita en esta ocasión, sino nuestros compañeros de batalla en el empeño de mostrar un África más real. Tras hablar con algunos de ellos para que nos recomienden artistas en Instagram, te traemos los 10 perfiles de artistas visuales africanos más seguidos por periodistas a quienes admiramos.

  1. Andrew Esiebo (@andrewesiebo), por Ana Henríquez de Africaye.

Colección ‘Nigeria on mind’ de Andrew Esiebo

Este fotógrafo nigeriano inició su carrera mostrando la velocidad con la que crecía el desarrollo urbano en su país, desde donde todavía tiene su base pese a tener ya una gran trayectoria internacional con exposiciones alrededor del mundo y publicaciones en The Guardian o The New York Times. Su mirada cercana sobre temas eminentemente sociales también han llevado a Andrew Esiebo a participar en varias misiones de UNICEF. “¿Por qué? Porque no tiene ni una mala foto”, responde riéndose Ana Henríquez a la pregunta de por qué es su perfil de artes visuales africanas más seguido en Instagram. Y enseguida añade: “Me gusta su mirada, la fuerza con la que capta la realidad, el ambiente y también a las y los africanos. Las suyas son fotografías de mucho color, intensidad y significado y suele emplear ángulos originales que atrapan”.

  1. Everyday Africa (@everydayafrica), por María Rodríguez, periodista freelance en África Subsahariana, escribe también para Mundo Negro; y Nicolás Castellano, periodista de la Cadena SER y autor de varios libros sobre migración africana.

Foto de Peter Dicampo en Zimbabue publicada por Everyday Africa

Ambos periodistas señalan esta cuenta paraguas que acoge a fotógrafos que viven y trabajan en el continente. Un imprescindible para conocer una versión de África “anticlichés”, tal y como indica María Rodríguez, al tiempo que añade que “para alguien que no conozca África, un solo click en este perfil es un, digamos, ‘zasca en toda la cara’ porque no es a lo que estamos acostumbrados que nos enseñen del continente”. Coindice Castellano: “Everyday Africa demuestra que la vida cotidiana de África es maravillosa, sin necesidad de dramas, sonrisas posadas o filtros exagerados”.

  1. Fati Abubakar (@bitsofborno), por Xavier Aldekoa corresponsal en África de La Vanguardia y cofundador de la revista 5W.

Fati Abubacar retrata a esta banda de música tradicional tocando en la primera festividad musulmana sin restricciones militares de movimientos públicos en Maiduguri (Nigeria)

“Fati, una fotógrafa de Maiduguri, Nigeria, da una visión diferente de una de las zonas más castigadas por Boko Haram. Me interesa su tono y su mirada”, explica Aldekoa. La cuenta de Instagram de esta fotógrafa es una auténtica revelación. Bajo el título ‘Trozos de Borno’, en referencia al estado nigeriano donde nació el grupo terrorista, Abubakar retrata la vida cotidiana de este territorio.

  1. Kandole Reagan (@kandole_reagan) y Sparrow Uganda (@sparrow_uganda), por Ana Palacios, fotoperiodista y autora de los libros ‘Art in movement’, desarrollado en Uganda, y ‘Albino’, llevado a cabo en Tanzania.

 

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Ana Palacios hace trampa y no se puede declinar por un solo perfil de artista visual africano en la red social. Se lo permitimos. Al fin y al cabo, como ella nos cuenta, estos artistas ugandeses “luchan por su arte y por el cambio social” y eso va por delante de nuestra petición de una única cuenta. En su perfil, puede verse el último trabajo de Kandole Reagan, que consiste en esculturas elaboradas con desechos de la basura de las calles de Kampala. Sparrow Uganda, por su parte, es un artista urbano que usa el grafiti para fomentar el diálogo en Uganda.

  1. Khadija Farah (@farahkhad), por Lola Hierro de Planeta Futuro / El País.

Fotografía tomada por K.Farah en el campo de refugiados de Dadaab (Kenia)

La somalí Khadija Farah es una fotógrafa freelance que vive en Nairobi (Kenia), desde donde trabaja para grandes cabeceras como The New York Times o AP Photo, al tiempo que modera la cuenta de Instagram Dynamic Africa Photo. A Lola Hierro le gustan muchas cosas de Farah: “Me gusta mucho el tipo de fotografía que hace, tan luminosa. La luz y el color me chiflan. Y me gusta que le veo una doble visión: a veces hace fotos de un África muy tradicional y otras de un África muy vanguardista, pero en ambos casos me gusta que transmite imágenes del continente muy alejadas de los estereotipos de pobreza, guerra y hambre. Su trabajo es muy optimista. Y luego me gusta que sea mujer y que sea somalí porque con su figura y su trabajo también ayuda a que se deje de ver a la mujer africana como una pobrecita inválida y analfabeta. Khadija es una pedazo de profesional”.

  1. Michael Soi (@michaelsoistudio), por Alba Villén de EFE África.

Alba Villén vive en Nairobi, así que sabe bien de lo que habla cuando dice que Michael Soi “refleja como pocos las noches kenianas”. Y lo hace sin pelos en la lengua. Este pintor keniano se sirve de la sátira para retratar la política y la sociedad de su país para, según explica en su web, “destacar los problemas de las mujeres en África, en particular los problemas que se relacionan con la forma en que los hombres ven a las mujeres aquí y cómo las tratan”. Villén nos habla de Moi para subrayar las piezas en las que “denuncia la prostitución y el doble rasero de una sociedad que se define como conservadora pero que solo hace falta darse una vuelta en la noche keniana para saber cuánto les gusta el sexo”.

  1. Nástio Mosquito (@nastiomosquito), por Ángela Rodríguez Perea de Afribuku.

Instalación de Nástio Mosquito en la Fundación Prada.

Angoleño y polifacético, Nástio Mosquito es músico, hace performance e instalaciones pictóricas, vídeos y también fotografías. Merece la pena leer al completo la historia de la periodista por el artista: “Nunca conseguí engancharme a Instagram; aún tengo ese prejuicio viejuno y rojec que dice que el ‘Insta’ es, si cabe, más narcisista y cotilla que el ‘Face’. Y, aunque sé que cada vez más artistas tienen un perfil activo aquí, me disculpan, no tengo tiempo para vigilar tantas plataformas. Por norma general, me subscribo en la web de los creadores y recibo las novedades en mi correo profesional. A la antigua. Una vez intenté subscribirme al newsletter de uno de mis artistas preferidos, Nástio Mosquito, y me encontré con un obstáculo insalvable: en el formulario pedían nombre completo, mi email y responder a la pregunta “Tu sueño más salvaje”, a lo que mi cerebro solo conseguía contestar “un tête-á-tête con Nástio”. Pero ese encuentro ya lo tuvimos, fue una entrevista con poco tiempo y deprisa que, muy a mi pesar, no me permitió ahondar en cuestiones interesantes. Hasta hoy no he enviado mis datos, y ese bloqueo mental es la historia de por qué a veces abro Instagram, que en este caso cumple su función completa: me actualizo con noticias del angoleño, veo por qué ciudades, museos, revistas y eventos circula, y de paso aprovecho para ejercitar un poco el voyeurismo. Porque una de las marcas propias de Nástio Mosquito es su omnipresencia, el hecho de que su imagen es el punto central de su trabajo visual y performativo, y en su cuenta su personalidad desborda desde el mosaico de posts. Como en todo buen perfil, además, publica extractos de sus trabajos, también de videoclips de sus álbumes. Sí, Nástio también hace música. Polifacético, irreverente, teatral, inclasificable, “el tipo más cool del mundo del arte contemporáneo”; todo eso han dicho de él, gente que sabe mucho, y todo eso es verdad. Alguien que está a la vanguardia de la creación hoy y que no responde a ninguno de los estereotipos adheridos a los artistas africanos es, para mí, el mejor ejemplo de esa otra visión de África en las artes visuales”.

  1. Nemi Epeba (@nemiepeba), por Tania Adam de Radio Africa Magazine.

Collage de Nemi Epeba -Frida Orupabo web

Frida Orupabo es el nombre real de la artista y socióloga detrás del perfil de Nemi Epeba. Su especialidad: el collage digital. “Tengo una especial atracción por esta cuenta por su peculiaridad. Es oscura y fresca a la vez. Rescata un imaginario perdido y muestra detalles que apenas son perceptibles”, explica Tania Adam, quien confiesa: “actualmente es mi cuenta preferida, es una cuenta muy artística”.

  1. Nii kwartei Quartei (@nii_kwarteiquartey), por Lucía Asué Mbomío de Afroféminas y autora del libro ‘Las que se atrevieron’, que habla sobre la diáspora africana en España.

The Ancestor project

El escultor Nii Kwartei Quartey es el aprendiz de Naa Abina Nelson, artista principal de la obra ‘The Ancestor project’, 1.300 piezas diseñadas por Kwame Akoto-Bamfo que representan a la multitud de africanos capturados en todas las regiones de África Occidental y llevados a América. En su perfil de Instagram puede apreciarse este impresionante trabajo expuesto recientemente en Ghana.

  1. Teju Cole (@_tejucole), por Ángeles Jurado de Casa África y África no es un país / El País.

No nos sorprende que el artista visual preferido de Ángeles Jurado en esta red social sea el también escritor Teju Cole. De origen nigeriano, Cole​ es novelista, fotógrafo e historiador de arte. Su cuenta de Instagram, nos la describe Jurado como “puro minimalismo y poesía. Es enigmático. Es elegante. Es todo ojos y gafas”.

Dice Cole en su Instagram que éste le sirve para “experimentar diariamente con palabras e imágenes”

Eldorado del diseño contemporáneo está en África

África Rising, el libro co-editado por la plataforma sudafricana Design Indaba y la editorial Gestalten el pasado 2016, es un merecido homenaje al pulso de la innovación africana a través de una edición de lujo que retrata, cual néctar prensado en frío, el estado actual de un gigante creativo como es el africano. Mientras el continente más joven del planeta va fortaleciendo un suave, pero incandescente, ritmo para su incipiente industria del diseño; Occidente mira atónito hacia sus producciones contemporáneas con cierto recelo. Y es que la originalidad y el sinfín de respuestas para la resolución eficaz de problemas cotidianos que representan muchas de las creaciones contemporáneas ha situado en Ciudad del Cabo el epicentro de la serie de eventos de Design Indaba, que desde 1995 fomenta “un mundo mejor a través de la creatividad”.

Sea en estudios, pasarelas, escaparates, tiendas, talleres o despachos, un elenco de cerebros en ebullición borra diariamente las fronteras elitistas de lo “contemporáneo” para situar en África el nuevo Eldorado del diseño mundial. Huyendo de clichés y estéticas folkloristas, los artistas que actualmente lideran algunos de los procesos de creatividad más exitosos del continente se convierten en narradores de la contemporaneidad africana. Y a través de sus obras nos presentan a un África multifacética y generosa.

 

Hemos podido preguntarle a la editora jefe de Design Indaba, Katie de Klee, sobre la situación del sector creativo en el continente, sobre el libro y sobre las perspectivas de futuro para una industria que podría desarrollarse fecundamente en los próximos años:

Gemma Solés: Africa Rising es un libro inspirador que evoca una imagen innovadora del continente. ¿Por qué este título en un momento en que las narrativas sobre ese “Africa Rising”, proclamadas a bombo y platillo hace unos años, han quedado vilipendiadas por las realidades de un recesión evidente?

Katie de Klee: El libro no se refiere tanto al crecimiento del continente como a su creatividad y a la posibilidad de que el escenario creativo afecte positivamente a su economía. El emprendimiento y las startups de las industrias creativas podrían dar una nueva vuelta de tuerca a la narrativa sobre la recesión de África. Cuando los gobiernos, las grandes corporaciones y las industrias de exportación están fallando, los diseñadores y las pequeñas empresas están proporcionando empleos y habilidades (especialmente para aquellos sin educación formal). Este libro anuncia el surgimiento de una versión más auténtica de África, la versión presentada por aquellos que realmente viven, trabajan y crean allí.

G.S: En el libro podemos encontrar un buen puñado de creadores que abogan por el diseño sostenible. ¿Qué nos puede enseñar África sobre la sostenibilidad a través de sus diseños?

K.K: En contextos a menudo difíciles y de escasos recursos, el diseño africano requiere un cierto tipo de alquimia creativa que no acontece en ningún otro lugar. ¡Hay tantas lecciones que las culturas de consumo desechable en Occidente podrían aprender de los upcyclers, recicladores y reconvertidores de África! Los diseñadores en África se ocupan de necesidades reales, no sólo de deseos objetuales o de mera estética. Son “solventadores” de problemas, y en economías de rápido crecimiento y una población tan joven, la carrera para resolver esos problemas está realmente en marcha. Lo que encuentro más interesante del diseño africano es que tiene la capacidad de expandir su humanidad. Para los occidentales, las historias de diseño en África implican imaginación y empatía, pero le ayudan a entender la vida cotidiana y sus desafíos.

Los diseñadores del continente son productores extraordinarios y llenos de recursos. La escasez es un duro maestro, pero también es la madre de la invención, y si hay una cosa que capta la esencia del diseño y la creatividad en África hoy en día sería la capacidad de convertir la escasez en oportunidad.

Muchos diseñadores africanos están recuperando y reciclando desechos de las economías “desechables” del mundo más desarrollado. Aunque esto es a veces por necesidad, también hay un punto conmovedor acerca de la naturaleza de consumo de las economías del primer mundo.

G.S: Muchos diseños y creaciones de artistas africanos se exhiben en bienales y ferias de arte, exposiciones de muebles… Sin embargo, algunos se atreverían a decir que todos estos ejemplos y objetos son sólo accesibles a la burguesía africana. ¿Son estos objetos (sillas, muebles o decoración mostrados en la primera parte del libro) simplemente refinadas reproducciones de muebles perfectamente tradicionales y populares?

Ésa es una parte real del diseño africano, una cierta cantidad de objetos es inaccesible a la mayoría de la gente. Pero eso también ocurre con el diseño italiano, o de cualquier otro lado. Así que me alegro de que haya una cierta cantidad de diseño para la burguesía africana. Se trata de arte funcional y es una parte de la historia material africana, aunque la atención se filtrará sobre todo a través del diseño social y de base que es increíblemente digno y fascinante de una forma particular.

G.S: “Africa Rising” hace hincapié en la presencia del arte tanto en el espacio público como en los museos modernos que se multiplican en el continente. Pero ¿cómo pueden los artistas urbanos sobrevivir pintando murales y grafitis en las calles de las principales ciudades africanas? 

K.K: Una gran cantidad de artistas urbanos y grafiteros son capaces de cobrar por sus servicios sin estar en un museo. De la misma manera que lo hace un arquitecto o un diseñador de interiores. Los murales tienen un efecto real en las áreas donde se crean, y hay gente que paga para hacerlos posibles. También hay muchas marcas y organizaciones (particularmente ONGs de salud y sociales) que usan murales para transmitir mensajes importantes. Al igual que la sensibilización para prevenir el SIDA o transmitir pautas básicas de higiene. Por ejemplo, Faith47 (un artista urbano sudafricano) ayudó a Design Indaba a crear un impresionante mural que interpretaba visualmente nuestro proyecto Another Light Up, que instaló farolas en una zona bastante peligrosa de Ciudad del Cabo.

G.S: Los modistas africanos revolucionan el mundo de la moda, mientras marcas como Zara o Mago copian impresiones africanas, llegando mucho más fácilmente al gran público. ¿Debemos proteger los patrones tradicionales de marcas como éstas?

K.K: No siempre se trata de proteger. A veces es bueno que se respeten estas tradiciones, para que otros se inspiren en ellas y luego permitirles evolucionar. La gente en Inglaterra ya no anda en corpiños deshuesados, ni en sombreros o chalecos, pero hay ciertos elementos de estilo, tejido, forma y ocasión que siempre se llevarán a cabo y seguirán inspirando. Lo curioso del caso es que, algunos de los mejores diseños de moda africana no imprimen matices ostensiblemente “afro” en sus creaciones. Hay diseñadores increíbles en África que no utilizan impresiones africanas.

Rich Mnisi y Lukhanyo Mdingi, por ejemplo, son dos creadores de moda sudafricanos cuyo trabajo no es el típicamente “africano”, porque no ofrece las impresiones ni los materiales tradicionales que son tan reconocibles del continente – y me gusta que ambos sean diseñadores africanos que no juegan con esas expectativas. Al mismo tiempo, sin embargo, ambos están muy inspirados por su infancia y por lo tanto, su estilo es tan africano como los otros. Ambos diseñadores trabajan con fotógrafos locales con mucho talento, y usan el género y la androginia como temas. Eso me parece muy interesante, porque hay muchos países en África donde los estereotipos de género siguen siendo difíciles de cambiar.

Lukhanyo Mdingi

G.S: Cuando hablamos de diseño de ropa, una de las principales barreras para que los modistos realmente puedan exportar un volumen grande de pedidos es la falta de industrialización o el pobre rendimiento que se le saca al algodón africano. ¿Cómo se va a desarrollar esta industria en los próximos años?

K.K: La industria de la confección africana depende en gran medida de las cooperativas en este momento. Gran parte de la fabricación es a pequeña escala y hecha a mano. Hay lugares en los que esto está cambiando, por ejemplo en Etiopía, que está ampliando sus capacidades de producción en todos los sectores. Pero habrá que esperar aún, porque no estoy del todo segura de cómo este modelo se aplicará a otros lugares del continente…

G.S: Algunos expertos en desarrollo insisten en que África deberá pasar por la industrialización para conseguir mayor prosperidad. ¿Pueden la industria del diseño, la arquitectura o las artes contribuir a mejorar los índices de pobreza?

K.K: El diseño es una industria pujante en África, el continente con la población más joven del plantea. Los diseñadores de todo el continente están resolviendo problemas reales e importantes…

G.S: Otra cosa es que eso se acabe reflejando en los informes anuales de organizaciones internacionales. Pero estamos segurxs que, cuantificable o no, el diseño africano está transformando, no solo el continente, sino el panorama de la innovación internacional. 

Mamela Nyamza: la danza de una artista negra, lesbiana y madre

“Es una historia real: soy mujer, soy madre también, ¿sabes? De alguna manera, es una mujer, y madre, que es artista, que es lesbiana, que tiene hijos, que en realidad… ¡quiere ser libre!”. La sudafricana Mamela Nyamza, bailarina de danza contemporánea, describe así el significado de su obra Hatched 2015 que se presentaba por primera vez en España a principios de verano en la galería madrileña Slowtrack y en el Loop de Barcelona.

Hatched 2015, es multidisciplinar. Performance, videoarte, pintura y danza en una misma obra que pone el cuerpo de la mujer en el centro de su representación: “El resultado de la obra ha sido muy interesante. Porque yo juego con eso, con el género”, afirma Nyamza en la entrevista realizada por Wiriko en Slowtrack tras la performance que inauguraba la exposición. Nyamza se casó, se separó, es lesbiana y vive la discriminación en su piel, como muchas mujeres más. Ella cuenta que desde pequeña le preguntaban si era niño y niña. Y juega ahora con eso, con su cuerpo, con su imagen, con su género.

 

Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) gracias a un acuerdo de colaboración. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Las mil caras de #Mandela en Instagram

Cómo han celebrado en Instagram este día ya celebrado en todo el mundo? A través de graffitis, monumentos, diseño gráfico y homejanes artisticos un infinito número de Instagrammers, han recordado Mandela.

‘Creemos que Afripedia tiene el potencial de transformar la sociedad’

La plataforma colaborativa Afripedia, aún en fase inicial, tiene como objetivo ser un punto de encuentro entre artistas, comisarios, expertos y periodistas, para luchar contra los estereotipos y visibilizar la creación africana. El primer lanzamiento, cinco documentales, reflejan la boyante vida cultural de varias urbes africanas.

Afripedia_Creatives_ promo_APlogo_Copyright StocktownFilmsTeddy Goitom es consciente del potencial de la idea que puso en marcha hace ya cinco años. Él, junto con dos compañeros del colectivo sueco Stocktown, Senay Berhe y Benjamin Taft, empezaron en aquel entonces un proyecto audiovisual bajo el título Stocktown x Africa: “Después cambiamos el nombre a Afripedia porque nos dimos cuenta que unos cuantosdocumentales no representan al continente entero y que lo queríamos ampliar para que fuese una plataforma visual y una guía para conectar, comisariar y compartir más información creativa dentro y fuera del continente”, cuenta Teddy. Stocktown es un “movimiento vídeo cultural que celebra la creatividad y libertad de las mentes” en palabras de su fundador, él mismo. La idea bajo la que se creó en los noventa fue retratar y compartir la cultura urbana de varias partes del mundo, lo que se convirtióen 2011 en el vídeo-magazine stocktown.com y a la creación de unaproductora audiovisual.

Este productor, de raíces etíopes y eritreas, nos cuenta desde Estocolmo, su campo base, acerca del estado de un proyecto que bebe de la misma filosofía con la que creció Stocktown yque va más allá del audiovisual, para llegar a convertirse una plataforma colaborativa: “Afripedia está diseñada para que los usuarios compartan, exploren y produzcan de forma participativa información en trabajos creativos y talentos. Estamos interesados en explorar este proyecto como manera de retar los estereotipos y la infrarrepresentación resaltando el talento excepcional a través de una amplia variedad de disciplinas creativas y permitiendo a esas personas compartir sus voces y sus historias a través de una atractiva e intuitiva interfaz”.

“Nuestra visión es construir Afripedia como la mejor guía visual sobre arte, cine, fotografía, moda, diseño, música y cultura contemporánea de artistas africanos, a nivel mundial”, explica Teddy. Aunque este trabajo viene de largo: “tras varios años de investigación, hemos construido una fuerte red de laboratorios creativos, blogs, revistas, artistas, empresarios y estamos discutiendo cómo desarrollar una plataforma. La clave es la colaboración y facilitar el acceso con la ayuda de varios comisarios y expertos en diferentes campos en el continente y fuera de él.La falta de representación en diferentes ámbitos creativos de los creativos africanos no está solamente relacionado geográficamente con África, sino que es también un problema global”, asegura Goitom.

SouthAfrica_Gazelle_Copyright_StocktownFilms

Gazelle (Sudáfrica)

Afripedia parte de una idea muy clara en torno a la presencia de África,tanto en los medios de comunicación como en las diferentes esferas culturales y económicas, y en torno a la filosofía “wiki”, como sistema de colaboración abierta. Aunque África está cada vez más presente, aún hay muchos retos que superar: “Creo que estamos en un periodo de transformación donde el acceso a la información y el trabajo de los creativos africanos está más abierto a galerías, museos, medios que están mostrando más interés. Dicho esto, hay todavía muchos trabajos visuales y creativos en África que no son visibles ni están representados. Puede ser la falta de información e infraestructura, así como la educación y el soporte cultural desde diferentes países. Otra cuestión es que la información está muy dispersa y para muchos es complicado filtrarla. Ese es el motivo por el cual queremos construir una base de datos de Afripedia donde las fuentes puedan estar sincronizadas y más fácilmente accesibles y estructuradas”.

El slogan “Afripedia: bienvenido a la creatividad”, es la lanzadera de la primera fase del proyecto, que consiste en cinco documentales que demuestran el potencial creativo y la contemporaneidad de varios artistas procedentes de puntos opuestos del continente. Una amplia red y la experiencia en investigación del equipo, han permitido el descubrimiento de las manifestaciones más punteras dentro de una escena de cultura urbana en auge en las boyantes ciudades africanas. El resultado: un retrato actual de Kenia, Sudáfrica, Ghana, Senegal y Angola, a nivel artístico y una producción estéticamente impecable.

Y ¿qué tienen en común los artistas que aparecen en cada uno de los episodios? “El hecho de ser personas creativas e que inspiran con una conexión emocional con la que los espectadores se puedan identificar. Eso es algo que siempre a lo que siempre aspiramos”, explica Teddy “espero que la gente se inspire y pueda de alguna manera identificarse con los creativos”.

Senegal _ Omar Victor Diop Copyright_StocktownFilmsLos retos a los que se enfrentan este tipo de proyectos de promoción cultural, y más concretamente, promoción cultural africana, son comunes. Pasan principalmente por la dificultad de conseguir financiación para poner en marcha ideas novedosas y que pueden despuntar. En el caso de Afripedia ocurrió lo mismo, como cuenta Teddy: “la parte más complicada fue la financiación, ya que no había canales de televisión que creyeran en el proyecto dispuestos a invertir en la producción de películas, por lo que tuvimos que financiarla con nuestros propios medios durante los primeros 3 años. Después tuvimos una subvención cultural que nos apoyó en un 30% los gastos de producción”.

Afortunadamente, el esfuerzo está teniendo su recompensa y el proyecto una gran difusión:“Algunos canales de televisión africanos ya han estrenado los documentales y está siendo presentado en varios festivales de cine por todo el mundo. Nuestro agente Autlook Film Sales se encarga de la distribución y esperamos tenerlo on line y en vídeo bajo demanda en 2016”, cuenta Teddy. “Creemos que Afripedia tiene el potencial de transformar la sociedad, así como la relación hacia la diversidad y hacia África” asegura.

 

‘Africa is the future’: parece una marca ¡pero no lo es!

africa-is-the-future-2Africa is the future’ (‘África es el futuro’) es el nombre de una ingeniosa campaña que creada en 2004 por Nicolas Premier y Patrick Ayaman y que parte de una idea muy simple: “desafiar la imagen que los medios de comunicación internacional transmiten sobre África, mediante la difusión de este provocativo eslogan por todas partes”, afirma Nicolas Premier en una entrevista para Wiriko.

Hace ya diez años, Premier y Ayaman decidieron utilizar el poder que tienen las marcas en la actualidad para difundir un mensaje e intervenir en los medios, aunque como afirman en su web “Parece una marca, habla como una marca, se mueve como una marca, ¡pero no lo es!”. Así, la creación de una imagen y de un lema con unas grandes dosis de diseño gráfico, supusieron el lanzamiento de su primer y principal proyecto que fue la elaboración y venta de camisetas con el lema “Africa is the Future” estampado: “El núcleo del proyecto son las camisetas, en primer lugar porque están vinculadas directamente a las personas y se mueven con ellas, así que básicamente se pueden ver en todas partes, sin necesidad de ningún permiso ni están sujetas a ningún tipo de control. En segundo lugar, posicionándose como una ‘marca’, AITF podía utilizar todas las herramientas de comunicación de marca para fijar esta intervención artística en el espacio público”, apostilla Premier.

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A la pregunta “¿Por qué África?”, Premier responde: “AITF significa en primer lugar, que el continente es el centro de todas las cuestiones mundiales. Esto no es ni una anomalía ni una excepción. Refleja con exactitud la relación entre las potencias mundiales. Cualquier reflexión seria sobre el futuro, debe tener en cuenta las realidades del continente africano y lo que nos dicen”. Sin saber con exactitud cómo será África en el futuro, Premier afirma la necesidad de que los Estados africanos se conviertan en dueños de sus propios recursos, sobre todo en los que a energía se refiere.

¿Cómo sería África en 2034? De ese posible escenario parte el segundo proyecto de los creadores de la campaña, que además supone la celebración de su décimo aniversario: “El continente africano ha cambiado de nombre a ‘Repúblicas Unidas de África’ (URA) y se ha convertido en la potencia mundial dominante. La URA es la líder en tecnología, viajes espaciales, arte, cine, moda, arquitectura y más”. Con esta visión lanzan AITF Magazine, la revista más leída en la imaginada URA. La revista está inspirada gráficamente en la revista americana LIFE que durante los años cincuenta, como DRUM en Sudáfrica, reflejaba en sus portadas el sueño americano en la posguerra. Premier matiza: “La razón por la que se puede percibir un estilo de los años cincuenta se debe a que corresponde a la edad de oro de la revista LIFE. Todo lo que hemos hecho es mantener su forma y estética, pero desviando el contenido para dar a luz a una nueva realidad, capaz de crear una distancia crítica de las representaciones habituales”.

La repercusión de la campaña es amplia, ya que según los propios creadores se ha expandido a medios, políticos y artistas e incluso tiene su propio hashtag en Twitter (#africaisthefuture).“Desde hace diez años, hemos notado que el enfoque de AITF podría plantear preguntas sobre cómo se percibe el mundo y la forma en que es presentado por los medios de comunicación de masas. Hemos abierto una brecha en el consenso mundial sobre lo que África es y será siempre. Es como si AITF hubiera traído nuevas posibilidades para el imaginario, base de todo cambio”, afirma Premier.

Sin duda, la emergencia de este tipo de iniciativas y proyectos ofrecen una contra-narrativa del discurso que los grandes medios ofrecen sobre África. En este sentido Premier y Ayaman consideran que más importante que el hecho de estar de acuerdo o no, es que este lema invite a reconsiderar la visión que se tiene sobre el mundo, pero sobre todo, a pensar por uno mismo.

 

Wangechi Mutu, ensamblaje de elementos a través del ‘femmage’

Wangechi Mutu. The Ark Collection, 2006.

Wangechi Mutu. The Ark Collection, 2006.

Es difícil encasillar a Wangechi Mutu en una disciplina artística concreta dentro de las artes visuales. El collage, la pintura, la instalación, la escultura y el vídeo-arte, son disciplinas que configuran y definen tanto su obra como quién es y en qué lugar se encuentra en el mundo. Nacida en Nairobi (Kenia) en 1972, Mutu se formó en Reino Unido y desde hace ya dos décadas reside en Brooklyn (Nueva York). Allí estudió Arte en el Cooper Union College de Nueva York: “Admitir para ti misma y a tus padres que quieres ir a América a estudiar arte, no se acoge precisamente con un aplauso”, confiesa en una entrevista para Lifestyle. misguided

Si bien es cierto que la artista se mueve en varios estilos, Mutu es conocida sobre todo por sus composiciones en collage, a través de los cuales trabaja y cuestiona temas como el género, el colonialismo, la guerra, la globalización o la erotización de la mujer negra en la cultura occidental. Mutu da vida a figuras medio humanas, medio máquinas, una amalgama de elementos parte cyborg y parte orgánica persistentes en su obra. Para ello mezcla acrílicos con fragmentos y patrones decorativos de revistas pornográficas, de moda, de viaje, de caza y de automóviles, así como libros de arte africano hechos por y para un público occidental. Ello configura una obra que suele tener además como título una llamada a la atención provocadora y a menudo irónica.

Su formación en antropología y estudios culturales tiene un papel decisivo en la composición de sus trabajos y en su discurso filosófico postcolonial. También queda reflejada en su fascinación a la hora de jugar con los estereotipos. Ella misma recoge esos estereotipos que se le atribuyen como mujer negra y africana en una sociedad occidental y los “re-ensambla” en sus creaciones. En una entrevista en el marco de su exposición, Looking Both Ways, Mutu deja clara esa fascinación por los estereotipos e incluso más si cabe, por cómo la sociedad adopta un consenso colectivo sobre un estereotipo concreto y luego se utiliza contra otros. También exponía su firme creencia de que el cuerpo de la mujer es particularmente vulnerable a las normativas sociales.

Pin Up I - Wanguechi Mutu

Pin Up I – Wanguechi Mutu

Los cuerpos de las mujeres mutilados en su trabajo “Pin-ups” son una evidencia más de cómo éstas son el campo de batalla en los conflictos armados. Precisamente esas imágenes son un reflejo de las víctimas de los llamados “Diamantes de sangre” de Sierra Leona durante los años noventa: cuerpos que han sido alterados, mutilados y utilizados para causar daño. A pesar de ello, las pin-ups de Mutu son supervivientes que perseveran, redefinen la imagen de la belleza y “se involucran en un proceso de convertirse, cambiar y sobrevivir”.

Con este hilo conductor en la obra de la artista, no es de extrañar de investigadoras y comisarias de arte, cataloguen su trabajo como arte feminista, tanto por el contenido predominantemente femenino, como por la técnica que utiliza, el collage, considerado también una técnica frecuentemente utilizada en este tipo de creaciones. Ya desde finales de los años setenta se empieza a reflexionar y a considerar el collage como una importante estrategia para artistas feministas. Como afirma la investigadora N. Smith en su trabajo sobre Mutu (2009): “Mientras la historia del arte sitúa el origen del collage a principios del siglo XX, el cubismo, las narrativas alternativas y las revisionistas feministas lo han reclamado como una estética muy establecida dentro de las tradiciones culturales de las mujeres, esto es mucho antes de que Picasso o Braque crearan su primer ‘papier collé’.

A finales de 1970, Melissa Meyer y Miriam Schapiro colocaron el collage en el marco de la cultura doméstica de la mujer con su discusión sobe el concepto ‘femmage’ en la publicación feminista Heresies”. En este momento nace el concepto de femmage, cuya definición traspasó el arte moderno para incluir actividades que las mujeres hacían habitualmente relacionadas con la costura, como la unión de las piezas, el corte, el patronaje, etc, y lo hacía resaltando la inventiva de éstas para introducir el collage en su vida cotidiana.

Mutu empezó utilizando el collage por la facilidad que tenía para acceder a los materiales, principalmente revistas recicladas, telas, cintas, etc., ya que eran más económicos. A la vez le permitía crear un trabajo muy narrativo, pero sin elementos del todo realistas. Smith se atreve así, a colocar el arte de Mutu dentro del denominado femmage, por las características propias de este estilo que podrían encajar con las de la obra de la artista.

Por otra parte, como si de una imagen metafórica del cyborg feminista de Donna Haraway se tratase, las protagonistas de Mutu son una mezcla entre humana, maquina, animal y ente orgánico y logra transportarnos al ciberespacio, a paisajes de un mundo de fantasía o a un futuro incierto. Un posible guiño al Manifiesto Cyborg que se une con la consideración por parte de algunos críticos de que su estilo forma parte de la corriente o estilo Afrofuturista.

La retrospectiva de su obra, A Fantastic Journey, expuesta en el Brooklyn Museum marzo de este mismo año, recoge más de cincuenta piezas de la artista creadas desde mediados de los años noventa. A través de instalaciones escultóricas, vídeos, pinturas y collage, el espectador tiene la oportunidad de realizar este viaje fantástico en el que Mutu nos evoca un sinfín de elementos: máquinas, decadencia, colonización, rituales, espiritualidad, identidad racial, género, corporeidad…

[hr]

Fuentes: Smith, N. R. (2009). Wangechi Mutu : Feminist Collage and the Cyborg. Georgia State University. Wangechi Mutu Brooklyn Museum Nasher Museum Daily Nation (Kenya) Border Crossings