El Médico Africano, un bálsamo anti-racista en Netflix

Kinshasa, 1975. Mobutu lleva diez años a la cabeza de la dictadura zairense, actual República Democrática del Congo. La clase media y alta de la capital sueña con mudarse a lujosas metrópolis como París o Bruselas. Algunos privilegiados, los más allegados a la corruptela del Movimiento Popular de la Revolución zairense, lo consiguen. Otros, emigran a su suerte y en busca de otro tipo de sueños. Pero ser (in)migrante en Europa nunca ha sido sencillo, a pesar de ser los europeos mismos una sociedad (e)migrante cuyo desarrollo no podría explicarse sin este fenómeno.

bienvenue_a_marly_gomontEsta es la historia de Seyolo Zantoko, un médico congoleño licenciado en París, que en un esfuerzo para ejercer su profesión y conseguir la nacionalidad francesa, se muda – junto a su esposa y sus dos hijos- a un remoto pueblo de la campiña francesa. Bienvenue à Marly-Gomont (2016), ahora disponible en Netflixtitulada en su versión en español como El Médico Africano, es una tragicomedia franco-belga dirigida por Julien Rambaldi y basada en la historia real de la familia del rapero Kamini Zantoko (el hijo pequeño). Una historia singular y reveladora sobre el fenómeno migratorio africano y el miedo a la diferencia (en forma de racismo) de la Europa rural de los años setenta.

El epicentro de la historia es una familia cristiana, urbanita, de clase media y africana, en la que las aspiraciones de una madre joven y educada como Anne Zantoko (interpretada por la franco-senegalesa Aïssa Maïga), chocan desde el principio con las posibilidades reales que su marido, Seyolo (interpretado por el congoleño Marc Zinga), tiene en Francia. Él es consciente de lo difícil que lo tienen los africanos en el país occidental. Ella, que sueña desde Congo poder ir a pasar las tardes a las cafeterías del París de Godard con su marido e hijos, imagina una vida al más puro estilo Brigitte Bardot. Pero su vida en Europa no será nada parecida a la de las películas que se proyectan en Zaire, porque la familia deberá instalarse en una pequeña aldea de la campiña, donde nunca antes han visto a ningún negro. Africanos urbanos vs. europeos rurales. El guión promete.

El repudio a lo diferente como telón de fondo: 

El rechazo y el racismo con el que la mayor parte del pueblo de Marly-Gomont recibe a los zairenses y a sus hijos, recrudecen la ya de por sí dura vida en el campo. «»¿Y vosotras qué miráis? ¿Tampoco habéis visto nunca a un negro?», les grita Anne a un grupo de vacas blancas que pastan junto a la aldea. Y es que el racismo llega hasta tal punto que los aldeanos se niegan a ir al médico, a pesar de ser el único en 15 kilómetros. «En la escuela, los niños dicen que eres un marabú; que no hay médicos negros», le dice el pequeño Kamini a su padre. Y con la falta de pacientes, reacios a ser atendidos por un médico africano, el poder adquisitivo de la familia va mermando hasta tal punto que, no solamente dejan de poder pagar la luz o la calefacción (durante un gélido invierno), sino que incluso acaban por no encajar ni en los estándares de vida de los expatriados congoleños en Francia o Bélgica.

Inadaptados a Francia y a la propia diáspora africana, y ante el temor de no ser aceptados, Seyolo prohibe a su familia hablar lingala: «¡Estamos en Francia, hablaremos francés!», les grita a su mujer e hijos. Y es que, el tema identitario juega un papel fundamental en el relato, mostrando el conflicto interno del migrante para integrarse y ser aceptado en la sociedad de acogida sin perder sus orígenes y sus raíces. Y para enfatizar el carácter diferenciado de unos y otros, el director nos brinda una caricatura constante de europeos y de africanos, con estereotipos (por los dos lados) que no dejan de asomar la cabeza durante toda la película, de forma exagerada, pero simpática.

Con el broche de oro de una banda sonora de lujo, la película realiza guiños constantes a la psicodelia africana de los 60 y 70 con viajes sonoros de la mano del burkinabés Amadou Balaké, el congoleño Le Gran Kalé o el senegalés Ousmane Kouyaté; pero no se olvida de esos grandes hits del Soul y el Funk – tan bailados en Europa como en África- de los afroamericanos Jackson 5 o The Temptations.

Netflix da en el clavo en el momento adecuado:

Se acerca la Navidad (momento en el que ocurre el relato de la película El Médico Africano) y todos nosotros y nosotras convivimos, más o menos, con personas de distintas procedencias a la nuestra en nuestras ciudades, pueblos y aldeas. A pesar de que hoy la mayor parte de migrantes africanos emigran a otros países del continente vecino, la realidad es que la vida de muchos africanos y africanas que conviven entre y con nosotros y nosotras sufren racismo y xenofobia a diario.

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Isaiah Lopaz.

No es casualidad que recientemente, Isaiah Lopaz, un afroamericano residente en Berlín, haya lanzado una campaña a través de camisetas que denuncian la sarta de estupideces que a menudo un negro tiene que escuchar en Alemania. Tampoco lo es que, después del Brexit, muchos extranjeros de diferentes procedencias se sientan juzgados negativamente por tener orígenes no ingleses. Ni que en Francia todos los políticos se sumen a la mano dura en las políticas migratorias y en querer salvaguardar una sospechosamente excluyente «identidad nacional». Igual como sucede en Estados Unidos después de la elección de Trump, cuando un profesor amenaza a niños afroamericanos con ser devueltos a África (donde nunca han estado).

Si. Estamos ante un brote global de racismo e insensatez. Ante la desvergüenza de una parte de la sociedad sin escrúpulos ni empatía. Y ante tal pandemia, bienvenidos sean todos los antídotos que nos pueda brindar la cultura. Y a los que hoy, Netflix les da una capa de barniz con El Médico Africano.

 

https://www.youtube.com/watch?v=NRADS6wT3nc

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Investiga y escribe sobre ciudades africanas, derechos humanos y música. Le mueve la creatividad con la que construye futuro la juventud africana en contextos urbanos, especialmente en África del Este. Sus campos de trabajo son el periodismo escrito y radiofónico, la investigación o la gestión cultural. Cofundadora de Wiriko y coordinadora de Seres Urbanos (EL PAÍS), actúa como consultora independiente para entidades del tercer sector y actualmente, es Técnica de Cooperación Internacional en el Ayuntamiento de Girona. Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Estudios Africanos y Desarrollo (UPF) y máster en Culturas y Desarrollo en África Subsahariana (URV).