Ruanda 2.0: Los pájaros cantan en Kigali

Muchas han sido las películas que han relatado el horror vivido en el genocidio de Ruanda que se desarrolló en 1994. Algunas, como Hotel Rwanda (2004), son muy conocidas gracias a la difusión a la que nos tiene acostumbrados la maquinaria de hollywood; pero hay otras, más sutiles, que nos relatan los mismos sucesos y sus consecuencias desde otra perspectiva.

Este es el caso de Los pájaros cantan en Kigali (“Ptaki spiewaka w Kigali”, en polaco), película que participa en la 62ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) en la sección oficial, es un drama dominado por dos mujeres que viven el horror ruandés de primera mano. Anna Keller, interpretada por una agónica Jowita Budnik, es una ornitóloga que junto a Jean Paul (Ciza Remy Muhirwa) investiga el comportamiento de los buitres en el país africano cuando la situación se vuelve insoportable. Claudine Mugambira, papel que interpreta la actriz Eliane Umuhire (que debutó en su papel en Things of the Aimless Wanderer), es una joven ruandesa que trata de huir de los ataques. Con ayuda de Anna, que trabajaba con su padre, consigue huir en las jaulas de los buitres muertos que la ornitóloga se lleva para continuar con su investigación.

Pero esto es solo el principio del largometraje. La propia directora, Joanna Kos-Krauze, que estuvo presente en la proyección, fue muy clara cuando le preguntamos sobre la temática de la película: “No quisimos reconstruir el homicidio y el sufrimiento por el que pasó Ruanda. No nos parecía ético representar el horror en la pantalla”. Por ello la película se centra en lo que ocurre después. Si hay algo que llama la atención en Los pájaros cantan en Kigali es la nueva perspectiva que nos muestra a las personas que vivieron el conflicto, sobre todo a nivel psicológico.

La trama nos cuenta que Claudine consigue llegar a Polonia, pero será alojada en un centro de refugiados y vivirá rodeada de un mundo que desconoce. Sin dejar atrás los traumáticos recuerdos y sin olvidar a sus familiares que no pudieron huir, Claudine tratará de continuar con su vida. Paralelamente Anna vuelve a su Polonia natal, pero su cabeza sigue en Ruanda. Aunque el público no lo ve directamente en la pantalla, sí que se intuye en la mirada de la co-protagonista cómo las escenas vividas vuelven una y otra vez a su cabeza.

Poco después Claudine consigue el estatus de refugiada y Anna opta por acogerla. Con la proximidad los recuerdos están más vivos que nunca y a pesar de que son las únicas que pueden comprenderse mutuamente la convivencia se vuelve insoportable. Cuando parece que la situación no se puede resolver, Claudine recibe noticias de la única familiar que ha sobrevivido al conflicto: su prima Marie-Christine. A partir de ese momento la protagonista se plantea volver a Ruanda y enfrentarse definitivamente a sus fantasmas. Pero no irá sola. Allí las protagonistas buscarán respuestas cuando el resto de los ruandeses tratan de pasar página y cerrar las heridas de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en 1994.

La virtud de esta película es que permite al espectador acompañar a Claudine y a Anna a través de su particular viaje por la ansiedad y el trastorno. Los cortes repentinos, los desenfoques y las eternas imágenes de insectos, vísceras y buitres nos recuerdan el horror de forma sutil. La película, con largos planos y ritmo lento puede dar la sensación de alargarse más de lo debido. Pero esto se debe, en palabras de la directora, “a que los planos largos y desenfocados tienen el objetivo de reproducir la visión de una persona que está en estado post-traumático. Una persona en esa situación no tiene una imagen clara del mundo que la rodea, por eso la narrativa de la película da la sensación de estar rota”.

En cierto modo se agradece que la película no se centre solo en la pesadilla que estalló en 1994 y que podamos conocer cuáles son las consecuencias personales de un conflicto que conmocionó al mundo. Gracias a este largometraje podemos acercarnos y tratar de comprender cómo se vive con el dolor cuando el mundo se ha roto.

Sarr: “La clave de la migración es reorientar la mirada hacia nosotros mismos”

El próximo 19 de octubre la inauguración del 9ª edición del Festival de Cine Invisible de Bilbao presentará Life Saaraba Illegal, una joya documental imprescindible para entender el fenómeno migratorio de África subsahariana a Europa desde un punto de vista personal y colectivo, realizada por el senegalés Saliou Sarr.

Durante ocho años, el director acompañó a su primo Souley en su sueño de seguir los pasos de su hermano Aladji que había emigrado a España y reencontrarse con él. Sus inquietudes, expectativas e ilusiones así como las de sus parientes más próximos, incluido el propio Sarr –que aparece como narrador y personaje del documental– son las protagonistas de esta obra que descubre al espectador un sentido y un significado diferente sobre las migraciones de África del Oeste hacia Europa.

Más allá de este documental, Sarr, más conocido como Alibeta, desarrolla un proyecto integral en el que trabaja a través del cine, la música y otras disciplinas la “África posible” que describe su hermano Felwine en el ensayo “Afrotopia”. A parte de la creación artística, sus compromisos pasan por coordinar un programa de educación en valores para jóvenes universitarios y la puesta en marcha de la productora Baraka Global Arts que trabaja en la construcción de una industria cultural senegalesa.

¿Qué es lo que te ha motivado ha realizar un documental personal sobre la emigración en el que tu familia y tú mismo sois protagonistas?

Al principio yo quería hacer una película sobre mi gran familia, no solamente sobre aquellos que habían partido ilegalmente, sino también los que lo habían hecho de manera regular. Tenía una cuestión conmigo mismo sobre la migración, sobre partir o no partir, y me di cuenta de que en mi familia era ilustrativa porque había todo tipo de casos. Como en una sola película no cabe todo, me concentré sobre los que se fueron ilegalmente: hablar de sus entornos personales, de sus emociones y dar un ejemplo, que puede ser universal, en el que se puede reconocer todo el mundo.

Existen muchas películas y documentales sobre la migración subsahariana hacia Europa. ¿Qué crees que aporta tu visión a la reflexión sobre el fenómeno?

Efectivamente hay muchas películas que hablan de la migración, pero la mayor parte de ellas se focalizan sobre el lado difícil, incluso miserable. Siempre se habla sobre la pobreza de los emigrantes, la pena de dejar sus casas, la dureza del viaje, etc. Nosotros hemos intentando dar una nueva mirada, más humana, que no niega las dificultades pero que enseña los diferentes significados de la emigración para los serer-niominka (hombres del mar). Por ejemplo, se muestra que en ese viaje hay una búsqueda espiritual que es una búsqueda común en todas las personas. Hemos querido filmar con dignidad y dar una perspectiva familiar, de manera que ves el lado universal de la emigración.

 

¿Qué importancia tiene el hecho de ser serer? ¿Percibes diferencias en el enfoque del viaje para la gente de este grupo étnico?

Efectivamente, para los serer no es lo mismo que para los peul o para los wolof, muchos de los cuales viajan con el único objetivo de traer dinero sin importar cómo. Para nosotros los serer no es eso: el viaje tiene un significado simbólico. Somos insulares: partir más allá de los océanos ha sido, independientemente y mucho antes de la emigración hacia Europa, algo importante para alguien que vive en una isla. Es un rito de paso. Nuestros abuelos y nuestros padres lo han hecho y nosotros también lo hacemos. Ahora, en este contexto, se espera mejorar la vida económicamente pero sobre todo volver y guardar tus valores. Todo ese simbolismo se intenta mostrar en el documental.

A parte de la madre de Aladji y Souley, los dos protagonistas, no hay más personajes femeninos en el documental. ¿Cuál es el rol de las mujeres en la migración?  

Es verdad eso. Ella es el ejemplo de la madre que está detrás, que comprende, que apoya… que puede ser que tenga expectativas pero no lo dice porque entiende que es difícil: a ella le gustaría que sus hijos tuvieran los papeles como todo el mundo.

En este documental no he podido tocar el tema pero hay muchas mujeres que están a la espera de sus maridos. Su vida es muy dura porque no saben cuándo éstos volverán y porque mientras les esperan, la sociedad las observa, las controla y no tienen derecho al error. Esperan a un hombre que puede pasar incluso diez años sin venir por no tener papeles y mientras puede haber tentaciones, puede haber cosas alrededor que les tienten a vivir de otra manera, pero no lo hacen… Es un rol muy difícil y es cierto que no hemos hablado suficientemente.

A pesar del esfuerzo de muchos artistas, ONGDs y otros actores sobre los peligros de la emigración clandestina, aún hay jóvenes que sueñan con irse y lo hacen por rutas arriesgadas. ¿Por qué crees que esto sigue pasando?

Es un deseo que ha estado alimentado por todo un sistema, un sistema de dominación, de colonialismo, de desigualdad, un sistema de comunicación que muestra siempre lo bueno del extranjero y lo malo de nuestra sociedad. Los jóvenes africanos tienen la mirada dirigida hacia Europa y ahora se necesita un tiempo y mucho trabajo para reorientarla hacia nosotros mismos.

Pese a eso, para mi es importante no decir a los jóvenes que no viajen. El derecho de migrar es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que hay que respetarlo. Nuestros gobiernos tienen que asegurar que nuestros jóvenes puedan viajar, no sólo hacia Europa sino también a otros países africanos. Si hubiera un sistema que permitiese moverse libremente, pienso que la gente no se jugaría la vida cogiendo una patera o cruzando el desierto.

Imagen del documental ‘Life Saaraba Illegal’.

¿Cuál es la responsabilidad de los gobiernos europeos y africanos en este fenómeno?

La responsabilidad es compartida. Empezaré con la de nuestros gobiernos porque no me gusta que siempre apuntemos al otro para quitarnos responsabilidad. Ante todo, los gobiernos africanos tienen la obligación de hacerse respetar. La relación con otros estados debe basarse en el respeto y no en la dominación. Para mantener su dignidad y la de sus pueblos deben de ser capaces de mantener relaciones dignas con otros países.

En cuanto a los gobiernos europeos, me gustaría que fueran más justos: hablan de los inmigrantes despectivamente obviando todo lo que lo que aportan a la envejecida Europa en términos de fuerza de trabajo, de experiencia, de dinamismo… También me gustaría que fueran más honestos: los africanos van a Europa como consecuencia de la explotación abusiva que desde hace siglos se ha hecho del Continente. Es el karma. Europa ha creado situaciones de pobreza, de inestabilidad, e instaurando relaciones de dominación que hace que hoy en día, los africanos vayan a Europa a coger lo que les corresponde, lo que se les debe.

Si después de todo lo que ha hecho Francia en África del Oeste hoy en día expulsa a los que vienen, no es justo ni es honesto.

Dices en el documental que “todo el mundo tiene su saaraba” (tierra prometida). ¿Cuál es la tuya?

Ah… difícil pregunta… Mi saaraba es mi paz interior. Mi tierra prometida no es obligatoriamente una tierra física, pero por supuesto, estaría en África. Pero independientemente de que fuese en Dakar, Nouakchott o Nueva York, mi saaraba es sentirme útil, apoyar a los que están en mi entorno, darle un sentido a mi vida, independiente de la muerte, llegar a hacer algo importante y sentirme una buena persona.

La película ha sido difundida ya en Senegal y en Alemania. ¿Cuál es la reacción de los diferentes públicos?

En Senegal ha sido muy bien recibida. Se ha apreciado sobre todo por no transmitir una visión miserable y haber tenido paciencia en el rodaje, que ha durado ocho años. También se ha señalado el haber dado una visión de Europa real, lejana al paraíso, sin esconder el hecho de que los chicos se van para buscar dinero y construir una casa en Senegal. Ha gustado que el documental sea realista.

En Europa ha gustado que se muestre la emigración desde otro punto de vista, la perspectiva humana, mostrando personas con sentimientos universales, y no solo cifras como acostumbran a oír. La palabra dignidad ha salido mucho en las discusiones después del pase del documental en Europa.

La música del documental está en parte extraída de tu álbum Bani Adama. ¿Cómo describirías el proyecto artístico Alibeta?

Alibeta es un proyecto integral que engloba lo visual (cine), lo sonoro (música), lo gestual y relacional (teatro)… finalmente el objetivo es tocar el corazón. La idea es dar una visión, pasar un mensaje, una filosofía, que puede ser transmitida a través de diferentes medios.

¿Puede el arte derribar fronteras?

Creo que el arte es una vía de concienciación y por supuesto puede derribar fronteras, contando historias que son al mismo tiempo particulares y universales. El arte es un lenguaje que habla al corazón y tiene el poder de acercar a los seres humanos.

Te describes como Alibeta, trovador afropolita, ¿qué significa para ti ese concepto que ha suscitado tanto debate?

Afropolitanismo es un término utilizado por Achille Mbembe: “el Afropolitanismo es la manera en la que los africanos hacen mundo”. Me gusta ese concepto porque parte de que África se sitúa actualmente en un cruce de culturas, de miradas, de sensibilidades, etc.

Como un trovador yo estoy en el movimiento. Hoy en día puedes vivir en el continente o fuera de él, ir y venir, y estar a caballo entre diferentes influencias. Y todas esas personas que estamos en medio de la circulación de ideas y de mundos, desarrollamos una nueva cultura, que es identitaria africana, pero que no es cerrada, sino globalizada.

Para mi el Afropolitanismo es una continuación de conceptos como el de la Negritud o el Panafricanismo, pero más concreto y moderno, más adecuado a nuestro tiempo. Hoy el Panafricanismo en su versión más extendida peca de ser muy identitario y un poco sectario y excluyente. El Afropolitanismo es más abierto: nos identificamos con la tradición africana pero estamos abiertos al mundo, reconociendo lo que el mundo nos aporta y lo que nosotros aportamos al mundo.

Foto: Jean-Baptiste Joire

 

Los 10 mejores álbumes para este “veroño”

Con casi 4 millones de visualizaciones en YouTube, ‘Despacito’, el reguetón de Luis Fonsi es uno de los temas más escuchados del verano en las principales emisoras y pistas de baile. Por suerte, Wiriko no se rige por lo que suena en Los 40 Principales ni la Cadena 100, como tampoco lo hacen la mayoría de nuestro lectores y lectoras, ni nuestros fieles oyentes de cada viernes. Nuestro ranking de álbumes que nos han acompañado este verano, y que nos llegan ahora para disfrutar del otoño, lo hemos elaborado con una minuciosa selección de las mejores novedades discográficas que vienen de África y su(s) diáspora(s). Así que, aquí tenéis nuestro TOP 10 de lo más fresco que ha marcado el ritmo de nuestras últimas y sofocantes semanas, y que marcarán, por supuesto este “veroño” 2017 (o aquello a lo que nuestros abuelos llamaban el veranillo de San Miguel). ¡Para que la vuelta al cole te sea más leve!

¡Dale al play y sube el volúmen! 

 

10. AMADOU & MARIAM – LA CONFUSIÓN (Because Music, 2017)

Aunque oficialmente no sale a la venta hasta el 22 de septiembre, LA CONFUSIÓN, del dueto Amadou & Mariam ha sido uno de los discos más esperados de la temporada desde que viera la luz su poderoso EP Bafou Safou, el pasado 14 de abril. Con su nuevo álbum «La Confusión», la música disco y el funk modernizan el pop maliense, que se mezcla con bambara y francés para compartir mensajes de celebración y críticas a la situación política y social de Mali, que obliga al exilio aún a muchas personas. También, como es habitual, hay lugar en este álbum para reivindicar la situación de las mujeres en la sociedad. ¡Este dueto nunca defrauda!


9. MSAFIRI ZAWOSE – UHAMIAJI (Soundway Records, 2017)

Esta nueva pieza del tanzano Msafiri redefine los límites de la música gogo (una comunidad de no más de 1 millón y medio de personas en el región de Dodoma). Hijo del prolífico músico Hukwe Zawose, Msafiri se aventura en este larga duración en la experimentación sonora y construye un discurso afrofuturista que lleva la marca inconfundible de los compañeros de Santuri Safari, que llevan algunos años ya revolucionando la escena musical del África del Este. Uhamiaji, grabado entre Londres y Bagamoyo, combina las harmonías vocales gogo e instrumentos tradicionales como la ilimba o el zeze con harmonías vocales emotivas y los sintetizadores de Sam Jones, de SoundThread, que ha trabajado previamente con Orlando Julius, Mugwsia International o Sarabi. ¡Una verdadera sorpresa!


8. MOKOOMBA – LUYANDO (Outhere Records, 2017)

Desde marzo que no nos podemos sacar de la cabeza Luyando, el tercer álbum de la joven banda zimbabuense Mokoomba. Después de haber pisado algunos de los principales festivales y escenarios del mundo con su poderoso Zimrock, en Luyando (‘amor a la madre, en Tonga) se desnudan en acústico y nos sumergen en un baño por los sonidos más enraizados a las laderas de las Cataratas Victoria. Las tradiciones Tonga y Luvale són el epicentro de este álbum, que habla tanto de rituales de iniciación y de festejos populares, como se lamenta por tener que apartarse demasiado tiempo de su hogar para trabajar. ¡Sin duda, uno de los mejores álbumes que nos va a brindar este 2017!


7. ELIDA ALMEIDA – DJUNTA KUDJER (Lusafrica, 2017)

Tras debutar en 2015 con “Ora doci Ora Margos”, el pasado 23 de marzo, la cantante caboverdiana Elida Almeida nos deleitaba con la salida de su EP “Djunta Kudjer”, un delicioso trabajo con 4 temas inéditos, entre los que destaca la versión Tabanka de “Bersu d’Oru”. Djunta Kudjer, que significa vamos a unirnos en la amistad en criollo, está compuesto por seis pistas que combinan baladas, batuque y funana con pop caboverdiano, y cuya mezcla triunfa en el archipiélago atlántico. Un trabajo grabado en La Habana a finales de 2016 y lanzado como single a comienzos de este año, que sirve como tentempié a un larga duración que tiene previsto salir a la luz este otoño.


6. JAQEE – FLY HIGH (Rootdown Records, 2017)

El pasado 19 de mayo, la ugandesa establecida en Suiza Jaqueline Nakiri Nalubale, más conocida como Jaqee, daba a luz a su quinto larga duración, Fly High. Su gran voz vuelve, una vez más, a poner el broche de oro a un estilo impregnado de pop, soul, jazz y r&b que la vuelven a coronar como una de las voces más interesantes dentro del new soul internacional. Música de baile que se convierte en indiscutible rompepistas en ‘Tambuula’ y baladas románticas como ‘Miracle’ se funden con temas tropicales como ‘All in’ o el reggae que cierra el álbum, ‘Don’t Fuss’. Catorce pistas encabezadas por un magnífico ‘Fly High’ que, aunque haya pasado desapercibido por la crítica, vuelven a situar a Jaqee como una de las mejores voces y compositoras pop del momento.


5. ZAIRE 74: THE AFRICAN ARTISTS (Wrasse Records, 2017)

El pasado mes de mayo salió a la venta un vibrante recopilatorio que reúne la crème de la crème de lo que sonó hace 43 años en el legendario festival celebrado en septiembre de 1974 en Kinshasa, actual República Democrática del Congo, por aquél entonces, conocido como Zaire. Los grandes de la música congoleña y africana del momento, Franco & TPOK Jazz, Tabu Ley Rochereau & l’Orchestre Afrisa International, la grandiosa Miriam Makeba o Abeti Masikini conforman este doble disco de 34 cortes. Una auténtica joya para los amantes de los oldies but goodies y para todo amante de los años dorados de la música africana posindependencia. (Si aún no lo has visto, aquí tienes el documental SOUL POWER (2008) completo, sobre uno de los eventos culturales más sonados que ha vivido África en motivo del combate de boxeo ‘Rumble In The Jungle’ entre Muhammad Ali y George Foreman).


4. JUPITER & OKWESS – KIN SONIC (Zamora / Glitterbeat Records, 2017)

Jupiter Bokondji, otro veterano de la escena musical de Kinshasa, presentó su segundo álbum internacional el pasado mes de marzo, y ha conseguido conquistarnos con una alquimia enriquecida por tres magos de los sonidos: Damon Albarn de Blur y Gorillaz, el violinista Warren Ellis de Bad Cave de Nick Cave y Robert del Naja, alias ‘3D’, de Massive Attack. Las frenéticas ‘Musonsu’, ‘Ofakunbolo’ o ‘Nzele Momi’ y sus poderosas guitarras han sido cabecera de algunas de las mejores fiestas y festivales de este verano. Una receta llena de energéticos funk y rock que desafía con sus letras a un sistema injusto y una política nefasta en República Democrática del Congo. Cuanto menos, un disco necesario y de referencia que no se olvida de incluir algunos cortes en acústico que dejan respirar al oyente y lo enraizan a una realidad paciente y resiliente: la de los congoleños, maestros de entereza.

 


3. OUMOU SANGARÉ – MOGOYA (No Format, 2017)

Mayo nos regaló una de las mejores primaveras sonoras con este interesante nuevo álbum de la reina de la música Wassoulou, la maliense Oumou Sangaré. Con una producción electrónica e imbuido en guitarras rockeras y sintetizadores, la tórrida voz de esta diva de los sonidos malienses del siglo XXI nos deslumbra con Yere Faga (junto al maestro de la bateria Tony Allen) y nos zarandea en Fadjamou o Kamelemba, para mecernos y retornarnos al seno de la función del griot en Mogoya o Mali Niale. ¡Un álbum de 9 cortes que no puede faltar en el repertorio de cualquier coleccionista!


2. ORCHESTRA BAOBAB – TRIBUTE TO NDIOUGA DIENG (World Circuit, 2017)

En el tercer álbum de la nueva era de la mítica banda Orchestra Baobab encontramos un nuevo cargamento de música afrolatina muy fiel a las pistas de baile del Senegal de los 70. En este álbum, la kora sigue acariciando y suavizando las rafagas cubanas de la sección de metales con la misma naturalidad que siempre lo hicieron, y en la base, el mbalax sigue asomando la cabeza para recordarnos que no estamos en el Caribe sinó en la costa atlántica africana. Las harmonías vocales cantadas en wolof le rinden tributo a su antiguo solista, Ndiouga Dieng, fallecido a finales del año pasado, a quien está dedicado este álbum. Diez temas que incluyen a Alpha – hijo de Ndiouga- en la voz y que están perfectamente dirigidas por su líder Balla Sidibe. ¡Una perfecta demostración de que los clásicos nunca pasan de moda!


1 TONY ALLEN – THE SOURCE (Blue Note Records, 2017)

Con 77 años, el arquitecto del afrobeat y una leyenda viva de la música, acaba de presentar su undécimo álbum: The Source. Con su primer larga duración para la mítica discográfica norteamericana Blue Note, el nigeriano Tony Allen demuestra cómo el hard-bob y el estilo que lo llevó a la fama junto a Fela Kuti, casan perfectamente. Invocando a las leyendas del jazz, Allen resucita a Miles Davis, Dizzy Gillespie o Duke Ellington, siguiendo con la estela del tributo a Art Blakey & the Jazz Messengers que se marca en su último EP (Blue Note, 2017). Y así es como se mezclan las aguas de dos ríos sonoros con un torrente profundo y lleno de significados y parentescos: las del Mississipi y el río Níger. ¡Una exquisita africanización del jazz!

Judy Kibinge: “Las mujeres en el cine son un vehículo para mandar un mensaje”

Judy Kibige, publicada en Filme aus Afrika.

*Este ha artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

 

Creo que en muchas de las películas que podemos ver sobre mujeres africanas interpretadas por mujeres africanas, ellas suelen ser un vehículo para contar una historia que va a cambiar algo en su vida, o en la sociedad, o en el país, o en el continente al que pertenece. Creo realmente que vemos películas en las que las mujeres están representadas simplemente como mujeres, con caracteres fuertes y que son el vehículo para detener la mutilación genital femenina, la voz para hablar en contra de las violaciones, quizá contra los matrimonios múltiples o el abuso de menores. Son el vehículo para mandar un mensaje, son simplemente mujeres”, cuenta a Wiriko la directora keniana Judy Kibinge.

El número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 proclama promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. ¿De qué manera se puede llegar al pleno desarrollo si se niegan los derechos fundamentales a la mitad de la humanidad? Este pretende alcanzar las mismas oportunidades de acceso en todos los ámbitos de la vida, los educativos, políticos, económicos; así como poner fin a todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres. Y es que la mujer, en cualquier parte del planeta, vive sometida a una sociedad patriarcal que la ha situado un paso por detrás de los hombres en todas las esferas. Afortunadamente, los tiempos van cambiando en todo el mundo, algunos se dan más prisa que otros en luchar por la igualdad y, naturalmente, todos tenemos cosas que aprender de los demás.

En África, la igualdad de género ya se está dando en muchos aspectos. Y es que según el informe de 2015 del African Development Bank, aunque se ha progresado mucho en los últimos años hasta llegar a una cierta igualdad, la escolarización de las niñas, que se encuentra en un 76%, sigue siendo inferior a la de los niños, con un 81%. ONU Mujeres tiene en sus líneas de acción principales empoderar a las mujeres para impulsar las economías, eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, y liderar el cambio hacia la paridad de género en la política. Porque, aunque a nivel social aún quede mucho camino por recorrer, la representación política de las mujeres en parlamentos como los de Mozambique, con el 39% mujeres, o Ruanda, con el 64% de mujeres (la tasa más elevada de todo el mundo), pueden dar alguna que otra lección a Europa.

¿Y qué pasa en el cine? Alrededor del continente africano, se han creado distintas asociaciones de mujeres cineastas con el objetivo de estimular la formación en este arte, promover la cooperación entre las mujeres para obtener mejores productos y paliar los desafíos de la financiación, así como aumentar las posibilidades de distribución. En África oriental, la cineasta Judy Kibinge, con la que hemos podido hablar, lanzó DocuBox en 2013, una plataforma para promover la filmación de documentales. Tsitsi Dangarembga fundó la organización Cineastas Mujeres de Zimbaue en 1996, además de crear el Festival Internacional de Cine de la Mujer en 2002. En Sudáfrica también existen las organizaciones Mujeres del Sol y Mujeres en el Cine y la Televisión en Sudáfrica, por mencionar algunos de los muchísimos movimientos que existen en el continente. Y es que según nos ha contado Kibinge, “si nos fijamos en Kenia y en los nombres de los cineastas más influyentes en el país, muchas son mujeres, incluso productoras. A diferencia de Estados Unidos y quizás Europa, donde los hombres tienen el poder en este campo, en Kenia yo no veo lo mismo”.

Yo estaba en el TIFF (Toronto International Film Festival) cuando una productora de cine africano, la nigeriana Yewande Sadiku, estaba dando una conferencia con un montón de ejecutivos de Hollywood hombres, blancos y estrellas. La conferencia trataba sobre cómo recaudar fondos. No la dejaron hablar, cuando ella era la única con algo nuevo que decir y la audiencia había venido, en gran medida, a escuchar cómo había innovado en la financiación de su película Half of a Yellow Sun, basada en el libro de Chimamanda Ngozi Adichie. El público empezó a jalear y abuchear a los ejecutivos cuando fue obvio el trato que estaba recibiendo y cómo se la estaba callando. ¿Cómo se diferencia esto de cómo la mujer africana se representa en Hollywood? Es como si no existiéramos, si huyéramos de la guerra, del dolor, del hambre con un paquete con nuestras pertenencias sobre nuestras cabezas”, nos explica Kibinge acerca del tratamiento que recibe la mujer africana en Hollywood.

En el reciente estrenado canal de África de Filmin en colaboración con Wiriko, podemos adentrarnos en algunos de estos trabajos. ¿Listos para descubrir nuevas perspectivas de las mujeres africanas en el cine?


Difret

 

“Era jueza antes de fundar esta Asociación. Dejé la judicatura porque creía que todos los ciudadanos, hombres mujeres y niños debían ser tratados por igual. Lo sigo creyendo”, proclama Meaza, la protagonista de la película Difret. Esta abogada, fundadora de la Asociación Adenet que ofrece ayuda gratuita para luchar contra la violencia de género, se enfrenta al reto de defender a Hirut, una estudiante de 14 años que se enfrenta a la pena de muerte por matar a su captor tras ser secuestrada y violada. Esta película etíope del año 2014, cuyo curioso título significa al mismo tiempo “valiente” y “violación”, retrata una historia real y narra la lucha entre la modernidad y la tradición. Una tradición que, hasta antes de llevar el caso de esta joven ante los tribunales, permitía el matrimonio por rapto. Gracias a la lucha de Hirut y esta Asociación, esta práctica tradicional fue ilegalizada y penada con cinco años de cárcel. Ver en Filmin.


Moolaadé

Según Lindiwe Dovey, una cineasta sudafricana, el cine independiente ha sido siempre feminista y ha celebrado, desde sus orígenes, el poder de las mujeres. Y así lo ha demostrado el que es considerado como el padre del cine africano, Ousmane Sembene, que, en su última película producida en 2004, alza la voz contra la mutilación genital femenina y nos presenta Moolaadé (protección o derecho al asilo). En este filme, se narra la historia de Collé Ardo, una mujer senegalesa que hace unos años se negó a que su hija fuera sometida a la ablación y ahora, cuatro niñas han decidido escapar de esta tradición y acuden a ella en busca de protección. Ver en Filmin.


Wilaya

Las mujeres son mucho más que un simple cuerpo que tiene que servir al marido y formar una familia. Así se proclama en Wilaya, la historia de dos hermanas que nos muestran la vida en los campamentos saharauis de Argelia. Fatimetu, una chica española de origen saharaui, se reencuentra con su hermana Hayat en su tierra natal tras la muerte de su madre biológica. Mientras de ella se espera que retome unas ciertas normas culturales, la joven decide mostrar su valía y no resignarse al destino que les aguarda a las mujeres allí. Ver en Filmin.


Timbuktú

Timbuktú va más allá. No se trata simplemente de una película sobre mujeres ni feminismo; se trata de una historia sobre religión, política, libertad, y de cómo las mujeres encajan en ciertas sociedades. Los extremistas religiosos de Azawad se han hecho con el control de la ciudad y sus alrededores, han impuesto su fe, el terror y normas tan absurdas como la prohibición de reír, cantar, jugar al fútbol o que las mujeres muestren alguna parte de su cuerpo, incluso las manos, que tienen que cubrir con guantes. Esta galardonada película del 2014 del director franco-mauritano, Abderrahmane Sissako, nos enseña mucho más de lo que creemos saber acerca de este mundo en constante amenaza. Ver en Filmin.


Tchindas

Finalmente, nos trasladamos al carnaval de la pequeña isla de Sâo Vicente, en Cabo Verde. Tchindas es un documental que nos presenta a la comunidad gay y transexual de la isla. El título del filme lo da Tchinda, una mujer muy querida que salió del armario en 1998 en un semanario local. Su nombre se ha convertido en la manera coloquial y cariñosa de llamar a esta comunidad. A través de las “tchindas” y esta fiesta, se nos presenta un rincón de África que pocos podían imaginar. Ver en Filmin.


Y por si  la curiosidad sigue impaciente, aunque aún no los tengamos disponibles, Kibinge nos recomienda otros títulos clave sobre las mujeres en el continente africano. “Layla Fourie de Pia Marais, una directora sudafricana, es una película que realmente me sorprendió cuando la vi hace unos años porque no es nada típica. La protagonista es inteligente, trabaja como polígrafa, se ve envuelta en la muerte de un ser querido… Es una película sobre su independencia, sobre su fuerza como madre soltera, sobre el amor. Es una de las mujeres más fuertes que he visto y un gran referente para las mujeres en África. Creo también que la protagonista de mi película Something necessary, una mujer fuerte que tiene que rehacer su vida cuando lo ha perdido todo, retrata una nueva forma de mirar a las mujeres en el continente y en la que muchas pueden sentirse identificadas”.

Aún con toda esta tradición de cine africano retratando a la mujer de una forma distinta, sigue quedando mucho por hacer, pues el público al que llegan todas estas películas sigue siendo muy limitado. “Las oportunidades que tienen estas películas de ser vistas en el continente son mucho menores de las que tienen en los festivales de cine en Europa. De hecho, es vergonzoso, pero muchos de los clásicos africanos no vuelven a casa ni son mostrados a la gente por la que se supone que se han hecho. Incluso las películas de Ousmane Sembene, que quería liberar el cine y devolverlo a África, no han sido vistas fuera de su país, ni celebradas, ni ha sido el vehículo del cambio que se suponía que tenían que ser”, sentencia la directora keniana Judy Kibinge. Por esto, proyectos como el de Martin Scorsese y The Film Foundation son tan importantes.

Somos abogadas, profesoras y doctoras. Actrices, realizadoras y directoras. Madres y líderes. Tenemos nuestras propias ideas que queremos defender y voces que queremos hacer oír. Y lo estamos haciendo. Como dice Kibinge, somos mujeres.

Sembène! Una vida de cine, gratis hasta el domingo

El círculo está por cerrar, pero la peripecia del proyecto que sigue, sin duda, es una buena prueba de que el panafricanismo, si todavía existe en el continente, se puede llevar al plano digital. Desde hoy y hasta el 11 de junio se podrá ver de forma gratuita en la plataforma Vimeo el documental Sembene! (2015), de los directores Samba Gadjigo y Jason Silverman. Las barreras de la distribución y exhibición quedarán al margen para rendirle el mejor homenaje que le podían hacer al realizador senegalés Ousmane Sembène (1923-2007) uno de los pioneros de los cines africanos y figura imprescindible del África de las independencias.

La iniciativa “Sembène a través de África” se ha marcado el ambicioso objetivo de regalar la historia de un héroe africano no solo a toda la comunidad de cinéfilos, sino también, a 38 países africanos que ya han podido proyectar el trabajo en escuelas, universidades y centros de trabajo. Sí. Las nuevas generaciones que no conocen a Sembène, considerado “el padre de los cines africanos”, encontrarán en este trabajo la oportunidad de descubrir a un militante convencido de la izquierda antiimperialista y del poder de la imagen para transformar conciencias. En una de las entrevistas que aparecen se puede escuchar la famosa frase de “Sembène llegó al cine e inventó un nuevo lenguaje para representar a la gente negra”.

Nacido en Ziguinchor (Senegal) el 1 de enero de 1923,  tuvo varias vidas, varios guiones que interpretar por imposición histórica e ideológica: pescador, estibador en Marsella, sindicalista, escritor, guerrillero, estudiante de la escuela de cine de Moscú… pero alcanzó a discernir su máxima prioridad: quería crear “piezas de arte que transmitieran la cultura de la gente común de África”. El resto es historia.

El documental muestra un punto académico innegable ya que Samba Gadjigo es un profesor de Estudios Africanos y biógrafo oficial del realizador, con el que tuvo una fuerte amistad, y fue fuente de inspiración para sus dos obras: Ousmane Sembène: Une Conscience Africaine (2007)Ousmane Sembène: The Making of a Militant Artist (2010). Sin embargo, el equilibrio estético lo define el galardonado productor de cine Jason Silverman. Quizás una de las grandezas de este trabajo –que tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance de 2015 y posteriormente se proyectó en el Festival de Cannes del mismo año– sea que se muestran sin demasiados filtros las opiniones controvertidas del senegalés hacia el islam, la tradición, le papel de la mujer o los diferentes aspectos de la sociedad africana que Sembène trataba de reflejar en sus películas. Una vida de cine que después de cuatro décadas completó una rica filmografía con temáticas sociales, políticas y religiosas siempre críticas hacia el sistema capitalista.

Quizás, faltaría profundizar en el film la vertiente literaria que es posiblemente donde comenzó su trayectoria artística. No obstante, este documental es una increíble pieza que debe ser celebrada y aplaudida por su visión artística y por su éxito para educar sobre la vida y obra de Ousmane Sembène, una historia que necesita ser contada. Y Sembene! permite difundir este legado. Recuerden: hasta el próximo 11 de junio podrán ver el documental completo que aparece a continuación.

The Tibeb Girls: Las superheroínas etíopes

¿Quién, de pequeño, no ha soñado alguna vez en convertirse en superhéroe o superheroína y tener poderes para salvar el mundo? Todos compartimos, en un imaginario colectivo, los diferentes dibujos animados que marcaron nuestra infancia, nos hicieron soñar y nos ayudaron a crecer. ¿O es que ya nadie recuerda a Las Supernenas, esas tres niñas con superpoderes que se dedicaban a salvar su ciudad de los malvados, cada día? Pues otras tres adolescentes han llegado a Etiopía para combatir los problemas del país desde la pequeña pantalla: The Tibeb Girls.

Esta nueva serie de animación muestra las aventuras de tres adolescentes etíopes que se convierten en superheroínas para plantar cara a los desafíos del día a día y luchar contra todas las injusticias de su país. Con el objetivo de educar a las niñas, las adolescentes y las mujeres etíopes en general, en temas de salud, y ayudarlas a comprender los cambios que se producen en sus cuerpos de una forma saludable, The Tibeb Girls se creó con la idea de mostrar a sus espectadoras, con ejemplos reales, los problemas cotidianos a los que están sometidas las mujeres del país y, así, proporcionarles soluciones para un futuro mejor.

Foto de Whiz Kids Workshop

Y es que, en Etiopía, las jóvenes adolescentes están limitadas a la hora de acceder a una educación de alta calidad, y al mismo tiempo, tienen que luchar contra prácticas tradicionales como el matrimonio infantil (véase el análisis que hicimos en Wiriko de la película etíope Difret), las altas tasas de mortalidad materna y la infección por el VIH. Según el informe del estado mundial de la infancia de Unicef de 2016, en Etiopía solo el 47% de las mujeres entre 15 y 24 años están alfabetizadas; el 67% de las niñas asisten a la escuela primaria y el número se reduce al 18% en la escuela secundaria. El trabajo infantil y a mutilación genital están en el orden del día y, además, el 16% de las niñas se casa antes de los 15 años, mientras que el 41% contrae matrimonio antes de los 18 años. El 22% de las mujeres han sido madres antes de los 18 años y las probabilidades de contraer el virus del sida son más altas en mujeres que en hombres.

Con esta situación, Bruktwit Tigabu, la directora creativa de la serie, junto con su equipo, querían poner en la pantalla a unas jóvenes que se parecieran a ellas y a sus hijas, y así resultar más cercanas a la hora de poner sobre la mesa los problemas mencionados. Estos, se ignoran en algunas comunidades y tampoco se comentan ni se educa para el cambio en las escuelas. Tigabu comentaba en una entrevista para TV2 Africa que la mayoría de series infantiles que llegaban al país se importaban del occidente, por lo que culturalmente, todo lo que se planteaba, quedaba muy alejado de la realidad de Etiopía. “Para mí, era muy importante crear unas chicas que se parecieran a mí y a mis hijas, para que ejercieran un rol modélico en la pantalla”.

Con todo, nos presentan, vestida de color verde a Fikir, que significa amor; de negro, a Tigist que significa paciencia y de rojo, a Fiteh, que significa justicia; tres jóvenes fuertes, rápidas, que pueden ver el futuro y son capaces de sentir los sentimientos de los demás, unos superpoderes esenciales para todas las niñas etíopes y que ponen en relieve valores como el auto-empoderamiento, la educación y la compasión.

Esta serie fue creada por Whiz Kids Workshop, una asociación de padres que se han dedicado a producir material educativo para garantizar el desarrollo desde la edad preescolar, y así contribuir en la educación sanitaria, la construcción de una identidad propia y la alfabetización. Se dieron a conocer con la galardonada serie educativa Tsehai Loves Learning y, actualmente, con esta nueva serie, quieren conseguir llegar a todo el conjunto de la sociedad etíope. Por eso, mientras buscan el soporte necesario para la primera temporada de The Tibeb Girls, ya están pensando en cómo seguir creciendo. Tienen en mente una segunda temporada de 13 capítulos que también quieren producir para la radio, además de lanzar una colección de cómics para llegar a más jóvenes a través de las escuelas.

Brukty, directora creativa; Richard, director de arte; y Tinbit, directora de proyecto. Foto publicada en African Digital Art.

Esta no es la primera serie de dibujos animados producida en el continente africano, pero sí son las primeras superheroínas etíopes que pretenden convertir a todas las niñas y jóvenes de país, en heroínas de carne y hueso.

Dotorado Pro: las marimbas que revolucionan las pistas de baile

Con tan solo 11 años el talentoso Valdano António Mateus da Silva, alias Dotorado Pro, empezaba a crear sus primeros beats. Ello marcaría el inicio de una prometedora carrera que se presenta por primera vez en Madrid, el próximo 25 de mayo en la Sala Siroco, Día de África, en una producción de Moto Kiatu el colectivo pionero en la difusión de música electrónica africana.

Este angoleño es un joven y prolífico músico, basado en Portugal, concretamente en Setúbal, una localidad pesquera cercana a Lisboa, que hace un par de años revolucionó el panorama musical electrónico, tanto en África como en las pistas de baile europeas. En ese momento, a sus 16 años y cuando aún no tenía permitida la entrada a las discotecas, “African Scream” sonaba muy alto en los clubs de Europa y en una escena en la que productores y Dj’s de electrónica africanos y europeos situaban a esta joven promesa entre sus favoritos. ‘African Scream llegaba rápidamente a las 350.000 reproducciones en Soundcloud y catapultaría al joven productor a lo más alto de la escena del afrohouse en Europa y África.

Aunque llegó muy pequeño a Portugal con su familia huyendo de la inestabilidad de la guerra más larga de África, la de Angola (que duró más de 25 años), sus influencias están claramente marcadas por el kuduro del que os hemos hablado en Wiriko en algunas ocasiones. Dotorado Pro cuenta en Wiriko que ha vivido en Lisboa casi toda su vida y que no ha vuelto a Angola por lo que sus conocimientos “vienen de casa”. Aún así es fácil detectar que su estilo bebe irremediablemente de los sonidos que se escuchan en África, a pesar de que forma parte de esos artistas jóvenes que han conocido los sonidos que se crean en África o en otros puntos del continente a través de Internet, que hoy en día facilita el descubrimiento, la creación y la difusión de nuevos sonidos y producciones. Estos sonidos van más allá del kuduro y afrohouse para adentrarse en sonidos como la kizomba o el tarraxo angoleños, a través de remezclas de sus propios temas.

En una entrevista a la revista Thump, el artista reconoce que no se esperaba el éxito de “African Scream” su tema debut que le ha permitido mostrar al mundo lo mucho que le gusta hacer música y moldear su propio estilo. Lo que en principio empezó con la subida de sus canciones a Soundcloud por pura diversión, acabo siendo su profesión cuando se dio cuenta de que lo que hacía era sonaba muy bien y de que podía tener una gran audiencia.

Pero si algo destacamos dentro del estilo de Dotorado, son las marimbas ya presentes en Africa Scream junto con sintetizadores, vocales y con percusiones. Para este joven productor, la marimba es un instrumento que le da un aire “africano” a la canción y dice: “como mis orígenes son de África, estoy siempre buscando eso mismo. Es un instrumento que no puedo sacar de mi cabeza, simplemente me encanta explorar diferentes tonos o patrones por encima del beat del afro-house”. Tanto es así que hace apenas un año, Dotorado Pro lanzaba otro EP de la mano de Enchufada llamado “Rei das Marimbas”, que una vez más ha recibido una gran aceptación por parte de Dj’s y productores que se han encargado de difundirlo a través de sets en las pistas de baile de varios países en Europa y en África.

Tanto su hit ‘African Scream’ como el EP ‘Rei das Marimbas’, están editadas por Enchufada, el sello portugués creado por Buraka Som Sistema y que, junto con Principe Discos, son dos sellos a los que no hay que perder de vista si queremos estar al día de lo que se produce en la escena electrónica afro.

La carrera musical de Dotorado Pro no ha hecho más que empezar así que merece la pena seguir bien de cerca el trabajo de este productor que representa una escena lisboeta el plena ebullición.

¿Quieres venir a ver al primer concierto de Dotorado Pro en nuestro país?

Para participar en el sorteo de 4 entradas (1 por persona participante) que tendrá lugar el jueves 25 de mayo en la Sala Siroco de Madrid a partir de las 23,59h, no tenéis más que escribir un mail con el asunto “Sorteo Dotorado Pro” al mail [email protected], explicando por qué queréis la entrada. El sorteo se realizará por estricto orden de recepción de correos. ¡No te lo pierdas!

Toda la información del evento en www.motokiatu.com y en el evento de Facebook

 

AfroCubism: “hay mucha música del oeste de África que necesita salir a la luz”

El elenco de AfroCubism Revisted se presenta en Londres / Foto: @dennismcinally

La burocracia se puso de por medio. Nick Gold, cabeza pensante del sello discográfico World Circuit, quiso hacer una trabajo colaborativo entre músicos de Malí y Cuba hace veinte años. Pero los malienses, por problemas de visados, nunca pisaron la isla. Los cubanos reunidos en el estudio Egrem de La Habana decidieron hacer uso del espacio y nació uno de los hitos musicales más importantes del pasado siglo: Buena Vista Social Club. En 2010 Gold recuperó la idea. Esta vez en Madrid, Elaides Ochoa, Toumani Diabaté, Bassekou Kouyaté y Kasse Mady Diabaté entre otros se reunieron para grabar AfroCubism.

“El primer proyecto fue algo muy famoso. Y ahora lo revisamos porque hay mucha música que necesita salir a la luz. Y no sólo de Buena Vista Social Club sino del oeste de África”, explica el trompetista cubano Yelfris Valdés. El músico, junto con el senegalés Seckou Keita, hablaron con Wiriko antes de la presentación de AfroCubism Revisited en el Islington Town Hall de Londres.

Este nuevo proyecto es otro capítulo en una historia cultural que se remonta a la llegada de los esclavos africanos a la por entonces colonia española. En este caso sólo el maliense Bassekou Kouyaté (ngoni) repite en grupo joven pero muy bien capacitado y en el que se unen Seckou Keita (kora), Yelfris Valdés (trompeta), Hammadi Valdés (percusión) y Ednar Enrique Bosch Landa (guitarra). Unos músicos que apenas tuvieron una semana para conocerse y ensayar el repertorio de lo que fue una actualización del disco AfroCubism aunque también se acomodaron algunas composiciones propias.

“Esta es una nueva generación de jóvenes músicos pero también es más diversa. No es sólo Cuba y Malí sino Senegal, Gambia e incluso Italia. El desafío es mantener el respeto a los mayores que hicieron el trabajo aunque a mí me gustaría que el proyecto tomara otra dirección. Algo más variado donde se probaran más sonidos cubanos procedentes de la cultura yoruba e ir más profundamente a la cultura mandé”, describe Keita.

Yelfris Valdés ha asumido la dirección musical de este proyecto en el que ha tratado de “que todos tengan un lenguaje propio y que converjan. Teníamos que sentirnos cómodos y pasarla bien”. Impera la música en un intercambio que abarca distintos territorios separados por el océano Atlántico pero cuyos bagajes sonoros se entrelazan fácilmente.

“Cuando trabajo con músicos cubanos siempre me dicen que lo que hacen es África. La cultura mandé hizo que los sonidos cubanos se enraizaran en nuestra tierra”, dice Keita. “Los cubanos somos muy acérrimos de nuestra clave 6×8 pero eso ya existía en la cultura mandé y es algo que hemos admitido. Además hay ritmos, por ejemplos yorubas, que aunque no son populares en Cuba conectan con el África occidental”, explica Valdés.

Bassekou Kouyaté es el único integrante del primer proyecto AfroCubism. Foto: @dennismcinally

Tanto Keita como Valdés se mostraron entusiasmados por pertenecer a este grupo que basa su trabajo en el respeto a los anteriores miembros. Apuestan por disfrutar de la colaboración y asentarse en la amplia frontera entre la música tradicional y los nuevos sonidos para ahondar en un intercambio musical que ahora busca la continuidad.

“Es una pena dejar toda la responsabilidad a Nick (Gold). Después de que se lanzara el álbum no se hizo nada. La posibilidad es que el “afrocubismo” renazca y continúe con otra generación”, dice Keita cuya visión es muy similar a la de Valdés: AfroCubism fue algo efímero. Había muchas estrellas y muchos egos y además estaba la parte monetaria. Eran muchos los costes para reunirlos a todos y llevar a las figuras al escenario. Esto puede ser una nueva etapa en lo que se conoce como músicas del mundo ya que es un proyecto al que se le puede sacar fruto”.

Los vínculos entre Cuba y los países del oeste africano se consolidan cada cierto tiempo. Algunos son eternos, como la Orchestra Baobab y otros aparecen para reafirmar una historia sonora que parte de una misma tierra. Richard Bona publicó el pasado año su particular recorrido por las raíces sonoras de África en Cuba mientras que el propio Seckou Keita acaba de lanzar un álbum en colaboración con el pianista cubano Omar Sosa. AfroCubism Revisited es otro paso hacia delante de un movimiento que regenera una conexión musical natural con el Atlántico como único intermediario.

“Las Industrias Creativas y Culturales no son una solución mágica para los problemas de desarrollo de África”

En un momento en que las Industrias Creativas y Culturales (ICC) generan 250.000 millones de dólares al año y unos 29.5 millones de empleos en todo el mundo, hemos querido conversar con un experto en la materia para que nos cuente de qué forma este tipo de actividades podrían contribuir a mejorar las estadísticas de desarrollo del continente.

Christiaan De Beukelaer es profesor de política cultural en la Universidad de Melbourne. Se licenció en musicología (Universidad de Amsterdam), es máster en Estudios Culturales (Universidad de Lovaina) y Estudios del Desarrollo (Universidad de Leuven) y tiene un doctorado en Industrias Culturales (Universidad de Leeds). Su campo de investigación se ha centrado las industrias culturales y el desarrollo humano en Burkina Faso y Ghana, y a día de hoy, es uno de los pocos académicos que trabaja el tema de las industrias culturales africanas.

Christiaan De Beukelaer

Gemma Solés: ¿Podríamos decir que las ICC serán un sector clave para el desarrollo de África en los próximos años?

Christiaan De Beukelaer: En 2008, el Informe sobre la Economía Creativa de la UNCTAD afirmaba que la participación africana en el comercio internacional de bienes creativos equivalía a menos del 1% del comercio mundial total (UNCTAD y PNUD, 2008, 6). Esos datos son un poco exagerados. Los países africanos tuvieron una participación combinada de las exportaciones de bienes creativos del 1,56% en 2002, del 1,97% en 2007 y del 2,40% en 2015 (UNCTADstat 2017). Esto demuestra un aumento significativo en el papel que juegan los países africanos en el comercio mundial de productos creativos.

Sin embargo, si se tiene en cuenta que los países africanos tienen una población total de alrededor de 1.200 millones de personas, es decir, el 16% de la población mundial, la participación del continente en el mercado global de bienes creativos es marginal. Contrariamente a la afirmación general de la UNCTAD de que los países “en desarrollo” están aumentando constantemente su participación en la economía creativa mundial, una mirada cuidadosa a los datos disponibles revela que China (clasificada como “país en vías de desarrollo” por la ONU) ha incrementado considerablemente las exportaciones de bienes creativos (De Beukelaer, 2014).

Desde la aprobación de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO (2005), la amplia aceptación de los Informes de la Economía Creativa de la UNCTAD (2008; 2010) y de los informes sobre Economía Creativa de la UNESCO (2013), muchos gobiernos africanos han empezado a crear leyes para apoyar las industrias creativas. Esto indudablemente significa que el sector se hará más visible y adquirirá mayor significado e importancia.

Aún queda por ver en qué medida el sector podrá cumplir con las afirmaciones optimistas, y a menudo exageradas, sobre sus reivindicaciones respecto de una serie de objetivos de desarrollo. Mucho depende del tipo de industrias que se apoyan y de las formas en que los gobiernos, las empresas, los artistas, las organizaciones internacionales, etc., deciden sobre las formas en que se acercan al sector. En este contexto, no existe un enfoque único para hacer que el sector funcione, y el tipo de desarrollo que el sector fomentará depende de las decisiones de los responsables políticos, lo que significa que los activistas culturales tienen un papel importante a desempeñar para defender opciones particulares. Su función consiste principalmente en negociar el equilibrio entre las diferentes opciones y prioridades.

G.S.: En tus investigaciones, argumentas que África, debido a su gran diversidad, debe encontrar su propio modelo de Industrias Culturales y Creativas. ¿Hacia dónde deberían ir las ICC africanas para tener éxito?

C. D. B.: Sostengo que “África” ​​necesita reflexionar sobre los tipos de modelos que funcionarán para el continente – y estos modelos serán invariablemente diferentes entre los países. El clima político actual, las prácticas existentes, los legados coloniales, las prioridades sociales y las conexiones internacionales son elementos que influyen en las industrias culturales y creativas que existen en el continente (De Beukelaer 2016). Más sencillamente, lo cierto es que las industrias culturales y creativas «africanas» existen y han existido durante mucho tiempo. Pero los enfoques conceptuales, las distinciones sectoriales y la comprensión empírica de las lógicas de estas industrias se derivan predominantemente de estudios en países occidentales. Aunque aceptamos que las diferencias entre los Estados Unidos y el Reino Unido son reales y significativas, y que las relaciones entre Alemania y Francia son tan cruciales como las que existen entre Italia y Croacia, sólo estamos empezando a comprender las particularidades de las regiones africanas. Los países y las ciudades son importantes. (De hecho, las fronteras africanas poscoloniales siguen dependiendo casi totalmente de la Conferencia de Berlín de 1884-85 que dividió el continente entre los colonizadores europeos, lo que significa que las prácticas culturales no se encajan claramente en las fronteras territoriales de los estados-nación).

Mi sugerencia aquí es tan simple como difícil. En primer lugar, se necesita más investigación para comprender mejor cómo funcionan las ICC en las diferentes sociedades y en el contexto sociocultural de todo el continente. En segundo lugar, esta investigación debería traducirse en afirmaciones seguras acerca de los conceptos y modelos que existen, que pueden coincidir con los modelos occidentales existentes, pero que probablemente incluyan prácticas y actividades que no existen (en la misma forma) en otros lugares. En tercer lugar, es necesario tomar decisiones claras.

Las ICC no son una solución mágica para los problemas de desarrollo de África. Si el sector va a tener un papel más allá de sí mismo (la creación e intercambio de expresiones simbólicas), todos los involucrados deben sopesar qué tipo de objetivos se deben alcanzar. La inclusión social puede ser un objetivo, pero requiere mucho trabajo, ya que las ICC tienden a perpetuar (si no exacerbar) las desigualdades sociales. Esto se debe a que el sector depende en gran medida de mano de obra no remunerada (voluntariado y pasantías), trabajo mal pagado (largas horas, a menudo para organizaciones que no pueden compensar horas extras) y porque la importancia de las redes sociales beneficia desproporcionadamente a quienes empiezan desde posiciones socioeconómicas fuertes. El crecimiento económico podría ser un objetivo, pero aquí la forma en que interviene el Estado (como regulador o participante activo) es tanto una consideración política como técnica. Del mismo modo, las ICC pueden utilizarse en estrategias para el desarrollo sostenible, pero también aquí, estas industrias no son una solución mágica, y existen diferentes vías estratégicas para elegir (Duxbury, Kangas y De Beukelaer, 2017).

G.S.: ¿Está el propio concepto de Industrias Creativas y Culturales “envenenado” o demasiado “pervertido” por los discursos del “Norte Global”? ¿Qué dicen los académicos y/o expertos africanos sobre las industrias culturales y creativas como factores clave para el desarrollo en el continente?

C. D. B. : El concepto de las industrias culturales y creativas no está necesariamente “envenenado” o “contaminado”, pero ciertamente es confuso. En primer lugar, las industrias “culturales” y “creativas” no son lo mismo. Las diferencias pueden parecer triviales cuando se examinan las clasificaciones de los sectores, pero sus historias y su significado político hacen que esas diferencias sean cruciales. Comentar esto en el espacio tan limitado que tengo aquí no haría justicia a esta complejidad. Justin O’Connor (2011; 2010) ha hecho un gran trabajo explicando estas historias, y Gaëtan Tremblay (2011) y Nicholas Garnham (2005) han discutido sus implicaciones en los datos y la política respectivamente.

En segundo lugar, al igual que en cualquier otro ámbito de la política pública, hay diferentes enfoques ideológicos de las ICC. A menudo, estas interpretaciones y estrategias se reducen a un simple conjunto de binarios derecha/izquierda o mercado/estado. Pero es difícilmente útil, ya que la existencia y regulación del sector es mucho más compleja. Pero a pesar de esta complejidad, es crucial entender que los debates sobre las ICC no están libres de valores ni neutrales. Siempre vienen con algún nivel de perspectiva ideológica y alguna forma de influencia ideológica.

Lo que se necesita, diría yo, es un mayor compromiso con el rango de los perfectivos normativos y las opciones que definen el debate. Sólo cuando se consideran activamente y abiertamente estas opciones se pueden tomar decisiones informadas.

Uno de los temas en el debate actual es que la mayoría de los comentaristas sobre el sector en África lo están haciendo desde su trabajo en el activismo. Si bien esto es tremendamente útil en términos de su comprensión del sector (Arterial Network es una de las grandes plataformas de debate en este sentido), estos comentarios raramente alimentan el debate académico. Si bien la academia no es de ninguna manera el único nivel o contexto en el que se sostiene el debate legítimo, es la plataforma a través de la cual la participación internacional (también con organismos como la UNESCO y la UNCTAD) acontece en su mayoría.

G. S. : Afirmas que hay muchos modelos en el campo de las economías creativas. ¿Cuál es el modelo más extendido? ¿Por qué no es bueno para todos?

C. D. B. : Las diferentes organizaciones optan por enfoques que se centran en lo que consideran importante. La UNCTAD, la organización que dirigió los Informes de Economía Creativa, fue fundada para repensar y reequilibrar las relaciones comerciales mundiales. Por lo tanto, tiene sentido que favorezcan aquellas actividades que de hecho pueden desempeñar un papel en el comercio (internacional). Esto significa que las actividades que no se monetizan permanecen bajo el radar.

La UNESCO, organismo especializado de las Naciones Unidas en educación, ciencia y cultura, tiene su propia oficina de estadística que proporciona datos sobre actividades culturales. Está arraigado en una comprensión más amplia de la cultura y no mira el comercio solamente, pero también se centra en por ejemplo la participación. Los Indicadores de Cultura para el Desarrollo de la UNESCO (CDIS) examinan de manera holística la relación entre cultura y desarrollo.

La OMPI, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, utiliza una clasificación que se centra en los bienes y servicios que tienen un componente de propiedad intelectual para ellos. Esto da lugar a otra clasificación.

DCMS, el Departamento de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del Reino Unido ha sido la agencia gubernamental pionera que promovió las industrias creativas. Su clasificación ha sido retomada por el British Council en su intento de promover el sector en todo el mundo.

La lista continua. Por lo tanto, no hay básicamente un modelo dominante. Y la elección de cualquiera de estos modelos viene con ciertas ventajas, pero también limitaciones. Esta es precisamente la razón por la cual -como ya he dicho- debemos tomar decisiones claras, consideradas y motivadas sobre el tipo de trabajo que pretendemos apoyar.

G. S. : Pero sí hay una clara brecha entre las leyes que se pretenden implementar desde arriba (por ejemplo, las leyes contra la piratería en la industria de la música) y las prácticas generalizadas de piratería o el mercado informal en terrenos culturales … ¿Cómo se puede cerrar esa brecha?

C. D. B. : Esta es una pregunta difícil. En este nivel, las ideologías, modelos y enfoques chocan. Dependiendo de la perspectiva de uno, las opciones aquí son significativas. En mi trabajo, por lo general, he sido reacio a proporcionar una postura normativa, ya que no es mi papel como investigador deliberar opciones de políticas. Considero que mi papel es meramente una clarificación de opciones y sus implicaciones, a través del estudio empírico de lo que ha estado sucediendo.

Dicho esto, hay pruebas de que la piratería a menudo sirve como un impulsor de la innovación que interrumpe las prácticas existentes y altera las industrias establecidas. Sin duda, son a menudo ilegales, pero la supresión de tales actividades ilícitas ha sido históricamente alcanzada por la incorporación de sus prácticas en el modus operandi de los jugadores de la industria existente – o la creación de nuevos actores que operan legalmente (creo Apple y Spotify).

La tensión subyacente es que existe la necesidad de equilibrar los derechos humanos con los derechos de autor, como argumenta Farida Shaheed (2014). En un próximo artículo con su colega Martin Fredriksson, argumentamos que centrarse únicamente en la aplicación estricta de la legislación sobre derechos de autor -aunque legalmente bien- plantea algunas cuestiones éticas. ¿Cuáles son los derechos más protegidos? ¿Quién debe tener acceso a la cultura, sólo aquellos que pueden pagarla? ¿Y quién debería cosechar los rendimientos, y cómo deberían ser equilibrados entre creadores e interesados ​​de la industria?

G. S. : ¿Qué podemos aprender de las nuevas maneras de consumir música o cine en África?

C. D. B. : Mucho – las nuevas superposiciones entre la distribución digital y física y el consumo son fascinantes. No me he centrado en esto hasta ahora para comentar los detalles de estas nuevas modalidades, pero actualmente estoy desarrollando algunas investigaciones para ese fin con Andrew J Eisenberg (NYU Abu Dhabi).

G. S.: ¿Cómo podrían las ICC representar una verdadera fuente de desarrollo para África?

C. D. B. : Todo depende de qué tipo de “desarrollo” estamos hablando. Este es un tema que desarrollo ampliamente en mi libro Developing Cultural Industries: Learning from the Palimsest of Practice (De Beukelaer 2015). En resumen, el “desarrollo” tiene muchos aspectos, y antes de que podamos juzgar el papel que las ICC pueden desempeñar en el desarrollo, tenemos que definir de qué tipo de desarrollo estamos hablando. Y aunque es fácil fingir que todos estamos hablando de lo mismo, y que no hay una verdadera discusión necesaria para asegurarnos de estar en la misma página, cualquiera que trabaje en desarrollo reconocerá la necesidad de definir claramente de lo que estamos hablando.

Además, gran parte del debate se basa en el supuesto de que las ICC impulsarán el desarrollo, pero luego argumentan que el propio sector necesita desarrollo. Esta es una falacia lógica: si lo que impulsa el desarrollo necesita desarrollo, entonces ¿cuál es exactamente la base o raíz de ese desarrollo?

En mi propio trabajo, he definido el desarrollo como se utiliza en el enfoque de “desarrollo humano y capacidades”, avanzado por los filósofos Amrtya Sen y Martha Nussbaum. Argumentan que no es tanto la finalidad del desarrollo (su mera utilidad) la que debe contar más, sino que el desarrollo se refiere a la posición que una persona tiene que definir y decidir a la hora de valorar la vida y actuar respecto a eso. Por lo tanto, en lugar de tener un mero acceso a la educación como una meta de desarrollo, este enfoque valora nuestra capacidad para tomar decisiones informadas sobre una gama de opciones educativas que podemos tener (incluyendo, por ejemplo, las opciones vocacionales o académicas). Sin embargo, este enfoque no está exento de críticas, dado sus presupuestos liberales inherentes a las sociedades, y su enfoque en cómo los individuos (y no los grupos sociales o culturales) valoran diferentes opciones de desarrollo. Por lo tanto, no afirmo que esta definición sea la mejor posible; simplemente lo usé para corroborar las afirmaciones (en gran parte sin fundamento) hechas acerca del “desarrollo humano” en la literatura de las CCI.

Al final, sin embargo, prefiero enfatizar las diferentes perspectivas que surgen de diferentes definiciones, que apuntar cuál creo que es ‘mejor’ o la menos mala.

G. S. : ¿Se tiene suficientemente en cuenta el valor no monetario de la cultura, o estamos demasiado obsesionados con cifras cuantificables?

C. D. B. : Según mi experiencia, la mayoría de las personas que trabajan realmente en la cultura -incluidas las de los ministerios- estarán de acuerdo en que el valor monetario de la cultura no tiene un gran poder respecto al valor o valores que puede transmitir. Pero debido a que los datos económicos sobre la cultura están más fácilmente disponibles, es una forma muy atractiva de valorizar la cultura. Esta es precisamente la razón por la cual se necesita una investigación cualitativa más fundamentada para avanzar en nuestra comprensión de las maneras en que entendemos y valoramos la cultura.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en el boletín del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Ken Aïcha Sy: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada”

Ken Aïcha Sy – Bloguera y propietaria de un sello discográfico. Esta foto es parte de la serie The Studio of Vanities de
Omar Victor Diop, 2011.

Esperando en la calle en el barrio de Mermoz, en el centro de Dakar, Ken Aïcha Sy no pasa desapercibida. Alta y vigorosa, luce un look atrevido incluso para la capital, adornado de piercings y tatuajes y habla un francés mezclado sin complejos con términos en wolof y numerosos anglicismos. Así es esta emprendedora vocacional y activista cultural empedernida, cuya historia, se podría decir vincula pasado, presente y futuro de la cultura contemporánea senegalesa.

Pasado: la agitación para la reflexión

Esta joven de 28 años nació en Dakar en el seno de una familia que bebió del esplendor artístico y cosmopolita del Senegal de la post independencia. De la fusión de las pasiones de sus dos progenitores se conforma lo que es hoy su proyecto de vida: la cultura y la comunicación.

Su madre, la periodista de las Antillas francesas, Anne Jeanbart, le legó el espíritu divulgativo, y su padre, el pintor senegalés El Hadj Sy, el amor por el Arte: así, con Mayúsculas.

El Hadji Sy, padre de la bloggera senegalesa Ken Aïcha Sy. Fotografía de Africanah.

El Hadj Sy , se formó en la Escuela de Dakar puesta en marcha por Senghor en los primeros años de la independencia, sin embargo, pronto se desmarcó de la línea filosófica de la Negritud. Fue uno de los miembros activos del movimiento por la agitación artística, el Laboratorio AGIT-Art, que junto con Amadou Sow, Bouna Seye y muchos otros, se conservó el derecho y el deber de criticar las políticas públicas y de imaginar otra manera de concebir el arte más libre y creativa que la que tenía el presidente.

“No crecí cerca de mi padre y, aunque había cuadros de él en casa, no conocí su obra hasta casi mis 22 años”, comenta Ken Aïcha Sy. “Sin embargo, mi madre, testigo de primera mano, me hablaba de AGIT-art, el laboratorio artístico y experimental que desde los 80 trabaja por la cultura y la creatividad. Me contaba los comienzos y cómo los artistas de la capital se reunían en el patio de Joe Ouakam (como se conocía al recientemente fallecido Issa Samb). Ese periodo ha contribuido enormemente a avanzar la reflexión sobre la cuestión del Arte en Senegal”. 

Esta herencia de concepción de la ciudadanía ligada al activismo cultural aflora en Ken Aïcha SY en 2010. Tras realizar sus estudios básicos en la capital senegalesa, en 2006 se marcha a Francia a formarse en arte y diseño. Su vuelta a África coincide con la 3a edición del Festival Mundial de Artes Negras (FESMAN), en la que retoma contacto con su padre y su círculo artístico al que apenas conocía. Le salta el chip. Se da cuenta de lo desvinculada que está la juventud de ese patrimonio. No hay vuelta atrás. Se decide a poner en valor y visibilizar las iniciativas culturales existentes pero también las potenciales. No puede dejar de ver oportunidades en su entorno. ¡Tanto talento sin explotar!

Presente: las TIC para visibilizar el patrimonio

Así que se pone manos a la obra. Su objetivo: visibilizar y promover la cultura senegalesa. “Era una necesidad real en aquel momento”, explica. Empieza con un blog y al año, crea Wakh’art (un juego de palabras que significa “hablar de arte”, en wolof),  una plataforma cultural que cuenta con más de 10.000 seguidores online y con varios ejes de trabajo: un repertorio artístico con más de 700 entrevistas realizadas por ella misma, una agenda cultural y proyectos como una radio online o la Boîte à Idée (La Caja de las Ideas) un espacio de encuentro físico donde se organizan debates culturales, proyecciones de cine, exposiciones, talleres de pintura y brunch los sábados.

“Internet ayuda mucho pero la gente necesita verse y sentirse. Las actividades son gratuitas, ya que no queremos que el dinero sea un problema para el acceso a la cultura”, afirma.

Wakh Art Akya Sy, por Diattus Design.

En efecto, la Boîte à Idees es también su casa. Y la sede de Wakh’art. Un lugar creado al estilo de la Factory de Warhol… La villa desvela su gusto por el reciclaje y la recuperación, por la cultura urbana en forma de grafitis imponentes que cambia cada año para guardar “el espíritu efímero que debe caracterizar este arte”, detalles mágicos en forma de conchas, árboles, libros escondidos o juegos para los visitantes más pequeños. Se respira amor y respeto por lo que hace y una voluntad de crear un lugar inspirador para los artistas que por allí se acercan.

En forma de entrevista, Ken Aïcha Sy transcribe en primera persona los intercambios que tiene con las actrices y actores culturales de todas las generaciones que pasan por la Boîte à Idées. Con un estilo informal pero rigurosamente documentada, traslada la opinión de estos artistas senegaleses y extranjeros de paso en la ciudad, que no solo hablan sobre sus trabajos, sino que son cajas de resonancia de las realidades sociopolíticas de su entorno.

Observadora privilegiada del panorama cultural de su país no tiene pelos en la lengua: “Aparte de la música, hay poco conocimiento y reconocimiento del arte. Cuando rascas un poco el discurso político en materia cultural está vacío: al final la financiación viene de fuera. Al menos, el gobierno debería obligar a las empresas extranjeras que llevan años beneficiándose de nuestras riquezas a participar en las manifestaciones culturales y aportar dinero al desarrollo cultural de nuestro país. ¡Es lo mínimo!”, se indigna. 

Ken Aïcha Sy, por RapNabisso.

Futuro: el arte como factor de desarrollo

El lema de la asociación Wakh’art, presidida actualmente por el experto en estrategia digital Alpha Ciré Kane, es el “arte como factor de desarrollo”. “Nos referimos a un modelo económico en el que creemos”, dice SY. “En Senegal tenemos un patrimonio cultural muy rico, pero no somos conscientes de su potencial económico. Nosotros creemos que el arte se debe de utilizar para favorecer el desarrollo del país. Si desarrollamos la industria cultural, y la profesionalizamos, mucha gente podría ganarse mejor la vida y a la vez, atraer un turismo diferente”.

“Para eso, habría que llevar a cabo dos acciones: promover que la ciudadanía conozca y ame su propia cultura, y formar profesionalmente a alguna de esa gente para participar profesionalmente en su desarrollo”, comenta.

Tras el análisis, Wakh’art se puso a trabajar: “con el proyecto Arte en la escuela, intentamos promover esa sensibilidad artística en los más jóvenes, incluyendo también disciplinas menos convencionales como grafiti, DJ’ing o reciclaje y dándoles las herramientas para poder descodificar la cultura y aprender a amarla”.

En paralelo, Ken Aïcha SY trabaja para la profesionalización del sector, a través del sello discográfico Wakh’art Music (WAM), cofundado con el músico Moulaye, como empresa independiente pero guardando la misma filosofía.

“Aunque tiene vocación empresarial, WAM nació de la necesidad de jóvenes artistas que se dirigían a nosotros en busca de consejos profesionales para gestionar sus conciertos, agendas, comunicación, contactos. Sin embargo, somos un sello poco convencional: en primer lugar porque mientras otras discográficas se llevan porcentajes descomunales, el artista de WAM se lleva el 70% de los beneficios de sus ventas, y en segundo lugar porque nuestros artistas no hacen tendencia, tienen una pluma extraordinaria y una vasta cultura musical”, explica la promotora.

“Es por ello que es difícil venderlos, porque no son “encasillables”: la industria musical te obliga a buscarles una casilla cuando en realidad entran en varias.  Es una pena que sigamos en esta tesitura cuando el mundo actual es mestizo y plural: un artista se inspirará de diferentes fuentes como Bob Marley, Oumou Sangaré o The Beatles”. 

Hablando del panorama internacional se lleva las manos a la cabeza: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada. Aunque seas originaria de un pueblo de África y estés orgullosa de serlo, no es por ello que tu obra deba presentar obligatoriamente un niño pequeño y desnudo que se llame Kirikou. ¡Somos más que eso!”. 

Caso de estudio en numerosas escuelas de emprendimiento y gestión, Ken Aïcha Sy no duda en compartir su experiencia con cualquiera con la misma voluntad de cambiar las cosas que ella. Incluso la han contactado de Nigeria y Camerún para intercambiar sobres las claves de su éxito.

Parece difícil encontrar algo que se le resista a esta mujer, sin embargo confiesa que su reto para este año es visibilizar la creatividad femenina. “Yo soy feminista y tengo ganas de apoyar a las creadoras a dar el salto a lo profesional. Tengo la sensación de no haber hecho lo suficiente por darles visibilidad. Las mujeres son más discretas y la sociedad senegalesa es muy particular al juzgarlas: muchas comienzan pero después se casan y rechazan entrar en una dinámica profesional, o se quedan en un segundo plano, como coristas… no es que no puedan compatibilizar vida laboral y profesional, sí pueden: son mujeres, ¡llevan toda la vida haciéndolo!”.

Se despide dejándonos su descubrimiento de 2017: Angélique Dione, y prometiendo seguir dando mucho más de qué hablar. De arte, por supuesto.

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Repensando la producción cultural africana

A pesar de que cada vez hay más infraestructuras en África destinadas a gestionar la innovación y la creatividad del continente, su limitada existencia sigue fomentando el éxodo de capital cultural. Muchos directores de cine, fotógrafos, músicos o escritores africanos viven fuera de África, fomentando la existencia de dos formas de producir, directamente influenciadas por los entornos desde los que se produce: desde África y desde fuera de África (lo que se suele conocer como diáspora africana, artistas en el exilio…).

Algunos artistas e intelectuales africanos, como es el caso del escritor keniano Binyavanga Wainaina o el nigeriano Wole Soyinka, quien después de la toma de posesión de Trump en su país de adopción (Estados Unidos) ha trasladado su residencia a Sudáfrica, son una buena muestra de un cambio de tendencias en el sector creativo. Un cambio que apunta a que África es un lugar posible. Un continente donde se puede vivir, trabajar y crear aún y siendo un escritor o artista de renombre.

Sin embargo, en algunos casos, este retorno supone un desafío para las naciones de acogida, pues los “retornados” representan contestación y resistencia a las políticas y la cultura mainstream, divergiendo de lo que se suele producir por aquellas y aquellos que no han salido de su país natal y pueden (o no) ser ideológicamente más afines a las autoridades gobernantes. Al mismo tiempo, volver a vivir al país que se dejó atrás, a veces representa un reto para muchos artistas que retornan, sobre todo en aquellos países donde la libertad de expresión está más amenazada o donde existe más discriminación para colectivos específicos, como es el caso de los artistas más vinculados a la lucha para los derechos LGTBIQ.

En cualquier caso, desde dónde se crea condiciona el producto final. Y por eso, el lugar, el desplazamiento, el viaje y las transformaciones que eso provoca, son centrales entre los académicos que hoy se dedican a estudiar los productores culturales de África.

En su obra Rethinking African Cultural Production, la camerunesa Frieda Ekotto, y en norteamericano Kenneth W. Harrow analizan cómo esas dos formas de producción contemporánea -desde dentro y desde fuera del continente- plantean debates profundos sobre el significado de “lo africano” y hacen tambalear las concepciones más conservadoras sobre las culturas africanas.

A través del análisis de diferentes obras literarias y cinematográficas, Ekotto y W. Harrow contextualizan y encuadran los marcos de estudio actuales para comprender la producción, distribución y recepción de, especialmente, cine y literatura africanos. Los distintos debates son conducidos a través de un compendio de diez ensayos que recorren el estado actual de la literatura africana; los escritores africanos que desafían las convenciones de la historia de la literatura convencional; las teorías de la creatividad en la sociedad africana; las escuelas del Norte de África; lo transcultural; los retos económicos, políticos y sociales del cine marroquí; las nuevas dramaturgia africanas en la Francia de hoy o las literaturas mauritanas…

Según Ekotto y Harrow, han quedado atrás las luchas por las emancipaciones nacionales y la batalla contra el neocolonialismo. Y aunque hay residuos de esos momentos históricos en la producción cultural actual, el panafricanismo o la negritud han quedado atrás. Hoy, el poscolonialismo o la globalización se han apoderado de los discursos culturales, y preguntas como “qué son las literaturas africanas” han quedado obsoletas. Como sugiere el escritor camerunés Patrice Nganang en el capítulo 4, hoy la pregunta debería ser otra: “¿qué es la literatura en África?”. Lo cual impide pensar en una literatura africana “auténtica”.

El cine, la música, el arte y cualquier manifestación de la cultura contemporánea en África o hecha por africanos, no puede ya ser definida como “africana” sin pasar por un fino tamiz filosófico. Filtro inconformista para el que este compendio nos propone herramientas muy valiosas.

Dr. Frieda Ekotto, presidenta del Departamento de Estudios Afroamericanos y Africanos de la Universidad de Michigan, profesora de francés, de Literatura Comparada y de Estudios Afroamericanos y Africanos. Foto de Àlexander Holmes.