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La diversidad cultural de Barcelona pone el foco en África

En el interior de un espigado edificio de color gris en Barcelona presentado como Centre Cívic Navas se encuentra la primera pieza del ciclo de Diversitats, Cultures del Món. Llama la atención por la explosión de colores de telas estampadas con diversos motivos, al estilo de Vlisco, la exposición de tejidos de LALOLA d’Àfrica. Están expuestas en marcos de madera, tejidas en pequeños pantalones y faldas, y doblegadas en pequeñas zapatillas. Allí nos encontramos con Oriol Pallarès, el coordinador de la programación.

El barrio de Navas se encuentra en la franja este de la ciudad de Barcelona, en el distrito de Sant Andreu. En el conjunto del barrio se reúne un 27,9 % de población migrada, de la cual el 4,6 % nacieron en el continente africano, siendo las nacionalidades más presentes del sur del Sáhara Senegal, Guinea y Nigeria.

La propuesta de Diversitats, Cultures del Món, nace en un intento de poder especializarse como centro en un ámbito que a la vez pueda acoger y exponer diversas perspectivas de distintas disciplinas. Este foco, por lo tanto, contempla la exposición de aspectos tanto artísticos, culturales como sociopolíticos. Con ello, y por su cometido ineludible al servicio de la comunidad, este espacio pretende dar a conocer otras realidades a habituales del centro cívico.

Este ciclo empieza casi por casualidad en la región del Oeste Sur-sahariano, nos cuenta Oriol. Empezó tirando del hilo de Marga Mbande, y de allí comenzó a conocer a otros artistas. “Es como si se hubiesen manifestado los vínculos dentro de la comunidad de la diáspora africana en Barcelona”. Así, en la programación, encontramos estilos de lo más variados. Como nos explica Oriol, las jornadas pretenden huir de la folclorización de las culturas africanas y de la representación del continente africano como una región donde aparentemente la cultura tradicional es imperante. Por eso, han decidido aunar sonidos de la modernidad y la hibridación intercontinental, así como los más tradicionales.

Marga Mbande.

El programa fue inaugurado la primera semana de Octubre con el espectáculo de Ndione Michel Doudou, pero en los próximos días encontraremos artistas de distintos orígenes e identidades artísticas, como son Ngomez Nokass y Betty Akna.

Griots de Senegal y un espacio de creación para la infancia

Ngomez Nokass, que significa algo así como “salsa picante de distintos ingredientes de la familia Ngom”, como nos cuenta Mamadou Ngom -componente del grupo-, no es la primera vez que actúa en la ciudad condal. El colectivo ya lleva 15 años en Barcelona, 10 de los cuales participando al son del djembé, del sabar, del djun djun, del soruba y la tama en su vida festiva y pública.

Ngomez Nokass.

Nos explica, además, sorbiendo de un café en una terraza cualquiera, que Ngomez Nokass es un concepto originario de la familia de griots a la que pertenece, ya desde Senegal y que viajó junto a su tío para consolidarse en Barcelona. Es así como sus espectáculos no pretenden ser únicamente animados, festivos, enérgicos y frescos –que también-, si no que además procuran dejar un mensaje. “Queremos que cuando el público se vaya, tenga algo de lo que hablar”, como expresa Mamadou. Por ello explican las canciones a la audiencia y hacen vibrar al ritmo de los mensajes de sus composiciones, que tratan de distintos temas, como por ejemplo el agradecimiento a sus madres.

Asimismo, como griots con la idea de llegar a distintos públicos, ofrecen también un taller, un espacio de creación para la infancia en el que desde la producción de sonido y movimiento se promoverán los mensajes que inspiran sus canciones. Podréis encontrarlos el 10 de Noviembre para el taller de creación, y para la tralla final, el 16 de Noviembre.

Una exposición sonora de colores:

Betty Akna. Imagen de Afroféminas.

El 21 de Diciembre también es una fecha a reservar. Estará Betty Akna ofreciendo una explosión sonora de colores. La artista vuelve a Barcelona, la ciudad dónde se crió, y de la que nos declara, recordando el pasado, que le tiene un cariño especial y agradece todo lo bueno que ha podido aprender; contenta y honrada por participar en una iniciativa cultural y artística dirigida a África.

La cantante llega después de vivir durante unos años en Guinea Ecuatorial, una experiencia que, recalca, le ha hecho crecer y completar su identidad sonora. Como expresa “no es lo mismo escuchar las canciones en un reproductor de música que vivirlas en el terreno y directamente con los artífices de ella”. Betty Akna, consciente de este proceso, pretende ser uno de los referentes culturales de tanto personas migrantes como autóctonas. Así expresa la artista su voluntad: “Ser embajadora artística de una cultura, de una realidad existente pero desconocida y/o distorsionada por muchos, e inspirar a las personas en general y a los africanos en particular a amar su cultura y compartirla“.

Además una de las particularidades que ha podido añadir a su música, alma y voz ha sido la lengua Ndowe en algunas de sus composiciones como en “I miss you” o “Lembo la mboka ame”. Aspecto que además de ofrecer sonoridades y fonemas singulares al canto, da la oportunidad a generaciones actuales como futuras. “Escuchar esta lengua y parte de la carga cultural de ésta, no se perderá” como nos expresa desde el sentimiento la artista.

Fez vuelve a encender la llama sagrada de la música

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de Abril. Fotografía Gemma Solés i Coll/ Wiriko.

Con sus ya 23 ediciones, Fez se ha convertido en un enclave irreemplazable de la arena cultural gracias a uno de las citas musicales más destacadas a escala internacional: el Festival de Músicas Sagradas de Fez.

Toda su riqueza y multiculturalidad, sedimentada en sus edificios, calles, puertas, gastronomía y sociedad, ha sido reconocida por la UNESCO, que la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1981. Y es que Fez ha trascendido por ser un lugar de acogida y convivencia a través de los siglos. En el año 818, un gran número de andaluces emigraron a Fez tras la Revuelta del Arrabal, en Córdoba. En 824, otra rebelión, en Túnez, hizo que la ciudad acogiese a una gran cantidad de árabes, mayoría étnica a partir de entonces. Y ya en el siglo XV, los judíos sefardíes se instalaron aquí, creando juderías urbanas que estarían en funcionamiento hasta entrado el siglo XX.

Por eso no es de extrañar que esta ciudad marroquí sea hoy un enclave único para el encuentro espiritual de diferentes tradiciones y pueblos. Un crisol de culturas que encuentra una forma de expresión a través de lazos históricos que África, Oriente Medio, Asia y Europa han ido tejiendo en un lienzo inmaterial que hoy se hace evidente en el lenguaje universal de la música.

La 23ª edición del Festival de Músicas Sagradas de Fez (12-20 de mayo)

Con expectación, opulencia y fuertes medidas de seguridad, la alfombra roja inauguraba la noche del viernes 12 de mayo, con la presencia de diplomáticos y prensa internacional, junto a cientos de privilegiados acomodados en palcos de una imponente y señorial Plaza Bab Almakina. Con la asistencia de la princesa Lalla Salma, consorte del rey Mohammed VI, y de Dominique Ouattara, esposa del actual presidente de Costa de Marfil, el evento cultural se transformó en un auténtico acontecimiento regido por el protocolo y la vigilancia.

La tensión se diluyó rápidamente en cuanto el mapping, los actores, actrices y músicos empezaron a iluminar las paredes del recinto y la palestra para recorrer la historia de la humanidad y sumergirnos en la mitología del agua, tema central de este año. La historia del diluvio, el profeta Jonás o el Espíritu del Agua de tradiciones como la amazónica, griega o la egipcia, impregnaron al espectador en una gala que recorrió referencias bíblicas, coránicas y sufíes con el acompañamiento de una orquesta de doce músicos y la participación de intérpretes marroquíes, malienses, kuwaitíes, egipcios, brasileños, españoles, franceses, griegos, indios o iraníes. China, invitado de honor de esta edición, tuvo un peso importante durante la noche, donde no faltaron las acrobacias y el baile, y en la que sorprendieron sinergías como las que protagonizaron los Silbadores de la Isla de la Gomera junto a los Sopladores del Alto-Atlas.

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de mayo. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Mientras en Bab Almakina todo parecía lujo y solemnidad, la Fez más local, la que no puede permitirse una entrada al festival –en Marruecos, más del 15% de la población vive con menos de 3 euros al día y casi el 40% de los jóvenes urbanos están desempleados– celebraba el Festival en la ciudad en la vecina Plaza de Boujloud. Un espacio que estará activo cada noche hasta la clausura del festival, el próximo sábado 20 de mayo.

Una mujer marroquí mendiga delante de la puerta de una mezquita, en la Medina de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Los conciertos más destacados del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez:

La pirotecnia musical está servida desde el sábado 13 en diferentes enclaves de la ciudad. Si el mismo sábado podíamos disfrutar del pianista nómada francés Marc Vella en los Jardines Jnan Sbil, la joven instrumentista china LingLing Lu nos daba una clase magistral de erhu (violín chino) y pita (laúd) en el marco del impresionante patio interior del Riad Dar Ben Souda. Un concierto que fue intimista y mágico, y que permitió a menos del centenar de asistentes, penetrar en la técnica purista de una joven prodigiosa. La noche la cerraba la ópera china Wu Du Zhejiang con un espectáculo histriónico en Bab Almakina.

Lingling Yu en el 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

La tarde del domingo sintetizaba el alma de la selva amazónica en los jardines Jnan Sbil con el espíritu indígena de Marlui Miranda y las danzas y la poesía berber de Inouraz en Dar Adiyel. Sin embargo, el plato fuerte de la noche fueron Songhai, el proyecto que nació en 1988 de la mano del flamenco de los españoles Ketama y de la kora del maliense Toumani Diabaté. Casi 30 años después de ese revolucionario trabajo, que repitió segunda parte en 1994, Songhai se volvieron a reunir en Fez, aunque sin Antonio Carmona y junto al contrabajista Javier Colina, para volver a decirle al mundo que Andalucía y África Occidental, los gitanos y los bambaras, tienen un pasado común que hoy se hace evidente a través de la música.

Songhai, tras el concierto que ofrecieron en el 23º Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Ayer lunes, el podio de audiencia se lo llevó el bluesman Eric Bibb, y hoy, la lira griega de Stelios Petrakis Quartet o el encuentro franco-marroquí Taziri le volverán a hacer sombra a la diaria sesión de cines que acoge el Instituto Francés de Fez. El icono del pop libanés Yasmine Hamdan, que actúa el miércoles, el concierto del virtuoso de la guitarra flamenca Vicente Amigo el jueves 18, o el proyecto cubano-marroquí de Aziz Sahmaoui, prometen volver a conseguir que Fez se perpetúe como cita anual imprescindible para todo melómano y melómana.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Jac Keïta: “Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio”

– “Concert bi neexna ma lool” (El concierto me ha gustado mucho)

– “Jerejef way, yeen lay beggee” (Gracias amigo, es para vosotros)

Jac Keita del grupo Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Exhausto pero enérgico, Jac Keïta, líder de la banda Takeifa, saluda a todas y cada una de las personas que viene a felicitarle tras el concierto ofrecido en un pequeño pueblo del norte de Senegal, organizado por la asociación Hahatay sonrisas de Gandiol. El nivel actual de la banda raramente les permite este contacto con la realidad de su país, algo que el artista agradece. “Es muy motivador tocar ante un público rural, que no te conoce mucho y que ves que tu música le llega. Es un subidón”, ríe.

Takeifa, juego de palabras que significa Familia Keita, es un grupo de largo recorrido, muy conocido y valorado tanto en la escena senegalesa como internacional.

Todo surgió de él, Jac, carismático e inquieto. Hijo de un comisario, creció mudándose constantemente de ciudad con su familia. Allí donde se instalaban los Keïta, Jac formaba un grupo, tocaba la guitarra o cantaba en solitario. Sus padres siempre le apoyaron y poco a poco el gusanillo de la música fue picando a sus hermanos: primero se le unen Ibrahima a la batería y Maah al bajo. Poco después Cheikh, que ya había hecho sus pinitos a la guitarra y le daba también al arte plástico, y Falou, al micrófono, se instalan con ellos en Dakar en 2006 dando comienzo a la aventura.

La primera vez que los escuchamos fue en Madrid en mayo de 2011. Tocaban en el Paraninfo de la Complutense en el festival Africa Vive organizado por Casa África. Por aquella época se llamaban Jac et le Takeifa, habían publicado un solo álbum (Diáspora, 2008) y tenían como cabeza de cartel a Femi Kuti.

Pese a que no eran aún muy conocidos por el gran público, tenían ya su red española bien atada : su manager les había conseguido abrir un hueco en los grandes festivales como el WOMAD o Territorios, en Sevilla.

Aquella noche, esperando al nigeriano, el público se quedó impresionado con la sincronía y presencia escénica del grupo, que ofrecía una música fresca, bailable, fusionando pop, reggae, rap y sonidos africanos. “Prometen”, se decía.

Seis años después, la profecía parece más que cumplida. Agotan entradas en todas las ciudades senegalesas, cuentan con varios clubs de fans, comparten cartel con los grandes nombres de la música africana (Youssou Ndour, Alpha Blondy o Tiken Jah Fakoly) en los festivales europeos y gozan del respeto de la crítica y los medios.

Pese al cansancio, Jac no mira al reloj sino a los ojos, y conversa entretenido sobre los entresijos de su tercer álbum que saldrá a la venta en mayo de este año, bajo el título Gass Giss.

Maah Keita de Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Habéis hecho bailar a niños y mayores del pueblo, y es que parece imposible no contagiarse de vuestro ritmo ¿seguís siendo el mismo grupo que conocí en 2011?

Seguimos siendo los mismos, pero hemos evolucionado. Hemos aprendido a valorar la sencillez. Hemos entendido la importancia de la precisión y la simplicidad en los arreglos, en la melodía, y también en la puesta en escena. Antes necesitábamos gritar, saltar, usar muchos instrumentos para crear ambiente, pero con el tiempo y al frecuentar diferentes tipos de audiencias, nos hemos dado cuenta de que lo que engancha al público es una sonoridad más profunda, más pura, sin necesidad de sobrecargar.

Hace cinco años de vuestro último trabajo Get Free ¿por qué nos habéis hecho esperar tanto ?

Con Get Free estuvimos tres años de gira en Europa y Senegal. Necesitábamos parar un poco para crear y grabar. El proceso creativo ha llevado su tiempo, y después hemos grabado en Senegal pero la masterizacion la hemos hecho en Estados Unidos… Nuestra discográfica alemana es muy exigente en cuanto a la calidad y creatividad. No aceptan nada del mismo nivel que tu trabajo anterior: tienes que superarte. Tenemos mucha presión en cuanto a la música pero también en cuanto al protocolo, a la imagen, infografía, ruedas de prensa… Esta vez queríamos un álbum internacional, y la obtención de los derechos de autor nos han llevado casi dos años. ¡Es mucho trabajo!

¿Como os sentís ante esta nueva etapa que comienza?

Estamos ilusionados pero serenos. La música es ante todo paciencia. No es difícil ser una estrella de un día, pero nosotros queremos hacer carrera musical, queremos llegar a decir llevamos treinta o cincuenta años en la música. Queremos que el público nos vea crecer poco a poco: eso es hacer carrera.

Os definís como un grupo comprometido. Las letras de vuestros anteriores álbumes trataban temas como la situación de los niños de la calle, el medioambiente, etc. ¿De qué habláis en este nuevo trabajo ?

Hablamos de la abrir las mentalidades: la juventud africana necesita confianza, y esa confianza tiene que salir primero de ella misma (¡tenemos que creer en nosotros mismos!) pero también la clase política tiene que confiar en las nuevas generaciones. Hay muchos jóvenes con energía, ambición y ganas de quedarse en su país y hacer grandes cosas.

En este trabajo, hablamos de la curiosidad, que es lo que mueve a la juventud. Creemos que es positivo viajar y salir del país para ver lo que se hace fuera, para aprender, mezclarse y volver a casa con ideas nuevas. En casa es donde realmente te sientes bien, y a donde todos queremos volver.

Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

¿Es un mensaje político ?

Éste es nuestro mensaje pero esta lejos de ser el discurso de los políticos senegaleses, que hacen política como se hacía hace 150 años en África. Las mentalidades deben cambiar y sabemos que no son estos hombres políticos los que van a provocar un cambio.

Pareces desmotivado…

Yo nunca me desmotivaré del potencial que hay aquí pero sí de nuestra clase política: no confío en ellos y creo firmemente que su manera de hacer no contribuye a mejorar la situación de las poblaciones.

Tenemos que afrontar nuestro propio futuro y dejar de pensar que la solución va a venir de fuera. Dejar de creer que hay una inteligencia superior que va a venir del extranjero para resolver nuestros problemas, no es así : aquí no hay regalos. Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio.

Es necesario que nuestra clase política, y sobre todo nosotros los africanos, paremos este discurso de la ayuda. Nadie salvará a nadie, nosotros mismos tenemos el destino en nuestras manos.

El título de vuestro álbum Gass Giss  significa “el que busca, encuentra” ¿habéis llegado ya a vuestro objetivo?

Hemos buscado durante mucho mucho tiempo y hemos encontrado el camino que nos gusta, pero tenemos que seguir trabajando. Nuestra apuesta es crear una música que haga cambiar las mentalidades, que innove, que aporte alegría y diversión pero que también pase un mensaje.

La juventud necesita ídolos. Aquí tenemos una juventud que se busca, que es creativa, dinámica y flexible, que pueden hacer cosas extraordinarias, pero que necesita referencias. La música mbalax puede ser bonita, pero a veces cae en la vulgaridad, sus mensajes no fomentan el espíritu crítico y transformador que necesita la juventud.

Habéis creado un “sonido Takeifa”, basado en la fusión de estilos, idiomas e influencias. ¿Os reconoceremos en Gass Giss o tendremos sorpresas a nivel musical?

Para este álbum nos hemos inspirado mucho de la música rock  y
también de la música afro de Nigeria, de Fela y Femi Kuti. Nos hemos inspirado de estas dos nuevas fuentes para fusionarlo al sonido Takeifa y hacer algo más puro, más life.

El directo es claramente vuestra fuerza…

Sabemos que es nuestra fuerza y hemos querido guardarlo en este álbum. Hemos grabado los temas en directo en el estudio, con pocos instrumentos, para poder “sentirlos”. El álbum tendrá 10 temas sin apenas percusión, pero con mucho saxo, que también incluiremos en el directo.

Hemos contado también con el apoyo de Baaba Maal que nos hace un featuring en uno de los temas, y muchas colaboraciones en arreglos con grandes músicos senegaleses.

El disco saldrá a mediados de mayo, ¿os veremos en España?

Después de una presentación en Senegal nos vamos directamente a Francia donde haremos una conferencia de prensa y un gran concierto en París, y comenzaremos la gira europea. En España querríamos tocar pero desgraciadamente aún no tenemos ningún festival para este verano. ¡Pero seguro que pasamos en la gira de invierno!

Para nosotros es muy importante tocar en España: es el país que ha creído en nosotros en primer lugar, que nos dio nuestro primer visado. La Embajada en Dakar nos puso en contacto con Casa África, que nos movió por prácticamente toda España durante casi cuatro años. Podemos decir que ha sido nuestra puerta de entrada al panorama internacional. Es por eso que hablamos un poquito de español…

La noche cae oscura en Gandiol, y a la troupe que acompaña a los Takeifa, formada por doce personas, les quedan aún cinco horas de coche hasta Dakar. “No os despidáis mucho, que volveremos pronto”, promete Jac, alejado por unos instantes del ajetreo que le espera en estos próximos meses.

Aquí os esperamos.

“Beautiful World”, una bofetada de optimismo desde Namibia

Elemotho Gaalelekwee Richardo Mosimane, más conocido como Elemotho nació en el desierto namibio en la era del apartheid. Cuenta que su música está influenciada de la música de las radios botswanesas y del r’n’b americano, pero también de las historias que se narraban en su pueblo alrededor de la hoguera: leyendas pobladas de animales o epopeyas de pueblos, llenas de mensajes.

Como los cuentos de su abuela, la propuesta musical de este estudiante de Filosofía y Psicología Africanas hace bailar, pensar, reír y llorar. Y sobre todo, llena de paz el espíritu.

En su trabajo, los sonidos del Kalahari se mezclan al folk, al jazz e incluso al reggae basado siempre en ritmos de percusión africana. Sus letras, cantadas en su lengua materna, setswana, inglés y otros idiomas namibios como el damara-nama (lenguaje con clics), liberan moralejas llenas de utopía y de realismo al mismo tiempo. “Me veo como un activista musical”, dice.

Con tres discos en solitario (“The system is a joke”, 2003; “Human”, 2008; “Ke Nako”, 2012) y un disco recopilatorio de los tres anteriores (“My Africa”, 2014), Elemotho se ha consagrado como uno de los artistas más reconocidos de su país.

A nivel internacional ha llevado la música namibia a casi todos los rincones del planeta. En 2012 recibe el premio RFI Découvertes que le permitió actuar en 30 países africanos y europeos.  En 2014, actuó en Womad UK, acompañado de su banda ante la presencia de miles de espectadores, y cada año es invitado a varios festivales en Alemania, y también en España de donde son su mujer y sus hijos.

En 2016, dos de sus canciones “Neo” y “La Vida”, son seleccionadas por Netflix para la serie Grace & Frankie en su segunda temporada.

Curriculum aparte, lo primero que llama la atención de él es su enorme sonrisa. Tanto fuera como dentro del escenario Elemotho emana un torrente de energía positiva que inunda desde la primera vez que lo escuchas.

El 26 de mayo sale a la venta su nuevo álbum “Beautiful World” (ARC Music)  y quisimos entrevistarle para que nos contara los detalles de su nueva creación.

Elemotho EPK from Endemic Productions on Vimeo.

Su nuevo álbum se titula « Beautiful World ». ¿Es este un cuento optimista? 

Tengo muchas razones para titular mi nuevo álbum «Beatiful World». Con la madurez, cada vez siento más que somos los actores de nuestro propio destino, o que al menos, tenemos la responsabilidad de ser más proactivos. Es por ello que « Beautiful World » es para mí un lugar de esperanza, de positivismo, que pretende dar luz a un mundo cada vez más inclinado hacia el cinismo y la negatividad.

He nacido en la era del apartheid y eso ha dejado huella en mí. Nadie creía que un sistema como aquel acabaría cayendo y sin embargo, a mis 13 años llegué a ver el desmoronamiento de un régimen que deshumanizó a las personas de un tono de piel más oscuro en su propia tierra.

Las historias que cuento son esperanzadoras: son un recordatorio de que la Vida es tan solo una evocación y el Amor, una canción para el corazón.

Como trotamundos, he podido conocer gente maravillosa y ver sitios alucinantes, es por ello que es un «Beautiful World». Puede ser un titulo pretencioso, pero realmente creo que los humanos nos imaginamos las cosas que queremos ver.

Pese a esa filosofía positiva, su primer single, “Black Man”, es más agresivo y directo de lo que nos tiene acostumbrados. ¿Qué hay detrás de ese contraste ?

Muy buena pregunta. «Black Man» es como un bofetada en toda la cara como primer single de un álbum llamado «Beautiful World». Eligiéndolo he querido ser provocativo y directo tanto musical como visualmente, y eso es algo que normalmente no hago.

En un primer momento pensé en publicar el track «Beautiful World» como primer single pero después decidí ir por otro camino. Estoy muy interesado en la Verdad como concepto y como pensador y filósofo que me considero me tentaba la idea de enviar un mensaje más directo, basado en la narrativa de lo Negro que está tan de actualidad.

«Black Man» fue escrito justo después del asesinato de Eric Garner en manos de la policía en Estados Unidos. Fue grabado en los primeros meses de 2016 pero no lo publicamos hasta que no tuvimos las imágenes adecuadas para el videoclip, que fue a finales de año.

Considero «Black Man» como un tema proactivo, porque predica que la Verdad, la Libertad y la Dignidad son deseos nobles y humanos y que podríamos ser mejores personas usando nuestras mentes y espíritus.

En “Black Man” recoges la frase de Fela Kuti “la música es el arma del futuro”. ¿Debe ser el arte un instrumento de concientización?

Cuando era pequeño mi abuela solía preguntar al terminar de contarnos un cuento qué habíamos aprendido de sus historias y cuáles eran los mensajes que nos llevábamos de ellas. Creo que esto me ha influenciado desde muy pequeño en contar historias con significado o moraleja, tanto directa como indirectamente.

Es por ello que soy muy fan de músicos y compositores que se interesan por los problemas de los tiempos que les toca vivir. Fela Kuti y Bob Marley fueron muy buenos en eso porque les sale de forma natural, sin parecer forzado.

Por otra parte, tampoco creo que sea necesario que todos los artistas lo hagamos o que lo hagamos todo el tiempo. A veces uno se siente simplemente bien y absurdo… y las letras también deben transmitir esa ligereza.

A parte de la música, ¿ha estado comprometido políticamente de algún modo? 

Siempre he estado implicado en debates en el colegio y en la Universidad, interesándome particularmente en la condición humana. Como compositor, me sale naturalmente escribir sobre temas sociales, económicos, políticos y espirituales.

En términos de acción, he estado involucrado con la iniciativa «Save the Rhino Trust Namibia», en su campaña contra la demente caza furtiva de rinocerontes que alcanza dimensiones epidémicas en toda África y que en Namibia estamos sufriendo particularmente.

Me siento muy indignado viendo que estas cosas pasan a escasos kilómetros de mi casa y siendo padre de dos niños, siento un compromiso especial con las futuras generaciones.

En África, alrededor de la hoguera, los oyentes de las historias también participan en ellas.  ¿Cómo le responden sus diferentes públicos?

Creo que uno se hace mejor narrador a medida que crece y vive más experiencias. Me siento muy afortunado y privilegiado de poder usar la música como vehículo para transmitir esperanza y entretener al mismo tiempo.

En cuanto a los oyentes es difícil definirlos en estos tiempos de inmediatez y redes sociales. No creo tener un público determinado, sin embargo, tengo la suerte de que la gente conecta con mis canciones tanto en Namibia y en algunas partes del continente africano, como Europa y las Américas.

Nunca me he visto a mí mismo como un tipo de músico tradicional sino que opto por la fusión de estilos e influencias lo que hace que a veces le tome algo de tiempo a algunas audiencias conectar con mi música.

Por ejemplo, en Namibia, que es un país muy diverso pese a tener tan sólo dos millones y medio de habitantes, es complicado porque no todo el mundo proviene de una cultura participativa de la canción y de la historia.

Llevas años trabajando con el guitarrista congolés Samuel Batola, ¿cómo os habéis encontrado musicalmente? ¿Hay otras colaboraciones en este nuevo trabajo?

Samuel Batola es para mí el mejor guitarrista que conozco y que además tiene una voz increíble. Nos conocimos en 2007 y enseguida congeniamos. Llevamos tocando juntos desde entonces y participó en los álbumes “Human” y “Ke Nako”. En este nuevo trabajo, hace los acompañamientos de varias guitarras, algunas voces y también canta.

En “Beautiful World” he contado con la colaboración del dúo español Feten Feten, el violonchelista francés Matthieu Saglio, el saxofonista americano Terry con mucho soul y funky y de una coral tradicional Batswuana.

Dices que hay que tomarse tiempo de “vivir las historias que después vas a contar con música” como justificación al tiempo de creación entre álbumes. ¿Cómo influyen las discográficas en ese tiempo de creación? 

Afortunadamente todavía soy independiente. Tengo la suerte de tener una increíble compañía discográfica en el Reino Unido llamada ARC Music, con capacidad de distribución y alcance internacional.

El hecho de grabar cuando y como quiero sin presión de tiempo o restricciones creativas significa mucho para mí, ya que me permite trabajar de una manera más adecuada a mi personalidad.

Una relación como esta en la industria de la música actual es un sueño hecho realidad.

¿Cómo ve la industria musical africana?

La música está cambiando en todas partes y también en el continente africano. Los medios digitales y sociales están presentes en todas partes, y eso ha influido en nuevas formas de grabar, producir y consumir música.

¿Tendremos el placer de verle en concierto en España en 2017? ¿Cómo se le acoge musicalmente?

Tengo planes de visitar España este verano 2017. Tenemos algunas fechas confirmadas para julio, pero estamos trabajando en más. He conseguido recorrer España con frecuencia desde 2007 actuando en grandes Festivales como Territorios de Sevilla o Veranos de la Villa de Madrid. El público español ha sido muy receptivo a mi sonido y estoy agradecido de poder todavía realizar y recorrer un país tan hermoso. “Muchas gracias”.

Ke a le boga (muchas gracias a tí en setswana)

 

* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

Mali Blues, un canto contra yihadistas y muyahidines

Mali Blues es un canto a la paz, a la libertad. Al igual que las recientes Timbuktu de Abderrahmane Sissako o They Will Have to Kill us First de Johanna Schwartz, Mali Blues lleva a la pantalla los estragos del pueblo maliense bajo la ocupación yihadista en el norte del país.

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

El documental de Lutz Gregor resalta el valor de la música como una de las vértebras de Mali y apuesta por explorar su riqueza musical a través de cuatro músicos malienses. Cuatro perspectivas para mostrar una identidad sonora que se vió especialmente amenazada en ciudades como Gao, Kidal y la legendaria Tombuctú.

El 22 de agosto de 2012 Osama Ould Abdel Kader, portavoz del Movimiento por la Unidad y Yihad en África del Oeste (MUJAO) anunció la oposición de cualquier música occidental en el territorio ocupado. “No queremos música de Satán. En su lugar habrá versos coránicos. Es lo que impone la sharia. Debe hacerse lo que dios manda”, dijo. La música se convirtió en una prohibición (haram).

film11040_16-06-07-maliblues_poster_deutsch_10x15cm300dpi“¿Cómo le ha podido pasar esto a Mali?”, se lamenta Faotumata Diawara en la película. Diawara, una de las voces más reconocidas del país, es la protagonista de Mali Blues junto al griot Bassekou Kouyaté, el rapero Master Soumy y el tuareg Ahmed Ag Kaedi.

“Si no hay música, no habrá Mali”, expresa Basseoku Kouyaté en su casa de la capital, Bamako. Allí tuvo que huir Ahmed Ag Kaedi. El músico, cuyo equipo fue destruido por los islamistas, no tuvo más remedio que emprender el viaje hacia el sur. Sólo, a más de 1500kms de casa, a Ahmed Ag Kaedi le queda el recuerdo. “Estar en Bamako es peor que estar en la cárcel. Te mentiría si dijese que estoy feliz aquí”, explica. La inspiración de este tuareg está en el desierto mientras que la capital maliense sólo le aporta ruido y contaminación.

Echa de menos unas tierras amenazadas que quedaron en silencio. “No reconozco un Mali que tiene miedo a tocar música. Dios nos dio voces para poder expresarnos y disfrutar”, dice Diawara en el documental.

El puritanismo que se asentó durante casi un año el norte del país no casa con Mali. Es una visión que no se reconoce en la mayor parte de la población y que el rapero Master Soumy deja claro en su tema “Explique ton Islam”. Latigazos, bombas, violaciones y kalashnikovs son los atributos de los muyahidines que intentaron arrebatar la música como seña de identidad.

Pero los músicos malienses no se quedaron callados. Desde Bamako o en el exilio mantuvieron su canto en el aire. “El gobierno de Mali está sometido a un caos que no ha podido parar la aproximación de los yihadistas. Pero los músicos siguen dando guerra”, dijo la productora y musicóloga Lucy Durán durante la presentación de la película en Londres. “La música es lo que une a los malienses y es una parte intrínseca de sus vidas. Las canciones son una licencia para tratar temas tabúes”, resaltó Durán.

A pesar de intentar mostrar los distintos punto de vista a la reciente situación musical de Mali, el documental se decanta por seguir los pasos Fatoumata Diawara. Gregor encuentra en Fatou, quién dejó Mali para escapar de un matrimonio de conveniencia, un hilo conductor para contar la importancia de la música maliense y su indeleble presencia en la cultura local. La música es costumbre pero también un instrumento educativo, político y religioso. “La música contribuye al desarrollo de mi país”, apunta Master Soumy.

En su libro “Música, Cultura y Conflicto en Mali”, el antiguo manager de Tinariwen y periodista, Andy Morgan, explica que en el país no hay una guerra contra la cultura, sino contra un modo de vida, contra la libertad. “En cierto modo, no es una guerra contra el terror, sino contra el amor”, escribe.

Mali es amor. Cuenta con una población donde más del 90% es musulmana y la religión no es el problema. La intolerancia es lo que hace que la sociedad quiebre y se ponga en juego el patrimonio cultural. Mali Blues es un legado visual hecho para dar voz a los que luchan contra la amenaza islamista radical. Por esos músicos que como Bassekou Kouyaté expone “tienen voces más grandes que las armas”.

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

* Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del Film Africa.

Saint-Louis consigue la no interrupción del festival de jazz

13221483_1159431407422081_5192171366358924204_nEl festival de jazz de Saint-Louis, primera ciudad africana construida por los franceses en África Occidental, celebraba su primera edición entre el 15 y 17 de abril de 1993. Desde entonces, el festival se ha establecido como uno de los mayores atractivos turísticos de la antigua capital de Senegal, y uno de los festivales de referencia de todo el país, con ediciones anuales ininterrumpidas hasta la fecha. Sin embargo, este año, a pocos días de su inauguración – el 3 de mayo – una noticia en Ndarinfo (el periódico de referencia de Saint-Louis), sin duda poco contrastada, anuncia de modo abrupto la cancelación del festival pour una supuesta “amenaza terrorista”. Es más, una desafortunada imagen acompañaba a la noticia y le confería un tono alarmante, al mostrar una foto de un “supuesto terrorista” cubierto por un pasamontañas negro y un cargamento de balas, con el logo superpuesto del festival de jazz. Pronto todas las radios senegalesas y redes sociales extenderían la noticia y entre la esfera cultural de todo el país no se hablaría de otro tema. La imagen (aquí mostrada porque se hizo una captura de pantalla) duró menos de 24 horas en la noticia, ya que se pediría al periódico que se cambiase. Y tras la desaparición de la foto, el “rumor” de la cancelación no habría de durar más de 24 horas. En los medios senegaleses, abundaban las noticias sobre la celebración o interrupción de este histórico festival, en un año en el que en efecto se han cancelado festivales de referencia en todo el continente, como contábamos hace unas semanas en Wiriko. En Saint-Louis, sin ir más lejos, el pasado diciembre el mismo periódico tachaba de “catástrofe cultural” la cancelación de otro festival histórico en la ciudad, la Fanal, una manifestación cultural cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, en la que las mujeres mestizas (conocidas como “signares” ), desfilaban luciendo joyas e iluminadas por linternas por toda la isla de Saint-Louis.

Saint Louis, la antigua capital de Senegal, alberga uno de los festivales de Jazz más importantes de todo África.

Saint Louis, la antigua capital de Senegal, alberga uno de los festivales de Jazz más importantes de todo África.

Imagen editada para ilustrar la supuesta "amenaza terrorista".

Imagen editada para ilustrar la supuesta “amenaza terrorista”.

Al final, la supuesta “amenaza terrorista” no era sino una nefasta comunicación del esfuerzo de seguridad esperado como mediadas de prevención, dada la proximidad de Senegal con países vecinos víctimas de estos ataques, como Burkina Faso, Mali y Costa de Marfil. Así, los organizadores del festival, tanto de la programación IN, como de la programación OFF – siguiendo la nomenclatura que explicábamos en el caso de la Bienal de Dak’art (con una sede principal de concierto, en este caso en la Place Faidherbe, y otros espacios OFF, como bares, plazas y salas de conciertos) -, pusieron todo cuanto estaba en sus manos para poder financiar la seguridad y así conseguir celebrar la 24ª edición de este festival internacional de jazz, que tanto tráfico turístico y residentes de todo el país atrae durante toda la semana. No obstante, el mencionado artículo trajo consecuencias poco deseables, no sólo con cancelaciones de hotel, como recogía Ndarinfo, sino también con acusadas medidas de seguridad, en un país caracterizado por su hospitalidad, tolerancia y pacifismo. Las medidas de seguridad se encontraban por carretera, en la entrada a Saint-Louis, y junto a la sede principal del festival, la Plaza Faidherbe, con agentes de seguridad armados. Tal vez tampoco sean casuales los escáneres de seguridad a la entrada del aeropuerto de Dakar, instalados durante las fechas del festival. Tal ruido mediático afectó también la programación IN del festival, con dos bajas muy notorias, el bajista neoyorkino Marcus Miller, que iba a clausurar el festival, y el grupo marroquí Bob Magrhib, cabecera en la inauguración.

BabaMaalApEstelar3Aparación estelar de Baaba Maal con el grupo de Cheikh Ndoye

De esta 24ª edición, finalmente celebrada entre los días 11 y 16 de mayo en la ciudad de Saint-Louis, con cinco días de dos conciertos IN, y 6 de actuaciones OFF, destacan tres aspectos fundamentales: la tan disfrutada actuación del famoso músico senegalés Cheikh Lô, el jazz por fin escuchado de Cheikh Ndoye, acompañado por músicos de gran talento, Raúl Pineda a la batería, Dean Brown (quien ha tocado con Marcus Miller) a la guitarra, y Arshak Sirunyan al piano y teclado, además de una aparición estelar del músico senegalés que está dando la vuelta al mundo con su último disco, The Traveller, Baaba Maal. Por último, destacó el ambiente de festival generado por los espacios OFF, donde se reunían apreciados y admirados artistas locales y nacionales, ofreciendo conciertos gratuitos o a precios asequibles para los saint-louisianos, y turistas festivaleros. También se disfrutó mucho la actuación inaugural del grupo senegalés Sarro, con un estilo musical con influencias del blues, jazz y reggae, en un 11 de mayo que marcaba el 35 aniversario de la muerte de Bob Marley, al que se hicieron muchas referencias durante el festival.

CheikhLo&SimbAplaudida actuación de Cheikh Lô el jueves 12, en un festival cuya música va más allá del jazz.

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Nacido en Burkina Faso en los 50, donde formó parte de la Orquesta Volta Jazz, Cheikh Ndigël Lô se mudó a Senegal en 1978. Con cinco álbumes y más de 40 años de carrera musical, la música de Cheikh Lô reúne distintas influencias y estilos musicales, desde el mbalax, reggae, la salsa, el jazz. El show fue una demostración de maestría, de dominio del espectáculo, abrazado calurosamente por los presentes. En un espacio no habilitado, en principio, para el baile espontáneo del público, desde la tercera canción, al ritmo de la salsa cubana, algunos de los presentes no pudieron aguantar más y se acercaron al frente del escenario para sentir la música del maestro desde cerca, y comunicarse con él corporalmente, o incluso, espiritualmente. Cheikh Lô es conocido como un verdadero Baye Fall, con sus características largas rastas, seguidor de Cheikh Ibra Fall, discípulo del fundador de la cofradía musulmana muride, combatiente por y para la paz a través de la música y las artes. Su concierto hizo un recorrido desde su primer álbum, Né la Thiass hasta el último, sacado en 2015, Balbalou, con muchos de los temas favoritos de sus seguidores, como Set, Jamm y Doxandem. Sin duda el más disfrutado concierto de todo el festival, con una segunda actuación en el Meyazz Club el viernes, un día después de su intervención en la Place Faidherbe, en la que la recién abierta sala de conciertos, ya considerada por muchos el espacio cultural preferido de Saint-Louis, tuvo mejor ambiente que nunca, según contaban algunos de los presentes.

Cheikh Lô es considerado un embajador de la cultura Baye Fall proveniente de Senegal.

Cheikh Lô es considerado un embajador de la cultura Baye Fall proveniente de Senegal.

El festival recibió la mayor afluencia de público durante el fin de semana, con el clímax alcanzado durante la clausura, gracias a la actuación de jazz de Cheikh Ndoye, músico senegalés, presentado como “l’enfant du pays” (el hijo del país) afincado en Estados Unidos. Ya el viernes el trio israelí Tomer Bar Trio había regalado al público saint-louisiano la dosis de jazz esperada en el festival. Hasta el mismo domingo en que aparecería Cheikh Ndoye como cabecera, se desconocía quién reemplazaría a Marcus Miller. Finalmente, el que iba a comenzar la noche de conciertos pasó a la segunda posición, y fue precedido por una alemana de marcado estilo rockero, cantando también en wolof, y acompañada por dos sabars y un djembe, Lerstein y el grupo Sing Sing Rythme. Esta formaría parte de una serie de conciertos IN más corrientes que destacables, con algunas elecciones claramente influenciadas por motivos de patrocinio, como el quinteto turco de Senay Lambaoglu, seguida por la entrega de regalos a la embajadora de Turquía. El concierto que continuaría, para concluir la programación IN, con Cheikh Ndoye, íntegramente instrumental, en el que cada uno de los componentes del grupo demostraron con maestría el dominio del instrumento, daría un giro a la calidad de la programación de jazz del festival.

Cheick Ndoye, fotografía extraída del facebook de Akhbar Tajudeen.

Cheick Ndoye, fotografía extraída del facebook de Akhbar Tajudeen.

Cuando Dean Brown se había ganado al público con su solo de guitarra, compensando la ausencia de Marcus Miller, el armenio Arshak Sirunyan se lució al piano de forma majestuosa. Y como guinda del pastel, la invitación especial al tan apreciado artista senegalés Monsieur Baaba Maal, quien demostró su dominio sobre la escena en tan solo una canción y agradeció a los organizadores haber mantenido este festival, “tan importante para nosotros”. Por si fuera poco, a esta invitación, se añadió un solo de unos ocho minutos del cubano Raúl Pineda a la batería, dejando boquiabiertos a todos los presentes. Nominado en tres ocasiones a los premios Grammy y ganador en 2000 de este prestigioso premio musical, por la mejor actuación de jazz latino junto con el cuarteto de Chucho Valdés, el festival alcanzaba aquí cumplir e incluso superar las expectativas de esta difícil edición perjudicada por la comunicación.

El batería cubano Raúl Pineda

13179185_1159431437422078_4852266306417946536_nEl último concierto de la programación IN no clausuraba el espíritu festivalero. Los espacios OFF comenzaban otros conciertos por toda la ciudad, con Omar Pène en el Meyazz Club, Takeifa en el norte de la isla, y el célebre korista de Saint-Louis, Ablaye Cissokho, en el Instituto Francés. Los festivaleros apuraban los últimos minutos musicales que tanto habían animado la ciudad durante la semana. Fueron estas actuaciones OFF precisamente las que otorgaron la atmósfera de festival en la ciudad costera senegalesa, con reencuentros con artistas como la cantante Mama Sadio, cantando en el Flamingo, y un último espacio el lunes 16, en la misma plaza Faidherbe, donde el festival daba visibilidad a distintos músicos de la ciudad, más allá de sus estilos musicales. Con esta luchadísima edición del festival, la ciudad demostró estar preparada para el 25 aniversario del festival el 2017, así como la importancia que los festivales han adquirido como espacios reivindicativos de la riqueza cultural de Senegal.

“Ser feliz” con lo nuevo de Anita Zengeza

“Ser feliz es decidir simplificar la melodía”. Lo dice Anita Zengeza (Zimbabue) en la canción que abre su segundo disco, Natural Journey (Slow Walk Music, 2016). Sencillo. Honesto. Fresco. Apetecible y necesario, llega tres años después de su primer LP, bautizado con su nombre (Whatabout Music, 2013) y lo hace regalándonos el mejor disco para esta primavera, pero también la dicha de tenerla bien cerquita.

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Y es que la joven zimbabuense de 25 años ha encontrado en Barcelona el entorno perfecto para desarrollar su carrera profesional. Estudiante de Jazz y música moderna en el Conservatori del Liceu, halla en el cosmopolitismo de la capital catalana una fuente de inspiración. Aunque para cosmopolitismos el suyo. Nacida en Botswana de padre zimbabuense y madre chino-malasia y emigrada a Harare a la edad de 5 años, con solo 17 se trasladó a Italia con una beca para estudiar música, para instalarse a la ciudad condal en 2010. Pura energía creativa y puro talento le bullen en las venas desde que empezara a cantar y tocar el piano, con solo ocho años. Desde entonces, el violín, la viola o la guitarra han sido sus mejores compañeros de viaje para una travesía sonora que nos llega hoy como un oasis.

ac3ae52f-c62d-45d0-b2dd-ed0f5cb09e40Esta Travesía Natural, tal como se podría traducir de su título en inglés, emana sutilmente cuica brasileña, folk norteamericano, melódica, ritmos antillanos, arreglos de jazz o sabar senegalés que bailan y se mezclan en un estilo al que Anita le gusta llamar afrofusión o afropop. Un discurso sereno que nos habla de aspectos cotidianos de una forma poética y que nos zarandea con cambios radicales que nos deslizan por túneles sonoros como hacia universos paralelos. Dándonos la vuelta bruscamente, la zimbabuense nos devuelve en todo momento al curso natural de melodías suaves que nos mecen delicadamente. Como en la vida, en Natural Journey predomina el equilibrio.

La voz de Anita recuerda a la sudafricana Zolani Mahola (Freshlyground) y se acerca a menudo a los destellos luminosos de Sara Tavares. Mezclando letras en inglés, castellano o francés, su voz escala y desciende, nos eleva y nos hunde, aportando múltiples colores y texturas que dibujan nuevos perfiles de una personalidad que la hacen única. Que nos enamora. Nos devuelve a nuestra parte más latina. Más barcelonesa. Más honesta. Más mestiza.

Próximos conciertos de ANITA ZENGEZA: 

28/05/2016 Miombo Magic Festival (Harare, Zimbabwe)
2/07/2016 Festa MaJor de Sant Cugat (España)
15/07/2016 NunOff Festival, Barcelona (España)
5/08/2016 Sala Montjuic, Barcelona (España)
19/08/2016 CCCB ‘Making Africa’, Barcelona (España)

“La migración es el resultado de siglos de saqueo”

Heredero de Touré Kunda, una de las bandas más míticas de África Occidental, el músico mauritano-senegalés Daby Touré resurge con un nuevo álbum lleno de reivindicaciones sociales

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

En Mauritania, país predominantemente árabe-bereber, la esclavitud se ilegalizó formalmente en 2007, modificando la Constitución para reconocer la diversidad cultural. Sin embargo, en la excolonia francesa sigue habiendo familias enteras trabajando de forma esclava para mauritanos de tez clara, que admiten tener derechos heredados sobre los negros. Poco o nada se está haciendo para liberar a esta población del yugo histórico. Los activistas del país son perseguidos y la comunidad internacional no quiere actuar de forma contundente por miedo a perder a Mauritania como aliado en la lucha contra el terrorismo yihadista. Así, el racismo campa a sus anchas entre las porosas fronteras del Sahel y muchos negros se ven obligados a migrar.

Este fue el caso de Daby Touré y su familia. Con solo 18 años, en 1989 Touré emigró con su padre a París, invitado por sus tíos Sixu e Ismael, huyendo de esta lamentable situación. Ellos habían emigrado desde Casamance, en el sur de Senegal, donde parte de la familia se había establecido generaciones atrás. Los antepasados remontan sus raíces al antiguo imperio de Mali. Sin embargo, el conflicto armado de Casamance empujó a la esta generación de los Touré a moverse hacia la metrópolis francesa. “La migración es algo natural para nosotros. Es la historia del ser humano. Usamos la palabra de forma negativa, pero es algo muy positivo. Cómo se convirtió en negativo, no lo sé, pero sería urgente recordarlo”, reivindica Daby Touré desde su París adoptivo.

Cuando llegó a Francia desde Nuakchot, el joven Daby descubrió que tenía allí una gran familia, un icono de la diversidad cultural que había revolucionado los sonidos parisinos con una de las bandas que mejor tejió el discurso cosmopolita de la capital. Eran los míticos Touré Kunda y estaban en la cresta de la ola. Daby se unió a sus primos, tíos y su padre y con la historia de la migración desde Mauritania por bandera, popularizaron un discurso multicultural con el soninké, el wolof, el mandinga, el dioula o el criollo portugués, hablados en la región más sureña de Senegal, entronizándolos como estrellas del cosmopolitismo del París de los 80 y 90. Su símbolo, el elefante, representación de la familia, volvió a trasladarse a Casamance en el año 2000. Pero Daby decidió quedarse en la urbe francesa y seguir dedicándose a la música.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

 

Fiston Mwanza Mujila: el escritor feliz

Tram 83 fue uno de los lanzamientos más exitosos de un escritor de origen africano en 2014. Su autor, el congoleño, Fiston Mwanza Mujila, pasó a finales de 2015 por Barcelona para presentar la edición de su primera novela en catalán por la Editorial Periscopi y ha hablado con Wiriko para explicar algunos de los detalles de su obra.

El escritor congoleño, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

El escritor congoleño, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

Tram 83 está ambientada en Ville-Pays, un espacio imaginario, dominado por una especie de fiebre del oro, en el que una mina ocupa un lugar central, con el permiso siempre de ese club, el Tram 83 en el que se desarrolla la mayor parte de la vida social. ¿Qué tiene Ville-Pays de su país?

Para crear ese ambiente de Ville-Pays me he basado en una mezcla de varias ciudades que conozco y, evidentemente, entre ellas en Lumumbashi. Me interesa, sobre todo, la energía creativa que se genera en los lugares en los que las cosas no funcionan. En estos lugares, todo está por hacer y, de repente, los milagros se hacen posibles. Me interesa también el ambiente en el que la música está presente por todos lados, las ciudades bulliciosas con ritmo.

¿Entonces, su novela es una obra crítica, porque se hace referencia a la corrupción al totalitarismo o las persecuciones políticas?

Quizá tenga elementos críticos y tiene referencias al Congo, pero no es lo fundamental. No es un ensayo, sino una novela, una obra literaria. Lo que he intentado ha sido inspirarme en esas situaciones dislocadas, que permiten hablar de la realidad de una manera diferente. Pero no me considero un escritor especialmente comprometido. En ese sentido, soy pragmático y mi interés fundamental es la literatura. De todos modos, entiendo esa duda porque presentando el libro me he encontrado con que algunos lectores que han hecho lecturas en clave de cosas que yo ni siquiera había pensado, pero esa es la riqueza de la literatura.

Fiston Mwanza Mujila, durante una de las presentaciones de su libro en catalán. Foto: Carlos Bajo

Fiston Mwanza Mujila, durante una de las presentaciones de su libro en catalán. Foto: Carlos Bajo

¿Le agradan o le desagradan esas interpretaciones?

Quizá parezca extravagante, pero veo el libro como un hijo y en el Congo los hijos no sólo son de sus padres, sino de toda la comunidad. Así que el libro es también de toda la comunidad. Creo que las cosas son así.

Uno de los personajes de la novela es Lucien, un escritor que aparece completamente fuera de lugar en esa ciudad de buscavidas. ¿Qué hay de Fiston Mwanza Mujila en Lucien?

No, no. Lucien no soy yo, ni mucho menos. En realidad Lucien es un soñador y yo soy una persona eminentemente pragmática. No se parece a mí. En realidad, el personaje de Lucien me sirve para hacer una reflexión que me interesa mucho: cuál es el papel del escritor, del intelectual en general, en un país en el que las cosas no funcionan.

Y, ¿cuál cree que es ese papel?

Bueno, por mi experiencia el papel del escritor tiene que ser muy didáctico. Yo me he dedicado a hacer talleres de literatura en colegios o en prisiones y creo que el escritor puede ayudar a entender la vida, a dar herramientas para ver cómo afrontarla.

¿Ese es para usted el lugar de la literatura?

La literatura da otra visión de la historia. Por ejemplo, frente a los discursos del poder nos damos cuenta cómo se multiplican las memorias, cómo se cambia y se rectifica. En diferentes momentos se construyen diferentes historias oficiales y éstas se confrontan a las memorias colectivas. En estas confrontaciones es donde entra la literatura. Pero en todo caso, yo no soy un escritor triste. Me considero un escritor feliz, porque la literatura tiene algo de infantil.

El autor de Tram 83, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

El autor de Tram 83, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

¿Qué opina del debate sobre el uso de las lenguas en las literaturas africanas? ¿Usted utiliza el francés, pero un francés muy particular?

Para mí, por mi experiencia, por mi educación y por mi cultura, el francés también es una lengua africana. Aunque es evidente que el francés que se habla en Francia, tiene unas características diferentes. En realidad, yo utilizo un francés que intenta hablar de las realidades que trata la historia. Si mi lengua es algo especial, es por los temas de los que trata, necesito que el francés de mis personajes se adapte a su personalidad, que la lengua se reactualice.

Seguramente la academia no estaría demasiado de acuerdo en cuanto a los límites…

No me preocupa. La academia no ha pagado mis estudios, así que no siento la necesidad de pedirle permiso para usar la lengua. Creo que es un bien común, pertenece a unos tanto como a otros. Un saxofonista no pide permiso al inventor del saxofón cuando encuentra una manera nueva y personal de tocarlo. Y además nadie lo pretende.

No pierde la oportunidad de llevar la conversación al territorio de la música. Es importante en su novela, ¿no es verdad?

He concebido esta novela como un concierto de jazz en el que hay momentos de absoluta armonía, pero, de repente, hay otros de bullicio, de algo que parece desorden, pero luego nos encontramos con que no se ha perdido el ritmo tampoco en esos momentos.

Zef: una cultura de apropiación

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Clara de los Ángeles Sanchis Sarti

El término Zef no traspasó las fronteras de Sudáfrica hasta que el polémico grupo Die Antwoord consiguió que su videoclip Enter the Ninja se hiciera viral en 2009. ¿Cuántas personas conocían la existencia de la subcultura zef antes de que Die Antwoord llegara a las radios comerciales? Probablemente muy pocas, e incluso a día de hoy, serían escasos quienes fueran capaces de definir el significado y origen de esta forma de vida.

Vecinos de un suburbio de blancos pobres en Sudáfrica hacen cola para recibir comida de la beneficencia, en Krugersdorp, marzo de 2010. Se estima que un total de 450,000 sudafricanos blancos, de entre 4.5 millones de blancos que habitan Sudáfrica, viven debajo del umbral de la pobreza. Foto de REUTERS/Finbarr.

Vecinos de un suburbio de blancos pobres en Sudáfrica hacen cola para recibir comida de la beneficencia, en Krugersdorp, marzo de 2010. Se estima que un total de 450,000 sudafricanos blancos, de entre 4.5 millones de blancos que habitan Sudáfrica, viven debajo del umbral de la pobreza. Foto de REUTERS/Finbarr.

El concepto zef surgió en los 60 con una naturaleza peyorativa con la que las clases medias y altas se referían a los grupos de blancos pertenecientes a los estratos más ignorantes y desfavorecidos de la sociedad sudafricana, pero con la llegada de Die Antwoord a la industria musical, este término ha sido totalmente modificado y remoldado para pasar a representar -según afirma el grupo musical- una subcultura en su totalidad.

1962 Ford Zephyr Six-01Zef resulta de la contracción del nombre de un automóvil que fue popular en todo el mundo entre los 50 y los 70, el Ford Zephyr; en el sur de África estos coches solían ser propiedad de los miembros de la clase obrera blanca- considerados como white trash (basura blanca)- que solían modificarlos con todo tipo de elementos para mejorarlos. Así pues, el término surgió en las profundidades de la escena musical underground en Cape Flats, un suburbio de clase media en decadencia situado en el sureste de Cape Town, la capital legislativa de Sudáfrica; alguien Zef’ tenía un coche ridículamente trucado, bebía brandy con coca-cola de litro, se metía en peleas de bar y veía partidos de rugby.

La cultura Zef se vale del conjunto de características que la conforman para llevar a cabo una crítica social mediante sus máximos exponentes: a día de hoy el grupo de música rap-electro-rave Die Antwoord. Esta banda de tres integrantes se basa en premisas como las del intelectual galés Raymond Williams para crear una cultura que sirva como reivindicación proletaria frente a la burguesía del país africano: “si la mayor parte de nuestra cultura, en el sentido del trabajo intelectual e imaginativo, debe calificarse de burguesa, como lo hacen los marxistas, es natural buscar una cultura alternativa y denominarla proletaria”*.

Pero no solo se caracteriza por el compromiso social, sino que su máximo fuerte es el lenguaje, el uso de un idioma propio y característico de la cultura sudafricana: el Afrikaans. Esta particularidad permite reforzar la idea de que detrás de la música de Die Antwoord encontramos una subcultura en su totalidad; además, y de acuerdo con Williams: “para una cultura es sin duda de vital importancia que su lengua común no pierda fuerza, riqueza y flexibilidad; que sea, además, adecuada para expresar una nueva experiencia e iluminar el cambio’’**.

La imagen estética que Die Antwoord atribuye a esta cultura es muy particular y ellos mismos la caracterizan de ‘futurista’: un estereotipo de vestimenta vulgar, de bajo coste, pero que en su puesta en escena representa una imagen de lujo. Se basan en el uso de ropa barata y llamativa pero muy similar a aquella que vestirían los grupos más acomodados de la sociedad con el fin de ser socialmente críticos al afirmar que la clase obrera también puede hallarse sumergida en la modernidad. A través de la moda, Die Antwoord consigue representar una infinidad de valores que van dando forma a lo que ellos mismos acuñan como ‘cultura Zef’, que también se centra en aludir a la estratos sociales más desfavorecidos de Sudáfrica, donde hay problemas de racismo y educación, así como a la dura realidad de la drogadicción, la violencia, etc.

Die-Antwoord-OUno de los discos más conocidos de Die Antwoord es ‘$O$’, primer álbum del grupo, que fue publicado en 2009. Ya solo con la estética del álbum, podemos hacernos una idea de la simbología del mismo: unas siglas que designan a la palabra socorro, pero escritas con la ‘$’ en representación del dinero. Se trata de un álbum que mezcla elementos inverosímiles con otros cargados de una gran crudeza; a su vez, el grupo se decanta por el trato de temáticas relacionadas con las drogas, el machismo o la enajenación a través de las cuales intentan representar cómo es actualmente la vida en Ciudad del Cabo, cuya realidad está fuertemente marcada por las consecuencias del Apartheid y las condiciones históricas del último siglo.

tenion-4f8dd32f5e4aeTambién cabe destacar su siguiente álbum llamado ‘Ten$ion’,- centrado en la música rave y publicado en 2010- y que les permitió forjar su sitio e influencia sobre el público internacional haciéndolo llegar a un estado de clímax y baile a través de su escenografía y estilo musical.

La cuestión que resulta al observar esta tan clara proclamación de la cultura zef como Die Antwoord es: ¿existe realmente la subcultura zef o no es más que una apropiación de diferentes valores culturales para crear una imagen pública? Lo que han hecho, básicamente, es adueñarse de objetos y referencias culturales con el fin de crear la identidad de sus ‘personajes’. Estas creaciones difieren de quienes realmente son, lo que recuerda al término anglosajón culture vulture. Pero este término se convierte en algo incluso más turbulento y problemático en el caso de Die Antwoord, cuando el grupo traspasa el límite de ‘copiar un estilo de moda’ para arraigar sus orígenes en las tensas relaciones raciales del Apartheid, momento en el que se originó el término que define su cultura.

Además, puede afirmarse que la cultura zef actúa de una manera contradictoria, pues a la vez que expresa claramente las diferencias respecto a sus subculturas ‘paternas’ (hip-hop/rap afroamericano y sudafricano), se apoya en sus estructuras hegemónicas para penetrar en la economía musical global y la cultura popular, por lo que zef es una noción de subcultura derivada y arraigada a una supremacía cultural. Así pues y como bien afirma Hebdige citando a Hall: “esos mapas de significado están cargados de una transcendencia potencialmente explosiva porque están trazados y retrazados siguiendo las líneas establecidas por los discursos ‘dominantes’ sobre la realidad, las ideologías ‘dominantes’. Así que tienden a representar, por oscura y contradictoriamente que sea, los intereses de los grupos ‘dominantes’ de la sociedad”***.

Al estudiar de cerca a este grupo musical y sus formas de expresión, el concepto de cuerpo grotesco acuñado por Mikhail Bakhtin- que es utilizado para referirse la alteración del estilo dominante, la autoridad o la jerarquía cultural a través del uso del humor, el caos, la parodia y la sátira- no puede ser obviado, pues se trata de algo que Die Antwoord abarca y acoge en sí. Esta teoría, que se asocia en muchas ocasiones a la música rap y el hip-hop, (pues acuden a la parodia, el humor y el caos para poderse ‘tragar’ y que sus letras no resulten tan serias y malsonantes como lo son) nos ayudan a discernir como los significados asociados con la semiótica son renovados y transformados para significar algo nuevo, de acuerdo a la ideología de los integrantes del grupo sudafricano.

El signo más repetido y más obvio es el propio término zef, y la ‘cultura’ que dice englobar en sí, un concepto utilizado como creador de significado. Como objeto cultural, el término de jerga es reorientado y dotado de un nuevo sentido acorde a los propósitos de la subjetividad subcultural de Die Antwoord. De hecho, el video titulado Zef Side -corto que presentan como una explicación de lo que es y significa ser zef- acaba siendo de todo menos eso: en vez de explicar, la banda actúa y representa esta subcultura como una apropiación de la imaginería de Cape Flats, el lenguaje Afrikaans, un estilo de vestir y una actitud, un conjunto de símbolos de la cultura urbana de Cape Town que cobran un nuevo significado dentro del paisaje visual de la realidad que el grupo considera conveniente. Aun así, Die Antwoord y toda la experiencia que rodea al grupo musical, se ha convertido en un diccionario semiótico andante donde hay cabida como para toda crítica y que ha permitido una visualización internacional de la vida suburbana de la Suráfrica del post-Apartheid.

BIBLIOGRAFÍA
-Arderne, Mia. A Taxonomy of Youth culture in Cape Town, 2013. http://matadornetwork.com/life/a-taxonomy-of-youth-culture-in-cape-town/
-Barthes, Roland. El sistema de la moda. 1967 Barcelona: Paidós, 2005
-Bishop, Marlon. How a tacky, embarrassing afrikaaner subculture became cool. MTV, 2011 http://www.mtviggy.com/articles/thats-zef-the-true-story-behind-die-antwoords-mysterious-style/
-Borner, Nick. What is Zef?, 2014. https://internationalmedia475.wordpress.com/2014/03/31/what-is-zef/
-Charry, Eric. Hip Hop Africa: New African music in a globalizing world, 2012. Aceso online: http://site.ebrary.com/lib/universvaln/detail.action?docID=10604288
-Hall, Stuart. “Codificar/decodificar”. En: Culture, Media, Language. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79. Londres: Routledge&The CCCS University of Birmingham, 1996
-Hebdige, Dick. Subcultura: El significado del estilo. 1979 Barcelona: Paidós, 2004
– Jonshon, R. W. Historia de Sudáfrica: el primer hombre, la última nación. Barcelona: Debate, 2005
-Lucking, Jacky Post-apartheid Afrikaner Subculture: Dress Style Identities, 2014, acceso online: https://www.inter-disciplinary.net/critical-issues/wp-content/uploads/2014/08/luckingfashpaper.pdf
-Swank, Allison. What is Die Antwoord ‘The Answer’ To?, 2011. http://www.okayafrica.com/stories/what-is-die-antwoord-the-answer-to/

-Williams, Raymmond. Culture and Society, 1780-1959. Nueva York: Columbia University Press, 1958

 

África: banda sonora 2015 (VII)

Portada del primer álbum de Loh! Kouyaté, Loundo (2015).

Portada del primer álbum de Moh! Kouyaté, Loundo (2015).

Proveniente de una família de griots de Conakry, Moh! Kouyaté ha consagrado toda su vida a la música. Desde que a los doce años su abuela le regalara un pequeño ukelele hecho a mano que compró en el mercado y se pusiera a tocar de forma totalmente autodidacta, Moh! decidió dedicarse profesionalmente a la música. Pero cuando, en 2003, Corey Harris y Martin Scorsese grabaran The Blues, Feel Like Going Home de Mali al Mississippi, a Moh! Kouyaté se le abrieron de par en par las ventanas de la industria al otro lado del Atlántico. En 2006 se iría de gira por Estados Unidos con su balafon, instrumento mandinga, y su guitarra. A la vuelta, se estableció en París, y trabajó en bandas de músicos de la talla de Fatoumata Diawara o Sia Tolno. Y a principios de año, por fin, editó su primer larga duración: Luondo (Foli Son / L’Autre Distribution, 2015).

Luondo, que significa ‘un día’ en malinké, nos desgrana los secretos del éxito de un joven músico guineano que es un embajador más de la música africana fuera de África. Luondo, es casi una compilación de los sonidos que han acompañado al artista desde hace casi dos décadas. A T’en vas pas ça va pas, una canción dedicada a la migración y la reacción de aquellos que hay que dejar atrás, se le suman la balada rock Luondo, el afrobeat de Yarré o el single principal de su álbum, Yéllé. Un disco que expresa la diversidad cultural de un músico que utiliza soussou, malinké, djahanké, pular o francés para hablar sobre la vida en el exilio, la lucha para tirar adelante o la dureza de la vida lejos de casa. Pero que reboza todas sus piezas con un barniz especial de optimismo y esperanza que se puede leer entre líneas en la entrevista que nos ofrece en exclusiva.

Guinea es un país con una gran producción musical. ¿Cuáles son tus músicos preferidos?

Podría mencionar muchos. Por supuesto Mory Kante, Bembeya Jazz, y su líder guitarra Sekou Bembeya o Ousmane Kouyaté, guitarra líder de Salif Keita o Sory Kandia Kouyaté que murió a principios de los años 70, y que hacía magia con su música.

Con la actividad musical frenética que tienes desde hace ya una década, ¿por qué has tardado tanto tiempo en lanzar tu primer disco?

Al llegar a Francia, el hecho de que provengas de un país africano, hace que se te considere como un principiante, tengas el bagaje que tengas. Así que, me tomó tiempo encontrar las personas correctas, hacer bien la producción, etc. Aunque de todos modos, yo quería hacerlo lo mejor posible, sin prisas.

… ¿Como principiante? Tu carrera como músico no era solo dilatada sinó que te habías estado codeando con la crème de la crème de la música africana establecida en París, ¿no?

No solo esto. Con mi banda, Conakry Cocktail, que fundé en 2002, toqué en todos los lugares posibles de la capital guineana. En grandes hoteles y clubs. Fue un trabajo duro pero muy feliz, con mis hermanos, como Petit Kandia o Ba Cissoko. Después de esto, ya en París, acompañé a Fatoumata Diawarra y a un montón de otros músicos. Empecé a realizar algunos shows en París, para ampliar mi propio público, paso a paso. Me tomó mucho tiempo generarme una audiencia, por eso tardé tanto. Pero a día de hoy, estoy muy satisfecho de la acogida que tengo en Europa.

Hablando de tu trabajo en Conakry. Tu carrera está muy ligada a la tradición griot de tu familia. Eres considerado un elemento muy importante en una generación de artistas africanos que mezclan tradición con modernidad. ¿Cómo es este encuentro para tí? 

Decimos “djeli” en realidad. Griot es una expresión francesa. Ser un djeli significa que recoges los valores culturales del patrimonio de la familia. Los djeli facilitan que la gente viva en armonía, promovemos la solidaridad, y con las canciones nuestro objetivo es educar y consolar al pueblo ante cualquier tipo de conflicto. Se puede hacer de una manera moderna, con instrumentos electrificados. Eso es lo que trato de hacer, llevar la tradición a través de un discurso moderno.

¿Y en quién te inspiras para conducir tus mensajes tradicionales a través de lenguajes modernos?

En primer lugar, en todos los grandes músicos Mandinga como Ousmane Kouyaté o Sekou Bembeya. George Benson es una de mis influencias más importantes. Fue una revolución para mí escuchar su música por primera vez. Ben Harper, también es una importante fuente de inspiración. Y muchos más, BB King, Carlos Santana … Por supuesto Jimi Hendrix, pero éste es demasiado!

¿Y cómo es tu vida en París? ¿Como consigues conciliar tu parte guineana con tu parte francesa? 
Hoy en día, vivo entre dos mundos. Tengo un pie con amigos y músicos franceses (mi baterista y bajista son franceses, vienen del mundo del rock, el pop y la música de jazz), y otro pie en el mundo guineano, con hermanos y amigos guineanos establecidos en París que también se dedican a hacer música. Me gusta vincular estos mundos, que están separados pero se encuentran en la misma ciudad. Así que intento acercarlos. Esa es mi vida diaria!

¿Y te gustaría volver a Guinea? ¿Crees que tu carrera se podría desarrollar en casa?

Vuelvo a Guinea casi una vez al año. Lo necesito. Pero es absolutamente imposible vivir en Guinea si solo puedes tocar a nivel local, incluso si solo puedes tener conciertos en África. Es por eso que la mayoría de músicos africanos profesionales viven en Europa, o en otras partes del mundo, sea en el Sur o en el Norte. Espero poder ayudar a desarrollar contextos profesionales con el fin que sea más fácil para los artistas trabajar y ganarse la vida con la música. Pero necesitamos construir salas de conciertos, estudios, organizar mejor la recogida de dinero a partir de leyes realistas para proteger los derechos de autor…

¿Crees que por culpa de la mala gestión de los estados y por la falta de protección de los artistas, África está perdiendo a su talento local?

África no pierde su talento, simplemente el talento africano está obligado a llevar su música a otras partes del mundo para poder vivir de ella. A veces es un trabajo muy duro. Tocar debe ser solamente algo que los artistas hacen, pero no como necesidad, lo que sucede en la actualidad. Solo tenemos una elección, movernos fuera de África como yo hice. Pero creo que mi experiencia podrá ayudar a los artistas locales algún día! Le debo mucho a mi país, a mi cultura mandinga!

Sin embargo, África está llena de músicos y de programadores y emprendedores del sector que se arriesgan a invertir dinero en ello. Quizás no en Conakry pero tenemos varios ejemplos de ciudades donde el negocio de la música funciona muy bien como en Lagos, Johannesburgo o Dakar. ¿Crees que eso que decía Obama en su última visita en Nairobi y Addis Abeba, de que “No tenéis que hacer lo que hizo mi padre y dejar vuestros hogares para obtener una buena educación y acceso a oportunidades. Debido a vuestro progreso, debido a vuestro potencial, podéis construir vuestro futuro justo aquí, justo ahora”, empieza a hacerse realidad o todavía es una utopía? 

Bueno, excepto, quizás, ciertos casos como Senegal, en la parte central y occidental de África, todos los músicos que viven exclusivamente de la música es gracias a sus giras por el Norte o gracias a haber firmado con grandes empresas o discográficas. Estamos llenos de esperanza para el futuro y somos conscientes de nuestras potencialidades. Pero, en la actualidad, puedo afirmar que no es posible vivir de la música en África occidental sin trabajar en el extranjero, si no es de forma permanente, al menos de vez en cuando. Con la venta de CDs, por ejemplo, no hay suficientes leyes u organizaciones que protejan la industria de la música a nivel panafricano. Y en referencia a los conciertos y actuaciones, falta una infraestructura potente. Todos somos igual de optimistas que el presidente Obama, todos sabemos que han habido muchas mejoras en la industria, pero el objetivo aún no se ha hecho realidad. No es que crea que se trate de una utopía, es solo una cuestión de tiempo que encontremos la fórmula que nos permita desarrollar las cosas de una manera realmente productiva para los artistas africanos”.