Zanele Muholi: la celebración de la melanina

Zanele Muholi lleva todo el verano mirando a la gente. Con unos ojos directos, fríos e impenetrables. Con un rostro firme y distante en el que no se atisba ni una sonrisa. Seria, Muholi está cansada de que otros hablen por ella y ha ideado un proyecto fotográfico para liderar la conversación sobre la representación del cuerpo negro femenino.

 

“Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”

“Somnyama Ngonyama” es la primera exposición fotográfica de Zanele Muholi en Londres. La muestra, acogida en la galería Autograph ABP hasta finales de octubre, es una serie de más de 60 autorretratos tomados entre 2014 y 2016 a través de los cuales la artista visual y activista sudafricana ajusta las cuentas con la rutina racista y homófoba a la que se enfrenta. “Reclamo mi negritud que está continuamente siendo interpretada por la gente privilegiada”, explica Muholi en el programa de la exhibición.

Con esta exposición curada por Renée Mussai, la sudafricana se acepta tal y como es; lesbiana, negra y africana. Es un trabajo para la reafirmación de su identidad y un alegato a la tolerancia sin reparar en la raza, género o sexualidad. Muholi presenta unas imágenes poderosas a la vez que bellas y propone una conversación que deja al visitante intimidado. Es una colección íntima, aunque esta memoria personal no se desprende del panorama político y socioeconómico sudafricano.

En las fotografías Muholi posa sola, triste, seductora, desafiante y majestuosa. La artista habla pero está callada. Muestra la servidumbre doméstica gracias a unos guantes de látex que le oprimen y se pregunta cuál es su castigo atada con cinturones. Indaga en el cambio climático cubierta de plásticos, hace un pacto por dinero y denuncia la caza furtiva de rinocerontes. Y todo con la mirada y a través de su objetivo.

Muholi se ayuda de distintos objetos y escenarios en su mayoría blancos para otorgar contraste en un discurso visual donde cada accesorio ayuda a la representación de distintos temas y sucesos actuales. En muchas de las imágenes la piel de la artista nacida en Umlazi, Durban, parece acrílica, y su cabello es toda una muestra de intenciones. La luz se posa duramente en la punta de su nariz, en el labio inferior y en sus pómulos. Es una expresión de su cuerpo equilibrada con un mensaje por los derechos humanos y la justicia social. Así se ejemplifica en Thulani II, una de las fotografías que rememoran la masacre de Marikana en 2002, donde la policía sudafricana mató a 34 mineros en huelga.

Zanele Muholi. Cortesía de Stevenson, Cape Town/Johannesburg y Yancey Richardson, New York.

Para esta cita londinense, la colección “Somnyama Ngonyama” además cuenta con cuatro nuevos autorretratos comisionados por la galería Autograph ABP. Muholi muestra la brutalidad y el encarcelamiento de las mujeres sudafricanas que marcharon en contra del apartheid en la manifestación organizada por la Federación de Mujeres de Sudáfrica en Pretoria en 1956. Las fotografías fueron tomadas en la prisión de Old Fort en Johannesburgo donde muchas de las mujeres fueron encerradas. En la la cuarta toma, expresamente realizada para esta exhibición, se ahonda en la imaginería étnica gracias a un autorretrato donde Muholi viste un kimono. ¿Qué representación daría una africana con esta prenda?

Las fotografías de Muholi son la reivindicación de un espacio artístico y cultural para la mujer negra y una lucha para el cambio de las representaciones mediáticas. La artista hace que sus imágenes sean un referente para el artivismo sudafricano y su trabajo continúa defendiendo los derechos humanos y del colectivo LGTBIQ.

La fiesta del décimo cumpleaños de la Feria de Arte de Johannesburgo

Con instituciones de peso como Johannesburg Art Gallery o Wits Art Museum, Market Photo Workshop o Bailey’s African History Archive, hasta visiones más colectivas como Keleketla! Library o el reciente Centre for the Less Good Idea, Johannesburgo es una ciudad con una vibrante escena de artes visuales. Paralelamente a este panorama artístico nada comercial, la ciudad aglutina –  junto con Ciudad del Cabo –   algunas de las mejores galerías de la mitad sur del continente. La décima edición de la FNB Joburg Art Fair 2017, las reunió durante el pasado fin de semana junto a artistas, coleccionistas y amantes del arte locales y foráneos venidos de, al menos, tres continentes.

Performance “Sigue al vestido blanco” de The Ozone Fellas- MB Studio Community

El Artista Destacado de la feria en 2017, e icono de la misma, es Robin Rhode (que ya lo fue en la edición inaugural de hace una década), quien presentó una serie de impresiones basadas en la geometría, el equilibrio y la teoría de colores. El séptimo FNB Art Prize recayó en la nigeriana Peju Alatise, quien representó a su país en la 57 edición de la Bienal de Venecia.  Conocida por abordar su obra desde su experiencia como mujer de las tradiciones nigerianas en la sociedad contemporánea, la impactante obra mostrada en la feria  “O is the new + (crucifix)” está inspirada en cuatro estudiantes universitarios que fueron quemados con neumáticos en la Universidad de Port-Harcourt (Nigeria) en 2012.

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Enlazando temáticamente con Alatise, la palma de la presente edición se la otorgamos a la Galería Momo de Ciudad del Cabo por el Solo de Sethembile Msezane. Famosa por su performance “Chapungu, el día que Rhodes cayó de la serie Kwasuka Sukela” – cuyas icónicas imágenes se volvieron virales durante el movimiento Rhodes Must Fall, que mutaría posteriormente en Fees Must Fall –, Msezane incide a través de performance, fotografía y escultura en la marginalización de la mujer negra en la historia y en la mitología, y específicamente su ausencia en la monumentalización de espacios públicos. Con la poética del recuerdo como resistencia, Msezane se inspira en los álbumes fotográficos antiguos para transformar espejos y mobiliario colonial victoriano, objetos custodios de memoria ancestral representantes de un legado del ámbito privado que conectan con su propio linaje familiar.

También desde el Cabo, SMAC Gallery hizo Solo de la veterana fotógrafa namibia Margaret Courtney-Clarke, y la galería Christopher Moller mostró en gran formato a uno de los fotógrafos preferidos por los medios durante esta feria, Tsoku Maela.

Aunque no demasiado numerosas, entre las galerías llegadas de otros países africanos destacaron Addis Fine Art, Afriart Gallery de Kampala (con una enorme Sanaa Gateja) y desde Luanda ELA (con un solo de António Ole) y Move´Art (destacando la obra de Keyezua y de Mario Macilau).

Entre las galerías de la ciudad anfitriona de la feria, destacaron los espacios alternativos de Room Projects (con Mbali Nduli y Sikhumbuzo Makandula) y Kalashnikov Gallery, así como sospechosos más habituales como Goodman (destacando las esculturas “Butterfly Kid Girl IV”, de Yinka Shonibare MBE, y “Auric Suite”, de Walter Oltman), David Krut (con nuevas ediciones de Deborah Bell), y la galería con más espacio de la feria, Everard Read (con obra de Mapula Helen Sebidi a Bronwyn Lace).

Tras la partida de Ross Douglas a Paris para dirigir la feria de movilidad urbana Autonomy, la Joburg Art Fair – que presume de ser pionera y líder en el continente africano – está dirigida por Mandla Maseko, conocido por sus negocios en sector agrotecnológico. Y la presente edición se articuló en torno a cinco categorías: Arte Moderno y Contemporáneo, Solo Projects, Ediciones Limitadas y Plataformas Artísticas. Las galerías y organizaciones seleccionadas representaban a doce países de África, Europa y Estados Unidos, exhibiendo  obras de unos cuatrocientos artistas en múltiples formatos: mucha pintura, fotografía y grabado,  bastante escultura, poco videoarte y alguna performance. Las obras articulan discursos fundamentalmente en torno a temas identitarios, políticos, económicos y de género.

Poder y patronazgo se manifestaron también durante la feria en otros formatos. Desde la recepción de prensa en el stand de Cartier a golpe de champagne rodeado de joyas (a la venta, por supuesto) junto a una selección de obras de su proyecto de apoyo a artistas emergentes locales de las escuelas Artists Proof Studio y The Market Photo Workshop. Tan ilustrativo el título de su exposición – The Ordinary Becomes Precious [Lo ordinario se vuelve precioso] – como la localización en pleno centro de la feria de dicho stand de Cartier, justo entre FNB (la entidad bancaria patrocinador principal de la feria), y el de BMW, que presentaba su nuevo Serie 7 con colorido interior decorado por la artista ndebele Esther Mahlangu. Más allá, los stands institucionales del Ministerio de Pequeña Empresa (haciendo aún más patente si cabe la ya tradicional ausencia del Ministerio de Cultura), el Gobierno Provincial de Gauteng (con una muestra tan increíble como prohibitiva) o la Universidad de North-West en colaboración con uno de los principales operadores de móvil del continente africano. Sí, efectivamente, estamos de feria, y el tan reverenciado programa VIP – que ha acogido a comisarios y directores de Tate Modern, Bienal de Venecia, Centre Pompidou y CCA Lagos – y otros programas paralelos hay que financiarlos de algún modo.

Una año más, volví a casa con las manos y la cartera igual de vacías que cuando llegué, aunque este año me llevé en la memoria (y apuntado en la lista de deseos) las fotos de gran formato de Zanele Muholi, las ricas composiciones del zimbabuense Kudzanai Chiurai, o las imágenes surrealistas de las abuelas del keniano Osborne Macharia.

“La comunidad artística en Ruanda no está aún en un punto que impugne la principal corriente política”

Principio es, junto a la palabra artistas, lo que más repite Phoebe Mutetsi al hablar del papel que juega la industria artística en Ruanda. Esta joven escritora, nacida en Uganda pero de nacionalidad ruandesa, es la fundadora de The Art House, un espacio para el encuentro y la colaboración de artistas, curadores y productores instaurado en Kigali, desde donde fomentan la conexión artística a través de jornadas de música, poesía, fotografía o pintura.

Fotografía perteneciente a una pieza colaborativa comisariada por The Art House.-

Hasta hace diez años no existían siquiera instituciones destinadas al arte, ni en la capital ruandesa, ni en ningún otro confín del país. No fue hasta 2006 que un antiguo palacio real de corte neoclásico situado en Nyanza, a noventa minutos de Kigali, abrió sus puertas para recibir al que sería el primer museo de arte contemporáneo de Ruanda. Hoy es la Galería Nacional de Arte y alberga más de un centenar de obras surgidas de una serie de concursos ideados por el Gobierno ante la ausencia total de arte contemporáneo en la colección nacional. Entre los temas escogidos para que los artistas trabajaran sus obras algunos fueron ‘Paz y tolerancia’ o ‘No olvidar, recordar’. Se abría así la veda de una libertad de expresión artística que en sus inicios tuvo que ser guiada, muy en la línea de los planes de desarrollo de Ruanda, por otra parte.

La capital ruandesa es la ciudad entre colinas y en ella conviven las dos caras de una misma moneda que es el país. Una, la de los caminos de tierra, adobe y chapa para las casas, falta de acceso al agua en muchos casos e inseguridad por norma general. Y otra, la que hace alarde de ‘El modelo Ruanda’, el mantra repetido en conferencias políticas para respaldar que otra África es posible. En este lado de la capital ruandesa, el verde de los parques casi inunda sus edificaciones, las viviendas son de ladrillo y en las calles, iluminadas y asfaltadas, está prohibido fumar y las bolsas de plástico tienen la entrada renegada. Un lavado de cara que no ha estado ausente de críticas, como la realizada por Human Rights Watch en su informe El secreto detrás las limpias calles de Kigali, en el que denuncia el encarcelamiento de mendigos y prostitutas como medida de limpieza.

Nada es blanco ni negro, tampoco en Ruanda, donde este controvertido plan de desarrollo recoge también destacables mejoras en asistencia sanitaria, la piedra angular del modelo instaurado por el presidente Paul Kagame en el país, al que las encuestas posicionan como ganador en las próximas elecciones del cuatro de agosto, tras diecisiete años al frente del gobierno (veintitrés en el caso de su partido, el Frente Patriótico Ruandés, que tomó el poder en junio de 1994, zanjando cien días de genocidio). Dos décadas no exentas de acusaciones de represión y ataques contra la oposición política y los medios de comunicación. En este contexto, Phoebe Mutetsi explica a Wiriko cómo ha evolucionado la concepción del arte en el país y la labor que desempeña en la realidad ruandesa.

¿Cómo crees que el arte proporciona esperanza a los ruandeses?

Es importante tener en cuenta que ahora mismo el espíritu general en Ruanda es de esperanza; buscando un futuro del que todos seamos parte e integrantes en su construcción. Las artes por lo tanto ponen de manifiesto ese espíritu o ambiente a través de los diferentes medios de expresión y representación elegidos por los artistas o creadores. El hecho de que el artista puede articular sus verdades, sueños e ideas con su música, poesía o pintura, esto involuntariamente resalta la esperanza de la gente o del país.

¿Cómo crees que los artistas juegan un papel clave en la impugnación de la política establecida en Ruanda y cómo fomentan a través del arte el pensamiento crítico en el país?

La comunidad artística en Ruanda no está aún en un punto en el que el trabajo producido impugne la principal corriente política. Ahora bien, las conversaciones comienzan a tenerse en cuenta y las preguntas y pensamientos están siendo expresados concerniendo sobre todo a la política social, no tanto al gobierno. Es todo un principio de algo.

¿Crees que los artistas pueden representar un bálsamo contra la falta de libertad de expresión en Ruanda?

El arte en sí mismo trata sobre la representación y la expresión. Los artistas a través de su propia expresión representan aquello con lo que el ciudadano ordinario, en cualquier parte del mundo no solamente en Ruanda, no se sentiría cómodo de comunicar. Sin embargo yo no diría que ahora mismo en Ruanda estamos en un lugar donde la mayoría de la gente se sienta representada en este sentido por los artistas. Estamos sólo en el principio del viaje.

¿Crees que el gobierno ruandés teme a los artistas nacionales?

El gobierno ruandés ahora mismo está centrado en la agricultura, la tecnología, está poniendo al día el sistema de enseñanza, y otros asuntos. Lamentablemente las artes y los artistas no están sobre el radar del gobierno especialmente. Al menos no lo parece. Por lo tanto, no, yo no diría que el gobierno ruandés tiene miedo a los artistas nacionales o que tenga una razón para tenerlo.

Fotografía perteneciente a The Art House.

The Salooni: “El cabello es una muestra de identidad pero se ha politizado”

Kampire Bahana, Darlyne Komukama, Aida Mbowa y Gloria Wavamunno son cuatro amigas con distintas pasiones culturales. Estas ugandesas se propusieron hacer un trabajo conjunto que les permitiera ir al Chale Wote Street Art Festival en Accra (Ghana) y el resultado fue The Salooni. El proyecto multicultural, nacido en Kampala, unifica teatro, fotografía y moda para profundizar en la historia y el contexto sociopolítico del cabello de las mujeres negras.

Las miembros del proyecto The Salooni / Foto: Darlyne Komukama

Las peluquerías tanto en el continente como en la diáspora son un refugio para la masculinidad negra. Desde el punto de vista femenino “los salones son lugares para la comunidad, de terapia y donde cabe la confidencialidad y la confesión. Sin embargo, no importa lo que hagas con tu pelo que siempre habrá alguien que te diga que está mal”, explica Kampire Bahana a Wiriko.

The Salooni se presentó la semana pasada en la sexta edición del festival Africa Utopia de Londres. El vestíbulo del Southbank Centre acogía el mercado habitual de años anteriores y entre ellas unas bellas imágenes, de colores vivos resaltaban entre las telas, prendas y distintos accesorios del continente. Tres de las cuatro integrantes del proyecto exponían su forma de hacer de las peluquerías un lugar libre de prejuicios. “Queremos expresar nuestra identidad sin temer ser juzgadas”, apunta Bahana.

El objetivo detrás de The Salooni es reivindicar un espacio para el cabello de las mujeres negras. El pelo como una forma de expresión. El proyecto exhibe unas poderosas fotografías de Darlyne Komukama donde el estilismo corre a cargo de Gloria Wavamunno. Las imágenes muestran el significado antropológico del cabello femenino en África gracias a unas escenas bucólicas donde la negritud femenina se revela contra el canon de belleza impuesto. “El problema se resuelve creando imágenes que muestren la diversidad de peinados y estilos que no case con la visión eurocéntrica”, dice Bahana.

“Llevar el pelo de una u otra forma debería ser sólo una forma de expresión aunque la realidad es bien distinta”, continúa la DJ y escritora. “Hay gente que ha tenido y tiene experiencias traumáticas por su pelo. El cabello es una muestra de identidad pero se ha politizado”.

Por eso las jóvenes apuestan por crear su propio salón de belleza en el que la conversación gire a favor de la libertad de hacer con el pelo lo que se quiera. The Salooni busca en el contexto histórico y revisa los tiempos del colonialismo donde “las mujeres mantuvieron la tradición de pasar de generación en generación los distintos trucos como una estrategia para sobrevivir a la sociedad que no acepta tu belleza”. Las consecuencias perduran hoy en día en todo el continente donde el cabello conserva ese rasgo político. En Uganda las niñas tienen que raparse la cabeza para asistir al colegio mientras que a las jóvenes occidentales o asiáticas se les permite llevar el pelo suelo. Un ejemplo que se repite en sucursales bancarias o en las instituciones públicas en el continente. “Todavía estamos en una resaca colonial”, dice Bahana.

Las imágenes que presenta el proyecto, junto con los consejos, peinados y estilos que se ofrecen de manera gratuita en sus exhibiciones, son un punto de encuentro para avivar el debate. The Salooni quiere desprenderse de los estereotipos y celebrar la vasta colección de estilos en África sin ningún reproche. En occidente, muchas jóvenes apuestan por peinados africanos en la actualidad. Una moda que Kampire Bahana no ve como una apropiación cultural, pero apunta: “En un mundo ideal cada uno puede hacer lo que quiera con su pelo, pero tienen que darse cuenta que todavía hay mujeres en el continente que sufren por llevar ese mismo peinado. El mismo estilo tiene consecuencias diferentes”.

Chain Fairies / Foto: Darlyne Komukama

El arte africano podría salir del exilio

*Este artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

Pieza número dos de la subasta. Se trata de un cuadro de 130 por 195 centímetros. Una tela pintada en acrílico. En ella, aparece una familia en su casa con vistas al exterior. Los cinco hijos esperan a que la madre termine de preparar la comida y el padre, elegantemente vestido, se sostiene en un Mercedes-Benz. Chéri Samba, artista congoleño, lo pintó en 1995 y lo tituló Una vida exitosa. Pertenecía a la colección privada Contemporary African Art de Jean Pigozzi de Suiza y lo acaban de vender por 60.000 euros en Londres. La obra número 99, creada por William Kentridge, artista sudafricano, y titulada El mundo en sus patas traseras, es una escultura que consta de un taburete de madera y un globo terráqueo de forja encima. Tras estar expuesto en París, acaba de ser adquirida por algo más de 141.000 euros. Pero quién se lleva la palma es El Anatsui, artista ghanés. Su escultura abstracta de 320 por 338 centímetros, hecha de tapones de botella de aluminio y alambre de cobre, fue titulada, en 2011, La Tierra desarrollando más raíces. Proveniente de la India, su actual propietario la acaba de comprar por 825.000 euros.

“Una vida exitosa”, Chéri Samba, 1995

Y es que según escribe Chika Okeke-Agulu en un artículo en The New York Times: “Me siento tentado a pensar en el arte africano contemporáneo como si fuera un barrio urbano sometido a gentrificación. Ahora que es visto como alta cultura, el arte y los artistas están ganando valor, los inversores están empujando para obtener una pieza de la acción, y las colecciones privadas están creciendo en África y en todo el mundo”. Cada vez más, el arte contemporáneo africano está ganando peso en el mercado internacional, por lo que las subastas dedicadas única y exclusivamente al continente se están multiplicando. La última, el mes pasado en la casa de subastas internacional Sotheby’s, en la que se vendieron 79 obras por un total de más de tres millones de euros.

Lo que en un primer momento debemos considerar como muy buenas noticias para los artistas africanos por la dimensión internacional que están logrando, no nos puede cegar a la hora ver el arte africano como arte en el exilio. Pues las consecuencias de este hecho no serán muy positivas para los propios africanos si se les priva del patrimonio artístico que cuenta su historia. Si miramos al pasado, este hecho no es, en absoluto, novedoso. Pues, salvando las distancias y la perspectiva histórica, ya en la época colonial, no solo se impuso la cultura de las metrópolis en las colonias africanas, sino que Occidente se dedicó a expoliar el patrimonio artístico y cultural del continente. Este sigue en galerías europeas y estadounidenses, con pocas posibilidades de volver a África.

Actualmente, y no sin razón alguna, el arte contemporáneo africano sigue teniendo más presencia en el mercado internacional y las exposiciones fuera del continente que dentro de sus propias fronteras. Y es que, tal y como escribía Sebastián Ruiz en la revista Mundo Negro, durante las independencias de los países africanos y las posteriores crisis en los años 70 y 80, muchos artistas de todas las disciplinas, a falta de escuelas de arte en sus países, escaparon a Europas y a Estados Unidos para estudiar. Escuelas como la Slade School of Fine Art en Londres, la Ecoles des Beaux-Arts en Paris, o la VCIK de Moscú, entre muchas otras academias, se convirtieron en el hogar de numerosos artistas de renombre internacional que tras terminar los estudios decidieron quedarse en sus países de acogida.

“El mundo en sus patas traseras”, William Kentridge.

¿Puede el exilio de este arte aumentar las desigualdades entre continentes? Es más, ¿puede esta “elitización” del arte ser sinónimo de desigualdad dentro del mismo continente? Desde luego, es importante intentar mantener el arte de los africanos en África y facilitar el acceso a toda la población. Pues la comunidad artística, a lo largo de la historia, siempre ha jugado un papel muy importante en el desarrollo de democracias fuertes.

Afortunadamente, el interés por el arte contemporáneo africano también se ha empezado a desarrollar en el continente. En 2013, en Benín, el primer ministro Lionel Zinsou inauguró el primer museo de arte contemporáneo africano en el oeste del continente junto con su Fundación Zinsou. En Angola, el coleccionista Sindika Dokolo creó su fundación Sindika Dokolo Foundation en 2005 y participó en la Trienal de Luanda en 2006, además de ejercer como comisario en el pabellón de su país en la quincuagésima segunda Bienal de Venecia.

A ellos, los siguen otros coleccionistas privados además de ferias y bienales por todo el continente, como la Dak’Art, la bienal de arte contemporáneo africano más antigua del continente que se celebra en Senegal desde 1989; así como una larga lista de galerías repartidas por Sudáfrica, como la Goodman Gallery (1966) o Stevenson (2003), Addis Fine Art en Etiopía y dedicada a dar soporte a artistas del país, y Circle Art Gallery, en Kenia, por situar algunas en el mapa.

Además, este próximo septiembre, se va a inaugurar en Ciudad del Cabo, la capital sudafricana del arte contemporáneo, el Zeitz Mocaa (Museo Zeitz de Arte Contemporáneo de África), fundado por el coleccionista alemán Jochen Zeits, en el que se va a dar visibilidad a artistas contemporáneos africanos y de la diáspora.

“La Tierra desarrollando más raíces”, El Anatsui, 2011.

Otro dato positivo para el impulso del arte contemporáneo africano dentro del continente es el crecimiento económico de muchos países, así como también el aumento de los millonarios africanos. Según el informe de Perspectivas Económicas de África 2016, que elaboran el Banco Africano de Desarrollo, el centro de Desarrollo de la OCDE y el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se prevé que durante el 2017 el continente crezca económicamente un 4,5%. Además, según el informe “Nueva Riqueza en el Mundo” los millonarios en el continente han crecido tres veces más que en el resto del mundo y según confirma, en la revista Mundo Negro, Giles Peppiatt, el comisario de la exposición Africa Now en la casa de subastas Bonhams: “Entre el 60 y el 70 por ciento de los compradores de arte contemporáneo de África son africanos”.

África puede que aún no maneje el martillo que golpea el atril cada vez que se vende una obra en una subasta, pero sin duda tiene mucho que decir en este mercado internacional que cada vez se aleja menos del continente y se permite explotar todas sus posibilidades sin límite alguno. África no quiere seguir escapando.

 

Referencias:

El boom del arte africano o la especulación de la materia. Sebastián Ruiz (Mundo Negro nº 616 abril-mayo 2016 pp. 56-60).

Modern African Art is being gentrified. Chika Okeke-Agulu (The New York Times).

What’s driving the growing interest in African art? Jane Morris (The Art Newspaper).

The rising development of the contemporary art market in Africa. Nina Rodrigues-Ely y Vincent Kozsilovics (Observatoire de l’art contemporain).

La Bienal de Venecia: Nigeria se une a la fiesta del arte

La Bienal de Venecia dio el pistoletazo de salida el fin de semana pasada, y hasta finales de noviembre, con el título “Viva Arte Viva” y, lo que este año pretendía ser una oda al arte para devolver la voz a los artistas y dejar a un lado las reivindicaciones políticas, se ha quedado un poco corto por lo que atañe a la representación africana. De los 54 países del continente africano, solo siete tienen su propio pabellón en esta fiesta artística, a la que se ha unido, por primera vez, Nigeria.

Performance de Qudus Onikeku

Con el título “How about now?(¿Qué tal ahora?), los artistas nigerianos Victor EhikhamenorPeju Alatise y Qudus Onikeku, junto a sus comisarios Adenrele Sonariwo y Emmanuel Iduma, a través de la multidisciplinariedad, pretenden establecer un diálogo con las nociones del tiempo y la conciencia de Nigeria como país. El pabellón toma en cuenta el pasado y el presente, para afrontar el futuro y abarcar todas las posibilidades ideológicas y toda la complejidad de su identidad nacional. Porque no se puede explicar el presente ni mirar hacia el futuro sin recurrir al pasado y a la historia.

“¿Cómo nos incluimos en la narrativa global del arte, ahora? Nuestro tema es un mensaje en capas. Más allá de esto, a través del ‘ahora’, no sólo reflejamos nuestros mitos e historias como país y sociedad, sino también cómo elegimos retransmitir narraciones contemporáneas en un presente fragmentado pero interconectado”, explica el artista Victor Ehikhamenor para Wiriko. “Ni nostálgico ni escapista, insistimos en pensar en el pasado y en el futuro de Nigeria para comprender la naturaleza interrelacionada del tiempo”, añade.

Mientras Victor Ehikhamenor combina grandes instalaciones con la escultura tradicional para reflexionar sobre el efecto del colonialismo en el patrimonio cultural nigeriano, Qudus Onikeku presenta una trilogía de películas que investigan, a través de la danza, el funcionamiento de la memoria corporal y su conexión con la conciencia nacional. En la misma línea, Peju Alatise presenta una instalación de ocho niñas aladas a tamaño real, para contar la historia de una joven que trabaja como criada en Lagos y que sueña con la libertad, con no pertenecer a nadie más que a sí misma y con poder volar. Una instalación que se dirige directamente a la injusta realidad reciente del país y que sueña con un mundo más seguro, especialmente para las mujeres y las niñas.

“Flying Girls”, de Peju Alatise

Los otros seis países africanos participantes a La Bienal de Venecia son Angola, representado por el artista António Ole, que nos presenta un pabellón con el tema “Memoria magnética / Resonancia historia”; Egipto, con el tema “Esto también pasará”, representado por el artista Moataz Nasr; Costa de Marfil, representado por los artistas Joachim Silue, Ouattara Watts, Jems Robert Koko Bi, Joana Choumali; Kenia, con el tema “Otro país” y representado por los artistas Arlene Wandera, Mwangi Hutter, Peterson Kamwathi, Paul Onditi, Richard Kimathi y Zimbawe representado por los artistas Admire Kamudzengere, Charles Bhebhe, Dana Whabira and Sylvester Mbayi y que nos hablan de “Deconstruyendo fronteras: Explorando ideas de pertenencia”.

Escultura de Peju Alatise

Sudáfrica y Túnez también participan del evento, pero solo durante la semana inaugural o por invitación. Y esto nos deja con 47 países, casi el continente entero aún sin posibilidades de ser conocidos en ciertos círculos. “Creo que más países africanos necesitan unirse a la mesa mundial del arte. He sido testigo de historias increíbles, obras que se están produciendo en diferentes países de África; sin embargo, cuando se trata de la Bienal, soy consciente de que hay mucho más en juego para asegurar el aterrizaje con éxito a un pabellón de país. Espero que el ecosistema cultural y político de los 47 países que actualmente no participan en la Bienal, tal vez al ver el trabajo y el impacto de los siete países que participan, se inspiren a esforzarse más para superar los factores que les van a la contra”, cuenta Victor Ehikhamenor.

Instalación de Victor Ehikhamenor

Además de los siete países representados, y otros eventos y pabellones marcados en el calendario y el mapa de la Bienal, como el pabellón de la diáspora; los días 9 y 10 de mayo, durante la semana inaugural, se celebró en la ciudad italiana el primer foro de Arte Africano en Venecia, en el que representantes de los museos más importantes del mundo, así como también los artistas africanos que están participando de la Bienal, se han reunido para discutir acerca de dos grandes preguntas: ¿Cómo pueden los países no representados desarrollar y mejorar su infraestructura para la promoción de las artes? y ¿cuáles son los factores que impiden que sus comunidades de creativos prosperen tanto a nivel nacional como global?

Performance de Qudus Onikeku

Acerca del tema, Ehikhamenor nos da su opinión y comenta que “la voluntad política debe estar ahí. Nos guste o no, los responsables políticos, los titulares de cargos públicos o los gobiernos juegan un papel importante en si la industria de las artes de cualquier país se hunde o consigue nadar. Es deber de los creadores, de los artistas y de los productores culturales mantenerse en el rumbo, seguir creando y destacando la importancia de las artes para el desarrollo de los países en su conjunto”.

Victor Ehikhamenor

Y sentencia, “para algunos es una falta de voluntad política. Para otros, es una falta de financiamiento. Pero solo puedo hablar de Nigeria, que es un poco de ambos, pero esto está cambiando lentamente. Con el éxito de este pabellón nigeriano, espero que sea una antorcha y un ejemplo para los nigerianos y para otros países, también. Lo que queda claro es que la calidad de la producción artística no está en duda. Ya sea la escultura, la performance, la pintura, el arte digital, los artistas africanos están produciendo un trabajo de primera calidad que coincide con cualquier estándar de clase mundial establecido en cualquier lugar”.

“Woman in trance”, de Victor Ehikhamenor

Touria El Glaoui: “Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales”

1:54 Contemporary African Art Fair, la principal feria de arte contemporáneo africano y de su diáspora, vuelve a Nueva York. En esta tercera edición de Estados Unidos, el evento, que recibe este nombre por los 54 países que constituyen el continente africano, va a volver a celebrarse en el Pioneer Works de Brooklyn. Del 5 al 7 de mayo, la ciudad americana va a acoger a más de 60 artistas representados por 20 galerías de Francia, Reino Unido, Sudáfrica, Kenia, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Italia, Marruecos y Estados Unidos; y espera recibir a unos 8000 visitantes, 1500 más que en la edición anterior.

Touria El Glaoui.

1:54 es una celebración de las diversas perspectivas africanas. La feria ocupa una posición única, es un puente entre tres continentes (Europa, África y América del Norte). Trabajar estrechamente con las organizaciones de Nueva York significa que estamos constantemente explorando nuevas colaboraciones y asociaciones para que el público local e internacional disfrute. La movilidad de la feria permite al público, coleccionistas y entusiastas del arte interactuar con la plataforma”, comenta para Wiriko Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

1:54 New York 2016 © Katrina Sorrentino

Además de las exposiciones organizadas por cada galería en su espacio, la feria va a contar con un importante programa de eventos especiales y exposiciones con los más destacados artistas contemporáneos. Para esta edición, se presenta el programa más extenso desde que se instaló la feria en la ciudad.

En colaboración con la galería MAGNIN-A de París, y el centro Red Hook Labs de Nueva York, se ha organizado la exposición The eye of modern Mali (El ojo del Mali moderno), del fotógrafo Malick Sidibé. Tras abrir una galería en el centro de la capital maliense en los años 50, Sidibé se dio a conocer con sus fotos en blanco y negro que retrataban la vida y la cultura de una ciudad en efervescencia por el despertar de las independencias. La modernidad africana captada en sus imágenes pronto adquirió el reconocimiento internacional.

Malick Sidibé, Les Retrouvailles au bord du fleuve Niger, 1974, © Malick Sidibé, Courtesy Galerie MAGNIN-A, Paris

Malick Sidibé Danseur Méringué, 1964 © Malick- Sidibé Courtesy Galerie MAGNIN A Paris

Junto también con Nataal, una marca global de medios de comunicación, se va a inaugurar la exposición Nataal: New African Photography II, que en su segunda edición va a exponer tanto a artistas consagrados como a otros de emergentes que buscan, a través de sus imágenes, enmarcar una África contemporánea y transmitir su identidad.

En exclusiva para esta edición, el artista y diseñador senegalés con reconocimiento internacional, Ousmane Mbaye, y su marca GRAPHYK presentan su nueva colección simple y sincera, protagonizada por el color y por materiales secundarios como el hierro, al que trata como un material con vida propia.

Ousmane Mbaye, GRAPHIK chairs

Otra de las actividades que se van a llevar a cabo durante la feria es la presentación de un nuevo número de la revista Aperture, Platform Africa, que verá la luz este verano y que estará dedicada a bienales, espacios para el arte, talleres educativos, entre otras cosas que están cambiando la fotografía en África. Además, la revista va a presentar una exposición de impresiones limitadas de las más sorprendentes voces de la fotografía contemporánea africana.

Mientras viste con sus diseños a artistas, músicos y amigos, para luego retratarlos, Hassan Hajjaj, este artista convertido a la fotografía en los años 80, presenta su exposición Kesh Angels and my Rockstars series, que se va a exponer en la segunda planta del Pioneer Works. Influenciado por la cultura hip-hop y reggae de Londres y por su herencia norteafricana, Hajjaj utiliza objetos reciclados como cajas de Coca-Cola, taburetes y latas de aluminio para combinar la fotografía de moda contemporánea, el pop art y las influencias de los pioneros del retrato africano, y así poder discutir sobre la importancia de la tradición y los efectos de las marcas y el capitalismo global.

Hassan Hajjaj, M., 2010, Courtesy Taymour Grahne Gallery

Reflexionando sobre las consecuencias de la nacionalidad, la autenticidad y las fronteras para la población migrante africana, el artista keniano Tahir Karmali, también presenta su exposición PAPER/Works. A través de la fotografía y el papel, el artista busca narrar la identidad de los colectivos migrantes, tan excluidos de la sociedad y, al mismo tiempo tan atrapados por las infraestructuras económicas, políticas y sociales.

Tahir Karmali, PAPER/work, 2017, Aluminum wire screen mesh and handmade paper sculpture, Dimensions variable, Courtesy the artist

Además de todas estas actividades y de los más de 60 artistas que participaran, durante los días que transcurra la más importante feria de arte contemporáneo africano, el espacio educativo, 1:54 Forum, comisariado desde sus orígenes por la camerunesa Koyo Kouoh, va a contar con una larga lista de intelectuales y artistas para dialogar acerca de cómo estos nos permiten visualizar y movilizar nuevas comunidades y conexiones artísticas.

La expresión artística no conoce fronteras y creo que nosotros, como patrocinadores, somos responsables de compartir el arte y la diferencia de forma total. Las perspectivas africanas han sido rutinariamente omitidas de las exposiciones occidentales, desde las ferias de arte hasta las retrospectivas importantes, aunque sabemos que esto no es una verdadera reflexión, sino más bien una cuestión de representación. La situación está cambiando y hemos visto progresos sustanciales, pero mientras los artistas sigan encontrando desigualdades en torno a la visibilidad y tengan que enfrentarse a la falta de oportunidades, 1:54 tiene el papel de cambiarlo. Esperamos cambiar lenta, pero seguramente, el paisaje del arte contemporáneo”, explica El Glaoui.

SITOR Nu Barreto “Desunited States Of Africa”, 2010

Marrakech, sede africana de la 1:54 en 2018

Esta feria nació en Londres de la mano de Touria El Glaoui, hija de Hassan El Glaoui, uno de los artistas contemporáneos más importantes de Marruecos. Paralelamente a su carrera profesional en comercio internacional, Touria organizó distintas exposiciones para el trabajo de su padre, hasta que en 2013 fundo la 1:54, la primera feria de este estilo que tiene lugar en Europa. Estrenó su primera edición en la Somerset House de Londres, que este octubre acogerá la quinta edición. Y es que ha sido tal el éxito de estas ediciones, que, a principios de 2018, la feria también va a celebrarse en Marrakech.

Esta tercera edición de 1:54 ha estado en obras desde nuestra primera edición en Londres, y esperamos seguir expandiendo nuestra red de galerías, artistas, coleccionistas y socios con esta nueva feria. Ha sido un objetivo importante de 1:54 celebrar una edición en el continente africano, y no podríamos pensar en un lugar mejor que Marruecos para acoger esta edición inaugural fuera de Londres y Nueva York. Marruecos tiene una de las escenas de arte más dinámicas del continente“, afirma Touria El Glaoui, fundadora de la feria.

Galerie 1957, Serge Attukwei Clottey, “My Hood”, 2016

Art Africa Fair: la historia africana reescrita a través del arte

*Por Maria Colom

Nuestra historia empieza con nosotros. Es un viaje interesante, ¿y quién hay mejor para contarlo que los africanos?”, decía Uche Okpa-Iroha, comisario de la Art Africa Fair (Feria de Arte de África), que tuvo lugar en Sudáfrica la semana pasada. ¿Porque, qué mejor forma hay de contar la historia que mediante el arte? Del 24 de febrero al 5 de marzo, Ciudad del Cabo se convirtió en el escenario de la nueva feria de arte contemporáneo que ha acogido el continente. Este evento internacional que se ha celebrado por primera vez en la ciudad, ha podido contar con un cuidado grupo de comisarios y artistas africanos e internacionales y ha permitido sumergir a los amantes del arte en un viaje multisensorial con los mejores talentos contemporáneos.

A diferencia de otras ferias de arte que se celebran en el país, este evento único se ha organizado al estilo museístico para que los artistas y las galerías participantes pudieran ofrecer diferentes visiones artísticas y romper con las tendencias del mercado. “Durante todo el tiempo, el foco está puesto en el artista y no en la galería. Es una oportunidad única para que los artistas y los coleccionistas interactúen de manera directa, convirtiéndose en una experiencia única también para el visitante”, explica Suzette Bell-Roberts, fundadora de Art Africa, para Wiriko.

La feria ha acogido a artistas de distintas disciplinas y se ha repartido el talento en cuatro espacios diferentes. La exposición inaugural, “Bright Young Things”, recibe el mismo nombre que uno de los proyectos de Art Africa, que ha publicado y ayudado a despegar a más de 100 jóvenes artistas. De estos, se eligió a ocho para participar en la feria con nuevas propuestas artísticas, y tener la oportunidad de ser uno de los tres ganadores del premio de residencia de la feria, otorgado por un jurado internacional. La senegalesa Salimata Diop, con un extenso currículum como directora artística en el AKAA (Also Known As Africa) en París en 2016, programando un gran número de exposiciones en el Africa Center del Reino Unido y comisaria en parte de la Bienal de Dakar en 2014, entre muchas otras cosas, fue la encargada de este espacio.

Comisionado por el reconocido y premiado fotógrafo nigeriano Uche Okpa-Iroha, con una amplia carrera en su país de origen, así como internacional, la exposición de fotografía tenía como objetivo reescribir la historia africana; mientras que los encargados de empoderar y contribuir en el creciente valor del arte contemporáneo africano fueron el artista e historiador de arte, Thembinkosi Goniwe, y la estudiante, artista y aspirante a comisaria, Ruzy Rusike, en la exposición que recibió en nombre “A Flagrant Arcade”.

Como artista invitado y encargado del “VIP Lounge y el Social Hub”, espacio de interacción entre artistas y coleccionistas, se pudo contar con el diseñador y artista internacional Pierre-Christophe Gam. Natural del Camerún, ha estudiado y trabajado en Francia y el Reino Unido, y ha expuesto su obra en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, entre muchas otras ciudades europeas. Estudioso de las ideas pre y post-coloniales de los pan africanos, e interesado en cómo los cambios políticos y sociales de África afectan al patrimonio intelectual y visual, el artista usa la comida, la fotografía, el collage, el diseño, el dibujo y el audiovisual para crear propuestas ambiguas, pero convincentes y con gran poder de influencia.

Pierre-Chritophe Gam

Creando un espacio lleno de pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones, la feria ha acogido a 98 artistas de 11 países africanos que han expuesto más de 230 piezas. Una fiesta del arte que se ha convertido en un éxito total y que ha recibido a 3500 visitantes. “Los artistas africanos merecen ser reconocidos tanto como los artistas del resto del mundo. A causa de nuestra historia colonial, el arte de África no siempre ha sido reconocido y a menudo se ha estereotipado. Ahora es el momento de poner el foco en nosotros y poder narrar nuestra historia sin que nadie la cuente por nosotros”, explica Suzette Bell-Roberts. “Los artistas africanos siempre han estado exhibiendo sus obras, ya sea a nivel local o internacional, comercialmente o no, como una forma de personificar nuestras identidades individuales, sociales y políticas. Lo importante es que los comisarios africanos cuiden a los artistas africanos para una audiencia africana”, acaba la fundadora de Art Africa.

Con el objetivo de convertirse en un espacio para que artistas reconocidos y nuevos talentos pudieran interactuar entre ellos y con los coleccionistas, además ha resultado ser una oportunidad para que nuevas generaciones puedan descubrir y se sientan interesadas por las artes visuales. La Feria de Arte de África ha conseguido devolver el talento al continente, además de catapultarlo hacia el escenario internacional y ha reivindicado la práctica del arte africano a nivel nacional, con todos los beneficios culturales y económicos que esto conlleva. Ha resultado ser una oportunidad de tomar responsabilidades y de

Eldorado del diseño contemporáneo está en África

África Rising, el libro co-editado por la plataforma sudafricana Design Indaba y la editorial Gestalten el pasado 2016, es un merecido homenaje al pulso de la innovación africana a través de una edición de lujo que retrata, cual néctar prensado en frío, el estado actual de un gigante creativo como es el africano. Mientras el continente más joven del planeta va fortaleciendo un suave, pero incandescente, ritmo para su incipiente industria del diseño; Occidente mira atónito hacia sus producciones contemporáneas con cierto recelo. Y es que la originalidad y el sinfín de respuestas para la resolución eficaz de problemas cotidianos que representan muchas de las creaciones contemporáneas ha situado en Ciudad del Cabo el epicentro de la serie de eventos de Design Indaba, que desde 1995 fomenta “un mundo mejor a través de la creatividad”.

Sea en estudios, pasarelas, escaparates, tiendas, talleres o despachos, un elenco de cerebros en ebullición borra diariamente las fronteras elitistas de lo “contemporáneo” para situar en África el nuevo Eldorado del diseño mundial. Huyendo de clichés y estéticas folkloristas, los artistas que actualmente lideran algunos de los procesos de creatividad más exitosos del continente se convierten en narradores de la contemporaneidad africana. Y a través de sus obras nos presentan a un África multifacética y generosa.

 

Hemos podido preguntarle a la editora jefe de Design Indaba, Katie de Klee, sobre la situación del sector creativo en el continente, sobre el libro y sobre las perspectivas de futuro para una industria que podría desarrollarse fecundamente en los próximos años:

Gemma Solés: Africa Rising es un libro inspirador que evoca una imagen innovadora del continente. ¿Por qué este título en un momento en que las narrativas sobre ese “Africa Rising”, proclamadas a bombo y platillo hace unos años, han quedado vilipendiadas por las realidades de un recesión evidente?

Katie de Klee: El libro no se refiere tanto al crecimiento del continente como a su creatividad y a la posibilidad de que el escenario creativo afecte positivamente a su economía. El emprendimiento y las startups de las industrias creativas podrían dar una nueva vuelta de tuerca a la narrativa sobre la recesión de África. Cuando los gobiernos, las grandes corporaciones y las industrias de exportación están fallando, los diseñadores y las pequeñas empresas están proporcionando empleos y habilidades (especialmente para aquellos sin educación formal). Este libro anuncia el surgimiento de una versión más auténtica de África, la versión presentada por aquellos que realmente viven, trabajan y crean allí.

G.S: En el libro podemos encontrar un buen puñado de creadores que abogan por el diseño sostenible. ¿Qué nos puede enseñar África sobre la sostenibilidad a través de sus diseños?

K.K: En contextos a menudo difíciles y de escasos recursos, el diseño africano requiere un cierto tipo de alquimia creativa que no acontece en ningún otro lugar. ¡Hay tantas lecciones que las culturas de consumo desechable en Occidente podrían aprender de los upcyclers, recicladores y reconvertidores de África! Los diseñadores en África se ocupan de necesidades reales, no sólo de deseos objetuales o de mera estética. Son “solventadores” de problemas, y en economías de rápido crecimiento y una población tan joven, la carrera para resolver esos problemas está realmente en marcha. Lo que encuentro más interesante del diseño africano es que tiene la capacidad de expandir su humanidad. Para los occidentales, las historias de diseño en África implican imaginación y empatía, pero le ayudan a entender la vida cotidiana y sus desafíos.

Los diseñadores del continente son productores extraordinarios y llenos de recursos. La escasez es un duro maestro, pero también es la madre de la invención, y si hay una cosa que capta la esencia del diseño y la creatividad en África hoy en día sería la capacidad de convertir la escasez en oportunidad.

Muchos diseñadores africanos están recuperando y reciclando desechos de las economías “desechables” del mundo más desarrollado. Aunque esto es a veces por necesidad, también hay un punto conmovedor acerca de la naturaleza de consumo de las economías del primer mundo.

G.S: Muchos diseños y creaciones de artistas africanos se exhiben en bienales y ferias de arte, exposiciones de muebles… Sin embargo, algunos se atreverían a decir que todos estos ejemplos y objetos son sólo accesibles a la burguesía africana. ¿Son estos objetos (sillas, muebles o decoración mostrados en la primera parte del libro) simplemente refinadas reproducciones de muebles perfectamente tradicionales y populares?

Ésa es una parte real del diseño africano, una cierta cantidad de objetos es inaccesible a la mayoría de la gente. Pero eso también ocurre con el diseño italiano, o de cualquier otro lado. Así que me alegro de que haya una cierta cantidad de diseño para la burguesía africana. Se trata de arte funcional y es una parte de la historia material africana, aunque la atención se filtrará sobre todo a través del diseño social y de base que es increíblemente digno y fascinante de una forma particular.

G.S: “Africa Rising” hace hincapié en la presencia del arte tanto en el espacio público como en los museos modernos que se multiplican en el continente. Pero ¿cómo pueden los artistas urbanos sobrevivir pintando murales y grafitis en las calles de las principales ciudades africanas? 

K.K: Una gran cantidad de artistas urbanos y grafiteros son capaces de cobrar por sus servicios sin estar en un museo. De la misma manera que lo hace un arquitecto o un diseñador de interiores. Los murales tienen un efecto real en las áreas donde se crean, y hay gente que paga para hacerlos posibles. También hay muchas marcas y organizaciones (particularmente ONGs de salud y sociales) que usan murales para transmitir mensajes importantes. Al igual que la sensibilización para prevenir el SIDA o transmitir pautas básicas de higiene. Por ejemplo, Faith47 (un artista urbano sudafricano) ayudó a Design Indaba a crear un impresionante mural que interpretaba visualmente nuestro proyecto Another Light Up, que instaló farolas en una zona bastante peligrosa de Ciudad del Cabo.

G.S: Los modistas africanos revolucionan el mundo de la moda, mientras marcas como Zara o Mago copian impresiones africanas, llegando mucho más fácilmente al gran público. ¿Debemos proteger los patrones tradicionales de marcas como éstas?

K.K: No siempre se trata de proteger. A veces es bueno que se respeten estas tradiciones, para que otros se inspiren en ellas y luego permitirles evolucionar. La gente en Inglaterra ya no anda en corpiños deshuesados, ni en sombreros o chalecos, pero hay ciertos elementos de estilo, tejido, forma y ocasión que siempre se llevarán a cabo y seguirán inspirando. Lo curioso del caso es que, algunos de los mejores diseños de moda africana no imprimen matices ostensiblemente “afro” en sus creaciones. Hay diseñadores increíbles en África que no utilizan impresiones africanas.

Rich Mnisi y Lukhanyo Mdingi, por ejemplo, son dos creadores de moda sudafricanos cuyo trabajo no es el típicamente “africano”, porque no ofrece las impresiones ni los materiales tradicionales que son tan reconocibles del continente – y me gusta que ambos sean diseñadores africanos que no juegan con esas expectativas. Al mismo tiempo, sin embargo, ambos están muy inspirados por su infancia y por lo tanto, su estilo es tan africano como los otros. Ambos diseñadores trabajan con fotógrafos locales con mucho talento, y usan el género y la androginia como temas. Eso me parece muy interesante, porque hay muchos países en África donde los estereotipos de género siguen siendo difíciles de cambiar.

Lukhanyo Mdingi

G.S: Cuando hablamos de diseño de ropa, una de las principales barreras para que los modistos realmente puedan exportar un volumen grande de pedidos es la falta de industrialización o el pobre rendimiento que se le saca al algodón africano. ¿Cómo se va a desarrollar esta industria en los próximos años?

K.K: La industria de la confección africana depende en gran medida de las cooperativas en este momento. Gran parte de la fabricación es a pequeña escala y hecha a mano. Hay lugares en los que esto está cambiando, por ejemplo en Etiopía, que está ampliando sus capacidades de producción en todos los sectores. Pero habrá que esperar aún, porque no estoy del todo segura de cómo este modelo se aplicará a otros lugares del continente…

G.S: Algunos expertos en desarrollo insisten en que África deberá pasar por la industrialización para conseguir mayor prosperidad. ¿Pueden la industria del diseño, la arquitectura o las artes contribuir a mejorar los índices de pobreza?

K.K: El diseño es una industria pujante en África, el continente con la población más joven del plantea. Los diseñadores de todo el continente están resolviendo problemas reales e importantes…

G.S: Otra cosa es que eso se acabe reflejando en los informes anuales de organizaciones internacionales. Pero estamos segurxs que, cuantificable o no, el diseño africano está transformando, no solo el continente, sino el panorama de la innovación internacional. 

Incertidumbre viva: las respuestas del arte africano a los desafíos de la humanidad

Es necesario desvincular la incertidumbre del miedo. Bajo ese lema, la comisaria de la 32ª Bienal de São Paulo, en Brasil, reúne hasta el día 11 de diciembre en la capital paulista a 81 artistas de 33 países que hablan a través de esculturas, pinturas, dibujos, instalaciones y performances sobre la necesidad de enfrentar con menos angustia y más convergencias a las inconstancias y crisis múltiples propias de nuestro tiempo.

captura-de-pantalla-2016-11-09-a-las-12-26-59El esfuerzo político de la exposición, considerada la segunda más importante del mundo, es desmontar la dicotomía estabilidad/incertidumbre que siempre ha sido exitosa en asociar la primera a la continuidad y la segunda, al riesgo, tal como prueban la xenofobia y la securitización de la vida en Occidente.

Esa es una edición especialmente diversa de la Bienal, con una mayoría de artistas oriundos de fuera de Europa Central y Estados Unidos. La selección de nombres africanos, en particular, es una de las más importantes de la historia del evento. “Yo pasé mucho tiempo en el continente [africano] y en Brasil pensando en las voces que podrían contribuir para la conversación, pero que también pensaran en un lenguaje transnacional que pudiese ser desarrollado colectivamente”, afirma la artista sudafricana Gabi Ngcobo, una de las cinco comisarias de la exhibición.

Sobre el escenario del arte contemporáneo africano, la comisaria retoma la importancia de superar las fronteras artísticas impuestas por Occidente y, al tiempo, construir espacios de resistencia dentro de esas mismas fronteras.

Nosotros africanos nos hemos preguntado sobre qué es África. Entonces la emergencia de lo ‘africano’ se vuelve problemática. Es nuestra responsabilidad crear espacios de respiro, pero también aceptar que existimos en un lugar en que las exhibiciones se volvieron una tendencia”, dice. “Es nuestra responsabilidad trabajar con esas tendencias. Resistir, pero también encontrar dentro de esas tendencias lugares en que podamos ser libres.”

El equipo e Wiriko estuvo en el pabellón de la Bienal –un edificio que compone el conjunto de estructuras dibujadas por el mítico arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en el Parque del Ibirapuera– para descubrir la participación de cinco artistas africanos en ese debate.

Anawana Haloba – Close-Up

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Anawana Haloba – Close-Up

A artista nacida en Zambia, pero radicada en Noruega, es contundente al asociar el momento cultural actual con una piedra de sal que se liquidifican gota a gota, minuto a minuto, delante de los ojos de los espectadores. “Es una metáfora de la desaparición de las culturas e identidades”, explica Haloba. Son diez piedras colgadas en una sala por hilos y telas de nylon casi invisibles. Algunas son rosa y otras, de un blanco extremo, y flotan en el espacio que estaría completamente vacío si no fuera por las ollas y cacharros que, en el suelo, justo debajo de esas piedras, hacen reverberar el sonido de cada gota que se desprende.

La sensación, para quien camina entre la instalación, es de una lenta pero cadente sinfonía. “La sal es como una lagrima. La gota produce un silencio que te hace reflejar y ganar conciencia de uno mismo. Mientras caminas, consigues sentirla en el aire”, dice la artista. Según Haloba, la opción por las piedras de sal como materia central en esa instalación se justifica por la voluntad de retratar los fluidos corporales y, al tiempo, hacer referencia a la sal como materia-prima, fuente de conflictos, intereses económicos pero también de resistencia – como en el caso de Gandhi en India.

El efecto visual va aun más allá: al final de cada día, con el calor del ambiente, el agua evapora y lo que se ve son los rastros de la sal blanca en el suelo, “apenas un trazo de lo que sucedió allí”, afirma.  Los componentes visuales de “Close-Up” son potenciados por una grabación sonora que mezcla la lectura de un poema guaraní –un importante idioma indígena en Sudamérica– con la voz de Haloba hablando en el dialecto lozi, de su madre. Con ese elemento, la artista quiere provocar la reflexión sobre como las diferentes identidades pueden ser preservadas en un contexto de destrucción ambiental y cultural del planeta.

“Estoy interesada en sociedades diferentes. No quise apenas referirme a lo que se pasa en Zambia, pero a como las diferentes cosas son interpretadas en diferentes sociedades.” Para ella, la cuestión central en el tema de la incertidumbre es entender como las diferentes lenguas y culturas del mundo pueden ser preservadas, qué significa su desaparición.

Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Mientras la obra de Haloba se centra en el paso del tiempo, la instalación del artista sudafricano Dineo Bopape enfoca la presencias y ausencias humanas, siempre relacionadas a la posesión de la tierra.

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Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Como en el caso de “Close-Up”, en “:indeed it may very well be the ___________ itself” es posible caminar entre los elementos –rectángulos y cuadrados de tierra comprimida sobre las que se ven agujeros formando juegos tradicionales, objetos diversos y hasta reproducciones de órganos femeninos–. Al tiempo, el espectador escucha el latir de un corazón y el sonido de los árboles y de la tierra siendo trabajada. Los bloques de tierra están marcados por ranuras, que profundizan la sensación de abandono. La unión de esos elementos parece hacer referencia a la perpetuidad de las memorias y a la huella dejada atrás por el movimiento humano.

“Yo estaba pensando sobre presencia(s) y ausencia(s) de algo, materia, nada. El desplazamiento de eso desde (dentro y fuera) ‘aquí’ hacia ‘allá’. Vacuos, fisuras y agujeros y cavidades. Plenitud, depresiones, vacíos, confinamientos”, explica Bopape. “Ese trabajo en particular, para mi, considera la negociación entre algo y la nada”, completa. La instalación también subraya de modo inequívoco a la cuestión de la propiedad de la tierra en tiempos de escasez. “En Sudáfrica, por ejemplo, las políticas de posesión de la tierra puestas en marcha durante los años coloniales y en el apartheid en larga medida tienen efecto todavía hoy. El dato aproximado es que el 79% de la tierra (y de la riqueza) permanecen en las manos de una minoría blanca y la mayoría de los africanos no tienen tierras –en su propia tierra–”, afirma Bopape.

“Eso no es exclusivo de Sudáfrica. En numerosos lugares con una historia de colonialismo la población nativa fue desposeída de tierra –sea para uso y acceso como para propiedad–. ¿Y qué es tierra, suelo, polvo… de que cada uno esta hecho? ¿Cómo es no tener posesión de tu ‘base’, de uno mismo? ¿Y cómo es tenerla?”, cuestiona el artista.

Para la curadora Gabi Ngcobo, la obra de Bopape es una experiencia corporal porque reúne las energías de los cuerpos que la crearon. Por otra parte, le llama especial atención las ranuras en la tierra. “Me gusta esa metáfora porque en la narrativa histórica siempre existen esas ranuras y me gusta pensar que nuestro trabajo habita esos espacios porque es de ellos que viene la luz”, dice.

Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

El camerunés Em’kal Eyongakpa tradujo en su instalación la dualidad entre naturaleza y civilización, organicidad y tecnología. Al entrar en una sala completamente escura, el espectador es rodeado de sonidos que oscilan entre el agua corriente y el efecto del viento sobre los árboles, por un lado, y las motosierras y su ruido metálico, por otro. Aunque no se pueda ver con claridad, uno puede sentir el olor húmedo del musgo y de la paja que cubren el las paredes y el suelo del cubículo.

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Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

A los pocos, por efecto de luces de colores que corren dentro de tubos que se asemejan a fibra óptica, se dibujan dos grandes pulmones, con sus bronquios y bronquiolos iluminados. Pero lo que se ve, en realidad, son las siluetas aproximadas, hermanadas, de África y América.  La idea de la obra es compaginar naturaleza y cultura en un mismo todo, y no como ámbitos separados y autónomos. Según la comisaria, “Eyongakpa sugiere la idea de algo orgánico en la sobrevivencia y en la manutención de diversos sistemas –digitales, ecológicos, políticos– revelando una rara familiaridad entre ellos”.

“Esa es una experiencia corporal muy, muy fuerte porque entras en ese espacio, el olor cambia y el sonido, a todo el tiempo, no importa cuantas veces lo escuches, te golpea desde dentro”, dice Gabi Ngcobo. “La habilidad de Em’Kal de conectar todos esos materiales con el cuerpo, y con referencias al cuerpo, provoca una experiencia realmente muy íntima”, completa.

Misheck Masamvu – Midnight y Spiritual Host

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Jump Spread Your Legs [Passo largo], 2013 – Misheck Masamvu

Las dos pinturas presentadas por el zimbabuense Misheck Masamvu son ventanas para la realidad política y social en Harare. En su primera exposición en Brasil, Masamvu trae una trilogía intencionalmente desfalcada: “las dos obras son parte de un dialogo en tres partes, en que la tercera pintura es conscientemente excluida de la muestra”. Ese dialogo, dice, “se hizo para dar forma a las sombras que se encuentran en la estera del desaparecimiento de la humanidad”.

Con una precisión observadora y simple, el pintor que califica el arte contemporáneo en su país como un “sobre decorado” detalla de modo íntimo el proceso creativo e intelectual que rodea la creación de las dos piezas. Sobre el aparente caos traducido por los colores intensos, el Masamvu afirma que “se refiere a eventos experimentados, o a una vida vivida en miedo, o mantenida bajo examen por el incómodo producido por las conocidas consecuencias que pueden suceder a aquellos que se levantan por sus derechos”.

Y sigue: “Midnight es un tiempo que cuelga de la idea de lo próximo, de los probables desenlaces. Entretanto, habla de quietud, de un pasaje cuando lo desconocido reside en la emergencia de las sombras. Es un tiempo en que tu imaginación puede crecer más fuerte que la esperanza, o cuando tu fe es cuestionada por las sombras y los espíritus se elevan para agitar a tus huesos de horror. Tu prefieres que tus ojos sean cerrados a ver el fantasma del tiempo escribir a tu obsoleto futuro. Spiritual Host se refiere a la noción de los ‘headliners’, aquellos que expresan conciencia y percepción. Midnight son cuernos encerrados, un pueblo indeciso, en conflicto. Midnigh es pegar a tu oponente. Midnight es una colección de huesos. Spiritual Host es paciencia, es el sacrificio de uno mismo, es la vida que vale la pena preservar y un mensaje de esperanza.”

Sobre la relación entre las dos obras y el tema central de la Bienal –las incertezas vivas–, defiende sin dudar que la humanidad esta en riesgo por los ingredientes ‘deseducadores’ en oferta, que promueven el individualismo en lugar de lo colectivo en el desarrollo de soluciones para nuestros desafíos.

Mmakgabo Helen Sebidi – Tears of Africa

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Mmakgabo Helen Sebidi – Detalle Tears of Africa 1987-1988

La conversación transnacional de la que hablaba Gabi Ngcobo alcanza su máxima expresión en el trabajo de Helen Sebidi. La artista sudafricana, veterana en un grupo de jóvenes artistas emergentes, pasó cuatro meses en una residencia en el Goethe Institut de Salvador, en Bahia, trabajando en la segunda de las dos piezas que exhibe en la Bienal.

La primera es la mítica Tears of Africa, una pintura en carbón, tinta y collage que, en blanco y negro, resuena con un impacto asustadoramente actual los conflictos por los que pasaba el continente africano en los años ochenta, así como el régimen del apartheid en su país. Desde su creación, por determinación de la artista, la obra nunca salió de allá. “Ella decidió mantenerlo para aprender de él, como una herramienta de educación y trabajo para ella y otros artistas. Creo que eso muy profundo”, dice Ngcobo, que frecuentó la casa y el estudio de Sebidi y articuló el traslado de la obra.

La segunda pintura es justamente la continuación de esa historia no superada, que todavía resuena en un mundo de relaciones post-coloniales o neo-coloniales. Con una referencia directa a la esclavitud en Brasil y su conexión con la persistente violación y discriminación de la población negra, la segunda parte de Tears of Africa es, según Ngcobo, un retrato de esa historia compartida entre Brasil y el continente africano.

“Es una conversación que llega tarde en Brasil, en comparación con Estados Unidos, por ejemplo, y muchas veces es evitada, a pesar de ser absolutamente crítica”, dice la curadora.

La identidad a juicio en LagosPhoto Festival

“Mi planteamiento es que la única identidad auténtica para lo africano es la tribu… Soy nigeriana porque un hombre blanco creó Nigeria y me dio esa identidad. Soy negra porque el hombre blanco construyó lo negro para ser lo más diferente posible de su blanco. Pero yo era igbo antes de que llegara el hombre blanco”.

Chimamanda Ngozi Adichie, Medio sol amarillo

unnamed-48Hablar de identidad y hacerlo desde Nigeria nos recuerda a Chinua Achebe, Wole Soyinka o Ben Okri, entre otros muchos. Hemos comenzado con la también nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. ¿Por qué? Porque nos hemos acercado al primer y -por ahora- único festival internacional de fotografía de Nigeria: LagosPhoto. También porque en las palabras de Adichie se concentran las reflexiones de este festival: África, mujer, hombre, blanco, negro, diferencia, identidad. Pero, sobre todo, porque más que concluir un análisis este festival retoma viejos asuntos con enfoques nuevos.

Este 22 de octubre se inaugura en la capital nigeriana un evento que durante un mes ofrecerá talleres, conferencias, coloquios y exposiciones tanto en salas y galerías como en las calles de Lagos. El LagosPhoto, del que ya os hemos hablado en otras ediciones, nació en 2010 y desde entonces plantea cuestiones espinosas y propone respuestas con una fuerte vocación social. Busca también el contacto entre artistas de lugares lejanos (no sólo del continente), así como conectar sus creaciones con la comunidad y reflexionar sobre la educación visual, el pasado, el presente y la identidad.

La edición de 2015 tuvo por tema la reflexión sobre cómo se ha concebido África y cómo puede y podrá ser repensada, y los modos en los que pueden abordarse la historia del continente, los acontecimientos presentes y aquellos que están por llegar.

Estos días LagosPhoto sigue cavilando guiado ahora por 27 artistas gráficos. Su propuesta para este año se enmarca en el título Rituals and Performances: Inherent Risk y no nace de planteamientos habituales y manidos sino que retoma densos análisis que nos recuerdan a Frantz Fanon, Aimé Césaire, Michel Foucault y, en nuestros días, a Achille Mbembe. Sobre la amplitud y la complejidad de LagosPhoto hemos hablado con su director, Azu Nwagbogu, quien nos ha dado algunas claves de qué le llevó a él y a su equipo a plantear así este festival.

Tsoku Maela, de su serie 'Broken Things'.

Tsoku Maela, de su serie ‘Asbtract peaces’. (No incluida en LagosPhoto Festival)

Nyanye, del keniano Osborne Macharia.

Nyenye, del keniano Osborne Macharia.

Podríamos dividir sus objetivos de acuerdo a dos grandes ideas. La primera sería la necesidad de pensar en la concepción y producción de imágenes que modelan una identidad y sensibilidad africanas a través de las costumbres, los rituales y la representación fotográfica. Pero, ¿de qué hablamos cuando a todo eso le damos el adjetivo de “africanas”? La respuesta no es fácil, y ya ahí tenemos parte de la búsqueda que se propone el festival. El propio Azu Nwagbogu así nos lo dice: intentamos mostrar mediante imágenes lo escurridizo, lo líquido que es el concepto de identidad”.

Azu Nwagbogu, fotografiado por Jorrit Dijkstra.

Azu Nwagbogu, fotografiado por Jorrit Dijkstra.

Luego, con base en la idea de que todas las imágenes que asimilamos crean en nosotros una visión del mundo, LagosPhoto plantea una cuestión casi angustiosa en los tiempos de lo efímero que hoy parecen regir nuestras vidas: ¿qué mundo visual estamos construyendo para las próximas generaciones?, ¿sobre qué mundo visual construimos nuestra memoria?

Sin duda, estas preguntas no se agotan y quizás aún no estemos capacitados para contestarlas de manera inapelable. Sin embargo, es por eso mismo que su planteamiento es obligado y que hemos de proponer todas las hipótesis que seamos capaces de formular. En el caso de LagosPhoto, el acercamiento se hace mediante el arte, lenguaje tan capacitado como cualquier ciencia para buscar respuestas.

Ahora nos encontramos en un mundo sobresaturado de imágenes y en el que escasea la educación audiovisual. Azu Nwagbogu incide en que la sociedad cambia con rapidez y en que nuestra capacidad para entender el mundo visual no puede quedarse fosilizada. Roland Barthes hablaba del “punctum” como de una sensación casi inefable que nos inunda cuando vemos una buena fotografía. Pero para eso, hemos de mirar. ¿Lo hacemos hoy? ¿Somos conscientes, bajo el tsunami cotidiano de imágenes, de toda la información que deglutimos de manera sutil o aun plenamente inconsciente? Como expresan los comisarios del festival en el curator’s statement, su deseo es explorar más allá del acto de fotografiar y de sus interpretaciones, “modelar otros caminos”, nos dice Azu Nwagbogu, pues “conocemos el poder de la imagen, su accesibilidad y su capacidad para crear identidades”.

Así como el novelista omnisciente recrea e interpreta un mundo, el fotógrafo hace lo mismo con el entorno visual inmediato. Ahora bien, cuando hablamos de lo africano -término ya en sí confuso- y de identidad, ¿hasta dónde somos conscientes de los prejuicios heredados que alimentan nuestras costumbres, nuestros rituales cotidianos? ¿Quién, cómo, desde dónde se modela, se mantiene o se recrea una “identidad africana”? Como decíamos, más que respuestas hemos de contentarnos aún con hipótesis. Probablemente, la costumbre y los medios han dado rango de concepto e idea “verdadera” a representaciones cuyos orígenes han sido la fabulación, el desconocimiento y el prejuicio. Al respecto, Azu Nwagbogu ve también otra perspectiva sobre el ritual, aquella según la cual “los rituales sociales ayudan a crear un comportamiento, una normatividad, y por eso también pueden proteger de prejuicios y de presiones externas. La diversidad de proyectos de este año refleja la complejidad de estas ideas”.

LagosPhoto siempre reclama la crítica auténtica, no aquella que se convierte en un patrón y que por ello pierde su capacidad de análisis. De lo contrario, sabemos que es así como se construye un concepto estático de identidad, una identidad provocada y poco honesta con la realidad y las personas. Explica Azu Nwagbogu que la identidad es un concepto que intentamos delimitar continuamente, pero que entenderíamos mejor si lo pensásemos como la teoría de conjuntos en matemáticas: grupos delimitados pero que, a su vez, forman parte de grupos mayores. En esta edición podemos ver trabajos sobre la identidad femenina, la identidad masculina, la identidad homosexual, la identidad cultural, la identidad africana y la propia identidad desubicada por las zozobras de un mundo globalizado. Desde los autorretratos de la británica Juno Calypso, a los retratos de la nigeriana Fati Abubakar, las recreaciones de la historia del zimbabuense Kudzanai Chiurai, o el reportaje del español Pep Bonet sobre la cultura metal underground en Botswana, los 27 fotógrafos que participan expresan las relaciones complejas e inesperadas de uno mismo con el entorno.

De la serie "Submerged Portraits from Drowning World" de Gideon Mendel. Christa and Salomon Raymond Fils Decade Village. Haiti September 2008

De la serie “Submerged Portraits from Drowning World” de Gideon Mendel.

Si bien en este festival se habla de la identidad en sentido amplio, hemos querido compartir con Azu Nwagbogu la preocupación de que, en estos últimos tiempos de vallas, concertinas y fronteras ilusorias, estemos asistiendo a un aumento del racismo, incluso con pretendida base científica y social. Respecto de si existe relación entre espacio geográfico, identidad y color de piel, Azu Nwagbogu responde que “puede haber relación, pero es muy arriesgado, engañoso y confuso admitirlo como una realidad”. Al hilo de estas palabras nos vienen otras que el camerunés Achille Mbembe expone en su Crítica de la razón negra: “la verdadera identidad no es necesariamente la que se fija a un lugar determinado. Al contrario, es la que permite negociar la travesía de espacios que están también en movimiento, puesto que poseen una geometría variable”.

Es más que probable que la identidad no sea la culminación de un proceso de reconocimiento personal y social, sino que sea, como sostiene este mismo pensador, una fase más del momento en el que será la identidad lo que nos lleve a todos al encuentro mutuo.

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Estos son todos los artistas que participan en el LagosPhoto Festival 2016:

Fati Abubakar (Nigeria) | Jenevieve Aken (Nigeria) | Ishola Akpo (Nigeria) | Mohamed Arejdal (Marruecos) | Karimah Ashadu (Inglaterra & Nigeria) | Jelili Atiku (Nigeria) | | Miia Autio (Finlandia) |Pep Bonet (España) | Juno Calypso (Reino Unido) | Bubi Canal (España) | |Kudzanai Chiurai (Zimbabue) | | Colin Delfosse (Bélgica) | Thierry Fontaine (Francia) | Sevelyn Gat (Kenya) | Eric Gyamfi (Ghana) | Adad Hannah (Estados Unidos) | Kiluanji Kia Henda (Angola) | Andrea Gisele Keyezua (Netherlands) | Nico Krijno (Sudáfrica) |Osborne Macharia (Kenya)| Mario Macilau (Mozambique) | Tsoku Maela (Sudáfrica) | Ibrahim Mahama (Ghana) | Gideon Mendel (Sudáfrica) | Siwa Mgoboza (Sudáfrica) | Mohau Modisakeng (Sudáfrica) | Fabrice Monteiro (Benin & Bélgica) | Bruno Morais (Brasil)| Muchiri Njenga (Kenya) | Lakin Ogunbanwo (Nigeria) | | Rodney Omeokachie (Nigeria) | | Qudus Onikeku (Nigeria) | | Leonard Pongo (Belgica) | | Flurina Rothenberger (Suiza) | | Emmanuel Trousse (Monaco) | | David Uzochukwu (Bélgica & Nigeria) | | BenedicteVanderreydt (Bélgica) | | Lorenzo Vitturi (Italia) | | Sanne De Wilde (Bélgica) | | Patrick Willocq (Francia) | | Reze Bonna (Nigeria) | | TY Bello (Nigeria).

Autores y obras citados:

Adichie, Chimamanda Ngozi, Medio sol amarillo, editorial Literatura Random House, Madrid, 2014.

Mbembe, Achille, Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo, Futuro anterior/NED ediciones, Barcelona, 2016.

Imagen del artista español Bubi Canal.

Imagen del artista español Bubi Canal.

Cita con el arte africano contemporáneo en la 4ª edición de la 1:54

Un continente. 54 países. Una sede, la histórica Somerset house, centro de debates intelectuales desde el siglo XVIII y referencia de la actividad artista hasta hoy, en pleno centro de Londres. 40 galerías, 17 de ellas exponiendo por primera vez en esta cita internacional del arte contemporáneo. 18 países representados, con el trabajo de 136 artistas.

La obra de Zak Ové en Somerset House. (Fotografías: E. Sendra & Ernesto Martín).

La obra de Zak Ové en Somerset House. (Fotografías: E. Sendra & Ernesto Martín).

Tras el bullicio londinense, entre taxis, autobuses, bicicletas y transeúntes, al cruzar la calle que baja desde Holborn, se accede por fin al patio de la Somerset House, en el que una serie de hileras de soldados del arte estáticos saludan frontalmente, o tal vez indiquen que es momento de bajar el ritmo urbano, para comenzar un viaje por distintas partes del mundo, pero sobre todo, por África y su diáspora, a través de su variedad de estilos artísticos. Se trata de la instalación de las nuevas esculturas de Zak Ové, nacida en Londres y cuyo trabajo se desarrolla entre la capital británica y Trinidad y Tobago. La obra se inspira precisamente en la herencia histórica del edificio que acoge la feria, y la máscara de la era jacobina, con la representación del ejército de Nubia, región situada entre el sur de Egipto y el norte de Sudán.

Detalle de la escultura de Zak Ové.

Detalle de la escultura de Zak Ové.

El interior del edificio lleva, con cierta dificultad a pasillos de galerías consecutivas, separadas de manera demasiado hermética, en muchos casos, y con una confusa señalización y cartelería para los que van buscando obras o artistas en concreto. No obstante, el tránsito y la cercanía de los encargados de las galerías, reflejan el carácter único para asistir a tal evento, para poder ver, disfrutar, conocer, dialogar, y comprar, estas obras. De hecho, ya el primer día de esta feria, muchas de las galerías han vendido la varios de sus trabajos expuestos; y se benefician de la visibilidad que el encuentro da a sus galerías, organizando pases privados, con los artistas, en fechas de la feria, aprovechando que se encuentran aquí sus protagonistas. Solo de Londres hay nueve galerías, la 50 Golborne, GAFRA (Gallery of African Art), Jack Bell Gallery, October Gallery, Sulger-Buel Lovell, TAFETA, Tiwani Contemporary, Tyburn Gallery y Vigo Gallery.

Detalle de "Maternité Submergente" de Seyni Awa Camara

Detalle de “Maternité Submergente” de Seyni Awa Camara.

La 1:54, celebrada entre el 6 y el 9 de octubre, vuelve a regalar a sus visitantes, la posibilidad de pasearse por galerías de distintas partes del mundo, con algunas ya frecuentes en la establecida feria de arte contemporáneo, como la Magnin-A, del coleccionista André Magnin. Es en esta galería donde se encuentra la obra de la senegalesa Seyni Awa Camara, “Maternité Submergente” (1986), en español, maternidad abrumadora. Nacida en Bignona, en la región de Casamance, se crió con su madre, quien también era artesana. Fue así como desde muy temprana edad, aprendió a esculpir, modelando barro, construyendo historias relacionadas con sueños, sentimientos, revelaciones, fantasías. En esta escultura, de un metro y medio de altura, la artista casamanquesa representa su visión del mundo, compuesto por gente tan hermosa como fea, tan buena como malvada, siempre desde su condición de mujer wolof, una de las etnias mayoritarias de Senegal.

Aunque ninguna de las galerías procede de Senegal, sí hay un buen número de países africanos, con destacada presencia de Sudáfrica, con tres galerías, la Afronova Gallery, Barnard Gallery y Everard Read I CIRCA Gallery; tres de Marruecos, GVCC, L’Atelier 21 y Voice Gallery; dos de Túnez, AGorgi Gallery y Selma Feriani Gallery; AGAddis Fine Art, de Etiopía; Art Twenty One, de Nigeria; ARTLabAFrica, de Kenia; Cécile Fakhory, de Costa de Marfil; Gallery 1957, de Gana; Masharabia Gallery of Contemporary Art, de Egipto; y Village Unhu, de Zimbabue.

Lienzo de Soly Cisse

Lienzo de Soly Cisse.

España adquiere visibilidad en esta cita de arte contemporáneo del continente africano, con la galería madrileña Sabrina Amrani, que expone el trabajo del malgache Joël Andrianomearisoa, cuyo trabajo combina vídeo, moldeo, diseño, escultura, fotografía, performance e instalaciones, con sombras negras. Este es uno de los artistas presentes en la 1:54 que participó también en otra cita de referencia internacional de arte contemporáneo africano, la de mayor trayectoria en el continente, la Bienal de Arte contemporáneo de Dakar, Dak’art, donde también estuvo Wiriko este año. Otros de los que participaron en la 12ª Dak’art son Victor Ehikhamenor, nigeriano, cuyo trabajo destaca por el uso de relieves y colores cuyas raíces están en el presente, pero que se proyectan hacia el futuro; o el reconocido pintor senegalés Soly Cisse, formado en la Escuela de Bellas Artes de Dakar en los 90, cuyos lienzos se inspiran en el contexto en que creció el artista, en un periodo de transición en el país, con figuras que emanan del caos y la falta de armonía, con aires activistas.

Primera exposición monográfica de Malick Sidibé

The modern Eye, de Malick Sidibé

The modern Eye, de Malick Sidibé.

Uno de los espacios con mayor afluencia es la exposición fotográfica “The Eye of Modern Mali” (el ojo del Mali moderno), del maliense Malick Sidibé, fallecido el pasado abril. Por primera vez en Reino Unido, se acoge la obra de este célebre fotógrafo, conocido por sus crónicas fotográficas en blanco y negro de la capital maliense de los 60 y 70, cuando Mali consiguió ser independiente. Dividida temáticamente, en tres espacios, “Nightlife in Bamako” (La noche de Bamako), al ritmo de la música del Compay Segundo, en una época de auge de la salsa en el oeste del continente; “Beside the Niger River” (Junto al río Níger) y “The Studio” (El estudio fotográfico), la exposición muestra 45 fotografías en gran formato, con escenas de baile apoteósicas, de fiestas, de enamorados y amigos junto al río y de retratos con accesorios delatadores de profesiones, sueños y aspiraciones, frente a un fondo estampado, característico del estudio fotográfico africano. El trabajo de Sidibé, ganador de numerosos premio, como el León de oro de la Bienal de Berlín en 2007, está expuesto en numerosas colecciones del mundo, incluyendo el MoMA y Museo Metropolitano de Nueva York.

Obras de Emo de Modeiros

Obras de Emo de Modeiros.

Otro de los trabajos más destacados de la 1:54, el de Emo de Medeiros, se encuentra en la establecida 50 Golborne Gallery , situada en Notting Hill, al oeste de Londres. Hablamos con Emo de Medeiros, artista de Transprositions, nacido en Benín y cuyo trabajo realiza desde allí y Francia. De Modeiros parece estar entretenido con el móvil. De repente, lo acerca a su cuadro, compuesto de tela bordada de figuras coloridas tipo máscaras, leones, personas, estrellas… Basta un segundo para que el teléfono muestre un mensaje en la pantalla, una lección de vida, que procede de uno de los elementos del cuadro. A su derecha, se encuentra una especie de máscara “tradi-futurista”. Dice que se trata en efecto de una mezcla de dos máscaras, “mitad humano, mitad máquina”.

De Modeiros decodificando los mensajes de su obra

De Medeiros decodificando los mensajes de su obra.

El artista, originario de Ouidah, al sur de Benín, fusiona dos tradiciones, el “zangbeto”, que procede de su ciudad natal, y la “kaleta”, una máscara afrobrasileña, cuyo ritual se celebra a finales del año. “En la kaleta hay una sinergia de tradiciones, que mezcla también elementos de Halloween. Está formado por una orquesta de unos diez niños, y dos o tres bailarines, completamente enmascarados, no se les puede ver ninguna parte del cuerpo. No pueden hablar, ni decir sus nombres. Van llamando a las casas y esperan que la gente les de dinero a cambio de la música y el baile, porque si no, les echarán mala suerte. Tiene que ver con la espiritualidad. El zangbeto es el guardián de la noche, el que hace que la gente se porte bien en los pueblos. No lleva armas porque es también una figura que tiene que ver con la espiritualidad, y se cree que si no le obedeces, o te portas mal, este te lanzará también mala suerte”. La foto superior que expone en la 1:54 es de una niña, sin embargo, tradicionalmente es algo que hacen solo los chicos, y que no es profesional, un hermano mayor se lo pasa al menor, porque a partir de los 18 o así ya no se hace de kaleta.

Obra de Gideon Mendel

Obra de Gideon Mendel.

Como a Emo de Medeiros, es frecuente cruzarte con los artistas en las distintas salas, predispuestos a establecer un diálogo sobre las artes. Así uno se encuentra con El sudafricano Gideon Mendel, en la galería Axis. Gideon lleva mucho tiempo yendo y viniendo a Calais, motivado por dar visibilidad y denunciar la situación que están viviendo allí los refugiados. Dado que estos no querían ser documentados, fotografiados, decidió coleccionar objetos que se iba encontrando. Así, una de sus instalaciones está compuesta de 59 cepillos de dientes, llenos de tierra, testimonios del desgaste, del tránsito por esas tierras que no aceptan a las personas caminantes sobre ellas. Otra de ellas es de los cartuchos de los cartuchos de gas usados en los campos de refugiados contras las personas.

Durante tres días, a estos encuentros y visitas, se le suman debates con artistas, presentaciones, foros y presentaciones de libros, que suponen sin duda una oportunidad única para conocer mejor las artes procedentes de África, esparcida por tres distintos continentes.

Sobre la 1:54

Esta feria de arte contemporáneo africano se inició en 2013, de la mano de la emprendedora marroquí Touria El Glaoui. Celebrada con carácter bienal, en Londres y Nueva York, la 1:54, empieza a establecerse como uno de las citas de mayor importancia a nivel mundial sobre el arte contemporáneo y el arte contemporáneo procedente de África y su diáspora en particular. El pasado mes de mayo, Nueva York celebraba su segunda edición. Esta feria aboga por el establecimiento de un diálogo artístico entre África, Europa y América del Norte, creando puentes, afianzando lazos y experiencias, y aportando, cada edición, distintos aspectos novedosos.