Hailu Mergia vuelve a poner el Ethiojazz en boca de todos

El etíope Hailu Mergia, durante su concierto en Sala Clamores, de Madrid, el pasado domingo 28 de mayo de 2017. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera / Wiriko.

Hacer lleno un domingo en Madrid con un concierto de ethiojazz no es fácil. Mucho más sorprendente aún, es conseguirlo sin apoyo de los grandes medios españoles, poco (o nada) acostumbrados a la cobertura de lo que tenga que ver con África en sus secciones culturales. Sin embargo, la sociedad, siempre un paso por delante, da muestras de esperanza, y la capital no defraudó al genio, que supo recompensarla con dos horas de psicodelia etíope pura, y dura.

Armado con su sintetizador, melódica y acordeón, Hailu Mergia se disponía a revolucionar a un público bien heterogéneo junto al bajista etíope Alemseged Kebede y el percusionista de Trinidad Ken Joseph. La elegancia del directo, con el aplomo de 3 instrumentistas de bandera, asombró a una Sala Clamores expectante, que pudo asistir a un auténtico aquelarre de folklore amhara, tigrinya y oromo con tintes retro-futuristas que demostraron porqué Etiopía sigue estando en el podio de la innovación musical.

La fusión de las escalas pentatónicas de la música etíope tradicional con los sonidos más negros de la música norteamericana – que a finales de los 60 y principios de los 70 lanzaron a la fama al “padre del ethiojazz”, Mulatu Astatke-, elevaron Madrid en una nube de ritmos hipnóticos con exuberantes y exquisitas melodías empapadas de jazz, funk, música latina y blues. Todo, ribeteado con la sonrisa perenne de una leyenda viva de la música, Hailu Mergia, que con sus 71 años, no dejó de bailar y animar al público durante todo el concierto.

Embriagados con baladas como Hari Meru Meru o Wede Harer Guzo y coreando en temas como Sintayehu, cuesta imaginar al virtuoso Hailu Mergia como taxista en el aeropuerto internacional de Dulles, en Washington, donde ha trabajado desde hace dos décadas. Qué injusto reconocimiento internacional al que grabó el original de Muzikawi Silt, uno de los grandes clásicos de la historia de la música moderna de Etiopía. ¡Qué inaceptable ingratitud la de la industria musical!

El “renacimiento” de esta figura imprescindible se lo debemos, en gran parte, al etnomusicólogo e investigador neoyorkino Brian Shimkowitz, fundador del sello Awesome Tapes from Africa. La reedición de Shemonmuyanaye/ Hailu Mergia & His Classical Instrument, de 1985, o del exitoso larga duración, Tche Belew, que Hailu grabó junto a la banda Walias en 1977, en colaboración con el vibrafonista Mulatu Astatke, revolucionó a los amantes del ethiojazz en 2013. El “rescate” y reedición de Wede Harer Guzo (“Viaje a Harer”, una ciudad del este de Etiopía), un cassette que Hailu Mergia grabó junto a la Dahlak Band en 1978, acabó de encender la mecha y volvió a situar en el mapa a un grande de la renovación de los sonidos africanos.

Y aunque pueden haber pasado cuarenta años de aquellas grabaciones, Clamores fue testimonio de que las jornadas de taxista en Washington no han hecho menguar ni un ápice la genialidad que le corre por las venas a este multi-instrumentista etíope.

Hailu Mergia, durante su concierto en Sala Clamores, de Madrid, el pasado domingo 28 de mayo de 2017. Fotografía de Sebastián Ruiz-Cabrera / Wiriko.

Un poco de historia

Hailu Mergia (1946) aprendió el lenguaje musical en la banda del ejército etíope, a principios de los 60. Tras un periodo como solista por los pubs de Addis Abeba, fichó para los míticos Walias Band, residentes en el famoso club Zula, de los que se convertiría rápidamente en líder.

La vida como músicos no les iba mal, sobre todo cuando la banda fue contratada como residente del Hotel Hilton, en la capital. Tras ocho años de bolos para diplomáticos, expatriados ricos y una elite etíope adinerada que se reunía en el lujoso hotel, Walias se fueron de gira por Estados Unidos (1981) haciendo de banda al mítico cantante Mahmoud Ahmed. Su público estaba principalmente formado por refugiados etíopes, y aunque esperaban recibir el clamor de la audiencia internacional, eso no sucedió.

Algunos de sus miembros decidirían no volver a Etiopía. Entre ellos, Hailu, junto a Girma Bèyènè, Mogès Habté y Mèlakè Gèbrè, que prefirieron el Estados Unidos de Reagan a la Etiopía comunista. Se cuenta que durante sus años de gloria en Addis, el toque de queda hacía que la gente se encerrara en los clubs y que no salieran hasta las 6 de la mañana, cuando se volvía a poder transitar por las calles.

Sea como fuera, parte de esa banda se negaría a volver atrás, y así se deshacía Walias Band (1983), una de las formaciones más míticas de Etiopía. De su escisión en Estados Unidos, nacía Zula Band, un grupo que funcionaría a duras penas hasta 1992. Decidido a no volver al país del cuerno de África, para entonces en medio de una transición turbulenta tras la victoria armada contra Menghistu, Hailu se convierte en programador de un pequeño local llamado Soukous Club. Aunque lo que acaba por pagar las facturas es el taxi, en cuyo maletero esconderá un piano que lo acompaña en todos los trayectos, por si hubiera tiempo para ensayar…

Hailu Mergia se apartó de los escenarios, desencantado con la falta de reconocimiento en Occidente. Pero, según cuenta, no dejó de tocar nunca, y visita cada año Etiopía, donde sigue actuando esporádicamente con algunos de los miembros de Walias Band. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, desde 2013, y gracias al nuevo impulso que le proporciona Brian Shimkowitz de Awesome Tapes From Africa, Hailu ha vuelto a poner el ethiojazz en boca de todos.

Hoy, martes 30 de mayo, hace parada al Jamboree de Barcelona.

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Gemma Solés i Coll
Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Sociedades Africanas y Desarrollo (UPF) y Master euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Le interesan la música, el activismo cultural, las ciudades africanas y el turismo sostenible. Coordina la sección de Música y Artes Escénicas y presenta y dirige el magacín radiofónico Wiriko en M21. Contacto: [email protected]
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