Cartago: el guardián de los cines africanos

Túnez celebraba hace prácticamente un mes la concesión del Premio Nobel de la Paz 2015 otorgado al Cuarteto Tunecino, cuatro organizaciones de la sociedad civil compuestas por el sindicato Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT), la patronal del país (UTICA), la Liga de Tunecina Derechos Humanos y la Orden de Abogados. Este Cuarteto amparó una salida dialogada a la aguda crisis política en 2013 que amenazaba con derrumbar el proceso de transición iniciada tras la primavera árabe de 2011. Este país bañado por la costa mediterránea se ha convertido en el único Estado que después de las revueltas árabes ha sido capaz de llevar a cabo su transición democrática de forma pacífica.

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Bajo este contexto algunos cineastas del continente africano caminaron por la alfombra roja el pasado sábado en el teatro Bonbonniere en Túnez, entre fuertes medidas de seguridad, para abrir la 26ª edición del Festival de Cine de Cartago (FCC). La película Lamb, del director etíope Yared Zeleke, fue la encargada de abrir el festival que tendrá lugar hasta el próximo sábado 28 de noviembre.

Las extremas precauciones de este año se deben a que el país ha sido sacudido recientemente por unos mortíferos ataques yihadistas: en marzo murieron 19 personas en el Museo del Bardo, que alberga una de las mejores colecciones de mosaicos romanos del mundo y en junio, al menos 37 turistas extranjeros fueron asesinados en la ciudad de Susa, a 140 kilómetros de la capital. El estado de emergencia ha estado en vigor hasta principios de octubre.

El director del festival y cineasta tunecino Ibrahim Letaief, quien se estrena tras relevar a la que ha sido directora durante tres ediciones del CFF, Dora Bouchoucha, subrayaba el sábado, una semana después de los ataques yihadistas en París, que “el festival de Cartago es un antídoto contra la violencia”. La propia ministra de cultura, Latifa Lakhdar, se hizo eco de este sentimiento diciendo: “La creatividad es la mejor manera de conmemorar nuestro apego a la vida y nuestra batalla contra aquellas personas que destruirían incluso los principios más elementales del ser”. Quizás, esta 26ª edición represente más que nunca el espíritu libre junto con la energía creativa y dinámica evidente desde la caída del régimen de Ben Ali que, a menudo, trató de limitar la expresión cultural y la libertad de expresión.

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Cambio de estrategia: cine para todos

Frente a la competencia de varios festivales de renombre en todo el mundo, el CFF guarda su nicho árabe-africano celosamente; ese era el deseo del crítico tunecino Tahar Cheriaa y del ilustre senegalés Ousmane Sembéne, padres fundadores del evento en 1966. La elección de sus retratos para promover el festival de este año fue una decisión fácil de tomar en un evento que cambia su esencia: de celebrarse cada dos años pasará a ser un evento anual que además saldrá de la capital para poder acercar el cine a otros núcleos urbanos. La competición oficial incluye 17 largometrajes, 13 cortometrajes y 16 documentales.

Una de los estrenos más esperados será la cinta marroquí Much Loved, dirigida por Nabil Ayouch, una película sobre la prostitución en Marruecos que llegó a los titulares en el festival de Cannes, donde se estrenó, y que, de regreso a su país, fue censurada. Tanto el director como su actriz principal Loubna Abidar, quien interpreta a una prostituta, fueron acusados por el gobierno de “hacer pornografía y de incitar a los menores al libertinaje”. Loubna fue atacada en Casablanca a principios de mes y tuvo que huir de Marruecos a Francia por lo que será uno de los platos fuertes para el debate y la controversia.

El festival es también conocido por su alcance internacional y este año habrá retrospectivas de cine argentino e italiano. De hecho, la relación entre el cine tunecino e italiano ha sido profunda. El primer largometraje del Túnez independiente fue una ficción dirigida por Omar Khlifi en 1966, año de fundación del CFF, llamada L’aube (Amanecer). A raíz de este comienzo, los 70 y 80 fueron considerados como los años dorados del cine tunecino durante los cuales las películas comenzaron a abordar temáticas sociales como el empoderamiento de las mujeres, las dificultades sociales y económicas o la lucha contra el colonialismo. Este estilo se basaba en los coletazos finales del neorrealismo italiano influenciado fuertemente por las obras de Federico Fellini  y de Ettore Scola.

Después de la fundación de Empire Studios por Tarak Ben Ammar, en 1974, varios directores italianos llegaron a grabar sus películas en estos estudios, entre ellos Robert Rossellini (El Mesías, 1975) o Franco Zeffirell (Joven Toscanini, 1988). Los temas sociales examinados por los cineastas italianos fueron los que el público tunecino prefería y este hecho impulsó a varios directores como Nouri Bouzid para dirigir Hombre de cenizas (1986), enfatizando a la sociedad tunecina y su actitud hacia el sexo, o  a Abdellatif Ben Ammar con Aziza, un trabajo que retrata un país que se enfrenta a grandes cambios. Realizar películas que reflejaban la realidad de la sociedad fue el principal objetivo de los cineastas tunecinos y el género realista una herramienta para el activismo.

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Otra de las novedades de este año en el CFF ha sido la introducción de una nueva categoría de premio: el Ciné Promesse que reúne a 12 proyectos de estudiantes aspirantes a director. Y como inspiración para esta nueva generación les puede servir la propia historia del festival donde se dieron a conocer grandes nombres como el egipcio Youssef Chahine, el burkinabés Gaston Kabouré o el tunecino Férid Boughedir.

El Festival también será una ocasión para recordar y rendir homenaje a grandes artistas. Una de ellas es la argelina Assia Djebar, perteneciente a la Academia Francesa, cuya película La Nouba des Femmes se muestra como ejemplo en todas las escuelas de cine mundial. Otra de las figuras homenajeadas será el portugués Manuel de Oliveira quien falleció el pasado abril. El público también tendrá la oportunidad de revisar las películas de los cuatro actores egipcios que murieron en 2015, entre ellos el insustituible Faten Hammama.

El Festival de Cine de Cartago más que un festival es un movimiento y hasta el próximo sábado será una oportunidad para vivir el cine en las calles, pueblos y ciudades de Túnez.

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Sebastian Ruiz
Licenciado en Periodismo (US), Máster en Relaciones Internacionales (UCM), Máster euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV) y Doctorando en Comunicación en África Subsahariana (US). Su campo de investigación se centra en la comunicación, la implicación de los BRICS en los mass media, y en el cine y el audiovisual. Ha realizado documentales en España, Cuba, Senegal, Kenia y Tanzania. Responsable de las áreas de Formación y de Comunicación y coordinador de la sección de Cine y Audiovisuales del Magacín. (Nairobi, Kenia). Contacto: [email protected]
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